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REFUNDAR PODEMOS. ¿EN QUÉ DIRECCIÓN?

A causa de sus últimos fracasos electorales son muchos los que hablan de la necesidad de una refundación de Podemos. Como no pertenezco a ese partido no puedo entrar en la discusión interna, pero sí en la discusión más general sobre el papel de la izquierda, ofreciendo algunas ideas extraídas del análisis que hago más por extenso en Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

Decidan lo que decidan los miembros de Podemos y de IU, es muy necesario crear a la izquierda de la socialdemocracia una organización potente que sepa realizar actividades imprescindibles, y por ahora abandonadas, que no tienen que ver con elecciones e instituciones, sino con el campo de batalla ideológico al que me referí en la anterior entrada de este blog. Dicho de otra forma, es necesaria una organización de izquierdas que logre escapar al fin de la trampa electoralista.

Un síntoma de hasta qué punto Podemos está hundido en esa trampa es que, pese a que el partido necesita cambios radicales, no se hablaría de ellos si los fracasos electorales hubieran sido éxitos.

Contra el electoralismo se han manifestado miembros significativos de Podemos y de IU.

El Consejo ciudadano de Podemos Andalucía ha señalado que en el “nuevo ciclo” que se abre tras las últimas elecciones es necesario “aprender a hacer otras cosas que nada tienen que ver con campañas electorales”.

Yendo más lejos, Alberto Garzón, en una entrevista publicada en eldiario.es el 11 de abril de 2017, situaba el comienzo del electoralismo del PCE en el eurocomunismo de Santiago Carrillo, cultura política que propone que las instituciones que se han conseguido son las necesarias y las suficientes para llegar al socialismo y que por lo tanto el instrumento de mayor incidencia social es presentarse a las elecciones y tener influencia en las instituciones. De esta forma desde la Transición perdió peso todo lo que no fuera maquinaria institucional.

Siendo esto cierto, creo que el electoralismo queda mal caracterizado si se identifica como dedicación casi exclusiva a elecciones e instituciones abandonando otras tareas. Pues no consiste sólo en limitar la actividad política a las elecciones, sino sobre todo en una forma de concurrir a las elecciones y de administrar el poder institucional.

El electoralismo es el artilugio inventado por el poder económico para hacer inofensiva la elección de líderes políticos. Se trata de promocionar a quienes tienen condiciones para convencer al pueblo de que vive en democracia y de que la política que se realiza es la mejor entre las posibles. Se añade la generosa financiación de costosas campañas electorales y el permanente esfuerzo de los medios de comunicación dependientes del capital para demonizar cualquier idea o actitud antisistema. El ciclo termina en el ejercicio del poder según las indicaciones de los poderes reales, los económicos.

Forma parte del electoralismo la idea de que si no se consigue éxito electoral y poder institucional no se existe en el mundo de la política. Y de ello se sigue la supeditación a toda estrategia que consiga votos, aunque obligue a camuflar la propia identidad.

Así definido el electoralismo está claro que la izquierda se ha dejado embaucar y se ha echado por completo en sus brazos. Incluso cuando se lo critica no se discute la forma de acudir a las elecciones, ni el valor que se da a sus resultados, simplemente se aboga por otras actividades vagamente descritas, pero apelando al éxito o fracaso electoral como prueba y señal de ir por buen o por mal camino.

Así cuando Adelante Andalucía se presenta como la herramienta que tiene mayor potencial porque sus resultados han sido los mejores del país, o cuando saca pecho diciendo que cuenta con 17 diputados en el Grupo Parlamentario andaluz, nueve diputadas en el Congreso, una senadora, cientos de concejales y varias alcaldías. Al contabilizar en exclusiva méritos que dependen del resultado electoral, y al no tener otros méritos que mostrar, se sigue de lleno en el electoralismo.

Organización general y partido político

Los resultados de los últimos cuarenta años vienen mostrando que es necesaria una organización política que se plantee actividades tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle, entre ellas analizar e investigar la realidad social para decidir e implementar una política a largo plazo que actúe sobre una mayoría social objetivamente interesada en un cambio de sistema aunque no lo sepa.

Esa organización ha de contar con un partido político filial para concurrir a las elecciones y desarrollar la actividad institucional derivada de la cuota de poder político conseguido, tarea secundaria, pero que tiene su importancia si se hace en forma coherente con los fines generales. A ello me refiero en seguida.

