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REFUNDAR PODEMOS. ¿EN QUÉ DIRECCIÓN?

A causa de sus últimos fracasos electorales son muchos los que hablan de la necesidad de una refundación de Podemos. Como no pertenezco a ese partido no puedo entrar en la discusión interna, pero sí en la discusión más general sobre el papel de la izquierda, ofreciendo algunas ideas extraídas del análisis que hago más por extenso en Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

Decidan lo que decidan los miembros de Podemos y de IU, es muy necesario crear a la izquierda de la socialdemocracia una organización potente que sepa realizar actividades imprescindibles, y por ahora abandonadas, que no tienen que ver con elecciones e instituciones, sino con el campo de batalla ideológico al que me referí en la anterior entrada de este blog. Dicho de otra forma, es necesaria una organización de izquierdas que logre escapar al fin de la trampa electoralista.

Un síntoma de hasta qué punto Podemos está hundido en esa trampa es que, pese a que el partido necesita cambios radicales, no se hablaría de ellos si los fracasos electorales hubieran sido éxitos.

Contra el electoralismo se han manifestado miembros significativos de Podemos y de IU.

El Consejo ciudadano de Podemos Andalucía ha señalado que en el “nuevo ciclo” que se abre tras las últimas elecciones es necesario “aprender a hacer otras cosas que nada tienen que ver con campañas electorales”.

Yendo más lejos, Alberto Garzón, en una entrevista publicada en eldiario.es el 11 de abril de 2017, situaba el comienzo del electoralismo del PCE en el eurocomunismo de Santiago Carrillo, cultura política que propone que las instituciones que se han conseguido son las necesarias y las suficientes para llegar al socialismo y que por lo tanto el instrumento de mayor incidencia social es presentarse a las elecciones y tener influencia en las instituciones. De esta forma desde la Transición perdió peso todo lo que no fuera maquinaria institucional.

Siendo esto cierto, creo que el electoralismo queda mal caracterizado si se identifica como dedicación casi exclusiva a elecciones e instituciones abandonando otras tareas. Pues no consiste sólo en limitar la actividad política a las elecciones, sino sobre todo en una forma de concurrir a las elecciones y de administrar el poder institucional.

El electoralismo es el artilugio inventado por el poder económico para hacer inofensiva la elección de líderes políticos. Se trata de promocionar a quienes tienen condiciones para convencer al pueblo de que vive en democracia y de que la política que se realiza es la mejor entre las posibles. Se añade la generosa financiación de costosas campañas electorales y el permanente esfuerzo de los medios de comunicación dependientes del capital para demonizar cualquier idea o actitud antisistema. El ciclo termina en el ejercicio del poder según las indicaciones de los poderes reales, los económicos.

Forma parte del electoralismo la idea de que si no se consigue éxito electoral y poder institucional no se existe en el mundo de la política. Y de ello se sigue la supeditación a toda estrategia que consiga votos, aunque obligue a camuflar la propia identidad.

Así definido el electoralismo está claro que la izquierda se ha dejado embaucar y se ha echado por completo en sus brazos. Incluso cuando se lo critica no se discute la forma de acudir a las elecciones, ni el valor que se da a sus resultados, simplemente se aboga por otras actividades vagamente descritas, pero apelando al éxito o fracaso electoral como prueba y señal de ir por buen o por mal camino.

Así cuando Adelante Andalucía se presenta como la herramienta que tiene mayor potencial porque sus resultados han sido los mejores del país, o cuando saca pecho diciendo que cuenta con 17 diputados en el Grupo Parlamentario andaluz, nueve diputadas en el Congreso, una senadora, cientos de concejales y varias alcaldías. Al contabilizar en exclusiva méritos que dependen del resultado electoral, y al no tener otros méritos que mostrar, se sigue de lleno en el electoralismo.

Organización general y partido político

Los resultados de los últimos cuarenta años vienen mostrando que es necesaria una organización política que se plantee actividades tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle, entre ellas analizar e investigar la realidad social para decidir e implementar una política a largo plazo que actúe sobre una mayoría social objetivamente interesada en un cambio de sistema aunque no lo sepa.

Esa organización ha de contar con un partido político filial para concurrir a las elecciones y desarrollar la actividad institucional derivada de la cuota de poder político conseguido, tarea secundaria, pero que tiene su importancia si se hace en forma coherente con los fines generales. A ello me refiero en seguida.

Miembros

Buscar la unidad de la izquierda es algo confundente si se considera a la socialdemocracia dentro de la izquierda. No cabe esperar un funcionamiento eficiente si pretenden controlar las decisiones quienes piensan que el orden social en que vivimos debe ser sustituido por otro y quienes descalifican las propuestas “antisistema”.

Por ello, en lugar de alabar el pluralismo ideológico, sería preferible apostar por el funcionamiento democrático, que ya incluye el respeto a las distintas formas de enfocar un problema o de evaluar las soluciones, pero dentro de un enfoque ideológico compartido. Si el llamado “respeto a la pluralidad” se entiende como heterogeneidad ideológica, pasa a ser una de las causas del déficit de democracia que se percibe en las actuales organizaciones de izquierdas. Pues a falta de unas coincidencias básicas, son inevitables los controles férreos de la dirección y el miedo permanente a caballos de Troya. Ello es lamentable, precisamente porque en el interior de la organización se debe anticipar el funcionamiento democrático que se pretende conseguir para la sociedad entera.

Este funcionamiento exige dos condiciones:

Por una parte un criterio de pertenencia a la organización que sea coherente con la forma de sociedad a la que se tiende. En la izquierda parece exigible una preferencia igualitarista y la convicción de que el sistema capitalista, incluso el moderado por medidas socialdemócratas, es un mal social evitable. Y parece conveniente que la disposición a favorecer el cambio a una sociedad igualitaria busque luz en el conocimiento científico disponible.

