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EL PODEMOS QUE SALE DE VISTALEGRE II

Simpatizantes y votantes de Podemos hemos asistido a una disputa descorazonadora, y no porque haya sido disputa, algo normal en partidos donde hay libertad para opinar y proponer, sino por los modos y, sobre todo, porque no han quedado claros los motivos. Da la impresión de que diferencias de fondo, o de estrategia, o afanes de poder se han conciliado con una cierta inmadurez de los principales dirigentes. La juventud es un valor siempre que se concilie con la experiencia que dan los años, y en el antiguo equipo dirigente había mucha juventud pero escasa experiencia. Seguramente cambiará esto con las nuevas incorporaciones a la ejecutiva y al gobierno en la sombra ya decididas.

No es vieja política

Al ver esa lucha por el poder algunos periodistas y comentaristas, muy regocijados, se han lanzado a decir: ¡vieja política, míralos, condenaban la casta y son parte de la casta! No confundamos. Si queremos caracterizar por su rasgo sustancial a la vieja política, la de la casta, hemos de decir que es la que se hacía y se sigue haciendo al servicio del poder económico. Otras características no son exclusivas de ella, se pueden dar en cualquier política posible. Nadie ha dicho que la nueva política haya de ser realizada por ángeles. Si vemos la cosa así, Podemos no es vieja política, y esto se percibe claramente allí donde han conseguido algún poder institucional.

Pero sí que han mostrado un ingrediente que en la vieja política es natural y necesario: la ambigüedad, la falta de claridad.

Los que se presentan como servidores del pueblo pero actúan al servicio del poder económico están obligados al ocultamiento y la mentira. Es por ello lamentable que, no estando Podemos en ese papel, haya habido un rasgo de vieja política en la oscuridad con que se ha llevado adelante la disputa. Parece mentira que unos profesores universitarios, a los que se supone habituados a explicar, no hayan sabido explicarnos qué concretas discrepancias han originado y mantenido una pelea tan hosca.

La oscuridad del litigio

Por esa oscuridad se ha podido afirmar que la pugna era entre pablistas y errejonistas, o entre la Facultad de Filosofía y la de Políticas, o entre gente que piensa y gente que opera. Los lamentables artículos publicados por dos profesores de filosofía parecen indicar que los teóricos se sienten desplazados por los que operan, a los que han caracterizado como conspiradores intrigantes que intentan excluir a todos los que no forman parte de su pandilla.

En realidad no parece que todo esto se deba a que unos quieren que se actúe en las instituciones y otros en la calle, porque resulta que son actuaciones compatibles y complementarias.

Errejón y sus partidarios han dicho vaguedades como éstas: que un cierto orden es lo que la gente quiere, y que por ello, para ser una fuerza realmente transformadora, es necesario, más allá de la pulsión destituyente, plantear un horizonte alternativo de certezas y seguridades. Pero así planteada la cuestión resulta difícil imaginar que los del grupo de Iglesias se opongan.

Han dicho también los de Errejón que para Podemos es más productivo abordar las relaciones con el PSOE de manera laica e inteligente que la negación obsesiva y el choque frontal. Pero seguro que los de Iglesias saben que la política socialdemócrata sólo se reinstaurará en este país cuando PSOE y Podemos actúen en alianza contra las fuerzas neoliberales. Otra cosa es que esto sea posible si el PSOE persiste en la dirección que le marcan sus antiguos jerarcas.

Lo que parece tener alguna entidad estratégica es que al grupo de Errejón no le gusta el acercamiento a IU y que fue partidario de apoyar al pacto PSOE-Ciudadanos, achacando la pérdida de un millón de votos (del 20-D al 26-J) a la alianza con IU y a no apoyar aquel pacto.

En cambio Iglesias y los suyos creen que el pacto con IU es razonable, que el no apoyo al pacto PSOE-Ciudadanos fue decidido por la militancia y era además inevitable dada la actitud del PSOE, que prefirió pactar con la derecha; y que la pérdida de votos se debió a dejar de decir verdades en el intento de aparecer como inofensivos.

