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LA CUESTIÓN CATALANA ANTE LAS ELECCIONES DE 21D

Madre mía, la que nos ha caído encima, escuchar y leer de mañana a noche a comentaristas, ensayistas y tertulianos por completo normales, lo que quiere decir que ignoran muchas cosas o que son muy insinceros.

Unos y otros se dedican a defender a una de las partes a base de criticar, desestimar y ridiculizar a la otra desde presupuestos morales, jurídicos o estéticos que la otra no comparte. Y todos fantasean cuando pronuncian las grandes palabras: independencia, libertad, legitimidad, democracia, justicia.

En política lo real es el forcejeo por imponer el propio interés. Y en ese forcejeo son siempre los mismos los que tienen mayor fuerza cuando se trata del tema principal, el reparto de la riqueza.

En pleitos secundarios, que eso es la cuestión catalana para los de arriba, victoria y derrota no están asignadas de antemano.

A estas alturas no ofrece dudas que el procés no ha sido sólo una ensoñación propia de devotos fanáticos, sino sobre todo una estrategia mejor o peor calculada de exhibición de fuerza. Puesto que los independentistas sabían que a la República Catalana no podían llegar por la vía unilateral, iban sin duda buscando otra cosa. Dar pasos adelante.

Los dieron el día 1 de octubre: forzado el Estado a intervenir contra el referendum, Europa entera tuvo como noticia de primera plana el comportamiento brutal de guardia civil y policía nacional contra votantes indefensos y pacíficos.

Pero el 8 de octubre gran manifestación en Barcelona de los enemigos del Procés. Y además la baza de las empresas que se van de Cataluña.

En seguida, a fines de octubre, un tanto a favor de los independentistas cuando forzaron al Gobierno a aplicar el artículo 155. Pero Rajoy tuvo el acierto de convocar las elecciones que había estado a punto de convocar Puigdemont.

Parecían relativamente calmadas las aguas, e incluso le llovían a Rajoy plácemes, como si fuera el gran bombero y no hubiera sido antes el pirómano irresponsable, y repentinamente todo patas arriba de nuevo, ahora por la prisión incondicional de miembros del Gobierno catalán, dictada el 2 de noviembre por la jueza Carmen Lamela.

Han seguido las rectificaciones de algunos independentistas para evitar la cárcel, sea aceptando la legalidad constitucional y el 155, sea sugiriendo que cabe una solución para Cataluña que no sea la independencia unilateral. Y luego nueva exhibición de fuerza: una enorme manifestación el día 11 de noviembre pidiendo la libertad de los encarcelados.

Muchos analistas se apresuran a hablar de éxitos y fracasos desde sus preferencias y otros se atreven a calcular cómo influirá todo esto en las próximas elecciones, que es algo para lo que carecemos de datos fiables.

Luego, tras las elecciones oiremos decir que los independentistas han perdido si no consiguen mayoría absoluta en el Parlament, o que han ganado si la consiguen.

Pero la verdad es que los independentistas han ganado la presente batalla, porque lo que era imposible ayer mismo, la modificación de la Constitución, ya está ahí y el propio PP la contempla con resignación. Cierto que el bando contrario ha tenido también una ganancia: que pase lo que pase en las próximas elecciones, los independentistas no volverán por ahora al camino unilateral.

Y luego seguirá la guerra, que no terminará mientras haya nacionalistas capaces de dedicar su vida a la causa. Que sea una guerra más o menos molesta, o incluso violenta, dependerá de si se reduce o aumenta el número de independentistas “laicos”, pues los “religiosos” parece que no llegan al 30%. De manera que lo que sabremos tras las elecciones, y no podemos saberlo antes, es a cuántas personas el citado forcejeo les ha avivado o decaído el deseo de separarse del Reino de España y proclamar una República Catalana.

Pero a lo que iba: las grandes palabras con que cada bando pretende legitimar su posición configuran la gran mentira que ha caído sobre el país (y que sirve, como siempre, para ocultar sus verdaderos problemas). Me refiero concretamente a estas afirmaciones:

-Que ha llegado la hora de la política.

-Que parte del problema independentista se debe a que en la escuela catalana se adoctrina.

-Que España es una democracia y que por tanto es una aberración seguir hablando de franquismo.

-Que, puesto que estamos en una democracia, en España no puede haber presos políticos.

-Que el encarcelamiento de los dirigentes del Procés era inevitable, porque la justicia está obligada a aplicar la ley, sea ello políticamente beneficioso o perjudicial.

-Que los jueces y fiscales españoles son independientes.

¿Qué significa que ha llegado la hora de la política?

Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, escribía el pasado 3 noviembre en El País:

Estos días se hacen encendidas apelaciones a la política. No sé muy bien qué significa eso. […] Si es la política como negociación de los propios intereses en base a la fuerza de cada uno, no parece aceptable porque deja siempre fuera al más débil y no sirve por ello para resolver cuestiones de principio.

Pero ¿no sabe nuestro ingenuo catedrático que esto es lo que ha ocurrido siempre y lo que, por ahora, no puede dejar de ocurrir? ¿Acaso cree que en alguna “democracia” la política ha sido entendida (y uso sus mismas palabras) “como la apuesta profunda por la ordenación racional de las pautas de convivencia y la distribución de los beneficios y las cargas de la vida social”?

¡Cuánta palabrería ocultadora de la verdad simple!

Cuando entre nosotros se habla ahora de que ha llegado la hora de la política unos quieren decir que no hay más remedio que satisfacer de alguna forma los deseos del independentismo catalán, a la vista de la fuerza que ha mostrado.

Los de enfrente, apelando también a su propia fuerza, quieren decir que hay que aprovechar la coyuntura para devolver competencias al Estado central.

Supongo que acabará imponiéndose la solución de un Estado Federal con un nuevo reparto de competencias y dineros. Tenemos una cuestión territorial mal resuelta, sobre todo por el concierto económico vasco, que se concedió apelando a derechos históricos, y por la arbitrariedad en la forma de financiación de las Comunidades.

Apelar a derechos históricos carece de fundamento racional y ético si con ello se quiere mantener un privilegio (es como si los hombres hablaran de derechos históricos sobre las mujeres). Ocurrió que la Constitución inauguró un tiempo nuevo que dio a cada comunidad lo que podía exigir dada su fuerza, no lo que le correspondería por razón y equidad. En los casos vasco y navarro se actuó para aplacar el independentismo en tiempos en que ETA era una fuerza concurrente. Y Andalucía consiguió ser Autonomía de primera sólo tras su demostración de fuerza.

Es posible que mañana otros territorios exijan una forma de financiación más equitativa. Pero hacer política no será en ese momento diferente a lo que siempre ha sido. Serán las fuerzas en litigio, y no la razón o la justicia, las que decidan.

El adoctrinamiento en la escuela

Una de las competencias que algunos quieren que recupere el Estado es la referida a educación, porque entienden que el adoctrinamiento en las escuelas catalanas es una de las causas del auge del independentismo.

Tienen razón al afirmar que en las escuelas catalanas se adoctrina. Pero cuando se rasgan las vestiduras y pretenden que el control de la educación se devuelva al Estado central, parecen creer que en el resto de España no se adoctrina. Recordemos que allí donde el nacionalismo español predomina nuestra historia se enseña a mayor gloria de la patria cristiana que expulsó al infiel, descubrió y evangelizó el Nuevo Mundo y fue un imperio en el que no se ponía el sol. Los crímenes del franquismo no se cuentan en los libros de texto de las escuelas y la Transición se presenta como una luz sin sombras, lo mismo que la democracia que de ella surgió. Puro adoctrinamiento.

En todas las escuelas del mundo se adoctrina respecto a la propia nación y en todas partes se enseña una historia amañada. En otro caso no estaríamos instalados en la mentira sistemática.

Pero es que además el PP es un defensor de las escuelas en que más se adoctrina, las regentadas por órdenes religiosas.

Siendo así las cosas, es lamentable que la izquierda no se plantee como objetivo básico la forma de contrarrestar el adoctrinamiento general que viene configurando la mentalidad de una mayoría de la población.

No estamos ya en una dictadura franquista, pero el franquismo ahí sigue

El franquismo sobrevive en el PP y se muestra en actitudes y declaraciones de sus dirigentes tan pronto se descuidan y se hacen espontáneos. También en las subvenciones públicas que conceden a asociaciones franquistas, en las continuas trabas para el cambio de nombres de calles, en la nula diligencia en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, en la oposición a que se declaren nulas las sentencias políticas del franquismo.

El franquismo sigue instalado en la policía. Ello explica el comportamiento de cierta policía política, explica en parte el exceso de celo con que guardia civil y policía nacional cumplieron órdenes el día 1 de octubre en Barcelona, y también la manifestación de odio sádico que rezuma un chat de la policía municipal de Madrid, con elogios a Hitler incluidos, episodio éste en que lo más preocupante ha sido la actitud de los sindicatos policiales (salvo Comisiones Obreras), justificando lo injustificable y atacando al policía denunciante.

En cuanto a la judicatura, Baltasar Garzón, que tiene muchos elementos de juicio, afirma que el franquismo sigue en ella. Y es natural, porque la judicatura era franquista durante la dictadura, y los jueces de aquella índole se mantuvieron tras la “modélica” Transición y han sido los encargados de controlar las oposiciones a jueces y fiscales. Se ha colado gente progresista, pero en minoría, como se aprecia en las asociaciones profesionales. Y sobre todo, los progresistas son aún menos según se asciende en el escalafón.

Por eso, aunque no es cierto que España siga siendo una dictadura franquista, exageran quienes festejan nuestra democracia y dicen que el franquismo es cosa del pasado. Nuestro régimen es una plutocracia mal disfrazada, y el franquismo es la forma básica de una extrema derecha muy extendida e influyente, y cada día menos reprimida.

¿Presos políticos o políticos presos?

Estamos viendo que en España se lleva a los tribunales, y a veces se acaba encarcelando, a personas que no han hecho otra cosa que decir algo que ha herido los sentimientos de católicos integristas, de franquistas o de víctimas del terrorismo etarra (a muchos de los cuales ofende que se intente explicar ese terrorismo por sus causas).

Siguen siendo represaliados todos los que fueron condenados por sentencias políticas del franquismo que nuestro Parlamento todavía no ha anulado.

Hay represaliados políticos en la misma judicatura. El juez Garzón es un represaliado político.

En todo caso sorprende que los que niegan que en España haya presos políticos y hablan de nuestros “políticos presos” no duden en calificar de “presos políticos” a impresentables golpistas venezolanos.

¿Respeto a la legalidad?

Mientras unos exageran al calificar la reacción del Gobierno español como propia de un Estado dictatorial, o fascista, otros hablan del imperio de la Ley y de la independencia judicial. Podemos preguntarnos si tanto unos como otros hablan en serio.

Veamos:

Los secesionistas catalanes ya sabían en qué juego andaban. Y dentro de ese juego la reacción del Gobierno (si dejamos aparte su negativa a negociar y el brutal ataque policial a pacíficos votantes), no ha sido muy distinta a la que habrían tenido otros Gobiernos europeos ante una declaración unilateral de independencia. A lo que hay que añadir que el comportamiento del bloque independentista no fue muy democrático, al perseverar en su propósito contando sólo con un 48% de votantes, marginar a la oposición, incumplir sus propias leyes y hablar como si sólo los independentistas fueran catalanes y el 52% restante no contara. Ahora parece que entonan un mea culpa.

En todo caso, mientras M.Rajoy iba por ahí, muy digno, apelando a la ley para oponerse a los independentistas, han ocurrido estas tres minucias:

-La Fiscalía Anticorrupción considera «abrumadoramente acreditada la caja B» del Partido Popular, que según ha señalado la fiscal Concepción Sabadell se nutrió de pagos realizados por empresarios como contraprestaciones a cambio de favores del partido.

-El jefe de la UDED ha afirmado en el Congreso que hay suficientes indicios de que M.Rajoy ha cobrado sobres en B.

-Y la juez de Instrucción número 32 de Madrid, Rosa María Freire, ha imputado al PP por la comisión de los delitos de daños informáticos y encubrimiento de pruebas.

