INTELECTUALES CONSERVADORES

Este comentario no está dedicado tanto a Podemos como a intelectuales (economistas, politólogos, sociólogos, filósofos) que critican a Podemos. Si dejamos aparte a Antonio Elorza y Santos Juliá con su manía muy personal (ellos conocerán las razones) de presentar a Podemos como un proyecto totalitario comparable al hitleriano, tenemos casos no tan extremosos, pero igualmente significativos. Los intelectuales conservadores se pueden dividir en dos grupos: los que sólo utilizan el marxismo para demostrar que ya no vale, y los que lo ignoran. En ambos casos se ven privados de la única herramienta teórica que nos permite entender los procesos básicos de nuestras sociedades. Por ello se parecen todos en que nunca hablan de lo fundamental. A la hora de criticar se ven obligados a hacer de cualquier trivialidad un mundo. Si además son filósofos, se parecen en algo más: actúan como sofistas profesionales, que esa es realmente la especialidad del filósofo conservador.

¿Qué es una creencia dogmática?
Con frecuencia se acusa a los dirigentes de Podemos de dogmatismo arrogante, de que se creen en posesión de la verdad y no son capaces de captar la complejidad que encierra cada situación. Los demás, por lo visto, no merecen esa crítica. Ni siquiera Rajoy. El dogmatismo arrogante está sólo en las creencias de la izquierda anticapitalista.
El politólogo José Ignacio Torreblanca llama erizos a los dogmáticos en un artículo publicado en El País:

Estamos rodeados de erizos. Cada vez hay más. Es una plaga. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Erizos son aquellos que se atrincheran detrás de una verdad absoluta, que tienen una solución simple para un problema complejo, que articulan una respuesta antes siquiera de que se formule la pregunta. A los erizos les gusta usar grandes etiquetas, enormes palabras y, sobre todo, señalar con el dedo. Nunca buscan responsables, sino culpables. Tampoco les interesa entender las causas de las cosas, porque las conocen de antemano: el capitalismo, la globalización, los mercados, Europa, los tecnócratas, el imperialismo, China, los Estados, las élites, el islam. Y así sucesivamente.
Dialogar con un erizo es imposible: si le preguntas, se siente cuestionado; si le pides que argumente, se enrosca; si le enseñas un dato, te lanza una púa. Mientras los demás rumiamos nuestras dudas e incertidumbres, los erizos se pasan todo el día chillando certezas. Saben cómo se gobierna una economía abierta en un mundo globalizado, cómo construir un orden internacional más justo, cómo solucionar la crisis de la democracia representativa, cómo construir la Europa social, cómo debe funcionar un sistema educativo, cómo se financian los servicios públicos, cómo se logra la inclusión social.

No puede equivocarse el señor Torreblanca, al que por sus méritos acaban de hacer jefe de la sección de opinión de El País. Así que las personas de izquierda, incluidos algunos dirigentes de Podemos, deberíamos hacerle caso y arrepentirnos de nuestras certezas de erizos. Se me ocurren las siguientes: que el capitalismo es un modo de producción irracional; que es además injusto y crea desigualdades cada vez mayores y más insoportables; que la globalización que padecemos no es la única posible ni la que debería haber; que los mercados están al servicio de quienes los controlan; que Europa está sometida a una política injusta e ineficaz impuesta por el capital financiero; que no podrá haber democracia mientras no se imponga un límite sensato a la riqueza privada y un control público a los medios de comunicación masivos; que los graves problemas económicos y sociales actuales se solucionarían con una legislación mundial fácil de diseñar en sus líneas básicas; que esa legislación es imposible mientras el poder económico mundial no sea doblegado por la voluntad popular…
El problema es que no hay un solo argumento serio contra ninguna de estas certezas. Y el dogmatismo no consiste en tener creencias firmes, sino en mantenerlas al margen del razonamiento.