En todo caso, estas diferencias no explican la agria pelea en que se han enzarzado los máximos dirigentes de Podemos, pues lo correcto hubiera sido recurrir pacíficamente a los afiliados, sin descalificaciones mutuas, y luego estar al resultado de la votación. Es decir, lo que finalmente se ha hecho, pero sin el episodio precedente.

Dejándolo atrás en la esperanza de haya servido de aprendizaje, vuelvo a dos cuestiones sobre las que he tratado en otras entradas de este blog, ahora con algún matiz nuevo tras leer los documentos políticos de Vistalegre.

Pobreza teórica

En contraste con lo que algunos dicen, creo que esos documentos son decepcionantes. Algunas consideraciones sobre la transición del 77 y sobre la transición actual, banalidades referidas a cómo ganar votantes, nada que revele que profesores universitarios han trabajado en ellos. Se acusó al equipo de Iglesias de desdén por los teóricos a favor de activistas, pero la verdad es que la teoría falta en los documentos de todos los grupos.

El marxismo, valga repetirlo, es la única teoría general de la sociedad de que hoy disponemos (en el sentido riguroso que no hay otras teorías generales, por más que haya muchas de corto alcance), la única que permite análisis y explicaciones no superficiales. El problema del marxismo clásico es que, aunque percibió bien que para la estabilidad del socialismo es necesario otro tipo de persona (el llamado por Marx “hombre nuevo”), erró al creer que ese nuevo tipo surgiría por el mero cambio del modo de producción o por la participación en las luchas revolucionarias.

Ahora, abandonado el camino de la revolución violenta para instaurar un nuevo modo de producción, el marxismo no puede inspirar estrategias de acción a largo plazo si no se pone al día en aspectos que tienen que ver con la semiótica, imprescindibles para abordar las cuestiones ideológicas. Con esa puesta al día no sólo se puede explicar, por ejemplo, por qué ha triunfado Trump, o por qué una gran parte de la clase obrera vota a la extrema derecha, o por qué el PP gana las elecciones en España, sino que además se puede diseñar un programa de acción para cambiar ese estado de cosas.

Y es que no sólo hay que luchar para sacar de la pobreza extrema a muchas personas, o para que otras muchas recuperen derechos perdidos, sino también para combatir el entramado de ideas y valores que la derecha ha ido consolidando en las mentes de muchos ciudadanos, los que la votan a pesar de que son perjudicados por sus políticas. Porque la explotación ideológica es algo más grave que la económica, y no sólo por su naturaleza, sino porque es además condición necesaria para el sometimiento de los perjudicados. Sin explotación ideológica no habría explotación económica, al menos consentida.

Objetivos

En los documentos políticos discutidos en Vistalegre II uno querría haber leído un diagnóstico de la situación española, europea y mundial, y un señalamiento de metas a distintos plazos. Puesto que para decidir sobre el “qué hacer” debe estar claro primero qué se quiere conseguir o adónde se quiere llegar, esos documentos deberían haberse dedicado antes de nada a este asunto.

De acuerdo en que no se puede prometer en un programa electoral aquello que no se podrá cumplir, incluso si se consiguiera mayoría absoluta. Pero si se puede prometer en el programa electoral que determinadas propuestas, imprescindibles para una vida buena colectiva, se llevarán al Parlamento para que en él se discutan. Tanto si no se acepta su discusión como si tras ella se rechazan, ya se habrá dado un paso importante, el de ponerlas en el foco de atención de la gente y obligar a los demás partidos a hacer pública su posición. El Parlamento vale no sólo para legislar y fiscalizar, sino también para promover discusiones de gran valor pedagógico respecto a la parte de la población que ha asimilado las ideas infatigablemente promovidas por los medios de comunicación conservadores.

Veamos tres objetivos que obligan a estrategias diferentes, los dos primeros compatibles con el capitalismo, el tercero no. De cuál de ellos se elija depende qué actividades se consideren necesarias. El primer objetivo sólo exige medidas a corto plazo, los otros dos exigen medidas a plazo medio y largo. Mirar más lejos es útil si promueve actividades que no se realizarían en otro caso y que son condición para que sea posible mañana lo que hoy es muy deseable, pero fuera de nuestro alcance.

