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ALGO MÁS SOBRE REDES SOCIALES Y PARTIDOS INCONTROLADOS

No hay manera de entender la realidad política si se olvida una verdad histórica elemental, y es que la inicial democracia censitaria (en la que sólo podían votar los propietarios) pasó a sufragio universal sólo cuando los propietarios se sintieron seguros de que su riqueza no corría peligro si se daban estas condiciones: control sobre partidos políticos y medios de comunicación y una mayoría de la población sumida en la gnorancia respecto a cuestiones políticas y económicas. Algo fácil de conseguir si hay dinero suficiente para financiar a partidos prosistema (incluidos los socialdemócratas), sostener medios de comunicación privados, hundir a partidos y medios que no cooperen y, a través de los testaferros políticos, decidir el tipo y calidad de la educación que se da al pueblo.

Esta ha sido la base firme sobre la que se ha venido asentando el Sistema plutocrático que padecemos, y que ahora se está resquebrajando. Principalmente porque han surgido partidos no controlados y están ahí las redes sociales que disputan, a quienes lo han venido disfrutando en monopolio, el derecho a producir la información y la opinión públicas, con el efecto de que parte de la población empieza a abrir los ojos y a enterarse de qué va.

Que todo esto es muy peligroso para el poder lo demuestra la desproporcionada y feroz campaña de los medios pro-sistema contra Podemos y contra las redes sociales, y también las medidas represivas que el poder ya ha comenzado a tomar.

Los medios al servicio de sus dueños

Nada mejor para situar el caso que recordar tres sucesos recientes que no son excepcionales y que aclaran el papel de los medios privados.

Publicación de informaciones falsas contra quien conviene

Como se sabe, en 2015 el ex jefe de policía Eugenio Pino creó una brigada secreta, una policía política cuyos cometidos ilegales consistían en fabricar chapuceros informes contra políticos de Podemos o ligados al proceso soberanista catalán. Siguiendo la costumbre, un dosier anónimo fue entregado a Eduardo Inda con la instrucción de que no lo publicara en su periódico hasta que le dieran la orden de hacerlo (algo que ocurrió unos meses después, naturalmente en el momento en que podía hacer más daño electoral). En tal informe se afirma que el fin que persiguen los investigados de Podemos no es otro que dar “un golpe de Estado encubierto financiado por los gobiernos de Irán y Venezuela”, cuyo dinero serviría para “hacer apología de la izquierda más radical con el fin de desestabilizar los gobiernos occidentales y justificar sus respectivos regímenes…” Y ahí andaba Inda blandiendo un falso documento para afirmar esa necedad en su periódico digital y en los platós amigos.

El chantaje y la amenaza

Son muy didácticas algunas conversaciones telefónicas grabadas por la policía al presidente de La Razón, Mauricio Casals, al director, Francisco Marhuenda, y a Edmundo Rodríguez, consejero delegado y propietario de un 25% de ese periódico. Rodríguez, como responsable del Canal de Isabel II en América y supuesto testaferro del expresidente de Madrid Ignacio González, compró en Brasil la empresa Emissao, por la que, según indicios suficientes, se abonaron 25 millones más de su valor real, 20 de los cuales acabaron en Suiza.

Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, se sintió obligada a entregar a la fiscalía documentos comprometedores para Rodríguez, tanto Casals como Marhuenda aseguraron a éste que desde la Razón harían lo que fuera para evitarlo. Y en efecto, los dos se emplearon sin descanso para salvar a su consejero delegado, según prueban conversaciones telefónicas que comienzan en Julio de 2016 y que contienen pasajes como los siguientes:

Marhuenda a Rodríguez: “Me ha dicho Mauricio, por eso te llamo, que me pongo a tus órdenes… Y yo me voy a ver a esta locuela [a Cifuentes] el lunes o el martes […] Hago lo que tú me digas.”
Casals dice a Rodríguez que ha dicho a Marhuenda que su continuidad en la dirección del periódico depende de cómo se porte en esto.
Rodriguez a Marhuenda: “Dile, oye, [a Cifuentes] que sepas que ese señor maneja el 25 % del periódico.”
Casals dice a Rodríguez que no es solamente La Razón la que se implica en su defensa, sino todo el grupo; es decir, Antena 3, Onda Cero y La Sexta.
Casals intenta calmar a Rodríguez diciéndole: “Y no te preocupes, que las pasará putas esta señora [Cifuentes]”.
Marhuenda a Rodríguez: “Le hemos dicho que eres un soldado nuestro, que eres intocable para nosotros y ella por las malas tiene mucho que perder. En una guerra no puede ganar”. Y también: “Ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche a Cifuentes y que tome nota. Le he dicho: ‘tu misma, llevas ahí mucho tiempo en el Gobierno. Ahora la gente asocia el Canal a vosotros, punto, e Ignacio González es PP. Tú misma”.
Marhuenda en otra conversación: “Me ha llamado la zorra de Marisa por la leche que le hemos dado hoy. Le ha hecho mucha pupa. Marisa quiere saber si es una campaña. Evidentemente he dicho que no, no hace falta reconocerlo, no es tonta. Le dije: ‘hombre, si hacéis las cosas mal, pues nosotros…’. Mañana le damos otro viaje a Cifu [Cifuentes]”.
Y, en fin, en otra conversación Rodríguez llama a Casals para expresar su malestar porque en La Razón se ha publicado una noticia elogiosa sobre el número dos de Cifuentes, y Marhuenda se disculpa : “Siento lo de Garrido, ya he dicho que no salga nada bueno de él.”

En el sumario de la Operación Lezo hay otra conversación registrada en la que Casals dice a Ignacio González que Antonio García Ferreras “se ha portado de cine” por no hacerse eco en “Al rojo vivo” de una noticia que perjudicaba al expresidente ahora en prisión. Al enterarse de esto Ferreras se defiende, pero reconociendo que hubo presiones y denunciando que El País censuró algunas de las informaciones que perjudicaban a González. Y hay una batallita de tuits entre Marhuenda y J.P. Ramírez echándose en cara mutuamente falseamiento de datos y campañas con propósitos ocultos.

Selecciones y vetos

La SER denuncia que Podemos impide a Iñigo Errejón participar en su tertulia de Hora 25 y este partido lo desmiente:

Las rotaciones y la feminización de las portavocías forman parte de nuestra política de comunicación. Informamos hace una semana a la cadena SER de que en la edición de Hora 25 prevista para hoy nos representaría Irene Montero. La SER ha decidido vetar a Irene Montero y a todos los portavoces de Podemos menos a uno. [...] Están en su derecho de vetar a Podemos en su emisora, pero nosotros estaremos dispuestos y encantados de acudir a sus programas. Estamos a la espera de que rectifiquen y que esta noche nos dejen estar en Hora 25. Si la SER no lo veta, esta noche nos representará Irene Montero. Iñigo Errejón seguirá representándonos en los medios, incluida la SER.

Es el momento en que Iñaki Gabilondo afirma en esa radio que le resulta “muy incómodo tener que recordar a catedráticos de políticas algo tan obvio como que la Cadena SER es una empresa privada que invita si quiere y a quien quiere, que naturalmente se puede criticar el mecanismo, sistema o proceso de selección de las personas a las que invita, y a las que confirma o de las que prescinde, pero eso no otorga ninguna atribución especial a ningún partido, ni le arrebata el más mínimo derecho a un medio de comunicación.” Y concluye: “Repito, creo que Podemos se hace un lío tras otro sobre los medios de comunicación.”

Evidentemente, Gabilondo se podía haber ahorrado la mucha incomodidad de tener que recordar a los demás cómo son las cosas, pues Podemos ha reconocido en su comunicado que los de la SER están en su derecho de vetarlo en su emisora. Pero ese derecho aparte ¿dónde queda la verdad, señor Gabilondo? Pues lo cierto es que en “Hora 25” no se invita a Errejón como persona, sino como representante de un partido, y de la misma manera que la SER tiene el derecho a vetar a Montero, Podemos tiene el derecho a decidir quién le representa. No es ese el tema. La explicación que debió dar Gabilondo, y que eludió, es por qué la SER veta a Montero, dado que este veto reduce la pluralidad de su tertulia en perjuicio de sus oyentes. La razón es obvia. La SER teme lo que pueda decir Montero y no teme lo que pueda decir Errejón.
En seguida Jorge M. Reverte se lanza a decir en El País:

Hasta ahora, Pablo Iglesias ha tenido mucha habilidad en tratar a esa base social, la ha pastoreado desde el radicalismo asambleario hasta hacerla participar en un partido que tiene todas las trazas de acabar en un modelo leninista, sin excluir el uso más trapacero de la aparente libertad de expresión (Irene Montero designada tertuliana por el dedo del partido).

Está claro que estos periodistas tienen que batallar sin argumentos, obligados así a una falta de pudor que, hay que reconocerlo, llevan con una dignidad encomiable.

El impacto de las redes en los medios tradicionales

Con esta realidad presente (la de medios que no están obligados a la objetividad y la verdad y que han mantenido un monopolio sobre la información y la opinión) es fácil evaluar el impacto de las redes.

La web del Ayuntamiento de Madrid y la queja de periodistas acosados

Recuerden lo que ocurrió con la página Versión Original que el Ayuntamiento de Madrid abrió en julio de 2015 para salir al paso de las informaciones erróneas publicadas en los medios privados. ¡Cuántos fervientes demócratas ofendidos por esa web hasta que se enteraron de que la UE tiene una semejante! Los periodistas defendían su monopolio enojadísimos y a lo loco. “La Constitución garantiza la libertad de información y el derecho del ciudadano a recibir información libre y plural”, alegaba Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, sin darse cuenta de que con ese argumento estaba defendiendo la libertad de información del Ayuntamiento y el derecho del ciudadano a recibir información plural (y por tanto también del Ayuntamiento).

Ahora, el pasado 6 de marzo, Victoria Prego, presidenta de Asociación de la Prensa de Madrid (APM) hizo pública una petición de amparo de un grupo de periodistas que se sienten acosados y presionados por el equipo directivo de Podemos encabezado por Pablo Iglesias, así como por personas próximas a ese círculo.

“Esta inaceptable campaña -dice la APM-, que está creando un estado de miedo entre los periodistas, tiene como fin el de persuadirles de que les conviene escribir al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura”, y recuerda a Podemos que puede recurrir al derecho de rectificación cuando juzgue que una información incumple el necesario principio de veracidad, “en lugar de atacar de forma inadmisible a su autor o al medio que la publica”.

Secreto

Antes de nada ¡qué curiosidad! ¿Quiénes son esos periodistas, qué amenazas han recibido, de quiénes, en qué momento? ¡Mira que si entre ellos estuvieran Inda y Marhuenda! En el texto de la APM no hay pruebas, ni nombres, ni datos, y pese a que han sido exigidos, la APM no los ha dado.

Pablo Iglesias ha invitado a que se haga la denuncia ante un tribunal para que sea un juez el que dictamine si se ha cometido o no algún delito. Ningún periodista ha denunciado en los juzgados el supuesto acoso de Pablo Iglesias y su gente.

Dos pájaros de un tiro: las redes y Podemos

Pese al secreto en seguida los medios conservadores han caído sobre Podemos sin intentar antes verificar los hechos denunciados.

El País colocó el comunicado de la APM en primera a tres columnas bajo el título “El método de intimidación de Podemos a la prensa”, añadiendo un editorial titulado “El acoso de Podemos”, dando por hecho que intimidación y acoso existen. Y es que El País dice haber constatado la existencia de mensajes en los que alguna persona de la confianza de Pablo Iglesias llama “tonto” a un periodista o le dice “de donde no hay no se puede sacar”. ¡Madre mía, no es posible tamaña crueldad! “El problema de fondo -dice ese editorial- es que Podemos, y muy concretamente su líder, considera a los medios de comunicación un poder no electo”. Pues claro. ¿Es que acaso son un poder electo?

En el mismo periódico Jorge M. Reverte dice que “El uso de las redes sociales, en las que son auténticos especialistas algunos militantes de Podemos, puede convertir la vida de cualquiera en un infierno”.

Por cambiar de medio, en El imparcial su fundador, Federico Jiménez Losantos, ha escrito:

Si Podemos llega a la Moncloa, no solo nos despedirá cerrando los medios privados. Nos hará un ramoverde, como a Leopoldo López, o nos ahorrará este Valle de Lágrimas”.

Y ese mismo periódico digital decía el 9 de marzo:

Desde el matonismo que practican en “sus” redes sociales -el manejo en Facebook y Twitter es de manual- hasta las “discretas” amenazas, los radicales procuran llevar a cabo un férreo control de lo que ellos consideran que debe publicarse. No en vano, el propio Pablo Iglesias se ha mostrado partidario de legislar para cercenar a la carta la libertad de expresión.

En seguida han saltado a la palestra otros atacantes de mayor empaque, pero igualmente irreflexivos.

Mario Vargas Llosa dice en una entrevista en ABC: “No había amenazas así contra periodistas desde la Transición”, como si conociera realmente la clase de amenazas no publicadas. Y añade: “salvo quizá los crímenes de ETA”. ¡Hala!

También se ha sumado Iñaqui Gabilondo en un videoblog del 7 de marzo dedicado a los presuntos coaccionadores, en el que comienza reconociendo “Yo ignoro los hechos; no sé por tanto si hay razón suficiente para un documento público [el de la APM] de esa naturaleza”, para a continuación, como si lo tuviera todo claro, cargar contra Podemos, que de ello se trata, con estas tres cínicas razones: “Si Podemos quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el Sistema se defienda”. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tanto Podemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”. Para concluir con cierta incoherencia que “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga”. Conclusión: son unos pardillos los cuadros de Podemos, con “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”.

Pero señor Gabilondo, quienes han mostrado piel de mantequilla son los periodistas denunciantes, no los cuadros de Podemos, que parecen tenerla de elefante. Y por otra parte ¿qué significa eso de la ferocidad de la política democrática? Si leemos entre renglones significa esto: si atacas al sistema prepárate, porque el sistema se va a defender de una manera feroz a través de sus medios privados, y no te quejes, que tú te lo has buscado.

Movidos por la misma ofuscación el PP, el PSOE y Ciudadanos cometieron la insensatez de solidarizarse en el Ayuntamiento de Madrid con los periodistas denunciantes y “manifestar su compromiso con la defensa de la libertad de expresión y con la libertad de información en Madrid”. ¡Y ello sin saber quiénes son esos periodistas y sin prueba alguna de que su queja sea razonable! Con buen criterio la alcaldesa, Manuela Carmena, y los 20 concejales del grupo de Ahora Madrid rechazaron hacerlo, precisamente porque ni la denuncia ni las pruebas se han hecho públicas.

La verdadera presión sobre los periodistas

Mientras la APM considera insoportable que Podemos pretenda influir en los medios, sabe sin duda que todos los partidos lo hacen, como reconocen en El Imparcial: “Es un hecho que todos los partidos, sin excepción, presionan en mayor o menor medida a la prensa.”

Sin duda la presión depende del poder que se tenga, y hay otros partidos que tienen más poder que Podemos, y que por tanto presionan con más eficacia. Ha ocurrido en RTVE, donde la retirada de los trabajadores habituales de los puestos más importantes de la redacción, y la contratación de periodistas afines, ha sido una constante desde la llegada del Partido Popular al Gobierno. El presidente del Consejo de Informativos de TVE, Alejandro Caballero, denunció recientemente que dos de cada tres periodistas que en 2012 trabajaban en los telediarios de TVE hoy ya no lo hacen.

Esa presión ha ocurrido también cuando el ministro Fernández Díaz mandó a la policía a ‘Público’ sin orden judicial.

¿Ha protestado la APM contra el Gobierno por esas y otras cosas semejantes? Pues no.

Pero la presión principal sobre los periodistas no viene de los partidos, sino, como es natural, de los dueños y de los jefes de los medios.

Según el último Informe de la propia APM sobre la Profesión Periodística, el 75% de los periodistas en este país sienten miedo a sus jefes y se autocorrigen para evitar el despido. Irene Montero, entrevistada por Pepa Bueno en la SER, dijo que lo verdaderamente grave es que ocurra esto, lo dijo tres veces y la periodista hizo por tres veces oídos sordos. No, lo importante era seguir insistiendo sobre la denuncia de la APM.

El propio Gabilondo admite que los periodistas se aplican la autocensura por culpa del paro, que acobarda. “Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia”.

¿Y cuál es la relación entre autocensura y paro? Ahí ya no entra Gabilondo, porque tendría que decir que la razón es que los dueños de los medios echarán a quienes no se apliquen la autocensura, esto es, a los que escriban o digan algo que a los dueños les pueda molestar. Esta autocensura es la que practica el propio Gabilondo.

Por citar un ejemplo, el señor Cebrián, presidente de PRISA, vetó a los periodistas Ignacio Escolar y Fernando Berlín porque informaron de sus intereses en Panamá. Y ningún periodista de los que trabajan en PRISA, Gabilondo incluido, dijo esta boca es mía.

La ideología que subyace

Pero voy a lo que me parece más interesante. Y es que por debajo de todo este ruido hay dos ideas que los medios no se cansan de difundir. Uno es que los periodistas son un sólido y necesario pilar de la democracia. Otro es que para cumplir con su papel han de tener el monopolio de la libertad de expresión, negándosela a cualquier crítico.

Lo expuesto en la primera parte de este artículo, con ser una minucia, bastaría para sospechar que ambas ideas son dos viejas mentiras interesadas.

¿Son los medios privados un pilar de la democracia?

Elsa González achacó a la página del Ayuntamiento de Madrid un “halo de censura” y añadió la doctrina de que “El papel del periodista es ejercer ese contrapoder imprescindible en la sociedad y que garantiza a la ciudadanía el derecho a recibir información libre”. A su juicio la iniciativa del Ayuntamiento implicaba que el poder usurpaba el papel de los medios de comunicación, y no tenía cabida en una sociedad democrática.

Ahora la APM “considera totalmente incompatible con el sistema democrático que un partido, sea el que sea, trate de orientar y controlar el trabajo de los periodistas y limitar su independencia. La estrategia de acoso de Podemos vulnera de una manera muy grave los derechos constitucionales a la libertad de expresión y a la libertad de información y coarta el libre ejercicio del periodismo, que es imprescindible para preservar la salud de una sociedad democrática como la española”.

En el editorial de El País antes citado se dice que “la libertad de información forma parte de los principios básicos de las democracias cuando funcionan realmente como tales y no como autocracias disfrazadas.” Y en El Imparcial se dice: “Quien no cree en la democracia tiende a atacar a sus pilares, y el derecho a la información es uno de los más sólidos y necesarios.”

Martin Schulz, que aspira a ser el próximo canciller alemán, se ha atrevido a decir: “Quien habla de prensa mentirosa golpea a la democracia. Da igual si se trata de Donald Trump o de Pegida”.
Pero resulta que, sean cuales sean las motivaciones de Trump o de Pegida, está claro que quien habla de prensa mentirosa no puede golpear a la democracia por dos razones: una es que no hay democracia, y por tanto mal se la puede golpear; otra es que no sólo hay prensa mentirosa, sino que todos los medios conservadores han de instalarse en la mentira sistemática que exige la defensa del capitalismo y la demonización de sus enemigos. Teniendo en cuenta que esos medios (los que aparecen en los kioskos y muchos de los digitales) no responden a una intención filantrópica, sino al interés de sus dueños, por lo general bancos y fondos de inversión, ¿será acaso el poder que reside en esos bancos y fondos de inversión el que ha dado a sus periodistas el papel de contrapeso del poder? El País nos ilustra: en las sociedades avanzadas los medios son un contrapoder de la sociedad civil cuya legitimidad se la da o se la niega su audiencia cotidianamente. Pero claro, la audiencia ha tenido que elegir entre medios que todos ellos están al servicio de los intereses de sus propietarios. ¿No es excesivo llamar pilares de la democracia a periodistas que no se pueden permitir el lujo de denunciar, en nombre de la transparencia y la democracia, las diversas formas en que los propietarios de sus medios hacen imposible la transparencia y la democracia?

Por paradójico que resulte, para cumplir funcionalmente el papel de “voz de su amo”, los periodistas amaestrados tienen que presentarse una y otra vez como libres e independientes, e incluso, viniéndose arriba, como contrapoderes imprescindibles y pilares de la democracia.

El confortable monopolio de la libertad de expresión

Hasta hace muy poco los medios privados influyentes han dispuesto del monopolio de la información, la opinión, la ocultación, la crítica, el insulto y la tergiversación, y los perjudicados debían tener piel dura y aguantar, o en otro caso acudir a los tribunales. Rectificar o replicar, sólo si el medio se lo permitía. Enjuiciar al que los enjuiciaba, ¿dónde hacerlo? ¿Conseguir la necesaria satisfacción de los tribunales? Los jueces tienen miedo a enfrentarse a los medios y suelen justificar sus desmanes apelando a la libertad de expresión.

O sea, que en realidad el derecho constitucional a la libertad de expresión no pertenecía a cualquiera, sino sólo a los dueños de los medios y a los periodistas contratados, obligados por ello a autocensurarse. Acostumbrada a esto, la directora de la APM no acepta de buen grado que ahora se ataque a periodistas en sus propias tribunas, o en reproches y alusiones personales en entrevistas, foros y actos públicos, o directamente en Twitter. Es decir, esta señora sigue creyendo que los periodistas son intocables, y sólo los periodistas, incluso aunque ellos ataquen a otros con mentiras e insidias.

