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FEMINISMO Y TEORÍAS FEMINISTAS (I): LA POSICIÓN ANTE EL COLECTIVO LGTB

El pasado febrero el Partido Feminista de España (PFE) que dirige Lidia Falcón ha sido expulsado de IU por discrepancias sobre cómo regular los derechos de las personas transgénero. Esas discrepancias venían de lejos, pero subieron de punto cuando el pasado diciembre el PFE emitió un comunicado en el que rechazaba las consecuencias nefastas de permitir que los menores transgénero accedan a tratamientos y operaciones para cambiar de sexo, o que los adultos lo hagan sin la consulta previa de un psicólogo. Denuncia el PFE que estas medidas se recogen ya en algunas normativas autonómicas y que previsiblemente formarán parte de la propuesta de Ley de Derechos Trans y LGTBI contemplada en el acuerdo de Gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, que incluye una despatologización de la condición trans y elimina la necesidad de operarse para poder cambiar nombre e identidad de género en el DNI.

Lidia Falcón ha llamado a los hombres trans “mujeres con barba” y a las mujeres trans “hombres con falda”, y ha afirmado que “si se aprueban esas leyes en España viviremos la pesadilla de las inglesas obligadas a compartir los váteres con trans que ni siquiera se han operado”.

Refiriéndose a la teoría queer ─aquella que dice que no nacemos con una predeterminación de sexo sino que a lo largo de la vida escogemos variablemente el que queremos─ encarece sus consecuencias funestas, ejemplificables en la foto de un señor con unos bigotazos negros que lleva la leyenda “soy una niña de cinco años” porque esa es la transformación que ha escogido, sintiéndose a continuación con derecho a acosar sexualmente a un niño de seis “porque él se siente niña pequeña, y en consecuencia no es un pedófilo ni un pederasta sino un transgender”. Concluye Lidia Falcón que las feministas que se oponen a semejantes desquiciadas fantasías son tachadas de homofóbicas, transfóbicas, perseguidoras de la libre elección de sexualidad y TERF (acrónimo de trans exclusionary radical feminist, término inventado por un grupo de transexuales).

Aclarar el conflicto IU-PFE obliga a tomar en cuenta a los sujetos que intervienen.

Dos feminismos

Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña, ve como primera razón del choque entre IU y el PFE dos concepciones diferentes de lo que debe ser el movimiento feminista. El sector mayoritario del feminismo entiende que las movilizaciones sociales están al servicio de la conquista de derechos frente a la opresión patriarcal y se concreta en diversas vindicaciones: contra la precariedad laboral de las mujeres; contra la feminización de la pobreza; contra la legalización de los vientres de alquiler; a favor de la abolición de la prostitución; contra la propuesta de hipersexualización extrema de las mujeres del porno…

El otro sector feminista muestra una concepción más próxima al orgullo gay y parte de la idea de que el sujeto del feminismo no sólo son las mujeres sino también otros colectivos discriminados. Y no sólo las mujeres bisexuales, sino las lesbianas, trans, racializadas, mujeres encerradas en los CIE’s, etc. De la diversidad de las mujeres pasa este feminismo a la diversidad sexual y a la libertad sexual basada en las identidades sexuales. Y dentro de él las hay que ponen en cuestión los tres siglos de historia feminista porque se gestó en Occidente y se lideró por mujeres blancas y burguesas.

Podríamos añadir a lo dicho por Rosa Cobo que el feminismo tradicional habla de mujeres y hombres, y del sexo como hecho básico, mientras el segundo feminismo sustituye los términos tradicionales (hombre, mujer, sexo) por género (identidad de género, perspectiva de género, violencia de género) influido por la idea de que es la teoría la que fabrica los hechos (los sexos existen en el espacio biológico, los géneros en el espacio social). Por este camino se acaba llegando, en un ambiente de barra libre, a llamar “persona binaria” a la que se atribuye características de uno de los dos sexos, y “persona no binaria” a la que se atribuye identidad bigénero (si se percibe como masculino y femenino), identidad pangénero (si se percibe como una mezcla entre masculino, femenino y/u otros), o identidad agénero o género neutro (si se percibe como un género distinto al género masculino, al femenino o al nulo). Y cada día aparecerá una forma nueva de identidad, porque los caprichos fantasiosos son inagotables.

A juicio de Rosa Cobo la actitud de los sectores feministas del PSOE y de Unidas Podemos depende de la forma en que se plantean su competencia por la hegemonía ideológica y por la capacidad de movilización.

Las dirigentes del PSOE y una parte significativa de sus bases suscriben la agenda de la opresión patriarcal, aunque hay sectores minoritarios del partido socialista, sobre todo entre sus juventudes, que suscriben la agenda sexual de libre identidad.

Las dirigentes de UP, pese a que se presentan como más a la izquierda, apuestan por la libre identidad en detrimento de las vindicaciones feministas más inequívocamente anticapitalistas vinculadas a la redistribución, y de ahí la distancia entre el ministerio de Igualdad y el PFE. Aunque hay también en este caso una división entre las bases y las dirigentes de UP, pues una mayoría de las militantes comparten la agenda ligada a la opresión patriarcal.

La posición ante el lobby de los colectivos LGTB

Otra razón del conflicto es según Rosa Cobo que algunos sectores del colectivo LGTB quieren formar parte del sujeto político feminista aprovechando un elemento común, las mujeres trans, con el objetivo de introducir en la agenda del feminismo la suya propia: legalización de los vientres de alquiler, regulación de la prostitución, ley de identidad sexual, vía libre a la pornografía, es decir, una agenda que parece contraria al feminismo.

Lidia Falcón denuncia que lobbies de gays y transexuales llevan a cabo “movimientos de propaganda ideológica” cuyo efecto es ocupar espacios feministas desde posiciones contrarias a la lucha feminista, eliminando el concepto ‘mujer’ de las leyes trans. Las madres, dice Lidia Falcón, desaparecen y pasan a ser “progenitores gestantes”, capacidad que se arrogan también los hombres trans, dado que no han perdido su capacidad reproductora. Con su lenguaje poco diplomático Lidia Falcón ha llegado a equiparar a las personas trans con “proxenetas, puteros y compradores de mujeres y niños”.