Recuperación del Estado del Bienestar

Éste objetivo es el que parece haber estado implícito en todas las discusiones y documentos de Vistalegre II, objetivo que podría ser también el de un PSOE renovado. Es muy razonable eso de querer echar al PP del poder, llegar al Gobierno y hacer una política más justa y transparente, que traiga beneficios a muchas personas que lo están pasando mal. Cabe incluir en esta política la renta básica universal o la creación de un banco público. Aceptemos que allí donde la socialdemocracia clásica se arrugó y se rindió al neoliberalismo, sea capaz Podemos de resistir y de llevar adelante el programa abandonado. Sería una recuperación de antiguos espacios conquistados y luego perdidos. Está muy bien para el corto plazo, pero conocemos las limitaciones que tiene ese programa. Y la primera es la resignación a vivir sin posible democracia.

Un paso más

El segundo objetivo es llegar a una socialdemocracia más avanzada, dispuesta a construir una sociedad en la que la democracia sea posible.

Instaurar la democracia requiere medidas como éstas, que por el momento encontrarían una oposición insalvable: (a) nacionalizar las empresas sistémicas (aquellas a las que hay que rescatar con dinero público porque si caen cae la sociedad entera), y no sólo las de energía, sino sobre todo las financieras, Bolsa incluida, y también las agroquímicas (es criminal, por ejemplo, que la alimentación del mundo y la economía de los pequeños agricultores dependa de ese monstruo que quieren crear Monsanto y Bayer con su megafusión); (b) aumentar los impuestos a las grandes patrimonios y rentas a fin de reducir drásticamente la actual desigualdad; (c) mejorar la educación, haciendo obligatoria la de 0 a 6 años, y cuidando especialmente la destinada a niños de las clases económica y culturalmente pobres, algo cuya adecuada realización exige recursos por ahora no disponibles, pienso que como mínimo un 10% del PIB, pero imprescindible si se quiere igualdad de oportunidades (no la hay si el hijo de pobres está condenado de antemano a la pobreza); (d) nacionalizar los medios de comunicación, o al menos poner en pie medios de comunicación públicos, para entregarlos al control de la sociedad (nunca, claro, del gobierno); (e) reducir la publicidad y regular sus contenidos (por ejemplo exigiendo que cada anuncio se limite a exponer las propiedades del producto sin identificarlo con el atractivo de temas ajenos, con los que además se promueven valores machistas, consumistas y elitistas altamente deseducativos); (f) hacer obligatorio el funcionamiento democrático dentro de los partidos.

Sin estas medidas la democracia es, sencillamente, ilusoria. No la invoquemos en vano.

La realización de los ideales de la Ilustración

Reparemos en que, aunque el objetivo anterior parece demasiado ambicioso, es sólo un paso intermedio, porque, pese a sus ventajas, permanece dentro de una economía de mercado cuyos efectos son injustos, irracionales y muy lesivos para los recursos naturales, el medio ambiente y el bienestar de los trabajadores.

Por eso hay un tercer objetivo que llega más lejos y que es el propiamente anticapitalista: pretende que la decisión sobre la producción y la distribución de la riqueza no la realice el mercado, sino una planificación racional y democrática que lleve a una equitativa distribución del trabajo y a un aparato productivo y de servicios que satisfaga las necesidades legítimas de todos los miembros de la sociedad al mismo nivel alto, pero eliminando la producción prescindible en claro beneficio del medio ambiente y de la preservación de los recursos naturales.

Este objetivo es el que realmente daría satisfacción al deseo de la Ilustración: igualdad, libertad y fraternidad, que en cualquier forma de capitalismo no es realizable. Inversamente, en cualquier forma de capitalismo este objetivo es inalcanzable a corto plazo, pero eso no quiere decir que no pueda inspirar muchas actividades realizables sin las que sería inalcanzable siempre.

La posición de Podemos

Parece que quien se considere verdadero progresista ha de ser partidario de esta última opción, pero no es así. Los hay que consideran que una economía planificada junto con la prohibición de mil actividades que hoy se practican conduciría inevitablemente a un Estado totalitario; o creen que fuera de la economía de mercado el desarrollo económico se vería frenado; o piensan que la opción anticapitalista ya fue ensayada en la URSS y fracasó; o que, aunque el mundo resultante es deseable, nunca será posible (por ejemplo, porque lo impide la naturaleza humana).

