Archivo por meses: marzo 2014

MEDIOS DE COMUNICACIÓN PRIVADOS Y DEMOCRACIA

La destitución de Pedro J. como director de El Mundo ha escandalizado a algunos, al revelarles que los medios de comunicación españoles están en manos de capital extranjero. Se han podido enterar de que El Mundo pertenece ahora al grupo italiano Rizzoli-Corriere della Sera (RCS), que en el Grupo Prisa hay accionistas americanos e ingleses (el fondo Liberty y HSBC), que Telecinco y la Cuatro están controladas por Mediaset, propiedad de Berlusconi, que el grupo alemán Bertelsmann y el grupo italiano De Agostini tienen una importante participación en Antena 3 y la Sexta y que el grupo Walt Disney tiene el 25% de Intereconomía.

Ahora bien, ¿cambiaría mucho el asunto si los medios españoles estuvieran controlados por capital español? En Prisa también participan bancos españoles acreedores (el Santander, Bankia y la Caixa además de Telefónica), La Vanguardia está controlada por CaixaBank y la Razón por el Sabadell. El Cuarto Poder pertenece ya al sector financiero. Pero el capital es internacional, bien lo sabe el presidente de Iberdrola, Sánchez Galán, cuando dice que los accionistas de esa compañía se sienten ahora más británicos, estadounidenses y mexicanos que españoles, porque sus beneficios en España han caído un 7% el pasado año.

I

LOS CONTROLADORES

La arrolladora concentración de la propiedad ha hecho desaparecer a numerosos medios locales, en particular radios, periódicos pequeños y empresas periodísticas familiares. Los Polanco han perdido el control del Grupo Prisa y el Washington Post anunció el año pasado su venta a Jeff Bezos —el fundador de Amazon—, acabando así el periodo en que la familia Graham estuvo, durante cinco generaciones, al mando del periódico. A la postre un enorme porcentaje de medios de comunicación del mundo va siendo controlado por megacorporaciones que tienen conexiones entre sí, con otras grandes corporaciones no mediáticas y en última instancia con el capital financiero.

De los 30 principales grupos mediáticos del mundo los principales son estadounidenses, entre ellos Walt Disney Company, Time Warner, News Corporation (el grupo de R. Murdoch), Viacom/CBS, General Electric, The New York Times Company y The Washington Post Company. Entre esos 30 hay también 4 grupos japoneses (Yomiuri Shimbun y Sony entre ellos), 3 franceses (entre ellos Vivendi), 3 ingleses (entre ellos la BBC), 2 alemanes (Kirch y Bertelsmann), 1 italiano (Mediaset, de Berlusconi) y 1 mexicano (Televisa). Un dato significativo es que a estas compañías se han sumado dos de la nueva era, Google y Yahoo!

Estos grupos controlan los principales periódicos, cientos de radioemisoras y las cadenas de televisión que tienen mayor audiencia en sus programas de noticias (entre ellas ABC, CNN, NBC, CBS, Fox y Sky). Cientos de millones de ciudadanos de todo el planeta consumen a diario –directa o indirectamente– los productos informativos y culturales de estos holdings.

II

UNA INVESTIGACIÓN REVELADORA

La influencia de los medios en las creencias, valores y actitudes de la gente está bien demostrada. Recordemos el resultado de la investigación que se hizo en EE UU en octubre de 2003 partiendo de estas tres creencias equivocadas sobre la guerra contra Irak:

a) Existen pruebas de la relación de Irak con Al Qaeda.

b) Se han descubierto en Irak pruebas de armas de destrucción masiva.

c) La opinión pública mundial ha aprobado la invasión estadounidense de Irak.

Resultó que el 48% de los entrevistados creían la primera, el 22% la segunda y el 25% la tercera. Y que de los bien informados (los que creían que las tres son falsas o al menos no probadas) sólo el 23 % respaldaba la guerra, mientras que quienes aceptaban una de las tres se mostraban a favor en un 53%, quienes aceptaban dos en un 78% y quienes aceptaban las tres en un 86%.

Hasta aquí la mera evidencia de que ciertas creencias influyen en las actitudes y comportamientos políticos, pero lo más significativo es la correlación de esas creencias con las fuentes informativas. Los mejor informados eran los que obtenían sus noticias de los medios impresos, de la NPR (Radio Nacional Pública) o el PBS (Servicio Público de Radiodifusión). Luego venían, muy por detrás, los de NBC y de CNN. Entre los espectadores de ABC y CBS había muchos más con concepciones erróneas que sin ellas. Y predominaban las concepciones erróneas entre los de Fox News.

Esta investigación confirma, si es que fuera necesario, que hay unos medios que son más fiables que otros. Los públicos aparecen como más fiables que los privados si funcionan en un país no totalitario. Pero ¿hay medios privados realmente fiables?

