DE LAS MENTIRAS ESTRATÉGICAS A LA GRAN MENTIRA

Cuando uno lee los 11 principios de Joseph Goebbels no puede por menos de apreciar que están vigentes entre nosotros.

Los dirigentes del PP tienen una tendencia irresistible a utilizar como argumento la mentira fácilmente refutable. Últimamente insisten en tres:

Una es afirmar que, como herencia de las políticas de Zapatero, recibieron un país en ruinas, y otra es afirmar que ellos lo han levantado. No es cierto lo primero ni lo segundo.

La Gran Recesión no fue resultado de las políticas de Zapatero, sino de la política neoliberal que el PP defiende, la que llevó a desregular el mercado financiero estadounidense con las consecuencias conocidas. La crisis fue mundial y se originó fuera de España, pero las repercusiones en España se agravaron a causa de una política previa del PP de Aznar, la que liberalizó el suelo y dio lugar a la burbuja inmobiliaria.

La segunda mentira tampoco puede caminar ufana. Emilio de la Peña, periodista de información económica, ha recopilado datos del INE, de Eurostat y del Ministerio de Hacienda para demostrar con números los daños que la política de Rajoy ha causado al país.

El reparto del Producto Interior Bruto, que sólo ha aumentado un 6,5% en los seis años de Rajoy (de 2011 a 2017), ha sido injusto: lo que se llevaron las empresas aumentó el 12 por ciento, mientras sólo subió un 1 por ciento lo que le correspondió a los asalariados. Si se descuenta el encarecimiento de la vida (el dinero de 2017 valía menos que el de 2011) resulta que la renta por asalariado fue un 3,7 por ciento más baja al final del tiempo de Rajoy que antes de su llegada al poder.

Si nos fijamos en la renta media por persona, según datos del INE en 2011 fue de 13.902 euros, y en 2017, último año completo de Rajoy, de 13.690 euros descontando el aumento del coste de la vida. Un 1,5 por ciento menos, pero además mal repartido, pues la mitad de la gente con menos renta vio caer sus ingresos un 7 por ciento. La encuesta anual de estructura salarial del INE, cuyos últimos datos son de 2016, divide los sueldos en 10 tramos en atención a su cuantía, y se puede comprobar que el tramo con los sueldos más bajos ha sufrido una caída del 4 por ciento en el periodo Rajoy, mientras que el tramo de los que más ganan ha gozado de una subida del 3 por ciento. La precariedad salarial, ya existente antes, se ha incrementado con Rajoy con el aumento de los contratos a tiempo parcial respecto a los de tiempo completo.

Cuando el PP llegó al Gobierno, el 20 por ciento más afortunado económicamente ganaba 6,3 veces más que los del otro extremo (en Alemania o Francia 4,5 veces), pero con Rajoy los más pudientes han pasado a ganar 6,6 veces más que el 20 por ciento con menos ingresos. Ha aumentado la desigualdad.

En cuanto al aumento de la pobreza: si en 2011 había ya 12 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social, la política del PP ha convertido en pobres a medio millón más de personas, con la particularidad de que la pobreza viene afectando no sólo a parados y jubilados, sino también a los que trabajan. Al llegar Rajoy al gobierno había ya un 23,5 por ciento de asalariados en riesgo de pobreza, pero durante su mandato han aumentado un 18 por ciento, y ello ha sido consecuencia de la devaluación salarial propiciada por la reforma laboral del PP: los sueldos han bajado entre la llegada y la salida del PP un 5,1 por ciento en términos reales, es decir, descontado el incremento del coste de la vida.

Consecuencias: casi dos millones de hogares declaran que no pueden mantener su casa a temperatura adecuada. Se pasa frío en 726.000 hogares más que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Y entretanto el año pasado las compañías eléctricas, de gas y de petróleo del IBEX ganaron casi 9.000 millones de euros, un 8 por ciento más que en el ejercicio anterior.

En cuanto a los servicios sociales, la política impuesta por Rajoya las comunidades autónomas ha recortado el gasto público educativo en 2.200 millones y el gasto sanitario en 1.642 millones, mientras el gasto en dependencia tiene presupuestado en 2018 un 7 por ciento menos que en 2011.

La pensión mínima se ha incrementado en estos seis años el 4,3 por ciento, lo que no compensa el incremento del coste de la vida, que alcanzó el 4,8. Con el agravante de que, dado que el recorte de los salarios ha disminuido la recaudación de la Seguridad Social, Rajoy se ha gastado 74.000 millones del Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

El precio de los servicios esenciales de los que el ciudadano difícilmente puede prescindir se han disparado en el citado periodo. Entre 2011 y 2017 el pago por estudiar en la universidad, básicamente las tasas, se incrementó un 35 por ciento. La ampliación del copago por las medicinas a pensionistas ha encarecido el gasto farmacéutico de los ciudadanos en un 17 por ciento, el recibo de la luz es ahora un 14 por ciento más caro.

