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REFUNDAR PODEMOS. ¿EN QUÉ DIRECCIÓN?

A causa de sus últimos fracasos electorales son muchos los que hablan de la necesidad de una refundación de Podemos. Como no pertenezco a ese partido no puedo entrar en la discusión interna, pero sí en la discusión más general sobre el papel de la izquierda, ofreciendo algunas ideas extraídas del análisis que hago más por extenso en Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

Decidan lo que decidan los miembros de Podemos y de IU, es muy necesario crear a la izquierda de la socialdemocracia una organización potente que sepa realizar actividades imprescindibles, y por ahora abandonadas, que no tienen que ver con elecciones e instituciones, sino con el campo de batalla ideológico al que me referí en la anterior entrada de este blog. Dicho de otra forma, es necesaria una organización de izquierdas que logre escapar al fin de la trampa electoralista.

Un síntoma de hasta qué punto Podemos está hundido en esa trampa es que, pese a que el partido necesita cambios radicales, no se hablaría de ellos si los fracasos electorales hubieran sido éxitos.

Contra el electoralismo se han manifestado miembros significativos de Podemos y de IU.

El Consejo ciudadano de Podemos Andalucía ha señalado que en el “nuevo ciclo” que se abre tras las últimas elecciones es necesario “aprender a hacer otras cosas que nada tienen que ver con campañas electorales”.

Yendo más lejos, Alberto Garzón, en una entrevista publicada en eldiario.es el 11 de abril de 2017, situaba el comienzo del electoralismo del PCE en el eurocomunismo de Santiago Carrillo, cultura política que propone que las instituciones que se han conseguido son las necesarias y las suficientes para llegar al socialismo y que por lo tanto el instrumento de mayor incidencia social es presentarse a las elecciones y tener influencia en las instituciones. De esta forma desde la Transición perdió peso todo lo que no fuera maquinaria institucional.

Siendo esto cierto, creo que el electoralismo queda mal caracterizado si se identifica como dedicación casi exclusiva a elecciones e instituciones abandonando otras tareas. Pues no consiste sólo en limitar la actividad política a las elecciones, sino sobre todo en una forma de concurrir a las elecciones y de administrar el poder institucional.

El electoralismo es el artilugio inventado por el poder económico para hacer inofensiva la elección de líderes políticos. Se trata de promocionar a quienes tienen condiciones para convencer al pueblo de que vive en democracia y de que la política que se realiza es la mejor entre las posibles. Se añade la generosa financiación de costosas campañas electorales y el permanente esfuerzo de los medios de comunicación dependientes del capital para demonizar cualquier idea o actitud antisistema. El ciclo termina en el ejercicio del poder según las indicaciones de los poderes reales, los económicos.

Forma parte del electoralismo la idea de que si no se consigue éxito electoral y poder institucional no se existe en el mundo de la política. Y de ello se sigue la supeditación a toda estrategia que consiga votos, aunque obligue a camuflar la propia identidad.

Así definido el electoralismo está claro que la izquierda se ha dejado embaucar y se ha echado por completo en sus brazos. Incluso cuando se lo critica no se discute la forma de acudir a las elecciones, ni el valor que se da a sus resultados, simplemente se aboga por otras actividades vagamente descritas, pero apelando al éxito o fracaso electoral como prueba y señal de ir por buen o por mal camino.

Así cuando Adelante Andalucía se presenta como la herramienta que tiene mayor potencial porque sus resultados han sido los mejores del país, o cuando saca pecho diciendo que cuenta con 17 diputados en el Grupo Parlamentario andaluz, nueve diputadas en el Congreso, una senadora, cientos de concejales y varias alcaldías. Al contabilizar en exclusiva méritos que dependen del resultado electoral, y al no tener otros méritos que mostrar, se sigue de lleno en el electoralismo.

Organización general y partido político

Los resultados de los últimos cuarenta años vienen mostrando que es necesaria una organización política que se plantee actividades tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle, entre ellas analizar e investigar la realidad social para decidir e implementar una política a largo plazo que actúe sobre una mayoría social objetivamente interesada en un cambio de sistema aunque no lo sepa.

Esa organización ha de contar con un partido político filial para concurrir a las elecciones y desarrollar la actividad institucional derivada de la cuota de poder político conseguido, tarea secundaria, pero que tiene su importancia si se hace en forma coherente con los fines generales. A ello me refiero en seguida.

Miembros

Buscar la unidad de la izquierda es algo confundente si se considera a la socialdemocracia dentro de la izquierda. No cabe esperar un funcionamiento eficiente si pretenden controlar las decisiones quienes piensan que el orden social en que vivimos debe ser sustituido por otro y quienes descalifican las propuestas “antisistema”.

Por ello, en lugar de alabar el pluralismo ideológico, sería preferible apostar por el funcionamiento democrático, que ya incluye el respeto a las distintas formas de enfocar un problema o de evaluar las soluciones, pero dentro de un enfoque ideológico compartido. Si el llamado “respeto a la pluralidad” se entiende como heterogeneidad ideológica, pasa a ser una de las causas del déficit de democracia que se percibe en las actuales organizaciones de izquierdas. Pues a falta de unas coincidencias básicas, son inevitables los controles férreos de la dirección y el miedo permanente a caballos de Troya. Ello es lamentable, precisamente porque en el interior de la organización se debe anticipar el funcionamiento democrático que se pretende conseguir para la sociedad entera.

Este funcionamiento exige dos condiciones:

Por una parte un criterio de pertenencia a la organización que sea coherente con la forma de sociedad a la que se tiende. En la izquierda parece exigible una preferencia igualitarista y la convicción de que el sistema capitalista, incluso el moderado por medidas socialdemócratas, es un mal social evitable. Y parece conveniente que la disposición a favorecer el cambio a una sociedad igualitaria busque luz en el conocimiento científico disponible.

La segunda condición es que todos los miembros tengan un acceso equivalente a la información y al conocimiento, eliminando la relación tradicional dirigente-masa, que pivota sobre la habilidad retórica del dirigente para convencer eludiendo los mejores argumentos. Llegar al funcionamiento democrático requiere mucho esfuerzo de divulgación de conocimiento e información, así como dar prioridad a la discusión mediante argumentos escritos.

Dirigentes

Repárese en que la forma de seleccionar líderes prosistema está directamente derivada del electoralismo: buena voz, saber hablar en público, tener una apariencia que resulte atractiva, capacidad de resistencia (lo que equivale a decir vocación de poder), desenvoltura para hablar sin decir nada y repetir eslóganes vacíos sin sonrojo, y todo el cinismo necesario cuando la mentira, la contradicción o el incumplimiento se hacen patentes.

Lejos de esto, la organización que propongo debería carecer de líderes carismáticos y estar dirigida por un amplio consejo temporal de personas elegidas por haber demostrado inteligencia, conocimientos y empatía, con representación adecuada de hombres y mujeres, del impulso de la juventud y de la experiencia que dan los años.

Mientras los líderes actuales buscan la exhibición en los medios porque de otra forma no existen, ese liderazgo compartido debería ser sólo detectable desde fuera a través de los efectos de su trabajo. Sus miembros no serían activos en las redes ni buscarían notoriedad en los medios privados. Estarían a lo importante, sin perderse como los políticos actuales en vueltas y revueltas a la luz de los focos mediáticos.

El partido político filial carecería también de líderes carismáticos, y no tendría capacidad para elegir estrategias, que serían decididas por la organización. Se buscaría en los candidatos electorales experiencia, conocimientos, generosidad y disposición a hablar en un registro de racionalidad y claridad. Si se consiguieran cargos públicos, la corta duración del mandato y el carácter subordinado de su papel sería una manera de minimizar las luchas personales por el poder. Nadie necesitado de poder personal se afilia a una organización en la que no puede conseguirlo.

La organización y el partido tendrían portavoces para hacer comunicados en las redes, en medios independientes y en medios propios, pero no acudirían a un medio privado dependiente del capital salvo para denunciar este hecho, denunciar con datos que tal medio depende del capital y que es por ello un obstáculo a la democracia. No tiene sentido mendigar la presencia en espacios televisivos degradantes, o en tertulias caóticas diseñadas para aumentar la desorientación del público que las sigue.

En seguida me referiré a las tareas básicas de la organización, pero antes voy a insistir en lo que no debe ser, ni hacer, el partido político filial.

Eludir el electoralismo

Por lo antes dicho, se elude el electoralismo no sólo haciendo además otras cosas, sino concurriendo a las elecciones y a las instituciones de otra forma y dando al éxito y al fracaso el valor relativo que tienen. Ello significa en concreto:

-No gastar un solo euro en las campañas electorales.

-Aprovechar el amplificador mediático gratuito para explicar a la gente en qué sociedad vive, qué alternativas existen a corto, medio y largo plazo, y dónde se encuentran los obstáculos.

-Eludir mítines y concentraciones de adeptos, y aprovechar los debates televisados para estropear la fiesta, haciendo ver que no son otra cosa que escaparates para la mentira sistemática.

-Decir lo que hay que decir sin calcular las repercusiones en votos o las reacciones de los poderosos.

Si por este camino honrado se consigue poder institucional es necesario gestionarlo con la misma ética. No para conservarlo sino para utilizarlo según la estrategia decidida, sean cuales sean las consecuencias a corto plazo (incluida la misma pérdida del poder).

De manera que una señal de que se ha salido del electoralismo es que se concurre a las elecciones de otra forma, se da a los resultados electorales el valor relativo que tienen, y a la forma de competir por los votos el valor absoluto que tiene.

Las otras tareas de la organización

Según Garzón para alcanzar lo que Gramsci llamaba la hegemonía se necesita seguir avanzando en la conquista cultural que haga colectivos unos valores y unos principios. Y para ello hay que llegar a gente a la que no se llega. Reconoce Garzón que la hegemonía no se alcanza a través de discursos, ni tampoco a través de las elecciones, al menos no sólo, sino a través de una práctica política insertada en el tejido. ¿Qué práctica? ¿Y por qué no se realiza?

Según Adelante Andalucía hay que avanzar como un sujeto político de unidad, como un altavoz popular y como una herramienta pegada al territorio, acompañar a los círculos que se encuentran con más dificultades tras las elecciones municipales, poner en el centro un proyecto feminista y ecologista presente e implantado en todos los municipios andaluces. Buenos deseos y vaguedades mil veces repetidas sin resultado.

A mi juicio la práctica política de que hablan todos debería desarrollarse en varias áreas. Al menos las siguientes:

-Actividad teórica e investigación social

-Divulgación

-Implantación en el tejido social

-Mundialización

Naturalmente no basta un enunciado vago, hay que concretar la actividad en cada una de esas áreas.

a) Actividad teórica e investigacion social

1. Me referí antes a actuar a la luz del conocimiento científico disponible. ¿Qué conocimiento?

Actuar en el terreno político sin teoría es actuar a ciegas, algo que se puede permitir la derecha (sólo pretende que todo siga como está), pero no la izquierda, necesitada de una visión de conjunto y de acciones instrumentales para un objetivo de gran dificultad, el antes indicado de transformar la ideolgía de una mayoría de población.

IU ya decía a finales del pasado siglo que la teoría es imprescindible, que no la tiene, y que sin ella no se sabe dónde se está y adónde se va. Pero han ido pasando los años y todo sigue igual.

En un manifiesto titulado La disyuntiva Julio Anguita y otros miembros del Colectivo Prometeo echan de menos una síntesis teórica, política y programática, y la proponen a base de inegrar cuatro cosmovisiones que enumeran a partir de los momentos y textos que las alumbraron: Manifiesto Comunista de Marx y Engels, El segundo sexo de Simone de Beauvoir, Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y Los límites al crecimiento de Donella Merado. Es decir, comunismo de matriz marxista, feminismo, multiculturalidad y ecología política.

Cierto que la fuerza para trastocar el orden existente está sobre todo en el feminismo, el ecologismo, las migraciones incontenibles y las personas con suficiente conocimiento y empatía, sean o no proletarios. Sólo que el feminismo o el ecologismo pueden funcionar como estrategias unidimensionales o pueden integrarse en una concepción general de la sociedad que las asimile.

Ahora bien, para esa integración ya no es suficiente el Manifiesto Comunista, por mucho que sea un texto históricamente impresionante, ni tampoco las versiones clásicas del marxismo o los llamados neomarxismos, más preocupados por retroceder que por avanzar.

El marxismo se puso a la vanguardia de la teoría social con un enorme efecto, y sigue siendo la unica teoría general de la sociedad de que disponemos, una vez que han fracasado las inoperantes alternativas conservadoras que se han intentado (Max Weber, Talcot Parsons, H. Habermas). Pero tiene fallos que hay que subsanar y requiere nuevos desarrollos que hay que acometer.

Su carencia básica, la falta de un teoría psicológica que funcione en su núcleo, no se percibió claramente en un periodo en que todo se fiaba al análisis económico y a la revolución violenta.

Esa carencia no puede remediarse con el conjunto de disciplinas que se denominan humanidades, ni con la historia y la economía, ni con el derecho y la politología, ni con la sociología de encuestas, sino directamente con la ciencia social básica, cuyo núcleo está constituido por la lingüística, la sociología, la psicología y sus híbridas (psicolingüística, sociolingüística y psicología social). Hay en el mundo académico líneas de investigación que resultan interesantes, como la de modelos de organización de memoria y la de teorías implícitas, pero no es esperable que tomen la dirección que interesa al marxista. Las disciplinas sociales académicas están controladas internacionalmente mediante revistas y política de publicaciones que tienen un carácter marcadamente conservador. Marx y Engels hicieron teoría fuera del entorno académico y esa es una historia que debe repetirse.

2. La debilidad del marxismo heredado se manifiesta sobre todo en el análisis de las clases sociales. La concepción del proletariado como vanguardia y motor de la revolución social ha quedado falsada, una vez que las predicciones que de ella se derivan no se tienen en pie. No se puede avanzar mientras se tome como único criterio para describir clases sociales la posición respecto al modo de producción desdeñando las variables ideológicas.

Una clase social se conoce cuando se estudian los procesos de socialización, los códigos lingüísticos, el papel de las edades y sexos, y en definitiva la estructura de conocimientos, afectos y pautas que caracteriza a cada uno de los grupos cuyo comportamiento resulta relevante respecto a la estabilidad o el cambio social. El proletariado queda de esta forma dividido en un conjunto de subclases, y no todas situadas en el espacio de la izquierda.

Para progresar en este conocimiento no valen por supuesto los llamados Think Tanks conservadores, pero tempoco fundaciones como Alternativas o Ideas del PSOE, Europa de los Ciudadanos de IU o el Instituto 25 de mayo para la democracia de Podemos. Nada interesante nos llega de lo que en estas fundaciones se discute o se teoriza. Es por ello imprescindible un Instituto de Investigación Social que atraiga y favorezca el libre trabajo de investigadores interesados en progresar en las líneas abiertas por el marxismo; y patrocinar una revista científica abierta a todos los investigadores que aporten conocimientos útiles, no importa su ideología o su militancia política. Valdría para iniciar la puesta en marcha el dinero que se derrocha en las sucesivas elecciones y además todo el que se recogería si los posibles donantes tuvieran confianza en su empleo. Este Instituto de Investigación Social debería ocupar el centro de la organización, y con él deberían conectar, por vías de entrada y salida, las restantes áreas de actuación, las cuales podrían extraer conocimiento de las investigaciones en curso y, a su vez, ofrecer problemas y resultados de su propio funcionamiento como materia de investigación.

b) Divulgación del conocimiento

Si una organización de izquierdas pretende llegar a la gente y hacerse entender, ha de intentar algo más que producir en período electoral el discurso político propio del mitin. Una política de divulgación debe apoyarse en otros instrumentos, uno de los cuales es, sin duda, la actividad habitual de los miembros de la organización en su entorno social. Ello requiere que reciban una formación teórica suficiente dentro de la misma organización.

Pero además, si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante un equivalente de aquello que se llamaba universidades populares (“misiones pedagógicas” en la versión de la Institución Libre de Enseñanza), una actividad permanente en los Círculos que ofrezca conocimientos que por ahora no se dispensan en las facultades de sociología, ni de psicología, ni de lenguaje, pero imprescindibles para cualquier ciudadano, sea o no activista. Me refiero a los conocimientos que componen una teoría general de la sociedad y los que se derivan de ella. Esto es trabajar en la calle, que no consiste sólo (aunque también) en promover protestas y manifestaciones.

Pero se necesita además una red de medios de comunicación para hacerse entender por un número creciente de personas cuyos intereses objetivos coinciden con el propósito de la organización.

En el nacimiento de Podemos tuvieron influencia no sólo las redes, sino también La Tuerka y el diario Público. Pero esto es insuficiente. Garzón se pregunta dónde está hoy un equivalente de la Radio Pirenaica. La izquierda debería disponer de periódicos y emisoras de radio y televisión que lleguen a toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera clara, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, para lo que es necesario atraer a intelectuales, humoristas, comentaristas deportivos, etc., que estén por la labor. Unos medios de comunicación influyentes valdrían no sólo para contrarrestar la fuerza de los medios conservadores y darles la réplica adecuada, sino además para mostrar la posibilidad y estructura de unos medios ¡no sectarios (por ejemplo, proporcionando espacios a los enemigos ideológicos para que los administren a su gusto sin censura alguna). Pues en esos medios propios habría que insistir en el argumento de que el ideal (y una condición obvia de la democracia) es el control social de la fabricación y distribución de la información, única forma de impedir privilegios o controles personales o de grupo en su uso. Habría que argumentar desde medios privados contra la existencia de medios privados y mostrar los medios propios como ejemplo de lo que podrían ser los medios públicos controlados socialmente.

Pero hay que repetir que poco puede hacer una organización de izquierdas que intente distribuir información realista si no tiene en cuenta los procesos que se ponen en marcha en las distintas clases de destinatarios cuando la información es disonante respecto a estructuras cognitivas y afectivas de cada una de esas clases. Estos problemas no se solucionan poniéndose en manos de gurús de la mercadotecnia como el Iván Redondo al que Pablo Iglesias echaba de menos, sino con la investigación a que antes me referí.

c) Implantación social

Alberto Garzón se queja de que la izquierda ha abandonado progresivamente la construcción del tejido social. “¿Dónde están las asociaciones de vecinos?, se pregunta. ¿Dónde está el PCE desplegando sus ramas por el tejido social, por los barrios, por las clases sociales?” Recuerda que el movimiento obrero en el siglo XIX, especialmente el SPD, que fue el gran partido de la socialdemocracia europea del siglo XIX (un equivalente del comunismo según se entiende hoy) tenía un despliegue tan enorme de instituciones propias que, por ejemplo, un trabajador podía aprender un oficio en instituciones del partido. Podía aprender a leer, podía ir a bibliotecas, podía aprender idiomas, podía relacionarse socialmente… en los bares, en los ateneos, las bibliotecas, todas del partido. El partido había sido capaz de construir una realidad alternativa, una sociedad alternativa, como también consiguió el PCI en Italia. Esto está ausente en la historia reciente del PCE y está ausente ahora de la izquierda española y también en general de la izquierda europea.

Esto es cierto y se echa en falta la creación de espacios en cada pueblo o barrio para que las personas que lo deseen puedan relacionarse en un ambiente ideológico progresista y actuar a diferentes niveles de implicación, lugares de reunión dotados de bibliotecas bien diseñadas, de bares económicos, de salas de lectura y aulas de estudio, donde se plenteen y discutan los problemas del entorno próximo y encuentre alguna ayuda o asesoramiento quien lo necesite.

No sólo mediante los Círculos se puede actuar en el tejido social. A la izquierda ni se le ha pasado por la cabeza algo tan sencillo como establecer escuelas infantiles de 0 a 3 años en barrios populares con abundancia de obreros e inmigrantes. Buena forma de proponerse una relación fluida y diversa con las familias, implicándolas en la solución de los problemas presentes y futuros de esos niños y, ya de paso, en los problemas más generales del barrio, de la ciudad y de la sociedad. Tales escuelas son imprescindibles para dotar a los niños, desde los pocos meses, del baño lingüístico que no reciben en sus familias y que es necesario si se quiere evitar que queden condenados a un fracaso escolar que más tarde ya no tiene remedio.

Con el tiempo, poco a poco, esas escuelas infantiles podrían dar lugar a escuelas experimentales. Hay que tener en cuenta que cualquier mejora pedagógica profunda se inicia siempre en aquella parte de la sociedad que ha madurado algún progreso sobre lo recibido, y si nos preguntamos qué parte de la sociedad es la que tiene que correr en el presente con el intento de progreso pedagógico, hay que responder que el grupo que haga suyos los valores de igualitarismo e ilustración, es decir, el grupo promotor de una racionalidad caracterizada por afectividad sana y conocimiento científico.

Tal progreso pedagógico ni puede ser impuesto en la escuela pública (no lo tolerarían las fuerzas conservadoras) ni es esperable de las instituciones tradicionalmente dedicadas a la enseñanza. Es decir, no existirá a menos que la izquierda se proponga desarrollarlo.

En España la educación pública, pese al esfuerzo de muchos enseñantes, es una simulación discriminatoria que condena a los alumnos de clases bajas al fracaso escolar y es poco eficiente respecto a los demás. Esto es algo que la izquierda anticapitalista debería estar mostrando a la sociedad con cifras y argumentos que todo el mundo entendiera. Pero sobre todo: debería estar argumentando que aunque una buena educación es posible, su generalización es incompatible con el sistema capitalista.

Una buena escuela (aunque sólo fuese una), dirigida ante todo a corregir fallos en la estructura afectiva de los colegiales (el éxito en los demás espacios vendría como efecto), sería de enorme impacto ideológico, sobre todo si sus resultados se hicieran públicos en las revistas científicas pedagógicas. He ahí un argumento poderoso para convencer a una gran parte de la población de que el presupuesto estatal debe volcarse en una educación pública de la mejor calidad. Pues más efectivo que describir una buena escuela es mostrarla diciendo: “esto es una educación adecuada y es posible, puesto que la estamos realizando”. Seguro que, si este proyecto se pusiera en marcha, serían muchos los profesionales que colaborarían y muchas las personas que prestarían apoyo económico.

d) La mundialización de la resistencia

El proyecto de una transformación social que siga pasos pacíficos y apoyados por una mayoría de la población obliga a la izquierda a replantearse el ámbito de la actuación política.

Lo que fue internacionalismo proletario debe convertirse en resistencia internacional, pues una vez que el espacio estatal ha perdido gran parte de su antigua autonomía económica la resistencia nacional ya no vale por sí sola. Dado que cualquier medida racional y justa puede recibir el embate del capital afectado, una ofensiva contra los privilegios capitalistas tendría que ir acompañada de una movilización que vaya articulando una sociedad civil mundial y una opinión pública mundial. Cualquier cambio social significativo es imposible sin un proceso lento de nuevo orden internacional, y en un solo país es un objetivo ilusorio. Hay por ello que fortalecer las relaciones con organizaciones de otros países y con movimientos alternativos que están haciendo una presión internacional creciente contra la lógica del mercado y sus consecuencias. Cada día se ve como más necesaria una legislación mundial que regule las cuestiones de interés mundial (fuentes de energía, medio ambiente, cambio climático, erradicación de epidemias, derecho de acceso de toda la población mundial al agua y alimentos necesarios, redistribución de las poblaciones, intervención internacional para evitar guerras locales, armonización de legislaciones fiscales y laborales, eliminación de paraísos fiscales, regulación de los movimientos de capital, etc.).

Ni Podemos ni IU negarán esta necesidad, pero no se conocen las actividades que llevan a cabo con este fin. Recordemos que en Seattle y en las sucesivas convocatorias a favor de otro tipo de mundialización no ha sido significativa la presencia de organizaciones de izquierda anticapitalista.

En cambio la Vía Campesina, por ejemplo, agrupa a 148 organizaciones de 69 países en lucha por una agricultura libre de la mercantilización actual, debida sobre todo a patentes agrícolas controladas por grandes multinacionales como Monsanto. Algo parecido ocurre con la ecología y seguramente son muchas las personas que podrían concertarse en la presión a favor de un Plan económico global que permita erradicar la miseria del mundo, pero que además reconduzca el desarrollo económico por vías sostenibles dentro de un proyecto de vida buena a largo plazo y para el mundo entero. El internacionalismo progresista puede tener resultados interesantes en el acoso progresivo a los modos de dominación que se nos imponen, porque cada día se van acumulando las razones, y no sólo morales. La pobreza extrema de unas partes del mundo afecta a todos, sea por la vía del terrorismo internacional sea por la de las migraciones que activan pautas xenófobas muy extendidas en los países de economía más desarrollada.

Se espera algo de los movimientos antiglobalización, sobre todo desde que a la mera protesta le han añadido propuestas positivas, pero los grupos y los colaboradores que ahí se unen son heterogéneos, en muchos casos especializados en una visión particular. Hacen falta además organizaciones que tengan una concepción integral de los problemas y puedan reunir en ella las distintas líneas de presión.

¿Valor meramente testimonial?

Termino con algo que ya he dicho en otras ocasiones. Imaginemos que el PCE que blanqueó la oscura Transición se hubiera quedado fuera de aquel pacto, dedicando los cuarenta años transcurridos a tareas como las aquí descritas. ¿Imaginan cómo estaríamos ahora? Pues comencemos a hacer ahora lo que dentro de cuarenta años se nos agradecerá.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL FRACASO DE PODEMOS EN LAS ELECCIONES

A favor de Podemos se puede seguir diciendo que se mantiene libre del poder económico. De ahí que la banca, las empresas del IBEX 35 y sus medios de comunicación lo ataquen con el denuedo que cualquiera puede observar. En Bruselas, nido de la política europea neoliberal, preocupa (o preocupaba) Podemos tanto como el Brexit. Razones suficientes para votar a Unidas Podemos, lo que no obsta para comentar críticamente el desastre sufrido por Podemos en las últimas elecciones.

