CAPITALISMO, IZQUIERDA Y CIENCIA SOCIAL. HACIA UNA RENOVACIÓN DEL MARXISMO

1. En una de las últimas entradas de este blog anuncié la próxima publicación de un libro con el título que antecede y que ya está por ahí, a la espera de lectores.

Este libro, junto con otros dos ya publicados por la Universidad de La Laguna (Positivismos y antipositivismos. La herencia del siglo XX. Y Lenguaje, mente y sociedad. Hacia una teoría materialista del sujeto) componen un trabajo unitario concebido inicialmente en cuatro volúmenes que luego han quedado reducidos a tres.

En Positivismos y antipositivismos analicé el debate filosófico básico, el que afecta a la propia naturaleza y futuro de la filosofía, el debate sobre el positivismo, en el que se ventila si la ciencia puede ocuparse de la persona y la sociedad con el mismo método con que se ocupa de otras realidades materiales, o si, por el contrario, esos temas quedan fuera del alcance de la ciencia y deben dejarse a la hermenéutica filosófica. Mi conclusión fue abogar por un nuevo positivismo poco parecido al llamado positivismo lógico, que es el hoy dominante. Ello exigía demostrar que es posible un estudio científico de aquellos procesos mentales que se vienen considerando no sometidos a las leyes de la naturaleza.

Puesto que en el campo de la psicología académica no existía una teoría general del individuo, ni intención de acometerla, propuse en Lenguaje, mente y sociedad una teoría materialista del sujeto a partir de la idea básica de que la persona tiene dos gestaciones, una biológica y otra social, consistiendo ésta segunda, que es la que convierte en persona a la cría humana, en la adquisición del lenguaje del grupo. A este planteamiento se añade la idea de que el comportamiento que creemos libre está determinado por los contenidos mentales según un principio cibernético que pone en relación conocimientos, afectos y pautas de acción. En la elaboración de esa teoría he utilizado materiales y conceptos que han ido ofreciendo, desde los años 40 del pasado siglo, la teoría de sistemas y las disciplinas básicas del campo de la ciencia social.

En uno de los informes preceptivos para la publicación de Positivimos y antipositivismos se decía: “El libro ofrece una enorme cantidad de información que no es fácil encontrar junta y puesta en relación sobre el tema del objeto de la ciencia social y de la mente, esa información está siempre presentada bajo una óptica crítica casi siempre original y en ocasiones de muy gran alcance. Algunas partes del libro son realmente iluminadoras y proponen enfoques muy aclaradores sobre temas debatidos bajo supuestos que adoptan acríticamente quienes participan en esos debates.” Y terminaba diciendo: “El libro es de un gran valor porque además de la originalidad de algunas de las ideas expuestas, el autor reúne el conocimiento de tendencias filosóficas y científicas de una manera que pocas personas han sido capaces de asimilar.”

Respecto al segundo libro la revista Empiria de Metodología de las Ciencias Sociales, de la UNED, publicó en su número 23 de 2012 una reseña en la que el autor, aun disconforme con algunas de mis tesis por diferencias ideológicas, escribía: “José María Chamorro esboza en Lenguaje, mente y sociedad con una prosa admirable por su claridad y transparencia una provocativa (a menudo demoledora) teoría materialista, determinista y positivista del sujeto”. Y añadía que “En realidad LMS es parte de un proyecto tan radical como monumental en cuatro volúmenes sin parangón en el actual pensamiento europeo”.

A la vista de estos juicios puede sorprender que de tales obras no haya aparecido mención alguna, salvo la comentada, en los medios en que se expresan los miembros influyentes de la academia filosófica. Ninguno de esos dos libros existe en el mundo oficial de la filosofía y la ciencia social españolas, siendo así que en ese mundo se ponderan obras mediocres como si fueran espléndidas. Pero hay razones que explican por qué se decretó sobre mi trabajo un cordón sanitario que impedía primero la publicación y, cuando ésta se produjo, las reseñas y citas.

Exponer esas razones me obliga a contar episodios de mi historia profesional de los que nunca he hecho mención pública, y he tenido ocasiones, por ejemplo en este mismo blog. Pienso ahora que he callado por un erróneo concepto de la elegancia y que cuando uno es represaliado por sus ideas debe denunciarlo so pena de conceder impunidad a quien merece repulsa. En todo caso no me mueve la defensa propia, que sería muy tardía, sino el beneficio de la obra que les ofrezco, sobre todo para que el lector tenga algunos elementos de juicio que no le llegarán por los medios habituales. 

2. Antes que profesor de filosofía fui abogado, primero en Cáceres, luego en Madrid, y terminé perteneciendo, como asesor jurídico, al equipo de la Dirección General de un banco industrial, y como secretario a dos consejos de administración de sociedades de inversión mobiliaria. Ello me permitió conocer de cerca el funcionamiento del sistema financiero capitalista y cambió mi modo de percibir la realidad social.

Fue un cambio guiado por el sentido común y la empatía, pero sin más conocimientos que los que se imparten en una Facultad de Derecho. Echando otros en falta, me matriculé en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Al terminar la licenciatura dejé el banco y las sociedades de inversión y fui a La Laguna a hacer mi tesis doctoral, que inicié con el tema que el director me propuso: comparación de los conceptos de racionalidad analítico y francfortiano. Ocurrió que en la indagación me fui encontrando con las obras de Mead, Vigotski y Bajtin y con la teoría de sistemas, y ellas me encaminaron a un tema nuevo, este ya no académico, sino apasionante, al que me he venido dedicando durante más de cuarenta años.

El resultado inicial de mi trabajo no gustó a los éticos dualistas, ni a los que identificaban la filosofía con su historia, no gustó a los conservadores, pero tampoco a los marxistas, no gustó a nadie de los que tenían alguna influencia en la Academia. Y fue natural.

Mi indagación me había llevado, desde el campo de los textos filosóficos, a recorrer las disciplinas sociales (lingüística, psicología y sociología y sus híbridas), y dado que los temas tradicionalmente filosóficos (el conocimiento, la acción y la política) estaban ya siendo tratados en parte por esas disciplinas, mi conclusión fue que la filosofía debe asimilar lo que ellas van aportando, convirtiéndose entonces en un enfoque interdisciplinario dentro del campo social. Esto fue considerado una agresión por quienes tenían a su cargo la defensa de la filosofía entendida como se suele.

También marxistas influyentes se sintieron agredidos. Decir en los años 70 que el marxismo necesitaba reformulaciones y ofrecer para ello conceptos psicológicos era suficiente para que se decretara que andaba perdido en nieblas pequeñoburguesas. ¡Y luego la teoría de sistemas, la cibernética y demás americanadas! Así que concluyeron que, en tanto que conservador que se hacía pasar por marxista, yo era un enemigo peligroso.

El caso es que unos y otros se pusieron de acuerdo para decidir que mi trabajo era impublicable, y llegaron a más, pues por tres veces intentaron expulsarme de la universidad, la última declarándome oficialmente no idóneo como profesor, y precisamente en unas pruebas que se habían concebido para convertir en funcionarios a los PNN que cumplieran ciertos requisitos meramente burocráticos. Fue todo tan burdo que incluso se desmarcaron y me pidieron disculpas algunos de los que habían intervenido en los dos intentos anteriores. El apoyo de los alumnos fue mi principal alivio en aquella etapa.

Dejando aparte las penalidades imaginables, la situación tuvo ventajas para mi trabajo. Como no podía publicar en las revistas que ellos controlaban (todas) tuve que fundar una revista, Gavagai, mencionada con elogios en su último libro por el filósofo más citado del pasado siglo, Willard V.O. Quine. Y como no podía publicar los tres libros que había ultimado los fui depurando a lo largo de los años en beneficio de su calidad. Por otra parte pude entonces comprobar la fuerza de la convicción honrada y bien argumentada. Las ideas que yo exponía convencían a los mejores estudiantes frente a las contrarias que defendían (siempre que tenían ocasión, como réplica y condena) profesores cargados de prestigio académico.

Tuve también la suerte de que algunos colegas no aceptaron el veredicto oficial. Gracias al empeño de Vicente Hernández Pedrero, profesor de la Universidad de La Laguna, dos de mis tres libros se acabaron publicando por esa Universidad. Y los necesarios informes favorables de profesores de otras universidades fueron hechos por Daniel Quesada, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, y por Julio César Armero, profesor titular de la UNED. Finalmente, pude aprobar la oposición gracias a la imparcialidad de Miguel Ángel Quintanilla, catedrático de la Universidad de Salamanca. A todos ellos nunca dejaré de estar agradecido.

Sea todo esto dicho para que el lector sepa que de estos libros no se habla en ninguno de los foros oficiales precisamente porque ponen en entredicho, desde un enfoque original, muchos de los supuestos que se vienen adoptando acríticamente por un pensamiento filosófico oficial claramente improductivo.

Hace unos años, como terapia para la desazón que me producían los medios de comunicación considerados progresistas (por mucho de lo que decían pero sobre todo por lo que callaban), y también la actividad de los partidos que se llaman de izquierdas, hice este blog para ir comentando la realidad social y política desde el punto de vista de la teoría que ahora se publica. Muchos lectores me han manifestado satisfacción por encontrar un espacio de racionalidad que prolonga la línea marxista con nuevos aires.

3. Capitalismo, izquierda y ciencia social es una consecuencia de los dos libros previamente publicados y tiene tres partes.

En la primera propongo una renovación de la teoría marxista por la vía de remediar su gran carencia; pues siendo el marxismo una teoría general de la sociedad, no integra, como sería necesario, una teoría psicológica en su núcleo. Esa carencia, que en tiempos de Marx era disculpable, pero no en el presente, ha perjudicado el desarrollo de temas marxistas fundamentales, como el de la ideología, el de las clases sociales, el de la revolución como puerta de entrada al socialismo y el de la fabricación del “hombre nuevo”. Es obvio que en esta tarea de renovación utilizo la teoría psicológica propuesta en Lenguaje, mente y sociedad.

En la segunda parte, y desde la teoría marxista así renovada, desarrollo una crítica al capitalismo (incluido el más ejemplarmente socialdemócrata), y no sólo a su economía, sino ante todo a sus formas de socializar (de fabricar a los individuos) y a su necesaria naturaleza de plutocracia disfrazada, que hace a cualquier capitalismo incompatible con la democracia.

En la tercera parte reflexiono acerca de cómo debería organizarse una izquierda anticapitalista y cuáles deberían ser sus tareas fundamentales, lejos de los apremios del electoralismo que caracteriza a los partidos políticos prosistema, imitados en mala hora por los de izquierda marxista.

Concluí este libro antes de que se desatara la Gran Recesión, pero sus tesis teóricas no han requerido modificaciones pese a todo lo ocurrido desde entonces, más bien salen reforzadas en sus argumentos. Sólo he tenido que poner al día algunos datos y tomar en cuenta las causas y efectos de la crisis.

La oscuridad es el refugio de quienes, no teniendo algo interesante que decir, fingen una visión profunda. Yo he procurado que lo escrito sea comprensible sin ambigüedades. Y para hacer asequible el texto al mayor número de lectores, he buscado una forma menos académica, pero sin olvidar que cuanto se dice en un libro adquiere mayor legitimidad si se muestra que se ha tenido en cuenta lo que han expuesto o discutido teóricos relevantes. Por eso mantengo la referencia a algunas de esas exposiciones o discusiones para quienes estén interesados, pero en apéndices.

Termino indicando al lector que puede tener la seguridad de que en Capitalismo, izquierda y ciencia social va a encontrar ideas que, le parezcan o no acertadas, no podrá encontrar en otra parte.

El libro lo distribuye Traficantes de Sueños. Si no lo encuentra en su librería puede pedirlo en http://www.gavagai.info/

jmchamorro@jmchamorro.info

REFLEXIÓN PESIMISTA SOBRE LA VIOLENCIA MACHISTA

Manifestaciones feministas del 1 de octubre, sentencias judiciales escandalosas, epidemia de apuñalamientos entre adolescentes en el Reino Unido, comportamientos brutales de bandas de hinchas violentos, publicidad dirigida selectivamente a mujeres y hombres, he aquí temas relacionados por la estructura profunda de una cultura patriarcal que, inserta en la economía de mercado, es continuamente reforzada.

Cambios legislativos insuficientes

Salvo en ambientes todavía favorables (sean de extrema derecha, sean de nivel cultural bajo), es de mal gusto hacer alarde de ideas, valores o pautas machistas. El avance de la moral progresista ha conseguido la derogación de las leyes que amparaban expresamente el machismo. Recordemos que el privilegio de la venganza de la sangre, de origen romano y presente en el código penal español de 1870, fue eliminado en 1932 pero reestablecido por la dictadura franquista en el artículo 428 del código penal de 1944, que permitía al marido, en defensa del honor y la honra, matar a la esposa sorprendida en adulterio. En cambio el marido sólo era adúltero si mantenía una amante estable y tampoco en este caso podía la mujer atentar contra su vida sin ir a la cárcel. Son significativas las discusiones entre juristas al elaborar la Ley de Bases para la modificación del código penal en 1963. Se llegó a justificar la supresión del mencionado artículo alegando que las cosas quedaban igual, pues la exculpación del marido podría subsumirse en la eximente de legítima defensa (del honor y la honra) o de arrebato pasional ciego.

Aún hubo que esperar hasta la reforma del Código Civil de 1975 para que la mujer se librara de la tutela del marido y sólo desde la Constitución de 1978 casi todas las reivindicaciones feministas gozan ya de amparo legal, aunque a veces insuficiente, como cuando se exige para el delito de violación que haya violencia o intimidación y no, simplemente, falta de consentimiento expreso. A esto hay que añadir la persistencia de discriminaciones inerciales, y de ahí que cientos de miles de mujeres hayan salido a las calles a protestar por la brecha salarial, los techos de cristal, la carga casi exclusiva de los cuidados y otras discriminaciones por razón de sexo, pero sobre todo a protestar por la violencia machista, esa violencia que con frecuencia se manifiesta en agresiones sexuales, palizas y asesinatos, y que como mínimo hace sentir miedo a las mujeres en situaciones en que los hombres no lo sienten.

Hay mujeres que no se suman a esas manifestaciones porque las consideran controladas por los partidos de izquierda, o porque viven al margen de los problemas denunciados, o porque participan del ideario eclesiástico resumido por el papa en la frase “el feminismo es machismo con faldas”.

Está en todo caso claro que las reivindicaciones mencionadas trascienden posiciones políticas de derechas e izquierdas y muchos hombres las han hecho suyas como condición de salud social, en beneficio no sólo de las mujeres, sino de toda la población.

Dos feminismos

Aunque la izquierda ha sido tradicionalmente más favorable a las reivindicaciones feministas que la derecha, y por ello algunos identifican al feminismo con la izquierda, hay sin duda un feminismo de derechas. Si los rótulos se redefinen situando a la derecha las posiciones procapitalistas (incluidas las socialdemócratas) y a la izquierda las anticapitalistas, conviene tener clara la distinción, pues hay dos razones que la hacen útil.

Una, ya comentada en este blog, es que las feministas de derechas pretenden que la mujer no sea más explotada que el hombre, pero aceptan que lo sea tanto como el hombre por un sistema que explota a la mayoría de forma inmisericorde, incluso en su mejor forma de Estado del Bienestar. Pretenden también que la mujer pueda ser tan explotadora como el hombre desde los altos puestos de las finanzas y las grandes empresas.

En cambio el feminismo de izquierdas no se limita a reivindicar la igualdad de las mujeres con los hombres en la sociedad actual, sino que pretende acabar con la explotación y el dominio que ejerce una pequeña parte de la sociedad (en la que hay hombres y mujeres) sobre una gran parte de la sociedad (en la que hay hombres y mujeres). No se trata ya de que las mujeres puedan acceder en igualdad con los hombres a los altos puestos de las grandes empresas, sino en exigir que esas empresas (que controlan las finanzas, las comunicaciones, la energía, la alimentación, los medicamentos, etc.) sean públicas y democráticamente controladas, y cuya dirección, por supuesto, corresponda por igual a hombres y mujeres. Se trata además de que la riqueza social esté equitativamente repartida y desaparezca el ilimitado poder económico privado que hace imposible la democracia.

La segunda razón es que, aunque algunas reivindicaciones feministas pueden ser atendidas desde una concepción socialdemócrata, la que tiene que ver con la violencia machista queda fuera de solución en nuestro sistema social.

Las feministas coinciden en exigir dos medidas contra esa violencia: por una parte endurecimiento de las penas y especialización de los jueces, y por otra una mayor incidencia en la educación de los jóvenes. En la sociedad capitalista la primera medida es realizable, pero poco efectiva. La segunda no.

La escasa efectividad del castigo penal

Desde un sentido moral evolucionado es inaceptable la agresión a un hombre porque se manifieste homosexual o porque sea infiel a su pareja. Con mayor razón la agresión machista a una mujer, dada su insoportable frecuencia y la agravante de abuso de fuerza. Ahora bien, ¿qué significa que tal violencia es inaceptable? Exclusivamente que las agresiones machistas repugnan a la parte de la sociedad que ha dejado atrás la vieja moral de la cultura patriarcal.

No son sin embargo pocos los hombres que consideran culpable a la víctima (por vestir de cierta manera, o ir sola y bebida de madrugada, o no resistirse lo suficiente, o haberse liado con otro) como si el agresor sólo hubiera ejecutado la pena que ella merecía. Frente a esa actitud se eleva un clamor en defensa del derecho de la mujer a vestir como le dé la gana, beber las copas que quiera, volver a casa sola, no importa la hora, y emparejarse y desemparejarse cuando le apetezca. El mismo derecho que tienen los hombres.

Pero ¿puede garantizar ese derecho la legislación penal?