III

TODOS SON CONSERVADORES

Considerando el grado de fiabilidad se suele calificar a algunos medios como solventes y a otros como insolventes.

Los insolventes mienten expresamente, tergiversan la información, practican el chantaje y la extorsión, hacen campañas interesadas inventando y ocultando lo que les conviene, negocian bajo cuerda amenazando con airear algo, espían a jueces, legisladores o políticos, y manejan así un poder claramente incompatible con el funcionamiento democrático. Murdoch ha usado sus medios para favorecer sus posiciones políticas, pero también para influir en los numerosos casos legales a los que ha debido enfrentarse, acusado de soborno y corrupción, de practicar acciones monopolísticas, de canalizar los beneficios de sus negocios a paraísos fiscales y de intervenir teléfonos de algunas celebridades, personas de la realeza y ciudadanos. De Berlusconi se puede decir algo semejante. En España tenemos buenos ejemplos de cómo algunos medios inventan y silencian noti­cias, y promueven campañas según designio privado de sus controladores, al punto que, por comparación con el casi monopolio de oscurantismo eclesial, ultraconservador y amarillista que impera en una gran parte de la prensa, la radio y la TV privadas, hay quienes creen que los medios de Prisa son de izquierdas.

En nombre de la libertad de expresión los medios insolventes cometen sus tropelías impunemente,  salvo que alguna persona pueda demostrar ante los tribunales que ha sido objeto de injurias o calumnias. No hay otro control sobre los propietarios que un derecho timorato aplicado además por jueces que temen la reacción de esos medios y que suelen ser benévolos frente a la difamación, la injuria o la intromisión ilegal en la intimidad ajena.

Pero vayamos a los medios respetables, que son minoritarios.

John C. Merrill, autor de La prensa de élite. Grandes periódicos del mundo, dice que la prensa de calidad está en el centroizquierda. Debería haber añadido que se trata de un centroizquierda procapitalista, la forma más sensata de defender lo que hay. Aceptado esto, parece que sobra preguntar si son fiables. Pues los medios de propiedad privada que gozan de prestigio son los principales encargados de fabricar (y sin oposición) la mentira legitimatoria que es imprescindible a todo sistema elitista.

Si pensamos que El País, el New York Times, el Washington Post o Le Monde son medios fiables nos quedamos en la superficie del tema. Dejando aparte casos escandalosos (como que Jack Kelley, nominado a los Premios Pulitzer, inventara una serie de noticias para el USA Today, o la aventura parecida de Jayson Blair en el New York Times) podemos admitir que estos medios se abstienen de afirmar hechos directamente falsos. Pero eso no quiere decir que observen la realidad con una mentalidad neutral. Esto les llevaría a cuestionarse la legitimación del sistema capitalista y en este punto, que es el fundamental, todos los medios de comunicación importantes hacen causa común. Es natural, todos son propiedad de grandes compañías y no van a tirar piedras a su tejado.

IV

¿HASTA DÓNDE LLEGAN LAS CONTRADICCIONES?

El filósofo J. Habermas no puede desconocer todo esto, pero, conservador al fin, concluye sin rubor que es inocuo que la propiedad de los medios sea privada, es decir, que esté en manos del poder económico. ¿Por qué? Porque el pernicioso efecto que ello podría originar se elimina debido a las contradicciones entre los diferentes medios. Y se queda tan ancho.

Es cierto que los medios privados se contradicen, pero nunca en el tema básico. Unos pueden ser partidarios del partido demócrata y otros del republicano, unos pueden defender la guerra de Irak y otros oponerse, unos pueden apoyar las leyes del PP sobre aborto y educación y otros estar en desacuerdo. Pero su influencia en la opinión pública y en la actividad política va siempre dirigida a favor de la economía de mercado, de su forma de distribuir la riqueza y del tipo de “democracia” que de ella se sigue. Todos ellos insisten en la idea de que la economía de mercado es condición para la democracia y la libertad. En la perspectiva internacional muestran al llamado mundo occidental como una sociedad abierta en la que la libre competencia da a todos posibilidades de triunfo, y presentan a Estados Unidos como líder desinteresado que lucha por extender esas virtudes al resto del mundo.

Si echamos una mirada a la forma en que se tratan ciertos asuntos, por ejemplo los que se refieren a Cuba, Venezuela, Ucrania, Rusia o China, no podemos dejar de preguntarnos: ¿cómo es posible que Estados Unidos tenga la desfachatez de presentarse como garante de la legalidad internacional, como modelo de democracia, como espacio en que imperan los derechos humanos, y que con tal disfraz se dedique a condenar a otros y castigarlos? Pues sencillamente, porque tiene poder para ello y porque hay unos medios de aplastante influencia que respaldan esa imagen. Nunca hemos visto que los medios influyentes se hayan lanzado a criticar sistemáticamente el papel criminal de Estados Unidos en el mundo, y ocasiones y razones han tenido muchas. Los que han llegado más lejos se han conformado con convertir los crímenes en errores de un Presidente, sin achacarlos al sistema que mueve al Presidente como a una marioneta. Los medios privados hacen sin el menor sonrojo aquello que hay que hacer. El capital no se sonroja nunca, y tampoco quien se pone a su servicio. Este servicio es una tarea cada vez más difícil, hay que reconocerlo, pero se insiste en ella.