No cabe duda de que el monopolio es una situación muy cómoda. Pero precisamente ese monopolio ha sido una de las causas, y no menor, de la tradicional sustitución de democracia por plutocracia.

Me remito a la entrada de este blog “Medios privados y democracia” y reitero, para evitar malinterpretaciones, que la solución democrática consiste en que los medios privados sean sustituidos por medios públicos libres de todo control que no sea social, y a los que tengan acceso equitativo todos los partidos, ideologías e instituciones.

El comienzo del fin del monopolio y la reacción del chiringuito amenazado

Por todo lo que vengo diciendo es un suceso nuevo, de gran importancia, que el monopolio sobre información y opinión se empiece a romper con las redes sociales, que conceden libertad de expresión a todo el mundo, y no sólo a los periodistas que actúan en los medios conservadores. Ahora también tiene libertad de expresión cualquier ciudadano para escribir un blog o para decir en Twiter lo que piensa, por ejemplo lo que piensa de un periodista. Se ha invertido la situación: es ahora el periodista el que tiene que acudir a los tribunales si ha habido en las redes una actividad delictiva contra él.

Claro está, este mazazo al monopolio de la información y la opinión no se puede tolerar, porque pone al Sistema en grave aprieto.

Flemming Rose, periodista danés investigador en el Cato Institute de Washington y autor de La tiranía del silencio (Oberon 2016) denuncia que las leyes contra los delitos de odio, concebidas para luchar contra el terrorismo y el extremismo, se aplican hoy a las palabras polémicas pero no violentas de los cómicos, los detractores de la inmigración y el islam y los musulmanes contrarios a la democracia y a Occidente, y que los Gobiernos de Europa occidental defienden esas restricciones con un lenguaje inquietantemente similar al de los dictadores. Con distintos pretextos lo hacen el Gobierno británico, el Gobierno alemán (que propone multas de hasta 50 millones de euros y penas de prisión por difundir noticias falsas) y el español (ley mordaza).

Ahora bien, si lo que se quiere eliminar es la mentira, la desinformación, la incitación al odio ¿por qué los Gobiernos no toman contra los medios establecidos y “corruptos” las mismas medidas que contra las webs, los blogs y las redes sociales?

Es una pregunta retórica, el lector informado conoce perfectamente la respuesta. Esos medios son prosistema y por tanto tienen licencia para mentir y para incitara al odio (odio, por ejemplo, a los “antisistema”). Y lo que molesta de las redes no es la mentira (a ella el Sistema está muy acostumbrado), sino que se difundan verdades que antes no salían a la luz.

Oigan todo ese cuento en torno a la posverdad, desafortunado término tan vacuo como se requiere para un éxito inmediato. Hace referencia a las mentiras que pasan por verdades en las redes. ¿Y cómo llamar entonces a las mentiras que han venido pasando y pasan por verdades en los medios tradicionales? Ah, esas mentiras no son posverdades, sino las verdades del Sistema.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE EL PSOE Y PODEMOS

Pedro Sánchez, primer acto

Como bien se sabe, en las primarias que celebró el PSOE en julio de 2014 Pedro Sánchez recibió apoyos para que cortara el paso a Eduardo Madina bajo el supuesto de que sería una figura manejable y provisional, a la espera de que Susana Díaz decidiera dar el paso. En seguida se desconfió de él y Díaz le desautorizó diciendo que no estaba de acuerdo con la línea que seguía.

Tras las elecciones de junio de 2015, en el Comité Federal de 28 de diciembre se le rodeó de líneas rojas sin dejarle otra salida que pactar con la derecha (que eso significaba el “no” a Podemos, y al PP, y a independentistas, y a nuevas elecciones). Por primera vez se imponían condiciones a un Secretario General en un Comité Federal y se le obligaba a suscribirlas. El caso era impedir un pacto con Podemos. Pretexto: que ese partido defiende el derecho a decidir.

Se hizo esto sin tener en cuenta las consecuencias. Es fácil suponer que más de uno de los instigadores (y también Sánchez como ejecutor) se estarán ahora tirando de los pelos.

El caso es que, siguiendo órdenes, Sánchez pactó con Ciudadanos, convencido seguramente de que Podemos, sometido a una gran presión mediática, no tendría más remedio que apoyar ese pacto para evitar, ante unas nuevas elecciones, la acusación de haber impedido un gobierno progresista. La negativa de Podemos llenó a Sánchez de frustración, de manera que se sumó airado a la mentira de que Podemos no estaba interesado en que hubiera un gobierno progresista, sino en provocar unas nuevas elecciones. E insistió en que Podemos, haciendo causa común con el PP, había impedido que se resolvieran muchos problemas de los españoles (por ejemplo los que dependían de subir el salario mínimo ¡un 1%!). Callaba en cambio hasta qué punto los problemas de muchos españoles se hubieran resuelto mejor de haber pactado con Podemos y no con Ciudadanos, y callaba también que Podemos quedó fuera de las negociaciones no por propia decisión, sino por decisión del citado Comité Federal.

Pedro Sánchez, segundo acto

Tras las segundas elecciones, y ante la falta de suficientes apoyos a Rajoy, parece que Sánchez se había decidido finalmente a formar un gobierno apoyado por Podemos, peligro que la cúpula del PSOE ha resuelto acabando con Sánchez en la forma que todos hemos presenciado y decidiendo una abstención para que gobierne Rajoy. Este episodio ha sido descrito así por José Antonio Pérez Tapias, miembro del Comité Federal y competidor de Sánchez en las primarias de 2014:

“Pedro Sánchez ha cometido errores [...], ha titubeado, no ha acertado en decisiones importantes -recordemos el pacto con Ciudadanos-, pero fue al verse hacia donde podía encaminar al Partido Socialista de manera efectiva, yendo desde el “no” al PP hacia un “sí” a una alternativa, cuando las iras de la oligarquía del partido se desataron con toda su fuerza. Y ésta no es otra que la sumisión a los poderes dominantes, tanto los económicos como otros que también se mueven tras el telón de la escena pública…”

El problema para los dirigentes golpistas del PSOE es que los militantes no están manejados por esos poderes empresariales y mediáticos (a la cabeza de éstos PRISA), ni movidos por un odio patológico a Podemos. Son incluso muchos los que reconocen que sus hijos votan a Podemos y que es imprescindible entenderse con el nuevo partido, y estos son los que siguen representando la tendencia socialdemócrata del PSOE, tanto tiempo olvidada. Pues la cuestión es ésta: si el PSOE se niega a colaborar con Podemos a escala estatal es que renuncia a desbancar al PP y se conforma con ser socio subalterno de éste en una coalición de derechas (llámese gran coalición o pacto entre los partidos constitucionalistas).

En entrevista con Jordi Évole del 30 de octubre pasado Pedro Sánchez confesó el error de haber llamado populista a Podemos y reconoció finalmente que fue su partido el responsable de que no hubiera un gobierno del cambio PSOE-Podemos.

Es natural que estas declaraciones hayan producido mucha irritación en los actuales dirigentes del PSOE y en los medios conservadores, porque han destapado lo mucho que han estado mintiendo.

Aún así hay todavía portavoces del PSOE que siguen con el latiguillo de fue Podemos el que impidió un gobierno de progreso.

A propósito, ha sido incomprensible la falta de contundencia con que Podemos se ha defendido de esta acusación falsa. Pues hace mucho tiempo que Pérez Tapias contó lo ocurrido en el Comité Federal en el que se produjo el veto.

El miedo de los dirigentes del PSOE a unas nuevas elecciones

Tras la defenestración de Sánchez (que también se ejecutó sin tener en cuenta las consecuencias) el PSOE se ha visto obligado a facilitar el gobierno de Rajoy, pero no por patriotismo (no ha sido, como se dice, un sacrificio por la gobernabilidad de España), sino por miedo a que, dado el espectáculo del último Comité Federal, en unas terceras elecciones no sólo se diera el sorpasso, sino que el PSOE quedara reducido a la insignificancia. Este miedo ha llevado a una nueva mala decisión. Pues pese a todo, si en el PSOE se hubiera impuesto el no a Rajoy, es posible que en unas terceras elecciones el resultado no hubiera sido tan desastroso como algunos preveían, y que el PP no hubiera conseguido los resultados que algunos vaticinaban. Ahora el PSOE se encuentra en manos del PP, que en todo momento puede exigir colaboración a sus políticas amenazando con anticipar las elecciones, en las que el PSOE se encontrará en peor situación que si hubiera votado no a la investidura.

Es posible, sin embargo, que, por mucha tentación que tenga, el PP no cumpla esa amenaza si quienes mandan no se lo permiten, pues la caída del PSOE sería la caída de un aliado a cambio del auge del único enemigo.

Los problemas de Podemos

La política y la actividad mediática vienen marcadas en España por Podemos. Todo lo que hace el aparato del PSOE lo hace pensando en que Podemos no cobre ventaja, todo lo que hacen los medios es demonizar a Podemos, todo lo que teme el poder económico es que Podemos llegue al poder. En los comentarios políticos, detrás de cada noticia, de cada juicio o de cada silencio se encuentra Podemos, sea como instigador o como culpable, sea como insignificante, fracasado o abocado al fracaso, sea como peligro. Y casi siempre Pablo Iglesias es condenado a representar las maldades de su partido. Así ha ocurrido en las sesiones de investidura.

Cierto que los oligarcas empiezan a comprobar hasta qué punto los medios digitales y las redes sociales dificultan el monopolio que los medios conservadores ejercieron siempre.

En esta situación los problemas de Podemos no están allí donde los quieren ver estos medios, que hablan cada día de la pugna entre Errejón e Iglesias, igual que amplificaron antes los sucesos (dimisiones, gestoras y primarias) en Galicia, Cantabria, Salamanca, La Rioja y el País Vasco, o las divisiones internas en Madrid, Cataluña y Andalucía. Se podría decir que estos desacuerdos son muy normales en un partido en que la discusión es libre y cualquiera puede disentir de la línea previamente marcada. Pues realmente, incluso aunque todos los miembros de Podemos coincidieran en la ideología, habría divergencias tácticas y estratégicas dado su tipo de estructura, más democrática que la de los partidos conservadores.

Pero los problemas aumentan cuando no existe esa coincidencia ideológica, pues resulta que la dificultad mayor de este partido está relacionada con el movimiento popular que le dio nacimiento: no todos los que se integraron en él son anticapitalistas, aunque todos estén indignados. Y es que la indignación no basta para hacer unidos un camino difícil y lleno de oscuridades y trampas. Me referiré a esto en seguida.

Dos tendencias

Hubo un tiempo en que las disputas entre marxistas ortodoxos y revisionistas versaban sobre la alternativa entre hacer la revolución violenta o integrarse en las democracias para una toma pacífica del poder.

Casi todos han optado por lo segundo, y ahora surge una nueva alternativa que se suele formular así: ¿trabajo en las instituciones o en la calle? O también ¿anticapitalismo o transversalidad? O también: ¿qué relación debe guardar el partido con la sociedad civil?

La llamada transversalidad

La transversalidad de que habla Íñigo Errejón tiene que ver con la eliminación de las etiquetas ideológicas clásicas y la agrupación de nuevos consensos mediante la definición de otras fronteras (arriba/abajo, la casta/la gente, etc.), bajo la idea de que “parte de los éxitos relativos del 15-M pueden estar relacionados con su capacidad para generar procesos de identificación que trascienden y atraviesan los marcadores ideológicos tradicionales”.

Errejón reconoce que, aunque algunos de los problemas expresados por los indignados ya habían sido señalados por la “izquierda minoritaria”, la diferencia estuvo en que el 15-M apelaba a un “eje arriba-abajo” (el 1% frente al 99%) y no a un eje ideológico, como hacían los partidos existentes. Mediante “interpelaciones transversales a una mayoría social descontenta” se trata de “aislar a las élites” y crear una nueva identificación frente a ellas, mediante un relato que apele al “sentido común de época”, exactamente igual que ocurrió con el 15-M.

Para el diputado Eduardo Maura la transversalidad tiene que ver con buscar el apoyo no sólo de las personas que ya están de acuerdo con las propuestas de Podemos sino también de quienes aún no se han sumado, a fin de captar a votantes y cuadros sin exigir “carnets de partido”, es decir, aglutinar el descontento en una nueva opción política sin tener en cuenta qué se ha votado con anterioridad.

El trabajo en la calle

La alternativa parece que consiste en mantener las señas de identidad de la izquierda anticapitalista, no encerrarse en las instituciones y trabajar en la calle, manteniendo una relación fluida con la sociedad civil y sus problemas, y hablando claro aunque eso asuste a posibles votantes.

Fernando Luengo y Lorena Cabrerizo, miembros de Reinicia Podemos, advierten que se está dando un excesivo protagonismo a la acción institucional, relegando a un segundo plano, de hecho, la protesta y la movilización ciudadanas. Aceptan que gracias a la entrada de Podemos en las instituciones han ganado visibilidad “las preocupaciones y los anhelos de la mayoría social, olvidados o negados por los partidos y los políticos de siempre”, pero añaden que para que la presencia de Podemos en las instituciones se convierta en una herramienta al servicio de un cambio que beneficie a la mayoría social, es necesario cambiar las reglas del juego, que hasta ahora han beneficiado a las élites políticas y las oligarquías económicas, y en ese camino se encontrará una resistencia por parte de los poderosos que sólo se puede vencer con la movilización y la politización de la ciudadanía en los barrios, en las calles y plazas, en los centros de formación y estudio y en las empresas. Es necesario, pues, un reencuentro con los movimientos y las organizaciones sociales, dialogar con ellos y respaldar sus luchas, ayudar a que la sociedad civil se organice en defensa de sus intereses, apoyar las reivindicaciones y protestas de los trabajadores que se traduzcan en propuestas políticas para la acción, abrir las instituciones a las demandas sociales y crear y consolidar cauces de diálogo y espacios de debate permanentes con las plataformas y los colectivos que los representan.

El tema sobreentendido

Analizando los términos de ambas estrategias uno encuentra que el verdadero conflicto está implícito, pues lo que dicen unos y otros es compatible.

Cuando Errejón escribe que la transversalidad “no es, en absoluto, una renuncia al pasado o al ADN militante propio, pero sí una impugnación de la burla que supone que sea el enemigo el que nos cite en los terrenos y los temas sobre los que se siente más cómodo, más arropado y a salvo de sus vergüenzas”, nos está queriendo decir que si Podemos se presenta como izquierda anticapitalista da una baza a la propaganda conservadora, y no en cambio si habla de los de arriba y los de abajo, o de la gente indignada, o de la patria entendida al modo progresista.

Pero esto es una cuestión de mera táctica comunicativa y, estando de acuerdo en ella, se puede ser partidario de la actividad en la calle junto con la actividad en las instituciones. Lo que está en juego, creo, no es lo que se dice, sino la oposición entre una estrategia socialdemócrata y una estrategia anticapitalista, cada una de ellas con objetivos propios.

Diferencias cruciales entre socialdemocracia e izquierda

Demos un paso atrás para aclarar el tema. Algunos dicen que colocar a la socialdemocracia en la derecha es cosa de fundamentalistas, y esto puede que sea así cuando se intenta descalificar de forma emotiva, pero puede deberse a una saludable necesidad de aclarar ideas. Movido por ella creo que el criterio más eficaz para diferenciar derecha de izquierda es la aceptación del capitalismo o la oposición a él. En virtud de este criterio la socialdemocracia, que es procapitalisa, está a la derecha, y está a la izquierda el socialismo anticapitalista. Claro que caben otros criterios que arrojan otros resultados, pero la eficacia del que propongo radica en que la posición ante el capitalismo tiene repercusiones notables, en algunas de las cuales no se suele reparar, entre ellas las siguientes:

1) El socialdemócrata cree que nuestro sistema político es una democracia, actualmente devaluada y necesitada de revitalización, pero democracia al fin.

En cambio el anticapitalista cree que nuestro régimen político es una plutocracia disfrazada de democracia. Aspira a la democracia, que necesariamente requiere una mayoría de la población suficientemente ilustrada, y además inexistencia de poderes económicos que, incontrolados ellos, la controlen en la sombra.

2) El socialdemócrata cree que la existencia de medios de comunicación privados es un derecho amparado por la libertad de expresión.

En cambio el anticapitalista cree que los medios privados, es obvio, están al servicio de los intereses de sus propietarios (con el agravante de que se presentan como libres y objetivos), y son por ello un obstáculo a la democracia y a una verdadera libertad de expresión. En consecuencia el anticapitalista aboga por la propiedad pública de los medios y su control social, a fin de que todas las ideologías (también la procapitalista) tengan espacios en que expresarse libremente.

3) El socialdemócrata acepta que sea el mercado el mecanismo rector de la economía, y acepta por tanto los efectos de su lógica, limitándose a reducir algunos de sus efectos mediante una política redistributiva.

El anticapitalista, en cambio, sabe que la economía de mercado está regida en su beneficio por quienes controlan los mercados, cuya lógica no tiene para nada en cuenta el bien colectivo. Por ello aboga por una economía mundial racionalmente planificada, que produzca lo necesario para satisfacer las necesidades legítimas, no los caprichos impuestos por una publicidad desbocada (la tierra no lo soporta), y que distribuya equitativamente, de manera que nadie en el mundo disponga de riquezas que le permitan un control subterráneo de la cosa pública, y nadie viva en la pobreza. Este es el concepto de globalización progresista, frente a la globalización que se nos vende (y a la que se apela como si fuera un corsé que impide las medidas racionales y justas).

4) Y lo más importante: a un partido socialdemócrata la va bien la población actual, de la que puede recibir el suficiente apoyo para su política y a la que puede rendir beneficios concretos.
En cambio a un partido anticapitalista no le va bien la población actual, de la que no puede esperar apoyo para un cambio en profundidad, que es sólo alcanzable con un tipo de población nueva, formada por personas como las que Marx describió bajo el rótulo “el hombre nuevo”.

Puesto que en estas cuestiones, que son cruciales, la socialdemocracia coincide con otros partidos de derechas pero no con una izquierda anticapitalista, tiene más sentido colocar a la socialdemocracia a la derecha que a la izquierda.

Naturalmente, hay distintas clases de derecha, como también las hay de izquierda anticapitalista, y por ello colocar a la socialdemocracia en la derecha no debe tomarse por insulto, pues aunque hay una derecha criminal (empleado el adjetivo en su sentido técnico, dado que con su política produce innumerables víctimas), hay otra que trata de mejorar la suerte de los más desfavorecidos.

Dos estrategias

En atención a lo dicho, la posición ante el capitalismo debería marcar (y no lo ha hecho, y por eso así le ha ido a la izquierda) una gran diferencia en cuanto a estrategias, pero no entendidas como programas electorales o decisiones políticas. Hay en efecto que distinguir entre estrategia socialdemócrata y política socialdemócrata. La estrategia socialdemócrata no pretende trascender al capitalismo e ir más allá. En cambio la izquierda debe luchar por ir más allá aunque inicialmente se vea limitada a realizar políticas socialdemócratas.

Mientras a un partido socialdemócrata sólo le interesa el éxito electoral (conseguir el poder para desarrollar sus políticas), para un partido de izquierda anticapitalista esta meta debería convertirse en secundaria e instrumental, pues para ir algún día más allá de la política socialdemócrata, es preciso ir antes transformando la ideología popular.

Esta transformación es algo que, aunque en alguna medida se puede impulsar desde el poder, las instituciones y el activismo callejero, también se puede entorpecer. En realidad impone una tarea básica que hay que hacer tanto al margen del poder político y del Parlamento como de la agitación de la calle.

El éxito electoral como criterio

En la discusión que se está produciendo en Podemos ambos bandos parecen fijarse como meta el éxito electoral, como si no tuvieran otro horizonte que la conquista del poder mediante un aumento de votos. Pues veamos: ¿para qué quieren unos ese terreno más favorable de que habla Errejón? Para inspirar confianza a más gente, atraer más votantes y espantar a menos. O sea, para tener más éxito electoral, y en lo mismo se piensa cuando se dice que, mediante la transversalidad, Podemos consiguió hacerse un hueco en el panorama político y no ser una fuerza “testimonial”, como le ha ocurrido a IU.

En el bando opuesto quienes creen que hay que manifestarse sin disimulos y atender a los problemas de la gente fuera de las instituciones, piensan también que esta es la forma de conseguir su apoyo electoral.

Esto se ve claro en el análisis de las últimas elecciones: unos dicen que la pérdida de votos se debió a haber asustado y los otros dicen que se debió a haber querido tranquilizar.

Como en ambos casos el valor de una estrategia depende de los votos que consiga, si con una estrategia se pierden votos se da por errónea, si se ganan votos por acertada. Y todo esto moviéndose en la niebla, pues nunca se sabe a ciencia cierta por qué se obtuvieron votos o por qué se perdieron.

Una paradoja

Recuerdo los tiempos en que el partido comunista primero, y luego IU, eran los únicos presentes en fábricas y barrios para liderar las protestas ciudadanas y luego experimentaban la frustración de ver que los votos iban a los partidos que no hicieron nada, incluso a aquellos que habían ocasionado el problema.