Miembros

Buscar la unidad de la izquierda es algo confundente si se considera a la socialdemocracia dentro de la izquierda. No cabe esperar un funcionamiento eficiente si pretenden controlar las decisiones quienes piensan que el orden social en que vivimos debe ser sustituido por otro y quienes descalifican las propuestas “antisistema”.

Por ello, en lugar de alabar el pluralismo ideológico, sería preferible apostar por el funcionamiento democrático, que ya incluye el respeto a las distintas formas de enfocar un problema o de evaluar las soluciones, pero dentro de un enfoque ideológico compartido. Si el llamado “respeto a la pluralidad” se entiende como heterogeneidad ideológica, pasa a ser una de las causas del déficit de democracia que se percibe en las actuales organizaciones de izquierdas. Pues a falta de unas coincidencias básicas, son inevitables los controles férreos de la dirección y el miedo permanente a caballos de Troya. Ello es lamentable, precisamente porque en el interior de la organización se debe anticipar el funcionamiento democrático que se pretende conseguir para la sociedad entera.

Este funcionamiento exige dos condiciones:

Por una parte un criterio de pertenencia a la organización que sea coherente con la forma de sociedad a la que se tiende. En la izquierda parece exigible una preferencia igualitarista y la convicción de que el sistema capitalista, incluso el moderado por medidas socialdemócratas, es un mal social evitable. Y parece conveniente que la disposición a favorecer el cambio a una sociedad igualitaria busque luz en el conocimiento científico disponible.

La segunda condición es que todos los miembros tengan un acceso equivalente a la información y al conocimiento, eliminando la relación tradicional dirigente-masa, que pivota sobre la habilidad retórica del dirigente para convencer eludiendo los mejores argumentos. Llegar al funcionamiento democrático requiere mucho esfuerzo de divulgación de conocimiento e información, así como dar prioridad a la discusión mediante argumentos escritos.

Dirigentes

Repárese en que la forma de seleccionar líderes prosistema está directamente derivada del electoralismo: buena voz, saber hablar en público, tener una apariencia que resulte atractiva, capacidad de resistencia (lo que equivale a decir vocación de poder), desenvoltura para hablar sin decir nada y repetir eslóganes vacíos sin sonrojo, y todo el cinismo necesario cuando la mentira, la contradicción o el incumplimiento se hacen patentes.

Lejos de esto, la organización que propongo debería carecer de líderes carismáticos y estar dirigida por un amplio consejo temporal de personas elegidas por haber demostrado inteligencia, conocimientos y empatía, con representación adecuada de hombres y mujeres, del impulso de la juventud y de la experiencia que dan los años.

Mientras los líderes actuales buscan la exhibición en los medios porque de otra forma no existen, ese liderazgo compartido debería ser sólo detectable desde fuera a través de los efectos de su trabajo. Sus miembros no serían activos en las redes ni buscarían notoriedad en los medios privados. Estarían a lo importante, sin perderse como los políticos actuales en vueltas y revueltas a la luz de los focos mediáticos.

El partido político filial carecería también de líderes carismáticos, y no tendría capacidad para elegir estrategias, que serían decididas por la organización. Se buscaría en los candidatos electorales experiencia, conocimientos, generosidad y disposición a hablar en un registro de racionalidad y claridad. Si se consiguieran cargos públicos, la corta duración del mandato y el carácter subordinado de su papel sería una manera de minimizar las luchas personales por el poder. Nadie necesitado de poder personal se afilia a una organización en la que no puede conseguirlo.

La organización y el partido tendrían portavoces para hacer comunicados en las redes, en medios independientes y en medios propios, pero no acudirían a un medio privado dependiente del capital salvo para denunciar este hecho, denunciar con datos que tal medio depende del capital y que es por ello un obstáculo a la democracia. No tiene sentido mendigar la presencia en espacios televisivos degradantes, o en tertulias caóticas diseñadas para aumentar la desorientación del público que las sigue.

En seguida me referiré a las tareas básicas de la organización, pero antes voy a insistir en lo que no debe ser, ni hacer, el partido político filial.

Eludir el electoralismo

Por lo antes dicho, se elude el electoralismo no sólo haciendo además otras cosas, sino concurriendo a las elecciones y a las instituciones de otra forma y dando al éxito y al fracaso el valor relativo que tienen. Ello significa en concreto:

-No gastar un solo euro en las campañas electorales.

-Aprovechar el amplificador mediático gratuito para explicar a la gente en qué sociedad vive, qué alternativas existen a corto, medio y largo plazo, y dónde se encuentran los obstáculos.

