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A PROPÓSITO DE EXPRESIONES

En algunas tertulias hay expertos a los que les ha dado por decir “se abre una ventana de oportunidad” cuando, para significar lo mismo, les resultarí­a más fácil decir “se abre una oportunidad”. Y acabo de oí­r que una desahuciada necesita una solución habitacional. Es decir, una vivienda.

¿A qué viene el entusiasmo con la palabra “emprendimiento”? ¿Se trata de insinuar que quien bordea la pobreza es culpable por no ser emprendedor?

Hay mucho afán por usar el verbo “empoderar”. Si uno busca su significado encuentra la siguiente definición en el Diccionario Panhispánico de Dudas: “conceder poder a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que, mediante su auto gestión, mejore sus condiciones de vida”.

También se entiende el empoderamiento como un proceso que propicia que las mujeres y otros grupos marginados incrementen sus posibilidades accediendo al uso y control de los recursos materiales y simbólicos, que ganen influencia y prestigio, y que participen en el cambio social.

En el capitalismo el control de los recursos materiales y simbólicos está vedado a la casi totalidad de los ciudadanos, sean mujeres u hombres, grupos marginados o instalados. El 90% de los hombres no están empoderados en cuanto a controlar recursos y medios simbólicos. En el sistema capitalista sólo lo están realmente los dueños del capital. Los demás, como mucho, pueden llegar a creer que lo están.

Se dice también que el empoderamiento es un proceso por el que las personas se conciencian de sus propios derechos, capacidades e intereses, y de cómo estos se relacionan con los intereses de otras personas, con el fin de participar desde una posición más sólida en la toma de decisiones, y estar en condiciones de influir en ellas.

Pero entonces estamos usando una nueva palabra para designar algo que ya tiene nombre: librarse de la falsa conciencia. ¿Y cómo se consigue esto? Sólo hay un camino, que es asimilar la explicación marxista de los procesos sociales (hoy por hoy, y con todos sus defectos, la única razonable y lúcida) y aplicarla a combatir al capitalismo.

O sea, que el verbo empoderar se usa para crear la ilusión de que se puede eliminar la marginación empoderando a la gente (que a saber qué es eso), pero sin salir del sistema social en que estamos. ¡Pero qué cosas!

Otro verbo de moda es “visibilizar”.

Tiene una secuela que dice que el uso del genérico masculino esconde la existencia misma de las mujeres y produce una visión del mundo que se asienta en lo más hondo de nosotros y que, pese a hacerse en muchos casos prácticamente imperceptible, es semilla de las discriminaciones que padecen las mujeres, así como los colectivos LGTBI.

Procuro evitar el masculino genérico siempre que puedo (sustituyendo “hombre” por “persona”, “alumnos” por “alumnado”, etc.), pero no veo la utilidad de sustituir “los padres de alumnos” por “los padres y las madres de los alumnos y de las alumnas”. Y más teniendo en cuenta que miembros del colectivo LGTBI se pueden sentir maltratados por un lenguaje inclusivo que se refiere sólo a hombres y mujeres, sin que queden “visibilizadas” las diferencias de tendencias sexuales.

No discuto el sentido que pueda tener el lenguaje inclusivo feminista en mítines y en textos legales o docentes para llamar la atención sobre la postergación femenina, pero resulta insoportable en la conversación cotidiana y en el estilo literario, sobre todo porque es a cambio de nada. No es grave ni atentatorio contra la mujer y sus derechos que se siga usando el masculino genérico, más bien puede tomarse como recordatorio “arqueológico” de cómo eran las cosas en los tiempos en que ese lenguaje se fraguó.

Cierto que se podría satisfacer el principio de economía eligiendo el femenino como término genérico, pero la lengua no se rige por decretos. Mosterí­n propuso un género intermedio entre el masculino y el femenino y no tuvo éxito.

Cuando alguna feminista utiliza el femenino para aludir a hombres y mujeres está haciendo un acto político respetable, pero lingüísticamente confuso. Sólo si el común de los hablantes aceptara el uso del femenino genérico se podrí­a considerar socialmente establecido, y entretanto es perfectamente razonable el uso del masculino. Ahora supongamos que acaba estableciéndose el femenino como genérico: serían entonces los hombres los que se podrí­an considerar invisibilizados. Con tan poco fundamento como ahora las mujeres.

Pues las mujeres no pasan a ser visibles sólo por que digamos “padres y madres de alumnos y alumnas”. Mientras estén en peores condiciones que los hombres de poco sirve que se las “visibilice” en una frase insoportable.

Imaginemos esa sociedad deseable en que las mujeres gozaran del total reconocimiento de sus méritos, estuvieran tan presentes como los hombres en los altos puestos de la administración del Estado y de la empresa privada, tuvieran suficiente representación en los altos niveles de la ciencia, la política y el arte, no sufrieran discriminación alguna por ser mujeres, compartieran con los hombres los trabajos domésticos y de cuidados, pudieran caminar de noche por un oscuro parque con no más peligro que un hombre, etc. Pues bien, todo ello sería compatible con el uso del masculino genérico. Por tanto, este uso no es un impedimento para la sociedad igualitaria. Los impedimentos están en otras partes.

¿Y qué decir de la palabra “género”? Unas feministas americanas conservadoras la propusieron con la intención de enfatizar la distinción social y cultural entre los sexos en oposición a la distinción biológica.

El fundamento parece propio de un quiero y no puedo teórico. Disponemos de palabras como sexo, hombre, mujer, masculino, femenino, varón, macho y hembra que se pueden usar en diferentes discursos, siendo el contexto el que aclara si nos referimos a propiedades biológicas o sociales. Ocurre lo mismo con otras muchas palabras, como piedra o caballo, y no se nos ocurre dejarlas para el contexto fí­sico o biológico e inventar otras para enfatizar el papel de la piedra en la arquitectura o el de los caballos en las apuestas.

El caso es que muchas feministas se lanzaron a usar la palabra y que la Organización Mundial de la Salud ha aceptado que “género” se refiere a los roles socialmente construidos, los comportamientos, actividades y atributos que una sociedad dada considera apropiados para los hombres y las mujeres.

Pero ¿cuáles son los roles, comportamientos, actividades y atributos que nuestra sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres? Hoy tenemos formas diferentes, y aun opuestas, de entender todo eso. El rol de futbolista lo ocupan también mujeres, y el de mando del ejército, y el de ministra. El rol de cuidador de hijos pequeños lo juegan cada día más hombres. La vieja unanimidad a favor de la cultura patriarcal, aún vigente en otras partes del mundo, se ha roto en nuestro entorno. Cierto que pese a ello quedan de esa cultura múltiples residuos significativos, y uno de los principales, que persiste con beneplácito de la mayoría de las mujeres, consiste en los roles, comportamientos, actividades y atributos que confluyen en los rancios conceptos machistas de “bello sexo” y “sexo fuerte”. Mujeres muy sensibles al uso del masculino genérico son bastante ciegas respecto a este residuo machista al que sucumben muy gustosamente. Poco cambian las cosas por decir “los padres y las madres de los alumnos y las alumnas” si las madres y las alumnas se dejan seducir por el “eterno femenino” decretado por la vieja cultura patriarcal.

Nunca he encontrado problema para escribir sobre el tema feminista sin usar la palabra “género” y creo que lo que escribo no da lugar a ambigüedades que se pudieran solucionar con el uso de esa palabra.

Al contrario, es ella la que introduce ambigüedad. Pues no sólo su fundamento teórico es pobre por olvidar el papel de los contextos en el significado, sino que lleva a malos usos. Cuando se dice “perspectiva de género” se está aludiendo tanto a la perspectiva masculina como a la femenina, pero quien usa esa expresión pretende estarse refiriendo a la perspectiva de las mujeres, y ni siquiera de todas, sino de las que luchan por la igualdad. Por ello se deberí­a decir “perspectiva feminista”. O, si se prefiere, reclamar unas ‘gafas moradas’ para mirar la realidad.

Ocurre algo parecido cuando se dice “violencia de género”, expresión que comprende tanto la violencia que hombres ejercen sobre mujeres como la que mujeres ejercen sobre hombres. Pero quien usa el desafortunado término no se refiere a esta segunda, ni tampoco, supongo, está queriendo decir que en el rol social de todos los hombres está ejercer violencia sobre las mujeres. Se refiere a la violencia que ejercen hombres machistas sobre mujeres y por ello la expresión pertinente es “violencia machista”.

 jmchamorro@jmchamorro.info

FASCISMOS, MACHISMOS Y FEMINISMOS

Dos noticias han provocado muchos comentarios: la política xenófoba y despiadada del Gobierno italiano que impide que desembarquen en sus puertos inmigrantes rescatados en el mar; y las hazañas de ese grupo de hombres valientes que se hacen llamar “la manada”. Tanto los políticos italianos como los violadores sevillanos muestran mentalidades y comportamientos que remiten a una psicología fascista.

DEL FASCISMO PSICOLÓGICO AL POLÍTICO

A veces el fascismo se identifica con ciertos comportamientos racistas o xenófobos y, más en general, con ciertos comportamientos políticos. Señaladamente el de votar a partidos de extrema derecha.

Si los partidos políticos fascistas no obtienen buenos resultados electorales, mucha gente se felicita y cree que el fascismo está en baja. Las alarmas se desatan cuando esos partidos ganan espacio electoral. Se supone que el fascismo sube si los partidos fascistas aumentan sus votos. Y esa subida se hace preocupante si acceden al Parlamento o al Gobierno.

De repente el peligro fascista compromete el futuro europeo y algo antes ese peligro no existía. ¿Qué reiterado milagro es este? ¿Hay millones de conversiones repentinas, en un sentido u otro? Demasiadas conversiones y demasiado repentinas.

Para Antonio Elorza los ingredientes que dan forma a una mentalidad totalitaria son: a) una ideología simple y maniquea que permite la designación del otro como enemigo; b) la formación de un grupo altamente cohesionado, en torno a unos signos identitarios; c) la existencia de un líder carismático, que fija los objetivos de la acción y detenta los mecanismos de control y vigilancia; d) la pretensión de ser reconocidos como únicos representantes legítimos de su colectivo; y e) el recurso a la violencia —física, verbal— para eliminar a opositores y disidentes.

Como se ve Elorza no designa tanto los rasgos de una mentalidad como los de una militancia. Y no deberíamos confundir el fascismo psicológico con el político. El primero sustenta al segundo. Un votante de partido de extrema derecha es menos peligroso, si no es fascista psicológico, que uno que lo sea por más que vote a un partido no fascista. Alguien benévolo que siente indignación por la injusticia puede, por ignorancia, dejarse seducir por el discurso de un partido de extrema derecha.

A mi modo de ver son tres los rasgos que definen el fascismo psicológico:

Un maniqueísmo teológico que define un Bien Absoluto amenazado y un Mal Absoluto amenazante. No basta con ver al otro como enemigo, algo muy natural cuando tienes enfrente al enemigo. Es el carácter absoluto del Bien (siempre propio) y del Mal amenazante (siempre ajeno) lo que justifica cualquier acción contra el Mal. Un ejemplo es el fanatismo de esos católicos que llaman con santa indignación asesinos a quienes defienden la despenalización del aborto. ¿Acaso no librarían al mundo de tales asesinos si pudieran?

Una vez aprendido este maniqueísmo teológico, no tiene por qué limitarse a la sensibilidad religiosa. Cabe ser ateo y aplicar esa teología a temas de raza, etnia, nación, ideología, incluso deportivos. Pues el segundo ingrediente, que se sigue del primero, es la fijación del odio en alguna clase de “otros”, odio que emerge fácilmente cuando un colectivo es señalado como culpable de males inaceptables.

El tercer ingrediente es un grado suficiente de resentimiento.

Estos tres rasgos se complementan muy bien. El maniqueísmo teológico justifica la violencia sin límite contra los portadores del Mal, y quien siente odio por algún “otros” y está lleno de resentimiento puede descargarlo convencido de estar cumpliendo un deber sagrado.

No cabe duda de que el primer ingrediente está generosamente servido en aquellos países en que la Biblia ha sido el libro educador por excelencia, sea directa sea indirectamente.

Los otros dos son también muy abundantes, dado que, en nuestras sociedades, masas “suficientemente ignorantes” están sometidas a una forma de vida que genera un nivel de frustración y resentimiento muy alto en innumerables personas.

Bajo esta consideración no parece arriesgada la hipótesis de que esas masas, que en ciertos periodos parecen benignas, pueden ser arrastradas a actitudes de fascismo político en un momento propicio y sin que importe que algo antes hayan estado votando a partidos liberales, socialdemócratas o comunistas. Quien tiene propensión psíquica al comportamiento fascista se entregará a él tan pronto la situación lo autorice. Para algunos, educados en la violencia, cualquier situación es buena. Otros van entrando en el juego conforme se percibe o se prevé una degradación de la situación económica.

Una forma de fascismo psicológico se da en ciertas clases de machismo, y esto nos remite al segundo tema.

MACHISMOS Y FEMINISMOS

Es mucho lo que se viene diciendo y escribiendo sobre la cultura patriarcal, el androcentrismo, el machismo y el feminismo, y con mucha frecuencia como si las referencias de estos términos estuvieran claras. Pero resulta que la cultura patriarcal está en descomposición y sólo quedan múltiples residuos, a los que dan cobijo hombres y mujeres. Y hay muchos modos de machismo y de feminismo tanto en hombres como en mujeres.

Un machismo residual que pasa desapercibido

Me sorprende cada día que ciertos valores y prácticas que la cultura patriarcal ha impuesto a las mujeres, y que muchas aceptan, no sean percibidos por ellas en su significado machista. Me refiero a las innumerables derivaciones de la concepción heredada de los sexos, uno caracterizado como el “bello sexo” y otro como el “sexo fuerte”. De mil maneras persiste la idea tradicional de que la mujer tiene como función atraer a un hombre con su belleza, y el hombre apropiarse de una mujer exhibiendo su poder (físico, económico, social). No cabe duda de que esta concepción tiene innumerables secuelas machistas que sustentan, entre otras cosas, la violencia contra las mujeres. Y que es además una fuente de frustraciones para las mujeres obligadas a un ideal de belleza que muy pocas, y por no mucho tiempo, pueden satisfacer.

Hay feministas que se ofenden cuando la publicidad utiliza el cuerpo de una joven para atraer a un consumo, o para homenajear a un deportista vencedor, pero no consideran machista la publicidad de los mil productos dedicados a la manipulación de pelo, cejas, pestañas, párpados, mejillas, uñas, piel y labios femeninos. Ni les parece machista la concepción del diseño de vestidos y calzados femeninos por comparación con los masculinos. Ni que presentadoras televisivas seleccionadas por su atractivo juvenil aparezcan maquilladas como si estuvieran empeñadas en huir, descontentas, de su apariencia natural. El mito patriarcal del “bello sexo” ha generado en muchas mujeres tanta desconfianza en su aspecto natural, que creen que no pueden salir de casa si no lo disimulan, o simulan otro.

Para reforzar esta necedad machista, ahí llega cada año la fiesta de los oscars y los locutores y locutoras bobamente encandilados con la alfombra roja, por la que pasean mujeres disfrazadas de diosas cursis, con costosísimos vestidos, aderezos y afeites, y con frecuencia enseñando un muslo y “luciendo generoso escote” mientras sonríen bobaliconas ante el alud de flashes.

La presentación del propio cuerpo ante los demás es un asunto crucial desde el punto de vista psicológico, y en él demasiadas mujeres aceptan los papeles asignados a mujeres y hombres por la vieja cultura patriarcal. Nos dicen que la huelga de consumo del pasado 8M no sólo pretendía llamar la atención sobre las consecuencias de la sociedad de consumo en las vidas de las mujeres, sino también mostrar que esta forma de producir es dañina para el conjunto de la vida y que, por ello, puede y debe ser radicalmente transformada. Nada que objetar, pero las mujeres harían una buena huelga de consumo si decidieran no consumir los productos ideados por la cultura patriarcal para que ellas realcen o simulen belleza corporal.

La servidumbre al papel de “bello sexo” es algo que las niñas aprenden antes que nada. El juez de menores Emilio Calatayud refiriéndose en Las mañanas de La 1 al uso que las jóvenes hacen de redes sociales como Facebook o Instagram dijo: “Perdón por la expresión. Tomarlo bien ¿eh?, pero las niñas actualmente se hacen fotos como putas” y “Las niñas han perdido el control de la intimidad y hacen fotos que atentan contra ellas mismas”. A pesar de que, según el magistrado, la intención no era ofender, muchos usuarios en redes sociales han comentado la frase con declaraciones como: “No podemos permitir que señores como Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, hagan declaraciones misóginas y machistas”.

Dejando de lado que las expresiones del juez no fueron afortunadas, lo cierto es que no son misóginas ni machistas, se limitan a constatar un hecho cuyas repercusiones él conoce bien como juez de menores. Y si alguien dice que las niñas son muy dueñas de hacerse fotos con la ropa y actitud que decidan libremente, está utilizando un concepto de libertad poco refinado. Pues la cuestión no es si lo hacen porque son libres para querer hacerlo, sino por qué quieren lo que quieren.

No estoy hablando en un registro moral. No considero inmoral que una persona se exhiba desnuda, ni me estoy refiriendo a decisiones personales, sino al significado de ciertos papeles sociales. Habrá dado un gran paso el feminismo cuando las mujeres rechacen el ideal de belleza y de seducción que les ha impuesto el machismo, que tanto trabajo y frustración les produce para beneficio tan efímero, y busquen el atractivo personal allí donde se encuentra permanente: en la jovialidad afectuosa, la inteligencia cultivada, el sentido del humor y la simpatía. Pero esto ¿se puede conseguir en sociedades como la nuestra?

Sobre ese machismo residual difícil de detectar me remito a tres entradas de este blog: “Machismo oculto (en hombres y mujeres)”, “Algo más sobre el machismo oculto” y “Burkini, tacones altos y machismo”.

Machismos explícitos

Hay otro tipo de machismo que se da en los hombres que aceptan la igualdad de los sexos, pero que al mismo tiempo se aprovechan de ventajas comparativas utilizando a favor la fuerza de la inercia legal, empresarial, de costumbres, etc. Lo cual es compatible con una voluntad expresa de ayudar, de echar una mano en las tareas domésticas, pero sólo si ella lo pide o lo exige. En otro caso mejor hacerse el distraído. ¿Acaso no lo hace ella mejor?