En 2015 las listas presentadas por Podemos para el Congreso de los Diputados, en solitario o en coalición con otras formaciones políticas, obtuvieron el 20,68% de los votos y 69 diputados en el conjunto del Estado. En comparación con esos resultados los de las pasadas elecciones generales y sobre todo los de las municipales, europeas y autonómicas pueden considerarse un fracaso.

En Público de 29 de mayo se preguntaba Lidia Falcón: ¿Cómo entender que Podemos e IU, juntos, hayan obtenido únicamente el 1,6% de los sufragios, cuando en 2015 Izquierda Unida sola alcanzaba el 4,7%, pasando de 1.057.212 votos hace 4 años a 364.370 en la actualidad? ¿Qué conclusión sacar que de que, tras cuatro años de gobierno en “las ciudades del cambio”, sólo se haya retenido Cádiz; o de que en Zamora el alcalde de Izquierda Unida haya obtenido la mayoría absoluta? ¿Cómo explicar que se presenten a elecciones en Madrid 8 listas a la izquierda del PSOE, otras 8 en Zaragoza y Valencia, 12 en Barcelona, 10 en Gran Canaria, 6 en Sevilla, 5 en La Coruña, por seleccionar solo algunas de las grandes ciudades, ya que en toda España se multiplican las ofertas electorales que se reclaman a la izquierda del PSOE?

Estas preguntas son oportunas, pero a mi modo de ver el fracaso de Podemos no ha estado tanto en la pérdida de votos (ello podría ser algo incluso previsto y aceptado a cambio de otra cosa de más valor), sino en que este partido ha jugado todas sus cartas al resultado electoral.

Para comprender lo ocurrido creo que conviene poner en primer plano un hecho al que ya me he referido en otras ocasiones: aunque cuando surgió Podemos se entendió que era un partido que se situaba a la izquierda de la socialdemocracia, lo cierto es que en Podemos conviven dos tendencias distintas, la socialdemócrata y la de tradición marxista (llámese anticapitalista, igualitarista o como se quiera).

Esto puede ya explicar por qué si se unen IU y Podemos restan en lugar de sumar: votantes de IU no han querido votar al Podemos socialdemócrata y votantes socialdemócratas de Podemos no han querido votar a IU. Sería lógico que los miembros socialdemócratas de Podemos pactaran con el PSOE o se integraran en él, y que los miembros anticapitalistas se unieran a IU, pero en esta cuestión no es la lógica la que manda.

El caso es que, si por una parte es ya disfuncional tener dentro dos tendencias tan distintas, por otra parte la cosa ha ido a peor, porque la rama socialdemócrata se ha ido imponiendo no sólo en la elaboración de los programas electorales (que es justificable), sino también en los objetivos más generales, en las estrategias y en el discurso, hasta borrar casi por completo a la anticapitalista. Ello ha tenido como resultado el electoralismo, el abandono de las tareas no institucionales y, sobre todo, la participación, aunque sólo sea por silencio y omisión, en la omnipresente mentira pro-sistema.

Dos Podemos que se estorban

1. Tener dentro socialdemócratas y anticapitalistas conduce a la disfuncionalidad.

Para los socialdemócratas es meta final el mantenimiento o la recuperación del llamado Estado del Bienestar, que sólo exige medidas a corto plazo y no requiere una población distinta a la que hay.

Conocemos las limitaciones del Estado del Bienestar si se toma como meta final, sobre todo la resignación a vivir pasivos ante una dominación y explotación globales, que se harán más invulnerables precisamente si la política socialdemócrata tiene éxito. Reparemos en que este objetivo permanece dentro de una economía de mercado cuyos efectos son injustos, irracionales y muy lesivos para los recursos naturales, el medio ambiente y el bienestar y la salud de los trabajadores, haciendo al mismo tiempo ilusoria la democracia que a cada paso se proclama.

En cambio para los anticapitalistas la recuperación del Estado del Bienestar es un mero paso adelante hacia una meta final, el igualitarismo, que daría por fin satisfacción al ideal de la Ilustración (igualdad, libertad y fraternidad). Ello exige sustituir la llamada economía de mercado por una planificación democrática mundial, y sólo puede tomar cuerpo en un mundo en el que todos reciben un mismo tipo de educación de máximo nivel, la riqueza social se reparte equitativamente y nadie puede alcanzar, a consecuencia de su riqueza, posiciones de predominio o control sobre otros. Este es el concepto de globalización progresista, frente a la globalización que se nos vende (y a la que se apela como si fuera un corsé inevitable que impide las medidas racionales y justas).

Ciertamente ese mundo deseable es inalcanzable a corto plazo. La aproximación exige medidas que deben ir incidiendo en la transformación ideológica de una gran parte de la población. La población actual no vale para promover y defender cambios radicales.

El verdadero campo de batalla

1. Sin duda el gran fracasado en las pasadas elecciones y en todas las anteriores es el pueblo que vota. Y esto vale tanto para España como para el resto de países que se llaman democráticos. El fracasado es el pueblo que ha votado a Trump, o que votó a Reagan, pero también el que votó a Kennedy, Clinton u Obama, todos ellos al servicio de los intereses de la oligarquía económica americana. El fracasado es el pueblo europeo que vota a la extrema derecha y a partidos corruptos, pero también a partidos “respetables” que desarrollan políticas antipopulares presentándolas como inevitables.

Ese pueblo es conservador, vota a partidos conservadores y les da o quita votos por cuestiones superficiales que tienen que ver con la forma en que los sucesos políticos más irrelevantes se integran en mentes desorientadas. Basta recordar la tabarra que los politólogos nos han dado con el color de una corbata, el deficiente maquillaje o las reiteradas miradas al reloj, interpretado todo esto como causa de que se perdiera un debate y las correspondientes elecciones. Se culpa en estos casos al candidato que eligió mal la corbata, o que miró mucho el reloj, o que no se preocupó de un buen maquillaje, nunca al pueblo votante, que es el que realmente ha manifestado su incompetencia.

Desde hace milenios se viene heredando y potenciando una eficaz ideología conservadora que mantiene a la población en una ignorancia que es funcional para que el sistema se mantenga. Sólo porque muchos ciudadanos ignoran cuáles son sus intereses objetivos, no votan a quienes los favorecen y votan a quienes los perjudican. Si no hubiera falsa conciencia, y puesto que una minoría explota a la mayoría, esa minoría nunca ganaría las elecciones. Quiere ello decir que si el pueblo español tuviese conocimiento suficiente de la realidad socio-política, Unidas Podemos no hubiera perdido votos por grandes que hayan sido sus errores. Los restantes partidos los han cometido aún mayores.

Precisamente porque las cosas son así, cualquier partido anticapitalista debe tomar como punto de partida el hecho de que toda política que intente llegar más lejos de lo que el poder económico considere aceptable encontrará la oposición de ese poder (que sabe cómo montar feroces represalias económicas) y de sus huestes académicas, funcionariales y mediáticas, pero además no encontrará apoyo suficiente en la población cuando lleguen las represalias.

Se puede entonces resumir la situación repitiendo que mientras una política socialdemócrata puede contar con la población existente, una política que vaya más allá necesita una transformación previa de esa población, un cambio profundo en sus ideas y valores. Mientras para un partido socialdemócrata el campo de batalla es el electoral, para un partido anticapitalista el verdadero campo de batalla es aquel en que se ventila la transformación ideológica de una mayoría.

2. Esa transformación está fuera del corto plazo, pero eso no quiere decir que no pueda inspirar muchas actividades ya realizables, que son condición para que sea posible mañana lo que hoy es muy deseable, pero está fuera de nuestro alcance.

Entre esas actividades hay una insustituible, la pedagógica que consiste en ir difundiendo entre la población, de manera efectiva, aquel conocimiento indispensable que el discurso oficial, los medios de comunicación, los púlpitos eclesiásticos y los textos de las escuelas silencian o tergiversan. La pugna electoral debe interpretarse entonces como un medio, un escenario en el que hablar claro y mostrar una diferencia profunda con el resto de los partidos, presentar a la ciudadanía una imagen tan diferente a la de la socialdemocracia que esa misma diferencia constituya el mensaje más sólido de cara al futuro y sin que importen las consecuencias electorales inmediatas. A su vez, el poder político, si se consigue, debe emplearse en hacer aún más patente esa diferencia, todo ello como parte de una estrategia transformadora de ideas y afectos que ha de exceder con mucho el espacio institucional, y que en muchos momentos puede poner en riesgo el éxito electoral o llevar a la pérdida del poder conseguido. Perder el poder por hacer lo correcto es encomiable. Perderlo por dar pasos atrás, como ha ocurrido ahora, es lamentable.

Socialdemocracia inevitable en los programas

Las propuestas políticas de Podemos, pese a que sean tachadas por la derecha de radicales, no sobrepasan el nivel de la socialdemocracia, e incluso han ido rebajando su intensidad inicial. Pero no es esto lo criticable.

Cuando Podemos irrumpió en la vida política era razonable querer desalojar al PP del poder, llegar al Gobierno y hacer una política más justa y transparente, beneficiosa para muchas personas que lo estaban pasando mal.

Una política socialdemócrata que revierta las políticas de recortes del capitalismo neoliberal puede ser la única posible por el momento, de manera que es adoptable tanto por socialdemócratas como por igualitaristas.

Ahora bien, no de la misma forma ni con los mismos efectos.

Un partido igualitarista debe explicar la relación instrumental de sus propuestas electorales con la meta final. No olvidemos que para caracterizar a un partido político lo primero a tener en cuenta es la finalidad que da sentido a la organización y que permite evaluar los comportamientos instrumentales que se vayan haciendo posibles. De ahí que la meta final deba actuar permanentemente como punto de referencia en la crítica al presente y en la propuesta de avances.

Esto no es posible en Podemos por la disfuncionalidad indicada: lo que para muchos de sus miembros es meta final, para otros es, o debiera ser, meta intermedia. Y resulta que a estos últimos no se los oye. No es por tanto el programa electoral lo que se puede criticar a Podemos, sino el discurso y los silencios con que lo ha acompañado, y también que no haya hecho otras cosas, precisamente las que deberían caracterizar a un partido que se presentó como situado a la izquierda de la socialdemocracia.

Electoralismo

1. Más concretamente, la inoperancia de la parte anticapitalista de Podemos se aprecia en que el partido ha venido actuando como si creyera que la batalla contra la derecha se da en el campo electoral, error que viene de lejos.

Marx creyó que el paso a la sociedad igualitaria, determinado por las leyes de la Historia, podía acelerarse mediante la lucha revolucionaria del proletariado, y que el final del modo de producción capitalista, resultado de esa lucha, originaría la emergencia del “hombre nuevo”. Bien pronto se pudo comprobar que esa emergencia no se sigue mecánicamente del cambio de modo de producción. Marxistas posteriores llegaron a la conclusión de que la revolución violenta no tiene sitio en los países de economía desarrollada, y la sustituyeron por la lucha electoral para ganar un poder con el que, desde las instituciones, cambiar el modo de producción capitalista bajo la misma idea de que el “hombre nuevo” surgirá como por ensalmo. En esta línea los partidos eurocomunistas criticaron a quienes seguían manteniendo la lúcida consideración marxista de la democracia burguesa como democracia meramente formal.

No comprendieron que la participación en la lucha electoral no vale de mucho, ya que el ejercicio del poder político está sometido a la condición de que no se utilice para atacar sensiblemente al capital. En realidad nuestra “democracia” sólo es aprovechable como un avance político que mejora la situación del ciudadano frente al poder y que permite a la izquierda antisistema desarrollar, en tanto que parte de la sociedad civil, tareas relacionadas con la transformación de creencias y valores de una mayoría social, condición necesaria para que surja a largo plazo la “persona nueva” promotora del igualitarismo. En ese sentido la lucha electoral no deja de ser una trampa si no se la toma como un medio más en la batalla ideológica.

2. Cuando un partido se limita al campo electoral e institucional acepta a la gente como es y, en consecuencia, utiliza instrumentos de mercadotecnia con mensajes que no desanimen a los votantes, y con caras de líderes carismáticos al frente de las listas. Se hace obsesiva la necesidad de conseguir el voto de una clientela difusa y variable, y el partido se ve comprometido en una actividad que obliga a jugar con las reglas del mercado de cara a una sociedad cuyas mentalidades han sido configuradas de manera masiva por la derecha conservadora.

Los líderes de Podemos han aceptado convertirse en personajes de la cháchara política de los medios, y buscan el éxito electoral como si no tuvieran otro horizonte que la conquista del poder mediante los votos. Sólo discuten por las estrategias electorales. Las previsiones y los resultados electorales dominan análisis políticos ajenos a una teoría seria.

Si todo se fía al éxito electoral ocurre además que en el terreno de la mercadotecnia la batalla está perdida para un partido anticapitalista. Siempre será mucha la ventaja de los restantes partidos, por su mayor potencial económico, por el apoyo mediático y porque sus mensajes populistas encajan mejor con la ideología popular.

Luego se da la siguiente paradoja: en la medida en que un partido de izquierdas llegue al poder y tenga éxito en la lucha por solucionar “los problemas de la gente”, en esa medida pierde el apoyo de esa gente para ir más lejos. Hoy aprovecha la indignación y gana sus votos, mañana esa indignación disminuye porque la situación ha mejorado gracias a las políticas realizadas, y aquellos votos se pierden para impulsar un cambio más radical. La población actual no es fiable para proyectos radicales, porque mayoritariamente desea ante todo la supervivencia o el éxito dentro de la sociedad capitalista.

2. El electoralismo produce miedo a crearse enemigos poderosos y a disgustar o espantar a posibles votantes.

En el artículo antes citado critica Lidia Falcón que los gobiernos del cambio hayan seguido financiando escuelas, cofradías y fiestas religiosas, concedido medallas a las vírgenes y presidido procesiones. Que hayan obviado la reclamación de la República. Que no hayan puesto en cuestión la pertenencia de España a la OTAN ni sus agresiones criminales en medio planeta. Que nada digan de la política de Israel con los palestinos, ni del Sáhara, ni de las interminables guerras de Irak, Afganistán y Yemen. Que en su campaña electoral hayan eliminado la denuncia de las agresiones de los derechos humanos en las políticas de inmigración y asilo, permitiendo que se acepte con naturalidad que miles de personas, mientras huyen de las guerras que nuestra Unión Europea permite y que varios de los Estados que la componen han organizado, mueran en el éxodo por África y se ahoguen en el Mediterráneo. Que aprueben la especulación inmobiliaria, persigan a los inmigrantes y a los manteros, abandonen a los sin techo y consideren que hay que entregarle a la empresa privada los más suculentos negocios inmobiliarios. Que no promuevan la prohibición de la prostitución, el alquiler de úteros de mujeres, la pornografía, ni la desprotección, maltrato y venta de niños con la privatización de los servicios sociales y las casas de acogida.

Se trata, como bien se ve, de acciones y silencios tácticos para no molestar y para no asustar. No hacer o decir esto porque puede molestar a los gobiernos de EE. UU. o Alemania, ni eso porque puede molestar a la banca, ni lo de más allá porque puede molestar a medios de comunicación poderosos, ni aquello otro porque puede molestar a la Iglesia o a los católicos. La solución es quedar casi mudos, limitados a hablar de cosas que no molesten a nadie con poder de reacción, y repentinamente compensar tal silencio con una declaración extemporánea y agria, aprovechada en seguida por la derecha para desacreditar. Si para no espantar votantes hay que huir de cualquier apariencia de radicalismo, se queda a merced de la derecha, que es la que define dónde empieza el radicalismo.

De esta manera, puesto que la mentira consiste en afirmaciones pero también en silencios, la precaución miedosa propia del electoralismo ha llevado a Podemos a participar, por omisión, en la mentira sistemática que los otros están obligados a practicar por acción y omisión.

Lo desatendido

1. Volcado en la actividad electoral e institucional, los principales capítulos de la aventura pública de Podemos han consistido en disputas insustanciales entre líderes, comentarios sobre victorias o derrotas en debates electorales, acusaciones de traición, discusiones sobre alianzas electorales y poselectorales, y otras cosas relativamente intrascendentes, por mucho que los medios las consideren del mayor interés.

La actividad de los Círculos ha decaído, a la población nada le llega de esa actividad. Pero además no se han iniciado procesos para dotar a Podemos de medios de comunicación atractivos, zonas de investigación imprescindibles, actividades de implantación social que trasciendan protestas o manifestaciones.

El desinterés por el campo ideológico hace que no se perciban bien los efectos en ese campo de las propias acciones. Un caso ejemplar fue la compra del chalet por Iglesias y Montero. Tampoco se evalúan los efectos a medio y largo plazo de la ambigüedad en el discurso y de los silencios tácticos.

La ambigüedad sirve a una organización conservadora, pero si se da en una organización de izquierda anticapitalista malogra una actividad que sólo ella se puede permitir y que es su principal patrimonio: hablar sin recurrir al disimulo o la mentira. Mientras los partidos, intelectuales y comunicadores socialdemócratas no pueden eludir la mentira sistemática, la izquierda anticapitalista ha de afirmar las verdades que los demás están obligados, por su papel, a silenciar, negar o sustituir por la mentira populista que en cada momento convenga.

Decir que los socialdemócratas, como los restantes defensores del capitalismo, están necesariamente sumidos en la mentira sistemática significa que en sus palabras y actos está afirmada o implicada la falsedad acerca de las cuestiones fundamentales. Les es preciso afirmar o dar por supuesto que vivimos en democracia, que la soberanía reside en el pueblo, que la constitución es algo sagrado que garantiza la convivencia y el respeto a los derechos humanos, que la propiedad privada de los medios de comunicación es una salvaguarda de la libertad de expresión y de la democracia, que los partidos políticos actúan al servicio de la población que los ha votado, que el pueblo sabe muy bien lo que quiere, que la administración de justicia merece toda nuestra confianza, que la economía de mercado es la más favorable a la mayoría, que hay igualdad de oportunidades porque todos tienen igual acceso a la educación, etc., mentiras flagrantes todas ellas, de las que los defensores del capitalismo no se pueden desmarcar y que constituyen la esencia del populismo en sentido peyorativo. Pues en ese sentido “populismo” es identificable con el uso de la mentira para, engañando a un pueblo mal informado, conseguir o retener un poder con el que hacer una política contra ese pueblo. Así entendido el populismo es algo consustancial con las formaciones conservadoras y sólo la izquierda puede eludirlo.

Precisamente lo que más teme el sistema es que se hagan públicas las verdades incómodas, como prueba el griterío ensordecedor de los medios cuando alguien afirma una verdad que debe ser ocultada. Al unísono vociferan que el inoportuno es antisistema, populista, resentido, demagogo lleno de odio, un peligro para la sociedad.

Al guardar silencio respecto a las cuestiones fundamentales que deben preocupar a un partido de izquierda, como las indicadas en la entrada anterior de este blog, Podemos renuncia a llamar a las cosas por su nombre, dilapida su exclusiva riqueza y, aunque sigue siendo el partido más decente a mucha distancia, defrauda a todos aquellos votantes que esperan la aparición de un partido anticapitalista con el que identificarse.

2. Dicen muchos que para cambiar la sociedad hay que estar en el gobierno, y que todo lo que no sea conseguir votos y poder político es tarea puramente testimonial y por tanto irrelevante. Los que dicen esto están ciegos a la realidad que opera por debajo de la superficie. Ignoran que hay tareas a largo plazo que terminan dando sus frutos precisamente cuando las sucesivas tareas a corto plazo se han mostrado infértiles. Ya sabemos qué ha sido de todos los afanes electoralistas del PCE primero y de IU después. Y podemos pensar que si no se hubiera elegido la senda electoralista hace 30 años, sino otra de actividades con efectos a largo plazo, ya estaríamos recogiendo frutos e incluso es probable que el éxito electoral de la izquierda anticapitalista hubiera terminado siendo mucho más grande.

Por lo menos podemos ya decir que el electoralismo ha llevado a la izquierda anticapitalista a perder votos. Parece que en Podemos y en IU se impone una seria reflexión. Seguro que habrá reflexión, veremos si seria. En todo caso dejo este tema para un próximo comentario.

SOBRE LA DONACIÓN DE AMANCIO ORTEGA A LA SANIDAD PÚBLICA

Inditex cerró el ejercicio de 2018 con un beneficio neto de 3.444 millones de euros, según datos de la propia compañía. Sólo por la propiedad de sus acciones en Inditex, Ortega tiene previsto ingresar este año 1.626 millones de euros en dividendos. Tiene además cargos en otras sociedades e inversiones en sectores entre los que destaca el inmobiliario.

La Fundación Amancio Ortega ha acordado con Comunidades Autónomas y con el Ministerio de Sanidad donar 309 millones de euros para adquirir mamógrafos digitales, aceleradores lineales para el tratamiento de tumores y escáneres tipo TAC para resonancias. Este programa de aparatos médicos vendría a suponer en torno a la décima parte de las ganancias de Ortega en un ejercicio, menos si se toman en cuenta las deducciones fiscales.

La polémica comenzó cuando el pasado mes de mayo Isabel Serra, candidata de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid, sostuvo que “la sanidad pública no debería aceptar donaciones de Amancio Ortega” y abogó por “garantizar que la sanidad pública tenga presupuesto propio y no se privatice”. Añadió en un tweet que “la sanidad pública no puede depender de la caridad o del humor con que se levanten los millonarios. Lo que necesitamos es que las personas como Amancio Ortega paguen sus impuestos”. Pablo Iglesias apoyó a Serra diciendo que “una democracia digna no acepta limosnas de multimillonarios para dotar su sistema sanitario, les hace pagar los impuestos que les corresponden y respetar los derechos de sus trabajadores.”

Mientras Juan Carlos Monedero salía en defensa de Serra e Iglesias, se situaron en una posición intermedia Íñigo Errejón y Manuela Carmena, que vinieron a concluir que si Amancio Ortega paga sus impuestos, bienvenidas sean sus donaciones.

Se lanzaron en defensa de Ortega el torero Francisco Rivera, Miguel Bosé (defraudador de Hacienda que publicó un mensaje en Twitter pidiendo llenar las redes con el mensaje “yo te apoyo y te agradezco. Gracias Amancio Ortega”), Santiago Cañizares (“Gracias D. Amancio… y perdóneles porque no saben lo que dicen”), Bertín Osborne (que aprovechó para defender a Ortega, pero sobre todo para arremeter contra Podemos, al que presentaba como un absurdo e inexplicable enemigo de la Salud y la vida de quienes sobreviven gracias a las donaciones de Ortega), Naty Abascal (que publicó “Queremos más Amancios en España… Eres único”), la modelo Teresa Baca (que echó en cara a los de Podemos que opten por criticar a Amancio Ortega en vez de “agradecer y valorar/ admirar sus donaciones a la lucha contra el cáncer, y el trabajo de toda una vida sin ayuda de nadie, que ha creado un imperio MADE IN SPAIN, dando trabajo a muchos españoles). “No sé -añadió- si estas personas que hablan sin saber (prefiero pensar) han vivido alguna vez tener algún familiar o persona cercana con esta enfermedad porque verían lo necesario que es invertir dinero para la investigación contra el cáncer. Hoy puede ser un familiar pero mañana podríamos ser nosotros”. Otra modelo y actriz, Arantxa del Sol, dijo por su parte: “Un orgullo para nuestro país. ¡Ojalá hubiera muchos como él! Gracias, Amancio, por existir”.

Si nos ponemos a pensar, una gran mayoría del país estará de acuerdo con estos alegatos de personas conservadoras y de mentalidad simple.

En una primera consideración superficial cabe examinar estas cuestiones:

a) Si el señor Ortega paga sus impuestos y si éstos son los adecuados.

b) Si la donación es de la cantidad que se publicita y si es finalista (no para que Sanidad invierta la donación en lo que estime oportuno, sino en la finalidad decidida por el señor Ortega).

c) Si los que se curan gracias a la donación de Ortega no hubieran tenido cura de no ser por esa donación.

Respecto a la primera cuestión, según el grupo del Parlamento Europeo Los Verdes/Alianza Libre Europea, el emporio empresarial de Ortega dejó de pagar 585 millones de euros en impuestos en varios países europeos, 218 de ellos en España, aprovechando las facilidades que la legislación ofrece para reducir las facturas tributarias, principalmente mediante operaciones entre sociedades de un mismo grupo. Por otra parte, aunque Amancio Ortega y sus sociedades cumplieran escrupulosamente con las leyes fiscales, estarían pagando cantidades ridículas por efecto de una legislación que carga sobre las rentas del trabajo y los impuestos indirectos el grueso de la recaudación.

Respecto a la segunda cuestión Carlos Cruzado, presidente de Gestha, el sindicato de los técnicos de Hacienda, ha indicado que Amancio Ortega e Inditex obtienen un beneficio fiscal de entre 108 y 123 millones de euros gracias a las desgravaciones que la normativa tributaria permite en el IRPF y el Impuesto de Sociedades por donaciones de este tipo. De lo que resulta que una buena parte del dinero que Ortega dice donar lo pone la Administración a través del beneficio fiscal. Y el portavoz de la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública Marciano Sánchez Baile ha declarado que, aparte de que el sistema sanitario público no debe depender para su funcionamiento de donaciones más o menos altruistas, en todo caso, si alguien quiere dar dinero al sistema público debe hacérselo llegar a los responsables de administrarlo para que ellos lo gestionen en función de criterios de salud pública, pero no condicionándolo a una enfermedad concreta”, ya que no puede ser que alguien ajeno al sistema decida cuánto y dónde se invierte, sobre todo teniendo en cuenta que, debido a las desgravaciones, hay una parte de ese dinero que al final pagamos los ciudadanos.

