FEMINISMO Y TEORÍAS FEMINISTAS (I): LA POSICIÓN ANTE EL COLECTIVO LGTB

El pasado febrero el Partido Feminista de España (PFE) que dirige Lidia Falcón ha sido expulsado de IU por discrepancias sobre cómo regular los derechos de las personas transgénero. Esas discrepancias venían de lejos, pero subieron de punto cuando el pasado diciembre el PFE emitió un comunicado en el que rechazaba las consecuencias nefastas de permitir que los menores transgénero accedan a tratamientos y operaciones para cambiar de sexo, o que los adultos lo hagan sin la consulta previa de un psicólogo. Denuncia el PFE que estas medidas se recogen ya en algunas normativas autonómicas y que previsiblemente formarán parte de la propuesta de Ley de Derechos Trans y LGTBI contemplada en el acuerdo de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, que incluye una despatologización de la condición trans y elimina la necesidad de operarse para poder cambiar nombre e identidad de género en el DNI.

Lidia Falcón ha llamado a los hombres trans “mujeres con barba” y a las mujeres trans “hombres con falda”, y ha afirmado que “si se aprueban esas leyes en España viviremos la pesadilla de las inglesas obligadas a compartir los váteres con trans que ni siquiera se han operado”.

Refiriéndose a la teoría queer ─aquella que dice que no nacemos con una predeterminación de sexo sino que a lo largo de la vida escogemos variablemente el que queremos─ encarece sus consecuencias funestas, ejemplificables en la foto de un señor con unos bigotazos negros que lleva la leyenda “soy una niña de cinco años” porque esa es la transformación que ha escogido, sintiéndose a continuación con derecho a acosar sexualmente a un niño de seis “porque él se siente niña pequeña, y en consecuencia no es un pedófilo ni un pederasta sino un transgender”. Concluye Lidia Falcón que las feministas que se oponen a semejantes desquiciadas fantasías son tachadas de homofóbicas, transfóbicas, perseguidoras de la libre elección de sexualidad y TERF (acrónimo de trans exclusionary radical feminist, término inventado por un grupo de transexuales).

Aclarar el conflicto IU-PFE obliga a tomar en cuenta a los sujetos que intervienen.

Dos feminismos

Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña, ve como primera razón del choque entre IU y el PFE dos concepciones diferentes de lo que debe ser el movimiento feminista. El sector mayoritario del feminismo entiende que las movilizaciones sociales están al servicio de la conquista de derechos frente a la opresión patriarcal y se concreta en diversas vindicaciones: contra la precariedad laboral de las mujeres; contra la feminización de la pobreza; contra la legalización de los vientres de alquiler; a favor de la abolición de la prostitución; contra la propuesta de hipersexualización extrema de las mujeres del porno…

El otro sector feminista muestra una concepción más próxima al orgullo gay y parte de la idea de que el sujeto del feminismo no sólo son las mujeres sino también otros colectivos discriminados. Y no sólo las mujeres bisexuales, sino las lesbianas, trans, racializadas, mujeres encerradas en los CIE’s, etc. De la diversidad de las mujeres pasa este feminismo a la diversidad sexual y a la libertad sexual basada en las identidades sexuales. Y dentro de él las hay que ponen en cuestión los tres siglos de historia feminista porque se gestó en Occidente y se lideró por mujeres blancas y burguesas.

Podríamos añadir a lo dicho por Rosa Cobo que el feminismo tradicional habla de mujeres y hombres, y del sexo como hecho básico, mientras el segundo feminismo sustituye los términos tradicionales (hombre, mujer, sexo) por género (identidad de género, perspectiva de género, violencia de género) influido por la idea de que es la teoría la que fabrica los hechos (los sexos existen en el espacio biológico, los géneros en el espacio social). Por este camino se acaba llegando, en un ambiente de barra libre, a llamar “persona binaria” a la que se atribuye características de uno de los dos sexos, y “persona no binaria” a la que se atribuye identidad bigénero (si se percibe como masculino y femenino), identidad pangénero (si se percibe como una mezcla entre masculino, femenino y/u otros), o identidad agénero o género neutro (si se percibe como un género distinto al género masculino, al femenino o al nulo). Y cada día aparecerá una forma nueva de identidad, porque los caprichos fantasiosos son inagotables.

A juicio de Rosa Cobo la actitud de los sectores feministas del PSOE y de Unidas Podemos depende de la forma en que se plantean su competencia por la hegemonía ideológica y por la capacidad de movilización.

Las dirigentes del PSOE y una parte significativa de sus bases suscriben la agenda de la opresión patriarcal, aunque hay sectores minoritarios del partido socialista, sobre todo entre sus juventudes, que suscriben la agenda sexual de libre identidad.

Las dirigentes de UP, pese a que se presentan como más a la izquierda, apuestan por la libre identidad en detrimento de las vindicaciones feministas más inequívocamente anticapitalistas vinculadas a la redistribución, y de ahí la distancia entre el ministerio de Igualdad y el PFE. Aunque hay también en este caso una división entre las bases y las dirigentes de UP, pues una mayoría de las militantes comparten la agenda ligada a la opresión patriarcal.

La posición ante el lobby de los colectivos LGTB

Otra razón del conflicto es según Rosa Cobo que algunos sectores del colectivo LGTB quieren formar parte del sujeto político feminista aprovechando un elemento común, las mujeres trans, con el objetivo de introducir en la agenda del feminismo la suya propia: legalización de los vientres de alquiler, regulación de la prostitución, ley de identidad sexual, vía libre a la pornografía, es decir, una agenda que parece contraria al feminismo.

Lidia Falcón denuncia que lobbies de gays y transexuales llevan a cabo “movimientos de propaganda ideológica” cuyo efecto es ocupar espacios feministas desde posiciones contrarias a la lucha feminista, eliminando el concepto ‘mujer’ de las leyes trans. Las madres, dice Lidia Falcón, desaparecen y pasan a ser “progenitores gestantes”, capacidad que se arrogan también los hombres trans, dado que no han perdido su capacidad reproductora. Con su lenguaje poco diplomático Lidia Falcón ha llegado a equiparar a las personas trans con “proxenetas, puteros y compradores de mujeres y niños”.

Pugna en los colectivos LGTB

Pero no es esto todo, pues dentro del movimiento LGTB ha habido una escisión de mujeres trans que han pasado por la cirugía y que se denominan “mujeres reasignadas”. Marta Reina, la primera agente de Mossos d’Esquadra en cambiar de sexo, es la impulsora de una nueva asociación que tiene una posición crítica hacia los vientres de alquiler y se pronuncia a favor de la abolición de la prostitución. A su juicio bajo de la letra T de LGTBI hay un lobby cuyos personajes toman decisiones en reuniones donde no hay ninguna persona reasignada para decidir ciertos asuntos. Por ejemplo, hacen mesas redondas sobre tratamientos trans e invitan a personas que están en contra de las cirugías, de lo que resulta que las operadas están encontrando transfobia dentro del movimiento trans.

La asociación de reasignadas se opone a la futura ‘ley Trans’ porque permite que se pueda cambiar de sexo sin siquiera pasar por un control médico (art. 7,4), con consecuencias que se ven en este ejemplo: “Hemos sabido estos días del caso de un hombre que trabajaba como drag queen en Gran Bretaña. Lo metieron preso y dijo que él no se sentía hombre, así que ingresó en una cárcel de mujeres y allí violó a algunas internas.”

Termina Marta Reina diciendo que las mujeres reasignadas, que saben del calvario que supone el tránsito de hombre a mujer, exigen unos mínimos. “No te estoy diciendo que una mujer transexual que todavía no se haya hecho la cirugía no pueda entrar al lavabo de mujeres… Pero esa persona sí que tendrá que pasar un tránsito y tendrá que someterse al tratamiento hormonal. Que llegue luego o no a la cirugía es otra cuestión.”

Sentido común en el tema de las personas trans

Examinemos desde el sentido común los problemas mencionados:

1) Si alguien, por la razón que sea, está disconforme con su sexo y desea pertenecer al otro, lo primero a tener en cuenta es que en el terreno de la realización de los deseos no siempre impera la voluntad individual. Todos desearíamos volar como águilas, pero es un deseo que no nos motiva a la acción porque sabemos que no es realista. Un sucedáneo es volar en parapente. Pero volar en parapente no nos convierte en aves.

Cierto que muchas cosas que eran en otro tiempo imposibles han acabado siendo realizables gracias a la tecnología. Pero la tecnología actual es incapaz, por el momento, de convertir en mujer a un hombre o en hombre a una mujer. A lo más a que llega es a hormonar un cuerpo (proporcionándole los estrógenos o la progesterona que no produce naturalmente) para alterar en alguna medida sus caracteres sexuales secundarios. O simular con cirugía una vagina que no desemboca en un útero. Poco importa que la ministra de Igualdad diga que “las mujeres trans son mujeres y ya está” (sólo le faltó añadir “porque lo digo yo”). Los castrati no eran mujeres, eran hombres castrados. Por ello, dejando aparte la crudeza de las formas, tiene razón Lidia Falcón cuando llama mujer con barba al llamado hombre trans, y hombre con faldas a la llamada mujer trans. Dicho de manera más suave: la llamada “mujer trans” debería ser llamada, con mayor propiedad, “hombre trans”, y el llamado “hombre trans” debería ser llamado, con mayor propiedad, “mujer trans”. Esto es así incluso aunque el hombre haya sido operado, con más razón si mantiene su pene y sus testículos.

Marta Reina dice que es mujer de pleno derecho y que se siente como tal. Es mujer de pleno derecho si una ley se lo reconoce. Que se sienta como tal alude a una intimidad que no hay por qué discutir, aunque en realidad carezca de significado preciso. ¿Qué es sentirse mujer? A saber cuantas formas habrá de sentirse mujer, pero creo que todas han de referirse, de una manera u otra, a un proceso vital en el que están muy presentes la menstruación, la posibilidad de preñez y parto, la maternidad, el aborto como remedio a un embarazo indeseado, la menopausia y las enfermedades típicas del aparato genital femenino.

Nada de lo que estoy diciendo va contra el derecho que tiene cada cual a satisfacer sus deseos mientras no dañe a otros, por ejemplo recorriendo ese llamado tránsito, tanto si incluye como si no incluye cirugía. Las personas trans merecen respeto social y apoyo legal, y los sucedáneos que consiguen bien valen la pena si les eliminan dolores o les proporcionan placeres.

2) En todo caso, puesto que el deseo de las personas trans es de imposible realización, el problema debe verse de manera diferente en la niñez y en la edad adulta.

Tal vez la ciencia nos acabe diciendo cómo y por qué surgen las configuraciones cerebrales en que consiste el repudio al propio sexo y el deseo de pertenecer al otro. Desde luego no es innata la identificación de cada sexo con juegos o vestidos, ya que es convención cultural que las niñas se vistan de rosa y los niños de azul, que los niños no usen faldas y que a las niñas se les agujereen los lóbulos de las orejas para colocar pendientes. Melenas, faldas, pantalones, tacones han sido usados por mujeres y hombres en distintas épocas y culturas. Y jugar al parranquete, al diábolo o a la comba no es exclusivo de niñas, como no lo es de niños jugar al fútbol.

En el caso de que un niño o niña se considere trans, la reacción sensata es, si así lo recomiendan los expertos, permitirle ser nombrado y vestir como quiera, jugar a lo que le guste, etc. Lo importante es controlar el entorno para evitar acosos y sufrimientos mientras se espera el resultado de la evolución del menor.

No tiene ningún sentido que el Parlamento extremeño haya recibido a un niño de 8 años llamado Elsa para que lea un papel hecho por adultos presentándose como niña trans. Menos lo tiene que cuatro años antes, es decir, cuando el niño tenía 4 años, ya estuviera su madre en ese Parlamento haciendo lo mismo.

Lidia Falcón ha dicho que se reserva acciones legales por falta de protección psicológica al menor contra el Parlamento de Extremadura y los padres de Elsa, y alega que la hormonación de menores de edad les llevará en pocos años a la pérdida de densidad ósea, trastornos alimenticios y de peso y sobre todo trastornos mentales, y que la normalización de la transexualidad entre los niños puede llevar a algunos incluso a practicarse castraciones. 

Si llegada la persona a la madurez persiste en su determinación deben exigirse unas condiciones para que la ley reconozca la realidad trans y le dé efectos jurídicos.

Si el registro civil y el DNI no son necesarios lo adecuado es suprimirlos. Si se llega a la conclusión de que son necesarios, y de que es además necesario hacer constar el sexo de cada cual como dato biológico, entonces, si lo que se pretende es que el registro recoja las variedades de orientación e identidad sexual habría que establecer distintas subclases en cada sexo para que todos se sientan reconocidos. Por ejemplo, caracterizar a los varones y hembras que así lo pidan por subclases de orientación (heterosexual, bisexual, homosexual) y también de identidad (cisgénero o trans). Y siempre siguiendo un procedimiento que acredite que no se trata de un capricho subjetivo y pasajero.

Cosa distinta es que un hombre se registre con nombre de mujer o al contrario. Allá cada cual con el nombre que quiera darse.

Se plantea aquí un problema adicional, porque el tema del daño ajeno admite distintos niveles y matices. Pensemos en el caso del hombre que se dice mujer trans sin haber recurrido a la cirugía y que entra en los váteres o vestuarios de mujeres incomodando a las usuarias. Parece una cosa menor, pero atendible si nos proponemos tomar en cuenta los sufrimientos y molestias de cada cual.

En todo caso, en la medida en que las personas trans no pueden dar cumplimiento a su deseo es inevitable su frustración, lo que explica que tras el calvario que según Marta Reina es el tránsito, haya en ese colectivo un alto número de suicidios.

¿Qué se puede hacer a su favor? Mediante educación y buenas prácticas legales y sociales garantizar el respeto que se debe a toda persona, no importa que sea diferente a los tipos que se han venido considerando socialmente normales. Para ello es conveniente acabar desde la escuela con la idea de que sólo es socialmente admisible la heterosexualidad.

Profesionales de distintas especialidades (cirujanos, médicos, psicólogos) estarán ahí, unos para sacar provecho de la situación, otros para aliviar sufrimientos en la medida de lo posible.

Pretensiones del colectivo LGTB que no son de recibo

1º:- Lo que menos debate requiere es la pretensión de legalizar los vientres de alquiler. Nadie cree que una mujer va a aceptar un embarazo y un parto con sus molestias y riesgos para entregar el hijo, por altruismo, a un desconocido. Está claro que los vientres de alquiler convienen a homosexuales ricos que aprovechan la pobreza de mujeres obligadas a tamaña venta de sí mismas.

Al gay habría que dejarle claro que puede satisfacer sus deseos por otro camino: si quiere tener un hijo puede adoptarlo. Si lo quiere tener de sus propios genes (¡ay, el valor entrañable de los propios genes!) no tiene otro camino decente que recurrir a una mujer, pero en calidad de madre, no como vientre de alquiler para procrear y entregar.

2º. La posición ante la prostitución obliga primero a definir el término. Una mujer puede acordar con un hombre una relación sexual a cambio de dinero por razones distintas:

Si lo hace porque quiere libremente (sea por placer o por darse algún lujo) y su actividad no sale de la esfera privada, no la debiéramos incluir en la prostitución, salvo que llamemos prostitución a los matrimonios, emparejamientos y favores sexuales de conveniencia que afectan a personas socialmente respetables a las que nadie considera prostitutas.

Es distinta la situación de mujeres atrapadas en una red de trata de mujeres, o que no tienen otro medio de conseguir el dinero suficiente para sobrevivir. En estos casos no se puede hablar de voluntad libre: es una voluntad forzada. Estas mujeres viven una situación miserable: no tienen paro ni baja por enfermedad y no cotizan para sus pensiones. Si no pueden demostrar que trabajan e ingresan, tampoco les es fácil alquilar una vivienda y para algunas es imposible empadronarse y acceder así a las ayudas más básicas y a los recursos sociales. Son mujeres abandonadas por las instituciones.

¿Qué es lo adecuado, abolir esa prostitución o regularla?

A favor de la regulación se dice que el trabajo de las prostitutas es honorable y debe ser protegido por la ley (derecho a sindicación, pensiones, etc.), pero esto sólo tendría sentido si se tratara de una profesión vinculada, por ejemplo, a clínicas de sexología para ayudar a quienes tienen problemas en su actividad sexual. En otro caso no es un trabajo, sino una esclavitud denigrante que sufren muchas mujeres pobres en beneficio de hombres incapaces de satisfacer sus necesidades sexuales con mujeres que puedan libremente aceptarlos o rechazarlos. Se trata de hombres que necesitan esclavas.

El problema de las feministas abolicionistas es que proponen medidas que no acaban con la prostitución y que además perjudican a las prostitutas a las que intentan ayudar.

Las organizaciones AFEMTRAS, el Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Putas Libertarias del Raval, Putas Indignadas, Sindicato OTRAS, APROSEX, (N)OMADAS y la sección sindical de trabajadoras sexuales de la IAC se quejan de que las abolicionistas que pretenden librarlas de su esclavitud terminan por dejarlas más expuestas frente a la voluntad de otros y más esclavas. Y se consideran víctimas de una parte del feminismo español que lleva años en una cruzada moral autoritaria y dogmática.

Alegan que es un sinsentido que un macroburdel de la Junquera haya hecho un ERTE para sus sesenta y nueve empleados, que recibirán durante estos meses un subsidio del Estado, pero no en cambio para las noventa prostitutas, que por no ser “trabajadoras” se han quedado en la calle y además sin derechos.

Alegan también que penalizar a los clientes (lo cual a veces sólo se hace para expulsar a las prostitutas independientes de los espacios públicos respetables) tiene como efecto volver la actividad de esas prostitutas más insegura, más clandestina, de manera que para algunas de ellas sea más seguro estar en un club como el de la Junquera que estar solas en la calle. Un informe de Médicos del Mundo denuncia que desde la aprobación en 2016 de la penalización de los clientes en Francia las prostitutas se han desplazado a zonas boscosas más peligrosas y han aumentado los asesinatos de mujeres.

Evidentemente no cabe hablar de abolición si se entiende como mera persecución de la prostitución. Pero la abolición debe ser un objetivo irrenunciable de la ciudadanía progresista siempre que sea un paso que siga a otro previo: solucionar el problema de las prostitutas de forma que ninguna de ellas pueda alegar que está desprotegida y obligada por ello a seguir siendo prostituta en peores condiciones.

Conclusión

Si se acepta lo que vengo diciendo, la razón en la pugna IU-PFE está de parte del PFE. Creo que las dirigentes feministas de IU se extravían al aceptar sumisamente un barullo conceptual propenso a malas soluciones, extravío que tiene a mi modo de ver estas causas:

a) La influencia de la teoría que sustituye sexo por género, esto es, que sustituye la realidad objetiva por la identificación subjetiva, cuando son dos cosas distintas que coexisten, cada una de ellas con sus propios efectos. A esta teoría me referiré en la próxima entrada de este blog para situar el feminismo de género en el ambiente del pensamiento posmoderno, profundamente conservador.

b) El electoralismo de los partidos políticos de izquierda, que en búsqueda de los votos del colectivo LGTBIQ se dejan influir por sus lobbys, a los que pertenecen personas con mucho poder económico y social.

c) La mala conciencia de las feministas conservadoras (las que ponen una vela a dios y otra al diablo, esto es, una vela al feminismo y otra al capitalismo), que las impulsa a abrazaar con hipercorrección cualquier reclamación que parezca favorecer a una minoría discriminada. Los grupos marginados merecen reparación y respeto, pero no todas sus propuestas tienen por qué ser compartidas desde una posición racional. Cuando no se tiene esto en cuenta se da armas a la extrema derecha, a la que le basta la afirmación trivial de que los niños tienen pene y las niñas vulva para que una progresía desorientada se rasgue las vestiduras y acuda a los tribunales pidiendo que se prohiba tal mensaje de odio.

Pienso que los aplausos entusiastas con que los parlamentarios extremeños recibieron las palabras del niño Elsa (al que los medios consideran niña sin vacilaciones) arrojan mucha luz sobre el miedo de muchos conservadores a no ser vistos al frente de la procesión.

Cualquier camino conduce a Roma

Junto al criterio usado por Rosa Cobo para distinguir dos feminismos, hay un criterio más relevante al que me he referido en otras ocasiones, y es el que distingue el feminismo que lucha para que las mujeres no sean más explotadas que los hombres y no sufran más violencia que los hombres, pero acepta que hombres y mujeres sufran la explotación y violencia de clase; y otro feminismo desafortunadamente minoritario, que lucha por la completa emancipación de todas las mujeres y hombres.

Perdonen que insista, pero no cabe una real emancipación de mujeres y hombres dentro de la sociedad capitalista, y por tanto hemos de llegar a la conclusión de que sólo es feminismo lúcido el anticapitalista. Por ejemplo, contra la idea de que las prostitutas son esclavas se alega que igualmente están esclavizadas las mujeres que, porque no tienen otra opción, se ven obligadas a trabajar por cantidades miserables y en condiciones muy duras. Pues claro que sí.

¡Qué le vamos a hacer, mientras sigamos en este tipo de sociedad, ningún problema admite solución cabal! Las feministas socialdemócratas deberían saber ya que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos. Y a las feministas de IU habría que decirles que el pensamiento posmoderno no ha venido para mejorar la teoría marxista, sino para suplantarla desde el conservadurismo.

ESTADO DE ALARMA, ODIO PREVENTIVO Y DERECHOS HUMANOS

Los conservadores tacharán de demagógica la siguiente descripción, que es puramente realista:

En un ambiente de ignorancia y clericalismo que nos ha diferenciado de otros países europeos, una élite de composición cambiante, pero en todo caso poco ilustrada, ha venido dominando España y ha obtenido desproporcionados beneficios a costa de una mayoría de la población. Esa élite tiene sus representantes políticos y sus servidores mediáticos, académicos, eclasiásticos y funcionariales bien pagados, y lleva tanto tiempo en su papel que cree muy naturalmente que el país es suyo.

Cada vez que su completo predominio se ha puesto en peligro su reacción ha sido muy violenta. El historial de restauraciones monárquicas, abolición de constituciones democráticas y represiones sangrientas culmina con los ataques a la segunda República, el golpe militar de 1936, la guerra civil y la represión brutal de la posguerra.

