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SOBRE EL “QUÉ HACER” DE LA IZQUIERDA

Continúo lo escrito en la entrada anterior.

GANAR ELECCIONES: ¿PARA QUÉ?
Si se da a los partidos políticos un carácter instrumental, hay que tener claro el fin al que sirven de instrumento. La pregunta a la hora de concurrir a unas elecciones debe ser: conseguir votos ¿para qué?
En primer lugar parece razonable que las metas que se proponen, incluso aunque difíciles, sean accesibles (al menos contando con el apoyo activo de una mayoría).
Para un partido de izquierdas hay una meta final, por ahora inalcanzable y que por tanto no cabe proponer, pero que ha de servir como punto de referencia para metas de menos alcance. Esa meta última es una sociedad racional y justa, donde las personas sean ejemplares del tipo que hace posible la democracia, el descrito por Marx cuando habló del “hombre nuevo”.
Tal meta es por ahora inalcanzable porque ese tipo de persona tiene pocos ejemplares y la tarea de generalizarlo no es de un día para otro, ni siquiera de una generación para otra. Hay por tanto que fijarse metas intermedias y otras próximas, inaplazables, pero concebidas todas como estaciones en la ruta hacia la meta final (y por tanto hay que poder argumentar en qué medida acercan). Entre las inaplazables está la de socorrer de inmediato a los que están sufriendo la crisis desde la pobreza. Está luego la de deshacer las reformas contra la población que ha venido perpetrando la derecha. Se impone una contrarreforma laboral y otra educativa, una reforma fiscal, la recuperación de servicios públicos privatizados y medidas que democraticen la vida política. Y a partir de aquí ir avanzando todo cuanto se pueda hacia una distribución más equitativa de la riqueza social.
Pero todo ello tendrá corto recorrido si no se acomete la tarea principal, la de dar unos primeros pasos en el proceso de transformación de la población.

EL ENEMIGO NATURAL
Y es que hay que tener claro que una política progresista encontrará dos enemigos: el natural y el inducido.
El enemigo natural es la élite económica y las élites conservadoras que trabajan a su servicio (mediática, intelectual, funcionarial y política), convertido en una fuerza formidable y despiadada en parte por la desaparición del contrapoder que era la URSS y en parte por la claudicación de la izquierda.
La socialdemocracia se ha derechizado por diversas razones: pérdida de autonomía por su endeudamiento con la banca; incapacidad de resistir el chantaje al que se han lanzado los mercados; miedo a perder electores sometidos a la impresionante presión de los medios de comunicación privados; e interés de dirigentes comprados mediante privilegios, puertas giratorias, sobornos, etc. (vean, por ejemplo, la riqueza conseguida por el promotor de la tercera vía, Tony Blair, o lo bien que le van las puertas giratorias a González). Por razones en parte semejantes los partidos eurocomunistas han girado a su derecha para jugar un papel socialdemócrata con poco éxito: han perdido una gran parte de afiliados y votantes.
En todo caso la desvirtuación de estos partidos les ha impedido liderar con éxito la lucha por el mantenimiento y expansión de los derechos de la mayoría. Y así, libres las manos, la derecha europea lleva años recuperando lo que había tenido que ceder, el dinero con que se financia eso que llamamos Estado del Bienestar.
Pero la izquierda no sólo tiene que enfrentarse a la enorme fuerza de ese enemigo natural. Como se comprueba en las sucesivas elecciones, su propuesta choca también con la voluntad de muchos que, perteneciendo a la mayoría perjudicada, votan a los representantes de la minoría que los perjudica. Y es que el poder económico no se engaña respecto a sus intereses, pero mucha gente de abajo sí. Pues aunque cada persona tiene una idea acerca de sus intereses, no todos los intereses subjetivos están asentados en razones objetivas.