Pugna en los colectivos LGTB

Pero no es esto todo, pues dentro del movimiento LGTB ha habido una escisión de mujeres trans que han pasado por la cirugía y que se denominan “mujeres reasignadas”. Marta Reina, la primera agente de Mossos d’Esquadra en cambiar de sexo, es la impulsora de una nueva asociación que tiene una posición crítica hacia los vientres de alquiler y se pronuncia a favor de la abolición de la prostitución. A su juicio bajo de la letra T de LGTBI hay un lobby cuyos personajes toman decisiones en reuniones donde no hay ninguna persona reasignada para decidir ciertos asuntos. Por ejemplo, hacen mesas redondas sobre tratamientos trans e invitan a personas que están en contra de las cirugías, de lo que resulta que las operadas están encontrando transfobia dentro del movimiento trans.

La asociación de reasignadas se opone a la futura ‘ley Trans’ porque permite que se pueda cambiar de sexo sin siquiera pasar por un control médico (art. 7,4), con consecuencias que se ven en este ejemplo: “Hemos sabido estos días del caso de un hombre que trabajaba como drag queen en Gran Bretaña. Lo metieron preso y dijo que él no se sentía hombre, así que ingresó en una cárcel de mujeres y allí violó a algunas internas.”

Termina Marta Reina diciendo que las mujeres reasignadas, que saben del calvario que supone el tránsito de hombre a mujer, exigen unos mínimos. “No te estoy diciendo que una mujer transexual que todavía no se haya hecho la cirugía no pueda entrar al lavabo de mujeres… Pero esa persona sí que tendrá que pasar un tránsito y tendrá que someterse al tratamiento hormonal. Que llegue luego o no a la cirugía es otra cuestión.”

Sentido común en el tema de las personas trans

Examinemos desde el sentido común los problemas mencionados:

1) Si alguien, por la razón que sea, está disconforme con su sexo y desea pertenecer al otro, lo primero a tener en cuenta es que en el terreno de la realización de los deseos no siempre impera la voluntad individual. Todos desearíamos volar como águilas, pero es un deseo que no nos motiva a la acción porque sabemos que no es realista. Un sucedáneo es volar en parapente. Pero volar en parapente no nos convierte en aves.

Cierto que muchas cosas que eran en otro tiempo imposibles han acabado siendo realizables gracias a la tecnología. Pero la tecnología actual es incapaz, por el momento, de convertir en mujer a un hombre o en hombre a una mujer. A lo más a que llega es a hormonar un cuerpo (proporcionándole los estrógenos o la progesterona que no produce naturalmente) para alterar en alguna medida sus caracteres sexuales secundarios. O simular con cirugía una vagina que no desemboca en un útero. Poco importa que la ministra de Igualdad diga que “las mujeres trans son mujeres y ya está” (sólo le faltó añadir “porque lo digo yo”). Los castrati no eran mujeres, eran hombres castrados. Por ello, dejando aparte la crudeza de las formas, tiene razón Lidia Falcón cuando llama mujer con barba al llamado hombre trans, y hombre con faldas a la llamada mujer trans. Dicho de manera más suave: la llamada “mujer trans” debería ser llamada, con mayor propiedad, “hombre trans”, y el llamado “hombre trans” debería ser llamado, con mayor propiedad, “mujer trans”. Esto es así incluso aunque el hombre haya sido operado, con más razón si mantiene su pene y sus testículos.

Marta Reina dice que es mujer de pleno derecho y que se siente como tal. Es mujer de pleno derecho si una ley se lo reconoce. Que se sienta como tal alude a una intimidad que no hay por qué discutir, aunque en realidad carezca de significado preciso. ¿Qué es sentirse mujer? A saber cuantas formas habrá de sentirse mujer, pero creo que todas han de referirse, de una manera u otra, a un proceso vital en el que están muy presentes la menstruación, la posibilidad de preñez y parto, la maternidad, el aborto como remedio a un embarazo indeseado, la menopausia y las enfermedades típicas del aparato genital femenino.

Nada de lo que estoy diciendo va contra el derecho que tiene cada cual a satisfacer sus deseos mientras no dañe a otros, por ejemplo recorriendo ese llamado tránsito, tanto si incluye como si no incluye cirugía. Las personas trans merecen respeto social y apoyo legal, y los sucedáneos que consiguen bien valen la pena si les eliminan dolores o les proporcionan placeres.

2) En todo caso, puesto que el deseo de las personas trans es de imposible realización, el problema debe verse de manera diferente en la niñez y en la edad adulta.

Tal vez la ciencia nos acabe diciendo cómo y por qué surgen las configuraciones cerebrales en que consiste el repudio al propio sexo y el deseo de pertenecer al otro. Desde luego no es innata la identificación de cada sexo con juegos o vestidos, ya que es convención cultural que las niñas se vistan de rosa y los niños de azul, que los niños no usen faldas y que a las niñas se les agujereen los lóbulos de las orejas para colocar pendientes. Melenas, faldas, pantalones, tacones han sido usados por mujeres y hombres en distintas épocas y culturas. Y jugar al parranquete, al diábolo o a la comba no es exclusivo de niñas, como no lo es de niños jugar al fútbol.

En el caso de que un niño o niña se considere trans, la reacción sensata es, si así lo recomiendan los expertos, permitirle ser nombrado y vestir como quiera, jugar a lo que le guste, etc. Lo importante es controlar el entorno para evitar acosos y sufrimientos mientras se espera el resultado de la evolución del menor.

No tiene ningún sentido que el Parlamento extremeño haya recibido a un niño de 8 años llamado Elsa para que lea un papel hecho por adultos presentándose como niña trans. Menos lo tiene que cuatro años antes, es decir, cuando el niño tenía 4 años, ya estuviera su madre en ese Parlamento haciendo lo mismo.

Lidia Falcón ha dicho que se reserva acciones legales por falta de protección psicológica al menor contra el Parlamento de Extremadura y los padres de Elsa, y alega que la hormonación de menores de edad les llevará en pocos años a la pérdida de densidad ósea, trastornos alimenticios y de peso y sobre todo trastornos mentales, y que la normalización de la transexualidad entre los niños puede llevar a algunos incluso a practicarse castraciones. 

