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ESTADOS UNIDOS Y CUBA

Barack Obama ha decidido restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y, mientras algunos lo festejan, otros se quejan de que Cuba ha recibido un favor y no ha dado nada a cambio. Quieren decir que no ha dado pasos hacia su democratización. Se da por supuesto que Europa y Estados Unidos son democracias y que Cuba no lo es. Desde mi punto de vista, y por razones que he venido dando en este blog, en Cuba no hay democracia. En Europa y Estados Unidos tampoco. Y si vamos a las exigencias que se hacen a Cuba, podemos decir que no sólo no implican aproximaciones a la democracia, sino que son impedimentos radicales.

En efecto, los pasos que se le dice a Cuba que debería dar son estos:

1) Respeto a los derechos humanos. 2) Cambiar el partido único por libertad de partidos. 3) Instaurar la libertad económica. 4) Autorizar los medios de comunicación privados.

Derechos humanos

Resulta impresionante que quienes acusan a Cuba de no respetar los derechos humanos no extiendan la acusación a Estados Unidos, pese a que mantiene la pena de muerte, tortura a detenidos, envía detenidos a otros países para que se los torture, discrimina policial y judicialmente a negros e hispanos pobres, deja en la ilegalidad a más de 12 millones de inmigrantes para que se los pueda explotar laboralmente con impunidad, tiene mayor desigualdad social que cualquier otro país desarrollado, ha tenido sin servicios médicos adecuados a millones de ciudadanos, persigue a personas y grupos por razones ideológicas, etc. Recordemos que en 1940 se procesó a dirigentes comunistas bajo acusación de haber violado la Smith Act y que tras la posguerra mundial se los detuvo acusados de violar la Alien Registrattion Act simplemente por haber citado obras de Marx. Finalmente se los condenó y encarceló, y también a sus abogados defensores, acusados de desacato por negarse a delatar a correligionarios como el tribunal les exigía. Fue el periodo siniestro de la “caza de brujas” al que se llama maccarthismo como si hubiera sido una ocurrencia del senador Joseph McCarthy y no una acción del Estado americano. ¡Imaginen qué se diría si algo así ocurriera en Cuba o Venezuela, donde nunca se ha llegado a tanto, ni tan lejos!

Si pasamos al ámbito internacional las infracciones de Estados Unidos no sólo han sido y siguen siendo muchas, sino de una gravedad jamás igualada: recordemos genocidios como las dos bombas atómicas lanzadas sobre poblaciones civiles (y sin otra necesidad que demostrar al mundo, y sobre todo a la Unión Soviética, que el capitalismo era inatacable), las brutales acciones en Vietnan, la participación en golpes de Estado con promoción y apoyo a dictaduras fascistas sangrientas, la justificación con mentiras de la guerra contra Irak decidida al margen del derecho internacional, el apoyo incondicional a las fechorías de Israel, etc. etc. Dentro ya de nuestro tema: en 1960 se impuso a Cuba un embargo comercial como represalia por las muy razonables expropiaciones a compañías estadounidenses tras la Revolución, y también como un modo de extorsión para hacer inviable la economía cubana y poner así contra las cuerdas al régimen castrista. Este embargo, que inicialmente excluía alimentación y medicinas, desde febrero de 1962 llegó a ser casi total y fue ampliado en 1999, cuando el presidente Clinton se tomó la libertad de prohibir a las filiales extranjeras de compañías estadounidenses comerciar con Cuba por valores superiores a 700 millones de dólares anuales, primera ley transnacional del mundo dictada por quien carecía de competencia para ello. Pues bien, este embargo viola derechos humanos y principios básicos de derecho internacional, como la igualdad soberana de los Estados, la no intervención y no injerencia en asuntos internos, y la libertad de comercio y navegación internacionales. Por ello ha sido condenado 23 veces por las Naciones Unidas, la última el 28 de octubre pasado por 188 votos a favor, tres abstenciones (Palau, Micronesia e Islas Marshall) y dos votos en contra (Estados Unidos e Israel). A Estados Unidos estas condenas no le impresionan. El embargo sigue y los medios de comunicación, con su libertad a cuestas, no se escandalizan.