Es éste un tema en el que los buenos argumentos han de jugar su papel. Sin embargo en Podemos no ha sido planteado, tal vez porque, habiendo dentro partidarios de las tres opciones, sólo la primera es realizable al corto plazo de la batalla electoral, y por tanto en ella pueden estar de acuerdo todos, unos como objetivo final, otros como primer objetivo provisional. Y ahí se han quedado. ¿Es esto satisfactorio?

Pienso que no, porque el objetivo de desalojar a Rajoy y llegar al poder produce estrategias muy sometidas a los vaivenes del electorado, y previamente a los de las encuestas. Ocurre entonces que una línea política, o una estrategia, son buenas si aumentan los votos, son malas si los disminuyen. Mala cosa. Más aún cuando ni siquiera se puede tener certeza de que los votos se ganan o se pierden por esto o por lo otro.

Librarse de miedos

Teniendo objetivos más ambiciosos (como el de una transformación de la población para que acabe apoyando con brío un proyecto emancipador), se libra el partido del miedo a molestar o a asustar que acomete en seguida a quien pone todo su interés en ganar votos.

El miedo a molestar

El más grande error que puede cometer la izquierda es callar para no molestar. No decir esto porque puede molestar a los gobiernos de EE UU o Alemania, ni eso porque puede molestar a la Banca, ni lo de más allá porque puede molestar a los medios de comunicación, ni aquello otro porque puede molestar al PSOE, ni lo que pueda molestar a la Iglesia y a los católicos, ni lo que pueda molestar a los que piensan esto o aquello. O sea quedar casi mudos, limitados a hablar de cosas que no molestan a nadie. Esto ni siquiera es vender la primogenitura por un plato de lentejas, sino por la esperanza de conseguir el plato (que tal vez ni siquiera se consiga). El patrimonio fundamental de la izquierda es que sólo ella se puede permitir la verdad. Tirar ese patrimonio por la borda es algo insensato.

El miedo a asustar

Piensan algunos que para no asustar hay que abandonar algunos términos.

Errejón ha dicho que Podemos tiene que evitar el rechazo que todavía suscita la izquierda en una gran parte de la población, pero no creo que la palabra “izquierda” asuste a nadie. El PSOE se ha presentado siempre como de izquierda y ha conseguido mayorías absolutas. Otra cosa es la palabra “comunismo”, u otras semejantes, pero esas las emplearán los enemigos para caracterizar a los dirigentes de Podemos mientras sea peligroso, y ello con independencia de lo que Podemos diga o haga (ya les vemos por ahí hablando de “purgas estalinistas”). Por ello es preferible una pedagogía acerca del real significado de ciertos términos (que además puede recibir ayudas inesperadas, como la del papa cuando identifica cristianismo y comunismo). Es decir, no quedar a la defensiva, miedosos, sino pasar al ataque.

Se cree también que para no asustar hay que huir de eso que la derecha llama radicalismo. Pero ¿qué es el radicalismo? Aunque por su tono lo parezca a veces, Iglesias no es más radical que Errejón, ninguno de los dos lo es, y todo lo que proponen los dirigentes de Podemos, incluso los de Anticapitalistas, es muy moderado, encuadrable en el primero de los objetivos antes descritos.

Estar en la calle con los agraviados que protestan es una actividad meramente democrática, no radical. Ni siquiera exigir las medidas del segundo objetivo antes descrito sería radicalismo extremo. Esas medidas son de sentido común, incluso más, son imprescindibles si es que se quiere vivir en democracia y esto es lo que hay que defender.

Creo que es necesario más radicalismo, bien expuesto y argumentado, para que muchos salgan de su ignorancia. No está la cosa en intentar atraer a más gente a base de no ser nada, sino de atraerla mediante buenos argumentos a favor de un proyecto de cambio profundo, el que hace falta. Los paños calientes perjudican al que recurre a ellos.