Si llegada la persona a la madurez persiste en su determinación deben exigirse unas condiciones para que la ley reconozca la realidad trans y le dé efectos jurídicos.

Si el registro civil y el DNI no son necesarios lo adecuado es suprimirlos. Si se llega a la conclusión de que son necesarios, y de que es además necesario hacer constar el sexo de cada cual como dato biológico, entonces, si lo que se pretende es que el registro recoja las variedades de orientación e identidad sexual habría que establecer distintas subclases en cada sexo para que todos se sientan reconocidos. Por ejemplo, caracterizar a los varones y hembras que así lo pidan por subclases de orientación (heterosexual, bisexual, homosexual) y también de identidad (cisgénero o trans). Y siempre siguiendo un procedimiento que acredite que no se trata de un capricho subjetivo y pasajero.

Cosa distinta es que un hombre se registre con nombre de mujer o al contrario. Allá cada cual con el nombre que quiera darse.

Se plantea aquí un problema adicional, porque el tema del daño ajeno admite distintos niveles y matices. Pensemos en el caso del hombre que se dice mujer trans sin haber recurrido a la cirugía y que entra en los váteres o vestuarios de mujeres incomodando a las usuarias. Parece una cosa menor, pero atendible si nos proponemos tomar en cuenta los sufrimientos y molestias de cada cual.

En todo caso, en la medida en que las personas trans no pueden dar cumplimiento a su deseo es inevitable su frustración, lo que explica que tras el calvario que según Marta Reina es el tránsito, haya en ese colectivo un alto número de suicidios.

¿Qué se puede hacer a su favor? Mediante educación y buenas prácticas legales y sociales garantizar el respeto que se debe a toda persona, no importa que sea diferente a los tipos que se han venido considerando socialmente normales. Para ello es conveniente acabar desde la escuela con la idea de que sólo es socialmente admisible la heterosexualidad.

Profesionales de distintas especialidades (cirujanos, médicos, psicólogos) estarán ahí, unos para sacar provecho de la situación, otros para aliviar sufrimientos en la medida de lo posible.

Pretensiones del colectivo LGTB que no son de recibo

1º:- Lo que menos debate requiere es la pretensión de legalizar los vientres de alquiler. Nadie cree que una mujer va a aceptar un embarazo y un parto con sus molestias y riesgos para entregar el hijo, por altruismo, a un desconocido. Está claro que los vientres de alquiler convienen a homosexuales ricos que aprovechan la pobreza de mujeres obligadas a tamaña venta de sí mismas.

Al gay habría que dejarle claro que puede satisfacer sus deseos por otro camino: si quiere tener un hijo puede adoptarlo. Si lo quiere tener de sus propios genes (¡ay, el valor entrañable de los propios genes!) no tiene otro camino decente que recurrir a una mujer, pero en calidad de madre, no como vientre de alquiler para procrear y entregar.

2º. La posición ante la prostitución obliga primero a definir el término. Una mujer puede acordar con un hombre una relación sexual a cambio de dinero por razones distintas:

Si lo hace porque quiere libremente (sea por placer o por darse algún lujo) y su actividad no sale de la esfera privada, no la debiéramos incluir en la prostitución, salvo que llamemos prostitución a los matrimonios, emparejamientos y favores sexuales de conveniencia que afectan a personas socialmente respetables a las que nadie considera prostitutas.

Es distinta la situación de mujeres atrapadas en una red de trata de mujeres, o que no tienen otro medio de conseguir el dinero suficiente para sobrevivir. En estos casos no se puede hablar de voluntad libre: es una voluntad forzada. Estas mujeres viven una situación miserable: no tienen paro ni baja por enfermedad y no cotizan para sus pensiones. Si no pueden demostrar que trabajan e ingresan, tampoco les es fácil alquilar una vivienda y para algunas es imposible empadronarse y acceder así a las ayudas más básicas y a los recursos sociales. Son mujeres abandonadas por las instituciones.

¿Qué es lo adecuado, abolir esa prostitución o regularla?

A favor de la regulación se dice que el trabajo de las prostitutas es honorable y debe ser protegido por la ley (derecho a sindicación, pensiones, etc.), pero esto sólo tendría sentido si se tratara de una profesión vinculada, por ejemplo, a clínicas de sexología para ayudar a quienes tienen problemas en su actividad sexual. En otro caso no es un trabajo, sino una esclavitud denigrante que sufren muchas mujeres pobres en beneficio de hombres incapaces de satisfacer sus necesidades sexuales con mujeres que puedan libremente aceptarlos o rechazarlos. Se trata de hombres que necesitan esclavas.

El problema de las feministas abolicionistas es que proponen medidas que no acaban con la prostitución y que además perjudican a las prostitutas a las que intentan ayudar.

Las organizaciones AFEMTRAS, el Colectivo de Prostitutas de Sevilla, Putas Libertarias del Raval, Putas Indignadas, Sindicato OTRAS, APROSEX, (N)OMADAS y la sección sindical de trabajadoras sexuales de la IAC se quejan de que las abolicionistas que pretenden librarlas de su esclavitud terminan por dejarlas más expuestas frente a la voluntad de otros y más esclavas. Y se consideran víctimas de una parte del feminismo español que lleva años en una cruzada moral autoritaria y dogmática.

Alegan que es un sinsentido que un macroburdel de la Junquera haya hecho un ERTE para sus sesenta y nueve empleados, que recibirán durante estos meses un subsidio del Estado, pero no en cambio para las noventa prostitutas, que por no ser “trabajadoras” se han quedado en la calle y además sin derechos.

Alegan también que penalizar a los clientes (lo cual a veces sólo se hace para expulsar a las prostitutas independientes de los espacios públicos respetables) tiene como efecto volver la actividad de esas prostitutas más insegura, más clandestina, de manera que para algunas de ellas sea más seguro estar en un club como el de la Junquera que estar solas en la calle. Un informe de Médicos del Mundo denuncia que desde la aprobación en 2016 de la penalización de los clientes en Francia las prostitutas se han desplazado a zonas boscosas más peligrosas y han aumentado los asesinatos de mujeres.