Recuperado su predominio durante el periodo franquista, esa élite vivía entregada tranquilamente a su violencia vengativa. Tuvo sus temores cuando los aliados ganaron la guerra, pero en seguida recibió seguridades de que el régimen franquista sería respetado como valladar contra el comunismo.

Muerto Franco y fracasado el intento inicial de continuidad (Arias Navarro al timón), la élite y sus servidores lograron una Transición que respetaba sus privilegios y los exoneraba de rendir cuentas de sus pasados abusos y crímenes. Luego todo fue bien, porque con Felipe González el PSOE se había apartado de una orientación marxista y con él y con José Luis Rodríguez Zapatero acabó afiliado a la política neoliberal, convirtiéndose así en un buen gestor de los intereses capitalistas.

Pero de repente aparece Podemos, partido peligroso por incontrolado. Y la cúpula dirigente del PSOE comete el error de humillar a un segundón por haber querido actuar con autonomía en el puesto que se le concedió provisionalmente. Nadie pensaba que este individuo iba a rebelarse, recorrer España con su automóvil y plantar una batalla que tenían que dirimir las bases. Pues resultó que la militancia, en la que aún quedan rescoldos de izquierdismo, lo eligió a él en unas primarias frente a la aspirante avalada por el aparato del partido.

Tal vez la simpatía secreta de Pedro Sánchez vaya en dirección a la socialdemocracia, pero es ante todo un superviviente que quiere seguir siéndolo. De manera que cuando pudo formar gobierno prefirió pactar con Ciudadanos antes que con Unidas Podemos porque eso le daba más estabilidad y le evitaba enemigos poderosos. Sólo que al final las circunstancias le han obligado a lo que no quería, a pactar con Unidas Podemos. Y en ese momento en la derecha se han encendido las alarmas y se ha repetido la reacción de violencia extrema (afortunadamente por ahora sólo verbal).

Pese a que UP sólo propone un programa tibiamente socialdemócrata vienen siendo estruendosos los gritos de dirigentes y medios tachando a Pablo Iglesias de bolivariano, comunista, enemigo de la patria y amigo de terroristas, y todo lo que quieran añadir. Esos gritos y los que inundan las redes sociales ponen de manifiesto una constante en la historia de España.

Dos clases de odio

1. Frente a los que intentan la equidistancia al evaluar nuestro pasado he insistido en que es necesario distinguir el odio del oprimido al opresor (odio justificable) y el odio del opresor al oprimido (odio injustificable).

Estas dos clases de odio generan dos clases de violencia. Cierto que durante la guerra civil hubo violencia por ambas partes, pero una cosa es la Matanza de la cárcel Modelo de Madrid y otra la violencia genocida emprendida por los franquistas. La primera fue motivada por el odio justificable que sentía la masa, pero desaprobada por dirigentes como Indalecio Prieto, que llegó a decir: «La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra». En cambio la violencia franquista era preconizada y justificada por líderes como los generales Millán Astray, Mola, Yagüe o Varela, cuyas arengas vengativas y llamamientos a la crueldad más despiadada resultan sobrecogedores. Y por supuesto, inimaginables en líderes de la izquierda.

Se puede llamar odio preventivo al que causa la inusitada violencia de la derecha. El rico odia al pobre no por el daño que el pobre le ha hecho (sólo le ha proporcionado beneficios) sino porque lo ve como un posible rebelde. Y de ahí el odio al marxismo, que puede abrir los ojos al explotado y señalarle el camino de su liberación, y el odio al comunismo, que supone la desaparición de la clase capitalista y de sus bien remunerados servidores.

2. Puede sorprender que mientras los dirigentes de la derecha muestran ufanos un odio injustificable, los dirigentes de izquierda, que podrían exhibir un odio justificable, son en cambio más conciliadores.

Creo que ello se debe a dos circunstancias:

La izquierda pretende un objetivo justo y razonable, de forma que en su actividad es muy fuerte el componente racional y moral. Sólo se ve obligada a disimular y mentir cuando abandona su objetivo.

En cambio la derecha pretende un objetivo injusto (que una minoría siga explotando a la mayoría), contrario a la moral que defiende públicamente. Por ello ha de disfrazarlo con una mentira permanente. La falta de frenos morales de la derecha es imprescindible para mentir con satisfacción y odiar como si el odio fuera una virtud teologal.

En segundo lugar, los oprimidos están acostumbrados a soportar el dominio ajeno, mientras los opresores están acostumbrados a la riqueza y el poder. Los pobres soportan mejor su pobreza que los ricos una pérdida, por pequeña que sea, de su riqueza. A este hecho apeló el conservador Jeremy Bentham cuando, desde su concepción utilitarista, consideró razonable conservar el reparto tradicional de la propiedad a fin de evitar lo que llamó “dolor de decepción”, el dolor del rico ante la disminución de su riqueza, muy superior al dolor del pobre por no tener la riqueza que nunca ha tenido. La expectativa del “dolor de decepción” ante cualquier intento de mayor justicia social es lo que provoca en la derecha su odio preventivo.

El odio preventivo en ciudadanos que no pertenecen a la minoría beneficiada

Lo dicho hasta aquí vale para la minoría que obtiene una parte desproporcionada de la riqueza social (capitalistas y también profesionales, políticos y servidores mediáticos, eclesiásticos y académicos bien pagados). Pero ¿cómo se explica el odio en sectores populares explotados que votan a la derecha y a la extrema derecha?

Al tocar este tema siempre me viene a la memoria lo ocurrido al maestro Arximiro Rico en una aldea de Lugo, cuando unos falangistas del pueblo, ignorantes y tan explotados como el maestro, fueron a buscarlo de noche a casa, lo llevaron a la sierra de la Ferradura y allí le cortaron la lengua y los testículos, le sacaron los ojos y, tras apalearlo, lo remataron con tiros de escopeta dejándolo en el límite entre dos aldeas para infundir terror a los rojos de ambas. ¿Por qué estos falangistas odiaban de tal forma a un hombre que no les había hecho daño alguno, a un maestro que sólo pretendía llevar la cultura al pueblo?

No cabe explicación si no se analiza el uso ideológico que, mediante una definición mentirosa del Bien y del Mal, hace la derecha de dos sentimientos biológicos básicos, el amor a lo bueno y el odio a lo malo.

Incansable y secularmente desde los púlpitos eclesiásticos, las escuelas, los discursos políticos y los himnos marciales la derecha ha identificado el Bien con la tríada dios, patria y rey, presentándola como garantía de la hermandad derivada de una madre común, la patria y sus tradiciones, y de paz y seguridad en esta vida, gracias al rey y al ejército, y en la otra vida, gracias a la Santa Iglesia. ¿Qué es entonces el Mal, aquello a lo que hay que odiar como amenaza al Bien? Está claro que el separatismo, el republicanismo, el comunismo, el ateísmo, la inmigración de quienes hablan otras lenguas o tienen otra religión y todo lo que atente a las tradiciones patriarcales. “España quiere implantar el bien, y las fuerzas del mal, desatadas por el mundo, tratan de impedírselo” decía Carrero Blanco refiriéndose a la cruzada franquista contra el comunismo.

Si estas definiciones operan en mentes caracterizadas por la ignorancia, el egoísmo y el miedo, el resultado es el odio furioso que muchos explotados sienten contra quienes intentan su beneficio, y su servil sometimiento a quienes los perjudican.

El corronavirus y el pánico de la derecha

La política neoliberal que la derecha viene ejecutando y defendiendo desde hace décadas se basa en la gran mentira de que esa política es la única forma de producir riqueza, condición para que la riqueza llegue a todos. El resultado ha sido un aumento brutal de la desigualdad, con grandes masas por debajo del nivel de pobreza, con un desmantelamiento del Estado de bienestar, con una degradación de servicios públicos convertidos en negocios privados, y con una minoría cada vez más rica. Contra lo que decía la mentira oficial la realidad es que unos pocos se han quedado con casi toda la riqueza creada y muchos de los de abajo apenas si pueden sobrevivir.

La pandemia que estamos padeciendo ha lanzado una luz potente sobre el panorama y son cada vez más, y más cargados de razones, los que dicen que esta situación debe aprovecharse para reformas imprescindibles. Ha quedado desacreditada la oferta populista “si llegamos al poder bajaremos los impuestos”, con la que se ha venido engañando a las clases medias. La pandemia ha demostrado que hay que aumentar mucho los recursos públicos dedicados a la sanidad y a los servicios sociales, y que ello requiere ingresos estatales muy superiores, lo que pone en el punto de mira a los grandes patrimonios y a los grandes ingresos y beneficios, sean personales o de las grandes corporaciones.

Se están empezando a discutir en Europa temas que eran tabú, como la recuperación de espacios cedidos al beneficio privado, la nacionalización de aquellas empresas que necesitan dinero público, la armonización fiscal, la lucha contra la evasión fiscal, etc.

Y puesto que afrontar esta situación con un gobierno de coalición PSOE-UP no ofrece garantías a la élite, el odio preventivo de nuestra derecha montaraz está llegando a un nivel de histeria. Todo vale. Bulos desestabilizadores, acusar al gobierno de aviesas intenciones contra la población y contra España, culpar al gobierno, con cinismo insuperable, de los muertos que se deben a pasadas políticas propias, etc. Algo muy alejado de las críticas que el gobierno merece por sus vacilaciones, errores y fallos en la cooperación y la comunicación, que vienen siendo reiterados y graves (y que, dicho sea de paso, no sólo se deben a la incapacidad para la empatía de Pedro Sánchez, sino al responsable del diseño de esa política comunicativa, que sería interesante saber quién es).

Pactos para superar la crisis económica

La situación obliga a dos esfuerzos que en ocasiones se contraponen, uno para vencer la pandemia, otro para rehacer la economía. Para esto segundo se vienen proponiendo unos nuevos pactos de la Moncloa, nombre mal elegido, porque en los Pactos de la Moncloa se trató de frenar la inflación mediante austeridad a cargo de la clase obrera, y ahora el propósito debe ser contrario.

En seguida saltan a la vista dos cuestiones: una, que es imposible atraer a la derecha a unos pactos que obliguen a los ricos a poner algo de su parte para que el peso de la recuperación no vaya otra vez sobre las espaldas de los de abajo. Ello quiere decir que la derecha no se sumará a unos pactos mientras UP esté en el gobierno. Por tanto, cuando esos pactos se proponen desde la derecha lo que se propone es que, tomando como pretexto la situación de emergencia, se forme un Gobierno de salvación nacional dejando fuera a UP y logrando de paso que el PSOE vuelva al redil.

Cuando la propuesta viene de Pedro Sánchez sólo puede entenderse, o bien como un intento artero de forzar la salida de UP del gobierno, o bien como una treta para que la derecha se vea obligada a rechazar una oferta que cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad. Pero en este segundo caso Pedro Sánchez debería haber acompañado la propuesta de un documento concretando las medidas que a juicio del Gobierno son necesarias para salir de la crisis económica y social que se avecina.

¿Qué fueron los pactos de la Moncloa?

1. La propuesta de unos nuevos Pactos de la Moncloa lleva implícita una valoración positiva de aquellos pactos. Que sigan siendo añorados y ensalzados por los conservadores, es natural, pero que lo sean por miembros del PSOE demuestra cuánto conservadurismo sigue habiendo en este partido. Afortunadamente van proliferando los análisis que ponen la cosa en su sitio.

Ángeles Maestro (en Pactos de la Moncloa: la gran estafa otra vez, no) nos recuerda que en abril de 1976 los trabajadores organizados por sindicatos y partidos de izquierda ilegalizados y con centenares de miembros en la cárcel, habían conseguido imponer mediante luchas durísimas la Ley de Relaciones Laborales más progresista que se ha conocido. Y se hizo en plena crisis económica.

Esa ley establecía, entre otras cosas, que todo contrato era indefinido, salvo excepciones tasadas. Prohibía y sancionaba el prestamismo laboral y las empresas de trabajo temporal; reducía la jornada laboral, ampliaba el permiso de maternidad, etc. Pero sobre todo, regulaba el despido improcedente con prohibición de que el empresario pudiera sustituir a voluntad la readmisión por indemnización económica, lo que fue esencial para luchar contra las “listas negras” y la represión a líderes sindicales.

Esa ley demuestra, dice Ángeles Maestro, que la correlación de fuerzas no era la que se ha venido contando para justificar una rendición incomprensible.

Recordemos que, en efecto, la universidad y las fábricas estaban en pie de guerra, los periodistas y los abogados exigían democracia, la UMD progresaba en los cuarteles, Comisiones Obreras y el Partido Comunista movilizaban a miles de personas (más de 100.000 se congregaron en el entierro de los abogados asesinados en Atocha), y a la vista de todo ello, EE UU y Alemania presionaban para una transición pacífica a un sistema político homologable con los europeos.

Sin embargo los Pactos de la Moncloa acabaron con los avances de la Ley de Relaciones Laborales y basaron la salida de la crisis económica sobre todo en limitar el crecimiento salarial por debajo de la inflación prevista y en la precarización del mercado de trabajo, con la instauración de los contratos temporales y el despido libre.

Ello causó una profunda decepción en los trabajadores, que se desmovilizaron de manera notable: si en 1978 estaba afiliado sindicalmente casi un 55% de los asalariados, ese porcentaje se redujo a menos de la mitad en 1980 y a casi la quinta parte en 1984.

Esto por lo que atañe a la economía.

2. En el aspecto político los Pactos dieron lugar a una falsa democracia caracterizada por estos rasgos:

-Una constitución en la que artículos fundamentales que favorecen a la mayoría se incluyeron con la convicción de que nunca serían cumplidos.

-Un rey nombrado por Franco y no dependiente del proceso constituyente ni sometido luego a referendum.

-Una ley electoral calculada para que al PC le haya venido costando cada diputado diez veces más votos que al PP, y para que la composición del Senado haga imposible cualquier cambio constitucional que no interese a la derecha.

-Honras públicas a dos genocidas, a Franco hasta hace un año en el monumento de Cuelgamuros, a Millán Astray en la iglesia de la Macarena.

-Títulos nobiliarios a la familia de Franco concedidos por un Rey franquista.

-Asociaciones franquistas subvencionadas con dinero público.

-Restos de asesinados en cunetas, y familiares de víctimas que tienen que acudir a la justicia de Argentina porque la nuestra, heredera de la franquista, no está por la labor.

-Privilegios económicos y culturales a la iglesia católica, que financia con dinero público medios de comunicación y escuelas al servicio del más rancio adoctrinamiento y que se apropia de miles de inmuebles que no son suyos.

-Bases militares de EE UU que nos involucran en guerras imperialistas en las que nada se nos ha perdido. Etc., etc.

No cabe democracia en el capitalismo, pero a diferencia de otros disfraces mejor hechos, el disfraz español es una pena.

¿Pudo ser de otra forma?

Imaginemos que el PC se niega a suscribir aquellos pactos y exige un juicio al franquismo, una depuración de ejército, policía, judicatura y otros cuerpos funcionariales, liquidación de las bases americanas en España y un trato a la iglesia católica sin privilegios. Naturalmente, no lo habría conseguido, pero al PSOE le habría costado más prestarse a la gran traición. Y el partido comunista hubiera quedado libre para denunciar un día sí y otro también la gran estafa de una Transición que amnistiaba al franquismo, y para seguir movilizando a estudiantes y obreros en la exigencia de una democracia republicana. A esta presión se habría unido la exterior y antes o después habría llegado un régimen homologable con los europeos, y con un partido comunista libre para jugar su papel a favor de las clases populares. El error teórico del eurocomunismo, y el cálculo incomprensible de Santiago Carrillo pusieron al partido comunista en un camino que lo llevó rápidamente a la inoperancia, lo mismo que ocurrió a los de Francia e Italia.

No es digno de encomio ese partido, como ahora se dice, por haber comprendido en aquellos momentos que por encima de todo estaba el interés del país. ¿Quién define tan chapuceramente el interés del país como para afirmar que aquellos pactos estuvieron a su servicio?

Algo más sobre nuestra sagrada constitución

Pablo Iglesias va por ahí blandiendo una constitución española y recordando lo que dice su título tercero o su art. 128.

La constitución afirma que todos los españoles tienen el derecho al trabajo… y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo (art. 35). Que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y que se regulará la utilización del suelo para impedir la especulación (art. 47). Que la riqueza regional y personal se distribuirá de la manera más equitativa (art. 40.1). Que toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general (Artículo 128). Y que todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad (Artículo 31. 1.). ¡Qué bonito!

Pero veamos: en el artículo 31 se añade que el sistema tributario en ningún caso tendrá alcance confiscatorio. O sea, que impuestos progresivos, pero ¡cuidado!, no vaya a ser que se pasen de frenada y confisquen. Y el art. 53,3 advierte que “el reconocimiento, el respeto y la protección de los principios reconocidos en el Capítulo Tercero… sólo podrán ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen.” Y ocurre que en más de 40 años no se han dictado esas leyes que permitirían que alguien exija ante un tribunal, por ejemplo, su derecho a una vivienda digna.

Cuando Pablo Iglesias enarbola la constitución no lo hace, como debería, para mostrar que nuestra democracia es un fraude, sino para pedir que esa ley fundamental se cumpla. ¡Pero hombre! Si lleva más de 40 años sin cumplirse, ¿por qué se va a empezar a cumplir ahora? ¡Como si la plutocracia que soportamos pudiera ser convertida, por arte de magia o por dolor de corazón y propósito de la enmienda de los poderosos, en una democracia al servicio del pueblo!

La libertad de expresión y el derecho a la información

Si quienes defienden que España es una democracia no son ignorantes, han de tener mala conciencia. Y para aliviarla se muestran muy combativos a favor de ciertas libertades y derechos garantizados por la constitución, no sea que sufran menoscabo como consecuencia de los poderes asumidos por el gobierno en el estado de alarma. Ahí tenemos a tertulianos y colaboradores de los medios diciendo a cada paso “lo que me preocupa mucho…”, “lo que sobre todo me preocupa…”. ¡Cómo se podrá vivir con tanta preocupación! Se refieren al posible menoscabo de la libertad de expresión y de los derechos a la información, a la privacidad y a la intimidad.

Está claro que por ahora el gobierno no ha coartado el derecho de cualquiera a criticar su gestión, puesto que las críticas son continuas y exageradas. La derecha esparce bulos y pone el grito en el cielo si el gobierno quiere investigarlos, como si mentir para hacer daño fuera un derecho humano inviolable.

El problema no es que el gobierno quiera menoscabar esos derechos, sino que en nuestra sociedad son imposibles. Porque para que el derecho a la información y la libertad de expresión sean reales se requieren dos condiciones:

Que la poblacion disponga de un nivel de educación que haga imposible el engaño persistente y que facilite la expresión de argumentos, de manera que todo el mundo sepa argumentar y calibrar los argumentos ajenos.

Por otra parte que no haya medios de comunicación de propiedad privada utilizados por sus propietarios con designios secretos que nadie puede controlar. La democracia exige que los medios sean de propiedad pública y controlados por la sociedad, de tal forma (uso aquí palabras de la propia constitución) que la ley garantice “el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad …”.

¿Se da alguna de estas dos condiciones entre nosotros? Ninguna. ¿Se hace algo para que se den? Nada.

En la escuela sólo se enseña una versión conservadora de la reciente historia de España, y se carece de medios para una educación eficiente. Prueba de ello son las manadas de jóvenes ignorantes y violentos y el alto número de ciudadanos engañables, que perjudican sus intereses votando a la derecha y a la extrema derecha.

Por lo que concierne a los medios de comunicación privados, conceden a unos pocos (los ricos) una ilimitada libertad de expresión con la que vienen configurando la opinión pública y atacando y denigrando a cualquiera que pretenda una política favorable a la mayoría, mientras otros (los antisistema) a lo más a que podemos llegar es a expresar nuestra opinión en las redes. La constitución no obliga a los medios privados a abrir sus páginas a los grupos sociales y políticos significativos, ni a respetar el pluralismo de la sociedad.

De manera que menos invocar el derecho constitucional a la información y a la libertad de expresión.

El miedo hipócrita a que el Estado nos controle

Que el Estado pueda saber por medio de nuestro teléfono cómo nos hemos movido y con quienes hemos interactuado, aunque sea un control limitado a efectos de la pandemia, preocupa mucho a nuestros preocupadizos. Nos dicen que la efectividad china frente a la pandemia requiere un control muy estricto de los movimientos de la población y del estado de salud de cada uno, pero que en una sociedad que se pretende democrática hay derechos fundamentales a la intimidad y privacidad que no se pueden vulnerar.

Los derechos, nos dicen, se sabe cuando se pierden pero nunca cuando se recuperarán. Cuando la salud pública está amenazada cunde el miedo y el miedo puede alimentar el autoritarismo del gobernante. Cuidado con las medidas invasivas de la intimidad y del espacio privado de las personas, aunque se haga en nombre de la eficacia científica y para remediar situaciones catastróficas.

En esta dirección los hay que exigen una cesión voluntaria para que los datos sobre nuestros movimientos y contactos sean utilizados por el gobierno a los efectos de contener la pandemia. Pero si alguien infectado se empeña en ser un peligro para otros por no ceder esos datos ¿debe su derecho a la privacidad prevalecer sobre un derecho mayor, el derecho de los demás a la salud y a la vida?

Lo sorprendente es sin embargo que asuste tanto que el gobierno adopte medidas invasivas de la intimidad y del espacio privado, cuando soportamos esas medidas desde hace tiempo. Los datos sobre nuestra salud no son exclusivamente nuestros, están en manos de médicos, aseguradoras y hospitales. Y las plataformas digitales, que están en manos privadas, manejan innumerables datos sobre nuestros gustos y movimientos, que usan para su interés y al margen de todo control público. De manera que en lugar de mostrar tanta preocupación por lo que pueda hacer el gobierno lo razonable sería clamar contra el poder que han ido consiguiendo empresas privadas de tecnología digital.

El peligro de los controles peligrosos sólo se podrá evitar si conseguimos llegar algún día a sociedades que funcionen democráticamente.

El perjuicio escolar para los desfavorecidos

Preocupa también mucho a nuestros preocupadizos que, interrumpidas las clases presenciales, los niños de las clases bajas no van a concurrir a los exámenes en iguadad de condiciones. Porque estos niños viven en viviendas pequeñas, sus padres no les ayudan en las tareas y no tienen wifi y ordenador, ni saben manejar las tecnologías para recibir clases online.