Y pese a todos estos recortes, el Gobierno de Rajoy endeudó más al Estado por su empeño en no cobrar impuestos a los ricos. Ahora la deuda pública supera el billón de euros (1.144.298 millones de euros) que equivale al 99 por ciento del PIB, mientras que cuando el PP tomó el mando suponía el 70 por ciento. Ha aumentado en 400.000 millones de euros, de los que 58.000 millones se gastaron en rescatar a los bancos, la mayor parte durante el mandato de Rajoy. Sin embargo, mientras esto ocurría, más de 400.000 familias fueron expulsadas de sus casas por los bancos al no poder pagarlas, la mayoría (300.000) durante el mandato de Rajoy. Y el gasto en I+D+i es un 17 por ciento más bajo ahora que cuando Rajoy llegó al gobierno.

Pues ahí andan ellos tan ufanos, afirmando una y otra vez sus dos mentiras.

Por si acaso añaden una tercera en la que no dejan de insistir: que Pedro Sánchez ha hecho pactos secretos con los independentistas para conseguir por esta vía el poder que no le han dado las urnas. Por tanto, para conseguir el poder de una manera ilegítima.

En primer lugar a ellos no les consta que Pedro Sánchez haya hecho algún pacto con los independentistas. Tenían estos tantos deseos de echar a Rajoy que seguramente no ha hecho falta pactar, salvo con el PNV (en el sentido de respetar las concesiones que ya le había hecho el PP). Insisten los del PP en que lo democrático es que gobierne el que ha sacado más votos olvidando que ellos han gobernado mediante pactos en perjuicio del partido más votado. Saben muy bien que en un sistema parlamentario gobierna el que tiene más apoyo en el Parlamento y que Pedro Sánchez es jefe de gobierno porque su moción de censura ha obtenido en el Parlamento votos que han sobrepasado la mayoría absoluta, y esos votos de parlamentarios representan a más ciudadanos que los que se han opuesto a la moción. Es decir, Sánchez ha ganado su posición en las urnas.

Pero es que además el PP no debería hablar de legitimidad, pues sentencias judiciales establecen como hechos probados que ha acudido a las elecciones cometiendo tres delitos: utilizar dinero negro, incumplir las normas sobre el límite de gasto electoral y obtener el dinero negro mediante porcentajes pagados por los empresarios a los que adjudicaba contratos. Es decir, sus victorias electorales han sido ilegítimas.

Si el PP insiste en mentir más de lo que le es forzoso, ¿es que sus dirigentes son mentirosos compulsivos? No. Se trata más bien de una estrategia. Está muy vigente entre ellos la creencia de que “si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Sobre todo si hay medios de comunicación dispuestos a acompañarles insistentemente en la mentira. Lean los 11 principios de Goebbels

LA GRAN MENTIRA IMPLÍCITA

Perdonen que insista en que los políticos pro-sistema, por decentes y honorables que parezcan, están obligados a la mentira sistemática, a la Gran Mentira, que se diferencia de las mentiras al por menor en que ni siquiera hay que enunciarla. En muchas de las afirmaciones políticamente correctas está implícito que vivimos en una sociedad democrática, que el pueblo es soberano, que en nuestro entorno se respetan los derechos humanos, que las becas garantizan la igualdad de oportunidades, que nuestro sistema de educación es mejorable hasta la excelencia y que a esa excelencia han llegado ya países como Finlandia, que los intereses de los ciudadanos no son irreconciliables y que por ello pueden resolverse mediante la negociación sin alterar las reglas del Sistema, que la Constitución es una ley respetable y respetada (al punto que se pone el grito en el cielo cuando los independentistas la vulneran), que pagar los impuestos es un deber ciudadano y que por ello quien elude el IVA está cometiendo un atentado contra la educación y la sanidad del país… En sentido contrario, que la izquierda radical es un populismo antisistema muy peligroso. Esta Gran mentira, legitimada por políticos, intelectuales y medios de comunicación, pasa por verdad tan sagrada que ni siquiera necesita defensa.

EL RECIENTE CASO DE ITALIA

 ¿Que vivimos en democracia?

Tras cuatro gobiernos con primeros ministros que no han pasado por las urnas, impuestos por los dos últimos Presidentes de la República al gusto de Bruselas, el electorado italiano ha dado la victoria a dos partidos contrarios al establishment europeo, la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Y estos partidos, uno inclinado a la derecha, otro a la izquierda, terminan poniéndose de acuerdo a partir de lo que les une, no permitir que Italia se convierta en una colonia de Alemania.

