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SIN REMEDIO (aquí y ahora)

Me sigue impresionando cómo se abordan en los medios de comunicación algunas cuestiones graves, muchas de ellas trágicas, como si cada una tuviera autonomía, como si no dependieran todas de un determinado orden social, el orden social innombrable como causa, el capitalista. Quienes discuten, quienes intentan instruirnos, no hablan del capitalismo y dan la impresión de creer que hay solución sin un cambio de orden social. No es cierto. No hay remedio.

Cada día va estando más claro para más gente (aunque todavía poca) dónde está el verdadero poder y qué papel desempeñan los que fingen que lo tienen, los políticos. Pero aunque una gran parte del mal que nos rodea se debe a las leyes que se promulgan contra el bien común, y también a que no se promulgan las que serían necesarias, esto ocurre merced a la pasividad de la gente, o más aún, con su apoyo.

El mayor baldón del capitalismo no es que domine y explote, sino que para perpetuar el dominio y la explotación necesita fabricar gente que no se rebele, que lo acepte. Eso se consigue generalizando los tres ingredientes a que me he referido en otras ocasiones: ignorancia, egoísmo y miedo, y para ello se cuenta con una forma de vida, con la inercia social y con todo el espacio que la izquierda deja libre para el adoctrinamiento (en las escuelas, en los medios de comunicación, en la publicidad que ofrece e impone sus modelos).

Lo irremediable es que seguiremos viviendo en un mal mundo mientras una gran parte de la población no cambie.

Esto se aprecia bien en las siguientes cuestiones:

INMIGRANTES Y SOLICITANTES DE ASILO

Los que llegan a la Unión Europea huyendo de la pobreza que nuestros países ricos han generado en los suyos, o de las guerras que nuestros países ricos han alentado, provocado o aprovechado, no son acogidos según las leyes vigentes (Convención de Ginebra, Reglamento de Dublín, Convenio Europeo de Derechos Humanos, y en España Ley de Extranjería y Ley de Asilo). Encuentran tales dificultades que muchos intentos terminan en tragedias insoportables.

La actitud cicatera de la UE, y en especial de algunos de sus miembros, España entre ellos, se ha visto alterada por una foto, la de un niño muerto en una playa. Algunos, entre ellos Rajoy, han dicho que esa foto es espeluznante. Yo la veo sobrecogedora, estremecedora, entristecedora. Lo espeluznante es la política de la UE, la del mismo Rajoy.

Hay críticos que, en su afán por no hablar nunca de la causa real, achacan el mal a falta de voluntad política, pero no explican por qué está ausente esa voluntad. Los políticos actúan al servicio del poder económico salvo en aquellos asuntos en que el poder económico es indiferente, y entonces actúan según previsión de votos. Tenemos por tanto dos cuestiones:

Por lo que atañe a la causa de las migraciones, el poder económico se opondría a todo intento de remedio que impida la explotación económica de terceros países.

Por lo que atañe a la acogida de los que llegan, el poder económico se encoge de hombros y son los políticos quienes deciden. Y la triste causa de la falta de voluntad es que cada partido gobernante cree que, si se comporta en este asunto humanitariamente, perderá votos. Mayorías xenófobas, racistas, insolidarias, se imponen a las gentes de buen corazón y no están dispuestas a votar a gobiernos decentes. Por todas partes en el Occidente desarrollado, desde Estados Unidos a Hungría, pasando por Gran Bretaña o España, son las mayorías las que no sólo no exigen la política razonable en este asunto, sino que la impiden. Buena prueba de cómo dependen los gobiernos de sus previsiones electorales es que la foto del niño muerto en la playa ha generado una presión en las redes sociales que está aconsejando a Cameron cambiar su política.

La forma de defensa que vienen aplicando los gobiernos conservadores consiste en perseguir a los que consiguen arribar a nuestras costas, negando incluso la asistencia médica a quienes no tienen papeles en regla. En España algunas Comunidades han decidido dar una tarjeta sanitaria a esos desgraciados, pero el gobierno central exige que lleven seis meses empadronados y que ganen menos de 532 euros al mes ¡por unidad familiar! Esto sí es espeluznante: menos de 532 euros por unidad familiar y obligados a pagar el 40% de las medicinas. ¿Tienen estos políticos imaginación y empatía?

Hay que insistir en que parte del nivel de vida occidental se debe a lo que hemos extraído de países empobrecidos, o dicho más sencillamente: a lo que les hemos robado con acompañamiento de crímenes impresionantes (las viejas hazañas de Leopoldo II de Bélgica en el Congo son una pauta repetida). Y este expolio continúa, aunque sustituyendo la antigua vía de ocupación militar por la más hipócrita de las multinacionales de guante blanco.

Por tanto (toda insistencia en ello es poca) el único remedio, el imposible, consistiría en comenzar lamentando nuestro comportamiento, pedir perdón, ofrecer compensaciones, cooperar con esos países para que aumente su riqueza y sus habitantes no tengan que venir a los nuestros huyendo de la pobreza extrema. Y dejar de provocar o alentar las guerras que nos convienen, o de mantener y protejer a los dictadores sangrientos que nos convienen.

¿Cabe que nuestras poblaciones occidentales exijan a sus gobiernos algo así? Por supuesto que no. Y por ello he utilizado una primera persona en plural como objeto de las expresiones acusatorias. Pues aunque los crímenes son ideados y ejecutados por poderes económicos y gobiernos serviciales, las migajas del festín llegan a una gran parte de la población, que a cambio tolera los hechos y se opondría al cambio de política.

Conclusión: no hay remedio a esta situación. La UE seguirá siendo castillo asediado por los pobres y amenazados que lo rodean, y la xenofobia y el racismo crecerán dentro.

EL IMPOSIBLE REMEDIO A LA CORRUPCIÓN

Se ha propuesto que desaparezcan los billetes de 500 euros para hacer más difícil el delito económico (el trasiego de dinero en maletines). Naturalmente, los políticos en el poder se han hecho los sordos. Los billetes de 500 euros siguen ahí.

Demos un paso más y vean qué solución tan sencilla al alcance de la mano: que desaparezcan no sólo los billetes de 500 euros, sino todos los demás. Se trata de sustituir el dinero físico por dinero virtual, algo que ya ocurre cuando pagamos mediante transferencias bancarias, cheques, tarjetas, etc. Es decir, se trata de generalizar este procedimiento. Los ingresos de cada cual van a su cuenta bancaria y cada cual paga toda mercancía o servicio con cargo a esa cuenta usando su tarjeta (o su reloj o móvil inteligentes). Los movimientos de las cuentas no son públicos, pero están a disposición de los jueces. ¿Cabe algo más simple y más fácil de realizar con la tecnología informática ya existente?

Con solución tan simple y económica (que incluso ahorra el importe de fabricar billetes) resultaría imposible el permanente delito económico que tanto provecho da a los que más tienen (evasión fiscal, cuentas B, economía sumergida, sobres y donaciones en dinero negro, etc.).

Precisamente por ello esta solución simple no se impondrá, sobre todo teniendo en cuenta que la población no la exige. Y la corrupción, la evasión fiscal, las ganancias especulativas, todo ello seguirá entre nosotros sin remedio y se seguirá achacando a la condición humana (a que en todas partes hay garbanzos negros).

IVA

Hay un asunto cuyo carácter (este sí, realmente espeluznante) pasa desapercibido. A los impuestos indirectos se los llama indoloros porque el que paga no sabe que está pagándolos, y por tanto no le duelen. Pero los paga.

Teniendo en cuenta que en España el tipo general del IVA es el 21%, el reducido del 10% y el superreducido del 4%, a una media del 15% quien gana y gasta cada mes 2.000 euros está pagando por IVA 3.600 euros anuales, a los que hay que sumar otros impuestos indirectos, especialmente el que grava los hidrocarburos, que supone más o menos la mitad de lo que cada cual se gasta en gasolina o gasóleo. Ni siquiera está libre de impuestos el pobre que ingresa la miseria de 400 euros al mes, ya que en cada compra que haga estará pagando impuestos indirectos. Aún más: en cada compra semejante el pobre de solemnidad está pagando el mismo impuesto que el rico de solemnidad (brutal para el pobre, nada para el rico).

Estos impuestos alevosos seguirán ahí, incluso defendidos por campañas oficiales indecentes que nos advierten de que no pagar el IVA es una conducta antisocial, puesto que con el IVA se financian colegios, hospitales, etc… ¡Pues eso es lo malo, que se financian en gran parte con el IVA!