Si ese fuera el problema tendría fácil solución: dotar a esos niños de ordenadores y wifi en casa y darles instrucción para que puedan seguir las clases online.

Pero es que el problema no es ese, sino que los niños de las clases bajas nunca, tampoco antes de la pandemia, han concurrido a la enseñanza en igualdad de condiciones. En los años 60 del pasado siglo sociolingüistas como Wiliam Labov y Basil Bernstein demostraron que el fracaso escolar de los niños y niñas de clases económica y culturalmente bajas se debe a que no han aprendido en su entorno social el lenguaqje que se emplea en la escuela. Se manejan con lo que estos lingüistas denominaron “vernacular dominado” o “código restringido”, mientras en la escuela funciona el “vernacular dominante” o “código elaborado”. Ésta es la causa de que estén condenados al fracaso escolar y obligados a tomar el camino de la llamada Formación Profesional.

El fracaso escolar no sólo se disimula (es mucho mayor el real que el que se contabiliza), sino que además se contabiliza sin relacionarlo con clases sociales a fin de evitar que salte a la vista este obstáculo insalvable a la igualdad de oportunidades, que por sí solo, sin necesidad de atender a otros muchos, hace por completo falsa la democracia que se pregona.

¿Cuál sería la solución? Nada que ver con wifis, ordenadores o tecnologías digitales. Escuelas de infancia de 0 a 6 años en las que los niños y niñas de las clases culturalmente deprimidas reciban un baño lingüístico que les dote del léxico y las fórmulas sintácticas de la lengua estándar. Sólo así podrán sentirse capaces de aprender, condición imprescindible para que eviten el fracaso escolar y tengan un proyecto universitario, como los niños y niñas de las clases medias. Naturalmente, estas escuelas no pueden concebirse como guarderías, sino servidas por expertos conectados a equipos de investigación, a los padres de los escolares y a sus barrios. Y ello requiere mucho del dinero que está en los bolsillos de los ricos. ¿Quién lo sacará de ahí?

La manera menos mala de salir de la crisis

Dada la naturaleza de la derecha española hay que esperar más de la Europa neoliberal que de pactos políticos dentro de nuestro país.

Supongamos que entre los dirigentes europeos cunde el sentido común y llegan a la conclusión de que la mejor manera de servir a los ricos es dejar de atosigar tanto a los pobres. Supongamos que se despiertan una mañana con la idea clara de que las políticas neoliberales ya no tienen sentido, y además con la determinación de prestar más atención a los problemas del Sur. Entonces sería posible que en Europa se tomen las siguientes medidas que acabarían influyendo en la política española:

-Acabar con los paraísos fiscales que hay dentro de la UE (Paises Bajos, Irlanda, Luxemburgo) y luchar contra los que hay fuera, castigando a las empresas que los usen para evadir impuestos.

-Lograr una armonización que acabe con la actual disparidad de regímenes fiscales, que beneficia sólo a los grandes capitales, rentistas y familias más ricas en perjuicio de las mayorías populares.

-Aumentar significativamente los impuestos sobre beneficios empresariales y grandes patrimonios.

-Invertir la tendencia a las privatizaciones renacionalizando servicios fundamentales.

-Ir imponiendo nuevas formas de vida que distribuyan trabajo, ocio y riqueza de manera razonable y que sean compatibles con un trato cuidadoso al medio ambiente.

-Establecer un ambicioso Plan de Ayuda al Desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Estas medidas no son nada del otro mundo, pero ¿son siquiera posibles? Dada la previsible oposición de EE UU a algunas de ellas y la debilidad de la izquierda europea no podemos ser muy optimistas.

Entretanto, por favor, no molesten con loas a una democracia que no existe ni con preocupaciones hipócritas.

jmchamorro@jmchamorro.info

CHINA, LAS DEMOCRACIAS Y EL CORONAVIRUS: UNA LECCIÓN PRÁCTICA

China ha tenido éxito en la detención de la epidemia del coronavirus y ha ofrecido al mundo un alarde en ninguna otra parte posible: la construcción en pocos días de grandes hospitales provisionales, algunos de ellos ya desmantelados. Y también la aplicación por primera vez en la historia de una cuarentena a sesenta millones de personas.

En seguida se ha dicho que la cuarentena ha ido acompañada de medidas draconianas y sanciones incompatibles con Estados democráticos y sólo al alcance de autocracias como la china.

Pero esto ha llevado a una inquietud, pues parece dejar claro que las autocracias son más efectivas que las democracias. ¿Cómo evitar esta conclusión? ¿Acaso no se ha venido diciendo que la democracia y la economía de mercado son dos caras de la misma moneda, que la democracia es más eficiente que la dictadura, y que la empresa privada funciona mejor que la pública?

Para mayor confusión, resulta que nuestros Estados democráticos se están viendo obligados a tomar medidas parecidas a las tomadas en China, sólo que tardías y menos efectivas.

El asunto merece una reflexión desde el punto de vista políticamente incorrecto.

Dos tipos de dictadura

El régimen chino no es una autocracia, por mucho poder que tenga Xi Jimpin. Es una dictadura del partido comunista.

Los regímenes occidentales son plutocracias, esto es, dictaduras del capital disfrazadas de democracias.

A mi juicio es en algún sentido preferible la dictadura explícita por su menor hipocresía. El partido comunista es responsable de las medidas económicas y políticas que se toman en China. En cambio entre nosotros mucha gente cree que son los partidos políticos y sus líderes quienes deciden, pero Parlamentos y Gobiernos son testaferros que sólo pueden actuar en el estrecho espacio que el poder económico les fija desde la sombra. A su vez Parlamentos y Gobiernos se escudan en supuestas leyes económicas que obligan a políticas contra las mayorías. Y como no cabe pedir responsabilidades a “leyes científicas”, los verdaderos responsables quedan siempre fuera de foco.

¿Somos libres?

Medidas racionales y necesarias chocan en nuestras sociedades con el sagrado principio de no intervención en el mercado y con el concepto de libertad propio del individualismo occidental.

Por comparación con China, ¿son libres nuestros medios de comunicación privados? ¿Son libres nuestras televisiones públicas? ¿Son libres nuestros ciudadanos porque pueden votar a partidos que no son libres para hacer lo que conviene a la mayoría?

En China hay medios públicos controlados por el Partido Comunista y hay numerosos medios privados controlados por sus dueños dentro del espacio que el gobierno les concede. Los minoritarios pueden ser muy críticos, los de masas mucho menos. No sé por qué algunos creen que estamos por encima de China en términos de libertad. Puesto a aguantar la ideología oficial (allí a favor del comunismo, aquí a favor del capitalismo) prefiero aquella.

Razones de la eficacia china

Si nuestras “democracias” son dictaduras encubiertas, ¿por qué es más efectiva la china? Hay distintas cuestiones a considerar.

1. La economía china no es comunista, porque allí se percibió bien pronto que el éxito de la revolución dependía de una interacción inteligente con la economía mundial, predominantemente capitalista, de manera que la propiedad estatal representa cerca de un tercio, la mixta más de un tercio y la privada un tercio.

Pero el Estado planifica y controla las industrias básicas como los ferrocarriles, la aviación civil, los correos, las telecomunicaciones, la electricidad, el agua potable y el gas, así como los espacios de la investigación científica, la educación, la defensa nacional y el sector financiero.

La planificación es una actividad racional que tiene la posibilidad de ser diseñada atendiendo al bien común, esto es, al beneficio de la población.

La conjunción de planificación central y propiedad pública da resultados espectaculares. China ha pasado en sólo 70 años de estar a la cola del mundo a estar a la cabeza. Ha librado en poco tiempo a cientos de millones de campesinos de su pobreza y ha escalado a lo más alto en investigación, tecnología y capacidad económica. Por ejemplo, ha fabricado el radiotelescopio más sensible del mundo y la primera red de comunicación cuántica, y es pionera en 5G, supercomputadores (tiene los más rápidos), drones aéreos supersónicos, etc.

2. El sistema capitalista implementa la dictadura del capital a través del mercado, que es un mecanismo irracional diseñado para producir beneficios privados, y cuya lógica consiste en dar más a quienes más tienen y menos a quienes tienen menos. El resultado es que quienes más tienen ponen en pie medios de comunicación para fabricar opinión favorable al sistema, y controlan la legislación a fin de que su riqueza aumente y su contribución al bien común sea mínima. Y quienes menos tienen no pueden satisfacer sus necesidades básicas porque el mercado sólo da mercancías y servicios a quien puede pagar su precio. Por su propia lógica, el mercado actúa contra los intereses de la mayoría de la población. Por eso surgieron tras la segunda guerra mundial las medidas socialdemócratas de bienestar social, que tras la caída de la URSS el capitalismo neoliberal viene intentando desmantelar.

3. En casos de emergencia, como la actual pandemia, los enormes recursos del Estado chino y su control de la economía pueden ser puestos al servicio de soluciones rápidas por costosas que sean en términos económicos y logísticos. El brote del coronavirus coincidió con las vacaciones del Año Nuevo Lunar, pero las autoridades ordenaron reabrir las fábricas y funcionar a pleno rendimiento para cubrir la enorme demanda que venía de la provincia de Hubei y del resto del país.

Pasado lo peor, la vuelta al trabajo se está haciendo de forma coordinada. Según noticias que nos llegan, fuera de Hubei la tasa media de reanudación de la actividad empresarial es del 95% para las grandes empresas y del 60% para pequeñas y medianas empresas. El verdadero problema para la economía china no va a estar dentro, sino fuera, por la caída de demanda de otros países afectados por la pandemia. De momento China está ayudando a otros países con el envío de especialistas y material médico.

4. En cambio en los regímenes de “democracias” capitalistas, estando la mayor parte de los recursos en manos privadas para intereses privados, los Estados ni siquiera disponen de lo necesario para gestionar la rutina, mucho menos para hacer frente a situaciones extraordinarias. Y en todo caso están constreñidos por la necesidad de evitar efectos inmanejables por el mercado, que pueden llevar a situaciones catastróficas.

La Unión Europea es incapaz de ofrecer una respuesta coordinada, en parte por el egoísmo de los países más ricos, que ya han dicho que no creen necesario ampliar el esfuerzo fiscal de la Unión. Alemania y Francia llegaron a prohibir las exportaciones de material médico a otros socios europeos, aunque luego rectificaron. También en la Gran Recesión y ante el problema de los refugiados ha primado la insolidaridad.

A esto se añade el mito neoliberal, que ha venido siendo un dogma de funcionamiento y que sigue en pie porque la cara dura de sus defensores no tiene límites. Algunos países de la UE, España entre ellos, intentan que los gastos que se inviertan en vencer la pandemia no se computen respecto a la deuda permisible. Si esto se termina consiguiendo será inevitable esta pregunta: ¿por qué las autoridades europeas obligaron a los países del Sur a recortes en gasto social para salir de la gran crisis del 2008 y no aceptaron que las inversiones en educación, sanidad, pensiones y dependencia quedaran al margen del pacto de estabilidad, ese pacto que los dirigentes neoliberales consideraban sagrado? Sólo cabe pensar que esos dirigentes querían aprovechar la crisis para deteriorar los servicios sociales, ofreciendo así los suculentos espacios de la sanidad y las pensiones al negocio privado, y que, insensibles a los sufrimientos de las mayorías, los aprovechaban para que esas mayorías se avinieran a trabajar por menores salarios y con menores derechos.

Las criminales políticas de los dirigentes europeos no se pueden disimular ya bajo principios de racionalidad económica. Gracias a grabaciones que hizo Yanis Varoufakis sabemos algo del modo de funcionamiento del Eurogrupo, con reuniones de los ministros de economía de las que no se levantaba acta, a las que iban con un propósito preconcebido de eludir cualquier acuerdo sobre la deuda griega y humillar a Grecia, condenando a una gran parte de su población a la miseria a fin de evitar que cundiera el ejemplo de Syriza.

Ahora nos dicen que la banca no es parte del problema, como lo fue en la crisis de 2008, sino parte de la solución, y se le pide que arrime en hombro. Pero la banca pública que existía en España fue privatizada y lo que queda, Bankia, está en vías de privatización. Y la banca privada no es una institución filantrópica, sino que actúa movida por el beneficio. El bien común no puede esperar mucho de ella.

El valor de lo público

Hemos vivido una larga etapa de desprestigio de lo público y exaltación de lo privado, de defensa del mercado frente a la planificación, de condena de toda intervención estatal en la economía. ¿Con qué argumentos? Con ninguno riguroso. Los teóricos al servicio del poder sólo ponen sobre el tapete falacias y un hecho al que dan un valor definitivo: el fracaso de la URSS, sin tener en cuenta que, igual que más tarde en China, la propiedad pública y la planificación lograron en la URSS, en condiciones dificilísimas y con una población mayoritariamente pobre y campesina, un desarrollo económico y cultural impresionante, nunca antes igualado. Y que si más tarde ello se malogró no fue debido a la propiedad pública y a la planificación, sino a la batalla sin cuartel que se hizo contra la URSS desde el mundo capitalista y a la torpe y brutal manera de reaccionar de la dictadura estalinista.

Puesto que China está demostrando que la conjunción de planificación central y propiedad pública logra resultados que la economía de mercado no puede conseguir, EE.UU., cuyo declive se hace visible, está muy preocupado y trata por todos los medios de aislar a China y dificultar su funcionamiento, exigiendo a Europa que le siga en esa batalla. Por ahora parece que esos ataques no tienen el éxito que tuvieron contra la URSS, seguramente porque la dictadura china es más sabia y astuta.

Y mientras China ayuda a otros países y acomete proyectos como la Nueva Ruta de la Seda, que pretende desarrollar infraestructura para el intercambio comercial entre Asia, Europa y África, y que cada vez convence a más países, EE UU se comporta como un matón que amenaza y castiga a todo el que no se pliega a sus deseos. A España concretamente, pese a que está utilizando bases militares en suelo español.

La fórmula ideal

Ni China ni las democracias occidentales son el modelo ideal, por más que en la comparación salga China ganadora. Está claro en que consiste la fórmula por la que hay que luchar: una democracia auténtica con un Estado que planifique racionalmente la economía y que disponga, para el bien común, de las inmensas riquezas que el sistema capitalista entrega a unas pocas manos privadas. Y ello a nivel mundial, que eso sería una globalización acogedora para todos.

Hay que insistir en que esta utopía es posible, aunque no lo sea a corto plazo porque requiere dos condiciones: vencer al poder económico global y lograr una mayoría de la población con un nivel de conocimientos y de solidaridad que elimine el deseo individual de riqueza a costa de los otros. Y esa población no se fabrica de la noche a la mañana.

Pero que tal utopía sea posible a largo plazo depende de lo que vayamos haciendo desde hoy.

Y es mucho lo que se puede hacer. Cada día hay más argumentos, y más poderosos, para exigir la nacionalizacón de sectores básicos, un control público sobre el mundo financiero, sobre las plataformas digitales y sobre la publicidad, y una política fiscal que no recurra al criminal IVA como suplemento del IRPF para evitar cobrar impuestos a los que más tienen, sino que grave con impuestos suficientes a ingresos y patrimonios que superen un límite razonable (recordemos que a esos ingresos y patrimonios ya se aplicó en EE UU una tasa de más del 90% hasta que se impuso la política neoliberal). Con esos ingresos fiscales sería posible no sólo una reversión de las políticas de recortes en gasto social, sino llegar más lejos dando a la sanidad, la educación y la dependencia lo que requieren para ser efectivas en toda circunstancia.

Veremos si la izquierda parlamentaria sigue guardando silencio bajo el lema “en boca cerrada no entran moscas”. De momento han sido decepcionantes las intervenciones de los portavoces de IU y de Podemos en el pleno extraordinario del Parlamento, incapaces de salir de los tópicos socialdemócratas.

jmchamorro@jmchamorro.info

DE MENTIRAS Y MIEDOS

He hablado en otras ocasiones de las mentiras conceptuales del conservadurismo (entre ellas afirmar que vivimos en democracia, que la actual forma de globalización es inevitable, que hay leyes económicas que obligan a los recortes sociales, que sólo la economía de mercado, es decir, el capitalismo, es compatible con la libertad y la eficacia, que el marxismo y el comunismo son perversiones que terminan en el totalitarismo y la pobreza, etc.).

La actualidad nos va dejando temas que hunden sus raíces en esa gran mentira conceptual, entre ellos éstos, en el fondo relacionados entre sí:

El Foro de Davos se propone renovar el capitalismo. Venezuela vuelve a primera página por la reunión del ministro Ávalos con la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez. Ariel Cohen, analista político del think tank Atlantic Council, argumenta sobre el peligro que representa China y la necesidad de que estemos todos unidos bajo Estados Unidos ante esa amenaza. Se concede el Premio Primavera de Novela 2020 a Peridis por El corazón con que vivo, una novela confeccionada a partir de recuerdos y relatos de la Guerra Civil y que apuesta por «el inmenso valor de la reconciliación».

Los efectos del capitalismo hacen cada día más difícil su defensa

El lema de la 50 edición del Foro de Davos ha sido “La movilización de los grupos de interés por un mundo cohesionado y sostenible”.

«Somos muchos los que hemos visto que esta forma de capitalismo ya no es sostenible», ha dicho Klaus Schwab, uno de los fundadores del Foro. Hay consenso en que el capitalismo tal y como lo conocemos está generando violentos antagonismos, peligrosos desórdenes como la inestabilidad laboral, la creciente desigualdad y el rápido y fuerte deterioro medioambiental.

Volvemos a oír la vieja frase, repetida en todas las crisis y en seguida olvidada, de que para que el capitalismo sobreviva debe reinventarse. Se pretende defender la globalización en su forma actual y al mismo tiempo cumplir el Acuerdo de París y la Agenda 2030. Y ello a base de que el «capitalismo de los grupos de interés» abandone el rendimiento económico como único objetivo y busque el beneficio del total de la sociedad. El presidente del foro exhorta a las grandes empresas a que «paguen un porcentaje justo de impuestos, se muestren cero tolerantes con la corrupción, respeten los derechos humanos en sus cadenas globales de suministro y defiendan la competencia en igualdad de condiciones». Las empresas deben ganar, pero la sociedad debe percibir parte de ese desarrollo (el llamado modelo “win-win”).

El mismo FMI defiende ahora un aumento del gasto social ante el repunte de las protestas, abandona la defensa a ultranza de la austeridad y defiende la política fiscal como vía para aumentar la inclusividad y la cohesión.

Se habla de capitalismo progresista (Joseph Stiglitz), socialismo participativo (Thomas Piketty), Green New Deal (Alexandria Ocasio-Cortez) o democracia económica (Joe Guinan y Martin O’Neill).

Por mentira que parezca las críticas actuales al capitalismo no vienen de la izquierda, sino de los representantes de las oligarquías financieras más poderosas del planeta.  Ello parece que ha abierto la veda y son cada vez más abundantes los artículos que aparecen en la prensa afirmando que el capitalismo en su forma actual es inviable. Para los pocos que venimos muchos años diciendo que el capitalismo es un sistema irracional e injusto, y en modo alguno inevitable, es una suerte que otros vayan llegando a descubrir esta verdad elemental, aunque sólo a medias (sólo se refieren al capitalismo neoliberal imperante).

La previsible respuesta conservadora, aparte dar buenos e inútiles consejos a las grandes empresas depredadoras, será convertir en un nuevo negocio el paso a energías limpias y promover políticas que atenúen la pobreza de grandes masas de la población mundial, incluso aunque para ello los ricos tengan que aceptar un ligero aumento de la presión fiscal.

Una medida complementaria puede ser el favorecimiento de las extremas derechas como dique de contencion frente a las izquierdas del mundo.

Por ello frente a este propósito de la enmienda conservador conviene insistir en que no sólo tiene los siguientes vicios el capitalismo neoliberal, sino todo capitalismo, incluido el moderado por políticas socialdemócratas:

a) Conceder a la lógica del mercado la facultad de organizar la producción y distribuir la riqueza, con dos efectos inevitables: que no se produce para satisfacer las necesidades legítimas, sino para obtener beneficios, de forma que la asignación de recursos depende de la capacidad adquisitiva de los consumidores. Esto no sería nefasto si la riqueza estuviera justamente repartida. Pero resulta que otro efecto de la lógica del mercado es que los ricos van siendo cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. De manera que hay recursos para satisfacer los lujos más obscenos, pero no para dar a millones de personas alimentos, vivienda, educación y sanidad. Con el agravante de que su riqueza da a los ricos un poder irresistible para hacer ilusoria la democracia, dirigiendo en su beneficio la legislación. De esta forma el sistema irracional e injusto se blinda a sí mismo haciendo imposible cualquier cambio por beneficioso que sea para la mayoría. Acabo de leer que los algoritmos han empezado a controlarnos. No temo nada de los algoritmos, sino de las empresas privadas que utilizan los algoritmos. Son ellas las que llevan mucho tiempo controlándonos.

b) El capitalismo cae en crisis periódicas y para evitarlas en lo posible se ve obligado a un crecimiento permanente haya o no necesidades legítimas que satisfacer, producción que no sólo exige un exceso de energía contaminante, sino que afecta de manera imprudente a los recursos naturales. Con la secuela de que para promover un consumo innecesario es imprescindible un mecanismo de publicidad cada vez más atosigante y tóxico.

Todo esto indica que, frente a la respuesta cosmética conservadora, la verdadera solución, si queremos vivir en democracia y salvar el planeta, requiere estas medidas:

-Nacionalizar todos los espacios de interés público (comunicaciones, energía, sanidad, educación, entidades financieras, empresas farmacológicas, alimentación), de tal forma que la producción y distribución pueda ser diseñada racionalmente, lo que exige legislar contra la producción y el consumo irresponsables y poner coto a la publicidad hasta conseguir que prácticamente desaparezca.

-Armonizar mundialmente producciones y consumos bajo una legislación internacional a cargo de una ONU con poderes ejecutivos y en la que no funcione el derecho de veto. Eso, y sólo eso, sería una globalización correcta.

-Poner un límite razonable a la riqueza privada (por ejemplo, entre 5 y 10 millones de euros) con impuestos del 100% por encima de ese límite.

¿Imaginan cómo sería el mundo?