-Eludir mítines y concentraciones de adeptos, y aprovechar los debates televisados para estropear la fiesta, haciendo ver que no son otra cosa que escaparates para la mentira sistemática.

-Decir lo que hay que decir sin calcular las repercusiones en votos o las reacciones de los poderosos.

Si por este camino honrado se consigue poder institucional es necesario gestionarlo con la misma ética. No para conservarlo sino para utilizarlo según la estrategia decidida, sean cuales sean las consecuencias a corto plazo (incluida la misma pérdida del poder).

De manera que una señal de que se ha salido del electoralismo es que se concurre a las elecciones de otra forma, se da a los resultados electorales el valor relativo que tienen, y a la forma de competir por los votos el valor absoluto que tiene.

Las otras tareas de la organización

Según Garzón para alcanzar lo que Gramsci llamaba la hegemonía se necesita seguir avanzando en la conquista cultural que haga colectivos unos valores y unos principios. Y para ello hay que llegar a gente a la que no se llega. Reconoce Garzón que la hegemonía no se alcanza a través de discursos, ni tampoco a través de las elecciones, al menos no sólo, sino a través de una práctica política insertada en el tejido. ¿Qué práctica? ¿Y por qué no se realiza?

Según Adelante Andalucía hay que avanzar como un sujeto político de unidad, como un altavoz popular y como una herramienta pegada al territorio, acompañar a los círculos que se encuentran con más dificultades tras las elecciones municipales, poner en el centro un proyecto feminista y ecologista presente e implantado en todos los municipios andaluces. Buenos deseos y vaguedades mil veces repetidas sin resultado.

A mi juicio la práctica política de que hablan todos debería desarrollarse en varias áreas. Al menos las siguientes:

-Actividad teórica e investigación social

-Divulgación

-Implantación en el tejido social

-Mundialización

Naturalmente no basta un enunciado vago, hay que concretar la actividad en cada una de esas áreas.

a) Actividad teórica e investigacion social

1. Me referí antes a actuar a la luz del conocimiento científico disponible. ¿Qué conocimiento?

Actuar en el terreno político sin teoría es actuar a ciegas, algo que se puede permitir la derecha (sólo pretende que todo siga como está), pero no la izquierda, necesitada de una visión de conjunto y de acciones instrumentales para un objetivo de gran dificultad, el antes indicado de transformar la ideolgía de una mayoría de población.

IU ya decía a finales del pasado siglo que la teoría es imprescindible, que no la tiene, y que sin ella no se sabe dónde se está y adónde se va. Pero han ido pasando los años y todo sigue igual.

En un manifiesto titulado La disyuntiva Julio Anguita y otros miembros del Colectivo Prometeo echan de menos una síntesis teórica, política y programática, y la proponen a base de inegrar cuatro cosmovisiones que enumeran a partir de los momentos y textos que las alumbraron: Manifiesto Comunista de Marx y Engels, El segundo sexo de Simone de Beauvoir, Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y Los límites al crecimiento de Donella Merado. Es decir, comunismo de matriz marxista, feminismo, multiculturalidad y ecología política.

Cierto que la fuerza para trastocar el orden existente está sobre todo en el feminismo, el ecologismo, las migraciones incontenibles y las personas con suficiente conocimiento y empatía, sean o no proletarios. Sólo que el feminismo o el ecologismo pueden funcionar como estrategias unidimensionales o pueden integrarse en una concepción general de la sociedad que las asimile.

Ahora bien, para esa integración ya no es suficiente el Manifiesto Comunista, por mucho que sea un texto históricamente impresionante, ni tampoco las versiones clásicas del marxismo o los llamados neomarxismos, más preocupados por retroceder que por avanzar.

El marxismo se puso a la vanguardia de la teoría social con un enorme efecto, y sigue siendo la unica teoría general de la sociedad de que disponemos, una vez que han fracasado las inoperantes alternativas conservadoras que se han intentado (Max Weber, Talcot Parsons, H. Habermas). Pero tiene fallos que hay que subsanar y requiere nuevos desarrollos que hay que acometer.

Su carencia básica, la falta de un teoría psicológica que funcione en su núcleo, no se percibió claramente en un periodo en que todo se fiaba al análisis económico y a la revolución violenta.

