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CAPITALISMO, IZQUIERDA Y CIENCIA SOCIAL. HACIA UNA RENOVACIÓN DEL MARXISMO

1. En una de las últimas entradas de este blog anuncié la próxima publicación de un libro con el título que antecede y que ya está por ahí, a la espera de lectores.

Este libro, junto con otros dos ya publicados por la Universidad de La Laguna (Positivismos y antipositivismos. La herencia del siglo XX. Y Lenguaje, mente y sociedad. Hacia una teoría materialista del sujeto) componen un trabajo unitario concebido inicialmente en cuatro volúmenes que luego han quedado reducidos a tres.

En Positivismos y antipositivismos analicé el debate filosófico básico, el que afecta a la propia naturaleza y futuro de la filosofía, el debate sobre el positivismo, en el que se ventila si la ciencia puede ocuparse de la persona y la sociedad con el mismo método con que se ocupa de otras realidades materiales, o si, por el contrario, esos temas quedan fuera del alcance de la ciencia y deben dejarse a la hermenéutica filosófica. Mi conclusión fue abogar por un nuevo positivismo poco parecido al llamado positivismo lógico, que es el hoy dominante. Ello exigía demostrar que es posible un estudio científico de aquellos procesos mentales que se vienen considerando no sometidos a las leyes de la naturaleza.

Puesto que en el campo de la psicología académica no existía una teoría general del individuo, ni intención de acometerla, propuse en Lenguaje, mente y sociedad una teoría materialista del sujeto a partir de la idea básica de que la persona tiene dos gestaciones, una biológica y otra social, consistiendo ésta segunda, que es la que convierte en persona a la cría humana, en la adquisición del lenguaje del grupo. A este planteamiento se añade la idea de que el comportamiento que creemos libre está determinado por los contenidos mentales según un principio cibernético que pone en relación conocimientos, afectos y pautas de acción. En la elaboración de esa teoría he utilizado materiales y conceptos que han ido ofreciendo, desde los años 40 del pasado siglo, la teoría de sistemas y las disciplinas básicas del campo de la ciencia social.

En uno de los informes preceptivos para la publicación de Positivimos y antipositivismos se decía: “El libro ofrece una enorme cantidad de información que no es fácil encontrar junta y puesta en relación sobre el tema del objeto de la ciencia social y de la mente, esa información está siempre presentada bajo una óptica crítica casi siempre original y en ocasiones de muy gran alcance. Algunas partes del libro son realmente iluminadoras y proponen enfoques muy aclaradores sobre temas debatidos bajo supuestos que adoptan acríticamente quienes participan en esos debates.” Y terminaba diciendo: “El libro es de un gran valor porque además de la originalidad de algunas de las ideas expuestas, el autor reúne el conocimiento de tendencias filosóficas y científicas de una manera que pocas personas han sido capaces de asimilar.”

Respecto al segundo libro la revista Empiria de Metodología de las Ciencias Sociales, de la UNED, publicó en su número 23 de 2012 una reseña en la que el autor, aun disconforme con algunas de mis tesis por diferencias ideológicas, escribía: “José María Chamorro esboza en Lenguaje, mente y sociedad con una prosa admirable por su claridad y transparencia una provocativa (a menudo demoledora) teoría materialista, determinista y positivista del sujeto”. Y añadía que “En realidad LMS es parte de un proyecto tan radical como monumental en cuatro volúmenes sin parangón en el actual pensamiento europeo”.

A la vista de estos juicios puede sorprender que de tales obras no haya aparecido mención alguna, salvo la comentada, en los medios en que se expresan los miembros influyentes de la academia filosófica. Ninguno de esos dos libros existe en el mundo oficial de la filosofía y la ciencia social españolas, siendo así que en ese mundo se ponderan obras mediocres como si fueran espléndidas. Pero hay razones que explican por qué se decretó sobre mi trabajo un cordón sanitario que impedía primero la publicación y, cuando ésta se produjo, las reseñas y citas.

