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REFLEXIONES EN TORNO A LA MOCIÓN DE CENSURA

El éxito o el fracaso de la moción de censura presentada en junio por Podemos no puede medirse por el número de votos a favor, ya que el resultado de la votación era conocido de antemano. Algunos concluyen que la moción ha sido un éxito porque Podemos se ha presentado ante el país liderando a la izquierda, de lo que se espera algún efecto en las preferencias políticas de la población. Algo que se verá en elecciones futuras.

Pienso que es una lástima que no se haya aprovechado la ocasión para fines más sólidos. No ocurre todos los días que un miembro de la oposición pueda intervenir en el Parlamento sin límite de tiempo.

La moción tenía dos partes, una de crítica y otra de propuesta. La primera puede tomarse por relativamente exitosa, la segunda no tanto.

El portavoz ejemplar

La censura al PP era tarea fácil, por más que sea asombrosa la impavidez y el cinismo con que los dirigentes y parlamentarios del PP soportan acusaciones graves, y se escabullen mintiendo, sin que un sólo músculo del cuerpo denote incomodidad.

Bien es cierto que a Rajoy no se le vio relajado. Y cuando la tensión modela su rostro podría ganar un casting para el papel de usurero mezquino y cruel, pero temeroso de perder un negocio.

La “especialidad psíquica” de los del PP se aprecia en que Rafael Hernando no les provoca vergüenza, sino entusiasmo. Cuando Hernando se dirige a los parlamentarios que están a su izquierda, causan maravilla sus visajes, pero sobre todo la expresión que subyace (y que permanece cuando deja de hacerlos). En ese rostro ha quedado impreso el infinito cansancio, el desprecio, el asco insoportable de quien, por azares de la política, tiene que hablar con esta gente, o gentuza, en lugar de mandarlos a todos directamente a despiojarse.

Los hay que consideran a Rajoy un gran parlamentario. ¿En qué consiste ser un gran parlamentario? En salir con chascarrillos e ironías cuando tendría que dar explicaciones. ¡Gran parlamentario! ¡Qué país!

Hablando primero de cuestiones formales

Resulta que Irene Montero fue elegida por lo que vale, no por su relación con Pablo Iglesias. El problema que tienen mujeres jóvenes como Montero o Arrimadas es que no han llegado a la pausa. Cuando se habla en reuniones o tertulias políticas, la pausa requiere confianza en que no será aprovechada por alguien para quitarte la palabra. Sólo los que se sienten muy seguros de su predominancia hacen pausas. Por eso hacen más pausas los hombres que las mujeres. Claro que eso no da más valor a lo que dicen ellos que a lo que dicen ellas. Se puede decir algo muy interesante sin pausas. ¿Cuál es el problema? Que parece que se habla de memoria. Montero ganaría mucho si adquiriese confianza para la pausa. Arrimadas no tanto, porque a Ciudadanos le va disparar de memoria el argumentario.

En todo caso ¡que bien recitó Irene Montero la lista alfabética de casos judiciales de corrupción, algo muy difícil porque era una lista interminable! Qué sinceridad la suya cada vez que, narrando desmanes del PP, tuvo que acabar con un “¡Qué vergüenza!” mirando a la cara a los del partido corrupto.

Esto aparte, creo que su discurso estuvo por debajo de su valía. Fue demasiado largo y a veces deslavazado.

Lo mismo se puede decir de la intervención inicial de Pablo Iglesias. Puesto que ya Montero había dado buena cuenta de la corrupción del PP y del deterioro de las instituciones, Iglesias debió ahorrarse denuncias ya hechas (así como dar lecciones de historia prolijas, que pudieron resumirse en cuatro frases sin pérdida de efectividad) y dedicar todo su tiempo a presentar su programa político de manera ordenada y, sobre todo, argumentada.

Se ha dicho que ambos discursos fueron tan largos adrede, para impedir el designio de la presidenta, que puso la hora de comienzo a las nueve de la mañana para que la moción sólo durase un día. Si así fue, no creo que esa finalidad justifique discursos mal estructurados, aburridos por reiteraciones, pesados para los mismos oradores, a los que a veces se les notaba la fatiga. Poco importaría que hubieran sido largos si hubieran estado hechos con la necesaria habilidad y con la voluntad de entrar razonadamente allí donde no se entró.