La segunda condición es que todos los miembros tengan un acceso equivalente a la información y al conocimiento, eliminando la relación tradicional dirigente-masa, que pivota sobre la habilidad retórica del dirigente para convencer eludiendo los mejores argumentos. Llegar al funcionamiento democrático requiere mucho esfuerzo de divulgación de conocimiento e información, así como dar prioridad a la discusión mediante argumentos escritos.

Dirigentes

Repárese en que la forma de seleccionar líderes prosistema está directamente derivada del electoralismo: buena voz, saber hablar en público, tener una apariencia que resulte atractiva, capacidad de resistencia (lo que equivale a decir vocación de poder), desenvoltura para hablar sin decir nada y repetir eslóganes vacíos sin sonrojo, y todo el cinismo necesario cuando la mentira, la contradicción o el incumplimiento se hacen patentes.

Lejos de esto, la organización que propongo debería carecer de líderes carismáticos y estar dirigida por un amplio consejo temporal de personas elegidas por haber demostrado inteligencia, conocimientos y empatía, con representación adecuada de hombres y mujeres, del impulso de la juventud y de la experiencia que dan los años.

Mientras los líderes actuales buscan la exhibición en los medios porque de otra forma no existen, ese liderazgo compartido debería ser sólo detectable desde fuera a través de los efectos de su trabajo. Sus miembros no serían activos en las redes ni buscarían notoriedad en los medios privados. Estarían a lo importante, sin perderse como los políticos actuales en vueltas y revueltas a la luz de los focos mediáticos.

El partido político filial carecería también de líderes carismáticos, y no tendría capacidad para elegir estrategias, que serían decididas por la organización. Se buscaría en los candidatos electorales experiencia, conocimientos, generosidad y disposición a hablar en un registro de racionalidad y claridad. Si se consiguieran cargos públicos, la corta duración del mandato y el carácter subordinado de su papel sería una manera de minimizar las luchas personales por el poder. Nadie necesitado de poder personal se afilia a una organización en la que no puede conseguirlo.

La organización y el partido tendrían portavoces para hacer comunicados en las redes, en medios independientes y en medios propios, pero no acudirían a un medio privado dependiente del capital salvo para denunciar este hecho, denunciar con datos que tal medio depende del capital y que es por ello un obstáculo a la democracia. No tiene sentido mendigar la presencia en espacios televisivos degradantes, o en tertulias caóticas diseñadas para aumentar la desorientación del público que las sigue.

En seguida me referiré a las tareas básicas de la organización, pero antes voy a insistir en lo que no debe ser, ni hacer, el partido político filial.

Eludir el electoralismo

Por lo antes dicho, se elude el electoralismo no sólo haciendo además otras cosas, sino concurriendo a las elecciones y a las instituciones de otra forma y dando al éxito y al fracaso el valor relativo que tienen. Ello significa en concreto:

-No gastar un solo euro en las campañas electorales.

-Aprovechar el amplificador mediático gratuito para explicar a la gente en qué sociedad vive, qué alternativas existen a corto, medio y largo plazo, y dónde se encuentran los obstáculos.

-Eludir mítines y concentraciones de adeptos, y aprovechar los debates televisados para estropear la fiesta, haciendo ver que no son otra cosa que escaparates para la mentira sistemática.

-Decir lo que hay que decir sin calcular las repercusiones en votos o las reacciones de los poderosos.

Si por este camino honrado se consigue poder institucional es necesario gestionarlo con la misma ética. No para conservarlo sino para utilizarlo según la estrategia decidida, sean cuales sean las consecuencias a corto plazo (incluida la misma pérdida del poder).

De manera que una señal de que se ha salido del electoralismo es que se concurre a las elecciones de otra forma, se da a los resultados electorales el valor relativo que tienen, y a la forma de competir por los votos el valor absoluto que tiene.

Las otras tareas de la organización

Según Garzón para alcanzar lo que Gramsci llamaba la hegemonía se necesita seguir avanzando en la conquista cultural que haga colectivos unos valores y unos principios. Y para ello hay que llegar a gente a la que no se llega. Reconoce Garzón que la hegemonía no se alcanza a través de discursos, ni tampoco a través de las elecciones, al menos no sólo, sino a través de una práctica política insertada en el tejido. ¿Qué práctica? ¿Y por qué no se realiza?

Según Adelante Andalucía hay que avanzar como un sujeto político de unidad, como un altavoz popular y como una herramienta pegada al territorio, acompañar a los círculos que se encuentran con más dificultades tras las elecciones municipales, poner en el centro un proyecto feminista y ecologista presente e implantado en todos los municipios andaluces. Buenos deseos y vaguedades mil veces repetidas sin resultado.

A mi juicio la práctica política de que hablan todos debería desarrollarse en varias áreas. Al menos las siguientes:

-Actividad teórica e investigación social

-Divulgación

-Implantación en el tejido social

-Mundialización

Naturalmente no basta un enunciado vago, hay que concretar la actividad en cada una de esas áreas.

a) Actividad teórica e investigacion social

1. Me referí antes a actuar a la luz del conocimiento científico disponible. ¿Qué conocimiento?

Actuar en el terreno político sin teoría es actuar a ciegas, algo que se puede permitir la derecha (sólo pretende que todo siga como está), pero no la izquierda, necesitada de una visión de conjunto y de acciones instrumentales para un objetivo de gran dificultad, el antes indicado de transformar la ideolgía de una mayoría de población.

IU ya decía a finales del pasado siglo que la teoría es imprescindible, que no la tiene, y que sin ella no se sabe dónde se está y adónde se va. Pero han ido pasando los años y todo sigue igual.

En un manifiesto titulado La disyuntiva Julio Anguita y otros miembros del Colectivo Prometeo echan de menos una síntesis teórica, política y programática, y la proponen a base de inegrar cuatro cosmovisiones que enumeran a partir de los momentos y textos que las alumbraron: Manifiesto Comunista de Marx y Engels, El segundo sexo de Simone de Beauvoir, Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y Los límites al crecimiento de Donella Merado. Es decir, comunismo de matriz marxista, feminismo, multiculturalidad y ecología política.