Pluripartidismo

Mantener la libertad de partidos al mismo tiempo que se defiende la riqueza privada sin límites sólo es una forma astuta de disfrazar de pluripartidismo lo que es, de hecho, el monopolio de una ideología política de carácter conservador, la procapitalista. Esa ideología tiene en Estados Unidos dos partidos sucursales, el demócrata y el republicano. Hay más partidos, pero en la práctica sólo entran en juego los dos que cuentan con el indispensable apoyo financiero, quedando los restantes condenados a la inoperancia, si no perseguidos como antes vimos.

Libertad de mercado

Bajo el rótulo “libertad económica” lo que se esconde es la exigencia de que el Estado renuncie a todo control sobre el mercado. La libertad de que se habla no es la del ciudadano, sino la de los dueños del capital para hacer con él lo que más les convenga, así sea lo que menos conviene al resto de la sociedad. Esa libertad, que se da en los países considerados democráticos y no (todavía) en Cuba, es justamente un impedimento para que haya democracia. Acaba favoreciendo la formación de una riqueza privada incompatible con cualquier atisbo de gobierno del pueblo por el pueblo, porque conduce inexorablemente a una plutocracia como la que padecemos, en la que los “representantes del pueblo” son meros ejecutores de la política que les impone el poder económico (ocultamente antes, ahora sin disimulos).

Medios de comunicación privados

La libertad de expresión que se exige a Cuba no es tal, sino la conocida argucia de eliminar el control del gobierno sobre los medios y sustituirlo por el control del capital privado, lo que supone entregar a ese capital el monopolio de la información y el diseño de la opinión pública. Hay que insistir en que respecto a los medios de comunicación la verdadera solución democrática es la propiedad pública bajo control social. Si los medios son públicos y el control lo ejerce el gobierno estamos en una situación no democrática (sea ese gobierno de derechas o de izquierdas). Ahora bien, la misma falta de libertad y democracia se da si los medios son privados y están controlados por sus dueños.

¿Por qué la condena a Estados Unidos no es unánime en los medios influyentes mientras cualquier defensa de Cuba o Venezuela provoca en ellos grandes aspavientos de escándalo? Si la psicología no nos hubiera mostrado las causas, no podríamos explicarnos que teóricos e intelectuales aparentemente dotados puedan afirmar que en Cuba o Venezuela se ignoran los derechos humanos y no afirmen lo mismo de Estados Unidos, o puedan dar por cierto que en Cuba y Venezuela hay menos democracia que en los países que se autodenominan democráticos, como Estados Unidos o el nuestro. Para los medios privados influyentes está a priori muy claro que todo disidente condenado por los tribunales de Cuba o Venezuela es víctima inocente de una represalia política. En cambio la violencia que emplea Estados Unidos tiende a verse como la del policía bueno que se sacrifica para librar al mundo de terroristas y conseguir que la democracia avance. La desvergüenza no tiene límites. Y cuando hay un monopolio sobre la información y la opinión, toda desmesura es posible. Tanto si el monopolio es gubernamental como si es del capital privado.

Dictadura de izquierdas y plutocracia

Una reflexión final. Mucho me molestó vivir bajo una dictadura de derechas, y me molestaría también vivir bajo una de izquierdas, porque soy dado a opinar y los dictadores tienden a pensar que cualquier crítica a sus acciones va contra los valores sagrados que dicen representar. De manera que en nuestra plutocracia me encuentro más cómodo que en una dictadura de izquierdas.

Ahora bien, si no pienso en mi comodidad personal, sino en los intereses de la población menos afortunada, he de concluir que para ella es más beneficiosa una dictadura de izquierdas que una plutocracia como la nuestra.

Por ejemplo, la orientación de unos medios públicos controlados por un gobierno de izquierdas suele ser más favorable a la mayoría social que la de unos medios privados. Y lo mismo el control sobre la economía. Basta recordar lo que era la Cuba de Batista y compararla con la de Fidel en asuntos básicos que afectan a toda la población, como la sanidad, la educación y la reducción de desigualdades (y la misma comparación se puede hacer en Venezuela). La plutocracia estadounidense es peor que una dictadura de izquierdas respecto al tema básico: la distribución de la riqueza entre la población y la implantación de una educación y una sanidad iguales para todos.

Ni dictadura de izquierdas ni plutocracia son un ideal, pero es una desvergüenza que los defensores de nuestras plutocracias exijan democracia a Cuba, como si ellos la conocieran. En el fondo están exigiendo que Cuba vuelva a los tiempos de Batista, fácil presa para el capital internacional.