Creo además que Iglesias debió ahorrarse la ironía condescendiente con que dijo a Albert Rivera que no ha leído a los autores que cita, o que sólo puede enseñar a vender productos de banca. Es cierto que Rivera parece un vendedor de feria, pero en un debate parlamentario la ironía sobra cuando se dispone de buenos argumentos. En vez de jugar a eso de “buen zasca se ha llevado”, Iglesias podría haber mostrado por qué las propuestas de Ciudadanos son contrarias al interés de la mayoría de los españoles, pero con hechos y cifras, y no con descalificaciones. Antes que decir que Ciudadanos no es otra cosa que la muleta del PP es preferible aportar hechos que lleven al oyente a pensar eso sin que se le diga.

Pasando a cuestiones sustantivas: lo que faltó en el programa de gobierno

Desde la izquierda se acusa a Iglesias de haber olvidado propuestas fundamentales y de ninguna forma radicales (Corbyn, por ejemplo, las incluyó en su programa para las elecciones británicas), como la nacionalización de sectores básicos de la economía -electricidad, transporte-, la nacionalización y el desarrollo de una banca pública (la propuesta de Podemos se limita a que Bankia se convierta en banca pública), o un salario mínimo interprofesional que sobrepase los mil euros (como en otros países europeos). Se le acusa también de no haber hecho referencia a la deuda pública ilegítima, uno de los principales lastres de nuestra economía. Estos críticos alegan que el giro pragmático de Iglesias y los suyos hacia posiciones reformistas moderadas lleva el riesgo de acabar frustrando las expectativas en sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora y la juventud.

Eché de menos una referencia a las bases americanas y al hecho de que, en contraste con los recortes en educación, sanidad y dependencia, no sólo no los haya habido en gasto militar, sino que éste haya aumentado en un 32% para satisfacer las exigencias de EEUU y la OTAN. ¿No habría que mencionar esto en un programa de gobierno? Supongo que un gobierno progresista y no acobardado se plantaría ante los actuales gobernantes de la UE (que no son Europa, sino la derecha europea) y les dejaría claro que mientras no se llegue en España a un gasto social similar a la media europea, los recortes se harán básicamente en el gasto militar, se pongan como se pongan EEUU, la OTAN y el Sursumcorda.

Ambigüedad sobre un asunto esencial

Yendo a algo más concreto, que es por otra parte el problema básico de nuestra sociedad. Me parece preocupante que Iglesias propusiera dos cosas incompatibles: “garantizar que el gasto público para educación y sanidad alcance el nivel que tenía en 2009” (Gobierno de Zapatero), y “hacer efectivo el derecho universal a la educación infantil pública y gratuita desde los cero años”. Es claro que este derecho no se puede hacer efectivo con el gasto en educación de 2009, pero sobre todo, que no “se podrá garantizar la igualdad” si ese derecho del niño no se convierte en obligación de los padres, esto es, si no se propone una educación gratuita, pública y obligatoria desde los cero años y servida por un personal especializado en psicología evolutiva.

Esta es la única forma de conseguir que todos los niños de familias con menos recursos reciban desde el comienzo de sus vidas el baño lingüístico necesario para no estar de antemano condenados al fracaso escolar.

En otro caso el derecho del niño depende de la voluntad de los padres, tanto menos preocupados cuanto más abajo se encuentran en el rango económico-cultural. Ahora bien, si esa educación se hace obligatoria y servida por especialistas, entonces el gasto social en educación ha de subir muy por encima del que había en el año 2009.

Por ello es insuficiente la propuesta de conseguir unos ingresos adicionales que no llegan a los 20.000 millones de euros. Eso de reforzar la progresividad fiscal, luchar contra el fraude, aumentar los impuestos a las grandes fortunas, incrementar la tributación sobre las rentas del capital, eliminar las SICAVS y establecer un impuesto para que las entidades bancarias rescatadas retornen a los contribuyentes el dinero del que se beneficiaron, suena bien, pero no va lejos si es para conseguir tan pobre resultado.