¿Cómo es posible desafuero tan enorme? Pues porque los impuestos indirectos cumplen en nuestro capitalismo el papel básico de dotar de dinero a los Estados evitando que tengan que sacarlo del bolsillo de los ricos. El Estado consigue lo que necesita exprimiendo a las clases medias y bajas mediante impuestos abusivos directos e indirectos, y puede así permitir que los ricos eludan impuestos no sólo de manera ilegal (por ejemplo aprovechando el escaso interés oficial en acabar con los paraísos fiscales), sino también legalmente, mediante las SICAB, las sociedades fantasma y las exenciones, bonificaciones y galimatías que permiten a las grandes empresas pagar un ridículo 3,5% en el impuesto de sociedades.

¿Imagina alguien a la Comunidad Europea tomando la honesta decisión de acabar con los impuestos indirectos y extraer el grueso de sus ingresos del bolsillo de los ricos? Claro que no.

Lo peor: que aunque hay alguna oposición al 21% decretado por el PP para los bienes culturales y petición de que baje al 5%, no hay un clamor universal contra los impuestos indirectos, contra el IVA fundamentalmente. O sea, que en nuestra sociedad la injusticia de los impuestos indirectos no tiene remedio. Seguirá habiéndolos.

VIOLENCIA

Las redes sociales rebosan resentimiento y violencia. Unos jóvenes dan una paliza a un indigente, otros a un homosexual. Siguen los asesinatos de mujeres por sus exparejas. Los hinchas futboleros se acometen como salvajes. Las autoridades salen en seguida a condenar los hechos y los medios nos transmiten muy serios esa condena. ¿No es ridículo considerar noticia que un dirigente político condene un asesinato? La noticia sería que lo aplaudiera. El mismo político podría ahorrarse la condena (se da por supuesta) y decirnos qué piensa hacer para evitar que el hecho violento se repita. Pero claro, nada puede decirnos de soluciones, puesto que no existen.

Todos los violentos occidentales han pasado por la escuela y esto revela su fracaso.

Si nuestra escuela quedara en los informes PISA tan bien como la de Finlandia, alguien diría “¡qué exito!”. Y sin embargo no habrían desaparecido los xenófobos, ni quienes dan palizas a indefensos, ni esos seguidores violentos de equipos de fútbol, o esos machos defraudados que no pueden consentir que su pareja se vaya con otro. Si nuestra escuela fuera como la finlandesa nuestros bárbaros tendrían, como los bárbaros finlandeses, una capacidad numérica y verbal menos ínfima, nada más. Y es que en nuestras sociedades la escuela ni está, ni puede estar diseñada para algo que es, sin embargo, posible: que las personas que pasen por ella salgan siendo no sólo ilustradas y ricas en destrezas, sino sobre todo bondadosas, puesto que los sentimientos son tan educables como la inteligencia (claro está, si se escolariza a los niños desde los pocos meses y se cuenta con el entorno social adecuado y con el suficiente número de expertos en psicología infantil dentro de cada escuela).

No hay remedio.

ENTRADA EN VIGOR DE LA LOMCE

El PP parece creer que el remedio a la mala educación está en la LOMCE, que va a entrar en vigor con su creador, el insigne Wert, ausente y sustituido por otro ministro que tiene que hacer frente a la resistencia de algunas Comunidades a aplicarla.

Ciertamente, la LOMCE es expresamente segregacionista (los alumnos de clase media a la universidad, los de clase baja a sus oficios), cumple con los deseos de los obispos, elimina la asignatura de educación para la ciudadanía, y lo que quieran añadir. Una ley impresentable, la propia de un partido que legisla contra la mayoría de la población, incluidos muchos de los que le votan. Pero ¿qué había antes? Una ley que pretendía ser integradora, pero que de hecho no salvaba a los alumnos de clases bajas del fracaso escolar. Disimulaba el fracaso aprobando por sistema, pero condenaba a esos alumnos a un fracaso posterior. Y es que una buena escuela es tan costosa que, pese a que sería la mejor de las inversiones posibles, nuestras sociedades no pueden permitírsela con los escuálidos presupuestos estatales. Un gurú del conservadurismo, el ínclito José Antonio Marina, tiene una idea tan simple de la educación que le lleva a decir que no hace falta más dinero, sino emplearlo mejor. Pues no: para tener una buena escuela sería imprescindible dedicar una gran parte del dinero que está en manos de los ricos y de los muy ricos. Y entonces ya estaríamos en otro mundo.

En este no hay remedio.

RIQUEZA Y POBREZA

Sobre todo (y vuelvo a repetirme porque creo que siempre es poco), no hay movimientos sociales que exijan la gran medida básica, de la que dependen todas las mejoras sociales y todos los posibles remedios: que se ponga un límite sensato a la riqueza privada (por encima del cual el tipo impositivo sea del 100%). Sólo cuando exista ese límite podrá haber democracia, por ahora imposible, y podrá haber además servicios públicos adecuados, incluida una buena escuela.

Pero ¿qué ocurre? No sólo que los políticos legislan a favor del poder económico, sino que la mayoría de la población desea por encima de todo la riqueza, envidia al rico, daría cualquier cosa por tener una gran mansión, un rolls y un yate de lujo (la publicidad de una lotería parte de esta evidencia). En general se cree que la riqueza privada, si ha sido adquirida legalmente, es inocente. Pero, pasado un límite, es criminal y las leyes que la amparan son leyes criminales, porque la riqueza excesiva de una minoría no sólo hace ficticia la democracia, sino que ha de tener como contrapartida la pobreza de muchos. Es cosa de sentido común: siendo la riqueza del país la que es, si en el reparto unos pocos se llevan la mayor parte, queda poco para todos los demás. Y es un cuento chino eso de que, dejando la riqueza en manos de unos pocos, toda la población sale ganando, porque esos pocos saben manejar el dinero para que rinda más, y ello acaba beneficiando a todos (argumento inventado por malos teóricos para justificar que a los ricos no se les cobren impuestos). Si vamos a los hechos estos demuestran que, efectivamente, tal idea es un cuento chino.

¿Ha hecho algo la izquierda para cambiar la mentalidad de la gente en esta cuestión básica?

No hay remedio.

OPTIMISMO

De manera que tenemos por una parte políticos que legislan como muñecos de guiñol en manos del poder económico y por otra parte una población que apoya o tolera. Estaríamos en otro mundo si la gente que sale a la calle demandando independencia, o festejando un éxito deportivo, saliera para exigir que cambien las cosas a que me estoy refiriendo. Entonces, aunque en nuestro mundo capitalista no hay remedio, estaríamos iniciando el camino hacia un mundo mejor.

Pero volvamos al presente: admitamos que no se puede contar con la parte de población egoísta, la que sólo atiende a su beneficio económico sin que le importe cuánto sacrificio ajeno implica. ¿Qué porcentaje de egoístas irrecuperables hay en las poblaciones occidentales?

Abundan en todo caso personas generosas, pero engañadas y asustadas, personas que se conmueven ante una foto, pero que pueden muy bien votar al PP (por ejemplo, por temor a que la izquierda llegue al poder). Si se les explicara adecuadamente cómo son las cosas y dónde están sus intereses podrían ir alejándose de la ignorancia y el miedo, e ilusionarse con alguna forma de cambio.

Se puede contar con los que en movimientos sociales, ONGs, etc. sustituyen a los Estados en la ayuda a quienes lo necesitan. Aunque ellos mismos se plantean si sus acciones, además de un efecto benéfico (aliviar males paticulares), tienen un efecto perverso, puesto que ese mismo alivio hace al capitalismo menos insoportable (en última instancia apuntalan un sistema injusto), son personas que se sumarían a un proyecto de cambio, lo mismo que quienes participan en movimientos de protesta.

En conclusión, pese a que aquí y ahora no hay remedio, lo habrá si algún día se consigue movilizar fuertemente a la mayoría de la población, y no sólo en un país, sino en el mundo entero. Esa es la tarea a la que la izquierda organizada debería supeditar cualquiera otra. Pero esa tarea exige lo que la izquierda nunca ha hecho. Ha venido creyendo (o comportándose como si creyera) que la actividad política se reduce a liderar descontentos sociales y producir mítines pensando en el resultado electoral. Entretanto los grupos conservadores influyentes (la iglesia entre ellos) se han preocupado de disponer de medios de comunicación prestigiosos, escuelas, think tanks, universidades, espacios en los que actúan con efectividad sus innumerables valedores.

