COMENTARIOS SOBRE EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP

El triunfo de Trump en las elecciones americanas demanda alguna reflexión sobre sus causas y efectos, y también sobre la forma en que han reaccionado muchos políticos y medios de comunicación del mundo. En España hay un significado derivado, y es el afán por meter en el mismo saco a Trump y a Podemos.

El por qué de la gran alarma
Es inevitable preguntarse por qué el mundo respetable se ha sentido tan alarmado y pesimista con el éxito de Trump.

Ante todo buenos modales
El capitalismo es un sistema en el que, por su propia naturaleza, los discursos y declaraciones oficiales han de ir por un lado y las acciones legislativas, gubernamentales y judiciales por otro. Si se tiene en cuenta que esas acciones tienen como fin básico mantener el dominio de la élite económica (¡oh, qué horrible simplicidad marxista!), queda claro hasta qué punto el lenguaje oficial tiene que enmascarar este hecho, y hasta qué punto, sin nombrar aquello que se está haciendo o se piensa hacer, ese lenguaje debe apelar en falso a los valores que la mayoría considera razonables, justos y virtuosos: la libertad, el bien común, los intereses de los ciudadanos, el camino a la prosperidad, la solución de los problemas de la gente, la preservación de la paz…
Apelando siempre a su papel de salvaguarda de la democracia, la seguridad y la paz mundiales, los gobiernos de Estados Unidos (tanto los demócratas como los republicanos) promovieron golpes militares sangrientos y apoyaron a fascistas donde les convino, iniciaron guerras donde lo necesitaban, torturaron dentro del país o fuera, levantaron vallas contra la inmigración, dejaron en la estacada a diversas minorías del país y saquearon el mundo todo lo que pudieron.
Trump ha dicho que va a hacer lo que los otros han venido haciendo en EE UU y en Europa, pero muchos que hasta ahora no protestaban, han gritado: ¡Qué horror!
Yo diría que Trump es una persona que no sabe cómo hay que hablar y callar para ser político de derechas decente, o que no le interesa serlo, y que por ello es un político indecente. Trump no tiene pelos en la lengua y grita lo que muchos políticos conservadores sólo dicen en sus conversaciones privadas. Que haya ganado es catastrófico para los que quieren vivir en el capitalismo con buena conciencia; esos que ponen sobre la lógica del capitalismo un manto de ideas abiertas y acogedoras para que el inicuo sistema que tanto les gusta parezca elegante y digno. Pues en este caso no ha podido ser, paciencia.

Trump es un pro-sistema de extrema derecha
Uno encuentra en la red expresiones como éstas: “Trump y la comunicación antisistema”, “el magnate antisistema”, “Trump ganó con un mensaje antisistema”, “¿un presidente antisistema?”, “Trump campeón antisistema”, “el candidato antisistema”, etc.
Teniendo en cuenta que bajo la palabra sistema se oculta siempre la palabra capitalismo (el sistema no es otra cosa que el sistema capitalista), es claro que Trump no es un antisistema, sino sólo contrario al establishment que ha venido rigiendo el sistema desde Washington. Quítate tú, que me pongo yo.
El señor Trump, como el señor Obama o la señora Clinton, defienden por encima de todo el sistema capitalista, y más específicamente el papel hegemónico de su país en el capitalismo mundial, papel en decadencia, amenazado por países de economía creciente, de los que el principal representante es China, el gran peligro, el enemigo del que defenderse así sea haciendo amistad con Putin (en realidad el gran peligro es la decadencia americana, pues no hemos de olvidar cómo se las gasta el complejo industrial-militar-financiero estadounidense).
Trump es un prosistema que pertenece a la extrema derecha, como otros que saben disimularlo, Rajoy sin ir más lejos, jefe de un partido que sigue viendo a Franco con buenos ojos y que tiene a toda la extrema derecha española dentro. La diferencia es que Rajoy es más moderado de palabras que Trump, pero no hay más que ver lo que su mayoría absoluta ha venido haciendo, desde el gobierno y el parlamento, con los pobres, los trabajadores, los inmigrantes y refugiados, las mujeres, los estudiantes.
Y no olvidemos que el neoliberalismo es en realidad, por sus efectos, la ideología económica de una derecha tan peligrosa como la llamada “extrema derecha”: deja morir de frío y hambre a quienes no pueden pagar alimentos y electricidad, paga salarios que sumen a los trabajadores en la pobreza, escatima para enseñanza, sanidad y pensiones.
Por lo demás Trump hará la política que le obliguen a hacer los que detentan el poder subterráneo, esto es, el verdadero poder. Así que tranquilos, que todo seguirá igual de mal.