Estas medidas imprescindibles son hoy por hoy imposibles, pero sólo por la oposición frontal del poder económico. Sería sin embargo un paso que la izquierda parlamentaria hablara de ello a la gente desde los púlpitos que las instituciones le conceden.

Venezuela, Venezuela

¡La que se ha armado porque el ministro Ávalos fue al aeropuerto a hablar con la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez! El furor impostado de la derecha ha alcanzado cotas ridículas, sólo justificables si el ministro Ávalos hubiera ordenado un genocidio. Se puede tratar con Guaidó, con Bolsonaro, con los jeques del Golfo Pérsico, con el rey de Marruecos o con dignatarios estadounidenses, y nada de esto contamina, pero no cabe relación alguna con Maduro y su gente. Cualquier relación con ellos se presenta como traición a los valores occidentales. La derecha se parodia a sí misma, pero es necesario repetir que, si no fuera lastimoso el estado cognitivo de la población española, esa derecha no podría llegar tan lejos por el camino de la desvergüenza impune.

La culpa del PSOE no está en que un ministro socialista haya hablado en Barajas con la señora Rodríguez, sino en haberse apresurado a reconocer a Guaidó como presidente en funciones sólo para seguir servilmente las indicaciones de Estados Unidos. Sobre la situación de Venezuela cuando Guaidó se autoproclamó presidente nos ilustran varios artículos publicados en enero y febrero del pasado año en Público y en Diario.es (La estrategia del terror contra Venezuela: carta abierta al presidente del gobierno Pedro Sánchez, de Andrés Piqueras; Venezuela: la crisis moral de la prensa española (I, II y III) de Asier Arias; Las nueve razones de EEUU en declarar la guerra a Venezuela, de Nazarnín Armanian; y La nueva Guerra Fría y Venezuela, de Boaventura de Sousa Santos), por no citar el informe del experto independiente de la ONU Alfred de Zayas, o la opinión de Rodríguez Zapatero como mediador en el conflicto venezolano.

El enorme pecado de la revolución bolivariana fue convertir al Estado en gestor de los recursos naturales en beneficio del pueblo, algo que iba en perjuicio de las multinacionales petroleras y de la burguesía explotadora venezolana. Chávez hizo una revolución que beneficiaba grandemente a capas de la población hasta entonces marginadas, que pudieron acceder a una vivienda, a educación y a medicina. De manera que era necesario acabar con semejante ensayo.

Es lo que ha venido haciendo Estados Unidos en América latina ante cualquier intento progresista. En Cuba y Venezuela no ha tenido por el momento éxito completo, pero ha conseguido asfixiar la economía de estos países mediante represalias económicas y políticas secundadas por los países vasallos, y ha amparado económica y políticamente todo intento interno de subversión. Sean cuales sean las críticas que cabe hacer al régimen de Maduro no es decente hacerlas sin mencionar a Estados Unidos y su poder corrosivo. Sin embargo los medios españoles sacan a colación el tema de Venezuela como si Estados Unidos no existiera.

Las bases americanas y la Otan para defendernos de China

1. Desde El País nos dice el antes citado Ariel Cohen que la confrontación global entre Estados Unidos, la superpotencia preponderante, y China, la máxima competidora, será el elemento decisivo del sistema político internacional de las próximas décadas, y que por tanto es un requisito vital conseguir coaliciones. Entre los apoyos de Estados Unidos están Japón, India y Australia, pero se cuestiona si podría contar con Europa. Por ello es un reto aún pendiente para Washington y Bruselas que los países de la Unión Europea apoyen a Estados Unidos y reconozcan la amenaza que China representa para su seguridad y prosperidad. Europa y Estados Unidos deben definir con claridad sus intereses y tienen que reconocer y defender el sistema político democrático y la civilización occidental. Eso, señala Cohen, debe conseguirse redoblando la colaboración estratégica occidental, incluyendo el apoyo europeo a la posición de Estados Unidos frente a Rusia e Irán. Del fortalecimiento del vínculo entre Europa y América depende el futuro de Occidente, concluye el autor.

Cohen argumenta su tesis recordando una reciente investigación sobre espionaje de dos ex altos cargos comunitarios sospechosos de trabajar para Pekín, débil argumento, puesto que todos los países tienen sus espías aquí y allí. Añade que China tiene como importantes activos estratégicos su alianza con Rusia y el apoyo prestado por Pakistán, a lo que añade su poderío nuclear y la capacidad de explotación de materias primas. Pero esta es razón poco convincente porque hay otros países con alianzas, poderío nuclear y explotación de materias primas, así que Cohen termina diciendo que Pekín pisotea la propiedad intelectual y subvenciona generosamente sus sectores económicos. Y para demostrar que el sistema político chino es incompatible con el occidental se refiere a la represión de los enemigos políticos del presidente Xi Jinping o de los musulmanes de la región de Xinjiang.

¿Se puede llegar más lejos en la pobreza argumental? 

2. Vamos a ver, lo que el poder militar de Estados Unidos defiende, con la OTAN subordinada a él, es su predominio imperial.

Las flotas americanas surcan todos los mares con armamento atómico y enorme poder defensivo y ofensivo de armas convencionales, utilizando para ello bases militares en países vasallos, España entre ellos. Si cualquier país en el mundo pone en peligro el predominio estadounidense será adecuadamente escarmentado. Y para eso, para el “América primero” de Trump, tenemos que actuar como peones útiles, pero sin voz, voto ni ventajas. Sólo desventajas e indignidad.

El problema de Estados Unidos es que hay otros países que tienen un poder militar suficiente para defenderse, incluido el armamento atómico. Especialmente Rusia y China. Y que China progresa económicamente a tal velocidad que es previsible el momento en que deje atrás a Estados Unidos. Pero que China se configure como el enemigo principal de la hegemonía estadounidense no quiere decir que sea un peligro para nosotros. Estados Unidos exige a Europa que actúe contra Huawei alegando que no se puede dejar en manos chinas la tecnología 5G. Es natural que Estados Unidos quiera que Occidente dependa de la tecnología 5G estadounidense, por ahora más atrasada, pero ¿resulta para Europa más peligrosa la tecnología china que la americana?

Nada tenemos que temer de China que no debamos temer de Estados Unidos, porque cuando dicen que China es el principal enemigo de Occidente no se refieren a nosotros, sino a las multinacionales occidentales, en especial a las estadounidenses.

Lo que por ahora sabemos es que China organiza su influencia en el mundo de manera menos agresiva y explotadora que lo hicieron los países occidentales imperialistas y que lo sigue haciendo Estados Unidos.

3. La palabra “libertad” se utiliza para sacralizar el sistema político occidental y demonizar a todo el que se le enfrente. Tú eres libre, se dice al menesteroso que tiene que pedir limosna. Y es cierto, el menesteroso es libre para pedir limosna allí donde no estorbe demasiado. Se dice al ciudadano: eres libre para crear un partido político y para votar al partido que quieras, y es cierto, sólo que ello no impedirá que gobiernen los partidos procapitalistas, porque cualquier opción antisistema ha sido previamente desactivada y si a pesar de ello llega al poder será derrocada. Vean el caso de Grecia y los numerosos casos de América Latina. Sois libres, se dice a los padres, para elegir la educación que dais a vuestros hijos, pero los pobres no pueden dar a sus hijos ni siquiera el lenguaje imprescindible para que pasen con éxito la educación obligatoria y lleguen a la universidad. Sois libres para enseñar, se dice a los maestros, pero si un maestro habla de lo que no conviene se le acusa de adoctrinar, mientras se subvenciona a los adoctrinadores habituales. Sois libres para montar imperios mediáticos, se dice a todos aquellos que no tienen dinero ni para comprar un periódico en el kiosko. En fin.

En Occidente triunfa la libertad (salvo en Cuba y Venezuela) y esa libertad no existe en China ni en Rusia. Pero en Occidente gobiernos, parlamentos y jueces acatan el poder imperial y aceptan las sanciones con que el sátrapa de turno castiga desde la Casa Blanca a los países que no se someten a su interés. Y todos los medios de comunicación influyentes hablan de esas sanciones, pero sin discutir su legitimidad, como si no fuera la ONU, sino Estados Unidos quien puede imponerlas. Es Estados Unidos el que decide si un país puede tener o no armamento atómico, si se ha hecho merecedor o no de sanciones económicas. Es Estados Unidos el que, con una retórica de teología infantiloide, habla de un Eje del Mal para caracterizar a algunos países sólo porque no los controla.

Y los demás países de Occidente carecen de libertad para decír ¡Ya está bien! Ahora el gobierno español quiere algo tan razonable como establecer una tasa Tobin y un impuesto sobre los beneficios que obtienen en España los servicios digitales de plataformas. Y ya Trump nos ha hecho saber que responderá con mucha dureza. ¿Nos atreveremos nosotros a responder a esa dureza exigiendo la devolución de las bases militares?

Desafortunadamente España no puede actuar en este asunto en su propio interés. Es un país vasallo, sin autonomía política, desde que Franco, para hacerse perdonar su fascismo, vendió un trozo de la soberanía del país. Luego Felipe González mantuvo la cesión de las bases y cambió su OTAN NO por OTAN SÍ cuando le dijeron que eso era condición para apoyarle en su ascenso a la jefatura del gobierno. Así está el tema.

¿Podríamos intentar recuperar nuestra autonomía en la medida en que formamos parte de la Unión Europea? No, porque tampoco esa Unión existe como entidad capaz de decidir libremente. Es una unión económica regida por oligarquías poderosas, promotoras de la política neoliberal, a las que interesa la capacidad disuasoria de Estados Unidos (de la que Europa carece) como defensa contra cualquier intento de alterar la situación mundial. Así que tiene que someterse al maltrato estadounidense, incluso cuando ese maltrato alcanza las cotas trumpianas. Europa se quitó el disfraz cuando actuó brutalmente contra Grecia, que sólo intentaba una política muy razonable, pero contraria a los insensatos designios del capital. Desde entonces la UE es un fantasma deslegitimado, en el que la ultraderecha va creciendo como consecuencia de los estragos sociales que ha causado esa política neoliberal. Tanto ha crecido la xenofobia de la ultraderecha que ha acabado inspirando la vergonzosa sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo con la que ha cambiado la anterior doctrina sobre las devoluciones en caliente de inmigrantes.

La distinción entre enemigos y adversarios, la memoria histórica y el ideal de la reconciliación

1. La teoría sobre adversarios y enemigos, a la que se hace frecuente referencia, se puede resumir así: La rivalidad y el pluralismo competitivo son inherentes a la sociedad democrática. Los que concurren en la búsqueda de objetivos comunes pueden diferir en la interpretación de esos objetivos y por eso se enfrentan, ya sea en el mercado, ya sea en las elecciones. Son adversarios. En cambio los enemigos se enfrentan porque el objetivo de cada uno de ellos es la destrucción del otro.

Esta teoría puede aplicarse al presente o al pasado.

Aplicada al presente tenemos que dentro del espacio procapitalista hay adversarios, mientras que procapitalistas y anticapitalistas no son adversarios, sino enemigos.

Desde la concepción conservadora los procapitalistas son prosistema, es decir, algo bueno. Los anticapitalistas son antisistema, es decir, enemigos de todo lo bueno. Es natural por tanto que los prosistema quieran destruir a los antisistema, único modo de que las cosas tomen un buen curso.

Desde el punto de vista opuesto hay que decir que es muy sensato desear que los prosistema desaparezcan, ya que imponen políticas criminales que causan enorme dolor a una gran parte de la población.

La cuestión está en el método que se elige para la desaparición del enemigo. Puede ser el método franquista de la destrucción física, o puede utilizarse como método el progresivo aumento de la justicia y la educación.

2. Si trasladamos el modelo adversario-enemigo al tema de la memoria histórica, vemos que la derecha pretende absolver a la izquierda como forma de absolverse a sí misma. Insiste en que antes y durante la guerra civil todos cometieron crímenes, que no hay que reabrir las heridas pasadas y que lo mejor es la reconciliación. Dejemos de ser enemigos y reconciliémonos.

Esta idea viene siendo defendida en artículos, novelas y películas. En El País de 1 de febrero pasado se quejaba Fernando Sabater, refiriéndose a Mientras dure la guerra, de Amenábar, de que las películas que narran la vida y sucedidos de personajes reales sean juzgadas como si fuesen documentales.

Mientras unos se han entretenido en afear inexactitudes los demás disfrutamos la película sin mayores preocupaciones. Tiene ritmo y equilibrio narrativo. Karra Elejalde es un creíble Unamuno; Eduard Fernández, un Millán Astray divertido y espectacular, pero sobre todo Santi Prego hace un Franco fabuloso en su minimalismo, una interpretación que ayuda a pensar mejor al siniestro personaje. Para documentarse más hay que ir a la biblioteca, no al cine.”

Este párrafo define muy bien la retórica habitual de Sabater, en la que una visión conservadora va revestida de aparente sentido común y desparpajo, pero siempre haciendo trampa.

Claro que se puede introducir en una película biográfica alguna inexactitud que favorece el relato, pero otra cosa es entrar en una batalla ideológica tomando partido por uno de los bandos, precisamente el que no tiene razón. Y ofrecer con ello a muchos espectadores una versión falsa que van a aceptar como verdadera en tema tan sensible, salvo que ocurra el milagro de que todos ellos sientan el repentino deseo de ir a una biblioteca. Aún así, ¿qué encontrarán en la biblioteca?

La película de Amenábar viene a decir que se cometieron tropelías por ambos bandos, que la república debió ser algo malo, ya que un intelectual tan lúcido como Unamuno, que la había defendido, se desilusionó y se adhirió al golpe militar. Y que como también los franquistas hicieron cosas feas, se arrepintió cuando las víctimas fueron amigos suyos. Esta visión de lo ocurrido viene a apuntalar lo que la derecha dice en su descargo.

Lo que la película no dice es que España venía siendo explotada hasta extremos insoportables por un consorcio de curas, militares, terratenientes y financieros. Que había por tanto mucha gente con odio justificado hacia los explotadores. Que el Frente Popular pretendía modernizar España y acabar con esa lacra. Que esto resultaba insoportable a las oligarquías explotadoras y que por eso dificultaron primero con toda su fuerza el funcionamiento de la República y organizaron luego el sangriento golpe militar.

Desafortunadamente nada ha hecho la izquierda por dejar claro, con datos, cómo era la vida de la gente en la España de 1930, qué fue la República, qué cosas pretendía y por qué esa República se puede considerar el periodo más esperanzador de la historia de España.

Tampoco ha sabido exponer que la violencia del explotado que odia con razones legítimas no es comparable con la violencia del explotador que odia al explotado sólo porque se resiste a su dominio. Pero sobre todo, no ha exigido que se narre en las escuelas la indescriptible violencia que hubo terminada la guerra, violencia que estuvo sólo a cargo del Régimen franquista, cuyo designio, del que Franco se vanaglorió muchas veces, era acabar mediante torturas y asesinatos con la España roja.

3. Volvamos a la reconciliación, la que impuso la “modélica Transición”, consistente en que el franquismo siguió con sus beneficios y su poder y puso una mordaza a la izquierda a cambio de dejarla jugar al juego de las instituciones.

Esa es la reconciliación que se ensalza. El fallo del jurado que ha concedido el premio Primavera a Peridis dice que «se trata de una novela que, a partir de un drama familiar que representa la gran tragedia que supuso la Guerra Civil, apuesta por el inmenso valor de la reconciliación». También el novelista Cercas ha escrito sobre dramas familiares para acabar ensalzando la reconciliación. Pero ¿qué quiere decir reconciliarse? ¿Puede reconciliarse la mujer con el hombre que la maltrata y la amenaza de muerte? Ya sabemos a qué conduce esa reconciliación: a que la mujer sea asesinada por el hombre. Otra cosa sería la reconciliación de la mujer con un hombre que la maltrató, pero que está realmente arrepentido y que no ha vuelto a recaer en comportamientos violentos.

¿Hay arrepentimiento en la derecha por los horribles crímenes que cometió el franquismo? Ahí la vemos añorando al genocida Franco, considerando un agravio que se haya sacado su cadáver del Valle de los Caídos, resistiéndose a sacar al genocida Millán Astray de la iglesia de la Macarena, insultando a las víctimas del franquismo. No nos engañemos. Sigue habiendo dos Españas irreconciliables, como bien se ve ahora con el auge de Vox.

Si la gente sensata se pregunta cómo salir de esta situación y llegar a una España reconciliada hay que responder que el camino no es olvidar lo ocurrido, sino tenerlo muy presente y eliminar todo aquello que acrecienta la ignorancia y el resentimiento, caldo de cultivo de los odios que la extrema derecha promueve.

Claro que para ello sería necesario acabar con el sistema impuesto por la codicia de los ricos. Y claro que a ello se opone el poder de los ricos.

Miedos

¿Dice algo de esto la izquierda parlamentaria?

Esa izquierda está muda, asustada, sin atreverse a sacar la cabeza de la madriguera en que lleva metida desde aquella “transición modélica”.

El miedo de esa izquierda consiste en esto: como no dispone de medios de comunicación que puedan neutralizar la brutal militancia de los medios privados influyentes, no se atreve a decir nada que pueda provocar una catarata de descalificaciones con efectos electorales.

Es el miedo que atenazó al ministro Ávalos cuando se hizo pública su entrevista con Delcy Rodríguez. Ávalos no hizo nada malo al entrevistarse con la señora Rodríguez, pero sí al mentir una y otra vez por puro miedo.

No meterse en jardines, no criticar a las oligarquías americana y alemana, no usar la palabra “capitalismo”, hablar de mitigar las desigualdades pero sin afirmar que las grandes fortunas son un crimen, bordear todos los temas conflictivos. Callar, callar.

Nota aclaratoria

Cuando digo Estados Unidos no me refiero a la población estadounidense, sino al poder representado por la CIA, la Casa Blanca y el Pentágono, brazo armado del poder económico de sus multinacionales. Gran parte de la población estadounidense, como en cualquier otra parte del mundo, vive engañada y ahora asustada por las consecuencias que también para ella ha tenido la política neoliberal. Pero todas mis simpatías para esa parte de la población estadounidense que vota a Bernie Sanders.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL GOBIERNO DE COALICIÓN IU-PSOE

En UP había partidarios de entrar en el gobierno y otros que preferían pactar un programa de legislatura y vigilar su cumplimiento desde fuera, libres para denunciar ante la población cualquier incumplimiento.

Mi opinión es que hubiera sido preferible pactar un programa de legislatura sin entrar en el gobierno, pero no es éste el asunto que me parece importante, pues pertenece a la estrategia a corto plazo. Lo grave es que las razones que se han dado sugieren que la izquierda parlamentaria está tan sometida a la concepción electoralista que no ve más allá, y que por eso no está haciendo nada de lo mucho que debería estar haciendo. Los dirigentes de Podemos ven la entrada en el gobierno como la consecución, en el sexto aniversario de su nacimiento, del “principal objetivo político del partido”.

En una entrevista publicada en noviembre de 2019 (Diario Público) Pablo Iglesias decía que la vieja extrema izquierda es capaz de dar un gobierno en solitario a los socialdemócratas antes de mancharse las manos y entrar dentro, pero que ese no es el estilo de Podemos.

Nosotros no hemos venido aquí para hacer un discurso anticapitalista y después entregarles el gobierno a los socialdemócratas. Hemos venido para gobernar nosotros dentro de las posibilidades que hay… Que alguien me diga que lo que hay que hacer es construir el socialismo es algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero entonces qué hago. ¿Presentarme a unas elecciones y ganarlas? “No, no, no, porque aunque las ganaras no lo podrías hacer”. ¿Y qué hago? “Esperar a que las masas…”. Creo que ya tengo unos años para ciertas cosas.

Esta es una manera falaz de plantear el asunto. Por una parte sobra el “nosotros” referido a los miembros de Podemos. El líder de Podemos ha concedido enorme importancia a entrar en el gobierno porque es su única forma de ofrecer algún resultado aparentemente valioso después de la pérdida de votantes en las sucesivas elecciones. Pero si hubiera decidido lo contrario, eso sería lo que hubieran ratificado las bases. Aquí tenemos un primer punto a destacar: el funcionamiento democrático dentro del partido exigiría prescindir de líderes carismáticos que marcan el camino y cuyo carisma, no lo olvidemos, se debe casi en exclusiva a la retórica (la gente adora la retórica). Abrir el tema a la discusión en los círculos y tomar luego una decisión realmente colectiva requiere, claro está, una militancia con conocimiento e información suficientes. Entonces sí se podría hablar de un “nosotros”. ¿Qué se está haciendo para que la militancia disponga de ese conocimiento y esa información?

Segunda cuestión: no se trata de esperar a que las masas… sino de actuar para que las masas…

Se oyen con mucha frecuencia diatribas contra los coherentes guardianes de la pureza que prefieren fracasar en la realidad para mantener intactas sus inmarcesibles esencias. Se repite que una actitud antisistema viene a satisfacer la moral de una izquierda elitista y ensimismada, pero sin incidencia en la realidad, mientras que desde un gobierno, “manchándose las manos”, se pueden hacer muchas cosas para resolver los problemas de la gente.

Los pragmáticos que así hablan no ven, por falta de imaginación, alguna alternativa a mancharse las manos dejando de lado los principios o mirarse el ombligo sin hacer nada.

Consideremos primero qué se puede conseguir con el gobierno de coalición y en qué sentido es muy poco, y luego veremos si eso no se conseguiría también, y con creces aparte cosas más importantes, desde una organización de izquierda anticapitalista bien diseñada y alejada de todo electoralismo.

Lo poco que se puede conseguir desde un gobierno de coalición

Las propuestas socialdemócratas del gobierno de coalición IU-PSOE son muy tímidas, pero además se enfrentan a muy sólidos obstáculos y sin suficiente apoyo popular estable, apoyo que UP no ha sabido ganarse. Imaginemos sin embargo que ese Gobierno sale adelante y que obtiene suficiente respaldo parlamentario para aprobar unos presupuestos más sociales, devolver derechos a los trabajadores, hacer más progresiva la legislación fiscal, mejorar la relación de Cataluña con el Estado, etc. Puestos a imaginar, supongamos que no se privatiza Bankia, que se derogan las reformas laborales del PSOE y del PP y que se consigue recuperar el dinero dedicado a rescatar a la banca (dinero que no se sabe por qué, a diferencia de lo ocurrido en otros países, la banca española no devuelve). Añadamos una ventaja que pertenece al dominio de la estética: se nos libra del penoso y diario espectáculo que ofrece la derecha en el poder.