El obstáculo menor es que la aplicación de la ley está con frecuencia modulada por el machismo residente en la judicatura. Produce indignación en el feminismo que, por este sesgo judicial, las penas sean muchas veces inferiores a las que corresponderían en aplicación imparcial de la ley, como en el caso español de “la manada” o el caso italiano del tribunal de Génova que ha reducido la pena (de 30 años que pedía la fiscalía a 16) por considerar que el hombre había actuado guiado “por una mezcla de ira y desesperación, profunda decepción y resentimiento” puesto que su pareja le había “engañado y desilusionado”, diciéndole que ya había abandonado a su amante cuando no era cierto. La jueza genovesa Silvia Capanini justificó esa sentencia aduciendo que el hombre actuó “como reacción al comportamiento de la mujer”.

Sin embargo el mayor obstáculo no es esta actitud judicial ni la ambigüedad legal, sino que, por mucho que la violencia machista ofenda a una parte de la sociedad, hay muchos hombres fabricados de tal forma que los jueces, aun actuando de manera impecable, pueden verse obligados a aplicar a sus crímenes una eximente (alteración psíquica, como cuando el hombre que ha matado a su mujer sobrevive tras lanzarse por el balcón o darse un tiro para suicidarse) o una atenuante (cometer el delito en estado de obcecación). Cierto que tal eximente o atenuante sólo juega en la práctica a favor del hombre, pues no se da significativamente el caso de la mujer que agrede o mata al hombre por celos, pero esta constatación no soluciona el problema.

En todo caso estamos viendo que, incluso aplicadas con contundencia, las penas de cárcel no son un remedio efectivo. Pensemos en los que se entregan a la policía una vez cometido el crimen. Hay muchos hombres para los que cualquier castigo penal es preferible a consentir que la mujer les abandone, y menos si es para irse con otro.

La estructura profunda de la cultura patriarcal

Una verdadera solución requiere erradicar los ingredientes de la vieja cultura patriarcal que persisten a nivel profundo y que tienen que ver con la concepción de la mujer y del hombre aceptada por unas y otros. Son básicamente los conceptos de bello sexo y sexo fuerte, y el de emparejamiento anclado en esos conceptos y en los de honor y honra como patrimonio exclusivo del varón.

Hace poco hacían en La Sexta una encuesta informal y en ella las respuestas coincidían: madres y padres querían que sus hijos fueran futbolistas y sus hijas bonitas. Evidentemente, tal encuesta no representa a los padres y madres del país, pero revela deseos populares ampliamente extendidos que coinciden con la asignación cultural de papeles y con las formas de éxito que ofrece el mercado. Un futbolista de élite es rico, famoso y se casa con la bella modelo. Una chica bonita puede aspirar a modelo para casarse con un futbolista famoso y rico.

Un detalle que revela la persistencia de esta cultura patriarcal es que todavía aparecen en el diccionario de la RAE las expresiones “bello sexo” y “sexo débil” como definitorias del conjunto de las mujeres y “sexo fuerte” como referida al conjunto de los hombres. Pero es más sintomático que las protestas femeninas se hayan centrado en lo de sexo débil, no en lo de bello sexo. En 2017 hubo una recogida de firmas con el lema “RAE: la mujer no es el sexo débil” y la RAE se vio obligada a anunciar que revisaría esa definición agregando a la entrada de “sexo débil” una marca de uso que precisa que se trata de una expresión “con una intención despectiva o discriminatoria”. ¿Qué marca de uso se podría agregar a la acepción “bello sexo”, que al parecer no molesta a la mayoría de las mujeres? Pese a que ellas no la ven como expresión discriminatoria, lo cierto es que es producto del machismo que consiste en conceder al punto de vista masculino la legitimidad de la evaluación. Pues si la evaluación de la belleza sexual hubiera estado asignada a las mujeres, el bello sexo sería el formado por el conjunto de los hombres. Ambas evaluaciones erróneas: la belleza y la fealdad se encuentran de hecho repartidas por igual entre ambos sexos.

El segundo ingrediente se construye sobre este fundamento. El emparejamiento es concebido por la cultura patriarcal como una relación asimétrica en la que la mujer ha de atraer al hombre con su belleza y el hombre a la mujer con su fortaleza corporal o social. Se ve normal que el hombre quiera ser propietario exclusivo del cuerpo de la mujer, y que la mujer quiera sentirse protegida por un hombre fuerte. A esto se añade que en la ideología popular sigue vigente la idea de que honra y honor son patrimonio del hombre, en continuo peligro por el comportamiento de la mujer, y de ahí que los celos den al hombre el derecho a controlar y agredir. Si la mujer se va con otro, al tormento de los celos hay que añadir que la hombría del abandonado queda en entredicho. No debe sorprender que entre jóvenes el chico se crea con derecho a controlar el teléfono de la chica y no al contrario.

El remedio imposible de la educación

Cuando se pide una intensificación de eso que llaman “educación en valores” se está pensando en una asignatura específica y en un trabajo transversal presente en las distintas actividades escolares.

Lamentablemente, ni se pueden transmitir valores mediante los textos de una asignatura ni es la escuela la que educa en nuestra sociedad. La educación sexual en sentido amplio (es decir, las ideas, valores y pautas que ingresan en las cabezas y que determinan la conducta de los miembros de cada sexo respecto a los del otro) se lleva a cabo, en su parte básica, lejos de las escuelas: mediante la publicidad, el ejemplo (en la familia, en el grupo de iguales, en los medios) y, de manera más específica, mediante la pornografía. Y se lleva a cabo con tal potencia que poco puede hacer la escuela para remediar el desastre.

Un machismo profundo es transmitido a niñas y niños por el ejemplo de los próximos (padres, madres, hermanos, amigos) y de los modelos que cada cual encuentra en la vida pública (deportistas, cantantes, personas de éxito en general).

En la televisión las niñas ven a presentadoras cuyo atractivo oficial parece ligado a no repetir vestido, a maquillarse de manera exagerada y a calzar zapatos de tacones inverosímiles. No hay algo parecido que tenga que ver con los niños.

Está luego la publicidad, ese acoso permanente a las mujeres hablándoles de la forma de realzar su “belleza” aplicando productos a cada parte del cuerpo, desde las uñas de los pies a las pestañas y al pelo, con eslóganes tan estúpidos como “porque tú lo vales” o “nosotras lo valemos”. A los hombres en cambio la publicidad les tienta con muestras de fortaleza: cuerpo musculoso y objetos (reloj, ropa, automóvil o perfume) que acreditan poderío social.

De una manera más específica la introducción al sexo se está haciendo por la vía de la pornografía en la red, a la que, según dicen los expertos, muchachos y muchachas se enganchan desde más o menos los once años y en la que aprenden a asociar el valor sexual femenino con el de objeto apetitoso e impersonal, cuya finalidad se limita a satisfacer el deseo masculino, y a asociar con el valor sexual masculino el dominio violento del macho sobre la hembra, incluso la violación cuando la mujer dice no, porque en el fondo está queriendo decir sí y termina disfrutando.

El efecto de esta concepción del sexo afecta a todas las clases sociales, pero es tanto más eficaz cuanto menores son las inhibiciones culturales, particularmente demoledor en la clase mayoritaria de vida elemental, que no tiene otros estudios que los obligatorios mal hechos, que no lee un libro ni siente curiosidad por lo que no pertenece al entorno inmediato, y que se nutre de programas televisivos, canciones y películas que refuerzan los valores machistas, contagiados además en el intercambio con personas semejantes en las redes sociales. Características que persisten pese a la generalización de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años.

Es por tanto natural que muchas mujeres que no tienen otros intereses dediquen tiempo desproporcionado a cuidar de su aspecto en aras de la belleza asignada a su sexo, a fin de ofrecerse como un objeto deseable. Y es natural que muchos jóvenes de esa clase amplia dediquen tiempo desproporcionado al gimnasio y sean tentados a quedar bien ante sus iguales cooperando a una violación en grupo si se presenta ocasión, o a demostrar hombría participando en peleas callejeras, con frecuencia relacionadas con competiciones deportivas. Entre otros datos preocupantes hemos sabido que el número de apuñalamientos mortales en Inglaterra y Gales fue el año pasado el más alto desde que en 1946 comenzaron los registros: entre marzo de 2017 y marzo de 2018 hubo 285 asesinatos por cuchillo u otros objetos afilados, siendo adolescentes muchas de las víctimas, epidemia que ha sido ya declarada oficialmente “emergencia nacional”.

Acerca de ropa y calzado

En el tema de la presentación corporal se mezclan varias cuestiones que no suelen distinguirse. Partamos de que no se puede criticar por inmoral una forma de vestir, ni la forma de vestir de una mujer da derecho a nadie a ofenderla de palabra o agredirla. Pero la cuestión no es esa. Cuando una chica dice que tiene derecho a vestir como le dé la gana deja fuera de foco el tema principal: dónde se ha fabricado su gana (que no es, como ella cree, en su alma libre).

La cultura patriarcal exigía a la mujer decencia y honestidad en las actitudes y vestimentas y por ello la minifalda se entendió como una forma de oposición a esa cultura, una forma de libertad. Pero lo era sólo aparentemente. Se oponía a un principio obsoleto para reafirmar otro: el de bello sexo destinado a seducir.

Los definidores de la moda, por lo general hombres, han ido explorando hasta dónde pueden llegar las formas socialmente aceptables de erotismo en la vestimenta femenina, centradas especialmente en escotes, transparencias, acortamiento de las faldas y otras desnudeces tan artificiales como la abertura lateral del traje ceñido para exhibir un muslo.

Los vestidos femeninos, junto con maquillajes y peinados, son comentario habitual en los medios de comunicación, sobre todo en los destinados a las mujeres. Oímos o leemos que tal mujer llevaba un escote de infarto o un bañador digno de fotos y aspavientos. Esto diferencia claramente a las mujeres de los hombres, algo que se aprecia en situaciones de gran impacto mediático, sea el desfile de actores y actrices por las alfombras rojas, sea la noche de las doce campanadas, con presentador confortablemente vestido junto a presentadora que tiene que ofrecer espalda y hombros al frío de diciembre.

Nada hay sin embargo tan representativo de la ideología machista superviviente como la identificación de la elegancia femenina con los tacones altísimos, que obligan a sacrificar seguridad, comodidad y agilidad en el paso, e incluso sanidad en el esqueleto, en nombre de una belleza que sólo se hace presente al sentido estético modelado por la ideología machista. En un observador libre tales tacones sólo pueden producir estupor, disgusto y lástima.

Es sorprendente que las feministas se opongan a que el cuerpo de la mujer sea cosificado, por ejemplo cuando es utilizado en la publicidad como un objeto erótico (chica ligera de ropa anunciando un coche) y acepten que la moda y los usos establecidos hagan eso mismo en el comportamiento habitual de tantas mujeres. Por lo general ni las mujeres ni los hombres vestimos o nos adornamos como nos da la gana, sólo elegimos dentro de la gama impuesta a cada sexo por una cultura claramente machista en este punto, pujante y sin oposición.

Conclusión amarga

Una vez que nuestra sociedad fabrica a las personas con los ingredientes descritos, ¿es justo que adopte una dura actitud punitiva frente a quienes se comportan según han sido hechos? Los hombres que violan a mujeres o las asesinan son más dignos de lástima que de santa indignación. El remedio no está en castigarlos sino en dejar de fabricarlos. La santa indignación debería ir dirigida contra la sociedad que los fabrica.

Y que los seguirá fabricando, porque dentro del sistema capitalista es imposible la prohibición de la publicidad que conocemos, el control democrático de internet, el establecimiento de un sistema educativo realmente eficiente y la desaparición de modelos que lo son porque el mercado los ha gratificado de manera desproporcionadamente injusta. Si en esta sociedad tanto se es cuanto se tiene, no cabe eliminar el alto nivel de frustración y resentimiento que sirve de caldo de cultivo a toda violencia, también a la machista.

Sólo dentro de organizaciones anticapitalistas tiene sentido el feminismo que se concibe como una revolución social radical. Sólo si se consigue algún día una sociedad cuyas instituciones y valores no estén supeditados al beneficio que otorga el mercado, sino a un progresismo racional, mujeres y hombres podrán actuar eficazmente contra su supeditación a los mitos machistas del bello sexo y del sexo fuerte, y contra las lacras derivadas, entre ellas la violencia machista. Me gustaría mucho equivocarme, pero creo que, mientras no cambiemos la forma de sociedad, seguirá la fábrica de machistas violentos. Por mucho que los jueces condenen y que en la escuela se predique.

Me remito sobre este asunto a lo ya dicho en otras entradas de este blog, especialmente en “Machismo oculto en hombres y mujeres” y “Algo más sobre el machismo oculto”.

 

jmchamorro@jmchamorro.info

¡QUÉ PAÍS EN QUÉ MUNDO!

Políticos

Los periodistas hablan de la poca calidad de los políticos actuales (como si los del pasado hubieran sido buenos) y a ello achacan muchas de las desgracias de nuestra vida pública. Pero ¿acaso no se puede hacer el mismo reproche a los periodistas? ¿Y acaso escapan a esa mediocridad los comentaristas cargados de títulos académicos? Observen la inanidad y el conservadurismo de los filósofos, politólogos y sociólogos que monopolizan el espacio de los medios tradicionales con apariencia de sabiduría.

¿Dónde está la causa? En realidad casi todo en la vida pública es mediocre porque la población lo asimila, aplaude y toma por bueno. Pero de la calidad de la población no se habla, como si fuera de mal gusto. O como si la población fuera un dato de partida incuestionable, como si no fuera fabricada por el oden social al que refuerza.

Políticos como Casado y Rivera, de escaso nivel intelectual y adictos a la mentira grosera, ocupan un primer plano porque muchos españoles los aceptan y votan. ¡Mentira parece que la mueca de sonrisa triunfadora permanente no los delate!

No vale la pena por tanto acusar a los políticos, sino salvar a alguien de la acusación general. Afortunadamente hay excepciones. Así el caso raro de Ada Colau, que habla sin afectación, no recurre a lugares comunes y muestra una honestidad y sinceridad que revelan compasión e inteligencia. Sus acciones políticas son razonables, dentro de lo que le es posible (que, desafortunadamente no es mucho). No incurre en las tropelías de otros. Ahora se la acusa de provincianismo por no haber asistido al besamanos del monarca. Pero si Felipe VI no se ha hecho merecedor de cortesías, es razonable que eso se le muestre de alguna forma educada. Aparte de que el besamanos, por más que ya no consista en besar la mano (¡faltaría más!), es residuo de una práctica de sumisión arcaica.

El caso Venezuela

Hablando de besamanos, acabamos de presenciar, en España y en otros países de Europa, la manera servil de plegarse a órdenes del decadente imperio, envolviendo la sumisión en palabras falsificadas para justificar el reconocimiento apresurado de Guaidó como autoproclamado presidente de Venezuela. Cuando se acepta el papel de sumiso hay que acostumbrarse a vivir de espaldas a los hechos, callando cuando hay que callar y diciendo lo que hay que decir. Se calla que EE. UU. decidió acabar con el gobierno de Maduro (como con los restantes gobiernos progresistas de su patio trasero) empleando la guerra económica. Que procedió a un embargo y otras medidas (bajada de los precios del petróleo) que han llevado a Venezuela al desastre económico. Que actuó como siempre, apoyando y dirigiendo a las derechas golpistas internas, y que cuando ha conseguido el resultado que buscaba achaca toda la culpa a Maduro (cuya culpa, sea cual sea, siempre habrá sido secundaria). Luego programa una ayuda humanitaria para paliar el desastre que previamente ha producido. Si Maduro no acepta esa ayuda, ahí tenemos una prueba más de que está en contra de su pueblo, que tanto la necesita.

Dejando de lado a los medios desvergonzados y limitándonos a los que intentan, mal que bien, cubrir las apariencias, el espectáculo es deprimente. Leer El País o escuchar la SER nos revela muy bien qué podemos esperar en este y en cualquier otro tema sensible. El País omite gran parte de la información pertinente, que es una manera de mentir. En la SER se repite una entrevista con alguien que, sin identificarse, dice ser un sicario que secuestra y mata por orden del gobierno de Maduro. Y ya está. Con la voz desfigurada de no se sabe quién se acaba de probar que el Gobierno de Maduro ordena secuestrar y matar. Afortunadamente pueden leerse con provecho varios artículos sobre este asunto publicados en enero y febrero en Público y en Diario.es (La estrategia del terror contra Venezuela: carta abierta al presidente del gobierno Pedro Sánchez, de Andrés Piqueras; Venezuela: la crisis moral de la prensa española (I, II y III) de Asier Arias; Las nueve razones de EEUU en declarar la guerra a Venezuela, de Nazarnín Armanian; y La nueva Guerra Fría y Venezuela, de Boaventura de Sousa Santos), por no citar el informe del experto independiente de la ONU Alfred de Zayas, o incluso la opinión de Rodríguez Zapatero como mediador en el conflicto venezolano.

El contraste entre estas informaciones y lo que vienen diciendo y callando los medios de siempre es tan ilustrativo como descorazonador. Revela en qué mundo estamos y hasta qué punto la manipulación ideológica a favor del sistema es brutal, especialmente la de guante blanco (de la que es ejemplo el grupo Prisa con sus muy prestigiosos servidores).

El juicio al procés y la democracia

¿Se puede decir que nuestra judicatura merece toda confianza, como ha dicho Manuela Carmena, que para más señas perteneció al partido comunista, fue cofundadora del despacho de abogados laboralistas en el que se produjo la matanza de Atocha y ha sido jueza y vocal del Consejo General del Poder Judicial? A mí, que ejercí como abogado, la judicatura española no me merece confianza. En la Transición no se depuró a la judicatura franquista y sus miembros son los que han ido componiendo los tribunales de oposiciones. Se han colado algunos jueces progresistas, eso es todo.

Cierto que en el juicio al procés los fiscales y jueces se encuentran en una situación que les obliga a guardar las apariencias, pues saben muy bien que todo el mundo mira y que este asunto acabará en los tribunales europeos. Pero en todo caso, en este juicio se está confirmando que a los puestos más altos de la fiscalía y la judicatura se llega por otras razones que por el mérito. Tanto la fiscalía que actúa en el juicio como el magistrado Llarena que incoó el sumario son prueba de ello.