La izquierda necesita urgentemente medios de comunicación que lleguen a todas partes, y elaborados con el conocimiento adecuado para que alcancen máxima influencia. Necesita poner en marcha Institutos de ciencia social abiertos a todos los que quieran aprender. Y una escuela, al menos una, donde demostrar hasta dónde se puede llegar por el camino de una buena educación. Hay seguramente mucha gente que cooperaría económicamente, y muy contenta, en una aventura como esa.

Sólo por ese camino podemos salir del “no hay remedio”.

PARA TERMINAR

Sí, ya sé que lo que acabo de escribir es populista y demagógico. Pero en fin, si se analiza el uso que la derecha hace de esas calificaciones, se ha de concluir que “populista” y “demagogo” son sinónimos de “amigo de la verdad molesta”, esa verdad que la derecha quiere tapar a toda costa.

jmchamorro@jmchamorro.info

UNAS REFLEXIONES SOBRE EL CAPITALISMO

La batalla ideológica se libra de manera muy desigual. Estamos en un punto en que nadie puede criticar al capitalismo sin que se le echen encima cien guardianes o fiscales bien situados mediáticamente, que le acusarán de populista, chavista, tercermundista y hasta nazi. Es natural que casi nadie se atreva, aunque ello no justifica a aquellos partidos que deberían hacerlo por su propia naturaleza. Son partidos desnaturalizados.

Hay un argumento implícito que está detrás de esas descalificaciones. Es el axioma de que la única alternativa al capitalismo es el comunismo y que este ha sido refutado por la historia. De manera que el tema está cerrado. El que ponga en duda que el capitalismo ha quedado legitimado sin posible discusión es un partidario de viejas fórmulas antidemocráticas y fracasadas.

Por mentira que parezca hay quienes se consideran intelectuales y trafican con argumentos como este, de manera más o menos explícita. Antonio Elorza, que fue comunista y uno de los fundadores de Izquierda Unida, convertido ahora al conservadurismo él sabrá por qué, dice en un artículo (en El País: La izquierda y Europa ) que el problema de Tsipras reside en sus acompañantes, en Francia y aún más entre nosotros. Con el “entre nosotros” se refiere al acompañante  Podemos. Y añade:

“Cuando en TVE su socio hispano declaraba que el problema en Europa era “el capitalismo” y basta, y en España “el capitalismo” y basta, o con un gesto años treinta hablaba de Ucrania como si fuera el portavoz de Putin, la sensación era de regresar al mundo del “clase contra clase”. No falta, en otras izquierdas, el brote de “socialismo del siglo XXI”, cuya carga de populismo y manipulación cabe apreciar allí donde ha germinado en un espacio de laboratorio universitario […]. De arriba a abajo, una ínsula chavista.”

 ¿Y de dónde sacan Elorza y otros muchos como él que el chavismo (sean cuales sean sus defectos y aún si los multiplicamos por diez) es algo peor que nuestro tinglado político? ¿Y cómo es que Elorza no ve populismo y manipulación en los partidos procapitalistas? Pero yendo al grano: ¿qué le ha hecho olvidar que el problema de España, de Europa y del mundo es el capitalismo? ¡Pues claro que sí!

Los bienpensantes aprovechan su predominio abrumador en los medios de comunicación para gritar contra propuestas muy razonables y prudentes, que ni siquiera van contra el capitalismo, sino sólo contra sus excesos más sangrantes, como la supresión de las SICAV, una mayor progresividad de los impuestos sobre la renta y el patrimonio o la nacionalización de las empresas dedicadas a sectores de vital importancia para la población, sean la banca, la energía, la alimentación, la sanidad o la enseñanza.

Para que se vea hasta qué punto estas propuestas son razonables, valga un ejemplo: el laboratorio Gilead Sciences produce el fármaco oral sofosbuvir Sovaldi que cura la hepatitis C con cifras cercanas al 80-90% y sin casi efectos secundarios. Desgraciadamente, la mayor parte de los 185 millones de personas que se calcula que viven con hepatitis C en el mundo no dispondrán del nuevo medicamento porque es demasiado caro. Se calcula que el tratamiento puede costar unos 100.000 euros por paciente, precio que no es debido a los costes de producción, sino a que la empresa privada tiene el monopolio en virtud del derecho de propiedad intelectual, y puede poner el precio que quiera. Esto mismo se puede decir de otras medicinas que curan enfermedades graves. Por otra parte el móvil del beneficio hace que estas empresas concentren la investigación en los medicamentos más rentables en virtud de los recursos económicos de los posibles enfermos, descuidando las enfermedades que afectan a poblaciones pobres.

 No creo que sea disparatada e indigna de consideración la propuesta de que las empresas que operan en campos básicos se orienten al interés público y no al afán de beneficios privados con olvido de aquel interés. Puede que alguien diga que esas empresas deber seguir siendo privadas porque lo privado es más eficiente que lo público. ¡A estas alturas!

En realidad, cuando se tiene conocimiento suficiente y se es sensible al sufrimiento ajeno hay que ir más lejos, no bastan las propuestas prudentes que tanto escandalizan a los defensores del capitalismo. Hay que exigir otra forma de organizar la economía y la sociedad, y no sólo por razones de justicia. Es que además la forma capitalista no es viable a plazo medio, cuando el desmedido consumismo a que obliga se extienda a nuevas poblaciones y genere una presión insoportable sobre los recursos y el medio ambiente.

¿Por qué estamos en crisis?

Conviene no olvidar que la causa de la presente crisis económica no fue que fallara algo en la economía productiva, la que dota a la gente de bienes y servicios. No chocó contra la tierra un gran meteorito, ni saltaron por los aires mil fábricas como consecuencia de una acción terrorista concertada, ni se extendió por la tierra una pandemia que diezmó la población, ni hubo una sucesión impensable de catástrofes naturales, ni estalló una guerra que restringió los suministros de energía. No. No ocurrió ninguna catástrofe que afectara a la producción, ahí estaban todas las fábricas y oficinas con todos los trabajadores dispuestos a seguir con la tarea diaria, ahí estaban las materias primas y la demanda de la gente dispuesta a consumir.

¿Qué ocurrió entonces? Pues que la gran Banca mundial se encontró en situación de quiebra a causa de una ingeniería financiera, diseñada por la codicia de unos pocos, que acabó siendo incontrolable; y también a causa del estallido de la burbuja inmobiliaria. Esta a su vez había surgido y crecido también al amparo de los bancos, que otorgaban préstamos hipotecarios sin suficiente garantía para construcción y compra de viviendas y que alentaban la especulación inmobiliaria. Como consecuencia de la catástrofe bancaria se cortó el flujo de dinero a las empresas, muchas quebraron por ello y otras por la crisis en la construcción, fueron al paro sus trabajadores, los deudores hipotecarios se encontraron con que se habían depreciado las viviendas compradas, disminuyó el consumo, quebraron otras empresas por falta de demanda, y así sucesivamente.

De manera, no lo olvidemos, que la crisis se ha debido a que el único móvil de los bancos y entidades financieras de propiedad privada ha sido la ganancia a cualquier precio. A ello se ha sumado la lógica del sistema capitalista, en la que “los mercados” actúan generando procesos perversos regidos por una realimentación positiva.

Las recetas aplicadas para salir de la crisis

Asombrémonos de que, tras seis años de crisis, aún no se ha encontrado el remedio. Y mira que es sencillo. Tan sencillo como acabar con las causas y hacer frente a los efectos con medidas extraordinarias.

El buen remedio hubiera consistido primero en procesar a los responsables de la crisis y acabar con la propiedad privada y la desregulación del sector bancario y financiero. Y luego en hacer frente a los resultados de la crisis estableciendo moratorias, ayudando a las familias hipotecadas para que pudieran devolver sus créditos, reestableciendo las líneas de crédito a las empresas y facilitando la parcial reconversión de las empresas constructoras mediante ayudas a la rehabilitación de viviendas. De esta forma el empleo se habría mantenido.

Pero aunque todo esto hubiera podido hacerse, no se hizo. ¿Y por qué? Desde luego no por falta de dinero. Dinero hay para todo ello, el dinero aparece siempre, termina saliendo de debajo de las piedras, pero está claro que sólo cuando lo necesitan los de siempre. Por ejemplo, para financiar una guerra o, como en el caso presente, para rescatar a la banca.