Pero imaginemos que se hubieran conseguido los votos. Aquí se da la siguiente paradoja: en la medida en que tengas éxito en la lucha por solucionar “los problemas de la gente”, en esa medida pierdes su apoyo para ir más lejos. Hoy aprovechas su indignación y ganas sus votos, mañana su indignación disminuye porque su situación ha mejorado gracias a tus esfuerzos, y los pierdes para impulsar un cambio más radical.

Pensando en los votos hablan algunos de ganar el corazón y la mente de la gente, pero hay que insistir en que, siendo la población como es, lo mismo que se ganan los corazones y las mentes, se pierden.

La falsa conciencia como punto de partida

La derecha sabe muy bien que la verdadera batalla no se da en el campo electoral, sino en el ideológico. Y esa es la batalla que ha ganado desde tiempos remotos. Mientras la izquierda ha estado muy despistada en este asunto, la derecha, tanto la laica como la religiosa, siempre ha tenido muy claro que lo importante es troquelar y alimentar la ideología de la gente en la dirección que le interesa.

Marx describió este punto de partida mediante su concepto de “falsa conciencia”. Como efecto de la eficacia de la ideología conservadora, que es la que se viene heredando y potenciando, mucha gente ignora cuáles son sus intereses objetivos, y esa es la causa de que no vote a quienes los favorecen y vote a quienes los perjudican. Si no hubiera falsa conciencia, y puesto que un 1% se enfrenta al 99%, el 99% votaría izquierda y sólo el 1% derecha.

Permaneciendo todavía en el punto de partida, el sentido común de nuestra época no pasa de ser, en su núcleo, falsa conciencia. Y no hemos salido de ahí en parte porque Marx equivocó la solución y los marxistas posteriores no atendieron a quienes intentaron remediar el error. Pues la falsa conciencia no se elimina mecánicamente a base del mero cambio del modo de producción (se ha comprobado), ni tampoco participando en batallas políticas o actividad callejera (que tienen su valor, pero no para tanto).

Volvamos a las dos estrategias

Siendo esto así, mientras a la socialdemocracia, que está a favor del sistema, le basta con ganar el corazón y la mente de la gente como apoyo para su política conservadora, para la izquierda no se trata de “ganar”, sino de “transformar”. Puesto que un cambio radical, un final acceso a la democracia, sólo es posible con el respaldo de una mayoría social emancipada, conseguir esa población debe ser la finalidad de un partido de izquierda anticapitalista, cuya actividad debe ser evaluada por su efecto en la transformación de aquellas personas que, estando objetivamente interesadas en un cambio de sistema social aunque no lo sepan, podrían más adelante ser impulsores y defensores de ese cambio, con la necesaria constancia y a través de las distintas circunstancias.

Ello requiere expandir un doble conocimiento: acerca de lo que hay y lo que está ocurriendo, que implica señalar claramente dónde están los obstáculos concretos que impiden una vida mejor colectiva; y acerca de lo beneficioso que sería para todos que la sociedad se regule por leyes racionales y justas, conocimiento éste que libera y potencia lo que cada cual tenga, dentro de sí, de solidaridad y tendencia al bien.

La expansión de este conocimiento y de los buenos sentimientos se puede favorecer tanto desde las instituciones como desde la calle, aunque transformando ambos espacios en escuela política de cara a la población, y para ello es imprescindible hablar claro, con dureza mesurada, no importa qué temores o qué odios se provoquen. Serán tanto mayores cuanto menos gritona y mejor argumentada sea la denuncia.

Volvemos con esto al tema de los votos. Importan en la medida en que permitan acciones que contribuyan a la necesaria transformación ideológica. Una estrategia que dé votos hoy será perjudicial si al mismo tiempo ha tenido un efecto deseducador a largo plazo. Por ejemplo, las victorias del PSOE y su paso por el gobierno no han valido para salir del punto de partida, más bien para seguir ahí, pero sumidos en la desmoralización.

Comprendo que este análisis no sea del gusto de los políticos de la vieja escuela, ni de quienes querrían efectos inmediatos, pero creo que es el adecuado.

A vueltas con el “qué hacer”

Para dar la réplica a la derecha en la batalla ideológica es necesario:

a) Revitalizar el trabajo de los Círculos, cuya función no ha de limitarse a avalar o impulsar decisiones políticas, ni a participar en programas como los llamados Impulsa y Hacemos.

Si es necesario promover el conocimiento y los valores de igualdad y fraternidad, resulta imprescindible poner en marcha universidades populares, acercar el conocimiento y la cultura a los barrios y pueblos mediante conferencias, cursos sobre política, cine, música, deportes, actividades sociales. Esto es trabajar en la calle y no sólo (aunque también) promover protestas y manifestaciones.

En este ambiente tendría mayor efectividad el Banco de Talentos para prestar conocimiento allí donde los emprendedores lo necesiten, y también la colaboración entre los Círculos con el fin de tejer redes y crear sinergias entre los distintos actores del territorio. Lo importante es que las iniciativas que surjan abajo (y seguro que hay riqueza de imaginación y deseos) encuentren apoyo en la organización política.

b) Predicar con el ejemplo de cuantos aparezcan como militantes, pero sobre todo portavoces, cargos públicos y líderes. En ese sentido es acertada la medida de que los cargos públicos de Podemos entreguen al partido la parte de sus emolumentos que sobrepase el triple del salario mínimo. Pero hay que añadir una autovigilancia cuidadosa, sobre todo sabiendo que los medios conservadores van a aprovechar cualquier descuido para pregonar que los anticapitalistas son peores que los demás, porque son pecadores y además moralistas.

Por más que parezca anecdótico, hay que cuidar la coherencia de los gestos públicos y las declaraciones. ¿Qué sentido tuvo la sonrisa de divertida complicidad con que Iglesias reaccionó a un chascarrillo soez de Rajoy sobre su email a Bárcenas, en lugar de responder con el natural gesto de desagrado? De nuevo el error de querer aparecer amable como para compensar que se ha sido crítico un rato antes. Peor aún es que Errejón se refiera a los medios privados diciendo que nunca ha creído en las teorías de la conspiración y en las manos negras. ¡Estupenda manera de abrir los ojos a la gente! Malo si es sincero, peor aún si no lo es.

c) Activar un centro de investigación que ponga y mantenga al día la teoría, haciendo que en ella confluyan los desarrollos que en las distintas ciencias sociales (sobre todo en las híbridas de sociología, psicología y lingüística) se han ido produciendo desde el segundo tercio del pasado siglo.

d) Disponer de medios de comunicación atractivos y fiables (y por tanto no partidarios ni sectarios).

Hay que recordar que Podemos es consecuencia de los indignados del 15-M, pero también de La Tuerka y del diario Público. Estos medios son un primer paso pero todavía insuficiente. La izquierda debería disponer de emisoras de radio y televisión al alcance de toda la población, y hacer de ellas una anticipación de los medios públicos que sus propios valores exigen: inteligentes, creíbles y atractivos, capaces de expresar de manera sencilla, a distintos niveles de complejidad, el conocimiento que la mayoría necesita, y ofreciendo espacio a las ideologías opuestas sin censura alguna.

Algo más sobre medios de comunicación

Hay que recordar que el partido socialdemócrata alemán contaba en 1880 con 19 diarios y 41 semanarios y que, en cambio, una de las cosas más lamentables que hizo Felipe González cuando llegó al gobierno fue ceder a las exigencias de la derecha y liquidar o vender mediante subasta los llamados “Medios de Comunicación Social del Estado” (la agencia de información Pyresa, numerosas emisoras de radio y numerosos periódicos, entre ellos el diario Pueblo, tercero en importancia de España, más el diario Marca, que pasó a gentes del Opus), perdiendo así una gran ocasión de mantener la propiedad pública de estos medios y entregarlos al control social, para así liberarlos tanto del control gubernamental como del de sus propietarios. De haber hecho eso no estarían los medios de comunicación españoles como están, que al ser casi todos conservadores sin suficiente contrapeso, se han convertido en los medios menos fiables de Europa (según un estudio del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford). Y la izquierda hubiera podido mantener sus posiciones en el campo de batalla ideológico.

No es que Felipe González desconociera el poder de los medios. Valga recordar cómo los utilizó para conseguir que en muy poco tiempo los que apoyaban la permanencia en la OTAN pasaran de un 18% al 56,85%, y eso a pesar de que la posición del PSOE hasta ese momento había sido contraria. González controlaba desde el gobierno los medios del Estado (radio y televisión) y pensó que con eso tenía suficiente.

Una conclusión

De lo dicho hasta aquí se sigue que la dificultad mayor de Podemos radica en que no todos sus miembros son anticapitalistas, aunque todos estén indignados.

Una solución sería que los anticapitalistas de Podemos fundaran junto con Izquierda Unida un nuevo partido que tuviera clara su ideología y finalidad, no importa que se viera obligado a políticas ocasionales socialdemócratas.

A su vez, aquellos miembros actuales de Podemos que no comparten la ideología anticapitalista podrían integrarse en un PSOE refundado que recuperara los valores y políticas de la socialdemocracia clásica.

Tanto el PSOE refundado como el nuevo partido anticapitalista podrían colaborar en muchos momentos, sobre todo en aquellas políticas socialdemócratas que Unidos Podemos (o como se quisiera llamar) tuviera que aceptar por pragmatismo (por impotencia para ir en un momento dado más lejos).

Esta colaboración exigiría respeto mutuo incluso llegados al punto en que tuvieran que separarse los caminos.

Claro que por lo que afecta a la refundación del PSOE ya le están marcando el camino: parecerse a Obama-Clintón y no a Corbyn.

jmchamorro@jmchamorro.info

A QUIÉN VOTAR EN LAS ELECCIONES DEL 20D

Me escribe una antigua alumna para pedirme que diga en mi blog a qué partido voy a votar en las próximas generales y por qué. Cree que eso puede ayudarle en un momento en que anda confusa. Es de izquierdas, siempre ha votado a IU y ahora se plantea si no será preferible votar a Podemos.

Pues vamos allá, diré lo que pienso por si le sirve de ayuda.

NADA QUE DECIR SOBRE EL PP Y POCO SOBRE CIUDADANOS

El PP está a la derecha de la derecha que gobierna Europa, y Ciudadanos, como bien ha dicho el Presidente del Banco Santander, es la versión de derechas de Podemos. Tener a mano esta versión resulta útil al poder económico por dos razones: puede sustituir al PP si este naufraga (algo que hace meses se temía más que ahora) y puede en otro caso complementar al PP y además quitar votos al PSOE. Albert Rivera interpreta hábilmente estas elecciones como alternativa entre “vieja y nueva política”, de manera que a un lado estarían todos los partidos que se han venido repartiendo el poder y enfrente los dos emergentes. Pero el esfuerzo de Ciudadanos por no parecerse al PP en asuntos básicos está empezando a naufragar. Los comentaristas ven a Rivera nervioso cuando se plantean los asuntos en que quiere pasar desapercibido, sean impuestos, reforma laboral o copago, y su última propuesta, quitar agravante a las faltas leves de índole machista, ha sido defendida de las críticas unánimes con argumentos impresentables, jaleados sin embargo en seguida por los periodistas de extrema derecha más desaforados. Significativo.

POR QUÉ NO A UPyD

Este partido ha dedicado su esfuerzo a denunciar la corrupción y en varios casos ha tenido éxito ante los juzgados. En lo demás es un partido conservador, actualmente casi destruido por sus peleas internas y con pocas posibilidades de sacar diputados.

POR QUÉ NO AL PSOE

Aquí podrían aparecer las dudas del voto útil. Pero el PSOE, por más que Pedro Sánchez proclame a gritos sus pasadas glorias, tiene dos problemas visto el asunto desde la izquierda: es socialdemócrata no por estrategia, sino de corazón (es decir, procapitalista). Y además está en manos de bancos acreedores. Por eso su política económica ha sido similar a la del PP.

Alardea Sánchez de que el PSOE ha promulgado muchas leyes de carácter social, y es verdad, pero sólo porque no tuvo que enfrentarse a los dueños del dinero. A éstos les resulta indiferente que se legisle sobre la igualdad entre hombres y mujeres, el matrimonio homosexual, el divorcio o el aborto. Y es ahí donde el PSOE ha hecho una tarea valiosa, que si el PP ha tratado de obstaculizar es sólo en atención al carácter reaccionario de gran parte de sus votantes.

Se puede decir lo mismo de otros campos. Universalizar la educación es algo que interesaba al poder económico: alfabetizar a todos, pero sin pasarse, no fuera a ser que el país tuviera una población difícil de engañar. Y eso es lo que hizo el PSOE, universalizar la educación pero sin recursos para hacerla efectiva (sobre todo respecto a las clases económica y culturalmente bajas). Una sanidad pública para los de abajo, los que no pueden pagar la privada, interesa también a quienes los emplean. Pero el PSOE ha estado muchos años en el poder y no ha hecho leyes fiscales justas, ni ha mejorado la escuela pública con el dinero con que se subvenciona a la privada, ni ha intentado poner coto a los abusos de las eléctricas, la banca, las grandes multinacionales y las grandes fortunas. Por el contrario, se ha puesto al servicio de ellas a cambio de que la banca le condone intereses y prorrogue créditos, a cambio también del uso de las puertas giratorias. Hoy te favorezco, mañana me das un puesto lucrativo. Ni siquiera ha sido capaz de desarrollar con coherencia el carácter laico del Estado denunciando los Acuerdos con el Vaticano.

POR QUÉ NO A IU

He votado muchas veces a IU y siempre para sentir una frustración que sólo me expliqué cuando supe que también IU está en manos de la banca, porque cometió el error de pedir préstamos que no puede devolver ¡y para malgastarlos en campañas electorales! En los años que IU lleva de vida, y que pueden añadirse a los previos del PCE, ha hecho poco de lo que debería esperarse de una izquierda consciente. No ha puesto en pie medios de comunicación influyentes, no ha hecho propuestas interesantes en educación y, ya que no tenía fuerza para legislar, ni siquiera se atrevió a denunciar ante la población los entresijos de la política legislativa y económica de los gobiernos del PP y del PSOE. ¡Qué decir del silencio de los miembros de IU que entraban a formar parte de consejos de administración de las Cajas y que en lugar de denunciar lo que ocurría allí dentro se lucraron como los demás! Sólo ha sido útil IU a nivel local para frenar algunos proyectos urbanísticos de la derecha y prestar más atención a los barrios pobres. Su candidato Alberto Garzón es un político que cae muy bien, pero debería comprender que a IU sólo le queda un camino honorable: disolverse y dejar espacio a la creación de un partido comunista que sepa plantearse la situación a largo plazo y sin hipotecas.

POR QUÉ NO A RECORTES CERO

Es éste un movimiento que presenta un programa atractivo y que ha hecho cosas interesantes. Dispone de medios de comunicación con trabajos valiosos e informaciones útiles, aunque en la línea de prensa de partido, y hace esfuerzos por divulgar la crítica marxista entre sus simpatizantes, aunque con una rígida adscripción al maoísmo. Siempre que me lo piden colaboro con ellos, pero su problema es el de la utilidad del voto: previsiblemente no sacarán diputados. ¿Por qué no se presentan unidos con las restantes fuerzas de izquierda?

SÓLO QUEDA PODEMOS

¿Qué se puede decir contra este partido?

Desde hace meses, en algunas ocasiones, me he sentido, como me imagino que tantos otros, incómodo o defraudado por algo que ha dicho o hecho algún dirigente de Podemos. No me han gustado los argumentos que se adujeron para no pactar con IU, sobre todo teniendo en cuenta que Pablo Iglesias había pretendido poco antes ir en una lista de IU. No me han gustado los desencuentros, dentro de Podemos, por causa de las confecciones de las listas electorales. No me ha gustado la precaución miedosa con que dirigentes de Podemos han reaccionado a la forma malintencionada con que se los relaciona con Syriza y Venezuela (me hubiera gustado oírles algo a favor de Syriza y de la revolución chavista por su propia iniciativa, no como tibia respuesta a un ataque). No me gustó la excesiva prudencia de Iglesias en su mano a mano con Rivera en el programa de Jordi Évole, y antes en una entrevista que le hizo la periodista Ana Pastor.

Por razones que he dado en otra entrada de este blog no me ha parecido acertado que se liguen los conceptos de democracia y derecho a decidir, referido éste a la independencia catalana, y menos la afirmación de que Podemos no pactará con ningún partido que no acepte la convocatroria de un referendum en Cataluña en el plazo de un año. Lo adecuado, pienso, sería un referendum para aprobar una nueva Constitución y, sólo en el caso de que ese referendum se pierda en Cataluña, la convocatoria de un referendum para que los catalanes digan si quieren o no seguir en España. Está claro que en este asunto han influido las conexiones y compromisos de Podemos con otros grupos catalanes.

Algunas de estas decepciones (no la del referendum) tienen relación con la crítica que se viene haciendo a Podemos por haber pasado del radicalismo de sus comienzos al aire pacífico y contemporizador que muestra ahora, y que se traduce en una rebaja en las propuestas electorales.

Quien se muestra más agrio en esta crítica es Antonio Elorza, primero comunista ortodoxo, luego partícipe en la fundación de Izquierda Unida y finalmente simpatizante legitimador de UPyD. En El País del pasado día 10 se dedica a mirar con lupa declaraciones de Pablo Iglesias para afirmar que la llamada erróneamente moderación de Podemos es en realidad una permanente mutación de acuerdo con las exigencias del mercado político. Y concluye que esto “no es transformismo, sino travestismo político según la fórmula de que cambiaré mis principios según las encuestas”.

Critica también el liderazgo personal nada democrático de Iglesias y afirma que, mientras éste se llena la boca de democracia, en su partido impera una autocracia que no admite oposición, lo que anuncia una forma de gobernar no de izquierda, sino izquierdista (Lenin).

Argumentos a favor de Podemos

El primero y muy importante es que se financia mediante pequeños donativos y préstamos de simpatizantes, y que se ha comprometido a no pedir nunca un préstamo a la banca, condición necesaria para salvaguardar alguna libertad.

En parte por esta independencia, por ser el único (de los que tienen posibilidades de éxito) que no está controlado, los poderes económicos temen que Podemos consiga el poder. Nada temen de los restantes partidos, todos ellos bajo control.

En el VI Encuentro de EXPANSIÓN diez altos ejecutivos y analistas españoles de firmas financieras de la City de Londres han reconocido que sienten menos intranquilidad ante las elecciones españolas al descartar el triunfo de Podemos por su decaimiento en las encuestas. Los alivia que, de acuerdo a los sondeos, la alianza con más posibilidades de formar Gobierno sea la de PP y Ciudadanos. Estos ejecutivos han pedido nuevas reformas económicas al futuro Gobierno para que se gane la confianza a largo plazo de grandes multinacionales y fondos. Saben de sobra que esas reformas se llevarán a cabo con cualquier gobierno en el que no esté Podemos. Y nosotros conocemos el significado de “reformas” en boca de la derecha: nuevos recortes en sanidad y pensiones (para facilitar suculentos negocios privados) y ahondar en la reforma laboral (para acabar con la poca capacidad de resistencia que queda a la clase trabajadora y entregarla atada de pies y manos al interés de los empresarios).

Se puede añadir que la victoria de Podemos cambiaría la situación europea, porque junto con las izquierdas portuguesa, griega e italiana podría alterar la correlación de fuerzas, presionando al indeciso socialismo francés y oponiendo a las exigencias de la derecha que gobierna Europa una resistencia que Syriza no pudo hacer sola.

Balance entre argumentos en contra y a favor

Por lo que respecta a la democracia interna creo que es un peligro constante el carácter carismático que otorga a todo lider su tirón electoral. Esto ocurre en todos los partidos y la ventaja de Podemos es que su democracia interna está más garantizada por sus estatutos: el líder sabe en todo momento que puede ser revocado, lo cual mitiga mucho la autocracia, y hemos visto que hay oposición y que funciona. Se ha exteriorizado en varias ocasiones y ha logrado, por ejemplo, que dos brillantes fichajes hechos por la dirección se retiraran de las listas.

Por lo que respecta a la moderación, mi crítica, que no es la del enemigo ideológico converso, sino la de un simpatizante, debe matizarse con esta consideración: sabemos que los partidos de izquierda que no esperan gobernar (caso por ejemplo de Recortes Cero, de IU y de Podemos en sus inicios) son más radicales en sus críticas y propuestas que los que tienen esperanzas. Y esta tendencia a la templanza se explica si se tiene en cuenta el estado ideológico de la población española, muy trabajada a lo largo de décadas por los medios conservadores.

El mismo Elorza, tan crítico ahora con el pragmatismo de Podemos, participó en la creación de IU, que en realidad fue un pragmático disfraz del PCE para evitar la repugnancia que una parte de la población sentía ante la palabra “comunismo”, tan fuertemente relacionada por los medios de comunicación con crimen, pobreza y dictadura.

En suma, hemos de aceptar que, teniendo en cuenta los efectos en los votantes, el dirigente de un partido como Podemos no tiene la misma libertad de quienes opinamos sin otro interés que acertar en los argumentos. Pues tal dirigente tiene que pensar en muchas otras cosas y no sólo en su pulcritud intelectual y moral. Ha de plantearse preguntas como éstas:

¿Interesa realmente conseguir poder político? ¿Para qué? Y ahora que podemos conseguirlo, ¿es buen camino ir haciendo declaraciones y promesas de izquierda anticapitalista que espantarán a muchos votantes y que luego encontrarán tan fuerte oposición (de la derecha que gobierna Europa, de los mercados, de los medios de comunicación) que serán irrealizables? ¿O conviene moderar el discurso para atemperarlo a la ideología de la población y a las posibilidades presentes? ¿No es hacer el juego a la derecha ir a pecho descubierto para fracasar?

