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EL BANCO CENTRAL EUROPEO Y LA DEMOCRACIA IMPOSIBLE

Tras las últimas medidas del BCE, los comentarios publicados han sido de diferente signo, pero he echado de menos algunos que, aunque se le ocurren espontáneamente a quien usa su inteligencia con libertad, no están tan presentes en los principales medios de comunicación. Por ejemplo, los siguientes:

  1. La independencia del BCE respecto al poder político. El Banco Central Europeo, al igual que otros Bancos Centrales, tiene autonomía del poder político, es decir, actúa sin control democrático. No son muchos los que protestan por ello, pese a que nos dicen que en democracia es el pueblo a través de sus representantes el que gobierna. ¿Y no dependen muchas de las decisiones que toman los gobiernos de las decisiones que tome el BCE? El señor Draghi, su Comité Ejecutivo (él y cinco miembros más) y su Consejo de Gobierno (los anteriores más 17 gobernadores de los Bancos Centrales de la UE) deciden si una medida de la que dependen tantas cosas para tanta gente se toma o no se toma, y cuándo. El BCE sólo está obligado a presentar un informe anual hecho por expertos en vestir el santo.
  2. Independencia del poder político, pero no autonomía. Que algunos Bancos Centrales sean independientes del poder político no significa que sean autónomos. No habrá alguien tan ingenuo que crea que los detentadores del verdadero poder van a dejar que sus intereses dependan de la voluntad de un individuo y un Comité Ejecutivo. Claro que no. Han decidido que el BCE sea independientes del poder político para que pueda así actuar al servicio del poder económico sin intermediarios que en algún momento pudieran ser presionados por la opinión pública. De esta forma los poderes políticos pueden alegar que ellos no tienen nada que ver en el asunto, y el BCE no tiene por qué atender a exigencias o protestas de los que sufren las consecuencias. Sus dirigentes no se presentan a elecciones, no dependen de la voluntad popular. Redondo, ¿verdad?
  3. Golpe de gracia a la democracia. Conceder al BCE, institución que toma medidas de las que depende en buena parte la economía de la UE, independencia de los representantes del pueblo ha sido un flagrante y explícito golpe de gracia a una democracia aparente. Antes de esto decidían aparentemente los políticos elegidos, aunque de hecho decidían los dueños del dinero en el secreto de sus despachos inaccesibles. Pero los amos están tan seguros de la docilidad general que se han atrevido a salir de la sombra y gobernar directamente. Los mercados, es decir, quienes los controlan, marcan la política del BCE y otros Bancos Centrales y éstos marcan la política que realizan los políticos elegidos por el pueblo.
  4. Los autores del golpe. Pero ¿quiénes han dado ese golpe de gracia? Cuando el que acaba con la democracia es un dictador golpista la cosa está muy clara para todos. En este caso no ha sido así. ¡El golpe de mano lo han dado precisamente los políticos elegidos por el pueblo! El poder financiero impuso en Maastricht sus condiciones y los representantes del pueblo las asumieron en el Tratado.
  5. También la izquierda. No debe extrañar que hayan hecho esto los políticos de derechas (me refiero sobre todo a populares y socialdemócratas) pero difícilmente se entenderá la actitud pasiva de los partidos de izquierda. Cierto que IU, en los tiempos de Anguita, abogó por el no a Maastricht, pero nadie conocía bien el significado de la palabra “Maastricht”, y nunca fue explicado de forma que la gente lo entendiera. En realidad se usó la palabra “Maastricht” para no usar la palabra “capitalismo”. Luego el tema se olvidó. Decir no a los recortes está muy bien, pero hay que mirar más allá. La izquierda no ha usado argumentos que enseñen a la población qué son, más allá de las apariencias, el BCE y la troika.