Evidentemente no cabe hablar de abolición si se entiende como mera persecución de la prostitución. Pero la abolición debe ser un objetivo irrenunciable de la ciudadanía progresista siempre que sea un paso que siga a otro previo: solucionar el problema de las prostitutas de forma que ninguna de ellas pueda alegar que está desprotegida y obligada por ello a seguir siendo prostituta en peores condiciones.

Conclusión

Si se acepta lo que vengo diciendo, la razón en la pugna IU-PFE está de parte del PFE. Creo que las dirigentes feministas de IU se extravían al aceptar sumisamente un barullo conceptual propenso a malas soluciones, extravío que tiene a mi modo de ver estas causas:

a) La influencia de la teoría que sustituye sexo por género, esto es, que sustituye la realidad objetiva por la identificación subjetiva, cuando son dos cosas distintas que coexisten, cada una de ellas con sus propios efectos. A esta teoría me referiré en la próxima entrada de este blog para situar el feminismo de género en el ambiente del pensamiento posmoderno, profundamente conservador.

b) El electoralismo de los partidos políticos de izquierda, que en búsqueda de los votos del colectivo LGTBIQ se dejan influir por sus lobbys, a los que pertenecen personas con mucho poder económico y social.

c) La mala conciencia de las feministas conservadoras (las que ponen una vela a dios y otra al diablo, esto es, una vela al feminismo y otra al capitalismo), que las impulsa a abrazaar con hipercorrección cualquier reclamación que parezca favorecer a una minoría discriminada. Los grupos marginados merecen reparación y respeto, pero no todas sus propuestas tienen por qué ser compartidas desde una posición racional. Cuando no se tiene esto en cuenta se da armas a la extrema derecha, a la que le basta la afirmación trivial de que los niños tienen pene y las niñas vulva para que una progresía desorientada se rasgue las vestiduras y acuda a los tribunales pidiendo que se prohiba tal mensaje de odio.

Pienso que los aplausos entusiastas con que los parlamentarios extremeños recibieron las palabras del niño Elsa (al que los medios consideran niña sin vacilaciones) arrojan mucha luz sobre el miedo de muchos conservadores a no ser vistos al frente de la procesión.

Cualquier camino conduce a Roma

Junto al criterio usado por Rosa Cobo para distinguir dos feminismos, hay un criterio más relevante al que me he referido en otras ocasiones, y es el que distingue el feminismo que lucha para que las mujeres no sean más explotadas que los hombres y no sufran más violencia que los hombres, pero acepta que hombres y mujeres sufran la explotación y violencia de clase; y otro feminismo desafortunadamente minoritario, que lucha por la completa emancipación de todas las mujeres y hombres.

Perdonen que insista, pero no cabe una real emancipación de mujeres y hombres dentro de la sociedad capitalista, y por tanto hemos de llegar a la conclusión de que sólo es feminismo lúcido el anticapitalista. Por ejemplo, contra la idea de que las prostitutas son esclavas se alega que igualmente están esclavizadas las mujeres que, porque no tienen otra opción, se ven obligadas a trabajar por cantidades miserables y en condiciones muy duras. Pues claro que sí.

¡Qué le vamos a hacer, mientras sigamos en este tipo de sociedad, ningún problema admite solución cabal! Las feministas socialdemócratas deberían saber ya que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos. Y a las feministas de IU habría que decirles que el pensamiento posmoderno no ha venido para mejorar la teoría marxista, sino para suplantarla desde el conservadurismo.

ESTADO DE ALARMA, ODIO PREVENTIVO Y DERECHOS HUMANOS

Los conservadores tacharán de demagógica la siguiente descripción, que es puramente realista:

En un ambiente de ignorancia y clericalismo que nos ha diferenciado de otros países europeos, una élite de composición cambiante, pero en todo caso poco ilustrada, ha venido dominando España y ha obtenido desproporcionados beneficios a costa de una mayoría de la población. Esa élite tiene sus representantes políticos y sus servidores mediáticos, académicos, eclasiásticos y funcionariales bien pagados, y lleva tanto tiempo en su papel que cree muy naturalmente que el país es suyo.

Cada vez que su completo predominio se ha puesto en peligro su reacción ha sido muy violenta. El historial de restauraciones monárquicas, abolición de constituciones democráticas y represiones sangrientas culmina con los ataques a la segunda República, el golpe militar de 1936, la guerra civil y la represión brutal de la posguerra.

Recuperado su predominio durante el periodo franquista, esa élite vivía entregada tranquilamente a su violencia vengativa. Tuvo sus temores cuando los aliados ganaron la guerra, pero en seguida recibió seguridades de que el régimen franquista sería respetado como valladar contra el comunismo.

Muerto Franco y fracasado el intento inicial de continuidad (Arias Navarro al timón), la élite y sus servidores lograron una Transición que respetaba sus privilegios y los exoneraba de rendir cuentas de sus pasados abusos y crímenes. Luego todo fue bien, porque con Felipe González el PSOE se había apartado de una orientación marxista y con él y con José Luis Rodríguez Zapatero acabó afiliado a la política neoliberal, convirtiéndose así en un buen gestor de los intereses capitalistas.

Pero de repente aparece Podemos, partido peligroso por incontrolado. Y la cúpula dirigente del PSOE comete el error de humillar a un segundón por haber querido actuar con autonomía en el puesto que se le concedió provisionalmente. Nadie pensaba que este individuo iba a rebelarse, recorrer España con su automóvil y plantar una batalla que tenían que dirimir las bases. Pues resultó que la militancia, en la que aún quedan rescoldos de izquierdismo, lo eligió a él en unas primarias frente a la aspirante avalada por el aparato del partido.

Tal vez la simpatía secreta de Pedro Sánchez vaya en dirección a la socialdemocracia, pero es ante todo un superviviente que quiere seguir siéndolo. De manera que cuando pudo formar gobierno prefirió pactar con Ciudadanos antes que con Unidas Podemos porque eso le daba más estabilidad y le evitaba enemigos poderosos. Sólo que al final las circunstancias le han obligado a lo que no quería, a pactar con Unidas Podemos. Y en ese momento en la derecha se han encendido las alarmas y se ha repetido la reacción de violencia extrema (afortunadamente por ahora sólo verbal).