Son preguntas a las que yo respondería afirmativamente siempre que quedara bien precisado el para qué del poder: en las presentes circunstancias creo que vale la pena moderar el discurso y rebajar las propuestas (por más que ello nos defraude como testigos) si es con vistas a deshacer las reformas y recortes hechos en esta y la anterior legislatura (la del malhadado Zapatero), que tanto sufrimiento vienen ocasionando a millones de españoles, y para dar pasos adelante en tres espacios: el de la fiscalidad (reducir significativamente la brecha creciente entre ricos y pobres y dotar de mayores recursos al Estado), el de la educación (acabar con el fracaso escolar de las clases bajas y lograr su acceso a la universidad en la misma proporción que las clases restantes) y el de medios de comunicación de izquierdas (espacio para perseverar en la crítica radical al capitalismo y en las propuestas radicales). Si se terminara haciendo esto, poco se podría decir contra la estrategia moderada de Podemos.

Lo que por ahora sabemos es que, al ser el único partido no controlado, Podemos es el único que puede deshacer lo hecho por Zapatero y Rajoy y legislar a favor de los intereses colectivos, el único con capacidad para negarse a convertir en leyes los proyectos que le lleguen desde la banca o desde las empresas del IBEX 35, el único con capacidad para plantar cara a las exigencias europeas.

Por otra parte lleva en su programa propuestas interesantes en política fiscal y educativa.

Cierto que es insuficiente ofrecer enseñanza pública gratuita de 0 a 3 años, reducción de la carga lectiva del profesorado y del número de alumnos por aula y aumento del profesorado de apoyo allí donde los alumnos lo necesiten, pero son medidas válidas para echar a andar y no se encuentran mejores en los programas de los restantes partidos con opciones de gobierno. Por lo que se refiere a favorecer la existencia de medios de comunicación de izquierdas, un programa electoral no es lugar adecuado para hablar de ello, pero bueno sería empezar dando a la izquierda anticapitalista su espacio correspondiente en los medios públicos de comunicación. Y da la impresión de que Podemos está más capacitado que otros para hacerlo.

Así que el día 20 votaré a Podemos.

UN COMENTARIO FINAL SOBRE LA PRESIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Se lleva mucho tiempo intentando descalificar a Podemos por su afinidad con Syriza (el supuesto fracaso de Syriza estaría anticipando el seguro fracaso de Podemos si gobierna) y por su colaboración con la revolución bolivariana (relacionándola con el totalitarismo, la ineficacia económica y el crimen).

La presión mediática es tan fuerte y sus castigos tan duros que es natural que Podemos sea prudente y no se lance a decir, por ejemplo, lo que yo dije en este blog sobre el aparente fracaso de Syriza y el seguro fracaso de Europa (la Europa que queríamos, que no es la que tenemos). Véase, sobre este segundo fracaso, el gran ascenso de la extrema derecha francesa, incluso entre la juventud de antiguos feudos comunistas y socialistas atraída por un discurso antieuropeísta.

Es también comprensible que Podemos no se lance a decir sobre Venezuela cosas como las que yo me permito a continuación.

Maduro ha reconocido que su derrota electoral se ha debido a errores de su gobierno y a casos de corrupción. Nada que distinga a Venezuela de España. Ahí tienen al PP, con toda su estructura partidaria corrupta y encabezando las encuestas. Ahí tienen a Rajoy, más que sospechoso de corrupción, y tan tranquilo como jefe de gobierno. Pero la corrupción es doblemente lamentable cuando se da en la izquierda. Así que no voy a defender a Maduro y su gobierno apelando a su parecido, en lo malo, con España.

Algún comentarista, entre condena y condena al régimen venezolano, se ha visto obligado a reconocer de mala gana que la revolución chavista dio vivienda, sanidad, comida y educación a millones de venezolanos que no tenían nada de eso. El régimen anterior, el de Carlos Andrés Pérez y luego de Rafael Caldera, tenía a esos venezolanos sumidos en la pobreza y no recibía críticas continuas y acervas. Pero es que Hugo Chávez expropió latifundios y nacionalizó industrias de petróleo, telecomunicaciones, eléctricas, cemento y acero, hasta entonces en manos de multinacionales que estaban saqueando el país. Es natural que las oligarquías perjudicadas y sus medios de comunicación hayan establecido una estrategia para extirpar ese cáncer e impedir que aparezca en otros sitios. En esa estrategia entra el boicot económico, la violencia y la propagación de noticias falsas.

Se había ido preparando el terreno para afirmar, si Maduro ganaba las elecciones, que éstas no fueron limpias, que el éxito de Maduro fue un pucherazo. Sabemos algo del golpismo en América latina y de los procedimientos previos que suele utilizar la derecha para crear una situación insoportable y justificatoria. Por falta de datos no puedo opinar sobre los encarcelamientos recientes de políticos de la oposición en Venezuela, pero si tengo muy claro esto: supongamos (es sólo una hipótesis) que un opositor de derechas, de la calaña de Pinochet o Videla, comete en Venezuela un delito de sedición y es juzgado, condenado y encarcelado. Los medios conservadores del mundo lo presentarán como un héroe injustamente perseguido por un régimen totalitario. ¿Es imaginable un régimen totalitario que pierda unas elecciones de manera tan abrumadora como las ha perdido Maduro?

Como voy por libre me atrevo a plantear así el caso, pero creo que no deberíamos reprochar a los dirigentes de Podemos que sean precavidos ante unos medios de comunicación que están esperando cualquier ocasión para atacar. Y sabemos muy bien cómo lo hacen y con qué efectos.

Una última cosa: al reconocer la derrota, Maduro ha dicho que ganaron los malos. Frase escandalosa. ¿Es que acaso hay votantes buenos y votantes malos? ¡Pues claro! Son malos los que pertenecen a la minoría que explota y que, cuando pierde el poder, miente, tergiversa y actúa para acabar con los que intentan un reparto más justo de la riqueza del país. Claro que hay que añadir que son peores los dirigentes revolucionarios corruptos.

Concluyo repitiendo que, por las razones expuestas, el día 20 votaré a Podemos.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA Y OTRAS CUESTIONES

Las últimas elecciones y las negociaciones entre partidos para establecer mayorías vienen dando mucho que hablar. Se me ocurren estos comentarios:

EL ELECTORADO NO PUEDE ENVIAR MENSAJES
Es un lugar común, falso, que el electorado ha decidido esto o aquello, que ha enviado este o aquel mensaje. El electorado no es un sujeto que tome decisiones o se comunique con la clase política. Es un mero conjunto de votantes y cada votante sólo decide una cosa, el sentido de su voto. Quien vota a un partido carece de idea acerca del resultado final y por lo general lo que desea es que su partido consiga el mejor resultado, la mayoría absoluta si es posible. De manera que es falso que la sociedad haya decidido el fin de las mayorías absolutas o una política de pactos. Eso ha sido el resultado de voluntades que en su mayoría no querían eso, sino un resultado diferente. Lo que sí es cierto es que muchos votantes han abandonado al PP y al PSOE y han optado por partidos nuevos, y esto ha de tomarse no como un mensaje, sino como un hecho interpretable. El supuesto mensaje lo fabrica cada político al analizar los resultados.
Por lo demás utilizar, como hace un editorial de El País, la frase “aspiraciones expresadas por la sociedad” no deja de ser un camelo. Algunos parecen creer que las sociedades (por ejemplo, la griega, la española, la europea) son, al igual que los electorados, entidades unitarias, sujetos de gran formato. Se intenta así, por ejemplo, contraponer Grecia a Europa, como si hubiera un conflicto entre esas dos entidades, una insensata, Grecia, y otra razonable, Europa. En realidad negocian por una parte no Grecia, sino un gobierno griego que trata de recuperar la dignidad del país y salir del desastre social a que lo han llevado los sinvergüenzas de dentro y de fuera, y por otra parte no Europa, sino las instituciones europeas y mundiales controladas por la derecha neoliberal.
Una sociedad elitista no es un sujeto, sino un campo de batalla. Poco tienen que ver las aspiraciones de un votante de derechas con las de un votante de izquierdas, salvo que son contrarias. Mayor desigualdad significa mayor beneficio para los menos, mayor perjuicio para los más, y son los menos, no los más, quienes deciden. Por eso la desigualdad aumenta.

PRIMER EFECTO INTERESANTE
La irrupción de Podemos ya ha tenido un efecto: el corrimiento de otros partidos hacia la izquierda. Ha conseguido que el PSOE recuerde que es socialdemócrata (lo olvidó muy pronto), y que IU recuerde que lleva dentro un partido comunista (durante muchos años ha ocultado o disimulado el anticapitalismo como si fuera un secreto de familia vergonzoso).
Esperemos que lo ocurrido en Grecia y España tenga también alguna influencia en las dormidas poblaciones y en las derechizadas socialdemocracias europeas.

PODEMOS NO GUSTA A LA GENTE DEL DINERO
La gente del dinero (oigan a representantes de la banca) está alarmada por el éxito de Podemos y sobre todo por lo que ese éxito pueda dar de sí más adelante, que más adelante hay más, relacionado ya con el Parlamento y el gobierno de la nación. Si se hiciera caso a algunos representantes políticos del dinero resultaría que Podemos tiene dentro las maldades del estalinismo, del nazismo e incluso del Estado Islámico, y además poderes inconmensurables, tanto como para acabar con la democracia europea. Altos dirigentes del PP ya han hecho saber al PSOE que pactar con Podemos es un signo de radicalismo inaceptable, una traición al sistema que nos hemos dado los españoles. Hasta la derecha venezolana se toma la molestia de advertirnos del gran riesgo que corremos.
Claro que así hacen un favor a Podemos, porque dejan claro que, hoy por hoy (mañana ya se verá), votar a ese partido es lo correcto si no se quiere ser cómplice del estropicio que los viejos partidos han ocasionado.
Dicen algunos, en réplica a los dirigentes del PP, que lo que de verdad daña a la democracia es la corrupción. Pero habría que matizar: la corrupción daña a la democracia si esta existe. Lo que no existe no puede ser dañado. Y resulta que los dos grandes partidos han venido impidiendo la democracia al legislar y gobernar sometidos al poder económico y a su servicio.
Desde su punto de vista tienen razón cuando nos dicen ahora que Podemos, que no está controlado por el poder económico, es un peligro para la democracia. Para su “democracia”. Felipe González no quiere ni espera que se cambie el régimen por una aventura alternativa. Llama régimen a un tinglado político diseñado para legislar y actuar al servicio del capital, y a salir de ese régimen lo llama aventura (en sentido peyorativo).

AL MISMO TIEMPO SE DICE QUE TODOS SON IGUALES
Pero por otra parte, cuando conviene, se afirma lo contrario: en tertulias y análisis de periodistas y especialistas con muchas ínfulas se ha venido llegando a la conclusión de que Podemos es como los viejos partidos y actúa igual que ellos. Por ejemplo: Pablo Iglesias se ha reunido con Pedro Sánchez en un reservado de un hotel. Escándalo. ¿Acaso no condenaba Iglesias la política que se hace en reservados? Así funciona la cabeza de esta gente. Toman una frase al pie de la letra y de ahí derivan un mundo. Ninguna política ha hecho todavía Podemos en ningún reservado. Es que todavía no ha hecho ninguna política. Vuelvo a decir: esperemos para criticar a que haya motivo. Y no son todos iguales. Si lo fueran, los del dinero no estarían alarmados. A los del dinero para nada les alarman los viejos partidos y, claro está, tampoco, o menos, Ciudadanos.
Lo que ha de distinguir a la nueva de la vieja política no es si unos y otros se reúnen aquí o allí, si hablan con estos o con aquellos, si cambian cromos o hacen estos o aquellos pactos, sino cómo legislan por relación con el reparto de la riqueza. ¿Legislan al dictado del capital? Vieja política. ¿Legislan al servicio de la mayoría? Nueva política. Esperemos a ver.

¿PARTIDOS O MOVIMIENTOS SOCIALES?
A Manuela Carmena no le gustan los líderes, pero, mal que le pese, ella es una líder. Alguien es líder porque los demás lo deciden. La cuestión es cómo se ejerce el liderazgo, si como autócrata o como ciudadano que atrae y arrastra por la verdad de sus ideas y la ética de su comportamiento.
Carmena cree que un gran error del movimiento 15M es que haya decidido consolidarse en un partido. Ella aboga por la forma de movimiento-partido con menos estructura vertical y pegada a la calle y a los movimientos sociales.
La forma de actuar de los viejos partidos no es aceptable, y sin embargo algún tipo de organización deben darse los movimientos sociales si quieren tener efecto duradero. La tendencia anarquista es muy tentadora, pero sólo podrá tener éxito cuando la población sea muy distinta a la de hoy. Por eso es compatible desestimar el comportamiento de los partidos tradicionales y crear uno con la determinación de que no caiga en los vicios de ellos.
Esto requiere, a mi juicio, dos condiciones básicas a las que me he referido en otras ocasiones: por una parte mantener activa la conexión con los movimientos sociales de los que ha surgido el partido, de manera que esos movimientos controlen la actividad partidaria, puedan en todo momento revocar los cargos en las instituciones, decidan la línea política y apoyen su ejecución con toda la fuerza que sin duda será necesaria. Por otra parte, que el paso por los cargos sea temporal. Ya sabemos que si un líder tiene un gran tirón electoral puede ceder a la tentación de decir “yo o el fracaso”, y convertirse en líder carismático por encima del partido, poniéndolo al servicio de sus ideas o caprichos. Es lo que hicieron González, Aznar y Zapatero. En un partido dependiente de un movimiento social esta deriva es más difícil. Pero podría ocurrir que entre la gente de ese movimiento resultara demasiado atractiva la idea de ganar elecciones, y que entonces no tuviera inconveniente en soportar un líder autócrata con tal de que su gran tirón electoral mantuviera al partido en el poder. He aquí el peligro más grande, algo a evitar incluso a costa de perder votos y poder.
En cualquier caso conviene recordar que la influencia sobre los electores se puede ejercer aunque no se tenga cargo alguno. Monedero ha renunciado a su cargo y sigue trabajando para Podemos y puede participar en campañas electorales. De manera que disponer de normas que impidan que alguien se perpetúe en cargos (ahora uno, luego otro, etc.) no es dilapidar ningún activo, al contrario, es aumentarlo con una buena práctica que, a la larga, será recompensada.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA
Podemos ha tenido mejores resultados, con gran diferencia, donde no ha ido con su nombre, sino integrado en agrupaciones electorales de izquierda.
¿Avala este hecho la estrategia de que ese partido vaya a las elecciones generales integrado en agrupaciones electorales frente a la estrategia de que vaya con su propio nombre? Apoyándose en un acuerdo tomado antes de las últimas elecciones la dirección advierte a Izquierda Unida de que irá a las generales con su nombre y logo, y que descarta todo proyecto de convergencia que suponga una disolución de sus siglas o un giro en su “hoja de ruta”. Sergio Pascual ha usado en esa advertencia la expresión “con total rotundidad”, desagradable y propia de otra clase de gente. Supeditar el proceso de confluencia a que los electores encuentren la papeleta y el logo de Podemos en los colegios electorales parece conceder al partido una sacralidad inútil. Exigir a otros que, si quieren la unidad de la izquierda, salgan de sus partidos y se presenten a las primarias de Podemos, equivale a boicotear con mal estilo la unidad de la izquierda que tanta gente desea. Parece más sensata la actitud de IU, dispuesta a renunciar a sus siglas en las papeletas en beneficio de esa unidad, actitud compartida por un importante grupo de dirigentes de Podemos que ha firmado un manifiesto en ese sentido.
Este es un asunto importante, por sí mismo pero sobre todo como síntoma, y merece una reflexión colectiva y una nueva toma de decisiones a la vista de los hechos sobrevenidos.
Los partidos deben tener carácter instrumental y por ello no debería ser importante si se conservan o no siglas y logos, o bajo qué nombre se presenta cada organización. Lo cierto es que, si se tiene en cuenta que unida toda la izquierda puede ganar las elecciones y que en otro caso se perderán muchos miles de votos (dado un sistema electoral ideado para primar escandalosamente a los dos primeros), sobran los partidismos y los personalismos. ¿Es irrenunciable que pertenezca a Podemos el candidato de izquierdas a presidente de gobierno? Lo que interesa es que sea persona competente y comprometida con los valores y propósitos de la izquierda. Y sería un detalle coherente con esos valores y propósitos ceder esa candidatura, si mereciera la pena, pudiendo ostentarla.

 

PARTIDOS VIEJOS, PARTIDOS NUEVOS

El PARTIDO INCONTROLADO
Es natural que Ciudadanos apenas reciba críticas en los medios. Es un partido de derechas y el poder económico nada teme de él. Tienen razón los que dicen que Ciudadanos no es el cambio, sino el recambio, útil al sistema como recambio del PP, excesivamente lastrado por la corrupción (aunque Ciudadanos tiene ya algunos implicados). En cuanto a su programa es muy semejante al del PP, y ya ha dado muestras de desinhibición al proponer que suba el IVA del pan y baje el de los objetos de lujo, o al abordar asuntos como la sanidad para los inmigrantes en situación irregular. Por lo demás en el estupendo vídeo Desmontando a Ciudadanos, difundido en las redes sociales, se ofrecen muchos datos que explican la preferencia que por este partido tienen los dirigentes del IBEX 35. El presidente del banco Sabadell no se corta al decir que Ciudadanos es la opción nueva aceptable, frente a Podemos. Queda en el aire una pregunta: ¿Cómo es posible que los numerosos datos comprometedores para Ciudadanos estén silenciados por los medios? Imagínenselo. A esa ocultación se la viene llamando “sagrada” libertad de expresión.
El verdadero enemigo del establecimiento es Podemos, partido no controlado por ahora por el capital, y por ello sobre él se concentra el vocerío, y por ello muchos dicen con alivio: “el souffle está bajando”, o “se les está pasando el arroz”. El temor que inspiran se refleja en esta pregunta: “¿Son sus líderes personas que vienen de la izquierda muy izquierda y se han moderado, o son lobos con piel de cordero?”
Tras los casos Errejón y Monedero, exprimidos de forma abusiva, ha tocado hablar de la indefinición y ambigüedad del partido sin esperar a que se publicara el programa para las municipales y autonómicas. Una vez publicado se sigue hablando de vaguedad (pese a que contiene 215 medidas concretas), se cita el cuento de la lechera o se habla de transformismo, sin que quede claro si se acusa a Podemos de prometer demasiado o, por el contrario, de haber reducido las promesas iniciales. En realidad se le acusa de una cosa y de la otra. También de que no ha añadido al programa una memoria económica. ¿Algún partido ha presentado alguna vez una memoria económica? Un tertuliano de la SER, Francisco Giménez Alemán, ha llegado a despreciar y desestimar ese programa electoral al tiempo que afirmaba que ni lo ha leído ni piensa leerlo. Hace bien. Si está determinado a desestimar ¿para qué perder el tiempo?

EL VEREDICTO DESEADO: PODEMOS ES IGUAL QUE LOS PARTIDOS A LOS QUE CRITICA
Para demostrar esto basta cualquier indicio. La dimisión de Monedero de sus cargos ha sido motivo para afirmar que Podemos no está libre de disidencias, de tendencias contrarias y luchas por el poder, como los demás. Criticarían de la misma forma la unanimidad. La posición de Podemos en las negociaciones para la investidura de Susana Díaz en Andalucía inspira a muchos la idea de que las contradicciones de Podemos son insalvables: si vota no a la investidura demuestra que es un partido novicio que no sabe hacer política y que además copia el tactismo y el politiqueo de los viejos partidos. Si se abstiene para permitir la investidura le criticarán que está dando el poder a un partido de la casta. Algunos llegan a pedir cuentas anticipadas por los sapos que Podemos se tendrá que tragar en el futuro, como todos los otros.

