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¿QUÉ IZQUIERDA HAY EN ESPAÑA?

Deben tener claro qué es la derecha y qué la izquierda quienes repiten que, a diferencia de la derecha, la izquierda es incapaz de llegar a acuerdos.

 Si aceptamos un criterio de tradición histórica el PSOE pertenece a la izquierda. Pero hay que recordar que, aunque en sus orígenes estuvo adherido a la II Internacional, en la España posfranquista abandonó el marxismo e intentó convertir un débil Estado del Bienestar en el principal aval del capitalismo, para acabar finalmente afiliado a las tesis neoliberales (privatizaciones, recortes del gasto social, política fiscal favorable a los ricos).

Si nos guiamos por las políticas y no por el eco histórico de las siglas, hemos de colocar al PSOE a la derecha y no vale entonces decir que la izquierda es incapaz de ponerse de acuerdo cuando el PSOE no se pone de acuerdo con quienes están a su izquierda. Es natural que el PSOE se sienta más cómodo llegando a acuerdos con la derecha. Lo último que quiere es incomodar al poder económico al que sirve (y esto incluso en espacios más ideológicos que económicos, como pone de manifiesto Cristina Fallarás en PSOE y bien atado).

Si vamos más allá, ¿hay en España una izquierda efectiva?

Según el criterio de tradición histórica IU es claramente una organización de izquierdas. Y si consideramos que es izquierda lo que está a la izquierda del PSOE, también es izquierda Podemos.

Pero si buscamos un criterio menos superficial creo que hemos de encontrarlo en la meta que cada partido se propone y la teoría que utiliza para analizar la realidad y elaborar su estrategia.

Por respecto a la meta tenemos partidos prosistema, que defienden el capitalismo, y partidos que se proponen el paso de capitalismo a socialismo, y cada una de estas metas es consecuencia de un diferente sistema de valores y una diferente teoría de la sociedad. Ello significa una diferente manera de ver, de sentir y de actuar.

Es ésta una diferencia tan radical, y con tantas repercusiones y derivaciones, que si no la tomamos en cuenta para diferenciar derecha de izquierda privamos a estos términos de todo significado operativo.

Por ello, antes de retomar el tema de si hay en España una izquierda consistente y operativa, voy a resumir brevemente la teoría que se concilia con la meta y los valores procapitalistas, y la teoría que se concilia con la meta y los valores prosocialistas.

La teoría procapitalista

1. Viene a decir que el mercado es un instrumento neutral que rige la economía proporcionando el máximo nivel económico compatible con la libertad individual. El resultado es una calidad de vida colectiva nunca antes igualada en la historia.

La diferencia de capacidades y esfuerzos, también a veces de suerte, hace que unos prosperen y otros se estanquen. Pero en todo caso, que haya pobres y ricos beneficia a los pobres, por dos razones: puesto que los ricos lo son porque han demostrado ser emprendedores exitosos, el dinero en sus manos rinde más y genera más riqueza, y esa mayor riqueza termina favoreciendo a los pobres; por otra parte, si no hubiera el estímulo de la riqueza, la sociedad se estancaría, la vida se haría mediocre y toda la población quedaría resignada a esa mediocridad.

En todo caso la economía de mercado tiene leyes que los economistas conocen y que deben ser respetadas, porque la pretensión populista de actuar vulnerando irresponsablemente esas leyes termina ocasionando daños graves e irreparables a quienes se pretende beneficiar.

2. El valor máximo de la sociedad capitalista es la libertad. Libertad para elegir mediante el voto a los representantes que legislarán y gobernarán en representación del pueblo. Libertad para presentarse como candidato a las elecciones. Libertad para agruparse en partidos políticos. Libertad para emprender, prosperar y enriquecerse sin límites. Libertad de expresión (que permite el funcionamiento de medios de comunicación privados, libres de las injerencias del poder político y siempre dispuestos a fiscalizarlo). Libertad de conciencia. Libertad para que los padres puedan elegir la enseñanza de sus hijos en todos los niveles. Libertad para emplear el dinero propio como se prefiera.

La separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial, cada uno independiente y contrapeso de los demás, impide el excesivo predominio de cualquiera de ellos, haciendo posible una democracia que es el sistema menos malo de entre todos los imaginables, fuera del cual no hay sino totalitarismo e ineficacia económica.