Este rescate es lo único que interesaba a esa oscura entidad a la que podemos llamar Poder, pues es el verdadero poder del que los demás son delegados y servidores, el que controla a los Estados y Gobiernos. Dispone para ello de instituciones como el FMI, los Bancos centrales, los mercados, las puertas giratorias, los principales medios de comunicación y el servicio de gurús que se presentan como científicos de la economía, ciencia inexistente. ¿Qué esto es una ridícula teoría de la conspiración? No me hagan reír: pensar lo contrario sería tanto como dar por sentado que los dueños del capital no son personas racionales.

Así que se empezó a oír el clamor de los expertos que gritaban que lo primero era salvar a los grandes bancos, ya que son empresas sistémicas (esto es, que si se hunden arrastran la economía entera). Restaurada la confianza en el sistema financiero, la prosperidad vendría a continuación. Ni pensar siquiera en cometer el sacrilegio de convertir a los Bancos quebrados en empresas públicas.

Como sabemos, cientos de miles de millones pasaron de las haciendas públicas (del bolsillo de la población) a los bancos en quiebra causantes de la crisis, y esos bancos, una vez salvados, han seguido siendo de propiedad privada.

La segunda nefasta decisión del mencionado Poder fue ordenar a los Estados europeos que centraran su interés en los déficits presupuestarios y no en el empleo. El FMI, el BCE y la Comisión Europea, que no han salido de ninguna elección, establecieron unas condiciones draconianas para prestar dinero a los Estados que estaban en apuros: recortes brutales del gasto público, aumento de ingresos por la vía de los impuestos indirectos y de los directos que pagan las clases medias (nada de aumentar los impuestos a los ricos), y reforma laboral para liquidar los derechos de los trabajadores respecto a salarios y estabilidad, convirtiendo la relación laboral es una relación de semiesclavitud.

La idea, bien se ha visto que errónea, es que se crearía empleo solo por la bajada de los salarios y las facilidades de las empresas para el despido. Pero no ha sido así, pues malamente se crearán empleos si no hay expectativas de demanda, y esta depende del consumo, que ha sido frenado por el elevado endeudamiento de los hogares, herencia de la burbuja inmobiliaria, por la bajada de ingresos y por el mismo paro.

Los gobiernos, dóciles, no tuvieron nada que oponer. “Estamos haciendo lo único que se puede hacer. No se puede hacer otra cosa”, esa era la falsedad repetida hasta la náusea como disculpa.

Por otra parte, ya puestos a obedecer la orden inapelable, los Estados podían recortar gastos de unos capítulos u otros, pero ¿de cuáles recortaron? En España, y en otras partes, recortaron en Educación, Sanidad y gastos sociales. A pesar de ello el crédito ha seguido sin fluir, y los bancos que han obtenido préstamos a muy bajo interés del Banco Central Europeo no lo han dedicado a inyectarlo en el sistema productivo, han preferido prestarlo a su vez a los Estados por el interés abusivo decidido por el mercado. ¿Es que no podía entregar el BCE ese dinero directamente a los Estados al mismo interés que cobraba a los bancos privados, incluso a interés cero? No, por lo visto no. No pregunten por qué. Porque no. Eso es Europa. El caso es que este “no” ha producido enormes beneficios a la banca privada y enormes perjuicios a las haciendas públicas. Y un efecto adicional muy goloso: que los Estados, incapaces por su empobrecimiento de prestar sus servicios tradicionales, tendrán que irlos entregando al negocio privado. Noticia reciente: Grandes fondos de inversión entran en el negocio de la enseñanza. Ya lo han hecho antes en el de la sanidad.

En fin, se rescataron los bancos a costa de los contribuyentes y se reestableció la confianza de los mercados, pero todavía estamos esperando la prosperidad prometida. Y como lo hecho hasta ahora no ha sido suficiente, en su reciente informe sobre la situación de la economía de cada país el FMI sugiere a España más rebajas salariales, y hace una propuesta de reforma fiscal con más imposición indirecta (IVA, impuestos especiales) y una rebaja en el impuesto de Sociedades. De la contribución de los ricos ni media palabra. A todo lo cual se suma la Comisión Europea.

Creo que todo esto justifica la indignación de la gente honorable que grita ¡Hasta aquí hemos llegado! Y todavía hay por ahí quienes dicen que los partidos tradicionales, los que han cometido tamaños desaguisados sin inmutarse, han fracasado en las elecciones europeas porque no han sabido explicar bien qué es Europa. Humor negro.

Empobrecimiento de las clases medias

De manera que las autoridades económicas que consideraron imprescindible rescatar a los bancos no consideraron conveniente rescatar a las familias. Ni siquiera tuvieron en cuenta los beneficios adicionales que se podrían haber derivado de una fuerte reducción de las ejecuciones hipotecarias (algo que en España sí ha tenido en cuenta el Banco de Sabadell, y no le ha ido mal).

Algunos irresponsables nos vienen diciendo que la culpa ha sido de la población por endeudarse más de lo razonable, por pretender vivir por encima de sus posibilidades. Por lo visto querer tener una vivienda, por lo general modesta, es querer vivir por encima de lo posible. Aceptemos que muchas familias se endeudaron indebidamente, pero, como dice Paul Krugman, los malos préstamos siempre suponen errores por ambas partes: si los prestatarios fueron irresponsables, también lo fueron los bancos que les dejaron el dinero. Sin embargo cuando llegó la crisis, a los banqueros no se les consideró responsables de sus equivocaciones, mientras que las familias corrieron con todos los gastos.

El resultado de todo ello parece sugerir que tal vez no fue un error tan grande el de Marx cuando previó el declive de las clases medias y su proletarización. Incluso algunos observadores conservadores se dan cuenta de que la clase media está desapareciendo, insegura del futuro, sin medios para que sus hijos cursen estudios que les permitan progresar socialmente.

Si antes de hablaba del mileurista con la natural compasión, ahora un mileurista es un afortunado. Muchos salarios han bajado a los 600, incluso a los 400 euros, y sin garantía de estabilidad. Cada trabajador vive ahora en la angustia de no saber si mañana estará trabajando o en paro. Y no hay lugar a la protesta, porque el empresario se puede quitar de encima a todo trabajador que le incomode.

Para mayor oprobio, los perjudicados están viendo al mismo tiempo cómo se agranda  su distancia con el 1%, que salió de la crisis indemne. Pues resulta que la crisis no ha sido perjudicial para sus causantes. En la revista Alpha  se ha publicado la última “lista de los ricos” de Institutional Investor, una recopilación de los 25 gestores de fondos de cobertura mejor pagados; y resulta que han ganado un total de 21.000 millones de dólares en 2013. ¡Casi mil millones por cabeza! Y eso sólo de ingresos anuales, patrimonio aparte. Es de suponer que en 2014 ganen más, una vez sumada esa ganancia a su patrimonio.

¿Cómo puede defenderse un sistema cuya lógica tiene estos efectos perversos y es incapaz de encontrar remedio? Hay que añadir que cuando por fin salgamos de la crisis, porque algún día se saldrá, son incontables las personas que habrán sufrido perjuicios irreparables. Y siempre en beneficio de los mismos.

El capital en el siglo XXI

Claro que se puede objetar que todo lo dicho no va contra el capitalismo, sino contra el capitalismo neoliberal,  que ha eliminado las regulaciones y ha dejado que las ambiciones de la minoría que controla la economía mundial campen por sus respetos. Si se refundara el capitalismo, piensan algunos, la cosa sería distinta y no habría lugar para estas críticas. Y bien: ¿por qué no se refunda? Porque su propia lógica lo impide.

Muchos años antes de que estallara esta crisis escribí un libro de crítica al capitalismo que contiene, a mi parecer, muchas buenas razones aplicables al mejor de los capitalismos imaginables. La crítica se refiere a tres espacios: el económico, el ideológico (con una descripción de la población que el capitalismo produce) y el político (donde se describe la incompatibilidad de capitalismo y democracia). Un resumen puesto al día, con el título ¿Tiene remedio la sociedad capitalista? está incluido en este blog como libro digital a disposición del lector.

Ahora el economista francés Thomas Piketty analiza en una extensa obra (El Capital en el siglo XXI ) la evolución de la riqueza en Europa y EE UU en los últimos 200 años y demuestra con profusión de datos el aumento de la desigualdad hasta unos niveles  actuales que se acercan a los del siglo XIX.

Según Piketty, la desigualdad crece cuando la tasa de remuneración al capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía. Si llamamos “r” a la tasa de remuneración del capital y “g” a la tasa de crecimiento de la economía, tenemos la famosa formulación de Piketty: la desigualdad aumenta cuando “r>g”.