Más allá del Parlamento y el asfalto: la tarea pedagógica

Explicar de manera mesurada y convincente cómo son las cosas sólo puede asustar a quienes no querrían que todos sepamos cómo son las cosas, una minoría que está furibundamente en contra de Podemos y a la que de ninguna forma se podrá aplacar. Téngase en cuenta que explicar cómo son las cosas es algo alejado del estilo del mitin, no requiere gritos ni amenazas que parezcan preludio de una pelea. Al contrario, cuanto más dura es una realidad con más tranquila objetividad debe ser criticada, con apoyo en datos y argumentos precisos y bien expuestos (con cifras y nombres que todo el mundo entienda, por ejemplo acerca de los propietarios de cada medio de comunicación, en España y en el mundo, y de los efectos de esa propiedad en la veracidad de las informaciones, o acerca de la distribución de la riqueza en nuestro país y en el mundo, etc.). Sólo tras esa crítica se puede mostrar a toda la gente razonable dónde están las resistencias a propuestas sensatas, que abrirían la puerta a un mundo mejor.

No creo que haya algo que más miedo pueda dar a los actuales poderosos que este desenmascaramiento tranquilo y bien fundamentado, pedagogía por otra parte necesaria para combatir la actividad ideológica, exitosa, de la derecha.

La paciente tarea de esclarecimiento que llegue a la gente se ha de practicar no sólo en el Parlamento sino también en la calle, y no sólo tras las pancartas de protestas justas, sino por otros medios. Piensan algunos que Podemos debería convertirse en un “fondo de inversión” de todas las potencias sociales dispersas, transfiriendo recursos hacia proyectos de todo tipo (culturales, sindicales, feministas, ecologistas, etc.) en todos los espacios posibles, logrando crear centros de anudamiento entre las diferentes trincheras. Pienso que entre esos proyectos debería figurar como prioritario, y complementario de los demás, un equivalente a las misiones pedagógicas que Giner de los Ríos promovió en el último decenio del siglo XIX y que retomó el Gobierno provisional de la segunda República en 1931, pues para cuestiones básicas de economía y política esas misiones pedagógicas hacen ahora la misma falta que entonces para temas más elementales.

jmchamorro@jmchamorro.info

PARTIDOS VIEJOS, PARTIDOS NUEVOS

El PARTIDO INCONTROLADO
Es natural que Ciudadanos apenas reciba críticas en los medios. Es un partido de derechas y el poder económico nada teme de él. Tienen razón los que dicen que Ciudadanos no es el cambio, sino el recambio, útil al sistema como recambio del PP, excesivamente lastrado por la corrupción (aunque Ciudadanos tiene ya algunos implicados). En cuanto a su programa es muy semejante al del PP, y ya ha dado muestras de desinhibición al proponer que suba el IVA del pan y baje el de los objetos de lujo, o al abordar asuntos como la sanidad para los inmigrantes en situación irregular. Por lo demás en el estupendo vídeo Desmontando a Ciudadanos, difundido en las redes sociales, se ofrecen muchos datos que explican la preferencia que por este partido tienen los dirigentes del IBEX 35. El presidente del banco Sabadell no se corta al decir que Ciudadanos es la opción nueva aceptable, frente a Podemos. Queda en el aire una pregunta: ¿Cómo es posible que los numerosos datos comprometedores para Ciudadanos estén silenciados por los medios? Imagínenselo. A esa ocultación se la viene llamando “sagrada” libertad de expresión.
El verdadero enemigo del establecimiento es Podemos, partido no controlado por ahora por el capital, y por ello sobre él se concentra el vocerío, y por ello muchos dicen con alivio: “el souffle está bajando”, o “se les está pasando el arroz”. El temor que inspiran se refleja en esta pregunta: “¿Son sus líderes personas que vienen de la izquierda muy izquierda y se han moderado, o son lobos con piel de cordero?”
Tras los casos Errejón y Monedero, exprimidos de forma abusiva, ha tocado hablar de la indefinición y ambigüedad del partido sin esperar a que se publicara el programa para las municipales y autonómicas. Una vez publicado se sigue hablando de vaguedad (pese a que contiene 215 medidas concretas), se cita el cuento de la lechera o se habla de transformismo, sin que quede claro si se acusa a Podemos de prometer demasiado o, por el contrario, de haber reducido las promesas iniciales. En realidad se le acusa de una cosa y de la otra. También de que no ha añadido al programa una memoria económica. ¿Algún partido ha presentado alguna vez una memoria económica? Un tertuliano de la SER, Francisco Giménez Alemán, ha llegado a despreciar y desestimar ese programa electoral al tiempo que afirmaba que ni lo ha leído ni piensa leerlo. Hace bien. Si está determinado a desestimar ¿para qué perder el tiempo?