Respecto a la tercera cuestión cabe decir que si en la Sanidad pública la curación de enfermos depende de la caridad de un rico, algo funciona muy mal. Los conservadores que achacan a Ortega la curación de enfermos, y que insinúan que Unidas Podemos está propiciando que esos enfermos mueran, parecen no ser conscientes de que están dando la razón a los que abogan por más impuestos y menos caridad.

Hasta aquí el análisis superficial. Supongamos ahora que Amancio Ortega y demás multimillonarios pagan rigurosamente los impuestos que Podemos propone, e incluso que esos impuestos sobrepasan en varios puntos la media europea y permiten que la sanidad pública no tenga carencias importantes. Supongamos que Ortega hace una donación para que la Sanidad pública la invierta en lo que considerare necesario. Y que además hace constar que la donación no es del importe nominal, sino del que resulta una vez deducidas las desgravaciones fiscales. ¿Habría algo que objetar? ¿Serían en ese caso reprochables esas donaciones, que Sanidad podría dedicar a mejorar cosas secundarias? Desde el planteamiento de Serra e Iglesias no lo veo, y por eso no me parece un buen planteamiento.

Porque esas donaciones aparentemente libres de crítica son un indicio de que algo va muy mal, pero algo de lo que Unidas Podemos no habla. ¿Y por qué no habla? Si es por motivos electoralistas está claro que se equivoca: en las elecciones le va de mal en peor.

Lo cierto es que hay algunas verdades que la izquierda no se atreve a defender, seguramente por miedo a una ofensiva brutal en los medios de comunicación. Verdades como las siguientes:

  1. Riqueza y pobreza están unidas por un nexo de causalidad. La riqueza de un país es la que es, y si una minoría se lleva una gran parte de esa riqueza, queda una pequeña parte de riqueza a repartir entre la mayoría restante. Es entonces una verdad elemental que la riqueza de unos implica la pobreza de otros y al contrario. El pedestre pensamiento conservador se opone a esta evidencia alegando que el dinero rinde más en manos de los ricos, porque han demostrado más habilidades económicas, y por tanto, que haya ricos beneficia a los pobres, porque aumenta la riqueza social en beneficio de todos. Resultaría entonces que la riqueza social es mayor cuanto más ricos sean los ricos.

    Lo cierto es, sin embargo, que la única forma sensata de aumentar la riqueza de un país no va por hacer riquísimos a los ricos, sino porque el Estado utilice el dinero que está en manos de los muy ricos para aplicar a toda la población un sistema educativo muy superior al que conocemos, y un nivel de compensaciones económicas que integre a todo el mundo en la actividad colectiva con suficiente motivación.

  2. Los 44.000 millones de patrimonio de Amancio Ortega le sitúan como la tercera persona más rica del mundo, solo por detrás de Carlos Slim y Bil Gates. ¿Cómo puede justificar Amancio Ortega una riqueza de 44.000 millones de euros? Los hay que dicen que ha trabajado duro, pero, si eso justificara la riqueza, todos los que trabajan duro deberían ser muy ricos, y sin embargo los hay que tienen lo justo y otros que son pobres de solemnidad. Se puede hablar de suerte en los negocios, o de haber tenido una buena idea, o de tener alguna cualidad que gusta a muchos y que por eso liga con la enorme riqueza que se mueve en el espacio publicitario. Lo que está bajo esas apelaciones es el mercado. El mercado es el mecanismo que da a los ricos su riqueza y condena a los pobres a su pobreza. Pero ¿quién es el mercado para decidir el reparto de la riqueza de un país (o del mundo si se quiere hablar en términos globales)? Según sus defensores es un instrumento neutral que dinamiza la economía y que sólo tiene, como alternativa, la planificación burocrática que produce totalitarismo e ineficacia. Ejemplo: la URSS.

  3. Lo que ya sabemos de sobra es que el mercado no es un mecanismo neutral, no sólo porque da más a quienes más tienen y menos a quienes tienen menos, sino sobre todo porque está controlado por los que más tienen. Por sus efectos es además un mecanismo irracional e injusto que no tiene en cuenta el interés social de las distintas actividades a la hora de compensarlas económicamente. Añádase que ha hecho crecer una economía especulativa a la que van ingentes inversiones que se desvían de la economía productiva.

  4. Aún más: el sistema económico capitalista cae en crisis si la producción y el consumo no crecen permanentemente. Un receso en cualquier punto del sistema produce reacciones en cadena incontrolables, y puesto que cualquier mercancía es buena si produce consumo y puestos de trabajo, el sistema está obligado a dilapidar recursos, a cerrar los ojos ante las producciones indeseables y a despreciar las señales de grave deterioro ecológico.

  5. Para que el consumo no decaiga funciona un aparato publicitario omnipresente, amparado por el concepto de libertad que se proclama: libertad del empresario para producir lo que quiera y publicitarlo como quiera. Este aparato publicitario pasa a ser un agencia de socialización inevitable, una antiescuela que incrustra en las mentes las ideas y valores de un conservadurismo ciego e insolidario. Incapaz la escuela de contrarrestar ese efecto, la mayoría de la población sale de la enseñanza obligatoria sumida en la ignorancia, el egoísmo de corto alcance y el desconcierto moral, lo que hace fácil dirigir la frustración y el miedo según en cada momento interese.

  6. Otro efecto perverso del mercado es que, al concentrar la mayor parte de la riqueza mundial en pocas manos, convierte a la democracia es un mero disfraz de una real plutocracia. El ingente capital en manos de la minoría dominante le sirve para controlar bancos, medios de comunicación, universidades, partidos políticos, gobiernos, parlamentos… Equipos de expertos al servicio de la oligarquía diseñan las disposiciones legales que luego los parlamentos dictan. Lo sabemos de sobra. Por mucho que los conservadores finjan escandalizarse y griten “¡Demagogia!”, no hay que tener miedo a afirmar que, habiendo una minoría que domina para explotar y explota para dominar (minoría a la que por cierto pertenece Amancio Ortega), la democracia que tanto se invoca es ilusoria.

Para poner remedio a tal situación hay que comenzar denunciándola sin temor a la reacción de los medios y proponiendo una etapa de transición hacia una sociedad justa y sana, etapa en la que se quite al mercado el papel de distribuir la riqueza, y le quede sólo el de concertar la inversión, la oferta y la demanda en espacios no esenciales. En los esenciales (sanidad, nutrición, enseñanza, energía, vivienda) no debe ser el mercado el decisorio, sino una política pública democráticamente decidida. Y para evitar que, aún en su papel reducido, el mercado actúe como mecanismo de desigualdad creciente es necesario un sistema fiscal sensato, que no puede limitarse a una progresividad tímida, como la que propone la socialdemocracia, sino que ha de tender a conseguir efectos parecidos a los siguientes: que nadie gane menos de 2.000 ni más de 20.000 euros al mes, pasando a Hacienda el 100% de lo que supere esa cifra. Y que nadie tenga un patrimonio que supere una cantidad situable entre 5 y 10 millones de euros. Si las cosas fueran así Amancio Ortega debería comenzar pagando 2760 millones por impuesto anual de la renta y 43.990 millones como impuesto del patrimonio. Y no se podría quejar, pues le quedarían nada menos que 240.000 euros de renta al año y 10 millones de patrimonio. Claro que no podría hacer de filántropo ni las instituciones públicas necesitarían sus donaciones. Tendrían a su disposición cantidades muy superiores que ahora están en manos privadas. He aquí una alternativa al libre mercado que no se parece nada al totalitarismo estalinista.

Si cuando se propone una tímida subida de impuestos a los ricos, los partidos de la derecha se quejan y tachan a esa subida de actividad expropiatoria, de robo en suma, ¿qué no dirían si se intentara limitar la riqueza privada (y por tanto disminuir las desigualdades insoportables) en la forma indicada? El problema es que las mentiras interesadas de la derecha no reciben de la izquierda la respuesta que merecen. La izquierda es incapaz de decir que la expropiación ha sido previa, que son los ricos los que han expropiado a la sociedad su riqueza imponiendo al efecto la legislación oportuna (por ejemplo, la que concede al mercado el reparto de la riqueza y escapes a los ricos para que eludan impuestos). Un sistema impositivo como el antes propuesto sólo pretende que la riqueza que los ricos han venido expropiando a la sociedad vuelva a ella, que es quien la ha producido.

Cierto que este discurso lleno de sensatez encuentra oposición no sólo en los poderosos y sus medios de comunicación, sino en los muchos que se dejan convencer por la ideología oficial (y que desean, ante todo, llegar algún día a ser ricos, a superar con mucho esos 10 millones, pese a que para casi todos ellos las posibilidades de conseguirlo son despreciables). Por eso las medidas indicadas no pueden ir en un programa electoral realizable, pero sí deberían estar presentes en las permanentes y prioritarias tareas pedagógicas de un partido de izquierdas.

Es lamentable que lo que la izquierda no se atreve a decir lo estén diciendo prohombres conservadores. En un artículo publicado en El País de 2 de junio, Moisés Naím hace referencia a críticas al capitalismo que no provienen de la izquierda. Ray Dalio, nº 60 de las personas más ricas del planeta según la revista Forbes y fundador de Bridgewater, uno de los fondos privados de inversión más grandes del mundo, ha dicho: “Soy capitalista y hasta yo pienso que el capitalismo está roto… Si el capitalismo no evoluciona, va a desaparecer”. Y Jamie Dimon, jefe del gigantesco banco JPMorganChase, cuyo sueldo el año pasado fue de 30 millones de dólares, ha afirmado: “Gracias al capitalismo, millones de personas han salido de la pobreza, pero esto no quiere decir que el capitalismo no tiene defectos, que no está dejando mucha gente atrás o que no debe ser mejorado”. Moisés Naím comenta que es una novedad que los titanes de la industria, cuyos intereses están muy atados al capitalismo, lo estén criticando tan ferozmente como los más agresivos militantes de la izquierda. Unos lo quieren reparar, mientras los críticos más radicales lo quieren reemplazar. Por si esto fuera poco, o tal vez como causa, ocurre que según la encuestadora Gallup, el porcentaje de los estadounidenses entre 18 y 29 años de edad que tienen una opinión favorable del capitalismo ha caído del 68% en 2010 al 45%. Hoy, el 51% de ellos tiene una opinión positiva del socialismo. En el mundo académico se está dando un proceso semejante. Paul Collier, economista profesor de la Universidad de Oxford, publicó el pasado año El futuro del capitalismo donde advierte que “el capitalismo moderno tiene el potencial de elevarnos a todos a un nivel de prosperidad sin precedentes, pero actualmente está en bancarrota moral y va encaminado hacia una tragedia”. Y otros economistas como Thomas Piketty y Emmanuel Saez creen que “la desigualdad económica es principalmente causada por la desigual propiedad del capital, tanto el privado como el público”.

La oposición de Podemos a la donación de Amancio Ortega carece de fundamento si no se enuncian y defienden las verdades que hacen esa donación inaceptable.

jmchamorro@jmchamorro.info

ALGO MÁS SOBRE REDES SOCIALES Y PARTIDOS INCONTROLADOS

No hay manera de entender la realidad política si se olvida una verdad histórica elemental, y es que la inicial democracia censitaria (en la que sólo podían votar los propietarios) pasó a sufragio universal sólo cuando los propietarios se sintieron seguros de que su riqueza no corría peligro si se daban estas condiciones: control sobre partidos políticos y medios de comunicación y una mayoría de la población sumida en la gnorancia respecto a cuestiones políticas y económicas. Algo fácil de conseguir si hay dinero suficiente para financiar a partidos prosistema (incluidos los socialdemócratas), sostener medios de comunicación privados, hundir a partidos y medios que no cooperen y, a través de los testaferros políticos, decidir el tipo y calidad de la educación que se da al pueblo.

Esta ha sido la base firme sobre la que se ha venido asentando el Sistema plutocrático que padecemos, y que ahora se está resquebrajando. Principalmente porque han surgido partidos no controlados y están ahí las redes sociales que disputan, a quienes lo han venido disfrutando en monopolio, el derecho a producir la información y la opinión públicas, con el efecto de que parte de la población empieza a abrir los ojos y a enterarse de qué va.

Que todo esto es muy peligroso para el poder lo demuestra la desproporcionada y feroz campaña de los medios pro-sistema contra Podemos y contra las redes sociales, y también las medidas represivas que el poder ya ha comenzado a tomar.

Los medios al servicio de sus dueños

Nada mejor para situar el caso que recordar tres sucesos recientes que no son excepcionales y que aclaran el papel de los medios privados.

Publicación de informaciones falsas contra quien conviene

Como se sabe, en 2015 el ex jefe de policía Eugenio Pino creó una brigada secreta, una policía política cuyos cometidos ilegales consistían en fabricar chapuceros informes contra políticos de Podemos o ligados al proceso soberanista catalán. Siguiendo la costumbre, un dosier anónimo fue entregado a Eduardo Inda con la instrucción de que no lo publicara en su periódico hasta que le dieran la orden de hacerlo (algo que ocurrió unos meses después, naturalmente en el momento en que podía hacer más daño electoral). En tal informe se afirma que el fin que persiguen los investigados de Podemos no es otro que dar “un golpe de Estado encubierto financiado por los gobiernos de Irán y Venezuela”, cuyo dinero serviría para “hacer apología de la izquierda más radical con el fin de desestabilizar los gobiernos occidentales y justificar sus respectivos regímenes…” Y ahí andaba Inda blandiendo un falso documento para afirmar esa necedad en su periódico digital y en los platós amigos.

El chantaje y la amenaza

Son muy didácticas algunas conversaciones telefónicas grabadas por la policía al presidente de La Razón, Mauricio Casals, al director, Francisco Marhuenda, y a Edmundo Rodríguez, consejero delegado y propietario de un 25% de ese periódico. Rodríguez, como responsable del Canal de Isabel II en América y supuesto testaferro del expresidente de Madrid Ignacio González, compró en Brasil la empresa Emissao, por la que, según indicios suficientes, se abonaron 25 millones más de su valor real, 20 de los cuales acabaron en Suiza.

Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, se sintió obligada a entregar a la fiscalía documentos comprometedores para Rodríguez, tanto Casals como Marhuenda aseguraron a éste que desde la Razón harían lo que fuera para evitarlo. Y en efecto, los dos se emplearon sin descanso para salvar a su consejero delegado, según prueban conversaciones telefónicas que comienzan en Julio de 2016 y que contienen pasajes como los siguientes:

Marhuenda a Rodríguez: “Me ha dicho Mauricio, por eso te llamo, que me pongo a tus órdenes… Y yo me voy a ver a esta locuela [a Cifuentes] el lunes o el martes […] Hago lo que tú me digas.”
Casals dice a Rodríguez que ha dicho a Marhuenda que su continuidad en la dirección del periódico depende de cómo se porte en esto.
Rodriguez a Marhuenda: “Dile, oye, [a Cifuentes] que sepas que ese señor maneja el 25 % del periódico.”
Casals dice a Rodríguez que no es solamente La Razón la que se implica en su defensa, sino todo el grupo; es decir, Antena 3, Onda Cero y La Sexta.
Casals intenta calmar a Rodríguez diciéndole: “Y no te preocupes, que las pasará putas esta señora [Cifuentes]”.
Marhuenda a Rodríguez: “Le hemos dicho que eres un soldado nuestro, que eres intocable para nosotros y ella por las malas tiene mucho que perder. En una guerra no puede ganar”. Y también: “Ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche a Cifuentes y que tome nota. Le he dicho: ‘tu misma, llevas ahí mucho tiempo en el Gobierno. Ahora la gente asocia el Canal a vosotros, punto, e Ignacio González es PP. Tú misma”.
Marhuenda en otra conversación: “Me ha llamado la zorra de Marisa por la leche que le hemos dado hoy. Le ha hecho mucha pupa. Marisa quiere saber si es una campaña. Evidentemente he dicho que no, no hace falta reconocerlo, no es tonta. Le dije: ‘hombre, si hacéis las cosas mal, pues nosotros…’. Mañana le damos otro viaje a Cifu [Cifuentes]”.
Y, en fin, en otra conversación Rodríguez llama a Casals para expresar su malestar porque en La Razón se ha publicado una noticia elogiosa sobre el número dos de Cifuentes, y Marhuenda se disculpa : “Siento lo de Garrido, ya he dicho que no salga nada bueno de él.”

En el sumario de la Operación Lezo hay otra conversación registrada en la que Casals dice a Ignacio González que Antonio García Ferreras “se ha portado de cine” por no hacerse eco en “Al rojo vivo” de una noticia que perjudicaba al expresidente ahora en prisión. Al enterarse de esto Ferreras se defiende, pero reconociendo que hubo presiones y denunciando que El País censuró algunas de las informaciones que perjudicaban a González. Y hay una batallita de tuits entre Marhuenda y J.P. Ramírez echándose en cara mutuamente falseamiento de datos y campañas con propósitos ocultos.

Selecciones y vetos

La SER denuncia que Podemos impide a Iñigo Errejón participar en su tertulia de Hora 25 y este partido lo desmiente:

Las rotaciones y la feminización de las portavocías forman parte de nuestra política de comunicación. Informamos hace una semana a la cadena SER de que en la edición de Hora 25 prevista para hoy nos representaría Irene Montero. La SER ha decidido vetar a Irene Montero y a todos los portavoces de Podemos menos a uno. [...] Están en su derecho de vetar a Podemos en su emisora, pero nosotros estaremos dispuestos y encantados de acudir a sus programas. Estamos a la espera de que rectifiquen y que esta noche nos dejen estar en Hora 25. Si la SER no lo veta, esta noche nos representará Irene Montero. Iñigo Errejón seguirá representándonos en los medios, incluida la SER.

Es el momento en que Iñaki Gabilondo afirma en esa radio que le resulta “muy incómodo tener que recordar a catedráticos de políticas algo tan obvio como que la Cadena SER es una empresa privada que invita si quiere y a quien quiere, que naturalmente se puede criticar el mecanismo, sistema o proceso de selección de las personas a las que invita, y a las que confirma o de las que prescinde, pero eso no otorga ninguna atribución especial a ningún partido, ni le arrebata el más mínimo derecho a un medio de comunicación.” Y concluye: “Repito, creo que Podemos se hace un lío tras otro sobre los medios de comunicación.”

Evidentemente, Gabilondo se podía haber ahorrado la mucha incomodidad de tener que recordar a los demás cómo son las cosas, pues Podemos ha reconocido en su comunicado que los de la SER están en su derecho de vetarlo en su emisora. Pero ese derecho aparte ¿dónde queda la verdad, señor Gabilondo? Pues lo cierto es que en “Hora 25” no se invita a Errejón como persona, sino como representante de un partido, y de la misma manera que la SER tiene el derecho a vetar a Montero, Podemos tiene el derecho a decidir quién le representa. No es ese el tema. La explicación que debió dar Gabilondo, y que eludió, es por qué la SER veta a Montero, dado que este veto reduce la pluralidad de su tertulia en perjuicio de sus oyentes. La razón es obvia. La SER teme lo que pueda decir Montero y no teme lo que pueda decir Errejón.
En seguida Jorge M. Reverte se lanza a decir en El País:

Hasta ahora, Pablo Iglesias ha tenido mucha habilidad en tratar a esa base social, la ha pastoreado desde el radicalismo asambleario hasta hacerla participar en un partido que tiene todas las trazas de acabar en un modelo leninista, sin excluir el uso más trapacero de la aparente libertad de expresión (Irene Montero designada tertuliana por el dedo del partido).

Está claro que estos periodistas tienen que batallar sin argumentos, obligados así a una falta de pudor que, hay que reconocerlo, llevan con una dignidad encomiable.

El impacto de las redes en los medios tradicionales

Con esta realidad presente (la de medios que no están obligados a la objetividad y la verdad y que han mantenido un monopolio sobre la información y la opinión) es fácil evaluar el impacto de las redes.

La web del Ayuntamiento de Madrid y la queja de periodistas acosados

Recuerden lo que ocurrió con la página Versión Original que el Ayuntamiento de Madrid abrió en julio de 2015 para salir al paso de las informaciones erróneas publicadas en los medios privados. ¡Cuántos fervientes demócratas ofendidos por esa web hasta que se enteraron de que la UE tiene una semejante! Los periodistas defendían su monopolio enojadísimos y a lo loco. “La Constitución garantiza la libertad de información y el derecho del ciudadano a recibir información libre y plural”, alegaba Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, sin darse cuenta de que con ese argumento estaba defendiendo la libertad de información del Ayuntamiento y el derecho del ciudadano a recibir información plural (y por tanto también del Ayuntamiento).

Ahora, el pasado 6 de marzo, Victoria Prego, presidenta de Asociación de la Prensa de Madrid (APM) hizo pública una petición de amparo de un grupo de periodistas que se sienten acosados y presionados por el equipo directivo de Podemos encabezado por Pablo Iglesias, así como por personas próximas a ese círculo.

“Esta inaceptable campaña -dice la APM-, que está creando un estado de miedo entre los periodistas, tiene como fin el de persuadirles de que les conviene escribir al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura”, y recuerda a Podemos que puede recurrir al derecho de rectificación cuando juzgue que una información incumple el necesario principio de veracidad, “en lugar de atacar de forma inadmisible a su autor o al medio que la publica”.

Secreto

Antes de nada ¡qué curiosidad! ¿Quiénes son esos periodistas, qué amenazas han recibido, de quiénes, en qué momento? ¡Mira que si entre ellos estuvieran Inda y Marhuenda! En el texto de la APM no hay pruebas, ni nombres, ni datos, y pese a que han sido exigidos, la APM no los ha dado.

Pablo Iglesias ha invitado a que se haga la denuncia ante un tribunal para que sea un juez el que dictamine si se ha cometido o no algún delito. Ningún periodista ha denunciado en los juzgados el supuesto acoso de Pablo Iglesias y su gente.

Dos pájaros de un tiro: las redes y Podemos

Pese al secreto en seguida los medios conservadores han caído sobre Podemos sin intentar antes verificar los hechos denunciados.

El País colocó el comunicado de la APM en primera a tres columnas bajo el título “El método de intimidación de Podemos a la prensa”, añadiendo un editorial titulado “El acoso de Podemos”, dando por hecho que intimidación y acoso existen. Y es que El País dice haber constatado la existencia de mensajes en los que alguna persona de la confianza de Pablo Iglesias llama “tonto” a un periodista o le dice “de donde no hay no se puede sacar”. ¡Madre mía, no es posible tamaña crueldad! “El problema de fondo -dice ese editorial- es que Podemos, y muy concretamente su líder, considera a los medios de comunicación un poder no electo”. Pues claro. ¿Es que acaso son un poder electo?

En el mismo periódico Jorge M. Reverte dice que “El uso de las redes sociales, en las que son auténticos especialistas algunos militantes de Podemos, puede convertir la vida de cualquiera en un infierno”.

Por cambiar de medio, en El imparcial su fundador, Federico Jiménez Losantos, ha escrito:

Si Podemos llega a la Moncloa, no solo nos despedirá cerrando los medios privados. Nos hará un ramoverde, como a Leopoldo López, o nos ahorrará este Valle de Lágrimas”.

Y ese mismo periódico digital decía el 9 de marzo:

Desde el matonismo que practican en “sus” redes sociales -el manejo en Facebook y Twitter es de manual- hasta las “discretas” amenazas, los radicales procuran llevar a cabo un férreo control de lo que ellos consideran que debe publicarse. No en vano, el propio Pablo Iglesias se ha mostrado partidario de legislar para cercenar a la carta la libertad de expresión.

En seguida han saltado a la palestra otros atacantes de mayor empaque, pero igualmente irreflexivos.

Mario Vargas Llosa dice en una entrevista en ABC: “No había amenazas así contra periodistas desde la Transición”, como si conociera realmente la clase de amenazas no publicadas. Y añade: “salvo quizá los crímenes de ETA”. ¡Hala!

También se ha sumado Iñaqui Gabilondo en un videoblog del 7 de marzo dedicado a los presuntos coaccionadores, en el que comienza reconociendo “Yo ignoro los hechos; no sé por tanto si hay razón suficiente para un documento público [el de la APM] de esa naturaleza”, para a continuación, como si lo tuviera todo claro, cargar contra Podemos, que de ello se trata, con estas tres cínicas razones: “Si Podemos quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el Sistema se defienda”. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tanto Podemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”. Para concluir con cierta incoherencia que “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga”. Conclusión: son unos pardillos los cuadros de Podemos, con “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”.

Pero señor Gabilondo, quienes han mostrado piel de mantequilla son los periodistas denunciantes, no los cuadros de Podemos, que parecen tenerla de elefante. Y por otra parte ¿qué significa eso de la ferocidad de la política democrática? Si leemos entre renglones significa esto: si atacas al sistema prepárate, porque el sistema se va a defender de una manera feroz a través de sus medios privados, y no te quejes, que tú te lo has buscado.

Movidos por la misma ofuscación el PP, el PSOE y Ciudadanos cometieron la insensatez de solidarizarse en el Ayuntamiento de Madrid con los periodistas denunciantes y “manifestar su compromiso con la defensa de la libertad de expresión y con la libertad de información en Madrid”. ¡Y ello sin saber quiénes son esos periodistas y sin prueba alguna de que su queja sea razonable! Con buen criterio la alcaldesa, Manuela Carmena, y los 20 concejales del grupo de Ahora Madrid rechazaron hacerlo, precisamente porque ni la denuncia ni las pruebas se han hecho públicas.

La verdadera presión sobre los periodistas

Mientras la APM considera insoportable que Podemos pretenda influir en los medios, sabe sin duda que todos los partidos lo hacen, como reconocen en El Imparcial: “Es un hecho que todos los partidos, sin excepción, presionan en mayor o menor medida a la prensa.”