Esto aparte, sobran las invocaciones a supuestos derechos (como el de autodeterminación o el derecho a decidir) y a supuestas democracias. En este mundo no hay derecho efectivo si no hay fuerza que lo sustente. Por eso el caso catalán no tiene que ver con el derecho. Es, como ya he dicho otras veces, una pugna de fuerzas en la que ningún bando puede imponerse. Hay por tanto un empate de derechos invocados. No es previsible que se rompa a corto plazo el equilibrio y antes o después se llegará a un pacto provisional.

Un argumento reiterado contra los separatistas es que España es una democracia plena y que no es posible la democracia sin el respeto a la ley.

Si fuera cierto que España es un país escrupulosamente democrático, sería el único país democrático del mundo. Pues la democracia es todavía una aspiración incumplida. En parte alguna del mundo capitalista es posible una política racional y justa aunque la decida la mayoría de la población, porque tendría que enfrentarse a los intereses del verdadero poder. Bernie Sanders se refiere al caso de EE. UU., país ejemplo de democracia para comentaristas apresurados, diciendo que la esfera económica y política del país está dominada por Wall Street, las compañías de seguros médicos, la industria farmacéutica y la de los combustibles fósiles, las infraestructuras industriales militares, la industria privada de las prisiones y las corporaciones multinacionales, que estarán dispuestas a gastarse indecentes cantidades de dinero para mantener el statu quo. Esto es, la legislación que las beneficia y que perjudica a las clases populares.

Pero aun contando con que las llamadas democracias son plutocracias disfrazadas, nuestra plutocracia está más alejada del ideal político que otras plutocracias europeas.

El respeto a la ley

Con el ojo puesto en los argumentos de los procesados catalanes, Felipe VI ha afirmado el pasado día 20 que “es inadmisible apelar a una supuesta democracia por encima del Derecho”, ya que sin respeto a la ley no hay “convivencia, ni democracia, sino inseguridad, arbitrariedad” y “quiebra de los principios morales y cívicos de la sociedad”. Y lo ha dicho con solemne seriedad. He ahí un ejemplo de palabrería insidiosa, como la de todos los discursos oficiales.

Cuando hablamos de la ley nos estamos refiriendo a las normas de distinto rango que rigen una sociedad. Las principales, de las que depende el resultado de todas las demás, son las que afectan a la propiedad y a los impuestos. Y las que hoy controlan la economía global producen los siguientes efectos:

-En el mundo, la fortuna de los milmillonarios aumentó en un 12% en el último año -2.500 millones de dólares diarios- mientras que la riqueza de la mitad más pobre -3.800 millones de personas- se redujo en un 11%. Por la evasión fiscal de las grandes empresas y fortunas los países pobres pierden cada año 170.000 millones de dólares en ingresos fiscales que podrían destinarse a servicios públicos básicos no atendidos.

-En EE. UU., el país más rico del mundo, la desigualdad en las rentas y la riqueza alcanza la cifra más alta desde la década de 1920: las tres personas más pudientes del país acumulan más capital que la mitad de la población. Pese a una tasa de desempleo relativamente baja, millones de personas se ven obligadas a pluriemplearse porque sus salarios no les sacan de la hambruna. 34 millones de americanos no cuentan con seguro médico. De entre las naciones más desarrolladas, EE. UU. tiene el índice de pobreza infantil más alto y un sistema de cuidado de menores que no solo no funciona, sino que la mayoría no se puede permitir. La mitad de la población anciana no tiene jubilación. Estos son los datos con los que Bernie Sanders, senador independiente que se presentará como candidato demócrata a las presidenciales, pretende movilizar a la población que los soporta.

-En España una de cada seis familias de clase media ha caído en la pobreza durante la crisis y no ha salido pese a la recuperación, mientras los ricos han aumentado su riqueza. Además, y contra la proclamada igualdad de oportunidades, la pobreza y la riqueza se heredan: si una persona nace en una familia de ingresos altos ganará un 40% más que si crece en un núcleo familiar con renta baja. La diferencia en la esperanza de vida entre las personas de los barrios más ricos y las de los más pobres llega en Barcelona a los 11 años y en Madrid a los 7. El año pasado aumentaron en 16.500 los hogares en los que no entró ningún tipo de ingreso, alcanzando los 617.000, mientras los ultramillonarios –personas cuyos activos netos equivalen o superan los 40 millones de euros- aumentaron en un 4%, llegando a la cifra récord de 1.690 personas (datos del último informe de Oxfam Intermón).

Como bien dijo Hipias de Élide hace ya muchos siglos, las leyes siempre oprimen a los débiles. Y mientras siga siendo así, las leyes no son respetables. Simplemenete, se nos imponen y hemos de someternos si no queremos acabar en la cárcel. No le demos vueltas: los Parlamentos son instrumento de oligarquías económicas en extremo codiciosas, y por eso las leyes son como son y no pueden ser justas.

Sobre los impuestos

Por ahí sigue la derecha prometiendo bajada de impuestos sin rubor alguno, y por ahí anda la izquierda incapaz de conseguir con su réplica razonada que ningún político conservador pueda volver a prometer una bajada de impuestos sin quedar desacreditado. Porque cuando la derecha promete una bajada de impuestos lo que hace luego es bajar los impuestos a los que más tienen y compensar esa bajada con una subida general. Nuestro sistema fiscal está 7 puntos por debajo de la media europea. La realidad es que se reduciría la injusticia de nuestro sistema social si se bajara la presión fiscal a las clases medias, el IVA quedara limitado a los objetos de lujo y se subieran muy considerablemente los impuestos a las rentas altas, a los grandes patrimonios y a los beneficios de las grandes empresas, con una eficaz persecución del fraude fiscal.

Lo que la izquierda no se atreve a decir aquí lo están diciendo los candidatos a las primarias del partido demócrata estadounidense, así como un grupo de nuevos congresistas a cuyo frente está Alexandria Ocasio-Cortez, que propone una tasa marginal del 70% a los ingresos que excedan de 10 millones de dólares. ¡Qué menos!

La senadora demócrata Elizabeth Warren no llega tan lejos, propone un impuesto del 2% anual a las fortunas a partir de 50 millones de dólares y del 3% a partir de 100 millones, medida que afectaría al 0,1 % más rico del país y que tiene un apoyo mayoritario según las encuestas (incluso del 50% entre los republicanos).

Esto no deja de ser muy poco, es una mínima corrección a la política neoliberal. Recordemos que en 1944 Franklin D. Roosevelt elevó la tasa básica sobre ingresos a su máximo histórico: un 94%, aplicado a los ingresos por encima de los 200.000 dólares de ese año (2.800.000 dólares de 2018). Harry Truman, demócrata, bajó el índice máximo hasta el 91% y Dwigth Eisenhower, republicano, lo elevó en 1952 hasta el 92% para ingresos superiores a 200.000 dólares de ese año (1.900.000 de 2018).

No es que con esta fiscalidad se pasara a un sistema justo, ni mucho menos, pero sin duda ha sido el periodo dorado de los EE. UU. y sus momentos de menor desigualdad.

Luego Johnson redujo la tasa máxima en 20 puntos y con Donald Reagan y el triunfo de la política neoliberal la bajada fue de más de 40 puntos.

Lo que los demócratas están ahora proponiendo allí, que es muy poco, no se atreve a proponerlo la izquierda aquí. Las propuestas fiscales de Podemos son de una pudibundez incomprensible. Y aún así les cuesta que el PSOE las acepte.

Las peleas de patio de colegio de la izquierda

Presenciando lo que viene ocurriendo en Podemos da la impresión de que a algunos de sus políticos más visibles les motiva la búsqueda del éxito electoral del partido como condición de su éxito personal. No digo que sea así, pero es la impresión que dan y que no se esfuerzan en evitar.

Claro que Errejón pudo haber comunicado a sus compañeros que quería salir de Podemos y crear otro partido, estaba en su derecho. Pero eligió el camino tortuoso de pactar en secreto con Carmena y comunicarlo en su partido un momento antes de que se hiciera público. Errejón es un personaje que pasa por teórico cuando en realidad carece de teoría seria, como prueba que se declare seguidor de Laclau. Buscar el éxito electoral no es algo que la izquierda deba hacer a cualquier precio.

Otra vez sobre populismos

La palabra “populismo” tiene un sentido positivo y otro negativo. Este segundo es el que se emplea en España. Pero es necesario definir esa palabra para que no sea un modo de descalificar sin contenido semántico. La definición que me parece correcta es ésta: uso de la mentira para, engañando a un pueblo desinformado, conseguir sus votos y hacer una política en su perjuicio.

Según esta definición toda la derecha, incluida la socialdemócrata, es populista. Tanto más cuanto más a la derecha se encuentre. Sólo la izquierda anticapitalista puede no serlo si actúa con honestidad.

Las mayorías vienen siendo fabricadas con el necesario nivel de ignorancia para que, sometidas a un alud de propaganda, voten a los representantes de quienes las explotan. En ese alud de propaganda ha sido siempre necesaria la mentira al por mayor. Algunos de los que llevan muchos años practicándola usan la expresión fake news como para insinuar que se refieren a una novedad. Pero las noticias falsas con finalidad política son algo tan antiguo como el sojuzgamiento de las mayorías.

A la extrema derecha se la acusa de populismo precisamente por aquello en que no es populista. Esa derecha quisiera un país a la antigua, con las invocaciones a la patria, a dios, a la familia, a las viejas tradiciones. Se declara enemiga del aborto, del feminismo y de la homosexualidad. Es xenófoba. Tiene una concepción del mundo que reacciona airada ante cualquier progreso racional o moral. Pero sus principales propuestas no engañan, hablan claro. Sólo son populistas, como el resto de la derecha, cuando hablan de economía.

Ahora los partidos más populistas (PP y Ciudadanos) pactan con Vox y al mismo tiempo se declaran enemigos del populismo, tanto del de derechas (Vox) como del de izquierdas (Podemos). Pero no definen qué es el populismo, porque si lo hicieran deberían aplicarse el término a sí mismos. Unidos Podemos sólo puede ser calificado de populista en el sentido positivo, como promotor de políticas que benefician al pueblo. No se puede criticar a Podemos que no lleve esas políticas más lejos, aunque sí que no haga pedagogía con más determinación explicando con detalle por qué esas políticas no pueden ir más lejos.

Si Podemos calla sobre ciertas cuestiones (que es una manera de mentir) no es porque esté obligado, sino por una táctica errónea. Los demás partidos, incluidos los socialdemócratas, están obligados a mentir, puesto que han de presentarse como gestores de los intereses del pueblo al tiempo que defienden el sistema capitalista como el mejor de los posibles.

Las invocaciones al diálogo, al consenso, a los pactos

¡Qué mundo idílico! Que los lobos y las ovejas no se descalifiquen mutuamente, que no se falten al respeto, que traten al otro como un competidor, nunca como un enemigo. Eso es, evidentemente, lo que interesa a los partidos conservadores. Pero de hecho, y sea cual sea la percepción de la gente, hay una profunda división en la sociedad. Las oligarquías económicas cuentan con su muy poderoso ejército de servidores, con sus mesnadas civiles y militares, para imponer su interés como única realidad razonable. Finjamos que todo el pueblo está unido por los mismos intereses básicos y que las divergencias locales son solucionables mediante el diálogo y la transacción. ¡Qué cansado abatimiento produce el discurso único a quien sabe lo suficiente y tiene buen corazón! Dialoguemos con los ricos, que ya verán cuanto dinero conseguimos de ellos para políticas sociales. La sinrazón ocupando casi todos los espacios. ¿Dónde respirar?

La única manera de cambiar esta situación es fortaleciendo los movimientos populares y ello requiere una permanente pedagogía unida al buen ejemplo. Bernie Sanders percibe movimientos que no se han visto jamás en la historia de Estados Unidos. Hombres, mujeres, negros, blancos, latinos, indios americanos y asiático-americanos, gays y heterosexuales, jóvenes y mayores, nativos y migrantes. Es posible que las oligarquías hayan llegado tan lejos en su codicia que empiece a fraguarse una resistencia. Y esa resistencia, no lo olvidemos, ha de ser mundial para que tenga eficacia.

jmchamorro@jmchamorro.info

LAS CLOACAS DEL ESTADO Y LA IZQUIERDA

1. Se da como inevitable que los Estados dispongan de alcantarillas o cloacas en las que fraguar y ejecutar acciones secretas, malolientes, impresentables, y por supuesto delictivas, pero necesarias.

De manera que todo el mundo da por hecho que esas alcantarillas existen y no se preocupa de saber qué se hace en ellas o desde ellas. Mirando hacia otro lado se insiste en las alabanzas a nuestra democracia, como si no hubiera contradicción entre democracia y cloacas del Estado.

Pero resulta que uno de los moradores de esas cloacas, dedicado durante muchos años a utilizar su profesión policial para conectar con banqueros, jueces y políticos, ha ido recopilando información “sensible” y desde la cárcel, y para salir de ella, chantajea al Estado con la amenaza de hacer pública esa información. Y puesto que no se atienden sus peticiones (sería demasiado escandaloso) va filtrando a pequeñas dosis su material.

¿Qué partidos y qué personajes están implicados, o temen estarlo? Baste decir que los intentos de aclarar este asunto en el Parlamento han sido infructuosos por la oposición de los dos partidos que han gobernado el país durante los últimos decenios, PP y PSOE.

Se habla mucho del chantaje y de la catadura moral del inspector de policía, pero lo grave no es que una persona sea mejor o peor, o que chantajee para salir de la cárcel, sino las realidades que van saliendo a la luz.

Tenemos nuevas pruebas de que el rey emérito cobraba mientras fue jefe de estado comisiones millonarias, pero al que ni siquiera se puede investigar porque es inviolable. Y por lo visto su inviolabilidad no se limita a sus actividades como jefe de estado, sino a todas las acciones delictivas que haya podido cometer. Y a este señor inviolable se le dispensa en el parlamento una gran ovación en el aniversario de la constitución española, como si la salida del franquismo se debiera a él, que en ningún momento ha dejado de alabar al dictador genocida que lo colocó en el trono.

Tenemos un ministro beato que organizó una “policía patriótica” para urdir operaciones ilegales con las que destruir la carrera política de adversarios a base de informaciones falsas, o para destruir pruebas de la corrupción de su partido.

Tenemos una presidenta del Consejo de Estado sobre la que recae la razonable sospecha de que, siendo vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, habló con un representante del Santander para tranquilizar al señor Botín justo antes de que el Supremo se inventara la llamada “doctrina Botín”, artificio que le libró de ir a la cárcel por sus delitos.

Tenemos al presidente del BBVA que encarga al policía de marras que investigue la vida privada de numerosas personas para, vía chantaje, evitar que ese banco pase a ser controlado por un grupo rival.

¡Cuántos gestos de escándalo conforme se va sabiendo todo esto! Pero esto no es nada, es pura calderilla.

La realidad es que, a falta de democracia, los Estados no pueden ser transparentes. En las plutocracias (que eso son los Estados que se llaman democráticos) hay mucho tejemaneje secreto entre el verdadero poder (el económico) y los poderes subordinados (legislativo, ejecutivo, judicial y policial) y ello pone de manifiesto no tanto que el Estado tenga cloacas como que es, él mismo, la gran cloaca.

El panorama no cambia si pasamos a una estructura supraestatal como la Unión Europea. Recordemos el caso de Grecia en los años más duros de la crisis financiera, entre 2010 y 2014. Alexis Tsipras pedía la reestructuración o quita de parte de la deuda y la UE, el BCE y el FMI se negaron y propusieron un plan de rescate muy lesivo para Grecia. Cuando Tsipras convocó un referendum para que el pueblo griego decidiera si aceptaba o no las condiciones de aquel rescate, los líderes europeos dijeron al unísono: “Si gana el no, Grecia tendrá que salir del euro”; “Europa no puede abandonar sus principios en Grecia”; “un no significa que Grecia dice no a Europa”. Y cuando el referendum, que tuvo lugar el 5 de julio de 2015, dio como resultado un rotundo rechazo a las condiciones de aquel rescate, los líderes europeos, bajo amenaza de expulsar a Grecia de la UE, obligaron al Gobierno griego a aceptar unos recortes sociales sin precedentes, que pagó la mayoría de su población en pensiones, subsidios de desempleo y servicios sociales durante los años siguientes.

Pues bien, el pasado día 15, en un discurso ante el pleno de la Eurocámara para conmemorar los 20 años del euro, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que era presidente del Eurogrupo entre 2005 y 2013, cuando se pactaron dos de los tres rescates a Grecia, denunció con lloriqueo compungido la falta de solidaridad que mostró la UE con Grecia. “Siempre he lamentado la falta de solidaridad con la crisis griega”. “Hemos sido insuficientemente solidarios con Grecia, la insultamos, la injuriamos”.“Nunca me he alegrado de que Grecia, Portugal y otros países se encontraran así. Siempre he querido que remontaran su lugar entre las democracias de la UE”. Añadiendo: “Éramos varios los que pensábamos que Europa tenía músculo suficiente para resistir sin la influencia del FMI”.

Pero lo cierto es que “esos varios” no decían lo que según Juncker pensaban, decían otras cosas. Juncker se queja de que se atribuyó “demasiada importancia” al FMI y omite que el FMI era favorable a la reestructuración de la deuda griega, según revela un informe que entonces no se hizo público, pero que luego se ha conocido.

¿En qué reuniones secretas se decidió la falta de solidaridad con Grecia que ahora Juncker lamenta? Nada pintaban allí principios ni reglas. En muchos momentos la UE nos está demostrando que sus principios son sólo retórica. Y ¿quién dicta esas normas que son sagradas si Grecia pide una excepción, pero son papel mojado si las incumplen Alemania, o Francia? Lo que ocurrió, pero no se dijo, es que Grecia proponía una alternativa a la forma de salir de la crisis impuesta por Alemania, que era muy lesiva para la ciudadanía y amnistiaba al sector financiero culpable de la crisis. Y había que abortar sin contemplaciones aquella alternativa con la vista puesta en escarmentar a nuevos partidos como Podemos. Esa era la decisión tomada en las cloacas al servicio del poder financiero alemán.