¿No tiene todo esto suficiente importancia? Tiene la que tiene. Pero de ninguna manera se aproxima a asaltar los cielos ni a resolver los problemas de la gente.

Compárese este tímido programa con el intento de Jeremy Corbin de “reescribir las reglas de la economía para que funcione para una mayoría y no para unos pocos”: aumento de ingresos estatales en casi 100.000 millones de euros anuales extraídos de los que más tienen, nacionalización parcial de British Telecom para dar banda ancha gratuita a todos los hogares, subir más de un 33% el salario mínimo, reducir en el plazo de diez años la jornada laboral a 32 horas sin tocar el salario percibido, construir 100.000 viviendas sociales al año e implantar la gratuidad de las matrículas universitarias, renacionalizar los servicios de ferrocarril y de transporte en autobús, renacionalizar el Royal Bank of Scotland, aumento de hasta el 26% del impuesto de sociedades (actualmente en el 19%); o una subida de las cargas fiscales a aquellos que cobran más de 90.000 euros al año.

En ese programa se respalda la celebración de otro referendo “legalmente vinculante” sobre la permanencia en la UE, pero dejando claro que si triunfara la opción de la continuidad, el Reino Unido no aceptará el statu quo, sino que “trabajará con los socios europeos para perseguir una reforma radical de la UE, en particular para asegurar que su fortaleza colectiva se centre en erradicar la emergencia climática, la evasión fiscal y terminar la austeridad y la desigualdad”.

Se alega que precisamente por el radicalismo de su programa Corbin ha perdido las elecciones, pero el programa no era en absoluto radical, y según los datos de las encuestas más fiables la mayoría de la población estaba de acuerdo con sus medidas económicas y sociales. Pero se interpuso la ambigüedad de Corbin en el asunto del Brexit. Dejemos de momento este asunto, al que en seguida volveré.

¿Resolver los problemas de la gente?

Se debería saber de sobra que resolver los principales problemas de la gente en este sistema social es ilusorio.

Lo seguro es que, aunque se cumplieran todas las expectativas de UP, seguiremos lejos de vivir en democracia y las cuestiones básicas no cambiarán. De poco va a servir el gobierno de coalición para democratizar España y transformar algunas de las cuestiones que entorpecen su progreso. Por ejemplo:

Aunque muy levemente mitigadas, las insoportables desigualdades económicas seguirán marcando la vida social.

Los medios de comunicación privados seguirán en manos del capital, monopolizando de hecho la información y ahormando día tras día la opinión de millones de españoles.

El consumo creciente seguirá siendo imprescindible para que la economía capitalista no entre en crisis y ello requiere una omnipresente publicidad, cuyos valores, para que sea efectiva, han de ser copia de los de la población a que se dirige y a los que refuerza. La publicidad seguirá siendo una funesta escuela para nuestra juventud, una insistente promotora de valores antisociales y machistas, y además una permanente incitación al consumo superfluo (que como sabemos genera una presión sobre los recursos naturales insoportable a largo plazo y es una de las causas del cambio climático). La escuela concertada seguirá recibiendo el dinero estatal que debería dedicarse a la enseñanza pública, mientras la escuela pública, sin capacidad para neutralizar las potentes antiescuelas, seguirá enseñando una teoría social conservadora y escamoteando la verdadera historia de este país.

Los grandes sectores que deberían ser de propiedad pública (economía financiera, energía, alimentación, comunicaciones, plataformas digitales, fármacos, agua) seguirán en manos privadas y administradas bajo el sólo criterio del beneficio privado. Los datos personales de la población seguirán en manos privadas para designios privados y las redes sociales carecerán de controles democráticos.

El poder económico seguirá manejando su red mundial de extorsión y corrupción, intacto su poder de coacción y chantaje sobre las instituciones políticas, con fuerza para impedir que aumente la presión fiscal sobre los ricos en la cuantía debida y para mantener sus paraísos fiscales y la opacidad de las leyes. Sus esbirros (presidentes de Bancos Centrales y organizaciones empresariales, líderes políticos, editorialistas, comunicadores, y tras todos ellos, miembros bien promocionados de la intelligentsia) seguirán augurando las mayores catástrofes si se lleva a cabo cualquiera de las tímidas medidas que se llaman progresistas. De hecho lo han venido haciendo en previsión de que el gobierno de coalición terminara saliendo adelante.

Siendo así las cosas, la cuestión es calcular cuál será el precio a pagar por las pequeñas mejoras que el poder económico esté dispuesto a tolerar a este gobierno. Y el precio es sobre todo ideológico: solidarizarse con una tímida política socialdemócrata participando de la ideología que acepta sin réplica muchos de los efectos perversos del Sistema.

¿Dónde está el verdadero problema?

UP ha ido perdiendo votos elección tras elección mientras la extrema derecha ha ido ganando votos de manera que a muchos parece alarmante. En todo caso el problema no está en Vox, sino en las gentes que conforman esa masa electoral que escatima su voto a UP y lo entrega masivamente a Vox.

Analizando por qué en EE UU, en España y en otros países europeos asciende la extrema derecha, que es votada en barrios populares que tradicionalmente votaban izquierda, Viçent Navarro se opone a la explicación más frecuente de este comportamiento, la que dice que se debe a la ignorancia, poca educación y carencia de cultura de las clases trabajadoras, vulnerables a ser engatusadas por cualquier demagogo. Son otras según él las razones por las que muchos miembros de estas clases han votado el Brexit, o a Trump o a la extrema derecha europea.

Por lo que afecta a Europa, se trata de que la imposición de las políticas neoliberales en la UE han ido causando un claro descenso del porcentaje de las rentas derivadas del trabajo sobre el total de rentas (siendo este hecho incluso más acentuado en los países de la Eurozona). Pero este descenso no ha sido uniforme, pues junto al aumento de las rentas derivadas del capital se ha dado un crecimiento de los salarios del sector profesional asalariado de alto nivel educativo (la clase media alta cosmopolita), acentuándose todavía más la polarización social por el deterioro de la calidad de vida y el bienestar de las clases populares (menor salario, peores condiciones de trabajo y destrucción y pérdida de la protección social como consecuencia de los recortes de sus derechos sociales).

Esto ha llevado al descrédito de la izquierda que, como parte del establishment, no ha sabido reaccionar en defensa de las clases populares. Es por ello lógico (y nada tiene que ver con su supuesta falta de cultura o educación) que tales clases estén en contra de la globalización económica y contra la Unión Europea, en tanto que dicha Unión cuenta con la adhesión de las asociaciones patronales, el gran capital y las clases medias de renta media alta y alta (profesionales con educación superior).

A esto se añade el miedo de los trabajadores a que los inmigrantes les quiten su puesto de trabajo (o que les abaraten el sueldo, pues es conocido que el empresario se aprovecha de tener trabajadores inmigrantes para bajar los salarios de su empresa). Se añade también otro elemento clave de su inseguridad, que es el miedo a perder su identidad frente al internacionalismo de la globalización liberal, siendo el nacionalismo la respuesta identitaria previsible. Si se ve a los inmigrantes como una variable que daña su seguridad, el racismo y el clasismo no son la causa, sino la consecuencia de esa inseguridad. Para revertir lo primero hay que resolver lo segundo, pero amplios sectores de las izquierdas no parecen ser conscientes de que el aumento del racismo, del nacionalismo y del machismo de que se nutre la extrema derecha es la consecuencia y el síntoma de la causa principal: la inestabilidad e inseguridad de los sectores más vulnerables de la población.

Hasta aquí el argumento de Viçent Navarro, en gran parte válido, pero que tiene el inconveniente de que nos lleva a un problema sin aparente solución: pues para revertir los efectos de la política neoliberal hay que hacer otras políticas económicas, pero no se pueden hacer porque las clases populares votan a partidos que defienden los intereses de las clases altas. Si decimos, por ejemplo, que las clases populares han votado a Trump por resentimiento contra el establishment, ello quiere decir que no han sabido captar algo tan evidente como que Trump forma parte de él.

Creo por ello que, aunque con una matización, hay que tomar en cuenta algo que Navarro no acepta, y es el lastimoso estado cognitivo de las clases trabajadoras. La matización es que ese lastimoso estado no es sólo de ellas, también de las clases restantes, dado que las mentes de la población vienen siendo adoctrinadas por unos medios de comunicación y por unos programas educativos prosistema, algo señaladamente grave en España, donde se añade que su historia reciente se ha contado en las escuelas, los púlpitos y los medios como convenía al grupo franquista que controló la Transición.

Ignorancia y buena educación

Concretemos más qué puede enetenderse por cultura y buena educación, para que quede claro en qué sentido puede decirse que la deficiente cultura y educación no es algo asignable a las clases trabajadoras, sino a casi toda la población actual, incluyendo a prestigiosos comunicadores que alardean de títulos universitarios.

Lo que las personas piensan, desean y hacen depende de sus afectos y de sus conocimientos. Los afectos pueden ser más o menos empáticos y solidarios. Los conocimientos configuran teorías, y en el ámbito que aquí nos interesa, el de la realidad sociopolítica, tenemos dos teorías básicas para cuya descripción me remito a ¿Qué izquierda hay en España? Puede resumirse tal descripción diciendo que la teoría conservadora, la que ha interiorizado casi todo el mundo, no importa la clase social, es un conjunto desordenado de mentiras y errores prosistema que idealizan la situación social (o al menos la defienden como la menos mala entre las posibles), y que demonizan cualquier intento de cambio.

La segunda teoría, única compatible con los innumerables datos que aportan las ciencias sociales, es la teoría marxista puesta al día, precisamente uno de los objetos demonizados por el insistente discurso conservador, que la identifica con el comunismo soviético o que la considera una antigualla del pasado. A estos audaces ignorantes ni se les pasa por la cabeza ofrecer una alternativa, bien instalados como están en la oscuridad teórica que tanto les conviene.

Forzoso es concluir que no es persona ilustrada la que ha interiorizado la “teoría” social conservadora, pues nada cognitivamente valioso se puede derivar de ella por muchos títulos universitarios que se exhiban y por mucho que se domine la propia especialidad. Véanse como prueba las mil tertulias en que esa teoría respalda las sonrojantes intervenciones de los tertulianos.

A su vez, poco se puede conseguir para la real emancipación de la mayoría social si no se promociona la teoría que vale para identificar la dominación y explotación que esa mayoría sufre y la identidad de sus principales actores por bien disfrazados que se presenten.

Otra izquierda

Volvemos así a un tema sobre el que llevo muchos años insistiendo. Creo que una izquierda bien organizada, libre de electoralismo, con valor para argumentar contra el sistema, conseguiría probablemente todo lo que pueda conseguir UP con su gobierno de coalición, pero además otras cosas que van a ser perjudicadas por ese gobierno y que son las fundamentales si miramos a plazo medio y largo.

Para insistir sobre diferencias básicas, imaginemos una organización que no está dirigida por un líder carismático, sino por un amplio órgano ejecutivo que integra juventud y madurez con experiencias en diversos campos, y que está conectado a equipos de expertos en ciencia social (que no es lo mismo que expertos en mercadotecnia). Los integrantes de esa ejecutiva no aparecen en los medios de comunicación, y las personas que aparecen como portavoces no toman decisiones, son sólo portavoces.

Imaginemos que tal organización tiene un partido filial, que se presenta a las eleciones cumpliendo decisiones de la organización sobre programa, listas de candidatos, paticipantes en los debates públicos e índole de los mensajes, bajo el principio de que no se calla lo que hay que decir y se dice todo aquello que sirva para combatir la “falsa conciencia” de la mayoría.

Es muy probable que tal partido, precisamente por hablar claro y sin inhibición ante la verdad, saque más votos que la actual coalición UP. Y entonces nada impide que apoye a otro partido sin entrar en el gobierno, o entrando en un gobierno de coalición, o si ha sido ganador de las elecciones, encabezando ese gobierno.

El reparto de funciones consistiría en que el partido político propondría un programa realista, y por tanto socialdemócrata, y reduciría su actividad a la defensa y realización de ese programa.

En cambio la organización matriz sería libre para denunciar el fraude de nuestras instituciones supuestamente democráticas, denunciar la irracionalidad e injusticia de la economía de mercado, que concede a unos pocos riquezas obscenas mientras sume en la pobreza a millones de personas, demostrar que es posible un mundo donde imperen la igualdad, la libertad y la fraternidad, y señalar a los culpables de que ese mundo posible no esté por ahora a nuestro alcance. Son tantos los datos y argumentos que avalan este programa ideológico que parece mentira que, por puro miedo, la izquierda no los venga utilizando. Las razones que alegan los esbirros del poder económico (economistas, politólogos, comunicadores, editorialistas), apelando a una supuesta ciencia económica, son falsas. Decía Von Kirchmann que una sola palabra del legislador arrasa bibliotecas enteras de doctrina jurídica. Lo mismo se puede decir respecto a la economía: sus “verdades”, defendidas como científicas en innumerables discursos y escritos, quedarían arrasadas con una sola palabra del legislador. Pero al legislador no le dejan pronunciar esa palabra.

Instrumentos

Mientras el partido filial desarrollaría su actividad en campañas electorales e instituciones, la organización lo haría en otros espacios.

En los Círculos, diseñados como ámbitos confortables para el estudio, la discusión, el entretenimiento, la fiesta, el asesoramiento y la interacción de cuantos quieran acercarse. Y también como forma de integración en los barrios.

En una Universidad popular que despliegue una pedagogía efectiva utilizando los niveles conceptuales que se adapten a los distintos grupos de receptores.

En medios de comunicación propios que por su inteligencia, objetividad, claridad y sentido del humor atraigan a más y más lectores, y desde los que se dé la batalla a los controlados por el capital. Por miedo a la reacción de los medios, y a falta de unos medios propios que sepan dar una réplica adecuada, nuestra izquierda domesticada es incapaz de exponer verdades elementales. No lo hace ni siquiera en situaciones que conceden una audiencia excepcional, como esos debates electorales que podrían servir para desenmascarar en lenguaje llano las mentiras de la ideología conservadora. No me refiero a las mentiras sobre datos, sino a las otras, a las que configuran lo que podríamos llamar sociología popular.

Finalmente, en la revitalizacion de una red internacional, de cuyas actividades lleguen noticias frecuentes. Pues no caben soluciones nacionales frente a un capital mundializado y es necesario por ello trabajar para un gran concierto mundial de voluntades, una red internacional de resistencia.

Desafortunadamente, en lugar de dedicar su dinero a estas actividades, Podemos ha invertido en la última campaña electoral 1,2 millones de euros en anuncios pagados de Facebook, más que el resto de partidos juntos (aunque en el caso del PP la red de páginas falsas desvelada por eldiario.es supone un gasto 15 veces mayor que el de 295.000 declarado oficialmente). Un partido no electoralista debería presentarse al electorado pudiendo afirmar que no ha gastado un solo euro en la campaña. Y por este camino seguramente obtendría más votos.

En Podemos no parece que tengan claro que solo mediante una transformación de la ideología de una mayoría social se puede intentar transformaciones que exigen, frente a la resistencia del poder económico, el apoyo continuado y comprometido de esa mayoría.

Una última observación

En este blog he animado a votar a Podemos y yo mismo lo he venido haciendo. Los resultados de la última elección los viví en contradicción, porque deseaba que Podemos tuviera éxito y al mismo tiempo era consciente de que el éxito electoral es lo peor que puede ocurrir a los partidos que están a la izquierda del PSOE. El éxito los lleva a pensar que van por buen camino. Mientras que el fracaso tal vez los lleve a reflexionar y de esa reflexión surja algo mejor. No creo que por ahora. Iglesias ha anunciado que convoca la Asamblea ciudadana estatal y que se presentará como candidato a la reelección. Que el líder carismático se mantenga en el poder queda lejos del funcionamiento democrático que se esperaba. Pero no cabe otra cosa en un partido electoralista, que sólo piensa en cómo conseguir votos. Entonces la persona que puede proporcionarlos se hace imprescindible. Me remito a lo que he escrito en Refundar Podemos. ¿En qué dirección?

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL RESPETO A LA LEY Y LA CONDENA DE LA VIOLENCIA: EL CASO CATALÁN

Vengo defendiendo en este blog que el conflicto catalán es una cuestión de fuerza que no tiene que ver con derechos, leyes o principios democráticos. Está por una parte la fuerza del nacionalismo español, por otra parte la fuerza del nacionalismo catalán, por ahora equilibradas. Si el derecho a decidir lo exigieran 50.000 catalanes no habría cuestión. El problema para el Estado español es que ese derecho lo exige un 80% de catalanes, y la independencia casi la mitad de la población que vota. Ocurre además que esa parte independentista está mucho más motivada que la que quiere seguir perteneciendo a España, y es mucho más activa.

Han ido pasando los años y sigue el duelo de fuerzas equivalentes, con más razones cada día para un armisticio con cesiones por ambas partes. Pero como ese armisticio, demandado por la razón, es contrario a la pasión, seguimos como al principio, aunque con un deterioro social notable.

Si tratamos en todo caso de entender a los nacionalistas irreductibles, vemos que tanto unos como otros aprendieron desde niños el invento de las burguesías para hacer que los explotados defiendan los intereses de los explotadores incluso con las armas en las manos, invento tan hábilmente ligado a la idea de madre (la patria) y de hermandad (todos sus miembros) que lleva con facilidad al comportamiento fanático. En esta visión romántica la nación es concebida como un territorio animado por un espírito que unifica al pueblo y que se manifiesta sobre todo en la lengua, en la que todos los rasgos culturales han ido dejando su huella a lo largo de siglos. El nacionalista catalán se enorgullece de las tradiciones campesinas, la tendencia asociativa de su sociedad civil (cooperativas, ateneos, orfeones), el seny, las fiestas populares, la sardana, los castellets, la historia de lucha sombilizada en la Diada, los regalos de rosas y libros por San Jordi, las calçotadas, el pan de payés con tomate y butifarra y todo lo que se quiera añadir. No cree este nacionalista en las ventajas de la hibridación, ni se conforma con que las costumbres catalanas no estén amenazadas, en el sentido de que todo el que quiera puede hablar catalán, hacer castellets o bailar la sardana. Pues lo que está en peligro no es el comportamiento individual, sino el espíritu nacional que ha de inspirar a la población entera. Y ese espíritu está en peligro por la inmigración, sobre todo la interior, la que ha llegado de Murcia, Andalucía, Extremadura. No es lo malo que los charnegos hayan llegado para trabajar (que eso les ha beneficiado a ellos y también a la economía catalana), sino que se han quedado a vivir en Cataluña y han tenido hijos nacidos en Cataluña, y que todos ellos tienen derecho de voto como si fueran catalanes.

Puesto que lo que pone en peligro a lo más sagrado se convierte en lo más abominable, algunos no han tenido reparos en considerar a los charnegos de inferior calidad genética y cultural para poder así despreciarlos con más razones. A aquellos charnegos que han aprendido a hablar catalán y votan independentista se les puede dar la bienvenida (aunque sin dejar de pensar que no son en puridad catalanes). Pero los que votan contra la independencia son una suerte de cáncer, enemigos de la patria catalana, y no merecen ser tratados como conciudadanos.

Enfrente tenemos el fanatismo españolista, condensado en amor a España como tierra de santos y héroes, de descubrimientos, conquistas y reconquistas, como imperio en el que no se pone el sol, cuya lengua se habla en numerosas naciones hijas de la madre patria, cuyas costumbres reflejan la profunda religiosidad católica del pueblo, con sus procesiones de semana santa y sus romerías de mil vírgenes. ¿Puede alguien en su sano juicio querer romper esta patria común? Pues ahí están esos catalanes que pretenden iniquidad tan grande. Y a ellos sólo cabe decirles que, dado que Cataluña es una parte inseparable de España, si no quieren pertenecer a España sólo tienen la opción de marcharse. Si en cambio pretenden desafiar a la legalidad, caerá sobre ellos toda la fuerza policial y judicial del Estado. Incluso la militar si llega el caso.

Así piensan muchos nacionalistas de un lado y otro, pero ¿son culpables de pensar así? No, así los fabricaron.

Tenemos aquí dos nacionalismos esencialistas que se realimentan. El españolista es tan torpemente pasional que no percibe hasta qué punto favorece el crecimiento del independentismo catalán. Se diría que la derecha española está ahí con sus excesos para favorecer al independentismo al que pretende combatir, al tiempo que excesos del nacionalismo catalán, como el camino unilateral a la independencia, alimentan al nacionalismo español.

No es esta la única paradoja. La CUP se presenta como anticapitalista y republicana, y propone tanto la salida de la UE como de la OTAN. Pero al mismo tiempo ha cambiado el internacionalismo por el nacionalismo y se siente más cercana a los explotadores catalanes que a los explotados catalanes no independentistas y a los explotados del resto de España. Esa izquierda parece abducida por el misticismo de la patria y es la más uraña defensora de la acción unilateral incluso después de haberse demostrado que la fuerza de los independentistas no da para tanto.

La mayor dificultad es que las partes implicadas no pueden reconocer que sus ensueños sólo tienen como fundamento la fuerza. Por el contrario, analizan el caso dando por supuesto que hay valores del más alto nivel que legitiman la posición propia y deslegitiman la contraria. De manera que el conflicto produce una cansina repetición de argumentos que implican como existente lo inexistente.

La parte independentista justifica sus pretensiones alegando que Cataluña es una nación y que por tanto necesita un Estado independiente; que además la independencia es la única forma de evitar que España robe a Cataluña, como ha venido haciendo; y que, por si todo eso no bastara, España es poco acogedora, tiene muchos residuos franquistas y un fuerte nacionalismo españolista desde el que se considera que los catalanes son los peores enemigos de la patria española y se los odia por eso. La cara agria del Estado se ha hecho visible en la sentencia del Tribunal Constitucional modificando en 2008 el Estatuto de Autonomía aprobado por el pueblo catalán en 2006; y ahora en la sentencia del Tribunal Supremo condenando por sedición a líderes políticos catalanes. Si a esto se añade el ascenso de Vox, influyente ya en las instituciones de varias Comunidades, el aspecto desagradable y poco acogedor del Estado español se acrecienta.