3. Este núcleo teórico tiene luego dos variantes:

Una dice que, siendo los resultados del mercado los preferibles, los impuestos son imposiciones confiscatorias (inaceptables según el ético R. Nozick), y que por ello deben reducirse al mínimo, lo mismo que las regulaciones estatales. El Estado debe privatizar sus empresas porque la gestión privada obtiene mejores resultados que la pública. De la misma manera deben desmantelarse los servicios públicos gratuitos (educación, sanidad, pensiones) porque quienes no saben prosperar para pagarse esos servicios son responsables de su situación y no deben ser subvencionados con el dinero que han conseguido las personas activas y responsables. No deben recibir otra ayuda que la voluntaria de las personas caritativas.

La segunda variante dice que el mercado tiene efectos que es preciso corregir. Y que el Estado, vía impuestos progresivos, debe proporcionar a todo el mundo sanidad, una pensión justa tras la jubilación y una educación adecuada. La educación pública y gratuita al alcance de todos proporciona igualdad de oportunidades, gracias a la cual toda persona emprendedora, o que se esfuerza, tiene posibilidades de ascenso social y toda la población queda integrada en un sistema social acogedor y justo.

4. Se completa esta teoría con un capítulo sobre el espacio internacional: pertenencia al “mundo libre” liderado por EE UU, obligación de defenderlo por medio de la OTAN, necesidad de actuar como los países “de nuestro entorno”, etc.

La teoría prosocialista

1. Muy diferente es la descripción que nos ofrece una versión actualizada de la teoría marxista, una de cuyas tesis centrales es que la lógica del mercado conduce inevitablemente a resultados irracionales e injustos:

a) Consiste la irracionalidad en que obliga a una producción creciente porque todo estancamiento da lugar a una crisis económica. Cualquier producción es bienvenida en la medida en que active la economía y reduzca el paro, no importan sus efectos extraeconómicos. El consumo de esa producción creciente se logra con un aparato de publicidad omnipresente que fuerza a innumerables consumos innecesarios.

Este crecimiento económico permanente en un mundo de recursos escasos implica agresión al medio ambiente y sobreexplotación y agotamiento de recursos naturales, sin evitar por ello las crisis periódicas, dado que la producción y el consumo no están sincronizados y cualquier cambio en las variables básicas produce efectos disfuncionales en cadena que se realimentan.

b) Consiste la injusticia en que el mercado (tanto de mercancías como de trabajo) da más a los que más tienen y menos a los que tienen menos, generando así una explotación creciente de la mayoría social en provecho de una minoría, cuyo poder económico proporciona a ésta una capacidad de dominación irresistible.

Puesto que la riqueza de un país es la que es, si en el reparto una minoría se lleva la mayor parte, la parte menor debe ser repartida entre los demás. Quiere esto decir que hay una relación causal entre riqueza y pobreza, esto es, que hay ricos porque hay pobres y que hay pobres porque hay ricos.

Decir que el dinero en manos de los ricos beneficia a los pobres es un sarcasmo. En gran medida los ricos utilizan sus capitales para especular y controlar, y cuando invierten en actividades productivas lo hacen bajo el criterio del beneficio privado. Su dinero serviría mucho mejor a la población si estuviera en manos de un Estado que invirtiera con criterios de interés general. Entonces no habría pobres.

En consecuencia, el mercado genera dos clases sociales con intereses objetivos contrapuestos e incompatibles, la de explotadores y la de explotados, contraposición e incompatibilidad en que consiste la lucha de clases. Tal lucha, que puede no ser aparente, sino meramente latente, se viene resolviendo a favor de la clase dominante, cuyo predominio se mantiene por medio de la fuerza (dictaduras sangrientas cuando son necesarias), o por medio de un consenso inducido al que ayudan distintas estrategias: convertir en consumista satisfecha a una parte de la población, tranquilizar a los que menos tienen con las prestaciones del Estado del Bienestar y debilitar a cualquier institución que esté al servicio de los intereses populares, sean partidos comunistas o sindicatos.