2. El ocultamiento de la verdad por los políticos que gestionan los intereses de los plutócratas es el enemigo público número uno, el factor causante de la falsa conciencia de la población, contra el que la izquierda debería luchar sin descanso. Pero la forma de luchar con eficacia no consiste en gritos mitineros, ni oportunismo electoralista, ni agresividad retórica. Esto puede valer como mucho para ganar votos con los que conseguir un poder efímero que habría que saber perder bien pronto (para no convertirse en gestor de los intereses económicos y, por tanto, en habitante de las alcantarillas). No se trata de apelar a las pasiones para conseguir un poder traicionero (con el que se pueden repartir algunas migajas del banquete, pero no mucho más, ¡y a eso se lo llama resolver los problemas de la gente!). Se trata, con poder o sin él, de situar a la luz de la razón los datos que vienen a destruir el discurso políticamente correcto, el que cae sobre la población abrumadoramente cada día. Se trata de reivindicar tan mesuradamente como se pueda el anticapitalismo, única posición razonable y justa. En lugar de miedo a que griten “populistas de izquierdas, antisistema”, la izquierda debería proclamar muy tranquilamente “claro que somos populistas de izquierdas, claro que somos antisistema si eso significa que, a diferencia de vosotros, nos guiamos por la razón y la justicia a favor de las clases populares”. Se trata de saber elegir, para cada clase de oyentes, el discurso que despierte su razón, de enseñar con éxito a los que no saben, que son muchos. O si se quiere, de explorar las posibilidades revolucionarias de la verdad, algo imposible cuando sólo se piensa en cómo ganar o en cómo no perder los votos de estos o de aquellos.

3. Ni IU ni Podemos son por ahora esa izquierda. Podemos nació como una izquierda esperanzadora (porque, a diferencia de IU, no estaba maniatado por las deudas a la banca), pero va perdiendo el apreció que inicialmente se ganó. Y es que, aparte la bisoñez de sus principales dirigentes, profesores de universidad jóvenes que han llegado a la política con el único bagage de su experiencia académica, tiene tres problemas:

-Nació de una indignación colectiva por el enorme daño que la crisis económica ha ocasionado a las clases populares. Pero la indignación no es el criterio adecuado para adscribirse a un partido de izquierda, porque entre los indignados los hay socialdemócratas y los hay anticapitalistas, y esto viene generando problemas que sólo pueden agudizarse. Unos y otros estarían más cómodos en partidos distintos.

-Su electoralismo lo supedita todo a ganar votos bajo la ingenua creencia de que votos suficientes permiten un asalto a los cielos. En Podemos precen creer esa tontería muy extendida que dice que, sin poder político, la izquierda se convierte en fuerza puramente testimonial, sin posible incidencia en la vida colectiva.

-Finalmente, Podemos es un partido que carece de teoría, algo que puede sorprender precisamente por la condicion de profesores de universidad de sus principales líderes, intelectualmente muy por encima de los del PP o Ciudadanos, pero que se apañan con conocimiento de politólogos, escaso, poco fiable y sólo útil en el espacio electoral. Toda la teoría que emplean es mera elucubración acerca de cómo conseguir un aumento de votos.

Diversidad ideológica, más electoralismo, más ausencia de teoría, más ambiciones individuales, han dado lugar a espectáculos recurrentes, en los que el debate de ideas se ha sustituido por enfrentamientos personales. El último ha sido la deserción de Errejón en busca, cómo no, de un mayor éxito electoral.

Me permito terminar esta entrada anunciando que al debate sobre este tipo de cuestiones espero contribuir muy pronto con la publicación de un libro cuyo título es Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

jmchamorro@jmchamorro.info

LAS COSAS QUE OCURREN

1. Oigo un anuncio pidiendo ayuda para evitar que mueran en África cada día 7.000 niños, sea en el parto o en seguida, de hambre y enfermedades. Según UNICEF evitar esas muertes cuesta muy poco y por ello nos pide un donativo. Pero si cuesta muy poco ¿cómo es que la ONU no ha evitado esas muertes desde hace muchos años? ¿Hay que dejar tal asunto a la buena voluntad de donantes en lugar de resolverlo con un presupuesto mundial público? ¿Dónde están los derechos humanos que los Estados presumen cumplir? Parece que toda la reacción que se percibe respecto a esas muertes tiene que ver con enviar o no enviar un donativo. 

2. Se nos confirma por el Banco de España que de los 77.000 millones que el Estado empleó en el rescate bancario no se recuperarán 66.600 millones ni siquiera aunque la banca tenga grandes beneficios. Al importe entregado por el Estado como rescate hay que añadir los altos intereses pagados como consecuencia de una decisión tomada por el Banco Central Europeo (BCE). Recuerden que, mediante los dos programas LTRO de 2011 y 2012, el BCE prestaba dinero a los bancos (inyecciones de liquidez lo llamaban) a unos tipos de interés muy favorables, dinero que luego los bancos utilizaban para comprar deuda pública a un tipo de interés alto, el que fijaban como prima de riesgo agencias privadas de rating. La decisión de que el BCE no prestara a los Estados en apuros a interés bajo y obligara a esos Estados a endeudarse a altos intereses precisamente con los bancos a los que el BCE había favorecido, no fue una decisión democrática, porque el BCE no es una institución democrática. ¿En qué cuevas secretas se toman esas decisiones indefendibles? ¿Y por qué los medios y los partidos políticos se someten a ellas sin apenas resistencia? La respuesta sobra. Pero volviendo al comienzo: ¿Por qué el Estado no puede recuperar esos 66.600 millones de euros ni siquiera si la banca obtiene grandes beneficios? ¿Quién es el culpable de esto, por qué no quedó claro que la banca tendría que devolver ese dinero cuando tuviera beneficios? Silencio, espeso silencio.

3. Es también incomprensible el silencio que acompaña a las noticias sobre las grandes fortunas, como si nadie percibiera que el hecho de que no haya límite legal a la riqueza privada, junto con la peculiaridad de que el mercado da más a quienes más tienen, no sólo es irracional e injusto, sino que hace imposible la democracia que tanto se invoca, estableciendo de hecho un poder secreto que, por debajo de la estructura formal institucional, gobierna el mundo utilizando a teóricos, políticos, partidos, comunicadores, medios de comunicación y jueces como muñecos de guiñol bien pagados.

Durante la crisis que tanto daño ha hecho a millones de ciudadanos, el número de milmillonarios ha ido aumentando de año en año. Si en 2007 había según la revista Forbes 946, este año hay 2.208, habiendo subido el valor neto acumulado por el grupo de 3,1 a 9,1 billones de dólares, y teniendo los diez primeros de la lista más de 50.000 millones cada uno. El más rico, Jeff Bezos, sobrepasa los ciento cincuenta mil millones de dólares.

¿Cuándo surgirá un clamor contra las escandalosas cifras de esas fortunas, que justamente se incrementan cuando peor le va a la mayoría de la población?

Se nos dice que los milmillonarios tienen esas fortunas porque el mercado se las ha dado. Pero el hecho de que el mercado se comporte con resultados tan injustos e insoportables debería ser motivo suficiente para idear otros mecanismos de distribución de la riqueza social. O para, en último caso, sin abandonar la economía de mercado, poner un límite sensato a la riqueza privada (de 5 a 10 millones de euros, por ejemplo), de forma que todo lo que exceda a ese límite pase a los Estados vía impuestos para políticas públicas beneficiosas a la mayoría social, tanto en el ámbito nacional como internacional. ¿Se imaginan lo que se podría hacer con el importe de esas fortunas en manos públicas para mejorar la educación, la sanidad, la investigación, para asegurar a todo ciudadano una vida digna? Ya sé que esa decisión no se puede tomar en un país como España, pero se puede proponer, se puede argumentar y se puede incitar a otros a que hagan lo mismo. Dejar pasar un día sin condenar el sistema económico que hoy impera en el mundo es contribuir a la gran mentira oficial. El mercado no tiene una naturaleza sagrada que nos obligue a tolerar sus incontables desafueros.

4. Propone el gobierno de España la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros y vemos la coincidencia con que el gobernador del Banco de España, la directora gerente del FMI y la patronal han advertido de los riesgos, como si incluso esos 900 euros no fueran insuficientes,  pues no permiten una vida digna. En todo caso quienes consideran excesiva esa subida serían más creíbles si ellos dieran ejemplo de austeridad y aceptaran salarios inferiores. Pero todos ellos tienen sueldos altísimos sin que por ello la economía sufra. Y además anuncian riesgos falsos, interesadamente imaginarios, como tendremos ocasión de comprobar si finalmente se sube el salario mínimo en esa cuantía. No habrá catástrofe económica alguna.

Siguiendo el dictamen de economistas amaestrados, los organismos con mayor poder delegado del mundo dan por cierto que la buena marcha de la economía se ve entorpecida si se sube el salario mínimo o las pensiones, o si aumenta la deuda por encima de una cifra que ellos han decidido arbitrariamente. Dan por cierto que sería nefasto subir los impuestos a los ricos o a las grandes empresas. En consecuencia, dictaminan que hay que recortar el gasto público. Entretanto, aunque inútilmente, otros economistas, como el premio Nobel Paul Krugman, demuestran, con argumentos racionales y ejemplos históricos, que esas ideas carecen de fundamento y que, principios morales aparte, la economía funcionaba mejor cuando los ricos pagaban más impuestos que ahora.

5. Las sentencias incomprensibles se suceden, poniendo de manifiesto que nuestra judicatura proviene de la judicatura franquista sin ruptura en la “modélica” transición. Vergonzosa la vuelta atrás en la decisión del Supremo sobre el pago del impuesto de actos jurídicos documentados en las hipotecas, y muy significativa la imprudente euforia del portavoz del PP en el Senado alardeando en wasap de tener controlada la Sala del Supremo que tiene que juzgar a miembros del PP. Vergonzosa también la sentencia contra La manada, con evidente desajuste entre los hechos probados y la calificación jurídica del delito. Y otras muchas sentencias sobre violencia machista, en las que parece que es la mujer la que está siendo juzgada.

6. Y en estas llega Pablo Iglesias y dice en el Senado que se arrepiente de sus opiniones pasadas sobre Venezuela, y que la situación política y económica en ese país es nefasta. Y nada más. Y uno se queda pensando: ¿de qué va este hombre? Porque es cierto que la situación política y económica de Venezuela es nefasta, pero al decir que se arrepiente de sus opiniones pasadas, Iglesias está dando a entender que la culpa de la situacion actual es del Gobierno venezolano.

Acerca de la actividad desestabilizadora de EE UU en la Venezuela de Maduro hay información en el libro editado por el teólogo Benjamín Forcano El imperio USA contra la revolución Bolivariana. La verdad silenciada o prohibida, Editorial Nueva Utopía. Más recientemente, el pasado mes de septiembre, se ha presentado el informe encargado por la ONU al experto en derechos humanos estadounidense Alfred de Zayas, quien pudo constatar el impacto negativo en la economía venezolana del “pernicioso tipo de cambio publicado en un sitio web (Dólar Today) que no se basa en transacciones reales y evidentes de compraventa”. Comprobó también que “calificadoras de riesgo, principalmente Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, han emitido permanentemente una calificación negativa sobre la capacidad de la República para realizar pagos externos, lo cual esencialmente ha cerrado sus posibilidades de acceso al mercado financiero”. Pudo además conocer los fenómenos de acaparamiento de medicinas y alimentos, y “el papel de grupos delictivos internaciones en el robo de recursos públicos, alimentos y medicinas que llegan hasta países vecinos”. Su conclusión fue que se trata “de una guerra económica que no dista mucho de las guerras no convencionales contra Cuba, Chile (de Salvador Allende) y Nicaragua”.

En este sentido enumeró las diversas condenas de los órganos de las Naciones Unidas contra medidas coercitivas como las aplicadas contra Venezuela, entre las que destacó la renuncia de dos subsecretarios generales de la ONU durante la década del 90 en protesta por las sanciones contra Irak que causaron la muerte de un millón de personas, lo que calificaron como una “forma de genocidio”. Según de Zayas, en el caso venezolano los “efectos de las sanciones de Obama, el embargo financiero de Trump y las medidas unilaterales por parte de Canadá y la Unión Europea, impiden acceder a préstamos y a reestructurar la deuda y todo ello contribuye al colapso de la producción petrolera y a la escasez de alimentos y de medicamentos como la insulina y los antirretrovirales, lo que ha ocasionado demoras en su distribución y ocasionado agravantes en numerosos casos de muerte”. En la misma línea ha ido la negativa de Colombia de entregar medicamentos contra la malaria para combatir un brote de la enfermedad en Venezuela en noviembre de 2017.

En consecuencia de Zayas ha recomendado que la Asamblea General de la ONU analice si las sanciones ordenadas por EE UU, Canadá y la UE contra Venezuela equivalen a crímenes de lesa humanidad cuando “un gran número de personas mueren debido a la escasez de alimentos y medicinas”. A su juicio esas sanciones “contravienen el espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas” porque “afectan a poblaciones inocentes” y equivalen a crímenes de lesa humanidad en virtud del artículo 7 del Estatuto de Roma. Van además “acompañadas de la manipulación de la opinión pública a través de noticias falsas, relaciones públicas agresivas y una pseudo-retórica de derechos humanos para dar la impresión de que los fines de derechos humanos justifican los medios criminales”.

Algunos creen que ciertos países no quieren ver una solución pacífica del conflicto venezolano y prefieren prolongar el sufrimiento del pueblo venezolano, esperando que la situación alcance el umbral de la “crisis humanitaria” y desencadene una intervención militar”, indica. Y en efecto, ahí están las declaraciones públicas del presidente Trump sobre las potenciales acciones militares de EE UU en Venezuela, y las declaraciones de otros oficiales que apoyan un golpe militar en el país.

Sin duda Iglesias conoce estos datos. Y también la forma en que EE UU ha ido removiendo a los presidentes de izquierdas elegidos durante la “marea rosa” de la primera década de 2000 en Honduras, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Chile y El Salvador, y ello a pesar de que no proponían programas políticos radicales, sino meramente socialdemócratas moderados. Y pese a la evidencia de que habían conseguido que la pobreza en la región cayera de un 44 a un 28% desde 2002 hasta 2013, tras una tendencia ascendente en los 20 años anteriores de gobiernos de derechas.

Pero si Iglesias conoce estos datos, y los calla, no hay más remedio que interpretar sus palabras como una forma cobarde de oportunismo. No debe ser ese el camino de la izquierda. Las palabras de Iglesias, precisamente porque soy votante de Podemos, me han hecho sentir vergüenza.

6. Llegan las elecciones andaluzas con su gran sorpresa. Vox, partido al que las encuentas daban como mucho un escaño en Almería, saca 12 y suenan todas las alarmas. En los medios de comunicación politólogos y catedráticos varios, incluidos filósofos, tratan de encontrar causas o culpables al ascenso inesperado de Vox, pero sin mencionar la palabra “capitalismo”. ¡Qué notables ejercicios de equilibrismo! Da la impresión de que los votantes son sujetos sobre cuyo veredicto sólo caben análisis superficiales, y que lo grave es que Vox haya sacado esos escaños, y no que haya en España millones de ciudadanos que pueden buscar en Vox la solución a sus problemas. No es tan importante a quien votan esos ciudadanos, sino que hayan sido fabricados por esta sociedad como lo han sido (con las suficientes dosis de egoísmo, miedo, resentimiento e ignorancia). Luego, una vez así fabricados, es secundario si votan a este o a aquel partido. Si hasta ahora venían votando al PP, ¿quería ello decir que la extrema derecha era menor que hoy? Sencillamente, tenía otra envoltura (y tampoco grata). Que esta sociedad sea una fábrica de fascismo psicológico, eso es lo que debería preocuparnos, no que surja un partido de extrema derecha que canalice ese fascismo. Me remito a la entrada de este blog “Fascismos, machismos y feminismos”.

7. Del fracaso de la izquierda hay poco que decir. Su electoralismo la pierde. La izquierda anticapitalista debería tomar las elecciones como algo secundario, y siempre para romper “su mentira” a la vista de todos. Para denunciar la impostura. Porque las elecciones son una mentira legitimatoria de una democracia que es, realmente, una plutocracia. No hay que tomarlas en serio, y no sólo por eso, sino porque, si se consigue algún poder, no es posible realizar nada de lo que valdría la pena. Con el peligro de aficionarse al poder y a sus apaños, ocultándolos por pragmatismo. Hay otros muchos espacios en los que trabajar, porque la verdadera batalla, como la derecha sabe muy bien, no es electoral, sino ideológica. Y esa batalla la gana la derecha (incluyo al PSOE) con la mentira sistemática.

Forma parte de ella casi todo lo que en el lenguaje oficial se presenta como noble, serio, obligatorio. Por ejemplo, el europeismo, la globalización, la Constitucion, la Declaración de Derechos Humanos, el Informe PISA, la democracia, la justicia, la independencia del poder judicial, la igualdad de oportunidades, los valores de la cultura occidental, etc., etc. Palabras, palabras nobles para disfrazar realidades innobles, muchas veces ruines. Lean el discurso del rey para conmemorar el 40 aniversario de la constitución vigente. Mentira tras mentira y casi todos rompiéndose las manos a aplaudir.