Pero ¿por qué “r” es mayor que “g”?  Por la lógica del mercado, que da más a quien más tiene y menos a quien tiene menos. Por tanto el aumento de la desigualdad es algo que ocurre inevitablemente en el capitalismo, ya que desproveer a los ricos de lo que les da el mercado es algo que los ricos no consienten.

A pesar de que el libro de Piketty llega a una conclusión obvia, que debería estar clara para todos desde hace mucho, ha causado gran conmoción, sobre todo en Estados Unidos. Si lo que dice Piketty es cierto (¡pues claro que lo es!) resulta que el capitalismo queda en entredicho.

Naturalmente, en seguida se han lanzado los defensores del establecimiento a señalar errores y fallos interpretativos. The Financial Times ha publicado un análisis de su editor económico Chris Giles en el que atribuye a  Piketty cálculos torticeros y numerosos errores, y pone en duda las conclusiones de la obra. Pero, como ha señalado Paul Krugman, aunque algunos errores concretos puedan ser ciertos, la idea global es correcta: “No es plausible que el aumento en la concentración de los ingresos del capital no reflejen un aumento más o menos comparable de la concentración del capital en sí mismo”.

¿Está justificado que haya ricos tan ricos?

Por mentira que parezca (aunque bien mirado es lo más natural, ya que los riquísimos pagan bien los servicios de legitimación y propaganda) los hay que argumentan que las grandes remuneraciones están justificadas porque van a parar a los innovadores y a los emprendedores, personas que crean empresas, y por tanto empleos, y hacen que avance la tecnología.

 Añaden con indignación desvergonzada que gravar a los ricos es destructivo e inmoral (destructivo porque disuade a los creadores de empleo de que se dediquen a lo suyo e inmoral porque la gente tiene derecho a quedarse con lo que gana). Les preocupa que la “obsesión” por querer que los ricos pierdan ingresos o patrimonio acabe dañando a los pobres. Si los ricos son menos ricos, dicen impávidos, la economía flaqueará y el paro crecerá. Y en un país con menos ricos se reducirá la recaudación fiscal. Por lo visto es una bendición y una suerte para todos que haya ricos, especialmente para los pobres. Los gobiernos parecen estar de acuerdo con estos alegatos, porque no osan tocar el patrimonio de los que más tienen.

Pero hay dos objeciones que hacer a esta defensa de la riqueza privada.

Una es que es que los premios económicos exorbitantes, incluso aunque premiaran el esfuerzo y el mérito, no son necesarios y son grandemente perjudiciales. No son necesarios para que prospere la innovación y para que los emprendedores trabajen intensamente, pues hay fuertes motivaciones que no son económicas, y para quien sólo se mueva por el afán de dinero, hay premios económicos razonables que no producirían desigualdades insoportables. A su vez, las remuneraciones disparatadas son perjudiciales, porque influyen negativamente en la moral de la población y en su funcionamiento económico, y hacen inviable la democracia.

La previsión de Piketty es que la brecha entre las clases medias y los más ricos se abrirá más  y la inequidad seguirá aumentando hasta llegar a niveles que socavan la democracia y la estabilidad económica. También Krugman cree que la desigualdad afecta a la calidad democrática, o a la democracia a secas. Pues “una riqueza inmensa permite comprar una inmensa influencia, no sólo en las políticas que se adoptan, sino en el discurso político”.

Esto es lo que piensan Piketty y Krugman. Yo pienso más bien que no son las actuales desigualdades las que socavan la democracia, porque nunca la hubo en el capitalismo, no puede haberla, y por tanto mal se puede socavar. Ocurre, simplemente, que lo que estaba disimulado se está haciendo patente.

La segunda objeción es que los que más ganan no son innovadores ni emprendedores. Como dice Krugman, aunque los que integran la lista de los ricos son hombres hechos a sí mismos, en su inmensa mayoría se hicieron a sí mismos hace mucho tiempo. Ahora son gestores de los fondos de cobertura y su negocio es la especulación financiera. Y resulta que los fondos de cobertura son un mal negocio para cualquiera excepto sus administradores; no ofrecen un rendimiento lo bastante elevado para justificar esos enormes honorarios y son una fuente importante de inestabilidad económica. Pero es que además muchos de los ingresos de los principales directores financieros no proceden de invertir el dinero de otros, sino de las rentas obtenidas del dinero que ellos mismos han acumulado (es decir, la razón por la que ganan tanto es que ya son muy ricos).

Con esos antecedentes,  se pregunta Krugman, ¿hay alguien dispuesto a afirmar que los que más dinero ganan en Estados Unidos —que son básicamente directores financieros o ejecutivos de grandes corporaciones— son héroes económicos? Añade que los apologistas de un capitalismo con ricos intocables intentan disfrazar los enormes ingresos de los verdaderamente ricos mezclando a estos con los meramente acomodados. En vez de hablar del 1% o el 0,1% con más dinero, hablan del aumento de los ingresos de los titulados universitarios, o tal vez del 5% con ingresos más elevados. El objetivo de esta tergiversación es suavizar la imagen, para que parezca que estamos hablando de profesionales altamente cualificados que salen adelante gracias a la formación y al trabajo duro. Pero muchos de los que tienen una buena formación y trabajan mucho, por ejemplo, los profesores, no ganan un dineral. El año pasado, los 25 gestores de fondos de cobertura antes mencionados (los de los 21.000 millones de dólares)  ganaron más del doble que todos los maestros de educación infantil de Estados Unidos juntos. O sea, que estamos en una sociedad dominada no por el trabajo y el mérito, sino por la riqueza, mucha de ella conseguida mediante la especulación o la herencia.

Lo que habría que proponer

Si los críticos conservadores se ponen de los nervios por peticiones de sentido común, moderadas y compatibles con el capitalismo, ¿qué ocurriría si algún partido se atreviera a pedir lo verdaderamente sensato, esto es, un límite razonable a la riqueza privada?

Se sabe que la forma más racional para reducir la desigualdad es apostar por la fiscalidad progresiva sobre las rentas y también sobre la riqueza neta de los individuos. Pero esto es decir poco si no se añade adónde debe llevar esa progresividad.

Dejemos aparte el igualitarismo, que con la población actual del mundo es un ideal inviable, y pensemos en un término medio entre igualitarismo y capitalismo. La clave de esa solución intermedia consiste en que la fiscalidad progresiva llegue al 100% cuando las rentas y el patrimonio sobrepasen una cantidad razonable. Yo he propuesto en otras ocasiones el tope máximo de 30.000 euros mensuales de renta y 5.000.000 de euros de patrimonio, con una renta mínima de 3.000 euros por persona. Los codiciosos podrían aspirar a premios económicos realmente suculentos y los demás podrían vivir una vida honorable.

Naturalmente, esa limitación de la riqueza privada haría por fin posible la democracia, al eliminar los grandes poderes económicos que, desde la sombra, lo manejan todo, sean medios de comunicación, mercados o gobiernos. Los Estados tendrían enormes recursos para políticas sociales, sobre todo para poner en marcha por fin una educación efectiva, de la que saldrían ciudadanos informados y responsables. Sería posible empezar a legislar teniendo en cuenta el bien común, y por tanto empezar a controlar la producción y el consumo de manera racional (salvar la Tierra para nuestros descendientes). Etc.

¿Qué puede encontrar de malo en esta propuesta una persona informada, racional y decente? ¿Es que acaso tal propuesta huele al azufre del infierno? Pues sí, sí. Eso dirían, no tengan duda, los esforzados defensores del capitalismo si algún partido se atreviera a hacer una propuesta semejante. Dirían también que es una propuesta inviable. ¿Por qué? No pueden responder con razones, sólo con la retórica de los que están ahí para responder lo que se tercie. Es inviable, sí, pero sólo porque el Poder no quiere. Hay que luchar para doblegarlo.

UNA CRÍTICA A LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS

I

HISTORIA

Tenemos declaraciones oficiales de derechos humanos desde el siglo XVII. Inglaterra incorpora en 1679 a su constitución la Habeas Corpus Act (Ley de hábeas corpus) y en 1689 la Bill of Rights (Declaración de Derechos). En Francia, coincidiendo con la Revolución, se hace pública en 1789 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Tras la Primera Guerra Mundial la Sociedad de Naciones impulsó los Convenios de Ginebra sobre seguridad, respeto y derechos mínimos de los prisioneros de guerra, y el Convenio de Ginebra de 1927 prohibió la esclavitud en todas sus formas.