Así justificada la pretensión independentista, se fundamenta en el espacio legal argumentando que dentro de la Constitución está previsto el cambio de la Constitución; que la desobediencia civil es la única forma en que los independentistas pueden ejercer el derecho democrático a la autodeterminación mediante un referendum, porque el Estado español les ha venido negando ese derecho; y que son presos políticos quienes han sido condenados por sedición cuando sólo se limitaron a desobedecer. La única solución es la amnistia y la discusión entre los Gobiernos español y catalán para arbitrar una forma en que la sociedad catalana pueda ejercer el derecho democrático de autodeterminación.

La parte unionista acepta que todo es discutible, pero sólo dentro del respeto a la ley; que nuestra Constitución no contempla la posibilidad de un referendum secesionista; que una de las razones del independentismo es el egoísmo típico de las regiones más ricas (el “España nos roba” sólo significa la negativa a que algo de la riqueza catalana se emplee para ayudar a Comunidades más pobres); que el independentismo ha tomado una deriva muy peligrosa al alentar la violencia; y que los líderes del independentismo son políticos presos, no presos políticos, ya que no se les ha condenado por sus ideas sino por su comportamiento delictivo.

Todos apelan, pues, a la democracia, a sus leyes y a sus valores, entendiendo cada bando que los principios democráticos legitiman su posición.

Pero ¿es cierto que estamos ante una cuestión de principios democráticos o, como vengo defendiendo, que estamos ante una cuestión de mera fuerza?

¿A qué se refieren los que hablan de democracia?

Me parece triste que la izquierda anticapitalista, aquejada de un electoralismo que la hace asustadiza, no se atreva a proclamar que esto que se llama democracia es una forma sin contenido democrático. Todavía no se ha conocido en el mundo una democracia reconocible como tal desde estándares racionales, porque las que se presentan como democracias son plutocracias bien disfrazadas en el mejor de los casos, mal disfrazadas en el peor, que es el caso de España.

La torpeza de nuestro disfraz se delata por todas partes, no importa que teóricos, tertulianos, periodistas, políticos (a saber si aquejados de ignorancia o de cinismo) afirmen una y otra vez solemnemente, y con un punto de agresividad contra quien lo ponga en duda, que tenemos una democracia consolidada, homologable con cualquiera otra de nuestro entorno. ¡Incluso citan a supervisores internacionales que lo avalan, como si en nuestro entorno hubiera una sola democracia con la que comparar!

Pero luego llega Pedro Sánchez y dice que con la exhumación del dictador hemos llegado por fin a la plena democracia. ¿Qué era entonces nuestra democracia antes de esa exhumación? Pues también entonces se afirmaba que era una democracia plena. ¿Y que se dirá si algún día se saca de las cunetas y se homenajea a quienes fueron asesinados por defender la República, si se suprimen los títulos nobiliarios concedidos a familiares de Franco, si se retiran medallas y condecoraciones a los torturadores al servicio de la dictadura franquista, si se somete a referendum la forma monárquica del Estado? Todavía no ha cambiado la situación fabricada por nuestra “modélica” Transición, que garantizó al franquismo seguir controlando la vida económica y funcionarial. Ni Felipe González ni Zapatero se atrevieron a desmontar ese tinglado.

Hilando más fino, Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional, concreta que tres elementos decisivos en la Constitución de 1978 (la Restauración de la Monarquía, la composición de las Cortes como representación del pueblo español y el sistema electoral), no han sido resultado de un proceso constituyente democrático, sino una herencia del Régimen franquista que se introdujo en el texto constitucional sin debate constituyente de ningún tipo.

Por fijarnos en el último de esos tres elementos, como consecuencia de un sistema electoral que busca primar a las grandes formaciones políticas en perjuicio de cualquier fuerza incontrolada que intente influir en la política, a IU le ha venido costando cada diputado diez veces más votos que al PP. Y en Cataluña los independentistas controlan los poderes legislativo y ejecutivo (que ponen al servicio de su causa) sin haber conseguido el 50% de los votos. Hay que tener cara dura para hablar de democracia.

A todo esto hay que añadir que los Acuerdos entre el Estado y el Vaticano se incorporaron también de forma espuria al sistema de poder del 78, pues se negociaron por el Gobierno de Adolfo Suárez antes de que estuviera aprobada la Constitución, pero fueron publicados el 4 de enero de 1979, unos días después de que la Constitución hubiera entrado en vigor. Y es que, dice Pérez Royo, “tanto la Iglesia como el Gobierno de Adolfo Suárez sabían que esos acuerdos no hubieran podido ser aprobados en democracia, pero que para la democracia sería muy difícil, por no decir imposible, revisarlos. Y así ha sido.” Pero si a nuestra democracia le resulta imposible revisar esos acuerdos, ¿qué clase de democracia es, de qué males profundos está aquejada?

Añadamos que la división de poderes en España es ficticia, y así lo ha reconocido el presidente del gobierno en funciones cuando, queriendo justificar por qué el gobierno puede meter en la carcel a los separatistas fugados, pregunta a quien le entrevista : “¿De quién depende el ministerio fiscal?… ¿De quién depende?”… Tras dos largas pausas el periodista acaba respondiendo “Del gobierno”, a lo que Sánchez añade “Pues ya está”. Tenemos por tanto dos mundos, el teórico, en el que el Ministerio fiscal es independiente, y el de los hechos, en el que el Fiscal General del Estado cuenta con la potestad de impartir a sus subordinados las órdenes e instrucciones convenientes al servicio. Pero resulta que el Fiscal General es nombrado por el gobierno y que ese nombramiento da capacidad de control, capacidad que no se reduce a la fiscalía, sino que se extiende a aquellos magistrados a los que se ha colocado en puestos clave precisamente para que, si llega el caso, sirvan al interés político de quienes los han promocionado.

Esto por lo que concierne a la poco presentable democracia española. Si la dejamos aparte y vamos a las democracias que más brillan encontraremos lo antes dicho: que no son otra cosa que plutocracias mejor disfrazadas. ¿Puede alguien bien informado y honesto afirmar que es democrático el sistema que controla la vida política en EE. UU., Reino Unido, Francia o Alemania?

Ya sé que afirmar que en estos países no hay democracia se toma como una boutade ridícula. Pero por mucho que sea ensordecedor el griterio con que los conservadores afirman sus mentiras y atacan a la verdad allí donde se manifieste, las cosas son como son. Me remito sobre este asunto a No cabe democracia en el capitalismo;   Capitalismo, democracia y Estado del bienestar;   Una crítica a la Declaración Universal de Derechos humanos.

Ahora bien, y volviendo al conflicto catalán, si la democracia es ilusoria, también lo es apelar a derechos y deberes democráticos, sea el derecho a un referendum secesionista, sea el deber de respetar la ley y las sentencias judiciales, sea el repudio a toda violencia que no sea la estatal prevista en la ley.

¿Hay obligación moral de respetar las leyes y acatar las sentencias judiciales?

Si nos atenemos a la ley, en España no cabe un referendum secesionista. Se puede cambiar la Constitución, pero el cambio requiere tales mayorías que son inalcanzables para el propósito independentista. ¿Qué significa esto? Las leyes de una dictadura se imponen a la población, pero no son respetables. ¿Y las que rigen nuestra sociedad?

Si vamos a lo que es generalizable a todas las “democracias” del mundo, encontramos que algunas de sus leyes pueden considerarse legítimas, entre ellas las que garantizan la integridad física y moral de las personas y el respeto a las propiedades o posesiones básicas (las necesarias para una integración digna en la colectividad). Y son legítimas porque serían promulgadas por cualquier sociedad imaginaria cuyos miembros, libres de ignorancia y engaño, actuaran al servicio del interés colectivo.

Fuera de éstas, las normas básicas de todo sistema capitalista giran en torno a la propiedad privada y a la distribución de la riqueza generada por la sociedad. Y, como bien demuestran sus efectos en todo el mundo, esas normas están ideadas para garantizar la propiedad privada de los ricos, por grande que sea, y para defender una forma de distribución de la riqueza que da más a quienes más tienen y menos a quienes tienen menos, con el resultado de una desigualdad que va agrandando la brecha entre la minoría que goza de una riqueza obscena y grandes capas de la sociedad sumidas en la pobreza, incluida necesariamente una parte de la población infantil. Son al mismo tiempo leyes que han garantizado una actividad industrial que tiene a la tierra en grave peligro que puede ser irreversible. Y esas leyes se nos imponen de otra forma que en una dictadura, pero al final con una violencia suficiente. Están respaldadas por la fuerza estatal. Policías, jueces y cárceles cumplen una misión básica: que los ricos puedan vivir tranquilos aunque a su alrededor su capacidad depredadora vaya fabricando anillos de progresiva e inhumana pobreza y vaya acabando con el equilibrio medioambiental. ¿En virtud de qué argumento se puede afirmar que esas leyes son legítimas? Son democráticas, se nos dice, porque han sido promulgadas por los representantes del pueblo. Pero precisamente esto, que los representantes del pueblo hayan promulgado leyes tan en perjuicio del pueblo y tan en beneficio de una pequeña minoría, pese a sus terribles consecuencias sociales y medioambientales, viene a demostrar que la llamada democracia tiene trampa. Que los representantes del pueblo son en realidad gestores de los intereses de las oligarquías.

Apelar al respeto a la ley sólo tiene sentido para quien defiende este sistema de efectos criminales. Carece de sentido para las personas ilustradas y suficientemente empáticas (y por tanto antisistema). ¿Acatar las sentencias judiciales que se dictan en cumplimiento de leyes ilegitimables? Nadie está moralmente obligado a ello. Otra cosa es que, aunque no las acates, no tengas fuerza para enfrentarte a ellas.

El derecho a la desobediencia civil

Los teóricos del sistema consideran que la desobediencia civil es un último y excepcional recurso, legítimo en aquellos casos en que la persona pretende algún avance social impulsada por consideraciones políticas o morales jurídicamente ilícitas, pero que guardan una mínima lealtad constitucional. Se añade que el desobediente debe aceptar el castigo que la ley establece.

Es natural que así conciban el caso la mayoría de los independentistas para justificar su desobediencia a las leyes del Estado español.

En cambio desde un pensamiento antisistema la desobediencia está justificada en todo caso si pretende el avance social básico y prioritario: una distribución justa de la riqueza que acabe con el malvivir de millones de personas y que permita organizar la producción de manera no peligrosa para el medio ambiente.

Ello quiere decir que la desobediencia civil está justificada tanto respecto a las leyes del Estado español como a las de una futura república catalana, dado que la mayoría de los independentistas pretende fabricar una falsa democracia semejante a las demás que en el mundo existen, procapitalista e inserta en la política neoliberal europea, dotada por tanto de leyes igualmente ilegítimas. Eso sí, independiente de España, que es lo único que les interesa.

Desde este punto de vista el desobediente no tiene por qué aceptar como legítimo el castigo previsto por la ley. Simplemente, sabe que se arriesga al castigo que le proporcionarán las instituciones defensoras de un Sistema injusto.

La sentencia del TS como ejemplo de violencia institucional

Para acabar con la tentación de la secesión unilateral, el Tribunal Supremo ha dictado una sentencia que tiene más fundamento político que jurídico (incluso visto el caso desde una óptima prosistema).

Catedráticos de Derecho Penal ven razones para sospechar que la imputación del delito de rebelión fue una treta para conseguir dos cosas: facilitar la prisión preventiva de los líderes no fugados y llevar el asunto al Supremo, privando a los imputados de su juez natural en Cataluña. Por lo demás, si en la sentencia se afirma que no hubo la violencia que caracteriza a la rebelión, el delito de sedición parece perder su fundamento, salvo que se considere sediciosos (y condenables con duras penas de cárcel) a quienes, por ejemplo, tratan de impedir sin violencia el desahucio de una familia pobre con niños pequeños. Se están enfrentando a la sagrada ley en cuya virtud esa familia pobre con niños pequeños ha de ser privada de vivienda. Están impidiendo su trabajo a los funcionarios públicos encargados de hacer cumplir la sentencia de desahucio, dictada en cumplimiento de esa sagrada ley. Son sediciosos.

¿Hay que condenar inequívocamente la violencia no estatal?

Nos impresiona la violencia que consiste en incendiar barricadas y enfrentarse a las fuerzas policiales a la manera de guerrillas urbanas adiestradas. Pero convendría que tuviéramos en cuenta dos cosas:

a) La violencia vivida en las calles de ciudades catalanas no es tanto una reacción a una agresión previa (la condena a los líderes del independentismo) como un síntoma de una sociedad en descomposición. Estamos viendo el mismo síntoma en las revueltas de Chile, Ecuador y Líbano por motivos aparentemente nimios, y lo vimos en la revuelta de los chalecos amarillos franceses. A los jóvenes excluidos, sin futuro, sólo con cinismo se les puede pedir contención. Y sólo con ignorancia o cinismo se pueden hacer comentarios horrorizados ante las barricadas ardientes cuando no se hacen comentarios aún más horrorizados ante los efectos sociales de nuestras leyes sagradas. En una sociedad organizada según normas legítimas no habría motivos para la violencia, ni siquiera la machista, eliminados esos motivos mediante una buena educación (que en el capitalismo es imposible) y mediante una integración armónica de cada cual en el tejido social.

b) La segunda cuestión es que la violencia que está enfrente, la institucional, es tan ilegítima pero más responsable, porque es la defensora del sistema que produce una frustración sin esperanza.

Por ello cabe destacar como prueba de la mala educación de la juventud que la violencia callejera vivida en Cataluña haya tomado como pretexto una frustrada aspiración independentista, y no la irracionalidad e injusticia del sistema responsable de la mayor parte de los males que padecemos. Hay grandes manifestaciones feministas, ecologistas e independentistas, pero no anticapitalistas. Claro que la mayoría social no es culpable de su ignorancia, en la que ha sido fabricada precisamente para garantizar la supervivencia del sistema. ¿Qué hace la izquierda para sacar a la gente de esa ignorancia? Actúa más bien como si quisiera consolidarla.

jmchamorro@jmchamorro.info

EL CRIMEN MACHISTA QUE NO CESA

El pasado abril escribí en este blog una Reflexión pesimista sobre la violencia machista y las razones para el pesimismo no han cambiado. El hecho de que haya a estas fechas más mujeres asesinadas que en todo el año pasado hace que se prodiguen los lamentos y las preguntas. ¿Qué estamos haciendo mal?

Una respuesta viene a decir que muchas de las asesinadas no denunciaron la violencia machista de que eran objeto. Solución: propiciar que aumenten las denuncias. Pero si hay más denuncias sólo ocurre que se hace más patente una violencia que está ahí, haya denuncias o no las haya. Lo adecuado sería eliminar la violencia denunciable.

Por otra parte con frecuencia mueren mujeres que habían denunciado a sus asesinos. Entonces se propone que se dote a la policía de medios para evitarlo. Sin embargo no se arregla del todo el problema si se consigue evitar los asesinatos, pero no se evita que haya hombres empeñados en asesinar.

Finalmente se apela a la educación. Pero parece que la escuela no viene sirviendo para erradicar el machismo de las nuevas generaciones y nadie tiene claro qué cambios del sistema educativo darían un buen resultado.

No es posible plantear siquiera remedios a este problema si no se menciona al capitalismo como causa última. ¿Defiende usted el capitalismo? Pues entonces acepte sus consecuencias: aumento de desigualdades, mala educación, sistema de valores centrado en el dinero, grandes dosis de frustración y resentimiento, violencia creciente, poblaciones ignorantes, atemorizadas y egoístas, democracias ficticias, cambio climático alarmante, uso agresivo de los recursos naturales… Todo esto es remediable. Nada de ello tiene remedio en sociedades regidas por la codicia de una minoría.

Sobre los aspectos menos aparentes del machismo me remito a Machismo oculto (en hombres y mujeres) y a Algo más sobre el machismo oculto.

EL SIGNIFICADO QUE PEDRO SÁNCHEZ HA DADO A LA INHUMACIÓN DE FRANCO

Muy urgido me sentiría a escribir sobre el discursito con el que Sánchez ha querido sacar pecho tras esa inhumación, más que nada para desahogar la frustración que tantas veces ha de hacer infelices en esta sociedad a las personas decentes. Afortunadamente me basta con remitirme a la Carta abierta a Pedro Sánchez por la exhumación de Franco escrita por Lidia Falcón y publicada en Público de hoy.

¿QUÉ IZQUIERDA HAY EN ESPAÑA?

Deben tener claro qué es la derecha y qué la izquierda quienes repiten que, a diferencia de la derecha, la izquierda es incapaz de llegar a acuerdos.

 Si aceptamos un criterio de tradición histórica el PSOE pertenece a la izquierda. Pero hay que recordar que, aunque en sus orígenes estuvo adherido a la II Internacional, en la España posfranquista abandonó el marxismo e intentó convertir un débil Estado del Bienestar en el principal aval del capitalismo, para acabar finalmente afiliado a las tesis neoliberales (privatizaciones, recortes del gasto social, política fiscal favorable a los ricos).

Si nos guiamos por las políticas y no por el eco histórico de las siglas, hemos de colocar al PSOE a la derecha y no vale entonces decir que la izquierda es incapaz de ponerse de acuerdo cuando el PSOE no se pone de acuerdo con quienes están a su izquierda. Es natural que el PSOE se sienta más cómodo llegando a acuerdos con la derecha. Lo último que quiere es incomodar al poder económico al que sirve (y esto incluso en espacios más ideológicos que económicos, como pone de manifiesto Cristina Fallarás en PSOE y bien atado).

Si vamos más allá, ¿hay en España una izquierda efectiva?

Según el criterio de tradición histórica IU es claramente una organización de izquierdas. Y si consideramos que es izquierda lo que está a la izquierda del PSOE, también es izquierda Podemos.

Pero si buscamos un criterio menos superficial creo que hemos de encontrarlo en la meta que cada partido se propone y la teoría que utiliza para analizar la realidad y elaborar su estrategia.

Por respecto a la meta tenemos partidos prosistema, que defienden el capitalismo, y partidos que se proponen el paso de capitalismo a socialismo, y cada una de estas metas es consecuencia de un diferente sistema de valores y una diferente teoría de la sociedad. Ello significa una diferente manera de ver, de sentir y de actuar.

Es ésta una diferencia tan radical, y con tantas repercusiones y derivaciones, que si no la tomamos en cuenta para diferenciar derecha de izquierda privamos a estos términos de todo significado operativo.

Por ello, antes de retomar el tema de si hay en España una izquierda consistente y operativa, voy a resumir brevemente la teoría que se concilia con la meta y los valores procapitalistas, y la teoría que se concilia con la meta y los valores prosocialistas.

La teoría procapitalista

1. Viene a decir que el mercado es un instrumento neutral que rige la economía proporcionando el máximo nivel económico compatible con la libertad individual. El resultado es una calidad de vida colectiva nunca antes igualada en la historia.

La diferencia de capacidades y esfuerzos, también a veces de suerte, hace que unos prosperen y otros se estanquen. Pero en todo caso, que haya pobres y ricos beneficia a los pobres, por dos razones: puesto que los ricos lo son porque han demostrado ser emprendedores exitosos, el dinero en sus manos rinde más y genera más riqueza, y esa mayor riqueza termina favoreciendo a los pobres; por otra parte, si no hubiera el estímulo de la riqueza, la sociedad se estancaría, la vida se haría mediocre y toda la población quedaría resignada a esa mediocridad.

En todo caso la economía de mercado tiene leyes que los economistas conocen y que deben ser respetadas, porque la pretensión populista de actuar vulnerando irresponsablemente esas leyes termina ocasionando daños graves e irreparables a quienes se pretende beneficiar.

2. El valor máximo de la sociedad capitalista es la libertad. Libertad para elegir mediante el voto a los representantes que legislarán y gobernarán en representación del pueblo. Libertad para presentarse como candidato a las elecciones. Libertad para agruparse en partidos políticos. Libertad para emprender, prosperar y enriquecerse sin límites. Libertad de expresión (que permite el funcionamiento de medios de comunicación privados, libres de las injerencias del poder político y siempre dispuestos a fiscalizarlo). Libertad de conciencia. Libertad para que los padres puedan elegir la enseñanza de sus hijos en todos los niveles. Libertad para emplear el dinero propio como se prefiera.

La separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, cada uno independiente y contrapeso de los demás, impide el excesivo predominio de cualquiera de ellos, haciendo posible una democracia que es el sistema menos malo de entre todos los imaginables, fuera del cual no hay sino totalitarismo e ineficacia económica.

3. Este núcleo teórico tiene luego dos variantes:

Una dice que, siendo los resultados del mercado los preferibles, los impuestos son imposiciones confiscatorias (inaceptables según el ético R. Nozick), y que por ello deben reducirse al mínimo, lo mismo que las regulaciones estatales. El Estado debe privatizar sus empresas porque la gestión privada obtiene mejores resultados que la pública. De la misma manera deben desmantelarse los servicios públicos gratuitos (educación, sanidad, pensiones) porque quienes no saben prosperar para pagarse esos servicios son responsables de su situación y no deben ser subvencionados con el dinero que han conseguido las personas activas y responsables. No deben recibir otra ayuda que la voluntaria de las personas caritativas.

La segunda variante dice que el mercado tiene efectos que es preciso corregir. Y que el Estado, vía impuestos progresivos, debe proporcionar a todo el mundo sanidad, una pensión justa tras la jubilación y una educación adecuada. La educación pública y gratuita al alcance de todos proporciona igualdad de oportunidades, gracias a la cual toda persona emprendedora, o que se esfuerza, tiene posibilidades de ascenso social y toda la población queda integrada en un sistema social acogedor y justo.

4. Se completa esta teoría con un capítulo sobre el espacio internacional: pertenencia al “mundo libre” liderado por EE UU, obligación de defenderlo por medio de la OTAN, necesidad de actuar como los países “de nuestro entorno”, etc.

La teoría prosocialista

1. Muy diferente es la descripción que nos ofrece una versión actualizada de la teoría marxista, una de cuyas tesis centrales es que la lógica del mercado conduce inevitablemente a resultados irracionales e injustos:

a) Consiste la irracionalidad en que obliga a una producción creciente porque todo estancamiento da lugar a una crisis económica. Cualquier producción es bienvenida en la medida en que active la economía y reduzca el paro, no importan sus efectos extraeconómicos. El consumo de esa producción creciente se logra con un aparato de publicidad omnipresente que fuerza a innumerables consumos innecesarios.