En los medios de comunicación prosistema (que lo son casi todos) peroran editorialistas, profesores, comunicadores, expertos, con voces y plumas hábiles. Con frecuencia se lamentan por el daño que se está haciendo a la democracia, dando así por supuesto que vivimos en democracia y que hay cosas que la atacan o la debilitan, como si se pudiera atacar o debilitar a una cosa inexistente. O ponderan el europeísmo como si Europa fuera una entidad ideal y no el conglomerado de intereses gobernado por fuerzas reaccionarias y brutales (que eso son las fuerzas neoliberales que nos imponen su voluntad “europea”), o como si no formaran parte de Europa los millones de europeos maltratados por minorías que se arrogan la representatividad del ente platónico Europa. O hablan de la globalización como si la que estamos sufriendo fuera ineludible y el que se quede fuera de ella perdiera el tren de la historia. O ponderan el necesario respeto a la legalidad y a las reglas pactadas como si la legalidad y las reglas pactadas no se incumplieran cada vez que interesa a los de siempre.

O dan por indiscutible que la Declaración de Derechos Humanos es un ideal digno de la adhesión de todo ciudadano honorable. O se refieren a los informes PISA como si fueran definitorios de la buena o mala educación, es decir, como si la buena educación fuera posible en nuestras sociedades. O hablan de la división de poderes, como si no fuera cierto que los tres poderes de Estado están sometidos al único y verdadero poder oculto. O dicen escandalizados que algo atenta a la igualdad de oportunidades, como si esa igualdad existiera y pudiera sufrir atentados.

O hablan de los valores de la cultura occidental, o de los valores que comparten los Estados occidentales, como si en cada uno de ellos no hubiera subculturas con sistemas de valores bien distintos y en muchos casos contrarios. O nos dicen imperturbables que los medios de comunicación privados son un pilar de la democracia. O hablan de que ciertas medidas económicas son imprescindibles, como si obedecieran a leyes científicas y no fueran torpes recetas que sólo obedecen a la codicia de los poderosos. O se refieren a los “verdaderos intereses” de los españoles, como si esos intereses no pasaran de que disminuya el paro, se recupere lo que se pueda del Estado de Bienestar y la mayoría sea explotada con mejores modales que los ahora imperantes.

Semejante empedrado de mentiras compone la Gran Mentira necesaria para la legitimación del Sistema. Los medios, los tertulianos y los teóricos prosistema siguen haciendo su papel remunerado en proporción a la credibilidad que consiguen (que equivale a decir: a la cantidad de gente a la que engañan).

Juan Luis Cebrián, en El País de 19 de noviembre, nos dice que “La respuesta a la crisis de representación que padecemos es regresar a los orígenes. Se necesita una opinión pública informada, hoy manipulada por las redes sociales, y garantizar el ejercicio de la libertad individual.”

Da por supuesto Cebrián que, mientras las redes sociales manipulan, los medios privados no manipulan, informan. Y ¿qué entiende Cebrián por ejercicio de la libertad individual? ¿En qué consiste la libertad de los millones de conciudadanos que no tienen trabajo, o que trabajan por un salario de miseria y sin seguridad alguna en el futuro?

Cada día nuevos hechos vienen a poner en evidencia la radical falsedad del pensamiento políticamente correcto, es decir vienen a acreditar la envergadura de la Gran Mentira.

8. Por eso al llegar aquí es necesario preguntarse dónde está la izquierda y qué hace ante este panorama. Da la impresión de que hace lo posible para no ser tachada de antisistema. Así que para eludir la descalificación del imponente aparato mediático conservador, colabora a una ficción, a esa Gran Mentira, en la que, por cierto, ya no cree la mayoría de la población. Cada día que pasa más gente tiene claro que en la sociedad capitalista no hay democracia ni puede haberla, que la justicia está vendida al poder económico, que la política es un paripé.

La consecuencia de la pasividad temerosa de la izquierda es que el campo de la rebelión ha quedado libre y ha sido ocupado por la extrema derecha. Puesto que de la izquierda no han salido las verdades revolucionarias que hubieran sacado a mucha gente de su ignorancia, es natural que esa gente, desconcertada y dañada al mismo tiempo por la crisis económica, se deje seducir por los cantos de sirena populistas de la extrema derecha. La izquierda no ha sabido liderar los procesos desatados por la Gran Recesión y en el espacio abandonado ha prosperado el populismo fachoso. ¿En qué hubiera consistido liderar esos procesos? En hacer uso de la facultad que sólo una izquierda libre del poder económico se puede permitir: la verdad. Esa verdad que Iglesias desdeñó cuando habló de Venezuela sin citar a EE UU.

jmchamorro@jmchamorro.info

A PROPÓSITO DE EXPRESIONES

En algunas tertulias hay expertos a los que les ha dado por decir “se abre una ventana de oportunidad” cuando, para significar lo mismo, les resultarí­a más fácil decir “se abre una oportunidad”. Y acabo de oí­r que una desahuciada necesita una solución habitacional. Es decir, una vivienda.

¿A qué viene el entusiasmo con la palabra “emprendimiento”? ¿Se trata de insinuar que quien bordea la pobreza es culpable por no ser emprendedor?

Hay mucho afán por usar el verbo “empoderar”. Si uno busca su significado encuentra la siguiente definición en el Diccionario Panhispánico de Dudas: “conceder poder a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que, mediante su auto gestión, mejore sus condiciones de vida”.

También se entiende el empoderamiento como un proceso que propicia que las mujeres y otros grupos marginados incrementen sus posibilidades accediendo al uso y control de los recursos materiales y simbólicos, que ganen influencia y prestigio, y que participen en el cambio social.

En el capitalismo el control de los recursos materiales y simbólicos está vedado a la casi totalidad de los ciudadanos, sean mujeres u hombres, grupos marginados o instalados. El 90% de los hombres no están empoderados en cuanto a controlar recursos y medios simbólicos. En el sistema capitalista sólo lo están realmente los dueños del capital. Los demás, como mucho, pueden llegar a creer que lo están.

Se dice también que el empoderamiento es un proceso por el que las personas se conciencian de sus propios derechos, capacidades e intereses, y de cómo estos se relacionan con los intereses de otras personas, con el fin de participar desde una posición más sólida en la toma de decisiones, y estar en condiciones de influir en ellas.

Pero entonces estamos usando una nueva palabra para designar algo que ya tiene nombre: librarse de la falsa conciencia. ¿Y cómo se consigue esto? Sólo hay un camino, que es asimilar la explicación marxista de los procesos sociales (hoy por hoy, y con todos sus defectos, la única razonable y lúcida) y aplicarla a combatir al capitalismo.

O sea, que el verbo empoderar se usa para crear la ilusión de que se puede eliminar la marginación empoderando a la gente (que a saber qué es eso), pero sin salir del sistema social en que estamos. ¡Pero qué cosas!

Otro verbo de moda es “visibilizar”.

Tiene una secuela que dice que el uso del genérico masculino esconde la existencia misma de las mujeres y produce una visión del mundo que se asienta en lo más hondo de nosotros y que, pese a hacerse en muchos casos prácticamente imperceptible, es semilla de las discriminaciones que padecen las mujeres, así como los colectivos LGTBI.

Procuro evitar el masculino genérico siempre que puedo (sustituyendo “hombre” por “persona”, “alumnos” por “alumnado”, etc.), pero no veo la utilidad de sustituir “los padres de alumnos” por “los padres y las madres de los alumnos y de las alumnas”. Y más teniendo en cuenta que miembros del colectivo LGTBI se pueden sentir maltratados por un lenguaje inclusivo que se refiere sólo a hombres y mujeres, sin que queden “visibilizadas” las diferencias de tendencias sexuales.

No discuto el sentido que pueda tener el lenguaje inclusivo feminista en mítines y en textos legales o docentes para llamar la atención sobre la postergación femenina, pero resulta insoportable en la conversación cotidiana y en el estilo literario, sobre todo porque es a cambio de nada. No es grave ni atentatorio contra la mujer y sus derechos que se siga usando el masculino genérico, más bien puede tomarse como recordatorio “arqueológico” de cómo eran las cosas en los tiempos en que ese lenguaje se fraguó.

Cierto que se podría satisfacer el principio de economía eligiendo el femenino como término genérico, pero la lengua no se rige por decretos. Mosterí­n propuso un género intermedio entre el masculino y el femenino y no tuvo éxito.

Cuando alguna feminista utiliza el femenino para aludir a hombres y mujeres está haciendo un acto político respetable, pero lingüísticamente confuso. Sólo si el común de los hablantes aceptara el uso del femenino genérico se podrí­a considerar socialmente establecido, y entretanto es perfectamente razonable el uso del masculino. Ahora supongamos que acaba estableciéndose el femenino como genérico: serían entonces los hombres los que se podrí­an considerar invisibilizados. Con tan poco fundamento como ahora las mujeres.

Pues las mujeres no pasan a ser visibles sólo por que digamos “padres y madres de alumnos y alumnas”. Mientras estén en peores condiciones que los hombres de poco sirve que se las “visibilice” en una frase insoportable.

Imaginemos esa sociedad deseable en que las mujeres gozaran del total reconocimiento de sus méritos, estuvieran tan presentes como los hombres en los altos puestos de la administración del Estado y de la empresa privada, tuvieran suficiente representación en los altos niveles de la ciencia, la política y el arte, no sufrieran discriminación alguna por ser mujeres, compartieran con los hombres los trabajos domésticos y de cuidados, pudieran caminar de noche por un oscuro parque con no más peligro que un hombre, etc. Pues bien, todo ello sería compatible con el uso del masculino genérico. Por tanto, este uso no es un impedimento para la sociedad igualitaria. Los impedimentos están en otras partes.

¿Y qué decir de la palabra “género”? Unas feministas americanas conservadoras la propusieron con la intención de enfatizar la distinción social y cultural entre los sexos en oposición a la distinción biológica.

El fundamento parece propio de un quiero y no puedo teórico. Disponemos de palabras como sexo, hombre, mujer, masculino, femenino, varón, macho y hembra que se pueden usar en diferentes discursos, siendo el contexto el que aclara si nos referimos a propiedades biológicas o sociales. Ocurre lo mismo con otras muchas palabras, como piedra o caballo, y no se nos ocurre dejarlas para el contexto fí­sico o biológico e inventar otras para enfatizar el papel de la piedra en la arquitectura o el de los caballos en las apuestas.

El caso es que muchas feministas se lanzaron a usar la palabra y que la Organización Mundial de la Salud ha aceptado que “género” se refiere a los roles socialmente construidos, los comportamientos, actividades y atributos que una sociedad dada considera apropiados para los hombres y las mujeres.

Pero ¿cuáles son los roles, comportamientos, actividades y atributos que nuestra sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres? Hoy tenemos formas diferentes, y aun opuestas, de entender todo eso. El rol de futbolista lo ocupan también mujeres, y el de mando del ejército, y el de ministra. El rol de cuidador de hijos pequeños lo juegan cada día más hombres. La vieja unanimidad a favor de la cultura patriarcal, aún vigente en otras partes del mundo, se ha roto en nuestro entorno. Cierto que pese a ello quedan de esa cultura múltiples residuos significativos, y uno de los principales, que persiste con beneplácito de la mayoría de las mujeres, consiste en los roles, comportamientos, actividades y atributos que confluyen en los rancios conceptos machistas de “bello sexo” y “sexo fuerte”. Mujeres muy sensibles al uso del masculino genérico son bastante ciegas respecto a este residuo machista al que sucumben muy gustosamente. Poco cambian las cosas por decir “los padres y las madres de los alumnos y las alumnas” si las madres y las alumnas se dejan seducir por el “eterno femenino” decretado por la vieja cultura patriarcal.

Nunca he encontrado problema para escribir sobre el tema feminista sin usar la palabra “género” y creo que lo que escribo no da lugar a ambigüedades que se pudieran solucionar con el uso de esa palabra.

Al contrario, es ella la que introduce ambigüedad. Pues no sólo su fundamento teórico es pobre por olvidar el papel de los contextos en el significado, sino que lleva a malos usos. Cuando se dice “perspectiva de género” se está aludiendo tanto a la perspectiva masculina como a la femenina, pero quien usa esa expresión pretende estarse refiriendo a la perspectiva de las mujeres, y ni siquiera de todas, sino de las que luchan por la igualdad. Por ello se deberí­a decir “perspectiva feminista”. O, si se prefiere, reclamar unas ‘gafas moradas’ para mirar la realidad.

Ocurre algo parecido cuando se dice “violencia de género”, expresión que comprende tanto la violencia que hombres ejercen sobre mujeres como la que mujeres ejercen sobre hombres. Pero quien usa el desafortunado término no se refiere a esta segunda, ni tampoco, supongo, está queriendo decir que en el rol social de todos los hombres está ejercer violencia sobre las mujeres. Se refiere a la violencia que ejercen hombres machistas sobre mujeres y por ello la expresión pertinente es “violencia machista”.

 jmchamorro@jmchamorro.info

FASCISMOS, MACHISMOS Y FEMINISMOS

Dos noticias han provocado muchos comentarios: la política xenófoba y despiadada del Gobierno italiano que impide que desembarquen en sus puertos inmigrantes rescatados en el mar; y las hazañas de ese grupo de hombres valientes que se hacen llamar “la manada”. Tanto los políticos italianos como los violadores sevillanos muestran mentalidades y comportamientos que remiten a una psicología fascista.

DEL FASCISMO PSICOLÓGICO AL POLÍTICO

A veces el fascismo se identifica con ciertos comportamientos racistas o xenófobos y, más en general, con ciertos comportamientos políticos. Señaladamente el de votar a partidos de extrema derecha.

Si los partidos políticos fascistas no obtienen buenos resultados electorales, mucha gente se felicita y cree que el fascismo está en baja. Las alarmas se desatan cuando esos partidos ganan espacio electoral. Se supone que el fascismo sube si los partidos fascistas aumentan sus votos. Y esa subida se hace preocupante si acceden al Parlamento o al Gobierno.

De repente el peligro fascista compromete el futuro europeo y algo antes ese peligro no existía. ¿Qué reiterado milagro es este? ¿Hay millones de conversiones repentinas, en un sentido u otro? Demasiadas conversiones y demasiado repentinas.

Para Antonio Elorza los ingredientes que dan forma a una mentalidad totalitaria son: a) una ideología simple y maniquea que permite la designación del otro como enemigo; b) la formación de un grupo altamente cohesionado, en torno a unos signos identitarios; c) la existencia de un líder carismático, que fija los objetivos de la acción y detenta los mecanismos de control y vigilancia; d) la pretensión de ser reconocidos como únicos representantes legítimos de su colectivo; y e) el recurso a la violencia —física, verbal— para eliminar a opositores y disidentes.

Como se ve Elorza no designa tanto los rasgos de una mentalidad como los de una militancia. Y no deberíamos confundir el fascismo psicológico con el político. El primero sustenta al segundo. Un votante de partido de extrema derecha es menos peligroso, si no es fascista psicológico, que uno que lo sea por más que vote a un partido no fascista. Alguien benévolo que siente indignación por la injusticia puede, por ignorancia, dejarse seducir por el discurso de un partido de extrema derecha.

A mi modo de ver son tres los rasgos que definen el fascismo psicológico:

Un maniqueísmo teológico que define un Bien Absoluto amenazado y un Mal Absoluto amenazante. No basta con ver al otro como enemigo, algo muy natural cuando tienes enfrente al enemigo. Es el carácter absoluto del Bien (siempre propio) y del Mal amenazante (siempre ajeno) lo que justifica cualquier acción contra el Mal. Un ejemplo es el fanatismo de esos católicos que llaman con santa indignación asesinos a quienes defienden la despenalización del aborto. ¿Acaso no librarían al mundo de tales asesinos si pudieran?

Una vez aprendido este maniqueísmo teológico, no tiene por qué limitarse a la sensibilidad religiosa. Cabe ser ateo y aplicar esa teología a temas de raza, etnia, nación, ideología, incluso deportivos. Pues el segundo ingrediente, que se sigue del primero, es la fijación del odio en alguna clase de “otros”, odio que emerge fácilmente cuando un colectivo es señalado como culpable de males inaceptables.

El tercer ingrediente es un grado suficiente de resentimiento.

Estos tres rasgos se complementan muy bien. El maniqueísmo teológico justifica la violencia sin límite contra los portadores del Mal, y quien siente odio por algún “otros” y está lleno de resentimiento puede descargarlo convencido de estar cumpliendo un deber sagrado.

No cabe duda de que el primer ingrediente está generosamente servido en aquellos países en que la Biblia ha sido el libro educador por excelencia, sea directa sea indirectamente.

Los otros dos son también muy abundantes, dado que, en nuestras sociedades, masas “suficientemente ignorantes” están sometidas a una forma de vida que genera un nivel de frustración y resentimiento muy alto en innumerables personas.

Bajo esta consideración no parece arriesgada la hipótesis de que esas masas, que en ciertos periodos parecen benignas, pueden ser arrastradas a actitudes de fascismo político en un momento propicio y sin que importe que algo antes hayan estado votando a partidos liberales, socialdemócratas o comunistas. Quien tiene propensión psíquica al comportamiento fascista se entregará a él tan pronto la situación lo autorice. Para algunos, educados en la violencia, cualquier situación es buena. Otros van entrando en el juego conforme se percibe o se prevé una degradación de la situación económica.

Una forma de fascismo psicológico se da en ciertas clases de machismo, y esto nos remite al segundo tema.

MACHISMOS Y FEMINISMOS

Es mucho lo que se viene diciendo y escribiendo sobre la cultura patriarcal, el androcentrismo, el machismo y el feminismo, y con mucha frecuencia como si las referencias de estos términos estuvieran claras. Pero resulta que la cultura patriarcal está en descomposición y sólo quedan múltiples residuos, a los que dan cobijo hombres y mujeres. Y hay muchos modos de machismo y de feminismo tanto en hombres como en mujeres.