Es distinto el machismo de los hombres que aprendieron los papeles sexuales en un tiempo en que estaban muy claros, y los aprendieron muy en relación con todas las fuentes de la autoestima. Son por ello incapaces de aceptar el nuevo papel que las mujeres van conquistando y lo observan con animadversión, como un ataque a su concepción del mundo. Son los que se preguntan por qué las feministas son más feas que las que no lo son, dando a entender que sólo por su fealdad (es decir, por su fracaso como mujeres) se han hecho feministas.

El machismo fascistoide

Hay machistas que dan un paso más: desprecian a las mujeres, las consideran merecedoras de algún castigo por el hecho de ser mujeres, y ejecutan el castigo. La violación y otros abusos son el medio preferible, pues al tiempo que castigan a la mujer satisfacen la libido de machos inseguros que sólo de esta forma se perciben como desean, esto es, como dominadores. Es el caso de esos jóvenes que se presentan en las redes como pandilla de violadores, cuyo lenguaje despectivo se refiere a las mujeres como presas a las que cazar para el propio disfrute, sea empleando la fuerza, sea la astucia. Los miembros de la llamada “manada” escribían en whatsapp: “¿Llevamos burundanga? Tengo reinoles tiraditos de precio. Para las violaciones”. O también: “Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos”. Uno de ellos, Antonio Manuel G.E., que sigue siendo guardia civil, contaba lo que le gustaría haber podido hacer en la Eurocopa de fútbol de Francia: “violaría una rusa que vea despistada y palizón a un niño de 12 años inglés. 2-0 y pa casa”.

Cuando el ingrediente de este machismo son los celos insoportables porque ella ha decidido irse con otro, el final puede ser el asesinato de la mujer (o de los hijos para hacerle a ella un daño más grande).

Está finalmente el machismo de quien mata a la mujer que ha roto con él y luego se suicida, que es diferente a los anteriores.

¿Hay remedio?

Cada uno de estos machismos tiene rasgos peculiares y no cabe erradicarlos sin un análisis particular de cada uno de ellos, para lo cual es oportuno sustituir el juicio moral por la reflexión sobre los métodos de fabricación de las personas en nuestra sociedad. Los peores machistas no son monstruos, ni siquiera culpables. Han sido fabricados así, y cada cual actúa determinado por la forma que su mente ha ido adquiriendo en las interacción social desde el nacimiento. Los miembros de “la manada” y, yendo más lejos, los asesinos de mujeres, son desgraciados por los que hay que sentir compasión y a los que habría que tratar de reconstruir transformando aquellas partes de su mente que determinan comportamientos que, con toda razón, nos parecen horribles. Debemos preguntarnos qué aprendieron (es decir, cómo se fueron fabricando) en la familia, en la escuela y en los medios de comunicación.

Aunque se trate de asuntos incomparables, debemos también preguntarnos qué aprendieron las mujeres adictas a las revistas y programas de modas y del corazón, las que cifran los deseos más firmes en cumplir, sin saberlo, estándares de feminidad que ellas no han decidido. Qué aprendieron los jueces y juezas que, tras dar por probado que hubo violación, luego califican el delito como de abusos. Qué están aprendiendo esas chicas que admiran a los decididamente machistas, se enamoran de ellos y consideran que es normal estarles sometidas.

Si fuéramos respondiendo a estas preguntas acabaríamos comprendiendo que, por desgracia, los remedios posibles no encajan bien en el tipo de sociedad en que vivimos. Muchos creen que erradicar el machismo es una cuestión de educación, pero no parecen tener claro cómo funcionan los espacios en que la educación se produce en nuestra sociedad, de ahí que se centren en la escuela y discutan banalidades, por ejemplo si es preferible una asignatura específica o que el tema se debata de manera transversal (es palabra de moda), ocupando algún espacio en cada asignatura. Pero no cabe hacer tortillas sin romper huevos, por más que muchos pretendan hablar de machismo sin mencionar el tipo de sociedad que fabrica a las personas machistas, sean del sexo que sean.

FEMINISMOS

Hay un feminismo lleno de razones que es compatible con el mantenimiento, en muchas feministas, de los rasgos de machismo residual antes comentados. Es el feminismo que lucha por lo obvio.

El capitalismo se ha sostenido en parte por no contabilizar el trabajo femenino doméstico y por no admitir que los embarazos, partos y crianzas no son sucesos de ámbito individual que la mujer o la pareja han elegido por su gusto y allá ellas, sino que son el asunto social por antonomasia, porque los nacimientos y los cuidados son necesarios para que la sociedad no desaparezca. Pero ha venido ocurriendo que casi todos los sacrificios e inconvenientes de ese trabajo han caído sobre las mujeres, a las que además se las ha penalizado laboral o profesionalmente, y ello sin que los dirigentes políticos, casi todos varones, y la mayoría de los hombres restantes hayan movido un dedo para acabar con situación tan injusta. Hasta que las mujeres han gritado en la calle que ya no aguantan más. Entonces los políticos se han dado por aludidos. Al fin y al cabo las mujeres son votantes.

Exigen compartir los trabajos domésticos con el hombre, igualdad de derechos laborales y sociales, incluido el derecho a la seguridad cuando se vuelve a casa de noche y sin compañía, o se cruza un parque solitario; el derecho a la seguridad respecto a parejas o ex parejas violentas; el cambio de mentalidad en la judicatura y la policía. Es el feminismo que ha inspirado las impresionantes manifestaciones recientes. Pero no se trata de un feminismo uniforme. Dentro de él lo hay de derechas y de izquierdas, que son los dos tipos de feminismo que conviene ante todo distinguir.

El feminismo de derechas y el de izquierdas

La feminista de derechas quiere un tipo de liberación de la mujer, pero quiere al mismo tiempo que la mayoría de las mujeres permanezca bajo la dominación-explotación que sufren las mayorías en el capitalismo. Esta feminista sólo pretende que ese tipo de explotación-dominación no sea mayor para las mujeres que para los hombres.

Creo que tiene razón Silvia Federici cuando dice en el prólogo a su libro El patriarcado del salario que unir la perspectiva marxista con la feminista no solo es posible sino totalmente necesario para un cambio social en profundidad. Sólo el feminismo anticapitalista (o, si prefieren, el anticapitalismo feminista) puede apropiarse con toda justicia de aquello que dijo Marx refiriéndose al proletariado y que debería haber dicho refiriéndose a las mujeres del proletariado: que por constituir esas mujeres la clase social que sufre las dos grandes dominaciones y explotaciones del presente, al liberarse a sí mismas liberan también a la humanidad entera. Por ello sólo militando en ese feminismo se puede pretender la revolución pendiente, la que nos lleve por fin a hacer efectivo eso de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

Es por tanto más feminista un hombre afiliado a ese anticapitalismo que la mujer feminista de derechas.

jmchamorro@jmchamorro.info

DE LAS MENTIRAS ESTRATÉGICAS A LA GRAN MENTIRA

Cuando uno lee los 11 principios de Joseph Goebbels no puede por menos de apreciar que están vigentes entre nosotros.

Los dirigentes del PP tienen una tendencia irresistible a utilizar como argumento la mentira fácilmente refutable. Últimamente insisten en tres:

Una es afirmar que, como herencia de las políticas de Zapatero, recibieron un país en ruinas, y otra es afirmar que ellos lo han levantado. No es cierto lo primero ni lo segundo.

La Gran Recesión no fue resultado de las políticas de Zapatero, sino de la política neoliberal que el PP defiende, la que llevó a desregular el mercado financiero estadounidense con las consecuencias conocidas. La crisis fue mundial y se originó fuera de España, pero las repercusiones en España se agravaron a causa de una política previa del PP de Aznar, la que liberalizó el suelo y dio lugar a la burbuja inmobiliaria.

La segunda mentira tampoco puede caminar ufana. Emilio de la Peña, periodista de información económica, ha recopilado datos del INE, de Eurostat y del Ministerio de Hacienda para demostrar con números los daños que la política de Rajoy ha causado al país.

El reparto del Producto Interior Bruto, que sólo ha aumentado un 6,5% en los seis años de Rajoy (de 2011 a 2017), ha sido injusto: lo que se llevaron las empresas aumentó el 12 por ciento, mientras sólo subió un 1 por ciento lo que le correspondió a los asalariados. Si se descuenta el encarecimiento de la vida (el dinero de 2017 valía menos que el de 2011) resulta que la renta por asalariado fue un 3,7 por ciento más baja al final del tiempo de Rajoy que antes de su llegada al poder.

Si nos fijamos en la renta media por persona, según datos del INE en 2011 fue de 13.902 euros, y en 2017, último año completo de Rajoy, de 13.690 euros descontando el aumento del coste de la vida. Un 1,5 por ciento menos, pero además mal repartido, pues la mitad de la gente con menos renta vio caer sus ingresos un 7 por ciento. La encuesta anual de estructura salarial del INE, cuyos últimos datos son de 2016, divide los sueldos en 10 tramos en atención a su cuantía, y se puede comprobar que el tramo con los sueldos más bajos ha sufrido una caída del 4 por ciento en el periodo Rajoy, mientras que el tramo de los que más ganan ha gozado de una subida del 3 por ciento. La precariedad salarial, ya existente antes, se ha incrementado con Rajoy con el aumento de los contratos a tiempo parcial respecto a los de tiempo completo.

Cuando el PP llegó al Gobierno, el 20 por ciento más afortunado económicamente ganaba 6,3 veces más que los del otro extremo (en Alemania o Francia 4,5 veces), pero con Rajoy los más pudientes han pasado a ganar 6,6 veces más que el 20 por ciento con menos ingresos. Ha aumentado la desigualdad.

En cuanto al aumento de la pobreza: si en 2011 había ya 12 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social, la política del PP ha convertido en pobres a medio millón más de personas, con la particularidad de que la pobreza viene afectando no sólo a parados y jubilados, sino también a los que trabajan. Al llegar Rajoy al gobierno había ya un 23,5 por ciento de asalariados en riesgo de pobreza, pero durante su mandato han aumentado un 18 por ciento, y ello ha sido consecuencia de la devaluación salarial propiciada por la reforma laboral del PP: los sueldos han bajado entre la llegada y la salida del PP un 5,1 por ciento en términos reales, es decir, descontado el incremento del coste de la vida.

Consecuencias: casi dos millones de hogares declaran que no pueden mantener su casa a temperatura adecuada. Se pasa frío en 726.000 hogares más que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Y entretanto el año pasado las compañías eléctricas, de gas y de petróleo del IBEX ganaron casi 9.000 millones de euros, un 8 por ciento más que en el ejercicio anterior.

En cuanto a los servicios sociales, la política impuesta por Rajoya las comunidades autónomas ha recortado el gasto público educativo en 2.200 millones y el gasto sanitario en 1.642 millones, mientras el gasto en dependencia tiene presupuestado en 2018 un 7 por ciento menos que en 2011.

La pensión mínima se ha incrementado en estos seis años el 4,3 por ciento, lo que no compensa el incremento del coste de la vida, que alcanzó el 4,8. Con el agravante de que, dado que el recorte de los salarios ha disminuido la recaudación de la Seguridad Social, Rajoy se ha gastado 74.000 millones del Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

El precio de los servicios esenciales de los que el ciudadano difícilmente puede prescindir se han disparado en el citado periodo. Entre 2011 y 2017 el pago por estudiar en la universidad, básicamente las tasas, se incrementó un 35 por ciento. La ampliación del copago por las medicinas a pensionistas ha encarecido el gasto farmacéutico de los ciudadanos en un 17 por ciento, el recibo de la luz es ahora un 14 por ciento más caro.

Y pese a todos estos recortes, el Gobierno de Rajoy endeudó más al Estado por su empeño en no cobrar impuestos a los ricos. Ahora la deuda pública supera el billón de euros (1.144.298 millones de euros) que equivale al 99 por ciento del PIB, mientras que cuando el PP tomó el mando suponía el 70 por ciento. Ha aumentado en 400.000 millones de euros, de los que 58.000 millones se gastaron en rescatar a los bancos, la mayor parte durante el mandato de Rajoy. Sin embargo, mientras esto ocurría, más de 400.000 familias fueron expulsadas de sus casas por los bancos al no poder pagarlas, la mayoría (300.000) durante el mandato de Rajoy. Y el gasto en I+D+i es un 17 por ciento más bajo ahora que cuando Rajoy llegó al gobierno.

Pues ahí andan ellos tan ufanos, afirmando una y otra vez sus dos mentiras.

Por si acaso añaden una tercera en la que no dejan de insistir: que Pedro Sánchez ha hecho pactos secretos con los independentistas para conseguir por esta vía el poder que no le han dado las urnas. Por tanto, para conseguir el poder de una manera ilegítima.

En primer lugar a ellos no les consta que Pedro Sánchez haya hecho algún pacto con los independentistas. Tenían estos tantos deseos de echar a Rajoy que seguramente no ha hecho falta pactar, salvo con el PNV (en el sentido de respetar las concesiones que ya le había hecho el PP). Insisten los del PP en que lo democrático es que gobierne el que ha sacado más votos olvidando que ellos han gobernado mediante pactos en perjuicio del partido más votado. Saben muy bien que en un sistema parlamentario gobierna el que tiene más apoyo en el Parlamento y que Pedro Sánchez es jefe de gobierno porque su moción de censura ha obtenido en el Parlamento votos que han sobrepasado la mayoría absoluta, y esos votos de parlamentarios representan a más ciudadanos que los que se han opuesto a la moción. Es decir, Sánchez ha ganado su posición en las urnas.

Pero es que además el PP no debería hablar de legitimidad, pues sentencias judiciales establecen como hechos probados que ha acudido a las elecciones cometiendo tres delitos: utilizar dinero negro, incumplir las normas sobre el límite de gasto electoral y obtener el dinero negro mediante porcentajes pagados por los empresarios a los que adjudicaba contratos. Es decir, sus victorias electorales han sido ilegítimas.

Si el PP insiste en mentir más de lo que le es forzoso, ¿es que sus dirigentes son mentirosos compulsivos? No. Se trata más bien de una estrategia. Está muy vigente entre ellos la creencia de que “si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. Sobre todo si hay medios de comunicación dispuestos a acompañarles insistentemente en la mentira. Lean los 11 principios de Goebbels

LA GRAN MENTIRA IMPLÍCITA

Perdonen que insista en que los políticos pro-sistema, por decentes y honorables que parezcan, están obligados a la mentira sistemática, a la Gran Mentira, que se diferencia de las mentiras al por menor en que ni siquiera hay que enunciarla. En muchas de las afirmaciones políticamente correctas está implícito que vivimos en una sociedad democrática, que el pueblo es soberano, que en nuestro entorno se respetan los derechos humanos, que las becas garantizan la igualdad de oportunidades, que nuestro sistema de educación es mejorable hasta la excelencia y que a esa excelencia han llegado ya países como Finlandia, que los intereses de los ciudadanos no son irreconciliables y que por ello pueden resolverse mediante la negociación sin alterar las reglas del Sistema, que la Constitución es una ley respetable y respetada (al punto que se pone el grito en el cielo cuando los independentistas la vulneran), que pagar los impuestos es un deber ciudadano y que por ello quien elude el IVA está cometiendo un atentado contra la educación y la sanidad del país… En sentido contrario, que la izquierda radical es un populismo antisistema muy peligroso. Esta Gran mentira, legitimada por políticos, intelectuales y medios de comunicación, pasa por verdad tan sagrada que ni siquiera necesita defensa.

EL RECIENTE CASO DE ITALIA

 ¿Que vivimos en democracia?

Tras cuatro gobiernos con primeros ministros que no han pasado por las urnas, impuestos por los dos últimos Presidentes de la República al gusto de Bruselas, el electorado italiano ha dado la victoria a dos partidos contrarios al establishment europeo, la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Y estos partidos, uno inclinado a la derecha, otro a la izquierda, terminan poniéndose de acuerdo a partir de lo que les une, no permitir que Italia se convierta en una colonia de Alemania.

Lo que desató todas las alarmas fue que propusieran como ministro de Hacienda al profesor Paolo Savona, partidario de que Italia se prepare para una salida del euro. Y entonces el Presidente de la República Sergio Mattarella se niega a nombrar un gobierno con Savona y propone el nombramiento como primer ministro de un hombre del FMI.

Miembros de los dos partidos vencedores acusan a Mattarella de sabotaje y amenazan con un impeachment. Incluso personas contrarias a la coalición advierten que el paso dado por Mattarella hace difícil pensar que Italia siga siendo una democracia.

¿Que siga siendo? ¿Alguna vez lo fue?

El Comisario de Programación Financiera y Presupuestos de la UE, Gunther Oettinger, ha dicho con encomiable sinceridad: “Los mercados enseñarán a los italianos cómo votar”, les enseñarán a no votar en las próximas elecciones por partidos populistas.

En seguida el Movimiento 5 Estrellas ha emitido un comunicado en el que exige al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la desautorización de Oettinger. “Sus palabras son de una gravedad inédita y evidencian las manipulaciones que la democracia italiana ha padecido en los últimos días”. “Juncker debe intervenir para defender la democracia, la voluntad popular y el derecho a voto de todos los ciudadanos. No puede ser que un comisario alemán le diga a los italianos cómo deben votar. ¡Oettinger debe quitarse la máscara y, después, dimitir!”

Por su parte el líder de Liga Norte, Matteo Salvini se ha preguntado: ¿Somos una democracia? En Italia, ¿son los italianos o son los franceses o los alemanes los que deciden? Y la representación permanente de Italia en la Unión Europea se ha visto forzada a responder a través de Twitter: “Los votantes italianos no necesitan ninguna enseñanza. Las elecciones libres y la democracia son valores europeos clave’” Y ha conminado a la Unión Europea a respetar el sistema democrático italiano: “La democracia italiana debe ser respetada por todo el mundo. Como siempre en la historia de la República, los italianos votarán con libertad e independencia”.

¡Pero por favor! Si el único que ha hablado con verdad en este episodio ha sido el comisario Oettinger. ¡Pues claro que no hay democracia! Claro que mandan los mercados, esto es, los controladores de los mercados, los dueños del dinero. ¿Acaso no lo demostraron cuando en Grecia los votantes se desviaron de lo que convenía al verdadero poder? ¡Pues claro que estamos en una plutocracia disfrazada de democracia! Así que menos invocar a la democracia inexistente y menos escandalizarse porque a alguien se le escape la verdad innombrable.