Bajo la influencia de la Encíclica de León XIII Rerum novarum, se organizó en 1920 la Unión Internacional de Estudios Sociales, que a la luz de la moral católica elaboró un Código publicado en 1927 con capítulos dedicados a familia, vida cívica, profesión, vida económica, asociaciones privadas, vida internacional y, finalmente, vida sobrenatural como coronación de la vida terrena. Más adelante dicha organización publicó nuevos códigos que vinieron a ampliar algunos aspectos ya contenidos en el primero: Código de moral internacional (1937), Código de la familia (1951) y Código de moral y política (1957), todos ellos conocidos como Códigos de Malinas.

En 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la “Declaración Universal de Derechos del Hombre” (DUDH), que, junto con El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (adoptados ambos por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1966 y con entrada en vigor diez años después) y los protocolos facultativos correspondientes, constituyen la Carta Internacional de Derechos Humanos.

En 1986 la Asamblea General adoptó una Declaración sobre el derecho al desarrollo, que establece que todo ser humano y todos los pueblos tienen derecho a participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales.

Ha habido luego tres Conferencias mundiales sobre derechos humanos, la de Teherán en 1968, la de Viena en 1993 y la de Durban en 2001, esta contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia.

Es significativo que durante la redacción de la DUDH se discutió arduamente si el artículo 1 debía hacer, o no, una referencia a dios como fuente de que emana todo derecho. Al final, para que la Declaración fuera realmente universal (aceptable también por los no seguidores de religiones monoteístas) esa referencia no se incluyó. En todo caso la Declaración ha terminado adquiriendo un carácter sagrado, como si se tratara de un texto revelado. Goza de general aceptación y la gente progresista sólo espera que llegue a cumplirse en todas partes.

II

LA CUESTIÓN CRUCIAL

 Es cierto que allí donde no se respeta la DUDH el espacio de libertad individual está restringido y las personas tienen que soportar arbitrariedades del Estado, condenas sin juicio justo e incluso torturas; se persigue a los homosexuales, los padres imponen el matrimonio a los hijos, las mujeres tienen menos derechos que los hombres y son objeto de prácticas criminales, como la ablación, e incluso se llega a la lapidación de los adúlteros (entendiéndose que es adúltera la mujer que denuncia haber sufrido una violación). Se da por supuesto, sin embargo, que en nuestras “sociedades avanzadas” los derechos humanos se respetan o, al menos, que su violación ocasional puede ser denunciada y castigada. Pero entonces, ¿cómo es posible que estemos rodeados de tanta injusticia, que las desigualdades económicas y sociales sean tan grandes y que iniquidades muy dañinas para la mayoría ni siquiera sean recogidas en los códigos penales, todo ello sin que quepa denunciar violación alguna de los derechos humanos oficiales?

Sencillamente, porque aunque la DUDH es un señalado progreso respecto a barbaries previas, no es la declaración de un ideal político. Su redacción se hizo desde arriba, por representantes de dieciocho Estados, casi todos capitalistas, y fueron Estados capitalistas los que la aprobaron (se abstuvieron la URSS y los países del Este por unas razones, y Sudáfrica y Arabia Saudí por otras). De manera que, aunque la DUDH se redactó y aprobó para evitar nuevos desastres bélicos tras dos guerras mundiales y para satisfacer la conciencia pública de que los Estados deben respeto al individuo, estuvo también presente el propósito de oposición a las ideologías consideradas, desde el lado capitalista, colectivistas no liberales (y esto es algo que muchas veces se olvida).

Lo que ahora me interesa comentar es que el hecho de que fueran Estados capitalistas los que aprobaron la Declaración explica que tres derechos humanos, sin duda los básicos y fundamentales, no se incluyeran en ella, y que sin embargo se incluyeran sus contrarios, todo ello con las consecuencias que iré examinando.

III

LOS TRES DERECHOS BÁSICOS IGNORADOS

No cabe pensar en una sociedad armoniosa, organizada según principios de equidad, y en la que puedan al fin tener existencia la democracia y las libertades individuales, si no se respetan estos derechos:

  1. El que tiene toda persona a que la riqueza lograda por la comunidad se distribuya entre los ciudadanos de manera equitativa, sin alterar la igualdad de oportunidades respecto a la educación, la comunicación y la acción política. Ello exige que la distribución no sea entregada a un mecanismo ciego como el mercado, que va dando más a quienes más tienen y les dota así de poder para controlar el propio mercado (y, derivadamente, todos los restantes espacios sociales), sino que sea decidida por la colectividad según principios de justicia y racionalidad. De acuerdo con ellos y teniendo en cuenta que hay una relación causal entre riqueza y pobreza, las leyes deben imponer un límite máximo a la riqueza privada que garantice que nadie disfrutará de posiciones de privilegio por su patrimonio y que a nadie le faltará todo lo necesario para una vida digna.
  2. El derecho que tiene toda persona a recibir, y a que toda la población reciba, la mejor educación posible, adecuada para el correcto desarrollo de sus facultades físicas y mentales y para un comportamiento democrático informado, lo que exige conocimiento de los procesos sociales y de su relación con la vida individual. De este derecho se sigue que el Estado, una vez cubiertas las necesidades básicas de la población, ha de dedicar de manera prioritaria todos los recursos que sean necesarios para lograr la excelencia del sistema educativo a la luz del conocimiento disponible. Se sigue también que la mejor educación posible, puesto que ha de ser igual para todos, ha de ser pública; y ha de ser laica a fin de que valga de manera general (debe eludir los mitos particularistas, sean religiosos o patrióticos, y basarse en la ciencia). Todo ello con independencia de que, en el ámbito privado, cada cual sea libre de promover las creencias religiosas o patrióticas que profese.
  3. El derecho que tiene todo ciudadano a que ninguna persona o grupo controle la información y las opiniones que se distribuyen a través de los medios de comunicación. Y por tanto el derecho a que estos medios sean públicos y funcionen bajo control social.

Es fácil apreciar que estos tres derechos están relacionados entre sí, y que son fundamentales, en el sentido de que, si no se les respeta escrupulosamente, tanto la democracia como las libertades individuales no pueden pasar de ficción, por bien que salven las apariencias.

Pues bien: basta conocer quiénes redactaron y aprobaron la DUDH para comprender por qué estos derechos no se incluyeron. Incluso más: por qué se promulgaron los derechos contrarios, que son los que vienen a marcar el espacio trucado en que (así se nos quiere hacer creer) ejercemos las libertades democráticas.

IV

LIBERTADES Y DERECHO DE PROPIEDAD

En efecto, la DUDH nada dice contra el sistema de propiedad establecido en los países que la aprobaron, que en parte deriva de herencias del pasado, en parte del mecanismo del mercado. En su art. 17 dice que toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente, y que nadie será privado arbitrariamente de su propiedad. De manera que este derecho se afirma en general, de manera incondicional y sin una clara afirmación de límites. Y ¿qué es la propiedad de cada cual, de la que nadie puede ser privado arbitrariamente? En la citada Declaración no se aclara. Sin embargo sería imprescindible hacerlo, ya que una cosa es la propiedad de un patrimonio que permite satisfacer las necesidades razonables (la ropa que se viste, las viviendas que se habitan, el producto de la tierra que se cultiva directamente o de una pequeña o mediana empresa, los objetos que se usan, etc.) y otra cosa la propiedad de extensos latifundios o de un capital con el que se controla un sector económico decisivo para la colectividad. Ambos tipos de propiedad están amparados indistintamente por la citada Declaración. Pues a falta de concrecciones hay que concluir que es propiedad de cada cual la amparada por las leyes, y en los países capitalistas las leyes establecen que es de alguien lo que le da la herencia y el mercado.

El nexo causal que existe entre riqueza y pobreza no es contemplado en la Declaración, que se hace así compatible con la pobreza causada por la riqueza (y según estamos viendo, con la pobreza extrema causada por la riqueza extrema).

El art. 29 dice que, en el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar en una sociedad democrática. Admiremos la astucia de la redacción, pues el artículo no especifica qué limitaciones del derecho de propiedad deben establecerse en nombre del bienestar general o las justas exigencias de la moral, ni siquiera afirma que deba establecerse alguna limitación. Sólo viene a decir que, si la ley establece alguna limitación, ha de ser con el único fin… etcétera.