Un machismo residual que pasa desapercibido

Me sorprende cada día que ciertos valores y prácticas que la cultura patriarcal ha impuesto a las mujeres, y que muchas aceptan, no sean percibidos por ellas en su significado machista. Me refiero a las innumerables derivaciones de la concepción heredada de los sexos, uno caracterizado como el “bello sexo” y otro como el “sexo fuerte”. De mil maneras persiste la idea tradicional de que la mujer tiene como función atraer a un hombre con su belleza, y el hombre apropiarse de una mujer exhibiendo su poder (físico, económico, social). No cabe duda de que esta concepción tiene innumerables secuelas machistas que sustentan, entre otras cosas, la violencia contra las mujeres. Y que es además una fuente de frustraciones para las mujeres obligadas a un ideal de belleza que muy pocas, y por no mucho tiempo, pueden satisfacer.

Hay feministas que se ofenden cuando la publicidad utiliza el cuerpo de una joven para atraer a un consumo, o para homenajear a un deportista vencedor, pero no consideran machista la publicidad de los mil productos dedicados a la manipulación de pelo, cejas, pestañas, párpados, mejillas, uñas, piel y labios femeninos. Ni les parece machista la concepción del diseño de vestidos y calzados femeninos por comparación con los masculinos. Ni que presentadoras televisivas seleccionadas por su atractivo juvenil aparezcan maquilladas como si estuvieran empeñadas en huir, descontentas, de su apariencia natural. El mito patriarcal del “bello sexo” ha generado en muchas mujeres tanta desconfianza en su aspecto natural, que creen que no pueden salir de casa si no lo disimulan, o simulan otro.

Para reforzar esta necedad machista, ahí llega cada año la fiesta de los oscars y los locutores y locutoras bobamente encandilados con la alfombra roja, por la que pasean mujeres disfrazadas de diosas cursis, con costosísimos vestidos, aderezos y afeites, y con frecuencia enseñando un muslo y “luciendo generoso escote” mientras sonríen bobaliconas ante el alud de flashes.

La presentación del propio cuerpo ante los demás es un asunto crucial desde el punto de vista psicológico, y en él demasiadas mujeres aceptan los papeles asignados a mujeres y hombres por la vieja cultura patriarcal. Nos dicen que la huelga de consumo del pasado 8M no sólo pretendía llamar la atención sobre las consecuencias de la sociedad de consumo en las vidas de las mujeres, sino también mostrar que esta forma de producir es dañina para el conjunto de la vida y que, por ello, puede y debe ser radicalmente transformada. Nada que objetar, pero las mujeres harían una buena huelga de consumo si decidieran no consumir los productos ideados por la cultura patriarcal para que ellas realcen o simulen belleza corporal.

La servidumbre al papel de “bello sexo” es algo que las niñas aprenden antes que nada. El juez de menores Emilio Calatayud refiriéndose en Las mañanas de La 1 al uso que las jóvenes hacen de redes sociales como Facebook o Instagram dijo: “Perdón por la expresión. Tomarlo bien ¿eh?, pero las niñas actualmente se hacen fotos como putas” y “Las niñas han perdido el control de la intimidad y hacen fotos que atentan contra ellas mismas”. A pesar de que, según el magistrado, la intención no era ofender, muchos usuarios en redes sociales han comentado la frase con declaraciones como: “No podemos permitir que señores como Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, hagan declaraciones misóginas y machistas”.

Dejando de lado que las expresiones del juez no fueron afortunadas, lo cierto es que no son misóginas ni machistas, se limitan a constatar un hecho cuyas repercusiones él conoce bien como juez de menores. Y si alguien dice que las niñas son muy dueñas de hacerse fotos con la ropa y actitud que decidan libremente, está utilizando un concepto de libertad poco refinado. Pues la cuestión no es si lo hacen porque son libres para querer hacerlo, sino por qué quieren lo que quieren.

No estoy hablando en un registro moral. No considero inmoral que una persona se exhiba desnuda, ni me estoy refiriendo a decisiones personales, sino al significado de ciertos papeles sociales. Habrá dado un gran paso el feminismo cuando las mujeres rechacen el ideal de belleza y de seducción que les ha impuesto el machismo, que tanto trabajo y frustración les produce para beneficio tan efímero, y busquen el atractivo personal allí donde se encuentra permanente: en la jovialidad afectuosa, la inteligencia cultivada, el sentido del humor y la simpatía. Pero esto ¿se puede conseguir en sociedades como la nuestra?

Sobre ese machismo residual difícil de detectar me remito a tres entradas de este blog: “Machismo oculto (en hombres y mujeres)”, “Algo más sobre el machismo oculto” y “Burkini, tacones altos y machismo”.

Machismos explícitos

Hay otro tipo de machismo que se da en los hombres que aceptan la igualdad de los sexos, pero que al mismo tiempo se aprovechan de ventajas comparativas utilizando a favor la fuerza de la inercia legal, empresarial, de costumbres, etc. Lo cual es compatible con una voluntad expresa de ayudar, de echar una mano en las tareas domésticas, pero sólo si ella lo pide o lo exige. En otro caso mejor hacerse el distraído. ¿Acaso no lo hace ella mejor?

Es distinto el machismo de los hombres que aprendieron los papeles sexuales en un tiempo en que estaban muy claros, y los aprendieron muy en relación con todas las fuentes de la autoestima. Son por ello incapaces de aceptar el nuevo papel que las mujeres van conquistando y lo observan con animadversión, como un ataque a su concepción del mundo. Son los que se preguntan por qué las feministas son más feas que las que no lo son, dando a entender que sólo por su fealdad (es decir, por su fracaso como mujeres) se han hecho feministas.

El machismo fascistoide

Hay machistas que dan un paso más: desprecian a las mujeres, las consideran merecedoras de algún castigo por el hecho de ser mujeres, y ejecutan el castigo. La violación y otros abusos son el medio preferible, pues al tiempo que castigan a la mujer satisfacen la libido de machos inseguros que sólo de esta forma se perciben como desean, esto es, como dominadores. Es el caso de esos jóvenes que se presentan en las redes como pandilla de violadores, cuyo lenguaje despectivo se refiere a las mujeres como presas a las que cazar para el propio disfrute, sea empleando la fuerza, sea la astucia. Los miembros de la llamada “manada” escribían en whatsapp: “¿Llevamos burundanga? Tengo reinoles tiraditos de precio. Para las violaciones”. O también: “Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos”. Uno de ellos, Antonio Manuel G.E., que sigue siendo guardia civil, contaba lo que le gustaría haber podido hacer en la Eurocopa de fútbol de Francia: “violaría una rusa que vea despistada y palizón a un niño de 12 años inglés. 2-0 y pa casa”.

Cuando el ingrediente de este machismo son los celos insoportables porque ella ha decidido irse con otro, el final puede ser el asesinato de la mujer (o de los hijos para hacerle a ella un daño más grande).

Está finalmente el machismo de quien mata a la mujer que ha roto con él y luego se suicida, que es diferente a los anteriores.

¿Hay remedio?

Cada uno de estos machismos tiene rasgos peculiares y no cabe erradicarlos sin un análisis particular de cada uno de ellos, para lo cual es oportuno sustituir el juicio moral por la reflexión sobre los métodos de fabricación de las personas en nuestra sociedad. Los peores machistas no son monstruos, ni siquiera culpables. Han sido fabricados así, y cada cual actúa determinado por la forma que su mente ha ido adquiriendo en las interacción social desde el nacimiento. Los miembros de “la manada” y, yendo más lejos, los asesinos de mujeres, son desgraciados por los que hay que sentir compasión y a los que habría que tratar de reconstruir transformando aquellas partes de su mente que determinan comportamientos que, con toda razón, nos parecen horribles. Debemos preguntarnos qué aprendieron (es decir, cómo se fueron fabricando) en la familia, en la escuela y en los medios de comunicación.

Aunque se trate de asuntos incomparables, debemos también preguntarnos qué aprendieron las mujeres adictas a las revistas y programas de modas y del corazón, las que cifran los deseos más firmes en cumplir, sin saberlo, estándares de feminidad que ellas no han decidido. Qué aprendieron los jueces y juezas que, tras dar por probado que hubo violación, luego califican el delito como de abusos. Qué están aprendiendo esas chicas que admiran a los decididamente machistas, se enamoran de ellos y consideran que es normal estarles sometidas.

Si fuéramos respondiendo a estas preguntas acabaríamos comprendiendo que, por desgracia, los remedios posibles no encajan bien en el tipo de sociedad en que vivimos. Muchos creen que erradicar el machismo es una cuestión de educación, pero no parecen tener claro cómo funcionan los espacios en que la educación se produce en nuestra sociedad, de ahí que se centren en la escuela y discutan banalidades, por ejemplo si es preferible una asignatura específica o que el tema se debata de manera transversal (es palabra de moda), ocupando algún espacio en cada asignatura. Pero no cabe hacer tortillas sin romper huevos, por más que muchos pretendan hablar de machismo sin mencionar el tipo de sociedad que fabrica a las personas machistas, sean del sexo que sean.

FEMINISMOS

Hay un feminismo lleno de razones que es compatible con el mantenimiento, en muchas feministas, de los rasgos de machismo residual antes comentados. Es el feminismo que lucha por lo obvio.

El capitalismo se ha sostenido en parte por no contabilizar el trabajo femenino doméstico y por no admitir que los embarazos, partos y crianzas no son sucesos de ámbito individual que la mujer o la pareja han elegido por su gusto y allá ellas, sino que son el asunto social por antonomasia, porque los nacimientos y los cuidados son necesarios para que la sociedad no desaparezca. Pero ha venido ocurriendo que casi todos los sacrificios e inconvenientes de ese trabajo han caído sobre las mujeres, a las que además se las ha penalizado laboral o profesionalmente, y ello sin que los dirigentes políticos, casi todos varones, y la mayoría de los hombres restantes hayan movido un dedo para acabar con situación tan injusta. Hasta que las mujeres han gritado en la calle que ya no aguantan más. Entonces los políticos se han dado por aludidos. Al fin y al cabo las mujeres son votantes.

Exigen compartir los trabajos domésticos con el hombre, igualdad de derechos laborales y sociales, incluido el derecho a la seguridad cuando se vuelve a casa de noche y sin compañía, o se cruza un parque solitario; el derecho a la seguridad respecto a parejas o ex parejas violentas; el cambio de mentalidad en la judicatura y la policía. Es el feminismo que ha inspirado las impresionantes manifestaciones recientes. Pero no se trata de un feminismo uniforme. Dentro de él lo hay de derechas y de izquierdas, que son los dos tipos de feminismo que conviene ante todo distinguir.

El feminismo de derechas y el de izquierdas

La feminista de derechas quiere un tipo de liberación de la mujer, pero quiere al mismo tiempo que la mayoría de las mujeres permanezca bajo la dominación-explotación que sufren las mayorías en el capitalismo. Esta feminista sólo pretende que ese tipo de explotación-dominación no sea mayor para las mujeres que para los hombres.

Creo que tiene razón Silvia Federici cuando dice en el prólogo a su libro El patriarcado del salario que unir la perspectiva marxista con la feminista no solo es posible sino totalmente necesario para un cambio social en profundidad. Sólo el feminismo anticapitalista (o, si prefieren, el anticapitalismo feminista) puede apropiarse con toda justicia de aquello que dijo Marx refiriéndose al proletariado y que debería haber dicho refiriéndose a las mujeres del proletariado: que por constituir esas mujeres la clase social que sufre las dos grandes dominaciones y explotaciones del presente, al liberarse a sí mismas liberan también a la humanidad entera. Por ello sólo militando en ese feminismo se puede pretender la revolución pendiente, la que nos lleve por fin a hacer efectivo eso de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Es por tanto más feminista un hombre afiliado a ese anticapitalismo que la mujer feminista de derechas.

jmchamorro@jmchamorro.info

DE LAS MENTIRAS ESTRATÉGICAS A LA GRAN MENTIRA

Cuando uno lee los 11 principios de Joseph Goebbels no puede por menos de apreciar que están vigentes entre nosotros.

Los dirigentes del PP tienen una tendencia irresistible a utilizar como argumento la mentira fácilmente refutable. Últimamente insisten en tres:

Una es afirmar que, como herencia de las políticas de Zapatero, recibieron un país en ruinas, y otra es afirmar que ellos lo han levantado. No es cierto lo primero ni lo segundo.

La Gran Recesión no fue resultado de las políticas de Zapatero, sino de la política neoliberal que el PP defiende, la que llevó a desregular el mercado financiero estadounidense con las consecuencias conocidas. La crisis fue mundial y se originó fuera de España, pero las repercusiones en España se agravaron a causa de una política previa del PP de Aznar, la que liberalizó el suelo y dio lugar a la burbuja inmobiliaria.

La segunda mentira tampoco puede caminar ufana. Emilio de la Peña, periodista de información económica, ha recopilado datos del INE, de Eurostat y del Ministerio de Hacienda para demostrar con números los daños que la política de Rajoy ha causado al país.

El reparto del Producto Interior Bruto, que sólo ha aumentado un 6,5% en los seis años de Rajoy (de 2011 a 2017), ha sido injusto: lo que se llevaron las empresas aumentó el 12 por ciento, mientras sólo subió un 1 por ciento lo que le correspondió a los asalariados. Si se descuenta el encarecimiento de la vida (el dinero de 2017 valía menos que el de 2011) resulta que la renta por asalariado fue un 3,7 por ciento más baja al final del tiempo de Rajoy que antes de su llegada al poder.

Si nos fijamos en la renta media por persona, según datos del INE en 2011 fue de 13.902 euros, y en 2017, último año completo de Rajoy, de 13.690 euros descontando el aumento del coste de la vida. Un 1,5 por ciento menos, pero además mal repartido, pues la mitad de la gente con menos renta vio caer sus ingresos un 7 por ciento. La encuesta anual de estructura salarial del INE, cuyos últimos datos son de 2016, divide los sueldos en 10 tramos en atención a su cuantía, y se puede comprobar que el tramo con los sueldos más bajos ha sufrido una caída del 4 por ciento en el periodo Rajoy, mientras que el tramo de los que más ganan ha gozado de una subida del 3 por ciento. La precariedad salarial, ya existente antes, se ha incrementado con Rajoy con el aumento de los contratos a tiempo parcial respecto a los de tiempo completo.

Cuando el PP llegó al Gobierno, el 20 por ciento más afortunado económicamente ganaba 6,3 veces más que los del otro extremo (en Alemania o Francia 4,5 veces), pero con Rajoy los más pudientes han pasado a ganar 6,6 veces más que el 20 por ciento con menos ingresos. Ha aumentado la desigualdad.

En cuanto al aumento de la pobreza: si en 2011 había ya 12 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social, la política del PP ha convertido en pobres a medio millón más de personas, con la particularidad de que la pobreza viene afectando no sólo a parados y jubilados, sino también a los que trabajan. Al llegar Rajoy al gobierno había ya un 23,5 por ciento de asalariados en riesgo de pobreza, pero durante su mandato han aumentado un 18 por ciento, y ello ha sido consecuencia de la devaluación salarial propiciada por la reforma laboral del PP: los sueldos han bajado entre la llegada y la salida del PP un 5,1 por ciento en términos reales, es decir, descontado el incremento del coste de la vida.

Consecuencias: casi dos millones de hogares declaran que no pueden mantener su casa a temperatura adecuada. Se pasa frío en 726.000 hogares más que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Y entretanto el año pasado las compañías eléctricas, de gas y de petróleo del IBEX ganaron casi 9.000 millones de euros, un 8 por ciento más que en el ejercicio anterior.

En cuanto a los servicios sociales, la política impuesta por Rajoya las comunidades autónomas ha recortado el gasto público educativo en 2.200 millones y el gasto sanitario en 1.642 millones, mientras el gasto en dependencia tiene presupuestado en 2018 un 7 por ciento menos que en 2011.

La pensión mínima se ha incrementado en estos seis años el 4,3 por ciento, lo que no compensa el incremento del coste de la vida, que alcanzó el 4,8. Con el agravante de que, dado que el recorte de los salarios ha disminuido la recaudación de la Seguridad Social, Rajoy se ha gastado 74.000 millones del Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

El precio de los servicios esenciales de los que el ciudadano difícilmente puede prescindir se han disparado en el citado periodo. Entre 2011 y 2017 el pago por estudiar en la universidad, básicamente las tasas, se incrementó un 35 por ciento. La ampliación del copago por las medicinas a pensionistas ha encarecido el gasto farmacéutico de los ciudadanos en un 17 por ciento, el recibo de la luz es ahora un 14 por ciento más caro.

Y pese a todos estos recortes, el Gobierno de Rajoy endeudó más al Estado por su empeño en no cobrar impuestos a los ricos. Ahora la deuda pública supera el billón de euros (1.144.298 millones de euros) que equivale al 99 por ciento del PIB, mientras que cuando el PP tomó el mando suponía el 70 por ciento. Ha aumentado en 400.000 millones de euros, de los que 58.000 millones se gastaron en rescatar a los bancos, la mayor parte durante el mandato de Rajoy. Sin embargo, mientras esto ocurría, más de 400.000 familias fueron expulsadas de sus casas por los bancos al no poder pagarlas, la mayoría (300.000) durante el mandato de Rajoy. Y el gasto en I+D+i es un 17 por ciento más bajo ahora que cuando Rajoy llegó al gobierno.

Pues ahí andan ellos tan ufanos, afirmando una y otra vez sus dos mentiras.

Por si acaso añaden una tercera en la que no dejan de insistir: que Pedro Sánchez ha hecho pactos secretos con los independentistas para conseguir por esta vía el poder que no le han dado las urnas. Por tanto, para conseguir el poder de una manera ilegítima.

En primer lugar a ellos no les consta que Pedro Sánchez haya hecho algún pacto con los independentistas. Tenían estos tantos deseos de echar a Rajoy que seguramente no ha hecho falta pactar, salvo con el PNV (en el sentido de respetar las concesiones que ya le había hecho el PP). Insisten los del PP en que lo democrático es que gobierne el que ha sacado más votos olvidando que ellos han gobernado mediante pactos en perjuicio del partido más votado. Saben muy bien que en un sistema parlamentario gobierna el que tiene más apoyo en el Parlamento y que Pedro Sánchez es jefe de gobierno porque su moción de censura ha obtenido en el Parlamento votos que han sobrepasado la mayoría absoluta, y esos votos de parlamentarios representan a más ciudadanos que los que se han opuesto a la moción. Es decir, Sánchez ha ganado su posición en las urnas.