Esa carencia no puede remediarse con el conjunto de disciplinas que se denominan humanidades, ni con la historia y la economía, ni con el derecho y la politología, ni con la sociología de encuestas, sino directamente con la ciencia social básica, cuyo núcleo está constituido por la lingüística, la sociología, la psicología y sus híbridas (psicolingüística, sociolingüística y psicología social). Hay en el mundo académico líneas de investigación que resultan interesantes, como la de modelos de organización de memoria y la de teorías implícitas, pero no es esperable que tomen la dirección que interesa al marxista. Las disciplinas sociales académicas están controladas internacionalmente mediante revistas y política de publicaciones que tienen un carácter marcadamente conservador. Marx y Engels hicieron teoría fuera del entorno académico y esa es una historia que debe repetirse.

2. La debilidad del marxismo heredado se manifiesta sobre todo en el análisis de las clases sociales. La concepción del proletariado como vanguardia y motor de la revolución social ha quedado falsada, una vez que las predicciones que de ella se derivan no se tienen en pie. No se puede avanzar mientras se tome como único criterio para describir clases sociales la posición respecto al modo de producción desdeñando las variables ideológicas.

Una clase social se conoce cuando se estudian los procesos de socialización, los códigos lingüísticos, el papel de las edades y sexos, y en definitiva la estructura de conocimientos, afectos y pautas que caracteriza a cada uno de los grupos cuyo comportamiento resulta relevante respecto a la estabilidad o el cambio social. El proletariado queda de esta forma dividido en un conjunto de subclases, y no todas situadas en el espacio de la izquierda.

Para progresar en este conocimiento no valen por supuesto los llamados Think Tanks conservadores, pero tempoco fundaciones como Alternativas o Ideas del PSOE, Europa de los Ciudadanos de IU o el Instituto 25 de mayo para la democracia de Podemos. Nada interesante nos llega de lo que en estas fundaciones se discute o se teoriza. Es por ello imprescindible un Instituto de Investigación Social que atraiga y favorezca el libre trabajo de investigadores interesados en progresar en las líneas abiertas por el marxismo; y patrocinar una revista científica abierta a todos los investigadores que aporten conocimientos útiles, no importa su ideología o su militancia política. Valdría para iniciar la puesta en marcha el dinero que se derrocha en las sucesivas elecciones y además todo el que se recogería si los posibles donantes tuvieran confianza en su empleo. Este Instituto de Investigación Social debería ocupar el centro de la organización, y con él deberían conectar, por vías de entrada y salida, las restantes áreas de actuación, las cuales podrían extraer conocimiento de las investigaciones en curso y, a su vez, ofrecer problemas y resultados de su propio funcionamiento como materia de investigación.

b) Divulgación del conocimiento

Si una organización de izquierdas pretende llegar a la gente y hacerse entender, ha de intentar algo más que producir en período electoral el discurso político propio del mitin. Una política de divulgación debe apoyarse en otros instrumentos, uno de los cuales es, sin duda, la actividad habitual de los miembros de la organización en su entorno social. Ello requiere que reciban una formación teórica suficiente dentro de la misma organización.

Pero además, si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante un equivalente de aquello que se llamaba universidades populares (“misiones pedagógicas” en la versión de la Institución Libre de Enseñanza), una actividad permanente en los Círculos que ofrezca conocimientos que por ahora no se dispensan en las facultades de sociología, ni de psicología, ni de lenguaje, pero imprescindibles para cualquier ciudadano, sea o no activista. Me refiero a los conocimientos que componen una teoría general de la sociedad y los que se derivan de ella. Esto es trabajar en la calle, que no consiste sólo (aunque también) en promover protestas y manifestaciones.

Pero se necesita además una red de medios de comunicación para hacerse entender por un número creciente de personas cuyos intereses objetivos coinciden con el propósito de la organización.

En el nacimiento de Podemos tuvieron influencia no sólo las redes, sino también La Tuerka y el diario Público. Pero esto es insuficiente. Garzón se pregunta dónde está hoy un equivalente de la Radio Pirenaica. La izquierda debería disponer de periódicos y emisoras de radio y televisión que lleguen a toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera clara, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, para lo que es necesario atraer a intelectuales, humoristas, comentaristas deportivos, etc., que estén por la labor. Unos medios de comunicación influyentes valdrían no sólo para contrarrestar la fuerza de los medios conservadores y darles la réplica adecuada, sino además para mostrar la posibilidad y estructura de unos medios ¡no sectarios (por ejemplo, proporcionando espacios a los enemigos ideológicos para que los administren a su gusto sin censura alguna). Pues en esos medios propios habría que insistir en el argumento de que el ideal (y una condición obvia de la democracia) es el control social de la fabricación y distribución de la información, única forma de impedir privilegios o controles personales o de grupo en su uso. Habría que argumentar desde medios privados contra la existencia de medios privados y mostrar los medios propios como ejemplo de lo que podrían ser los medios públicos controlados socialmente.