Puede haber medios que critiquen de pasada los paraísos fiscales, pero ninguno insiste machaconamente, con grandes titulares en primera página, en lo insoportable de tal escándalo, ni incita a la población a votar a los partidos que mejor podrían poner remedio a esa ignominia. Tampoco hay campañas serias contra la falta de regulación del espacio internacional, precisamente porque la no regulación favorece al capital incondicionalmente. Pero sobre todo, ¿quién ha visto que algún medio privado argumente de manera sostenida contra el derecho a la riqueza ilimitada, y a favor de impuestos que hagan decrecer sensiblemente las grandes fortunas? ¿Cuándo en los medios privados se cuestiona el derecho de propiedad tal y como existe en las sociedades capitalistas?

En definitiva, no importa que en muchas cuestiones los intereses rivales y el deseo de aumentar las ventas introduzcan cierta pluralidad y un ocasional afán fiscalizador. Todo ello ocurrirá dentro del pensamiento correcto y de los intereses únicos, sin constituir una alternativa cognitiva e informacional a la actitud pro sistema. De esta manera los medios influyentes convierten la opinión unánime a favor del capitalismo en el aire que se respira, en el sentido común imperante. Ya he comentado que “pensamiento único” es un rótulo que se lanzan mutuamente como acusación los socialdemócratas y los neoliberales, pero que de hecho comprende a ambas formas de aquiescencia. Es pensamiento único porque sólo él aparece en los medios: al pensamiento anticapitalista no se le da espacio, como si no existiera o fuera impresentable.

V

ELIMINAR LA COMPETENCIA

Cuando el monopolio de la ideología procapitalista peligra, los dirigentes conservadores se muestran muy susceptibles. Al recuperar Hugo Chávez el poder en Venezuela, G.W. Bush le hizo una advertencia acerca de la necesidad de respetar la libertad de prensa. ¿A qué libertad se refería? A la de antiguos beneficiarios de un régimen político cuyo nivel de corrupción era causa del empobrecimiento de una mayoría de la población. Se trata de libertad para difundir noticias falsas, promover campañas de intoxicación y todo lo que ya sabemos que hace la derecha latinoamericana cuando alguien no controlado por ella consigue el poder político.

En el ámbito internacional el monopolio informativo se defiende con uñas y dientes. Hemos tenido ocasión de comprobar, por ejemplo, los medios, bombardeos incluídos, con que pretendió el mismo Bush eliminar una fuente de información no controlada, la de Al Yazira, y hemos sabido también cómo se diseñan desde la Administración americana campañas de ocultación e intoxicación con Agencias oficiales creadas ad hoc. Los países del Tercer Mundo han alzado sus protestas contra el monopolio informativo de las grandes agencias internacionales controladas por los intereses capitalistas, pero la réplica de EE UU a cualquier intento de alterar este estado de cosas ha sido contundente. Ha llegado incluso a retirar su contribución a la UNESCO por el planteamiento “no liberal” que esa organización tenía sobre los medios de comunicación.

Así que hemos de preguntarnos: ¿cómo es que la libertad de expresión así entendida, que lleva dentro tan segura contradicción con la democracia, es presentada como un fruto exquisito de la democracia y la libertad? Primero, porque así ha sido definida en la Declaración de Derechos Humanos. Y luego porque los propios medios de comunicación privados están dedicados a una operación de auto-propaganda de eficacia indudable.

VI

¿ES UN DERECHO HUMANO LA PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS?

El derecho a la libertad de conciencia y de opinión formulado en la Declaración de Derechos Humanos sería indiscutible si implicara el derecho a adquirir las capacidades mentales necesarias para un comportamiento autónomo (pudiendo cualquiera reclamar a la sociedad si no se las ha proporcionado). Pero no pidamos peras al olmo.

Aunque de alcance más limitado, ese derecho sería defendible en la medida en que signifique no ser perseguido o condenado por expresar opiniones, y además tener garantizadas formas no discriminativas de acceso a los medios de comunicación y a las fuentes de información.

Pero la Declaración de Derechos Humanos comete la impostura de incluir en la libertad de expresión la facultad de poner en pie medios de comunicación de propiedad y control privados. Esta impostura viene a significar que el rico y el pobre tienen el mismo derecho a financiar un imperio mediático. Sólo ocurre, ya se ha dicho, que quienes no tienen capacidad económica suficiente renuncian sistemáticamente a ese derecho de la misma manera que el rico renuncia sistemáticamente a su derecho a dormir bajo los puentes.