Sin duda la presión depende del poder que se tenga, y hay otros partidos que tienen más poder que Podemos, y que por tanto presionan con más eficacia. Ha ocurrido en RTVE, donde la retirada de los trabajadores habituales de los puestos más importantes de la redacción, y la contratación de periodistas afines, ha sido una constante desde la llegada del Partido Popular al Gobierno. El presidente del Consejo de Informativos de TVE, Alejandro Caballero, denunció recientemente que dos de cada tres periodistas que en 2012 trabajaban en los telediarios de TVE hoy ya no lo hacen.

Esa presión ha ocurrido también cuando el ministro Fernández Díaz mandó a la policía a ‘Público’ sin orden judicial.

¿Ha protestado la APM contra el Gobierno por esas y otras cosas semejantes? Pues no.

Pero la presión principal sobre los periodistas no viene de los partidos, sino, como es natural, de los dueños y de los jefes de los medios.

Según el último Informe de la propia APM sobre la Profesión Periodística, el 75% de los periodistas en este país sienten miedo a sus jefes y se autocorrigen para evitar el despido. Irene Montero, entrevistada por Pepa Bueno en la SER, dijo que lo verdaderamente grave es que ocurra esto, lo dijo tres veces y la periodista hizo por tres veces oídos sordos. No, lo importante era seguir insistiendo sobre la denuncia de la APM.

El propio Gabilondo admite que los periodistas se aplican la autocensura por culpa del paro, que acobarda. “Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia”.

¿Y cuál es la relación entre autocensura y paro? Ahí ya no entra Gabilondo, porque tendría que decir que la razón es que los dueños de los medios echarán a quienes no se apliquen la autocensura, esto es, a los que escriban o digan algo que a los dueños les pueda molestar. Esta autocensura es la que practica el propio Gabilondo.

Por citar un ejemplo, el señor Cebrián, presidente de PRISA, vetó a los periodistas Ignacio Escolar y Fernando Berlín porque informaron de sus intereses en Panamá. Y ningún periodista de los que trabajan en PRISA, Gabilondo incluido, dijo esta boca es mía.

La ideología que subyace

Pero voy a lo que me parece más interesante. Y es que por debajo de todo este ruido hay dos ideas que los medios no se cansan de difundir. Uno es que los periodistas son un sólido y necesario pilar de la democracia. Otro es que para cumplir con su papel han de tener el monopolio de la libertad de expresión, negándosela a cualquier crítico.

Lo expuesto en la primera parte de este artículo, con ser una minucia, bastaría para sospechar que ambas ideas son dos viejas mentiras interesadas.

¿Son los medios privados un pilar de la democracia?

Elsa González achacó a la página del Ayuntamiento de Madrid un “halo de censura” y añadió la doctrina de que “El papel del periodista es ejercer ese contrapoder imprescindible en la sociedad y que garantiza a la ciudadanía el derecho a recibir información libre”. A su juicio la iniciativa del Ayuntamiento implicaba que el poder usurpaba el papel de los medios de comunicación, y no tenía cabida en una sociedad democrática.

Ahora la APM “considera totalmente incompatible con el sistema democrático que un partido, sea el que sea, trate de orientar y controlar el trabajo de los periodistas y limitar su independencia. La estrategia de acoso de Podemos vulnera de una manera muy grave los derechos constitucionales a la libertad de expresión y a la libertad de información y coarta el libre ejercicio del periodismo, que es imprescindible para preservar la salud de una sociedad democrática como la española”.

En el editorial de El País antes citado se dice que “la libertad de información forma parte de los principios básicos de las democracias cuando funcionan realmente como tales y no como autocracias disfrazadas.” Y en El Imparcial se dice: “Quien no cree en la democracia tiende a atacar a sus pilares, y el derecho a la información es uno de los más sólidos y necesarios.”

Martin Schulz, que aspira a ser el próximo canciller alemán, se ha atrevido a decir: “Quien habla de prensa mentirosa golpea a la democracia. Da igual si se trata de Donald Trump o de Pegida”.
Pero resulta que, sean cuales sean las motivaciones de Trump o de Pegida, está claro que quien habla de prensa mentirosa no puede golpear a la democracia por dos razones: una es que no hay democracia, y por tanto mal se la puede golpear; otra es que no sólo hay prensa mentirosa, sino que todos los medios conservadores han de instalarse en la mentira sistemática que exige la defensa del capitalismo y la demonización de sus enemigos. Teniendo en cuenta que esos medios (los que aparecen en los kioskos y muchos de los digitales) no responden a una intención filantrópica, sino al interés de sus dueños, por lo general bancos y fondos de inversión, ¿será acaso el poder que reside en esos bancos y fondos de inversión el que ha dado a sus periodistas el papel de contrapeso del poder? El País nos ilustra: en las sociedades avanzadas los medios son un contrapoder de la sociedad civil cuya legitimidad se la da o se la niega su audiencia cotidianamente. Pero claro, la audiencia ha tenido que elegir entre medios que todos ellos están al servicio de los intereses de sus propietarios. ¿No es excesivo llamar pilares de la democracia a periodistas que no se pueden permitir el lujo de denunciar, en nombre de la transparencia y la democracia, las diversas formas en que los propietarios de sus medios hacen imposible la transparencia y la democracia?

Por paradójico que resulte, para cumplir funcionalmente el papel de “voz de su amo”, los periodistas amaestrados tienen que presentarse una y otra vez como libres e independientes, e incluso, viniéndose arriba, como contrapoderes imprescindibles y pilares de la democracia.

El confortable monopolio de la libertad de expresión

Hasta hace muy poco los medios privados influyentes han dispuesto del monopolio de la información, la opinión, la ocultación, la crítica, el insulto y la tergiversación, y los perjudicados debían tener piel dura y aguantar, o en otro caso acudir a los tribunales. Rectificar o replicar, sólo si el medio se lo permitía. Enjuiciar al que los enjuiciaba, ¿dónde hacerlo? ¿Conseguir la necesaria satisfacción de los tribunales? Los jueces tienen miedo a enfrentarse a los medios y suelen justificar sus desmanes apelando a la libertad de expresión.

O sea, que en realidad el derecho constitucional a la libertad de expresión no pertenecía a cualquiera, sino sólo a los dueños de los medios y a los periodistas contratados, obligados por ello a autocensurarse. Acostumbrada a esto, la directora de la APM no acepta de buen grado que ahora se ataque a periodistas en sus propias tribunas, o en reproches y alusiones personales en entrevistas, foros y actos públicos, o directamente en Twitter. Es decir, esta señora sigue creyendo que los periodistas son intocables, y sólo los periodistas, incluso aunque ellos ataquen a otros con mentiras e insidias.

No cabe duda de que el monopolio es una situación muy cómoda. Pero precisamente ese monopolio ha sido una de las causas, y no menor, de la tradicional sustitución de democracia por plutocracia.

Me remito a la entrada de este blog “Medios privados y democracia” y reitero, para evitar malinterpretaciones, que la solución democrática consiste en que los medios privados sean sustituidos por medios públicos libres de todo control que no sea social, y a los que tengan acceso equitativo todos los partidos, ideologías e instituciones.

El comienzo del fin del monopolio y la reacción del chiringuito amenazado

Por todo lo que vengo diciendo es un suceso nuevo, de gran importancia, que el monopolio sobre información y opinión se empiece a romper con las redes sociales, que conceden libertad de expresión a todo el mundo, y no sólo a los periodistas que actúan en los medios conservadores. Ahora también tiene libertad de expresión cualquier ciudadano para escribir un blog o para decir en Twiter lo que piensa, por ejemplo lo que piensa de un periodista. Se ha invertido la situación: es ahora el periodista el que tiene que acudir a los tribunales si ha habido en las redes una actividad delictiva contra él.

Claro está, este mazazo al monopolio de la información y la opinión no se puede tolerar, porque pone al Sistema en grave aprieto.

Flemming Rose, periodista danés investigador en el Cato Institute de Washington y autor de La tiranía del silencio (Oberon 2016) denuncia que las leyes contra los delitos de odio, concebidas para luchar contra el terrorismo y el extremismo, se aplican hoy a las palabras polémicas pero no violentas de los cómicos, los detractores de la inmigración y el islam y los musulmanes contrarios a la democracia y a Occidente, y que los Gobiernos de Europa occidental defienden esas restricciones con un lenguaje inquietantemente similar al de los dictadores. Con distintos pretextos lo hacen el Gobierno británico, el Gobierno alemán (que propone multas de hasta 50 millones de euros y penas de prisión por difundir noticias falsas) y el español (ley mordaza).

Ahora bien, si lo que se quiere eliminar es la mentira, la desinformación, la incitación al odio ¿por qué los Gobiernos no toman contra los medios establecidos y “corruptos” las mismas medidas que contra las webs, los blogs y las redes sociales?

Es una pregunta retórica, el lector informado conoce perfectamente la respuesta. Esos medios son prosistema y por tanto tienen licencia para mentir y para incitara al odio (odio, por ejemplo, a los “antisistema”). Y lo que molesta de las redes no es la mentira (a ella el Sistema está muy acostumbrado), sino que se difundan verdades que antes no salían a la luz.

Oigan todo ese cuento en torno a la posverdad, desafortunado término tan vacuo como se requiere para un éxito inmediato. Hace referencia a las mentiras que pasan por verdades en las redes. ¿Y cómo llamar entonces a las mentiras que han venido pasando y pasan por verdades en los medios tradicionales? Ah, esas mentiras no son posverdades, sino las verdades del Sistema.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL PSOE Y PODEMOS

Pedro Sánchez, primer acto

Como bien se sabe, en las primarias que celebró el PSOE en julio de 2014 Pedro Sánchez recibió apoyos para que cortara el paso a Eduardo Madina bajo el supuesto de que sería una figura manejable y provisional, a la espera de que Susana Díaz decidiera dar el paso. En seguida se desconfió de él y Díaz le desautorizó diciendo que no estaba de acuerdo con la línea que seguía.

Tras las elecciones de junio de 2015, en el Comité Federal de 28 de diciembre se le rodeó de líneas rojas sin dejarle otra salida que pactar con la derecha (que eso significaba el “no” a Podemos, y al PP, y a independentistas, y a nuevas elecciones). Por primera vez se imponían condiciones a un Secretario General en un Comité Federal y se le obligaba a suscribirlas. El caso era impedir un pacto con Podemos. Pretexto: que ese partido defiende el derecho a decidir.

Se hizo esto sin tener en cuenta las consecuencias. Es fácil suponer que más de uno de los instigadores (y también Sánchez como ejecutor) se estarán ahora tirando de los pelos.

El caso es que, siguiendo órdenes, Sánchez pactó con Ciudadanos, convencido seguramente de que Podemos, sometido a una gran presión mediática, no tendría más remedio que apoyar ese pacto para evitar, ante unas nuevas elecciones, la acusación de haber impedido un gobierno progresista. La negativa de Podemos llenó a Sánchez de frustración, de manera que se sumó airado a la mentira de que Podemos no estaba interesado en que hubiera un gobierno progresista, sino en provocar unas nuevas elecciones. E insistió en que Podemos, haciendo causa común con el PP, había impedido que se resolvieran muchos problemas de los españoles (por ejemplo los que dependían de subir el salario mínimo ¡un 1%!). Callaba en cambio hasta qué punto los problemas de muchos españoles se hubieran resuelto mejor de haber pactado con Podemos y no con Ciudadanos, y callaba también que Podemos quedó fuera de las negociaciones no por propia decisión, sino por decisión del citado Comité Federal.

Pedro Sánchez, segundo acto

Tras las segundas elecciones, y ante la falta de suficientes apoyos a Rajoy, parece que Sánchez se había decidido finalmente a formar un gobierno apoyado por Podemos, peligro que la cúpula del PSOE ha resuelto acabando con Sánchez en la forma que todos hemos presenciado y decidiendo una abstención para que gobierne Rajoy. Este episodio ha sido descrito así por José Antonio Pérez Tapias, miembro del Comité Federal y competidor de Sánchez en las primarias de 2014:

“Pedro Sánchez ha cometido errores [...], ha titubeado, no ha acertado en decisiones importantes -recordemos el pacto con Ciudadanos-, pero fue al verse hacia donde podía encaminar al Partido Socialista de manera efectiva, yendo desde el “no” al PP hacia un “sí” a una alternativa, cuando las iras de la oligarquía del partido se desataron con toda su fuerza. Y ésta no es otra que la sumisión a los poderes dominantes, tanto los económicos como otros que también se mueven tras el telón de la escena pública…”

El problema para los dirigentes golpistas del PSOE es que los militantes no están manejados por esos poderes empresariales y mediáticos (a la cabeza de éstos PRISA), ni movidos por un odio patológico a Podemos. Son incluso muchos los que reconocen que sus hijos votan a Podemos y que es imprescindible entenderse con el nuevo partido, y estos son los que siguen representando la tendencia socialdemócrata del PSOE, tanto tiempo olvidada. Pues la cuestión es ésta: si el PSOE se niega a colaborar con Podemos a escala estatal es que renuncia a desbancar al PP y se conforma con ser socio subalterno de éste en una coalición de derechas (llámese gran coalición o pacto entre los partidos constitucionalistas).

En entrevista con Jordi Évole del 30 de octubre pasado Pedro Sánchez confesó el error de haber llamado populista a Podemos y reconoció finalmente que fue su partido el responsable de que no hubiera un gobierno del cambio PSOE-Podemos.

Es natural que estas declaraciones hayan producido mucha irritación en los actuales dirigentes del PSOE y en los medios conservadores, porque han destapado lo mucho que han estado mintiendo.

Aún así hay todavía portavoces del PSOE que siguen con el latiguillo de fue Podemos el que impidió un gobierno de progreso.

A propósito, ha sido incomprensible la falta de contundencia con que Podemos se ha defendido de esta acusación falsa. Pues hace mucho tiempo que Pérez Tapias contó lo ocurrido en el Comité Federal en el que se produjo el veto.

El miedo de los dirigentes del PSOE a unas nuevas elecciones

Tras la defenestración de Sánchez (que también se ejecutó sin tener en cuenta las consecuencias) el PSOE se ha visto obligado a facilitar el gobierno de Rajoy, pero no por patriotismo (no ha sido, como se dice, un sacrificio por la gobernabilidad de España), sino por miedo a que, dado el espectáculo del último Comité Federal, en unas terceras elecciones no sólo se diera el sorpasso, sino que el PSOE quedara reducido a la insignificancia. Este miedo ha llevado a una nueva mala decisión. Pues pese a todo, si en el PSOE se hubiera impuesto el no a Rajoy, es posible que en unas terceras elecciones el resultado no hubiera sido tan desastroso como algunos preveían, y que el PP no hubiera conseguido los resultados que algunos vaticinaban. Ahora el PSOE se encuentra en manos del PP, que en todo momento puede exigir colaboración a sus políticas amenazando con anticipar las elecciones, en las que el PSOE se encontrará en peor situación que si hubiera votado no a la investidura.

Es posible, sin embargo, que, por mucha tentación que tenga, el PP no cumpla esa amenaza si quienes mandan no se lo permiten, pues la caída del PSOE sería la caída de un aliado a cambio del auge del único enemigo.

Los problemas de Podemos

La política y la actividad mediática vienen marcadas en España por Podemos. Todo lo que hace el aparato del PSOE lo hace pensando en que Podemos no cobre ventaja, todo lo que hacen los medios es demonizar a Podemos, todo lo que teme el poder económico es que Podemos llegue al poder. En los comentarios políticos, detrás de cada noticia, de cada juicio o de cada silencio se encuentra Podemos, sea como instigador o como culpable, sea como insignificante, fracasado o abocado al fracaso, sea como peligro. Y casi siempre Pablo Iglesias es condenado a representar las maldades de su partido. Así ha ocurrido en las sesiones de investidura.

Cierto que los oligarcas empiezan a comprobar hasta qué punto los medios digitales y las redes sociales dificultan el monopolio que los medios conservadores ejercieron siempre.

En esta situación los problemas de Podemos no están allí donde los quieren ver estos medios, que hablan cada día de la pugna entre Errejón e Iglesias, igual que amplificaron antes los sucesos (dimisiones, gestoras y primarias) en Galicia, Cantabria, Salamanca, La Rioja y el País Vasco, o las divisiones internas en Madrid, Cataluña y Andalucía. Se podría decir que estos desacuerdos son muy normales en un partido en que la discusión es libre y cualquiera puede disentir de la línea previamente marcada. Pues realmente, incluso aunque todos los miembros de Podemos coincidieran en la ideología, habría divergencias tácticas y estratégicas dado su tipo de estructura, más democrática que la de los partidos conservadores.

Pero los problemas aumentan cuando no existe esa coincidencia ideológica, pues resulta que la dificultad mayor de este partido está relacionada con el movimiento popular que le dio nacimiento: no todos los que se integraron en él son anticapitalistas, aunque todos estén indignados. Y es que la indignación no basta para hacer unidos un camino difícil y lleno de oscuridades y trampas. Me referiré a esto en seguida.

Dos tendencias

Hubo un tiempo en que las disputas entre marxistas ortodoxos y revisionistas versaban sobre la alternativa entre hacer la revolución violenta o integrarse en las democracias para una toma pacífica del poder.

Casi todos han optado por lo segundo, y ahora surge una nueva alternativa que se suele formular así: ¿trabajo en las instituciones o en la calle? O también ¿anticapitalismo o transversalidad? O también: ¿qué relación debe guardar el partido con la sociedad civil?

La llamada transversalidad

La transversalidad de que habla Íñigo Errejón tiene que ver con la eliminación de las etiquetas ideológicas clásicas y la agrupación de nuevos consensos mediante la definición de otras fronteras (arriba/abajo, la casta/la gente, etc.), bajo la idea de que “parte de los éxitos relativos del 15-M pueden estar relacionados con su capacidad para generar procesos de identificación que trascienden y atraviesan los marcadores ideológicos tradicionales”.

Errejón reconoce que, aunque algunos de los problemas expresados por los indignados ya habían sido señalados por la “izquierda minoritaria”, la diferencia estuvo en que el 15-M apelaba a un “eje arriba-abajo” (el 1% frente al 99%) y no a un eje ideológico, como hacían los partidos existentes. Mediante “interpelaciones transversales a una mayoría social descontenta” se trata de “aislar a las élites” y crear una nueva identificación frente a ellas, mediante un relato que apele al “sentido común de época”, exactamente igual que ocurrió con el 15-M.

Para el diputado Eduardo Maura la transversalidad tiene que ver con buscar el apoyo no sólo de las personas que ya están de acuerdo con las propuestas de Podemos sino también de quienes aún no se han sumado, a fin de captar a votantes y cuadros sin exigir “carnets de partido”, es decir, aglutinar el descontento en una nueva opción política sin tener en cuenta qué se ha votado con anterioridad.

El trabajo en la calle

La alternativa parece que consiste en mantener las señas de identidad de la izquierda anticapitalista, no encerrarse en las instituciones y trabajar en la calle, manteniendo una relación fluida con la sociedad civil y sus problemas, y hablando claro aunque eso asuste a posibles votantes.

Fernando Luengo y Lorena Cabrerizo, miembros de Reinicia Podemos, advierten que se está dando un excesivo protagonismo a la acción institucional, relegando a un segundo plano, de hecho, la protesta y la movilización ciudadanas. Aceptan que gracias a la entrada de Podemos en las instituciones han ganado visibilidad “las preocupaciones y los anhelos de la mayoría social, olvidados o negados por los partidos y los políticos de siempre”, pero añaden que para que la presencia de Podemos en las instituciones se convierta en una herramienta al servicio de un cambio que beneficie a la mayoría social, es necesario cambiar las reglas del juego, que hasta ahora han beneficiado a las élites políticas y las oligarquías económicas, y en ese camino se encontrará una resistencia por parte de los poderosos que sólo se puede vencer con la movilización y la politización de la ciudadanía en los barrios, en las calles y plazas, en los centros de formación y estudio y en las empresas. Es necesario, pues, un reencuentro con los movimientos y las organizaciones sociales, dialogar con ellos y respaldar sus luchas, ayudar a que la sociedad civil se organice en defensa de sus intereses, apoyar las reivindicaciones y protestas de los trabajadores que se traduzcan en propuestas políticas para la acción, abrir las instituciones a las demandas sociales y crear y consolidar cauces de diálogo y espacios de debate permanentes con las plataformas y los colectivos que los representan.

El tema sobreentendido

Analizando los términos de ambas estrategias uno encuentra que el verdadero conflicto está implícito, pues lo que dicen unos y otros es compatible.

Cuando Errejón escribe que la transversalidad “no es, en absoluto, una renuncia al pasado o al ADN militante propio, pero sí una impugnación de la burla que supone que sea el enemigo el que nos cite en los terrenos y los temas sobre los que se siente más cómodo, más arropado y a salvo de sus vergüenzas”, nos está queriendo decir que si Podemos se presenta como izquierda anticapitalista da una baza a la propaganda conservadora, y no en cambio si habla de los de arriba y los de abajo, o de la gente indignada, o de la patria entendida al modo progresista.

Pero esto es una cuestión de mera táctica comunicativa y, estando de acuerdo en ella, se puede ser partidario de la actividad en la calle junto con la actividad en las instituciones. Lo que está en juego, creo, no es lo que se dice, sino la oposición entre una estrategia socialdemócrata y una estrategia anticapitalista, cada una de ellas con objetivos propios.

Diferencias cruciales entre socialdemocracia e izquierda

Demos un paso atrás para aclarar el tema. Algunos dicen que colocar a la socialdemocracia en la derecha es cosa de fundamentalistas, y esto puede que sea así cuando se intenta descalificar de forma emotiva, pero puede deberse a una saludable necesidad de aclarar ideas. Movido por ella creo que el criterio más eficaz para diferenciar derecha de izquierda es la aceptación del capitalismo o la oposición a él. En virtud de este criterio la socialdemocracia, que es procapitalisa, está a la derecha, y está a la izquierda el socialismo anticapitalista. Claro que caben otros criterios que arrojan otros resultados, pero la eficacia del que propongo radica en que la posición ante el capitalismo tiene repercusiones notables, en algunas de las cuales no se suele reparar, entre ellas las siguientes:

1) El socialdemócrata cree que nuestro sistema político es una democracia, actualmente devaluada y necesitada de revitalización, pero democracia al fin.

En cambio el anticapitalista cree que nuestro régimen político es una plutocracia disfrazada de democracia. Aspira a la democracia, que necesariamente requiere una mayoría de la población suficientemente ilustrada, y además inexistencia de poderes económicos que, incontrolados ellos, la controlen en la sombra.

2) El socialdemócrata cree que la existencia de medios de comunicación privados es un derecho amparado por la libertad de expresión.

En cambio el anticapitalista cree que los medios privados, es obvio, están al servicio de los intereses de sus propietarios (con el agravante de que se presentan como libres y objetivos), y son por ello un obstáculo a la democracia y a una verdadera libertad de expresión. En consecuencia el anticapitalista aboga por la propiedad pública de los medios y su control social, a fin de que todas las ideologías (también la procapitalista) tengan espacios en que expresarse libremente.

3) El socialdemócrata acepta que sea el mercado el mecanismo rector de la economía, y acepta por tanto los efectos de su lógica, limitándose a reducir algunos de sus efectos mediante una política redistributiva.

El anticapitalista, en cambio, sabe que la economía de mercado está regida en su beneficio por quienes controlan los mercados, cuya lógica no tiene para nada en cuenta el bien colectivo. Por ello aboga por una economía mundial racionalmente planificada, que produzca lo necesario para satisfacer las necesidades legítimas, no los caprichos impuestos por una publicidad desbocada (la tierra no lo soporta), y que distribuya equitativamente, de manera que nadie en el mundo disponga de riquezas que le permitan un control subterráneo de la cosa pública, y nadie viva en la pobreza. Este es el concepto de globalización progresista, frente a la globalización que se nos vende (y a la que se apela como si fuera un corsé que impide las medidas racionales y justas).

4) Y lo más importante: a un partido socialdemócrata la va bien la población actual, de la que puede recibir el suficiente apoyo para su política y a la que puede rendir beneficios concretos.
En cambio a un partido anticapitalista no le va bien la población actual, de la que no puede esperar apoyo para un cambio en profundidad, que es sólo alcanzable con un tipo de población nueva, formada por personas como las que Marx describió bajo el rótulo “el hombre nuevo”.

Puesto que en estas cuestiones, que son cruciales, la socialdemocracia coincide con otros partidos de derechas pero no con una izquierda anticapitalista, tiene más sentido colocar a la socialdemocracia a la derecha que a la izquierda.

Naturalmente, hay distintas clases de derecha, como también las hay de izquierda anticapitalista, y por ello colocar a la socialdemocracia en la derecha no debe tomarse por insulto, pues aunque hay una derecha criminal (empleado el adjetivo en su sentido técnico, dado que con su política produce innumerables víctimas), hay otra que trata de mejorar la suerte de los más desfavorecidos.

Dos estrategias

En atención a lo dicho, la posición ante el capitalismo debería marcar (y no lo ha hecho, y por eso así le ha ido a la izquierda) una gran diferencia en cuanto a estrategias, pero no entendidas como programas electorales o decisiones políticas. Hay en efecto que distinguir entre estrategia socialdemócrata y política socialdemócrata. La estrategia socialdemócrata no pretende trascender al capitalismo e ir más allá. En cambio la izquierda debe luchar por ir más allá aunque inicialmente se vea limitada a realizar políticas socialdemócratas.

Mientras a un partido socialdemócrata sólo le interesa el éxito electoral (conseguir el poder para desarrollar sus políticas), para un partido de izquierda anticapitalista esta meta debería convertirse en secundaria e instrumental, pues para ir algún día más allá de la política socialdemócrata, es preciso ir antes transformando la ideología popular.

Esta transformación es algo que, aunque en alguna medida se puede impulsar desde el poder, las instituciones y el activismo callejero, también se puede entorpecer. En realidad impone una tarea básica que hay que hacer tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle.