Cierto que la fuerza para trastocar el orden existente está sobre todo en el feminismo, el ecologismo, las migraciones incontenibles y las personas con suficiente conocimiento y empatía, sean o no proletarios. Sólo que el feminismo o el ecologismo pueden funcionar como estrategias unidimensionales o pueden integrarse en una concepción general de la sociedad que las asimile.

Ahora bien, para esa integración ya no es suficiente el Manifiesto Comunista, por mucho que sea un texto históricamente impresionante, ni tampoco las versiones clásicas del marxismo o los llamados neomarxismos, más preocupados por retroceder que por avanzar.

El marxismo se puso a la vanguardia de la teoría social con un enorme efecto, y sigue siendo la unica teoría general de la sociedad de que disponemos, una vez que han fracasado las inoperantes alternativas conservadoras que se han intentado (Max Weber, Talcot Parsons, H. Habermas). Pero tiene fallos que hay que subsanar y requiere nuevos desarrollos que hay que acometer.

Su carencia básica, la falta de un teoría psicológica que funcione en su núcleo, no se percibió claramente en un periodo en que todo se fiaba al análisis económico y a la revolución violenta.

Esa carencia no puede remediarse con el conjunto de disciplinas que se denominan humanidades, ni con la historia y la economía, ni con el derecho y la politología, ni con la sociología de encuestas, sino directamente con la ciencia social básica, cuyo núcleo está constituido por la lingüística, la sociología, la psicología y sus híbridas (psicolingüística, sociolingüística y psicología social). Hay en el mundo académico líneas de investigación que resultan interesantes, como la de modelos de organización de memoria y la de teorías implícitas, pero no es esperable que tomen la dirección que interesa al marxista. Las disciplinas sociales académicas están controladas internacionalmente mediante revistas y política de publicaciones que tienen un carácter marcadamente conservador. Marx y Engels hicieron teoría fuera del entorno académico y esa es una historia que debe repetirse.

2. La debilidad del marxismo heredado se manifiesta sobre todo en el análisis de las clases sociales. La concepción del proletariado como vanguardia y motor de la revolución social ha quedado falsada, una vez que las predicciones que de ella se derivan no se tienen en pie. No se puede avanzar mientras se tome como único criterio para describir clases sociales la posición respecto al modo de producción desdeñando las variables ideológicas.

Una clase social se conoce cuando se estudian los procesos de socialización, los códigos lingüísticos, el papel de las edades y sexos, y en definitiva la estructura de conocimientos, afectos y pautas que caracteriza a cada uno de los grupos cuyo comportamiento resulta relevante respecto a la estabilidad o el cambio social. El proletariado queda de esta forma dividido en un conjunto de subclases, y no todas situadas en el espacio de la izquierda.

Para progresar en este conocimiento no valen por supuesto los llamados Think Tanks conservadores, pero tempoco fundaciones como Alternativas o Ideas del PSOE, Europa de los Ciudadanos de IU o el Instituto 25 de mayo para la democracia de Podemos. Nada interesante nos llega de lo que en estas fundaciones se discute o se teoriza. Es por ello imprescindible un Instituto de Investigación Social que atraiga y favorezca el libre trabajo de investigadores interesados en progresar en las líneas abiertas por el marxismo; y patrocinar una revista científica abierta a todos los investigadores que aporten conocimientos útiles, no importa su ideología o su militancia política. Valdría para iniciar la puesta en marcha el dinero que se derrocha en las sucesivas elecciones y además todo el que se recogería si los posibles donantes tuvieran confianza en su empleo. Este Instituto de Investigación Social debería ocupar el centro de la organización, y con él deberían conectar, por vías de entrada y salida, las restantes áreas de actuación, las cuales podrían extraer conocimiento de las investigaciones en curso y, a su vez, ofrecer problemas y resultados de su propio funcionamiento como materia de investigación.

b) Divulgación del conocimiento

Si una organización de izquierdas pretende llegar a la gente y hacerse entender, ha de intentar algo más que producir en período electoral el discurso político propio del mitin. Una política de divulgación debe apoyarse en otros instrumentos, uno de los cuales es, sin duda, la actividad habitual de los miembros de la organización en su entorno social. Ello requiere que reciban una formación teórica suficiente dentro de la misma organización.

Pero además, si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante un equivalente de aquello que se llamaba universidades populares (“misiones pedagógicas” en la versión de la Institución Libre de Enseñanza), una actividad permanente en los Círculos que ofrezca conocimientos que por ahora no se dispensan en las facultades de sociología, ni de psicología, ni de lenguaje, pero imprescindibles para cualquier ciudadano, sea o no activista. Me refiero a los conocimientos que componen una teoría general de la sociedad y los que se derivan de ella. Esto es trabajar en la calle, que no consiste sólo (aunque también) en promover protestas y manifestaciones.

Pero se necesita además una red de medios de comunicación para hacerse entender por un número creciente de personas cuyos intereses objetivos coinciden con el propósito de la organización.

En el nacimiento de Podemos tuvieron influencia no sólo las redes, sino también La Tuerka y el diario Público. Pero esto es insuficiente. Garzón se pregunta dónde está hoy un equivalente de la Radio Pirenaica. La izquierda debería disponer de periódicos y emisoras de radio y televisión que lleguen a toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera clara, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, para lo que es necesario atraer a intelectuales, humoristas, comentaristas deportivos, etc., que estén por la labor. Unos medios de comunicación influyentes valdrían no sólo para contrarrestar la fuerza de los medios conservadores y darles la réplica adecuada, sino además para mostrar la posibilidad y estructura de unos medios ¡no sectarios (por ejemplo, proporcionando espacios a los enemigos ideológicos para que los administren a su gusto sin censura alguna). Pues en esos medios propios habría que insistir en el argumento de que el ideal (y una condición obvia de la democracia) es el control social de la fabricación y distribución de la información, única forma de impedir privilegios o controles personales o de grupo en su uso. Habría que argumentar desde medios privados contra la existencia de medios privados y mostrar los medios propios como ejemplo de lo que podrían ser los medios públicos controlados socialmente.