La certeza de que la duda es buena
La catedrática de Ética Victoria Camps, que fue senadora por el PSC-PSOE y que ha escrito un libro titulado “Elogio de la duda”, coincide con Torreblanca en esa elegante actitud de rumiar dudas e incertidumbres. “Lo que mantiene viva y despierta a la filosofía es la capacidad de dudar, de no dar por definitiva ninguna respuesta”, nos dice en un artículo publicado en El País.
Resulta entonces que Platón, Aristóteles, Espinosa, Kant, Hegel, Marx o Nietzsche fueron seudofilósofos porque, aunque partieron de dudas razonables, y dudaron tanto como fue necesario, terminaron cayendo todos en el vicio de tener ideas claras y firmes sobre muchas cuestiones importantes.
Sin reparar en esto Camps añade que “la moral introduce dudas en todas partes” y por tanto tiene que introducir la duda en la política: “las situaciones más complejas no tienen soluciones simples”. Conclusión: no se puede ser dogmático, no se puede tratar de imponer el punto de vista propio a los demás.
Ahora bien: en seguida añade que “en filosofía podemos estar discutiendo eternamente, hasta el infinito y no pasa nada. Pero en política, no. En política hay que tomar decisiones que sean buenas para toda la sociedad; para encontrar eso que llamamos el bien común”.
¿En qué quedamos? ¿Hay que mantener, o no, las dudas que la moral introduce en la política?
Y algo más: si según Camps la moral introduce dudas en todas partes, ocurrirá que, si una mujer sufre violencia machista no podremos condenar esa violencia sin que se nos acuse de dogmatismo. ¿Acaso no estaremos tratando de imponer nuestro punto de vista a los maltratadores? ¿Acaso no deberemos dudar eternamente antes de juzgar? Seguro que Camps rectifica y dice que no, que escribió su artículo deprisa y corriendo, que en este caso la duda debe ser aparcada y hemos de condenar esa violencia. A saber por qué.
En realidad, si se tiene en cuenta el contexto, Camps está criticando, aunque con descuido, el supuesto dogmatismo de Podemos y de Pablo Iglesias, pero de tal forma que la crítica no se pueda extender a las certezas de los dirigentes del PSOE. El PSOE hizo bien cuando aparcó las dudas y tomó una decisión que era buena para toda la sociedad española: no pactar con Podemos y pactar con Ciudadanos.
Nos quedamos, eso sí, con la duda de cómo puede un político tomar decisiones en beneficio de toda la sociedad. ¿Qué significa “beneficio de toda la sociedad” cuando en ella hay una pugna de intereses incompatibles?
Una parecida faena de aliño es la del catedrático de metafísica Ángel Gabilondo cuando en El País critica la arrogancia y nos habla de amor. Ya saben que el término “arrogancia” está ligado en los medios a Pablo Iglesias.
Estos profesores de filosofía hacen dos cosas al mismo tiempo: arremeter entre renglones contra Podemos y escabullirse del tema principal. Pues mientras el capitalismo produce maltratos y violencias universales, creen que se puede hablar de moral, bien común y amor universal sin entrar a condenar el capitalismo. Nos dirán, claro, que quienes lo condenamos estamos simplificando un tema muy complejo.