Los votantes de Trump
Si nos preguntamos por qué ha ganado Trump, la respuesta debe incluir esto: nuestras democracias son plutocracias disfrazadas, y para su estabilidad, para que la población las tolere, necesitan, perdonen mi insistencia, una mayoría caracterizada por la ignorancia, el egoísmo y el miedo. Esa mayoría de mirada corta, alimentada de patriotismo y de temores, ha sido fabricada por el sistema (porque las personas no nacen, se fabrican), y es la que en España vota a un PP hundido en la corrupción y gestor de políticas contra el pueblo.
Hasta ahora, en EE UU se había conseguido que se sucedieran en el poder los demócratas y los republicanos, todos ellos coexistentes en el establishment de Washington. Y para que esta alternancia pudiera discurrir sin sobresaltos, ahí estaban los medios de comunicación privados, hacedores de la opinión de las mayorías.
Pero resulta que ha ganado Trump y que la extrema derecha está al alza en Alemania, Austria, Finlandia, Grecia, Francia, Reino Unido, Polonia, Suiza, Suecia, Dinamarca, Hungría…
No hay de qué extrañarse, ni empecinarse en análisis que ocultan lo principal. Está ocurriendo que esa población deficientemente socializada, esa que el capitalismo fabrica porque la necesita para subsistir, está soportando más que nunca los rigores del sistema. Y desesperada ha salido del redil en que los medios la tenían recluida, y se está yendo tras el que lanza un discurso afín con su condición de ignorancia, egoísmo y miedo.

El poder de los medios privados en el tema básico
Se dice que los medios no tienen tanta influencia como se supone, puesto que el candidato al que menos apoyaban ha ganado las elecciones.
Sin duda tenemos un nuevo elemento a considerar, que en cierto modo rompe el monopolio que han venido ejerciendo los medios privados respecto a la creación de opinión: en las redes sociales que no están bajo su control se está difundiendo la evidencia de que esos medios no son defensores de la verdad y del bien común como afirman, sino de los intereses de sus propietarios. En España la campaña general contra Podemos, cargada de odio, mentiras y tergiversaciones está abriendo a muchos los ojos y deteriorando el inmerecido prestigio de esos tradicionales fabricantes de opinión.
Sin embargo, aunque los medios vayan perdiendo poder, siguen teniendo enorme eficacia. Entre nosotros la han demostrado en la defenestración de Pedro Sánchez y en la, de hecho, gran coalición cuya única finalidad ha sido que no llegara Podemos al Gobierno. Pero éstas son cuestiones menores.
¿Por qué muchos de los explotados y perdedores no se enfrentan al sistema, sino que votan a la extrema derecha?
Porque los medios de comunicación han tenido éxito en el tema más importante, el crucial para el sistema, que es la demonización del comunismo. Esto lo han conseguido con creces, logrando que para una gran parte de la población la izquierda anticapitalista sea peligrosa y sórdida. Ahora el papa Francisco ha dicho que los comunistas piensan como los cristianos, y que el comunismo ha “robado” a la Iglesia católica su causa, “la bandera de los pobres”, concluyendo que “cuando ellos [los comunistas] hablen, nosotros les podríamos decir: Pero si sois cristianos”. En realidad el papa no se expresó bien, pues debería haber dicho: según los Evangelios, no son cristianos los que no sean comunistas. Naturalmente, los medios de comunicación no se han hecho eco de las palabras del papa.
El éxito de los medios en esta empresa fundamental se muestra en los votos que ha ido consiguiendo la izquierda anticapitalista española por comparación con los que ha ido consiguiendo el PP, siendo así que, por intereses objetivos de los votantes, la distribución de los votos hubiera debido ser la contraria. Y en Estados Unidos ha ganado Trump entre otras cosas porque previamente el partido demócrata cerró el paso a Bernie Sanders, que no era apoyado por los medios, sino por las redes sociales. Sanders decía “No creo que los hombres y mujeres que defendieron la democracia americana lucharan para terminar en un sistema donde los multimillonarios fueran dueños del proceso político”.

jmchamorro@jmchamorro.info