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¿UN PACTO POR LA EDUCACIÓN?

Está ahora mucha gente dando vueltas al último informe PISA como si estableciera el nivel de la educación española. En realidad ese informe no evalúa el nivel de educación, sino el de competencias básicas sobre matemáticas, lectura y ciencias, limitadas éstas a la física, la química, la biología y las ciencias de la tierra y el espacio (a lo que se añade alguna noción de metaciencia).

Al no estar incluidas las ciencias sociales, se puede obtener la mejor puntuación en estos informes sin idea de la situación política y económica del mundo, de las condiciones necesarias para que haya democracia, de quiénes son los propietarios de los medios de comunicación privados, de por qué es progresivamente inicua la distribución de la riqueza en el mundo, de la diferencia entre economía productiva y economía financiera, de por qué las bolsas suben y bajan y con qué efectos, de cuáles son las condiciones para la igualdad de oportunidades y por qué no se cumplen, de qué es la globalización de que nos hablan y cómo habría de ser una globalización aceptable, de las diferencias entre socialdemocracia, neoliberalismo y socialismo, y así mil cosas más de conocimiento tan imprescindible, al menos, como el de la física.

Pero es que además se pueden obtener las mejores puntuaciones en las pruebas PISA siendo jóvenes insolidarios, machistas, violentos, xenófobos y con todas las deficiencias de carácter que quieran añadir. Tratan esas pruebas de medir competencias imprescindibles para la buena inserción en el mercado de trabajo (al fin y al cabo las pruebas e informes los produce la OCDE), y esto puede hacerse mejor, como en Singapur, o peor, como en España.

Pues ahí tenemos a periodistas y analistas dispuestos a proclamar que la educación del país ha mejorado si sube unas décimas la nota en ese informe, o que ha empeorado si baja. ¡Oh envidiado Singapur, nueva meta prestigiosa! ¡Oh pena de Finlandia, que ha bajado 11 puntos! Y si se habla de diferencias entre comunidades, ahí tenemos a Castilla y León admirada.

Sin embargo casi nadie hace mención al aspecto más sobresaliente de estas pruebas, que es la evidencia de que la brecha social es insalvable: los inmigrantes tienen dos veces más probabilidades de bajo rendimiento que los nativos, ¡pero los jóvenes nativos de familias con menos recursos tienen tres veces más probabilidades de fracaso escolar que los de familias con más recursos! ¡Y aquí seguimos todos tan tranquilos!

¿Qué sería un pacto aceptable por la educación?

El Congreso ha creado la subcomisión que deberá sentar las bases para un futuro Pacto de Estado Social y Político por la Educación, cuya misión es elaborar en el plazo de seis meses un informe de diagnóstico y conclusiones sobre el sistema educativo, documento que servirá de base para que el Gobierno redacte un proyecto de ley que sustituya la actual normativa y dé estabilidad a la política educativa.

Cabe decir de entrada que de ninguna manera puede mejorar la escuela española si en ese pacto, que todos dicen desear, no se integran las medidas siguientes:

a) Escolarización obligatoria de 0 a 6 años

Para que los niños de las clases económica y culturalmente pobres no lleguen a la enseñanza actualmente obligatoria con un déficit lingüístico que les predestina al fracaso escolar, son imprescindibles escuelas infantiles (no guarderías) servidas por expertos en psicología evolutiva, que proporcionen un baño lingüístico de suficiente intensidad a esos niños, siempre en permanente relación con sus familias, desde 0 a 6 años. Recordemos que la igualdad de oportunidades es condición necesaria para la mera posibilidad de democracia.

b) Personal especializado, y en número suficiente, para alumnos con deficiencias lingüísticas y con problemas de adaptación.

No se consigue la integración juntando en el aula alumnos que entienden lo que dice el profesor, o lo que está escrito en el libro de texto, con otros que no lo entienden, sea porque aún no hablan bien la lengua o por falta de conceptos. Esta situación impide que la labor pedagógica sea efectiva y perjudica a todos los alumnos, tanto a los que podrían ir a un ritmo más rápido como a los que no pueden seguir el ritmo del aula. Tampoco se consigue la integración juntando en el aula alumnos que están por la labor con otros que incumplen continuamente las normas indispensables. Pero la solución no está en echar fuera del sistema, como fracasados escolares, a los alumnos que no se adaptan a la lógica del aula, sino en conseguir que esos alumnos puedan terminar integrándose con los otros por semejanza de competencias y actitudes. Ello requiere profesores especializados, y en número suficiente para que su incidencia no sea testimonial, sino efectiva.

c) Reciclaje del profesorado y disminución de la ratio profesor-alumnos

La puesta a punto del profesorado existente, así como una nueva forma de acceder a la profesión educativa, exigen medidas como éstas:

1. Hacer permanentes a cuantos profesores lleven enseñando como interinos un número determinado de años. No tiene sentido que se les haya considerado válidos para enseñar durante esos años y no para adquirir permanencia en sus puestos. Más todavía si han aprobado oposiciones sin plaza (ya que se saca a oposición un número muy por debajo de las que habría que cubrir). Con la sensación de interinidad no cabe realizar la tarea educativa relajadamente, menos aún si a muchos de los interinos se les trata con una cicatería ofensiva, como la que consiste en contratarlos unos días después de comenzado el curso para así no pagarles las vacaciones de verano.