El éxito electoral como criterio

En la discusión que se está produciendo en Podemos ambos bandos parecen fijarse como meta el éxito electoral, como si no tuvieran otro horizonte que la conquista del poder mediante un aumento de votos. Pues veamos: ¿para qué quieren unos ese terreno más favorable de que habla Errejón? Para inspirar confianza a más gente, atraer más votantes y espantar a menos. O sea, para tener más éxito electoral, y en lo mismo se piensa cuando se dice que, mediante la transversalidad, Podemos consiguió hacerse un hueco en el panorama político y no ser una fuerza “testimonial”, como le ha ocurrido a IU.

En el bando opuesto quienes creen que hay que manifestarse sin disimulos y atender a los problemas de la gente fuera de las instituciones, piensan también que esta es la forma de conseguir su apoyo electoral.

Esto se ve claro en el análisis de las últimas elecciones: unos dicen que la pérdida de votos se debió a haber asustado y los otros dicen que se debió a haber querido tranquilizar.

Como en ambos casos el valor de una estrategia depende de los votos que consiga, si con una estrategia se pierden votos se da por errónea, si se ganan votos por acertada. Y todo esto moviéndose en la niebla, pues nunca se sabe a ciencia cierta por qué se obtuvieron votos o por qué se perdieron.

Una paradoja

Recuerdo los tiempos en que el partido comunista primero, y luego IU, eran los únicos presentes en fábricas y barrios para liderar las protestas ciudadanas y luego experimentaban la frustración de ver que los votos iban a los partidos que no hicieron nada, incluso a aquellos que habían ocasionado el problema.

Pero imaginemos que se hubieran conseguido los votos. Aquí se da la siguiente paradoja: en la medida en que tengas éxito en la lucha por solucionar “los problemas de la gente”, en esa medida pierdes su apoyo para ir más lejos. Hoy aprovechas su indignación y ganas sus votos, mañana su indignación disminuye porque su situación ha mejorado gracias a tus esfuerzos, y los pierdes para impulsar un cambio más radical.

Pensando en los votos hablan algunos de ganar el corazón y la mente de la gente, pero hay que insistir en que, siendo la población como es, lo mismo que se ganan los corazones y las mentes, se pierden.

La falsa conciencia como punto de partida

La derecha sabe muy bien que la verdadera batalla no se da en el campo electoral, sino en el ideológico. Y esa es la batalla que ha ganado desde tiempos remotos. Mientras la izquierda ha estado muy despistada en este asunto, la derecha, tanto la laica como la religiosa, siempre ha tenido muy claro que lo importante es troquelar y alimentar la ideología de la gente en la dirección que le interesa.

Marx describió este punto de partida mediante su concepto de “falsa conciencia”. Como efecto de la eficacia de la ideología conservadora, que es la que se viene heredando y potenciando, mucha gente ignora cuáles son sus intereses objetivos, y esa es la causa de que no vote a quienes los favorecen y vote a quienes los perjudican. Si no hubiera falsa conciencia, y puesto que un 1% se enfrenta al 99%, el 99% votaría izquierda y sólo el 1% derecha.

Permaneciendo todavía en el punto de partida, el sentido común de nuestra época no pasa de ser, en su núcleo, falsa conciencia. Y no hemos salido de ahí en parte porque Marx equivocó la solución y los marxistas posteriores no atendieron a quienes intentaron remediar el error. Pues la falsa conciencia no se elimina mecánicamente a base del mero cambio del modo de producción (se ha comprobado), ni tampoco participando en batallas políticas o actividad callejera (que tienen su valor, pero no para tanto).

Volvamos a las dos estrategias

Siendo esto así, mientras a la socialdemocracia, que está a favor del sistema, le basta con ganar el corazón y la mente de la gente como apoyo para su política conservadora, para la izquierda no se trata de “ganar”, sino de “transformar”. Puesto que un cambio radical, un final acceso a la democracia, sólo es posible con el respaldo de una mayoría social emancipada, conseguir esa población debe ser la finalidad de un partido de izquierda anticapitalista, cuya actividad debe ser evaluada por su efecto en la transformación de aquellas personas que, estando objetivamente interesadas en un cambio de sistema social aunque no lo sepan, podrían más adelante ser impulsores y defensores de ese cambio, con la necesaria constancia y a través de las distintas circunstancias.

Ello requiere expandir un doble conocimiento: acerca de lo que hay y lo que está ocurriendo, que implica señalar claramente dónde están los obstáculos concretos que impiden una vida mejor colectiva; y acerca de lo beneficioso que sería para todos que la sociedad se regule por leyes racionales y justas, conocimiento éste que libera y potencia lo que cada cual tenga, dentro de sí, de solidaridad y tendencia al bien.

La expansión de este conocimiento y de los buenos sentimientos se puede favorecer tanto desde las instituciones como desde la calle, aunque transformando ambos espacios en escuela política de cara a la población, y para ello es imprescindible hablar claro, con dureza mesurada, no importa qué temores o qué odios se provoquen. Serán tanto mayores cuanto menos gritona y mejor argumentada sea la denuncia.

Volvemos con esto al tema de los votos. Importan en la medida en que permitan acciones que contribuyan a la necesaria transformación ideológica. Una estrategia que dé votos hoy será perjudicial si al mismo tiempo ha tenido un efecto deseducador a largo plazo. Por ejemplo, las victorias del PSOE y su paso por el gobierno no han valido para salir del punto de partida, más bien para seguir ahí, pero sumidos en la desmoralización.

Comprendo que este análisis no sea del gusto de los políticos de la vieja escuela, ni de quienes querrían efectos inmediatos, pero creo que es el adecuado.

A vueltas con el “qué hacer”

Para dar la réplica a la derecha en la batalla ideológica es necesario:

a) Revitalizar el trabajo de los Círculos, cuya función no ha de limitarse a avalar o impulsar decisiones políticas, ni a participar en programas como los llamados Impulsa y Hacemos.

Si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible poner en marcha universidades populares, acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante conferencias, cursos sobre política, cine, música, deportes, actividades sociales. Esto es trabajar en la calle y no sólo (aunque también) promover protestas y manifestaciones.

En este ambiente tendría mayor efectividad el Banco de Talentos para prestar conocimiento allí donde los emprendedores lo necesiten, y también la colaboración entre los Círculos con el fin de tejer redes y crear sinergias entre los distintos actores del territorio. Lo importante es que las iniciativas que surjan abajo (y seguro que hay riqueza de imaginación y deseos) encuentren apoyo en la organización política.

b) Predicar con el ejemplo de cuantos aparezcan como militantes, pero sobre todo portavoces, cargos públicos y líderes. En ese sentido es acertada la medida de que los cargos públicos de Podemos entreguen al partido la parte de sus emolumentos que sobrepase el triple del salario mínimo. Pero hay que añadir una autovigilancia cuidadosa, sobre todo sabiendo que los medios conservadores van a aprovechar cualquier descuido para pregonar que los anticapitalistas son peores que los demás, porque son pecadores y además moralistas.

Por más que parezca anecdótico, hay que cuidar la coherencia de los gestos públicos y las declaraciones. ¿Qué sentido tuvo la sonrisa de divertida complicidad con que Iglesias reaccionó a un chascarrillo soez de Rajoy sobre su email a Bárcenas, en lugar de responder con el natural gesto de desagrado? De nuevo el error de querer aparecer amable como para compensar que se ha sido crítico un rato antes. Peor aún es que Errejón se refiera a los medios privados diciendo que nunca ha creído en las teorías de la conspiración y en las manos negras. ¡Estupenda manera de abrir los ojos a la gente! Malo si es sincero, peor aún si no lo es.

c) Activar un centro de investigación que ponga y mantenga al día la teoría, haciendo que en ella confluyan los desarrollos que en las distintas ciencias sociales (sobre todo en las híbridas de sociología, psicología y lingüística) se han ido produciendo desde el segundo tercio del pasado siglo.

d) Disponer de medios de comunicación atractivos y fiables (y por tanto no partidarios ni sectarios).

Hay que recordar que Podemos es consecuencia de los indignados del 15-M, pero también de La Tuerka y del diario Público. Estos medios son un primer paso pero todavía insuficiente. La izquierda debería disponer de emisoras de radio y televisión al alcance de toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera sencilla, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, y ofreciendo espacio a las ideologías opuestas sin censura alguna.

Algo más sobre medios de comunicación

Hay que recordar que el partido socialdemócrata alemán contaba en 1880 con 19 diarios y 41 semanarios y que, en cambio, una de las cosas más lamentables que hizo Felipe González cuando llegó al gobierno fue ceder a las exigencias de la derecha y liquidar o vender mediante subasta los llamados “Medios de Comunicación Social del Estado” (la agencia de información Pyresa, numerosas emisoras de radio y numerosos periódicos, entre ellos el diario Pueblo, tercero en importancia de España, más el diario Marca, que pasó a gentes del Opus), perdiendo así una gran ocasión de mantener la propiedad pública de estos medios y entregarlos al control social, para así liberarlos tanto del control gubernamental como del de sus propietarios. De haber hecho eso no estarían los medios de comunicación españoles como están, que al ser casi todos conservadores sin suficiente contrapeso, se han convertido en los medios menos fiables de Europa (según un estudio del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford). Y la izquierda hubiera podido mantener sus posiciones en el campo de batalla ideológico.

No es que Felipe González desconociera el poder de los medios. Valga recordar cómo los utilizó para conseguir que en muy poco tiempo los que apoyaban la permanencia en la OTAN pasaran de un 18% al 56,85%, y eso a pesar de que la posición del PSOE hasta ese momento había sido contraria. González controlaba desde el gobierno los medios del Estado (radio y televisión) y pensó que con eso tenía suficiente.

Una conclusión

De lo dicho hasta aquí se sigue que la dificultad mayor de Podemos radica en que no todos sus miembros son anticapitalistas, aunque todos estén indignados.

Una solución sería que los anticapitalistas de Podemos fundaran junto con Izquierda Unida un nuevo partido que tuviera clara su ideología y finalidad, no importa que se viera obligado a políticas ocasionales socialdemócratas.

A su vez, aquellos miembros actuales de Podemos que no comparten la ideología anticapitalista podrían integrarse en un PSOE refundado que recuperara los valores y políticas de la socialdemocracia clásica.

Tanto el PSOE refundado como el nuevo partido anticapitalista podrían colaborar en muchos momentos, sobre todo en aquellas políticas socialdemócratas que Unidos Podemos (o como se quisiera llamar) tuviera que aceptar por pragmatismo (por impotencia para ir en un momento dado más lejos).

Esta colaboración exigiría respeto mutuo incluso llegados al punto en que tuvieran que separarse los caminos.

Claro que por lo que afecta a la refundación del PSOE ya le están marcando el camino: parecerse a Obama-Clintón y no a Corbyn.

jmchamorro@jmchamorro.info

A QUIÉN VOTAR EN LAS ELECCIONES DEL 20D

Me escribe una antigua alumna para pedirme que diga en mi blog a qué partido voy a votar en las próximas generales y por qué. Cree que eso puede ayudarle en un momento en que anda confusa. Es de izquierdas, siempre ha votado a IU y ahora se plantea si no será preferible votar a Podemos.

Pues vamos allá, diré lo que pienso por si le sirve de ayuda.

NADA QUE DECIR SOBRE EL PP Y POCO SOBRE CIUDADANOS

El PP está a la derecha de la derecha que gobierna Europa, y Ciudadanos, como bien ha dicho el Presidente del Banco Santander, es la versión de derechas de Podemos. Tener a mano esta versión resulta útil al poder económico por dos razones: puede sustituir al PP si este naufraga (algo que hace meses se temía más que ahora) y puede en otro caso complementar al PP y además quitar votos al PSOE. Albert Rivera interpreta hábilmente estas elecciones como alternativa entre “vieja y nueva política”, de manera que a un lado estarían todos los partidos que se han venido repartiendo el poder y enfrente los dos emergentes. Pero el esfuerzo de Ciudadanos por no parecerse al PP en asuntos básicos está empezando a naufragar. Los comentaristas ven a Rivera nervioso cuando se plantean los asuntos en que quiere pasar desapercibido, sean impuestos, reforma laboral o copago, y su última propuesta, quitar agravante a las faltas leves de índole machista, ha sido defendida de las críticas unánimes con argumentos impresentables, jaleados sin embargo en seguida por los periodistas de extrema derecha más desaforados. Significativo.

POR QUÉ NO A UPyD

Este partido ha dedicado su esfuerzo a denunciar la corrupción y en varios casos ha tenido éxito ante los juzgados. En lo demás es un partido conservador, actualmente casi destruido por sus peleas internas y con pocas posibilidades de sacar diputados.

POR QUÉ NO AL PSOE

Aquí podrían aparecer las dudas del voto útil. Pero el PSOE, por más que Pedro Sánchez proclame a gritos sus pasadas glorias, tiene dos problemas visto el asunto desde la izquierda: es socialdemócrata no por estrategia, sino de corazón (es decir, procapitalista). Y además está en manos de bancos acreedores. Por eso su política económica ha sido similar a la del PP.

Alardea Sánchez de que el PSOE ha promulgado muchas leyes de carácter social, y es verdad, pero sólo porque no tuvo que enfrentarse a los dueños del dinero. A éstos les resulta indiferente que se legisle sobre la igualdad entre hombres y mujeres, el matrimonio homosexual, el divorcio o el aborto. Y es ahí donde el PSOE ha hecho una tarea valiosa, que si el PP ha tratado de obstaculizar es sólo en atención al carácter reaccionario de gran parte de sus votantes.

Se puede decir lo mismo de otros campos. Universalizar la educación es algo que interesaba al poder económico: alfabetizar a todos, pero sin pasarse, no fuera a ser que el país tuviera una población difícil de engañar. Y eso es lo que hizo el PSOE, universalizar la educación pero sin recursos para hacerla efectiva (sobre todo respecto a las clases económica y culturalmente bajas). Una sanidad pública para los de abajo, los que no pueden pagar la privada, interesa también a quienes los emplean. Pero el PSOE ha estado muchos años en el poder y no ha hecho leyes fiscales justas, ni ha mejorado la escuela pública con el dinero con que se subvenciona a la privada, ni ha intentado poner coto a los abusos de las eléctricas, la banca, las grandes multinacionales y las grandes fortunas. Por el contrario, se ha puesto al servicio de ellas a cambio de que la banca le condone intereses y prorrogue créditos, a cambio también del uso de las puertas giratorias. Hoy te favorezco, mañana me das un puesto lucrativo. Ni siquiera ha sido capaz de desarrollar con coherencia el carácter laico del Estado denunciando los Acuerdos con el Vaticano.

POR QUÉ NO A IU

He votado muchas veces a IU y siempre para sentir una frustración que sólo me expliqué cuando supe que también IU está en manos de la banca, porque cometió el error de pedir préstamos que no puede devolver ¡y para malgastarlos en campañas electorales! En los años que IU lleva de vida, y que pueden añadirse a los previos del PCE, ha hecho poco de lo que debería esperarse de una izquierda consciente. No ha puesto en pie medios de comunicación influyentes, no ha hecho propuestas interesantes en educación y, ya que no tenía fuerza para legislar, ni siquiera se atrevió a denunciar ante la población los entresijos de la política legislativa y económica de los gobiernos del PP y del PSOE. ¡Qué decir del silencio de los miembros de IU que entraban a formar parte de consejos de administración de las Cajas y que en lugar de denunciar lo que ocurría allí dentro se lucraron como los demás! Sólo ha sido útil IU a nivel local para frenar algunos proyectos urbanísticos de la derecha y prestar más atención a los barrios pobres. Su candidato Alberto Garzón es un político que cae muy bien, pero debería comprender que a IU sólo le queda un camino honorable: disolverse y dejar espacio a la creación de un partido comunista que sepa plantearse la situación a largo plazo y sin hipotecas.

POR QUÉ NO A RECORTES CERO

Es éste un movimiento que presenta un programa atractivo y que ha hecho cosas interesantes. Dispone de medios de comunicación con trabajos valiosos e informaciones útiles, aunque en la línea de prensa de partido, y hace esfuerzos por divulgar la crítica marxista entre sus simpatizantes, aunque con una rígida adscripción al maoísmo. Siempre que me lo piden colaboro con ellos, pero su problema es el de la utilidad del voto: previsiblemente no sacarán diputados. ¿Por qué no se presentan unidos con las restantes fuerzas de izquierda?

SÓLO QUEDA PODEMOS

¿Qué se puede decir contra este partido?

Desde hace meses, en algunas ocasiones, me he sentido, como me imagino que tantos otros, incómodo o defraudado por algo que ha dicho o hecho algún dirigente de Podemos. No me han gustado los argumentos que se adujeron para no pactar con IU, sobre todo teniendo en cuenta que Pablo Iglesias había pretendido poco antes ir en una lista de IU. No me han gustado los desencuentros, dentro de Podemos, por causa de las confecciones de las listas electorales. No me ha gustado la precaución miedosa con que dirigentes de Podemos han reaccionado a la forma malintencionada con que se los relaciona con Syriza y Venezuela (me hubiera gustado oírles algo a favor de Syriza y de la revolución chavista por su propia iniciativa, no como tibia respuesta a un ataque). No me gustó la excesiva prudencia de Iglesias en su mano a mano con Rivera en el programa de Jordi Évole, y antes en una entrevista que le hizo la periodista Ana Pastor.

Por razones que he dado en otra entrada de este blog no me ha parecido acertado que se liguen los conceptos de democracia y derecho a decidir, referido éste a la independencia catalana, y menos la afirmación de que Podemos no pactará con ningún partido que no acepte la convocatroria de un referendum en Cataluña en el plazo de un año. Lo adecuado, pienso, sería un referendum para aprobar una nueva Constitución y, sólo en el caso de que ese referendum se pierda en Cataluña, la convocatoria de un referendum para que los catalanes digan si quieren o no seguir en España. Está claro que en este asunto han influido las conexiones y compromisos de Podemos con otros grupos catalanes.

Algunas de estas decepciones (no la del referendum) tienen relación con la crítica que se viene haciendo a Podemos por haber pasado del radicalismo de sus comienzos al aire pacífico y contemporizador que muestra ahora, y que se traduce en una rebaja en las propuestas electorales.

Quien se muestra más agrio en esta crítica es Antonio Elorza, primero comunista ortodoxo, luego partícipe en la fundación de Izquierda Unida y finalmente simpatizante legitimador de UPyD. En El País del pasado día 10 se dedica a mirar con lupa declaraciones de Pablo Iglesias para afirmar que la llamada erróneamente moderación de Podemos es en realidad una permanente mutación de acuerdo con las exigencias del mercado político. Y concluye que esto “no es transformismo, sino travestismo político según la fórmula de que cambiaré mis principios según las encuestas”.

Critica también el liderazgo personal nada democrático de Iglesias y afirma que, mientras éste se llena la boca de democracia, en su partido impera una autocracia que no admite oposición, lo que anuncia una forma de gobernar no de izquierda, sino izquierdista (Lenin).

Argumentos a favor de Podemos

El primero y muy importante es que se financia mediante pequeños donativos y préstamos de simpatizantes, y que se ha comprometido a no pedir nunca un préstamo a la banca, condición necesaria para salvaguardar alguna libertad.

En parte por esta independencia, por ser el único (de los que tienen posibilidades de éxito) que no está controlado, los poderes económicos temen que Podemos consiga el poder. Nada temen de los restantes partidos, todos ellos bajo control.

En el VI Encuentro de EXPANSIÓN diez altos ejecutivos y analistas españoles de firmas financieras de la City de Londres han reconocido que sienten menos intranquilidad ante las elecciones españolas al descartar el triunfo de Podemos por su decaimiento en las encuestas. Los alivia que, de acuerdo a los sondeos, la alianza con más posibilidades de formar Gobierno sea la de PP y Ciudadanos. Estos ejecutivos han pedido nuevas reformas económicas al futuro Gobierno para que se gane la confianza a largo plazo de grandes multinacionales y fondos. Saben de sobra que esas reformas se llevarán a cabo con cualquier gobierno en el que no esté Podemos. Y nosotros conocemos el significado de “reformas” en boca de la derecha: nuevos recortes en sanidad y pensiones (para facilitar suculentos negocios privados) y ahondar en la reforma laboral (para acabar con la poca capacidad de resistencia que queda a la clase trabajadora y entregarla atada de pies y manos al interés de los empresarios).

Se puede añadir que la victoria de Podemos cambiaría la situación europea, porque junto con las izquierdas portuguesa, griega e italiana podría alterar la correlación de fuerzas, presionando al indeciso socialismo francés y oponiendo a las exigencias de la derecha que gobierna Europa una resistencia que Syriza no pudo hacer sola.

Balance entre argumentos en contra y a favor

Por lo que respecta a la democracia interna creo que es un peligro constante el carácter carismático que otorga a todo lider su tirón electoral. Esto ocurre en todos los partidos y la ventaja de Podemos es que su democracia interna está más garantizada por sus estatutos: el líder sabe en todo momento que puede ser revocado, lo cual mitiga mucho la autocracia, y hemos visto que hay oposición y que funciona. Se ha exteriorizado en varias ocasiones y ha logrado, por ejemplo, que dos brillantes fichajes hechos por la dirección se retiraran de las listas.

Por lo que respecta a la moderación, mi crítica, que no es la del enemigo ideológico converso, sino la de un simpatizante, debe matizarse con esta consideración: sabemos que los partidos de izquierda que no esperan gobernar (caso por ejemplo de Recortes Cero, de IU y de Podemos en sus inicios) son más radicales en sus críticas y propuestas que los que tienen esperanzas. Y esta tendencia a la templanza se explica si se tiene en cuenta el estado ideológico de la población española, muy trabajada a lo largo de décadas por los medios conservadores.

El mismo Elorza, tan crítico ahora con el pragmatismo de Podemos, participó en la creación de IU, que en realidad fue un pragmático disfraz del PCE para evitar la repugnancia que una parte de la población sentía ante la palabra “comunismo”, tan fuertemente relacionada por los medios de comunicación con crimen, pobreza y dictadura.

En suma, hemos de aceptar que, teniendo en cuenta los efectos en los votantes, el dirigente de un partido como Podemos no tiene la misma libertad de quienes opinamos sin otro interés que acertar en los argumentos. Pues tal dirigente tiene que pensar en muchas otras cosas y no sólo en su pulcritud intelectual y moral. Ha de plantearse preguntas como éstas:

¿Interesa realmente conseguir poder político? ¿Para qué? Y ahora que podemos conseguirlo, ¿es buen camino ir haciendo declaraciones y promesas de izquierda anticapitalista que espantarán a muchos votantes y que luego encontrarán tan fuerte oposición (de la derecha que gobierna Europa, de los mercados, de los medios de comunicación) que serán irrealizables? ¿O conviene moderar el discurso para atemperarlo a la ideología de la población y a las posibilidades presentes? ¿No es hacer el juego a la derecha ir a pecho descubierto para fracasar?

Son preguntas a las que yo respondería afirmativamente siempre que quedara bien precisado el para qué del poder: en las presentes circunstancias creo que vale la pena moderar el discurso y rebajar las propuestas (por más que ello nos defraude como testigos) si es con vistas a deshacer las reformas y recortes hechos en esta y la anterior legislatura (la del malhadado Zapatero), que tanto sufrimiento vienen ocasionando a millones de españoles, y para dar pasos adelante en tres espacios: el de la fiscalidad (reducir significativamente la brecha creciente entre ricos y pobres y dotar de mayores recursos al Estado), el de la educación (acabar con el fracaso escolar de las clases bajas y lograr su acceso a la universidad en la misma proporción que las clases restantes) y el de medios de comunicación de izquierdas (espacio para perseverar en la crítica radical al capitalismo y en las propuestas radicales). Si se terminara haciendo esto, poco se podría decir contra la estrategia moderada de Podemos.

Lo que por ahora sabemos es que, al ser el único partido no controlado, Podemos es el único que puede deshacer lo hecho por Zapatero y Rajoy y legislar a favor de los intereses colectivos, el único con capacidad para negarse a convertir en leyes los proyectos que le lleguen desde la banca o desde las empresas del IBEX 35, el único con capacidad para plantar cara a las exigencias europeas.

Por otra parte lleva en su programa propuestas interesantes en política fiscal y educativa.

Cierto que es insuficiente ofrecer enseñanza pública gratuita de 0 a 3 años, reducción de la carga lectiva del profesorado y del número de alumnos por aula y aumento del profesorado de apoyo allí donde los alumnos lo necesiten, pero son medidas válidas para echar a andar y no se encuentran mejores en los programas de los restantes partidos con opciones de gobierno. Por lo que se refiere a favorecer la existencia de medios de comunicación de izquierdas, un programa electoral no es lugar adecuado para hablar de ello, pero bueno sería empezar dando a la izquierda anticapitalista su espacio correspondiente en los medios públicos de comunicación. Y da la impresión de que Podemos está más capacitado que otros para hacerlo.

Así que el día 20 votaré a Podemos.

UN COMENTARIO FINAL SOBRE LA PRESIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Se lleva mucho tiempo intentando descalificar a Podemos por su afinidad con Syriza (el supuesto fracaso de Syriza estaría anticipando el seguro fracaso de Podemos si gobierna) y por su colaboración con la revolución bolivariana (relacionándola con el totalitarismo, la ineficacia económica y el crimen).

La presión mediática es tan fuerte y sus castigos tan duros que es natural que Podemos sea prudente y no se lance a decir, por ejemplo, lo que yo dije en este blog sobre el aparente fracaso de Syriza y el seguro fracaso de Europa (la Europa que queríamos, que no es la que tenemos). Véase, sobre este segundo fracaso, el gran ascenso de la extrema derecha francesa, incluso entre la juventud de antiguos feudos comunistas y socialistas atraída por un discurso antieuropeísta.