UN EJEMPLO DE CRÍTICA SOFISTICADA-INSOLVENTE
Puesto que la mayoría de estas críticas no tienen otro fundamento que el afán inventor del crítico, la capacidad para urdir está bien recompensada. ¡Hay que ver cuanto intelectual realiza malabarismos analíticos! Los comunicadores han sido convocados, pero también los expertos, y numerosos catedráticos, de unas cosas y otras, se lanzan a cumplir su papel. Ocurre que las cabezas conservadoras no suelen producir ideas inteligentes. Un profesor de Derecho Constitucional se empeña en demostrar que Podemos es populista (lo que a su juicio quiere decir que plantea causas simples y emocionalmente sencillas con el objetivo de ocupar el Estado) y que mientras el modelo democrático es liberal, el populista tiende a ser totalitario. Un catedrático de la Pompeu Fabra dictamina que el populista se limita a cultivar el resentimiento. ¡Madre mía, qué mal anda el rigor de estos colegas!
En El País del 1 de mayo Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, equipara en un artículo (Tres actores, un mismo truco), a Mariano Rajoy, Pablo Iglesias y Oriol Junqueras aduciendo que los tres tratan de imponer sus diferentes posiciones como obvias, indiscutibles y “de sentido común”. Es decir, que utilizan el argumento del sentido común convertido en afirmación pretendidamente concluyente que aspira a dejar sin réplica en un debate a cualquier posible adversario o contrincante. Y dando un salto en la línea argumental, desprecia a los tres diciendo que piensan lo mismo o que, según se mire, no piensan nada. Todo para concluir que no cabe celebrar que conservadores y adalides de la nueva política coincidan en esa mercancía averiada, sospechosa (por apolítica) y premoderna. No cabe más.
Para demostrar su tesis respecto a Podemos, Cruz rebusca y encuentra dos cosas: la resistencia de sus líderes a situarse en la izquierda (omite que se sitúan con los de abajo) y una frase sacada de contexto de una candidata a las municipales, próxima a Podemos (ni siquiera de Podemos), supongo que Ada Colau. Nada de ello tiene que ver con la tesis a demostrar, pero en fin, a cualquiera se le puede ir el santo al cielo. Supongamos que Cruz, en vez de irse por las nubes, hubiera argumentado correctamente y demostrado que los tres líderes se asemejan en que apelan al sentido común y en que hablan como si estuvieran convencidos de tener la razón.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
Es fácil encontrar semejanzas entre unos y otros, la cuestión es si son políticamene relevantes. Y en este caso no lo son. Es como si equiparáramos a tres escritores alegando que los tres usan verbos y conjunciones. En el terreno de la política no hay sesudas y complejas ecuaciones que puedan sustituir al sentido común. Y todos los políticos hablan como si creyeran que su propuesta es la única válida. El mismo Cruz escribe aplicando el sentido común y convencido de tener la razón.
La cuestión es que no todos los sentidos comunes conducen a lo mismo, de igual forma que distintos usos de verbos y conjunciones no determinan el mismo resultado literario.
Lo que interesa es sobre qué hechos y promesas opera el sentido común de cada político y, sobre todo, qué afecto lo mueve. Los hechos o presupuestos pueden ser falsos o realistas. El afecto puede ser generoso o egoísta. En consecuencia, la creencia de tener razón puede ser sensata, o demencial, o cínica.

El PP Y PODEMOS ¿IGUALES O DIFERENTES?
Cuando un líder del PP argumenta con su sentido común dice algo así: “El PSOE de Zapatero sumió a España en la peor crisis de nuestra historia reciente y esa es la herencia que recibimos, pero gracias a nuestras políticas estamos saliendo de esa crisis y tenemos un futuro esperanzador. Vamos a bajar los impuestos y a crear medio millón de puestos de trabajo anuales.” Su conclusión es que conviene votar al PP y no al PSOE o a partidos nuevos que, por su falta de experiencia, serían más funestos que lo fue el PSOE si llegaran al poder.

En cambio cuando un líder de Podemos argumenta con su sentido común dice algo muy distinto: “Hasta ahora los partidos políticos españoles, controlados por el poder económico, han legislado y gobernado a favor de los de arriba (que con la crisis se han hecho más ricos) y en perjuicio de los de abajo (que se han hecho más pobres). Además han sido maquinarias de corrupción y de reparto de cargos con privilegios inmorales. Para no caer en el mismo pecado, nosotros no nos financiamos recurriendo a la banca, sino mediante pequeñas donaciones y préstamos populares. De momento hemos dado ejemplo de renuncia a los privilegios de la casta al decidir que nuestros diputados no ganen más de tres veces el salario mínimo y que donen lo que sobrepase esa cantidad. En cuanto a propuestas electorales concretas, para las municipales y autonómicas hemos presentado un detallado programa que recupera la orientación de la antigua socialdemocracia, y que incluye una subida de impuestos a los que más tienen, y una mejora de la educación y la sanidad públicas.”
La conclusión es que quien esté a favor de la mayoría de abajo hará bien en votar a Podemos.

Como se ve, el PP apoya su discurso en hechos falsos y promesas engañosas (y ello porque el afecto egoísta no puede presentarse como tal y, al disfrazarse de afecto generoso, está obligado a la mentira). No es verdad que el PSOE de Zapatero trajera la crisis. Esta tuvo un origen internacional (en los desafueros de la banca estadounidense), y se agravó en España por la burbuja inmobiliaria, efecto de la Ley del Suelo de Aznar. Tampoco es verdad que sean las políticas del PP las que nos están sacando de la crisis: la pequeña mejora de las cifras macroeconómicas se debe sobre todo a circunstancias externas (caída de la demanda de otros destinos turísticos, depreciación del euro, bajada del precio del petróleo), y por el contrario, las políticas del PP, contrarias en muchos puntos a sus propuestas electorales, están haciendo más ricos a los ricos y más pobre y más privada de garantías y derechos a una gran parte de la población. Casi todos los puestos de trabajo que se van creando son a tiempo parcial, con salarios de hambre y sin estabilidad. La bajada de impuestos es, contra su apariencia, una agresión a los intereses de la mayoría. Subir la presión fiscal (al menos hasta igualar la media europea) es condición para que el Estado pueda seguir prestando los servicios básicos. Pero no se trata de subir impuestos a las clases medias, sino a los ricos y a las grandes empresas, que apenas contribuyen.

En definitiva, el sentido común aplicado por el PP y el aplicado por Podemos llevan a distintos resultados, y no sólo por la verdad o falsedad de los hechos a que apelan (verdaderos en el caso de Podemos). Sobre todo por el afecto que los orienta. Cruz pregunta: “¿Acaso la disyuntiva entre individualismo y solidaridad puede resolverse apelando al sentido común?” Pues no: apelando al afecto. Los de izquierdas tienen tendencia a un afecto solidario, los de derechas a un afecto individualista. Ahí está la gran diferencia (aparte otras) entre Rajoy e Iglesias, que Cruz, por su antipatía a Podemos, no puede o no quiere ver.

A VUELTAS CON LA CASTA
Guste más o menos el término casta, vuelvo a lo ya dicho en otra ocasión. Ese término tiene un significado razonable si se emplea para caracterizar a partidos que han actuado como una élite política al servicio de la élite económica. En ese caso están todos los partidos conservadores, pero más que por sus formas de funcionamiento, o porque hayan tenido más o menos casos de corrupción (eso puede ocurrir en cualquier partido), por cómo han reaccionado a ella y, sobre todo, por cómo han legislado y cómo han gobernado (siendo IU responsable, como cómplice, por el tipo de oposición que ha hecho). Desde este punto de vista no tiene sentido decir que Podemos pertenece también a la casta. Puede que acabe perteneciendo más adelante (si llega a legislar y gobernar, o a jugar el papel de oposición), pero por ahora la denuncia es prematura. El que esté deseando hacerla debería esperar. Y ojalá, tras la espera, no haya razones para hacerla, lo que debería ser motivo de alegría para la izquierda anticapitalista.

CRÍTICAS RAZONABLES
Respetando los tiempos, ya se pueden hacer algunas críticas a Podemos. No me parecen útiles las que tienen que ver con cosas irrelevantes o disculpables, como estas o aquellas ocurrencias de unos u otros (la insistencia en Juego de Tronos), errores puntuales, disidencias o enfrentamientos, o la forma de comunicación (para mi gusto a veces excesivamente mitinera, a veces menos inteligente de lo que sería posible, pero en todo caso mejor que la de los demás).
Las críticas que a mí se me ocurren, y que ya he expresado en otro momento, son dos. Una, que sus estatutos no dejan solventado el tema de la permanencia en cargos. Que me corrijan si me equivoco, pero no he visto que esos estatutos impidan la posibilidad de que los dirigentes vayan pasando de cargo en cargo una vez agotado el tiempo máximo en cada uno. Claro que en este punto ningún partido está mejor que ellos. Otra crítica es que, aun dando por bueno que su programa sea socialdemócrata (no está la mayoría de la población para apoyar un programa que vaya más lejos, ni por ahora sería posible vencer la resistencia esperable), sí podrían ser más explícitos y claros en la crítica al capitalismo. Cierto que ningún partido propone la sustitución del capitalismo: a lo más se limitan a criticar algunos de sus excesos, y eso también lo hace Podemos. Cierto también que una crítica frontal acarrearía un aluvión de descalificaciones sin posibilidad de réplica. En fin, que esto se puede tomar como cuestión de estrategia inicial, y por tanto discutible. Lo que de verdad importará es lo que este partido haga si consigue algún poder. Lo que haga sobre todo en tres espacios, el fiscal, el ideológico (que comprende la forma de hacer frente al monopolio de masiva propaganda conservadora) y el educativo.

YA QUE POBRES, AL MENOS UNIDOS
Entretanto Podemos va por delante de los demás en dos puntos decisivos: la dependencia de sus líderes respecto de la gente integrada en los Círculos y su independencia del poder económico.
Esto último lo sitúa muy por debajo de los grandes partidos en gasto electoral. Para las elecciones convocadas está a la cabeza el PP con 20,5 millones de gasto y muy por debajo el PSOE con 7,8 millones. Mucho más abajo IU con 2,2 millones, Podemos con 1,2 millones y UPyD con 185.000 euros. Pongo en cuestión la cifra declarada por el PP (que significativamente coincide con el máximo gasto permitido), porque es un partido caracterizado por su falta de transparencia, cuentas B, etc. Y dejo fuera a Ciudadanos porque su falta de transparencia es mayor aún que la del PP y ha sido reiteradamente denunciada por los Tribunales de Cuentas.
Ni que decir tiene que estas diferencias de financiación determinan una concurrencia no igualitaria a las elecciones, dando gran ventaja publicitaria al PP y en segundo lugar al PSOE, los dos partidos que hasta ahora han acumulado mayor poder. Ventaja poco democrática.
Pero vuelvo al comienzo: la oposición generalizada a Podemos es señal clara de que vale la pena darles una oportunidad. Y es de lamentar que los partidos que se encuentran a la izquierda del PSOE no concurran unidos a las elecciones. Esta es otra crítica que ya puede hacerse (a los que sean culpables de que esa unidad no se consiga).

RAZONES PARA VOTAR A PODEMOS DESDE LA IZQUIERDA

Se vienen haciendo críticas a los líderes de Podemos en un intento de disuadir a quienes esperan de ese partido algo diferente y menos cutre. Suelen ser críticas malintencionadas. Otras, que menciono a continuación, pueden estar más fundadas. Si se es de una izquierda anticapitalista ¿vale la pena votar a Podemos, a pesar de estas últimas?

Críticas infundadas

No hace mucho los actuales líderes de Podemos, antes de la formación de este partido, hacían propuestas radicales, de esas que se dice que son condenables por populistas, demagógicas, antisistema e irrealizables. Ahora mitigan el radicalismo teniendo en cuenta que tal vez consigan el poder, y entonces se les acusa de ambigüedad y de disimulo. Los críticos concluyen que mientras sus antiguas proclamas prueban que son en el fondo radicales peligrosos, su actual disimulo prueba que no son de fiar.

Hay que reconocer que a veces ellos no se defienden bien. Les bastaría decir que una cosa es lo que piensan personalmente y otra lo que tienen que defender y proponer como dirigentes de Podemos. Las gentes que están detrás de Podemos no son todas anticapitalistas, aunque todas parecen descontentas de lo que hay. No es condenable la estrategia que consiste en partir del rechazo a lo que hay para sumar suficientes voluntades, a la espera de que el transcurso de los acontecimientos políticos vaya aclarando las cosas a cuantos aún creen que el capitalismo es compatible con la democracia y con el bienestar social.

Se acusa también a Podemos de haberse desideologizado (¡vaya palabra!) al no querer situarse en la izquierda, sino con los de abajo. Pero tan ideológico es arriba-abajo como derecha-izquierda. Y el cambio tiene justificación en la medida en que el término “izquierda” se ha prostituido. Por eso ya no aclara nada decir que uno es de izquierdas. ¿De qué izquierda? ¿De la socialdemocracia procapitalista del PSOE que se ha ido corriendo al neoliberalismo? ¿De la antigua izquierda comunista que se ha ido corriendo a la socialdemocracia? Se puede optar por añadir a “izquierda” algún adjetivo que aclare las cosas (por ejemplo, izquierda “anticapitalista”) o por cambiar estos rótulos por otros. La mayoría de abajo contra la minoría de arriba es una manera de expresar el pensamiento marxista que hablaba de proletariado y burguesía. No veo que sea para rasgarse las vestiduras.

Lo que sí es cierto es que las propuestas de Podemos se sitúan en el espacio de la socialdemocracia clásica, pero tampoco esto parece criticable. Cuando un partido se presenta a unas elecciones con posibilidad de conseguir algún poder político debe hacer propuestas que sean realizables, tomando en cuenta las resistencias previsibles y su fuerza.

Otras críticas son en apariencia más serias, como las hechas a Íñigo Errejón y a Juan Carlos Monedero.

A Íñigo Errejón se le ha acusado de realizar en Madrid, y no en la Universidad de Málaga, un trabajo sobre política de viviendas en Andalucía para el que fue contratado como investigador por 1825 euros brutos mensuales, que ha cobrado durante nueve meses (se desvinculó de la Universidad de Málaga el 16 de diciembre) y por haber incurrido en incompatibilidad al simultanear su trabajo con otra actividad (hizo informes para su partido relacionados con las elecciones europeas por los que cobró 6.000 euros). Por ello la Universidad de Málaga le ha abierto un expediente y propuesto la máxima sanción prevista en su régimen disciplinario: su inhabilitación para trabajar en esa universidad.

¿Es la cosa tan grave? Quien ha pertenecido a la Universidad como profesor, es mi caso, no puede por menos de sorprenderse del celo con que la Universidad de Málaga ha actuado, supongo que cediendo a la presión de los medios. Si se examinara con la misma lupa lo que hacen los restantes profesores muy pocos saldrían indemnes. Porque veamos: si Errejón tenía que hacer un trabajo sobre política de vivienda en Andalucía una de dos, o era un trabajo teórico o era un trabajo de campo. Si se trata de un trabajo de campo no se puede hacer permaneciendo en Málaga. Si es un trabajo teórico da igual hacerlo en Madrid: lo que importa es su calidad. A Errejón no se le acusa de no haber hecho el trabajo o de que sea malo. Se le acusa de no haber pedido un permiso de trámite por escrito, sino sólo de palabra. Repasen las cantidades en juego: el señor Errejón está no muy por encima del mileurista. Y la prensa no se priva de repetir en titulares que la Universidad de Málaga ha propuesto su inhabilitación, con lo que se pretende transmitir la idea de que ha cometido alguna acción muy grave.

A Juan Carlos Monedero se le acusa de haber trabajado para Venezuela, cobrar por un informe una cantidad exagerada, algo más de 400.000 euros (insinuando que esa cantidad encubre en realidad una financiación de Venezuela a Podemos) y evadir impuestos.

Con lo de Venezuela se da una lata insoportable. Pues veamos, hacer un trabajo contratado por el gobierno de Venezuela es preferible, visto desde la izquierda, a trabajar, por ejemplo, para el gobierno de Estados Unidos, máximo transgresor mundial de los derechos humanos desde la segunda guerra mundial. El problema es que esto lo podemos decir quienes no aspiramos al poder ni a ser bien tratados por los medios y las instituciones, pero no lo pueden decir los dirigentes de Podemos, que quieren evitar las represalias y su influjo en aquella parte de la población que se deja embaucar. En Venezuela hay cosas que van mal, pero no toda la culpa fue de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro. Se nos abruma con informaciones que insisten en que Venezuela es, desde que llegó Chávez, un país sin democracia ni respeto a los derechos humanos (¡ay Guantánamo!), y en cambio se da por supuesto que la derecha venezolana no actúa con tendencia al boicot económico y al golpismo, y que Estados Unidos es una democracia ejemplar que no se mete donde no le llaman. Que alguien haya mirado con simpatía el proceso iniciado por Chávez sólo revela que no pertenece al coro pagado y que tiene buen juicio.

Al crear una sociedad para reducir impuestos, Monedero ha hecho lo que tantos otros, utilizar las leyes vigentes en su beneficio. En todo caso la crítica se debería hacer a los que han promulgado esas leyes. Pero es que además, cuando el ministro Montoro siguió su costumbre de utilizar datos secretos contra sus enemigos políticos, Monedero optó por hacer una declaración complementaria y pagar según el criterio más lesivo para él, a fin de aminorar la campaña mediática que se le había echado encima. Hay que añadir que si fuera cierto lo que afirma el propio Monedero, que gasta ese dinero en financiar La Tuerka, y no en lujos personales, entonces habría que levantarle un monumento.

¿Qué entender por casta?

La conclusión que sacan los críticos es que estos dirigentes son corruptos, y que por tanto pertenecen también ellos a la casta contra la que arremeten. Pero en esta conclusión hay dos errores, porque ni estamos ante casos de corrupción, ni son los casos de corrupción los que convierten a un partido en casta.

Creo que el término “casta”, discutible como otros, puede valer en la medida en que se refiera a aquellas élites (política, mediática, intelectual, funcionarial) que medran al servicio de la élite económica, que las utiliza y las premia a cambio de ese servicio. La forma en que la élite política sirve a la económica consiste sobre todo en la elaboración de leyes y en la toma de decisiones ejecutivas.

Quiere esto decir que, aunque los actuales partidos con representación parlamentaria no tuvieran un solo caso de corrupción, seguirían siendo casta en virtud de la legislación que han ido promulgando y de la forma en que la ejecutan, siempre al servicio de los dueños y controladores del capital. Me refiero sobre todo a las leyes fiscales, a las penales, a las que regulan la propiedad, a las leyes hipotecarias y de desahucio, a las leyes laborales, etc. No legisla el parlamento. La sustancia de las leyes ha sido decidida por los servicios de estudios de la banca y las grandes multinacionales, por la patronal, las empresas de energía, los fondos de inversión especulativos y sus lobbies. Y la casta se limita a dar forma a esa sustancia en un simulacro parlamentario. Recordemos dos “detalles” entre mil: la impresionante pasividad de nuestros gobernantes a la hora de atajar la evasión fiscal, pese a que saben qué medidas, que se han negado a tomar, la dificultarían. Y la legislación que permite a los bancos quedarse con la casa hipotecada en caso de impago, poner en la calle al deudor y además mantenerlo como deudor.

Que el PP pertenezca a la casta no requiere explicación, pues no en vano representa los intereses de la élite económica. Los partidos de derecha-derecha (esos que prefieren llamarse de centro) son casta por naturaleza y, por decirlo de alguna forma, les va la marcha. En cambio requiere explicación la pertenencia a la casta, en distintos grados, del PSOE e IU.

El PSOE dio el primer paso ya antes de llegar al poder, cuando, para conseguir el imprescindible apoyo de Alemania y Estados Unidos, Felipe González hizo que su partido abandonara el marxismo y se hiciera explícitamente procapitalista. Dio los pasos siguientes por su dependencia de la Banca que le ha financiado sus campañas electorales y que no le exige la devolución de los créditos, y por el uso que han hecho sus dirigentes de las puertas giratorias. Que el PSOE es casta se muestra en la legislación que ha promulgado (y en la que no ha derogado pudiendo hacerlo) desde la Transición, en su benevolencia con la evasión fiscal y con los tejemanejes de la banca, las eléctricas y los grandes oligopolios, en la tendencia privatizadora, en la actuación al son que tocan los medios privados, en la dócil aceptación de las imposiciones de la troika, etc. A IU le ha perdido la herencia del eurocomunismo (defensor, con celo de converso, de las democracias existentes) y también la petición de créditos con los que se ha dejado atrapar por la banca, y por tanto amordazar y atar de pies y manos. Su pertenencia a la casta se muestra en su aceptación (o en su escasa resistencia y falta de denuncia) de la legislación y la política que realizaban los otros dos y que constituye el entramado legal que apresa a la población. Claro que el PSOE e IU no pertenecen a la casta en igual grado: por ejemplo, el PSOE andaluz se ha negado a secundar la propuesta de IU de crear un banco público que pueda entrar en competencia con la banca privada.

Desde este punto de vista, decir que Podemos pertenece a la casta es una sandez, primero porque se aduce una falsa razón, la corrupción de sus líderes (que encima es por ahora inexistente), y sobre todo porque ellos no han tenido todavía oportunidad de mostrar por dónde van sus actos legislativos y ejecutivos.

Críticas razonables

Dejando atrás estas críticas injustas, hay otras que Podemos debería considerar.

Una es que no hay en los Estatutos de Podemos algo seguramente necesario para prevenir que sus dirigentes acaben convertidos en casta. Me refiero a un límite de tiempo a los cargos públicos o de partido que cualquier miembro de Podemos pueda ocupar, de forma que, ejercido un cargo, se sea ya inelegible para cualquiera otro. A falta de esta medida precautoria, es probable que acabe ocurriendo lo de siempre: que aunque en Podemos los cargos sean elegidos democráticamente por las bases, estas tiendan a reelegir a los que parezcan más aptos para el éxito electoral, esto es, a los mejores comunicadores, que se consolidarán como una clase política cuya valía se medirá por su capacidad para conservar el poder, no importan las concesiones que haya que hacer a los de siempre. Para no ser casta hay que estar dispuestos a actuar con justicia aun a costa de perder el poder (y dispuestos a contar a todo el mundo por qué se perdió). Nada mejor para ello que no tener dirigentes que hagan de la actividad política una forma profesional de vida, saltando de cargo en cargo.

Se les puede también criticar que en algunos momentos son excesivamente ambiguos para no asustar a la opinión mayoritaria promovida por los medios, como si eso fuera a servirles de algo.