2. Conceder a todos los maestros y profesores años sabáticos pagados, para un reciclaje obligatorio en las Facultades de Ciencias de la Educación.

3. Nueva forma de acceder a la profesión mediante selección de aspirantes por sus conocimientos en alguna de las materias a enseñar, pero sobre todo por sus condiciones psicológicas para la enseñanza, y una posterior licenciatura propiamente pedagógica con las correspondientes prácticas.

4. Aumentar el número de profesores para que sea posible la atención sosegada a cada alumno, sin que el profesor tenga que dedicar horas de descanso y fines de semana a preparar clases o corregir ejercicios. Y para que cuando un profesor no pueda acudir al trabajo su sustitución funcione desde el primer día y no pasados 15.

d) Eliminación de las clases de religión

Sustitución por una historia de las religiones a estudiar por todos los alumnos en su sitio natural, la historia.

e) Historia contemporánea con doble enfoque

Asignatura de la historia reciente (desde mediados del siglo XIX al presente, incluida especialmente la época franquista) expuesta desde dos puntos de vista, el conservador (que es el que está en el ambiente y, por tanto, el que impera por defecto) y el marxista, a fin de que los estudiantes puedan someter a crítica cada uno de estos enfoques desde la información que proporciona el alternativo.

f) Eliminación paulatina de la escuela concertada

Crear plazas escolares en número suficiente para que toda familia pueda llevar a los hijos a escuelas públicas en las que se imparta una enseñanza bilingüe de calidad semejante a la de la mejor escuela privada, y emplear en la escuela pública el dinero del Estado que ahora va a la concertada. Sería muy razonable en tal caso que quien, teniendo plaza en la pública, quiera una enseñanza privada la pague de su bolsillo.

g) Oferta de centros de enseñanza a equipos de docentes

Concurso de centros públicos para asignarlos a equipos de profesores con un proyecto de actuación que, de ser aprobado, recibiría financiación adecuada. A cambio esos equipos estarían obligados a informar de la marcha del proyecto en la página web del centro y a rendir cuentas ante el organismo correspondiente. Sólo de esta forma algunos centros públicos podrían contar con una unidad de acción aceptada voluntariamente por los participantes, así como con una motivación suficiente para empresas que trasciendan los límites de la educación oficial. Y estos centros públicos irían marcando una pauta a la que tendrían que ir acercándose los restantes.

No habrá acuerdo

Medidas como estas no podrán introducirse en un Pacto por la educación.

La derecha alegará que no hay dinero para escolarizar de 0 a 6 años. Como además prefiere la excelencia a la equidad, buscará la solución al fracaso escolar en los llamados itinerarios tempranos, que a partir de 3º de la ESO segregan enviado a parte del alumnado fuera del camino que pasa por el bachillerato y desemboca en la Universidad. Se insistirá en que la FP es tan digna como la Universidad. Y se desconocerá que el criterio de selección no es justo, al ser dependiente del nivel de recursos familiar.

Tampoco habrá dinero para aumentar el profesorado. La derecha no está interesada en mejorar la escuela pública. Prefiere que ésta se deteriore para que prospere la privada, financiada, eso sí, con dinero público. Así que se empeñará en seguir apoyando económicamente a la educación concertada, desviando a ella recursos que la pública necesita.

Querrá también mantener la clase de religión alegando los acuerdos anticonstitucionales firmados en 1979 entre el Gobierno español y el Vaticano (que dan privilegios a la Iglesia Católica en ámbitos como la Educación, la Justicia, el Ejército y los Presupuestos), acuerdos que ni el PP ni el PSOE han querido revisar desde entonces.

Para la derecha está claro que impartir una historia sometiendo a comparación los puntos de vista conservador y marxista sería adoctrinamiento (en tanto que el predominio de una concepción  conservadora no merece sus reproches).

Por supuesto, nada de ofrecer centros a equipos de docentes dispuestos a desarrollar un buen proyecto, sólo faltaría que esos equipos fueran de izquierdas.

La escuela que deberíamos tener

Téngase en cuenta que esas medidas, que no se van a adoptar, ni siquiera nos llevarían a una buena escuela, sino sólo a mejorar la actual. Hay que insistir en que una escuela sólo es buena si los que pasan por ella adquieren:

a) Los conceptos básicos de la ciencia natural, de la formal (incluida la informática) y sobre todo de la ciencia sobre la persona y la sociedad, además de un conocimiento suficiente de metaciencia (epistemología), pero de forma que esos conocimientos no sean pauta para un examen, sino que permanezcan en la memoria a largo plazo.

b) Capacidades para el disfrute de las artes plásticas, la literatura y el cine.

c) Conocimiento de la historia relacionada con los apartados anteriores.

d) Curiosidad despierta, que motive a mantener esos conocimientos al día.

e) Pautas lingüísticas (incluidas la de hablar en público y escribir correctamente, tanto en la lengua materna como en al menos otro idioma), sociales, deportivas y artísticas. En particular conocimiento del lenguaje musical y dominio de un instrumento, con integración en al menos un coro u orquesta.