Pero hay que repetir que poco puede hacer una organización de izquierdas que intente distribuir información realista si no tiene en cuenta los procesos que se ponen en marcha en las distintas clases de destinatarios cuando la información es disonante respecto a estructuras cognitivas y afectivas de cada una de esas clases. Estos problemas no se solucionan poniéndose en manos de gurús de la mercadotecnia como el Iván Redondo al que Pablo Iglesias echaba de menos, sino con la investigación a que antes me referí.

c) Implantación social

Alberto Garzón se queja de que la izquierda ha abandonado progresivamente la construcción del tejido social. “¿Dónde están las asociaciones de vecinos?, se pregunta. ¿Dónde está el PCE desplegando sus ramas por el tejido social, por los barrios, por las clases sociales?” Recuerda que el movimiento obrero en el siglo XIX, especialmente el SPD, que fue el gran partido de la socialdemocracia europea del siglo XIX (un equivalente del comunismo según se entiende hoy) tenía un despliegue tan enorme de instituciones propias que, por ejemplo, un trabajador podía aprender un oficio en instituciones del partido. Podía aprender a leer, podía ir a bibliotecas, podía aprender idiomas, podía relacionarse socialmente… en los bares, en los ateneos, las bibliotecas, todas del partido. El partido había sido capaz de construir una realidad alternativa, una sociedad alternativa, como también consiguió el PCI en Italia. Esto está ausente en la historia reciente del PCE y está ausente ahora de la izquierda española y también en general de la izquierda europea.

Esto es cierto y se echa en falta la creación de espacios en cada pueblo o barrio para que las personas que lo deseen puedan relacionarse en un ambiente ideológico progresista y actuar a diferentes niveles de implicación, lugares de reunión dotados de bibliotecas bien diseñadas, de bares económicos, de salas de lectura y aulas de estudio, donde se plenteen y discutan los problemas del entorno próximo y encuentre alguna ayuda o asesoramiento quien lo necesite.

No sólo mediante los Círculos se puede actuar en el tejido social. A la izquierda ni se le ha pasado por la cabeza algo tan sencillo como establecer escuelas infantiles de 0 a 3 años en barrios populares con abundancia de obreros e inmigrantes. Buena forma de proponerse una relación fluida y diversa con las familias, implicándolas en la solución de los problemas presentes y futuros de esos niños y, ya de paso, en los problemas más generales del barrio, de la ciudad y de la sociedad. Tales escuelas son imprescindibles para dotar a los niños, desde los pocos meses, del baño lingüístico que no reciben en sus familias y que es necesario si se quiere evitar que queden condenados a un fracaso escolar que más tarde ya no tiene remedio.

Con el tiempo, poco a poco, esas escuelas infantiles podrían dar lugar a escuelas experimentales. Hay que tener en cuenta que cualquier mejora pedagógica profunda se inicia siempre en aquella parte de la sociedad que ha madurado algún progreso sobre lo recibido, y si nos preguntamos qué parte de la sociedad es la que tiene que correr en el presente con el intento de progreso pedagógico, hay que responder que el grupo que haga suyos los valores de igualitarismo e ilustración, es decir, el grupo promotor de una racionalidad caracterizada por afectividad sana y conocimiento científico.

Tal progreso pedagógico ni puede ser impuesto en la escuela pública (no lo tolerarían las fuerzas conservadoras) ni es esperable de las instituciones tradicionalmente dedicadas a la enseñanza. Es decir, no existirá a menos que la izquierda se proponga desarrollarlo.

En España la educación pública, pese al esfuerzo de muchos enseñantes, es una simulación discriminatoria que condena a los alumnos de clases bajas al fracaso escolar y es poco eficiente respecto a los demás. Esto es algo que la izquierda anticapitalista debería estar mostrando a la sociedad con cifras y argumentos que todo el mundo entendiera. Pero sobre todo: debería estar argumentando que aunque una buena educación es posible, su generalización es incompatible con el sistema capitalista.

Una buena escuela (aunque sólo fuese una), dirigida ante todo a corregir fallos en la estructura afectiva de los colegiales (el éxito en los demás espacios vendría como efecto), sería de enorme impacto ideológico, sobre todo si sus resultados se hicieran públicos en las revistas científicas pedagógicas. He ahí un argumento poderoso para convencer a una gran parte de la población de que el presupuesto estatal debe volcarse en una educación pública de la mejor calidad. Pues más efectivo que describir una buena escuela es mostrarla diciendo: “esto es una educación adecuada y es posible, puesto que la estamos realizando”. Seguro que, si este proyecto se pusiera en marcha, serían muchos los profesionales que colaborarían y muchas las personas que prestarían apoyo económico.

d) La mundialización de la resistencia

El proyecto de una transformación social que siga pasos pacíficos y apoyados por una mayoría de la población obliga a la izquierda a replantearse el ámbito de la actuación política.

Lo que fue internacionalismo proletario debe convertirse en resistencia internacional, pues una vez que el espacio estatal ha perdido gran parte de su antigua autonomía económica la resistencia nacional ya no vale por sí sola. Dado que cualquier medida racional y justa puede recibir el embate del capital afectado, una ofensiva contra los privilegios capitalistas tendría que ir acompañada de una movilización que vaya articulando una sociedad civil mundial y una opinión pública mundial. Cualquier cambio social significativo es imposible sin un proceso lento de nuevo orden internacional, y en un solo país es un objetivo ilusorio. Hay por ello que fortalecer las relaciones con organizaciones de otros países y con movimientos alternativos que están haciendo una presión internacional creciente contra la lógica del mercado y sus consecuencias. Cada día se ve como más necesaria una legislación mundial que regule las cuestiones de interés mundial (fuentes de energía, medio ambiente, cambio climático, erradicación de epidemias, derecho de acceso de toda la población mundial al agua y alimentos necesarios, redistribución de las poblaciones, intervención internacional para evitar guerras locales, armonización de legislaciones fiscales y laborales, eliminación de paraísos fiscales, regulación de los movimientos de capital, etc.).