LA BATALLA IDEOLÓGICA
Llegamos así a una cuestión crucial de la que la izquierda integrada en el sistema se ha venido despreocupando en las discusiones teóricas y en los programas electorales. Me refiero a su actividad en el espacio semántico. Ha creído que la batalla contra la derecha es electoral, ignorando que es sobre todo ideológica. No ha sabido entregar a la población, en forma comprensible, el conocimiento necesario para que se libere de los valores e ideas que la derecha ha venido inculcando sin descanso. O seguramente más exacto: no se ha atrevido. Y así le ha ido.
Hay que partir de una idea que choca con el saber común y que se debería enseñar en las escuelas: que las personas no nacen, sino que se fabrican. La gente no es como es por nacimiento, sino por cómo ha sido fabricada socialmente. La sociedad es, antes que nada, una ingente fábrica de personas en los espacios biológico y cultural: se engendran niños y estos se hacen personas al aprender la lengua de su grupo, que no es sólo capacidad para decir y entender expresiones. La lengua materna es sobre todo un sistema de conexiones cerebrales entre las palabras por una parte, y las percepciones, afectos y acciones por otra. El aprendizaje va haciendo que palabras como libertad, democracia, dictadura, riqueza, pobreza, éxito, fracaso, placer, dolor, deber…, junto a calificaciones como posible, probable e imposible, causa y efecto, bueno y malo, verdadero y falso, peligroso e inofensivo, premio y castigo, y sus derivadas, vayan relacionándose en cada mente con otras muchas expresiones, experiencias y situaciones, sean vividas o imaginarias, y configurando así la subjetividad de las personas: su alma.
En las sociedades elitistas la minoría dominante controla la fábrica de esas conexiones mediante planes de estudio, medios de comunicación y un ejército de comunicadores, publicitarios y expertos cargados de títulos. Y la población inerme, colocada día tras día, a lo largo de toda su vida, delante de televisores, radios, púlpitos y periódicos, es incapaz de captar la mentira por debajo de las tonalidades dignas, severas, impresionantes, de la legión de embusteros.
El resultado de la desigual batalla ideológica (porque la izquierda no ha comparecido) ha sido la consolidación, en una gran parte de la población, de una ideología en la que prosperan “ideas fuerza” elementales, pero muy efectivas: el comunismo es algo siniestro; el capitalismo no tiene alternativa; es el único sistema compatible con la libertad y la democracia, y el único que crea riqueza; crear riqueza es el paso previo para luego repartirla; los enemigos del capitalismo pretenden volver al estalinismo (dictadura sangrienta) y a la ineficacia económica (colas, racionamiento), y propugnan unas políticas que volverán a hundir al país en la crisis; de ella estamos saliendo gracias a las inteligentes políticas de la derecha; los modelos de la izquierda son Cuba, Venezuela o Corea del Norte; lo más deseable es el dinero; subir impuestos es malo, bajar impuestos es bueno; el Estado debe reducirse y no interferir con la libertad individual; lo público funciona peor que lo privado… Etcétera.
Los charlatanes adalides de la derecha están capacitados para decir todo esto sin que se les mueva un músculo de la cara.
A su lado hay otros más dignos, que critican el aumento de la desigualdad y el deterioro de la democracia, pero sin condenar la causa: el capitalismo. Parecen movidos por una impecable tensión ética, pero son los más peligrosos, porque son los más fiables. También ellos están dedicados a la mentira persistente, y no porque no digan algunas verdades, que las dicen, sino porque, al no abordar la verdad básica, pierden el contexto y sus verdades dejan de serlo.
El efecto de la ideología conservadora es promover en la población ignorancia, egoísmo y miedo, que actúan entrelazados y reforzándose.
Dado que una mayoría que supiera lo suficiente no se dejaría dominar y explotar con engaño, la ignorancia es imprescindible para que el sistema elitista subsista. La ignorancia se relaciona con el miedo porque hace percibir peligros allí donde los señalan “los que saben”. El egoísmo es con mucha frecuencia producto del miedo (a perder lo que se tiene, o a que te lo arrebaten otros, o a no conseguir lo que se desea) y resulta funcional como obstáculo a movimientos sociales solidarios que podrían desembocar en una política popular.