Exponer esas razones me obliga a contar episodios de mi historia profesional de los que nunca he hecho mención pública, y he tenido ocasiones, por ejemplo en este mismo blog. Pienso ahora que he callado por un erróneo concepto de la elegancia y que cuando uno es represaliado por sus ideas debe denunciarlo so pena de conceder impunidad a quien merece repulsa. En todo caso no me mueve la defensa propia, que sería muy tardía, sino el beneficio de la obra que les ofrezco, sobre todo para que el lector tenga algunos elementos de juicio que no le llegarán por los medios habituales. 

2. Antes que profesor de filosofía fui abogado, primero en Cáceres, luego en Madrid, y terminé perteneciendo, como asesor jurídico, al equipo de la Dirección General de un banco industrial, y como secretario a dos consejos de administración de sociedades de inversión mobiliaria. Ello me permitió conocer de cerca el funcionamiento del sistema financiero capitalista y cambió mi modo de percibir la realidad social.

Fue un cambio guiado por el sentido común y la empatía, pero sin más conocimientos que los que se imparten en una Facultad de Derecho. Echando otros en falta, me matriculé en la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Al terminar la licenciatura dejé el banco y las sociedades de inversión y fui a La Laguna a hacer mi tesis doctoral, que inicié con el tema que el director me propuso: comparación de los conceptos de racionalidad analítico y francfortiano. Ocurrió que en la indagación me fui encontrando con las obras de Mead, Vigotski y Bajtin y con la teoría de sistemas, y ellas me encaminaron a un tema nuevo, este ya no académico, sino apasionante, al que me he venido dedicando durante más de cuarenta años.

El resultado inicial de mi trabajo no gustó a los éticos dualistas, ni a los que identificaban la filosofía con su historia, no gustó a los conservadores, pero tampoco a los marxistas, no gustó a nadie de los que tenían alguna influencia en la Academia. Y fue natural.

Mi indagación me había llevado, desde el campo de los textos filosóficos, a recorrer las disciplinas sociales (lingüística, psicología y sociología y sus híbridas), y dado que los temas tradicionalmente filosóficos (el conocimiento, la acción y la política) estaban ya siendo tratados en parte por esas disciplinas, mi conclusión fue que la filosofía debe asimilar lo que ellas van aportando, convirtiéndose entonces en un enfoque interdisciplinario dentro del campo social. Esto fue considerado una agresión por quienes tenían a su cargo la defensa de la filosofía entendida como se suele.

También marxistas influyentes se sintieron agredidos. Decir en los años 70 que el marxismo necesitaba reformulaciones y ofrecer para ello conceptos psicológicos era suficiente para que se decretara que andaba perdido en nieblas pequeñoburguesas. ¡Y luego la teoría de sistemas, la cibernética y demás americanadas! Así que concluyeron que, en tanto que conservador que se hacía pasar por marxista, yo era un enemigo peligroso.

El caso es que unos y otros se pusieron de acuerdo para decidir que mi trabajo era impublicable, y llegaron a más, pues por tres veces intentaron expulsarme de la universidad, la última declarándome oficialmente no idóneo como profesor, y precisamente en unas pruebas que se habían concebido para convertir en funcionarios a los PNN que cumplieran ciertos requisitos meramente burocráticos. Fue todo tan burdo que incluso se desmarcaron y me pidieron disculpas algunos de los que habían intervenido en los dos intentos anteriores. El apoyo de los alumnos fue mi principal alivio en aquella etapa.

Dejando aparte las penalidades imaginables, la situación tuvo ventajas para mi trabajo. Como no podía publicar en las revistas que ellos controlaban (todas) tuve que fundar una revista, Gavagai, mencionada con elogios en su último libro por el filósofo más citado del pasado siglo, Willard V.O. Quine. Y como no podía publicar los tres libros que había ultimado los fui depurando a lo largo de los años en beneficio de su calidad. Por otra parte pude entonces comprobar la fuerza de la convicción honrada y bien argumentada. Las ideas que yo exponía convencían a los mejores estudiantes frente a las contrarias que defendían (siempre que tenían ocasión, como réplica y condena) profesores cargados de prestigio académico.