Es decir, el partido que ha concurrido a las elecciones fraudulentamente, financiándolas con dinero negro, que ha incumplido leyes y preceptos constitucionales, y que ha sido calificado en los juzgados como asociación para delinquir (una especie de mafia) exige a otros puntillosamente el respeto a la legalidad. ¡Y mientras tanto M.Rajoy sigue siendo Jefe de Gobierno!

Si alguien se pregunta cómo es esto posible, hay que responderle: cuestión de fuerza. El PP tiene la fuerza que le da ser el partido más votado en nuestro triste país.

El encarcelamiento de los dirigentes del Procés no era inevitable

Aceptemos que la Ley es a veces sagrada (cuando es violada por los independentistas), y a veces no (cuando es violada por los dirigentes del PP).

Aún así, no es cierto que la actuación de la justicia contra los dirigentes independentistas haya sido la que tenía que ser. En primer lugar, la cosa no comienza cuando la jueza Carmen Lamela toma la decisión de decretar prisión preventiva incondicional, pues nuestra justicia es rogada: los jueces no actúan si no hay una petición previa (normalmente del fiscal).

Por otra parte las leyes son interpretables. Y cuando se interpretan contra la equidad, o contra el sentido común, es por la tendencia del juez, no porque sea obligado.

En este caso fue el fallecido Fiscal General, José Manuel Maza (reprobado por el Parlamento pero mantenido en su puesto a toda costa por el Gobierno del PP), el que se reservó este asunto, interponiendo las querellas y solicitando las medidas de prisión, todo ello con una celeridad impresionante teniendo en cuenta lo lenta que es nuestra justicia. ¿Obligaba la Ley a estas actuaciones? Pues no. Sin salir del escrupuloso respeto a la Ley pudo el fiscal muy bien no haber corrido tanto, no haber acusado del delito de rebelión (hay muchos ilustres juristas que creen que no se ha cometido tal delito) y no haber pedido prisión preventiva incondicional. Y la jueza pudo muy bien no haber decretado esa prisión. El magistrado del Supremo Pablo Llarena no ha aceptado la misma solicitud hecha por el mismo fiscal en relación con los mismos delitos. ¿Ha actuado este magistrado fuera de la ley?

En todo caso no ha quedado claro si fue el Gobierno quien impulsó la actuación de Maza o si, por el contrario, al Gobierno le han contrariado los efectos políticos de tal exceso de celo. Si el gobierno ha estado detrás, no cabe mayor torpeza. Si se ha sentido molesto, queda claro que la extrema derecha del PP tiene más fuerza que la aparente y que es ante esa extrema derecha ante la que Maza se quiso significar.

¿Independencia de jueces y fiscales?

Como prueba de la independencia de la justicia española apelan algunos a los altos cargos políticos del PP encarcelados o procesados, concluyendo, con hipócrita satisfacción, que la justicia es igual para todos. Pero, dejando aparte el trato de favor recibido por miembros de la familia real, o por el mismo M.Rajoy, resulta que las actuaciones contra el PP se han iniciado años más tarde de que hubiera las primeras denuncias, y cuando ya las pruebas publicadas eran tan abrumadoras que resultaba imposible seguir mirando a otra parte. Sobre todo teniendo en cuenta que los obscenos enriquecimientos se hacían públicos en momentos de angustia económica de millones de españoles.

Por poner dos ejemplos recientes: El caso Lezo se abrió tras varios años de denuncias, en los que la Fiscalía justificó su inacción con excusas impresentables. Y el comisario José Manuel Villarejo, organizador de un entramado mafioso policial-judicial, sólo ha sido imputado y encarcelado tres años después de que comenzaran los reportajes de Público, que debieron activar a la Fiscalía desde el primer momento.

Como todo el mundo sabe, Villarejo fabricaba pruebas falsas contra políticos y partidos rivales del PP (entre ellos Podemos), al tiempo que pagaba a jueces y fiscales sus intervenciones en una de sus empresas, el instituto de práctica jurídica Schola Juris. Precisamente dos de los fiscales que impartían clases en esa escuela fueron el señor Maza y Manuel Moix, cuyo nombramiento como Fiscal Jefe Anticorrupción causó gozo a Ignacio González porque de él esperaba que fuera un dique para librar a los del PP en los numerosos casos abiertos contra ellos. Moix fue mantenido por Maza contra viento y marea pese a las denuncias de la oposición, hasta que finalmente dimitió cuando se descubrió que tenía una sociedad en Panamá.

Otra prueba de la parcialidad de la fiscalía. El juicio en el que ha sido imputado el PP por la destrucción de los ordenadores de Bárcenas se sigue a instancias del Observatorio Desc y de IU, no del fiscal, sino contra su criterio, y el fiscal ha recurrido el procesamiento. Ya antes, en 2013, la jueza Esperanza Collazos se apresuró a seguir al fiscal y sobreseer el caso sin practicar diligencia alguna, y fue lo escandaloso de este hecho lo que ha obligado a la Audiencia Provincial de Madrid a reabrir el caso. Finalmente el PP ha sido imputado ¡cuatro años después de que llegara a los juzgados la denuncia! Y ahí sigue M.Rajoy, el jefe de la banda, todavía ni siquiera imputado.

Último detalle escandaloso: La magistrada Concepción Espejel, que por sus vínculos con el Partido Popular fue recusada para juzgar las piezas de la trama Gúrtel, ha sido ascendida a presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y desde ese puesto ha conseguido cambiar al tribunal que venía juzgando la primera época de Gürtel, dejando fuera del mismo a dos de los magistrados y acabando así con la mayoría que, pese a la posición contraria del fiscal, obligó a M.Rajoy a declarar como testigo.

Todo el mundo sabe que el poder político controla las altas esferas de la judicatura a través del Consejo General del Poder Judicial. Precisamente para luchar contra esta realidad se creó en 2.002 el Foro Judicial Independiente. Y los fiscales, pieza clave en la administración de justicia, están muy controlados por el poder ejecutivo y durante muchos años ha sido el PP, como lo es ahora, el partido controlador.

El astuto invento de la nación

Uno de los muchos aciertos del marxismo fue interpretar el nacionalismo como un invento de las clases dominantes con la astuta finalidad de unir a opresores y oprimidos, y llevar incluso a los oprimidos a morir en guerras de conquista enfrentados a quienes deberían ser sus aliados, los oprimidos de la nación contraria. Por ello el nacionalismo ha sido siempre el enemigo natural del internacionalismo de izquierdas, el que tenía como lema “proletarios del mundo uníos”.

Las clases dominantes llevan siglos interesadas en que la gente crea que la nación es la madre de la que sus miembros descienden y extraen su identidad como hermanos, y que quienes se declaran no nacionalistas son unos hijos desnaturalizados, unos traidores a la madre patria.

Este nacionalismo romántico tiene la ventaja de que, como cualquier religión, no es tema de discusión racional, queda recluido en el espacio sentimental, y por ello a los fieles se les llenan los ojos de lágrimas ante la bandera que representa a la nación de su alma.

Hay otro concepto de nación, éste laico, que la hace surgir de la voluntad de quienes la forman y de su compromiso de convivir bajo instituciones jurídicas comunes, de manera que la nación no es una entidad independiente de esa voluntad, sino un efecto suyo que igual que aparece puede desaparecer.

De cada uno de estos nacionalismos puede surgir un diferente tipo de independentismo.

En Cataluña los independentistas religiosos y los laicos se conciertan y suman sus argumentos. Creen los primeros que la nación irredenta sólo alcanzará su máxima plenitud histórica, cultural y lingüística en un Estado independiente. Encuentran los segundos tres motivos para la independencia: el económico (España nos roba), el sentimental (España no nos quiere) y el ético-estético (huyamos de la España del PP). De esos motivos el económico es el más fuerte, y por ello el independentismo se suele dar en territorios que disponen de una mayor riqueza que no desean compartir con vecinos más pobres dentro de un Estado común.

Los españolistas religiosos se enfrentan a ese independentismo con la ideología franquista de la España Una, Grande y Libre, y del “a por ellos”. Mientras los españolistas laicos esgrimen el motivo económico (la separación de Cataluña empobrecería a España) y el sentimental (muchos catalanes quieren seguir siendo españoles).

Si salimos de los nacionalismos y vamos a los hechos, España, Cataluña y las restantes Comunidades no son otra cosa que territorios en los que conviven personas muy diferentes en intereses, ideas y destrezas bajo el dominio de una minoría que elabora las leyes, controla el Estado y los principales mecanismos de fabricación de opiniones y deseos, y maneja todo ello en claro perjuicio de una mayoría que malvive.

¿Qué hace ahí la izquierda?

Partidos que se consideran de izquierdas, como Esquerra Republicana y la CUP, se han unido en el procés al partido de la burguesía catalana que se enriqueció con el franquismo, que nadó después en la corrupción y que recientemente ha hecho los mayores recortes en educación, sanidad y gasto social. Para esta izquierda desnortada el fervor patrio lo justifica todo, a él se supedita todo, y claro está, los catalanes que se alinean con una izquierda no independentista son enemigos, no son verdaderos catalanes, mientras que son hermanos los de la derecha independentista.

La posición de ER y de la CUP sólo se puede explicar si se toman en cuenta los sentimientos fabricados por el adoctrinamiento infantil.

Para mayor desconcierto, la independencia que se busca es ficticia.

Los independentistas quieren que, al separarse de España, Cataluña siga en Europa, pero entonces no sería independiente, estaría sometida a las normas europeas, ahora decididas por la derecha neoliberal. Y para oponerse a esa derecha, que junto con la española es el verdadero enemigo, la izquierda catalana tendrá más fuerza unida al resto de la izquierda española que en un pequeño Estado mucho más débil y controlable desde fuera. Un pequeño país que (según se propone en el documento La seguridad de la República Catalana, incautado por la Guardia Civil) tendría, a falta de ejército, que pedir la defensa del país durante diez años a la OTAN y a EEUU ofreciéndose a cambio como plataforma de intervención. ¡Pues qué bien!

El papelón del PSOE en una manifestación plagada de ultras

Entretanto el PSOE anda alegando que, cuando hay un ataque a la unidad de España y a la Constitución, tiene que cerrar filas con quienes defienden unidad y Constitución.

Palabras que mienten para encubrir la realidad: que el PSOE sigue gobernado, contra sus bases, por esa vieja guardia de oscuros intereses, los Felipe González, Alfonso Guerra y compañía, que supieron tan bien engañar al país cuando parecían héroes del izquierdismo.

Se puede estar a favor de la unidad de España (es el caso de Podemos) sin que ello obligue a alinearse con PP y Ciudadanos, pues no parece sino que el PSOE ha olvidado que el PP es el responsable de que las cosas hayan llegado a este punto, y que dentro de él domina una concepción fascistoide de la unidad de España. Por no hablar de Ciudadanos, que en este asunto se ha situado a la derecha del PP.

En la manifestación “constitucionalista” del 8 de octubre en Barcelona, el PSOE se vio, por su mala cabeza, compartiendo pancartas con personajes nada recomendables y con grupos de ultras, y ayudando a que el PP ocultara sus muchas vergüenzas bajo la bandera nacional.

Pareció en su momento que las bases del PSOE habían ganado a la vieja guardia, pero ésta ha debido ser convincente y Pedro Sánchez ya no es el que era tras su resurección. Veremos en qué se convierte pasadas las elecciones catalanas.

La vieja guardia y los medios afines proclaman que sería incalificable que el PSOE se negara a pactar con PP y Ciudadanos tras las elecciones y apoyara un gobierno de izquierdas en el que hubiera independentistas. Pero ¿qué de malo hay en ello si los independentistas renuncian a la vía unilateral y aceptan la vía constitucional?

Sería reconfortante que, dejando en segundo plano el enfrentamiento entre nacionalismos, la izquierda se uniera en Cataluña y en España para impulsar una política económica y social menos lesiva para la mayoría.

La situación de Podemos

Creo que Podemos es el partido que ha venido defendiendo la única solución razonable a este problema que, si se toma a tiempo, podrá resolverlo con Cataluña dentro de España.