Es por ello lamentable que gentes de izquierda acepten la Gran Mentira, e implícitamente la están aceptando cuando invocan a la democracia como si existiera. La democracia no está aquí, es algo que hay que conseguir, y es incompatible con el capitalismo. He ahí una verdad elemental.

¿QUÉ ES EL EUROPEÍSMO?

Italia ha causado un disgusto a los europeístas. Pero ¿qué se podía esperar?

La Europa que tenemos, que se llamaba de los mercaderes, pero que resultó ser de los mercaderes avarientos (las grandes multinacionales y el capital financiero que la gobiernan), no es un lugar confortable para las clases populares del Sur. Ha estado controlada férreamente por el capital alemán con el apoyo de los países del Norte, que miran a los del Sur con desconfianza y cicatería, exigiéndoles durísimos recortes en el gasto social al mismo tiempo que negándoles remedios. Se opusieron a que el Banco Central Europeo les prestara sin interés, mientras prestaba a la banca privada a interés cero para que esta prestara a los países en apuros a un interés abusivo, en proporción a la prima de riesgo decidida por empresas privadas. Imponiendo así un coste en intereses a la larga inasumible, y que por el momento retraía recursos que hubieran debido destinarse a gasto social.

Y ahora, cuando hay propuestas para refundar la UE (que incluyen un superministro de Finanzas responsable de coordinar las políticas económicas y un presupuesto de estabilización), hay una fuerte resistencia en países como Alemania, Holanda o Finlandia, que temen una transferencia permanente de recursos hacia los países del sur, despreciados como parásitos.

Tenemos por otra parte en esta Europa a los antiguos países del Este, los que fueron “socialistas”, cuyas poblaciones inclinan a sus gobiernos a políticas xenófobas. Y ello dentro de una Unión Europea que no ha sido capaz de solucionar el problema de los inmigrantes y refugiados de acuerdo con la legislación internacional y el respeto a los tan invocados derechos humanos.

Y tenemos unas autoridades europeas que, mientras fueron inflexibles con las desviaciones de la norma (la norma que dictaban los dueños del dinero) cuando era la Grecia de Xiriza la incumplidora, no lo son tanto con las desviaciones de la norma humanitaria por la extrema derecha.

Si Europa es un lugar éticamente poco atractivo y además poco confortable para las masas populares del Sur ¿qué tiene de extraño y de criticable que haya europeos que se quieran marchar, o que quieran tener una política económica propia, lejos de las imposiciones alemanas en cuestiones monetarias relacionadas con el déficit presupuestario y el límite de la deuda pública?

CONTEMPORIZAR CON LA GRAN MENTIRA NO ES BUENO

Pasando a otro asunto, pero relacionado, me sabe mal criticar a una persona a la que pienso votar, pero lo hago porque creo que sus deslices no son meramente formales, sino que tienen importancia como síntomas. Me refiero a dos malhadadas alabanzas hechas por Pablo Iglesias, una a Mariano Rajoy, otra a Iván Redondo.

En un twiter ha escrito sobre Rajoy: “Con todo, se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto”.

En primer lugar los honores y respetos del señor Iglesias son asunto privado que no hay por qué airear. Se trata de apreciaciones personales que carecen de interés público. Salvo cuando las hace públicas, porque entonces son reveladoras de un estilo muy viejo (el de “hoy por ti, mañana por mí”) y muy relacionado con la casta antes tan denostada.

Está muy bien alabar los méritos del enemigo, pero siempre que sean méritos reales. Como político el señor Rajoy no ha sido nunca elegante, ha sido mendaz, jamás ha sabido escuchar, nunca ha respondido a las preguntas que se le hacían en el Parlamento, de las que escapaba con ironías despectivas, ha sido despótico cuando se ha sentido con poder, y cuando no ha tenido suficiente ha recurrido a trampas para impedir la política que otros grupos aprobaban en el Parlamento. Nunca tuvo la elegancia elemental exigible a un político pro-sistema, que es la de dimitir cuando se demuestran graves responsabilidades políticas. Ha carecido de valor para defender en público su política, se ha limitado a imponerla, ha rehuido el diálogo, ha eliminado las ruedas de prensa con preguntas y respuestas. Ha causado graves daños a las clases populares por su política de recortes y al país entero por su gestión del conflicto catalán. Ha convertido a España en un país sin peso ni presencia en la UE, carente él de valor para oponerse a las órdenes que le llegaban de fuera, haciendo el deshonroso papel de lugarteniente de la señora Merkel, que le despreciaba por corrupto, aunque contenta de su sumisión.

Vayamos con la segunda alabanza, que sale ahora a colación por el nombramiento de Iván Redondo como jefe de gabinete de Pedro Sánchez. Me refiero a los elogios que hizo de él Pablo Iglesias cuando le entrevistó en La Tuerka en abril de 2016. Allí le presentó como “culto, rápido y sensible” citó a una antigua profesora escolar que le recordaba como estudiante brillante y discreto, y no satisfecho con esto, añadió: “Es una pena que siempre haya trabajado para nuestros adversarios”. Lo que significa que sería una dicha que trabajara para Podemos.

Iván Redondo pertenece a esa fauna profesional que trabaja para quien le paga utilizando el sentido común (pues de conocimientos sólidos de ciencia social carecen por ahora los expertos en opinión). Ha diseñado campañas para candidatos del PP -la xenófoba de García Albiol en Badalona, la de Basagoiti en el País Vasco y la de José Antonio Monago, con el que ganó las elecciones de 2011 y perdió las de 2015-, y se dice que mandó indagar en cuestiones personales del socialista Guillermo Fernández Vara tratando de hallar un escándalo que lo inhabilitara para la política.

Es decir, en el mejor de los casos Redondo es una persona que utiliza con habilidad la ideología que impera entre los electores para idear mensajes que proporcionen votos. Algo que va bien a los políticos del sistema. Pero la izquierda debe ser otra cosa. No está para aprovechar las malformaciones ideológicas de la población, sino para transformarlas. La estrategia de la izquierda debería ser enfrentarse a la Gran Mentira a la que los demás partidos deben servir. No importa que esta estrategia rinda menos que otras a corto plazo (aunque eso es algo todavía no comprobado), ya que a largo plazo es la única rentable. Por haber seguido estrategias de marketing, que son las únicas al alcance de la imaginación del señor Redondo, así le ha ido a esa izquierda. Si hace 40 años hubiera inaugurado una estrategia propia, no mercadotécnica, a saber cómo estaría ahora y hasta qué punto habrían avanzado las ideas progresistas.

Los citados elogios de Iglesias a Rajoy y a Redondo son los que haría un acomodaticio promotor de valores conservadores. Son por tanto desorientadores y hacen un mal servicio a la necesaria aclaración ideológica a que la izquierda está obligada.

Insisto en que lamento este desacuerdo, porque pienso votar por Podemos en las próximas elecciones, y por el señor Iglesias si es su candidato (pues sin duda tiene cualidades que compensan con creces sus errores, por significativos que sean).

jmchamorro@jmchamorro.info

QUIM TORRA, IRENE MONTERO Y PABLO IGLESIAS: SORPRESAS

I

Los nacionalistas religiosos son tan excluyentes y al mismo tiempo tan capaces de disimular como cualquier iglesia. En Cataluña no pueden aceptar de buen grado a los infieles que han llegado buscando trabajo, de Andalucía y Extremadura sobre todo, y que ahora resulta que figuran como catalanes y votan como catalanes. Y que incluso se empecinan en hablar castellano. El nacionalista religioso se llena de santa indignación. Y esa santa indignación es la que expresaba Torra en sus escritos de manera muy burra. Pero no se puede pedir contención a quien está retorcido por la indignación teológica.

Lo sorprendente es que haya sido elegido como Presidente de la República Catalana, porque el cuento venía siendo conquistar las opiniones públicas europeas mediante lo que los cursis llaman “el relato”. El nacionalismo catalán se presentaba como amable, integrador. De ahí la sorpresa.

¿Han decidido estos nacionalistas sacros quitarse la careta o se les ha caído sin que se dieran cuenta? Yo pienso que lo segundo. Les ha pasado lo que con frecuencia ocurre a los del PP, tan familiarizados con una manera de pensar y sentir que la creen natural, como el aire y el agua. Cierto que son conscientes de que hay que autocensurarse para no provocar la reacción de…, ya saben, de la chusma, y de ahí que traten de acomodarse al lenguaje políticamente correcto, pero a veces se les va el santo al cielo y no perciben lo escandaloso de lo que están diciendo. Y luego, cuando explota la escandalera, primero se sorprenden y en seguida se dicen entre sí: “Si tienes toda la razón, si todo lo que has dicho va a misa, pero ya sabes cómo está el patio. A veces hay que tener prudencia y morderse la lengua.”

En fin, que de la misma manera que Rajoy y la judicatura española han regalado bazas al independentismo, de la misma manera los independentistas acaban de regalar una baza impensable al enemigo españolista. Y luego está esa parte de Cataluña que se considera de izquierdas y que vota a Ezquerra. Vaya papel el de Ezquerra, incapaz de negarse a votar a Torra.

Pero bueno, el forcejeo sigue, esperemos que para llegar a un punto en que todos sean vencedores y vencidos.

II

Vayamos a la otra sorpresa: Irene Montero y Pablo Iglesias han comprado un chalet de 660.000 euros en una urbanización de medio lujo (porque las hay de lujo completo).

Ningún reproche legal ni moral. Demos por bueno que se puede ser rico y comunista, que se puede vivir en una urbanización lujosa y ser de izquierdas. La cuestión no es cuánto dinero se tenga o dónde se viva, sino qué políticas estaría uno dispuesto a promover y apoyar, de manera que sería ejemplarmente de izquierdas el rico que votara por una política social liquidadora de sus privilegios.

Pero en este caso veo un problema estético y otro de coherencia.

No puede uno dejar de pensar en quienes compran un coche de lujo cuyo precio está en desproporción con sus ingresos. Pero ¿y el placer de verte y que te vean en tu mercedes aunque tengas que ahorrar en comida más de la cuenta?

Por otra parte la elección de un sitio para vivir te define. En este caso una urbanización de lujo mediano, con gentes que han arribado al lujo mediano. ¡Oh, qué hermoso chalet, con su piscina, y su jardín, y su casita para invitados! ¡Qué buen sitio para educar a los hijos, junto a gente que disfruta, gozosa, de un lujo que parece de primera fila!

Para calibrar el caso es preciso no perder de vista que por 300.000 euros nuestra pareja podría haber conseguido, en un pueblo cercano a Madrid, una casa decorosa y rodeada de campo, suficiente para padres de clase media que quieren dar a sus niños lo mejor de este mundo.

Vaya esto por el lado de la estética, que al fin y al cabo es asunto subjetivo.

El problema de coherencia es ya algo peor. Pues si se ha estado proclamando algo que parecía constituir el alma de la propia posición y luego se cambia de idea, deben darse explicaciones. ¡Claro que puede uno dejar de creer que es cierto lo que se afirmaba ayer! Vivir en el barrio en que vive la gente a la que representas… No alejarte a una urbanización en la que pierdes el contacto con la gente corriente… No he oído a Irene ni a Pablo explicaciones razonables acerca del cambio de idea, acerca de por qué hoy es bueno lo que ayer era malo.

El tema no queda aquí, pues hay además un parecido con el caso anterior. O Irene y Pablo no consideraron los costes que su compra iba a tener para ellos y para su partido, o los consideraron. En el primer caso tienen poca cabeza. En el segundo les pudo el entusiasmo por el lujo mediano, y pensaron que los costes para ellos y para su partido eran un precio razonable.

Me inclino por lo primero. Seguro que no previeron que la reacción a la compra les iba a poner en situación de someter la permanencia en sus cargos a una votación de la militancia. Pero entonces ¿es que vivían en Babia? Con tan poca capacidad para adelantar los acontecimientos mal se puede dirigir un partido político. Y además no tiene sentido que, una vez hecha la compra, se recurra al voto de la militancia, cargando sobre ella la propia responsabilidad. Si Irene y Pablo no concebían una vida buena salvo en ese chalet, si ese chalet es lo que deseaban con más brío, antes de comprarlo debieron dejar sus cargos en Podemos para sentirse más libres y para dejar a Podemos menos comprometido.

Pero vayamos finalmente con lo que a mi juicio es más grave, y no me refiero a los posibles costes electorales (para el partido) o personales (para ellos). No voy a extenderme porque ya he hablado en otras ocasiones de este asunto crucial. Y es que la izquierda no parece consciente de que, contra las apariencias, el campo de la batalla política no es el electoral, sino el ideológico. De manera que antes de nada cada dirigente debiera considerar en que medida una decisión personal, tan legítima como se quiera, puede hacer daño a un proyecto de implantación de nuevas ideas y valores en una mayoría social.

Lo siento, porque Irene me caía muy bien. Sin embargo me pregunto: ¿es que en Podemos no abundan personas capacitadas para liderar el partido sin peligrosas ambiciones personales, personas consistentes, con una ideología firme de izquierdas y adictas a una vida sencilla y coherente? Porque los espectáculos que muchos de sus líderes han venido dando han sido poco edificantes. Parecen estar por debajo de la gente a la que representan, salvo en retórica.

Para acabar. La carta que Podemos ha enviado a sus militantes denunciando una campaña mediática contra Irene Montero y Pablo Iglesias tiene toda la razón en casi todo. Claro que el enemigo ha aprovechado muy alegre el motivo que ellos le han ofrecido, pero las críticas por la compra del chalet no llegan sólo del enemigo. En mi caso soy votante de Podemos y le votaré mientras siga siendo el único partido, de entre los que pueden llegar al Parlamento, que no está controlado por el poder económico.

jmchamorro@jmchamorro.info

LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE Y LAS DOS CONCEPCIONES DE LA PERSONA

Tenemos a nuestra derecha política empeñada en mantener la prisión permanente revisable, máxima pena privativa de libertad del Código Penal español, aprobada en 2015 como parte de la Ley de Seguridad Ciudadana y con el único apoyo del Partido Popular.

Ciudadanos, que en su momento no votó a favor, no sabe ahora cómo subirse al carro populista y propone un endurecimiento de las penas y restringir el acceso a los beneficios penitenciarios para ciertos reos.

Tradicionalmente las penas han sido muy duras, concebidas primero como venganza privada, más tarde como venganza social. Se pensaba que el reo debe pagar por su crimen y por ello la pena tenía como fines la expiación, la retribución a las víctimas y la seguridad de la sociedad.

Esta concepción de la pena sigue vigente, pero con un añadido. Poco a poco, por influencia del pensamiento progresista, se ha llegado a entender que cualquier comportamiento antisocial es resultado no sólo de la maldad del autor, sino de un fracaso en la socialización, y se ha añadido a la pena una nueva finalidad: la reeducación o rehabilitación del reo y su reinserción social tras el cumplimiento de su condena (o incluso sin necesidad de ello, modulando su forma de cumplimiento mediante permisos penitenciarios, grados de régimen penitenciario, libertad condicional, remisión de condena, indultos parciales o totales, etc.).

Dentro de este espíritu, nuestra Constitución señala en su artículo 25, 1 que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social.

La posición reaccionaria

No obstante la vieja tradición sigue presente en una gran parte de la ciudadanía y reaparece en políticos, tertulianos, legisladores y jueces. En la disputa que se está dando en nuestro país podemos encontrar tres motivos en los argumentos para el endurecimiento de las penas: la disuasión, la seguridad (con el argumento de que, sin la pena de prisión permanente, es preciso dejar en libertad al delincuente una vez cumplido su tiempo de condena, incluso aunque siga siendo peligroso), y la venganza.

Este último motivo es patente en quienes, ante crímenes horribles como el asesinato del niño Gabriel Cruz por su madrastra, piden la pena de muerte o gritan ¡justicia, justicia! con el significado de ¡venganza, venganza! Es natural en gentes que no fueron educadas con conceptos científicos, sino con ecos de la biblia. Fuera de España tenemos un ejemplo reciente de esta actitud en los desusados comentarios de la jueza Rosemarie Aquilina al dictar sentencia contra el médico Larry Nassar que abusó durante dos décadas de casi 160 mujeres, muchas de ellas menores.

“Estoy firmando tu sentencia de muerte- dijo la jueza al reo-. No has hecho nada para que merezcas andar libre jamás. Yo no te dejaría solo ni con mis perros”. Y añadió dirigiéndose a una de las víctimas: “El monstruo que se aprovechó de ti se va a marchitar de forma parecida a la escena de ‘El Mago de Oz’ cuando el agua se vierte sobre la bruja y ella se marchita. Eso es lo que le va a pasar: porque […] la prisión no es un lugar para que un ser humano viva”.

Pese a lo cual condena al reo a prisión para siempre. Sin duda no lo considera un ser humano.

Aparte estos tres motivos, se alega que la prisión permanente revisable figura en la legislación penal de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica, Dinamarca, Austria o Suiza; que el Estatuto de la Corte Penal Internacional acepta la prisión permanente, habiéndose pronunciado el Consejo de Estado sobre su constitucionalidad cuando se ratificó por España dicho Estatuto; y que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo considera que se trata de una pena ajustada al Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. Simplemente, ese Tribunal ha advertido que existiría contravención al art. 3 del Convenio cuando no estuviera prevista la posibilidad de revisión, y también cuando los mecanismos de esta sean difusos, dependientes de la voluntariedad del órgano decisor y no del comportamiento objetivo del sujeto.

Argumentos contra la posición reaccionaria

Que la prisión permanente revisable exista en otros países con más tradición democrática no es un argumento a su favor, por más que aquí tranquilice mucho tal precedente, como si no nos fiáramos de nuestro propio criterio. Hay que entrar a discutir si el precedente extranjero es o no equivocado.

Un argumento contra la postura reaccionaria es su incoherencia, en la medida en que, para evitar la acusación de inconstitucional, finge cumplir con el propósito de reinserción social introduciendo la posibilidad de revisión. Imaginemos que se revisa la sentencia y se concede la libertad al reo, que vuelve a la vida social con un comportamiento ejemplar. Si ese comportamiento era previsible mucho antes, ¿por qué para revisar la sentencia hubo que esperar de 25 a 35 años y de 15 a 20 para la concesión del tercer grado? Hay que concluir que durante ese larguísimo tiempo de espera la finalidad exclusiva de la pena fue que el delincuente pagara por su delito, no que se reinsertara. En muchos casos lo probable será que el reo, aunque lleve muchos años capacitado para vivir en libertad, muera en prisión.