Este crecimiento económico permanente en un mundo de recursos escasos implica agresión al medio ambiente y sobreexplotación y agotamiento de recursos naturales, sin evitar por ello las crisis periódicas, dado que la producción y el consumo no están sincronizados y cualquier cambio en las variables básicas produce efectos disfuncionales en cadena que se realimentan.

b) Consiste la injusticia en que el mercado (tanto de mercancías como de trabajo) da más a los que más tienen y menos a los que tienen menos, generando así una explotación creciente de la mayoría social en provecho de una minoría, cuyo poder económico proporciona a ésta una capacidad de dominación irresistible.

Puesto que la riqueza de un país es la que es, si en el reparto una minoría se lleva la mayor parte, la parte menor debe ser repartida entre los demás. Quiere esto decir que hay una relación causal entre riqueza y pobreza, esto es, que hay ricos porque hay pobres y que hay pobres porque hay ricos.

Decir que el dinero en manos de los ricos beneficia a los pobres es un sarcasmo. En gran medida los ricos utilizan sus capitales para especular y controlar, y cuando invierten en actividades productivas lo hacen bajo el criterio del beneficio privado. Su dinero serviría mucho mejor a la población si estuviera en manos de un Estado que invirtiera con criterios de interés general. Entonces no habría pobres.

En consecuencia, el mercado genera dos clases sociales con intereses objetivos contrapuestos e incompatibles, la de explotadores y la de explotados, contraposición e incompatibilidad en que consiste la lucha de clases. Tal lucha, que puede no ser aparente, sino meramente latente, se viene resolviendo a favor de la clase dominante, cuyo predominio se mantiene por medio de la fuerza (dictaduras sangrientas cuando son necesarias), o por medio de un consenso inducido al que ayudan distintas estrategias: convertir en consumista satisfecha a una parte de la población, tranquilizar a los que menos tienen con las prestaciones del Estado del Bienestar y debilitar a cualquier institución que esté al servicio de los intereses populares, sean partidos comunistas o sindicatos.

2. Semejante tinglado requiere una población que se le adapte.

Esa población se recibe en herencia, porque la ideología popular se ha ido configurando a través de milenios de sociedades elitistas, cuyo resultado es una mayoría de personas ignorantes de los procesos sociales que les conciernen (ignorantes de sus intereses objetivos y de la red de explotación y dominación en que están apresadas), limitadas a una privacidad en la que domina el sueño del ascenso social (en último término mediante un golpe de suerte en la lotería) y en la que se activa con facilidad el miedo a perder lo conseguido.

Para la reproducción de este tipo de población es necesario controlar la fabricación social de la conciencia individual (falsa conciencia), a fin de que explotados y dominados vean su situación como la de seres libres que viven en el mejor de los mundos posibles. Para ello cuenta el Sistema con antiescuelas muy efectivas: los púlpitos, los medios de comunicación dependientes del capital (en especial la televisión y la radio), la publicidad y el entorno social, sea el físico o el virtual.

La escuela pública, impotente para enfrentarse a esas antiescuelas con éxito, está diseñada para proporcionar una educación deficiente, y no porque sea técnicamente imposible crear una buena escuela, sino porque ésta sería disfuncional al sistema: si una buena escuela consiguiera producir una población lúcida y solidaria el sistema capitalista desaparecería. De ahí que la posibilidad técnica de una buena educación sea impedida por dos vías: falta de financiación, que viene decidida por leyes fiscales que privan al Estado de los recursos necesarios; y planes de estudio diseñados para la inserción en el mercado de trabajo, no para proporcionar conocimientos, información y valores que puedan activar el sentido crítico.

A esto hay que añadir que el sistema educativo garantiza el fracaso de los escolares de las clases económica y culturalmente pobres, porque llegan a la escuela sin dominar el código lingüístico escolar. A ellos se los dirige a la formación profesional mientras los restantes tienen acceso a la universidad, y así se nos muestra la distancia entre la igualdad de oportunidades formal (la que se afirma) y la real (la que no existe).

3. Es en este marco donde funciona otra farsa formal, la de la democracia.

Siendo tan brutal la cuantía de capital acumulada por la oligarquía mundial es inevitable que todo esté dirigido desde la sombra por ella.

Cada partido se ofrece como una mercancía que sólo será comprada si es costosamente publicitada, y por ello disponen de ventaja los partidos conservadores, que son los que reciben donaciones de los ricos. Aparte los bancos ofrecen créditos y pueden así controlar al partido endeudado.

Las conexiones entre la oligarquía económica y las élites subordinadas (política, académica, comunicativa y funcionarial) son de compraventa con mil formas de pago, no necesariamente con el dinero que circula por la impresionante red mundial de corrupción. Hay formas de promoción profesional y de estancamiento profesional, hay mil formas de premios y castigos.

La nómina de altos políticos que por las puertas giratorias pasan de las instituciones oficiales a los consejos de administración es interminable, con la consecuencia de que los borradores de la legislación básica, la económica, son elaborados por los equipos técnicos del capital (de la banca y de las grandes empresas), y luego convertidos en leyes por legisladores obedientes.

Mediante esas leyes se entregan al beneficio y control privados espacios económicos que deberían ser de propiedad pública y estar bajo control social (vivienda, energía, comunicaciones, medicina, alimentación, sistema financiero, plataformas digitales).

Añádase que la propiedad privada de los medios de comunicación confiere al capital la facultad no sólo de configurar ideológicamente a la población, sino de generar expectativas de premio y de castigo social. Si un político influyente tiene la osadía de negarse a seguir las instrucciones que le llegan, ese político será puesto en el punto de mira de los medios y acabará defenestrado.

A esto se añade que cualquier opinión que ponga en duda los axiomas del sistema es atacada con unanimidad mediática, que la tachará de peligrosa, inaceptable e incluso ridícula. Se desemboca así en una democracia formal que es disfraz de una real plutocracia, de la que no se puede salir sin romper de alguna forma con las reglas del sistema.

Es en este contexto donde hay que situar el concepto de libertad que con tanto énfasis se proclama. Es un concepto formal que quiere decir que ni las leyes ni los gobiernos impiden a nadie que lleve a sus hijos a colegios de élite, frecuente hoteles de lujo, haga inversiones millonarias o levante un imperio mediático para defender sus intereses. Es una libertad formal que todos tienen. La libertad real solo la tienen los ricos.

4. Uno de los grandes aciertos de Marx fue comprender que para salir del capitalismo y acceder a una sociedad igualitaria es necesaria la transformación de la actual población en otra de personas nuevas que él caracterizó como racionales, socializadas, humanas, libres de egoísmo personal y codicia.

No se equivocó al pensar que ese tipo de persona es generalizable si se dan las condiciones adecuadas, y a la luz del conocimiento científico actual yerran, por el contrario, quienes suponen que hay una naturaleza humana inmodificable, caracterizada por el egoísmo, la competitividad y la pereza, y que esa naturaleza hace imposible utopías como la marxista.

Sin embargo Marx erró al pensar que la aparición de ese “hombre nuevo” compatible con el socialismo sería una consecuencia mecánica de la revolución proletaria y del establecimiento de un modo de producción socialista. Tal error dejó a oscuras la tarea del cambio ideológico, que sin embargo debe ser la prioritaria para un partido de izquierdas que pretenda sustituir la revolución violenta por una actividad pacífica a largo plazo.

Uno de los puntos en que la teoría marxista debe ser completada es precisamente éste: determinar cómo podemos irnos aproximando a las condiciones que producirán una población compatible con el socialismo, consistiendo los primeros pasos en conseguir que las muchas personas ignorantes de su situación y de sus intereses objetivos vayan siendo rescatadas de la “falsa conciencia” y lleguen a un grado de suficiente lucidez.

5. Cuando se habla de leyes económicas, o de peligros internacionales de los que hay que defenderse, o de las constricciones de la globalización, como si todo ello obligara a la política que las oligarquías capitalistas imponen, se está mintiendo. Las leyes económicas no existen al margen de una legislación específica, los enemigos de los que hay que defenderse no son enemigos de la población, sino del imperialismo estadounidense y por extensión de las oligarquías occidentales, y la globalización no es una cosa que haya caído del cielo, sino que es el fruto, apetecido por la élite, de las regulaciones estatales que defienden una propiedad privada sin límites y la desregulación del espacio internacional, que permite unos niveles de especulación financiera y de colonización económica insuperables.

VOLVAMOS AL TEMA DE LA IZQUIERDA

1. Mientras la teoría marxista así resumida es compatible con los innumerables datos empíricos que nos llegan de la realidad social y con el conocimiento científico que se ha ido acumulando en las disciplinas sociales, la teoría procapitalista no vale para integrar esos datos ni es compatible con el conocimiento científico. ¿Para qué vale entonces? En el espacio cognitivo para nada, pero vale como respaldo legitimatorio a los defensores del capitalismo y vale como venda sobre los ojos de la población. Consiste, pues, en una urdimbre de falsedades a la que bien podemos llamar mentira sistemática (porque es necesaria para la legitimación del Sistema).

Naturalmente el PSOE utiliza esta teoría (y no sólo en su variable socialdemócrata), lo que reafirma la idea de que este partido forma parte de la derecha.

Pero ¿y las demás organizaciones que se consideran de izquierdas?

Si nos limitamos a las presentes en el Parlamento encontramos lo siguiente:

IZQUIERDA UNIDA es una organización concebida como disfraz del partido comunista (precisamente para ocultar el término comunismo, demonizado por la derecha) que tiene tres problemas:

El primero es que, aunque no ha dejado de ser marxista, lo es sólo para uso interno y de manera rutinaria. Actúa sin que los conceptos vigentes de la teoría marxista sean perceptibles en sus discursos o en sus acciones, y sin intento alguno de renovar la teoría en sus partes débiles. Se camufla bajo un disfraz socialdemócrata y elude discursos más radicales (precisamente los necesarios) por miedo a la reacción de los medios, a cuyos argumentos, fácilmente rebatibles, no se atreve a enfrentarse.

El segundo problema es que, desde que se impuso el llamado eurocomunismo con Santiago Carrillo, el partido comunista primero, e IU después, han sucumbido al electoralismo, abandonando todo esfuerzo por abrir los ojos a la población engañada e ir haciéndola compatible con los viejos ideales de igualdad, libertad y fraternidad.

El tercer problema es que, sobre todo para sufragar gastos electorales, se ha endeudado con la banca perdiendo independencia frente a ella.

PODEMOS surgió de la indignación que produjo la forma de salir de la última gran crisis capitalista, cargando sobre el pueblo los costes y otorgando grandes beneficios a quienes la habían provocado. Pero no por compartir indignación se comparte ideología. Muchos integrantes de Podemos son socialdemócratas, bien es cierto que no contaminados, a diferencia del PSOE, por la sumisión al poder económico. Sólo una minoría se presenta como anticapitalista.

Aunque esta composición coloca a Podemos a la izquierda del PSOE hay que insistir en que no se puede funcionar con armonía y efectividad manteniendo dentro dos ideologías tan contrarias. Pero es que, además, la parte anticapitalista de Podemos comparte con IU dos de sus defectos: la ausencia de una teoría válida para tareas de batalla ideológica a largo plazo y, como consecuencia, la caída en el electoralismo. Prueba de ello es la forma en que languidecen los Círculos, que comenzaron siendo el santo y seña del partido, y un síntoma significativo es que, tras entrevistar a Iván Redondo en La Tuerka, Pablo Iglesias dijera “… lástima que haya trabajado para nuestros adversarios”, quedando implícito “¡Qué lástima que no trabaje para nosotros!”, lo que quiere decir que ganar votos es lo que importa, incluso si para ello hay que aparcar la ideología propia y seguir las instrucciones de un personaje que supedita ideas y valores a la estrategia comunicativa que le parece electoralmente rentable.

2. El rico patrimonio de la izquierda anticapitalista (y sólo de ella) es la posibilidad de promocionar la verdad política (que no sólo es revolucionaria, sino que se distingue en seguida de la mentira habitual). Que la verdad es muy peligrosa para el Sistema se prueba por la forma brutal en que, cuando se produce, es atacada por políticos, periodistas e intelectuales conservadores como si no fuera otra cosa que producto del resentimiento, de viejos dogmas, del populismo antisistema. Temen más a la verdad que a la llegada de la izquierda al poder, que saben que estaría bajo control. Por ello la primera obligación de la izquierda es hacer públicas, de manera incansable, descripciones verdaderas de la situación que sean comprensibles por las distintas mentalidades.

Si aceptamos esto no pueden ser más descorazonadoras las conclusiones a que aboca la actividad de la izquierda parlamentaria española. El problema no es que esa izquierda tenga dificultades para ponerse de acuerdo con el PSOE, sino que ha copiado casi todos los rasgos prosistema del PSOE.

Tanto IU como Podemos dan por supuesto que vivimos en democracia y que a la ideología popular no hay que transformarla, sino utilizarla. Justamente lo que hace la derecha. En el discurso moderado de IU y de Podemos no se habla de explotación y dominación, sino de aumento de las desigualdades, y se concibe la lucha de clases como lucha electoral a la que acudir pertrechados de las armas propias del sistema. Líderes carismáticos, gasto de un dinero que debería dedicarse a otros fines, cuidado de no hacer ni decir lo que pueda quitar votos y de hacer y decir lo que pueda darlos, afán por ser invitados a los medios privados, a los que blanquean al no denunciar sus intereses ocultos, etc. En definitiva: ingresan en el consorcio de quienes se encuentran obligados a la mentira sistemática que refuerza la falsa conciencia de la población.

Cierto que IU y Podemos son de largo las organizaciones que menos mienten (apenas lo hacen de manera activa), pero mienten por inacción, al callar muchas de las cosas que deberían estar diciendo.

EL PATÉTICO ESFUERZO DE UNIDAS PODEMOS POR LOGRAR UN GOBIERNO DE COALICIÓN

1. Llegamos así a la situación política presente, a eso que muchos han llamado la gran ocasión de conseguir un gobierno progresista que venga a solucionar los problemas de la gente.

Decir esto ya revela que se acepta la semántica del sistema. Pues ¿qué es solucionar los problemas de la gente? Para solucionarlos hay primero que identificarlos, cosa que nadie hace en IU y Podemos a un nivel que no sea superficial.

Se supone que solucionar los problemas de la gente consiste en aumentar de manera ridícula el salario mínimo, aumentar de manera ridícula la levísima carga impositiva de los más ricos, hacer algún cambio ridículo en el sistema educativo, poner algún freno a la subida especulativa de los alquileres como si eso solucionara el problema de la vivienda de las clases populares, tratar de asegurar la persistencia de las pensiones públicas, casi todas ellas miserables, eliminar los aspectos más lesivos de las reformas laborales del PP y el PSOE, dotar presupuestariamente algunas políticas sociales, etc.

No estoy discutiendo la utilidad relativa de esas políticas, sino negando que esos poquitos resuelvan los problemas de la gente. Sería más honrado decir: “Como no podemos resolver los grandes problemas de la gente, porque no se nos permite hacerlo, resolvamos algunos problemas menores.”

Pero en lugar de decir esto y explicar a la población cuáles son sus problemas más graves, y los de sus hijos, y por qué no se pueden solucionar dentro de este Sistema, UP proclama que un gobierno de coalición con el PSOE es la gran ocasión.

2. Se defiende el gobierno de coalición apelando a la desconfianza de que el PSOE cumpla lo acordado en un pacto de legislatura si UP no está en el gobierno para controlar ese cumplimiento, desconfianza sin duda razonable.

Mientras Pablo Iglesias da la impresión de que, equivocado o no, es persona honesta, Pedro Sánchez ha ido dando pruebas de personaje oscuro, artero y carente de empatía, sólo animado por un deseo irrefrenable de poder político (baste recordar sus heroicidades para reconquistarlo, que ya sabemos que no hizo en defensa de valores y principios, sino en defensa propia) y por tanto muy controlable por el poder económico. Lo último que quiere es un gobierno de coalición con UP que le impida manos libres para pactar con la derecha y asegurarse la tranquilidad frente al temible poder económico. Esto lo sabe todo el mundo bien informado y lo ha confesado él mismo al decir que no podría dormir si tuviera a gente de Unidas Podemos en el gobierno. Por ello, aunque simulaba negociar, ya en agosto había anticipado al presidente de la CEOE que habría elecciones, de las que espera que el PSOE quede más fuerte, y más débiles UP y Ciudadanos.

Con tal socio un gobierno de coalición no podría durar, salvo que UP, para evitar a cada paso la crisis de la gran ocasión, renunciara a la crítica y se amarrara a la mentira sistemática que practica el PSOE.

El hecho de que quienes deciden en UP no hayan tomado esto en cuenta es síntoma de que están perdidos en los vericuetos de la derecha socialdemócrata e insensibles a las variables ideológicas.

La actitud razonable hubiera sido apoyar la investidura del PSOE sin exigir a cambio nada que pueda disminuir la libertad para una actividad educadora de la gente engañada (una actividad, por tanto, antisistema). Pero el electoralismo está tan interiorizado en los aparatos partidarios, en los militantes y en los votantes que el único resultado satisfactorio es para ellos el éxito electoral y la conquista de poder político. ¿Para qué?, habría que preguntarles. ¿Hasta dónde se puede llegar por ese camino sin el apoyo de una población dispuesta a ir más allá de las conquistas socialdemócratas hoy rebajadas? Basta mirar a los bandazos de la población de Brasil, Argentina, Ecuador y ahora de Bolivia, donde, tras más de diez años de políticas a favor de la gente, Evo Morales ha pasado de más de un cincuenta por ciento de apoyo popular al treinta y tantos que le dan algunas encuestas y que pone en riesgo su reelección el próximo octubre.

2. Todo esto nos advierte de la necesidad de una izquierda que en España no existe y que es imprescindible para los intereses progresistas. Una izquierda que integre a IU y a la parte anticapitalista de Podemos y que, tras soltar el lastre socialdemócrata (buena ocasión para ello la que Errejón ofrece), desprecie el electoralismo de los partidos prosistema y se atreva a llamar al pan pan y al vino vino. Que sea reconocible por el trabajo incesante y bien orientado en el tejido social, único del que se pueden esperar beneficios a largo plazo para la mayoría de la población y al que debe supeditarse la (también necesaria) actividad en campañas electorales y en las instituciones.

No vale criticar a la casta política si al mismo tiempo no se critica al sistema que la crea y que se sirve de ella. Sin romper con el sistema (y ni la IU heredera del eurocomunismo ni Podemos han roto con él) a lo más a que se puede llegar es a recoger algunas migajas del banquete y contentar con ellas a un pueblo que seguirá siendo explotado, dominado y educado en el individualismo egoísta y en la ignorancia. ¡Pues qué bien! ¡Adelante tras el líder carismático en el propósito erróneo! Adelante con los que piensan que el valor de una izquierda sin poder político es meramente testimonial. No ven más allá de lo que tienen ante los ojos.

Para no insistir me remito a lo dicho en Sobre el fracaso de Podemos en las elecciones y en Refundar Podemos ¿En qué dirección?

jmchamorro@jmchamorro.info

REFUNDAR PODEMOS. ¿EN QUÉ DIRECCIÓN?

A causa de sus últimos fracasos electorales son muchos los que hablan de la necesidad de una refundación de Podemos. Como no pertenezco a ese partido no puedo entrar en la discusión interna, pero sí en la discusión más general sobre el papel de la izquierda, ofreciendo algunas ideas extraídas del análisis que hago más por extenso en Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

Decidan lo que decidan los miembros de Podemos y de IU, es muy necesario crear a la izquierda de la socialdemocracia una organización potente que sepa realizar actividades imprescindibles, y por ahora abandonadas, que no tienen que ver con elecciones e instituciones, sino con el campo de batalla ideológico al que me referí en la anterior entrada de este blog. Dicho de otra forma, es necesaria una organización de izquierdas que logre escapar al fin de la trampa electoralista.

Un síntoma de hasta qué punto Podemos está hundido en esa trampa es que, pese a que el partido necesita cambios radicales, no se hablaría de ellos si los fracasos electorales hubieran sido éxitos.

Contra el electoralismo se han manifestado miembros significativos de Podemos y de IU.

El Consejo ciudadano de Podemos Andalucía ha señalado que en el “nuevo ciclo” que se abre tras las últimas elecciones es necesario “aprender a hacer otras cosas que nada tienen que ver con campañas electorales”.

Yendo más lejos, Alberto Garzón, en una entrevista publicada en eldiario.es el 11 de abril de 2017, situaba el comienzo del electoralismo del PCE en el eurocomunismo de Santiago Carrillo, cultura política que propone que las instituciones que se han conseguido son las necesarias y las suficientes para llegar al socialismo y que por lo tanto el instrumento de mayor incidencia social es presentarse a las elecciones y tener influencia en las instituciones. De esta forma desde la Transición perdió peso todo lo que no fuera maquinaria institucional.

Siendo esto cierto, creo que el electoralismo queda mal caracterizado si se identifica como dedicación casi exclusiva a elecciones e instituciones abandonando otras tareas. Pues no consiste sólo en limitar la actividad política a las elecciones, sino sobre todo en una forma de concurrir a las elecciones y de administrar el poder institucional.

El electoralismo es el artilugio inventado por el poder económico para hacer inofensiva la elección de líderes políticos. Se trata de promocionar a quienes tienen condiciones para convencer al pueblo de que vive en democracia y de que la política que se realiza es la mejor entre las posibles. Se añade la generosa financiación de costosas campañas electorales y el permanente esfuerzo de los medios de comunicación dependientes del capital para demonizar cualquier idea o actitud antisistema. El ciclo termina en el ejercicio del poder según las indicaciones de los poderes reales, los económicos.

Forma parte del electoralismo la idea de que si no se consigue éxito electoral y poder institucional no se existe en el mundo de la política. Y de ello se sigue la supeditación a toda estrategia que consiga votos, aunque obligue a camuflar la propia identidad.

Así definido el electoralismo está claro que la izquierda se ha dejado embaucar y se ha echado por completo en sus brazos. Incluso cuando se lo critica no se discute la forma de acudir a las elecciones, ni el valor que se da a sus resultados, simplemente se aboga por otras actividades vagamente descritas, pero apelando al éxito o fracaso electoral como prueba y señal de ir por buen o por mal camino.