Por cierto, me sorprende que a Podemos no se le haya ocurrido proponer un aumento del IVA aplicable a objetos de verdadero lujo para compensar la desaparición del IVA que grava los productos que adquieren los que tienen menos renta. ¡Qué vergüenza que alguien que gana 600 euros, y aún menos, esté pagando, al gastarlos, impuestos indirectos vía IVA! Impuestos indirectos para que no sea necesario que la riqueza tribute lo debido.

Atacar al populismo en su espacio natural, la derecha

En Andalucía Ciudadanos exige al PSOE que suprima el impuesto de sucesiones, algo que puede ser aceptable si se trata de herencias pequeñas, pero no si se trata de grandes fortunas. Al mismo tiempo parece haber conseguido del PP una rebaja de impuestos que va a ocasionar una merma de 2.000 millones de euros en los recursos del Estado. Puesto que Ciudadanos no propone compensar esa disminución de ingresos con una subida de impuestos a la riqueza, esa rebaja obligará a nuevos recortes. Si a ellos se suma el aireo periódico de previsiones catastróficas sobre las pensiones, está claro lo que se pretende: que todo el mundo entre por el aro del seguro médico privado, la escuela privada y las pensiones privadas. Estados Unidos como ejemplo.

Escuchen a Arrimadas repitiendo que rebajar impuestos es bueno porque el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los españoles. ¿También de los españoles riquísimos? Pues claro. Para los neoliberales los impuestos son un robo (léase a Robert Nozick), y si se les dice que millones de españoles saldrán perjudicados por la disminución de ingresos del Estado, replicarán en público que su política acabará beneficiándolos más adelante, aunque en privado dirán: ¡Que espabilen!

Escribí en otra entrada de este blog que “populismo”, en su sentido peyorativo, es identificable con el uso de la mentira para, engañando a un pueblo malinformado, conseguir o retener un poder con el que hacer una política contra ese pueblo. Así entendido es algo consustancial con la derecha y sólo la izquierda puede eludirlo.

Comparen, por ejemplo, a Irene Montero con Inés Arrimadas o Soraya Sáenz en los tonos, los gestos y la actitud. Sólo desde la izquierda se puede transmitir impresión de honestidad y sinceridad.

Es por ello más lamentable que los de Podemos no hayan sido todavía capaces de dejar claro a todo el mundo el significado criminal de la “rebaja de impuestos” que propone la derecha, distinguiéndola muy bien de la aceptable por la izquierda: exención o rebaja para los que menos tienen unida a una fuerte subida de impuestos a la riqueza que dé como resultado final un considerable aumento de los impuestos, es decir, de los ingresos del Estado. Es como si los dirigentes de Podemos tuvieran miedo a que les llamen demagogos y populistas.

Otra cosa difícil de entender

Como es natural la derecha se defendió en la moción aludiendo a Venezuela, cosa que los de Podemos sabían de antemano.

Lean el libro editado por el teólogo Benjamín Forcano El imperio USA contra la revolución Bolivariana. La verdad silenciada o prohibida, Editorial Nueva Utopía, y ahí verán cuánto pueden decir personas respetables y bien informadas acerca de la desinformación y el nivel de mentiras que los medios españoles mantienen sobre la situación venezolana. Lean también el artículo de Roberto Montoya “Leopoldo López, un golpista consecuente” en Diario Público de 15 de julio. ¿Cómo es posible que los de Podemos carezcan de valor para explicar a los españoles malinformados qué es lo que ocurría en Venezuela hace 25 años (eso a lo que ansía volver una de las manifestantes contra Maduro), el enorme mérito de lo que hizo Chávez (que es con lo que simpatiza Podemos) y por qué está ocurriendo hoy lo que ocurre, que no todo se debe a errores de Maduro? ¿Acaso les asusta tener que denunciar a EEUU por sus injerencias en Venezuela, por ejemplo las que revela el Informe Freedom-2 del Comando Sur estadounidense? Sinceramente, no tengo claro si éste es un caso de torpeza o de miedo. No veo de qué pueda servir una actitud huidiza en este asunto en lugar de abordarlo directamente y dejar las cosas claras (y menos fáciles para el que usa el nombre de Venezuela como ataque y descalificación).