Lo que desató todas las alarmas fue que propusieran como ministro de Hacienda al profesor Paolo Savona, partidario de que Italia se prepare para una salida del euro. Y entonces el Presidente de la República Sergio Mattarella se niega a nombrar un gobierno con Savona y propone el nombramiento como primer ministro de un hombre del FMI.

Miembros de los dos partidos vencedores acusan a Mattarella de sabotaje y amenazan con un impeachment. Incluso personas contrarias a la coalición advierten que el paso dado por Mattarella hace difícil pensar que Italia siga siendo una democracia.

¿Que siga siendo? ¿Alguna vez lo fue?

El Comisario de Programación Financiera y Presupuestos de la UE, Gunther Oettinger, ha dicho con encomiable sinceridad: “Los mercados enseñarán a los italianos cómo votar”, les enseñarán a no votar en las próximas elecciones por partidos populistas.

En seguida el Movimiento 5 Estrellas ha emitido un comunicado en el que exige al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la desautorización de Oettinger. “Sus palabras son de una gravedad inédita y evidencian las manipulaciones que la democracia italiana ha padecido en los últimos días”. “Juncker debe intervenir para defender la democracia, la voluntad popular y el derecho a voto de todos los ciudadanos. No puede ser que un comisario alemán le diga a los italianos cómo deben votar. ¡Oettinger debe quitarse la máscara y, después, dimitir!”

Por su parte el líder de Liga Norte, Matteo Salvini se ha preguntado: ¿Somos una democracia? En Italia, ¿son los italianos o son los franceses o los alemanes los que deciden? Y la representación permanente de Italia en la Unión Europea se ha visto forzada a responder a través de Twitter: “Los votantes italianos no necesitan ninguna enseñanza. Las elecciones libres y la democracia son valores europeos clave’” Y ha conminado a la Unión Europea a respetar el sistema democrático italiano: “La democracia italiana debe ser respetada por todo el mundo. Como siempre en la historia de la República, los italianos votarán con libertad e independencia”.

¡Pero por favor! Si el único que ha hablado con verdad en este episodio ha sido el comisario Oettinger. ¡Pues claro que no hay democracia! Claro que mandan los mercados, esto es, los controladores de los mercados, los dueños del dinero. ¿Acaso no lo demostraron cuando en Grecia los votantes se desviaron de lo que convenía al verdadero poder? ¡Pues claro que estamos en una plutocracia disfrazada de democracia! Así que menos invocar a la democracia inexistente y menos escandalizarse porque a alguien se le escape la verdad innombrable.

Es por ello lamentable que gentes de izquierda acepten la Gran Mentira, e implícitamente la están aceptando cuando invocan a la democracia como si existiera. La democracia no está aquí, es algo que hay que conseguir, y es incompatible con el capitalismo. He ahí una verdad elemental.

¿QUÉ ES EL EUROPEÍSMO?

Italia ha causado un disgusto a los europeístas. Pero ¿qué se podía esperar?

La Europa que tenemos, que se llamaba de los mercaderes, pero que resultó ser de los mercaderes avarientos (las grandes multinacionales y el capital financiero que la gobiernan), no es un lugar confortable para las clases populares del Sur. Ha estado controlada férreamente por el capital alemán con el apoyo de los países del Norte, que miran a los del Sur con desconfianza y cicatería, exigiéndoles durísimos recortes en el gasto social al mismo tiempo que negándoles remedios. Se opusieron a que el Banco Central Europeo les prestara sin interés, mientras prestaba a la banca privada a interés cero para que esta prestara a los países en apuros a un interés abusivo, en proporción a la prima de riesgo decidida por empresas privadas. Imponiendo así un coste en intereses a la larga inasumible, y que por el momento retraía recursos que hubieran debido destinarse a gasto social.

Y ahora, cuando hay propuestas para refundar la UE (que incluyen un superministro de Finanzas responsable de coordinar las políticas económicas y un presupuesto de estabilización), hay una fuerte resistencia en países como Alemania, Holanda o Finlandia, que temen una transferencia permanente de recursos hacia los países del sur, despreciados como parásitos.

Tenemos por otra parte en esta Europa a los antiguos países del Este, los que fueron “socialistas”, cuyas poblaciones inclinan a sus gobiernos a políticas xenófobas. Y ello dentro de una Unión Europea que no ha sido capaz de solucionar el problema de los inmigrantes y refugiados de acuerdo con la legislación internacional y el respeto a los tan invocados derechos humanos.

Y tenemos unas autoridades europeas que, mientras fueron inflexibles con las desviaciones de la norma (la norma que dictaban los dueños del dinero) cuando era la Grecia de Xiriza la incumplidora, no lo son tanto con las desviaciones de la norma humanitaria por la extrema derecha.