Pese a que UP sólo propone un programa tibiamente socialdemócrata vienen siendo estruendosos los gritos de dirigentes y medios tachando a Pablo Iglesias de bolivariano, comunista, enemigo de la patria y amigo de terroristas, y todo lo que quieran añadir. Esos gritos y los que inundan las redes sociales ponen de manifiesto una constante en la historia de España.

Dos clases de odio

1. Frente a los que intentan la equidistancia al evaluar nuestro pasado he insistido en que es necesario distinguir el odio del oprimido al opresor (odio justificable) y el odio del opresor al oprimido (odio injustificable).

Estas dos clases de odio generan dos clases de violencia. Cierto que durante la guerra civil hubo violencia por ambas partes, pero una cosa es la Matanza de la cárcel Modelo de Madrid y otra la violencia genocida emprendida por los franquistas. La primera fue motivada por el odio justificable que sentía la masa, pero desaprobada por dirigentes como Indalecio Prieto, que llegó a decir: «La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra». En cambio la violencia franquista era preconizada y justificada por líderes como los generales Millán Astray, Mola, Yagüe o Varela, cuyas arengas vengativas y llamamientos a la crueldad más despiadada resultan sobrecogedores. Y por supuesto, inimaginables en líderes de la izquierda.

Se puede llamar odio preventivo al que causa la inusitada violencia de la derecha. El rico odia al pobre no por el daño que el pobre le ha hecho (sólo le ha proporcionado beneficios) sino porque lo ve como un posible rebelde. Y de ahí el odio al marxismo, que puede abrir los ojos al explotado y señalarle el camino de su liberación, y el odio al comunismo, que supone la desaparición de la clase capitalista y de sus bien remunerados servidores.

2. Puede sorprender que mientras los dirigentes de la derecha muestran ufanos un odio injustificable, los dirigentes de izquierda, que podrían exhibir un odio justificable, son en cambio más conciliadores.

Creo que ello se debe a dos circunstancias:

La izquierda pretende un objetivo justo y razonable, de forma que en su actividad es muy fuerte el componente racional y moral. Sólo se ve obligada a disimular y mentir cuando abandona su objetivo.

En cambio la derecha pretende un objetivo injusto (que una minoría siga explotando a la mayoría), contrario a la moral que defiende públicamente. Por ello ha de disfrazarlo con una mentira permanente. La falta de frenos morales de la derecha es imprescindible para mentir con satisfacción y odiar como si el odio fuera una virtud teologal.

En segundo lugar, los oprimidos están acostumbrados a soportar el dominio ajeno, mientras los opresores están acostumbrados a la riqueza y el poder. Los pobres soportan mejor su pobreza que los ricos una pérdida, por pequeña que sea, de su riqueza. A este hecho apeló el conservador Jeremy Bentham cuando, desde su concepción utilitarista, consideró razonable conservar el reparto tradicional de la propiedad a fin de evitar lo que llamó “dolor de decepción”, el dolor del rico ante la disminución de su riqueza, muy superior al dolor del pobre por no tener la riqueza que nunca ha tenido. La expectativa del “dolor de decepción” ante cualquier intento de mayor justicia social es lo que provoca en la derecha su odio preventivo.

El odio preventivo en ciudadanos que no pertenecen a la minoría beneficiada

Lo dicho hasta aquí vale para la minoría que obtiene una parte desproporcionada de la riqueza social (capitalistas y también profesionales, políticos y servidores mediáticos, eclesiásticos y académicos bien pagados). Pero ¿cómo se explica el odio en sectores populares explotados que votan a la derecha y a la extrema derecha?

Al tocar este tema siempre me viene a la memoria lo ocurrido al maestro Arximiro Rico en una aldea de Lugo, cuando unos falangistas del pueblo, ignorantes y tan explotados como el maestro, fueron a buscarlo de noche a casa, lo llevaron a la sierra de la Ferradura y allí le cortaron la lengua y los testículos, le sacaron los ojos y, tras apalearlo, lo remataron con tiros de escopeta dejándolo en el límite entre dos aldeas para infundir terror a los rojos de ambas. ¿Por qué estos falangistas odiaban de tal forma a un hombre que no les había hecho daño alguno, a un maestro que sólo pretendía llevar la cultura al pueblo?

No cabe explicación si no se analiza el uso ideológico que, mediante una definición mentirosa del Bien y del Mal, hace la derecha de dos sentimientos biológicos básicos, el amor a lo bueno y el odio a lo malo.

Incansable y secularmente desde los púlpitos eclesiásticos, las escuelas, los discursos políticos y los himnos marciales la derecha ha identificado el Bien con la tríada dios, patria y rey, presentándola como garantía de la hermandad derivada de una madre común, la patria y sus tradiciones, y de paz y seguridad en esta vida, gracias al rey y al ejército, y en la otra vida, gracias a la Santa Iglesia. ¿Qué es entonces el Mal, aquello a lo que hay que odiar como amenaza al Bien? Está claro que el separatismo, el republicanismo, el comunismo, el ateísmo, la inmigración de quienes hablan otras lenguas o tienen otra religión y todo lo que atente a las tradiciones patriarcales. “España quiere implantar el bien, y las fuerzas del mal, desatadas por el mundo, tratan de impedírselo” decía Carrero Blanco refiriéndose a la cruzada franquista contra el comunismo.

Si estas definiciones operan en mentes caracterizadas por la ignorancia, el egoísmo y el miedo, el resultado es el odio furioso que muchos explotados sienten contra quienes intentan su beneficio, y su servil sometimiento a quienes los perjudican.

El corronavirus y el pánico de la derecha

La política neoliberal que la derecha viene ejecutando y defendiendo desde hace décadas se basa en la gran mentira de que esa política es la única forma de producir riqueza, condición para que la riqueza llegue a todos. El resultado ha sido un aumento brutal de la desigualdad, con grandes masas por debajo del nivel de pobreza, con un desmantelamiento del Estado de bienestar, con una degradación de servicios públicos convertidos en negocios privados, y con una minoría cada vez más rica. Contra lo que decía la mentira oficial la realidad es que unos pocos se han quedado con casi toda la riqueza creada y muchos de los de abajo apenas si pueden sobrevivir.

