Archivo por meses: noviembre 2013

EL INFORME PISA Y LA BUENA EDUCACIÓN

Son varios los estudios que comparan los logros conseguidos por distintos países en algunos de los cometidos escolares.

La Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA), realiza el PIRLS (Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora) y el TIMSS (Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias) con estudiantes de cuarto y octavo grado. Con el actual diseño, el PIRS se ha llevado a cabo en 2001, 2006 y 2011, consolidando así una secuencia de ciclos de cinco años. El TIMSS comenzó en 1995 y se viene realizando cada cuatro años.

En el año 2000 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) inició el Informe PISA (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes), que examina a estudiantes de 15 años (no importa su nivel escolar específico) respecto a tres áreas: competencia de lectura, matemáticas y ciencias naturales. En cada estudio PISA se revisa una de esas tres áreas con mayor profundidad (en 2000 fue la competencia de lectura, en 2003 las matemáticas y en 2006 las ciencias naturales, volviendo a empezar el ciclo en 2009). Con cada prueba se revisa igualmente otro tema relacionado con la educación: en 2000 las estrategias de estudio, en 2003 la solución de problemas, en 2006 la formación básica de técnicas de información, en 2009 las capacidades de comprensión lectora en formato electrónico en un módulo llamado PISA-ERA (Electronic Reading Assesment) y en 2012 una prueba digital de resolución de problemas y otra de competencia financiera.

Hay también a cargo de la CEOE una prueba para adultos de 16 a 65 años, el PIAAC (Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia en Adultos).

A la vista de los análisis de estas pruebas se me ocurren las siguientes reflexiones:

  1. Coinciden los expertos en el importante papel que juegan los factores socioeconómicos en la explicación de los resultados, tanto a nivel individual como de forma agregada, esto es, contando con el denominado efecto compañeros. Pero hablar de factores socioeconómicos es una forma eufemística de hablar de clases sociales. Pues no obtienen peores resultados los países pobres que los ricos, sino en cada país, aunque sea rico, los alumnos de las clases bajas (las formadas por familias con bajo nivel económico y cultural). Los países de Europa del Este (de bajos ingresos) quedan mejor en los exámenes TIMSS que muchos países ricos. Es decir, no es tanto cuestión de capacidad económica como de posición social dentro de cada país.
  2. Ante este problema hay dos opciones políticas: la selectiva y la inclusiva. Se puede buscar la excelencia mediante la selección de estudiantes, por ejemplo midiendo con exámenes las capacidades respectivas para concentrar en unas escuelas o aulas a los alumnos excelentes, en otras a los alumnos intermedios y en otras a los rezagados. En Estados Unidos George Bush hijo inauguró en 2002 la red de mediciones mediante el programa NCLB (Que ningún niño se quede atrás), con el que se preveía conseguir la excelencia en 2014, pero no se están dando los resultados esperados. El esfuerzo para reemplazar la enseñanza pública por un sistema de mercado y la obsesión por los exámenes han tenido como efecto reducir los currículos a las materias más fácilmente evaluables, excluyendo del temario las artes y la cultura general y fomentando lo que los estadounidenses llaman la triple T: Teach to the test (enseñar para el examen). Y ni siquiera así obtiene Estados Unidos buenas puntuaciones en los informes de evaluación internacionales. Naturalmente, el eslogan “Que ningún niño se quede atrás” es una fantasía. Con este sistema selectivo las diferencias iniciales se van agrandando inevitablemente cada curso y son por tanto muchos los niños que se quedan atrás. La Lomce del PP está inspirada en esta estrategia.
  3. Otra solución es la integración, que puede hacerse al modo español o al modo finlandés. En España se ha venido mezclando en las mismas aulas a estudiantes excelentes, intermedios y rezagados, pero sin medios para atender adecuadamente a estos últimos. Los efectos no han sido los que se pretendían, sino en cierto modo los contrarios. Los alumnos rezagados se desmotivan y dan lugar a continuos problemas de disciplina, en tanto que los intermedios necesitan explicaciones que aburren a los excelentes y les impiden progresar lo que podrían. Por eso en España el número de alumnos excelentes es más bajo que en los países de nuestro entorno. Ejecutada al modo español la solución integradora lleva al mismo resultado que la selectiva (aumentan las diferencias), sólo que con menores competencias y conocimientos del alumnado.
  4. En Finlandia el sistema integrador funciona mejor. Primero porque allí no hay tantas diferencias sociales como en España. Luego porque el profesorado está bien seleccionado y bien valorado socialmente. Y también porque los alumnos rezagados tienen un tutor personal y clases de apoyo según los diferentes niveles de necesidad.
  5. Parecería entonces que la buena solución está en Finlandia. Ciertamente guarda mejor las apariencias y logra mejores resultados en los aspectos medibles por los informes internacionales, pero no consigue la pretendida integración. En Finlandia los alumnos de clases bajas y de minorías están condenados, como en cualquier otra parte, a llenar el espacio de relativamente rezagados, por mucho que la especial dedicación que se les dispensa los eleve sobre el nivel de los de clase baja española. En Finlandia, por ejemplo, la minoría sueca (aproximadamente un 5% de la población) aparece en los informes PISA de 10 a 35 puntos por debajo de la población finlandesa.
  6. Si examinamos la distribución entre estudios superiores y FP encontramos que en España la tasa de la formación profesional es sólo de un 24%, pero no porque haya mayor afluencia a los estudios superiores, sino porque antes de la crisis actual muchos jóvenes dejaron los estudios para emplearse en la construcción, en puestos que no requerían otra formación profesional que la que conseguían en el tajo. En Finlandia la tasa de formación profesional supera el 60% (supera el 70% en los Países Bajos). ¿Tiene algo de malo esta distribución?
  7. Los hay que ensalzan la formación profesional y desmitifican los estudios universitarios. Hay que adaptarse a las exigencias del mercado, nos dicen, y en muchos casos esto se consigue mejor con una buena formación profesional que con títulos universitarios devaluados. Lo cierto es que los estudios superiores facilitan mayores ingresos y un superior estatus social, y que quienes dicen que la formación profesional es tan digna como la universitaria quieren que sus hijos sean médicos y no auxiliares de enfermería. Pero además omiten que la distribución entre FP y estudios superiores no se hace en atención a los gustos, cualidades o esfuerzo de los estudiantes, sino que estadísticamente viene decidida por su pertenencia a una u otra clase social.
  8. Quiere ello decir que en las sociedades clasistas la escuela no puede ofrecer solución al problema de la integración de las clases bajas. No le demos vueltas: no se ha conseguido en ningún país, nunca. Sólo podemos cubrir las apariencias. Si así quedamos contentos, hagamos lo que los países que obtienen mejor puntuación en los informes internacionales, y para ello hay que mirar no sólo a Finlandia, sino también a Corea del Sur, Singapur, Japón, Rusia, Hong Kong o Taiwán. Pero no se nos ocurra pensar que tendremos un buen sistema de educación si conseguimos igualarnos con ellos. Vuelvo a lo que ya he dicho en otras ocasiones: en las sociedades actuales las políticas educativas pueden ser más o menos despiadadas, pero incluso la mejor dejará claro, para quien quiera verlo, hasta qué punto el capitalismo es incompatible con el pilar básico de la democracia, esto es, la igualdad de derechos y oportunidades.
  9. Pasando a otro tema relacionado: estamos habituados a oír hablar del informe PISA como si valiera para detectar la calidad del sistema educativo del país, pero conviene tener en cuenta que ni este ni los otros estudios marcan valores absolutos, sino sólo comparativos. Ello quiere decir que no valen para determinar si el país que queda primero tiene un buen sistema de educación. Puede que sea malo, pero el menos malo de los examinados.
  10. Se puede añadir que la puntuación viene predeterminada por la elección de las pruebas y esa elección es discutible. Por ejemplo, en los PIRLS y los TIMSS los países de Europa del Este quedan mucho mejor que en PISA, mejor por ejemplo que Finlandia, que quedó en el puesto 14 en los TIMSS de matemáticas de 1999 y en el puesto 8 en los de 2011 (no participó en los de 2003 y 2007). Los exámenes PISA son muy parecidos a exámenes de inteligencia, porque la gran mayoría de los ítems son muy deducibles y se pueden responder correctamente sin tener ningún conocimiento del currículo escolar.
  11. Por otra parte estos estudios se limitan a capacidades en lectura, matemáticas y ciencias naturales, dejando fuera de consideración el conocimiento de ciencia social, precisamente el más influyente en las actitudes sociales. Todos los ciudadanos son aleccionados de mil formas en la teoría conservadora sobre el individuo y la sociedad (la que dice que el grado más alto de desarrollo social conseguible es el de nuestras democracias occidentales, en las que, por tener  todos los ciudadanos iguales derechos y oportunidades, el puesto que terminan ocupando en la escala social depende de sus cualidades y de su libre esfuerzo). Si los estudiantes no reciben en la escuela información adecuada sobre las teorías alternativas (me refiero a una concepción materialista del sujeto y una concepción marxista de la sociedad) no podrán ejercer el sentido crítico respecto a asuntos cruciales, no importa cuánta física o biología sepan. Pero las pruebas internacionales citadas son ciegas respecto a la ciencia social y las llamadas Humanidades.
  12. Para terminar: difícilmente pueden estas pruebas detectar la calidad de un sistema de educación puesto que sólo miden conocimientos o competencias, no atienden al aspecto básico: la influencia de la escuela en las cualidades de carácter. Estas pruebas están orientadas a medir en qué grado facilita la educación una inserción ordenada y eficaz del alumnado en el sistema productivo. ¿Por qué tomarlas tan en serio?