Puede que ello le cueste votos dada la polarización azuzada por los dos bandos extremos. Algo que no deja de ser sorprendente dado que en las encuestas es mayoritaria la idea de que un referendum pactado es la solución.

Es cierto que Podemos tiene un problema a la hora de explicar su posición y que con frecuencia sus portavoces no encuentran las palabras más convincentes.

Tiene además otro problema. Concebido como alternativa a la forma de funcionamiento de los partidos tradicionales, en él todos sus miembros son libres de opinar, pero el ego o la torpeza de algunos les empuja a manifestar en medios hostiles su disconformidad con las decisiones que no les gustan. Deberían pensar que esos medios aprovecharán para proclamar que Podemos es una jaula de grillos.

Hay además otros comportamientos menos justificables, como el de Dante Fachín, que compara a Pablo Iglesias con Rajoy por haber dado, de conformidad con casi todos los dirigentes territoriales, la voz a los inscritos en Cataluña para que decidan las alianzas electorales. El resultado de la votación demuestra que Dante Fachín estaba actuando por su cuenta contra la mayoría de inscritos.

Pero estas situaciones son inevitables y la ventaja de Podemos es que acaban resolviéndose por decisión de los inscritos.

En todo caso la ofensiva contra este partido es permanente y exacerbada en los medios conservadores, que se quejan de la polarización y luego atacan a Podemos porque no cae en ella. Le acusan de ambigüedad, y no hay ambigüedad cuando dice “ni una cosa ni otra, sino esta tercera”. Comentan además con satisfacción esas encuestas en las que Pablo Iglesias es el líder peor valorado, sin comprender que eso no va en desdoro de Pablo Iglesias, sino de nuestra querida España, que valora por encima de Iglesias a M.Rajoy o a Albert Ribera.

Esto nos remite al punto básico: no es muy visible, ni muy efectiva la estrategia de Podemos para ir transformando, con la vista puesta en el plazo medio y largo, la ideología de la mayoría de la población, tan extraviada que valora en más a los que la esquilman y esclavizan que a los que intentan beneficiarla.

Cuatro notas para concluir

-La jueza Lamela ha recibido la Cruz de Plata del Mérito de la Guardia Civil en agradecimiento a que consideró que la agresión a un teniente y a un sargento fuera de servicio, y a sus respectivas parejas, constituye un delito de terrorismo en concurso ideal con lesiones, atentado y delito de odio, por lo que viene manteniendo en prisión preventiva desde hace más de un año a tres de los siete detenidos. La misma jueza ha recibido este año la medalla al mérito policial. Si se da por hecho que los jueces se limitan a aplicar la ley, parece que esto no debería ser un mérito premiado con medallas.

-Maza no veía ilegal que el señor Moix, Fiscal Jefe Anticorrupción, tuviera una sociedad en Panamá. Pero si eso no es ilegal, quiere decir que tenemos leyes nada respetables. Llevar una sociedad a un lejano paraíso fiscal sólo puede tener una finalidad: opacidad y evasión fiscal. ¿Quiénes han elaborado leyes que no lo persiguen y que además establecen artificios que favorecen la evasión de impuestos? Pues ya saben. Respeto a la ley.

-Naturalmente, los medios conservadores no han dado la primera página a las graves acusaciones de jueces y fiscales contra el PP, pero sí a la comparecencia de Juan Carlos Monedero en el Senado, acusado por el PP de corrupción en virtud de hechos que varias veces han sido rechazados por el Tribunal Supremo. Entretanto por ahí anda Juan Luis Cebrián anunciando una Fundación de PRISA presidida por él para garantizar la autonomía de la redacción de El País y la no ingerencia en esa autonomía. Tal Fundación, ha añadido, tendrá poder de intervención tanto en el nombramiento y cese del director como respecto a la línea editorial. O sea, que Cebrián controlará para impedir que controlen otros. Llama autonomía a la falta de autonomía y garantía de no ingerencia a la ingerencia.  Lo que les digo, mentira sistemática.

-Y para terminar un detalle que revela el desconcierto ideológico que nos envuelve: Puigdemont ve repentinamente la luz y describe a la Unión Europea como “un Club de países decadentes y obsolescentes, en el que mandan unos pocos ligados a intereses económicos cuestionables”. Al momento todos los biempensantes se le echan encima acusándole de coincidir con la extrema derecha. Como si la extrema derecha no pudiera decir verdad alguna. El problema de Puigdemont no es coincidir con la extrema derecha en ese juicio, sino haber obedecido, cuando fue Presidente, a esos “intereses económicos cuestionables” (a los que también la extrema derecha obedece).

ALGO MÁS SOBRE REDES SOCIALES Y PARTIDOS INCONTROLADOS

No hay manera de entender la realidad política si se olvida una verdad histórica elemental, y es que la inicial democracia censitaria (en la que sólo podían votar los propietarios) pasó a sufragio universal sólo cuando los propietarios se sintieron seguros de que su riqueza no corría peligro si se daban estas condiciones: control sobre partidos políticos y medios de comunicación y una mayoría de la población sumida en la gnorancia respecto a cuestiones políticas y económicas. Algo fácil de conseguir si hay dinero suficiente para financiar a partidos prosistema (incluidos los socialdemócratas), sostener medios de comunicación privados, hundir a partidos y medios que no cooperen y, a través de los testaferros políticos, decidir el tipo y calidad de la educación que se da al pueblo.

Esta ha sido la base firme sobre la que se ha venido asentando el Sistema plutocrático que padecemos, y que ahora se está resquebrajando. Principalmente porque han surgido partidos no controlados y están ahí las redes sociales que disputan, a quienes lo han venido disfrutando en monopolio, el derecho a producir la información y la opinión públicas, con el efecto de que parte de la población empieza a abrir los ojos y a enterarse de qué va.

Que todo esto es muy peligroso para el poder lo demuestra la desproporcionada y feroz campaña de los medios pro-sistema contra Podemos y contra las redes sociales, y también las medidas represivas que el poder ya ha comenzado a tomar.

Los medios al servicio de sus dueños

Nada mejor para situar el caso que recordar tres sucesos recientes que no son excepcionales y que aclaran el papel de los medios privados.

Publicación de informaciones falsas contra quien conviene

Como se sabe, en 2015 el ex jefe de policía Eugenio Pino creó una brigada secreta, una policía política cuyos cometidos ilegales consistían en fabricar chapuceros informes contra políticos de Podemos o ligados al proceso soberanista catalán. Siguiendo la costumbre, un dosier anónimo fue entregado a Eduardo Inda con la instrucción de que no lo publicara en su periódico hasta que le dieran la orden de hacerlo (algo que ocurrió unos meses después, naturalmente en el momento en que podía hacer más daño electoral). En tal informe se afirma que el fin que persiguen los investigados de Podemos no es otro que dar “un golpe de Estado encubierto financiado por los gobiernos de Irán y Venezuela”, cuyo dinero serviría para “hacer apología de la izquierda más radical con el fin de desestabilizar los gobiernos occidentales y justificar sus respectivos regímenes…” Y ahí andaba Inda blandiendo un falso documento para afirmar esa necedad en su periódico digital y en los platós amigos.

El chantaje y la amenaza

Son muy didácticas algunas conversaciones telefónicas grabadas por la policía al presidente de La Razón, Mauricio Casals, al director, Francisco Marhuenda, y a Edmundo Rodríguez, consejero delegado y propietario de un 25% de ese periódico. Rodríguez, como responsable del Canal de Isabel II en América y supuesto testaferro del expresidente de Madrid Ignacio González, compró en Brasil la empresa Emissao, por la que, según indicios suficientes, se abonaron 25 millones más de su valor real, 20 de los cuales acabaron en Suiza.

Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, se sintió obligada a entregar a la fiscalía documentos comprometedores para Rodríguez, tanto Casals como Marhuenda aseguraron a éste que desde la Razón harían lo que fuera para evitarlo. Y en efecto, los dos se emplearon sin descanso para salvar a su consejero delegado, según prueban conversaciones telefónicas que comienzan en Julio de 2016 y que contienen pasajes como los siguientes:

Marhuenda a Rodríguez: “Me ha dicho Mauricio, por eso te llamo, que me pongo a tus órdenes… Y yo me voy a ver a esta locuela [a Cifuentes] el lunes o el martes […] Hago lo que tú me digas.”
Casals dice a Rodríguez que ha dicho a Marhuenda que su continuidad en la dirección del periódico depende de cómo se porte en esto.
Rodriguez a Marhuenda: “Dile, oye, [a Cifuentes] que sepas que ese señor maneja el 25 % del periódico.”
Casals dice a Rodríguez que no es solamente La Razón la que se implica en su defensa, sino todo el grupo; es decir, Antena 3, Onda Cero y La Sexta.
Casals intenta calmar a Rodríguez diciéndole: “Y no te preocupes, que las pasará putas esta señora [Cifuentes]”.
Marhuenda a Rodríguez: “Le hemos dicho que eres un soldado nuestro, que eres intocable para nosotros y ella por las malas tiene mucho que perder. En una guerra no puede ganar”. Y también: “Ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche a Cifuentes y que tome nota. Le he dicho: ‘tu misma, llevas ahí mucho tiempo en el Gobierno. Ahora la gente asocia el Canal a vosotros, punto, e Ignacio González es PP. Tú misma”.
Marhuenda en otra conversación: “Me ha llamado la zorra de Marisa por la leche que le hemos dado hoy. Le ha hecho mucha pupa. Marisa quiere saber si es una campaña. Evidentemente he dicho que no, no hace falta reconocerlo, no es tonta. Le dije: ‘hombre, si hacéis las cosas mal, pues nosotros…’. Mañana le damos otro viaje a Cifu [Cifuentes]”.
Y, en fin, en otra conversación Rodríguez llama a Casals para expresar su malestar porque en La Razón se ha publicado una noticia elogiosa sobre el número dos de Cifuentes, y Marhuenda se disculpa : “Siento lo de Garrido, ya he dicho que no salga nada bueno de él.”

En el sumario de la Operación Lezo hay otra conversación registrada en la que Casals dice a Ignacio González que Antonio García Ferreras “se ha portado de cine” por no hacerse eco en “Al rojo vivo” de una noticia que perjudicaba al expresidente ahora en prisión. Al enterarse de esto Ferreras se defiende, pero reconociendo que hubo presiones y denunciando que El País censuró algunas de las informaciones que perjudicaban a González. Y hay una batallita de tuits entre Marhuenda y J.P. Ramírez echándose en cara mutuamente falseamiento de datos y campañas con propósitos ocultos.

Selecciones y vetos

La SER denuncia que Podemos impide a Iñigo Errejón participar en su tertulia de Hora 25 y este partido lo desmiente:

Las rotaciones y la feminización de las portavocías forman parte de nuestra política de comunicación. Informamos hace una semana a la cadena SER de que en la edición de Hora 25 prevista para hoy nos representaría Irene Montero. La SER ha decidido vetar a Irene Montero y a todos los portavoces de Podemos menos a uno. [...] Están en su derecho de vetar a Podemos en su emisora, pero nosotros estaremos dispuestos y encantados de acudir a sus programas. Estamos a la espera de que rectifiquen y que esta noche nos dejen estar en Hora 25. Si la SER no lo veta, esta noche nos representará Irene Montero. Iñigo Errejón seguirá representándonos en los medios, incluida la SER.

Es el momento en que Iñaki Gabilondo afirma en esa radio que le resulta “muy incómodo tener que recordar a catedráticos de políticas algo tan obvio como que la Cadena SER es una empresa privada que invita si quiere y a quien quiere, que naturalmente se puede criticar el mecanismo, sistema o proceso de selección de las personas a las que invita, y a las que confirma o de las que prescinde, pero eso no otorga ninguna atribución especial a ningún partido, ni le arrebata el más mínimo derecho a un medio de comunicación.” Y concluye: “Repito, creo que Podemos se hace un lío tras otro sobre los medios de comunicación.”