LA TAREA BÁSICA DE LA IZQUIERDA
Por ello muchos de los que votan a los conservadores no son necesariamente personas sin sentimientos de empatía y solidaridad. Pueden ser benévolos y altruistas en su medio privado, y también lo serían en el público si supieran lo suficiente, porque entonces no se dejarían seducir o asustar con mentiras.
Así que, dada la implacable oposición del enemigo natural a toda política razonable, una tarea de la izquierda, la básica, de la que dependen otras que se pueda proponer, es la lucha contra la ignorancia y el miedo que hace que muchos sean enemigos cuando por sus intereses objetivos deberían ser aliados. Sobre todo teniendo en cuenta que van a ser muy necesarios como aliados.
Esto no se puede conseguir de la noche a la mañana, pero desde el primer día hay que recuperar algo del mucho tiempo perdido. Si llega al poder una nueva izquierda tiene varias vías por las que avanzar:
Una es la pedagogía en que consiste el ejercicio del poder político si es honrado y valiente, y además transparente, consistiendo esto último sobre todo en mostrar las dificultades y oposiciones que encontrarán a cada paso las decisiones que no gusten al capital, por racionales y justas que sean. Seguro que los griegos han aprendido más sobre el sistema político mundial en estos últimos meses que durante siglos.
Otra vía es la mejora del sistema educativo, incorporando a él en primer plano los conocimientos que tienen que ver con el individuo, la sociedad y su relación. ¿Cómo es posible que nuestros jóvenes salgan de la educación obligatoria sin noticia de los argumentos de la izquierda (los de la derecha son el aire que se respira) acerca de la economía de mercado y del sistema capitalista que sobre ella se sustenta, e ignorando las formas en que el sistema social afecta a la psicología individual?
Finalmente, hay que disponer de medios de comunicación que no pertenezcan al capital y que puedan contrarrestar el demoledor efecto de los medios privados.
Esta es tarea que la izquierda no ha sabido acometer, pese a contar con la fuerza que proporciona la verdad cuando se sabe exponer. Últimamente La Tuerka ha ido en esta línea, y ha tenido su efecto, pero claro, es muy poco respecto a lo que hace falta. Encontramos también análisis interesantes en alguna prensa y actividad cultural, como las de Unificación Comunista de España, pero de escasa difusión y lastradas por el carácter partidario.
Si se consigue el poder es mucho más lo que se puede hacer en la imprescindible necesidad de equilibrar el espacio ideológico, hasta ahora prácticamente monopolizado por la derecha. Hay que facilitar que llegue a todas partes la voz de comunicadores y expertos progresistas que sepan reivindicar con los mejores argumentos, frente al ejército conservador, tres ideas: que las llamadas democracias son en realidad plutocracias que dominan y explotan (y por cuya irracionalidad e injusticia todos somos perjudicados en aspectos básicos, no sólo económicos); que cabe remedio a todo esto, pero no, como ha creído la socialdemocracia, sin alterar la lógica del capitalismo; y que para alterar esa lógica hay que poner un límite razonable a la riqueza privada. Si la gente va oyendo estas ideas y las muy buenas razones que las sustentan se habrá ganado mucho. En otro caso todo seguirá igual o muy parecido.

UN PARTIDO REALMENTE NUEVO DEBE SER APARTIDISTA
Que entren en liza las sanas ideas de la izquierda no quiere decir que se adoctrine imponiéndolas e impidiendo la defensa de las contrarias. Para esta tarea estorba todo lo que sea partidismo, o catecismo, o argumentario elaborado para el día a día. Hay que dejar paso a la capacidad de arriesgar, a la inteligencia libre y crítica, al afán de aprender de muchos, a la capacidad de enseñar de quien la tenga, a fin de que se provoque la emergencia de esos fondos de sentido común y bonhomía que en muchos permanecen encerrados en el espacio privado y sin influencia en sus preferencias políticas. Un partido aceptable no puede ser una fuente de dogmas, sino un receptor de discusiones y propuestas, y un expositor de ideas, dificultades y alternativas para nuevas discusiones y propuestas. De forma que, cuando el partido actúe, cuente con el apoyo comprometido de los muchos que han tenido algo que ver en la toma de decisiones.
Y esto se debe conseguir con una organización flexible. Aunque en algún momento parezca que se pierde eficacia si se cede en la rigidez vertical, en realidad se gana si miramos hacia adelante. Generosidad e inteligencia son dos cualidades que deberían distinguir a los dirigentes.