jmchamorro@jmchamorro.info

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA IZQUIERDA

El libro digital La izquierda que hace falta ya está en este blog a disposición de quien quiera leerlo.

Tiene poco que ver con lo que vengo oyendo y leyendo sobre la izquierda. Primero porque cuando se habla de la izquierda, es de los partidos socialdemócratas de los que se habla casi en exclusiva. Y a mi juicio, tenga yo razón o no, la izquierda no puede ser procapitalista. Luego porque, aunque los liderazgos, las primarias, las encuestas o los avances de programa electoral acaparan toda la atención (de los medios, de los aparatos de partido y del público interesado), no creo que estos temas sean los realmente relevantes. Quiere ello decir que lo que expongo en ese librito parecerá a muchos una reflexión que ha perdido el rumbo.

DESDE LA IZQUIERDA, OTRA IDEA DE LA EDUCACIÓN

Coincidimos todos en que la educación es algo básico para el país. Al menos nadie osa decir en público, como el rey Paradox barojiano:  “Vivamos una vida libre, sin trabas, sin escuelas, sin maestros, sin pedagogos, sin farsantes.”

Pero ¿qué es eso de “la educación”? Comenzar por aclararlo es la mejor manera de saber de qué estamos hablando.

Una buena educación ha de tener como finalidad conseguir buenos resultados en los tres espacios que componen la persona, el afectivo, el cognitivo y el de destrezas, dado que los tres son educables. Significa ello que una educación es buena si de ella salen personas bien dispuestas hacia los demás, con dosis suficientes de empatía y generosidad, y dotadas de una curiosidad avivada, que no aplacada, por los estudios; que además dominen a largo plazo los conceptos fundamentales de las ciencias (especialmente de las que tienen por objeto el individuo y la sociedad); y finalmente, que estén dotadas de habilidades estéticas, sociales, deportivas, lúdicas e intelectuales (entre estas, la de mantenerse al día, ejercitar el sentido crítico tomando en cuenta los datos relevantes y resolver problemas nuevos).

La izquierda no ha manejado este concepto de educación, así que no se ha propuesto realizarlo ni ha denunciado los obstáculos que se le oponen. Ha funcionado con un concepto más superficial: la educación es buena si obtiene buenos resultados convencionales, es decir, si el fracaso escolar se reduce y los alumnos van aprobando las asignaturas. Puesto que esto no se consigue por el momento, la izquierda viene creyendo, mal orientada por pedagogos “progresistas”, que basta con mejorar las competencias aunque no se asimilen los contenidos (¿qué será mejorar competencias sin asimilar contenidos?), y que la educación pública será adecuada si se eliminan algunos fallos y se consigue una mayor dotación (para becas, profesorado, medios) que nos aproxime a otros países europeos en gasto educativo. ¡Se echarían las campanas al vuelo si se consiguiera una buena valoración en el informe PISA!