Evidentemente, Gabilondo se podía haber ahorrado la mucha incomodidad de tener que recordar a los demás cómo son las cosas, pues Podemos ha reconocido en su comunicado que los de la SER están en su derecho de vetarlo en su emisora. Pero ese derecho aparte ¿dónde queda la verdad, señor Gabilondo? Pues lo cierto es que en “Hora 25” no se invita a Errejón como persona, sino como representante de un partido, y de la misma manera que la SER tiene el derecho a vetar a Montero, Podemos tiene el derecho a decidir quién le representa. No es ese el tema. La explicación que debió dar Gabilondo, y que eludió, es por qué la SER veta a Montero, dado que este veto reduce la pluralidad de su tertulia en perjuicio de sus oyentes. La razón es obvia. La SER teme lo que pueda decir Montero y no teme lo que pueda decir Errejón.
En seguida Jorge M. Reverte se lanza a decir en El País:

Hasta ahora, Pablo Iglesias ha tenido mucha habilidad en tratar a esa base social, la ha pastoreado desde el radicalismo asambleario hasta hacerla participar en un partido que tiene todas las trazas de acabar en un modelo leninista, sin excluir el uso más trapacero de la aparente libertad de expresión (Irene Montero designada tertuliana por el dedo del partido).

Está claro que estos periodistas tienen que batallar sin argumentos, obligados así a una falta de pudor que, hay que reconocerlo, llevan con una dignidad encomiable.

El impacto de las redes en los medios tradicionales

Con esta realidad presente (la de medios que no están obligados a la objetividad y la verdad y que han mantenido un monopolio sobre la información y la opinión) es fácil evaluar el impacto de las redes.

La web del Ayuntamiento de Madrid y la queja de periodistas acosados

Recuerden lo que ocurrió con la página Versión Original que el Ayuntamiento de Madrid abrió en julio de 2015 para salir al paso de las informaciones erróneas publicadas en los medios privados. ¡Cuántos fervientes demócratas ofendidos por esa web hasta que se enteraron de que la UE tiene una semejante! Los periodistas defendían su monopolio enojadísimos y a lo loco. “La Constitución garantiza la libertad de información y el derecho del ciudadano a recibir información libre y plural”, alegaba Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, sin darse cuenta de que con ese argumento estaba defendiendo la libertad de información del Ayuntamiento y el derecho del ciudadano a recibir información plural (y por tanto también del Ayuntamiento).

Ahora, el pasado 6 de marzo, Victoria Prego, presidenta de Asociación de la Prensa de Madrid (APM) hizo pública una petición de amparo de un grupo de periodistas que se sienten acosados y presionados por el equipo directivo de Podemos encabezado por Pablo Iglesias, así como por personas próximas a ese círculo.

“Esta inaceptable campaña -dice la APM-, que está creando un estado de miedo entre los periodistas, tiene como fin el de persuadirles de que les conviene escribir al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura”, y recuerda a Podemos que puede recurrir al derecho de rectificación cuando juzgue que una información incumple el necesario principio de veracidad, “en lugar de atacar de forma inadmisible a su autor o al medio que la publica”.

Secreto

Antes de nada ¡qué curiosidad! ¿Quiénes son esos periodistas, qué amenazas han recibido, de quiénes, en qué momento? ¡Mira que si entre ellos estuvieran Inda y Marhuenda! En el texto de la APM no hay pruebas, ni nombres, ni datos, y pese a que han sido exigidos, la APM no los ha dado.

Pablo Iglesias ha invitado a que se haga la denuncia ante un tribunal para que sea un juez el que dictamine si se ha cometido o no algún delito. Ningún periodista ha denunciado en los juzgados el supuesto acoso de Pablo Iglesias y su gente.

Dos pájaros de un tiro: las redes y Podemos

Pese al secreto en seguida los medios conservadores han caído sobre Podemos sin intentar antes verificar los hechos denunciados.

El País colocó el comunicado de la APM en primera a tres columnas bajo el título “El método de intimidación de Podemos a la prensa”, añadiendo un editorial titulado “El acoso de Podemos”, dando por hecho que intimidación y acoso existen. Y es que El País dice haber constatado la existencia de mensajes en los que alguna persona de la confianza de Pablo Iglesias llama “tonto” a un periodista o le dice “de donde no hay no se puede sacar”. ¡Madre mía, no es posible tamaña crueldad! “El problema de fondo -dice ese editorial- es que Podemos, y muy concretamente su líder, considera a los medios de comunicación un poder no electo”. Pues claro. ¿Es que acaso son un poder electo?

En el mismo periódico Jorge M. Reverte dice que “El uso de las redes sociales, en las que son auténticos especialistas algunos militantes de Podemos, puede convertir la vida de cualquiera en un infierno”.

Por cambiar de medio, en El imparcial su fundador, Federico Jiménez Losantos, ha escrito:

Si Podemos llega a la Moncloa, no solo nos despedirá cerrando los medios privados. Nos hará un ramoverde, como a Leopoldo López, o nos ahorrará este Valle de Lágrimas”.

Y ese mismo periódico digital decía el 9 de marzo:

Desde el matonismo que practican en “sus” redes sociales -el manejo en Facebook y Twitter es de manual- hasta las “discretas” amenazas, los radicales procuran llevar a cabo un férreo control de lo que ellos consideran que debe publicarse. No en vano, el propio Pablo Iglesias se ha mostrado partidario de legislar para cercenar a la carta la libertad de expresión.

En seguida han saltado a la palestra otros atacantes de mayor empaque, pero igualmente irreflexivos.

Mario Vargas Llosa dice en una entrevista en ABC: “No había amenazas así contra periodistas desde la Transición”, como si conociera realmente la clase de amenazas no publicadas. Y añade: “salvo quizá los crímenes de ETA”. ¡Hala!

También se ha sumado Iñaqui Gabilondo en un videoblog del 7 de marzo dedicado a los presuntos coaccionadores, en el que comienza reconociendo “Yo ignoro los hechos; no sé por tanto si hay razón suficiente para un documento público [el de la APM] de esa naturaleza”, para a continuación, como si lo tuviera todo claro, cargar contra Podemos, que de ello se trata, con estas tres cínicas razones: “Si Podemos quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el Sistema se defienda”. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tanto Podemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”. Para concluir con cierta incoherencia que “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga”. Conclusión: son unos pardillos los cuadros de Podemos, con “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”.

Pero señor Gabilondo, quienes han mostrado piel de mantequilla son los periodistas denunciantes, no los cuadros de Podemos, que parecen tenerla de elefante. Y por otra parte ¿qué significa eso de la ferocidad de la política democrática? Si leemos entre renglones significa esto: si atacas al sistema prepárate, porque el sistema se va a defender de una manera feroz a través de sus medios privados, y no te quejes, que tú te lo has buscado.

Movidos por la misma ofuscación el PP, el PSOE y Ciudadanos cometieron la insensatez de solidarizarse en el Ayuntamiento de Madrid con los periodistas denunciantes y “manifestar su compromiso con la defensa de la libertad de expresión y con la libertad de información en Madrid”. ¡Y ello sin saber quiénes son esos periodistas y sin prueba alguna de que su queja sea razonable! Con buen criterio la alcaldesa, Manuela Carmena, y los 20 concejales del grupo de Ahora Madrid rechazaron hacerlo, precisamente porque ni la denuncia ni las pruebas se han hecho públicas.

La verdadera presión sobre los periodistas

Mientras la APM considera insoportable que Podemos pretenda influir en los medios, sabe sin duda que todos los partidos lo hacen, como reconocen en El Imparcial: “Es un hecho que todos los partidos, sin excepción, presionan en mayor o menor medida a la prensa.”

Sin duda la presión depende del poder que se tenga, y hay otros partidos que tienen más poder que Podemos, y que por tanto presionan con más eficacia. Ha ocurrido en RTVE, donde la retirada de los trabajadores habituales de los puestos más importantes de la redacción, y la contratación de periodistas afines, ha sido una constante desde la llegada del Partido Popular al Gobierno. El presidente del Consejo de Informativos de TVE, Alejandro Caballero, denunció recientemente que dos de cada tres periodistas que en 2012 trabajaban en los telediarios de TVE hoy ya no lo hacen.

Esa presión ha ocurrido también cuando el ministro Fernández Díaz mandó a la policía a ‘Público’ sin orden judicial.

¿Ha protestado la APM contra el Gobierno por esas y otras cosas semejantes? Pues no.

Pero la presión principal sobre los periodistas no viene de los partidos, sino, como es natural, de los dueños y de los jefes de los medios.

Según el último Informe de la propia APM sobre la Profesión Periodística, el 75% de los periodistas en este país sienten miedo a sus jefes y se autocorrigen para evitar el despido. Irene Montero, entrevistada por Pepa Bueno en la SER, dijo que lo verdaderamente grave es que ocurra esto, lo dijo tres veces y la periodista hizo por tres veces oídos sordos. No, lo importante era seguir insistiendo sobre la denuncia de la APM.

El propio Gabilondo admite que los periodistas se aplican la autocensura por culpa del paro, que acobarda. “Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia”.

¿Y cuál es la relación entre autocensura y paro? Ahí ya no entra Gabilondo, porque tendría que decir que la razón es que los dueños de los medios echarán a quienes no se apliquen la autocensura, esto es, a los que escriban o digan algo que a los dueños les pueda molestar. Esta autocensura es la que practica el propio Gabilondo.

Por citar un ejemplo, el señor Cebrián, presidente de PRISA, vetó a los periodistas Ignacio Escolar y Fernando Berlín porque informaron de sus intereses en Panamá. Y ningún periodista de los que trabajan en PRISA, Gabilondo incluido, dijo esta boca es mía.

La ideología que subyace

Pero voy a lo que me parece más interesante. Y es que por debajo de todo este ruido hay dos ideas que los medios no se cansan de difundir. Uno es que los periodistas son un sólido y necesario pilar de la democracia. Otro es que para cumplir con su papel han de tener el monopolio de la libertad de expresión, negándosela a cualquier crítico.

Lo expuesto en la primera parte de este artículo, con ser una minucia, bastaría para sospechar que ambas ideas son dos viejas mentiras interesadas.

¿Son los medios privados un pilar de la democracia?

Elsa González achacó a la página del Ayuntamiento de Madrid un “halo de censura” y añadió la doctrina de que “El papel del periodista es ejercer ese contrapoder imprescindible en la sociedad y que garantiza a la ciudadanía el derecho a recibir información libre”. A su juicio la iniciativa del Ayuntamiento implicaba que el poder usurpaba el papel de los medios de comunicación, y no tenía cabida en una sociedad democrática.

Ahora la APM “considera totalmente incompatible con el sistema democrático que un partido, sea el que sea, trate de orientar y controlar el trabajo de los periodistas y limitar su independencia. La estrategia de acoso de Podemos vulnera de una manera muy grave los derechos constitucionales a la libertad de expresión y a la libertad de información y coarta el libre ejercicio del periodismo, que es imprescindible para preservar la salud de una sociedad democrática como la española”.

En el editorial de El País antes citado se dice que “la libertad de información forma parte de los principios básicos de las democracias cuando funcionan realmente como tales y no como autocracias disfrazadas.” Y en El Imparcial se dice: “Quien no cree en la democracia tiende a atacar a sus pilares, y el derecho a la información es uno de los más sólidos y necesarios.”

Martin Schulz, que aspira a ser el próximo canciller alemán, se ha atrevido a decir: “Quien habla de prensa mentirosa golpea a la democracia. Da igual si se trata de Donald Trump o de Pegida”.
Pero resulta que, sean cuales sean las motivaciones de Trump o de Pegida, está claro que quien habla de prensa mentirosa no puede golpear a la democracia por dos razones: una es que no hay democracia, y por tanto mal se la puede golpear; otra es que no sólo hay prensa mentirosa, sino que todos los medios conservadores han de instalarse en la mentira sistemática que exige la defensa del capitalismo y la demonización de sus enemigos. Teniendo en cuenta que esos medios (los que aparecen en los kioskos y muchos de los digitales) no responden a una intención filantrópica, sino al interés de sus dueños, por lo general bancos y fondos de inversión, ¿será acaso el poder que reside en esos bancos y fondos de inversión el que ha dado a sus periodistas el papel de contrapeso del poder? El País nos ilustra: en las sociedades avanzadas los medios son un contrapoder de la sociedad civil cuya legitimidad se la da o se la niega su audiencia cotidianamente. Pero claro, la audiencia ha tenido que elegir entre medios que todos ellos están al servicio de los intereses de sus propietarios. ¿No es excesivo llamar pilares de la democracia a periodistas que no se pueden permitir el lujo de denunciar, en nombre de la transparencia y la democracia, las diversas formas en que los propietarios de sus medios hacen imposible la transparencia y la democracia?

