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SOBRE LA DONACIÓN DE AMANCIO ORTEGA A LA SANIDAD PÚBLICA

Inditex cerró el ejercicio de 2018 con un beneficio neto de 3.444 millones de euros, según datos de la propia compañía. Sólo por la propiedad de sus acciones en Inditex, Ortega tiene previsto ingresar este año 1.626 millones de euros en dividendos. Tiene además cargos en otras sociedades e inversiones en sectores entre los que destaca el inmobiliario.

La Fundación Amancio Ortega ha acordado con Comunidades Autónomas y con el Ministerio de Sanidad donar 309 millones de euros para adquirir mamógrafos digitales, aceleradores lineales para el tratamiento de tumores y escáneres tipo TAC para resonancias. Este programa de aparatos médicos vendría a suponer en torno a la décima parte de las ganancias de Ortega en un ejercicio, menos si se toman en cuenta las deducciones fiscales.

La polémica comenzó cuando el pasado mes de mayo Isabel Serra, candidata de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid, sostuvo que “la sanidad pública no debería aceptar donaciones de Amancio Ortega” y abogó por “garantizar que la sanidad pública tenga presupuesto propio y no se privatice”. Añadió en un tweet que “la sanidad pública no puede depender de la caridad o del humor con que se levanten los millonarios. Lo que necesitamos es que las personas como Amancio Ortega paguen sus impuestos”. Pablo Iglesias apoyó a Serra diciendo que “una democracia digna no acepta limosnas de multimillonarios para dotar su sistema sanitario, les hace pagar los impuestos que les corresponden y respetar los derechos de sus trabajadores.”

Mientras Juan Carlos Monedero salía en defensa de Serra e Iglesias, se situaron en una posición intermedia Íñigo Errejón y Manuela Carmena, que vinieron a concluir que si Amancio Ortega paga sus impuestos, bienvenidas sean sus donaciones.

Se lanzaron en defensa de Ortega el torero Francisco Rivera, Miguel Bosé (defraudador de Hacienda que publicó un mensaje en Twitter pidiendo llenar las redes con el mensaje “yo te apoyo y te agradezco. Gracias Amancio Ortega”), Santiago Cañizares (“Gracias D. Amancio… y perdóneles porque no saben lo que dicen”), Bertín Osborne (que aprovechó para defender a Ortega, pero sobre todo para arremeter contra Podemos, al que presentaba como un absurdo e inexplicable enemigo de la Salud y la vida de quienes sobreviven gracias a las donaciones de Ortega), Naty Abascal (que publicó “Queremos más Amancios en España… Eres único”), la modelo Teresa Baca (que echó en cara a los de Podemos que opten por criticar a Amancio Ortega en vez de “agradecer y valorar/ admirar sus donaciones a la lucha contra el cáncer, y el trabajo de toda una vida sin ayuda de nadie, que ha creado un imperio MADE IN SPAIN, dando trabajo a muchos españoles). “No sé -añadió- si estas personas que hablan sin saber (prefiero pensar) han vivido alguna vez tener algún familiar o persona cercana con esta enfermedad porque verían lo necesario que es invertir dinero para la investigación contra el cáncer. Hoy puede ser un familiar pero mañana podríamos ser nosotros”. Otra modelo y actriz, Arantxa del Sol, dijo por su parte: “Un orgullo para nuestro país. ¡Ojalá hubiera muchos como él! Gracias, Amancio, por existir”.

Si nos ponemos a pensar, una gran mayoría del país estará de acuerdo con estos alegatos de personas conservadoras y de mentalidad simple.

En una primera consideración superficial cabe examinar estas cuestiones:

a) Si el señor Ortega paga sus impuestos y si éstos son los adecuados.

b) Si la donación es de la cantidad que se publicita y si es finalista (no para que Sanidad invierta la donación en lo que estime oportuno, sino en la finalidad decidida por el señor Ortega).

c) Si los que se curan gracias a la donación de Ortega no hubieran tenido cura de no ser por esa donación.