VII

ELLOS SE ECHAN FLORES

Así bendecidos por una Declaración tan pomposa, la estrategia que utilizan los medios privados para ensalzarse consiste en considerar que no tienen otra alternativa que los medios públicos controlados por el gobierno, situación típica de las dictaduras o regímenes totalitarios. Y entonces sustituyen la expresión ­”bajo control privado” por la expresión “libre” en una astucia de alto valor ideológico. Los medios privados son efectivamente libres del control gubernamental, pero no del control de sus propietarios.

La astucia ha sido tan exitosa que, mientras hay una gran sensibilidad respecto a la manipulación de los medios públicos por los gobiernos, nadie critica que un medio privado sea manipulado por sus propietarios. Esta manipulación se considera al parecer natural e irrelevante.

Ocultando su dependencia de quienes los financian, los medios privados se presentan como defensores y garantes de la transparencia y la verdad, y a tal mistificación contribuyen muchos periodistas en prensa, radio y televisión, elegidos precisamente por la credibilidad que inspiran cuando mienten. Algunos de ellos presumen de no ser presionados ideológicamente por los medios en que trabajan, como si eso significara que son libres. Lo cierto es que han sido elegidos por su ideología y si alguno se convirtiera, por algún azar, a una ideología anticapitalista, no duraría en su puesto dos días si pretendiera expresarla.

Es cierto que algunos medios fiscalizan al poder político, descubren abusos, publican andanzas que permanecían ocultas, han dado voz a algunas disidencias, se han arriesgado a veces en la oposición a intentos involucionistas, como El País en el golpe de Estado del 23F. The New York Times ha ganado cerca de cien premios Pulitzer, que es el reconocimiento más prestigioso en Estados Unidos a la labor periodística, y The Washington Post fue honrado sólo en 2005 con 18 Pulitzers y 18 Nieman Fellowships.

Pero ¿qué han hecho para ganar esos premios? Por ejemplo, en 1971 The New York Times descubrió que el gobierno de Estados Unidos manipulaba la información que ofrecía a sus ciudadanos sobre el desarrollo de la guerra de Vietnam, en 1972 reveló que durante décadas se había negado tratamiento médico a miles de afroamericanos que pedecían sífilis, en 2004 reveló la inseguridad laboral en muchos lugares de trabajo, y cosas así, perfectamente asimilables por el sistema. The Wasington Post ganó fama mundial por su investigación sobre el Watergate, que sirvió para ensalzar ad nauseam la libertad de la prensa y la calidad de la democracia americana. Sí, los medios privados se han enfrentado a veces al poder político de turno, nunca al verdadero poder (que sería enfrentarse a sí mismos).

Incluso hay medios que para ganar credibilidad se permiten abrir sus páginas a escritores de izquierda anticapitalista para que desde una pequeña columna protesten desesperanzadamente contra lo que hay y queden así descritos, por la misma localización de su protesta y la relación de proporcionalidad con las aquiescencias, como personajes marginales, ajenos a la realidad, románticos entrañables en el mejor de los casos. Al mismo tiempo son prueba de la imparcialidad del medio respecto a la pluralidad ideológica.

VIII

MEDIOS PÚBLICOS BAJO CONTROL SOCIAL

Algunos teóricos, tras reconocer que los medios de comunicación se han erigido en el espacio en que se forman las opiniones y las decisiones de los ciudadanos, añaden que, teniendo en cuenta que esos medios no sólo tienen obligación de informar, sino de vender más para incrementar su influencia, la política ha de adaptarse a un lenguaje que tiene tres reglas: simplificación del mensaje, personalización de la política y predominancia de los mensajes que desprestigian al adversario sobre los positivos.

Quienes describen así la situación no se escandalizan de que las cosas sean como las describen. Les parece natural que el espacio en que se forman las opiniones y decisiones de los ciudadanos sea de propiedad privada y gestionado sin control democrático. Y no se plantean por qué los medios de comunicación venden más si simplifican, personalizan y destacan lo negativo, es decir, no se plantean por qué gran parte de la población no compra medios que, eludiendo simplificar, personalizar y destacar lo escandaloso, se dedican a abordar las cuestiones en su complejidad real y dirigiéndose a la inteligencia de los lectores u oyentes.

Que para vender más tengan los medios que actuar así es una consecuencia de la estructura mental de la audiencia, fabricada por los sistemas educativos de nuestras sociedades. Que tengan que vender más es una consecuencia de la propiedad privada y de la economía de mercado. Y finalmente, que incrementen así su influencia es síntoma de que no se dan las condiciones imprescindibles para una sociedad democrática.