Pero hay que repetir que poco puede hacer una organización de izquierdas que intente distribuir información realista si no tiene en cuenta los procesos que se ponen en marcha en las distintas clases de destinatarios cuando la información es disonante respecto a estructuras cognitivas y afectivas de cada una de esas clases. Estos problemas no se solucionan poniéndose en manos de gurús de la mercadotecnia como el Iván Redondo al que Pablo Iglesias echaba de menos, sino con la investigación a que antes me referí.

c) Implantación social

Alberto Garzón se queja de que la izquierda ha abandonado progresivamente la construcción del tejido social. “¿Dónde están las asociaciones de vecinos?, se pregunta. ¿Dónde está el PCE desplegando sus ramas por el tejido social, por los barrios, por las clases sociales?” Recuerda que el movimiento obrero en el siglo XIX, especialmente el SPD, que fue el gran partido de la socialdemocracia europea del siglo XIX (un equivalente del comunismo según se entiende hoy) tenía un despliegue tan enorme de instituciones propias que, por ejemplo, un trabajador podía aprender un oficio en instituciones del partido. Podía aprender a leer, podía ir a bibliotecas, podía aprender idiomas, podía relacionarse socialmente… en los bares, en los ateneos, las bibliotecas, todas del partido. El partido había sido capaz de construir una realidad alternativa, una sociedad alternativa, como también consiguió el PCI en Italia. Esto está ausente en la historia reciente del PCE y está ausente ahora de la izquierda española y también en general de la izquierda europea.

Esto es cierto y se echa en falta la creación de espacios en cada pueblo o barrio para que las personas que lo deseen puedan relacionarse en un ambiente ideológico progresista y actuar a diferentes niveles de implicación, lugares de reunión dotados de bibliotecas bien diseñadas, de bares económicos, de salas de lectura y aulas de estudio, donde se plenteen y discutan los problemas del entorno próximo y encuentre alguna ayuda o asesoramiento quien lo necesite.

No sólo mediante los Círculos se puede actuar en el tejido social. A la izquierda ni se le ha pasado por la cabeza algo tan sencillo como establecer escuelas infantiles de 0 a 3 años en barrios populares con abundancia de obreros e inmigrantes. Buena forma de proponerse una relación fluida y diversa con las familias, implicándolas en la solución de los problemas presentes y futuros de esos niños y, ya de paso, en los problemas más generales del barrio, de la ciudad y de la sociedad. Tales escuelas son imprescindibles para dotar a los niños, desde los pocos meses, del baño lingüístico que no reciben en sus familias y que es necesario si se quiere evitar que queden condenados a un fracaso escolar que más tarde ya no tiene remedio.

Con el tiempo, poco a poco, esas escuelas infantiles podrían dar lugar a escuelas experimentales. Hay que tener en cuenta que cualquier mejora pedagógica profunda se inicia siempre en aquella parte de la sociedad que ha madurado algún progreso sobre lo recibido, y si nos preguntamos qué parte de la sociedad es la que tiene que correr en el presente con el intento de progreso pedagógico, hay que responder que el grupo que haga suyos los valores de igualitarismo e ilustración, es decir, el grupo promotor de una racionalidad caracterizada por afectividad sana y conocimiento científico.

Tal progreso pedagógico ni puede ser impuesto en la escuela pública (no lo tolerarían las fuerzas conservadoras) ni es esperable de las instituciones tradicionalmente dedicadas a la enseñanza. Es decir, no existirá a menos que la izquierda se proponga desarrollarlo.

En España la educación pública, pese al esfuerzo de muchos enseñantes, es una simulación discriminatoria que condena a los alumnos de clases bajas al fracaso escolar y es poco eficiente respecto a los demás. Esto es algo que la izquierda anticapitalista debería estar mostrando a la sociedad con cifras y argumentos que todo el mundo entendiera. Pero sobre todo: debería estar argumentando que aunque una buena educación es posible, su generalización es incompatible con el sistema capitalista.