Ni Podemos ni IU negarán esta necesidad, pero no se conocen las actividades que llevan a cabo con este fin. Recordemos que en Seattle y en las sucesivas convocatorias a favor de otro tipo de mundialización no ha sido significativa la presencia de organizaciones de izquierda anticapitalista.

En cambio la Vía Campesina, por ejemplo, agrupa a 148 organizaciones de 69 países en lucha por una agricultura libre de la mercantilización actual, debida sobre todo a patentes agrícolas controladas por grandes multinacionales como Monsanto. Algo parecido ocurre con la ecología y seguramente son muchas las personas que podrían concertarse en la presión a favor de un Plan económico global que permita erradicar la miseria del mundo, pero que además reconduzca el desarrollo económico por vías sostenibles dentro de un proyecto de vida buena a largo plazo y para el mundo entero. El internacionalismo progresista puede tener resultados interesantes en el acoso progresivo a los modos de dominación que se nos imponen, porque cada día se van acumulando las razones, y no sólo morales. La pobreza extrema de unas partes del mundo afecta a todos, sea por la vía del terrorismo internacional sea por la de las migraciones que activan pautas xenófobas muy extendidas en los países de economía más desarrollada.

Se espera algo de los movimientos antiglobalización, sobre todo desde que a la mera protesta le han añadido propuestas positivas, pero los grupos y los colaboradores que ahí se unen son heterogéneos, en muchos casos especializados en una visión particular. Hacen falta además organizaciones que tengan una concepción integral de los problemas y puedan reunir en ella las distintas líneas de presión.

¿Valor meramente testimonial?

Termino con algo que ya he dicho en otras ocasiones. Imaginemos que el PCE que blanqueó la oscura Transición se hubiera quedado fuera de aquel pacto, dedicando los cuarenta años transcurridos a tareas como las aquí descritas. ¿Imaginan cómo estaríamos ahora? Pues comencemos a hacer ahora lo que dentro de cuarenta años se nos agradecerá.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL FRACASO DE PODEMOS EN LAS ELECCIONES

A favor de Podemos se puede seguir diciendo que se mantiene libre del poder económico. De ahí que la banca, las empresas del IBEX 35 y sus medios de comunicación lo ataquen con el denuedo que cualquiera puede observar. En Bruselas, nido de la política europea neoliberal, preocupa (o preocupaba) Podemos tanto como el Brexit. Razones suficientes para votar a Unidas Podemos, lo que no obsta para comentar críticamente el desastre sufrido por Podemos en las últimas elecciones.

En 2015 las listas presentadas por Podemos para el Congreso de los Diputados, en solitario o en coalición con otras formaciones políticas, obtuvieron el 20,68% de los votos y 69 diputados en el conjunto del Estado. En comparación con esos resultados los de las pasadas elecciones generales y sobre todo los de las municipales, europeas y autonómicas pueden considerarse un fracaso.

En Público de 29 de mayo se preguntaba Lidia Falcón: ¿Cómo entender que Podemos e IU, juntos, hayan obtenido únicamente el 1,6% de los sufragios, cuando en 2015 Izquierda Unida sola alcanzaba el 4,7%, pasando de 1.057.212 votos hace 4 años a 364.370 en la actualidad? ¿Qué conclusión sacar que de que, tras cuatro años de gobierno en “las ciudades del cambio”, sólo se haya retenido Cádiz; o de que en Zamora el alcalde de Izquierda Unida haya obtenido la mayoría absoluta? ¿Cómo explicar que se presenten a elecciones en Madrid 8 listas a la izquierda del PSOE, otras 8 en Zaragoza y Valencia, 12 en Barcelona, 10 en Gran Canaria, 6 en Sevilla, 5 en La Coruña, por seleccionar solo algunas de las grandes ciudades, ya que en toda España se multiplican las ofertas electorales que se reclaman a la izquierda del PSOE?

Estas preguntas son oportunas, pero a mi modo de ver el fracaso de Podemos no ha estado tanto en la pérdida de votos (ello podría ser algo incluso previsto y aceptado a cambio de otra cosa de más valor), sino en que este partido ha jugado todas sus cartas al resultado electoral.

Para comprender lo ocurrido creo que conviene poner en primer plano un hecho al que ya me he referido en otras ocasiones: aunque cuando surgió Podemos se entendió que era un partido que se situaba a la izquierda de la socialdemocracia, lo cierto es que en Podemos conviven dos tendencias distintas, la socialdemócrata y la de tradición marxista (llámese anticapitalista, igualitarista o como se quiera).

Esto puede ya explicar por qué si se unen IU y Podemos restan en lugar de sumar: votantes de IU no han querido votar al Podemos socialdemócrata y votantes socialdemócratas de Podemos no han querido votar a IU. Sería lógico que los miembros socialdemócratas de Podemos pactaran con el PSOE o se integraran en él, y que los miembros anticapitalistas se unieran a IU, pero en esta cuestión no es la lógica la que manda.

El caso es que, si por una parte es ya disfuncional tener dentro dos tendencias tan distintas, por otra parte la cosa ha ido a peor, porque la rama socialdemócrata se ha ido imponiendo no sólo en la elaboración de los programas electorales (que es justificable), sino también en los objetivos más generales, en las estrategias y en el discurso, hasta borrar casi por completo a la anticapitalista. Ello ha tenido como resultado el electoralismo, el abandono de las tareas no institucionales y, sobre todo, la participación, aunque sólo sea por silencio y omisión, en la omnipresente mentira pro-sistema.