No hay que esperar, claro está, que los medios privados se dediquen a analizar su propia incompatibilidad con la democracia, por más que algunos capten la malicia del control privado cuando en su entorno se consolida un imperio mediático excesivamente poderoso. En tales casos la falta de objetividad que debe achacarse a todo medio de propiedad y control privados es reconocida por los mismos que la utilizan en su beneficio, pero que no quieren soportarla en beneficio de otro más fuerte. El Vaticano denuncia el peligro de que nazca un sistema basado en las grandes concentraciones informativas que, a nivel nacional y supranacional, pueda crear condiciones de superioridad y, por lo tanto, de subordinación cultural. Pero al mismo tiempo intenta montar una cadena confesional de ámbito europeo y daría cualquier cosa por tener el monopolio de la información en el mundo. El PP veía con gran aprensión el poder mediático de Prisa, favorable al PSOE, y los socialistas, tras el acuerdo entre Telefónica y el BBVA, denunciaron que el PP había utilizado las privatizaciones para enriquecer a los amigos de Aznar a cambio de que las empresas privatizadas adquiriesen medios de comunicación al servicio de la derecha. De repente unos y otros parecían conscientes de que el poder mediático puede “deteriorar la calidad de la democracia al dar la posibilidad de comprar las conciencias y manipularlas”. De la misma manera los perjudicados por el poder mediático de Berlusconi han puesto el grito en el cielo sin apreciar que Berlusconi, más ellos mismos, son el monopolio conservador que impide que llegue a la población un pensamiento libre.

Llegamos así a una conclusión trivial, pero que parece blasfema (y si indagamos por qué, se refuerza el argumento que vengo exponiendo): los medios privados deberían estar rigurosamente prohibidos. A poco que se piense, es de sentido común que, para que haya verdadera libertad de expresión, y consecuentemente, para que haya democracia, una condición necesaria es que los medios de comunicación sean públicos. Por supuesto que no controlados por los Gobiernos. Estoy hablando de propiedad pública y control social. Las instituciones sociales (partidos políticos, sindicatos, asociaciones de empresarios y de consumidores, colegios profesionales, asociaciones de periodistas, institutos científicos y artísticos, etc.) han de disponer en esos medios de espacios para usarlos libremente, de forma que cada grupo de intereses relevante pueda exponer con toda libertad sus informaciones y opiniones, pero en confrontación con las de otros grupos e ideologías. Estando todas presentes en la confección del mismo medio, cada receptor tendrá acceso a todas ellas y sabrá de dónde proviene cada una.

Mientras las cosas no sean así, soportemos lo que hay, o luchemos contra ello, pero no hablemos de democracia y de “libertad de expresión” como si existieran en el mundo. Dejemos esa mentira a los otros, que saben administrarla muy bien.

DESIGUALDADES E IGUALDAD

I

UN ARTÍCULO DE MARIANO RAJOY

En el pasado debate sobre el estado de la nación Alfredo Rubalcaba leyó un párrafo del artículo de Mariano Rajoy Igualdad humana y modelos de sociedad, publicado en 1983 en el Faro de Vigo, cuando Rajoy era diputado de Alianza Popular en el Parlamento de Galicia. No resisto la tentación de transcribir el artículo entero:

“Uno de los tópicos más en boga en el momento actual en que el modelo socialista ha sido votado mayoritariamente en nuestra patria es el que predica la igualdad humana. En nombre de la igualdad humana se aprueban cualesquiera normas y sobre las más diversas materias: incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos -cada vez mayores y más progresivos- igualdad de retribuciones… En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad, capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa o habilidad: sólo importa la igualdad. La igualdad humana es el salvoconducto que todo lo permite hacer, es el fin al que se subordinan todos los medios.

Recientemente, Luis Moure Mariño ha publicado un excelente libro, sobre la igualdad humana que paradójicamente lleva por título ‘La desigualdad humana’. Y tal vez por ser un libro “desigual” y no sumarse al coro general, no ha tenido en lo que ahora llaman “medios intelectuales” el eco que merece. Creo que estamos ante uno de los libros más importantes que se han escrito en España en los últimos años. Constituye una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmación de que todos los hombres son iguales, de las doctrinas basadas en la misma y por ende de las normas que son consecuencia de ellas.

 Ya en épocas remotas -existen en ese sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas ‘Leyes’ nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual. No sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación.

Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado -punto de arranque de un nuevo ser humano- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen de forma matemática de suerte que las células hijas reciben exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas contenido en las células del cuerpo, uno sólo pasará a la célula generatriz, el paterno o el materno de ahí el mayor o el menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural de hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades humanas: en el se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas, salud, color de ojos, pelo, corpulencia… hasta las llamadas psíquicas, como la inteligencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios. Y buena prueba de esa desigualdad originaria es que salvo el supuesto excepcional de los gemelos univitelinos, nunca ha habido dos personas iguales, ni siquiera dos seres que tuvieran la misma figura o la misma voz.