Por otra parte, con esta dureza no se consigue eliminar el peligro. Imaginemos que se revisa una sentencia de prisión permanente y, concedida la libertad al reo, sale de la cárcel y vuelve a delinquir. La medida no ha garantizado en ese caso mayor seguridad. Si se quiere conseguir una seguridad total (y sólo respecto a un concreto delincuente) la prisión permanente debería ser no revisable. Lisa y llanamente: prisión perpetua. Y para impedir el peligro de que el preso escape, pena de muerte.

Además de que la seguridad total es imposible, se puede alegar que no es significativo el número de delincuentes peligrosos reincidentes. Piénsese en el caso de la madrastra que ha asesinado al niño de 8 años. Ha cometido el crimen estando ya vigente la prisión permanente revisable (lo que significa que no ha funcionado como pena disuasoria), y por otra parte es muy poco probable que, si sale en libertad, vuelva a cometer un crimen parecido.

Semiprogresismo

Lo malo es que la posición que en este asunto se tiene por progresista es en cierto modo un quiero y no puedo.

Su concepción de la pena mantiene el espíritu punitivo, pues acepta que la condena de cárcel sea de duración proporcional a la gravedad del delito. Simplemente, añade a este espíritu un propósito reformador ilusorio. Podemos preguntarnos si una cárcel es el sitio adecuado para la finalidad de reeducación y reinserción social a que se dice que está orientada la pena, y si en la cárcel se puede satisfacer el derecho que el artículo de la Constitución antes citado concede al preso de acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.

Hablar de reeducación y reinserción alivia la conciencia, pero no altera la situación. Los permisos, los grados de régimen penitenciario, la libertad condicional, la remisión de condena o los indultos sirven para tener menos tiempo encarcelados a ciertos presos, no para reeducar a los que más lo necesitan. Precisamente uno de los motivos por los que se deniegan los permisos de salida es que el reo esté “muy prisionizado”. Cuando la persona lleva muchos años en prisión los efectos del encarcelamiento inciden en su estado general psíquico-físico, alejándole de las posibilidades de reinserción.

Quiere ello decir que la reeducación y reinserción es el disfraz amable con el que se viste el concepto de pena como venganza o como castigo, que sigue vigente.

Y con ello ni siquiera se evita, como posibilidad, el caso de un delincuente encarcelado por violencia machista que ha de ser puesto en libertad cumplido el tiempo de condena, y que busca a su ex-pareja para asesinarla. O el caso de un violador compulsivo que sale en libertad dispuesto a repetir las violaciones. De poco sirve considerar la reincidencia en el delito como un fracaso de las medidas de reinserción. No por eso deja de ser una reincidencia delictiva que tiene víctimas.

La contradicción en que anda la gente semiprogre en este asunto se revela en que no recurrió la ratificación por España en 2002 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional, pese a que su artículo 77.1.b establece la «reclusión a perpetuidad» (no revisable) cuando lo justifiquen la extrema gravedad del crimen y las circunstancias personales del condenado, artículo claramente anticonstitucional.

La diferencia entre reaccionarios y semiprogresistas es que los primeros querrían volver a la ley del talión (salvo para delitos a los que la derecha tiende, como los económicos) y los segundos añaden a la pena el propósito de una redención muy improbable, dado que las cárceles son escuelas de actitudes delictivas, más que de rehabilitaciones.

El problema está en la concepción mítica de la persona

Que ambas posiciones, la reaccionaria y la semiprogresista, tengan motivos atendibles, pero consecuencias inaceptables, no se debe a que la solución sea imposible, sino a que la discusión tiene como trasfondo la concepción tradicional de la persona, que es la que inspira los códigos penales, las leyes penitenciarias y los comentarios de juristas y éticos en el mundo que llamamos civilizado.

Según el mito tradicional cada persona es un compuesto de cuerpo material y alma inmaterial dotada de libre albedrío, por lo que es culpable cuando sus acciones son delictivas (o pecaminosas en el lenguaje eclesiástico). Cometió el delito o el pecado porque quiso y pudo muy bien no haberlo cometido.

Desde esta perspectiva la persona que delinque, en tanto que culpable, merece un castigo, una pena, y de hecho a las cárceles se las ha llamado penales y se las llama complejos penitenciarios.

El problema que tiene la concepción mítica, la que avala el concepto de culpa, es que resulta insostenible desde un punto de vista racional. Para que fuera aceptable, sus defensores deberían poder explicar cómo entra en relación una entidad espiritual (el alma dotada de libre albedrío) con una entidad material (el cerebro), y en qué parte del cuerpo se instala el alma para dar órdenes a neuronas y músculos corporales. En realidad los creyentes en el mito ni siquiera saben si el alma está dentro del cuerpo (y en qué parte) o si lo sobrevuela. Misterios que no se plantean. Les enseñaron desde niños a creer en el alma y creen. Podrían pararse a pensar en la anomalía de que el alma sea irresponsable hasta que llega a cierta edad. Los menores de 14 años son irresponsables penalmente en España. ¿Cómo se explica que un alma espiritual sea irresponsable durante los primeros 14 años y que sólo se vaya haciendo responsable como consecuencia de aprendizajes que consisten en procesos materiales?

Resulta por otra parte inexplicable la maldad de quienes son culpables de acciones horribles. ¿Qué clase de alma mora en esas personas? ¿Y quién fabricó ese alma?

El asunto visto desde una concepción científica

Mientras los creyentes en el mito del alma son una gran mayoría de la población, todos los datos disponibles dan apoyo a la concepción científica, que no acepta la existencia de entidades no materiales, acerca de las que ni hay ni puede haber pruebas empíricas.

Todo cuanto se ha ido investigando avala la convicción racional de que la humanidad es un resultado de la evolución, y que la persona es un organismo animal, y por tanto material, que se diferencia de los demás animales en que tiene el cerebro organizado por el lenguaje. Dicho de otra forma: el humano tiene dos gestaciones, una intrauterina (biológica), que da de sí un animal no muy diferente a la cría de cualquier primate, salvo porque está preparado para la segunda gestación, la extrauterina (social) que es la que lo convierte en persona y que consiste en la adquisición de la lengua del grupo. Esta segunda gestación es la verdaderamente fundamental respecto a las propiedades típicamente humanas, las que no compartimos con el chimpancé. De ahí que la denominación “lengua materna” tenga un sentido no metafórico, sino literal. Los casos de los llamados “niños ferales” demuestran que quienes no aprendieron una lengua humana en su niñez no pueden sobrepasar el comportamiento puramente animal.

Abandonado el mito del alma espiritual dotada de libre albedrío, hemos de aceptar una concepción determinista que se sigue trivialmente del enfoque científico, desde el que se considera que la acción está determinada por estados cerebrales que a su vez han sido previamente determinados. Esta concepción recibe apoyo indudable de una consideración genética: cuando el niño nace es un sistema psicobiológico que no ha elegido libremente ser lo que es. A partir de ese momento cada estado de su psiquismo será resultado de la interacción del precedente con la experiencia en curso, y así hasta llegar al momento presente.

Cierto que las personas creemos que nuestra acción no tiene otra causa que nuestra voluntad, creemos que siempre que hicimos algo pudimos no haberlo hecho, o haber hecho otra cosa, pero esto es una ilusión que se debe a que la introspección no tiene acceso al sistema cerebral que subyace a la conciencia y que es donde actúan las causas que determinan nuestra acción. Un trivial principio determinista viene a decir que si nuestra acción ha sido causada por un estado cerebral, siendo ese estado el que era, nuestra acción no pudo ser otra que la que fue.

Lo que ahora me interesa señalar es que, aunque esta concepción determinista no acaba con el concepto de responsabilidad, sí acaba con el concepto de culpa. El delincuente es responsable si pudo prever los efectos de su acto en personas, animales o cosas, pero no es culpable, porque él no es responsable de la estructura de su cerebro, fabricada por los estímulos que recibió desde su nacimiento. La interacción comunicativa es el útero social que nos gesta como personas, al ir introduciendo en el cerebro de cada cual los conocimientos, los valores y las pautas de acción que lo constituyen. Ahí está la causa de que en unas mentes se desarrollen capacidades benéficas y en otras aniden capacidades maléficas cuyo grado de perversidad puede llegar a ser sobrecogedor.

Por ello el peor criminal es en cierto modo víctima de haber sido fabricado con defectos en la empatía y en el afecto, que lo convierten en un depredador o en un verdugo. Lo mismo se puede decir de los delitos directamente relacionados con la ignorancia, el egoísmo, el miedo, la violencia y el machismo que muchos han heredado sin poderlo evitar. De manera que, sin culpa, se ven primero condenados a una mala factura psicológica, y luego, porque delinquen, a la venganza social.

Esto lleva a dos reflexiones: una es cómo evitar que la sociedad fabrique criminales (algo por completo ilusorio en una sociedad capitalista). Otra es qué hacer con los que ya existen. Me limito ahora a esta segunda cuestión.

Un remedio que a muchos escandalizaría 

Pensemos en alguien que tiende a violar y asesinar niños. ¿Qué hacemos con él, dado que aunque no sea culpable de su mala fábrica, es un grave peligro para sus conciudadanos?

Lo primero es investigar las circunstancias biográficas que le han hecho como es, a fin de evitar que ocurra lo mismo a otros. Luego se le compadece por su mala suerte, la de haber sido fabricado de esa forma y, puesto que no se le considera culpable, no se le impone una pena, aunque por su peligrosidad, y como medida de seguridad, se le recluye en un medio en el que no tiene posibilidad de realizar sus crímenes. Tal reclusión no tiene marcado tiempo, no es una pena a tantos o cuantos años de cárcel. Se intentará por todos los medios que ese tiempo sea el menor posible.

Dado que no estamos hablando de venganza social, se ha de intentar que la reclusión forzosa sea lo menos ingrata posible. No propiamente en una cárcel, sino en poblados reformatorios adaptados a los distintos tipos de crimen, donde los recluidos puedan llevar una vida parecida a la exterior, pero sin ocasiones para su tendencia criminal. Podrán vivir dignamente, trabajar en un oficio, sea en el campo, en un taller o en una biblioteca, y estarán sometidos a un proceso de resocialización cuyo éxito será tanto más probable cuanta más humanidad y compasión vean a su alrededor. El trato afectuoso y comprensivo es indispensable para que se desarrolle en ellos la empatía y decaiga su mala disposición. Si la tendencia criminal se ha erradicado, la persona es otra, porque su cerebro ha cambiado a consecuencia de las experiencias reformadoras, y vuelve a la sociedad. Mientras siga siendo peligrosa seguirá su reclusión, pero no en calidad de culpable, sino como persona con defectos de fábrica aún no solucionados. No hay límite de tiempo prefijado en la sentencia.

En resumen, una concepción científica nos lleva a compadecer al criminal y a poner los medios para convertirlo en persona de fiar, pero al mismo tiempo nos permite mantenerlo separado de sus posibles víctimas mientras sea persona peligrosa (teniendo en cuenta, claro está, que la seguridad absoluta no está a nuestro alcance, y que los expertos pueden considerar resocializada a una persona que vuelve a delinquir).

Con el mismo criterio se puede actuar eficazmente contra personas que no violan ni asesinan, pero que han hecho grandes desfalcos al erario público. La derecha es con ellas muy benévola: todas vuelven pronto a la libertad, casi siempre sin haber devuelto lo que robaron. Sería preferible recluirlas en uno de esos poblados reformatorios hasta que devuelvan lo robado, bajo la idea de que la no devolución es prueba de que se persiste en la actitud delictiva. De esta forma el delincuente no puede esperar a que pase el tiempo de condena (breve, porque estos delincuentes suelen tener influencias) para recuperar la fortuna escamoteada y vivir a lo grande. El mismo método cabe con quien se niega a colaborar con la justicia, por ejemplo no indicando dónde y cómo hizo desaparecer el cuerpo de una persona asesinada.

En resumen: por partir del insostenible mito del alma culpable, el talante cuasiprogresista puede parecer preferible al reaccionario, pero tiene una dosis de hipocresía y fuertes contraindicaciones.

Dicho sea lo que antecede sin entrar en el tema de la definición de los delitos y sus penas: un pobre inmigrante que para sobrevivir se ve obligado al “top manta” comete un delito penado con cárcel. Quien defrauda 120.000 euros a Hacienda comete una simple falta.

jmchamorro@jmchamorro.info

EL BUEN RESULTADO DE LAS ELECCIONES CATALANAS

Muchos hubiéramos preferido que hoy fuera posible en Cataluña un gobierno formado por el PSC, los Comunes y Esquerra Republicana. Queda por saber si, de haberse dado la posibilidad, el PSC y Esquerra hubieran levantado sus vetos mutuos, o si el PSOE hubiera aceptado tal pacto a tres, incluso aunque Esquerra se comprometiera expresamente a abandonar la vía unilateral.

El PSC

Las encuestas dieron al Partido Socialista ilusiones luego frustradas. No le ha dado resultado juntarse con Ciudadanos y el PP en defensa de la Constitución y la unidad de España. Y es que estar en contra de la vía unilateral emprendida en Cataluña no obligaba a formar piña con esos dos partidos de la derecha española, equiparables en muchos aspectos a partidos de extrema derecha foráneos. Partidos que tienen además una idea de la Constitución y de España de la que el PSOE se había separado expresamente en la Declaración de Granada de 2013. El PSOE tiene unos votantes fieles de los que no son fieles intérpretes sus dirigentes. La sombra de Felipe González y de los suyos sigue siendo alargada.

Los votantes independentistas

El campo del independentismo ofrece un ejemplo de fidelidad. Los votos se han mantenido pese a la salida de empresas, al perjuicio económico que los medios aireaban, al 155, a las acciones policiales y judiciales, a la falta de apoyo europeo y al fracaso final del procés. Nada de eso parece haber pasado factura a los independentistas.

Ese es el tipo de apoyo electoral que hay que fabricar, tanto más fuerte cuanto peor vengan dadas. Y los independentistas no lo han hecho de la noche a la mañana, ni lo han hecho sólo sus partidos políticos. Omnium Cultural nació en 1961, abrió delegaciones en toda Cataluña a partir de su legalización definitiva en 1967 y, fueran cuales fueran sus relaciones con el franquismo (que son discutidas), lo cierto es que ha trabajado de manera incansable, primero a favor de la lengua y la cultura catalanas, últimamente a favor de la autodeterminación. Por su parte la Asamblea Nacional de Cataluña lleva más de cinco años trabajando también en la misma dirección: la independencia de Cataluña dentro de Europa.

Cierto que los independentistas han contado con ayudas del PP, de la judicatura española, del mal uso de la policía nacional y guardia civil, y de la necia toma de posición del monarca, todo lo cual fabrica una imagen profundamente antipática de España para muchos catalanes. No sabemos si, en una España más acogedora y menos sucia, el independentismo seguiría con sus números. Posiblemente descenderían, tal vez hacia el antiguo 30% previo a las torpezas del PP respecto al Estatut.

Cierto también que la ideología independentista es promovible con facilidad, porque va montada sobre un nacionalismo que forma parte de la educación universal.

Una de las contradicciones del independentismo

Escribí en una entrada anterior que, si pasamos de la concepción romántico-religiosa de nación a la concepción laica o voluntarista, los andaluces, los extremeños, los canarios o los madrileños tienen tanto derecho a considerarse nación como los catalanes, los vascos o los gallegos. Y no sólo ellos. Desde esa concepción “laica” hay que aceptar que tiene derecho a constituirse en nación y exigir Estado propio cada provincia, cada región, cada ciudad cuyos habitantes así lo decidan y lo sepan imponer, dado que ese derecho depende de la voluntad decidida y mayoritaria de ejercerlo.

Ahora los españolistas festejan la invención de Tabarnia, una broma con muy mala intención. Los colaboradores de la web Barcelona is not Catalonia dicen que inventaron Tabarnia en una asamblea constituyente en 2012, aunque el término fue utilizado por primera vez en 2015 para designar una franja costera que agruparía el área Metropolitana de Barcelona y la franja de terreno que la une con Tarragona. Su objetivo final sería recuperar la antigua soberanía del condado de Barcelona y crear una nueva comunidad autónoma española.

Argumentan que Cataluña se compone de dos zonas claramente diferenciadas desde el punto de vista económico, lingüístico, identitario y social. La parte mayoritariamente independentista es localista, basada en una economía rural, muy preocupada por la identidad, xenófoba, monolingüe y hostil a la lengua española. En cambio Tabarnia, mayoritariamente no independentista, es cosmopolita, bilingüe, urbanita, multicultural y muy conectada con el resto de España y Europa.

Aún tomado como una broma, este tema, que saltó el pasado diciembre a las redes sociales y de ahí a medios de comunicación españoles y extranjeros, molesta a los independentistas porque, sumado a los resultados electorales, les dificulta hablar en nombre del pueblo catalán ante el mundo. Pone además de manifiesto una situación que se está dando en otras partes de Europa: muchos ciudadanos fuertemente afincados en la tradición tienen la amarga sensación de que su cultura está en peligro por la llegada masiva de gentes de fuera. Es una sensación xenófoba, pero muy emotiva, y con ella deberían ser comprensivos, y ofrecer remedios, quienes se consideran más cosmopolitas que nacionalistas.

Podemos

Este partido es el único que ha defendido una posición sensata en la campaña electoral: ni 155, ni españolismo, ni represión de un deseo legítimo, ni vía unilateral. Pacto de un referendo en el que Podemos anticipa que votaría a favor de la permanencia de Cataluña en España. Pues bien, ha perdido votos y escaños. No es fácil saber si ha sido por ese programa o por episodios como el de Dante Fachin.

En todo caso creo que, si se repitieran las elecciones, lo sensato sería mantener esta propuesta. Sólo por eso, porque es la razonable.

Ello no es obstáculo para que nos preguntemos: ¿Cómo es posible que muchos votantes de Podemos se hayan ido a otros partidos, incluido Ciudadanos? Algunos hablan de volatilidad del voto, o de que la sociedad española se está derechizando, pero la población no se derechiza o radicaliza de la noche a la mañana, se mantiene en sus significados. Ocurre sólo que en muchos casos éstos no son coherentes, y duermen o se activan según los estímulos, que son los que inclinan hoy a la derecha, mañana a la izquierda o a la abstención sin que por eso la persona haya cambiado. Significados xenófobos y nacionalistas, indignaciones y esperanzas conviven en muchas cabezas, a veces aplacados, a veces activados, dependiendo de lo que va ocurriendo. Y a veces lo único que ocurre es que un líder gusta hoy más de lo que ayer gustó otro.