Así cuando Adelante Andalucía se presenta como la herramienta que tiene mayor potencial porque sus resultados han sido los mejores del país, o cuando saca pecho diciendo que cuenta con 17 diputados en el Grupo Parlamentario andaluz, nueve diputadas en el Congreso, una senadora, cientos de concejales y varias alcaldías. Al contabilizar en exclusiva méritos que dependen del resultado electoral, y al no tener otros méritos que mostrar, se sigue de lleno en el electoralismo.

Organización general y partido político

Los resultados de los últimos cuarenta años vienen mostrando que es necesaria una organización política que se plantee actividades tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle, entre ellas analizar e investigar la realidad social para decidir e implementar una política a largo plazo que actúe sobre una mayoría social objetivamente interesada en un cambio de sistema aunque no lo sepa.

Esa organización ha de contar con un partido político filial para concurrir a las elecciones y desarrollar la actividad institucional derivada de la cuota de poder político conseguido, tarea secundaria, pero que tiene su importancia si se hace en forma coherente con los fines generales. A ello me refiero en seguida.

Miembros

Buscar la unidad de la izquierda es algo confundente si se considera a la socialdemocracia dentro de la izquierda. No cabe esperar un funcionamiento eficiente si pretenden controlar las decisiones quienes piensan que el orden social en que vivimos debe ser sustituido por otro y quienes descalifican las propuestas “antisistema”.

Por ello, en lugar de alabar el pluralismo ideológico, sería preferible apostar por el funcionamiento democrático, que ya incluye el respeto a las distintas formas de enfocar un problema o de evaluar las soluciones, pero dentro de un enfoque ideológico compartido. Si el llamado “respeto a la pluralidad” se entiende como heterogeneidad ideológica, pasa a ser una de las causas del déficit de democracia que se percibe en las actuales organizaciones de izquierdas. Pues a falta de unas coincidencias básicas, son inevitables los controles férreos de la dirección y el miedo permanente a caballos de Troya. Ello es lamentable, precisamente porque en el interior de la organización se debe anticipar el funcionamiento democrático que se pretende conseguir para la sociedad entera.

Este funcionamiento exige dos condiciones:

Por una parte un criterio de pertenencia a la organización que sea coherente con la forma de sociedad a la que se tiende. En la izquierda parece exigible una preferencia igualitarista y la convicción de que el sistema capitalista, incluso el moderado por medidas socialdemócratas, es un mal social evitable. Y parece conveniente que la disposición a favorecer el cambio a una sociedad igualitaria busque luz en el conocimiento científico disponible.

La segunda condición es que todos los miembros tengan un acceso equivalente a la información y al conocimiento, eliminando la relación tradicional dirigente-masa, que pivota sobre la habilidad retórica del dirigente para convencer eludiendo los mejores argumentos. Llegar al funcionamiento democrático requiere mucho esfuerzo de divulgación de conocimiento e información, así como dar prioridad a la discusión mediante argumentos escritos.

Dirigentes

Repárese en que la forma de seleccionar líderes prosistema está directamente derivada del electoralismo: buena voz, saber hablar en público, tener una apariencia que resulte atractiva, capacidad de resistencia (lo que equivale a decir vocación de poder), desenvoltura para hablar sin decir nada y repetir eslóganes vacíos sin sonrojo, y todo el cinismo necesario cuando la mentira, la contradicción o el incumplimiento se hacen patentes.

Lejos de esto, la organización que propongo debería carecer de líderes carismáticos y estar dirigida por un amplio consejo temporal de personas elegidas por haber demostrado inteligencia, conocimientos y empatía, con representación adecuada de hombres y mujeres, del impulso de la juventud y de la experiencia que dan los años.

Mientras los líderes actuales buscan la exhibición en los medios porque de otra forma no existen, ese liderazgo compartido debería ser sólo detectable desde fuera a través de los efectos de su trabajo. Sus miembros no serían activos en las redes ni buscarían notoriedad en los medios privados. Estarían a lo importante, sin perderse como los políticos actuales en vueltas y revueltas a la luz de los focos mediáticos.

El partido político filial carecería también de líderes carismáticos, y no tendría capacidad para elegir estrategias, que serían decididas por la organización. Se buscaría en los candidatos electorales experiencia, conocimientos, generosidad y disposición a hablar en un registro de racionalidad y claridad. Si se consiguieran cargos públicos, la corta duración del mandato y el carácter subordinado de su papel sería una manera de minimizar las luchas personales por el poder. Nadie necesitado de poder personal se afilia a una organización en la que no puede conseguirlo.

La organización y el partido tendrían portavoces para hacer comunicados en las redes, en medios independientes y en medios propios, pero no acudirían a un medio privado dependiente del capital salvo para denunciar este hecho, denunciar con datos que tal medio depende del capital y que es por ello un obstáculo a la democracia. No tiene sentido mendigar la presencia en espacios televisivos degradantes, o en tertulias caóticas diseñadas para aumentar la desorientación del público que las sigue.

En seguida me referiré a las tareas básicas de la organización, pero antes voy a insistir en lo que no debe ser, ni hacer, el partido político filial.

Eludir el electoralismo

Por lo antes dicho, se elude el electoralismo no sólo haciendo además otras cosas, sino concurriendo a las elecciones y a las instituciones de otra forma y dando al éxito y al fracaso el valor relativo que tienen. Ello significa en concreto:

-No gastar un solo euro en las campañas electorales.

-Aprovechar el amplificador mediático gratuito para explicar a la gente en qué sociedad vive, qué alternativas existen a corto, medio y largo plazo, y dónde se encuentran los obstáculos.

-Eludir mítines y concentraciones de adeptos, y aprovechar los debates televisados para estropear la fiesta, haciendo ver que no son otra cosa que escaparates para la mentira sistemática.

-Decir lo que hay que decir sin calcular las repercusiones en votos o las reacciones de los poderosos.

Si por este camino honrado se consigue poder institucional es necesario gestionarlo con la misma ética. No para conservarlo sino para utilizarlo según la estrategia decidida, sean cuales sean las consecuencias a corto plazo (incluida la misma pérdida del poder).

De manera que una señal de que se ha salido del electoralismo es que se concurre a las elecciones de otra forma, se da a los resultados electorales el valor relativo que tienen, y a la forma de competir por los votos el valor absoluto que tiene.

Las otras tareas de la organización

Según Garzón para alcanzar lo que Gramsci llamaba la hegemonía se necesita seguir avanzando en la conquista cultural que haga colectivos unos valores y unos principios. Y para ello hay que llegar a gente a la que no se llega. Reconoce Garzón que la hegemonía no se alcanza a través de discursos, ni tampoco a través de las elecciones, al menos no sólo, sino a través de una práctica política insertada en el tejido. ¿Qué práctica? ¿Y por qué no se realiza?

Según Adelante Andalucía hay que avanzar como un sujeto político de unidad, como un altavoz popular y como una herramienta pegada al territorio, acompañar a los círculos que se encuentran con más dificultades tras las elecciones municipales, poner en el centro un proyecto feminista y ecologista presente e implantado en todos los municipios andaluces. Buenos deseos y vaguedades mil veces repetidas sin resultado.

A mi juicio la práctica política de que hablan todos debería desarrollarse en varias áreas. Al menos las siguientes:

-Actividad teórica e investigación social

-Divulgación

-Implantación en el tejido social

-Mundialización

Naturalmente no basta un enunciado vago, hay que concretar la actividad en cada una de esas áreas.

a) Actividad teórica e investigacion social

1. Me referí antes a actuar a la luz del conocimiento científico disponible. ¿Qué conocimiento?

Actuar en el terreno político sin teoría es actuar a ciegas, algo que se puede permitir la derecha (sólo pretende que todo siga como está), pero no la izquierda, necesitada de una visión de conjunto y de acciones instrumentales para un objetivo de gran dificultad, el antes indicado de transformar la ideolgía de una mayoría de población.

IU ya decía a finales del pasado siglo que la teoría es imprescindible, que no la tiene, y que sin ella no se sabe dónde se está y adónde se va. Pero han ido pasando los años y todo sigue igual.

En un manifiesto titulado La disyuntiva Julio Anguita y otros miembros del Colectivo Prometeo echan de menos una síntesis teórica, política y programática, y la proponen a base de inegrar cuatro cosmovisiones que enumeran a partir de los momentos y textos que las alumbraron: Manifiesto Comunista de Marx y Engels, El segundo sexo de Simone de Beauvoir, Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y Los límites al crecimiento de Donella Merado. Es decir, comunismo de matriz marxista, feminismo, multiculturalidad y ecología política.

Cierto que la fuerza para trastocar el orden existente está sobre todo en el feminismo, el ecologismo, las migraciones incontenibles y las personas con suficiente conocimiento y empatía, sean o no proletarios. Sólo que el feminismo o el ecologismo pueden funcionar como estrategias unidimensionales o pueden integrarse en una concepción general de la sociedad que las asimile.

Ahora bien, para esa integración ya no es suficiente el Manifiesto Comunista, por mucho que sea un texto históricamente impresionante, ni tampoco las versiones clásicas del marxismo o los llamados neomarxismos, más preocupados por retroceder que por avanzar.

El marxismo se puso a la vanguardia de la teoría social con un enorme efecto, y sigue siendo la unica teoría general de la sociedad de que disponemos, una vez que han fracasado las inoperantes alternativas conservadoras que se han intentado (Max Weber, Talcot Parsons, H. Habermas). Pero tiene fallos que hay que subsanar y requiere nuevos desarrollos que hay que acometer.

Su carencia básica, la falta de un teoría psicológica que funcione en su núcleo, no se percibió claramente en un periodo en que todo se fiaba al análisis económico y a la revolución violenta.

Esa carencia no puede remediarse con el conjunto de disciplinas que se denominan humanidades, ni con la historia y la economía, ni con el derecho y la politología, ni con la sociología de encuestas, sino directamente con la ciencia social básica, cuyo núcleo está constituido por la lingüística, la sociología, la psicología y sus híbridas (psicolingüística, sociolingüística y psicología social). Hay en el mundo académico líneas de investigación que resultan interesantes, como la de modelos de organización de memoria y la de teorías implícitas, pero no es esperable que tomen la dirección que interesa al marxista. Las disciplinas sociales académicas están controladas internacionalmente mediante revistas y política de publicaciones que tienen un carácter marcadamente conservador. Marx y Engels hicieron teoría fuera del entorno académico y esa es una historia que debe repetirse.

2. La debilidad del marxismo heredado se manifiesta sobre todo en el análisis de las clases sociales. La concepción del proletariado como vanguardia y motor de la revolución social ha quedado falsada, una vez que las predicciones que de ella se derivan no se tienen en pie. No se puede avanzar mientras se tome como único criterio para describir clases sociales la posición respecto al modo de producción desdeñando las variables ideológicas.

Una clase social se conoce cuando se estudian los procesos de socialización, los códigos lingüísticos, el papel de las edades y sexos, y en definitiva la estructura de conocimientos, afectos y pautas que caracteriza a cada uno de los grupos cuyo comportamiento resulta relevante respecto a la estabilidad o el cambio social. El proletariado queda de esta forma dividido en un conjunto de subclases, y no todas situadas en el espacio de la izquierda.

Para progresar en este conocimiento no valen por supuesto los llamados Think Tanks conservadores, pero tempoco fundaciones como Alternativas o Ideas del PSOE, Europa de los Ciudadanos de IU o el Instituto 25 de mayo para la democracia de Podemos. Nada interesante nos llega de lo que en estas fundaciones se discute o se teoriza. Es por ello imprescindible un Instituto de Investigación Social que atraiga y favorezca el libre trabajo de investigadores interesados en progresar en las líneas abiertas por el marxismo; y patrocinar una revista científica abierta a todos los investigadores que aporten conocimientos útiles, no importa su ideología o su militancia política. Valdría para iniciar la puesta en marcha el dinero que se derrocha en las sucesivas elecciones y además todo el que se recogería si los posibles donantes tuvieran confianza en su empleo. Este Instituto de Investigación Social debería ocupar el centro de la organización, y con él deberían conectar, por vías de entrada y salida, las restantes áreas de actuación, las cuales podrían extraer conocimiento de las investigaciones en curso y, a su vez, ofrecer problemas y resultados de su propio funcionamiento como materia de investigación.

b) Divulgación del conocimiento

Si una organización de izquierdas pretende llegar a la gente y hacerse entender, ha de intentar algo más que producir en período electoral el discurso político propio del mitin. Una política de divulgación debe apoyarse en otros instrumentos, uno de los cuales es, sin duda, la actividad habitual de los miembros de la organización en su entorno social. Ello requiere que reciban una formación teórica suficiente dentro de la misma organización.

Pero además, si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante un equivalente de aquello que se llamaba universidades populares (“misiones pedagógicas” en la versión de la Institución Libre de Enseñanza), una actividad permanente en los Círculos que ofrezca conocimientos que por ahora no se dispensan en las facultades de sociología, ni de psicología, ni de lenguaje, pero imprescindibles para cualquier ciudadano, sea o no activista. Me refiero a los conocimientos que componen una teoría general de la sociedad y los que se derivan de ella. Esto es trabajar en la calle, que no consiste sólo (aunque también) en promover protestas y manifestaciones.

Pero se necesita además una red de medios de comunicación para hacerse entender por un número creciente de personas cuyos intereses objetivos coinciden con el propósito de la organización.

En el nacimiento de Podemos tuvieron influencia no sólo las redes, sino también La Tuerka y el diario Público. Pero esto es insuficiente. Garzón se pregunta dónde está hoy un equivalente de la Radio Pirenaica. La izquierda debería disponer de periódicos y emisoras de radio y televisión que lleguen a toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera clara, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, para lo que es necesario atraer a intelectuales, humoristas, comentaristas deportivos, etc., que estén por la labor. Unos medios de comunicación influyentes valdrían no sólo para contrarrestar la fuerza de los medios conservadores y darles la réplica adecuada, sino además para mostrar la posibilidad y estructura de unos medios ¡no sectarios (por ejemplo, proporcionando espacios a los enemigos ideológicos para que los administren a su gusto sin censura alguna). Pues en esos medios propios habría que insistir en el argumento de que el ideal (y una condición obvia de la democracia) es el control social de la fabricación y distribución de la información, única forma de impedir privilegios o controles personales o de grupo en su uso. Habría que argumentar desde medios privados contra la existencia de medios privados y mostrar los medios propios como ejemplo de lo que podrían ser los medios públicos controlados socialmente.

Pero hay que repetir que poco puede hacer una organización de izquierdas que intente distribuir información realista si no tiene en cuenta los procesos que se ponen en marcha en las distintas clases de destinatarios cuando la información es disonante respecto a estructuras cognitivas y afectivas de cada una de esas clases. Estos problemas no se solucionan poniéndose en manos de gurús de la mercadotecnia como el Iván Redondo al que Pablo Iglesias echaba de menos, sino con la investigación a que antes me referí.

c) Implantación social

Alberto Garzón se queja de que la izquierda ha abandonado progresivamente la construcción del tejido social. “¿Dónde están las asociaciones de vecinos?, se pregunta. ¿Dónde está el PCE desplegando sus ramas por el tejido social, por los barrios, por las clases sociales?” Recuerda que el movimiento obrero en el siglo XIX, especialmente el SPD, que fue el gran partido de la socialdemocracia europea del siglo XIX (un equivalente del comunismo según se entiende hoy) tenía un despliegue tan enorme de instituciones propias que, por ejemplo, un trabajador podía aprender un oficio en instituciones del partido. Podía aprender a leer, podía ir a bibliotecas, podía aprender idiomas, podía relacionarse socialmente… en los bares, en los ateneos, las bibliotecas, todas del partido. El partido había sido capaz de construir una realidad alternativa, una sociedad alternativa, como también consiguió el PCI en Italia. Esto está ausente en la historia reciente del PCE y está ausente ahora de la izquierda española y también en general de la izquierda europea.

Esto es cierto y se echa en falta la creación de espacios en cada pueblo o barrio para que las personas que lo deseen puedan relacionarse en un ambiente ideológico progresista y actuar a diferentes niveles de implicación, lugares de reunión dotados de bibliotecas bien diseñadas, de bares económicos, de salas de lectura y aulas de estudio, donde se plenteen y discutan los problemas del entorno próximo y encuentre alguna ayuda o asesoramiento quien lo necesite.

No sólo mediante los Círculos se puede actuar en el tejido social. A la izquierda ni se le ha pasado por la cabeza algo tan sencillo como establecer escuelas infantiles de 0 a 3 años en barrios populares con abundancia de obreros e inmigrantes. Buena forma de proponerse una relación fluida y diversa con las familias, implicándolas en la solución de los problemas presentes y futuros de esos niños y, ya de paso, en los problemas más generales del barrio, de la ciudad y de la sociedad. Tales escuelas son imprescindibles para dotar a los niños, desde los pocos meses, del baño lingüístico que no reciben en sus familias y que es necesario si se quiere evitar que queden condenados a un fracaso escolar que más tarde ya no tiene remedio.

Con el tiempo, poco a poco, esas escuelas infantiles podrían dar lugar a escuelas experimentales. Hay que tener en cuenta que cualquier mejora pedagógica profunda se inicia siempre en aquella parte de la sociedad que ha madurado algún progreso sobre lo recibido, y si nos preguntamos qué parte de la sociedad es la que tiene que correr en el presente con el intento de progreso pedagógico, hay que responder que el grupo que haga suyos los valores de igualitarismo e ilustración, es decir, el grupo promotor de una racionalidad caracterizada por afectividad sana y conocimiento científico.

Tal progreso pedagógico ni puede ser impuesto en la escuela pública (no lo tolerarían las fuerzas conservadoras) ni es esperable de las instituciones tradicionalmente dedicadas a la enseñanza. Es decir, no existirá a menos que la izquierda se proponga desarrollarlo.

En España la educación pública, pese al esfuerzo de muchos enseñantes, es una simulación discriminatoria que condena a los alumnos de clases bajas al fracaso escolar y es poco eficiente respecto a los demás. Esto es algo que la izquierda anticapitalista debería estar mostrando a la sociedad con cifras y argumentos que todo el mundo entendiera. Pero sobre todo: debería estar argumentando que aunque una buena educación es posible, su generalización es incompatible con el sistema capitalista.

Una buena escuela (aunque sólo fuese una), dirigida ante todo a corregir fallos en la estructura afectiva de los colegiales (el éxito en los demás espacios vendría como efecto), sería de enorme impacto ideológico, sobre todo si sus resultados se hicieran públicos en las revistas científicas pedagógicas. He ahí un argumento poderoso para convencer a una gran parte de la población de que el presupuesto estatal debe volcarse en una educación pública de la mejor calidad. Pues más efectivo que describir una buena escuela es mostrarla diciendo: “esto es una educación adecuada y es posible, puesto que la estamos realizando”. Seguro que, si este proyecto se pusiera en marcha, serían muchos los profesionales que colaborarían y muchas las personas que prestarían apoyo económico.

d) La mundialización de la resistencia

El proyecto de una transformación social que siga pasos pacíficos y apoyados por una mayoría de la población obliga a la izquierda a replantearse el ámbito de la actuación política.

Lo que fue internacionalismo proletario debe convertirse en resistencia internacional, pues una vez que el espacio estatal ha perdido gran parte de su antigua autonomía económica la resistencia nacional ya no vale por sí sola. Dado que cualquier medida racional y justa puede recibir el embate del capital afectado, una ofensiva contra los privilegios capitalistas tendría que ir acompañada de una movilización que vaya articulando una sociedad civil mundial y una opinión pública mundial. Cualquier cambio social significativo es imposible sin un proceso lento de nuevo orden internacional, y en un solo país es un objetivo ilusorio. Hay por ello que fortalecer las relaciones con organizaciones de otros países y con movimientos alternativos que están haciendo una presión internacional creciente contra la lógica del mercado y sus consecuencias. Cada día se ve como más necesaria una legislación mundial que regule las cuestiones de interés mundial (fuentes de energía, medio ambiente, cambio climático, erradicación de epidemias, derecho de acceso de toda la población mundial al agua y alimentos necesarios, redistribución de las poblaciones, intervención internacional para evitar guerras locales, armonización de legislaciones fiscales y laborales, eliminación de paraísos fiscales, regulación de los movimientos de capital, etc.).

Ni Podemos ni IU negarán esta necesidad, pero no se conocen las actividades que llevan a cabo con este fin. Recordemos que en Seattle y en las sucesivas convocatorias a favor de otro tipo de mundialización no ha sido significativa la presencia de organizaciones de izquierda anticapitalista.

En cambio la Vía Campesina, por ejemplo, agrupa a 148 organizaciones de 69 países en lucha por una agricultura libre de la mercantilización actual, debida sobre todo a patentes agrícolas controladas por grandes multinacionales como Monsanto. Algo parecido ocurre con la ecología y seguramente son muchas las personas que podrían concertarse en la presión a favor de un Plan económico global que permita erradicar la miseria del mundo, pero que además reconduzca el desarrollo económico por vías sostenibles dentro de un proyecto de vida buena a largo plazo y para el mundo entero. El internacionalismo progresista puede tener resultados interesantes en el acoso progresivo a los modos de dominación que se nos imponen, porque cada día se van acumulando las razones, y no sólo morales. La pobreza extrema de unas partes del mundo afecta a todos, sea por la vía del terrorismo internacional sea por la de las migraciones que activan pautas xenófobas muy extendidas en los países de economía más desarrollada.

Se espera algo de los movimientos antiglobalización, sobre todo desde que a la mera protesta le han añadido propuestas positivas, pero los grupos y los colaboradores que ahí se unen son heterogéneos, en muchos casos especializados en una visión particular. Hacen falta además organizaciones que tengan una concepción integral de los problemas y puedan reunir en ella las distintas líneas de presión.

¿Valor meramente testimonial?

Termino con algo que ya he dicho en otras ocasiones. Imaginemos que el PCE que blanqueó la oscura Transición se hubiera quedado fuera de aquel pacto, dedicando los cuarenta años transcurridos a tareas como las aquí descritas. ¿Imaginan cómo estaríamos ahora? Pues comencemos a hacer ahora lo que dentro de cuarenta años se nos agradecerá.

jmchamorro@jmchamorro.info