Es también comprensible que Podemos no se lance a decir sobre Venezuela cosas como las que yo me permito a continuación.

Maduro ha reconocido que su derrota electoral se ha debido a errores de su gobierno y a casos de corrupción. Nada que distinga a Venezuela de España. Ahí tienen al PP, con toda su estructura partidaria corrupta y encabezando las encuestas. Ahí tienen a Rajoy, más que sospechoso de corrupción, y tan tranquilo como jefe de gobierno. Pero la corrupción es doblemente lamentable cuando se da en la izquierda. Así que no voy a defender a Maduro y su gobierno apelando a su parecido, en lo malo, con España.

Algún comentarista, entre condena y condena al régimen venezolano, se ha visto obligado a reconocer de mala gana que la revolución chavista dio vivienda, sanidad, comida y educación a millones de venezolanos que no tenían nada de eso. El régimen anterior, el de Carlos Andrés Pérez y luego de Rafael Caldera, tenía a esos venezolanos sumidos en la pobreza y no recibía críticas continuas y acervas. Pero es que Hugo Chávez expropió latifundios y nacionalizó industrias de petróleo, telecomunicaciones, eléctricas, cemento y acero, hasta entonces en manos de multinacionales que estaban saqueando el país. Es natural que las oligarquías perjudicadas y sus medios de comunicación hayan establecido una estrategia para extirpar ese cáncer e impedir que aparezca en otros sitios. En esa estrategia entra el boicot económico, la violencia y la propagación de noticias falsas.

Se había ido preparando el terreno para afirmar, si Maduro ganaba las elecciones, que éstas no fueron limpias, que el éxito de Maduro fue un pucherazo. Sabemos algo del golpismo en América latina y de los procedimientos previos que suele utilizar la derecha para crear una situación insoportable y justificatoria. Por falta de datos no puedo opinar sobre los encarcelamientos recientes de políticos de la oposición en Venezuela, pero si tengo muy claro esto: supongamos (es sólo una hipótesis) que un opositor de derechas, de la calaña de Pinochet o Videla, comete en Venezuela un delito de sedición y es juzgado, condenado y encarcelado. Los medios conservadores del mundo lo presentarán como un héroe injustamente perseguido por un régimen totalitario. ¿Es imaginable un régimen totalitario que pierda unas elecciones de manera tan abrumadora como las ha perdido Maduro?

Como voy por libre me atrevo a plantear así el caso, pero creo que no deberíamos reprochar a los dirigentes de Podemos que sean precavidos ante unos medios de comunicación que están esperando cualquier ocasión para atacar. Y sabemos muy bien cómo lo hacen y con qué efectos.

Una última cosa: al reconocer la derrota, Maduro ha dicho que ganaron los malos. Frase escandalosa. ¿Es que acaso hay votantes buenos y votantes malos? ¡Pues claro! Son malos los que pertenecen a la minoría que explota y que, cuando pierde el poder, miente, tergiversa y actúa para acabar con los que intentan un reparto más justo de la riqueza del país. Claro que hay que añadir que son peores los dirigentes revolucionarios corruptos.

Concluyo repitiendo que, por las razones expuestas, el día 20 votaré a Podemos.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA Y OTRAS CUESTIONES

Las últimas elecciones y las negociaciones entre partidos para establecer mayorías vienen dando mucho que hablar. Se me ocurren estos comentarios:

EL ELECTORADO NO PUEDE ENVIAR MENSAJES
Es un lugar común, falso, que el electorado ha decidido esto o aquello, que ha enviado este o aquel mensaje. El electorado no es un sujeto que tome decisiones o se comunique con la clase política. Es un mero conjunto de votantes y cada votante sólo decide una cosa, el sentido de su voto. Quien vota a un partido carece de idea acerca del resultado final y por lo general lo que desea es que su partido consiga el mejor resultado, la mayoría absoluta si es posible. De manera que es falso que la sociedad haya decidido el fin de las mayorías absolutas o una política de pactos. Eso ha sido el resultado de voluntades que en su mayoría no querían eso, sino un resultado diferente. Lo que sí es cierto es que muchos votantes han abandonado al PP y al PSOE y han optado por partidos nuevos, y esto ha de tomarse no como un mensaje, sino como un hecho interpretable. El supuesto mensaje lo fabrica cada político al analizar los resultados.
Por lo demás utilizar, como hace un editorial de El País, la frase “aspiraciones expresadas por la sociedad” no deja de ser un camelo. Algunos parecen creer que las sociedades (por ejemplo, la griega, la española, la europea) son, al igual que los electorados, entidades unitarias, sujetos de gran formato. Se intenta así, por ejemplo, contraponer Grecia a Europa, como si hubiera un conflicto entre esas dos entidades, una insensata, Grecia, y otra razonable, Europa. En realidad negocian por una parte no Grecia, sino un gobierno griego que trata de recuperar la dignidad del país y salir del desastre social a que lo han llevado los sinvergüenzas de dentro y de fuera, y por otra parte no Europa, sino las instituciones europeas y mundiales controladas por la derecha neoliberal.
Una sociedad elitista no es un sujeto, sino un campo de batalla. Poco tienen que ver las aspiraciones de un votante de derechas con las de un votante de izquierdas, salvo que son contrarias. Mayor desigualdad significa mayor beneficio para los menos, mayor perjuicio para los más, y son los menos, no los más, quienes deciden. Por eso la desigualdad aumenta.

PRIMER EFECTO INTERESANTE
La irrupción de Podemos ya ha tenido un efecto: el corrimiento de otros partidos hacia la izquierda. Ha conseguido que el PSOE recuerde que es socialdemócrata (lo olvidó muy pronto), y que IU recuerde que lleva dentro un partido comunista (durante muchos años ha ocultado o disimulado el anticapitalismo como si fuera un secreto de familia vergonzoso).
Esperemos que lo ocurrido en Grecia y España tenga también alguna influencia en las dormidas poblaciones y en las derechizadas socialdemocracias europeas.

PODEMOS NO GUSTA A LA GENTE DEL DINERO
La gente del dinero (oigan a representantes de la banca) está alarmada por el éxito de Podemos y sobre todo por lo que ese éxito pueda dar de sí más adelante, que más adelante hay más, relacionado ya con el Parlamento y el gobierno de la nación. Si se hiciera caso a algunos representantes políticos del dinero resultaría que Podemos tiene dentro las maldades del estalinismo, del nazismo e incluso del Estado Islámico, y además poderes inconmensurables, tanto como para acabar con la democracia europea. Altos dirigentes del PP ya han hecho saber al PSOE que pactar con Podemos es un signo de radicalismo inaceptable, una traición al sistema que nos hemos dado los españoles. Hasta la derecha venezolana se toma la molestia de advertirnos del gran riesgo que corremos.
Claro que así hacen un favor a Podemos, porque dejan claro que, hoy por hoy (mañana ya se verá), votar a ese partido es lo correcto si no se quiere ser cómplice del estropicio que los viejos partidos han ocasionado.
Dicen algunos, en réplica a los dirigentes del PP, que lo que de verdad daña a la democracia es la corrupción. Pero habría que matizar: la corrupción daña a la democracia si esta existe. Lo que no existe no puede ser dañado. Y resulta que los dos grandes partidos han venido impidiendo la democracia al legislar y gobernar sometidos al poder económico y a su servicio.
Desde su punto de vista tienen razón cuando nos dicen ahora que Podemos, que no está controlado por el poder económico, es un peligro para la democracia. Para su “democracia”. Felipe González no quiere ni espera que se cambie el régimen por una aventura alternativa. Llama régimen a un tinglado político diseñado para legislar y actuar al servicio del capital, y a salir de ese régimen lo llama aventura (en sentido peyorativo).

AL MISMO TIEMPO SE DICE QUE TODOS SON IGUALES
Pero por otra parte, cuando conviene, se afirma lo contrario: en tertulias y análisis de periodistas y especialistas con muchas ínfulas se ha venido llegando a la conclusión de que Podemos es como los viejos partidos y actúa igual que ellos. Por ejemplo: Pablo Iglesias se ha reunido con Pedro Sánchez en un reservado de un hotel. Escándalo. ¿Acaso no condenaba Iglesias la política que se hace en reservados? Así funciona la cabeza de esta gente. Toman una frase al pie de la letra y de ahí derivan un mundo. Ninguna política ha hecho todavía Podemos en ningún reservado. Es que todavía no ha hecho ninguna política. Vuelvo a decir: esperemos para criticar a que haya motivo. Y no son todos iguales. Si lo fueran, los del dinero no estarían alarmados. A los del dinero para nada les alarman los viejos partidos y, claro está, tampoco, o menos, Ciudadanos.
Lo que ha de distinguir a la nueva de la vieja política no es si unos y otros se reúnen aquí o allí, si hablan con estos o con aquellos, si cambian cromos o hacen estos o aquellos pactos, sino cómo legislan por relación con el reparto de la riqueza. ¿Legislan al dictado del capital? Vieja política. ¿Legislan al servicio de la mayoría? Nueva política. Esperemos a ver.

¿PARTIDOS O MOVIMIENTOS SOCIALES?
A Manuela Carmena no le gustan los líderes, pero, mal que le pese, ella es una líder. Alguien es líder porque los demás lo deciden. La cuestión es cómo se ejerce el liderazgo, si como autócrata o como ciudadano que atrae y arrastra por la verdad de sus ideas y la ética de su comportamiento.
Carmena cree que un gran error del movimiento 15M es que haya decidido consolidarse en un partido. Ella aboga por la forma de movimiento-partido con menos estructura vertical y pegada a la calle y a los movimientos sociales.
La forma de actuar de los viejos partidos no es aceptable, y sin embargo algún tipo de organización deben darse los movimientos sociales si quieren tener efecto duradero. La tendencia anarquista es muy tentadora, pero sólo podrá tener éxito cuando la población sea muy distinta a la de hoy. Por eso es compatible desestimar el comportamiento de los partidos tradicionales y crear uno con la determinación de que no caiga en los vicios de ellos.
Esto requiere, a mi juicio, dos condiciones básicas a las que me he referido en otras ocasiones: por una parte mantener activa la conexión con los movimientos sociales de los que ha surgido el partido, de manera que esos movimientos controlen la actividad partidaria, puedan en todo momento revocar los cargos en las instituciones, decidan la línea política y apoyen su ejecución con toda la fuerza que sin duda será necesaria. Por otra parte, que el paso por los cargos sea temporal. Ya sabemos que si un líder tiene un gran tirón electoral puede ceder a la tentación de decir “yo o el fracaso”, y convertirse en líder carismático por encima del partido, poniéndolo al servicio de sus ideas o caprichos. Es lo que hicieron González, Aznar y Zapatero. En un partido dependiente de un movimiento social esta deriva es más difícil. Pero podría ocurrir que entre la gente de ese movimiento resultara demasiado atractiva la idea de ganar elecciones, y que entonces no tuviera inconveniente en soportar un líder autócrata con tal de que su gran tirón electoral mantuviera al partido en el poder. He aquí el peligro más grande, algo a evitar incluso a costa de perder votos y poder.
En cualquier caso conviene recordar que la influencia sobre los electores se puede ejercer aunque no se tenga cargo alguno. Monedero ha renunciado a su cargo y sigue trabajando para Podemos y puede participar en campañas electorales. De manera que disponer de normas que impidan que alguien se perpetúe en cargos (ahora uno, luego otro, etc.) no es dilapidar ningún activo, al contrario, es aumentarlo con una buena práctica que, a la larga, será recompensada.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA
Podemos ha tenido mejores resultados, con gran diferencia, donde no ha ido con su nombre, sino integrado en agrupaciones electorales de izquierda.
¿Avala este hecho la estrategia de que ese partido vaya a las elecciones generales integrado en agrupaciones electorales frente a la estrategia de que vaya con su propio nombre? Apoyándose en un acuerdo tomado antes de las últimas elecciones la dirección advierte a Izquierda Unida de que irá a las generales con su nombre y logo, y que descarta todo proyecto de convergencia que suponga una disolución de sus siglas o un giro en su “hoja de ruta”. Sergio Pascual ha usado en esa advertencia la expresión “con total rotundidad”, desagradable y propia de otra clase de gente. Supeditar el proceso de confluencia a que los electores encuentren la papeleta y el logo de Podemos en los colegios electorales parece conceder al partido una sacralidad inútil. Exigir a otros que, si quieren la unidad de la izquierda, salgan de sus partidos y se presenten a las primarias de Podemos, equivale a boicotear con mal estilo la unidad de la izquierda que tanta gente desea. Parece más sensata la actitud de IU, dispuesta a renunciar a sus siglas en las papeletas en beneficio de esa unidad, actitud compartida por un importante grupo de dirigentes de Podemos que ha firmado un manifiesto en ese sentido.
Este es un asunto importante, por sí mismo pero sobre todo como síntoma, y merece una reflexión colectiva y una nueva toma de decisiones a la vista de los hechos sobrevenidos.
Los partidos deben tener carácter instrumental y por ello no debería ser importante si se conservan o no siglas y logos, o bajo qué nombre se presenta cada organización. Lo cierto es que, si se tiene en cuenta que unida toda la izquierda puede ganar las elecciones y que en otro caso se perderán muchos miles de votos (dado un sistema electoral ideado para primar escandalosamente a los dos primeros), sobran los partidismos y los personalismos. ¿Es irrenunciable que pertenezca a Podemos el candidato de izquierdas a presidente de gobierno? Lo que interesa es que sea persona competente y comprometida con los valores y propósitos de la izquierda. Y sería un detalle coherente con esos valores y propósitos ceder esa candidatura, si mereciera la pena, pudiendo ostentarla.

 

PARTIDOS VIEJOS, PARTIDOS NUEVOS

El PARTIDO INCONTROLADO
Es natural que Ciudadanos apenas reciba críticas en los medios. Es un partido de derechas y el poder económico nada teme de él. Tienen razón los que dicen que Ciudadanos no es el cambio, sino el recambio, útil al sistema como recambio del PP, excesivamente lastrado por la corrupción (aunque Ciudadanos tiene ya algunos implicados). En cuanto a su programa es muy semejante al del PP, y ya ha dado muestras de desinhibición al proponer que suba el IVA del pan y baje el de los objetos de lujo, o al abordar asuntos como la sanidad para los inmigrantes en situación irregular. Por lo demás en el estupendo vídeo Desmontando a Ciudadanos, difundido en las redes sociales, se ofrecen muchos datos que explican la preferencia que por este partido tienen los dirigentes del IBEX 35. El presidente del banco Sabadell no se corta al decir que Ciudadanos es la opción nueva aceptable, frente a Podemos. Queda en el aire una pregunta: ¿Cómo es posible que los numerosos datos comprometedores para Ciudadanos estén silenciados por los medios? Imagínenselo. A esa ocultación se la viene llamando “sagrada” libertad de expresión.
El verdadero enemigo del establecimiento es Podemos, partido no controlado por ahora por el capital, y por ello sobre él se concentra el vocerío, y por ello muchos dicen con alivio: “el souffle está bajando”, o “se les está pasando el arroz”. El temor que inspiran se refleja en esta pregunta: “¿Son sus líderes personas que vienen de la izquierda muy izquierda y se han moderado, o son lobos con piel de cordero?”
Tras los casos Errejón y Monedero, exprimidos de forma abusiva, ha tocado hablar de la indefinición y ambigüedad del partido sin esperar a que se publicara el programa para las municipales y autonómicas. Una vez publicado se sigue hablando de vaguedad (pese a que contiene 215 medidas concretas), se cita el cuento de la lechera o se habla de transformismo, sin que quede claro si se acusa a Podemos de prometer demasiado o, por el contrario, de haber reducido las promesas iniciales. En realidad se le acusa de una cosa y de la otra. También de que no ha añadido al programa una memoria económica. ¿Algún partido ha presentado alguna vez una memoria económica? Un tertuliano de la SER, Francisco Giménez Alemán, ha llegado a despreciar y desestimar ese programa electoral al tiempo que afirmaba que ni lo ha leído ni piensa leerlo. Hace bien. Si está determinado a desestimar ¿para qué perder el tiempo?

EL VEREDICTO DESEADO: PODEMOS ES IGUAL QUE LOS PARTIDOS A LOS QUE CRITICA
Para demostrar esto basta cualquier indicio. La dimisión de Monedero de sus cargos ha sido motivo para afirmar que Podemos no está libre de disidencias, de tendencias contrarias y luchas por el poder, como los demás. Criticarían de la misma forma la unanimidad. La posición de Podemos en las negociaciones para la investidura de Susana Díaz en Andalucía inspira a muchos la idea de que las contradicciones de Podemos son insalvables: si vota no a la investidura demuestra que es un partido novicio que no sabe hacer política y que además copia el tactismo y el politiqueo de los viejos partidos. Si se abstiene para permitir la investidura le criticarán que está dando el poder a un partido de la casta. Algunos llegan a pedir cuentas anticipadas por los sapos que Podemos se tendrá que tragar en el futuro, como todos los otros.

UN EJEMPLO DE CRÍTICA SOFISTICADA-INSOLVENTE
Puesto que la mayoría de estas críticas no tienen otro fundamento que el afán inventor del crítico, la capacidad para urdir está bien recompensada. ¡Hay que ver cuanto intelectual realiza malabarismos analíticos! Los comunicadores han sido convocados, pero también los expertos, y numerosos catedráticos, de unas cosas y otras, se lanzan a cumplir su papel. Ocurre que las cabezas conservadoras no suelen producir ideas inteligentes. Un profesor de Derecho Constitucional se empeña en demostrar que Podemos es populista (lo que a su juicio quiere decir que plantea causas simples y emocionalmente sencillas con el objetivo de ocupar el Estado) y que mientras el modelo democrático es liberal, el populista tiende a ser totalitario. Un catedrático de la Pompeu Fabra dictamina que el populista se limita a cultivar el resentimiento. ¡Madre mía, qué mal anda el rigor de estos colegas!
En El País del 1 de mayo Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, equipara en un artículo (Tres actores, un mismo truco), a Mariano Rajoy, Pablo Iglesias y Oriol Junqueras aduciendo que los tres tratan de imponer sus diferentes posiciones como obvias, indiscutibles y “de sentido común”. Es decir, que utilizan el argumento del sentido común convertido en afirmación pretendidamente concluyente que aspira a dejar sin réplica en un debate a cualquier posible adversario o contrincante. Y dando un salto en la línea argumental, desprecia a los tres diciendo que piensan lo mismo o que, según se mire, no piensan nada. Todo para concluir que no cabe celebrar que conservadores y adalides de la nueva política coincidan en esa mercancía averiada, sospechosa (por apolítica) y premoderna. No cabe más.
Para demostrar su tesis respecto a Podemos, Cruz rebusca y encuentra dos cosas: la resistencia de sus líderes a situarse en la izquierda (omite que se sitúan con los de abajo) y una frase sacada de contexto de una candidata a las municipales, próxima a Podemos (ni siquiera de Podemos), supongo que Ada Colau. Nada de ello tiene que ver con la tesis a demostrar, pero en fin, a cualquiera se le puede ir el santo al cielo. Supongamos que Cruz, en vez de irse por las nubes, hubiera argumentado correctamente y demostrado que los tres líderes se asemejan en que apelan al sentido común y en que hablan como si estuvieran convencidos de tener la razón.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
Es fácil encontrar semejanzas entre unos y otros, la cuestión es si son políticamene relevantes. Y en este caso no lo son. Es como si equiparáramos a tres escritores alegando que los tres usan verbos y conjunciones. En el terreno de la política no hay sesudas y complejas ecuaciones que puedan sustituir al sentido común. Y todos los políticos hablan como si creyeran que su propuesta es la única válida. El mismo Cruz escribe aplicando el sentido común y convencido de tener la razón.
La cuestión es que no todos los sentidos comunes conducen a lo mismo, de igual forma que distintos usos de verbos y conjunciones no determinan el mismo resultado literario.
Lo que interesa es sobre qué hechos y promesas opera el sentido común de cada político y, sobre todo, qué afecto lo mueve. Los hechos o presupuestos pueden ser falsos o realistas. El afecto puede ser generoso o egoísta. En consecuencia, la creencia de tener razón puede ser sensata, o demencial, o cínica.

El PP Y PODEMOS ¿IGUALES O DIFERENTES?
Cuando un líder del PP argumenta con su sentido común dice algo así: “El PSOE de Zapatero sumió a España en la peor crisis de nuestra historia reciente y esa es la herencia que recibimos, pero gracias a nuestras políticas estamos saliendo de esa crisis y tenemos un futuro esperanzador. Vamos a bajar los impuestos y a crear medio millón de puestos de trabajo anuales.” Su conclusión es que conviene votar al PP y no al PSOE o a partidos nuevos que, por su falta de experiencia, serían más funestos que lo fue el PSOE si llegaran al poder.

En cambio cuando un líder de Podemos argumenta con su sentido común dice algo muy distinto: “Hasta ahora los partidos políticos españoles, controlados por el poder económico, han legislado y gobernado a favor de los de arriba (que con la crisis se han hecho más ricos) y en perjuicio de los de abajo (que se han hecho más pobres). Además han sido maquinarias de corrupción y de reparto de cargos con privilegios inmorales. Para no caer en el mismo pecado, nosotros no nos financiamos recurriendo a la banca, sino mediante pequeñas donaciones y préstamos populares. De momento hemos dado ejemplo de renuncia a los privilegios de la casta al decidir que nuestros diputados no ganen más de tres veces el salario mínimo y que donen lo que sobrepase esa cantidad. En cuanto a propuestas electorales concretas, para las municipales y autonómicas hemos presentado un detallado programa que recupera la orientación de la antigua socialdemocracia, y que incluye una subida de impuestos a los que más tienen, y una mejora de la educación y la sanidad públicas.”
La conclusión es que quien esté a favor de la mayoría de abajo hará bien en votar a Podemos.

Como se ve, el PP apoya su discurso en hechos falsos y promesas engañosas (y ello porque el afecto egoísta no puede presentarse como tal y, al disfrazarse de afecto generoso, está obligado a la mentira). No es verdad que el PSOE de Zapatero trajera la crisis. Esta tuvo un origen internacional (en los desafueros de la banca estadounidense), y se agravó en España por la burbuja inmobiliaria, efecto de la Ley del Suelo de Aznar. Tampoco es verdad que sean las políticas del PP las que nos están sacando de la crisis: la pequeña mejora de las cifras macroeconómicas se debe sobre todo a circunstancias externas (caída de la demanda de otros destinos turísticos, depreciación del euro, bajada del precio del petróleo), y por el contrario, las políticas del PP, contrarias en muchos puntos a sus propuestas electorales, están haciendo más ricos a los ricos y más pobre y más privada de garantías y derechos a una gran parte de la población. Casi todos los puestos de trabajo que se van creando son a tiempo parcial, con salarios de hambre y sin estabilidad. La bajada de impuestos es, contra su apariencia, una agresión a los intereses de la mayoría. Subir la presión fiscal (al menos hasta igualar la media europea) es condición para que el Estado pueda seguir prestando los servicios básicos. Pero no se trata de subir impuestos a las clases medias, sino a los ricos y a las grandes empresas, que apenas contribuyen.

En definitiva, el sentido común aplicado por el PP y el aplicado por Podemos llevan a distintos resultados, y no sólo por la verdad o falsedad de los hechos a que apelan (verdaderos en el caso de Podemos). Sobre todo por el afecto que los orienta. Cruz pregunta: “¿Acaso la disyuntiva entre individualismo y solidaridad puede resolverse apelando al sentido común?” Pues no: apelando al afecto. Los de izquierdas tienen tendencia a un afecto solidario, los de derechas a un afecto individualista. Ahí está la gran diferencia (aparte otras) entre Rajoy e Iglesias, que Cruz, por su antipatía a Podemos, no puede o no quiere ver.

A VUELTAS CON LA CASTA
Guste más o menos el término casta, vuelvo a lo ya dicho en otra ocasión. Ese término tiene un significado razonable si se emplea para caracterizar a partidos que han actuado como una élite política al servicio de la élite económica. En ese caso están todos los partidos conservadores, pero más que por sus formas de funcionamiento, o porque hayan tenido más o menos casos de corrupción (eso puede ocurrir en cualquier partido), por cómo han reaccionado a ella y, sobre todo, por cómo han legislado y cómo han gobernado (siendo IU responsable, como cómplice, por el tipo de oposición que ha hecho). Desde este punto de vista no tiene sentido decir que Podemos pertenece también a la casta. Puede que acabe perteneciendo más adelante (si llega a legislar y gobernar, o a jugar el papel de oposición), pero por ahora la denuncia es prematura. El que esté deseando hacerla debería esperar. Y ojalá, tras la espera, no haya razones para hacerla, lo que debería ser motivo de alegría para la izquierda anticapitalista.

CRÍTICAS RAZONABLES
Respetando los tiempos, ya se pueden hacer algunas críticas a Podemos. No me parecen útiles las que tienen que ver con cosas irrelevantes o disculpables, como estas o aquellas ocurrencias de unos u otros (la insistencia en Juego de Tronos), errores puntuales, disidencias o enfrentamientos, o la forma de comunicación (para mi gusto a veces excesivamente mitinera, a veces menos inteligente de lo que sería posible, pero en todo caso mejor que la de los demás).
Las críticas que a mí se me ocurren, y que ya he expresado en otro momento, son dos. Una, que sus estatutos no dejan solventado el tema de la permanencia en cargos. Que me corrijan si me equivoco, pero no he visto que esos estatutos impidan la posibilidad de que los dirigentes vayan pasando de cargo en cargo una vez agotado el tiempo máximo en cada uno. Claro que en este punto ningún partido está mejor que ellos. Otra crítica es que, aun dando por bueno que su programa sea socialdemócrata (no está la mayoría de la población para apoyar un programa que vaya más lejos, ni por ahora sería posible vencer la resistencia esperable), sí podrían ser más explícitos y claros en la crítica al capitalismo. Cierto que ningún partido propone la sustitución del capitalismo: a lo más se limitan a criticar algunos de sus excesos, y eso también lo hace Podemos. Cierto también que una crítica frontal acarrearía un aluvión de descalificaciones sin posibilidad de réplica. En fin, que esto se puede tomar como cuestión de estrategia inicial, y por tanto discutible. Lo que de verdad importará es lo que este partido haga si consigue algún poder. Lo que haga sobre todo en tres espacios, el fiscal, el ideológico (que comprende la forma de hacer frente al monopolio de masiva propaganda conservadora) y el educativo.