Por poner un ejemplo: en su réplica al debate sobre el estado de la nación del pasado febrero, Pablo Iglesias afirmó: “Sabemos que necesitamos a los ricos, pero les vamos a pedir responsabilidad”. Creo que podría muy bien haber dicho: “Sabemos que, por más que la extrema desigualdad que el capitalismo provoca nos repugne moralmente, dentro del sistema capitalista, del que por ahora no podemos salir, el papel de los ricos es necesario en el capítulo de inversiones, pero les vamos a pedir responsabilidad”. Lo que él dijo implica que toda sociedad necesita que haya ricos, y esto no es cierto y contradice la oposición de los de arriba y los de abajo que Podemos usa como eslogan.

Un segundo ejemplo: en una muy citada entrevista Pablo Iglesias aceptó el papel de alumno que intenta ganarse la benevolencia de la profesora severa (Ana Pastor), para sacar el aprobado. Pastor echó mano de un antiguo vídeo en el que Iglesias afirmaba que la existencia de medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Segura de haberlo pillado en delito de antidemocracia, la periodista comentó, melodramática, que esa es una afirmación tremenda, y preguntó al entrevistado si Podemos pretende imitar las “leyes mordaza” de Venezuela. ¿Por qué perdió Iglesias la ocasión de dar una lección a la profesora impertinente insistiendo en algo obvio que ella debería saber? Pudo muy bien decirle que la libertad de expresión exige que los medios sean públicos y estén bajo control social, lo cual no es mordaza alguna. Ponen mordazas tanto los medios públicos controlados por los gobiernos como los medios privados, estos sin responder ante nadie. Por ello tanto unos como otros atacan la libertad de expresión. Iglesias no se atrevió y fue tanto peor para él, porque quedó como un alumno que duda al recitar la lección.

Ya he dicho en otro momento que es posible complementar las propuestas realistas (de corte socialdemócrata) con un discurso anticapitalista de índole pedagógica. Que las propuestas se queden en el nivel de la socialdemocracia no quiere decir que el discurso haya de ser socialdemócrata.

¿Vale más la socialdemocracia de Podemos que la de IU?

Hechas estas críticas vayamos al fondo del asunto. Si las propuestas de Podemos están en el rango de la socialdemocracia ¿por qué votar precisamente a ese partido desde una ideología anticapitalista?

Hasta ahora, en los últimos años, mucha gente de izquierdas ha tenido que votar no por razones políticas, sino estéticas. No esperaban nada de la llamada izquierda, pero votaban a IU o al PSOE sólo con la esperanza de no tener que soportar la “fealdad” extrema de los gobernantes del PP.

Ahora la socialdemocracia de Podemos tiene, a mi juicio, dos ventajas respecto a otras, dos ventajas que permiten votar por razones políticas:

a) La conexión directa con la gente y el uso de la democracia interna, con la posibilidad de que los cargos elegidos puedan ser revocados.

b) El compromiso expreso de no pedir dinero prestado a la banca, financiarse con pequeñas aportaciones de los simpatizantes y total transparencia respecto a la financiación del partido y a los ingresos de sus dirigentes.

No es poca cosa que, por primera vez desde la Transición, tenga en España posibilidades de gobernar un partido que no está previamente controlado por el poder económico. Lo que Podemos pueda hacer con esa libertad está por ver, pero para comprobar si valió la pena hay que darles antes una oportunidad.

Concurren a las elecciones andaluzas otros grupos de izquierda anticapitalista (por ejemplo la agrupación electoral Recortes Cero) que disponen de la misma libertad, pero que no parecen tener fuerza suficiente para convertir los votos en diputados. Es una pena que no concurran juntos todos los grupos que se colocan a la izquierda del PSOE.

NO CABE DEMOCRACIA EN EL CAPITALISMO

Llevamos tiempo en que las apelaciones a la democracia son continuas. Se dice que el derecho a decidir es un derecho democrático, se propone democratizar la vida interna de los partidos, se habla de que la democracia se está devaluando, o de revitalizar la democracia. Pero en todo caso se da por supuesto que, por diferencia con países como Venezuela o Cuba, nosotros sí, nosotros vivimos en una sociedad democrática. Y no es cierto, nunca hemos conocido la democracia, de la misma manera que nunca la han conocido en Estados Unidos, Reino Unido o Francia.

Esto es algo que los marxistas sabían muy bien, y que proclamaban hasta que llegó el eurocomunismo. Asustados por la amenaza mediática, pobres de teoría, deseosos de ser aceptados, los eurocomunistas prefirieron pensar que la democracia burguesa es una democracia sustantiva y no sólo formal.

Hoy está quedando muy claro que los poderes que controlan las decisiones básicas no surgen del voto ciudadano. Cada día se hacen más evidentes dos cosas: que el sistema político al que llamamos democracia es una plutocracia dulcificada por el compromiso de respetar ciertos derechos humanos. Y que esta situación no puede cambiar mientras sigamos en el sistema capitalista.

Para fundamentar esta afirmación empecemos por una breve historia.

Rasgos formales de la democracia

El antecedente próximo de las actuales democracias es la que surge con la independencia de EEUU en 1776 con estos rasgos básicos:

-División de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) como garantía de que cada poder está sometido a un sistema de fiscalizaciones y contrapesos.

-Constitución que limita los diversos poderes y establece el Estado de Derecho.

-Derecho a votar y ser votado, bajo el supuesto de que los distintos poderes del Estado no tienen otra legitimación que la que descansa, directa o indirectamente, en la voluntad de los electores libres.

-Libertad de asociación en partidos políticos (no partido único).

-Libertad de expresión.

-Libertad de prensa, así como acceso a fuentes de información alternativas a las del Gobierno.

-Ciudadanos educados e informados acerca de sus derechos y deberes.

Recordemos que esta democracia no fue pensada en atención a los intereses del pueblo, sino de la burguesía ascendente. Para el desarrollo del capitalismo eran necesarias ciertas libertades, freno al absolutismo y protección de los propietarios frente a las exacciones del Estado. Conseguido esto por la burguesía, la mayoría de la población (mujeres y negros, pero también no propietarios) quedó en condiciones de sumisión económica, social y política.

Y es que los diseñadores del nuevo orden tenían una idea optimista de la racionalidad del pueblo y, en consecuencia, pensaban que quienes carecían de propiedades aprovecharían su mayoría para legislar contra la propiedad de la minoría. Por ello, para asegurar la inviolabilidad de un derecho de propiedad sin límites, se dejó excluidos del derecho de voto a quienes no tenían “apuestas en el país” (esto es, propiedades).

A partir de ahí, la extensión de los derechos políticos fue en gran medida, tanto en Estados Unidos como en Europa, el resultado de las presiones de los movimientos obreros, de las sufragistas y de los partidos de izquierda. El movimiento cartista de la clase trabajadora del Reino Unido entre 1830 y 1840, que pretendía la ampliación de voto, fue reprimido, y lo mismo otros intentos de revolución democrática en Europa entre 1848 y 1852.

El crecimiento de la resistencia en las últimas décadas del siglo XIX hizo más difícil mantener excluida de los derechos políticos a la mayoría de la población. Así que las élites se fueron aviniendo a conceder el derecho de voto primero a más votantes varones, y por último, bien entrado el siglo XX, a votantes mujeres y a votantes negros.

Otros requisitos

El caso es que el derecho de voto ha terminado siendo universal. ¿Se puede decir por ello que ya tenemos democracia?

Digamos, para empezar que, según vemos la cosa hoy, a los requisitos antes señalados tendríamos que añadir los siguientes:

Que los representantes tengan limitada su libertad de acción por el programa para el que pidieron el voto; que cualquier decisión importante no contemplada en el programa electoral sea consultada a la población o refrendada una vez tomada por los representantes; que el pueblo conserve la capacidad para promover en cualquier momento un referéndum sobre un asunto específico; que conserve la capacidad para promover leyes (iniciativa popular); y que pueda revocar el mandato o destituir a los representantes (el llamado por los anglosajones recall).

Evidentemente si la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo, en la democracia representativa estas condiciones son imprescindibles. De todas ellas en España sólo se cumple una, la de iniciativa legislativa popular, y sin incidencia en la vida política (de 66 iniciativas sólo ha tenido éxito una que modifica un artículo de la Ley de Propiedad Horizontal). Las demás condiciones se incumplen, como bien sabemos.

Entrando en el fondo del asunto

Pero, suponiendo que se cumplieran todas ellas, tampoco podríamos hablar de democracia, porque hay una condición básica ausente: la educación e información de los ciudadanos acerca de sus derechos y deberes. Y hay dos características que se toman como dogmas en toda sociedad capitalista, y que son incompatibles con una democracia sustantiva: la libertad de prensa (léase propiedad privada de los medios de comunicación) y la inexistencia de límites legales a la riqueza privada.

Comencemos por la educación e información de los ciudadanos, asunto sobre el que los padres de la Constitución americana hicieron un ejercicio de cinismo notable. Es de sentido común que la libertad para votar ha de ir acompañada en cada votante de conocimiento suficiente de las implicaciones del voto que emite. ¿Qué vale en otro caso su voto? Es también previsible que la clase política se dedique a promover la ignorancia de la ciudadanía en su propio beneficio. Todo esto lo tenían presente los creadores de la democracia americana. ¿Y cómo solucionaron el problema? Estableciendo que la clase política está obligada a dedicar parte del patrimonio gubernamental a publicar en boletines oficiales las nuevas leyes y las sentencias judiciales, así como a hacer campañas informativas antes de celebrar un referendum. Hecho esto, se dio por cumplida la condición de que los ciudadanos estén educados e informados acerca de sus derechos y deberes, y libres de las asechanzas de la clase política.

Claro está, no podemos pensar que aquellos padres de la patria fueran tan ignorantes como para creer que la educación y el conocimiento del votante se consigue por el mero expediente de publicar disposiciones legales y sentencias en un Boletín Oficial. ¿Qué ocurre si una gran parte de la población no está capacitada para entender el significado de esas disposiciones legales y sentencias?

¡Ah, pues mire usted! Eso era justamente lo necesario para que la democracia resultara inofensiva a los intereses de la burguesía. En realidad se concedió el derecho de sufragio universal en parte por la presión de la gente, pero sobre todo porque la élite fue comprobando que sus temores eran infundados, que la mayoría es manipulable y resulta fácil hacerla votar a favor de los intereses de la minoría si se sabe jugar con los tres ingredientes con que ha venido siendo fabricada tradicionalmente: ignorancia, egoísmo y miedo. Basta para ello disponer de los servicios de políticos y medios de comunicación influyentes. Y estas dos cosas se consiguen con dinero, dinero para financiar partidos y para poner en marcha medios de comunicación, dinero para hundir a todo partido o medio que resulte peligroso.

De manera que la posesión del dinero por la minoría y el estado intelectual de la mayoría es lo que convierte a la democracia representativa en una forma política inofensiva para los intereses dominantes.

Mirando alrededor

En las sociedades actuales, para entender lo que ocurre en el espacio político es necesario un conocimiento de economía, historia y ciencia social que no se dispensa en el periodo de educación obligatoria. En consecuencia, muchos de los que van a votar libremente no tienen capacidad para relacionar sus intereses cotidianos con medidas legislativas y económicas complejas, ni para discernir la verdad de la falsedad en el ámbito de las estrategias informativas. Son incapaces de distinguir entre lo que es aparentemente favorable pero desfavorable en el fondo, y lo que es favorable en el fondo pero aparentemente desfavorable (por ejemplo, significativamente, en la complejísima legislación sobre la propiedad y la política fiscal).

Un pueblo intelectualmente inerme queda sometido a la permanente campaña de propaganda de los medios privados de comunicación influyentes, todos ellos procapitalistas, qué casualidad. Estos medios, que conforman una opinión pública dependiente, no cesan de promover el miedo a todo lo que amenace al sistema, haciendo creer que cualquier medida razonable es utópica y peligrosa, y no cesan de promover el egoísmo codicioso haciendo creer a todos que lo más desable es la riqueza y que cualquiera puede llegar a ella (en último caso con un golpe de suerte en la lotería). Una vez aleccionados adecuadamente, se puede dejar que los ciudadanos acudan a votar “libremente”. Votarán contra sí mismos con todo celo.

Lo que es funcional persiste

Esto es así, pero además ha de ser así y no puede ser de otra forma en este tipo de sociedad. El sistema capitalista nunca nos sacará de esta situación, nunca proporcionará a la población una educación adecuada. Y es que para cualquier sistema elitista, en el que una minoría necesita dominar a una mayoría, es funcional que esta mayoría permanezca en un estado de postración intelectual desde el que es imposible discernir aquello que se ventila en el espacio político.

Los políti­cos son los primeros convencidos del estado infantil de las masas, y por ello se comportan como vendedores de una mercancía que no se defiende con argumentos racionales, sino apelando a resortes emotivos. De ahí que el dinero con que cada partido cuenta para hacer su campaña publicitaria es más importante que la oferta de medidas políticas.

Esto sería suficiente para concluir que no vivimos una democracia, pero es sólo una pequeña parte del argumento.

Volvamos al punto básico: propiedad privada sin límites

Que todos puedan concurrir a la actividad política en igualdad de condiciones y que todos sean iguales ante la ley es un requisito esencial de la democracia, pero no basta que la ley afirme esa igualdad, sino que ha de existir de hecho, algo imposible si la distribución de la riqueza social no guarda suficientes dosis de equidad. Y ocurre que las distintas Constituciones democráticas hechas en países capitalistas, lo mismo que la Declaración Universal de Derechos Humanos, aceptan implícitamente el derecho a una propiedad privada a la que no se pone límites.

Este derecho injusto, que unido a la economía de mercado hace que los ricos sean cada vez más ricos (y, en consecuencia, los pobres cada vez más pobres), es causa de casi todos los males sociales. El dinero proporciona a hijos y herederos oportunidades educativas y de formas de vida que no están al alcance de los demás. En Estados Unidos los blancos tienen seis veces más riqueza que los negros y, qué casualidad, los negros tienen seis veces más probabilidades de ir a la cárcel, siendo las sentencias 19,5 veces más severas para ellos que para los blancos en situaciones similares. En todos los países “democráticos” ocurre algo semejante por relación con la desigualdad económica.

Pero, por lo que afecta a la imposibilidad de democracia, es aún más decisivo el hecho de que quienes tienen poder económico suficiente ejercen un control no público sobre la legislación y la política.

El control capitalista del ámbito estatal

Siempre ha existido control del capital sobre los Estados, pero ha aumentado de manera escandalosa desde que predomina la ideología neoliberal, y se ha hecho tan visible que resulta muy incómodo para los defensores del capitalismo.

Entre las principales palancas actuales de ese control están la privatización de empresas públicas que ocupan los principales espacios económicos (comunicaciones, energía, crédito, finanzas, etc.); la independencia de los Bancos Centrales (que equivale de hecho a su privatización, pues los saca del control democrático y los pone bajo control de los llamados mercados); y el funcionamiento de empresas multinacionales y de fondos de inversión en un ámbito mundial desregulado.

Si las grandes empresas (esas a las que se llama sistémicas) son de propiedad privada, ello otorga a sus propietarios control sobre la naturaleza de las inversiones económicas básicas y, consecuentemente, sobre la forma y el carácter del desarrollo económico. La democracia no tiene acceso a las salas de junta empresariales en las que se toman decisiones que afectan al proceso productivo en general.

De cómo la independencia de los Bancos Centrales es incompatible con la democracia ya he hablado en otra entrada de este blog del pasado junio.

Por su parte las multinacionales van colocando parcelas de la econo­mía nacional bajo control privado extranjero. El inversor exige previamente una cantidad abusiva de beneficios, ayudas e infraestructura que han de ser financiados por el país receptor y se reserva una capacidad de chantaje contra cualquier medida que resulte perjudicial a sus intereses, por racional y justa que sea desde el punto de vista general.

A esa capacidad de chantaje ayuda el actual modelo de mundialización, que consiste en confiar a los Estados nacionales la defensa a ultranza del derecho de propiedad, mientras se deja desregulado el espacio mundial en que se mueven libremente las grandes multinacionales, los grandes capitales y los grandes especuladores.

La actividad del capital financiero proporciona a sus gerentes unos medios de extorsión, control y decisión que supera el poder de los Estados. Expertos en política internacional aceptan que los movimientos de capital especulativos han arruinado divisas, han puesto de rodillas a las economías asiáticas, atacado a la agricultura tradicional y las industrias artesanales, desestabilizado gobiernos y provocado violencia y convulsiones sociales, siempre en beneficio de unos pocos.

Los conservadores hablan de “los mercados” como si fueran un sujeto que reacciona, castiga o premia, pero los mercados no son más que un espacio en el que actúan personas, que son las que toman decisiones influyentes. Recordemos que en septiembre de 1992 George Soros, apostando a la depreciación de la libra con dinero prestado, puso contra las cuerdas al Banco Central inglés, hizo temblar al sistema monetario internacional y ganó en pocas horas 1.100 millones de dólares. Ahora dirige el Soros Fund Management, que administra más de 70.000 millones de dólares de seis Hedge Funds. Él mismo se dice convencido de que sus especulaciones pueden desatar una reacción en cadena en los mercados de todo el mundo. Añadan a Soros el pequeño grupo de propietarios y controladores del capital financiero mundial. Actúan a su antojo, sin control democrático alguno, y tienen poder para premiar unas políticas y castigar otras.

En conjunto las decisiones concertadas de los dueños y controladores del gran capital forman una maraña de poder fáctico que marca el espacio de juego progresivamente reducido de los Estados, obligados como están a acudir a los mercados en busca de créditos.

Hay otras formas de chantaje de los dueños del capital, ejemplificables en la amenaza de abandonar el país si no se satisfacen sus demandas. Eso hizo la patronal francesa cuando Jospin anunció la reducción por ley de la jornada laboral a 35 horas y eso hizo la patronal alemana como medida de presión contra la política socialdemócrata que se proponía Lafontaine.

Pregúntense por qué los políticos no reaccionan

Si esto es así, ¿por qué la nula diligencia y voluntad de los políticos a la hora de acabar, por ejemplo, con los paraísos fiscales, y a la hora de legislar en el ámbito mundial sobre el libre movimiento de capitales, la deslocalización de empresas o las actividades financieras puramente especulativas? ¿Qué fundamento tiene el incansable afán de privatizar que ha distinguido a los gobernantes? ¿Acaso es cierto que funcionan mejor y redundan en mayor beneficio público las empresas privatizadas que las públicas? ¿No es más bien cierto que funcionan mejor las públicas bien administradas? ¿Por qué los políticos han decidido renunciar a su control de los Bancos Centrales? ¿Por qué una medida tan leve como la tasa Tobin parece irrealizable? ¿Por qué los gobiernos del mundo no están interesados en dotarse de mayor poder frente a la extorsión del capital? ¿Tiene todo ello alguna explicación?

Dos ejemplos próximos. En el informe aprobado por unanimidad en 2003 durante el decimotercer congreso de la asociación que agrupa a 1200 de los 1400 Inspectores de Hacienda de España (Apife) se denunciaron 14 coladeros para, al amparo de la normativa vigente, defraudar a Hacienda, coladeros destinados al beneficio exclusivo de contribuyentes con gran poder económico. El fraude más sofisticado y complejo está organizado en tramas, alrededor de movimientos financieros trasfronterizos o ligados a paraísos fiscales. Los inspectores denunciaron que el gobierno promueve normas que dificultan la persecución de estos delitos, o aparentemente destinadas al beneficio de esos mismos contribuyentes.

Pues bien: ni siquiera tras esa denuncia pública han hecho algo los gobernantes para remediar situación tan escandalosa.

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial ha reconocido que “tenemos una Ley de Enjuiciamiento Criminal pensada para robagallinas” e inútil para perseguir con la eficacia debida a la gran delincuencia y a la delincuencia compleja de guante blanco.

¿Es que nuestros gobernantes desconocen todo esto y por ello no lo remedian? ¿Cómo es posible su connivencia durante más de cuatro décadas con los poderosos económicos que delinquen por sistema?

Estas preguntas tienen una respuesta simple: los dirigentes políticos no tienen autonomía, son meros testaferros del capital.

La élite en el poder

Por fin está quedando claro para muchos algo que se sabe desde Marx, que en nuestras “democracias” el verdadero poder no está en el pueblo y en sus representantes, sino en quienes controlan el capital. La élite en el poder está formada por poderosos económicos, y éstos se auxilian de poderosos políticos, poderosos mediáticos y poderosos funcionariales, entre ellos los controladores del conocimiento conservador, bien instalados en las correspondientes cátedras, medios de comunicación e instituciones (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.). Los poderosos económicos usan como testaferros a los poderosos políticos y controlan, desde la propiedad de los medios, a los profesionales de la comunicación.

Cada una de las élites tiene sus propios criterios para ganar o perder parcelas de poder. Los partidos políticos cumplen la función de facilitar que emerjan las élites políticas y que se alternen en la ocupación del Gobierno y el Parlamento. El criterio es el éxito en las urnas, cuya funcionalidad consiste en que premia la capacidad para ganarse la confianza y la voluntad de los votantes. Y ¿para qué han de ganársela? Para presentar como razonable la política que están de antemano obligados a hacer. Como testaferros del poder económico, los políticos actúan para, teniendo en cuenta las mil situaciones y circunstancias que componen la vida de una nación, ir llevando la nave de forma que no encalle… desde el punto de vista de quienes tienen poder suficiente para hacer valer sus intereses.