La perversión de buscar el poder
Sin dejar de considerar dogmáticos a los dirigentes de Podemos, el también catedrático de filosofía Manuel Cruz trata de desacreditarlos acusándolos de relativistas buscadores del poder.
Eligiendo citas descontextualizadas de Errejón y de Iglesias e interpretándolas a su conveniencia, Cruz reconoce primero las dificultades para definir izquierda y derecha y pasa de ahí a acusar a Podemos de confundir esas dificultades con un relativismo absoluto. En el fondo, dice, nos encontramos ante las consecuencias de haber reducido la política a un conjunto de procedimientos para alcanzar el poder. De esta forma “la mencionada contraposición entre derecha e izquierda no deja de ser una mera metáfora espacial susceptible de ser reemplazada por otra, la de arriba y abajo, la de casta o la que proceda, si alguna de estas últimas resulta más efectiva.”
En la misma línea los profesores Andrés de Francisco y Francisco Herreros concluyen, también en un artículo publicado en El País, que el rasgo más característico de Podemos es “su descarnada concepción de la política como “poder y contrapoder, puro juego de fuerzas”, y para probarlo usan el mismo método de las citas descontextualizadas y malinterpretadas. Por ejemplo, esta de Pablo Iglesias: “Cuando en política no tienes poder, no tienes nada. No cuentan las razones, cuenta el poder”, cita que nuestros profesores comentan diciendo que, si sólo el poder cuenta, cualquier objetivo estará justificado si contribuye a alcanzarlo o mantenerlo, incluido el de desactivar cualquier contrapoder que se le oponga.
¡Maravilla de argumento!
Pues Iglesias no ha dicho que sólo el poder cuente, sino algo muy distinto: que las razones sin poder no cuentan en política. Y es verdad, no hay más que mirar alrededor. Es decir, que hay que tener razones, pero además poder para que esas razones cuenten.
Cuando se juega con las palabras para presentar a los dirigentes de Podemos como meros buscadores del poder, no se tiene en cuenta que todos los políticos intentan lo mismo: conseguir el poder para realizar una política. El PP y Ciudadanos buscan el poder para hacer una descarnada política a favor de los de arriba. El PSOE para hacer a favor de los de arriba una política menos brutal. ¿No ha leído Cruz el programa electoral de Podemos? De él se sigue que este partido busca el poder para hacer una política tan favorable como sea posible a los de abajo. Si se abandona la mala fe al interpretar, está claro para qué quiere el poder Podemos: para que sus razones (las que sustentan su programa) cuenten políticamente.
A Cruz no se le ha ocurrido (tal vez porque ha ido como número 2 en las listas del PSC en las últimas generales) acusar al PSOE de haber buscado el poder para una política que no ha sido socialdemócrata, como debiera, sino neoliberal. Esa hubiera sido una crítica pertinente.

Un criterio para distinguir la izquierda y la derecha
Las dificultades a que alude Cruz para definir izquierda y derecha se deben a que la socialdemocracia, a la que se viene considerando parte de la izquierda, ha dejado de cumplir su papel.
Pero ¿por qué se viene considerando a la socialdemocracia parte de la izquierda? Por razones históricas y por una especie de pereza intelectual. Ellos se reclaman de izquierda y punto. Bien es verdad que desde siempre han encontrado a sus principales enemigos a su izquierda y no a su derecha.
Dejando aparte lo que cada partido diga de sí mismo, si buscamos un criterio bien fundado para distinguir derecha e izquierda, no encuentro otro que la posición ante el capitalismo: a la derecha están los defensores del sistema capitalista y a la izquierda los que quieren cambiar ese sistema por otro que asegure los valores políticos de la Ilustración: igualdad, libertad y fraternidad.
Según esto, la socialdemocracia queda incluida en la derecha, pues defiende el capitalismo so pretexto (infundado) de que es el único sistema compatible con la libertad y la eficacia económica. De hecho la socialdemocracia es la forma de capitalismo que permite su estabilidad, al implementar políticas que no dejan a nadie en la estacada, mientras el neoliberalismo es la forma bárbara de capitalismo, que a medio plazo lo puede llevar al desastre. Mal aconsejados (la codicia les ha hecho prestar oídos a asesores necios e infames) los dueños del capital quieren un mundo en el que sus rapiñas crezcan cada vez más rápidamente y cada vez con mayores perjuicios para la mayoría. Esto hace del capitalismo un sistema lanzado a situaciones explosivas.
Ahora bien, aunque las medidas socialdemócratas estabilizan el capitalismo al hacerlo más soportable, no eliminan su carácter irracional e injusto, ni su incompatibilidad con la democracia. De ahí lo razonable de incluir a la socialdemocracia en la derecha.
Tal vez tenía algo de esto en cuenta Iglesias cuando dijo que las medidas económicas propuestas por Podemos (de carácter socialdemócrata) no sólo obedecen a razones éticas y de justicia social, sino también de eficiencia, de manera que no deberían encontrar oposición en los defensores de la economía de mercado, idea comentada por Cruz con la siguiente malicia argumentativa: “En uno de los últimos debates electorales, Pablo Iglesias insistía en la necesidad de adoptar determinadas medidas económicas no por razones éticas o de justicia social, sino de eficiencia del mercado. Dejaba de impugnar, por tanto, el modelo económico y se ofrecía como el mejor garante de su correcto funcionamiento.”
Sin caer en esta mala fe interpretativa hemos de preguntarnos si Podemos, que se limita a proponer medidas socialdemócratas, está en la derecha o en la izquierda según el criterio antes expuesto.