La pandemia que estamos padeciendo ha lanzado una luz potente sobre el panorama y son cada vez más, y más cargados de razones, los que dicen que esta situación debe aprovecharse para reformas imprescindibles. Ha quedado desacreditada la oferta populista “si llegamos al poder bajaremos los impuestos”, con la que se ha venido engañando a las clases medias. La pandemia ha demostrado que hay que aumentar mucho los recursos públicos dedicados a la sanidad y a los servicios sociales, y que ello requiere ingresos estatales muy superiores, lo que pone en el punto de mira a los grandes patrimonios y a los grandes ingresos y beneficios, sean personales o de las grandes corporaciones.

Se están empezando a discutir en Europa temas que eran tabú, como la recuperación de espacios cedidos al beneficio privado, la nacionalización de aquellas empresas que necesitan dinero público, la armonización fiscal, la lucha contra la evasión fiscal, etc.

Y puesto que afrontar esta situación con un gobierno de coalición PSOE-UP no ofrece garantías a la élite, el odio preventivo de nuestra derecha montaraz está llegando a un nivel de histeria. Todo vale. Bulos desestabilizadores, acusar al gobierno de aviesas intenciones contra la población y contra España, culpar al gobierno, con cinismo insuperable, de los muertos que se deben a pasadas políticas propias, etc. Algo muy alejado de las críticas que el gobierno merece por sus vacilaciones, errores y fallos en la cooperación y la comunicación, que vienen siendo reiterados y graves (y que, dicho sea de paso, no sólo se deben a la incapacidad para la empatía de Pedro Sánchez, sino al responsable del diseño de esa política comunicativa, que sería interesante saber quién es).

Pactos para superar la crisis económica

La situación obliga a dos esfuerzos que en ocasiones se contraponen, uno para vencer la pandemia, otro para rehacer la economía. Para esto segundo se vienen proponiendo unos nuevos pactos de la Moncloa, nombre mal elegido, porque en los Pactos de la Moncloa se trató de frenar la inflación mediante austeridad a cargo de la clase obrera, y ahora el propósito debe ser contrario.

En seguida saltan a la vista dos cuestiones: una, que es imposible atraer a la derecha a unos pactos que obliguen a los ricos a poner algo de su parte para que el peso de la recuperación no vaya otra vez sobre las espaldas de los de abajo. Ello quiere decir que la derecha no se sumará a unos pactos mientras UP esté en el gobierno. Por tanto, cuando esos pactos se proponen desde la derecha lo que se propone es que, tomando como pretexto la situación de emergencia, se forme un Gobierno de salvación nacional dejando fuera a UP y logrando de paso que el PSOE vuelva al redil.

Cuando la propuesta viene de Pedro Sánchez sólo puede entenderse, o bien como un intento artero de forzar la salida de UP del gobierno, o bien como una treta para que la derecha se vea obligada a rechazar una oferta que cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad. Pero en este segundo caso Pedro Sánchez debería haber acompañado la propuesta de un documento concretando las medidas que a juicio del Gobierno son necesarias para salir de la crisis económica y social que se avecina.

¿Qué fueron los pactos de la Moncloa?

1. La propuesta de unos nuevos Pactos de la Moncloa lleva implícita una valoración positiva de aquellos pactos. Que sigan siendo añorados y ensalzados por los conservadores, es natural, pero que lo sean por miembros del PSOE demuestra cuánto conservadurismo sigue habiendo en este partido. Afortunadamente van proliferando los análisis que ponen la cosa en su sitio.

Ángeles Maestro (en Pactos de la Moncloa: la gran estafa otra vez, no) nos recuerda que en abril de 1976 los trabajadores organizados por sindicatos y partidos de izquierda ilegalizados y con centenares de miembros en la cárcel, habían conseguido imponer mediante luchas durísimas la Ley de Relaciones Laborales más progresista que se ha conocido. Y se hizo en plena crisis económica.

Esa ley establecía, entre otras cosas, que todo contrato era indefinido, salvo excepciones tasadas. Prohibía y sancionaba el prestamismo laboral y las empresas de trabajo temporal; reducía la jornada laboral, ampliaba el permiso de maternidad, etc. Pero sobre todo, regulaba el despido improcedente con prohibición de que el empresario pudiera sustituir a voluntad la readmisión por indemnización económica, lo que fue esencial para luchar contra las “listas negras” y la represión a líderes sindicales.

Esa ley demuestra, dice Ángeles Maestro, que la correlación de fuerzas no era la que se ha venido contando para justificar una rendición incomprensible.

Recordemos que, en efecto, la universidad y las fábricas estaban en pie de guerra, los periodistas y los abogados exigían democracia, la UMD progresaba en los cuarteles, Comisiones Obreras y el Partido Comunista movilizaban a miles de personas (más de 100.000 se congregaron en el entierro de los abogados asesinados en Atocha), y a la vista de todo ello, EE UU y Alemania presionaban para una transición pacífica a un sistema político homologable con los europeos.

Sin embargo los Pactos de la Moncloa acabaron con los avances de la Ley de Relaciones Laborales y basaron la salida de la crisis económica sobre todo en limitar el crecimiento salarial por debajo de la inflación prevista y en la precarización del mercado de trabajo, con la instauración de los contratos temporales y el despido libre.

Ello causó una profunda decepción en los trabajadores, que se desmovilizaron de manera notable: si en 1978 estaba afiliado sindicalmente casi un 55% de los asalariados, ese porcentaje se redujo a menos de la mitad en 1980 y a casi la quinta parte en 1984.

Esto por lo que atañe a la economía.

2. En el aspecto político los Pactos dieron lugar a una falsa democracia caracterizada por estos rasgos:

-Una constitución en la que artículos fundamentales que favorecen a la mayoría se incluyeron con la convicción de que nunca serían cumplidos.

-Un rey nombrado por Franco y no dependiente del proceso constituyente ni sometido luego a referendum.

-Una ley electoral calculada para que al PC le haya venido costando cada diputado diez veces más votos que al PP, y para que la composición del Senado haga imposible cualquier cambio constitucional que no interese a la derecha.

-Honras públicas a dos genocidas, a Franco hasta hace un año en el monumento de Cuelgamuros, a Millán Astray en la iglesia de la Macarena.