Una buena escuela (aunque sólo fuese una), dirigida ante todo a corregir fallos en la estructura afectiva de los colegiales (el éxito en los demás espacios vendría como efecto), sería de enorme impacto ideológico, sobre todo si sus resultados se hicieran públicos en las revistas científicas pedagógicas. He ahí un argumento poderoso para convencer a una gran parte de la población de que el presupuesto estatal debe volcarse en una educación pública de la mejor calidad. Pues más efectivo que describir una buena escuela es mostrarla diciendo: “esto es una educación adecuada y es posible, puesto que la estamos realizando”. Seguro que, si este proyecto se pusiera en marcha, serían muchos los profesionales que colaborarían y muchas las personas que prestarían apoyo económico.

d) La mundialización de la resistencia

El proyecto de una transformación social que siga pasos pacíficos y apoyados por una mayoría de la población obliga a la izquierda a replantearse el ámbito de la actuación política.

Lo que fue internacionalismo proletario debe convertirse en resistencia internacional, pues una vez que el espacio estatal ha perdido gran parte de su antigua autonomía económica la resistencia nacional ya no vale por sí sola. Dado que cualquier medida racional y justa puede recibir el embate del capital afectado, una ofensiva contra los privilegios capitalistas tendría que ir acompañada de una movilización que vaya articulando una sociedad civil mundial y una opinión pública mundial. Cualquier cambio social significativo es imposible sin un proceso lento de nuevo orden internacional, y en un solo país es un objetivo ilusorio. Hay por ello que fortalecer las relaciones con organizaciones de otros países y con movimientos alternativos que están haciendo una presión internacional creciente contra la lógica del mercado y sus consecuencias. Cada día se ve como más necesaria una legislación mundial que regule las cuestiones de interés mundial (fuentes de energía, medio ambiente, cambio climático, erradicación de epidemias, derecho de acceso de toda la población mundial al agua y alimentos necesarios, redistribución de las poblaciones, intervención internacional para evitar guerras locales, armonización de legislaciones fiscales y laborales, eliminación de paraísos fiscales, regulación de los movimientos de capital, etc.).

Ni Podemos ni IU negarán esta necesidad, pero no se conocen las actividades que llevan a cabo con este fin. Recordemos que en Seattle y en las sucesivas convocatorias a favor de otro tipo de mundialización no ha sido significativa la presencia de organizaciones de izquierda anticapitalista.

En cambio la Vía Campesina, por ejemplo, agrupa a 148 organizaciones de 69 países en lucha por una agricultura libre de la mercantilización actual, debida sobre todo a patentes agrícolas controladas por grandes multinacionales como Monsanto. Algo parecido ocurre con la ecología y seguramente son muchas las personas que podrían concertarse en la presión a favor de un Plan económico global que permita erradicar la miseria del mundo, pero que además reconduzca el desarrollo económico por vías sostenibles dentro de un proyecto de vida buena a largo plazo y para el mundo entero. El internacionalismo progresista puede tener resultados interesantes en el acoso progresivo a los modos de dominación que se nos imponen, porque cada día se van acumulando las razones, y no sólo morales. La pobreza extrema de unas partes del mundo afecta a todos, sea por la vía del terrorismo internacional sea por la de las migraciones que activan pautas xenófobas muy extendidas en los países de economía más desarrollada.

Se espera algo de los movimientos antiglobalización, sobre todo desde que a la mera protesta le han añadido propuestas positivas, pero los grupos y los colaboradores que ahí se unen son heterogéneos, en muchos casos especializados en una visión particular. Hacen falta además organizaciones que tengan una concepción integral de los problemas y puedan reunir en ella las distintas líneas de presión.

¿Valor meramente testimonial?

Termino con algo que ya he dicho en otras ocasiones. Imaginemos que el PCE que blanqueó la oscura Transición se hubiera quedado fuera de aquel pacto, dedicando los cuarenta años transcurridos a tareas como las aquí descritas. ¿Imaginan cómo estaríamos ahora? Pues comencemos a hacer ahora lo que dentro de cuarenta años se nos agradecerá.

jmchamorro@jmchamorro.info

LAS CLOACAS DEL ESTADO Y LA IZQUIERDA

1. Se da como inevitable que los Estados dispongan de alcantarillas o cloacas en las que fraguar y ejecutar acciones secretas, malolientes, impresentables, y por supuesto delictivas, pero necesarias.

De manera que todo el mundo da por hecho que esas alcantarillas existen y no se preocupa de saber qué se hace en ellas o desde ellas. Mirando hacia otro lado se insiste en las alabanzas a nuestra democracia, como si no hubiera contradicción entre democracia y cloacas del Estado.

Pero resulta que uno de los moradores de esas cloacas, dedicado durante muchos años a utilizar su profesión policial para conectar con banqueros, jueces y políticos, ha ido recopilando información “sensible” y desde la cárcel, y para salir de ella, chantajea al Estado con la amenaza de hacer pública esa información. Y puesto que no se atienden sus peticiones (sería demasiado escandaloso) va filtrando a pequeñas dosis su material.