Respecto a la primera cuestión, según el grupo del Parlamento Europeo Los Verdes/Alianza Libre Europea, el emporio empresarial de Ortega dejó de pagar 585 millones de euros en impuestos en varios países europeos, 218 de ellos en España, aprovechando las facilidades que la legislación ofrece para reducir las facturas tributarias, principalmente mediante operaciones entre sociedades de un mismo grupo. Por otra parte, aunque Amancio Ortega y sus sociedades cumplieran escrupulosamente con las leyes fiscales, estarían pagando cantidades ridículas por efecto de una legislación que carga sobre las rentas del trabajo y los impuestos indirectos el grueso de la recaudación.

Respecto a la segunda cuestión Carlos Cruzado, presidente de Gestha, el sindicato de los técnicos de Hacienda, ha indicado que Amancio Ortega e Inditex obtienen un beneficio fiscal de entre 108 y 123 millones de euros gracias a las desgravaciones que la normativa tributaria permite en el IRPF y el Impuesto de Sociedades por donaciones de este tipo. De lo que resulta que una buena parte del dinero que Ortega dice donar lo pone la Administración a través del beneficio fiscal. Y el portavoz de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública Marciano Sánchez Baile ha declarado que, aparte de que el sistema sanitario público no debe depender para su funcionamiento de donaciones más o menos altruistas, en todo caso, si alguien quiere dar dinero al sistema público debe hacérselo llegar a los responsables de administrarlo para que ellos lo gestionen en función de criterios de salud pública, pero no condicionándolo a una enfermedad concreta”, ya que no puede ser que alguien ajeno al sistema decida cuánto y dónde se invierte, sobre todo teniendo en cuenta que, debido a las desgravaciones, hay una parte de ese dinero que al final pagamos los ciudadanos.

Respecto a la tercera cuestión cabe decir que si en la Sanidad pública la curación de enfermos depende de la caridad de un rico, algo funciona muy mal. Los conservadores que achacan a Ortega la curación de enfermos, y que insinúan que Unidas Podemos está propiciando que esos enfermos mueran, parecen no ser conscientes de que están dando la razón a los que abogan por más impuestos y menos caridad.

Hasta aquí el análisis superficial. Supongamos ahora que Amancio Ortega y demás multimillonarios pagan rigurosamente los impuestos que Podemos propone, e incluso que esos impuestos sobrepasan en varios puntos la media europea y permiten que la sanidad pública no tenga carencias importantes. Supongamos que Ortega hace una donación para que la Sanidad pública la invierta en lo que considerare necesario. Y que además hace constar que la donación no es del importe nominal, sino del que resulta una vez deducidas las desgravaciones fiscales. ¿Habría algo que objetar? ¿Serían en ese caso reprochables esas donaciones, que Sanidad podría dedicar a mejorar cosas secundarias? Desde el planteamiento de Serra e Iglesias no lo veo, y por eso no me parece un buen planteamiento.

Porque esas donaciones aparentemente libres de crítica son un indicio de que algo va muy mal, pero algo de lo que Unidas Podemos no habla. ¿Y por qué no habla? Si es por motivos electoralistas está claro que se equivoca: en las elecciones le va de mal en peor.

Lo cierto es que hay algunas verdades que la izquierda no se atreve a defender, seguramente por miedo a una ofensiva brutal en los medios de comunicación. Verdades como las siguientes:

  1. Riqueza y pobreza están unidas por un nexo de causalidad. La riqueza de un país es la que es, y si una minoría se lleva una gran parte de esa riqueza, queda una pequeña parte de riqueza a repartir entre la mayoría restante. Es entonces una verdad elemental que la riqueza de unos implica la pobreza de otros y al contrario. El pedestre pensamiento conservador se opone a esta evidencia alegando que el dinero rinde más en manos de los ricos, porque han demostrado más habilidades económicas, y por tanto, que haya ricos beneficia a los pobres, porque aumenta la riqueza social en beneficio de todos. Resultaría entonces que la riqueza social es mayor cuanto más ricos sean los ricos.

    Lo cierto es, sin embargo, que la única forma sensata de aumentar la riqueza de un país no va por hacer riquísimos a los ricos, sino porque el Estado utilice el dinero que está en manos de los muy ricos para aplicar a toda la población un sistema educativo muy superior al que conocemos, y un nivel de compensaciones económicas que integre a todo el mundo en la actividad colectiva con suficiente motivación.