Pero sobre todo:

f) Una estructura afectiva bien dispuesta hacia los demás, que genere tendencias a la compasión, la cooperación y la ayuda mutua.

Calculen a qué distancia estamos de eso (a parecida distancia que Singapur).

Por qué esa escuela es imposible en nuestra sociedad

En otras entradas de este blog he indicado por qué este tipo de escuela, que hoy es técnicamente posible, no puede generalizarse en las sociedades capitalistas.

No se trata de que no haya dinero suficiente. Sería muy costosa, sí, pero sabemos muy bien que si esa escuela conviniera al sistema, se realizaría sin que importara su coste, se encontraría el dinero, por mucho que fuera, en un abrir y cerrar de ojos. Lo que ocurre es que una buena escuela no interesa porque la estabilidad del sistema exige como condición necesaria una mala educación. Dicho de otra forma, es funcional al sistema la ignorancia generalizada sobre cuestiones sociales básicas, la promoción de deseos egoístas y el miedo a caer o a no subir. Sólo así las tribunas políticas y los medios privados tienen fácil conseguir que la mayoría crea que cualquier alternativa a lo que hay es catastrófica, y opte por mantener lo que hay por malo que sea. Sin estas condiciones el populismo, que es la forma natural de la derecha, no sería efectivo.

El poder de las antiescuelas

La mala educación se viene realizando, lejos de la escuela, por los siguientes medios:

1. La publicidad, que es una agresiva oferta consumista pero también un eficiente mecanismo de difusión de conceptos y valores (así los resumibles en la expresión “también tú -sí, tú- puedes ser millonario y puedes tenerlo todo”, o los que llenan los anuncios dirigidos a los niños, a los jóvenes y a las mujeres).

2. El grupo de iguales y el ejemplo de jóvenes que han tenido éxito (deportistas, cantantes, modelos).

3. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión.

4. Las redes sociales.

En esta educación extraescolar, y a salvo la influencia que puedan ejercer algunas familias, el conocimiento deja de ser algo deseable. Se valora sobre todo el éxito personal en dinero y sexo interpretados desde una concepción individualista y machista.

La tarea que la izquierda posterga

La fuerza de las antiescuelas no se puede contrarrestar en la escuela pública según está diseñada, y ese diseño no va a cambiar.

Sólo la izquierda anticapitalista puede tener un interés real en que exista una buena escuela como la antes descrita, dotada del personal docente y de los medios necesarios para vencer en su espacio a las antiescuelas citadas. Si la izquierda consiguiera demostrar que esa escuela es posible, por costosa que sea, habría hecho más por la emancipación humana que realizando hasta el límite las políticas socialdemócratas, que es a lo más a que puede aspirar por la vía institucional. Pues una vez demostrado que esa escuela es posible, ni los medios ni los poderes públicos podrían refugiarse en la ficción de que hay un buen sistema de educación si sale bien puntuado en los informes PISA.

Pero mientras la derecha ha hecho todo lo necesario para que la población reciba un tipo de educación que va con sus intereses, esta cuestión nunca ha interesado de verdad a la izquierda anticapitalista.

Dos ejemplos

La fuerza que, respecto a la transformación de la gente, pueden tener iniciativas aparentemente utópicas queda ejemplificada en estos casos:

1. La Institución Libre de Enseñanza que unos profesores represaliados pusieron en pie y que se mantuvo en España de 1876 a 1936 con repercusiones que llegan hasta hoy.

2. El sistema de orquestas y coros de la Fundación Musical Simón Bolívar de Venezuela que José Antonio Abreu extendió primero por barrios pobres del país, que ha pasado luego a Bolivia, Brasil, Colombia, Suecia, Escocia y Estados Unidos, y que cuenta ya con varios cientos de miles de jóvenes músicos de barrios excluidos que se han integrado socialmente (aparte de una orquesta que da conciertos en los principales auditorios del mundo bajo la dirección de Gustavo Dudamel, surgido de ese mismo sistema de enseñanza musical).

Intentos semejantes de transformación de la sociedad civil nunca han tentado a los partidos que se han reclamado de izquierdas, absortos en la alternativa entre revolución o Parlamento.

Es mucho lo que se puede hacer lejos del Parlamento y el Gobierno

A propósito de la pugna entre Errejón e Iglesias se repite que si un partido no tiene fuerza suficiente para aspirar al gobierno queda relegado a un valor testimonial. Hay un añadido intencionado: Errejón pretende llevar a Podemos al Gobierno, mientras que Iglesias, con su radicalismo, va a convertirlo en lo que ha sido Izquierda Unida.