Contra esta forma de entender la educación voy a exponer unas ideas esquemáticas, remitiendo al lector a la segunda parte de Capitalismo, el crimen global, a su disposición en este blog si quiere un desarrollo más detallado:

  1. La educación que padecemos es fruto de una confluencia de intereses de la derecha y la izquierda. Tradicionalmente la educación fue asunto de clases medias y altas, ideada para desembocar naturalmente en la universidad, institución que surtía a la sociedad de especialistas de alto nivel. Abajo quedaba el pueblo analfabeto o semianalfabeto, dedicado a trabajos de poca complejidad y mal pagados. La izquierda luchó para que la educación se extendiera a las clases bajas y hubo un momento en que la derecha comprobó que, para su inserción en un sistema productivo progresivamente complejo, es necesario que todo el mundo disponga de suficiente capacidad, referida sobre todo a lectura y cálculo. Así se pudo llegar a un consenso que hace obligatoria la educación oficial hasta los 16 años.
  2. Introducir a las clases bajas en el sistema educativo hubiera requerido, sólo para mantener el nivel previo, un gasto social enorme (que no se hizo). Hubiera sido necesario que los niños de clases bajas recibieran desde el primer año de vida (no a partir de los 6 años) los estímulos que no reciben en su familia, y sin los que no cabe un desarrollo lingüístico e intelectual semejante al de las clases medias. Investigaciones de sociolingüística han demostrado que las clases bajas  (entre las que ahora hay que contar a las que provienen de la inmigración) están condenadas al fracaso escolar en un tipo de educación diseñada para clases medias, porque los niños de clase baja no aprenden en su ámbito familiar y social los códigos lingüísticos que se manejan en la escuela, ni disponen en familia y entorno de los estímulos y apoyos de que disfrutan los de otras clases.
  3. Cuando se habla de fracaso escolar se habla de alumnos en general a pesar de que hay una fuerte correlación estadística entre fracaso y clase social. Nunca se pone de manifiesto esa correlación, precisamente porque deslegitima la democracia al hacer ilusoria su piedra angular, que es la igualdad de oportunidades y derechos. Queda dicho que estamos hablando de una fuerte correlación estadística, a la que no se opone que haya alumnos de clase media que fracasen y alumnos de clase baja que tengan éxito.
  4. El fracaso escolar de las clases bajas no sólo afecta a ellas. Al coincidir en el aula alumnos que pueden seguir las explicaciones con otros que no pueden seguirlas, surgen problemas graves de disciplina y de aprovechamiento que hacen imposible llegar al resultado que se conseguía en la escuela pública cuando sólo accedía a ella la clase media. Puesto que este fracaso es inevitable, todo lo que se hace es disimularlo, de manera que se va haciendo más y más patente cada curso que pasa. Para darle salida se idean programas de diversificación curricular y ciclos formativos con los que se prepara para su inserción en el mercado laboral (peluquería, hostelería, carpintería, mecánica, etc.) a los alumnos incapaces de seguir la línea de estudios que desemboca en la universidad.
  5. Esta descripción no es aplicable sólo a España. La educación fracasa en todos los países desarrollados, incluso en los que parece que figuran a la cabeza del éxito escolar. Esto es algo que dejan claro algunas características de la clase de población que esa educación fabrica (y para las que el informe PISA es ciego). Una población que, en su mayoría, cuando la economía va bien, mira con indiferencia, desde su prosperidad, el hambre y la enfermedad de media humanidad (ni siquiera exige a sus gobernantes que entreguen el 0,7 comprometido para ayuda al Tercer Mundo); que vota a la derecha (alternando la derecha dura con la socialdemócrata) y se deja engañar no sólo por los Obama o Zapatero, ni sólo por los Reagan, Bush o Aznar, sino incluso por los Berlusconi de turno; que vota a procesados y condenados por corrupción; que cuando empeora la situación soporta asustada lo que le cae encima y en lugar de enfrentarse a los culpables se enfrenta a otras víctimas, mostrando hasta qué punto tiene bien interiorizadas las pautas machistas, xenófobas y racistas; que es tan torpe como para buscar la solución echándose en brazos de la extrema derecha; que ha olvidado la poca ciencia natural que aprendió en la escuela y tiene ideas míticas sobre el individuo y la sociedad. Una mayoría a cuyos miembros no se verá fácilmente con un libro en las manos o buscando entradas para escuchar a una  buena orquesta; una población adicta a los medios basura y que no considera agresión insoportable la continua intromisión de una publicidad ideada para mentes infantiles. En definitiva, una población en su mayoría egoísta, ignorante y dominada por el miedo. Ese es el resultado del sistema educativo de los países “desarrollados”.