-Títulos nobiliarios a la familia de Franco concedidos por un Rey franquista.

-Asociaciones franquistas subvencionadas con dinero público.

-Restos de asesinados en cunetas, y familiares de víctimas que tienen que acudir a la justicia de Argentina porque la nuestra, heredera de la franquista, no está por la labor.

-Privilegios económicos y culturales a la iglesia católica, que financia con dinero público medios de comunicación y escuelas al servicio del más rancio adoctrinamiento y que se apropia de miles de inmuebles que no son suyos.

-Bases militares de EE UU que nos involucran en guerras imperialistas en las que nada se nos ha perdido. Etc., etc.

No cabe democracia en el capitalismo, pero a diferencia de otros disfraces mejor hechos, el disfraz español es una pena.

¿Pudo ser de otra forma?

Imaginemos que el PC se niega a suscribir aquellos pactos y exige un juicio al franquismo, una depuración de ejército, policía, judicatura y otros cuerpos funcionariales, liquidación de las bases americanas en España y un trato a la iglesia católica sin privilegios. Naturalmente, no lo habría conseguido, pero al PSOE le habría costado más prestarse a la gran traición. Y el partido comunista hubiera quedado libre para denunciar un día sí y otro también la gran estafa de una Transición que amnistiaba al franquismo, y para seguir movilizando a estudiantes y obreros en la exigencia de una democracia republicana. A esta presión se habría unido la exterior y antes o después habría llegado un régimen homologable con los europeos, y con un partido comunista libre para jugar su papel a favor de las clases populares. El error teórico del eurocomunismo, y el cálculo incomprensible de Santiago Carrillo pusieron al partido comunista en un camino que lo llevó rápidamente a la inoperancia, lo mismo que ocurrió a los de Francia e Italia.

No es digno de encomio ese partido, como ahora se dice, por haber comprendido en aquellos momentos que por encima de todo estaba el interés del país. ¿Quién define tan chapuceramente el interés del país como para afirmar que aquellos pactos estuvieron a su servicio?

Algo más sobre nuestra sagrada constitución

Pablo Iglesias va por ahí blandiendo una constitución española y recordando lo que dice su título tercero o su art. 128.

La constitución afirma que todos los españoles tienen el derecho al trabajo… y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo (art. 35). Que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, y que se regulará la utilización del suelo para impedir la especulación (art. 47). Que la riqueza regional y personal se distribuirá de la manera más equitativa (art. 40.1). Que toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general (Artículo 128). Y que todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad (Artículo 31. 1.). ¡Qué bonito!

Pero veamos: en el artículo 31 se añade que el sistema tributario en ningún caso tendrá alcance confiscatorio. O sea, que impuestos progresivos, pero ¡cuidado!, no vaya a ser que se pasen de frenada y confisquen. Y el art. 53,3 advierte que “el reconocimiento, el respeto y la protección de los principios reconocidos en el Capítulo Tercero… sólo podrán ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen.” Y ocurre que en más de 40 años no se han dictado esas leyes que permitirían que alguien exija ante un tribunal, por ejemplo, su derecho a una vivienda digna.

Cuando Pablo Iglesias enarbola la constitución no lo hace, como debería, para mostrar que nuestra democracia es un fraude, sino para pedir que esa ley fundamental se cumpla. ¡Pero hombre! Si lleva más de 40 años sin cumplirse, ¿por qué se va a empezar a cumplir ahora? ¡Como si la plutocracia que soportamos pudiera ser convertida, por arte de magia o por dolor de corazón y propósito de la enmienda de los poderosos, en una democracia al servicio del pueblo!

La libertad de expresión y el derecho a la información

Si quienes defienden que España es una democracia no son ignorantes, han de tener mala conciencia. Y para aliviarla se muestran muy combativos a favor de ciertas libertades y derechos garantizados por la constitución, no sea que sufran menoscabo como consecuencia de los poderes asumidos por el gobierno en el estado de alarma. Ahí tenemos a tertulianos y colaboradores de los medios diciendo a cada paso “lo que me preocupa mucho…”, “lo que sobre todo me preocupa…”. ¡Cómo se podrá vivir con tanta preocupación! Se refieren al posible menoscabo de la libertad de expresión y de los derechos a la información, a la privacidad y a la intimidad.

Está claro que por ahora el gobierno no ha coartado el derecho de cualquiera a criticar su gestión, puesto que las críticas son continuas y exageradas. La derecha esparce bulos y pone el grito en el cielo si el gobierno quiere investigarlos, como si mentir para hacer daño fuera un derecho humano inviolable.

El problema no es que el gobierno quiera menoscabar esos derechos, sino que en nuestra sociedad son imposibles. Porque para que el derecho a la información y la libertad de expresión sean reales se requieren dos condiciones:

Que la poblacion disponga de un nivel de educación que haga imposible el engaño persistente y que facilite la expresión de argumentos, de manera que todo el mundo sepa argumentar y calibrar los argumentos ajenos.

Por otra parte que no haya medios de comunicación de propiedad privada utilizados por sus propietarios con designios secretos que nadie puede controlar. La democracia exige que los medios sean de propiedad pública y controlados por la sociedad, de tal forma (uso aquí palabras de la propia constitución) que la ley garantice “el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad …”.

¿Se da alguna de estas dos condiciones entre nosotros? Ninguna. ¿Se hace algo para que se den? Nada.

En la escuela sólo se enseña una versión conservadora de la reciente historia de España, y se carece de medios para una educación eficiente. Prueba de ello son las manadas de jóvenes ignorantes y violentos y el alto número de ciudadanos engañables, que perjudican sus intereses votando a la derecha y a la extrema derecha.

Por lo que concierne a los medios de comunicación privados, conceden a unos pocos (los ricos) una ilimitada libertad de expresión con la que vienen configurando la opinión pública y atacando y denigrando a cualquiera que pretenda una política favorable a la mayoría, mientras otros (los antisistema) a lo más a que podemos llegar es a expresar nuestra opinión en las redes. La constitución no obliga a los medios privados a abrir sus páginas a los grupos sociales y políticos significativos, ni a respetar el pluralismo de la sociedad.

De manera que menos invocar el derecho constitucional a la información y a la libertad de expresión.