El análisis de los resultados evidencia que los barrios tradicionalmente obreros han votado mayoritariamente por la no independencia, pero dando sus votos a un partido, Ciudadanos, que no defiende los intereses populares. Si se trataba de enfrentarse al independentismo, lo cierto es que no dieron mayoritariamente sus votos a Podemos, pese a que se ha manifestado partidario de que Cataluña siga en España.

Teniendo en cuenta que ese funcionamiento de las clases populares es el que se sigue de determinadas configuraciones ideológicas, ¿qué viene haciendo Podemos para que esas clases cambien en una dirección de mayor conocimiento y mayor autonomía?

A esta cuestión ya me he referido en otra ocasión, y sobre ella vale la pena insistir, pero lo dejo para otro momento.

(Entre paréntesis, una nota sobre el valor ideológico de la elección de palabras. Ciudadanos, PP y PSOE se consideran constitucionalistas y así les llaman los medios conservadores. Enfrente están los independentistas. ¿Dónde está entonces Podemos? Se intenta sugerir que, al no estar incluido entre los constitucionalistas, es independentista. Y por otra parte, se está considerando constitucionalistas a partidos que han tenido por costumbre incumplir la constitución).

Pese a todo no es malo el resultado que dieron los votos

Cerrada la vía a un nuevo tripartito, el resultado de las elecciones es mejor de lo que parece, y en algún sentido se puede decir que esperanzador.

Por una parte los independentistas tienen mayoría absoluta en el Parlament y pueden formar gobierno, pero todos sabemos que ese éxito no viene de una mayoría de votos, sino de una ley electoral injusta. De manera que es significativo que los independentistas hayan perdido diputados y votos desde la última elección. Además han tenido que aceptar el mal trago de que el partido más votado, Ciudadanos, sea españolista.

Conclusión: no van a intentar de nuevo la vía unilateral, que en esta situación sería rechazada más firmemente por Europa y obligaría al Estado a una nueva aplicación del 155 y a nuevas imputaciones y encarcelamientos. Y todo para regresar al punto de partida.

Por el lado contrario también la situación mejora: si los independentistas hubieran tenido un retroceso, la derecha se enrocaría y se negaría a cualquier cambio. Pero el resultado la obliga a comprender que, mal que le pese, el problema catalán es el problema de España y que no se soluciona mirando a otro lado ni recurriendo a la justicia y a la cárcel.

Creo por ello que, con independencia de declaraciones, amagos y amenazas, el resultado de las elecciones ha abierto el tiempo de la negociación.

Una oportunidad

De manera que los catalanes independentistas han rendido a España el beneficio de hacer insostenible el edificio de esa Transición que los franquistas pactaron con Carrillo y González, y de la que tanto tiempo se ha presumido como modélica y ejemplo para el mundo entero. Ahora ya no hay más remedio que ir diseñando una España oficial que se adapte mejor a las actuales fuerzas en litigio por mucho que ese paso asuste a la derecha.

A la derecha le asusta sobre todo que, ya metidos en faena, la unidad de España deje de ser un dogma sagrado y que entre a discutirse. Por alguna causa que hay que ir a buscar en los engranajes secretos le asusta también que entre a discutirse y a votarse la forma monárquica del Estado. Ocurre que para mucha gente no es aceptable el descarado escoramiento a la derecha de un jefe de Estado que no ha sido votado por los ciudadanos, sino que está ahí por ser hijo y heredero de un señor que, nombrado rey de España por Franco, siempre habló bien del dictador sangriento e hizo una fortuna en la que los poderes establecidos prefieren no indagar.

Se inicia, pues, un periodo en el que habrá mucha resistencia, pero una realidad que obliga. A partir de ahora, si el gobierno español se negara a negociar, como ha venido negándose M.Rajoy, estaría justificando la vía unilateral. Y todo ello ante la mirada atenta de unos Gobiernos europeos que exigirán una solución. Gracias al empecinamiento de la mitad de los catalanes.

Un referendum cuándo y para qué

Un referendum pactado, única solución sensata si no queremos seguir indefinidamente en una parálisis tensa, puede concebirse como algo a pactar ya, en cuyo caso la opción a la independencia es seguir en la España actual. O puede concebirse, y esto sería lo razonable, como un segundo paso tras otro consistente en un cambio constitucional que abra las ventanas legales para que entre el aire. De manera que lo ideal sería pactar esta secuencia: cambio constitucional que garantice los derechos sociales, la democratización de las instituciones y fije con claridad, a satisfacción de comunidades y naciones, las competencias y el reparto del dinero. Luego referendum español para aprobar la nueva Constitución y referendum catalán para decidir si Cataluña sigue o no en esa nueva España.

Naturalmente, el cambio constitucional debe ser votado por todos los españoles, mientras que el referendum sobre la independencia de Cataluña es sólo cosa de los catalanes. La idea de que, puesto que la independencia de Cataluña afecta a todos los españoles, deben votar todos en ese referendum, no se sostiene. Tampoco apelar a que la soberanía nacional reside en el pueblo español, frase que viene en el artículo 1 de la Constitución, pero que es vacía salvo que se entienda para casos como el de ceder parte de esa soberanía (por ejemplo a Europa) o disolverla en otro Estado (por ejemplo uniendo España y Portugal). Pero si una de las naciones de la plurinacional España quiere separarse, la decisión sólo compete a esa nación, en este caso Cataluña. Pactando con el Estado las condiciones de la consulta y de la eventual separación.

Digamos de paso que cuando se reformó el artículo 135 se enajenó una parte de esa soberanía sin consultar con el pueblo en que se dice que reside.

Detalles simbólicos

Aunque tenga sólo valor simbólico, debería aceptarse el uso de las cuatro lenguas españolas en las dos Cámaras del Parlamento (no importa el gasto en traducción simultánea) y llevar fuera de Madrid, a otras ciudades españolas, sedes de Instituciones del Estado.

El riesgo

Lamentablemente no está garantizado que este proceso comience, ni tampoco su buen resultado.

Podría darse el caso de que haya que repetir las elecciones catalanas, aunque no parece probable. Y por otra parte, si la izquierda no se reanima, se une y encuentra la forma de entrar con fuerza en la batalla ideológica, las próximas elecciones generales pueden traer un futuro negro, con una extrema derecha cada vez más exigente y fuerte dentro de Ciudadanos y del PP, en coincidencia con el auge de la extrema derecha europea y americana. El poder económico puede volver a necesitar a esa extrema derecha como en tiempos pasados.

En esta situación el papel de la izquierda parece que supera a sus actuales capacidades. No olvidemos que es ella quien tiene el papel difícil en la batalla ideológica, pues ha de enfrentarse al “sentido común” del que participa casi toda la población, sentido común fabricado mediante imposturas a través de siglos de elitismo. La derecha y la extrema derecha reman a favor de corriente, pues a cada paso apelan a significados que forman parte del pensamiento único que la mayoría da por razonable.

Sin embargo sólo una mayoría de izquierdas en el parlamento puede garantizar que salgamos de esta debacle política mejor que entramos.

jmchamorro@jmchamorro.info

PUBLICIDAD Y LOTERÍAS: DOS PILARES DEL CAPITALISMO

Los alumnos solían sorprenderse cuando les decía que la publicidad y las loterías son imprescindibles para la estabilidad del capitalismo. Lo de la publicidad pase, pero ¿las loterías?

La publicidad

Sin publicidad no se podrían fabricar “necesidades innecesarias” que requieren producciones innecesarias. Es una forma de malgastar trabajo humano y recursos escasos, y hacer más insoportable la presión sobre el medio, pero el sistema económico capitalista está concebido de manera que hay que aumentar la producción incesantemente para que la maquinaria no se gripe. Y para eso sirve la publicidad.

Tiene además una función educativa, que realiza con más eficacia que la escuela: ofrecer modelos para que la población, al plegarse a ellos, quede sentimentalmente adaptada al capitalismo.

Incansable, la publicidad sacraliza las minucias y promueve el desinterés por lo principal. Establece el consumo como medida del valor personal. Es además una fuente de machismo (declarado y oculto). Chantajea a los padres con el deseo de los hijos, y deja muy claro que una cosa es ser niño y otra cosa ser niña. Los anuncios de juguetes anticipan el mundo de las revistas de modas y del corazón, el mundo de maquillajes y cosméticas. Hay publicidad para mujeres y publicidad para hombres. Compárenlas. Nos obligan a chapotear en una charca de belleza y elegancia falsas y consiguen que muchos y muchas las tomen por verdaderas. La publicidad de perfumes y de automóviles es el paradigma: sonrojante exhibición de glamour que culmina en susurro de voz extranjera.

Esa publicidad incesante, convertida en un medio ambiente estúpido, pero no por eso menos brutal, reclamando su papel principal al que todos los demás deben supeditarse, ejerciendo su derecho a irrumpir en medio de cualquier mensaje, a desvirtuarlo, a trivializarlo…, demuestra su éxito como anestesia del intelecto colectivo. En otro caso la población no soportaría tamaño desmán. El “¡Ya está bien!” gritado al unísono por millones de ciudadanos se oiría en Marte. Pero no, todo el mundo (partidos de izquierda incluidos) en silenciosa aquiescencia.

Este pilar del capitalismo conecta con el otro, con las loterías, mediante un estrecho lazo: la publicidad de las loterías y los juegos.

Las loterías

Imagínense qué ocurriría si millones de personas que no pueden acceder al gran consumo publicitado supieran que no tienen esperanza.

La tensión en el país subiría de manera pavorosa.

Pero, ah!, no se preocupen: aquí están las loterías, que prometen la riqueza a cualquiera, a todo el que se gaste unos euros en un décimo. Todos podemos ser millonarios, tú también, así que llena de ilusión tu vida. Si no es en este sorteo será en el próximo, si no este año, al año que viene.

Y la vida sigue. Porque pasado el año que viene, llegará el siguiente.

La importancia que las loterías tienen para el Sistema se aprecia en ese interminable programa que cada año irrumpe en televisiones y radios para mostrarnos el ritual previo a los sorteos de Navidad y del Niño, y los números premiados, y a quiénes “han agraciado” y de qué ciudad y provincia, y cómo están de contentos, y a qué piensan dedicar el dinero, y lo satisfecho que está el vendedor aunque él no jugara nada…

Atrévete a ser Millonario”. “Tú también puedes ser millonario”. “¡Cuidado, que toca!”. “El premio es para los que insisten”. Pero no. Muchos millones de crédulos vienen insistiendo inútilmente. Desde el punto de vista estadístico la probabilidad de que toque el gordo es despreciable. Ahí siguen, permanentes, los millones de españoles que viven en la pobreza extrema, o en la pobreza, o haciendo cálculos y sacrificios para llegar a final de mes.

Abandona toda esperanza” se podría inscribir en la frente de cada nacido de pobres en nuestro país. Y se podría añadir: “salvo que luches por ella”. Pero ¿quién le ayudará a luchar por ella? ¿Algún partido de una izquierda titubeante?

La publicidad que promete suerte forma parte de la mentira universal. De ella emergen los rostros sufrientes como muda protesta. Y, claro, pasamos de largo. A ver si nos toca. ¡Madre mía, lo que podré comprar!

jmchamorro@jmchamorro.info

LA CUESTIÓN CATALANA ANTE LAS ELECCIONES DE 21D

La que nos ha caído encima, escuchar y leer de mañana a noche a comentaristas, ensayistas y tertulianos por completo normales, lo que quiere decir que ignoran muchas cosas o que son muy insinceros.

Unos y otros se dedican a defender a una de las partes a base de criticar, desestimar y ridiculizar a la otra desde presupuestos morales, jurídicos o estéticos que la otra no comparte. Y todos fantasean cuando pronuncian las grandes palabras: independencia, libertad, legitimidad, democracia, justicia.

En política lo real es el forcejeo por imponer el propio interés. Y en ese forcejeo son siempre los mismos los que tienen mayor fuerza cuando se trata del tema principal, el reparto de la riqueza.

En pleitos secundarios, que eso es la cuestión catalana para los de arriba, victoria y derrota no están asignadas de antemano.

A estas alturas no ofrece dudas que el procés no ha sido sólo una ensoñación propia de devotos fanáticos, sino sobre todo una estrategia mejor o peor calculada de exhibición de fuerza. Puesto que los independentistas sabían que a la República Catalana no podían llegar por la vía unilateral, iban sin duda buscando otra cosa. Dar pasos adelante.

Los dieron el día 1 de octubre: forzado el Estado a intervenir contra el referendum, Europa entera tuvo como noticia de primera plana el comportamiento brutal de guardia civil y policía nacional contra votantes indefensos y pacíficos.

Pero el 8 de octubre gran manifestación en Barcelona de los enemigos del Procés. Y además la baza de las empresas que se van de Cataluña.

En seguida, a fines de octubre, un tanto a favor de los independentistas cuando forzaron al Gobierno a aplicar el artículo 155. Pero Rajoy tuvo el acierto de convocar las elecciones que había estado a punto de convocar Puigdemont.

Parecían relativamente calmadas las aguas, e incluso le llovían a Rajoy plácemes, como si fuera el gran bombero y no hubiera sido antes el pirómano irresponsable, y repentinamente todo patas arriba de nuevo, ahora por la prisión incondicional de miembros del Gobierno catalán, dictada el 2 de noviembre por la jueza Carmen Lamela.

Han seguido las rectificaciones de algunos independentistas para evitar la cárcel, sea aceptando la legalidad constitucional y el 155, sea sugiriendo que cabe una solución para Cataluña que no sea la independencia unilateral. Y luego nueva exhibición de fuerza: una enorme manifestación el día 11 de noviembre pidiendo la libertad de los encarcelados.

Muchos analistas se apresuran a hablar de éxitos y fracasos desde sus preferencias y otros se atreven a calcular cómo influirá todo esto en las próximas elecciones, que es algo para lo que carecemos de datos fiables.

Luego, tras las elecciones oiremos decir que los independentistas han perdido si no consiguen mayoría absoluta en el Parlament, o que han ganado si la consiguen.

Pero la verdad es que los independentistas han ganado la presente batalla, porque lo que era imposible ayer mismo, la modificación de la Constitución, ya está ahí y el propio PP la contempla con resignación. Cierto que el bando contrario ha tenido también una ganancia: que pase lo que pase en las próximas elecciones, los independentistas no volverán por ahora al camino unilateral.

Y luego seguirá la guerra, que no terminará mientras haya nacionalistas capaces de dedicar su vida a la causa. Que sea una guerra más o menos molesta, o incluso violenta, dependerá de si se reduce o aumenta el número de independentistas “laicos”, pues los “religiosos” parece que no llegan al 30%. De manera que lo que sabremos tras las elecciones, y no podemos saberlo antes, es a cuántas personas el citado forcejeo les ha avivado o decaído el deseo de separarse del Reino de España y proclamar una República Catalana.

Pero a lo que iba: las grandes palabras con que cada bando pretende legitimar su posición configuran la gran mentira que ha caído sobre el país (y que sirve, como siempre, para ocultar sus verdaderos problemas). Me refiero concretamente a estas afirmaciones:

-Que ha llegado la hora de la política.

-Que parte del problema independentista se debe a que en la escuela catalana se adoctrina.

-Que España es una democracia y que por tanto es una aberración seguir hablando de franquismo.

-Que, puesto que estamos en una democracia, en España no puede haber presos políticos.

-Que el encarcelamiento de los dirigentes del Procés era inevitable, porque la justicia está obligada a aplicar la ley, sea ello políticamente beneficioso o perjudicial.

-Que los jueces y fiscales españoles son independientes.

¿Qué significa que ha llegado la hora de la política?

Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, escribía el pasado 3 noviembre en El País:

Estos días se hacen encendidas apelaciones a la política. No sé muy bien qué significa eso. […] Si es la política como negociación de los propios intereses en base a la fuerza de cada uno, no parece aceptable porque deja siempre fuera al más débil y no sirve por ello para resolver cuestiones de principio.

Pero ¿no sabe nuestro ingenuo catedrático que esto es lo que ha ocurrido siempre y lo que, por ahora, no puede dejar de ocurrir? ¿Acaso cree que en alguna “democracia” la política ha sido entendida (y uso sus mismas palabras) “como la apuesta profunda por la ordenación racional de las pautas de convivencia y la distribución de los beneficios y las cargas de la vida social”?

¡Cuánta palabrería ocultadora de la verdad simple!

Cuando entre nosotros se habla ahora de que ha llegado la hora de la política unos quieren decir que no hay más remedio que satisfacer de alguna forma los deseos del independentismo catalán, a la vista de la fuerza que ha mostrado.

Los de enfrente, apelando también a su propia fuerza, quieren decir que hay que aprovechar la coyuntura para devolver competencias al Estado central.

Supongo que acabará imponiéndose la solución de un Estado Federal con un nuevo reparto de competencias y dineros. Tenemos una cuestión territorial mal resuelta, sobre todo por el concierto económico vasco, que se concedió apelando a derechos históricos, y por la arbitrariedad en la forma de financiación de las Comunidades.

Apelar a derechos históricos carece de fundamento racional y ético si con ello se quiere mantener un privilegio (es como si los hombres hablaran de derechos históricos sobre las mujeres). Ocurrió que la Constitución inauguró un tiempo nuevo que dio a cada comunidad lo que podía exigir dada su fuerza, no lo que le correspondería por razón y equidad. En los casos vasco y navarro se actuó para aplacar el independentismo en tiempos en que ETA era una fuerza concurrente. Y Andalucía consiguió ser Autonomía de primera sólo tras su demostración de fuerza.

Es posible que mañana otros territorios exijan una forma de financiación más equitativa. Pero hacer política no será en ese momento diferente a lo que siempre ha sido. Serán las fuerzas en litigio, y no la razón o la justicia, las que decidan.

El adoctrinamiento en la escuela

Una de las competencias que algunos quieren que recupere el Estado es la referida a educación, porque entienden que el adoctrinamiento en las escuelas catalanas es una de las causas del auge del independentismo.

Tienen razón al afirmar que en las escuelas catalanas se adoctrina. Pero cuando se rasgan las vestiduras y pretenden que el control de la educación se devuelva al Estado central, parecen creer que en el resto de España no se adoctrina. Recordemos que allí donde el nacionalismo español predomina nuestra historia se enseña a mayor gloria de la patria cristiana que expulsó al infiel, descubrió y evangelizó el Nuevo Mundo y fue un imperio en el que no se ponía el sol. Los crímenes del franquismo no se cuentan en los libros de texto de las escuelas y la Transición se presenta como una luz sin sombras, lo mismo que la democracia que de ella surgió. Puro adoctrinamiento.