Por paradójico que resulte, para cumplir funcionalmente el papel de “voz de su amo”, los periodistas amaestrados tienen que presentarse una y otra vez como libres e independientes, e incluso, viniéndose arriba, como contrapoderes imprescindibles y pilares de la democracia.

El confortable monopolio de la libertad de expresión

Hasta hace muy poco los medios privados influyentes han dispuesto del monopolio de la información, la opinión, la ocultación, la crítica, el insulto y la tergiversación, y los perjudicados debían tener piel dura y aguantar, o en otro caso acudir a los tribunales. Rectificar o replicar, sólo si el medio se lo permitía. Enjuiciar al que los enjuiciaba, ¿dónde hacerlo? ¿Conseguir la necesaria satisfacción de los tribunales? Los jueces tienen miedo a enfrentarse a los medios y suelen justificar sus desmanes apelando a la libertad de expresión.

O sea, que en realidad el derecho constitucional a la libertad de expresión no pertenecía a cualquiera, sino sólo a los dueños de los medios y a los periodistas contratados, obligados por ello a autocensurarse. Acostumbrada a esto, la directora de la APM no acepta de buen grado que ahora se ataque a periodistas en sus propias tribunas, o en reproches y alusiones personales en entrevistas, foros y actos públicos, o directamente en Twitter. Es decir, esta señora sigue creyendo que los periodistas son intocables, y sólo los periodistas, incluso aunque ellos ataquen a otros con mentiras e insidias.

No cabe duda de que el monopolio es una situación muy cómoda. Pero precisamente ese monopolio ha sido una de las causas, y no menor, de la tradicional sustitución de democracia por plutocracia.

Me remito a la entrada de este blog “Medios privados y democracia” y reitero, para evitar malinterpretaciones, que la solución democrática consiste en que los medios privados sean sustituidos por medios públicos libres de todo control que no sea social, y a los que tengan acceso equitativo todos los partidos, ideologías e instituciones.

El comienzo del fin del monopolio y la reacción del chiringuito amenazado

Por todo lo que vengo diciendo es un suceso nuevo, de gran importancia, que el monopolio sobre información y opinión se empiece a romper con las redes sociales, que conceden libertad de expresión a todo el mundo, y no sólo a los periodistas que actúan en los medios conservadores. Ahora también tiene libertad de expresión cualquier ciudadano para escribir un blog o para decir en Twiter lo que piensa, por ejemplo lo que piensa de un periodista. Se ha invertido la situación: es ahora el periodista el que tiene que acudir a los tribunales si ha habido en las redes una actividad delictiva contra él.

Claro está, este mazazo al monopolio de la información y la opinión no se puede tolerar, porque pone al Sistema en grave aprieto.

Flemming Rose, periodista danés investigador en el Cato Institute de Washington y autor de La tiranía del silencio (Oberon 2016) denuncia que las leyes contra los delitos de odio, concebidas para luchar contra el terrorismo y el extremismo, se aplican hoy a las palabras polémicas pero no violentas de los cómicos, los detractores de la inmigración y el islam y los musulmanes contrarios a la democracia y a Occidente, y que los Gobiernos de Europa occidental defienden esas restricciones con un lenguaje inquietantemente similar al de los dictadores. Con distintos pretextos lo hacen el Gobierno británico, el Gobierno alemán (que propone multas de hasta 50 millones de euros y penas de prisión por difundir noticias falsas) y el español (ley mordaza).

Ahora bien, si lo que se quiere eliminar es la mentira, la desinformación, la incitación al odio ¿por qué los Gobiernos no toman contra los medios establecidos y “corruptos” las mismas medidas que contra las webs, los blogs y las redes sociales?

Es una pregunta retórica, el lector informado conoce perfectamente la respuesta. Esos medios son prosistema y por tanto tienen licencia para mentir y para incitara al odio (odio, por ejemplo, a los “antisistema”). Y lo que molesta de las redes no es la mentira (a ella el Sistema está muy acostumbrado), sino que se difundan verdades que antes no salían a la luz.

Oigan todo ese cuento en torno a la posverdad, desafortunado término tan vacuo como se requiere para un éxito inmediato. Hace referencia a las mentiras que pasan por verdades en las redes. ¿Y cómo llamar entonces a las mentiras que han venido pasando y pasan por verdades en los medios tradicionales? Ah, esas mentiras no son posverdades, sino las verdades del Sistema.

jmchamorro@jmchamorro.info

COMENTARIOS SOBRE EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP

El triunfo de Trump en las elecciones americanas demanda alguna reflexión sobre sus causas y efectos, y también sobre la forma en que han reaccionado muchos políticos y medios de comunicación del mundo. En España hay un significado derivado, y es el afán por meter en el mismo saco a Trump y a Podemos.

El por qué de la gran alarma
Es inevitable preguntarse por qué el mundo respetable se ha sentido tan alarmado y pesimista con el éxito de Trump.

Ante todo buenos modales
El capitalismo es un sistema en el que, por su propia naturaleza, los discursos y declaraciones oficiales han de ir por un lado y las acciones legislativas, gubernamentales y judiciales por otro. Si se tiene en cuenta que esas acciones tienen como fin básico mantener el dominio de la élite económica (¡oh, qué horrible simplicidad marxista!), queda claro hasta qué punto el lenguaje oficial tiene que enmascarar este hecho, y hasta qué punto, sin nombrar aquello que se está haciendo o se piensa hacer, ese lenguaje debe apelar en falso a los valores que la mayoría considera razonables, justos y virtuosos: la libertad, el bien común, los intereses de los ciudadanos, el camino a la prosperidad, la solución de los problemas de la gente, la preservación de la paz…
Apelando siempre a su papel de salvaguarda de la democracia, la seguridad y la paz mundiales, los gobiernos de Estados Unidos (tanto los demócratas como los republicanos) promovieron golpes militares sangrientos y apoyaron a fascistas donde les convino, iniciaron guerras donde lo necesitaban, torturaron dentro del país o fuera, levantaron vallas contra la inmigración, dejaron en la estacada a diversas minorías del país y saquearon el mundo todo lo que pudieron.
Trump ha dicho que va a hacer lo que los otros han venido haciendo en EE UU y en Europa, pero muchos que hasta ahora no protestaban, han gritado: ¡Qué horror!
Yo diría que Trump es una persona que no sabe cómo hay que hablar y callar para ser político de derechas decente, o que no le interesa serlo, y que por ello es un político indecente. Trump no tiene pelos en la lengua y grita lo que muchos políticos conservadores sólo dicen en sus conversaciones privadas. Que haya ganado es catastrófico para los que quieren vivir en el capitalismo con buena conciencia; esos que ponen sobre la lógica del capitalismo un manto de ideas abiertas y acogedoras para que el inicuo sistema que tanto les gusta parezca elegante y digno. Pues en este caso no ha podido ser, paciencia.

Trump es un pro-sistema de extrema derecha
Uno encuentra en la red expresiones como éstas: “Trump y la comunicación antisistema”, “el magnate antisistema”, “Trump ganó con un mensaje antisistema”, “¿un presidente antisistema?”, “Trump campeón antisistema”, “el candidato antisistema”, etc.
Teniendo en cuenta que bajo la palabra sistema se oculta siempre la palabra capitalismo (el sistema no es otra cosa que el sistema capitalista), es claro que Trump no es un antisistema, sino sólo contrario al establishment que ha venido rigiendo el sistema desde Washington. Quítate tú, que me pongo yo.
El señor Trump, como el señor Obama o la señora Clinton, defienden por encima de todo el sistema capitalista, y más específicamente el papel hegemónico de su país en el capitalismo mundial, papel en decadencia, amenazado por países de economía creciente, de los que el principal representante es China, el gran peligro, el enemigo del que defenderse así sea haciendo amistad con Putin (en realidad el gran peligro es la decadencia americana, pues no hemos de olvidar cómo se las gasta el complejo industrial-militar-financiero estadounidense).
Trump es un prosistema que pertenece a la extrema derecha, como otros que saben disimularlo, Rajoy sin ir más lejos, jefe de un partido que sigue viendo a Franco con buenos ojos y que tiene a toda la extrema derecha española dentro. La diferencia es que Rajoy es más moderado de palabras que Trump, pero no hay más que ver lo que su mayoría absoluta ha venido haciendo, desde el gobierno y el parlamento, con los pobres, los trabajadores, los inmigrantes y refugiados, las mujeres, los estudiantes.
Y no olvidemos que el neoliberalismo es en realidad, por sus efectos, la ideología económica de una derecha tan peligrosa como la llamada “extrema derecha”: deja morir de frío y hambre a quienes no pueden pagar alimentos y electricidad, paga salarios que sumen a los trabajadores en la pobreza, escatima para enseñanza, sanidad y pensiones.
Por lo demás Trump hará la política que le obliguen a hacer los que detentan el poder subterráneo, esto es, el verdadero poder. Así que tranquilos, que todo seguirá igual de mal.

Los votantes de Trump
Si nos preguntamos por qué ha ganado Trump, la respuesta debe incluir esto: nuestras democracias son plutocracias disfrazadas, y para su estabilidad, para que la población las tolere, necesitan, perdonen mi insistencia, una mayoría caracterizada por la ignorancia, el egoísmo y el miedo. Esa mayoría de mirada corta, alimentada de patriotismo y de temores, ha sido fabricada por el sistema (porque las personas no nacen, se fabrican), y es la que en España vota a un PP hundido en la corrupción y gestor de políticas contra el pueblo.
Hasta ahora, en EE UU se había conseguido que se sucedieran en el poder los demócratas y los republicanos, todos ellos coexistentes en el establishment de Washington. Y para que esta alternancia pudiera discurrir sin sobresaltos, ahí estaban los medios de comunicación privados, hacedores de la opinión de las mayorías.
Pero resulta que ha ganado Trump y que la extrema derecha está al alza en Alemania, Austria, Finlandia, Grecia, Francia, Reino Unido, Polonia, Suiza, Suecia, Dinamarca, Hungría…
No hay de qué extrañarse, ni empecinarse en análisis que ocultan lo principal. Está ocurriendo que esa población deficientemente socializada, esa que el capitalismo fabrica porque la necesita para subsistir, está soportando más que nunca los rigores del sistema. Y desesperada ha salido del redil en que los medios la tenían recluida, y se está yendo tras el que lanza un discurso afín con su condición de ignorancia, egoísmo y miedo.