UNA NOTA DE ESTILO
En esta y en la entrada anterior he hablado de embusteros y sinvergüenzas. Por más que uno intente ser objetivo, apelar a razones y eludir las descalificaciones y las frases ofensivas, hay cosas a las que debemos llamar por su nombre. Por ejemplo, a la minoría controladora del capital hay que llamarla dominadora y explotadora, puesto que domina y explota, Marx está más vivo que nunca. Llamar criminal a la derecha neoliberal que hoy domina el mundo es redundante si conocemos su programa. Esa derecha es un consorcio de criminales descarados. Pues ¿de qué otra manera podemos llamar a quienes, disponiendo de gran parte de la riqueza mundial, imponen decisiones económicas que les benefician, pero que causan grandes sufrimientos y acortamiento de la vida a millones de personas (por caída en la pobreza, inseguridad, desatención sanitaria, desnutrición, angustia, suicidios) y daños irreversibles a los muchos niños que viven en hogares sin recursos?
Es lamentable tener que utilizar ciertos adjetivos, pero los impone el simple afán descriptivo. Vean ahí a los del Fondo Monetario Internacional (del que, no lo olvidemos, fue director gerente el delincuente Rato), alabando la política de Rajoy, sin tener para nada en cuenta los millones de personas a los que esa política ha arrojado a la pobreza, a los que ha privado de derechos laborales elementales y por tanto de su dignidad y seguridad, y a los que ha recortado prestaciones sanitarias y educativas. Los representantes de esa institución se pasean por el mundo como personajes, cuando deberían estar perseguidos por la justicia y encarcelados. Sin ir más lejos por sus últimas recomendaciones a España: que se abarate aún más el despido, que se suba el IVA de los bienes de primera necesidad y que aumenten los recortes en educación y sanidad. ¿Se le ha ocurrido al FMI recomendar que se aumenten los impuestos a los ricos? Pues claro que no. Y hay gente que da mucho valor a sus felicitaciones, cuando deberían llenar de sonrojo, porque, viniendo de donde vienen, son prueba de que se va por el peor camino.

SOBRE LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA Y OTRAS CUESTIONES

Las últimas elecciones y las negociaciones entre partidos para establecer mayorías vienen dando mucho que hablar. Se me ocurren estos comentarios:

EL ELECTORADO NO PUEDE ENVIAR MENSAJES
Es un lugar común, falso, que el electorado ha decidido esto o aquello, que ha enviado este o aquel mensaje. El electorado no es un sujeto que tome decisiones o se comunique con la clase política. Es un mero conjunto de votantes y cada votante sólo decide una cosa, el sentido de su voto. Quien vota a un partido carece de idea acerca del resultado final y por lo general lo que desea es que su partido consiga el mejor resultado, la mayoría absoluta si es posible. De manera que es falso que la sociedad haya decidido el fin de las mayorías absolutas o una política de pactos. Eso ha sido el resultado de voluntades que en su mayoría no querían eso, sino un resultado diferente. Lo que sí es cierto es que muchos votantes han abandonado al PP y al PSOE y han optado por partidos nuevos, y esto ha de tomarse no como un mensaje, sino como un hecho interpretable. El supuesto mensaje lo fabrica cada político al analizar los resultados.
Por lo demás utilizar, como hace un editorial de El País, la frase “aspiraciones expresadas por la sociedad” no deja de ser un camelo. Algunos parecen creer que las sociedades (por ejemplo, la griega, la española, la europea) son, al igual que los electorados, entidades unitarias, sujetos de gran formato. Se intenta así, por ejemplo, contraponer Grecia a Europa, como si hubiera un conflicto entre esas dos entidades, una insensata, Grecia, y otra razonable, Europa. En realidad negocian por una parte no Grecia, sino un gobierno griego que trata de recuperar la dignidad del país y salir del desastre social a que lo han llevado los sinvergüenzas de dentro y de fuera, y por otra parte no Europa, sino las instituciones europeas y mundiales controladas por la derecha neoliberal.
Una sociedad elitista no es un sujeto, sino un campo de batalla. Poco tienen que ver las aspiraciones de un votante de derechas con las de un votante de izquierdas, salvo que son contrarias. Mayor desigualdad significa mayor beneficio para los menos, mayor perjuicio para los más, y son los menos, no los más, quienes deciden. Por eso la desigualdad aumenta.

PRIMER EFECTO INTERESANTE
La irrupción de Podemos ya ha tenido un efecto: el corrimiento de otros partidos hacia la izquierda. Ha conseguido que el PSOE recuerde que es socialdemócrata (lo olvidó muy pronto), y que IU recuerde que lleva dentro un partido comunista (durante muchos años ha ocultado o disimulado el anticapitalismo como si fuera un secreto de familia vergonzoso).
Esperemos que lo ocurrido en Grecia y España tenga también alguna influencia en las dormidas poblaciones y en las derechizadas socialdemocracias europeas.