YA QUE POBRES, AL MENOS UNIDOS
Entretanto Podemos va por delante de los demás en dos puntos decisivos: la dependencia de sus líderes respecto de la gente integrada en los Círculos y su independencia del poder económico.
Esto último lo sitúa muy por debajo de los grandes partidos en gasto electoral. Para las elecciones convocadas está a la cabeza el PP con 20,5 millones de gasto y muy por debajo el PSOE con 7,8 millones. Mucho más abajo IU con 2,2 millones, Podemos con 1,2 millones y UPyD con 185.000 euros. Pongo en cuestión la cifra declarada por el PP (que significativamente coincide con el máximo gasto permitido), porque es un partido caracterizado por su falta de transparencia, cuentas B, etc. Y dejo fuera a Ciudadanos porque su falta de transparencia es mayor aún que la del PP y ha sido reiteradamente denunciada por los Tribunales de Cuentas.
Ni que decir tiene que estas diferencias de financiación determinan una concurrencia no igualitaria a las elecciones, dando gran ventaja publicitaria al PP y en segundo lugar al PSOE, los dos partidos que hasta ahora han acumulado mayor poder. Ventaja poco democrática.
Pero vuelvo al comienzo: la oposición generalizada a Podemos es señal clara de que vale la pena darles una oportunidad. Y es de lamentar que los partidos que se encuentran a la izquierda del PSOE no concurran unidos a las elecciones. Esta es otra crítica que ya puede hacerse (a los que sean culpables de que esa unidad no se consiga).

RAZONES PARA VOTAR A PODEMOS DESDE LA IZQUIERDA

Se vienen haciendo críticas a los líderes de Podemos en un intento de disuadir a quienes esperan de ese partido algo diferente y menos cutre. Suelen ser críticas malintencionadas. Otras, que menciono a continuación, pueden estar más fundadas. Si se es de una izquierda anticapitalista ¿vale la pena votar a Podemos, a pesar de estas últimas?

Críticas infundadas

No hace mucho los actuales líderes de Podemos, antes de la formación de este partido, hacían propuestas radicales, de esas que se dice que son condenables por populistas, demagógicas, antisistema e irrealizables. Ahora mitigan el radicalismo teniendo en cuenta que tal vez consigan el poder, y entonces se les acusa de ambigüedad y de disimulo. Los críticos concluyen que mientras sus antiguas proclamas prueban que son en el fondo radicales peligrosos, su actual disimulo prueba que no son de fiar.

Hay que reconocer que a veces ellos no se defienden bien. Les bastaría decir que una cosa es lo que piensan personalmente y otra lo que tienen que defender y proponer como dirigentes de Podemos. Las gentes que están detrás de Podemos no son todas anticapitalistas, aunque todas parecen descontentas de lo que hay. No es condenable la estrategia que consiste en partir del rechazo a lo que hay para sumar suficientes voluntades, a la espera de que el transcurso de los acontecimientos políticos vaya aclarando las cosas a cuantos aún creen que el capitalismo es compatible con la democracia y con el bienestar social.

Se acusa también a Podemos de haberse desideologizado (¡vaya palabra!) al no querer situarse en la izquierda, sino con los de abajo. Pero tan ideológico es arriba-abajo como derecha-izquierda. Y el cambio tiene justificación en la medida en que el término “izquierda” se ha prostituido. Por eso ya no aclara nada decir que uno es de izquierdas. ¿De qué izquierda? ¿De la socialdemocracia procapitalista del PSOE que se ha ido corriendo al neoliberalismo? ¿De la antigua izquierda comunista que se ha ido corriendo a la socialdemocracia? Se puede optar por añadir a “izquierda” algún adjetivo que aclare las cosas (por ejemplo, izquierda “anticapitalista”) o por cambiar estos rótulos por otros. La mayoría de abajo contra la minoría de arriba es una manera de expresar el pensamiento marxista que hablaba de proletariado y burguesía. No veo que sea para rasgarse las vestiduras.

Lo que sí es cierto es que las propuestas de Podemos se sitúan en el espacio de la socialdemocracia clásica, pero tampoco esto parece criticable. Cuando un partido se presenta a unas elecciones con posibilidad de conseguir algún poder político debe hacer propuestas que sean realizables, tomando en cuenta las resistencias previsibles y su fuerza.

Otras críticas son en apariencia más serias, como las hechas a Íñigo Errejón y a Juan Carlos Monedero.

A Íñigo Errejón se le ha acusado de realizar en Madrid, y no en la Universidad de Málaga, un trabajo sobre política de viviendas en Andalucía para el que fue contratado como investigador por 1825 euros brutos mensuales, que ha cobrado durante nueve meses (se desvinculó de la Universidad de Málaga el 16 de diciembre) y por haber incurrido en incompatibilidad al simultanear su trabajo con otra actividad (hizo informes para su partido relacionados con las elecciones europeas por los que cobró 6.000 euros). Por ello la Universidad de Málaga le ha abierto un expediente y propuesto la máxima sanción prevista en su régimen disciplinario: su inhabilitación para trabajar en esa universidad.

¿Es la cosa tan grave? Quien ha pertenecido a la Universidad como profesor, es mi caso, no puede por menos de sorprenderse del celo con que la Universidad de Málaga ha actuado, supongo que cediendo a la presión de los medios. Si se examinara con la misma lupa lo que hacen los restantes profesores muy pocos saldrían indemnes. Porque veamos: si Errejón tenía que hacer un trabajo sobre política de vivienda en Andalucía una de dos, o era un trabajo teórico o era un trabajo de campo. Si se trata de un trabajo de campo no se puede hacer permaneciendo en Málaga. Si es un trabajo teórico da igual hacerlo en Madrid: lo que importa es su calidad. A Errejón no se le acusa de no haber hecho el trabajo o de que sea malo. Se le acusa de no haber pedido un permiso de trámite por escrito, sino sólo de palabra. Repasen las cantidades en juego: el señor Errejón está no muy por encima del mileurista. Y la prensa no se priva de repetir en titulares que la Universidad de Málaga ha propuesto su inhabilitación, con lo que se pretende transmitir la idea de que ha cometido alguna acción muy grave.

A Juan Carlos Monedero se le acusa de haber trabajado para Venezuela, cobrar por un informe una cantidad exagerada, algo más de 400.000 euros (insinuando que esa cantidad encubre en realidad una financiación de Venezuela a Podemos) y evadir impuestos.

Con lo de Venezuela se da una lata insoportable. Pues veamos, hacer un trabajo contratado por el gobierno de Venezuela es preferible, visto desde la izquierda, a trabajar, por ejemplo, para el gobierno de Estados Unidos, máximo transgresor mundial de los derechos humanos desde la segunda guerra mundial. El problema es que esto lo podemos decir quienes no aspiramos al poder ni a ser bien tratados por los medios y las instituciones, pero no lo pueden decir los dirigentes de Podemos, que quieren evitar las represalias y su influjo en aquella parte de la población que se deja embaucar. En Venezuela hay cosas que van mal, pero no toda la culpa fue de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro. Se nos abruma con informaciones que insisten en que Venezuela es, desde que llegó Chávez, un país sin democracia ni respeto a los derechos humanos (¡ay Guantánamo!), y en cambio se da por supuesto que la derecha venezolana no actúa con tendencia al boicot económico y al golpismo, y que Estados Unidos es una democracia ejemplar que no se mete donde no le llaman. Que alguien haya mirado con simpatía el proceso iniciado por Chávez sólo revela que no pertenece al coro pagado y que tiene buen juicio.

Al crear una sociedad para reducir impuestos, Monedero ha hecho lo que tantos otros, utilizar las leyes vigentes en su beneficio. En todo caso la crítica se debería hacer a los que han promulgado esas leyes. Pero es que además, cuando el ministro Montoro siguió su costumbre de utilizar datos secretos contra sus enemigos políticos, Monedero optó por hacer una declaración complementaria y pagar según el criterio más lesivo para él, a fin de aminorar la campaña mediática que se le había echado encima. Hay que añadir que si fuera cierto lo que afirma el propio Monedero, que gasta ese dinero en financiar La Tuerka, y no en lujos personales, entonces habría que levantarle un monumento.

¿Qué entender por casta?

La conclusión que sacan los críticos es que estos dirigentes son corruptos, y que por tanto pertenecen también ellos a la casta contra la que arremeten. Pero en esta conclusión hay dos errores, porque ni estamos ante casos de corrupción, ni son los casos de corrupción los que convierten a un partido en casta.

Creo que el término “casta”, discutible como otros, puede valer en la medida en que se refiera a aquellas élites (política, mediática, intelectual, funcionarial) que medran al servicio de la élite económica, que las utiliza y las premia a cambio de ese servicio. La forma en que la élite política sirve a la económica consiste sobre todo en la elaboración de leyes y en la toma de decisiones ejecutivas.

Quiere esto decir que, aunque los actuales partidos con representación parlamentaria no tuvieran un solo caso de corrupción, seguirían siendo casta en virtud de la legislación que han ido promulgando y de la forma en que la ejecutan, siempre al servicio de los dueños y controladores del capital. Me refiero sobre todo a las leyes fiscales, a las penales, a las que regulan la propiedad, a las leyes hipotecarias y de desahucio, a las leyes laborales, etc. No legisla el parlamento. La sustancia de las leyes ha sido decidida por los servicios de estudios de la banca y las grandes multinacionales, por la patronal, las empresas de energía, los fondos de inversión especulativos y sus lobbies. Y la casta se limita a dar forma a esa sustancia en un simulacro parlamentario. Recordemos dos “detalles” entre mil: la impresionante pasividad de nuestros gobernantes a la hora de atajar la evasión fiscal, pese a que saben qué medidas, que se han negado a tomar, la dificultarían. Y la legislación que permite a los bancos quedarse con la casa hipotecada en caso de impago, poner en la calle al deudor y además mantenerlo como deudor.

Que el PP pertenezca a la casta no requiere explicación, pues no en vano representa los intereses de la élite económica. Los partidos de derecha-derecha (esos que prefieren llamarse de centro) son casta por naturaleza y, por decirlo de alguna forma, les va la marcha. En cambio requiere explicación la pertenencia a la casta, en distintos grados, del PSOE e IU.

El PSOE dio el primer paso ya antes de llegar al poder, cuando, para conseguir el imprescindible apoyo de Alemania y Estados Unidos, Felipe González hizo que su partido abandonara el marxismo y se hiciera explícitamente procapitalista. Dio los pasos siguientes por su dependencia de la Banca que le ha financiado sus campañas electorales y que no le exige la devolución de los créditos, y por el uso que han hecho sus dirigentes de las puertas giratorias. Que el PSOE es casta se muestra en la legislación que ha promulgado (y en la que no ha derogado pudiendo hacerlo) desde la Transición, en su benevolencia con la evasión fiscal y con los tejemanejes de la banca, las eléctricas y los grandes oligopolios, en la tendencia privatizadora, en la actuación al son que tocan los medios privados, en la dócil aceptación de las imposiciones de la troika, etc. A IU le ha perdido la herencia del eurocomunismo (defensor, con celo de converso, de las democracias existentes) y también la petición de créditos con los que se ha dejado atrapar por la banca, y por tanto amordazar y atar de pies y manos. Su pertenencia a la casta se muestra en su aceptación (o en su escasa resistencia y falta de denuncia) de la legislación y la política que realizaban los otros dos y que constituye el entramado legal que apresa a la población. Claro que el PSOE e IU no pertenecen a la casta en igual grado: por ejemplo, el PSOE andaluz se ha negado a secundar la propuesta de IU de crear un banco público que pueda entrar en competencia con la banca privada.

Desde este punto de vista, decir que Podemos pertenece a la casta es una sandez, primero porque se aduce una falsa razón, la corrupción de sus líderes (que encima es por ahora inexistente), y sobre todo porque ellos no han tenido todavía oportunidad de mostrar por dónde van sus actos legislativos y ejecutivos.

Críticas razonables

Dejando atrás estas críticas injustas, hay otras que Podemos debería considerar.

Una es que no hay en los Estatutos de Podemos algo seguramente necesario para prevenir que sus dirigentes acaben convertidos en casta. Me refiero a un límite de tiempo a los cargos públicos o de partido que cualquier miembro de Podemos pueda ocupar, de forma que, ejercido un cargo, se sea ya inelegible para cualquiera otro. A falta de esta medida precautoria, es probable que acabe ocurriendo lo de siempre: que aunque en Podemos los cargos sean elegidos democráticamente por las bases, estas tiendan a reelegir a los que parezcan más aptos para el éxito electoral, esto es, a los mejores comunicadores, que se consolidarán como una clase política cuya valía se medirá por su capacidad para conservar el poder, no importan las concesiones que haya que hacer a los de siempre. Para no ser casta hay que estar dispuestos a actuar con justicia aun a costa de perder el poder (y dispuestos a contar a todo el mundo por qué se perdió). Nada mejor para ello que no tener dirigentes que hagan de la actividad política una forma profesional de vida, saltando de cargo en cargo.

Se les puede también criticar que en algunos momentos son excesivamente ambiguos para no asustar a la opinión mayoritaria promovida por los medios, como si eso fuera a servirles de algo.

Por poner un ejemplo: en su réplica al debate sobre el estado de la nación del pasado febrero, Pablo Iglesias afirmó: “Sabemos que necesitamos a los ricos, pero les vamos a pedir responsabilidad”. Creo que podría muy bien haber dicho: “Sabemos que, por más que la extrema desigualdad que el capitalismo provoca nos repugne moralmente, dentro del sistema capitalista, del que por ahora no podemos salir, el papel de los ricos es necesario en el capítulo de inversiones, pero les vamos a pedir responsabilidad”. Lo que él dijo implica que toda sociedad necesita que haya ricos, y esto no es cierto y contradice la oposición de los de arriba y los de abajo que Podemos usa como eslogan.

Un segundo ejemplo: en una muy citada entrevista Pablo Iglesias aceptó el papel de alumno que intenta ganarse la benevolencia de la profesora severa (Ana Pastor), para sacar el aprobado. Pastor echó mano de un antiguo vídeo en el que Iglesias afirmaba que la existencia de medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Segura de haberlo pillado en delito de antidemocracia, la periodista comentó, melodramática, que esa es una afirmación tremenda, y preguntó al entrevistado si Podemos pretende imitar las “leyes mordaza” de Venezuela. ¿Por qué perdió Iglesias la ocasión de dar una lección a la profesora impertinente insistiendo en algo obvio que ella debería saber? Pudo muy bien decirle que la libertad de expresión exige que los medios sean públicos y estén bajo control social, lo cual no es mordaza alguna. Ponen mordazas tanto los medios públicos controlados por los gobiernos como los medios privados, estos sin responder ante nadie. Por ello tanto unos como otros atacan la libertad de expresión. Iglesias no se atrevió y fue tanto peor para él, porque quedó como un alumno que duda al recitar la lección.

Ya he dicho en otro momento que es posible complementar las propuestas realistas (de corte socialdemócrata) con un discurso anticapitalista de índole pedagógica. Que las propuestas se queden en el nivel de la socialdemocracia no quiere decir que el discurso haya de ser socialdemócrata.

¿Vale más la socialdemocracia de Podemos que la de IU?

Hechas estas críticas vayamos al fondo del asunto. Si las propuestas de Podemos están en el rango de la socialdemocracia ¿por qué votar precisamente a ese partido desde una ideología anticapitalista?

Hasta ahora, en los últimos años, mucha gente de izquierdas ha tenido que votar no por razones políticas, sino estéticas. No esperaban nada de la llamada izquierda, pero votaban a IU o al PSOE sólo con la esperanza de no tener que soportar la “fealdad” extrema de los gobernantes del PP.

Ahora la socialdemocracia de Podemos tiene, a mi juicio, dos ventajas respecto a otras, dos ventajas que permiten votar por razones políticas:

a) La conexión directa con la gente y el uso de la democracia interna, con la posibilidad de que los cargos elegidos puedan ser revocados.

b) El compromiso expreso de no pedir dinero prestado a la banca, financiarse con pequeñas aportaciones de los simpatizantes y total transparencia respecto a la financiación del partido y a los ingresos de sus dirigentes.

No es poca cosa que, por primera vez desde la Transición, tenga en España posibilidades de gobernar un partido que no está previamente controlado por el poder económico. Lo que Podemos pueda hacer con esa libertad está por ver, pero para comprobar si valió la pena hay que darles antes una oportunidad.

Concurren a las elecciones andaluzas otros grupos de izquierda anticapitalista (por ejemplo la agrupación electoral Recortes Cero) que disponen de la misma libertad, pero que no parecen tener fuerza suficiente para convertir los votos en diputados. Es una pena que no concurran juntos todos los grupos que se colocan a la izquierda del PSOE.

NO CABE DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO

Llevamos tiempo en que las apelaciones a la democracia son continuas. Se dice que el derecho a decidir es un derecho democrático, se propone democratizar la vida interna de los partidos, se habla de que la democracia se está devaluando, o de revitalizar la democracia. Pero en todo caso se da por supuesto que, por diferencia con países como Venezuela o Cuba, nosotros sí, nosotros vivimos en una sociedad democrática. Y no es cierto, nunca hemos conocido la democracia, de la misma manera que nunca la han conocido en Estados Unidos, Reino Unido o Francia.

Esto es algo que los marxistas sabían muy bien, y que proclamaban hasta que llegó el eurocomunismo. Asustados por la amenaza mediática, pobres de teoría, deseosos de ser aceptados, los eurocomunistas prefirieron pensar que la democracia burguesa es una democracia sustantiva y no sólo formal.

Hoy está quedando muy claro que los poderes que controlan las decisiones básicas no surgen del voto ciudadano. Cada día se hacen más evidentes dos cosas: que el sistema político al que llamamos democracia es una plutocracia dulcificada por el compromiso de respetar ciertos derechos humanos. Y que esta situación no puede cambiar mientras sigamos en el sistema capitalista.

Para fundamentar esta afirmación empecemos por una breve historia.

Rasgos formales de la democracia

El antecedente próximo de las actuales democracias es la que surge con la independencia de EEUU en 1776 con estos rasgos básicos:

-División de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) como garantía de que cada poder está sometido a un sistema de fiscalizaciones y contrapesos.

-Constitución que limita los diversos poderes y establece el Estado de Derecho.

-Derecho a votar y ser votado, bajo el supuesto de que los distintos poderes del Estado no tienen otra legitimación que la que descansa, directa o indirectamente, en la voluntad de los electores libres.

-Libertad de asociación en partidos políticos (no partido único).

-Libertad de expresión.

-Libertad de prensa, así como acceso a fuentes de información alternativas a las del Gobierno.

-Ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes.

Recordemos que esta democracia no fue pensada en atención a los intereses del pueblo, sino de la burguesía ascendente. Para el desarrollo del capitalismo eran necesarias ciertas libertades, freno al absolutismo y protección de los propietarios frente a las exacciones del Estado. Conseguido esto por la burguesía, la mayoría de la población (mujeres y negros, pero también no propietarios) quedó en condiciones de sumisión económica, social y política.

Y es que los diseñadores del nuevo orden tenían una idea optimista de la racionalidad del pueblo y, en consecuencia, pensaban que quienes carecían de propiedades aprovecharían su mayoría para legislar contra la propiedad de la minoría. Por ello, para asegurar la inviolabilidad de un derecho de propiedad sin límites, se dejó excluidos del derecho de voto a quienes no tenían “apuestas en el país” (esto es, propiedades).

A partir de ahí, la extensión de los derechos políticos fue en gran medida, tanto en Estados Unidos como en Europa, el resultado de las presiones de los movimientos obreros, de las sufragistas y de los partidos de izquierda. El movimiento cartista de la clase trabajadora del Reino Unido entre 1830 y 1840, que pretendía la ampliación de voto, fue reprimido, y lo mismo otros intentos de revolución democrática en Europa entre 1848 y 1852.

El crecimiento de la resistencia en las últimas décadas del siglo XIX hizo más difícil mantener excluida de los derechos políticos a la mayoría de la población. Así que las élites se fueron aviniendo a conceder el derecho de voto primero a más votantes varones, y por último, bien entrado el siglo XX, a votantes mujeres y a votantes negros.

Otros requisitos

El caso es que el derecho de voto ha terminado siendo universal. ¿Se puede decir por ello que ya tenemos democracia?

Digamos, para empezar que, según vemos la cosa hoy, a los requisitos antes señalados tendríamos que añadir los siguientes:

Que los representantes tengan limitada su libertad de acción por el programa para el que pidieron el voto; que cualquier decisión importante no contemplada en el programa electoral sea consultada a la población o refrendada una vez tomada por los representantes; que el pueblo conserve la capacidad para promover en cualquier momento un referéndum sobre un asunto específico; que conserve la capacidad para promover leyes (iniciativa popular); y que pueda revocar el mandato o destituir a los representantes (el llamado por los anglosajones recall).

Evidentemente si la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo, en la democracia representativa estas condiciones son imprescindibles. De todas ellas en España sólo se cumple una, la de iniciativa legislativa popular, y sin incidencia en la vida política (de 66 iniciativas sólo ha tenido éxito una que modifica un artículo de la Ley de Propiedad Horizontal). Las demás condiciones se incumplen, como bien sabemos.

Entrando en el fondo del asunto

Pero, suponiendo que se cumplieran todas ellas, tampoco podríamos hablar de democracia, porque hay una condición básica ausente: la educación e información de los ciudadanos acerca de sus derechos y deberes. Y hay dos características que se toman como dogmas en toda sociedad capitalista, y que son incompatibles con una democracia sustantiva: la libertad de prensa (léase propiedad privada de los medios de comunicación) y la inexistencia de límites legales a la riqueza privada.

Comencemos por la educación e información de los ciudadanos, asunto sobre el que los padres de la Constitución americana hicieron un ejercicio de cinismo notable. Es de sentido común que la libertad para votar ha de ir acompañada en cada votante de conocimiento suficiente de las implicaciones del voto que emite. ¿Qué vale en otro caso su voto? Es también previsible que la clase política se dedique a promover la ignorancia de la ciudadanía en su propio beneficio. Todo esto lo tenían presente los creadores de la democracia americana. ¿Y cómo solucionaron el problema? Estableciendo que la clase política está obligada a dedicar parte del patrimonio gubernamental a publicar en boletines oficiales las nuevas leyes y las sentencias judiciales, así como a hacer campañas informativas antes de celebrar un referendum. Hecho esto, se dio por cumplida la condición de que los ciudadanos estén educados e informados acerca de sus derechos y deberes, y libres de las asechanzas de la clase política.

Claro está, no podemos pensar que aquellos padres de la patria fueran tan ignorantes como para creer que la educación y el conocimiento del votante se consigue por el mero expediente de publicar disposiciones legales y sentencias en un Boletín Oficial. ¿Qué ocurre si una gran parte de la población no está capacitada para entender el significado de esas disposiciones legales y sentencias?

¡Ah, pues mire usted! Eso era justamente lo necesario para que la democracia resultara inofensiva a los intereses de la burguesía. En realidad se concedió el derecho de sufragio universal en parte por la presión de la gente, pero sobre todo porque la élite fue comprobando que sus temores eran infundados, que la mayoría es manipulable y resulta fácil hacerla votar a favor de los intereses de la minoría si se sabe jugar con los tres ingredientes con que ha venido siendo fabricada tradicionalmente: ignorancia, egoísmo y miedo. Basta para ello disponer de los servicios de políticos y medios de comunicación influyentes. Y estas dos cosas se consiguen con dinero, dinero para financiar partidos y para poner en marcha medios de comunicación, dinero para hundir a todo partido o medio que resulte peligroso.

De manera que la posesión del dinero por la minoría y el estado intelectual de la mayoría es lo que convierte a la democracia representativa en una forma política inofensiva para los intereses dominantes.

Mirando alrededor

En las sociedades actuales, para entender lo que ocurre en el espacio político es necesario un conocimiento de economía, historia y ciencia social que no se dispensa en el periodo de educación obligatoria. En consecuencia, muchos de los que van a votar libremente no tienen capacidad para relacionar sus intereses cotidianos con medidas legislativas y económicas complejas, ni para discernir la verdad de la falsedad en el ámbito de las estrategias informativas. Son incapaces de distinguir entre lo que es aparentemente favorable pero desfavorable en el fondo, y lo que es favorable en el fondo pero aparentemente desfavorable (por ejemplo, significativamente, en la complejísima legislación sobre la propiedad y la política fiscal).

Un pueblo intelectualmente inerme queda sometido a la permanente campaña de propaganda de los medios privados de comunicación influyentes, todos ellos procapitalistas, qué casualidad. Estos medios, que conforman una opinión pública dependiente, no cesan de promover el miedo a todo lo que amenace al sistema, haciendo creer que cualquier medida razonable es utópica y peligrosa, y no cesan de promover el egoísmo codicioso haciendo creer a todos que lo más desable es la riqueza y que cualquiera puede llegar a ella (en último caso con un golpe de suerte en la lotería). Una vez aleccionados adecuadamente, se puede dejar que los ciudadanos acudan a votar “libremente”. Votarán contra sí mismos con todo celo.