Si Europa es un lugar éticamente poco atractivo y además poco confortable para las masas populares del Sur ¿qué tiene de extraño y de criticable que haya europeos que se quieran marchar, o que quieran tener una política económica propia, lejos de las imposiciones alemanas en cuestiones monetarias relacionadas con el déficit presupuestario y el límite de la deuda pública?

CONTEMPORIZAR CON LA GRAN MENTIRA NO ES BUENO

Pasando a otro asunto, pero relacionado, me sabe mal criticar a una persona a la que pienso votar, pero lo hago porque creo que sus deslices no son meramente formales, sino que tienen importancia como síntomas. Me refiero a dos malhadadas alabanzas hechas por Pablo Iglesias, una a Mariano Rajoy, otra a Iván Redondo.

En un twiter ha escrito sobre Rajoy: “Con todo, se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto”.

En primer lugar los honores y respetos del señor Iglesias son asunto privado que no hay por qué airear. Se trata de apreciaciones personales que carecen de interés público. Salvo cuando las hace públicas, porque entonces son reveladoras de un estilo muy viejo (el de “hoy por ti, mañana por mí”) y muy relacionado con la casta antes tan denostada.

Está muy bien alabar los méritos del enemigo, pero siempre que sean méritos reales. Como político el señor Rajoy no ha sido nunca elegante, ha sido mendaz, jamás ha sabido escuchar, nunca ha respondido a las preguntas que se le hacían en el Parlamento, de las que escapaba con ironías despectivas, ha sido despótico cuando se ha sentido con poder, y cuando no ha tenido suficiente ha recurrido a trampas para impedir la política que otros grupos aprobaban en el Parlamento. Nunca tuvo la elegancia elemental exigible a un político pro-sistema, que es la de dimitir cuando se demuestran graves responsabilidades políticas. Ha carecido de valor para defender en público su política, se ha limitado a imponerla, ha rehuido el diálogo, ha eliminado las ruedas de prensa con preguntas y respuestas. Ha causado graves daños a las clases populares por su política de recortes y al país entero por su gestión del conflicto catalán. Ha convertido a España en un país sin peso ni presencia en la UE, carente él de valor para oponerse a las órdenes que le llegaban de fuera, haciendo el deshonroso papel de lugarteniente de la señora Merkel, que le despreciaba por corrupto, aunque contenta de su sumisión.

Vayamos con la segunda alabanza, que sale ahora a colación por el nombramiento de Iván Redondo como jefe de gabinete de Pedro Sánchez. Me refiero a los elogios que hizo de él Pablo Iglesias cuando le entrevistó en La Tuerka en abril de 2016. Allí le presentó como “culto, rápido y sensible” citó a una antigua profesora escolar que le recordaba como estudiante brillante y discreto, y no satisfecho con esto, añadió: “Es una pena que siempre haya trabajado para nuestros adversarios”. Lo que significa que sería una dicha que trabajara para Podemos.

Iván Redondo pertenece a esa fauna profesional que trabaja para quien le paga utilizando el sentido común (pues de conocimientos sólidos de ciencia social carecen por ahora los expertos en opinión). Ha diseñado campañas para candidatos del PP -la xenófoba de García Albiol en Badalona, la de Basagoiti en el País Vasco y la de José Antonio Monago, con el que ganó las elecciones de 2011 y perdió las de 2015-, y se dice que mandó indagar en cuestiones personales del socialista Guillermo Fernández Vara tratando de hallar un escándalo que lo inhabilitara para la política.

Es decir, en el mejor de los casos Redondo es una persona que utiliza con habilidad la ideología que impera entre los electores para idear mensajes que proporcionen votos. Algo que va bien a los políticos del sistema. Pero la izquierda debe ser otra cosa. No está para aprovechar las malformaciones ideológicas de la población, sino para transformarlas. La estrategia de la izquierda debería ser enfrentarse a la Gran Mentira a la que los demás partidos deben servir. No importa que esta estrategia rinda menos que otras a corto plazo (aunque eso es algo todavía no comprobado), ya que a largo plazo es la única rentable. Por haber seguido estrategias de marketing, que son las únicas al alcance de la imaginación del señor Redondo, así le ha ido a esa izquierda. Si hace 40 años hubiera inaugurado una estrategia propia, no mercadotécnica, a saber cómo estaría ahora y hasta qué punto habrían avanzado las ideas progresistas.

Los citados elogios de Iglesias a Rajoy y a Redondo son los que haría un acomodaticio promotor de valores conservadores. Son por tanto desorientadores y hacen un mal servicio a la necesaria aclaración ideológica a que la izquierda está obligada.

Insisto en que lamento este desacuerdo, porque pienso votar por Podemos en las próximas elecciones, y por el señor Iglesias si es su candidato (pues sin duda tiene cualidades que compensan con creces sus errores, por significativos que sean).

jmchamorro@jmchamorro.info