  6. Un hecho ominoso. Las consecuencias de que todo esto sea así se pueden percibir ejemplarmente en España. Según el FMI España ha entregado a la banca casi 250.000 millones de euros (una cuarta parte del PIB) entre inyecciones de capital, avales y el coste del Sareb (banco malo).  De este importe ya se dan por perdidos cerca de 40.000 millones y se espera que sean más. Por alguna razón inexplicada, España no ha sabido hacerlo como Suecia y Noruega, que han recuperado lo que dieron a la banca, o EE UU, Reino Unido y sobre todo Hong Kong, que han hecho negocio recogiendo más de lo que dieron. Para salvar a la banca España se ha endeudado mucho más de lo que estaba. Y resulta que el BCE ha venido prestando a la banca privada a menos del 1% de interés, y luego la banca privada ha comprado deuda pública española a un interés que en ocasiones ha llegado a superar el 7%. El año pasado España tuvo que pagar por intereses de la deuda 38.590 millones (segunda partida presupuestaria tras la de pensiones), más de tres veces el importe de los recortes que se hicieron en Sanidad y Educación en 2012, estimados en 10.000 millones.
  7. Una suposición. Supongamos que, cuando la prima de riesgo era más elevada, el BCE hubiera comprado deuda española a menos del l%. No habría perdido nada, puesto que el dinero dedicado a esa compra se lo estaba dando a la banca privada a ese mismo interés. El Estado español (se puede decir lo mismo de los que estaban en parecida situación) se habría ahorrado una cantidad enorme en intereses y hubiera podido cumplir las exigencias de la troika sin necesidad de recortar en sanidad, educación y gastos sociales. Entonces ¿por qué no se ha hecho así? ¿Por qué es inaceptable que el BCE preste a los Estados en apuros directamente y no es malo que les preste indirectamente, por medio de la banca privada? Porque así lo establece el artículo 123 del Tratado de Lisboa. Podemos preguntarnos por qué los políticos redactaron ese artículo. Cuando se investiga un crimen (y aquí estamos ante un crimen) hay que buscar al culpable entre los beneficiados. Se habla del interés de Alemania en este desaguisado, y ese interés se personaliza en la señora Merkel. Pero los alemanes son tan ignorantes de lo que ocurre como los españoles (la mayoría sólo sabe aquello que le quieren contar los medios) y la señora Merkel es una mandada. La banca y las grandes empresas alemanas, que influyen decisivamente en el BCE a través del Bundesbank, son las que dictan la política alemana y la del BCE, y sí saben lo que quieren. Y lo que quieren beneficia a toda la banca de la UE, que puede hacer un gran negocio sin la menor molestia. Reciben dinero a un interés bajo y lo prestan a un interés alto. Y sin riesgo tras la modificación del artículo 135 de la Constitución: el pago a los bancos tiene prioridad incluso sobre el pago de las pensiones.
  8. Hay dinero, todo el que se quiera, para lo que conviene. Pero no nos quedemos en la “imposible” compra de deuda soberana por el BCE. Como dije en una entrada anterior, las cosas se pudieron hacer de una forma muy distinta si las medidas no hubieran estado inspiradas por los grandes poderes financieros. Bien se ve que hay dinero cuando interesa que lo haya. De momento Draghi pone sobre la mesa 600.000 millones de euros, y se anuncia que puede añadir un billón si más adelante es necesario. Los bancos centrales  de EE UU, Reino Unido y Japón han tomado medidas más fuertes. En estos años la Reserva Federal ha pasado de los 800.000 millones de dólares a cuatro billones, el Banco de Japón ha duplicado la cantidad europea y el Banco de Inglaterra ha comprado activos por un importe equivalente a más del 20% del PIB. Y les va mejor que a la UE. Pues bien, con la cantidad de dinero que ahora se saca de la manga el BCE se podía haber salvado a los bancos, pero para nacionalizarlos (y no temporalmente, como se ha hecho en España con Bankia, BMN, Catalunya Banc y NCG, sino definitivamente, por la buena razón de que como banca privada han funcionado peor que mal, han provocado esta crisis de la que no salimos). Tras la exigencia de responsabilidades económicas y penales a los culpables se habrían podido reestablecer líneas de crédito a familias y empresas, algo que bien se ve que no interesa a la banca privada, que prefiere tener el dinero depositado en el BCE. Los bancos privados europeos difícilmente van a aumentar su cartera de créditos pensando en el beneficio general. Para eso tendrían que ser entidades públicas.