El radicalismo es compatible con el realismo

Es también sorprendente que los dirigentes de Podemos no hayan sido aún capaces de conciliar el radicalismo imprescindible con el realismo imprescindible.

Es cierto que la nacionalización de los sectores básicos de la economía, banca incluida, o la abolición de la deuda no pueden presentarse como medidas a realizar ya. Pero una cosa es limitarse a un programa socialdemócrata (no hay por ahora población dispuesta a apoyar pasos más decididos) y otra es reducir ese programa a mínimos. Y es aún más criticable que no se aproveche cada ocasión (y notable fue la de la investidura) para explicar cómo deberían ser ciertas cosas, y por qué, aunque de momento no se pueda llegar a ellas, son por completo preferibles. Poner ciertas cuestiones sobre la mesa es un primer paso para que la gente empiece a pensar y discutir sobre ellas y vaya abandonando prejuicios. Insisto en que nunca dispondrá Iglesias de tanto tiempo, ni de tanto interés en la audiencia, para explicar a la población española aspectos de la economía y la política que la conciernen y de los que no se habló.

Podría haber hecho un análisis radical de la situación (es decir, que llegara a las raíces de los problemas) y al mismo tiempo, respecto a ciertas cuestiones, reducir su compromiso político a ir poniendo los medios, desde el primer momento, para que el objetivo deseable sea accesible cuanto antes, aunque no pueda serlo ahora mismo.

En resumen, si la moción de censura era necesaria en el capítulo de denuncia y ahí cumplió su propósito, también era una ocasión para describir y proponer una sociedad menos irracional e injusta que la que sufrimos, y para exponer dónde están los obstáculos que la impiden. En este cometido creo que la moción fracasó.

No todos los votos significan lo mismo

Tras la moción de censura, el PP, partido descrito como asociación para delinquir, sigue en el poder, entre otras cosas porque ha sido el partido más votado en las últimas elecciones.

Es una obviedad que desde el punto de vista legal todos los votos son equivalentes, todos deberían valer lo mismo (que ya sabemos que no es el caso y que los del PP valen mucho más que los de Izquierda Unida). Pero desde un punto de vista cultural y social no son iguales. Los votos que van a cada opción política sirven para determinar el grado de salud o patología de una sociedad. Convendremos en que una sociedad en la que todos votaran por una opción racista, xenófoba, machista y fascista sería una sociedad enferma. Es también fácil concluir que los votos que van al PP provienen, en una parte menor, del egoísmo (le vota una minoría beneficiada por su política económica) y en una parte mayor de la ignorancia y el miedo. Sin estos dos últimos ingredientes no sería posible que votara al PP una parte de la población que es objetivamente perjudicada por su política. Por tanto en el voto al PP se vierte la patología del país descriptible con esos tres ingredientes: egoísmo, ignorancia y miedo.

Volviendo al tema de las dos Españas al que me referí en la entrada anterior de este blog, la ideología de la España enferma es una herencia del franquismo que persiste en muchas mentes: amor al orden (bajo el supuesto de que es la derecha la que lo representa), odio y temor a todo lo que está a la izquierda de la socialdemocracia (ya se sabe que el comunismo es antidemocrático y criminal, y que si llega al gobierno te puede quitar lo poco que tienes, la huerta, la tienda, la casa), indiferencia ante la corrupción (todos los partidos son corruptos y cualquiera lo sería si pudiera), admiración y respeto al que tiene el poder y lo ejerce sin miramientos, y amor a la patria entendido como nacionalismo español y odio a quien no lo comparta.

Esta ideología se asienta en ideas falsas. Fijémonos, por ejemplo, en la relación entre PP y desorden. Si el franquismo fue la causa y el caldo de cultivo de ETA por suprimir el Estatuto de Autonomía vasco, perseguir el euskera e imponer el castellano como única lengua oficial, y todo ello sin pararse ante el asesinato o la tortura, ahora el comportamiento del PP ha sido la causa y el caldo de cultivo del auge del separatismo catalán; y ha creado o amplificado las actuales tendencias al desorden en toda España, no en vano su política es la principal responsable de la pobreza de grandes masas de españoles, del aumento de las diferencias sociales, del deterioro del trabajo, pero también de las grandes ganancias de una minoría.