Esta búsqueda de la desigualdad, tiene múltiples manifestaciones: en la afirmación de la propia personalidad, en la forma de vestir, en el ansia de ganar -es ciertamente revelador en este sentido la referencia que hace Moure Mariño al afán del hombre por vencer en una Olimpiada, por batir marcas, récords…-, en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoraciones, títulos nobiliarios desprovistos de cualquier contrapartida económica… Todo ello constituye demostración matemática de que el hombre no se conforma con su realidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y además un mejor bien ser, de que en definitiva, lucha por desigualarse.

Por eso, todos los modelos desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riqueza -porque como con tanta razón apunta Moure Mariño, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden “decretar”- y establecen para ello normas como las más arriba citadas, cuya filosofía última, aunque se les quieran dar otro revestimiento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarias a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso y por ello, aunque se llamen a sí mismos “modelos progresistas”, constituyen un claro atentado al progreso, porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es el que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos, que la imposición de esa igualdad relajaría a cotas mínimas al privar a los más habituales, a los más capaces, a los más emprendedores… de esta iniciativa más provechosa para todos que la igualdad en la miseria, que es la única igualdad que hasta la fecha de hoy han logrado imponer”.

II

CLASES BAJAS, MUJERES, NEGROS

La apelación a los genes vale para justificar la pobreza de los de abajo, pero también el sometimiento de las mujeres (que por su naturaleza necesitan ser gobernadas) y de los negros.

La idea de la inferioridad genética de los negros fue esgrimida por quienes se oponían en Estados Unidos al cese de la esclavitud. Más tarde volvió a airearse cuando las revueltas de Harlem de 1965 dejaron al descubierto la América de la pobre­za. Fueron entonces sociólogos y psi­cólogos conservadores quienes montaron la hipó­tesis del déficit para explicar el fracaso escolar de los negros. C. Be­reiter y S. Engelmann dictaminaron que los negros hablan un lenguaje no estructurado, consistente en gritos emocionales reveladores de un compor­tamiento expresivo, pero no lógi­co, y apoyándose en esta tesis A. Jensen y sus colabora­dores propusie­ron en 1969 a la National Academy of Sciences un plan de eugene­sia racista: la esteriliza­ción de las mujeres negras que fracasa­ran en ciertos tests de inteligen­cia.

El plan no tuvo éxito porque W. Labov y otros lingüistas, interesados por la descripción de lenguas no-standard y por la enseñanza en los ghet­tos, demostraron que el lenguaje de los negros (su vernacular) tenía la misma capacidad lógica que el de los blancos, y que si aquellos fracasaban en la escuela era porque se les enseñaba en un vernacular ajeno (el inglés estándar) y no en el propio. Demostraron también que el método elegido para la aplicación de tests de inteligencia a mujeres negras (entrevista en laborato­rio) predeter­minaba resultados erróneos. Las mujeres negras podían fracasar en esas pruebas de inteligencia no porque carecieran de ella, sino porque su vernacular dominado se desintegraba en presencia del vernacular dominante propio de los investigadores. Esas mismas mujeres podían ser perfectamente inteligentes en su medio social.

Pero el prejuicio interesado no cesa: recordemos que en 2007, el premio nobel de fisiología J. D. Watson volvió al mismo argumento cuando dijo que África no saldrá de su pobreza porque los negros son genéticamente inferiores a los blancos en punto a inteligencia. Está claro que se puede ser premio Nobel de una especialidad y ser un zote cuando se sale de ella. Pues los que creen que los negros son genéticamente inferiores en inteligencia ¿cómo explican el hecho de que los blancos incultos sean inferiores en inteligencia a los negros cultos?

El mismo argumento se ha aplicado a las mujeres. Primero se les cierra el camino de actividades científicas y artísticas y luego se alega la falta de realizaciones como prueba de una inferioridad genética que legitima su posición inferior. Pero quienes creen en la inferioridad de las mujeres ¿cómo explican que las que han recibido una adecuada preparación sean superiores en ciencia y artes a los hombres que no la han recibido?