EL VEREDICTO DESEADO: PODEMOS ES IGUAL QUE LOS PARTIDOS A LOS QUE CRITICA
Para demostrar esto basta cualquier indicio. La dimisión de Monedero de sus cargos ha sido motivo para afirmar que Podemos no está libre de disidencias, de tendencias contrarias y luchas por el poder, como los demás. Criticarían de la misma forma la unanimidad. La posición de Podemos en las negociaciones para la investidura de Susana Díaz en Andalucía inspira a muchos la idea de que las contradicciones de Podemos son insalvables: si vota no a la investidura demuestra que es un partido novicio que no sabe hacer política y que además copia el tactismo y el politiqueo de los viejos partidos. Si se abstiene para permitir la investidura le criticarán que está dando el poder a un partido de la casta. Algunos llegan a pedir cuentas anticipadas por los sapos que Podemos se tendrá que tragar en el futuro, como todos los otros.

UN EJEMPLO DE CRÍTICA SOFISTICADA-INSOLVENTE
Puesto que la mayoría de estas críticas no tienen otro fundamento que el afán inventor del crítico, la capacidad para urdir está bien recompensada. ¡Hay que ver cuanto intelectual realiza malabarismos analíticos! Los comunicadores han sido convocados, pero también los expertos, y numerosos catedráticos, de unas cosas y otras, se lanzan a cumplir su papel. Ocurre que las cabezas conservadoras no suelen producir ideas inteligentes. Un profesor de Derecho Constitucional se empeña en demostrar que Podemos es populista (lo que a su juicio quiere decir que plantea causas simples y emocionalmente sencillas con el objetivo de ocupar el Estado) y que mientras el modelo democrático es liberal, el populista tiende a ser totalitario. Un catedrático de la Pompeu Fabra dictamina que el populista se limita a cultivar el resentimiento. ¡Madre mía, qué mal anda el rigor de estos colegas!
En El País del 1 de mayo Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, equipara en un artículo (Tres actores, un mismo truco), a Mariano Rajoy, Pablo Iglesias y Oriol Junqueras aduciendo que los tres tratan de imponer sus diferentes posiciones como obvias, indiscutibles y “de sentido común”. Es decir, que utilizan el argumento del sentido común convertido en afirmación pretendidamente concluyente que aspira a dejar sin réplica en un debate a cualquier posible adversario o contrincante. Y dando un salto en la línea argumental, desprecia a los tres diciendo que piensan lo mismo o que, según se mire, no piensan nada. Todo para concluir que no cabe celebrar que conservadores y adalides de la nueva política coincidan en esa mercancía averiada, sospechosa (por apolítica) y premoderna. No cabe más.
Para demostrar su tesis respecto a Podemos, Cruz rebusca y encuentra dos cosas: la resistencia de sus líderes a situarse en la izquierda (omite que se sitúan con los de abajo) y una frase sacada de contexto de una candidata a las municipales, próxima a Podemos (ni siquiera de Podemos), supongo que Ada Colau. Nada de ello tiene que ver con la tesis a demostrar, pero en fin, a cualquiera se le puede ir el santo al cielo. Supongamos que Cruz, en vez de irse por las nubes, hubiera argumentado correctamente y demostrado que los tres líderes se asemejan en que apelan al sentido común y en que hablan como si estuvieran convencidos de tener la razón.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
Es fácil encontrar semejanzas entre unos y otros, la cuestión es si son políticamene relevantes. Y en este caso no lo son. Es como si equiparáramos a tres escritores alegando que los tres usan verbos y conjunciones. En el terreno de la política no hay sesudas y complejas ecuaciones que puedan sustituir al sentido común. Y todos los políticos hablan como si creyeran que su propuesta es la única válida. El mismo Cruz escribe aplicando el sentido común y convencido de tener la razón.
La cuestión es que no todos los sentidos comunes conducen a lo mismo, de igual forma que distintos usos de verbos y conjunciones no determinan el mismo resultado literario.
Lo que interesa es sobre qué hechos y promesas opera el sentido común de cada político y, sobre todo, qué afecto lo mueve. Los hechos o presupuestos pueden ser falsos o realistas. El afecto puede ser generoso o egoísta. En consecuencia, la creencia de tener razón puede ser sensata, o demencial, o cínica.