Cierto que los Estados capitalistas establecen limitaciones al derecho de propiedad (fiscales o, en casos excepcionales, expropiatorias), pero siempre cuidando de que no impidan el enriquecimiento ilimitado de una minoría. Que esto puede hacerse dentro del más escrupuloso respeto a la DUDH lo prueba el hecho de que a ningún régimen político se le acusa de violarla porque en su población convivan propietarios de grandes fortunas con pobres de solemnidad, y que a ningún milmillonario se le acusa de violarla por el hecho de serlo.

V

EL DERECHO A UNA EDUCACIÓN DE ÉLITE Y A CONTROLAR MEDIOS DE COMUNICACIÓN PRIVADOS

El artículo 26 establece el derecho preferente de  los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, derecho que parece natural, pero que está alejado de la sensibilidad moral que en las “sociedades avanzadas” se ha ido conquistando. Aceptamos ya que los padres no son propietarios de sus hijos y que la sociedad ha de controlar los comportamientos paternos. Por lo que concierne a la educación, es tanto lo que se juega en ella, nada menos que la fabricación de los futuros ciudadanos, que no se considera legítima una escuela que inculque valores sexistas, xenófobos, homófobos o fascistas, y en Estados Unidos un juez ha sentenciado contra los padres que pretendían que la teoría evolutiva fuera enseñada junto con la del diseño inteligente. Sin embargo en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, que forma parte de la Carta Internacional de Derechos Humanos, se consagra el derecho de los padres a que sus hijos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones (lo que autoriza a que, por imposición de los padres, sus hijos queden sometidos a una educación que prima los mitos religiosos sobre el conocimiento científico).

Su art. 13 proclama además la libertad de los particulares y entidades para establecer y dirigir instituciones de enseñanza y el derecho de los padres de escoger para sus hijos escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas. Queda así garantizado que, si los padres disponen de medios económicos, puedan elegir un tipo de educación más eficiente (desde el punto de vista de la competencia social) que la ofrecida a quienes carecen de esos medios. Valga repetir que el fracaso escolar no se reparte por igual, que afecta en parte a estudiantes de clase media pero que es generalizado (aunque con frecuencia disimulado) en los estudiantes de clases bajas. Tiene indudable fuerza deslegitimadora del orden social la constatación de que la DUDH y sus normas derivadas permiten una escuela de élite para quienes la puedan pagar, lo que va contra el derecho que tiene toda persona a que la educación sea de la misma y de la mejor calidad para todos.

Añadamos, para que el cuadro quede completo, el derecho concedido por el artículo 19 de la Declaración a difundir informaciones y opiniones sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión, que concede derecho a crear tantos medios de comunicación privados como la capacidad económica permita. Ya examiné en la anterior entrada a este blog lo que significa este derecho y cómo el resultado de su ejercicio es incompatible con la democracia.

Vemos, pues, que esta DUDH, que tanto insiste en los valores democráticos, reduce la democracia a una ficción jurídica. Pues, respetando los derechos proclamados, una minoría puede acumular riquezas desproporcionadas y acceder en posición de ventaja al escenario de la interacción social (por ejemplo, dando a sus hijos una educación de superior nivel, creando o subvencionando partidos políticos, corrompiendo cargos públicos, ejerciendo directa y decisiva influencia sobre la economía nacional o mundial, controlando poderosos medios de comunicación, etc.).

Para que la cosa quede más clara, el art. 30 dice que nada en la Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados. Ello significa que viola los derechos humanos quien intente la supresión del derecho de propiedad sin límites, o de los derechos (condicionados por la capacidad económica) a controlar medios de comunicación privados o a optar por un sistema educativo de élite. ¡Perfecto!

VI

DERECHOS PROCLAMADOS QUE NO SE RESPETAN

Como no podía dejar de ocurrir, la Declaración entera queda contaminada por la ausencia de los tres derechos básicos y la inclusión de los contrarios.

Ello se percibe en algunos de los derechos que constituyen una defensa del individuo frente al poder: por ejemplo, el de no ser discriminado por razón de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, nacimiento o cualquier otra condición (art. 2); el de no ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes (art. 5); el que tienen todos a ser iguales ante la ley (art. 7); el de no ser arbitrariamente detenido, preso o desterrado (art. 9); el de recibir juicio justo (art. 10) y el de presunción de inocencia (art. 11); el de libertad de opinión y expresión (art. 19); el de participar en la vida política ejerciendo el derecho de asociación y el de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas (art. 21).

Estas garantías jurídicas, que son una condición imprescindible de la dignidad humana, se respetan en nuestras democracias si comparamos con las dictaduras en que se conculcan sistemáticamente, pero no si comparamos con el modelo deseable. Muchas gentes son discriminadas policialmente por indicios de peligrosidad relacionados con la pobreza, la raza o el color. El “juicio justo” se imparte según leyes que legitiman un orden social injus­to, se rodea de opacidad jurídica y la demanda de justicia obtiene con demasiada frecuencia resultados proporcionales al poder económico del demandante. En todas partes los mejores abogados y la red de influencias están al servicio de los económicamente poderosos. El derecho de libertad de opinión y expresión queda también limitado, porque el acceso a los medios está controlado por sus dueños. Y el de acceso en condiciones de igualdad a las funciones públicas es también ilusorio, habida cuenta del mucho dinero que hay que manejar para manipular mediante propaganda electoral a poblaciones ignorantes.

Peor es la situación respecto a otros derechos, como el que tiene toda persona al trabajo bajo condiciones equitativas y satisfactorias; o el derecho a un nivel de vida adecuado que garantice a la familia la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda y la “mejora continua de las condiciones de existencia”; o el derecho al “más alto nivel posible de salud física y mental”; o el derecho  a una educación encaminada al pleno desarrollo de la personalidad humana y a facilitar la participación efectiva en la sociedad y en su vida cultural. (arts. 23 y 25 de la DUDH y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966)

Se trata de derechos que ni siquiera se pueden exigir. Aquellos a quienes el mercado hace pobres o no da trabajo, ni vivienda, ni alimentos, no tienen instancia ante la que reclamar. Y aunque ya es posible una educación excelente si se emplean ideas adecuadas y recursos suficientes, ningún Estado la proporciona y nadie puede reclamarla.

Es cierto que el art. 28 proclama el derecho de toda persona a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en la Declaracion se hagan plenamente efectivos, pero de este derecho no disfruta nadie y nadie sabe dónde habría que reclamarlo.

Proclamar derechos que no se pueden exigir, y que se sabe que muchos no van a disfrutar, no deja de ser una retórica ofensiva. De ella es buena prueba el artículo 1, que dice que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y que, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Dado que la herencia es uno de los medios legales por los que se adquieren bienes, y que ese derecho queda aceptado implícitamente por la Declaración, el hijo del rico no nace en igualdad de derechos con el hijo del pobre, ni se ve obligado, en nombre de la fraternidad, a compartir sus bienes con el hijo del pobre. En definitiva estamos ante una declaración pensada para cubrir las apariencias, pero salvaguardando los intereses de las clases altas en cuyo nombre actuaron los Estados que la redactaron primero y la aprobaron después.

Lamentablemente las alternativas que se nos ofrecen no son las deseables. Respecto al derecho de propiedad La Carta africana de Derechos Humanos y de los Pueblos de 1981 (Carta de Banjul) se limita a afirmar el deber de pagar los impuestos que legalmente se establezcan. Y no llegan más lejos, como a continuación veremos, la Declaración de “los valores asiáticos” ni la Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes (DUDHE).

VII

¿UNA CONFRONTACIÓN ENTRE LAS CONCEPCIONES OCCIDENTAL Y ASIÁTICA?

En una reciente conferencia en Madrid, Antonio Cançado Trindade, magistrado del Tribunal Internacional de Justicia de la ONU y participante en la Conferencia de Viena de 1993, se ha referido a las trincheras en las que se debaten palabra a palabra, durante años, los textos de los derechos universales y sus mecanismos de aplicación. Algunos de los principios pactados en la Conferencia de Viena, por ejemplo, tardaron hasta veinte años en concretarse. Y algunos organismos, como la convención contra la discriminación de las mujeres, no tienen mecanismos de verificación. Todo ello debido a “cuestiones ideológicas”.

Una parte importante del debate ideológico se da entre concepciones a las que podemos llamar occidental y asiática, y toma cuerpo en dos oposiciones, la de universalismo frente a relativismo y la de derechos frente a obligaciones.