Dos Podemos que se estorban

1. Tener dentro socialdemócratas y anticapitalistas conduce a la disfuncionalidad.

Para los socialdemócratas es meta final el mantenimiento o la recuperación del llamado Estado del Bienestar, que sólo exige medidas a corto plazo y no requiere una población distinta a la que hay.

Conocemos las limitaciones del Estado del Bienestar si se toma como meta final, sobre todo la resignación a vivir pasivos ante una dominación y explotación globales, que se harán más invulnerables precisamente si la política socialdemócrata tiene éxito. Reparemos en que este objetivo permanece dentro de una economía de mercado cuyos efectos son injustos, irracionales y muy lesivos para los recursos naturales, el medio ambiente y el bienestar y la salud de los trabajadores, haciendo al mismo tiempo ilusoria la democracia que a cada paso se proclama.

En cambio para los anticapitalistas la recuperación del Estado del Bienestar es un mero paso adelante hacia una meta final, el igualitarismo, que daría por fin satisfacción al ideal de la Ilustración (igualdad, libertad y fraternidad). Ello exige sustituir la llamada economía de mercado por una planificación democrática mundial, y sólo puede tomar cuerpo en un mundo en el que todos reciben un mismo tipo de educación de máximo nivel, la riqueza social se reparte equitativamente y nadie puede alcanzar, a consecuencia de su riqueza, posiciones de predominio o control sobre otros. Este es el concepto de globalización progresista, frente a la globalización que se nos vende (y a la que se apela como si fuera un corsé inevitable que impide las medidas racionales y justas).

Ciertamente ese mundo deseable es inalcanzable a corto plazo. La aproximación exige medidas que deben ir incidiendo en la transformación ideológica de una gran parte de la población. La población actual no vale para promover y defender cambios radicales.

El verdadero campo de batalla

1. Sin duda el gran fracasado en las pasadas elecciones y en todas las anteriores es el pueblo que vota. Y esto vale tanto para España como para el resto de países que se llaman democráticos. El fracasado es el pueblo que ha votado a Trump, o que votó a Reagan, pero también el que votó a Kennedy, Clinton u Obama, todos ellos al servicio de los intereses de la oligarquía económica americana. El fracasado es el pueblo europeo que vota a la extrema derecha y a partidos corruptos, pero también a partidos “respetables” que desarrollan políticas antipopulares presentándolas como inevitables.

Ese pueblo es conservador, vota a partidos conservadores y les da o quita votos por cuestiones superficiales que tienen que ver con la forma en que los sucesos políticos más irrelevantes se integran en mentes desorientadas. Basta recordar la tabarra que los politólogos nos han dado con el color de una corbata, el deficiente maquillaje o las reiteradas miradas al reloj, interpretado todo esto como causa de que se perdiera un debate y las correspondientes elecciones. Se culpa en estos casos al candidato que eligió mal la corbata, o que miró mucho el reloj, o que no se preocupó de un buen maquillaje, nunca al pueblo votante, que es el que realmente ha manifestado su incompetencia.

Desde hace milenios se viene heredando y potenciando una eficaz ideología conservadora que mantiene a la población en una ignorancia que es funcional para que el sistema se mantenga. Sólo porque muchos ciudadanos ignoran cuáles son sus intereses objetivos, no votan a quienes los favorecen y votan a quienes los perjudican. Si no hubiera falsa conciencia, y puesto que una minoría explota a la mayoría, esa minoría nunca ganaría las elecciones. Quiere ello decir que si el pueblo español tuviese conocimiento suficiente de la realidad socio-política, Unidas Podemos no hubiera perdido votos por grandes que hayan sido sus errores. Los restantes partidos los han cometido aún mayores.

Precisamente porque las cosas son así, cualquier partido anticapitalista debe tomar como punto de partida el hecho de que toda política que intente llegar más lejos de lo que el poder económico considere aceptable encontrará la oposición de ese poder (que sabe cómo montar feroces represalias económicas) y de sus huestes académicas, funcionariales y mediáticas, pero además no encontrará apoyo suficiente en la población cuando lleguen las represalias.

Se puede entonces resumir la situación repitiendo que mientras una política socialdemócrata puede contar con la población existente, una política que vaya más allá necesita una transformación previa de esa población, un cambio profundo en sus ideas y valores. Mientras para un partido socialdemócrata el campo de batalla es el electoral, para un partido anticapitalista el verdadero campo de batalla es aquel en que se ventila la transformación ideológica de una mayoría.

2. Esa transformación está fuera del corto plazo, pero eso no quiere decir que no pueda inspirar muchas actividades ya realizables, que son condición para que sea posible mañana lo que hoy es muy deseable, pero está fuera de nuestro alcance.

Entre esas actividades hay una insustituible, la pedagógica que consiste en ir difundiendo entre la población, de manera efectiva, aquel conocimiento indispensable que el discurso oficial, los medios de comunicación, los púlpitos eclesiásticos y los textos de las escuelas silencian o tergiversan. La pugna electoral debe interpretarse entonces como un medio, un escenario en el que hablar claro y mostrar una diferencia profunda con el resto de los partidos, presentar a la ciudadanía una imagen tan diferente a la de la socialdemocracia que esa misma diferencia constituya el mensaje más sólido de cara al futuro y sin que importen las consecuencias electorales inmediatas. A su vez, el poder político, si se consigue, debe emplearse en hacer aún más patente esa diferencia, todo ello como parte de una estrategia transformadora de ideas y afectos que ha de exceder con mucho el espacio institucional, y que en muchos momentos puede poner en riesgo el éxito electoral o llevar a la pérdida del poder conseguido. Perder el poder por hacer lo correcto es encomiable. Perderlo por dar pasos atrás, como ha ocurrido ahora, es lamentable.