¿Qué partidos y qué personajes están implicados, o temen estarlo? Baste decir que los intentos de aclarar este asunto en el Parlamento han sido infructuosos por la oposición de los dos partidos que han gobernado el país durante los últimos decenios, PP y PSOE.

Se habla mucho del chantaje y de la catadura moral del inspector de policía, pero lo grave no es que una persona sea mejor o peor, o que chantajee para salir de la cárcel, sino las realidades que van saliendo a la luz.

Tenemos nuevas pruebas de que el rey emérito cobraba mientras fue jefe de estado comisiones millonarias, pero al que ni siquiera se puede investigar porque es inviolable. Y por lo visto su inviolabilidad no se limita a sus actividades como jefe de estado, sino a todas las acciones delictivas que haya podido cometer. Y a este señor inviolable se le dispensa en el parlamento una gran ovación en el aniversario de la constitución española, como si la salida del franquismo se debiera a él, que en ningún momento ha dejado de alabar al dictador genocida que lo colocó en el trono.

Tenemos un ministro beato que organizó una “policía patriótica” para urdir operaciones ilegales con las que destruir la carrera política de adversarios a base de informaciones falsas, o para destruir pruebas de la corrupción de su partido.

Tenemos una presidenta del Consejo de Estado sobre la que recae la razonable sospecha de que, siendo vicepresidenta del Gobierno de Zapatero, habló con un representante del Santander para tranquilizar al señor Botín justo antes de que el Supremo se inventara la llamada “doctrina Botín”, artificio que le libró de ir a la cárcel por sus delitos.

Tenemos al presidente del BBVA que encarga al policía de marras que investigue la vida privada de numerosas personas para, vía chantaje, evitar que ese banco pase a ser controlado por un grupo rival.

¡Cuántos gestos de escándalo conforme se va sabiendo todo esto! Pero esto no es nada, es pura calderilla.

La realidad es que, a falta de democracia, los Estados no pueden ser transparentes. En las plutocracias (que eso son los Estados que se llaman democráticos) hay mucho tejemaneje secreto entre el verdadero poder (el económico) y los poderes subordinados (legislativo, ejecutivo, judicial y policial) y ello pone de manifiesto no tanto que el Estado tenga cloacas como que es, él mismo, la gran cloaca.

El panorama no cambia si pasamos a una estructura supraestatal como la Unión Europea. Recordemos el caso de Grecia en los años más duros de la crisis financiera, entre 2010 y 2014. Alexis Tsipras pedía la reestructuración o quita de parte de la deuda y la UE, el BCE y el FMI se negaron y propusieron un plan de rescate muy lesivo para Grecia. Cuando Tsipras convocó un referendum para que el pueblo griego decidiera si aceptaba o no las condiciones de aquel rescate, los líderes europeos dijeron al unísono: “Si gana el no, Grecia tendrá que salir del euro”; “Europa no puede abandonar sus principios en Grecia”; “un no significa que Grecia dice no a Europa”. Y cuando el referendum, que tuvo lugar el 5 de julio de 2015, dio como resultado un rotundo rechazo a las condiciones de aquel rescate, los líderes europeos, bajo amenaza de expulsar a Grecia de la UE, obligaron al Gobierno griego a aceptar unos recortes sociales sin precedentes, que pagó la mayoría de su población en pensiones, subsidios de desempleo y servicios sociales durante los años siguientes.

Pues bien, el pasado día 15, en un discurso ante el pleno de la Eurocámara para conmemorar los 20 años del euro, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que era presidente del Eurogrupo entre 2005 y 2013, cuando se pactaron dos de los tres rescates a Grecia, denunció con lloriqueo compungido la falta de solidaridad que mostró la UE con Grecia. “Siempre he lamentado la falta de solidaridad con la crisis griega”. “Hemos sido insuficientemente solidarios con Grecia, la insultamos, la injuriamos”.“Nunca me he alegrado de que Grecia, Portugal y otros países se encontraran así. Siempre he querido que remontaran su lugar entre las democracias de la UE”. Añadiendo: “Éramos varios los que pensábamos que Europa tenía músculo suficiente para resistir sin la influencia del FMI”.

Pero lo cierto es que “esos varios” no decían lo que según Juncker pensaban, decían otras cosas. Juncker se queja de que se atribuyó “demasiada importancia” al FMI y omite que el FMI era favorable a la reestructuración de la deuda griega, según revela un informe que entonces no se hizo público, pero que luego se ha conocido.