  9. ¿Se está luchando contra el paro? El dinero que ahora se pone en juego habría servido además para ayudar a las familias en apuros y para incentivar el empleo sin tocar las condiciones laborales, esto es, sin fiar la recuperación económica a reformas que acaban con la dignidad y el bienestar de los trabajadores y que bien se ve que no están sirviendo de mucho. El empleo sólo se creará cuando haya demanda que aliente a las empresas, y no se va a crear más porque se haya despojado a los trabajadores de sus derechos y de parte de sus salarios, más bien por esto disminuye la demanda de bienes y servicios. La Banca dice que el crédito no se reactiva porque las empresas que lo piden no tienen suficiente solvencia, pero difícilmente va a haber demanda solvente si las expectativas de negocio son bajas. A ello hay que añadir que la situación de los trabajadores tras la reforma hace que la actividad económica se desarrolle en un ambiente de inestabilidad social y de falta de estímulo para un trabajo bien hecho.
  10. Cobardía. ¿Y por qué nuestros gobernantes no exigieron a la UE medidas tan razonables e imprescindibles como las que acabo de señalar? No imagino a Zapatero o a Rajoy pidiendo la nacionalización de la banca europea, por supuesto. Pero al menos, cuando la prima de riesgo estaba por las nubes, podían haber exigido (no meramente pedido) que el BCE comprara deuda pública al mismo interés que pedía por el dinero entregado a la banca privada. ¡Pues no! Acobardados y sumisos, han hecho todo lo que se les ordenaba desde instancias no democráticas, y cosas tan bochornosas como la modificación de la Constitución.
  11. ¿Se podía exigir? Dirán muchos que no puede poner condiciones el que está siendo salvado de su propia quiebra. ¡Cuentos chinos! Cuando la inacción del BCE conviene (¿adivinan a quiénes?) se  justifica apelando a normas que limitan sus funciones. Pero cuando ha convenido (a los mismos) el Banco se ha saltado a la torera las normas y ha adoptado las medidas que no podía adoptar. Mediante compras de bonos en el mercado secundario y barras libres de liquidez a la banca privada, ha intervenido en un intento (por lo general fallido) de evitar la crisis del euro, estabilizar las primas de riesgo, estimular la economía, salvar a los bancos privados y facilitar la vuelta del crédito. Ahora, con la anunciada compra de activos, se prepara para evitar la deflación, o para combatirla si llega. Aún más. Saliéndose de sus atribuciones el BCE ha tomado decisiones políticas muy polémicas, como formar parte de la troika que impone a los Estados intervenidos (Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre, y también a Italia y España) los recortes, las privatizaciones, las devaluaciones internas y las reformas laborales; y también ha enviado cartas clandestinas a los jefes de gobierno de Italia y España con exigencias impropias (que por cierto se cumplieron dócilmente). Ha actuado no ya como una mera entidad política, que no lo es según sus estatutos, sino como una autoridad dictatorial. Quiero decir que no es cierto que algo no se pueda hacer. Según y cómo.
  12. Para exigir algo razonable hay que tener convicción y valentía. A Zapatero y Rajoy les ha faltado, eso es algo evidente. Pudieron cerrarse en banda y amenazar con romper la baraja si el juego iba a ser el antes descrito. En 2011 Francia era partidaria de que el BCE, como hace la Reserva Federal, comprara deuda pública, pero Alemania se resistía por el momento. Si nuestros gobernantes se hubieran plantado habrían puesto a la UE contra las cuerdas, habrían tenido el apoyo del pueblo y se habrían salido con la suya. Los poderosos saben que sólo pueden apretar mientras los demás se dejan. Y saben cuándo tienen que dar marcha atrás. El hundimiento de España habría causado el de la UE y para evitarlo la UE hubiera hecho lo necesario, por supuesto, autorizar al BCE a comprar deuda pública, aumentar los plazos para la reducción de la deuda y no exigir otros recortes que los de gastos injustificables.