Pues bien: si Izquierda Unida (y antes el PCE) no hubiera estado sólo preocupada de elecciones y poderes institucionales durante los últimos 40 años, sino que hubiera realizado otras tareas que tienen que ver con la batalla ideológica (medios de comunicación, centros de investigación, escuelas, universidades populares) estaríamos ahora beneficiándonos de efectos más profundos y duraderos que los conseguidos por el PSOE desde el poder. Su valor no habría sido simplemente testimonial.

jmchamorro@jmchamorro.info

VIOLENCIAS SIN REMEDIO Y SUS CAUSAS

En los medios de comunicación se nos da cuenta del trágico goteo de asesinatos de mujeres; se nos dice que el maltrato de hijos a padres ha subido un 60% desde 2007 y que entre los detenidos por violencia en el fútbol hay personas de todas las clases, de diversas edades (desde menores de edad a personas que han pasado los cuarenta, con hijos), y tanto profesionales, como parados, ninis y hasta un guardia civil, eso sí, todos varones, muchos de ellos habituales de gimnasios. Sabemos también que la violencia en las escuelas (el acoso escolar que en ocasiones ha llevado al suicidio de la víctima) no disminuye, y es practicado tanto por chicos como por chicas. La violencia terrorista afecta a toda la población, porque se siente víctima potencial e indefensa. Y hay otras muchas clases de violencia, entre ellas la económica y la institucional (represión de la libertad ciudadana, tortura, leyes injustas, represión en las fronteras), que genera a su vez formas violentas de rebeldía política. O la internacional, en la que se encuadra la explotación de unos países por otros, la organización del genocidio por hambre y la venta de armas para provocar, mantener o resolver guerras locales.

Para solucionar un problema hay que conocer sus causas, pero en los medios de comunicación hay una tendencia muy general a tomar por causa lo que es un efecto. Si nos limitamos a la violencia ejercida por individuos, quienes conciben a la persona como dotada de un alma que elige libremente achacan la violencia a la voluntad de los violentos. Según eso, todo el que actúa violentamente pudo haber actuado de otra forma, e hizo lo que hizo porque quiso. Así por ejemplo, los dos terroristas que atentaron contra la revista satírica Charlie Hebdo eran dos fanáticos que quisieron atacar los principios que Occidente ha tratado de universalizar: democracia y libertad (en este caso la de expresión, que es la que se ha ejercido por el semanario satírico publicando caricaturas del profeta Mahoma). Está todo muy claro y no hay que buscar tres pies al gato.

Evitamos caer en esa simplificación si adoptamos una concepción científica, y entonces las cosas se nos presentan de otra forma: toda conducta “libre” viene determinada por un estado cerebral del actor, de manera que respecto a cada acción, siendo ese estado mental el que era, el sujeto no pudo hacer otra cosa que la que hizo.

Hemos entonces de preguntarnos de qué depende que, en unas circunstancias dadas, se active en el sujeto un estado mental y no otro. Y depende, evidentemente, de su historia de aprendizajes, que es la que ha ido fabricando la estructura mental de ese sujeto desde su nacimiento. La agresividad natural con que nace todo niño está a la espera de que su historial de experiencias la vaya convirtiendo en mera firmeza para defender los propios derechos o, en los casos desafortunados, en violencia agresiva.

Pero ese historial de aprendizajes no depende de la voluntad del niño, sino de lo que éste va viviendo en la familia, en la escuela y en el espacio social que le vienen impuestos, y todo ello depende a su vez, en último término, del tipo de sociedad en que vive. Esto quiere decir, ante todo, del modo de producción y distribución de la riqueza y del sistema de valores y formas de vida que ese modo impone.

Visto así el asunto no hay que dar muchos pasos para concluir que la violencia no tiene solución en una sociedad como la nuestra (y esto es algo que habitualmente se quiere ignorar).

Remedios inútiles

De poco vale vigilar al violento y hacerle difícil su conducta agresiva. Si se le impide la entrada a los campos de fútbol se evitará la violencia allí dentro, pero no fuera. Si se vigila al machista y se protege policialmente a la mujer, antes o después el violento eludirá la vigilancia y hará su voluntad. Mal remedio tiene la situación cuando los hijos maltratan a sus padres o los padres a sus hijos. ¿La educación? Los buenos consejos no tienen éxito. Respecto al terrorismo islamista no es suficiente apelar a medidas policíacas porque toda vigilancia es poca, y podemos llegar a ser tratados como si todos fuéramos sospechosos. La islamofobia sólo lleva a fabricar nuevos terroristas. ¿Y cómo evitar la violencia ejercida por los Estados cuando se supone que la ejercen para defender a sus ciudadanos?