En todas las escuelas del mundo se adoctrina respecto a la propia nación y en todas partes se enseña una historia amañada. En otro caso no estaríamos instalados en la mentira sistemática.

Pero es que además el PP es un defensor de las escuelas en que más se adoctrina, las regentadas por órdenes religiosas.

Siendo así las cosas, es lamentable que la izquierda no se plantee como objetivo básico la forma de contrarrestar el adoctrinamiento general que viene configurando la mentalidad de una mayoría de la población.

No estamos ya en una dictadura franquista, pero el franquismo ahí sigue

El franquismo sobrevive en el PP y se muestra en actitudes y declaraciones de sus dirigentes tan pronto se descuidan y se hacen espontáneos. También en las subvenciones públicas que conceden a asociaciones franquistas, en las continuas trabas para el cambio de nombres de calles, en la nula diligencia en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, en la oposición a que se declaren nulas las sentencias políticas del franquismo.

El franquismo sigue instalado en la policía. Ello explica el comportamiento de cierta policía política, explica en parte el exceso de celo con que guardia civil y policía nacional cumplieron órdenes el día 1 de octubre en Barcelona, y también la manifestación de odio sádico que rezuma un chat de la policía municipal de Madrid, con elogios a Hitler incluidos, episodio éste en que lo más preocupante ha sido la actitud de los sindicatos policiales (salvo Comisiones Obreras), justificando lo injustificable y atacando al policía denunciante.

En cuanto a la judicatura, Baltasar Garzón, que tiene muchos elementos de juicio, afirma que el franquismo sigue en ella. Y es natural, porque la judicatura era franquista durante la dictadura, y los jueces de aquella índole se mantuvieron tras la “modélica” Transición y han sido los encargados de controlar las oposiciones a jueces y fiscales. Se ha colado gente progresista, pero en minoría, como se aprecia en las asociaciones profesionales. Y sobre todo, los progresistas son aún menos según se asciende en el escalafón.

Por eso, aunque no es cierto que España siga siendo una dictadura franquista, exageran quienes festejan nuestra democracia y dicen que el franquismo es cosa del pasado. Nuestro régimen es una plutocracia mal disfrazada, y el franquismo es la forma básica de una extrema derecha muy extendida e influyente, y cada día menos reprimida.

¿Presos políticos o políticos presos?

Estamos viendo que en España se lleva a los tribunales, y a veces se acaba encarcelando, a personas que no han hecho otra cosa que decir algo que ha herido los sentimientos de católicos integristas, de franquistas o de víctimas del terrorismo etarra (a muchos de los cuales ofende que se intente explicar ese terrorismo por sus causas).

Siguen siendo represaliados todos los que fueron condenados por sentencias políticas del franquismo que nuestro Parlamento todavía no ha anulado.

Hay represaliados políticos en la misma judicatura. El juez Garzón es un represaliado político.

En todo caso sorprende que los que niegan que en España haya presos políticos y hablan de nuestros “políticos presos” no duden en calificar de “presos políticos” a impresentables golpistas venezolanos.

¿Respeto a la legalidad?

Mientras unos exageran al calificar la reacción del Gobierno español como propia de un Estado dictatorial, o fascista, otros hablan del imperio de la Ley y de la independencia judicial. Podemos preguntarnos si tanto unos como otros hablan en serio.

Veamos:

Los secesionistas catalanes ya sabían en qué juego andaban. Y dentro de ese juego la reacción del Gobierno (si dejamos aparte su negativa a negociar y el brutal ataque policial a pacíficos votantes), no ha sido muy distinta a la que habrían tenido otros Gobiernos europeos ante una declaración unilateral de independencia. A lo que hay que añadir que el comportamiento del bloque independentista no fue muy democrático, al perseverar en su propósito contando sólo con un 48% de votantes, marginar a la oposición, incumplir sus propias leyes y hablar como si sólo los independentistas fueran catalanes y el 52% restante no contara. Ahora parece que entonan un mea culpa.

En todo caso, mientras M.Rajoy iba por ahí, muy digno, apelando a la ley para oponerse a los independentistas, han ocurrido estas tres minucias:

-La Fiscalía Anticorrupción considera «abrumadoramente acreditada la caja B» del Partido Popular, que según ha señalado la fiscal Concepción Sabadell se nutrió de pagos realizados por empresarios como contraprestaciones a cambio de favores del partido.

-El jefe de la UDED ha afirmado en el Congreso que hay suficientes indicios de que M.Rajoy ha cobrado sobres en B.

-Y la juez de Instrucción número 32 de Madrid, Rosa María Freire, ha imputado al PP por la comisión de los delitos de daños informáticos y encubrimiento de pruebas.

Es decir, el partido que ha concurrido a las elecciones fraudulentamente, financiándolas con dinero negro, que ha incumplido leyes y preceptos constitucionales, y que ha sido calificado en los juzgados como asociación para delinquir (una especie de mafia) exige a otros puntillosamente el respeto a la legalidad. ¡Y mientras tanto M.Rajoy sigue siendo Jefe de Gobierno!

Si alguien se pregunta cómo es esto posible, hay que responderle: cuestión de fuerza. El PP tiene la fuerza que le da ser el partido más votado en nuestro triste país.

El encarcelamiento de los dirigentes del Procés no era inevitable

Aceptemos que la Ley es a veces sagrada (cuando es violada por los independentistas), y a veces no (cuando es violada por los dirigentes del PP).

Aún así, no es cierto que la actuación de la justicia contra los dirigentes independentistas haya sido la que tenía que ser. En primer lugar, la cosa no comienza cuando la jueza Carmen Lamela toma la decisión de decretar prisión preventiva incondicional, pues nuestra justicia es rogada: los jueces no actúan si no hay una petición previa (normalmente del fiscal).

Por otra parte las leyes son interpretables. Y cuando se interpretan contra la equidad, o contra el sentido común, es por la tendencia del juez, no porque sea obligado.

En este caso fue el fallecido Fiscal General, José Manuel Maza (reprobado por el Parlamento pero mantenido en su puesto a toda costa por el Gobierno del PP), el que se reservó este asunto, interponiendo las querellas y solicitando las medidas de prisión, todo ello con una celeridad impresionante teniendo en cuenta lo lenta que es nuestra justicia. ¿Obligaba la Ley a estas actuaciones? Pues no. Sin salir del escrupuloso respeto a la Ley pudo el fiscal muy bien no haber corrido tanto, no haber acusado del delito de rebelión (hay muchos ilustres juristas que creen que no se ha cometido tal delito) y no haber pedido prisión preventiva incondicional. Y la jueza pudo muy bien no haber decretado esa prisión. El magistrado del Supremo Pablo Llarena no ha aceptado la misma solicitud hecha por el mismo fiscal en relación con los mismos delitos. ¿Ha actuado este magistrado fuera de la ley?

En todo caso no ha quedado claro si fue el Gobierno quien impulsó la actuación de Maza o si, por el contrario, al Gobierno le han contrariado los efectos políticos de tal exceso de celo. Si el gobierno ha estado detrás, no cabe mayor torpeza. Si se ha sentido molesto, queda claro que la extrema derecha del PP tiene más fuerza que la aparente y que es ante esa extrema derecha ante la que Maza se quiso significar.

¿Independencia de jueces y fiscales?

Como prueba de la independencia de la justicia española apelan algunos a los altos cargos políticos del PP encarcelados o procesados, concluyendo, con hipócrita satisfacción, que la justicia es igual para todos. Pero, dejando aparte el trato de favor recibido por miembros de la familia real, o por el mismo M.Rajoy, resulta que las actuaciones contra el PP se han iniciado años más tarde de que hubiera las primeras denuncias, y cuando ya las pruebas publicadas eran tan abrumadoras que resultaba imposible seguir mirando a otra parte. Sobre todo teniendo en cuenta que los obscenos enriquecimientos se hacían públicos en momentos de angustia económica de millones de españoles.

Por poner dos ejemplos recientes: El caso Lezo se abrió tras varios años de denuncias, en los que la Fiscalía justificó su inacción con excusas impresentables. Y el comisario José Manuel Villarejo, organizador de un entramado mafioso policial-judicial, sólo ha sido imputado y encarcelado tres años después de que comenzaran los reportajes de Público, que debieron activar a la Fiscalía desde el primer momento.

Como todo el mundo sabe, Villarejo fabricaba pruebas falsas contra políticos y partidos rivales del PP (entre ellos Podemos), al tiempo que pagaba a jueces y fiscales sus intervenciones en una de sus empresas, el instituto de práctica jurídica Schola Juris. Precisamente dos de los fiscales que impartían clases en esa escuela fueron el señor Maza y Manuel Moix, cuyo nombramiento como Fiscal Jefe Anticorrupción causó gozo a Ignacio González porque de él esperaba que fuera un dique para librar a los del PP en los numerosos casos abiertos contra ellos. Moix fue mantenido por Maza contra viento y marea pese a las denuncias de la oposición, hasta que finalmente dimitió cuando se descubrió que tenía una sociedad en Panamá.

Otra prueba de la parcialidad de la fiscalía. El juicio en el que ha sido imputado el PP por la destrucción de los ordenadores de Bárcenas se sigue a instancias del Observatorio Desc y de IU, no del fiscal, sino contra su criterio, y el fiscal ha recurrido el procesamiento. Ya antes, en 2013, la jueza Esperanza Collazos se apresuró a seguir al fiscal y sobreseer el caso sin practicar diligencia alguna, y fue lo escandaloso de este hecho lo que ha obligado a la Audiencia Provincial de Madrid a reabrir el caso. Finalmente el PP ha sido imputado ¡cuatro años después de que llegara a los juzgados la denuncia! Y ahí sigue M.Rajoy, el jefe de la banda, todavía ni siquiera imputado.

Último detalle escandaloso: La magistrada Concepción Espejel, que por sus vínculos con el Partido Popular fue recusada para juzgar las piezas de la trama Gúrtel, ha sido ascendida a presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y desde ese puesto ha conseguido cambiar al tribunal que venía juzgando la primera época de Gürtel, dejando fuera del mismo a dos de los magistrados y acabando así con la mayoría que, pese a la posición contraria del fiscal, obligó a M.Rajoy a declarar como testigo.

Todo el mundo sabe que el poder político controla las altas esferas de la judicatura a través del Consejo General del Poder Judicial. Precisamente para luchar contra esta realidad se creó en 2.002 el Foro Judicial Independiente. Y los fiscales, pieza clave en la administración de justicia, están muy controlados por el poder ejecutivo y durante muchos años ha sido el PP, como lo es ahora, el partido controlador.

El astuto invento de la nación

Uno de los muchos aciertos del marxismo fue interpretar el nacionalismo como un invento de las clases dominantes con la astuta finalidad de unir a opresores y oprimidos, y llevar incluso a los oprimidos a morir en guerras de conquista enfrentados a quienes deberían ser sus aliados, los oprimidos de la nación contraria. Por ello el nacionalismo ha sido siempre el enemigo natural del internacionalismo de izquierdas, el que tenía como lema “proletarios del mundo uníos”.

Las clases dominantes llevan siglos interesadas en que la gente crea que la nación es la madre de la que sus miembros descienden y extraen su identidad como hermanos, y que quienes se declaran no nacionalistas son unos hijos desnaturalizados, unos traidores a la madre patria.

Este nacionalismo romántico tiene la ventaja de que, como cualquier religión, no es tema de discusión racional, queda recluido en el espacio sentimental, y por ello a los fieles se les llenan los ojos de lágrimas ante la bandera que representa a la nación de su alma.

Hay otro concepto de nación, éste laico, que la hace surgir de la voluntad de quienes la forman y de su compromiso de convivir bajo instituciones jurídicas comunes, de manera que la nación no es una entidad independiente de esa voluntad, sino un efecto suyo que igual que aparece puede desaparecer.

De cada uno de estos nacionalismos puede surgir un diferente tipo de independentismo.

En Cataluña los independentistas religiosos y los laicos se conciertan y suman sus argumentos. Creen los primeros que la nación irredenta sólo alcanzará su máxima plenitud histórica, cultural y lingüística en un Estado independiente. Encuentran los segundos tres motivos para la independencia: el económico (España nos roba), el sentimental (España no nos quiere) y el ético-estético (huyamos de la España del PP). De esos motivos el económico es el más fuerte, y por ello el independentismo se suele dar en territorios que disponen de una mayor riqueza que no desean compartir con vecinos más pobres dentro de un Estado común.

Los españolistas religiosos se enfrentan a ese independentismo con la ideología franquista de la España Una, Grande y Libre, y del “a por ellos”. Mientras los españolistas laicos esgrimen el motivo económico (la separación de Cataluña empobrecería a España) y el sentimental (muchos catalanes quieren seguir siendo españoles).

Si salimos de los nacionalismos y vamos a los hechos, España, Cataluña y las restantes Comunidades no son otra cosa que territorios en los que conviven personas muy diferentes en intereses, ideas y destrezas bajo el dominio de una minoría que elabora las leyes, controla el Estado y los principales mecanismos de fabricación de opiniones y deseos, y maneja todo ello en claro perjuicio de una mayoría que malvive.

¿Qué hace ahí la izquierda?

Partidos que se consideran de izquierdas, como Esquerra Republicana y la CUP, se han unido en el procés al partido de la burguesía catalana que se enriqueció con el franquismo, que nadó después en la corrupción y que recientemente ha hecho los mayores recortes en educación, sanidad y gasto social. Para esta izquierda desnortada el fervor patrio lo justifica todo, a él se supedita todo, y claro está, los catalanes que se alinean con una izquierda no independentista son enemigos, no son verdaderos catalanes, mientras que son hermanos los de la derecha independentista.

La posición de ER y de la CUP sólo se puede explicar si se toman en cuenta los sentimientos fabricados por el adoctrinamiento infantil.

Para mayor desconcierto, la independencia que se busca es ficticia.

Los independentistas quieren que, al separarse de España, Cataluña siga en Europa, pero entonces no sería independiente, estaría sometida a las normas europeas, ahora decididas por la derecha neoliberal. Y para oponerse a esa derecha, que junto con la española es el verdadero enemigo, la izquierda catalana tendrá más fuerza unida al resto de la izquierda española que en un pequeño Estado mucho más débil y controlable desde fuera. Un pequeño país que (según se propone en el documento La seguridad de la República Catalana, incautado por la Guardia Civil) tendría, a falta de ejército, que pedir la defensa del país durante diez años a la OTAN y a EEUU ofreciéndose a cambio como plataforma de intervención. ¡Pues qué bien!

El papelón del PSOE en una manifestación plagada de ultras

Entretanto el PSOE anda alegando que, cuando hay un ataque a la unidad de España y a la Constitución, tiene que cerrar filas con quienes defienden unidad y Constitución.

Palabras que mienten para encubrir la realidad: que el PSOE sigue gobernado, contra sus bases, por esa vieja guardia de oscuros intereses, los Felipe González, Alfonso Guerra y compañía, que supieron tan bien engañar al país cuando parecían héroes del izquierdismo.

Se puede estar a favor de la unidad de España (es el caso de Podemos) sin que ello obligue a alinearse con PP y Ciudadanos, pues no parece sino que el PSOE ha olvidado que el PP es el responsable de que las cosas hayan llegado a este punto, y que dentro de él domina una concepción fascistoide de la unidad de España. Por no hablar de Ciudadanos, que en este asunto se ha situado a la derecha del PP.

En la manifestación “constitucionalista” del 8 de octubre en Barcelona, el PSOE se vio, por su mala cabeza, compartiendo pancartas con personajes nada recomendables y con grupos de ultras, y ayudando a que el PP ocultara sus muchas vergüenzas bajo la bandera nacional.

Pareció en su momento que las bases del PSOE habían ganado a la vieja guardia, pero ésta ha debido ser convincente y Pedro Sánchez ya no es el que era tras su resurección. Veremos en qué se convierte pasadas las elecciones catalanas.

La vieja guardia y los medios afines proclaman que sería incalificable que el PSOE se negara a pactar con PP y Ciudadanos tras las elecciones y apoyara un gobierno de izquierdas en el que hubiera independentistas. Pero ¿qué de malo hay en ello si los independentistas renuncian a la vía unilateral y aceptan la vía constitucional?

Sería reconfortante que, dejando en segundo plano el enfrentamiento entre nacionalismos, la izquierda se uniera en Cataluña y en España para impulsar una política económica y social menos lesiva para la mayoría.

La situación de Podemos

Creo que Podemos es el partido que ha venido defendiendo la única solución razonable a este problema que, si se toma a tiempo, podrá resolverlo con Cataluña dentro de España.

Puede que ello le cueste votos dada la polarización azuzada por los dos bandos extremos. Algo que no deja de ser sorprendente dado que en las encuestas es mayoritaria la idea de que un referendum pactado es la solución.

Es cierto que Podemos tiene un problema a la hora de explicar su posición y que con frecuencia sus portavoces no encuentran las palabras más convincentes.

Tiene además otro problema. Concebido como alternativa a la forma de funcionamiento de los partidos tradicionales, en él todos sus miembros son libres de opinar, pero el ego o la torpeza de algunos les empuja a manifestar en medios hostiles su disconformidad con las decisiones que no les gustan. Deberían pensar que esos medios aprovecharán para proclamar que Podemos es una jaula de grillos.

Hay además otros comportamientos menos justificables, como el de Dante Fachín, que compara a Pablo Iglesias con Rajoy por haber dado, de conformidad con casi todos los dirigentes territoriales, la voz a los inscritos en Cataluña para que decidan las alianzas electorales. El resultado de la votación demuestra que Dante Fachín estaba actuando por su cuenta contra la mayoría de inscritos.

Pero estas situaciones son inevitables y la ventaja de Podemos es que acaban resolviéndose por decisión de los inscritos.

En todo caso la ofensiva contra este partido es permanente y exacerbada en los medios conservadores, que se quejan de la polarización y luego atacan a Podemos porque no cae en ella. Le acusan de ambigüedad, y no hay ambigüedad cuando dice “ni una cosa ni otra, sino esta tercera”. Comentan además con satisfacción esas encuestas en las que Pablo Iglesias es el líder peor valorado, sin comprender que eso no va en desdoro de Pablo Iglesias, sino de nuestra querida España, que valora por encima de Iglesias a M.Rajoy o a Albert Ribera.