PODEMOS NO GUSTA A LA GENTE DEL DINERO
La gente del dinero (oigan a representantes de la banca) está alarmada por el éxito de Podemos y sobre todo por lo que ese éxito pueda dar de sí más adelante, que más adelante hay más, relacionado ya con el Parlamento y el gobierno de la nación. Si se hiciera caso a algunos representantes políticos del dinero resultaría que Podemos tiene dentro las maldades del estalinismo, del nazismo e incluso del Estado Islámico, y además poderes inconmensurables, tanto como para acabar con la democracia europea. Altos dirigentes del PP ya han hecho saber al PSOE que pactar con Podemos es un signo de radicalismo inaceptable, una traición al sistema que nos hemos dado los españoles. Hasta la derecha venezolana se toma la molestia de advertirnos del gran riesgo que corremos.
Claro que así hacen un favor a Podemos, porque dejan claro que, hoy por hoy (mañana ya se verá), votar a ese partido es lo correcto si no se quiere ser cómplice del estropicio que los viejos partidos han ocasionado.
Dicen algunos, en réplica a los dirigentes del PP, que lo que de verdad daña a la democracia es la corrupción. Pero habría que matizar: la corrupción daña a la democracia si esta existe. Lo que no existe no puede ser dañado. Y resulta que los dos grandes partidos han venido impidiendo la democracia al legislar y gobernar sometidos al poder económico y a su servicio.
Desde su punto de vista tienen razón cuando nos dicen ahora que Podemos, que no está controlado por el poder económico, es un peligro para la democracia. Para su “democracia”. Felipe González no quiere ni espera que se cambie el régimen por una aventura alternativa. Llama régimen a un tinglado político diseñado para legislar y actuar al servicio del capital, y a salir de ese régimen lo llama aventura (en sentido peyorativo).

AL MISMO TIEMPO SE DICE QUE TODOS SON IGUALES
Pero por otra parte, cuando conviene, se afirma lo contrario: en tertulias y análisis de periodistas y especialistas con muchas ínfulas se ha venido llegando a la conclusión de que Podemos es como los viejos partidos y actúa igual que ellos. Por ejemplo: Pablo Iglesias se ha reunido con Pedro Sánchez en un reservado de un hotel. Escándalo. ¿Acaso no condenaba Iglesias la política que se hace en reservados? Así funciona la cabeza de esta gente. Toman una frase al pie de la letra y de ahí derivan un mundo. Ninguna política ha hecho todavía Podemos en ningún reservado. Es que todavía no ha hecho ninguna política. Vuelvo a decir: esperemos para criticar a que haya motivo. Y no son todos iguales. Si lo fueran, los del dinero no estarían alarmados. A los del dinero para nada les alarman los viejos partidos y, claro está, tampoco, o menos, Ciudadanos.
Lo que ha de distinguir a la nueva de la vieja política no es si unos y otros se reúnen aquí o allí, si hablan con estos o con aquellos, si cambian cromos o hacen estos o aquellos pactos, sino cómo legislan por relación con el reparto de la riqueza. ¿Legislan al dictado del capital? Vieja política. ¿Legislan al servicio de la mayoría? Nueva política. Esperemos a ver.