Yendo a las causas

Para dar con el remedio más vale que nos planteemos por qué ocurre todo esto, y entonces hemos de tener en cuenta:

a) Un espacio público diseñado por la economía de mercado, en el que es inevitable que una minoría se enriquezca obscenamente a costa del resto, que su poder económico controle el funcionamiento político, que se llegue a grandes niveles de corrupción, a veces conocida, en mayor cantidad secreta, y que queden excluidos del banquete amplios grupos de la población. En tal espacio tienen poca incidencia valores como los de racionalidad, justicia, cooperación y empatía. Si además la sociedad pretende presentarse como democrática y respetuosa de los derechos humanos, está obligada a la mentira sistemática (vean si no el caso de nuestros gobernantes, de cuya boca nunca sale una verdad). Hablando del atentado contra Charlie Hebdo el primer ministro Vals ha reconocido que existe en Francia un apartheid social, territorial y étnico, y que a esta miseria se suman las discriminaciones diarias y el sentimiento de que hay ciudadanos de segunda. En los barrios de las afueras de las grandes urbes francesas la pobreza es tres veces más elevada que en el resto del país y el paro es doble, en particular entre los jóvenes, y en las denominadas Zonas Urbanas Sensibles, con 4,7 millones de habitantes, la mitad de los menores de 18 años vive bajo el umbral de la pobreza y la tasa de analfabetismo en personas de entre 18 y 29 años alcanza el 12%. ¡En Francia! En todos los países occidentales muchos niños y jóvenes están en la marginación y la pobreza mientras a su alrededor se festeja la riqueza. Para sobrevivir han de aprender a ser violentos. En La violencia y sus causas, recopilación de trabajos de científicos sociales publicada en 1981 por la Editorial de la Unesco, se reconoce la obviedad de que la paz precaria (la que consiste en mera ausencia de conflicto armado) no puede ser duradera y conduce inevitablemente a la violencia si está basada en la injusticia y la violación de los derechos humanos.

b) Una publicidad asfixiante que no se limita a la inducción al consumo, sino que actúa como antiescuela promotora de valores (exaltación del ego individualista, éxito social, riqueza y consumo por una parte, amor romántico y sexo por otra), todos ellos relacionados entre sí y con dos modelos básicos, el de macho, caracterizado por la violencia triunfante, y el de hembra, caracterizado por la deseabilidad de objeto erótico. Esta ideología es reforzada por canciones, películas, programas televisivos y juegos de ordenador. A su vez, el mito del amor enlaza con el machismo cultural que concibe al hombre como dueño de la mujer y a esta como premio o conquista, cuya infidelidad es inaceptable.

c) Un nivel alto de frustración, consecuencia de la distancia a que casi todos quedan de la satisfacción de los deseos predominantes (por ejemplo, por estar lejos de alcanzar la riqueza o porque el mito del amor incumple la promesa de felicidad que ofrece). Tal frustración es fácilmente convertible en resentimiento agresivo.

d) Un ambiente familiar que, en general, favorece y reproduce los valores dominantes, y en el que muchos niños son testigos y víctimas de violencia.

e) Una educación pública que no está concebida para la formación de ciudadanos ilustrados, benévolos y cooperativos, sino para una fallida transmisión de conocimientos, y que por ello no puede contrarrestar el efecto de las potentes antiescuelas que se le oponen. Ni siquiera puede evitar la violencia en su propio ámbito.

f) Un orden internacional resultado de la conducta depredadora de las potencias occidentales, tanto en la época del colonialismo explícito como en la presente de un colonialismo camuflado. Las intervenciones occidentales en Argelia, Siria, Irak, Libia, Túnez, Egipto, Yemen o Afganistán, el mantenimiento de dictaduras en Estados artificiales a cambio de petroleo o la incondicional defensa que Estados Unidos hace de Israel haga lo que haga contra la población palestina, de ordinario represalias que se pueden caracterizar como genocidios, otorgan a países de religión islámica el papel de colonizados y el de colonizadores a países de religión cristiana. Estas acciones agresivas y explotadoras se han llevado a cabo de ordinario en defensa de los intereses económicos y geoestratégicos de la oligarquía de Estados Unidos, pero con una Unión Europea que se pliega y colabora porque las oligarquías europeas tienen también como salvaguardia el poder militar americano. Y esos intereses, que son en su parte básica los de una minoría occidental, generan injusta pobreza en muchas zonas del mundo y, como consecuencia, guerras y terrorismo.

Estos son los ambientes en que se van modelando las mentes, y por ello los criminales violentos son personas a las que podemos considerar víctimas sociales de su papel de verdugos. Esto se ve muy claro en el caso de violencia machista. Si la mujer decide separarse (sea huyendo del maltrato, sea porque quiere vivir con otro), se activan en algunos hombres elementos semánticos que se propagan a diario. La ideología machista y un concepto fantasioso del hombre sobre sí mismo (“a mí no se me hace esto”) dan a los celos la dirección conocida: el hombre mata a la mujer y va a la cárcel, pero con la satisfacción de saber que ella “no va a ser de otro”, o mata a la mujer y luego se suicida. Esta última forma de remedio, que no suele ponderarse, da sin duda idea de que no estamos ante un problema de malvados, sino de mentes mal configuradas, algo que se aprecia aún mejor cuando un hombre asesina a sus hijos sólo para infligir un daño a la mujer que lo ha abandonado.

En cuanto al terrorismo yihadista, si las fechorías occidentales han fabricado odio contra nosotros y deseos de venganza (no hay más que ver las manifestaciones que el caso Charlie Hebdo ha provocado en países musulmanes), no debe extrañarnos que ese odio acabe haciéndonos daño.