Esto nos remite al punto básico: no es muy visible, ni muy efectiva la estrategia de Podemos para ir transformando, con la vista puesta en el plazo medio y largo, la ideología de la mayoría de la población, tan extraviada que valora en más a los que la esquilman y esclavizan que a los que intentan beneficiarla.

Cuatro notas para concluir

-La jueza Lamela ha recibido la Cruz de Plata del Mérito de la Guardia Civil en agradecimiento a que consideró que la agresión a un teniente y a un sargento fuera de servicio, y a sus respectivas parejas, constituye un delito de terrorismo en concurso ideal con lesiones, atentado y delito de odio, por lo que viene manteniendo en prisión preventiva desde hace más de un año a tres de los siete detenidos. La misma jueza ha recibido este año la medalla al mérito policial. Si se da por hecho que los jueces se limitan a aplicar la ley, parece que esto no debería ser un mérito premiado con medallas.

-Maza no veía ilegal que el señor Moix, Fiscal Jefe Anticorrupción, tuviera una sociedad en Panamá. Pero si eso no es ilegal, quiere decir que tenemos leyes nada respetables. Llevar una sociedad a un lejano paraíso fiscal sólo puede tener una finalidad: opacidad y evasión fiscal. ¿Quiénes han elaborado leyes que no lo persiguen y que además establecen artificios que favorecen la evasión de impuestos? Pues ya saben. Respeto a la ley.

-Naturalmente, los medios conservadores no han dado la primera página a las graves acusaciones de jueces y fiscales contra el PP, pero sí a la comparecencia de Juan Carlos Monedero en el Senado, acusado por el PP de corrupción en virtud de hechos que varias veces han sido rechazados por el Tribunal Supremo. Entretanto por ahí anda Juan Luis Cebrián anunciando una Fundación de PRISA presidida por él para garantizar la autonomía de la redacción de El País y la no ingerencia en esa autonomía. Tal Fundación, ha añadido, tendrá poder de intervención tanto en el nombramiento y cese del director como respecto a la línea editorial. O sea, que Cebrián controlará para impedir que controlen otros. Llama autonomía a la falta de autonomía y garantía de no ingerencia a la ingerencia.  Lo que les digo, mentira sistemática.

-Y para terminar un detalle que revela el desconcierto ideológico que nos envuelve: Puigdemont ve repentinamente la luz y describe a la Unión Europea como “un Club de países decadentes y obsolescentes, en el que mandan unos pocos ligados a intereses económicos cuestionables”. Al momento todos los biempensantes se le echan encima acusándole de coincidir con la extrema derecha. Como si la extrema derecha no pudiera decir verdad alguna. El problema de Puigdemont no es coincidir con la extrema derecha en ese juicio, sino haber obedecido, cuando fue Presidente, a esos “intereses económicos cuestionables” (a los que también la extrema derecha obedece).

jmchamorro@jmchamorro.info

LA CUESTIÓN CATALANA, LA DEMOCRACIA Y LA LEGALIDAD

Varias veces en este blog (septiembre de 2014, octubre de 2015) he expuesto lo que pienso del caso catalán.

Por razones alejadas del nacionalismo español deseo que Cataluña siga formando parte de España (tengo familia en Cataluña y soy de izquierdas). Pero, deseos aparte, creo que si una mayoría suficiente de catalanes quiere separarse de España se debe facilitar esa separación y tratar de reducir en lo posible el traumatismo.

No voy a repetir lo dicho en esas entradas, que lo doy por vigente y aplicable al momento presente, sino sólo aprovechar la discusión actual que de manera abrumadora tiene por motivos principales “Estado de derecho”, “democracia”, “ley”, “Constitución”, “justicia”, “tribunales”, términos en los que se plantea la cuestión tanto por parte de los dos nacionalismos en pugna como por los que, sin ser nacionalistas, quieren mediar en el conflicto. ¡Qué cansancio! En fin, que aprovecho para insistir en cuestiones que por ahora apenas tienen aceptación (y que por ello es necesario traerlas a colación una vez y otra desde los diferentes puntos de vista que la actualidad ofrece).

Democracia

Que muchos crean que vivimos en una democracia se debe a la capacidad persuasoria del Sistema, no a datos reales que puedan insertarse en una definición operativa de democracia. Identificar democracia con derecho a votar, o con Estado de Derecho, o con división de poderes, es una ingenuidad. En el capitalismo la democracia es el mero disfraz de una plutocracia populista, algo que la izquierda marxista sabe desde hace mucho tiempo y que resulta cada día más corroborado por los hechos. Entonces no tiene mucho sentido que alguien de izquierdas apele a la democracia. La derecha, crea lo que crea, está interesada en afirmar que España es una democracia. Es parte de ese juego, el de la mentira sistemática, al que están obligados los defensores del Sistema. Y lo afirman de manera tan insistente, y con tan escasa réplica, que casi todos llegan a creerlo.

Repito lo dicho otras veces: esta plutocracia populista es preferible a una dictadura como la franquista, porque, en términos de la llamada Ley de Rummel, en una dictadura hay más probabilidades de que los gobernantes asesinen a sus propios ciudadanos. Estamos, pues, en un sistema político en el que corremos menos riesgos de ser asesinados por nuestros gobernantes, sobre todo si pertenecemos a las capas de población integradas (en Estados Unidos un negro tiene 21 veces más probabilidades que un blanco de morir tiroteado por la policía, situación trasladable mutatis mutandis a los restantes países que se llaman democráticos).

Pero que vivamos con más seguridad no autoriza a hablar de democracia cuando no se cumplen sus condiciones básicas (para cuyo análisis me remito a la entrada de este blog de diciembre de 2014 No cabe democracia en el capitalismo). Lamento que la izquierda anticapitalista no se atreva a decir esto una vez y otra, pero hasta cierto punto es disculpable. Imaginen la que les caería encima si tuvieran la osadía de decir: en el capitalismo la democracia no es posible.

Legalidad

En una plutocracia que se presenta como democracia toda ley básica es necesariamente ilegítima, ya que ha de tener una finalidad contraria a la proclamada.

Lean el preámbulo de nuestra Constitución manteniendo la calma (si pueden). Lean luego que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” (artículo 1); que “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad” (artículo 31); que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo” (artículo 35); que “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” y que “los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación (artículo 47); o que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (artículo 128).

Las leyes y normas que dictan Parlamento y Gobierno están en principio sometidas a esta Constitución, pero resulta que esas normas dejan en paro, y sin vivienda, y en la pobreza o en la pobreza extrema, a millones de españoles, favorecen la especulación del suelo, aumentan las desigualdades sociales haciendo a los ricos más ricos y a los pobres mas pobres, los ricos no subordinan su riqueza al interés general, sino que la llevan a paraísos fiscales para eludir impuestos y el Gobierno les premia con una amnistía, etc., etc.

Todo esto es inevitable, porque en una plutocracia las leyes económicas son diseñadas por los bancos y las grandes compañías, y el papel de los partidos políticos del Sistema se limita a votarlas en el Parlamento. Son leyes injustas e irracionales (como el Sistema mismo), y además contrarias a la Constitución, pero se nos imponen por la fuerza de sus promotores y beneficiarios. El viejo dicho “quien hizo la ley hizo la trampa” refleja sagazmente la forma en que la oligarquía redacta las leyes a su conveniencia: adjuntando a la ley la trampa que permite al poderoso, y sólo al poderoso, eludir sus obligaciones.

De manera que la Constitución, ley de leyes que se presenta por algunos como si tuviera carácter sagrado, está llena de afirmaciones vacías que nadie cumple y que nadie toma en cuenta, salvo que se trate de legitimar o impedir algo en interés de ya saben quiénes. Y entonces el artículo que legitima es inalterable e innegociable, y el que impide es alterable al momento. En este caso ellos, ya saben quiénes, cursan la orden y los políticos disciplinados hacen el cambio en un abrir y cerrar de ojos, sin argumentar, sin discusión democrática, simplemente obedeciendo. Obedeciendo no al pueblo que dicen representar. Contra ese pueblo.

Quiere ello decir que apelar a la Constitución como si fuera una ley sagrada es oportunismo basado en una mentira.

Añádase a esto que hay situaciones en que infringir la ley es luchar por mayor libertad y mayor justicia, y aplicar la ley es oponerse al progreso.

Justicia

¿Alguien puede creer a estas alturas que los jueces y tribunales españoles son independientes e imparten justicia? Los jueces no han sido seleccionados por su integridad moral, capacidad interpretativa y sensibilidad social, ni pueden ser independientes si quieren llegar a los puestos más altos, y mal pueden impartir justicia si se ven obligados a aplicar leyes injustas.

Cuando Emilio Botín tenía un pie en la cárcel, el Tribunal Supremo se sacó de la manga la doctrina Botín, que dice que la acusación popular no vale si el fiscal o la víctima del delito no acusan. Por eso se archivó ese caso y por otras razones otros dos posteriores contra la misma persona. Ocurrió luego que, cuando interesó procesar a Atuxa, el Tribunal Supremo encontró que su doctrina Botín era un obstáculo. Solución: inventar para el caso la doctrina Atuxa. Y cuando interesó inhabilitar al Juez Garzón porque estaba metiendo las narices donde no debía, a los magistrados del Supremo no les importó quedar en evidencia ante la comunidad jurídica mundial. ¿Algún juez se ha atrevido a investigar el origen de la riqueza del rey emérito?

Eso es la justicia. El respeto y el acatamiento a las decisiones judiciales (siempre en boca de los pro-sistema) no es lo mismo que el sometimiento a las decisiones judiciales. Yo, que fui hace tiempo abogado en ejercicio y sé de lo que hablo, no respeto ni acato muchas decisiones judiciales que me parecen de una injusticia bochornosa, pero tengo que someterme a ellas. ¡Qué remedio si nada puedo hacer para evitar que se sobresean ciertas causas, que no se abran otras, o que un juez sea inhabilitado por querer hacer justicia!

Cuestión de fuerza

Así que dejémonos de cuentos. Si incumples la ley o las decisiones judiciales, por ilegítimas e injustas que sean, tienes que habértelas con la policía, los jueces, las multas o la cárcel. Tú, ciudadano normal, tienes menos fuerza que policías y jueces. Emilio Botín tenía la fuerza que le daba ser presidente del Banco Santander. Rajoy ha ganado elecciones con dinero negro producto de delitos, dirige desde hace muchos años un partido descrito en los juzgados como una especie de mafia, hay muy fundadas sospechas de que ha cobrado sobres en negro, y nada de ello le lleva a la cárcel, ni siquiera le descabalga de su puesto de jefe del Gobierno (para vergüenza de nuestro país). Está situado en una trama que le da fuerza suficiente frente a jueces y policías.

Volviendo al caso catalán con estas ideas

El origen de la situación actual

Recordemos que, cuando el 31 de julio de 2006 el PP recurrió ante el Tribunal Constitucional 114 de los 223 artículos del Estatuto de Autonomía catalán, la Abogacía del Estado puso de manifiesto que 30 de esos artículos estaban calcados en el Estatuto de Andalucía que los populares aprobaron en el Congreso y no recurrieron por creer que eran plenamente constitucionales (entre ellos los que regulan el testamento vital y el derecho a vivir con dignidad el proceso de la muerte; el Poder Judicial autonómico; el capítulo de competencias o la regulación de las cajas de ahorro). “Un precepto jurídico no puede ser constitucional e inconstitucional al mismo tiempo”, señalaba la Abogacía del Estado como crítica a la postura del Partido Popular, pero el Tribunal Constitucional, que estaba formado por seis magistrados “conservadores” y seis “progresistas” (es decir, seis nombrados por el PP y seis por el PSOE) dedicó ¡cuatro años! a deliberar, y en ese tiempo se sucedieron las tretas de PP y PSOE para conseguir mayoría de miembros. Hubo una ola de recusaciones cruzadas que dejó al tribunal con una mayoría “conservadora” de seis contra cinco. Luego vino la falta de acuerdo para cubrir la vacante por fallecimiento de un magistrado “conservador” y el cuestionamiento de la legitimidad del Tribunal porque había expirado el mandato de dos tercios de los magistrados y el bloqueo en el Senado impedía su renovación. Finalmente se alcanzó un acuerdo y el Tribunal declaró inconstitucionales 14 artículos (por ocho votos contra dos) y sujetos a la interpretación del tribunal otros 27 (por seis votos contra cuatro). Resultado: artículos que son inconstitucionales en Cataluña no lo son en Andalucía o en Baleares. ¡Viva la separación de poderes, la justicia y la coherencia!

La fuerza de los independentistas

Si todas las apelaciones al Estado de derecho, la justicia, la legalidad, la Constitución son en realidad una apelación a la fuerza (la del Sistema), nada se puede criticar a quien opone otra fuerza (para fabricar un Sistema alternativo). ¿Que los separatistas han violado la legalidad y han hecho mil disparates antidemocráticos? Pues claro, pero se han limitado a quitarse por un momento el disfraz con que cargan los políticos en el Sistema. Y las mismas violaciones y disparates han cometido quienes se sitúan enfrente (aunque esas violaciones y disparates hayan provocado menos algarabía mediática). Con la diferencia de que los independentistas han violado la legalidad porque quieren que los catalanes voten. Y el Gobierno lo ha hecho para impedir que los catalanes voten.

Pero en todo caso: hay derecho a decidir no porque sea democrático (para ejercer derechos democráticos tiene que haber democracia). Ese derecho nace de la fuerza (interior e internacional) que lo respalda. Si un 12% exige el derecho a decidir en consulta plebiscitaria estamos ante una mera apelación a un derecho inexistente. Si lo exige un 80% de la población la cosa cambia.

¿Cuánta fuerza puede considerarse suficiente para decretar la independencia? La que doblegue la fuerza de los opositores.

No cabe duda de que ponen más fuerza los fieles del nacionalismo religioso que los no creyentes. Y a esa fuerza hay que añadir la que provoca en muchos catalanes la política de Rajoy. Decenas de miles de catalanes en la calle, esa es la fuerza que a Rajoy se le atraganta.

Rajoy es un burócrata incapaz de comunicar, proponer o justificar medida política alguna. No sabe dirigirse a la población, actúa amparado en la mayoría absoluta o en pactos de conveniencia, y hace su papel a la chita callando. Él ha creado el problema catalán en su dimensión actual y no hace otra cosa que empeorarlo. Miente cada vez que habla, como corresponde a su papel, así que miente cuando dice que actúa obligado por la Constitución. ¿Le obligaba la Constitución a recurrir el Estatuto catalán? Y por otra parte hay constitucionalistas que afirman que la Constitución no impide un referendum en Cataluña. Pero aunque fuera cierto lo que Rajoy afirma, ¿qué problema hay para cambiar la Constitución? ¿Acaso no se cambió a toda prisa y con nocturnidad cuando convino?

Incapaz de hacer política, Rajoy ha diseñado una ley para que sea el Tribunal Constitucional el que le saque la castañas del fuego. Y ha actuado contra las leyes que dice defender, como ha demostrado el fiscal y magistrado emérito del Tribunal Supremo Martín Pallín. Pero su problema es que se ve obligado a defender la legalidad, y sabe que cuanto más la defienda más independentistas habrá en Cataluña (y en sus calles).

Una prueba de que estamos ante una cuestión de fuerza: Rajoy se negaba a discutir una reforma de la Constitución y ahora, a la vista de la fuerza exhibida por la otra parte, ya está dispuesto a discutir sin condiciones. Es muy diferente lo que está haciendo Rajoy de lo que haría si no tuviera una fuerza grande enfrente: en tal caso haría lo que pide el cuerpo a un nacionalista español de la España Una Grande y Libre. Eso sí, sin dejar de invocar democracia, legalidad, Constitución y bien del pueblo.

Lo deseable

Desde la izquierda lo deseable es que las clases populares de Cataluña y del resto de España se alíen contra los que dominan y explotan en Cataluña y en el resto de España. No se entiende bien la actitud de la CUP salvo pensando que sus integrantes han sido inoculados en la niñez con el virus del nacionalismo religioso, y que por ello es para la CUP más importante el proceso independentista que promover una política de izquierdas, aunque ese proceso la obligue a ir de la mano de la burguesía depredadora y antisocial de la antigua Convergencia, muy interesada en ocultar sus delitos económicos tras la bandera nacionalista.

Esto aparte, si cada acción o inacción del Gobierno aumenta el número y el empeño de los secesionistas, el independentismo perderá fuerza si el PP pierde el control de las instituciones. Esperemos que los catalanes tengan una alternativa a la opción que les propone la pregunta ideada para el referendum: independencia o seguir en la España que tenemos (que es la España gobernada por el PP). A mí me hacen esa pregunta y, si no hay otra opción, respondo: ¡Independencia, independencia!

Un principio de solución vendría, ya, si hubiera la suficiente decencia y sensatez para una moción de censura que eche a Rajoy del gobierno. Si el PSOE, enredado en sus contradicciones, no da ese paso, hay que esperar a las próximas elecciones (autonómicas y generales). Si los independentistas tuvieran mayoría suficiente, vuelta a empezar. Si en cambio se pudieran formar parlamentos y gobiernos en Cataluña y España que actuaran bajo el criterio de una política progresista, el problema catalán encontraría solución.

Primera tarea: derogar las leyes infames que todos conocemos y cambiar la ley electoral y las leyes fiscales. Con la fuerza que daría la unión de las clases progresistas catalanas con las del resto de España.

A continuación resolver de una manera equitativa y generosa la inserción de naciones y regiones en el Estado español.

 jmchamorro@jmchamorro.info

REFLEXIONES EN TORNO A LA MOCIÓN DE CENSURA

El éxito o el fracaso de la moción de censura presentada en junio por Podemos no puede medirse por el número de votos a favor, ya que el resultado de la votación era conocido de antemano. Algunos concluyen que la moción ha sido un éxito porque Podemos se ha presentado ante el país liderando a la izquierda, de lo que se espera algún efecto en las preferencias políticas de la población. Algo que se verá en elecciones futuras.

Pienso que es una lástima que no se haya aprovechado la ocasión para fines más sólidos. No ocurre todos los días que un miembro de la oposición pueda intervenir en el Parlamento sin límite de tiempo.

La moción tenía dos partes, una de crítica y otra de propuesta. La primera puede tomarse por relativamente exitosa, la segunda no tanto.