El poder de los medios privados en el tema básico
Se dice que los medios no tienen tanta influencia como se supone, puesto que el candidato al que menos apoyaban ha ganado las elecciones.
Sin duda tenemos un nuevo elemento a considerar, que en cierto modo rompe el monopolio que han venido ejerciendo los medios privados respecto a la creación de opinión: en las redes sociales que no están bajo su control se está difundiendo la evidencia de que esos medios no son defensores de la verdad y del bien común como afirman, sino de los intereses de sus propietarios. En España la campaña general contra Podemos, cargada de odio, mentiras y tergiversaciones está abriendo a muchos los ojos y deteriorando el inmerecido prestigio de esos tradicionales fabricantes de opinión.
Sin embargo, aunque los medios vayan perdiendo poder, siguen teniendo enorme eficacia. Entre nosotros la han demostrado en la defenestración de Pedro Sánchez y en la, de hecho, gran coalición cuya única finalidad ha sido que no llegara Podemos al Gobierno. Pero éstas son cuestiones menores.
¿Por qué muchos de los explotados y perdedores no se enfrentan al sistema, sino que votan a la extrema derecha?
Porque los medios de comunicación han tenido éxito en el tema más importante, el crucial para el sistema, que es la demonización del comunismo. Esto lo han conseguido con creces, logrando que para una gran parte de la población la izquierda anticapitalista sea peligrosa y sórdida. Ahora el papa Francisco ha dicho que los comunistas piensan como los cristianos, y que el comunismo ha “robado” a la Iglesia católica su causa, “la bandera de los pobres”, concluyendo que “cuando ellos [los comunistas] hablen, nosotros les podríamos decir: Pero si sois cristianos”. En realidad el papa no se expresó bien, pues debería haber dicho: según los Evangelios, no son cristianos los que no sean comunistas. Naturalmente, los medios de comunicación no se han hecho eco de las palabras del papa.
El éxito de los medios en esta empresa fundamental se muestra en los votos que ha ido consiguiendo la izquierda anticapitalista española por comparación con los que ha ido consiguiendo el PP, siendo así que, por intereses objetivos de los votantes, la distribución de los votos hubiera debido ser la contraria. Y en Estados Unidos ha ganado Trump entre otras cosas porque previamente el partido demócrata cerró el paso a Bernie Sanders, que no era apoyado por los medios, sino por las redes sociales. Sanders decía “No creo que los hombres y mujeres que defendieron la democracia americana lucharan para terminar en un sistema donde los multimillonarios fueran dueños del proceso político”.

jmchamorro@jmchamorro.info

NO CABE DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO

Llevamos tiempo en que las apelaciones a la democracia son continuas. Se dice que el derecho a decidir es un derecho democrático, se propone democratizar la vida interna de los partidos, se habla de que la democracia se está devaluando, o de revitalizar la democracia. Pero en todo caso se da por supuesto que, por diferencia con países como Venezuela o Cuba, nosotros sí, nosotros vivimos en una sociedad democrática. Y no es cierto, nunca hemos conocido la democracia, de la misma manera que nunca la han conocido en Estados Unidos, Reino Unido o Francia.

Esto es algo que los marxistas sabían muy bien, y que proclamaban hasta que llegó el eurocomunismo. Asustados por la amenaza mediática, pobres de teoría, deseosos de ser aceptados, los eurocomunistas prefirieron pensar que la democracia burguesa es una democracia sustantiva y no sólo formal.

Hoy está quedando muy claro que los poderes que controlan las decisiones básicas no surgen del voto ciudadano. Cada día se hacen más evidentes dos cosas: que el sistema político al que llamamos democracia es una plutocracia dulcificada por el compromiso de respetar ciertos derechos humanos. Y que esta situación no puede cambiar mientras sigamos en el sistema capitalista.

Para fundamentar esta afirmación empecemos por una breve historia.

Rasgos formales de la democracia

El antecedente próximo de las actuales democracias es la que surge con la independencia de EEUU en 1776 con estos rasgos básicos:

-División de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) como garantía de que cada poder está sometido a un sistema de fiscalizaciones y contrapesos.

-Constitución que limita los diversos poderes y establece el Estado de Derecho.

-Derecho a votar y ser votado, bajo el supuesto de que los distintos poderes del Estado no tienen otra legitimación que la que descansa, directa o indirectamente, en la voluntad de los electores libres.

-Libertad de asociación en partidos políticos (no partido único).

-Libertad de expresión.

-Libertad de prensa, así como acceso a fuentes de información alternativas a las del Gobierno.

-Ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes.

Recordemos que esta democracia no fue pensada en atención a los intereses del pueblo, sino de la burguesía ascendente. Para el desarrollo del capitalismo eran necesarias ciertas libertades, freno al absolutismo y protección de los propietarios frente a las exacciones del Estado. Conseguido esto por la burguesía, la mayoría de la población (mujeres y negros, pero también no propietarios) quedó en condiciones de sumisión económica, social y política.

Y es que los diseñadores del nuevo orden tenían una idea optimista de la racionalidad del pueblo y, en consecuencia, pensaban que quienes carecían de propiedades aprovecharían su mayoría para legislar contra la propiedad de la minoría. Por ello, para asegurar la inviolabilidad de un derecho de propiedad sin límites, se dejó excluidos del derecho de voto a quienes no tenían “apuestas en el país” (esto es, propiedades).

A partir de ahí, la extensión de los derechos políticos fue en gran medida, tanto en Estados Unidos como en Europa, el resultado de las presiones de los movimientos obreros, de las sufragistas y de los partidos de izquierda. El movimiento cartista de la clase trabajadora del Reino Unido entre 1830 y 1840, que pretendía la ampliación de voto, fue reprimido, y lo mismo otros intentos de revolución democrática en Europa entre 1848 y 1852.

El crecimiento de la resistencia en las últimas décadas del siglo XIX hizo más difícil mantener excluida de los derechos políticos a la mayoría de la población. Así que las élites se fueron aviniendo a conceder el derecho de voto primero a más votantes varones, y por último, bien entrado el siglo XX, a votantes mujeres y a votantes negros.

Otros requisitos

El caso es que el derecho de voto ha terminado siendo universal. ¿Se puede decir por ello que ya tenemos democracia?

Digamos, para empezar que, según vemos la cosa hoy, a los requisitos antes señalados tendríamos que añadir los siguientes:

Que los representantes tengan limitada su libertad de acción por el programa para el que pidieron el voto; que cualquier decisión importante no contemplada en el programa electoral sea consultada a la población o refrendada una vez tomada por los representantes; que el pueblo conserve la capacidad para promover en cualquier momento un referéndum sobre un asunto específico; que conserve la capacidad para promover leyes (iniciativa popular); y que pueda revocar el mandato o destituir a los representantes (el llamado por los anglosajones recall).

Evidentemente si la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo, en la democracia representativa estas condiciones son imprescindibles. De todas ellas en España sólo se cumple una, la de iniciativa legislativa popular, y sin incidencia en la vida política (de 66 iniciativas sólo ha tenido éxito una que modifica un artículo de la Ley de Propiedad Horizontal). Las demás condiciones se incumplen, como bien sabemos.

Entrando en el fondo del asunto

Pero, suponiendo que se cumplieran todas ellas, tampoco podríamos hablar de democracia, porque hay una condición básica ausente: la educación e información de los ciudadanos acerca de sus derechos y deberes. Y hay dos características que se toman como dogmas en toda sociedad capitalista, y que son incompatibles con una democracia sustantiva: la libertad de prensa (léase propiedad privada de los medios de comunicación) y la inexistencia de límites legales a la riqueza privada.

Comencemos por la educación e información de los ciudadanos, asunto sobre el que los padres de la Constitución americana hicieron un ejercicio de cinismo notable. Es de sentido común que la libertad para votar ha de ir acompañada en cada votante de conocimiento suficiente de las implicaciones del voto que emite. ¿Qué vale en otro caso su voto? Es también previsible que la clase política se dedique a promover la ignorancia de la ciudadanía en su propio beneficio. Todo esto lo tenían presente los creadores de la democracia americana. ¿Y cómo solucionaron el problema? Estableciendo que la clase política está obligada a dedicar parte del patrimonio gubernamental a publicar en boletines oficiales las nuevas leyes y las sentencias judiciales, así como a hacer campañas informativas antes de celebrar un referendum. Hecho esto, se dio por cumplida la condición de que los ciudadanos estén educados e informados acerca de sus derechos y deberes, y libres de las asechanzas de la clase política.

Claro está, no podemos pensar que aquellos padres de la patria fueran tan ignorantes como para creer que la educación y el conocimiento del votante se consigue por el mero expediente de publicar disposiciones legales y sentencias en un Boletín Oficial. ¿Qué ocurre si una gran parte de la población no está capacitada para entender el significado de esas disposiciones legales y sentencias?

¡Ah, pues mire usted! Eso era justamente lo necesario para que la democracia resultara inofensiva a los intereses de la burguesía. En realidad se concedió el derecho de sufragio universal en parte por la presión de la gente, pero sobre todo porque la élite fue comprobando que sus temores eran infundados, que la mayoría es manipulable y resulta fácil hacerla votar a favor de los intereses de la minoría si se sabe jugar con los tres ingredientes con que ha venido siendo fabricada tradicionalmente: ignorancia, egoísmo y miedo. Basta para ello disponer de los servicios de políticos y medios de comunicación influyentes. Y estas dos cosas se consiguen con dinero, dinero para financiar partidos y para poner en marcha medios de comunicación, dinero para hundir a todo partido o medio que resulte peligroso.

De manera que la posesión del dinero por la minoría y el estado intelectual de la mayoría es lo que convierte a la democracia representativa en una forma política inofensiva para los intereses dominantes.

Mirando alrededor

En las sociedades actuales, para entender lo que ocurre en el espacio político es necesario un conocimiento de economía, historia y ciencia social que no se dispensa en el periodo de educación obligatoria. En consecuencia, muchos de los que van a votar libremente no tienen capacidad para relacionar sus intereses cotidianos con medidas legislativas y económicas complejas, ni para discernir la verdad de la falsedad en el ámbito de las estrategias informativas. Son incapaces de distinguir entre lo que es aparentemente favorable pero desfavorable en el fondo, y lo que es favorable en el fondo pero aparentemente desfavorable (por ejemplo, significativamente, en la complejísima legislación sobre la propiedad y la política fiscal).

Un pueblo intelectualmente inerme queda sometido a la permanente campaña de propaganda de los medios privados de comunicación influyentes, todos ellos procapitalistas, qué casualidad. Estos medios, que conforman una opinión pública dependiente, no cesan de promover el miedo a todo lo que amenace al sistema, haciendo creer que cualquier medida razonable es utópica y peligrosa, y no cesan de promover el egoísmo codicioso haciendo creer a todos que lo más desable es la riqueza y que cualquiera puede llegar a ella (en último caso con un golpe de suerte en la lotería). Una vez aleccionados adecuadamente, se puede dejar que los ciudadanos acudan a votar “libremente”. Votarán contra sí mismos con todo celo.

Lo que es funcional persiste

Esto es así, pero además ha de ser así y no puede ser de otra forma en este tipo de sociedad. El sistema capitalista nunca nos sacará de esta situación, nunca proporcionará a la población una educación adecuada. Y es que para cualquier sistema elitista, en el que una minoría necesita dominar a una mayoría, es funcional que esta mayoría permanezca en un estado de postración intelectual desde el que es imposible discernir aquello que se ventila en el espacio político.

Los políti­cos son los primeros convencidos del estado infantil de las masas, y por ello se comportan como vendedores de una mercancía que no se defiende con argumentos racionales, sino apelando a resortes emotivos. De ahí que el dinero con que cada partido cuenta para hacer su campaña publicitaria es más importante que la oferta de medidas políticas.

Esto sería suficiente para concluir que no vivimos una democracia, pero es sólo una pequeña parte del argumento.

Volvamos al punto básico: propiedad privada sin límites

Que todos puedan concurrir a la actividad política en igualdad de condiciones y que todos sean iguales ante la ley es un requisito esencial de la democracia, pero no basta que la ley afirme esa igualdad, sino que ha de existir de hecho, algo imposible si la distribución de la riqueza social no guarda suficientes dosis de equidad. Y ocurre que las distintas Constituciones democráticas hechas en países capitalistas, lo mismo que la Declaración Universal de Derechos Humanos, aceptan implícitamente el derecho a una propiedad privada a la que no se pone límites.

Este derecho injusto, que unido a la economía de mercado hace que los ricos sean cada vez más ricos (y, en consecuencia, los pobres cada vez más pobres), es causa de casi todos los males sociales. El dinero proporciona a hijos y herederos oportunidades educativas y de formas de vida que no están al alcance de los demás. En Estados Unidos los blancos tienen seis veces más riqueza que los negros y, qué casualidad, los negros tienen seis veces más probabilidades de ir a la cárcel, siendo las sentencias 19,5 veces más severas para ellos que para los blancos en situaciones similares. En todos los países “democráticos” ocurre algo semejante por relación con la desigualdad económica.