De manera que, si no usamos el recurso de poner la causa del mal en la voluntad de los actores, sino en los escenarios sociales que los fabricaron como son, el remedio sería, claro está, eliminar esos mecanismos causales.

En este tipo de sociedad no hay remedio

Pero los elementos que promueven la violencia no pueden ser removidos en nuestro medio social. Porque veamos:

1.- La lógica de la economía de mercado aumenta necesariamente las desigualdades, con las consecuencias antes señaladas. ¿Puede esto cambiar sin que pasemos a otro modo de distribución de la riqueza? El primer ministro francés ha concluido su dictamen sobre la situación del país diciendo que hay que repensar la “ciudadanía”, pero esto es una frase vacía motivada por el atentado terrorista. Algo hay que decir. Es como cuando decían que hay que refundar el capitalismo. Ni la derecha ni la socialdemocracia han hecho algo efectivo, durante décadas, para erradicar la exclusión social. Y es que, sencillamente, en este sistema social el remedio (reparto equitativo de la riqueza y buena educación) es imposible. Se proponen medidas evasivas y todo sigue igual o empeora.

2.- Por otra parte la publicidad omnipresente se ha convertido en uno de los pilares de este sistema económico, al que es indispensable un alto e irracional nivel de consumo. De la publicidad depende que la población demande la producción compulsiva de mercancías prescindibles y de las que han de sustituir a las diseñadas con eso que se llama “obsolescencia programada”. De manera que es impensable que la publicidad se prohiba (como ocurriría en una población racionalmente organizada). Si a esto añadimos el mito de la libertad de expresión, no hay forma de acabar con el tipo de mensajes publicitarios que mejor conviene a las empresas anunciantes, ni con el tipo de programas televisivos a los que se llama basura, pero que ahí siguen con gran audiencia, ni con el tipo de juegos de ordenador más vendidos. En todos estos casos el producto tiene éxito porque se acomoda a los valores dominantes, que por este camino quedan reforzados.

3.- Para demasiados jóvenes la escuela no pasa de ser una antesala preparatoria de la inserción en la esclavitud laboral, cada vez más insegura. Y es que una sociedad elitista no puede aspirar a un buen sistema educativo por tres razones: una buena educación no puede ser promovida por un Estado elitista, porque sería su suicidio; además, contra lo que algunos conservadores dicen, sería costosísima y exigiría transferir a ella gran parte de la riqueza que está en manos privadas y que sus dueños no van a soltar; en consecuencia, la escuela no puede competir con las potentes antiescuelas que van a seguir ahí, inamovibles, por su contribución funcional al sistema. Por ello la mala educación no tiene arreglo (en España, pero tampoco en Estados Unidos, Finlandia o Alemania). Basta ver hasta qué punto el comportamiento de la mayoría de la población, en los países que se creen dotados de un buen sistema educativo, está caracterizado por tres cualidades básicas (también altamente funcionales al sistema): ignorancia, egoísmo y miedo.

4.- Instalados en esta deprimente realidad no hay forma de que disminuya el resentimiento y la violencia. En cuanto al ámbito internacional, lo hecho hasta ahora por los países occidentales de poblaciones mayoritariamente cristianas, hecho está, y siendo mucho el odio que hemos generado (y que es heredable), el problema del terrorismo contra Occidente no se puede resolver a corto plazo. Pero sería necesario cambiar de actitud con vistas al mañana (aparte de razones morales). Daríamos pasos adelante si comenzáramos por pedir perdón por nuestra conducta pasada, nos propusiéramos una enmienda sincera, que consistiría en establecer unos modos de relación internacional basados en la cooperación honesta, e indemnizáramos a los países explotados, facilitando que achicaran sus diferencias con los más ricos.

Pero no está previsto que hagamos algo de esto y ni siquiera se acepta que se hable de ello. Nos conmueve la muerte de 20 europeos, pero nos deja fríos la de miles de lejanos musulmanes inmolados a nuestros intereses. Y aunque cada cual puede exculparse pensando que no ha hecho ningún mal a nadie, hacemos el mal por omisión, al aceptar el que hacen nuestros gobernantes y al lucrarnos luego con las migajas del festín de quienes deciden y controlan esa política agresiva. Somos culpables, me incluyo, cuando hemos votado a partidos que no llevaban en su programa la condena del papel de Occidente en el mundo y la propuesta de un cambio de actitud. Los planes de Occidente diseñados por Estados Unidos seguirán teniendo en cuenta sólo factores económicos y geoestratégicos con la pretensión final de no perder puestos en el club selecto de explotadores. Se seguirán respaldando las venganzas de Israel sobre la población palestina y, en nuestro ejercicio impúdico de la mentira, seguiremos entretanto hablando de salvaguardar aquello que nos hace “mejores”: los valores de la democracia, las Instituciones del Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos. Así que el problema del terrorismo ahí seguirá y no haremos otra cosa que aumentar policías, controles y miedos.