¿PARTIDOS O MOVIMIENTOS SOCIALES?
A Manuela Carmena no le gustan los líderes, pero, mal que le pese, ella es una líder. Alguien es líder porque los demás lo deciden. La cuestión es cómo se ejerce el liderazgo, si como autócrata o como ciudadano que atrae y arrastra por la verdad de sus ideas y la ética de su comportamiento.
Carmena cree que un gran error del movimiento 15M es que haya decidido consolidarse en un partido. Ella aboga por la forma de movimiento-partido con menos estructura vertical y pegada a la calle y a los movimientos sociales.
La forma de actuar de los viejos partidos no es aceptable, y sin embargo algún tipo de organización deben darse los movimientos sociales si quieren tener efecto duradero. La tendencia anarquista es muy tentadora, pero sólo podrá tener éxito cuando la población sea muy distinta a la de hoy. Por eso es compatible desestimar el comportamiento de los partidos tradicionales y crear uno con la determinación de que no caiga en los vicios de ellos.
Esto requiere, a mi juicio, dos condiciones básicas a las que me he referido en otras ocasiones: por una parte mantener activa la conexión con los movimientos sociales de los que ha surgido el partido, de manera que esos movimientos controlen la actividad partidaria, puedan en todo momento revocar los cargos en las instituciones, decidan la línea política y apoyen su ejecución con toda la fuerza que sin duda será necesaria. Por otra parte, que el paso por los cargos sea temporal. Ya sabemos que si un líder tiene un gran tirón electoral puede ceder a la tentación de decir “yo o el fracaso”, y convertirse en líder carismático por encima del partido, poniéndolo al servicio de sus ideas o caprichos. Es lo que hicieron González, Aznar y Zapatero. En un partido dependiente de un movimiento social esta deriva es más difícil. Pero podría ocurrir que entre la gente de ese movimiento resultara demasiado atractiva la idea de ganar elecciones, y que entonces no tuviera inconveniente en soportar un líder autócrata con tal de que su gran tirón electoral mantuviera al partido en el poder. He aquí el peligro más grande, algo a evitar incluso a costa de perder votos y poder.
En cualquier caso conviene recordar que la influencia sobre los electores se puede ejercer aunque no se tenga cargo alguno. Monedero ha renunciado a su cargo y sigue trabajando para Podemos y puede participar en campañas electorales. De manera que disponer de normas que impidan que alguien se perpetúe en cargos (ahora uno, luego otro, etc.) no es dilapidar ningún activo, al contrario, es aumentarlo con una buena práctica que, a la larga, será recompensada.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA
Podemos ha tenido mejores resultados, con gran diferencia, donde no ha ido con su nombre, sino integrado en agrupaciones electorales de izquierda.
¿Avala este hecho la estrategia de que ese partido vaya a las elecciones generales integrado en agrupaciones electorales frente a la estrategia de que vaya con su propio nombre? Apoyándose en un acuerdo tomado antes de las últimas elecciones la dirección advierte a Izquierda Unida de que irá a las generales con su nombre y logo, y que descarta todo proyecto de convergencia que suponga una disolución de sus siglas o un giro en su “hoja de ruta”. Sergio Pascual ha usado en esa advertencia la expresión “con total rotundidad”, desagradable y propia de otra clase de gente. Supeditar el proceso de confluencia a que los electores encuentren la papeleta y el logo de Podemos en los colegios electorales parece conceder al partido una sacralidad inútil. Exigir a otros que, si quieren la unidad de la izquierda, salgan de sus partidos y se presenten a las primarias de Podemos, equivale a boicotear con mal estilo la unidad de la izquierda que tanta gente desea. Parece más sensata la actitud de IU, dispuesta a renunciar a sus siglas en las papeletas en beneficio de esa unidad, actitud compartida por un importante grupo de dirigentes de Podemos que ha firmado un manifiesto en ese sentido.
Este es un asunto importante, por sí mismo pero sobre todo como síntoma, y merece una reflexión colectiva y una nueva toma de decisiones a la vista de los hechos sobrevenidos.
Los partidos deben tener carácter instrumental y por ello no debería ser importante si se conservan o no siglas y logos, o bajo qué nombre se presenta cada organización. Lo cierto es que, si se tiene en cuenta que unida toda la izquierda puede ganar las elecciones y que en otro caso se perderán muchos miles de votos (dado un sistema electoral ideado para primar escandalosamente a los dos primeros), sobran los partidismos y los personalismos. ¿Es irrenunciable que pertenezca a Podemos el candidato de izquierdas a presidente de gobierno? Lo que interesa es que sea persona competente y comprometida con los valores y propósitos de la izquierda. Y sería un detalle coherente con esos valores y propósitos ceder esa candidatura, si mereciera la pena, pudiendo ostentarla.

 

ALGO MÁS SOBRE EL MACHISMO OCULTO

Los medios nos han informado con fruición de los atuendos de Letizia en sus recientes viajes. Sabemos, por ejemplo, que en la visita a Estados Unidos lució ante los Obama un vestido de seda cady azul ultramar, bordado en cinco tonos de cristal swarovsky, a juego con una baguette de raso azul, obra de Felipe Varela; que para su estreno en Harlem eligió un dos piezas granate de Hugo Boss; que para sus reuniones en la ONU optó por un original dos piezas en crepe y cintas de grosgrain verde perla con body en crepe georgette del mismo tono; que para asistir al discurso del rey lució una chaqueta en doble crepe de lana color blanco roto, bordada en delantero y espalda con líneas de azabache, completada con una falda negra en seda; y que en la recepción que ofrecieron los reyes en el hotel New York Palace a las delegaciones asistentes a la asamblea de la ONU lució un vestido cóctel de strech de seda negra.

Ni media palabra sobre los atuendos del rey.

En contradicción con la previa descripción de los vestidos de Letizia un periodista de El Mundo nos dice que con el recurso a la sencillez (madre mía) trató de evitar que la atención mediática se centrara sólo en sus atuendos, frivolizando así el trascendental contenido del viaje, que fue demostrar que, lejos de la consorte florero, la reina es una mujer preparada y comprometida con los problemas candentes del planeta, y de esta forma ofrecer una “nueva imagen de la marca España”. ¡Vaya por dios!