Pero, por lo que afecta a la imposibilidad de democracia, es aún más decisivo el hecho de que quienes tienen poder económico suficiente ejercen un control no público sobre la legislación y la política.

El control capitalista del ámbito estatal

Siempre ha existido control del capital sobre los Estados, pero ha aumentado de manera escandalosa desde que predomina la ideología neoliberal, y se ha hecho tan visible que resulta muy incómodo para los defensores del capitalismo.

Entre las principales palancas actuales de ese control están la privatización de empresas públicas que ocupan los principales espacios económicos (comunicaciones, energía, crédito, finanzas, etc.); la independencia de los Bancos Centrales (que equivale de hecho a su privatización, pues los saca del control democrático y los pone bajo control de los llamados mercados); y el funcionamiento de empresas multinacionales y de fondos de inversión en un ámbito mundial desregulado.

Si las grandes empresas (esas a las que se llama sistémicas) son de propiedad privada, ello otorga a sus propietarios control sobre la naturaleza de las inversiones económicas básicas y, consecuentemente, sobre la forma y el carácter del desarrollo económico. La democracia no tiene acceso a las salas de junta empresariales en las que se toman decisiones que afectan al proceso productivo en general.

De cómo la independencia de los Bancos Centrales es incompatible con la democracia ya he hablado en otra entrada de este blog del pasado junio.

Por su parte las multinacionales van colocando parcelas de la econo­mía nacional bajo control privado extranjero. El inversor exige previamente una cantidad abusiva de beneficios, ayudas e infraestructura que han de ser financiados por el país receptor y se reserva una capacidad de chantaje contra cualquier medida que resulte perjudicial a sus intereses, por racional y justa que sea desde el punto de vista general.

A esa capacidad de chantaje ayuda el actual modelo de mundialización, que consiste en confiar a los Estados nacionales la defensa a ultranza del derecho de propiedad, mientras se deja desregulado el espacio mundial en que se mueven libremente las grandes multinacionales, los grandes capitales y los grandes especuladores.

La actividad del capital financiero proporciona a sus gerentes unos medios de extorsión, control y decisión que supera el poder de los Estados. Expertos en política internacional aceptan que los movimientos de capital especulativos han arruinado divisas, han puesto de rodillas a las economías asiáticas, atacado a la agricultura tradicional y las industrias artesanales, desestabilizado gobiernos y provocado violencia y convulsiones sociales, siempre en beneficio de unos pocos.

Los conservadores hablan de “los mercados” como si fueran un sujeto que reacciona, castiga o premia, pero los mercados no son más que un espacio en el que actúan personas, que son las que toman decisiones influyentes. Recordemos que en septiembre de 1992 George Soros, apostando a la depreciación de la libra con dinero prestado, puso contra las cuerdas al Banco Central inglés, hizo temblar al sistema monetario internacional y ganó en pocas horas 1.100 millones de dólares. Ahora dirige el Soros Fund Management, que administra más de 70.000 millones de dólares de seis Hedge Funds. Él mismo se dice convencido de que sus especulaciones pueden desatar una reacción en cadena en los mercados de todo el mundo. Añadan a Soros el pequeño grupo de propietarios y controladores del capital financiero mundial. Actúan a su antojo, sin control democrático alguno, y tienen poder para premiar unas políticas y castigar otras.

En conjunto las decisiones concertadas de los dueños y controladores del gran capital forman una maraña de poder fáctico que marca el espacio de juego progresivamente reducido de los Estados, obligados como están a acudir a los mercados en busca de créditos.

Hay otras formas de chantaje de los dueños del capital, ejemplificables en la amenaza de abandonar el país si no se satisfacen sus demandas. Eso hizo la patronal francesa cuando Jospin anunció la reducción por ley de la jornada laboral a 35 horas y eso hizo la patronal alemana como medida de presión contra la política socialdemócrata que se proponía Lafontaine.

Pregúntense por qué los políticos no reaccionan

Si esto es así, ¿por qué la nula diligencia y voluntad de los políticos a la hora de acabar, por ejemplo, con los paraísos fiscales, y a la hora de legislar en el ámbito mundial sobre el libre movimiento de capitales, la deslocalización de empresas o las actividades financieras puramente especulativas? ¿Qué fundamento tiene el incansable afán de privatizar que ha distinguido a los gobernantes? ¿Acaso es cierto que funcionan mejor y redundan en mayor beneficio público las empresas privatizadas que las públicas? ¿No es más bien cierto que funcionan mejor las públicas bien administradas? ¿Por qué los políticos han decidido renunciar a su control de los Bancos Centrales? ¿Por qué una medida tan leve como la tasa Tobin parece irrealizable? ¿Por qué los gobiernos del mundo no están interesados en dotarse de mayor poder frente a la extorsión del capital? ¿Tiene todo ello alguna explicación?

Dos ejemplos próximos. En el informe aprobado por unanimidad en 2003 durante el decimotercer congreso de la asociación que agrupa a 1200 de los 1400 Inspectores de Hacienda de España (Apife) se denunciaron 14 coladeros para, al amparo de la normativa vigente, defraudar a Hacienda, coladeros destinados al beneficio exclusivo de contribuyentes con gran poder económico. El fraude más sofisticado y complejo está organizado en tramas, alrededor de movimientos financieros trasfronterizos o ligados a paraísos fiscales. Los inspectores denunciaron que el gobierno promueve normas que dificultan la persecución de estos delitos, o aparentemente destinadas al beneficio de esos mismos contribuyentes.

Pues bien: ni siquiera tras esa denuncia pública han hecho algo los gobernantes para remediar situación tan escandalosa.

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial ha reconocido que “tenemos una Ley de Enjuiciamiento Criminal pensada para robagallinas” e inútil para perseguir con la eficacia debida a la gran delincuencia y a la delincuencia compleja de guante blanco.

¿Es que nuestros gobernantes desconocen todo esto y por ello no lo remedian? ¿Cómo es posible su connivencia durante más de cuatro décadas con los poderosos económicos que delinquen por sistema?

Estas preguntas tienen una respuesta simple: los dirigentes políticos no tienen autonomía, son meros testaferros del capital.

La élite en el poder

Por fin está quedando claro para muchos algo que se sabe desde Marx, que en nuestras “democracias” el verdadero poder no está en el pueblo y en sus representantes, sino en quienes controlan el capital. La élite en el poder está formada por poderosos económicos, y éstos se auxilian de poderosos políticos, poderosos mediáticos y poderosos funcionariales, entre ellos los controladores del conocimiento conservador, bien instalados en las correspondientes cátedras, medios de comunicación e instituciones (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.). Los poderosos económicos usan como testaferros a los poderosos políticos y controlan, desde la propiedad de los medios, a los profesionales de la comunicación.

Cada una de las élites tiene sus propios criterios para ganar o perder parcelas de poder. Los partidos políticos cumplen la función de facilitar que emerjan las élites políticas y que se alternen en la ocupación del Gobierno y el Parlamento. El criterio es el éxito en las urnas, cuya funcionalidad consiste en que premia la capacidad para ganarse la confianza y la voluntad de los votantes. Y ¿para qué han de ganársela? Para presentar como razonable la política que están de antemano obligados a hacer. Como testaferros del poder económico, los políticos actúan para, teniendo en cuenta las mil situaciones y circunstancias que componen la vida de una nación, ir llevando la nave de forma que no encalle… desde el punto de vista de quienes tienen poder suficiente para hacer valer sus intereses.

Les queda luego un pequeño margen para ir en una u otra dirección respecto a cuestiones que a los poderes económicos les son secundarias o indiferentes, como la situación de los inmigrantes, la violencia machista, la homosexualidad o el aborto (y sólo en eso y en el estilo acaban diferenciándose derecha e izquierda en el poder).

Los servidores políticos, intelectuales y mediáticos son remunerados en proporción a sus servicios, y los más destacados pueden terminar formando parte de la élite económica (aunque la mayor parte de esa élite lo es por herencia o por “éxito” en los negocios).

Control inevitable

He aquí los rasgos del capitalismo que lo hacen por completo incompatible con la democracia. Esos rasgos se han agudizado, pero antes, cuando el capitalismo se disfrazaba bajo la careta socialdemócrata, las cosas no eran muy diferentes. Siempre ha sido inevitable que la oligarquía que dispone de una proporción desmesurada de la riqueza social la defienda o amplíe comprando secretamente voluntades (de intelectuales, periodistas, legisladores, políticos, jueces y policías), financiando investigaciones sobre vidas privadas para incidir con amenazas o chantajes en la vida pública, o para destruir competidores, financiando partidos y aportando fondos a campañas electorales (a cambio siempre de una sumisión que implica un torcimiento de los supuestos democráticos), controlando instituciones y, en definitiva, contribuyendo a un entramado no público en el que se toman numerosas decisiones importantes que luego se visten de apariencia democrática.

La vida secreta del capital compone una realidad subterránea que determina la aparente. Emerge en escándalos reveladores, pero que no son precisamente todas las corrupciones existentes, sino sólo aquella pequeña parte con la que se producen ataques o venganzas controladas. Muchos watergates esperan en los cajones y son utilizados como elementos de disuasión, de presión, chantaje o negociación.

Plutocracias demagógicas

Lo que vengo exponiendo avala la afirmación inicial de que nuestras aparentes democracias son en realidad plutocracias demagógicas. Plutocracias porque gobierna la oligarquía del dinero, y demagógicas porque necesitan convencer al pueblo de que él es quien manda y de que le benefician las medidas procapitalistas que adoptan sus representantes. Los políticos en el poder actúan al servicio del capital, pero han de fingir que actúan en beneficio del pueblo. Son, por tanto, necesariamente demagogos.

Si miramos a lo que ha ocurrido en unos y otros lugares, puede entenderse nuestra democracia como un pacto social que ha sido arrancado a las élites y que éstas aceptan en la seguridad de que no pondrá en peligro sus privile­gios y sólo bajo condición de que no los ponga en peligro. La ventaja que saca el de abajo es una cierta salvaguarda frente a la arbitrariedad del poder. La ventaja que saca el de arriba es una aparente legitimación ética de su dominio. Dicho de otra forma, nuestras democracias son una concesión condicional que la oligarquía económica hace a las masas y que es revocada en el momento en que ese método de funcionamiento político pone en peligro los intereses a cuyo servicio opera subrepticiamente. Disponemos de muchos ejemplos de esta revocación.

Comparación con las dictaduras

En todo caso, de este tipo de régimen se dice que es la forma política ideal porque elude los vicios típicos de los regímenes totalitarios, caracterizados por el control gubernamental de los medios de comunicación, el partido único y el poder sin contrapesos ni réplica.

Cierto que esta “democracia” es preferible a las dictaduras, en dos sentidos: hay más libertad individual y menor nivel de violencia física interna. En los términos de la llamada Ley de Rummel, a menor nivel de democracia hay más probabilidades de que los gobernantes asesinen a sus propios ciudadanos. Estamos, pues, en un sistema político en el que corremos menos riesgos de ser asesinados por nuestros gobernantes, sobre todo si pertenecemos a las capas de población integradas (en Estados Unidos un negro tiene 21 veces más probabilidades que un blanco de morir tiroteado por la policía).

Sin embargo el compromiso de respeto a los derechos fundamentales del ciudadano no resuelve los problemas expuestos: aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos es un progreso respecto a barbaries previas, no es la declaración de un ideal político, como prueba la mera lista de los derechos humanos incluidos y los que en ella faltan, así como las consecuencias que se siguen de algunos de los derechos proclamados y de la ausencia de otros que deberían ser básicos. Me remito a la entrada de este blog del pasado abril dedicada a la crítica de la citada Declaración.

Baste decir aquí que, cumpliendo formalmente con lo dispuesto en ella, se pueden desconocer derechos fundamentales y se pueden violar los reconocidos. En España el derecho a una vivienda o al trabajo se están negando a las personas desahuciadas y a los parados. Y no pasa nada. Y alguien puede ganar decenas de miles de millones de euros y estar legalmente eximido de pagar impuestos. Y no pasa nada. Millones de personas no se libran de violencias como la pobreza extrema, la malnutrición infantil, la falta de oportunidades educativas y el sometimiento a procesos de adoctrinamiento que los esclaviza. Hay muchas formas de violencia y no todas pueden identificarse con el daño físico o el asesinato.