Algo más sobre el atentado terrorista en París

Entre los muchos que han opinado sobre ese atentado, algunos han buscado la causa y la han encontrado en que los países de religión islámica no han pasado por nuestra Ilustración, que confinó la religión a la esfera privada. En consecuencia, la religión es allí más determinante y con efectos más peligrosos. Dicen otros que, fracasados en nuestros países el comunismo y el catolicismo, ha quedado el campo libre para predicadores de un dios beligerante (y de ahí que algunos de los nuestros se enrolen en el yihadismo).

En todo caso, y buscando concausas, se discute si es aceptable que una revista satírica hiera los sentimientos de millones de personas humillando o insultando a una religión, un dios o un profeta. En general predomina la defensa de la libertad de expresión y la repulsa al intento de los yihadistas de imponernos su atrasada concepción de mundo. Son mayoría los que han hecho suya la expresión Yo soy Charlie.

A mí se me ocurren estas reflexiones:

1.- Debería repugnarnos oír a cada paso la encendida defensa de la libertad de expresión por aquellos que no toleran una crítica (véase la ira de miembros del PP por un sketch de Facu Díaz sobre ese partido), pero sobre todo porque afirmar que en nuestro distinguido Occidente disfrutamos de libertad de expresión es una mentira tanto más odiosa cuando más se reitera con trémolos solemnes. Libertad de expresión quiere decir que nadie pueda ser castigado por expresar sus opiniones o creencias, pero además que los medios de comunicación estén bajo control social (no bajo control de los gobiernos ni bajo control de sus propietarios, que es como están casi todos los medios en nuestros países). Así que dejémonos de cuentos.

2.- Dicho esto, es tema a discutir si toda opinión, creencia o juicio de valor debe disfrutar del amparo de la ley o si la libertad de expresión puede y debe tener límites legales. Entre nosotros no está permitido hacer apologías de la violencia, el terrorismo o el nazismo, ni injuriar o calumniar. Tampoco se acepta que las televisiones tengan en ciertos horarios contenidos que puedan afectar al desarrollo físico, mental o moral de los menores. De manera que la libertad no es total y admite límites.

3.- ¿Sería adecuado que la ley impidiera expresamente toda crítica o expresión que pueda ofender a las religiones? Creo que no, porque si está permitido ofender a gobiernos e ideologías políticas, preservar a las religiones equivaldría a concederles una posición de sacralidad. Tampoco parece correcto prohibir expresiones que ofendan las íntimas convicciones de alguien. Es preferible que el que tiene convicciones íntimas se acostumbre a que otros las consideren dignas de crítica.

4.- ¿También dignas de burla? En otra ocasión, y en este blog, he hecho una dura crítica del papel de las religiones monoteístas y bien que me gustaría que desaparecieran del mundo. Pero no se me ocurriría ridiculizar o humillar a católicos, judíos o musulmanes con chistes o sátiras so pretexto de estar defendiendo a la Razón, atacando a la barbarie y ejercitando un sagrado derecho. Esto es una cuestión de gusto personal, pero muestra que hay razones diversas por las que puede uno negarse a proclamar “yo soy Charlie”. Para que progresen los que nos parecen atrasados de poco valen las burlas. Si algo puede valer, será apelar a la razón con argumentos pero, sobre todo, cambiar sus condiciones de vida.

5.- En cualquier caso, quien se expresa públicamente debe imponerse un autocontrol teniendo en cuenta las consecuencias, y es responsable de las previsibles (los caricaturistas y el semanario satírico no son responsables del atentado, pero sí de la ira provocada). Si a alguien se le ocurre un chiste que convierte en objeto de burla a una víctima del terrorismo, o a una mujer violada, el comportamiento correcto es abstenerse de publicarlo. El semanario francés ha publicado caricaturas no sólo de Mahoma, también del papa, pero no es asunto comparable. La cultura musulmana prohíbe las representaciones de Mahoma, nuestra cultura no tiene una prohibición equivalente. De manera que con las caricaturas de Mahoma se hace a los musulmanes un doble agravio, por la mera caricatura y además por la burla. ¿Por qué no funcionó aquí el autocontrol de los dibujantes o del semanario, sabiendo además que en muchas poblaciones musulmanas hay susceptibilidad y gran resentimiento contra nosotros? Ignoro las causas, pero creo que en el fondo hay desprecio a una cultura que consideramos inferior. ¿Se atrevería algún medio de comunicación andaluz a publicar chistes pornográficos sobre la Macarena o la Virgen del Rocío? Seguro que no y que, si lo hiciera, ni el medio ni el chistoso tendrían sitio seguro en que esconderse de la ira de innumerables devotos. No musulmanes, sino católicos.

6.- Decir que los terroristas son asesinos y no héroes sirve de poco, porque son héroes para muchos testigos. La alcaldesa de París ha reconocido que jóvenes de algunos barrios ven como héroes a los asesinos y que es preocupante que algunos liceos se hayan negado a guardar un minuto de silencio por las víctimas del atentado. Sólo queda que nos preguntemos por qué actúan así unos muchachos nacidos en Francia y educados en las escuelas francesas.