III

LO QUE YA SE SABE

  1. Los hay que creen que al óvulo fecundado le es introducida un alma por dios, y por eso afirman que un óvulo fecundado es una persona. Creer en almas inmateriales es algo muy consolador, pues asegura la inmortalidad en una vida eterna, pero carece de cualquier fundamento. Ni siquiera se puede decir que el recién nacido tiene la capacidad racional que se atribuye al alma. En el momento del nacimiento el cerebro humano carece de conceptos. Las conexiones sinápticas son pocas, de forma que las neuronas se pueden observar en laboratorio  sin necesidad de las tinturas especiales que son necesarias meses más tarde a causa de la espesura sináptica que han ido fabricando los aprendizajes posteriores al nacimiento.
  2. Lo que hace del cachorro humano algo muy diferente del chimpancé es su capacidad para el aprendizaje de la lengua de su grupo, y por ello la denominación “lengua materna” no es metafórica. Los casos investigados de los llamados “niños-lobo” o niños ferales (Pedro de Hamelin, la niña de Songui, Víctor de Aveiron, que inspiró la película El niño salvaje de Truffaut, o Genie Wiley, que inspiró la película The Mockingbird Don´t Sing) han probado que si el nacido de humanos no a­prende una lengua natural no va a manifestar en su comporta­miento síntomas de que en él funcione una mente humana, esto es, no va a tener comportamiento de persona y en consecuencia (al menos si hablamos desde un punto de vista empírico y libre de creencias dogmáticas) no va a ser persona. Su mente será semejante a la del chimpancé. Podemos entonces decir que el humano tiene alma, y los restantes animales no, siempre que identifiquemos alma y lenguaje. Se trata de un alma material que se adquiere a partir del nacimiento y que también se pierde (por enfermedad o muerte).
  3. Ello quiere decir literalmente que el humano es efecto de dos gestaciones, una intrauterina (biológica) y otra extrauterina (social), siendo ésta segunda la verdaderamente fundamental respecto a las propiedades típicamente humanas, las que no compartimos con otros primates. La interacción comunicativa es el útero social que nos gesta como personas, en un proceso que va introduciendo y sistematizando en nuestra memoria estructura semántica de origen social.
  4. Los mecanismos básicos de la inteligencia son innatos, y relativamente simples; consisten en una tendencia a la empatía y la imitación junto a capacidades más específicas, como abstraer, generalizar y discriminar, inducir y deducir, y también tomar a una cosa por signo de otra. Que estos mecanismos lleven a resultados mediocres o a resultados brillantes no depende de ellos, sino del sistema mental en que se aplican. Contando con capacidades genéticas normales (esto es, dejando aparte los casos de discapacidades o minusvalías), si el sistema mental contiene contradicciones, lagunas o errores en su núcleo básico, el resultado irá siempre de mediocre a pésimo (véase como prueba el artículo antes transcrito). En cambio, si el sistema mental está bien fabricado, los resultados serán excelentes.
  5. No olvidemos que los cerebros humanos están subutilizados, esto es, que no suelen agotar su capacidad para asimilar conocimientos y destrezas. Sometida a aprendizajes adecuados desde el nacimiento cualquier persona puede alcanzar altas cotas en todos los dominios. Puede, por ejemplo, hablar numerosas lenguas, dominar el lenguaje musical y el matemático, asimilar el aparato conceptual básico de las distintas ciencias y poseer diversas destrezas (artísticas, lúdicas, corporales, etc.). Para esto no hay que tener genes especiales, sino una adecuada historia de aprendizajes. El método Suzuki ha demostrado que cualquier niño, sin selección previa, puede aprender a tocar el violín satisfactoriamente, y el método del venezolano José Antonio Abreu ha demostrado que chicos “de mala estirpe”, que diría Rajoy, pueden acabar formando parte de excelentes orquestas sinfónicas.
  6. En sentido contrario, con especiales capacidades innatas se puede no llegar lejos. Quien tiene un gran chorro de voz puede cantar peor que quien tiene menores facultades fisiológicas, pero mejor educadas, y es de suponer, por razones meramente estadísticas, que a lo largo de la historia de la humanidad miles de personas nacieron con las capacidades musicales que se suelen otorgar a Bach o a Mozart, pero educadas de forma que nada relevante hicieron en el campo musical. Hablando de su propia experiencia, el judio A. Schaff comenta que los judíos que vivían en países donde estaban segregados, y por ello se les exigía más que a los demás, llegaron tan lejos en los campos del arte y del conocimiento que se diría que son un pueblo genéticamente superior. Pero esta idea queda desmentida cuando se observa cómo son los judíos que crecen en el Estado de Israel sin trabas especiales: son como los jóvenes de cualquier otra parte equivalente.
  7. Conclusión: a partir de una dotación genética normal, la propia de la especie, las propiedades y capacidades que cada cual acabe manifestando derivan de su sistema mental de conceptos, intereses y pautas, que es aprendido y que, por ello, depende en gran medida de la cultura en la que se nace y de la clase social a que se pertenece. Rajoy tiene razón al ponderar la importancia de la estirpe, incluso a nivel psíquico. Se equivoca, ya lo hemos visto, al identificar la estirpe con los genes, cuando en realidad la estirpe es la posición social y la fortuna de los padres. Así entendida, predetermina mucho de lo que va a ser la persona, y esto no deja de ser una injusticia a remediar.
  8. Un comentario final: algunos, para quitar importancia al medio social, alegan que hermanos que viven en la misma familia pueden llegar a ser muy diferentes. No tienen en cuenta que, dentro de la misma familia, son diferentes las experiencias de unos y otros (por ejemplo, las de primogénito, segundón y benjamín). Sin embargo suele ocurrir que los hermanos, aunque diferentes como personas, disfrutan de las mismas oportunidades sociales (mismo ambiente lingüístico, misma alimentación, misma escuela, mismas relaciones sociales), que es de lo que ahora venimos hablando.