En resumen, la España enferma, la enfrentada al progreso cultural y moral, la que hiela el corazón del ciudadano informado y generoso, sigue viva. He ahí el verdadero problema, cuya solución debería guiar la estrategia política de la izquierda. ¿Se habló de la España enferma en la moción de censura? No se trata de criticar a los que votan al PP en su propio perjuicio, sino de rescatarles de la ignorancia y el miedo en que la derecha ha tenido buen cuidado de mantenerlos mediante un uso efectivo de los medios de comunicación y las leyes de educación.

Una última consideración

En el gran espacio que el PSOE deja a su izquierda debería situarse Podemos, y no por estrategia, sino porque es algo que necesitan quienes en su momento gritaron “¡no nos representan!”. Hacer política con un ojo en las encuestas y una calculadora para anticipar resultados electorales es una forma catastrófica para la izquierda como bien se ha ido viendo desde hace décadas.

Pero lo sería aunque condujera al éxito y al poder, porque no es eso lo que la izquierda debe buscar como fin, sólo como medio para luchar con más efectividad. No es un fin echar al PP y ocupar su puesto, sino un medio para ir generalizando en la población española autonomía y salud cívica. Pero mal se puede luchar por ese cambio cuando se da ejemplo de actitud prudente, calculadora y falta de autonomía.

Que la izquierda pierda votos cuando ha hecho lo adecuado no debe considerarse un fracaso propio, sino del país, y es algo que debe servir de acicate para estudiar mejor qué partes de la ideología de los perjudicados hay que ir cambiando, en cuáles de ellas hay que incidir y cómo.
Sin embargo perder votos cuando los dirigentes se han sometido a tácticas de politólogos y plegado a supuestas conveniencias (sólo supuestas), callando por ello, o meramente insinuando lo que habría que gritar, eso sí que es un verdadero fracaso.

Un partido de izquierdas debe ir de frente, con el orgullo de quienes, por solidarizarse con los más débiles y perjudicados, representan el progreso moral y social, sin callar por conveniencia, sin dejar de explicar lo espinoso, lo peligroso, sin ceder en la sinceridad, pase lo que pase. Y olvidarse de cosas como el sorpasso, el liderazgo de la oposición o los puestos en un futuro gobierno.

Y así, pase lo que pase, podrá imperar la tranquilidad. Sobre todo porque un fracaso en votos no es un fracaso, ni un éxito en votos un éxito. Hay fracasos electorales que encubren éxitos futuros, y éxitos electorales que encubren fracasos definitivos.

Esta visión honesta (y pienso que a largo plazo efectiva) no se puede pedir ni esperar de partidos al uso y de políticos al uso, pero debería esperarse y debería exigirse a un partido que pretende ser de izquierdas. En otro caso habrá cada vez más desilusionados que, mirando a Podemos, acaben diciendo “¡tampoco nos representan!”

Y escribo todo esto con afecto y dispuesto a votar a Podemos en las próximas elecciones.

jmchamorro@jmchamorro.info

A VUELTAS CON LA TRANSICIÓN

Algunos defensores de la Transición la presentan como ejemplo modélico de salida de una dictadura, y se enfurecen cuando otros no comparten la idea. El rey es de los que creen que la Transición fue modélica, pero con su discurso de conmemoración ha venido a desacreditar aún más ese juicio.

¿Qué democracia festejamos?