El PP Y PODEMOS ¿IGUALES O DIFERENTES?
Cuando un líder del PP argumenta con su sentido común dice algo así: “El PSOE de Zapatero sumió a España en la peor crisis de nuestra historia reciente y esa es la herencia que recibimos, pero gracias a nuestras políticas estamos saliendo de esa crisis y tenemos un futuro esperanzador. Vamos a bajar los impuestos y a crear medio millón de puestos de trabajo anuales.” Su conclusión es que conviene votar al PP y no al PSOE o a partidos nuevos que, por su falta de experiencia, serían más funestos que lo fue el PSOE si llegaran al poder.

En cambio cuando un líder de Podemos argumenta con su sentido común dice algo muy distinto: “Hasta ahora los partidos políticos españoles, controlados por el poder económico, han legislado y gobernado a favor de los de arriba (que con la crisis se han hecho más ricos) y en perjuicio de los de abajo (que se han hecho más pobres). Además han sido maquinarias de corrupción y de reparto de cargos con privilegios inmorales. Para no caer en el mismo pecado, nosotros no nos financiamos recurriendo a la banca, sino mediante pequeñas donaciones y préstamos populares. De momento hemos dado ejemplo de renuncia a los privilegios de la casta al decidir que nuestros diputados no ganen más de tres veces el salario mínimo y que donen lo que sobrepase esa cantidad. En cuanto a propuestas electorales concretas, para las municipales y autonómicas hemos presentado un detallado programa que recupera la orientación de la antigua socialdemocracia, y que incluye una subida de impuestos a los que más tienen, y una mejora de la educación y la sanidad públicas.”
La conclusión es que quien esté a favor de la mayoría de abajo hará bien en votar a Podemos.

Como se ve, el PP apoya su discurso en hechos falsos y promesas engañosas (y ello porque el afecto egoísta no puede presentarse como tal y, al disfrazarse de afecto generoso, está obligado a la mentira). No es verdad que el PSOE de Zapatero trajera la crisis. Esta tuvo un origen internacional (en los desafueros de la banca estadounidense), y se agravó en España por la burbuja inmobiliaria, efecto de la Ley del Suelo de Aznar. Tampoco es verdad que sean las políticas del PP las que nos están sacando de la crisis: la pequeña mejora de las cifras macroeconómicas se debe sobre todo a circunstancias externas (caída de la demanda de otros destinos turísticos, depreciación del euro, bajada del precio del petróleo), y por el contrario, las políticas del PP, contrarias en muchos puntos a sus propuestas electorales, están haciendo más ricos a los ricos y más pobre y más privada de garantías y derechos a una gran parte de la población. Casi todos los puestos de trabajo que se van creando son a tiempo parcial, con salarios de hambre y sin estabilidad. La bajada de impuestos es, contra su apariencia, una agresión a los intereses de la mayoría. Subir la presión fiscal (al menos hasta igualar la media europea) es condición para que el Estado pueda seguir prestando los servicios básicos. Pero no se trata de subir impuestos a las clases medias, sino a los ricos y a las grandes empresas, que apenas contribuyen.

En definitiva, el sentido común aplicado por el PP y el aplicado por Podemos llevan a distintos resultados, y no sólo por la verdad o falsedad de los hechos a que apelan (verdaderos en el caso de Podemos). Sobre todo por el afecto que los orienta. Cruz pregunta: “¿Acaso la disyuntiva entre individualismo y solidaridad puede resolverse apelando al sentido común?” Pues no: apelando al afecto. Los de izquierdas tienen tendencia a un afecto solidario, los de derechas a un afecto individualista. Ahí está la gran diferencia (aparte otras) entre Rajoy e Iglesias, que Cruz, por su antipatía a Podemos, no puede o no quiere ver.