De la socialdemocracia como ideología a la política socialdemócrata
Podemos aclarar tres cuestiones si distinguimos por una parte la ideología y por otra la organización y la acción política:
a) Un partido político puede ser creado desde arriba al servicio de una ideología, o surgir desde abajo, como movimiento popular.
Han sido diseñados al servicio de una ideología los partidos tradicionales. En cambio Podemos, consecuencia del 15M, ha surgido desde abajo, de la indignación popular ante la injusticia, el latrocinio y la mentira de la política que han venido realizando los partidos “prosistema”.
Según el criterio antes enunciado, hay militantes y votantes de Podemos de derechas y los hay de izquierdas. Lo que los unifica a todos no es el anticapitalismo, sino la demanda de políticas que restauren el Estado del bienestar socialdemócrata, el destruido por nuestro bipartidismo. De ahí las dificultades de algunos dirigentes de Podemos, que a título personal se consideran anticapitalistas, para definir la posición de su partido. La verdad es que no han tenido especial habilidad al presentar el caso, pero no es un caso fácil.
b) A esto hay que añadir que si un partido anticapitalista llega al poder se verá obligado a realizar una política socialdemócrata, dado que la que se sigue de su ideología no es por ahora realizable. Es ilusorio pretender en estos momentos sustituir el sistema capitalista por otro más racional y justo, más benéfico para la mayoría. Y en parte es ilusorio porque esa empresa, teniendo en frente una oposición fortísima (véase el caso de Grecia), no cuenta con el apoyo de la mayoría a la que se pretende beneficiar.
c) Ambas razones justifican que Podemos limite por ahora sus propuestas a políticas socialdemócratas y que, dejando en segundo plano el tema izquierda-derecha, hable de los de arriba y los de abajo, o de la casta.

El dictamen de los economistas conservadores
Los viejos dirigentes del PSOE prefieren que su partido apoye al PP de la corrupción, la ilegalidad y los recortes brutales antes de que se alíe con Podemos. ¿Qué les mueve a tamaño disparate? Tal vez el miedo a que Podemos llegue al gobierno y pueda enterarse de lo que ocultan las cloacas del Estado, esas que guardan los secretos del bipartidismo.
Pero hay otra razón, y es que los dirigentes e intelectuales del PSOE tienen mala conciencia porque saben que han abandonado la política socialdemócrata, que es la naturalmente suya. La han abandonado por sus deudas con la banca y por la trama de relaciones que ligan a sus dirigentes con el poder económico, al que no pueden enfrentarse, porque de él forman parte y de él se benefician. No hay que insistir en esto, basta oír a Felipe González o a Josep Borrell, recordar la política fiscal y laboral y los recortes de Zapatero, etc.
Por eso les ofende profundamente que Podemos proponga la política que deberían proponer ellos, más aún, que sea el único partido que puede ejecutar esa política, el único que puede enfrentarse a los enemigos que la impiden (junto con sus aliados y con Izquierda Unida si consigue librarse al fin de esa deuda de 8 millones de euros que aún tiene con la banca).
Parece como si los del PSOE se hubieran dejado convencer por los economistas conservadores que acusan a Podemos de populismo, esto es, de vender humo, los que aseguran que las leyes económicas, en conexión con la revolución digital y la globalización, han terminado con el Estado del bienestar tal como fue conocido en otro tiempo. Los que afirman que el paro y la precariedad laboral, la disminución de los salarios y la insostenibilidad de las pensiones forman ya parte irremediable de lo cotidiano y han venido para quedarse.
Por supuesto, carece de sentido llamar populista y antisistema a un partido que se limita a proponer una política socialdemócrata. Afortunadamente el diagnóstico de los economistas conservadores no está basado en ley científica alguna, y por el contrario, tiene mucha evidencia empírica en contra. Lo hecho en los últimos años por los políticos conservadores se puede deshacer. Y para ello lo primero es señalar las dificultades, que no provienen de la Naturaleza, sino de voluntades muy concretas, y luego saber enfrentarse a ellas en la medida de lo posible, algo que no hizo Zapatero cuando, sin ofrecer resistencia alguna, corrió a cumplir las órdenes que de esas voluntades le llegaban.