Les queda luego un pequeño margen para ir en una u otra dirección respecto a cuestiones que a los poderes económicos les son secundarias o indiferentes, como la situación de los inmigrantes, la violencia machista, la homosexualidad o el aborto (y sólo en eso y en el estilo acaban diferenciándose derecha e izquierda en el poder).

Los servidores políticos, intelectuales y mediáticos son remunerados en proporción a sus servicios, y los más destacados pueden terminar formando parte de la élite económica (aunque la mayor parte de esa élite lo es por herencia o por “éxito” en los negocios).

Control inevitable

He aquí los rasgos del capitalismo que lo hacen por completo incompatible con la democracia. Esos rasgos se han agudizado, pero antes, cuando el capitalismo se disfrazaba bajo la careta socialdemócrata, las cosas no eran muy diferentes. Siempre ha sido inevitable que la oligarquía que dispone de una proporción desmesurada de la riqueza social la defienda o amplíe comprando secretamente voluntades (de intelectuales, periodistas, legisladores, políticos, jueces y policías), financiando investigaciones sobre vidas privadas para incidir con amenazas o chantajes en la vida pública, o para destruir competidores, financiando partidos y aportando fondos a campañas electorales (a cambio siempre de una sumisión que implica un torcimiento de los supuestos democráticos), controlando instituciones y, en definitiva, contribuyendo a un entramado no público en el que se toman numerosas decisiones importantes que luego se visten de apariencia democrática.

La vida secreta del capital compone una realidad subterránea que determina la aparente. Emerge en escándalos reveladores, pero que no son precisamente todas las corrupciones existentes, sino sólo aquella pequeña parte con la que se producen ataques o venganzas controladas. Muchos watergates esperan en los cajones y son utilizados como elementos de disuasión, de presión, chantaje o negociación.

Plutocracias demagógicas

Lo que vengo exponiendo avala la afirmación inicial de que nuestras aparentes democracias son en realidad plutocracias demagógicas. Plutocracias porque gobierna la oligarquía del dinero, y demagógicas porque necesitan convencer al pueblo de que él es quien manda y de que le benefician las medidas procapitalistas que adoptan sus representantes. Los políticos en el poder actúan al servicio del capital, pero han de fingir que actúan en beneficio del pueblo. Son, por tanto, necesariamente demagogos.

Si miramos a lo que ha ocurrido en unos y otros lugares, puede entenderse nuestra democracia como un pacto social que ha sido arrancado a las élites y que éstas aceptan en la seguridad de que no pondrá en peligro sus privile­gios y sólo bajo condición de que no los ponga en peligro. La ventaja que saca el de abajo es una cierta salvaguarda frente a la arbitrariedad del poder. La ventaja que saca el de arriba es una aparente legitimación ética de su dominio. Dicho de otra forma, nuestras democracias son una concesión condicional que la oligarquía económica hace a las masas y que es revocada en el momento en que ese método de funcionamiento político pone en peligro los intereses a cuyo servicio opera subrepticiamente. Disponemos de muchos ejemplos de esta revocación.

Comparación con las dictaduras

En todo caso, de este tipo de régimen se dice que es la forma política ideal porque elude los vicios típicos de los regímenes totalitarios, caracterizados por el control gubernamental de los medios de comunicación, el partido único y el poder sin contrapesos ni réplica.

Cierto que esta “democracia” es preferible a las dictaduras, en dos sentidos: hay más libertad individual y menor nivel de violencia física interna. En los términos de la llamada Ley de Rummel, a menor nivel de democracia hay más probabilidades de que los gobernantes asesinen a sus propios ciudadanos. Estamos, pues, en un sistema político en el que corremos menos riesgos de ser asesinados por nuestros gobernantes, sobre todo si pertenecemos a las capas de población integradas (en Estados Unidos un negro tiene 21 veces más probabilidades que un blanco de morir tiroteado por la policía).

Sin embargo el compromiso de respeto a los derechos fundamentales del ciudadano no resuelve los problemas expuestos: aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos es un progreso respecto a barbaries previas, no es la declaración de un ideal político, como prueba la mera lista de los derechos humanos incluidos y los que en ella faltan, así como las consecuencias que se siguen de algunos de los derechos proclamados y de la ausencia de otros que deberían ser básicos. Me remito a la entrada de este blog del pasado abril dedicada a la crítica de la citada Declaración.

Baste decir aquí que, cumpliendo formalmente con lo dispuesto en ella, se pueden desconocer derechos fundamentales y se pueden violar los reconocidos. En España el derecho a una vivienda o al trabajo se están negando a las personas desahuciadas y a los parados. Y no pasa nada. Y alguien puede ganar decenas de miles de millones de euros y estar legalmente eximido de pagar impuestos. Y no pasa nada. Millones de personas no se libran de violencias como la pobreza extrema, la malnutrición infantil, la falta de oportunidades educativas y el sometimiento a procesos de adoctrinamiento que los esclaviza. Hay muchas formas de violencia y no todas pueden identificarse con el daño físico o el asesinato.

Por lo demás, dentro de cada país los principios del Estado de Derecho se violan tan pronto la situación lo requiere. La prisión de Guantánamo es un ejemplo significativo y otro ejemplo es la limitación de las libertades de la ciudadanía estadounidense autorizada por la Ley Patriótica con que Bush ha respondido a atentado del 11S, siendo también buen ejemplo el intento de evitar informaciones y acallar críticas so pretexto de que ayudan al enemigo.

Dicho todo lo cual, podemos, sí, aceptar que nuestra “democracia” es preferible a una dictadura para la parte de población sensible al ejercicio de la libertad cívica.

¿Por qué no hay gobernantes independientes?

Parece muy duro afirmar, como antes hice, que todos los gobernantes en nuestras democracias son testaferros del poder económico. ¿No puede haber gobernantes honrados?

Se necesita mucho dinero para poner en marcha un partido que pueda ganar elecciones y ese dinero, sea de créditos bancarios que se prorrogan indefinidamente, sea de donaciones públicas y secretas, sólo va a partidos conformes con el sistema, o tan descuidados (caso de IU) que quedan amordazados por el crédito que adeudan.

Si las cosas no fueran así, ¿no sería inexplicable que en Estados Unidos no haya más que dos partidos capaces de disputar las elecciones, uno de derecha y otro de extrema derecha?

Recordemos que Felipe González llegó al poder tras pasar el examen de la CIA y del capital alemán, y que recibió ayuda económica y mediática porque se había comprometido a cambiar el No por el Sí en el referendum sobre la OTAN y a abandonar el marxismo. Consiguió el gobierno, pero sólo despúes de haber aprendido dónde estaban sus límites.

Nuestros gobernantes, sean del PSOE o del PP, saben quién manda y saben en qué dirección deben legislar. Precisamente han llegado al gobierno porque a su disposición a traicionar al pueblo unen su habilidad para que la gente no llegue a notarlo. Todo esto forma parte de la lógica del sistema.

¿Puede un gobernante independizarse del capital?

Si un político en el poder decide apartarse de su papel y actuar contra los intereses patrocinadores puede acabar como Kennedy o como Nixon. Si ha llegado al poder por su cuenta, caso de Allende o de Chávez, o mediante una lucha armada como Fidel, tendrá en frente todo el poderío capitalista, que hará lo posible por asfixiar al país y reconducirlo mediante una dictadura, o aislarlo al menos. Habrá campañas de descrédito muy efectivas, como la que sufrió Lafontaine por haberse atrevido a plantear algunas reformas modestas. Recordemos que Lafontaine se proponía regular los mercados internacionales, reducir el peso de Estados Unidos en el FMI, someter al Banco Central Europeo a algún control político, bajar los tipos de interés, reducir el impuesto de la renta para los ingresos bajos, aumentar el de los beneficios de las grandes empresas y los grandes capitales y patrimonios, y expandir la demanda mediante aumentos salariales. Naturalmente, las empresas alemanas más grandes amenazaron con marcharse de Alemania al extranjero. El capital alemán (con sus portavoces instalados en cátedras o en despachos de editorialistas, como en todas partes) decidió acabar con Lafontaine y éste tuvo que dimitir.

Su sucesor Schröder abandonó las propuestas de Lafontaine y se prestó a hacer la reforma que el capital exigía. ¿Qué reforma? Ya sabemos que cuando la derecha habla de reforma está en realidad hablando de puro darwinismo social sistemático: reducción de las ayudas sociales, jornadas y vidas laborales más largas, disminución de la inversión en infraestructuras públicas y menor protección laboral. Todo esto implicaba una destrucción del consenso social establecido cuando la URSS era un contrapoder, y respondía al designio del capital de recuperar sus antiguas ventajas. Schöder presentó en junio del 99 un plan de austeridad para ahorrar el equivalente de 30.000 millones de marcos en el 2.000 (“el más importante proyecto de reforma de la historia de Alemania” en palabras del canciller) que supuso una poda selectiva del Estado Social. La generalización de los “minijobs” como forma típica de inserción laboral es un símbolo de esa “reforma”.

Conclusión

Si lo que antecede tiene fundamento, si democracia y capitalismo son incompatibles, ello quiere decir que el camino que aproxima a la democracia es el mismo camino que aleja del capitalismo, un camino repleto de obstáculos.

Un primer paso es saber dónde se está. Saber que, contra lo que casi todos dicen o suponen (ellos sabrán por qué), no existe hoy democracia en el mundo, y que sólo podrá haberla cuando:

(a) la riqueza privada no pueda pasar de un límite razonable (¿cinco millones de euros para cada patrimonio personal?), a fin de evitar tramas ocultas de poder, control de los mercados y extrema desigualdad de oportunidades, y a fin de lograr que quede en manos públicas, y para fines sociales, la inmensa riqueza que ahora acumulan manos privadas. ¿Quién ha dicho que cada uno es dueño de lo que le da el mercado? ¿Quién ha dicho que es el mercado el que debe dar y quitar? El mercado es un mecanismo irracional que, dejado a su aire, va haciendo a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres, y que no recompensa en atención al mérito y valor de la actividad desarrollada. Da poco al investigador, al maestro, al médico, y mucho al especulador o al que tiene ya mucho, y sólo por el hecho de tenerlo.

(b) se prohiba la propiedad privada de los medios de comunicación masivos, que deberán ser sustituidos por medios de propiedad pública bajo control social. La llamada libertad de expresión no es otra cosa que un eufemisno con el que se alude al monopolio del capital para informar, aleccionar y fabricar la opinión pública.

(c) se generalice una educación que dé a todo ciudadano la competencia necesaria para entender las implicaciones de su voto y las repercusiones de cada medida política, lo que exige elevar el nivel cultural de la población muy por encima de lo que ahora se considera excelente en pruebas como los informes PISA. Hay que romper con la inercia milenaria del elitismo que fabrica a las poblaciones intelectualmente inermes, inercia que no ha sido alterada por el actual tipo de educación obligatoria.

La limitación de la riqueza privada es condición no sólo para evitar que el dinero sea el que gobierne y que los políticos no sean más que sus testaferros, sino tambien para que una distribución racional y justa cree el ambiente necesario para una buena educación pública. De otra forma ni hay base moral para ella, ni el Estado puede disponer de los enormes recursos necesarios. Pero recuperar el dinero de los que ahora lo poseen indebidamente es una tarea a la que ellos y sus ayudantes (una legión de comunicadores, economistas, politólogos y otros intelectuales) se opondrán con todas sus fuerzas.

¿Hay remedio? Una esperanza

Hundidos en la corrupción y la ineficacia, los principales partidos no saben cómo salir del atolladero en que ellos se han metido, al punto que empiezan a no servir para el cometido que tienen encomendado. El capital los mira con sorpresa y recelo, y se pregunta si no será posible domesticar deprisa al partido ascendente, inicialmente temible porque es el único incontrolado. De momento es un partido denigrado con razones que nunca se han empleado contra los demás y ello da idea de hasta qué punto asusta a los partidos restantes y a sus defensores.

Podemos tiene dos ventajas que hasta ahora ningún otro partido tuvo: un fuerte apoyo popular y ausencia de compromisos con el poder económico.

Se le critica que sus propuestas iniciales hayan sido rebajadas una vez que se ve con posibilidades de alcanzar el poder, pero esa medida es aceptable siempre que se sepa explicar a la gente el por qué de la rebaja. En dirección contraria siguen siendo muchos los que acusan a Podemos de propuestas populistas e irrealizables. Pero ¿hay alguna ley de la naturaleza que impida la realización de esas propuestas? No. ¿Acaso ha propuesto Podemos algo que sea inconveniente? No. Más bien se le puede criticar que, por pragmatismo, se queda corto. ¿Sería beneficioso para la población que las propuestas de Podemos se realizaran? Por supuesto que sí.

De manera que quien critica las propuestas de Podemos por irrealizables sólo es honorable si añade que lo que las hace irrealizables es el chantaje del capital. ¿Conocen a algún crítico honorable? Los que hablan de medidas irrealizables parecen sugerir que lo son porque se oponen a alguna ley de la naturaleza que Podemos se empeña torpemente en desconocer.

Si Podemos consigue llegar al poder eludiendo el control de los dueños del dinero (para lo que es básico no endeudarse con la banca y no hacer pactos secretos con nadie) nos ofrecerá la primicia de poder al fin representar a quienes lo han votado.

Cierto que el gobierno que intente hacer una política favorable al pueblo sufrirá grandes embites. Hará falta valor, mucha habilidad y mucho apoyo popular para hacer con éxito una travesía inicial muy procelosa (apoyo popular que, por ejemplo, Lafontaine no tuvo). Pero no es imposible si se salvan las primeras acometidas y se sabe explicar a la gente dónde están los problemas y quién los fabrica (algo que hasta ahora jamás han hecho los políticos, porque no podían delatar a sus amos). Frente al chantaje del capital hay que encomendarse a la fuerza de los movimientos sociales, al ejemplo que pueda cundir en otros países y a las alianzas internacionales que se puedan ir estableciendo con movimientos afines.

Una mirada a la historia reciente

Hay además que saber jugar con las necesidades del enemigo. Cuando se habla de la ominosa modificación del artículo 135 de la Constitución son muchos los que dicen que no había alternativa, que todo hubiera sido catastrófico si no se hace, que nos hubieran intervenido, etc. Es cierto que hubieran amenazado con intervenirnos. Pero imaginemos que nuestro gobierno se planta y dice “¡Hasta aquí hemos llegado y ni un paso más! ¡Ni un solo recorte en gasto social, ni un sufrimiento más a la población en beneficio de las bancas alemana y americana!…. Si se empeñan en hundir España, los bancos acreedores no cobrarán un duro y con España se hundirá la Unión Europea.” ¿Qué hubiera ocurrido? Pues que, como ni el capital alemán ni el americano podían permitir que España se hundiera, se hubiera hecho entonces lo que se está pensando hacer ahora, es decir, aquello que antes se decía que no se podía hacer de ninguna manera: el Banco Central Europeo habría comprado deuda española a menos del 1%, se habrían relajado las exigencias respecto al déficit e incluso se habría acordado una quita de la deuda. Ni que decir tiene que las capas medias y bajas de la población se habrían ahorrado un sufrimiento enorme. Pero Rajoy y Zapatero, dos burócratas de partido mediocres, ni representaban ni defendían al pueblo, obedecían órdenes sin rechistar, asustados como conejos. Lo que quiero decir es que para saber que algo es irrealizable primero hay que intentar realizarlo.

El peligro enmascarado

Queda finalmente otra cuestión. Si un nuevo partido consigue llegar al poder y desbancar a los políticos de la llamada casta (palabra justa si se le da el sentido de “conjunto de políticos demagogos traidores al pueblo que los votó”), y si recupera el Estado del Bienestar y gobierna con otros modales y con alguna autonomía, nos habrá aliviado desde el punto de vista estético, e incluso ético, pero se habrá convertido en el mejor garante del capitalismo, pues aunque la extrema codicia haga pensar lo contrario a los dueños y controladores del capital, el capitalismo es más estable con políticas socialdemócratas que con políticas neoliberales. Es decir, habrá cerrado en falso el camino hacia la democracia.

En cambio, si después de conseguir sus metas iniciales se propone llegar más lejos de lo que pretendió la hundida socialdemocracia y va dando nuevos pasos eficaces hacia una más justa distribución de la riqueza social, hacia una mundialización regulada y hacia una educación del pueblo más profunda, entonces sí que los demócratas tendremos que festejar su llegada. No se habrá conseguido aún una sociedad democrática (eso no es cosa que se pueda lograr de un día para otro), pero estaríamos dando pasos hacia ella. Entretanto se viviría un ambiente más ilusionante, porque habríamos salido de la sordidez en que nos han metido los gobernantes que hemos venido padeciendo.

jmchamorro@jmchamorro.info

IZQUIERDA Y POPULISMO

He aquí un problema interesante. Si la izquierda hace propuestas electorales contrarias al sistema capitalista (y por tanto irrealizables a consecuencia de la oposición del sistema, o sólo realizables con más costes que beneficios) es populista. Si quiere no serlo debe limitarse a proponer aquello que será aceptado por el poder económico y, por tanto, realizable. Es decir, debe someterse a ese poder y renunciar a cambiar las cosas. Así que, a partir de la idea de que ofrecer lo que no se puede cumplir es populismo, hay una ofensiva contra cualquier propuesta que pretenda cambiar las bases de la economía de mercado.

En esta ofensiva militan, en periódicos, radios y televisiones, personajes que prefieren el insulto al razonamiento, y hay que dejarlos a su aire. No vale la pena otra cosa. Hay otros, sin embargo, en especial numerosos economistas y politólogos conservadores, cuyos razonamientos condenatorios se basan en el conocimiento que maneja la derecha. En España, de cara al gran público, esas opiniones tienen su principal medio de expresión en El País, en el que últimamente distintos expertos han venido a detectar grandes dosis de populismo en las propuestas de Podemos. Veremos que, de esta forma, aunque no lo mencionan, dejan planteado el problema interesante que señalé al comienzo.

En un editorial de El País de 5 de agosto se nos dice, comentando el Barómetro del CIS correspondiente a julio, que uno de los riesgos de tal sondeo es que el éxito de Podemos (la mitad de cuyos votantes de 2014 lo fueron en 2011 del PSOE o de IU) anime a otros [se supone que al PSOE o a IU] a imitar su radicalismo populista. La existencia de Podemos debe ser motivo de atención, pero no pretexto para el populismo. La renovación que necesita el PSOE debe de mantener un anclaje en la socialdemocracia, a la que El País considera una variable de la política de izquierdas caracterizada por rasgos como la moderación, el reformismo, el respeto a las reglas de la democracia representativa y del Estado de derecho y el rechazo de los extremismos. Si Sánchez precisa de ejemplos a los que imitar –le recomiendan-, los tiene mejores en algunos países de la Europa más próxima que dentro de nuestras fronteras.

En resumen (concluyo por mi parte): el PSOE debe seguir siendo inofensivo.

En un artículo de 4 de agosto (“La convergencia entre tecnocracia y populismo”) Benito Arruñada, catedrático de Organización de Empresas en la Universidad Pompeu Fabra, hace un ataque indirecto a Podemos al definirnos el populismo como toda actitud que haga al libre mercado responsable único de la crisis y proponga como salida un aumento del control político de la economía. El populista no sólo quiere corregir los fallos del mercado, sino suplantarlo. ¿Y por qué? Arruñada pasa al espacio del análisis psicológico y dictamina: “el populista se limita a cultivar el resentimiento.” ¡Vaya por dios!

Pero Arruñada no se limita a esta descripción del populista, sino que hace una defensa de la  desregulación alegando que el regulador político no es mejor ni peor que el empresario. Además, añade, llevamos décadas tratando de mejorar la regulación sin ninguna señal de éxito. Mientras nuestra demostrada incompetencia regulatoria aconsejaría regular menos, ocurre sin embargo que a algunos les interesa insistir en la pretensión de regular mejor. ¿Y por qué? Porque la regulación da poder. El populista quiere cambiar las instituciones para llegar al poder y aplicar políticas que reducirían la competencia y empeorarían la economía. Desafortunadamente, se lamenta Arruñada, esas políticas cuentan con notable respaldo, pues, aunque ruinosas, parecen gratificantes a corto plazo.

 Dos ataques directos al programa electoral de Podemos

En artículo publicado el 15 de julio (“Populismo a diestro y siniestro”) J. Ignacio Conde-Ruiz y Juan Rubio-Ramírez (ambos profesores de economía, uno en la Universidad Complutense y el otro en la de Duke, EE UU) critican por populistas las siguientes propuestas de ese programa electoral: el impago de parte de nuestra deuda soberana, la pérdida de independencia del Banco Central Europeo, la democratización y nacionalización del sistema bancario, una renta básica para todos los ciudadanos, la moratoria de algunas deudas hipotecarias, el abandono de algunos de nuestros tratados de libre comercio y bajar la edad de jubilación a los 60 años.

En artículo publicado el 25 de agosto (“¿Es Podemos una alternativa para la izquierda?”) Antonio Roldán Mones, doctorando en Economía Política en la London School of Economics, concentra sus críticas en las propuestas siguientes: Prohibir los despidos en las empresas con beneficios, dejar de pagar la deuda pública, derogar la reforma de pensiones, derogar las reformas laborales y tomar el control político del BCE.