  2. Los 44.000 millones de patrimonio de Amancio Ortega le sitúan como la tercera persona más rica del mundo, solo por detrás de Carlos Slim y Bil Gates. ¿Cómo puede justificar Amancio Ortega una riqueza de 44.000 millones de euros? Los hay que dicen que ha trabajado duro, pero, si eso justificara la riqueza, todos los que trabajan duro deberían ser muy ricos, y sin embargo los hay que tienen lo justo y otros que son pobres de solemnidad. Se puede hablar de suerte en los negocios, o de haber tenido una buena idea, o de tener alguna cualidad que gusta a muchos y que por eso liga con la enorme riqueza que se mueve en el espacio publicitario. Lo que está bajo esas apelaciones es el mercado. El mercado es el mecanismo que da a los ricos su riqueza y condena a los pobres a su pobreza. Pero ¿quién es el mercado para decidir el reparto de la riqueza de un país (o del mundo si se quiere hablar en términos globales)? Según sus defensores es un instrumento neutral que dinamiza la economía y que sólo tiene, como alternativa, la planificación burocrática que produce totalitarismo e ineficacia. Ejemplo: la URSS.

  3. Lo que ya sabemos de sobra es que el mercado no es un mecanismo neutral, no sólo porque da más a quienes más tienen y menos a quienes tienen menos, sino sobre todo porque está controlado por los que más tienen. Por sus efectos es además un mecanismo irracional e injusto que no tiene en cuenta el interés social de las distintas actividades a la hora de compensarlas económicamente. Añádase que ha hecho crecer una economía especulativa a la que van ingentes inversiones que se desvían de la economía productiva.

  4. Aún más: el sistema económico capitalista cae en crisis si la producción y el consumo no crecen permanentemente. Un receso en cualquier punto del sistema produce reacciones en cadena incontrolables, y puesto que cualquier mercancía es buena si produce consumo y puestos de trabajo, el sistema está obligado a dilapidar recursos, a cerrar los ojos ante las producciones indeseables y a despreciar las señales de grave deterioro ecológico.

  5. Para que el consumo no decaiga funciona un aparato publicitario omnipresente, amparado por el concepto de libertad que se proclama: libertad del empresario para producir lo que quiera y publicitarlo como quiera. Este aparato publicitario pasa a ser un agencia de socialización inevitable, una antiescuela que incrustra en las mentes las ideas y valores de un conservadurismo ciego e insolidario. Incapaz la escuela de contrarrestar ese efecto, la mayoría de la población sale de la enseñanza obligatoria sumida en la ignorancia, el egoísmo de corto alcance y el desconcierto moral, lo que hace fácil dirigir la frustración y el miedo según en cada momento interese.

  6. Otro efecto perverso del mercado es que, al concentrar la mayor parte de la riqueza mundial en pocas manos, convierte a la democracia es un mero disfraz de una real plutocracia. El ingente capital en manos de la minoría dominante le sirve para controlar bancos, medios de comunicación, universidades, partidos políticos, gobiernos, parlamentos… Equipos de expertos al servicio de la oligarquía diseñan las disposiciones legales que luego los parlamentos dictan. Lo sabemos de sobra. Por mucho que los conservadores finjan escandalizarse y griten “¡Demagogia!”, no hay que tener miedo a afirmar que, habiendo una minoría que domina para explotar y explota para dominar (minoría a la que por cierto pertenece Amancio Ortega), la democracia que tanto se invoca es ilusoria.

Para poner remedio a tal situación hay que comenzar denunciándola sin temor a la reacción de los medios y proponiendo una etapa de transición hacia una sociedad justa y sana, etapa en la que se quite al mercado el papel de distribuir la riqueza, y le quede sólo el de concertar la inversión, la oferta y la demanda en espacios no esenciales. En los esenciales (sanidad, nutrición, enseñanza, energía, vivienda) no debe ser el mercado el decisorio, sino una política pública democráticamente decidida. Y para evitar que, aún en su papel reducido, el mercado actúe como mecanismo de desigualdad creciente es necesario un sistema fiscal sensato, que no puede limitarse a una progresividad tímida, como la que propone la socialdemocracia, sino que ha de tender a conseguir efectos parecidos a los siguientes: que nadie gane menos de 2.000 ni más de 20.000 euros al mes, pasando a Hacienda el 100% de lo que supere esa cifra. Y que nadie tenga un patrimonio que supere una cantidad situable entre 5 y 10 millones de euros. Si las cosas fueran así Amancio Ortega debería comenzar pagando 2760 millones por impuesto anual de la renta y 43.990 millones como impuesto del patrimonio. Y no se podría quejar, pues le quedarían nada menos que 240.000 euros de renta al año y 10 millones de patrimonio. Claro que no podría hacer de filántropo ni las instituciones públicas necesitarían sus donaciones. Tendrían a su disposición cantidades muy superiores que ahora están en manos privadas. He aquí una alternativa al libre mercado que no se parece nada al totalitarismo estalinista.