A VUELTAS CON LA CASTA
Guste más o menos el término casta, vuelvo a lo ya dicho en otra ocasión. Ese término tiene un significado razonable si se emplea para caracterizar a partidos que han actuado como una élite política al servicio de la élite económica. En ese caso están todos los partidos conservadores, pero más que por sus formas de funcionamiento, o porque hayan tenido más o menos casos de corrupción (eso puede ocurrir en cualquier partido), por cómo han reaccionado a ella y, sobre todo, por cómo han legislado y cómo han gobernado (siendo IU responsable, como cómplice, por el tipo de oposición que ha hecho). Desde este punto de vista no tiene sentido decir que Podemos pertenece también a la casta. Puede que acabe perteneciendo más adelante (si llega a legislar y gobernar, o a jugar el papel de oposición), pero por ahora la denuncia es prematura. El que esté deseando hacerla debería esperar. Y ojalá, tras la espera, no haya razones para hacerla, lo que debería ser motivo de alegría para la izquierda anticapitalista.

CRÍTICAS RAZONABLES
Respetando los tiempos, ya se pueden hacer algunas críticas a Podemos. No me parecen útiles las que tienen que ver con cosas irrelevantes o disculpables, como estas o aquellas ocurrencias de unos u otros (la insistencia en Juego de Tronos), errores puntuales, disidencias o enfrentamientos, o la forma de comunicación (para mi gusto a veces excesivamente mitinera, a veces menos inteligente de lo que sería posible, pero en todo caso mejor que la de los demás).
Las críticas que a mí se me ocurren, y que ya he expresado en otro momento, son dos. Una, que sus estatutos no dejan solventado el tema de la permanencia en cargos. Que me corrijan si me equivoco, pero no he visto que esos estatutos impidan la posibilidad de que los dirigentes vayan pasando de cargo en cargo una vez agotado el tiempo máximo en cada uno. Claro que en este punto ningún partido está mejor que ellos. Otra crítica es que, aun dando por bueno que su programa sea socialdemócrata (no está la mayoría de la población para apoyar un programa que vaya más lejos, ni por ahora sería posible vencer la resistencia esperable), sí podrían ser más explícitos y claros en la crítica al capitalismo. Cierto que ningún partido propone la sustitución del capitalismo: a lo más se limitan a criticar algunos de sus excesos, y eso también lo hace Podemos. Cierto también que una crítica frontal acarrearía un aluvión de descalificaciones sin posibilidad de réplica. En fin, que esto se puede tomar como cuestión de estrategia inicial, y por tanto discutible. Lo que de verdad importará es lo que este partido haga si consigue algún poder. Lo que haga sobre todo en tres espacios, el fiscal, el ideológico (que comprende la forma de hacer frente al monopolio de masiva propaganda conservadora) y el educativo.

YA QUE POBRES, AL MENOS UNIDOS
Entretanto Podemos va por delante de los demás en dos puntos decisivos: la dependencia de sus líderes respecto de la gente integrada en los Círculos y su independencia del poder económico.
Esto último lo sitúa muy por debajo de los grandes partidos en gasto electoral. Para las elecciones convocadas está a la cabeza el PP con 20,5 millones de gasto y muy por debajo el PSOE con 7,8 millones. Mucho más abajo IU con 2,2 millones, Podemos con 1,2 millones y UPyD con 185.000 euros. Pongo en cuestión la cifra declarada por el PP (que significativamente coincide con el máximo gasto permitido), porque es un partido caracterizado por su falta de transparencia, cuentas B, etc. Y dejo fuera a Ciudadanos porque su falta de transparencia es mayor aún que la del PP y ha sido reiteradamente denunciada por los Tribunales de Cuentas.
Ni que decir tiene que estas diferencias de financiación determinan una concurrencia no igualitaria a las elecciones, dando gran ventaja publicitaria al PP y en segundo lugar al PSOE, los dos partidos que hasta ahora han acumulado mayor poder. Ventaja poco democrática.
Pero vuelvo al comienzo: la oposición generalizada a Podemos es señal clara de que vale la pena darles una oportunidad. Y es de lamentar que los partidos que se encuentran a la izquierda del PSOE no concurran unidos a las elecciones. Esta es otra crítica que ya puede hacerse (a los que sean culpables de que esa unidad no se consiga).