Estos ideólogos vienen a argumentar que, aunque todas estas medidas son muy atrayentes para la gran masa de descontentos, analizadas con un poco de sentido común son contraproducentes.

¿Y por qué? ¿Acaso porque no son en sí beneficiosas para la mayoría? ¿Se trata acaso de medidas injustas o atentatorias a la lógica de la economía? Nada de eso, no vale la pena considerar si las medidas son o no razonables en sí. Los argumentos van por otro lado, a saber: que si tales medidas se realizaran, nuestra capacidad, como país, de acceder a los necesarios mercados financieros disminuiría de manera catastrófica. Si de pronto España decidiera ir en dirección opuesta a la de todos sus socios europeos y avanzara por el camino que propone Podemos sería castigada por “los mercados” y en poco tiempo nos quedaríamos sin financiación para mantener los servicios públicos básicos. La economía poco a poco se haría más improductiva, cerrarían empresas y el paro otra vez se volvería a disparar. Pronto la inflación se comería los ahorros de los trabajadores y aumentarían todavía más las desigualdades. De manera que las propuestas “populistas” tendrían el efecto contrario al que proclaman: perjudicarían a los pobres, a los parados y a las pequeñas y medianas empresas.

¡Qué curioso! Nuestros tres economistas pueden estar en lo cierto al afirmar que ciertas medidas traerían perjuicios al país, pero omiten decir que sería como consecuencia de un chantaje, el chantaje del capital a los Estados. En la economía de mercado casi todo lo que habría que hacer para mejorar la sociedad a fondo es algo que no se puede hacer a causa de ese chantaje. Por ejemplo, puesto que si un país aumenta la presión fiscal sobre los ricos sólo consigue que los capitales se vayan fuera, aumentar la presión fiscal sobre los ricos es inconveniente.

Buena razón para cambiar de sistema económico. Pero no, los economistas conservadores no hablan de ese chantaje que convierte lo útil en perjudicial. Prefieren hablar de “los incentivos y las restricciones existentes en la economía”. Para algo ha de servir al conservador andar de profesor de universidad, o de aspirante a serlo, en temas de economía.

 ¿ES LA BUENA INFORMACIÓN REMEDIO AL POPULISMO?

Arruñada llega a la conclusión de que, si queremos evitar que la mayor competencia política degenere en populismo, debemos mejorar la calidad de la información ciudadana. La solución radical y democrática pasa por que el ciudadano esté mejor informado y sus preferencias sean más consistentes. ¿Qué quiere decir esto? Según Arruñada, que el ciudadano no pueda evitar enterarse de cuáles son los costes reales de sus deseos y conozca al menos cuántos impuestos paga por persona interpuesta. Pasa, idealmente, porque sienta cuánto paga por la sanidad, las becas, el AVE o las televisiones públicas; porque sepa que la educación pública que reciben sus hijos es mucho peor que la que reciben los de otros ciudadanos. Que tema, en fin, que nunca cobrará esa pensión por la que lleva media vida cotizando mucho más de lo que indica su nómina.

Es cierto que conviene que estemos bien informados. Pero Arruñada parece creer que una buena información nos llevaría a privatizar los servicios sociales, educación, sanidad y pensiones incluidas. ¿Acaso no se le ocurre que la información pertinente nos debería mover en sentido contrario?

Sin ir más lejos, en un artículo del 5 agosto, en el mismo medio (“Tiempos de crispación y antagonismo”), Juan Gabriel Tokatlian, director del Departamento de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato di Tella, de Buenos Aires, nos ofrece estos datos sobre el auge de la desigualdad confirmada por numerosos informes y estudios:

Según el World Ultra Wealth Report 2013 del banco UBS, 2.170 multibillonarios poseen una riqueza de 6.500 billones de dólares, una cantidad superior al PIB combinado de Alemania y Francia en 2013. Según el Global Wealth Report 2013 del Credit Suisse Group, el 1% de la población posee el 46% de los activos globales y un 10%, el 86%. El 50% inferior apenas tiene el 1% del total. Según la investigación de 2011 de Vitali, Glattfelder y Battiston del Swiss Federal Institute of Technology, 147 firmas controlan, a través de una red de acciones y relaciones de propiedad, 43.060 corporaciones transnacionales.

Tokatlian se refiere además a la falta de reformas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la incompetencia del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, la recurrente tentación de que la OTAN se convierta en un gendarme mundial, la inoperancia del G-7, del G-20 y otras tantas G que se idealizan (por ejemplo, el presunto duopolio entre Washington y Beijing), todo lo cual ha llevado a una arquitectura institucional cada vez menos creíble y más ilegítima, de la que se sigue el fracaso del régimen internacional antidrogas, la frustración extendida frente al principio de la responsabilidad de proteger (R2P), el persistente doble estándar frente a la no proliferación nuclear, la parálisis global respecto a los compromisos efectivos en torno a la cuestión ambiental y el gradual desinterés de las potencias establecidas hacia los asuntos del desarrollo. Añádase que, en distintas naciones, avanza desde hace años un manifiesto desencanto por la democracia liberal al tiempo que aumentan las plutocracias y cleptocracias en democracias más o menos instaladas, que terminan bajo dominio de los ricos, de los pícaros, o de ambos.

¿Qué puede pensar un ciudadano que esté informado de esta situación y que no tenga en ella intereses, directos o indirectos? Pensará, supongo, que hay que salir de ella cuanto antes.

Tenemos, pues, dos clases de información: de una se sigue que cualquier reforma no autorizada por los mercados lleva a un empeoramiento de las condiciones de aquellos a quienes se pretende beneficiar. Se sigue de otra que la democracia capitalista debe ser radicalmente reformada, entre otras cosas para que no sea posible el permanente chantaje del capital a los Estados.

 EL PROBLEMA DE LA IZQUIERDA

Dado el barullo que producen los distintos sentidos del término “izquierda”, es imprescindible al usarlo que precisemos a qué nos referimos. Son muchos los que ahora dicen que no hay límites precisos entre derecha e izquierda, y los hay que sitúan esos límites allí donde no hacen daño. El rasgo que los conservadores quieren borrar a toda costa es la actitud ante el capitalismo, esto es, su aceptación o su condena. Pero la distinción entre derecha e izquierda no tiene mucha utilidad si se borra ese rasgo. La tiene en cambio si aceptamos que son de derechas las organizaciones o personas que aceptan el capitalismo (socialdemocracia incluida) y de izquierdas las que se oponen a él desde una concepción igualitarista. La socialdemocracia puede ser considerada como la mejor defensora del capitalismo, pues su política disminuye las tensiones que produce una derecha dura como la neoliberal. Cierto que el PSOE se distingue del PP en algunos aspectos de la política social, pero todo cuanto hace en política económica (que es la básica) pretende no molestar al poder de los que controlan el capital mundial. No hay que temer que el PSOE incurra en propuestas populistas.

 IU, en cambio, está a la izquierda, pero sus deudas a la banca, que la banca le prorroga a condición de que se porte bien, la tienen pillada, y por nada del mundo incurriría en populismos.

Por ello lo que planteo es qué debería hacer un partido de izquierda anticapitalista sin hipotecas cuando se encuentra ante la disyuntiva de eliminar o incluir en su programa propuestas imprescindibles para el progreso social, pero irrealizables por el perjuicio que acarrearían a aquellos a los que se pretende beneficiar.

Evidentemente, apañados estamos si la solución consiste en limitarse a aquellas propuestas cuya realización no incomode al poder económico. Pero, por otra parte, ¿no es un engaño a los electores andar prometiendo, como si fueran realizables y útiles, medidas que se sabe que no se podrán realizar, o que serían perjudiciales?

 EL PROBLEMA TIENE SOLUCIÓN

La solución está, a mi juicio, en conciliar en las propuestas electorales la crítica al sistema con el realismo.

La primera parte de esa crítica debería consistir en exponer al electorado qué medidas son imprescindibles para acceder a una vida democrática en la que una gran mayoría social tenga buenas razones para sentirse integrada. Esto es, hacer las propuestas que, de ejecutarse, nos sacarían de este tipo opresivo de sociedad, no ocultar ninguna de ellas y explicar el porqué de su necesidad.

No se insistirá nunca lo suficiente en que la medida principal (sin la cual las demás pierden casi todo su valor) es poner un límite razonable a la riqueza privada. Hablar de impuestos progresivos es recurso de la socialdemocracia. La izquierda debe explicar por qué poderosas razones un impuesto del 100% sobre todo ingreso que sobrepase cierto límite es una condición necesaria para que haya justicia y democracia. Hacer comprensible que sin ello toda pretensión de democracia es una ficción (la ficción, cada día menos soportable, en que ahora vivimos).

La segunda parte de la crítica debería consistir en ir explicando cuáles de esas medidas necesarias son inviables y por qué. Describir con detalle de qué armas se vale el capital dentro de la economía globalizada para oponer obstáculos insalvables a esas medidas razonables, impidiendo que los Estados realicen una política ventajosa para la mayoría. Proclamar que esto es un chantaje del capital, un chantaje sobre los Estados, al que sólo se puede poner remedio mediante una legislación mundial. Denunciar al mismo tiempo que tal legislación no se acomete porque los Estados, al servicio del poder económico, no moverán un dedo a menos que se vean obligados por una presión mundial irresistible. Sólo cuando en el mundo exista una mayoría capaz de percibir los rasgos de la dominación y explotación que padecemos será posible torcer el brazo del poder económico.

De manera que la primera obligación de un partido de izquierdas consiste en exponer una crítica al capitalismo con explicaciones que sean comprensibles por una mayoría. Y una forma de conseguir que más personas se vayan haciendo conscientes de la situación consiste en aprovechar la ocasión electoral para poner de manifiesto el chantaje del capital, y para indicar que los partidos que no lo denuncian están de parte del chantajista.

Nadie podrá acusar de falta de realismo a quien hace propuestas razonables y viables si al mismo tiempo denuncia  a quienes impiden su realización.

Tras esta crítica se deberían incluir aquellas propuestas realizables que mejoren la vida de los ciudadanos, en especial de los de menos recursos, pero también aquellas que puedan situarse, a la luz de un conocimiento puesto al día, en una estrategia política a largo plazo, tendente a hacer a la población más consciente e informada.

ALGO HAY QUE AÑADIR A LA CRÍTICA PARA QUE SEA EFECTIVA

En sus campañas electorales Izquierda Unida ha sido cuidadosa de no criticar al capitalismo, se ha limitado a hacer propuestas poco distinguibles de las de la socialdemocracia. Pero, de haberlo intentado, tampoco hubiera podido criticar al capitalismo con efectividad.

Porque para que la crítica sea efectiva no basta que sea racionalmente impecable (algo que se puede conseguir con facilidad si se tiene el conocimiento teórico y la información suficientes). Hay que añadir además dos condiciones.

Una de ellas es dar con las formas adecuadas de expresión a tenor de los distintos códigos que manejan los diferentes grupos sociales. No se puede hablar a todos con un único estilo, y menos si es el propio de una hoja parroquial. La teoría y la información que la izquierda debe promover y divulgar exige grupos especializados de estudio y de comunicación que la izquierda oficial nunca ha tenido (ni ha echado de menos, limitada a su particular catecismo). La tarea no es simple, porque la falta de información adecuada hace que una gran parte de la población esté conforme con ese eslogan publicitario que dice: atrévete a ser millonario.

Pero hay que añadir que el valor de un mensaje no radica sólo en la verdad y claridad de sus términos, sino en la confianza que inspira el emisor. IU ha dilapidado la confianza que el Partido Comunista logró como opositor al franquismo y por ello es necesario un partido de izquierdas de nueva creación, consciente de que toda medida que aumente esa confianza es imprescindible, y que es desastroso todo comportamiento que la disminuya. La primera necesidad de un partido de izquierdas es dejar patente en cada situación la superioridad de su conocimiento, de su coherencia y de su honradez, que ha de quedar siempre a salvo de cualquier suspicacia.

 POR DESCONTADO, LA DERECHA SEGUIRÍA ERRE QUE ERRE

Si todo esto se hiciera así, los conservadores seguirían sin duda diciendo que es populismo denunciar al poder económico responsable de que lo imprescindible no sea posible, pues casi todos los medios de comunicación y casi todos los expertos con acceso a ellos no son otra cosa que medios de ese poder. Pero esto no sería un problema. La tarea que se echan encima (defender la economía de mercado) es tan irrealizable desde la decencia ilustrada, que están obligados a tomar el camino del lugar común, la mentira o las afirmaciones cargadas de ignorancia. ¿No han llegado a decir, y siguen diciendo, que la mejor manera de que las cosas funcionen es hacer leyes que dejen en la estacada al pobre y beneficien al rico? El espectáculo de los economistas conservadores, llenos de méritos académicos y al mismo tiempo ignorantes de conceptos básicos de la ciencia social y de la filosofía de la ciencia, es muy ilustrativo. ¡Fingen creer, o creen, que lo que dicen tiene fundamento científico! Engañan a mucha gente, sobre todo a los asustadizos políticos, pero quien sabe lo suficiente no puede por menos de extrañarse (como un clásico romano respecto a los auríspices) de que, cuando dos economistas conservadores se cruzan, no se provoquen la risa mutuamente.

Valgan algunos ejemplos tomados de los artículos antes citados, en los que la chapuza intelectual coincide con alguna dosis de mala fe. Digo esto último porque Roldán achaca a Podemos el propósito de no pagar la deuda soberana, cuando lo que propone Podemos es una auditoría de las deudas pública y privada que delimite qué partes de éstas pueden ser consideradas ilegítimas, a fin de declarar su impago y tomar medidas contra los responsables, todo ello en coordinación con otros países de la UE. De la misma manera Conde y Rubio achacan a Podemos la propuesta de nacionalizar el sistema bancario, cuando Podemos sólo propone medidas destinadas a democratizar la dirección de las entidades bancarias y la creación de una banca pública a partir de las antiguas cajas de ahorros convertidas hoy en entidades bancarias y recapitalizadas con dinero público.

Esto aparte, vean el argumento con que se desestima esa propuesta: que fueron las instituciones financieras controladas por el sector público las más afectadas por la crisis. Aceptemos que las Cajas no tuvieron un comportamiento modélico, y que el control de sus decisiones fue insuficiente. Pero si por ello estuviera justificado que se privaticen, el pésimo comportamiento de los grandes bancos privados, causa de la presente crisis y del expolio de millones de ciudadanos, así como su condición de empresas “sistémicas” (a las que no se puede dejar caer y hay que auxiliar con dinero público si se ven en apuros), ¿no deberían justificar su completa nacionalización? Si se nacionalizara la banca y se la dotara de una buena forma de funcionamiento que impidiera los pasados excesos de algunas Cajas, ¿qué habría que criticar? Esta medida (que Podemos no ha propuesto, no ha llegado a tanto) sentaría muy mal a los banqueros, simplemente, pero precisamente por ello debería sentarnos bien a los demás.

Más endeble es la razón para desestimar la democratización del Banco Central Europeo: Conde y Rubio se limitan a decir que esa democratización traería consigo la ya casi olvidada inflación. Y Roldán explica por qué: si los políticos interesados en ganar elecciones pudieran imprimir dinero, lo primero que harían sería imprimirlo en cuanto los problemas aparecieran: pronto la inflación se dispararía y con ella se dilapidarían los ahorros de los trabajadores. Esto es todo lo que se les ocurre a los tres.

Pero ¿quién ha dicho que un BCE democráticamente gestionado no puede tomar las mismas medidas anti-inflacionistas que si está gestionado antidemocráticamente? Los políticos no podrían imprimir dinero a su gusto si les estuviera prohibido hacerlo. Tendrían que cumplir las condiciones fijadas en la ley. De manera que, con una ley adecuada, sería perfectamente conciliable el funcionamiento democrático y la contención de una inflación excesiva.

Respecto a las restantes propuestas nuestros economistas conservadores andan propensos a hilvanar lugares comunes basados en un axioma implícito: que no se puede aumentar la presión fiscal sobre los que más tienen. Parecen creer que la única forma de aumentar los ingresos estatales es reducir las deducciones y aumentar los impuestos indirectos. En cuyo caso, claro está, se imponen los recortes. Conde y Rubio  nos dicen al respecto:

“Creer que con suficientes votos se puede gobernar sin una restricción presupuestaria es equivalente a pensar que podemos eliminar la ley de la gravedad con suficiente apoyo popular.”

¿Están queriendo decir que la restricción presupuestaria, tal y como ellos la entienden, es una ley natural contra la que nada se puede hacer? Pues sí, así argumentan estos teóricos. Y añaden:

“No queremos entrar en valorar si más recortes del gasto público son o no deseables, eso es un problema entre el Gobierno y sus votantes. Sin embargo, no reconocer que es probable que esta reforma implique recortes adicionales en el gasto público es tergiversar la realidad. Otra forma de populismo. El coste de la reforma (según se recoge en el programa de estabilidad enviado a Bruselas hace pocas semanas) es de unos siete mil millones. Si queremos cumplir con el déficit y (como todo parece indicar) no hay otros aumentos impositivos suficientes para compensar la bajada de tipos impositivos sobre la renta y beneficios empresariales, habrá que recortar el gasto. Si volvemos a saltarnos el déficit, la deuda aumentará más de lo previsto con las consecuencias que eso conlleva. Esa es la impopular realidad y negarla es de lo más popular.”

Es decir: si queremos seguir haciendo las cosas como las venimos haciendo, entonces no cabe que las hagamos de otra forma. Impecable razonamiento. Estos señores no consideran siquiera la posibilidad de otros aumentos impositivos que los previstos en la reforma fiscal del PP, la cual no sólo no toca los bolsillos de los que más tienen, sino que mete más dinero dentro de ellos.

Recordemos, para terminar, la forma en que Arruñada defiende el más desacreditado neoliberalismo: ¡diciendo que el regulador político no es ni mejor ni peor que el empresario! Es como si condenara el arbitraje en el fútbol alegando que el árbitro no es ni mejor ni peor que el jugador. Y además dice que llevamos décadas tratando de mejorar la regulación de la economía, cuando lo cierto es que llevamos décadas de desregulación con el efecto conocido: la tremenda crisis actual. Al señor Arruñada hemos de suponerle conocimientos de organización de empresas, que es su tema, pero no ha estado fino en el artículo citado.

¡Que lamentable que la izquierda no haya sido capaz de poner en su sitio a esta tropa de auríspices! Esperemos que surja una nueva izquierda capaz de hacerlo, que tanto no cuesta.

EL ÉXITO DE PODEMOS

No he votado a Podemos y no sé qué camino tomará esta organización, pero su programa electoral contiene bastantes propuestas de sentido común y justicia. Es natural que las consideren populistas los verdaderos populistas, los conservadores. Las propuestas de Podemos no son propiamente anticapitalistas, ya que son compatibles con un capitalismo sensatamente reformado, pero algunas de ellas van más allá de las tradicionalmente socialdemócratas.

Se acusa a Podemos de personalismo por el uso de la imagen de su líder, y a este de narcisismo televisivo. De momento valdrá la pena esperar y ver. Con el tiempo podremos aplaudir o criticar, pero por el momento no veo razones para la crítica. Pablo Iglesias ha ido a las televisiones que le han permitido exponer sus ideas y era su derecho.

Tampoco creo que unas apariciones en Televisión puedan dar ventaja por sí solas. Los políticos profesionales de los grandes partidos salen en los medios con frecuencia y dicen todo lo que quieren que se escuche. La ventaja de Pablo Iglesias es que ha podido decir verdades que mucha gente estaba deseando oír y que los partidos tradicionales callan. En el caso de IU de manera incomprensible (o comprensible, tal vez, si se piensa mal) en el caso del PSOE y del PP por razones obvias. Los dirigentes de estos partidos sólo saben marear la perdiz con un lenguaje que no dice nada. Y no es de extrañar, porque ellos han sido los fabricantes de las mentiras y silencios legitimadores de una política que nos tiene como nos tiene. Pocas verdades puede decir el PSOE, y no tanto por los casos de corrupción que lo salpican como por la política de Felipe González y de Zapatero. No le queda otro camino que enzarzarse con el PP en ese “y tú más” con que nos molestan un día y otro.

La campaña de ambos ha sido lamentable. En muchos dirigentes del PP el machismo es tan profundo y tan natural que no tienen conciencia de la que se va a armar cuando hacen declaraciones que para ellos son inocentes, como las hechas por Cañete para justificar su fracaso en el debate televisivo. Está claro que la superioridad intelectual de Cañete sobre Valenciano es una ilusión suya. Pero Valenciano, que no puede proponer nada interesante, porque le preguntarán por qué no lo ejecutó el PSOE cuando estaba en el poder, se agarra a las meteduras de pata de Cañete como a un clavo ardiendo. Respecto a Europa vaguedades que a nadie le dicen nada.

Teniendo esto en cuenta, y vaya pasando lo que vaya pasando, de momento creo que sólo cabe festejar, desde la izquierda, que Podemos haya tenido un éxito grande, porque deja claro que mucha gente agradece que le digan verdades elementales y de manera que se entiendan. Los partidos consolidados que se tienen por anticapitalistas se quedan más cortos cuando deberían ir más lejos. Ellos sabrán por qué. IU ha crecido algo debido a la debacle del PSOE, pero probablemente muchos votos de Podemos hubieran ido a IU si llevara años atreviéndose a presentarse y a actuar como lo que hay que suponer que es.