Si cuando se propone una tímida subida de impuestos a los ricos, los partidos de la derecha se quejan y tachan a esa subida de actividad expropiatoria, de robo en suma, ¿qué no dirían si se intentara limitar la riqueza privada (y por tanto disminuir las desigualdades insoportables) en la forma indicada? El problema es que las mentiras interesadas de la derecha no reciben de la izquierda la respuesta que merecen. La izquierda es incapaz de decir que la expropiación ha sido previa, que son los ricos los que han expropiado a la sociedad su riqueza imponiendo al efecto la legislación oportuna (por ejemplo, la que concede al mercado el reparto de la riqueza y escapes a los ricos para que eludan impuestos). Un sistema impositivo como el antes propuesto sólo pretende que la riqueza que los ricos han venido expropiando a la sociedad vuelva a ella, que es quien la ha producido.

Cierto que este discurso lleno de sensatez encuentra oposición no sólo en los poderosos y sus medios de comunicación, sino en los muchos que se dejan convencer por la ideología oficial (y que desean, ante todo, llegar algún día a ser ricos, a superar con mucho esos 10 millones, pese a que para casi todos ellos las posibilidades de conseguirlo son despreciables). Por eso las medidas indicadas no pueden ir en un programa electoral realizable, pero sí deberían estar presentes en las permanentes y prioritarias tareas pedagógicas de un partido de izquierdas.

Es lamentable que lo que la izquierda no se atreve a decir lo estén diciendo prohombres conservadores. En un artículo publicado en El País de 2 de junio, Moisés Naím hace referencia a críticas al capitalismo que no provienen de la izquierda. Ray Dalio, nº 60 de las personas más ricas del planeta según la revista Forbes y fundador de Bridgewater, uno de los fondos privados de inversión más grandes del mundo, ha dicho: “Soy capitalista y hasta yo pienso que el capitalismo está roto… Si el capitalismo no evoluciona, va a desaparecer”. Y Jamie Dimon, jefe del gigantesco banco JPMorganChase, cuyo sueldo el año pasado fue de 30 millones de dólares, ha afirmado: “Gracias al capitalismo, millones de personas han salido de la pobreza, pero esto no quiere decir que el capitalismo no tiene defectos, que no está dejando mucha gente atrás o que no debe ser mejorado”. Moisés Naím comenta que es una novedad que los titanes de la industria, cuyos intereses están muy atados al capitalismo, lo estén criticando tan ferozmente como los más agresivos militantes de la izquierda. Unos lo quieren reparar, mientras los críticos más radicales lo quieren reemplazar. Por si esto fuera poco, o tal vez como causa, ocurre que según la encuestadora Gallup, el porcentaje de los estadounidenses entre 18 y 29 años de edad que tienen una opinión favorable del capitalismo ha caído del 68% en 2010 al 45%. Hoy, el 51% de ellos tiene una opinión positiva del socialismo. En el mundo académico se está dando un proceso semejante. Paul Collier, economista profesor de la Universidad de Oxford, publicó el pasado año El futuro del capitalismo donde advierte que “el capitalismo moderno tiene el potencial de elevarnos a todos a un nivel de prosperidad sin precedentes, pero actualmente está en bancarrota moral y va encaminado hacia una tragedia”. Y otros economistas como Thomas Piketty y Emmanuel Saez creen que “la desigualdad económica es principalmente causada por la desigual propiedad del capital, tanto el privado como el público”.

La oposición de Podemos a la donación de Amancio Ortega carece de fundamento si no se enuncian y defienden las verdades que hacen esa donación inaceptable.

jmchamorro@jmchamorro.info