Pero es que además el PP no debería hablar de legitimidad, pues sentencias judiciales establecen como hechos probados que ha acudido a las elecciones cometiendo tres delitos: utilizar dinero negro, incumplir las normas sobre el límite de gasto electoral y obtener el dinero negro mediante porcentajes pagados por los empresarios a los que adjudicaba contratos. Es decir, sus victorias electorales han sido ilegítimas.

Si el PP insiste en mentir más de lo que le es forzoso, ¿es que sus dirigentes son mentirosos compulsivos? No. Se trata más bien de una estrategia. Está muy vigente entre ellos la creencia de que “si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Sobre todo si hay medios de comunicación dispuestos a acompañarles insistentemente en la mentira. Lean los 11 principios de Goebbels

LA GRAN MENTIRA IMPLÍCITA

Perdonen que insista en que los políticos pro-sistema, por decentes y honorables que parezcan, están obligados a la mentira sistemática, a la Gran Mentira, que se diferencia de las mentiras al por menor en que ni siquiera hay que enunciarla. En muchas de las afirmaciones políticamente correctas está implícito que vivimos en una sociedad democrática, que el pueblo es soberano, que en nuestro entorno se respetan los derechos humanos, que las becas garantizan la igualdad de oportunidades, que nuestro sistema de educación es mejorable hasta la excelencia y que a esa excelencia han llegado ya países como Finlandia, que los intereses de los ciudadanos no son irreconciliables y que por ello pueden resolverse mediante la negociación sin alterar las reglas del Sistema, que la Constitución es una ley respetable y respetada (al punto que se pone el grito en el cielo cuando los independentistas la vulneran), que pagar los impuestos es un deber ciudadano y que por ello quien elude el IVA está cometiendo un atentado contra la educación y la sanidad del país… En sentido contrario, que la izquierda radical es un populismo antisistema muy peligroso. Esta Gran mentira, legitimada por políticos, intelectuales y medios de comunicación, pasa por verdad tan sagrada que ni siquiera necesita defensa.

EL RECIENTE CASO DE ITALIA

 ¿Que vivimos en democracia?

Tras cuatro gobiernos con primeros ministros que no han pasado por las urnas, impuestos por los dos últimos Presidentes de la República al gusto de Bruselas, el electorado italiano ha dado la victoria a dos partidos contrarios al establishment europeo, la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Y estos partidos, uno inclinado a la derecha, otro a la izquierda, terminan poniéndose de acuerdo a partir de lo que les une, no permitir que Italia se convierta en una colonia de Alemania.

Lo que desató todas las alarmas fue que propusieran como ministro de Hacienda al profesor Paolo Savona, partidario de que Italia se prepare para una salida del euro. Y entonces el Presidente de la República Sergio Mattarella se niega a nombrar un gobierno con Savona y propone el nombramiento como primer ministro de un hombre del FMI.

Miembros de los dos partidos vencedores acusan a Mattarella de sabotaje y amenazan con un impeachment. Incluso personas contrarias a la coalición advierten que el paso dado por Mattarella hace difícil pensar que Italia siga siendo una democracia.

¿Que siga siendo? ¿Alguna vez lo fue?

El Comisario de Programación Financiera y Presupuestos de la UE, Gunther Oettinger, ha dicho con encomiable sinceridad: “Los mercados enseñarán a los italianos cómo votar”, les enseñarán a no votar en las próximas elecciones por partidos populistas.

En seguida el Movimiento 5 Estrellas ha emitido un comunicado en el que exige al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la desautorización de Oettinger. “Sus palabras son de una gravedad inédita y evidencian las manipulaciones que la democracia italiana ha padecido en los últimos días”. “Juncker debe intervenir para defender la democracia, la voluntad popular y el derecho a voto de todos los ciudadanos. No puede ser que un comisario alemán le diga a los italianos cómo deben votar. ¡Oettinger debe quitarse la máscara y, después, dimitir!”

Por su parte el líder de Liga Norte, Matteo Salvini se ha preguntado: ¿Somos una democracia? En Italia, ¿son los italianos o son los franceses o los alemanes los que deciden? Y la representación permanente de Italia en la Unión Europea se ha visto forzada a responder a través de Twitter: “Los votantes italianos no necesitan ninguna enseñanza. Las elecciones libres y la democracia son valores europeos clave’” Y ha conminado a la Unión Europea a respetar el sistema democrático italiano: “La democracia italiana debe ser respetada por todo el mundo. Como siempre en la historia de la República, los italianos votarán con libertad e independencia”.

¡Pero por favor! Si el único que ha hablado con verdad en este episodio ha sido el comisario Oettinger. ¡Pues claro que no hay democracia! Claro que mandan los mercados, esto es, los controladores de los mercados, los dueños del dinero. ¿Acaso no lo demostraron cuando en Grecia los votantes se desviaron de lo que convenía al verdadero poder? ¡Pues claro que estamos en una plutocracia disfrazada de democracia! Así que menos invocar a la democracia inexistente y menos escandalizarse porque a alguien se le escape la verdad innombrable.

Es por ello lamentable que gentes de izquierda acepten la Gran Mentira, e implícitamente la están aceptando cuando invocan a la democracia como si existiera. La democracia no está aquí, es algo que hay que conseguir, y es incompatible con el capitalismo. He ahí una verdad elemental.

¿QUÉ ES EL EUROPEÍSMO?

Italia ha causado un disgusto a los europeístas. Pero ¿qué se podía esperar?

La Europa que tenemos, que se llamaba de los mercaderes, pero que resultó ser de los mercaderes avarientos (las grandes multinacionales y el capital financiero que la gobiernan), no es un lugar confortable para las clases populares del Sur. Ha estado controlada férreamente por el capital alemán con el apoyo de los países del Norte, que miran a los del Sur con desconfianza y cicatería, exigiéndoles durísimos recortes en el gasto social al mismo tiempo que negándoles remedios. Se opusieron a que el Banco Central Europeo les prestara sin interés, mientras prestaba a la banca privada a interés cero para que esta prestara a los países en apuros a un interés abusivo, en proporción a la prima de riesgo decidida por empresas privadas. Imponiendo así un coste en intereses a la larga inasumible, y que por el momento retraía recursos que hubieran debido destinarse a gasto social.

Y ahora, cuando hay propuestas para refundar la UE (que incluyen un superministro de Finanzas responsable de coordinar las políticas económicas y un presupuesto de estabilización), hay una fuerte resistencia en países como Alemania, Holanda o Finlandia, que temen una transferencia permanente de recursos hacia los países del sur, despreciados como parásitos.

Tenemos por otra parte en esta Europa a los antiguos países del Este, los que fueron “socialistas”, cuyas poblaciones inclinan a sus gobiernos a políticas xenófobas. Y ello dentro de una Unión Europea que no ha sido capaz de solucionar el problema de los inmigrantes y refugiados de acuerdo con la legislación internacional y el respeto a los tan invocados derechos humanos.

Y tenemos unas autoridades europeas que, mientras fueron inflexibles con las desviaciones de la norma (la norma que dictaban los dueños del dinero) cuando era la Grecia de Xiriza la incumplidora, no lo son tanto con las desviaciones de la norma humanitaria por la extrema derecha.

Si Europa es un lugar éticamente poco atractivo y además poco confortable para las masas populares del Sur ¿qué tiene de extraño y de criticable que haya europeos que se quieran marchar, o que quieran tener una política económica propia, lejos de las imposiciones alemanas en cuestiones monetarias relacionadas con el déficit presupuestario y el límite de la deuda pública?

CONTEMPORIZAR CON LA GRAN MENTIRA NO ES BUENO

Pasando a otro asunto, pero relacionado, me sabe mal criticar a una persona a la que pienso votar, pero lo hago porque creo que sus deslices no son meramente formales, sino que tienen importancia como síntomas. Me refiero a dos malhadadas alabanzas hechas por Pablo Iglesias, una a Mariano Rajoy, otra a Iván Redondo.

En un twiter ha escrito sobre Rajoy: “Con todo, se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto”.

En primer lugar los honores y respetos del señor Iglesias son asunto privado que no hay por qué airear. Se trata de apreciaciones personales que carecen de interés público. Salvo cuando las hace públicas, porque entonces son reveladoras de un estilo muy viejo (el de “hoy por ti, mañana por mí”) y muy relacionado con la casta antes tan denostada.

Está muy bien alabar los méritos del enemigo, pero siempre que sean méritos reales. Como político el señor Rajoy no ha sido nunca elegante, ha sido mendaz, jamás ha sabido escuchar, nunca ha respondido a las preguntas que se le hacían en el Parlamento, de las que escapaba con ironías despectivas, ha sido despótico cuando se ha sentido con poder, y cuando no ha tenido suficiente ha recurrido a trampas para impedir la política que otros grupos aprobaban en el Parlamento. Nunca tuvo la elegancia elemental exigible a un político pro-sistema, que es la de dimitir cuando se demuestran graves responsabilidades políticas. Ha carecido de valor para defender en público su política, se ha limitado a imponerla, ha rehuido el diálogo, ha eliminado las ruedas de prensa con preguntas y respuestas. Ha causado graves daños a las clases populares por su política de recortes y al país entero por su gestión del conflicto catalán. Ha convertido a España en un país sin peso ni presencia en la UE, carente él de valor para oponerse a las órdenes que le llegaban de fuera, haciendo el deshonroso papel de lugarteniente de la señora Merkel, que le despreciaba por corrupto, aunque contenta de su sumisión.

Vayamos con la segunda alabanza, que sale ahora a colación por el nombramiento de Iván Redondo como jefe de gabinete de Pedro Sánchez. Me refiero a los elogios que hizo de él Pablo Iglesias cuando le entrevistó en La Tuerka en abril de 2016. Allí le presentó como “culto, rápido y sensible” citó a una antigua profesora escolar que le recordaba como estudiante brillante y discreto, y no satisfecho con esto, añadió: “Es una pena que siempre haya trabajado para nuestros adversarios”. Lo que significa que sería una dicha que trabajara para Podemos.

Iván Redondo pertenece a esa fauna profesional que trabaja para quien le paga utilizando el sentido común (pues de conocimientos sólidos de ciencia social carecen por ahora los expertos en opinión). Ha diseñado campañas para candidatos del PP -la xenófoba de García Albiol en Badalona, la de Basagoiti en el País Vasco y la de José Antonio Monago, con el que ganó las elecciones de 2011 y perdió las de 2015-, y se dice que mandó indagar en cuestiones personales del socialista Guillermo Fernández Vara tratando de hallar un escándalo que lo inhabilitara para la política.

Es decir, en el mejor de los casos Redondo es una persona que utiliza con habilidad la ideología que impera entre los electores para idear mensajes que proporcionen votos. Algo que va bien a los políticos del sistema. Pero la izquierda debe ser otra cosa. No está para aprovechar las malformaciones ideológicas de la población, sino para transformarlas. La estrategia de la izquierda debería ser enfrentarse a la Gran Mentira a la que los demás partidos deben servir. No importa que esta estrategia rinda menos que otras a corto plazo (aunque eso es algo todavía no comprobado), ya que a largo plazo es la única rentable. Por haber seguido estrategias de marketing, que son las únicas al alcance de la imaginación del señor Redondo, así le ha ido a esa izquierda. Si hace 40 años hubiera inaugurado una estrategia propia, no mercadotécnica, a saber cómo estaría ahora y hasta qué punto habrían avanzado las ideas progresistas.

Los citados elogios de Iglesias a Rajoy y a Redondo son los que haría un acomodaticio promotor de valores conservadores. Son por tanto desorientadores y hacen un mal servicio a la necesaria aclaración ideológica a que la izquierda está obligada.

Insisto en que lamento este desacuerdo, porque pienso votar por Podemos en las próximas elecciones, y por el señor Iglesias si es su candidato (pues sin duda tiene cualidades que compensan con creces sus errores, por significativos que sean).

jmchamorro@jmchamorro.info

QUIM TORRA, IRENE MONTERO Y PABLO IGLESIAS: SORPRESAS

I

Los nacionalistas religiosos son tan excluyentes y al mismo tiempo tan capaces de disimular como cualquier iglesia. En Cataluña no pueden aceptar de buen grado a los infieles que han llegado buscando trabajo, de Andalucía y Extremadura sobre todo, y que ahora resulta que figuran como catalanes y votan como catalanes. Y que incluso se empecinan en hablar castellano. El nacionalista religioso se llena de santa indignación. Y esa santa indignación es la que expresaba Torra en sus escritos de manera muy burra. Pero no se puede pedir contención a quien está retorcido por la indignación teológica.

Lo sorprendente es que haya sido elegido como Presidente de la República Catalana, porque el cuento venía siendo conquistar las opiniones públicas europeas mediante lo que los cursis llaman “el relato”. El nacionalismo catalán se presentaba como amable, integrador. De ahí la sorpresa.

¿Han decidido estos nacionalistas sacros quitarse la careta o se les ha caído sin que se dieran cuenta? Yo pienso que lo segundo. Les ha pasado lo que con frecuencia ocurre a los del PP, tan familiarizados con una manera de pensar y sentir que la creen natural, como el aire y el agua. Cierto que son conscientes de que hay que autocensurarse para no provocar la reacción de…, ya saben, de la chusma, y de ahí que traten de acomodarse al lenguaje políticamente correcto, pero a veces se les va el santo al cielo y no perciben lo escandaloso de lo que están diciendo. Y luego, cuando explota la escandalera, primero se sorprenden y en seguida se dicen entre sí: “Si tienes toda la razón, si todo lo que has dicho va a misa, pero ya sabes cómo está el patio. A veces hay que tener prudencia y morderse la lengua.”

En fin, que de la misma manera que Rajoy y la judicatura española han regalado bazas al independentismo, de la misma manera los independentistas acaban de regalar una baza impensable al enemigo españolista. Y luego está esa parte de Cataluña que se considera de izquierdas y que vota a Ezquerra. Vaya papel el de Ezquerra, incapaz de negarse a votar a Torra.

Pero bueno, el forcejeo sigue, esperemos que para llegar a un punto en que todos sean vencedores y vencidos.

II

Vayamos a la otra sorpresa: Irene Montero y Pablo Iglesias han comprado un chalet de 660.000 euros en una urbanización de medio lujo (porque las hay de lujo completo).

Ningún reproche legal ni moral. Demos por bueno que se puede ser rico y comunista, que se puede vivir en una urbanización lujosa y ser de izquierdas. La cuestión no es cuánto dinero se tenga o dónde se viva, sino qué políticas estaría uno dispuesto a promover y apoyar, de manera que sería ejemplarmente de izquierdas el rico que votara por una política social liquidadora de sus privilegios.

Pero en este caso veo un problema estético y otro de coherencia.

No puede uno dejar de pensar en quienes compran un coche de lujo cuyo precio está en desproporción con sus ingresos. Pero ¿y el placer de verte y que te vean en tu mercedes aunque tengas que ahorrar en comida más de la cuenta?

Por otra parte la elección de un sitio para vivir te define. En este caso una urbanización de lujo mediano, con gentes que han arribado al lujo mediano. ¡Oh, qué hermoso chalet, con su piscina, y su jardín, y su casita para invitados! ¡Qué buen sitio para educar a los hijos, junto a gente que disfruta, gozosa, de un lujo que parece de primera fila!

Para calibrar el caso es preciso no perder de vista que por 300.000 euros nuestra pareja podría haber conseguido, en un pueblo cercano a Madrid, una casa decorosa y rodeada de campo, suficiente para padres de clase media que quieren dar a sus niños lo mejor de este mundo.

Vaya esto por el lado de la estética, que al fin y al cabo es asunto subjetivo.

El problema de coherencia es ya algo peor. Pues si se ha estado proclamando algo que parecía constituir el alma de la propia posición y luego se cambia de idea, deben darse explicaciones. ¡Claro que puede uno dejar de creer que es cierto lo que se afirmaba ayer! Vivir en el barrio en que vive la gente a la que representas… No alejarte a una urbanización en la que pierdes el contacto con la gente corriente… No he oído a Irene ni a Pablo explicaciones razonables acerca del cambio de idea, acerca de por qué hoy es bueno lo que ayer era malo.

El tema no queda aquí, pues hay además un parecido con el caso anterior. O Irene y Pablo no consideraron los costes que su compra iba a tener para ellos y para su partido, o los consideraron. En el primer caso tienen poca cabeza. En el segundo les pudo el entusiasmo por el lujo mediano, y pensaron que los costes para ellos y para su partido eran un precio razonable.

Me inclino por lo primero. Seguro que no previeron que la reacción a la compra les iba a poner en situación de someter la permanencia en sus cargos a una votación de la militancia. Pero entonces ¿es que vivían en Babia? Con tan poca capacidad para adelantar los acontecimientos mal se puede dirigir un partido político. Y además no tiene sentido que, una vez hecha la compra, se recurra al voto de la militancia, cargando sobre ella la propia responsabilidad. Si Irene y Pablo no concebían una vida buena salvo en ese chalet, si ese chalet es lo que deseaban con más brío, antes de comprarlo debieron dejar sus cargos en Podemos para sentirse más libres y para dejar a Podemos menos comprometido.

Pero vayamos finalmente con lo que a mi juicio es más grave, y no me refiero a los posibles costes electorales (para el partido) o personales (para ellos). No voy a extenderme porque ya he hablado en otras ocasiones de este asunto crucial. Y es que la izquierda no parece consciente de que, contra las apariencias, el campo de la batalla política no es el electoral, sino el ideológico. De manera que antes de nada cada dirigente debiera considerar en que medida una decisión personal, tan legítima como se quiera, puede hacer daño a un proyecto de implantación de nuevas ideas y valores en una mayoría social.