  6. Dicho esto hay que insistir en que no hay obstáculos biológicos o psíquicos que impidan una adecuada socialización de todos los miembros de la sociedad en los tres espacios que indiqué al principio. Ni hay otros obstáculos económicos (dada la cantidad de riqueza que nuestra sociedad es capaz de producir) que la mala distribución de los recursos determinada por las leyes que nos rigen.
  7. Para que el episodio de la educación empiece a ser creíble es necesario no sólo dotar adecuadamente a cada escuela de espacios y medios para prácticas deportivas, artísticas y científicas, sino sobre todo proceder a la adecuada selección y preparación de profesores y otros expertos en número suficiente (un número enorme por relación con el que hay) para que cada alumno reciba atención individualizada según sus necesidades y para compensar, desde un principio, las deficiencias conceptuales con que cargan los niños de clases bajas y las deficiencias afectivas con que cargan casi todos. No es arriesgado calcular que para ello habría que dedicar un 20% del PIB, tal vez un 30%. De poco sirve entonces pasar del 5% que venimos gastando en España al 6,8% que se viene gastando en Finlandia. Un 10% del PIB pasaría por una maravilla, cuando en realidad no haría otra cosa que cubrir las apariencias. ¿O alguien cree que la educación en Finlandia es buena, por más que los alumnos finlandeses lean y calculen mejor que los españoles?
  8. Téngase en cuenta que dedicar un 30% del PIB a la educación sería algo perfectamente hacedero en una sociedad racionalmente organizada, pues en ninguna otra cosa se puede hacer tamaña inversión con mejores frutos de todo tipo, incluso económicos: se crearían decenas de miles de puestos de trabajo socialmente útiles y se fabricaría una población capaz de distinguir lo necesario de lo superfluo y de lo dañino, capaz por tanto de exigir una asignación de recursos racional y justa (en lugar de aceptar  la irracional e injusta del mercado) y de lograr cotas de productividad insospechadas.
  9. Nos puede indignar que la reforma del PP coloque el adoctrinamiento religioso como asignatura evaluable, que suprima la educación para la ciudadanía, que cometa la villanía de negar la beca a los estudiantes sin recursos que han aprobado con una calificación inferior al 5,5, que disminuya el escasísimo profesorado cuando los alumnos han aumentado, que vacíe de contenido a los Consejos Escolares, que para elevar el nivel no tenga otra ocurrencia que apartar más rápidamente a los alumnos de clases bajas del camino que siguen los restantes, sea colocando una reválida tras el primer curso de la ESO, sea adelantando un año la elección entre Formación Profesional o Bachillerato. Ciertamente, el PP pretende hacer más injusta y reaccionaria la educación de lo que ya es. Pero supongamos que el PSOE, urgido por la izquierda y con su apoyo, hace una reforma en dirección contraria y que incluso es capaz de pasar del 5% del PIB ¡al 8%!, algo por completo improbable. ¿Tendríamos una buena educación pública? Si alguien lo cree es que tiene un concepto pobre de lo que debe ser una buena educación pública.
  10. Y es que lo que sería posible en una sociedad racionalmente organizada no es posible en la nuestra, ya que una buena educación fabricaría personas lúcidas y ello sería un obstáculo insalvable para la dominación y explotación presentes. Ello no significa que la mala educación actual se deba a una conspiración de la derecha. No hace falta conspiración (que la habría, claro está, si fuera necesaria), porque la mala educación es el resultado obligado de la lógica del sistema. Está bien demostrado que hasta hoy los poderosos han tenido éxito al inspirar e imponer unas leyes que impiden que la distribución de la riqueza efectuada por el mercado sea alterada sustancialmente mediante impuestos adecuados. Y sin ello no cabe pensar en recursos suficientes. Las constricciones del sistema económico capitalista impiden que se dedique a educación sensiblemente más de lo que se viene dedicando. Con eso basta.
  11. Esto quiere decir que para conseguir una buena educación hay primero que salir del sistema capitalista. Dentro de él no es posible, no nos hagamos ilusiones. Todos los caminos de reflexión que atraviesan la superficie de las cosas llevan a la misma conclusión. Hay que salir del sistema capitalista si se quiere que las personas sean correctamente socializadas y tengan un futuro despejado y razonable. No es intelectualmente correcto abordar ningún problema social genuino orillando el tema del orden económico y social capitalista.

jmchamorro@jmchamorro.info