Por informaciones sobre el viaje de los reyes a Francia sabemos que Letizia ha dado ¡en París! cátedra de glamour y estilismo con sus finos atuendos, y que en tres días ha lucido siete looks. Por ejemplo, para el encuentro con la alcaldesa de París ha estrenado un traje de dos piezas, compuesto por sahariana y falda lápiz en bouclette stretch blanca de Felipe Varela, combinado con zapatos dorados de Magrit, y para la cena de gala, en la que se pedía a las invitadas vestido cóctel y no largo, eligió un vestido de tul marsala bordado con hilo y cristal borgoña, combinado con clutch cristal negro y zapatos de salón de charol burdeos. En el apartado “beauty”, de acuerdo con la estética retro que viene imprimiendo a su look, apostó por un sofisticado recogido con ondas al agua, así como unos potentes labios rojos sangre que acaparaban toda la atención en el rostro.

El viaje a América Central, pese a que tenía como motivo ir a comprobar los resultados de nuestra ayuda a países más pobres, fue también motivo para lucir vestidos e incluso peinados: por el día pelo liso con raya a un lado, y por la noche pelo ligeramente ondulado, para darse un aire más sofisticado.

En la entrega de premios de la revista Woman en el Gran Casino de Madrid, Letizia acaparó la atención, se nos dice, más por su nuevo corte de pelo que por su deslumbrante estilismo (vestido de cóctel negro que dejaba al descubierto hombros y espalda, y zapatos de salón de altos tacones). En el lenguaje de la moda este tipo de vestido se llama “escote ilusión”, o “palabra de honor”. En fin, que no cabe más.

Podemos estar tranquilos: dos periodistas del equipo de moda de la revista Semana nos garantizan que se ocuparán todos los días de seguir a la reina para analizar su estilo, decirnos qué lleva y cómo lo lleva, y comentar al detalle todos sus looks. Y en la red encontraremos noticias sobre el maquillaje de la reina paso a paso.

Pero a lo que iba: durante su discurso en la citada entrega de premios dijo Letizia que «si por algo estamos aquí esta noche es porque tenemos muchas razones para pensar que en el mundo de la mujer hay muchas cosas que se pueden hacer de otra manera», muchas cosas que deben mejorar y cambiar. Y se refirió a las más obvias: las desigualdades en el trabajo y en el reparto de las tareas domésticas y familiares, las tasas de analfabetismo, los matrimonios de niñas menores de edad, el paro femenino, la violencia y la desigualdad en los salarios. Hizo hincapié en ese tiempo que pasa la mujer, mucho más que el hombre, dedicada a la casa y a los niños.

No se le ocurrió, claro, denunciar la desigualdad del tiempo que debe dedicar la mujer, mucho más que el hombre, a preparar el cuerpo para su exhibición en sociedad. Lo debe tener como una consecuencia natural de su “ser mujer”.

Imaginemos que en las ocasiones comentadas la reina hubiera realmente recurrido a la sencillez (y digamos, como grandes demagogos que somos, que al menos por mera sensibilidad ante la pobreza de millones de compatriotas). Podía muy bien haber prescindido de estilistas, peluqueros, maquilladoras y modistos, peinarse ella misma, ponerse un traje y unos zapatos cómodos, comprados en unos grandes almacenes, y echarse a la calle a cumplir sus obligaciones. El rey puede hacer esto y nadie percibirá algo anormal. ¿Por qué si lo hiciera esta reina sería noticia de primera página? Porque de ella se espera otra cosa: es muy femenina, es decir, está prendada del glamour, la elegancia lujosa y lo sexi.

Puede que, como esposa del rey, no sea Letizia solamente un florero, pero, sea lo que sea, es además un florero. Y dispuesta a cualquier esfuerzo para cumplir las cursis especificaciones de belleza de una concepción de la mujer que debería ser arcaica (la de las revistas que compran con avidez tantas mujeres). No hay más que verla entre el rey y el presidente francés en una foto que lo dice todo: ellos posan naturales con trajes grises, ella envuelta en un lujoso vestido rojo y muy maquilladita, mirando a la cámara con sonrisa algo turbada que demanda admiración (¿os gusto así?).

La costumbre convierte en algo “natural” cualquier rasgo cultural por alejado que esté de la Naturaleza. Es la misma costumbre que ha operado en otros sitios, y baste recordar el vendado de pies chino para conseguir “pies de loto” o los aros tailandeses en el cuello de las mujeres jirafa de la tribu Karen. Desde dentro esas prácticas se ven como una condición de belleza. Vistas desde fuera revelan su crueldad y una aparente irracionalidad, sólo aparente, pues cumplen muy bien su función.