La concepción occidental, que es la que se impuso en la DUDH, insiste en la universalidad de los derechos humanos y da prioridad a derechos y libertades sobre deberes. Incluso es reacia a que se proclamen obligaciones del individuo hacia la comunidad, por entender que ello constituye una perenne justificación para debilitar la protección de los derechos. Peng Chun Chang, que en el comité redactor de la DUDH representaba a China (país entonces no comunista), insistió mucho en que los derechos se completaran con los deberes, pero al final hubo de desistir y avenirse a considerar que el asunto quedaba resuelto en el art. 29 de la Declaración. Este artículo se limita a decir que toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. Pero no especifica qué deberes ni cómo han de cumplirse.

En cambio la concepción asiática opone a la universalidad la idea de que los derechos tienen que interpretarse a la luz de las diferentes circunstancias históricas, culturales o religiosas. Pues si se acepta la universalidad de los derechos de la DUDH, de carácter individualista y egocéntrico, corren peligro las ideas tradicionales de “moralidad”, “deber” y “comunidad” de origen confuciano. Por ello esta concepción antepone a los derechos las obligaciones del individuo hacia la familia, la comunidad y la autoridad.

A causa de un exceso de democracia, una sobredosis de libertad y una obsesión con la realización individual –se dice desde el lado asiático-, las sociedades occidentales sufren la destrucción de la familia y la proliferación de formas de conducta antisocial (el crimen y la drogadicción), el desmoronamiento de sus instituciones y la bancarrota de su capital social (con pérdida de su cultura de trabajo y de su compromiso con la excelencia intelectual).

En esta confrontación de ideologías la Conferencia de Viena actuó de manera más contemporizadora que la DUDH, porque los centros de poder occidentales deseaban comerciar con Asia sin molestos defensores de derechos humanos que denunciaran el despotismo estatal y demandaran libertades. Así que tras proclamar que la universalidad de los derechos humanos y libertades no admite dudas, y que los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, admitió que debe tenerse en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios históricos, culturales y religiosos.

Los valores asiáticos no sólo son admitidos en el mundo occidental por conveniencias económicas, también por partidarios del relativismo cultural, y por quienes argumentan que el derecho al desarrollo es más importante que los derechos individuales, y que si estos entorpecen las posibilidades de crecimiento de los países pobres se convierten en una nueva forma de colonialismo. Esta posición es apoyada por algunas ONG de desarrollo europeas.

Precisamente a esto se acogen Estados autoritarios del sudeste asiático, que afirman que la sumisión del individuo a la comunidad (la prevalencia del orden social frente a las libertades individuales) es la causa del impresionante desarrollo económico de sus países.

En 2012 la ASEAN (formada por Birmania, Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam), aprobó una Declaración de Derechos Humanos desde la óptica oriental, la conocida como Declaración de Phnom Penh, cuya piedra angular no es el reconocimiento de los derechos particulares de los individuos, sino, como dicta su articulo 8, el papel del gobierno en la garantía de la seguridad, el orden y la moral pública a los que estará sujeto el ejercicio de los derechos individuales. El artículo 6 mantiene que todo disfrute de derechos deberá interpretarse de acuerdo con el adecuado cumplimiento de los deberes, y el artículo 7 dispone que la interpretación de los derechos se basará en los contextos regionales y nacionales particulares.

Desde mi punto de vista en ambos bandos predomina una ideología oficial rechazable, que elude los temas básicos antes examinados.

Es evidente que unos derechos humanos concebidos desde la justicia y la racionalidad deben tener carácter universal, pero como ese no es el caso de la DUDH, exigir la universalidad de sus derechos es una forma de colonialismo, la que consiste en ligar derechos humanos con democracia capitalista y tratar de imponer esta forma al mundo entero.

El punto de vista opuesto tampoco es de recibo: no se puede apelar a la tradición cultural para mantener discriminaciones respecto a mujeres y niños, o para someter al individuo a poderes (sean familiares o gubernamentales) que coartan el ejercicio de su libertad cuando esta no daña a otros. Menos aún cuando ello se presenta como condición para un desarrollo de la economía de mercado aceptando su concepción de la propiedad privada.

VIII

¿QUÉ HACEN LAS ASOCIACIONES CIVILES?

La Conferencia de Viena reconoció la contribución y participación de las ONG en la defensa, protección y promoción de los derechos humanos, en particular de los derechos del niño, puesto que son las primeras en identificar las violaciones y, muchas veces, en socorrer a las víctimas. Pero aun admitiendo la importante tarea que realizan las inumerables organizaciones que vigilan las violaciones de los derechos humanos, resulta sorprendente que ninguna exija los tres derechos básicos ignorados a que he hecho referencia, ni se oponga a los derechos contrarios proclamados en la DUDH.

En 1993, en vísperas de la Conferencia de Viena, más de cien ONG de la región Asia-Pacífico adoptaron la Declaración de Bangkok, en la que, además de exigir que no se toleren las prácticas culturales que dorogan o menosprecian derechos humanos universalmente reconocidos, entre ellos los derechos de la mujeres, recomendaron una mayor atención a los vínculos entre la democracia, el desarrollo y la satisfacción de las necesidades humanas básicas; solicitaron la ratificación universal de los tratados de derechos humanos, la reducción de los gastos militares, la democratización del sistema de las Naciones Unidas, la atribución de más recursos para actividades en el campo de los derechos humanos por parte de las Naciones Unidas y la adopción de nuevos mecanismos de respuesta inmediata y eficiente a violaciones masivas de derechos humanos.

En 2012 Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la Comisión Internacional de Juristas, la Federación Internacional de los Derechos Humanos y Dignidad Internacional solicitaron por carta a los Ministros de Asuntos Exteriores de la ASEAN que establecieran explícitamente en la Declaración de Phnom Penh que ninguna disposición de esa Declaración debería interpretarse en contrario o de forma que redujera los estándares dispuestos por el régimen internacional de derechos humanos. Se solicitó asimismo la eliminación de cualquier referencia a equilibrios entre derechos y deberes y que se pusiera fin a los esfuerzos para limitar los derechos apelando a la especial situación política, económica y/o social.

En ninguno de estos casos las ONG apuntaron al corazón del problema. Cierto que la Declaración de Bangkok consideró que el empobrecimiento de amplios sectores de la población constituye una violación de los derechos humanos, pero como si, eliminada esa pobreza, la violación dejara de existir. Lo cierto es, sin embargo, que aunque todas las peticiones de estas ONG fueran atendidas seguiríamos en un mundo en que, por lo antes dicho, democracia y libertades individuales no son posibles. Ninguna de ellas exige que en una Declaración con vocación universalista tengan sitio los tres derechos fundamentales antes indicados, con la consiguiente eliminación de los que se les oponen.

IX

DERECHOS HUMANOS EMERGENTES

A diferencia de la DUDH, redactada desde arriba, la Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes (DUDHE) surgió de un proceso de diálogo de diversos componentes de la sociedad civil, organizado por el Instituto de Derechos Humanos de Cataluña en el marco del Foro Universal de las Culturas Barcelona 2004, y fue aprobada el 2 de noviembre de 2007 en el marco del Forum de Monterrey (México). La DUDHE no pretende sustituir ni quitar vigencia a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, ni a los instrumentos nacionales o internacionales de protección de esos derechos, sino actualizar, complementar, responder a los retos de la sociedad global y actuar como complemento desde el punto de vista de la ciudadanía participativa.

Su método de formulación dio un papel activo a organizaciones y agrupaciones nacionales e internacionales que tradicionalmente han tenido poco peso en la configuración de las normas jurídicas, pues si bien las ONG y los movimientos sociales tuvieron intervención en la Conferencia de Viena como portavoces de la sociedad civil, fue en una especie de foro paralelo y la última palabra la han tenido siempre los representantes de los Estados. En cambio en Barcelona la metodología consistió en mesas redondas en las que se invitaba a la participación directa y a la discusión con los ponentes invitados.

Los nuevos derechos que en esta Declaración se reconocen son el derecho al agua y al saneamiento, el derecho humano al medio ambiente, los derechos relativos a la orientación sexual y a la identidad de género, los derechos relacionados con la bioética y el derecho a la renta básica. Son derechos que merecen consideración, pero de esta declaración se podía esperar más.

Es decepcionante que no haya mención a los tres derechos antes citados. Y puesto que sólo respetándolos cabe pensar en libertades individuales universales, cada vez que en la situación presente se dice que el respeto a los Derechos Humanos (a los oficialmente proclamados) garantiza las libertades individuales y el funcionamiento democrático se está cometiendo un delito intelectual.