Una “democracia” que queda apropiadamente descrita por este hecho: ha parecido una noticia de primera página que en su discurso el rey llamara dictadura a la dictadura. Se ha festejado el aniversario de una “democracia” en la que el fiscal jefe anticorrupción tiene una sociedad opaca en Panamá y ayuda desde su puesto a los corruptos, que para eso fue nombrado; en la que gobierna un partido político imputado por financiación ilegal, que ha ganado elecciones fraudulentamente, que ha sido definido como organización criminal, o banda organizada y asociación para delinquir. Una democracia en la que siguen en las cunetas los que fueron asesinados por oponerse al franquismo, en la que hay políticos que acusan de reabrir heridas a los que siguen buscando a sus muertos, en la que se expedienta a los jueces que quieren pasar la línea roja marcada en la Transición, en la que la hija de un asesinado por los franquistas tiene que acudir a la justicia argentina para exhumar los restos de su padre y enterrarlos como es debido, en la que los familiares y compinches del dictador siguen disfrutando de sus latrocinios y sus herederos siguen siendo propietarios del Pazo de Meirás, regalo al dictador de las autoridades franquistas coruñesas, en la que el Valle de los Caídos sigue siendo monumento franquista y en la que organizaciones fascistas reciben subvenciones públicas. Una democracia en la que millones de españoles no tienen trabajo, otros millones lo tienen, pero a pesar de su salario son pobres, mientras una minoría es cada día más rica. Una democracia lastrada por la pobreza infantil, el predeterminado fracaso escolar de las clases más pobres, la creciente desigualdad, el deterioro de las instituciones manejadas por el PP en su beneficio. Una democracia cuyas leyes no son reconocidas por media población de Cataluña. Una democracia que, casi al final del plazo, no ha acogido al 90% de los refugiados que pactó con la UE, etc, etc.

Se ha criticado el discurso del rey porque no ha hecho mención a nada de esto.

Las dos Españas

Yo quisiera añadir que difícilmente puede actuar como representante de los españoles el que elige la ideología de una de las dos Españas para componer su discurso. Porque las dos Españas siguen ahí y sólo puede representarlas el que las reconozca.

Una es la formada por la extrema derecha, por los católicos integristas, por los grandes explotadores y por quienes, aun declarándose demócratas, simpatizan con esa extrema derecha y esa iglesia integrista, y las benefician, lo mismo que benefician a los grandes explotadores. Es la España del PP. La otra España es la que se sitúa enfrente. Y entre una y otra no caben abrazos ni hermandades. Cada una se sentiría muy contenta si la otra desapareciera (salvo por lo que se refiere a los explotadores, que perderían explotados).

Bajo su forma edulcorada, tan en contradicción con la realidad, el discurso del rey recoge la ideología de la España del PP.

Para empezar, hay en ese discurso frases groseramente populistas típicas de la derecha. Por ejemplo estas tres:

-“El 15 de Junio representa los mejores valores democráticos, aquellos que definen a la política en su sentido más noble, al servicio del bien común, del interés general y de la cohesión social.”
-“Hemos de ser conscientes de que todo de lo que hoy disfrutamos -y que pertenece a todos los españoles por igual-, no nos ha venido dado sino que es el resultado del sacrificio y esfuerzo del pueblo español… de millones de españoles.”
-No podemos aceptar “un camino que divida a los españoles o quiebre el espíritu fraternal que nos une.”

Supongo que a muchos se nos caería la cara de vergüenza si nos viéramos obligados a pronunciar cualquiera de estas frases, sobre todo esa que dice que “todo de lo que hoy disfrutamos pertenece a todos los españoles por igual”. ¡Nos veríamos a nosotros mismos con una caradura insoportable, porque lo cierto es que el esfuerzo y el sacrificio ha caído sobre una mayoría, y el disfrute ha sido para una minoría, de la que el rey forma parte!

Pasando a otro punto igualmente lamentable: el rey se ha referido al “terrible dolor que causaba el terrorismo que miserablemente actuó contra todo principio de humanidad y de respeto a la convivencia democrática”, pero no ha hecho la menor mención a las causas de ese terrorismo. Luego ha recordado a sus víctimas y familias “con el mayor afecto y respeto”. Pero no ha recordado a las víctimas del franquismo y sus familias.

Por lo que concierne a la cuestión catalana no la mencionó directamente, se limitó a repetir la tesis del PP, eso sí, citando a Castelar y a Cánovas, no a Rajoy. Pero ¿qué es eso del respeto a la ley? ¿A qué ley? ¿Importa o no que la ley sea injusta, o estúpida o haya quedado desfasada? El perjudicado por una ley injusta ¿tiene que respetar la ley eternamente aunque el que podría cambiarla se empeñe en dejarla como está? ¿Soluciona el respeto a la ley que la mitad de los catalanes se haya hecho independentista?