2. Semejante tinglado requiere una población que se le adapte.

Esa población se recibe en herencia, porque la ideología popular se ha ido configurando a través de milenios de sociedades elitistas, cuyo resultado es una mayoría de personas ignorantes de los procesos sociales que les conciernen (ignorantes de sus intereses objetivos y de la red de explotación y dominación en que están apresadas), limitadas a una privacidad en la que domina el sueño del ascenso social (en último término mediante un golpe de suerte en la lotería) y en la que se activa con facilidad el miedo a perder lo conseguido.

Para la reproducción de este tipo de población es necesario controlar la fabricación social de la conciencia individual (falsa conciencia), a fin de que explotados y dominados vean su situación como la de seres libres que viven en el mejor de los mundos posibles. Para ello cuenta el Sistema con antiescuelas muy efectivas: los púlpitos, los medios de comunicación dependientes del capital (en especial la televisión y la radio), la publicidad y el entorno social, sea el físico o el virtual.

La escuela pública, impotente para enfrentarse a esas antiescuelas con éxito, está diseñada para proporcionar una educación deficiente, y no porque sea técnicamente imposible crear una buena escuela, sino porque ésta sería disfuncional al sistema: si una buena escuela consiguiera producir una población lúcida y solidaria el sistema capitalista desaparecería. De ahí que la posibilidad técnica de una buena educación sea impedida por dos vías: falta de financiación, que viene decidida por leyes fiscales que privan al Estado de los recursos necesarios; y planes de estudio diseñados para la inserción en el mercado de trabajo, no para proporcionar conocimientos, información y valores que puedan activar el sentido crítico.

A esto hay que añadir que el sistema educativo garantiza el fracaso de los escolares de las clases económica y culturalmente pobres, porque llegan a la escuela sin dominar el código lingüístico escolar. A ellos se los dirige a la formación profesional mientras los restantes tienen acceso a la universidad, y así se nos muestra la distancia entre la igualdad de oportunidades formal (la que se afirma) y la real (la que no existe).

3. Es en este marco donde funciona otra farsa formal, la de la democracia.

Siendo tan brutal la cuantía de capital acumulada por la oligarquía mundial es inevitable que todo esté dirigido desde la sombra por ella.

Cada partido se ofrece como una mercancía que sólo será comprada si es costosamente publicitada, y por ello disponen de ventaja los partidos conservadores, que son los que reciben donaciones de los ricos. Aparte los bancos ofrecen créditos y pueden así controlar al partido endeudado.

Las conexiones entre la oligarquía económica y las élites subordinadas (política, académica, comunicativa y funcionarial) son de compraventa con mil formas de pago, no necesariamente con el dinero que circula por la impresionante red mundial de corrupción. Hay formas de promoción profesional y de estancamiento profesional, hay mil formas de premios y castigos.

La nómina de altos políticos que por las puertas giratorias pasan de las instituciones oficiales a los consejos de administración es interminable, con la consecuencia de que los borradores de la legislación básica, la económica, son elaborados por los equipos técnicos del capital (de la banca y de las grandes empresas), y luego convertidos en leyes por legisladores obedientes.

Mediante esas leyes se entregan al beneficio y control privados espacios económicos que deberían ser de propiedad pública y estar bajo control social (vivienda, energía, comunicaciones, medicina, alimentación, sistema financiero, plataformas digitales).

Añádase que la propiedad privada de los medios de comunicación confiere al capital la facultad no sólo de configurar ideológicamente a la población, sino de generar expectativas de premio y de castigo social. Si un político influyente tiene la osadía de negarse a seguir las instrucciones que le llegan, ese político será puesto en el punto de mira de los medios y acabará defenestrado.

A esto se añade que cualquier opinión que ponga en duda los axiomas del sistema es atacada con unanimidad mediática, que la tachará de peligrosa, inaceptable e incluso ridícula. Se desemboca así en una democracia formal que es disfraz de una real plutocracia, de la que no se puede salir sin romper de alguna forma con las reglas del sistema.

Es en este contexto donde hay que situar el concepto de libertad que con tanto énfasis se proclama. Es un concepto formal que quiere decir que ni las leyes ni los gobiernos impiden a nadie que lleve a sus hijos a colegios de élite, frecuente hoteles de lujo, haga inversiones millonarias o levante un imperio mediático para defender sus intereses. Es una libertad formal que todos tienen. La libertad real solo la tienen los ricos.