Tuve también la suerte de que algunos colegas no aceptaron el veredicto oficial. Gracias al empeño de Vicente Hernández Pedrero, profesor de la Universidad de La Laguna, dos de mis tres libros se acabaron publicando por esa Universidad. Y los necesarios informes favorables de profesores de otras universidades fueron hechos por Daniel Quesada, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, y por Julio César Armero, profesor titular de la UNED. Finalmente, pude aprobar la oposición gracias a la imparcialidad de Miguel Ángel Quintanilla, catedrático de la Universidad de Salamanca. A todos ellos nunca dejaré de estar agradecido.

Sea todo esto dicho para que el lector sepa que de estos libros no se habla en ninguno de los foros oficiales precisamente porque ponen en entredicho, desde un enfoque original, muchos de los supuestos que se vienen adoptando acríticamente por un pensamiento filosófico oficial claramente improductivo.

Hace unos años, como terapia para la desazón que me producían los medios de comunicación considerados progresistas (por mucho de lo que decían pero sobre todo por lo que callaban), y también la actividad de los partidos que se llaman de izquierdas, hice este blog para ir comentando la realidad social y política desde el punto de vista de la teoría que ahora se publica. Muchos lectores me han manifestado satisfacción por encontrar un espacio de racionalidad que prolonga la línea marxista con nuevos aires.

3. Capitalismo, izquierda y ciencia social es una consecuencia de los dos libros previamente publicados y tiene tres partes.

En la primera propongo una renovación de la teoría marxista por la vía de remediar su gran carencia; pues siendo el marxismo una teoría general de la sociedad, no integra, como sería necesario, una teoría psicológica en su núcleo. Esa carencia, que en tiempos de Marx era disculpable, pero no en el presente, ha perjudicado el desarrollo de temas marxistas fundamentales, como el de la ideología, el de las clases sociales, el de la revolución como puerta de entrada al socialismo y el de la fabricación del “hombre nuevo”. Es obvio que en esta tarea de renovación utilizo la teoría psicológica propuesta en Lenguaje, mente y sociedad.

En la segunda parte, y desde la teoría marxista así renovada, desarrollo una crítica al capitalismo (incluido el más ejemplarmente socialdemócrata), y no sólo a su economía, sino ante todo a sus formas de socializar (de fabricar a los individuos) y a su necesaria naturaleza de plutocracia disfrazada, que hace a cualquier capitalismo incompatible con la democracia.

En la tercera parte reflexiono acerca de cómo debería organizarse una izquierda anticapitalista y cuáles deberían ser sus tareas fundamentales, lejos de los apremios del electoralismo que caracteriza a los partidos políticos prosistema, imitados en mala hora por los de izquierda marxista.

Concluí este libro antes de que se desatara la Gran Recesión, pero sus tesis teóricas no han requerido modificaciones pese a todo lo ocurrido desde entonces, más bien salen reforzadas en sus argumentos. Sólo he tenido que poner al día algunos datos y tomar en cuenta las causas y efectos de la crisis.

La oscuridad es el refugio de quienes, no teniendo algo interesante que decir, fingen una visión profunda. Yo he procurado que lo escrito sea comprensible sin ambigüedades. Y para hacer asequible el texto al mayor número de lectores, he buscado una forma menos académica, pero sin olvidar que cuanto se dice en un libro adquiere mayor legitimidad si se muestra que se ha tenido en cuenta lo que han expuesto o discutido teóricos relevantes. Por eso mantengo la referencia a algunas de esas exposiciones o discusiones para quienes estén interesados, pero en apéndices.

Termino indicando al lector que puede tener la seguridad de que en Capitalismo, izquierda y ciencia social va a encontrar ideas que, le parezcan o no acertadas, no podrá encontrar en otra parte.

El libro lo distribuye Traficantes de Sueños. Si no lo encuentra en su librería puede pedirlo en http://www.gavagai.info/

jmchamorro@jmchamorro.info