  13. La pasividad de la población.  Lo más triste es que si la izquierda hubiera salido a protestar contra el BCE y la troika, no la hubiera seguido mucha gente a la calle, ni hubiera contado con un apoyo masivo en las urnas. Los primeros teóricos de “nuestra democracia” consideraban muy peligroso dar derecho a voto a todo el mundo, pues siendo los pobres mayoría podrían acabar legislando contra la propiedad. Poco a poco acabaron tranquilizándose, al comprobar que  la gente no es peligrosa, se le puede hacer daño sin que ella note de dónde le llega. La mayoría no entiende de qué van estas cosas, así que quienes las diseñan se sienten tranquilos. Pregunten a la gente si considera que traicionaron a la democracia los políticos que decidieron que el BCE (y otros bancos centrales) sean independientes del poder político. En último caso siempre se puede evitar la rebelión asustando al personal con vaticinios de esos gurús a los que se llama economistas. Ellos nos dicen en cada momento cuál es el único camino por el que podemos transitar si queremos evitar el desastre, y los políticos en el poder asienten y repiten. Y siempre es falso que sea el único camino, incluso es falso que ellos sepan por dónde se debe transitar. Sólo saben por dónde interesa a sus amos que se transite. ¡Ilustres profesores de Universidad y premios Nobel de economía!
  14. A las cosas por su nombre. Puesto que sólo el populista se atreve a decir ciertas verdades, de algo nos ha de valer ser populistas: desconfíen de los políticos que se llevan bien con los banqueros. Si fueran honrados estarían como mínimo tomando medidas que pondrían a la banca de los nervios, la soliviantarían y la harían salir de sus casillas. Los políticos que llegan al Parlamento sabrán por qué traicionan a sus votantes y legislan contra ellos. Nosotros sabemos que sus partidos deben dinero a la banca, sí, y que hay puertas giratorias, claro, y que es natural temer al verdadero poder, que lo mismo proporciona gratificaciones muy golosas que castigos muy mortificantes, y también que la izquierda no quiere pasar por populista, radical o antisistema porque teme un perjuicio electoral. Al fin y al cabo es explicable que nuestros políticos legislen y gobiernen para una minoría y contra casi todos.
  15. ¿Qué se dice en los sitios serios? Como los principales medios de comunicación no son populistas, no esperen encontrar en ellos este tipo de análisis. Algunos comentaristas han dicho que, aunque más vale tarde que nunca, las medidas del BCE han llegado, como en otras ocasiones, demasiado tarde, y son  demasiado poco para evitar los muchos sufrimientos que está padeciendo una gran parte de la población de los países del Sur. Han añadido que este “poco y tarde” aumenta la probabilidad de que la prima de riesgo suba para estos países. En definitiva, estas medidas sólo serían, a la postre, unas muletas para la banca hasta que sea capaz de recuperarse por sí misma y de prestar. Otros se inquietan ante el anuncio de que, si es necesario, el BCE comprará activos, pues interpretan que, si hasta el Bundesbank admite esta posibilidad, es posible que en las alturas se conozcan indicios de que estamos en una situación más peligrosa de lo que se dice. Por lo demás, aunque estas medidas se han tomado por unanimidad dentro del BCE, la patronal bancaria germana ha acusado a Draghi de “expropiar a los ahorradores alemanes” y de desincentivar las reformas en el Sur (reformas que se supone han de sacar al Sur del despilfarro y devolverle al buen comportamiento que caracteriza al Norte).  Se hacen previsiones de todo signo, pero no sirven de mucho. Hace cinco años se predijo que las medidas excepcionales que se tomaron entonces provocarían un incremento exorbitante de los precios, y resulta que la inflación está por debajo del 2%, es decir, por debajo de lo que se considera necesario. No faltan los que afirman que Mario Draghi, no decepcionó, y que ha dado su tercer golpe en dos años y medio. Llegan a denominarle el “mago Merlín” de Fráncfort, el “Miguel Ángel” de los banqueros centrales y el “Super Mario”.  ¡Pues muy bien!