Dejando atrás estos puntos del discurso veamos el asunto más a fondo.

La fraudulenta equidistancia

Dice Felipe VI que desde 1812 hubo sucesivas constituciones “que no fueron capaces de proporcionar y garantizar la estabilidad política, el progreso social y económico ni la convivencia en paz y libertad que los españoles anhelaban. […] La falta de reconocimiento, de comprensión y de respeto a las ideas y convicciones ajenas, y la imposición de la propia verdad sobre la de los demás, dividieron a los españoles. [...] Los españoles se oían, pero no se escuchaban; se veían, pero no se miraban; se hablaban, pero no se entendían y menos aún se respetaban. [...] Una España dividida, y a veces desgarrada, que no fue capaz de encontrarse a sí misma.”

En cambio -sigue el rey- hace cuarenta años se llegó a la convicción de que “nadie en España debía volver a ser enemigo de nadie; la exclusión y la imposición, la intolerancia y la discordia debían ser sustituidas por la renuncia al dogmatismo y la defensa de las propias convicciones con pleno respeto hacia el adversario y hacia las opiniones ajenas o diferentes.”

Oyendo esto queda claro que el rey achaca los desastres de la historia de España a falta de respeto al adversario y a las opiniones ajenas o diferentes, a intolerancia y dogmatismo. Algo así como si unos manifestaran su preferencia por el Barsa y otros por el Madrid y estuvieran dispuestos, los muy brutos, a matarse por sus juicios sobre Mesi y Ronaldo, en vez de comprenderse y respetarse.

Por lo visto al rey no le han enseñado que el problema estaba en otro sitio: en que un consorcio formado por la monarquía, la iglesia y el poder económico (terratenientes, burguesía financiera e industrial) estaba explotando a la mayoría del pueblo español de manera inmisericorde. ¿Hay algún derecho a pedir a la mayoría explotada que renuncie al dogmatismo y que defienda sus convicciones con pleno respeto a la minoría explotadora? Sobre todo teniendo en cuenta que esa minoría jamás ha sido respetuosa y siempre ha sido brutal llegado el momento de defender por las bravas sus intereses. Véase como ejemplo al mismo Franco. De manera que los relatos que intentan guardar la equidistancia (dos Españas igualmente intolerantes) son profundamente ignorantes e interesados. Son los que pone en circulación la minoría explotadora y sus voceros, uno de ellos el rey.

Es natural que, con estas ideas en la cabeza, el orador acabara diciendo que “diputados y senadores de la legislatura constituyente pueden estar muy orgullosos y satisfechos de su tarea. Porque al renunciar cada uno de ellos -consciente y deliberadamente- a imponer su visión de España o sus propias convicciones sobre las de los demás, construyeron -con una gran generosidad y voluntad integradora- la España que querían construir los españoles.” O también que la transición fue “el gran proyecto de reconciliación nacional, el gran propósito nacional de unir a las dos Españas que helaban el corazón de Antonio Machado. Ciudadanos de distinta procedencia, ideas, origen y condición social se reencontraron, se tendieron la mano, y se fundieron en un gran abrazo, sin rencor y sin odio, para mirar al futuro y no al pasado.”

Que un discurso como el de Felipe VI sea impune, que no le cueste el cargo, e incluso que sea ponderado como gran discurso, da fe de la clase de población que tenemos en España. Si tuviéramos una población más ilustrada un discurso de tan mala factura sería imposible o traería malas consecuencias a su autor.

¿Qué fue la modélica Transición?

Los hay que dicen que Juan Carlos fue el artífice de nuestra democracia. ¿Acaso tenía otro camino rentable para él, tanto política como económicamente, que ponerse al frente de un proceso ya imparable, que habían iniciado y sostenían otros? No olvidemos que esa “democracia” es la que ha hecho la vista gorda y ha permitido al hoy emérito hacerse muy rico de manera muy opaca. No olvidemos tampoco que el emérito fue y sigue siendo admirador de Franco, al que nunca ha condenado. ¡Y los hay que lamentan mucho que no fuera invitado a la conmemoración!