¿En qué reuniones secretas se decidió la falta de solidaridad con Grecia que ahora Juncker lamenta? Nada pintaban allí principios ni reglas. En muchos momentos la UE nos está demostrando que sus principios son sólo retórica. Y ¿quién dicta esas normas que son sagradas si Grecia pide una excepción, pero son papel mojado si las incumplen Alemania, o Francia? Lo que ocurrió, pero no se dijo, es que Grecia proponía una alternativa a la forma de salir de la crisis impuesta por Alemania, que era muy lesiva para la ciudadanía y amnistiaba al sector financiero culpable de la crisis. Y había que abortar sin contemplaciones aquella alternativa con la vista puesta en escarmentar a nuevos partidos como Podemos. Esa era la decisión tomada en las cloacas al servicio del poder financiero alemán.

2. El ocultamiento de la verdad por los políticos que gestionan los intereses de los plutócratas es el enemigo público número uno, el factor causante de la falsa conciencia de la población, contra el que la izquierda debería luchar sin descanso. Pero la forma de luchar con eficacia no consiste en gritos mitineros, ni oportunismo electoralista, ni agresividad retórica. Esto puede valer como mucho para ganar votos con los que conseguir un poder efímero que habría que saber perder bien pronto (para no convertirse en gestor de los intereses económicos y, por tanto, en habitante de las alcantarillas). No se trata de apelar a las pasiones para conseguir un poder traicionero (con el que se pueden repartir algunas migajas del banquete, pero no mucho más, ¡y a eso se lo llama resolver los problemas de la gente!). Se trata, con poder o sin él, de situar a la luz de la razón los datos que vienen a destruir el discurso políticamente correcto, el que cae sobre la población abrumadoramente cada día. Se trata de reivindicar tan mesuradamente como se pueda el anticapitalismo, única posición razonable y justa. En lugar de miedo a que griten “populistas de izquierdas, antisistema”, la izquierda debería proclamar muy tranquilamente “claro que somos populistas de izquierdas, claro que somos antisistema si eso significa que, a diferencia de vosotros, nos guiamos por la razón y la justicia a favor de las clases populares”. Se trata de saber elegir, para cada clase de oyentes, el discurso que despierte su razón, de enseñar con éxito a los que no saben, que son muchos. O si se quiere, de explorar las posibilidades revolucionarias de la verdad, algo imposible cuando sólo se piensa en cómo ganar o en cómo no perder los votos de estos o de aquellos.

3. Ni IU ni Podemos son por ahora esa izquierda. Podemos nació como una izquierda esperanzadora (porque, a diferencia de IU, no estaba maniatado por las deudas a la banca), pero va perdiendo el apreció que inicialmente se ganó. Y es que, aparte la bisoñez de sus principales dirigentes, profesores de universidad jóvenes que han llegado a la política con el único bagage de su experiencia académica, tiene tres problemas:

-Nació de una indignación colectiva por el enorme daño que la crisis económica ha ocasionado a las clases populares. Pero la indignación no es el criterio adecuado para adscribirse a un partido de izquierda, porque entre los indignados los hay socialdemócratas y los hay anticapitalistas, y esto viene generando problemas que sólo pueden agudizarse. Unos y otros estarían más cómodos en partidos distintos.

-Su electoralismo lo supedita todo a ganar votos bajo la ingenua creencia de que votos suficientes permiten un asalto a los cielos. En Podemos precen creer esa tontería muy extendida que dice que, sin poder político, la izquierda se convierte en fuerza puramente testimonial, sin posible incidencia en la vida colectiva.

-Finalmente, Podemos es un partido que carece de teoría, algo que puede sorprender precisamente por la condicion de profesores de universidad de sus principales líderes, intelectualmente muy por encima de los del PP o Ciudadanos, pero que se apañan con conocimiento de politólogos, escaso, poco fiable y sólo útil en el espacio electoral. Toda la teoría que emplean es mera elucubración acerca de cómo conseguir un aumento de votos.

Diversidad ideológica, más electoralismo, más ausencia de teoría, más ambiciones individuales, han dado lugar a espectáculos recurrentes, en los que el debate de ideas se ha sustituido por enfrentamientos personales. El último ha sido la deserción de Errejón en busca, cómo no, de un mayor éxito electoral.

Me permito terminar esta entrada anunciando que al debate sobre este tipo de cuestiones espero contribuir muy pronto con la publicación de un libro cuyo título es Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

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