IV

LA DERECHA ESTÁ PONIENDO LAS COSAS EN SU SITIO

Volvamos al artículo antes transcrito. Lo primero que salta a la vista es que en España se requiere poca capacidad intelectual para ocupar los más altos puestos de la política. Cierto que en defensa de Rajoy se puede alegar que es un registrador de la propiedad no acostumbrado a las exigencias intelectuales del teórico. Pero entonces ¿quién le manda meterse a escribir artículos en que pretende teorizar con fundamento científico? A Rajoy no le sonroja la ocurrencia de citar como apoyo un libro escrito por Luis Moure Mariño, cuyo historial se limita a ser notario, militante franquista y cronista oficial de la ciudad de Monforte de Lemos. No le sonroja citar textos del siglo VI antes de cristo sin concretar cuáles, y se queda tan fresco al  aseverar que esos textos están confirmados por las leyes de Méndel. ¡Qué pintan en este tema las leyes de Méndel! Lo mismo que no vienen a cuento las confusas descripciones de lo que ocurre a nivel celular tras la fecundación del óvulo. ¿Qué tiene que ver todo ello con la igualdad y la desigualdad social? Los que luchamos por la igualdad ya nos habíamos percatado de que Pau Gasol es alto y Xabi es bajo, o de que hay personas rubias y las hay morenas. Y no es eso lo que queremos cambiar.

El desaliño intelectual de Rajoy no se debe a sus genes, sino a su conservadurismo. Si incluso las mentes más capaces (desde Aristóteles hasta Bentham, Russell o Habermas) cuando abordan ciertos temas desde el conservadurismo están condenadas a una torpeza sorprendente, calculen lo que puede ocurrir a una mente como la de Rajoy, que ha demostrado capacidad para aprender temas de memoria, pero no para ver por debajo de las apariencias.

Lo significativo es que las ideas que expone en su artículo son las propias del pensamiento conservador de siempre. Los conservadores observan que quienes han adquirido un lenguaje pobre y ninguna destreza sofisticada tienen realizaciones menos brillantes que los que recibieron mejor educación. Y entonces dicen: ¿Ven ustedes? Esto prueba que son genéticamente inferiores. Se tranquiliza así su ánimo, porque la injusticia social se convierte en justicia: dar a cada uno según sus méritos.

Vale la pena insistir en que tras la segunda guerra mundial el poder de atracción de la URSS obligó a disimular este ideario y a establecer el llamado Estado del Bienestar, que suponía hacer concesiones a los de abajo. Pero caída la URSS, los de arriba han acordado que ha llegado el momento de recuperar todo lo que hubo que conceder, y han encontrado una ocasión estupenda en la crisis, que les permite decir: no nos gusta hacer estos recortes, pero son inevitables, no hay opción. De nuevo los de abajo tienen que acostumbrarse a la precariedad laboral, a los salarios miserables, a una sanidad y educación que no pase de los mínimos imprescindibles para mantenerlos en el mercado laboral, sea como empleados sumisos, sea como ejército de reserva. El triunfo de las ideas que Rajoy defiende en su artículo de 1983, y que son las de la derecha mundial ahora dominante, lo estamos viendo en su reforma laboral, en la ley Wert, en la política fiscal, con una subida escandalosa de los impuestos indirectos y nada que pueda molestar a los de arriba (ya dijo Rajoy que la progresividad fiscal es algo malo a evitar). Y por si todo esto genera resistencias, en la política de orden público. Dicho con una sinceridad a la que ahora Rajoy no se atrevería: los de buena estirpe a la universidad y a vivir como merecen; los de mala estirpe a la FP y a ser explotados como merecen.

Así las cosas, quienes defendemos la igualdad no nos proponemos la caricatura que Rajoy dibuja. Sólo pretendemos igualdad de derechos y oportunidades. Esto segundo quiere decir que se eliminen las consecuencias de la estirpe, esto es, que los nacidos en clases bajas no estén condenados por ello a las posiciones sociales inferiores. Es lo mismo que decir que todos los niños reciban desde el nacimiento un tipo de educación igual para todos y eficiente (algo posible si se dedican los recursos necesarios) y que el orden social les garantice luego las mismas oportunidades para desarrollar sus capacidades y aficiones, lo que implica que haya un reparto justo de la riqueza que la sociedad genera. El artículo de Rajoy nos muestra hasta qué punto este proyecto de igualdad es insoportable para el conservador, porque amenaza a la sociedad que ama, la de las grandes diferencias sociales que le benefician.