4. Uno de los grandes aciertos de Marx fue comprender que para salir del capitalismo y acceder a una sociedad igualitaria es necesaria la transformación de la actual población en otra de personas nuevas que él caracterizó como racionales, socializadas, humanas, libres de egoísmo personal y codicia.

No se equivocó al pensar que ese tipo de persona es generalizable si se dan las condiciones adecuadas, y a la luz del conocimiento científico actual yerran, por el contrario, quienes suponen que hay una naturaleza humana inmodificable, caracterizada por el egoísmo, la competitividad y la pereza, y que esa naturaleza hace imposible utopías como la marxista.

Sin embargo Marx erró al pensar que la aparición de ese “hombre nuevo” compatible con el socialismo sería una consecuencia mecánica de la revolución proletaria y del establecimiento de un modo de producción socialista. Tal error dejó a oscuras la tarea del cambio ideológico, que sin embargo debe ser la prioritaria para un partido de izquierdas que pretenda sustituir la revolución violenta por una actividad pacífica a largo plazo.

Uno de los puntos en que la teoría marxista debe ser completada es precisamente éste: determinar cómo podemos irnos aproximando a las condiciones que producirán una población compatible con el socialismo, consistiendo los primeros pasos en conseguir que las muchas personas ignorantes de su situación y de sus intereses objetivos vayan siendo rescatadas de la “falsa conciencia” y lleguen a un grado de suficiente lucidez.

5. Cuando se habla de leyes económicas, o de peligros internacionales de los que hay que defenderse, o de las constricciones de la globalización, como si todo ello obligara a la política que las oligarquías capitalistas imponen, se está mintiendo. Las leyes económicas no existen al margen de una legislación específica, los enemigos de los que hay que defenderse no son enemigos de la población, sino del imperialismo estadounidense y por extensión de las oligarquías occidentales, y la globalización no es una cosa que haya caído del cielo, sino que es el fruto, apetecido por la élite, de las regulaciones estatales que defienden una propiedad privada sin límites y la desregulación del espacio internacional, que permite unos niveles de especulación financiera y de colonización económica insuperables.

VOLVAMOS AL TEMA DE LA IZQUIERDA

1. Mientras la teoría marxista así resumida es compatible con los innumerables datos empíricos que nos llegan de la realidad social y con el conocimiento científico que se ha ido acumulando en las disciplinas sociales, la teoría procapitalista no vale para integrar esos datos ni es compatible con el conocimiento científico. ¿Para qué vale entonces? En el espacio cognitivo para nada, pero vale como respaldo legitimatorio a los defensores del capitalismo y vale como venda sobre los ojos de la población. Consiste, pues, en una urdimbre de falsedades a la que bien podemos llamar mentira sistemática (porque es necesaria para la legitimación del Sistema).

Naturalmente el PSOE utiliza esta teoría (y no sólo en su variable socialdemócrata), lo que reafirma la idea de que este partido forma parte de la derecha.

Pero ¿y las demás organizaciones que se consideran de izquierdas?

Si nos limitamos a las presentes en el Parlamento encontramos lo siguiente:

IZQUIERDA UNIDA es una organización concebida como disfraz del partido comunista (precisamente para ocultar el término comunismo, demonizado por la derecha) que tiene tres problemas:

El primero es que, aunque no ha dejado de ser marxista, lo es sólo para uso interno y de manera rutinaria. Actúa sin que los conceptos vigentes de la teoría marxista sean perceptibles en sus discursos o en sus acciones, y sin intento alguno de renovar la teoría en sus partes débiles. Se camufla bajo un disfraz socialdemócrata y elude discursos más radicales (precisamente los necesarios) por miedo a la reacción de los medios, a cuyos argumentos, fácilmente rebatibles, no se atreve a enfrentarse.

El segundo problema es que, desde que se impuso el llamado eurocomunismo con Santiago Carrillo, el partido comunista primero, e IU después, han sucumbido al electoralismo, abandonando todo esfuerzo por abrir los ojos a la población engañada e ir haciéndola compatible con los viejos ideales de igualdad, libertad y fraternidad.