Por lo demás, dentro de cada país los principios del Estado de Derecho se violan tan pronto la situación lo requiere. La prisión de Guantánamo es un ejemplo significativo y otro ejemplo es la limitación de las libertades de la ciudadanía estadounidense autorizada por la Ley Patriótica con que Bush ha respondido a atentado del 11S, siendo también buen ejemplo el intento de evitar informaciones y acallar críticas so pretexto de que ayudan al enemigo.

Dicho todo lo cual, podemos, sí, aceptar que nuestra “democracia” es preferible a una dictadura para la parte de población sensible al ejercicio de la libertad cívica.

¿Por qué no hay gobernantes independientes?

Parece muy duro afirmar, como antes hice, que todos los gobernantes en nuestras democracias son testaferros del poder económico. ¿No puede haber gobernantes honrados?

Se necesita mucho dinero para poner en marcha un partido que pueda ganar elecciones y ese dinero, sea de créditos bancarios que se prorrogan indefinidamente, sea de donaciones públicas y secretas, sólo va a partidos conformes con el sistema, o tan descuidados (caso de IU) que quedan amordazados por el crédito que adeudan.

Si las cosas no fueran así, ¿no sería inexplicable que en Estados Unidos no haya más que dos partidos capaces de disputar las elecciones, uno de derecha y otro de extrema derecha?

Recordemos que Felipe González llegó al poder tras pasar el examen de la CIA y del capital alemán, y que recibió ayuda económica y mediática porque se había comprometido a cambiar el No por el Sí en el referendum sobre la OTAN y a abandonar el marxismo. Consiguió el gobierno, pero sólo despúes de haber aprendido dónde estaban sus límites.

Nuestros gobernantes, sean del PSOE o del PP, saben quién manda y saben en qué dirección deben legislar. Precisamente han llegado al gobierno porque a su disposición a traicionar al pueblo unen su habilidad para que la gente no llegue a notarlo. Todo esto forma parte de la lógica del sistema.

¿Puede un gobernante independizarse del capital?

Si un político en el poder decide apartarse de su papel y actuar contra los intereses patrocinadores puede acabar como Kennedy o como Nixon. Si ha llegado al poder por su cuenta, caso de Allende o de Chávez, o mediante una lucha armada como Fidel, tendrá en frente todo el poderío capitalista, que hará lo posible por asfixiar al país y reconducirlo mediante una dictadura, o aislarlo al menos. Habrá campañas de descrédito muy efectivas, como la que sufrió Lafontaine por haberse atrevido a plantear algunas reformas modestas. Recordemos que Lafontaine se proponía regular los mercados internacionales, reducir el peso de Estados Unidos en el FMI, someter al Banco Central Europeo a algún control político, bajar los tipos de interés, reducir el impuesto de la renta para los ingresos bajos, aumentar el de los beneficios de las grandes empresas y los grandes capitales y patrimonios, y expandir la demanda mediante aumentos salariales. Naturalmente, las empresas alemanas más grandes amenazaron con marcharse de Alemania al extranjero. El capital alemán (con sus portavoces instalados en cátedras o en despachos de editorialistas, como en todas partes) decidió acabar con Lafontaine y éste tuvo que dimitir.

Su sucesor Schröder abandonó las propuestas de Lafontaine y se prestó a hacer la reforma que el capital exigía. ¿Qué reforma? Ya sabemos que cuando la derecha habla de reforma está en realidad hablando de puro darwinismo social sistemático: reducción de las ayudas sociales, jornadas y vidas laborales más largas, disminución de la inversión en infraestructuras públicas y menor protección laboral. Todo esto implicaba una destrucción del consenso social establecido cuando la URSS era un contrapoder, y respondía al designio del capital de recuperar sus antiguas ventajas. Schöder presentó en junio del 99 un plan de austeridad para ahorrar el equivalente de 30.000 millones de marcos en el 2.000 (“el más importante proyecto de reforma de la historia de Alemania” en palabras del canciller) que supuso una poda selectiva del Estado Social. La generalización de los “minijobs” como forma típica de inserción laboral es un símbolo de esa “reforma”.

Conclusión

Si lo que antecede tiene fundamento, si democracia y capitalismo son incompatibles, ello quiere decir que el camino que aproxima a la democracia es el mismo camino que aleja del capitalismo, un camino repleto de obstáculos.

Un primer paso es saber dónde se está. Saber que, contra lo que casi todos dicen o suponen (ellos sabrán por qué), no existe hoy democracia en el mundo, y que sólo podrá haberla cuando:

(a) la riqueza privada no pueda pasar de un límite razonable (¿cinco millones de euros para cada patrimonio personal?), a fin de evitar tramas ocultas de poder, control de los mercados y extrema desigualdad de oportunidades, y a fin de lograr que quede en manos públicas, y para fines sociales, la inmensa riqueza que ahora acumulan manos privadas. ¿Quién ha dicho que cada uno es dueño de lo que le da el mercado? ¿Quién ha dicho que es el mercado el que debe dar y quitar? El mercado es un mecanismo irracional que, dejado a su aire, va haciendo a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres, y que no recompensa en atención al mérito y valor de la actividad desarrollada. Da poco al investigador, al maestro, al médico, y mucho al especulador o al que tiene ya mucho, y sólo por el hecho de tenerlo.

(b) se prohiba la propiedad privada de los medios de comunicación masivos, que deberán ser sustituidos por medios de propiedad pública bajo control social. La llamada libertad de expresión no es otra cosa que un eufemisno con el que se alude al monopolio del capital para informar, aleccionar y fabricar la opinión pública.

(c) se generalice una educación que dé a todo ciudadano la competencia necesaria para entender las implicaciones de su voto y las repercusiones de cada medida política, lo que exige elevar el nivel cultural de la población muy por encima de lo que ahora se considera excelente en pruebas como los informes PISA. Hay que romper con la inercia milenaria del elitismo que fabrica a las poblaciones intelectualmente inermes, inercia que no ha sido alterada por el actual tipo de educación obligatoria.

La limitación de la riqueza privada es condición no sólo para evitar que el dinero sea el que gobierne y que los políticos no sean más que sus testaferros, sino tambien para que una distribución racional y justa cree el ambiente necesario para una buena educación pública. De otra forma ni hay base moral para ella, ni el Estado puede disponer de los enormes recursos necesarios. Pero recuperar el dinero de los que ahora lo poseen indebidamente es una tarea a la que ellos y sus ayudantes (una legión de comunicadores, economistas, politólogos y otros intelectuales) se opondrán con todas sus fuerzas.

¿Hay remedio? Una esperanza

Hundidos en la corrupción y la ineficacia, los principales partidos no saben cómo salir del atolladero en que ellos se han metido, al punto que empiezan a no servir para el cometido que tienen encomendado. El capital los mira con sorpresa y recelo, y se pregunta si no será posible domesticar deprisa al partido ascendente, inicialmente temible porque es el único incontrolado. De momento es un partido denigrado con razones que nunca se han empleado contra los demás y ello da idea de hasta qué punto asusta a los partidos restantes y a sus defensores.

Podemos tiene dos ventajas que hasta ahora ningún otro partido tuvo: un fuerte apoyo popular y ausencia de compromisos con el poder económico.

Se le critica que sus propuestas iniciales hayan sido rebajadas una vez que se ve con posibilidades de alcanzar el poder, pero esa medida es aceptable siempre que se sepa explicar a la gente el por qué de la rebaja. En dirección contraria siguen siendo muchos los que acusan a Podemos de propuestas populistas e irrealizables. Pero ¿hay alguna ley de la naturaleza que impida la realización de esas propuestas? No. ¿Acaso ha propuesto Podemos algo que sea inconveniente? No. Más bien se le puede criticar que, por pragmatismo, se queda corto. ¿Sería beneficioso para la población que las propuestas de Podemos se realizaran? Por supuesto que sí.

De manera que quien critica las propuestas de Podemos por irrealizables sólo es honorable si añade que lo que las hace irrealizables es el chantaje del capital. ¿Conocen a algún crítico honorable? Los que hablan de medidas irrealizables parecen sugerir que lo son porque se oponen a alguna ley de la naturaleza que Podemos se empeña torpemente en desconocer.

Si Podemos consigue llegar al poder eludiendo el control de los dueños del dinero (para lo que es básico no endeudarse con la banca y no hacer pactos secretos con nadie) nos ofrecerá la primicia de poder al fin representar a quienes lo han votado.

Cierto que el gobierno que intente hacer una política favorable al pueblo sufrirá grandes embites. Hará falta valor, mucha habilidad y mucho apoyo popular para hacer con éxito una travesía inicial muy procelosa (apoyo popular que, por ejemplo, Lafontaine no tuvo). Pero no es imposible si se salvan las primeras acometidas y se sabe explicar a la gente dónde están los problemas y quién los fabrica (algo que hasta ahora jamás han hecho los políticos, porque no podían delatar a sus amos). Frente al chantaje del capital hay que encomendarse a la fuerza de los movimientos sociales, al ejemplo que pueda cundir en otros países y a las alianzas internacionales que se puedan ir estableciendo con movimientos afines.

Una mirada a la historia reciente

Hay además que saber jugar con las necesidades del enemigo. Cuando se habla de la ominosa modificación del artículo 135 de la Constitución son muchos los que dicen que no había alternativa, que todo hubiera sido catastrófico si no se hace, que nos hubieran intervenido, etc. Es cierto que hubieran amenazado con intervenirnos. Pero imaginemos que nuestro gobierno se planta y dice “¡Hasta aquí hemos llegado y ni un paso más! ¡Ni un solo recorte en gasto social, ni un sufrimiento más a la población en beneficio de las bancas alemana y americana!…. Si se empeñan en hundir España, los bancos acreedores no cobrarán un duro y con España se hundirá la Unión Europea.” ¿Qué hubiera ocurrido? Pues que, como ni el capital alemán ni el americano podían permitir que España se hundiera, se hubiera hecho entonces lo que se está pensando hacer ahora, es decir, aquello que antes se decía que no se podía hacer de ninguna manera: el Banco Central Europeo habría comprado deuda española a menos del 1%, se habrían relajado las exigencias respecto al déficit e incluso se habría acordado una quita de la deuda. Ni que decir tiene que las capas medias y bajas de la población se habrían ahorrado un sufrimiento enorme. Pero Rajoy y Zapatero, dos burócratas de partido mediocres, ni representaban ni defendían al pueblo, obedecían órdenes sin rechistar, asustados como conejos. Lo que quiero decir es que para saber que algo es irrealizable primero hay que intentar realizarlo.

El peligro enmascarado

Queda finalmente otra cuestión. Si un nuevo partido consigue llegar al poder y desbancar a los políticos de la llamada casta (palabra justa si se le da el sentido de “conjunto de políticos demagogos traidores al pueblo que los votó”), y si recupera el Estado del Bienestar y gobierna con otros modales y con alguna autonomía, nos habrá aliviado desde el punto de vista estético, e incluso ético, pero se habrá convertido en el mejor garante del capitalismo, pues aunque la extrema codicia haga pensar lo contrario a los dueños y controladores del capital, el capitalismo es más estable con políticas socialdemócratas que con políticas neoliberales. Es decir, habrá cerrado en falso el camino hacia la democracia.

En cambio, si después de conseguir sus metas iniciales se propone llegar más lejos de lo que pretendió la hundida socialdemocracia y va dando nuevos pasos eficaces hacia una más justa distribución de la riqueza social, hacia una mundialización regulada y hacia una educación del pueblo más profunda, entonces sí que los demócratas tendremos que festejar su llegada. No se habrá conseguido aún una sociedad democrática (eso no es cosa que se pueda lograr de un día para otro), pero estaríamos dando pasos hacia ella. Entretanto se viviría un ambiente más ilusionante, porque habríamos salido de la sordidez en que nos han metido los gobernantes que hemos venido padeciendo.

jmchamorro@jmchamorro.info