Socialdemocracia inevitable en los programas

Las propuestas políticas de Podemos, pese a que sean tachadas por la derecha de radicales, no sobrepasan el nivel de la socialdemocracia, e incluso han ido rebajando su intensidad inicial. Pero no es esto lo criticable.

Cuando Podemos irrumpió en la vida política era razonable querer desalojar al PP del poder, llegar al Gobierno y hacer una política más justa y transparente, beneficiosa para muchas personas que lo estaban pasando mal.

Una política socialdemócrata que revierta las políticas de recortes del capitalismo neoliberal puede ser la única posible por el momento, de manera que es adoptable tanto por socialdemócratas como por igualitaristas.

Ahora bien, no de la misma forma ni con los mismos efectos.

Un partido igualitarista debe explicar la relación instrumental de sus propuestas electorales con la meta final. No olvidemos que para caracterizar a un partido político lo primero a tener en cuenta es la finalidad que da sentido a la organización y que permite evaluar los comportamientos instrumentales que se vayan haciendo posibles. De ahí que la meta final deba actuar permanentemente como punto de referencia en la crítica al presente y en la propuesta de avances.

Esto no es posible en Podemos por la disfuncionalidad indicada: lo que para muchos de sus miembros es meta final, para otros es, o debiera ser, meta intermedia. Y resulta que a estos últimos no se los oye. No es por tanto el programa electoral lo que se puede criticar a Podemos, sino el discurso y los silencios con que lo ha acompañado, y también que no haya hecho otras cosas, precisamente las que deberían caracterizar a un partido que se presentó como situado a la izquierda de la socialdemocracia.

Electoralismo

1. Más concretamente, la inoperancia de la parte anticapitalista de Podemos se aprecia en que el partido ha venido actuando como si creyera que la batalla contra la derecha se da en el campo electoral, error que viene de lejos.

Marx creyó que el paso a la sociedad igualitaria, determinado por las leyes de la Historia, podía acelerarse mediante la lucha revolucionaria del proletariado, y que el final del modo de producción capitalista, resultado de esa lucha, originaría la emergencia del “hombre nuevo”. Bien pronto se pudo comprobar que esa emergencia no se sigue mecánicamente del cambio de modo de producción. Marxistas posteriores llegaron a la conclusión de que la revolución violenta no tiene sitio en los países de economía desarrollada, y la sustituyeron por la lucha electoral para ganar un poder con el que, desde las instituciones, cambiar el modo de producción capitalista bajo la misma idea de que el “hombre nuevo” surgirá como por ensalmo. En esta línea los partidos eurocomunistas criticaron a quienes seguían manteniendo la lúcida consideración marxista de la democracia burguesa como democracia meramente formal.

No comprendieron que la participación en la lucha electoral no vale de mucho, ya que el ejercicio del poder político está sometido a la condición de que no se utilice para atacar sensiblemente al capital. En realidad nuestra “democracia” sólo es aprovechable como un avance político que mejora la situación del ciudadano frente al poder y que permite a la izquierda antisistema desarrollar, en tanto que parte de la sociedad civil, tareas relacionadas con la transformación de creencias y valores de una mayoría social, condición necesaria para que surja a largo plazo la “persona nueva” promotora del igualitarismo. En ese sentido la lucha electoral no deja de ser una trampa si no se la toma como un medio más en la batalla ideológica.

2. Cuando un partido se limita al campo electoral e institucional acepta a la gente como es y, en consecuencia, utiliza instrumentos de mercadotecnia con mensajes que no desanimen a los votantes, y con caras de líderes carismáticos al frente de las listas. Se hace obsesiva la necesidad de conseguir el voto de una clientela difusa y variable, y el partido se ve comprometido en una actividad que obliga a jugar con las reglas del mercado de cara a una sociedad cuyas mentalidades han sido configuradas de manera masiva por la derecha conservadora.

Los líderes de Podemos han aceptado convertirse en personajes de la cháchara política de los medios, y buscan el éxito electoral como si no tuvieran otro horizonte que la conquista del poder mediante los votos. Sólo discuten por las estrategias electorales. Las previsiones y los resultados electorales dominan análisis políticos ajenos a una teoría seria.

Si todo se fía al éxito electoral ocurre además que en el terreno de la mercadotecnia la batalla está perdida para un partido anticapitalista. Siempre será mucha la ventaja de los restantes partidos, por su mayor potencial económico, por el apoyo mediático y porque sus mensajes populistas encajan mejor con la ideología popular.

Luego se da la siguiente paradoja: en la medida en que un partido de izquierdas llegue al poder y tenga éxito en la lucha por solucionar “los problemas de la gente”, en esa medida pierde el apoyo de esa gente para ir más lejos. Hoy aprovecha la indignación y gana sus votos, mañana esa indignación disminuye porque la situación ha mejorado gracias a las políticas realizadas, y aquellos votos se pierden para impulsar un cambio más radical. La población actual no es fiable para proyectos radicales, porque mayoritariamente desea ante todo la supervivencia o el éxito dentro de la sociedad capitalista.

2. El electoralismo produce miedo a crearse enemigos poderosos y a disgustar o espantar a posibles votantes.

En el artículo antes citado critica Lidia Falcón que los gobiernos del cambio hayan seguido financiando escuelas, cofradías y fiestas religiosas, concedido medallas a las vírgenes y presidido procesiones. Que hayan obviado la reclamación de la República. Que no hayan puesto en cuestión la pertenencia de España a la OTAN ni sus agresiones criminales en medio planeta. Que nada digan de la política de Israel con los palestinos, ni del Sáhara, ni de las interminables guerras de Irak, Afganistán y Yemen. Que en su campaña electoral hayan eliminado la denuncia de las agresiones de los derechos humanos en las políticas de inmigración y asilo, permitiendo que se acepte con naturalidad que miles de personas, mientras huyen de las guerras que nuestra Unión Europea permite y que varios de los Estados que la componen han organizado, mueran en el éxodo por África y se ahoguen en el Mediterráneo. Que aprueben la especulación inmobiliaria, persigan a los inmigrantes y a los manteros, abandonen a los sin techo y consideren que hay que entregarle a la empresa privada los más suculentos negocios inmobiliarios. Que no promuevan la prohibición de la prostitución, el alquiler de úteros de mujeres, la pornografía, ni la desprotección, maltrato y venta de niños con la privatización de los servicios sociales y las casas de acogida.