Si hacemos un esfuerzo por salir de nuestra costumbre cultural (como si perteneciéramos a un mundo libre de machismo y formado por personas autónomas), contemplar en la calle, en la televisión, en la publicidad, la apariencia de las mujeres “bellas y elegantes” nos resultará un espectáculo muy chocante. Miremos, por ejemplo, a las que, por contraste con sus acompañantes masculinos confortablemente vestidos y calzados, van con medio cuerpo desnudo un día de intenso frío (por ejemplo, en la retransmisión de las doce campanadas), o a las que se pavonean con peinados, joyas, maquillajes, largas uñas y vestidos excesivos en las alfombras de esas ceremonias colonizadas por los medios. En cualquier caso son indispensables los puntiagudos zapatos de altos tacones de aguja (que, como se sabe, aumentan el riesgo de esguinces de tobillo, pies deformes, dolor de espalda y de cervicales, patrones de caminar poco saludables, daños en rodillas y caderas, juanetes, dedos martillo, alteración en la columna, tendinitis). El remedio para alguno de estos efectos ha surgido en Estados Unidos, y dicen que está en auge: consiste en amputarse los dedos meñiques y en inyectarse colágeno en la planta de los pies.

Si bien desde el hábito cultural estas costumbres inspiran la idea oficial de glamour, belleza y elegancia, visto desde fuera el espectáculo se presenta alucinante y ridículo a partes iguales, entre otras cosas porque tamaño artificio oculta la belleza natural, disfrazándola de algo opuesto (exhibicionismo necio), o sólo consigue un simulacro patético donde la belleza falta.

Este desvarío cultural, dotado por otra parte de una astuta eficacia, se renueva a través del ejemplo y mediante una publicidad diseñada para personas de escaso desarrollo mental (la modelo se pinta los labios de un rojo brillante y dice a toda mujer que la esté viendo: “¡resalta tu belleza!”, o la incita a la compra de este o aquel producto por la razón de que “tú lo vales”). Pero además las estrategias se diversifican y alcanzan a la etapa infantil (“¡luce tu melena en tu primera comunión!”). Ha surgido así un mercado que por el momento factura en España mil millones de euros y que consiste en una nueva manera de renovar en la infancia el mito del “bello sexo”. La cadena Princelandia, que se lanzó en 2012 y ya tiene 26 centros en nuestro país, se define como “spa educacional para niñas”, y la educación consiste en que por 15 euros la niña pasa por manicura, pedicura y maquillaje, e incluso puede desfilar por una pasarela, todo ello en un ambiente rosa y evocador de los cuentos de princesas. Para los niños hay juguetes específicos, faltaría más. Crecerán estas niñas y creerán, como aquella ministra del PSOE, que dentro de su “ser mujer” está incluida por naturaleza la irresistible tendencia a los arreglos corporales de costumbre.

Quede claro que no estoy criticando ninguna decisión individual. Toda persona, sea mujer u hombre, está en su derecho si decide salir a la calle luciendo maquillajes, joyas, peinados, vestidos y calzados de su gusto. Pero no me vengo refiriendo a decisiones individuales autónomas, sino a meros efectos de la concepción machista dominante. Me remito a una entrada anterior de este blog (Machismo oculto en hombres y mujeres), necesaria para completar el sentido de esta, y repito algo dicho entonces, aunque ahora cambiando de personaje: si el rey decidiera acudir a una recepción con vestido de cóctel que dejara desnudos sus hombros y espalda, elevado sobre unos taconazos, con pestañas postizas y un rojo brillante de labios, nada habría que reprocharle, salvo tal vez su falta de previsión de los efectos mediáticos. Pero abandonad todo temor o toda esperanza: el rey no hará tal cosa.

O sea, que me estoy refiriendo a las hormas sociales en que muchas mujeres están atrapadas.

Afortunadamente hay mujeres, es de esperar que en número creciente, que cultivan otros intereses, y cuya actividad intelectual, generosamente abierta a los problemas colectivos, sustituye, en sus actitudes y comportamiento, a la frivolidad tontorrona que el mercado promueve incesantemente como modelo de feminidad. Da gusto oírlas y verlas, porque, no importa su edad, tienen belleza humana (a lo que contribuye seguramente que no se sientan concernidas por el estándar de belleza femenina al uso). Dos ejemplos de actualidad: una joven, Ada Colau, y una abuela, Manuela Carmena.

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