El silencio de Podemos
Dice Cruz refiriéndose al silencio de los dirigentes de Podemos: “Es probable que haya sido precisamente el saldo negativo que les ha proporcionado su encuentro con la realidad (muy por debajo del que esperaban) el que explique el espeso silencio que ahora mantienen quienes en otros momentos del pasado reciente parecían haber hecho del ruido permanente, de la compulsión por acaparar portadas y titulares, su actividad favorita. Un silencio apenas roto por una portavoz de este sector, que ha descargado en la parte del electorado que les ha abandonado la responsabilidad por haber perdido la ilusión. Llamativo razonamiento, desde luego, viniendo justamente de personas que hasta ayer mismo declaraban que su imparable éxito se debía a que ellos —y sólo ellos— encarnaban la ilusión.”
Dejando aparte el regodeo íntimo que revela este análisis (tantas veces oído o leído estos días), habría que decir que siendo Podemos el único partido del que nadie espera que cambie su voto negativo al PP, poco tiene que hacer en este proceso de investidura mientras el PSOE no se decida a mirar a la izquierda. Precisamente dirigentes de Podemos vienen emplazando al PSOE para que mire a su izquierda si Rajoy fracasa.
En todo caso, no es hora en Podemos de hablar por hablar, sino de analizar, reflexionar y tomar decisiones para la acción futura.

El silencio de los demás
Parece más llamativo, aunque no se toma en cuenta, el silencio de los demás respecto a una de las salidas posibles a la presente situación política.
La única solución que se les ocurre a los bienpensantes para evitar unas terceras elecciones es que el PSOE extienda un cheque en blanco a Rajoy. No comentan en cambio otras posibilidades. El líder catalán del PSC ha dicho algo sobre ellas, pero se le ha respondido que está mejor calladito.
Si se atiende a las muchas intervenciones diarias en periódicos y radios se diría que hay que reducir el juego político a los partidos honorables: los constitucionalistas y prosistema, los que no quieren destruir España.
Entre estos partidos honorables está el PP, asociación criminal para delinquir. Y entre los políticos honorables está Rajoy, no sólo máximo dirigente de ese partido mientras se cometieron incontables delitos (entre ellos el reiterado fraude electoral por financiación ilegal) sino además responsable del daño que su política fiscal y laboral y sus recortes han hecho a una mayoría de españoles.
Más allá hay partidos no honorables, porque son separatistas, pero de los que se puede echar mano si se prestan (caso del PNV). Y más allá hay un partido populista que alienta los separatismos, un partido antisistema que merece todas las condenas y del que sólo hay que hablar para descalificarlo. No cabe alternativa posible que lo incluya. Silencio.

Volviendo al principio
Nos dice Cruz que el discurso político debería proponerse dar cuenta de lo real. Podríamos oponer la pregunta: ¿qué es lo real? Supongo que de lo real forma parte la pobreza, la angustia y la humillación que padecen muchos, los miles de millones de euros de que disfrutan otros, el control de la política por el dinero, los silencios y las mentiras a que se obligan los políticos e intelectuales que no quieren hablar de esto, y cosas así.
Añade Cruz que el objetivo de dar cuenta de lo real, es “tan sencillo de enunciar como imposible de cumplir por parte de quienes utilizan como herramienta teórica privilegiada la logomaquia y como convencimiento práctico vertebral la tesis, tan vacía como dogmática, de que son ellos, con su propia posición, los que definen dónde está la izquierda y dónde la derecha.”
Afirmar que los de Podemos definen dogmáticamente dónde está la izquierda y dónde la derecha parece contradictorio con la tesis de su relativismo absoluto, el que les permite cambiar derecha e izquierda por arriba y abajo. Leyendo lo escrito por Cruz hay que repetir lo dicho al principio, que la logomaquia es la herramienta teórica del filósofo conservador.

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