7.- Culpar a la religión choca con el hecho de que muchos practicantes del Islám no son violentos. Practicando la misma religión se da el caso de que padres de terroristas islamistas están en completo desacuerdo con lo hecho por sus hijos. Si acusamos no ya a la religión, sino al integrismo religioso, encontramos que los fanáticos cristianos son menos propensos que los musulmanes a cometer atentados sangrientos, mientras que en el pasado eran todos parecidos. En Occidente hay cristianos que odian a judíos y a musulmanes, pero con menos fuerza (hay menos motivos) y no de manera tan incondicional: a la hora de la verdad el cristiano no está por correr riesgos y el musulmán es capaz de inmolarse. Ello quiere decir que hay más coherencia en el musulmán a la hora de vivir su religión y que en el cristiano el fervor combativo propio de las religiones monoteístas, tan peligroso, se ha enfriado. ¿Se debe ello a que por nosotros ha pasado la Ilustración y por ellos no, o más bien a diferencias de desarrollo económico?

8.- La Ilustración se caracteriza, ante todo, por la confianza en la razón y en el progreso que de ella se sigue. Una consecuencia es la idea optimista de que, teniendo todos los humanos la misma razón, podemos llegar a conclusiones semejantes (esto es, a valores universales); es otra el repudio a vivir obedeciendo tradiciones irracionales (y de ahí el ataque a los dogmas religiosos y a los deberes que esos dogmas establecen, frente a los que se alza la secularización del Estado y el concepto de derechos del hombre y del ciudadano). Los ilustrados del XVIII defendieron mediante el argumento racional la igualdad, la fraternidad, la tolerancia y la libertad basada en la autonomía personal. ¿Está todo esto vigente entre nosostros, los occidentales actuales?

9.- Recordemos, por ejemplo, que para el papa anterior la Ilustración es el origen de todos los males modernos, algo comprensible dado el ataque de los ilustrados a la superstición religiosa y al dominio de las iglesias sobre la conciencia de sus fieles. Los terroristas del atentado de París eran franceses inmigrantes de segunda generación, nacidos y educados en Francia, se supone que en los valores republicanos e ilustrados. Quien apela a la Ilustración parece ignorar que una gran parte de la población occidental ni sabe qué es, ni vive sus valores, y que en los espacios públicos en que suponemos que predominan esos valores hay contradicciones profundas. Nada hay tan contrario a la Ilustración como los fanatismos, sean religiosos o políticos, y de ellos no estamos libres los occidentales. El fanatismo católico se hace presente en nuestro país cada vez que una ley no se acomoda a la moral que dictan los obispos, mientras el fanatismo político de la extrema derecha, por lo general islamófobo, está teniendo éxitos electorales en países como Austria, Francia, Grecia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Países Bajos o Suiza. Nuestra realidad es que, aunque oficialmente vivamos en Estados de Derecho comprometidos a respetar los derechos humanos, y en los que los súbditos creen haberse convertido en ciudadanos, esto no pasa de ficción mediocremente representada. La libertad basada en la autonomía y emancipación del pensamiento ¿cuántos occidentales la disfrutan? ¿Y acaso somos en Occidente libres de los poderes económicos que nos dominan desde las sombras? Los valores de igualdad y fraternidad ¿por dónde andan entre nosotros que no se los ve?

10.- Más bien las diferencias entre los fundamentalistas católicos y los musulmanes se deben a que, a partir de un nivel de desarrollo económico, al que nosotros hemos llegado y los países musulmanes no, disminuye el grado de influencia de la religión, es imposible oponerse a la emancipación de las mujeres y, aunque sea con engaños, hay que ceder a las exigencias de democratización. Nosotros hemos llegado y ellos no, pero porque hemos utilizado la fuerza contra ellos de muchas formas y hemos crecido económicamente en parte a su costa.

O sea

Maravilla ver que desfilan por los medios de comunicación expertos e intelectuales para analizar y diagnosticar problemas, hoy uno, mañana otro, pero como si fueran aislables, independientes unos de otros y todos ellos del sistema social. Con tal enfoque las soluciones que se proponen son ilusorias.

Pienso que un testigo sabio e imparcial quedaría perplejo al ver que la causa básica de casi todos los males sociales nunca se menciona. En los debates radiofónicos y televisivos y en las muchas páginas de prensa referidas a la violencia no se utiliza la palabra “capitalismo”, menos aún para afirmar algo tan elemental como esto: “en el capitalismo abandonad toda esperanza”. No cabe hacer tortillas sin romper huevos. Quien acepta este tipo de sociedad y la defiende, quien ataca a sus críticos diciendo que son antisistema y populistas, debería saber que está defendiendo no sólo una manera injusta y demencial de organizar el trabajo y la producción y de repartir la riqueza social, sino también sus consecuencias en la configuración de las mentes de la población.

Lo hasta aquí dicho no es una justificación de nada, pretende más bien aludir a causas. Desafortunadamente si alguien habla de causas se le intenta destruir acusándole en seguida de justificar el crimen. Tampoco estoy en disposición, dado lo que pienso, de condenar los actos violentos. Son muchos los que los condenan al tiempo que defienden su causa última. Me limito a lamentarlos y me parece preferible que la conclusión sea: si no quieres esto, lucha para salir del sistema social que padecemos.

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