El portavoz ejemplar

La censura al PP era tarea fácil, por más que sea asombrosa la impavidez y el cinismo con que los dirigentes y parlamentarios del PP soportan acusaciones graves, y se escabullen mintiendo, sin que un sólo músculo del cuerpo denote incomodidad.

Bien es cierto que a Rajoy no se le vio relajado. Y cuando la tensión modela su rostro podría ganar un casting para el papel de usurero mezquino y cruel, pero temeroso de perder un negocio.

La “especialidad psíquica” de los del PP se aprecia en que Rafael Hernando no les provoca vergüenza, sino entusiasmo. Cuando Hernando se dirige a los parlamentarios que están a su izquierda, causan maravilla sus visajes, pero sobre todo la expresión que subyace (y que permanece cuando deja de hacerlos). En ese rostro ha quedado impreso el infinito cansancio, el desprecio, el asco insoportable de quien, por azares de la política, tiene que hablar con esta gente, o gentuza, en lugar de mandarlos a todos directamente a despiojarse.

Los hay que consideran a Rajoy un gran parlamentario. ¿En qué consiste ser un gran parlamentario? En salir con chascarrillos e ironías cuando tendría que dar explicaciones. ¡Gran parlamentario! ¡Qué país!

Hablando primero de cuestiones formales

Resulta que Irene Montero fue elegida por lo que vale, no por su relación con Pablo Iglesias. El problema que tienen mujeres jóvenes como Montero o Arrimadas es que no han llegado a la pausa. Cuando se habla en reuniones o tertulias políticas, la pausa requiere confianza en que no será aprovechada por alguien para quitarte la palabra. Sólo los que se sienten muy seguros de su predominancia hacen pausas. Por eso hacen más pausas los hombres que las mujeres. Claro que eso no da más valor a lo que dicen ellos que a lo que dicen ellas. Se puede decir algo muy interesante sin pausas. ¿Cuál es el problema? Que parece que se habla de memoria. Montero ganaría mucho si adquiriese confianza para la pausa. Arrimadas no tanto, porque a Ciudadanos le va disparar de memoria el argumentario.

En todo caso ¡que bien recitó Irene Montero la lista alfabética de casos judiciales de corrupción, algo muy difícil porque era una lista interminable! Qué sinceridad la suya cada vez que, narrando desmanes del PP, tuvo que acabar con un “¡Qué vergüenza!” mirando a la cara a los del partido corrupto.

Esto aparte, creo que su discurso estuvo por debajo de su valía. Fue demasiado largo y a veces deslavazado.

Lo mismo se puede decir de la intervención inicial de Pablo Iglesias. Puesto que ya Montero había dado buena cuenta de la corrupción del PP y del deterioro de las instituciones, Iglesias debió ahorrarse denuncias ya hechas (así como dar lecciones de historia prolijas, que pudieron resumirse en cuatro frases sin pérdida de efectividad) y dedicar todo su tiempo a presentar su programa político de manera ordenada y, sobre todo, argumentada.

Se ha dicho que ambos discursos fueron tan largos adrede, para impedir el designio de la presidenta, que puso la hora de comienzo a las nueve de la mañana para que la moción sólo durase un día. Si así fue, no creo que esa finalidad justifique discursos mal estructurados, aburridos por reiteraciones, pesados para los mismos oradores, a los que a veces se les notaba la fatiga. Poco importaría que hubieran sido largos si hubieran estado hechos con la necesaria habilidad y con la voluntad de entrar razonadamente allí donde no se entró.

Creo además que Iglesias debió ahorrarse la ironía condescendiente con que dijo a Albert Rivera que no ha leído a los autores que cita, o que sólo puede enseñar a vender productos de banca. Es cierto que Rivera parece un vendedor de feria, pero en un debate parlamentario la ironía sobra cuando se dispone de buenos argumentos. En vez de jugar a eso de “buen zasca se ha llevado”, Iglesias podría haber mostrado por qué las propuestas de Ciudadanos son contrarias al interés de la mayoría de los españoles, pero con hechos y cifras, y no con descalificaciones. Antes que decir que Ciudadanos no es otra cosa que la muleta del PP es preferible aportar hechos que lleven al oyente a pensar eso sin que se le diga.

Pasando a cuestiones sustantivas: lo que faltó en el programa de gobierno

Desde la izquierda se acusa a Iglesias de haber olvidado propuestas fundamentales y de ninguna forma radicales (Corbyn, por ejemplo, las incluyó en su programa para las elecciones británicas), como la nacionalización de sectores básicos de la economía -electricidad, transporte-, la nacionalización y el desarrollo de una banca pública (la propuesta de Podemos se limita a que Bankia se convierta en banca pública), o un salario mínimo interprofesional que sobrepase los mil euros (como en otros países europeos). Se le acusa también de no haber hecho referencia a la deuda pública ilegítima, uno de los principales lastres de nuestra economía. Estos críticos alegan que el giro pragmático de Iglesias y los suyos hacia posiciones reformistas moderadas lleva el riesgo de acabar frustrando las expectativas en sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora y la juventud.

Eché de menos una referencia a las bases americanas y al hecho de que, en contraste con los recortes en educación, sanidad y dependencia, no sólo no los haya habido en gasto militar, sino que éste haya aumentado en un 32% para satisfacer las exigencias de EEUU y la OTAN. ¿No habría que mencionar esto en un programa de gobierno? Supongo que un gobierno progresista y no acobardado se plantaría ante los actuales gobernantes de la UE (que no son Europa, sino la derecha europea) y les dejaría claro que mientras no se llegue en España a un gasto social similar a la media europea, los recortes se harán básicamente en el gasto militar, se pongan como se pongan EEUU, la OTAN y el Sursumcorda.

Ambigüedad sobre un asunto esencial

Yendo a algo más concreto, que es por otra parte el problema básico de nuestra sociedad. Me parece preocupante que Iglesias propusiera dos cosas incompatibles: “garantizar que el gasto público para educación y sanidad alcance el nivel que tenía en 2009” (Gobierno de Zapatero), y “hacer efectivo el derecho universal a la educación infantil pública y gratuita desde los cero años”. Es claro que este derecho no se puede hacer efectivo con el gasto en educación de 2009, pero sobre todo, que no “se podrá garantizar la igualdad” si ese derecho del niño no se convierte en obligación de los padres, esto es, si no se propone una educación gratuita, pública y obligatoria desde los cero años y servida por un personal especializado en psicología evolutiva.

Esta es la única forma de conseguir que todos los niños de familias con menos recursos reciban desde el comienzo de sus vidas el baño lingüístico necesario para no estar de antemano condenados al fracaso escolar.

En otro caso el derecho del niño depende de la voluntad de los padres, tanto menos preocupados cuanto más abajo se encuentran en el rango económico-cultural. Ahora bien, si esa educación se hace obligatoria y servida por especialistas, entonces el gasto social en educación ha de subir muy por encima del que había en el año 2009.

Por ello es insuficiente la propuesta de conseguir unos ingresos adicionales que no llegan a los 20.000 millones de euros. Eso de reforzar la progresividad fiscal, luchar contra el fraude, aumentar los impuestos a las grandes fortunas, incrementar la tributación sobre las rentas del capital, eliminar las SICAVS y establecer un impuesto para que las entidades bancarias rescatadas retornen a los contribuyentes el dinero del que se beneficiaron, suena bien, pero no va lejos si es para conseguir tan pobre resultado.

Por cierto, me sorprende que a Podemos no se le haya ocurrido proponer un aumento del IVA aplicable a objetos de verdadero lujo para compensar la desaparición del IVA que grava los productos que adquieren los que tienen menos renta. ¡Qué vergüenza que alguien que gana 600 euros, y aún menos, esté pagando, al gastarlos, impuestos indirectos vía IVA! Impuestos indirectos para que no sea necesario que la riqueza tribute lo debido.

Atacar al populismo en su espacio natural, la derecha

En Andalucía Ciudadanos exige al PSOE que suprima el impuesto de sucesiones, algo que puede ser aceptable si se trata de herencias pequeñas, pero no si se trata de grandes fortunas. Al mismo tiempo parece haber conseguido del PP una rebaja de impuestos que va a ocasionar una merma de 2.000 millones de euros en los recursos del Estado. Puesto que Ciudadanos no propone compensar esa disminución de ingresos con una subida de impuestos a la riqueza, esa rebaja obligará a nuevos recortes. Si a ellos se suma el aireo periódico de previsiones catastróficas sobre las pensiones, está claro lo que se pretende: que todo el mundo entre por el aro del seguro médico privado, la escuela privada y las pensiones privadas. Estados Unidos como ejemplo.

Escuchen a Arrimadas repitiendo que rebajar impuestos es bueno porque el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los españoles. ¿También de los españoles riquísimos? Pues claro. Para los neoliberales los impuestos son un robo (léase a Robert Nozick), y si se les dice que millones de españoles saldrán perjudicados por la disminución de ingresos del Estado, replicarán en público que su política acabará beneficiándolos más adelante, aunque en privado dirán: ¡Que espabilen!

Escribí en otra entrada de este blog que “populismo”, en su sentido peyorativo, es identificable con el uso de la mentira para, engañando a un pueblo malinformado, conseguir o retener un poder con el que hacer una política contra ese pueblo. Así entendido es algo consustancial con la derecha y sólo la izquierda puede eludirlo.

Comparen, por ejemplo, a Irene Montero con Inés Arrimadas o Soraya Sáenz en los tonos, los gestos y la actitud. Sólo desde la izquierda se puede transmitir impresión de honestidad y sinceridad.

Es por ello más lamentable que los de Podemos no hayan sido todavía capaces de dejar claro a todo el mundo el significado criminal de la “rebaja de impuestos” que propone la derecha, distinguiéndola muy bien de la aceptable por la izquierda: exención o rebaja para los que menos tienen unida a una fuerte subida de impuestos a la riqueza que dé como resultado final un considerable aumento de los impuestos, es decir, de los ingresos del Estado. Es como si los dirigentes de Podemos tuvieran miedo a que les llamen demagogos y populistas.

Otra cosa difícil de entender

Como es natural la derecha se defendió en la moción aludiendo a Venezuela, cosa que los de Podemos sabían de antemano.

Lean el libro editado por el teólogo Benjamín Forcano El imperio USA contra la revolución Bolivariana. La verdad silenciada o prohibida, Editorial Nueva Utopía, y ahí verán cuánto pueden decir personas respetables y bien informadas acerca de la desinformación y el nivel de mentiras que los medios españoles mantienen sobre la situación venezolana. Lean también el artículo de Roberto Montoya “Leopoldo López, un golpista consecuente” en Diario Público de 15 de julio. ¿Cómo es posible que los de Podemos carezcan de valor para explicar a los españoles malinformados qué es lo que ocurría en Venezuela hace 25 años (eso a lo que ansía volver una de las manifestantes contra Maduro), el enorme mérito de lo que hizo Chávez (que es con lo que simpatiza Podemos) y por qué está ocurriendo hoy lo que ocurre, que no todo se debe a errores de Maduro? ¿Acaso les asusta tener que denunciar a EEUU por sus injerencias en Venezuela, por ejemplo las que revela el Informe Freedom-2 del Comando Sur estadounidense? Sinceramente, no tengo claro si éste es un caso de torpeza o de miedo. No veo de qué pueda servir una actitud huidiza en este asunto en lugar de abordarlo directamente y dejar las cosas claras (y menos fáciles para el que usa el nombre de Venezuela como ataque y descalificación).

El radicalismo es compatible con el realismo

Es también sorprendente que los dirigentes de Podemos no hayan sido aún capaces de conciliar el radicalismo imprescindible con el realismo imprescindible.

Es cierto que la nacionalización de los sectores básicos de la economía, banca incluida, o la abolición de la deuda no pueden presentarse como medidas a realizar ya. Pero una cosa es limitarse a un programa socialdemócrata (no hay por ahora población dispuesta a apoyar pasos más decididos) y otra es reducir ese programa a mínimos. Y es aún más criticable que no se aproveche cada ocasión (y notable fue la de la investidura) para explicar cómo deberían ser ciertas cosas, y por qué, aunque de momento no se pueda llegar a ellas, son por completo preferibles. Poner ciertas cuestiones sobre la mesa es un primer paso para que la gente empiece a pensar y discutir sobre ellas y vaya abandonando prejuicios. Insisto en que nunca dispondrá Iglesias de tanto tiempo, ni de tanto interés en la audiencia, para explicar a la población española aspectos de la economía y la política que la conciernen y de los que no se habló.

Podría haber hecho un análisis radical de la situación (es decir, que llegara a las raíces de los problemas) y al mismo tiempo, respecto a ciertas cuestiones, reducir su compromiso político a ir poniendo los medios, desde el primer momento, para que el objetivo deseable sea accesible cuanto antes, aunque no pueda serlo ahora mismo.

En resumen, si la moción de censura era necesaria en el capítulo de denuncia y ahí cumplió su propósito, también era una ocasión para describir y proponer una sociedad menos irracional e injusta que la que sufrimos, y para exponer dónde están los obstáculos que la impiden. En este cometido creo que la moción fracasó.

No todos los votos significan lo mismo

Tras la moción de censura, el PP, partido descrito como asociación para delinquir, sigue en el poder, entre otras cosas porque ha sido el partido más votado en las últimas elecciones.

Es una obviedad que desde el punto de vista legal todos los votos son equivalentes, todos deberían valer lo mismo (que ya sabemos que no es el caso y que los del PP valen mucho más que los de Izquierda Unida). Pero desde un punto de vista cultural y social no son iguales. Los votos que van a cada opción política sirven para determinar el grado de salud o patología de una sociedad. Convendremos en que una sociedad en la que todos votaran por una opción racista, xenófoba, machista y fascista sería una sociedad enferma. Es también fácil concluir que los votos que van al PP provienen, en una parte menor, del egoísmo (le vota una minoría beneficiada por su política económica) y en una parte mayor de la ignorancia y el miedo. Sin estos dos últimos ingredientes no sería posible que votara al PP una parte de la población que es objetivamente perjudicada por su política. Por tanto en el voto al PP se vierte la patología del país descriptible con esos tres ingredientes: egoísmo, ignorancia y miedo.

Volviendo al tema de las dos Españas al que me referí en la entrada anterior de este blog, la ideología de la España enferma es una herencia del franquismo que persiste en muchas mentes: amor al orden (bajo el supuesto de que es la derecha la que lo representa), odio y temor a todo lo que está a la izquierda de la socialdemocracia (ya se sabe que el comunismo es antidemocrático y criminal, y que si llega al gobierno te puede quitar lo poco que tienes, la huerta, la tienda, la casa), indiferencia ante la corrupción (todos los partidos son corruptos y cualquiera lo sería si pudiera), admiración y respeto al que tiene el poder y lo ejerce sin miramientos, y amor a la patria entendido como nacionalismo español y odio a quien no lo comparta.

Esta ideología se asienta en ideas falsas. Fijémonos, por ejemplo, en la relación entre PP y desorden. Si el franquismo fue la causa y el caldo de cultivo de ETA por suprimir el Estatuto de Autonomía vasco, perseguir el euskera e imponer el castellano como única lengua oficial, y todo ello sin pararse ante el asesinato o la tortura, ahora el comportamiento del PP ha sido la causa y el caldo de cultivo del auge del separatismo catalán; y ha creado o amplificado las actuales tendencias al desorden en toda España, no en vano su política es la principal responsable de la pobreza de grandes masas de españoles, del aumento de las diferencias sociales, del deterioro del trabajo, pero también de las grandes ganancias de una minoría.

En resumen, la España enferma, la enfrentada al progreso cultural y moral, la que hiela el corazón del ciudadano informado y generoso, sigue viva. He ahí el verdadero problema, cuya solución debería guiar la estrategia política de la izquierda. ¿Se habló de la España enferma en la moción de censura? No se trata de criticar a los que votan al PP en su propio perjuicio, sino de rescatarles de la ignorancia y el miedo en que la derecha ha tenido buen cuidado de mantenerlos mediante un uso efectivo de los medios de comunicación y las leyes de educación.

Una última consideración

En el gran espacio que el PSOE deja a su izquierda debería situarse Podemos, y no por estrategia, sino porque es algo que necesitan quienes en su momento gritaron “¡no nos representan!”. Hacer política con un ojo en las encuestas y una calculadora para anticipar resultados electorales es una forma catastrófica para la izquierda como bien se ha ido viendo desde hace décadas.

Pero lo sería aunque condujera al éxito y al poder, porque no es eso lo que la izquierda debe buscar como fin, sólo como medio para luchar con más efectividad. No es un fin echar al PP y ocupar su puesto, sino un medio para ir generalizando en la población española autonomía y salud cívica. Pero mal se puede luchar por ese cambio cuando se da ejemplo de actitud prudente, calculadora y falta de autonomía.

Que la izquierda pierda votos cuando ha hecho lo adecuado no debe considerarse un fracaso propio, sino del país, y es algo que debe servir de acicate para estudiar mejor qué partes de la ideología de los perjudicados hay que ir cambiando, en cuáles de ellas hay que incidir y cómo.
Sin embargo perder votos cuando los dirigentes se han sometido a tácticas de politólogos y plegado a supuestas conveniencias (sólo supuestas), callando por ello, o meramente insinuando lo que habría que gritar, eso sí que es un verdadero fracaso.

Un partido de izquierdas debe ir de frente, con el orgullo de quienes, por solidarizarse con los más débiles y perjudicados, representan el progreso moral y social, sin callar por conveniencia, sin dejar de explicar lo espinoso, lo peligroso, sin ceder en la sinceridad, pase lo que pase. Y olvidarse de cosas como el sorpasso, el liderazgo de la oposición o los puestos en un futuro gobierno.

Y así, pase lo que pase, podrá imperar la tranquilidad. Sobre todo porque un fracaso en votos no es un fracaso, ni un éxito en votos un éxito. Hay fracasos electorales que encubren éxitos futuros, y éxitos electorales que encubren fracasos definitivos.

Esta visión honesta (y pienso que a largo plazo efectiva) no se puede pedir ni esperar de partidos al uso y de políticos al uso, pero debería esperarse y debería exigirse a un partido que pretende ser de izquierdas. En otro caso habrá cada vez más desilusionados que, mirando a Podemos, acaben diciendo “¡tampoco nos representan!”

Y escribo todo esto con afecto y dispuesto a votar a Podemos en las próximas elecciones.

jmchamorro@jmchamorro.info