Lo siento, porque Irene me caía muy bien. Sin embargo me pregunto: ¿es que en Podemos no abundan personas capacitadas para liderar el partido sin peligrosas ambiciones personales, personas consistentes, con una ideología firme de izquierdas y adictas a una vida sencilla y coherente? Porque los espectáculos que muchos de sus líderes han venido dando han sido poco edificantes. Parecen estar por debajo de la gente a la que representan, salvo en retórica.

Para acabar. La carta que Podemos ha enviado a sus militantes denunciando una campaña mediática contra Irene Montero y Pablo Iglesias tiene toda la razón en casi todo. Claro que el enemigo ha aprovechado muy alegre el motivo que ellos le han ofrecido, pero las críticas por la compra del chalet no llegan sólo del enemigo. En mi caso soy votante de Podemos y le votaré mientras siga siendo el único partido, de entre los que pueden llegar al Parlamento, que no está controlado por el poder económico.

jmchamorro@jmchamorro.info

LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE Y LAS DOS CONCEPCIONES DE LA PERSONA

Tenemos a nuestra derecha política empeñada en mantener la prisión permanente revisable, máxima pena privativa de libertad del Código Penal español, aprobada en 2015 como parte de la Ley de Seguridad Ciudadana y con el único apoyo del Partido Popular.

Ciudadanos, que en su momento no votó a favor, no sabe ahora cómo subirse al carro populista y propone un endurecimiento de las penas y restringir el acceso a los beneficios penitenciarios para ciertos reos.

Tradicionalmente las penas han sido muy duras, concebidas primero como venganza privada, más tarde como venganza social. Se pensaba que el reo debe pagar por su crimen y por ello la pena tenía como fines la expiación, la retribución a las víctimas y la seguridad de la sociedad.

Esta concepción de la pena sigue vigente, pero con un añadido. Poco a poco, por influencia del pensamiento progresista, se ha llegado a entender que cualquier comportamiento antisocial es resultado no sólo de la maldad del autor, sino de un fracaso en la socialización, y se ha añadido a la pena una nueva finalidad: la reeducación o rehabilitación del reo y su reinserción social tras el cumplimiento de su condena (o incluso sin necesidad de ello, modulando su forma de cumplimiento mediante permisos penitenciarios, grados de régimen penitenciario, libertad condicional, remisión de condena, indultos parciales o totales, etc.).

Dentro de este espíritu, nuestra Constitución señala en su artículo 25, 1 que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social.

La posición reaccionaria

No obstante la vieja tradición sigue presente en una gran parte de la ciudadanía y reaparece en políticos, tertulianos, legisladores y jueces. En la disputa que se está dando en nuestro país podemos encontrar tres motivos en los argumentos para el endurecimiento de las penas: la disuasión, la seguridad (con el argumento de que, sin la pena de prisión permanente, es preciso dejar en libertad al delincuente una vez cumplido su tiempo de condena, incluso aunque siga siendo peligroso), y la venganza.

Este último motivo es patente en quienes, ante crímenes horribles como el asesinato del niño Gabriel Cruz por su madrastra, piden la pena de muerte o gritan ¡justicia, justicia! con el significado de ¡venganza, venganza! Es natural en gentes que no fueron educadas con conceptos científicos, sino con ecos de la biblia. Fuera de España tenemos un ejemplo reciente de esta actitud en los desusados comentarios de la jueza Rosemarie Aquilina al dictar sentencia contra el médico Larry Nassar que abusó durante dos décadas de casi 160 mujeres, muchas de ellas menores.

“Estoy firmando tu sentencia de muerte- dijo la jueza al reo-. No has hecho nada para que merezcas andar libre jamás. Yo no te dejaría solo ni con mis perros”. Y añadió dirigiéndose a una de las víctimas: “El monstruo que se aprovechó de ti se va a marchitar de forma parecida a la escena de ‘El Mago de Oz’ cuando el agua se vierte sobre la bruja y ella se marchita. Eso es lo que le va a pasar: porque […] la prisión no es un lugar para que un ser humano viva”.

Pese a lo cual condena al reo a prisión para siempre. Sin duda no lo considera un ser humano.

Aparte estos tres motivos, se alega que la prisión permanente revisable figura en la legislación penal de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica, Dinamarca, Austria o Suiza; que el Estatuto de la Corte Penal Internacional acepta la prisión permanente, habiéndose pronunciado el Consejo de Estado sobre su constitucionalidad cuando se ratificó por España dicho Estatuto; y que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo considera que se trata de una pena ajustada al Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. Simplemente, ese Tribunal ha advertido que existiría contravención al art. 3 del Convenio cuando no estuviera prevista la posibilidad de revisión, y también cuando los mecanismos de esta sean difusos, dependientes de la voluntariedad del órgano decisor y no del comportamiento objetivo del sujeto.

Argumentos contra la posición reaccionaria

Que la prisión permanente revisable exista en otros países con más tradición democrática no es un argumento a su favor, por más que aquí tranquilice mucho tal precedente, como si no nos fiáramos de nuestro propio criterio. Hay que entrar a discutir si el precedente extranjero es o no equivocado.

Un argumento contra la postura reaccionaria es su incoherencia, en la medida en que, para evitar la acusación de inconstitucional, finge cumplir con el propósito de reinserción social introduciendo la posibilidad de revisión. Imaginemos que se revisa la sentencia y se concede la libertad al reo, que vuelve a la vida social con un comportamiento ejemplar. Si ese comportamiento era previsible mucho antes, ¿por qué para revisar la sentencia hubo que esperar de 25 a 35 años y de 15 a 20 para la concesión del tercer grado? Hay que concluir que durante ese larguísimo tiempo de espera la finalidad exclusiva de la pena fue que el delincuente pagara por su delito, no que se reinsertara. En muchos casos lo probable será que el reo, aunque lleve muchos años capacitado para vivir en libertad, muera en prisión.

Por otra parte, con esta dureza no se consigue eliminar el peligro. Imaginemos que se revisa una sentencia de prisión permanente y, concedida la libertad al reo, sale de la cárcel y vuelve a delinquir. La medida no ha garantizado en ese caso mayor seguridad. Si se quiere conseguir una seguridad total (y sólo respecto a un concreto delincuente) la prisión permanente debería ser no revisable. Lisa y llanamente: prisión perpetua. Y para impedir el peligro de que el preso escape, pena de muerte.

Además de que la seguridad total es imposible, se puede alegar que no es significativo el número de delincuentes peligrosos reincidentes. Piénsese en el caso de la madrastra que ha asesinado al niño de 8 años. Ha cometido el crimen estando ya vigente la prisión permanente revisable (lo que significa que no ha funcionado como pena disuasoria), y por otra parte es muy poco probable que, si sale en libertad, vuelva a cometer un crimen parecido.

Semiprogresismo

Lo malo es que la posición que en este asunto se tiene por progresista es en cierto modo un quiero y no puedo.

Su concepción de la pena mantiene el espíritu punitivo, pues acepta que la condena de cárcel sea de duración proporcional a la gravedad del delito. Simplemente, añade a este espíritu un propósito reformador ilusorio. Podemos preguntarnos si una cárcel es el sitio adecuado para la finalidad de reeducación y reinserción social a que se dice que está orientada la pena, y si en la cárcel se puede satisfacer el derecho que el artículo de la Constitución antes citado concede al preso de acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.

Hablar de reeducación y reinserción alivia la conciencia, pero no altera la situación. Los permisos, los grados de régimen penitenciario, la libertad condicional, la remisión de condena o los indultos sirven para tener menos tiempo encarcelados a ciertos presos, no para reeducar a los que más lo necesitan. Precisamente uno de los motivos por los que se deniegan los permisos de salida es que el reo esté “muy prisionizado”. Cuando la persona lleva muchos años en prisión los efectos del encarcelamiento inciden en su estado general psíquico-físico, alejándole de las posibilidades de reinserción.

Quiere ello decir que la reeducación y reinserción es el disfraz amable con el que se viste el concepto de pena como venganza o como castigo, que sigue vigente.

Y con ello ni siquiera se evita, como posibilidad, el caso de un delincuente encarcelado por violencia machista que ha de ser puesto en libertad cumplido el tiempo de condena, y que busca a su ex-pareja para asesinarla. O el caso de un violador compulsivo que sale en libertad dispuesto a repetir las violaciones. De poco sirve considerar la reincidencia en el delito como un fracaso de las medidas de reinserción. No por eso deja de ser una reincidencia delictiva que tiene víctimas.

La contradicción en que anda la gente semiprogre en este asunto se revela en que no recurrió la ratificación por España en 2002 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional, pese a que su artículo 77.1.b establece la «reclusión a perpetuidad» (no revisable) cuando lo justifiquen la extrema gravedad del crimen y las circunstancias personales del condenado, artículo claramente anticonstitucional.

La diferencia entre reaccionarios y semiprogresistas es que los primeros querrían volver a la ley del talión (salvo para delitos a los que la derecha tiende, como los económicos) y los segundos añaden a la pena el propósito de una redención muy improbable, dado que las cárceles son escuelas de actitudes delictivas, más que de rehabilitaciones.

El problema está en la concepción mítica de la persona

Que ambas posiciones, la reaccionaria y la semiprogresista, tengan motivos atendibles, pero consecuencias inaceptables, no se debe a que la solución sea imposible, sino a que la discusión tiene como trasfondo la concepción tradicional de la persona, que es la que inspira los códigos penales, las leyes penitenciarias y los comentarios de juristas y éticos en el mundo que llamamos civilizado.

Según el mito tradicional cada persona es un compuesto de cuerpo material y alma inmaterial dotada de libre albedrío, por lo que es culpable cuando sus acciones son delictivas (o pecaminosas en el lenguaje eclesiástico). Cometió el delito o el pecado porque quiso y pudo muy bien no haberlo cometido.

Desde esta perspectiva la persona que delinque, en tanto que culpable, merece un castigo, una pena, y de hecho a las cárceles se las ha llamado penales y se las llama complejos penitenciarios.

El problema que tiene la concepción mítica, la que avala el concepto de culpa, es que resulta insostenible desde un punto de vista racional. Para que fuera aceptable, sus defensores deberían poder explicar cómo entra en relación una entidad espiritual (el alma dotada de libre albedrío) con una entidad material (el cerebro), y en qué parte del cuerpo se instala el alma para dar órdenes a neuronas y músculos corporales. En realidad los creyentes en el mito ni siquiera saben si el alma está dentro del cuerpo (y en qué parte) o si lo sobrevuela. Misterios que no se plantean. Les enseñaron desde niños a creer en el alma y creen. Podrían pararse a pensar en la anomalía de que el alma sea irresponsable hasta que llega a cierta edad. Los menores de 14 años son irresponsables penalmente en España. ¿Cómo se explica que un alma espiritual sea irresponsable durante los primeros 14 años y que sólo se vaya haciendo responsable como consecuencia de aprendizajes que consisten en procesos materiales?

Resulta por otra parte inexplicable la maldad de quienes son culpables de acciones horribles. ¿Qué clase de alma mora en esas personas? ¿Y quién fabricó ese alma?

El asunto visto desde una concepción científica

Mientras los creyentes en el mito del alma son una gran mayoría de la población, todos los datos disponibles dan apoyo a la concepción científica, que no acepta la existencia de entidades no materiales, acerca de las que ni hay ni puede haber pruebas empíricas.

Todo cuanto se ha ido investigando avala la convicción racional de que la humanidad es un resultado de la evolución, y que la persona es un organismo animal, y por tanto material, que se diferencia de los demás animales en que tiene el cerebro organizado por el lenguaje. Dicho de otra forma: el humano tiene dos gestaciones, una intrauterina (biológica), que da de sí un animal no muy diferente a la cría de cualquier primate, salvo porque está preparado para la segunda gestación, la extrauterina (social) que es la que lo convierte en persona y que consiste en la adquisición de la lengua del grupo. Esta segunda gestación es la verdaderamente fundamental respecto a las propiedades típicamente humanas, las que no compartimos con el chimpancé. De ahí que la denominación “lengua materna” tenga un sentido no metafórico, sino literal. Los casos de los llamados “niños ferales” demuestran que quienes no aprendieron una lengua humana en su niñez no pueden sobrepasar el comportamiento puramente animal.

Abandonado el mito del alma espiritual dotada de libre albedrío, hemos de aceptar una concepción determinista que se sigue trivialmente del enfoque científico, desde el que se considera que la acción está determinada por estados cerebrales que a su vez han sido previamente determinados. Esta concepción recibe apoyo indudable de una consideración genética: cuando el niño nace es un sistema psicobiológico que no ha elegido libremente ser lo que es. A partir de ese momento cada estado de su psiquismo será resultado de la interacción del precedente con la experiencia en curso, y así hasta llegar al momento presente.

Cierto que las personas creemos que nuestra acción no tiene otra causa que nuestra voluntad, creemos que siempre que hicimos algo pudimos no haberlo hecho, o haber hecho otra cosa, pero esto es una ilusión que se debe a que la introspección no tiene acceso al sistema cerebral que subyace a la conciencia y que es donde actúan las causas que determinan nuestra acción. Un trivial principio determinista viene a decir que si nuestra acción ha sido causada por un estado cerebral, siendo ese estado el que era, nuestra acción no pudo ser otra que la que fue.

Lo que ahora me interesa señalar es que, aunque esta concepción determinista no acaba con el concepto de responsabilidad, sí acaba con el concepto de culpa. El delincuente es responsable si pudo prever los efectos de su acto en personas, animales o cosas, pero no es culpable, porque él no es responsable de la estructura de su cerebro, fabricada por los estímulos que recibió desde su nacimiento. La interacción comunicativa es el útero social que nos gesta como personas, al ir introduciendo en el cerebro de cada cual los conocimientos, los valores y las pautas de acción que lo constituyen. Ahí está la causa de que en unas mentes se desarrollen capacidades benéficas y en otras aniden capacidades maléficas cuyo grado de perversidad puede llegar a ser sobrecogedor.

Por ello el peor criminal es en cierto modo víctima de haber sido fabricado con defectos en la empatía y en el afecto, que lo convierten en un depredador o en un verdugo. Lo mismo se puede decir de los delitos directamente relacionados con la ignorancia, el egoísmo, el miedo, la violencia y el machismo que muchos han heredado sin poderlo evitar. De manera que, sin culpa, se ven primero condenados a una mala factura psicológica, y luego, porque delinquen, a la venganza social.

Esto lleva a dos reflexiones: una es cómo evitar que la sociedad fabrique criminales (algo por completo ilusorio en una sociedad capitalista). Otra es qué hacer con los que ya existen. Me limito ahora a esta segunda cuestión.

Un remedio que a muchos escandalizaría 

Pensemos en alguien que tiende a violar y asesinar niños. ¿Qué hacemos con él, dado que aunque no sea culpable de su mala fábrica, es un grave peligro para sus conciudadanos?

Lo primero es investigar las circunstancias biográficas que le han hecho como es, a fin de evitar que ocurra lo mismo a otros. Luego se le compadece por su mala suerte, la de haber sido fabricado de esa forma y, puesto que no se le considera culpable, no se le impone una pena, aunque por su peligrosidad, y como medida de seguridad, se le recluye en un medio en el que no tiene posibilidad de realizar sus crímenes. Tal reclusión no tiene marcado tiempo, no es una pena a tantos o cuantos años de cárcel. Se intentará por todos los medios que ese tiempo sea el menor posible.

Dado que no estamos hablando de venganza social, se ha de intentar que la reclusión forzosa sea lo menos ingrata posible. No propiamente en una cárcel, sino en poblados reformatorios adaptados a los distintos tipos de crimen, donde los recluidos puedan llevar una vida parecida a la exterior, pero sin ocasiones para su tendencia criminal. Podrán vivir dignamente, trabajar en un oficio, sea en el campo, en un taller o en una biblioteca, y estarán sometidos a un proceso de resocialización cuyo éxito será tanto más probable cuanta más humanidad y compasión vean a su alrededor. El trato afectuoso y comprensivo es indispensable para que se desarrolle en ellos la empatía y decaiga su mala disposición. Si la tendencia criminal se ha erradicado, la persona es otra, porque su cerebro ha cambiado a consecuencia de las experiencias reformadoras, y vuelve a la sociedad. Mientras siga siendo peligrosa seguirá su reclusión, pero no en calidad de culpable, sino como persona con defectos de fábrica aún no solucionados. No hay límite de tiempo prefijado en la sentencia.

En resumen, una concepción científica nos lleva a compadecer al criminal y a poner los medios para convertirlo en persona de fiar, pero al mismo tiempo nos permite mantenerlo separado de sus posibles víctimas mientras sea persona peligrosa (teniendo en cuenta, claro está, que la seguridad absoluta no está a nuestro alcance, y que los expertos pueden considerar resocializada a una persona que vuelve a delinquir).

Con el mismo criterio se puede actuar eficazmente contra personas que no violan ni asesinan, pero que han hecho grandes desfalcos al erario público. La derecha es con ellas muy benévola: todas vuelven pronto a la libertad, casi siempre sin haber devuelto lo que robaron. Sería preferible recluirlas en uno de esos poblados reformatorios hasta que devuelvan lo robado, bajo la idea de que la no devolución es prueba de que se persiste en la actitud delictiva. De esta forma el delincuente no puede esperar a que pase el tiempo de condena (breve, porque estos delincuentes suelen tener influencias) para recuperar la fortuna escamoteada y vivir a lo grande. El mismo método cabe con quien se niega a colaborar con la justicia, por ejemplo no indicando dónde y cómo hizo desaparecer el cuerpo de una persona asesinada.

En resumen: por partir del insostenible mito del alma culpable, el talante cuasiprogresista puede parecer preferible al reaccionario, pero tiene una dosis de hipocresía y fuertes contraindicaciones.

Dicho sea lo que antecede sin entrar en el tema de la definición de los delitos y sus penas: un pobre inmigrante que para sobrevivir se ve obligado al “top manta” comete un delito penado con cárcel. Quien defrauda 120.000 euros a Hacienda comete una simple falta.

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