Lo que es funcional persiste

Esto es así, pero además ha de ser así y no puede ser de otra forma en este tipo de sociedad. El sistema capitalista nunca nos sacará de esta situación, nunca proporcionará a la población una educación adecuada. Y es que para cualquier sistema elitista, en el que una minoría necesita dominar a una mayoría, es funcional que esta mayoría permanezca en un estado de postración intelectual desde el que es imposible discernir aquello que se ventila en el espacio político.

Los políti­cos son los primeros convencidos del estado infantil de las masas, y por ello se comportan como vendedores de una mercancía que no se defiende con argumentos racionales, sino apelando a resortes emotivos. De ahí que el dinero con que cada partido cuenta para hacer su campaña publicitaria es más importante que la oferta de medidas políticas.

Esto sería suficiente para concluir que no vivimos una democracia, pero es sólo una pequeña parte del argumento.

Volvamos al punto básico: propiedad privada sin límites

Que todos puedan concurrir a la actividad política en igualdad de condiciones y que todos sean iguales ante la ley es un requisito esencial de la democracia, pero no basta que la ley afirme esa igualdad, sino que ha de existir de hecho, algo imposible si la distribución de la riqueza social no guarda suficientes dosis de equidad. Y ocurre que las distintas Constituciones democráticas hechas en países capitalistas, lo mismo que la Declaración Universal de Derechos Humanos, aceptan implícitamente el derecho a una propiedad privada a la que no se pone límites.

Este derecho injusto, que unido a la economía de mercado hace que los ricos sean cada vez más ricos (y, en consecuencia, los pobres cada vez más pobres), es causa de casi todos los males sociales. El dinero proporciona a hijos y herederos oportunidades educativas y de formas de vida que no están al alcance de los demás. En Estados Unidos los blancos tienen seis veces más riqueza que los negros y, qué casualidad, los negros tienen seis veces más probabilidades de ir a la cárcel, siendo las sentencias 19,5 veces más severas para ellos que para los blancos en situaciones similares. En todos los países “democráticos” ocurre algo semejante por relación con la desigualdad económica.

Pero, por lo que afecta a la imposibilidad de democracia, es aún más decisivo el hecho de que quienes tienen poder económico suficiente ejercen un control no público sobre la legislación y la política.

El control capitalista del ámbito estatal

Siempre ha existido control del capital sobre los Estados, pero ha aumentado de manera escandalosa desde que predomina la ideología neoliberal, y se ha hecho tan visible que resulta muy incómodo para los defensores del capitalismo.

Entre las principales palancas actuales de ese control están la privatización de empresas públicas que ocupan los principales espacios económicos (comunicaciones, energía, crédito, finanzas, etc.); la independencia de los Bancos Centrales (que equivale de hecho a su privatización, pues los saca del control democrático y los pone bajo control de los llamados mercados); y el funcionamiento de empresas multinacionales y de fondos de inversión en un ámbito mundial desregulado.

Si las grandes empresas (esas a las que se llama sistémicas) son de propiedad privada, ello otorga a sus propietarios control sobre la naturaleza de las inversiones económicas básicas y, consecuentemente, sobre la forma y el carácter del desarrollo económico. La democracia no tiene acceso a las salas de junta empresariales en las que se toman decisiones que afectan al proceso productivo en general.

De cómo la independencia de los Bancos Centrales es incompatible con la democracia ya he hablado en otra entrada de este blog del pasado junio.

Por su parte las multinacionales van colocando parcelas de la econo­mía nacional bajo control privado extranjero. El inversor exige previamente una cantidad abusiva de beneficios, ayudas e infraestructura que han de ser financiados por el país receptor y se reserva una capacidad de chantaje contra cualquier medida que resulte perjudicial a sus intereses, por racional y justa que sea desde el punto de vista general.

A esa capacidad de chantaje ayuda el actual modelo de mundialización, que consiste en confiar a los Estados nacionales la defensa a ultranza del derecho de propiedad, mientras se deja desregulado el espacio mundial en que se mueven libremente las grandes multinacionales, los grandes capitales y los grandes especuladores.

La actividad del capital financiero proporciona a sus gerentes unos medios de extorsión, control y decisión que supera el poder de los Estados. Expertos en política internacional aceptan que los movimientos de capital especulativos han arruinado divisas, han puesto de rodillas a las economías asiáticas, atacado a la agricultura tradicional y las industrias artesanales, desestabilizado gobiernos y provocado violencia y convulsiones sociales, siempre en beneficio de unos pocos.

Los conservadores hablan de “los mercados” como si fueran un sujeto que reacciona, castiga o premia, pero los mercados no son más que un espacio en el que actúan personas, que son las que toman decisiones influyentes. Recordemos que en septiembre de 1992 George Soros, apostando a la depreciación de la libra con dinero prestado, puso contra las cuerdas al Banco Central inglés, hizo temblar al sistema monetario internacional y ganó en pocas horas 1.100 millones de dólares. Ahora dirige el Soros Fund Management, que administra más de 70.000 millones de dólares de seis Hedge Funds. Él mismo se dice convencido de que sus especulaciones pueden desatar una reacción en cadena en los mercados de todo el mundo. Añadan a Soros el pequeño grupo de propietarios y controladores del capital financiero mundial. Actúan a su antojo, sin control democrático alguno, y tienen poder para premiar unas políticas y castigar otras.

En conjunto las decisiones concertadas de los dueños y controladores del gran capital forman una maraña de poder fáctico que marca el espacio de juego progresivamente reducido de los Estados, obligados como están a acudir a los mercados en busca de créditos.

Hay otras formas de chantaje de los dueños del capital, ejemplificables en la amenaza de abandonar el país si no se satisfacen sus demandas. Eso hizo la patronal francesa cuando Jospin anunció la reducción por ley de la jornada laboral a 35 horas y eso hizo la patronal alemana como medida de presión contra la política socialdemócrata que se proponía Lafontaine.

Pregúntense por qué los políticos no reaccionan

Si esto es así, ¿por qué la nula diligencia y voluntad de los políticos a la hora de acabar, por ejemplo, con los paraísos fiscales, y a la hora de legislar en el ámbito mundial sobre el libre movimiento de capitales, la deslocalización de empresas o las actividades financieras puramente especulativas? ¿Qué fundamento tiene el incansable afán de privatizar que ha distinguido a los gobernantes? ¿Acaso es cierto que funcionan mejor y redundan en mayor beneficio público las empresas privatizadas que las públicas? ¿No es más bien cierto que funcionan mejor las públicas bien administradas? ¿Por qué los políticos han decidido renunciar a su control de los Bancos Centrales? ¿Por qué una medida tan leve como la tasa Tobin parece irrealizable? ¿Por qué los gobiernos del mundo no están interesados en dotarse de mayor poder frente a la extorsión del capital? ¿Tiene todo ello alguna explicación?

Dos ejemplos próximos. En el informe aprobado por unanimidad en 2003 durante el decimotercer congreso de la asociación que agrupa a 1200 de los 1400 Inspectores de Hacienda de España (Apife) se denunciaron 14 coladeros para, al amparo de la normativa vigente, defraudar a Hacienda, coladeros destinados al beneficio exclusivo de contribuyentes con gran poder económico. El fraude más sofisticado y complejo está organizado en tramas, alrededor de movimientos financieros trasfronterizos o ligados a paraísos fiscales. Los inspectores denunciaron que el gobierno promueve normas que dificultan la persecución de estos delitos, o aparentemente destinadas al beneficio de esos mismos contribuyentes.

Pues bien: ni siquiera tras esa denuncia pública han hecho algo los gobernantes para remediar situación tan escandalosa.

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial ha reconocido que “tenemos una Ley de Enjuiciamiento Criminal pensada para robagallinas” e inútil para perseguir con la eficacia debida a la gran delincuencia y a la delincuencia compleja de guante blanco.

¿Es que nuestros gobernantes desconocen todo esto y por ello no lo remedian? ¿Cómo es posible su connivencia durante más de cuatro décadas con los poderosos económicos que delinquen por sistema?

Estas preguntas tienen una respuesta simple: los dirigentes políticos no tienen autonomía, son meros testaferros del capital.

La élite en el poder

Por fin está quedando claro para muchos algo que se sabe desde Marx, que en nuestras “democracias” el verdadero poder no está en el pueblo y en sus representantes, sino en quienes controlan el capital. La élite en el poder está formada por poderosos económicos, y éstos se auxilian de poderosos políticos, poderosos mediáticos y poderosos funcionariales, entre ellos los controladores del conocimiento conservador, bien instalados en las correspondientes cátedras, medios de comunicación e instituciones (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.). Los poderosos económicos usan como testaferros a los poderosos políticos y controlan, desde la propiedad de los medios, a los profesionales de la comunicación.

Cada una de las élites tiene sus propios criterios para ganar o perder parcelas de poder. Los partidos políticos cumplen la función de facilitar que emerjan las élites políticas y que se alternen en la ocupación del Gobierno y el Parlamento. El criterio es el éxito en las urnas, cuya funcionalidad consiste en que premia la capacidad para ganarse la confianza y la voluntad de los votantes. Y ¿para qué han de ganársela? Para presentar como razonable la política que están de antemano obligados a hacer. Como testaferros del poder económico, los políticos actúan para, teniendo en cuenta las mil situaciones y circunstancias que componen la vida de una nación, ir llevando la nave de forma que no encalle… desde el punto de vista de quienes tienen poder suficiente para hacer valer sus intereses.

Les queda luego un pequeño margen para ir en una u otra dirección respecto a cuestiones que a los poderes económicos les son secundarias o indiferentes, como la situación de los inmigrantes, la violencia machista, la homosexualidad o el aborto (y sólo en eso y en el estilo acaban diferenciándose derecha e izquierda en el poder).

Los servidores políticos, intelectuales y mediáticos son remunerados en proporción a sus servicios, y los más destacados pueden terminar formando parte de la élite económica (aunque la mayor parte de esa élite lo es por herencia o por “éxito” en los negocios).

Control inevitable

He aquí los rasgos del capitalismo que lo hacen por completo incompatible con la democracia. Esos rasgos se han agudizado, pero antes, cuando el capitalismo se disfrazaba bajo la careta socialdemócrata, las cosas no eran muy diferentes. Siempre ha sido inevitable que la oligarquía que dispone de una proporción desmesurada de la riqueza social la defienda o amplíe comprando secretamente voluntades (de intelectuales, periodistas, legisladores, políticos, jueces y policías), financiando investigaciones sobre vidas privadas para incidir con amenazas o chantajes en la vida pública, o para destruir competidores, financiando partidos y aportando fondos a campañas electorales (a cambio siempre de una sumisión que implica un torcimiento de los supuestos democráticos), controlando instituciones y, en definitiva, contribuyendo a un entramado no público en el que se toman numerosas decisiones importantes que luego se visten de apariencia democrática.

La vida secreta del capital compone una realidad subterránea que determina la aparente. Emerge en escándalos reveladores, pero que no son precisamente todas las corrupciones existentes, sino sólo aquella pequeña parte con la que se producen ataques o venganzas controladas. Muchos watergates esperan en los cajones y son utilizados como elementos de disuasión, de presión, chantaje o negociación.

Plutocracias demagógicas

Lo que vengo exponiendo avala la afirmación inicial de que nuestras aparentes democracias son en realidad plutocracias demagógicas. Plutocracias porque gobierna la oligarquía del dinero, y demagógicas porque necesitan convencer al pueblo de que él es quien manda y de que le benefician las medidas procapitalistas que adoptan sus representantes. Los políticos en el poder actúan al servicio del capital, pero han de fingir que actúan en beneficio del pueblo. Son, por tanto, necesariamente demagogos.

Si miramos a lo que ha ocurrido en unos y otros lugares, puede entenderse nuestra democracia como un pacto social que ha sido arrancado a las élites y que éstas aceptan en la seguridad de que no pondrá en peligro sus privile­gios y sólo bajo condición de que no los ponga en peligro. La ventaja que saca el de abajo es una cierta salvaguarda frente a la arbitrariedad del poder. La ventaja que saca el de arriba es una aparente legitimación ética de su dominio. Dicho de otra forma, nuestras democracias son una concesión condicional que la oligarquía económica hace a las masas y que es revocada en el momento en que ese método de funcionamiento político pone en peligro los intereses a cuyo servicio opera subrepticiamente. Disponemos de muchos ejemplos de esta revocación.

Comparación con las dictaduras

En todo caso, de este tipo de régimen se dice que es la forma política ideal porque elude los vicios típicos de los regímenes totalitarios, caracterizados por el control gubernamental de los medios de comunicación, el partido único y el poder sin contrapesos ni réplica.

Cierto que esta “democracia” es preferible a las dictaduras, en dos sentidos: hay más libertad individual y menor nivel de violencia física interna. En los términos de la llamada Ley de Rummel, a menor nivel de democracia hay más probabilidades de que los gobernantes asesinen a sus propios ciudadanos. Estamos, pues, en un sistema político en el que corremos menos riesgos de ser asesinados por nuestros gobernantes, sobre todo si pertenecemos a las capas de población integradas (en Estados Unidos un negro tiene 21 veces más probabilidades que un blanco de morir tiroteado por la policía).

Sin embargo el compromiso de respeto a los derechos fundamentales del ciudadano no resuelve los problemas expuestos: aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos es un progreso respecto a barbaries previas, no es la declaración de un ideal político, como prueba la mera lista de los derechos humanos incluidos y los que en ella faltan, así como las consecuencias que se siguen de algunos de los derechos proclamados y de la ausencia de otros que deberían ser básicos. Me remito a la entrada de este blog del pasado abril dedicada a la crítica de la citada Declaración.

Baste decir aquí que, cumpliendo formalmente con lo dispuesto en ella, se pueden desconocer derechos fundamentales y se pueden violar los reconocidos. En España el derecho a una vivienda o al trabajo se están negando a las personas desahuciadas y a los parados. Y no pasa nada. Y alguien puede ganar decenas de miles de millones de euros y estar legalmente eximido de pagar impuestos. Y no pasa nada. Millones de personas no se libran de violencias como la pobreza extrema, la malnutrición infantil, la falta de oportunidades educativas y el sometimiento a procesos de adoctrinamiento que los esclaviza. Hay muchas formas de violencia y no todas pueden identificarse con el daño físico o el asesinato.

Por lo demás, dentro de cada país los principios del Estado de Derecho se violan tan pronto la situación lo requiere. La prisión de Guantánamo es un ejemplo significativo y otro ejemplo es la limitación de las libertades de la ciudadanía estadounidense autorizada por la Ley Patriótica con que Bush ha respondido a atentado del 11S, siendo también buen ejemplo el intento de evitar informaciones y acallar críticas so pretexto de que ayudan al enemigo.

Dicho todo lo cual, podemos, sí, aceptar que nuestra “democracia” es preferible a una dictadura para la parte de población sensible al ejercicio de la libertad cívica.

¿Por qué no hay gobernantes independientes?

Parece muy duro afirmar, como antes hice, que todos los gobernantes en nuestras democracias son testaferros del poder económico. ¿No puede haber gobernantes honrados?

Se necesita mucho dinero para poner en marcha un partido que pueda ganar elecciones y ese dinero, sea de créditos bancarios que se prorrogan indefinidamente, sea de donaciones públicas y secretas, sólo va a partidos conformes con el sistema, o tan descuidados (caso de IU) que quedan amordazados por el crédito que adeudan.

Si las cosas no fueran así, ¿no sería inexplicable que en Estados Unidos no haya más que dos partidos capaces de disputar las elecciones, uno de derecha y otro de extrema derecha?

Recordemos que Felipe González llegó al poder tras pasar el examen de la CIA y del capital alemán, y que recibió ayuda económica y mediática porque se había comprometido a cambiar el No por el Sí en el referendum sobre la OTAN y a abandonar el marxismo. Consiguió el gobierno, pero sólo despúes de haber aprendido dónde estaban sus límites.

Nuestros gobernantes, sean del PSOE o del PP, saben quién manda y saben en qué dirección deben legislar. Precisamente han llegado al gobierno porque a su disposición a traicionar al pueblo unen su habilidad para que la gente no llegue a notarlo. Todo esto forma parte de la lógica del sistema.

¿Puede un gobernante independizarse del capital?

Si un político en el poder decide apartarse de su papel y actuar contra los intereses patrocinadores puede acabar como Kennedy o como Nixon. Si ha llegado al poder por su cuenta, caso de Allende o de Chávez, o mediante una lucha armada como Fidel, tendrá en frente todo el poderío capitalista, que hará lo posible por asfixiar al país y reconducirlo mediante una dictadura, o aislarlo al menos. Habrá campañas de descrédito muy efectivas, como la que sufrió Lafontaine por haberse atrevido a plantear algunas reformas modestas. Recordemos que Lafontaine se proponía regular los mercados internacionales, reducir el peso de Estados Unidos en el FMI, someter al Banco Central Europeo a algún control político, bajar los tipos de interés, reducir el impuesto de la renta para los ingresos bajos, aumentar el de los beneficios de las grandes empresas y los grandes capitales y patrimonios, y expandir la demanda mediante aumentos salariales. Naturalmente, las empresas alemanas más grandes amenazaron con marcharse de Alemania al extranjero. El capital alemán (con sus portavoces instalados en cátedras o en despachos de editorialistas, como en todas partes) decidió acabar con Lafontaine y éste tuvo que dimitir.

Su sucesor Schröder abandonó las propuestas de Lafontaine y se prestó a hacer la reforma que el capital exigía. ¿Qué reforma? Ya sabemos que cuando la derecha habla de reforma está en realidad hablando de puro darwinismo social sistemático: reducción de las ayudas sociales, jornadas y vidas laborales más largas, disminución de la inversión en infraestructuras públicas y menor protección laboral. Todo esto implicaba una destrucción del consenso social establecido cuando la URSS era un contrapoder, y respondía al designio del capital de recuperar sus antiguas ventajas. Schöder presentó en junio del 99 un plan de austeridad para ahorrar el equivalente de 30.000 millones de marcos en el 2.000 (“el más importante proyecto de reforma de la historia de Alemania” en palabras del canciller) que supuso una poda selectiva del Estado Social. La generalización de los “minijobs” como forma típica de inserción laboral es un símbolo de esa “reforma”.

Conclusión

Si lo que antecede tiene fundamento, si democracia y capitalismo son incompatibles, ello quiere decir que el camino que aproxima a la democracia es el mismo camino que aleja del capitalismo, un camino repleto de obstáculos.

Un primer paso es saber dónde se está. Saber que, contra lo que casi todos dicen o suponen (ellos sabrán por qué), no existe hoy democracia en el mundo, y que sólo podrá haberla cuando:

(a) la riqueza privada no pueda pasar de un límite razonable (¿cinco millones de euros para cada patrimonio personal?), a fin de evitar tramas ocultas de poder, control de los mercados y extrema desigualdad de oportunidades, y a fin de lograr que quede en manos públicas, y para fines sociales, la inmensa riqueza que ahora acumulan manos privadas. ¿Quién ha dicho que cada uno es dueño de lo que le da el mercado? ¿Quién ha dicho que es el mercado el que debe dar y quitar? El mercado es un mecanismo irracional que, dejado a su aire, va haciendo a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres, y que no recompensa en atención al mérito y valor de la actividad desarrollada. Da poco al investigador, al maestro, al médico, y mucho al especulador o al que tiene ya mucho, y sólo por el hecho de tenerlo.

(b) se prohiba la propiedad privada de los medios de comunicación masivos, que deberán ser sustituidos por medios de propiedad pública bajo control social. La llamada libertad de expresión no es otra cosa que un eufemisno con el que se alude al monopolio del capital para informar, aleccionar y fabricar la opinión pública.

(c) se generalice una educación que dé a todo ciudadano la competencia necesaria para entender las implicaciones de su voto y las repercusiones de cada medida política, lo que exige elevar el nivel cultural de la población muy por encima de lo que ahora se considera excelente en pruebas como los informes PISA. Hay que romper con la inercia milenaria del elitismo que fabrica a las poblaciones intelectualmente inermes, inercia que no ha sido alterada por el actual tipo de educación obligatoria.

La limitación de la riqueza privada es condición no sólo para evitar que el dinero sea el que gobierne y que los políticos no sean más que sus testaferros, sino tambien para que una distribución racional y justa cree el ambiente necesario para una buena educación pública. De otra forma ni hay base moral para ella, ni el Estado puede disponer de los enormes recursos necesarios. Pero recuperar el dinero de los que ahora lo poseen indebidamente es una tarea a la que ellos y sus ayudantes (una legión de comunicadores, economistas, politólogos y otros intelectuales) se opondrán con todas sus fuerzas.

¿Hay remedio? Una esperanza

Hundidos en la corrupción y la ineficacia, los principales partidos no saben cómo salir del atolladero en que ellos se han metido, al punto que empiezan a no servir para el cometido que tienen encomendado. El capital los mira con sorpresa y recelo, y se pregunta si no será posible domesticar deprisa al partido ascendente, inicialmente temible porque es el único incontrolado. De momento es un partido denigrado con razones que nunca se han empleado contra los demás y ello da idea de hasta qué punto asusta a los partidos restantes y a sus defensores.

Podemos tiene dos ventajas que hasta ahora ningún otro partido tuvo: un fuerte apoyo popular y ausencia de compromisos con el poder económico.

Se le critica que sus propuestas iniciales hayan sido rebajadas una vez que se ve con posibilidades de alcanzar el poder, pero esa medida es aceptable siempre que se sepa explicar a la gente el por qué de la rebaja. En dirección contraria siguen siendo muchos los que acusan a Podemos de propuestas populistas e irrealizables. Pero ¿hay alguna ley de la naturaleza que impida la realización de esas propuestas? No. ¿Acaso ha propuesto Podemos algo que sea inconveniente? No. Más bien se le puede criticar que, por pragmatismo, se queda corto. ¿Sería beneficioso para la población que las propuestas de Podemos se realizaran? Por supuesto que sí.

De manera que quien critica las propuestas de Podemos por irrealizables sólo es honorable si añade que lo que las hace irrealizables es el chantaje del capital. ¿Conocen a algún crítico honorable? Los que hablan de medidas irrealizables parecen sugerir que lo son porque se oponen a alguna ley de la naturaleza que Podemos se empeña torpemente en desconocer.

Si Podemos consigue llegar al poder eludiendo el control de los dueños del dinero (para lo que es básico no endeudarse con la banca y no hacer pactos secretos con nadie) nos ofrecerá la primicia de poder al fin representar a quienes lo han votado.

Cierto que el gobierno que intente hacer una política favorable al pueblo sufrirá grandes embites. Hará falta valor, mucha habilidad y mucho apoyo popular para hacer con éxito una travesía inicial muy procelosa (apoyo popular que, por ejemplo, Lafontaine no tuvo). Pero no es imposible si se salvan las primeras acometidas y se sabe explicar a la gente dónde están los problemas y quién los fabrica (algo que hasta ahora jamás han hecho los políticos, porque no podían delatar a sus amos). Frente al chantaje del capital hay que encomendarse a la fuerza de los movimientos sociales, al ejemplo que pueda cundir en otros países y a las alianzas internacionales que se puedan ir estableciendo con movimientos afines.

Una mirada a la historia reciente

Hay además que saber jugar con las necesidades del enemigo. Cuando se habla de la ominosa modificación del artículo 135 de la Constitución son muchos los que dicen que no había alternativa, que todo hubiera sido catastrófico si no se hace, que nos hubieran intervenido, etc. Es cierto que hubieran amenazado con intervenirnos. Pero imaginemos que nuestro gobierno se planta y dice “¡Hasta aquí hemos llegado y ni un paso más! ¡Ni un solo recorte en gasto social, ni un sufrimiento más a la población en beneficio de las bancas alemana y americana!…. Si se empeñan en hundir España, los bancos acreedores no cobrarán un duro y con España se hundirá la Unión Europea.” ¿Qué hubiera ocurrido? Pues que, como ni el capital alemán ni el americano podían permitir que España se hundiera, se hubiera hecho entonces lo que se está pensando hacer ahora, es decir, aquello que antes se decía que no se podía hacer de ninguna manera: el Banco Central Europeo habría comprado deuda española a menos del 1%, se habrían relajado las exigencias respecto al déficit e incluso se habría acordado una quita de la deuda. Ni que decir tiene que las capas medias y bajas de la población se habrían ahorrado un sufrimiento enorme. Pero Rajoy y Zapatero, dos burócratas de partido mediocres, ni representaban ni defendían al pueblo, obedecían órdenes sin rechistar, asustados como conejos. Lo que quiero decir es que para saber que algo es irrealizable primero hay que intentar realizarlo.

El peligro enmascarado

Queda finalmente otra cuestión. Si un nuevo partido consigue llegar al poder y desbancar a los políticos de la llamada casta (palabra justa si se le da el sentido de “conjunto de políticos demagogos traidores al pueblo que los votó”), y si recupera el Estado del Bienestar y gobierna con otros modales y con alguna autonomía, nos habrá aliviado desde el punto de vista estético, e incluso ético, pero se habrá convertido en el mejor garante del capitalismo, pues aunque la extrema codicia haga pensar lo contrario a los dueños y controladores del capital, el capitalismo es más estable con políticas socialdemócratas que con políticas neoliberales. Es decir, habrá cerrado en falso el camino hacia la democracia.

En cambio, si después de conseguir sus metas iniciales se propone llegar más lejos de lo que pretendió la hundida socialdemocracia y va dando nuevos pasos eficaces hacia una más justa distribución de la riqueza social, hacia una mundialización regulada y hacia una educación del pueblo más profunda, entonces sí que los demócratas tendremos que festejar su llegada. No se habrá conseguido aún una sociedad democrática (eso no es cosa que se pueda lograr de un día para otro), pero estaríamos dando pasos hacia ella. Entretanto se viviría un ambiente más ilusionante, porque habríamos salido de la sordidez en que nos han metido los gobernantes que hemos venido padeciendo.

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