El miedo hipócrita a que el Estado nos controle

Que el Estado pueda saber por medio de nuestro teléfono cómo nos hemos movido y con quienes hemos interactuado, aunque sea un control limitado a efectos de la pandemia, preocupa mucho a nuestros preocupadizos. Nos dicen que la efectividad china frente a la pandemia requiere un control muy estricto de los movimientos de la población y del estado de salud de cada uno, pero que en una sociedad que se pretende democrática hay derechos fundamentales a la intimidad y privacidad que no se pueden vulnerar.

Los derechos, nos dicen, se sabe cuando se pierden pero nunca cuando se recuperarán. Cuando la salud pública está amenazada cunde el miedo y el miedo puede alimentar el autoritarismo del gobernante. Cuidado con las medidas invasivas de la intimidad y del espacio privado de las personas, aunque se haga en nombre de la eficacia científica y para remediar situaciones catastróficas.

En esta dirección los hay que exigen una cesión voluntaria para que los datos sobre nuestros movimientos y contactos sean utilizados por el gobierno a los efectos de contener la pandemia. Pero si alguien infectado se empeña en ser un peligro para otros por no ceder esos datos ¿debe su derecho a la privacidad prevalecer sobre un derecho mayor, el derecho de los demás a la salud y a la vida?

Lo sorprendente es sin embargo que asuste tanto que el gobierno adopte medidas invasivas de la intimidad y del espacio privado, cuando soportamos esas medidas desde hace tiempo. Los datos sobre nuestra salud no son exclusivamente nuestros, están en manos de médicos, aseguradoras y hospitales. Y las plataformas digitales, que están en manos privadas, manejan innumerables datos sobre nuestros gustos y movimientos, que usan para su interés y al margen de todo control público. De manera que en lugar de mostrar tanta preocupación por lo que pueda hacer el gobierno lo razonable sería clamar contra el poder que han ido consiguiendo empresas privadas de tecnología digital.

El peligro de los controles peligrosos sólo se podrá evitar si conseguimos llegar algún día a sociedades que funcionen democráticamente.

El perjuicio escolar para los desfavorecidos

Preocupa también mucho a nuestros preocupadizos que, interrumpidas las clases presenciales, los niños de las clases bajas no van a concurrir a los exámenes en iguadad de condiciones. Porque estos niños viven en viviendas pequeñas, sus padres no les ayudan en las tareas y no tienen wifi y ordenador, ni saben manejar las tecnologías para recibir clases online.

Si ese fuera el problema tendría fácil solución: dotar a esos niños de ordenadores y wifi en casa y darles instrucción para que puedan seguir las clases online.

Pero es que el problema no es ese, sino que los niños de las clases bajas nunca, tampoco antes de la pandemia, han concurrido a la enseñanza en igualdad de condiciones. En los años 60 del pasado siglo sociolingüistas como Wiliam Labov y Basil Bernstein demostraron que el fracaso escolar de los niños y niñas de clases económica y culturalmente bajas se debe a que no han aprendido en su entorno social el lenguaqje que se emplea en la escuela. Se manejan con lo que estos lingüistas denominaron “vernacular dominado” o “código restringido”, mientras en la escuela funciona el “vernacular dominante” o “código elaborado”. Ésta es la causa de que estén condenados al fracaso escolar y obligados a tomar el camino de la llamada Formación Profesional.

El fracaso escolar no sólo se disimula (es mucho mayor el real que el que se contabiliza), sino que además se contabiliza sin relacionarlo con clases sociales a fin de evitar que salte a la vista este obstáculo insalvable a la igualdad de oportunidades, que por sí solo, sin necesidad de atender a otros muchos, hace por completo falsa la democracia que se pregona.

¿Cuál sería la solución? Nada que ver con wifis, ordenadores o tecnologías digitales. Escuelas de infancia de 0 a 6 años en las que los niños y niñas de las clases culturalmente deprimidas reciban un baño lingüístico que les dote del léxico y las fórmulas sintácticas de la lengua estándar. Sólo así podrán sentirse capaces de aprender, condición imprescindible para que eviten el fracaso escolar y tengan un proyecto universitario, como los niños y niñas de las clases medias. Naturalmente, estas escuelas no pueden concebirse como guarderías, sino servidas por expertos conectados a equipos de investigación, a los padres de los escolares y a sus barrios. Y ello requiere mucho del dinero que está en los bolsillos de los ricos. ¿Quién lo sacará de ahí?

La manera menos mala de salir de la crisis

Dada la naturaleza de la derecha española hay que esperar más de la Europa neoliberal que de pactos políticos dentro de nuestro país.

Supongamos que entre los dirigentes europeos cunde el sentido común y llegan a la conclusión de que la mejor manera de servir a los ricos es dejar de atosigar tanto a los pobres. Supongamos que se despiertan una mañana con la idea clara de que las políticas neoliberales ya no tienen sentido, y además con la determinación de prestar más atención a los problemas del Sur. Entonces sería posible que en Europa se tomen las siguientes medidas que acabarían influyendo en la política española:

-Acabar con los paraísos fiscales que hay dentro de la UE (Paises Bajos, Irlanda, Luxemburgo) y luchar contra los que hay fuera, castigando a las empresas que los usen para evadir impuestos.

-Lograr una armonización que acabe con la actual disparidad de regímenes fiscales, que beneficia sólo a los grandes capitales, rentistas y familias más ricas en perjuicio de las mayorías populares.

-Aumentar significativamente los impuestos sobre beneficios empresariales y grandes patrimonios.

-Invertir la tendencia a las privatizaciones renacionalizando servicios fundamentales.

-Ir imponiendo nuevas formas de vida que distribuyan trabajo, ocio y riqueza de manera razonable y que sean compatibles con un trato cuidadoso al medio ambiente.

-Establecer un ambicioso Plan de Ayuda al Desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Estas medidas no son nada del otro mundo, pero ¿son siquiera posibles? Dada la previsible oposición de EE UU a algunas de ellas y la debilidad de la izquierda europea no podemos ser muy optimistas.

Entretanto, por favor, no molesten con loas a una democracia que no existe ni con preocupaciones hipócritas.

jmchamorro@jmchamorro.info