El paso de la dictadura franquista a la “democracia” se decidió fuera de España, en Estados Unidos y en Europa por estas dos buenas razones: 1) porque dentro de España había una parte del pueblo (ni mucho menos todo el pueblo) que en fábricas y otros lugares de trabajo, en la Universidad, en el funcionariado, en la prensa, en la abogacía, luchaba por la democracia cada vez con más fuerza y esto convertía a la dictadura franquista (ya  sin Franco) en ineficiente y poco fiable; y 2) porque había un partido socialista que, si recibía suficiente ayuda y financiación, podía asegurar un tránsito seguro de la dictadura a una “democracia” capitalista bajo control.

Así las cosas todos fueron recibiendo las oportunas presiones. Naturalmente, los franquistas querían seguir con sus prebendas sin rendir cuentas de sus crímenes y de sus enriquecimientos ilícitos, y para conseguirlo apelaban al peligro de un golpe militar, que sólo podía evitarse con una ley de amnistía, olvidando el pasado, pelillos a la mar, dándonos todos un abrazo fraternal. Es decir, la extrema derecha política apelaba, para salvarse y salvar sus muebles, a la extrema derecha militar y policial.

¿Cómo se puede decir “la España que querían construir los españoles” cuando no pasó de ser la España que exigieron los que tenían la sartén por el mango, es decir, los franquistas y su policía y su ejército?

Se dice que, dadas esas circunstancias, no era posible otra Transición que la que se hizo. ¿Cómo que no era posible otra? Supongamos que el PSOE y el PC se hubieran negado a aceptar aquel chantaje bochornoso y hubieran hecho público que no participarían de ningún cambio político que no incluyera un juicio a los crímenes y tropelías del franquismo. No hubiera tenido lugar la Transición amnistiadora que hubo, pero, puesto que la dictadura era ya insostenible pese a policía y ejército, la democracia hubiera llegado algo después, y como era debido: con un juicio al franquismo y una exigencia de responsabilidades.

Viví aquellos momentos con la convicción de que el partido comunista había vendido por un plato de lentejas su primogenitura, es decir, su derecho a la verdad, rico patrimonio privativo de la izquierda al que Carrillo no concedió importancia. La “modélica Transición” traicionó a aquellos comunistas que murieron asesinados y a los que arriesgaron su vida y su libertad en la oposición al franquismo. Esos a los que el rey no ha rendido homenaje.

El poder económico generado por la corrupción franquista siguió imperando en España, y el poder político de la dictadura cambió de forma, pero no fue desmontado. No hubo justicia para los familiares de los asesinados ni para los represaliados por el franquismo, ni siquiera el reconocimiento de la injusticia que padecieron. ¿Y alguien puede creer que todos ellos se fundieron en un gran abrazo, sin rencor y sin odio, con los responsables de asesinatos y represalias? ¡Ya está bien de cuentos chinos! Sólo ocurrió que Felipe González (que era el que decidía en el PSOE) y Santiago Carrillo (que era el que decidía en el PC), apresurados por tocar poder, traicionaron a las víctimas del franquismo y amnistiaron a los criminales. Por ello tanto el PSOE como el PCE quedaron marcados por aquel pecado original y los efectos de tamaña traición se siguen viviendo hoy. No sé si fue por ignorancia o por ese egoísmo cínico que se le achaca, el caso es que el servicio que Carrillo prestó a los partidarios de aquella Transición fue tan notable que en la derecha no tiene enemigos, todos le aplauden.

Y por eso estamos como estamos. No viviríamos hoy la vergüenza que estamos viviendo si la transición no hubiera sido aquel apaño indigno. El pueblo español no sería el que es. Habría recibido la información que le hurtaron, tendría otros líderes, la extrema derecha no estaría, desde dentro del PP, gobernando el país y colaborando muy efectivamente a la desinformación general. Con la colaboración de personajes como el rey, heredero del heredero de Franco.

jmchamorro@jmchamorro.info