Se trata, como bien se ve, de acciones y silencios tácticos para no molestar y para no asustar. No hacer o decir esto porque puede molestar a los gobiernos de EE. UU. o Alemania, ni eso porque puede molestar a la banca, ni lo de más allá porque puede molestar a medios de comunicación poderosos, ni aquello otro porque puede molestar a la Iglesia o a los católicos. La solución es quedar casi mudos, limitados a hablar de cosas que no molesten a nadie con poder de reacción, y repentinamente compensar tal silencio con una declaración extemporánea y agria, aprovechada en seguida por la derecha para desacreditar. Si para no espantar votantes hay que huir de cualquier apariencia de radicalismo, se queda a merced de la derecha, que es la que define dónde empieza el radicalismo.

De esta manera, puesto que la mentira consiste en afirmaciones pero también en silencios, la precaución miedosa propia del electoralismo ha llevado a Podemos a participar, por omisión, en la mentira sistemática que los otros están obligados a practicar por acción y omisión.

Lo desatendido

1. Volcado en la actividad electoral e institucional, los principales capítulos de la aventura pública de Podemos han consistido en disputas insustanciales entre líderes, comentarios sobre victorias o derrotas en debates electorales, acusaciones de traición, discusiones sobre alianzas electorales y poselectorales, y otras cosas relativamente intrascendentes, por mucho que los medios las consideren del mayor interés.

La actividad de los Círculos ha decaído, a la población nada le llega de esa actividad. Pero además no se han iniciado procesos para dotar a Podemos de medios de comunicación atractivos, zonas de investigación imprescindibles, actividades de implantación social que trasciendan protestas o manifestaciones.

El desinterés por el campo ideológico hace que no se perciban bien los efectos en ese campo de las propias acciones. Un caso ejemplar fue la compra del chalet por Iglesias y Montero. Tampoco se evalúan los efectos a medio y largo plazo de la ambigüedad en el discurso y de los silencios tácticos.

La ambigüedad sirve a una organización conservadora, pero si se da en una organización de izquierda anticapitalista malogra una actividad que sólo ella se puede permitir y que es su principal patrimonio: hablar sin recurrir al disimulo o la mentira. Mientras los partidos, intelectuales y comunicadores socialdemócratas no pueden eludir la mentira sistemática, la izquierda anticapitalista ha de afirmar las verdades que los demás están obligados, por su papel, a silenciar, negar o sustituir por la mentira populista que en cada momento convenga.

Decir que los socialdemócratas, como los restantes defensores del capitalismo, están necesariamente sumidos en la mentira sistemática significa que en sus palabras y actos está afirmada o implicada la falsedad acerca de las cuestiones fundamentales. Les es preciso afirmar o dar por supuesto que vivimos en democracia, que la soberanía reside en el pueblo, que la constitución es algo sagrado que garantiza la convivencia y el respeto a los derechos humanos, que la propiedad privada de los medios de comunicación es una salvaguarda de la libertad de expresión y de la democracia, que los partidos políticos actúan al servicio de la población que los ha votado, que el pueblo sabe muy bien lo que quiere, que la administración de justicia merece toda nuestra confianza, que la economía de mercado es la más favorable a la mayoría, que hay igualdad de oportunidades porque todos tienen igual acceso a la educación, etc., mentiras flagrantes todas ellas, de las que los defensores del capitalismo no se pueden desmarcar y que constituyen la esencia del populismo en sentido peyorativo. Pues en ese sentido “populismo” es identificable con el uso de la mentira para, engañando a un pueblo mal informado, conseguir o retener un poder con el que hacer una política contra ese pueblo. Así entendido el populismo es algo consustancial con las formaciones conservadoras y sólo la izquierda puede eludirlo.

Precisamente lo que más teme el sistema es que se hagan públicas las verdades incómodas, como prueba el griterío ensordecedor de los medios cuando alguien afirma una verdad que debe ser ocultada. Al unísono vociferan que el inoportuno es antisistema, populista, resentido, demagogo lleno de odio, un peligro para la sociedad.

Al guardar silencio respecto a las cuestiones fundamentales que deben preocupar a un partido de izquierda, como las indicadas en la entrada anterior de este blog, Podemos renuncia a llamar a las cosas por su nombre, dilapida su exclusiva riqueza y, aunque sigue siendo el partido más decente a mucha distancia, defrauda a todos aquellos votantes que esperan la aparición de un partido anticapitalista con el que identificarse.

2. Dicen muchos que para cambiar la sociedad hay que estar en el gobierno, y que todo lo que no sea conseguir votos y poder político es tarea puramente testimonial y por tanto irrelevante. Los que dicen esto están ciegos a la realidad que opera por debajo de la superficie. Ignoran que hay tareas a largo plazo que terminan dando sus frutos precisamente cuando las sucesivas tareas a corto plazo se han mostrado infértiles. Ya sabemos qué ha sido de todos los afanes electoralistas del PCE primero y de IU después. Y podemos pensar que si no se hubiera elegido la senda electoralista hace 30 años, sino otra de actividades con efectos a largo plazo, ya estaríamos recogiendo frutos e incluso es probable que el éxito electoral de la izquierda anticapitalista hubiera terminado siendo mucho más grande.

Por lo menos podemos ya decir que el electoralismo ha llevado a la izquierda anticapitalista a perder votos. Parece que en Podemos y en IU se impone una seria reflexión. Seguro que habrá reflexión, veremos si seria. En todo caso dejo este tema para un próximo comentario.