El tercer problema es que, sobre todo para sufragar gastos electorales, se ha endeudado con la banca perdiendo independencia frente a ella.

PODEMOS surgió de la indignación que produjo la forma de salir de la última gran crisis capitalista, cargando sobre el pueblo los costes y otorgando grandes beneficios a quienes la habían provocado. Pero no por compartir indignación se comparte ideología. Muchos integrantes de Podemos son socialdemócratas, bien es cierto que no contaminados, a diferencia del PSOE, por la sumisión al poder económico. Sólo una minoría se presenta como anticapitalista.

Aunque esta composición coloca a Podemos a la izquierda del PSOE hay que insistir en que no se puede funcionar con armonía y efectividad manteniendo dentro dos ideologías tan contrarias. Pero es que, además, la parte anticapitalista de Podemos comparte con IU dos de sus defectos: la ausencia de una teoría válida para tareas de batalla ideológica a largo plazo y, como consecuencia, la caída en el electoralismo. Prueba de ello es la forma en que languidecen los Círculos, que comenzaron siendo el santo y seña del partido, y un síntoma significativo es que, tras entrevistar a Iván Redondo en La Tuerka, Pablo Iglesias dijera “… lástima que haya trabajado para nuestros adversarios”, quedando implícito “¡Qué lástima que no trabaje para nosotros!”, lo que quiere decir que ganar votos es lo que importa, incluso si para ello hay que aparcar la ideología propia y seguir las instrucciones de un personaje que supedita ideas y valores a la estrategia comunicativa que le parece electoralmente rentable.

2. El rico patrimonio de la izquierda anticapitalista (y sólo de ella) es la posibilidad de promocionar la verdad política (que no sólo es revolucionaria, sino que se distingue en seguida de la mentira habitual). Que la verdad es muy peligrosa para el Sistema se prueba por la forma brutal en que, cuando se produce, es atacada por políticos, periodistas e intelectuales conservadores como si no fuera otra cosa que producto del resentimiento, de viejos dogmas, del populismo antisistema. Temen más a la verdad que a la llegada de la izquierda al poder, que saben que estaría bajo control. Por ello la primera obligación de la izquierda es hacer públicas, de manera incansable, descripciones verdaderas de la situación que sean comprensibles por las distintas mentalidades.

Si aceptamos esto no pueden ser más descorazonadoras las conclusiones a que aboca la actividad de la izquierda parlamentaria española. El problema no es que esa izquierda tenga dificultades para ponerse de acuerdo con el PSOE, sino que ha copiado casi todos los rasgos prosistema del PSOE.

Tanto IU como Podemos dan por supuesto que vivimos en democracia y que a la ideología popular no hay que transformarla, sino utilizarla. Justamente lo que hace la derecha. En el discurso moderado de IU y de Podemos no se habla de explotación y dominación, sino de aumento de las desigualdades, y se concibe la lucha de clases como lucha electoral a la que acudir pertrechados de las armas propias del sistema. Líderes carismáticos, gasto de un dinero que debería dedicarse a otros fines, cuidado de no hacer ni decir lo que pueda quitar votos y de hacer y decir lo que pueda darlos, afán por ser invitados a los medios privados, a los que blanquean al no denunciar sus intereses ocultos, etc. En definitiva: ingresan en el consorcio de quienes se encuentran obligados a la mentira sistemática que refuerza la falsa conciencia de la población.

Cierto que IU y Podemos son de largo las organizaciones que menos mienten (apenas lo hacen de manera activa), pero mienten por inacción, al callar muchas de las cosas que deberían estar diciendo.

EL PATÉTICO ESFUERZO DE UNIDAS PODEMOS POR LOGRAR UN GOBIERNO DE COALICIÓN

1. Llegamos así a la situación política presente, a eso que muchos han llamado la gran ocasión de conseguir un gobierno progresista que venga a solucionar los problemas de la gente.

Decir esto ya revela que se acepta la semántica del sistema. Pues ¿qué es solucionar los problemas de la gente? Para solucionarlos hay primero que identificarlos, cosa que nadie hace en IU y Podemos a un nivel que no sea superficial.

Se supone que solucionar los problemas de la gente consiste en aumentar de manera ridícula el salario mínimo, aumentar de manera ridícula la levísima carga impositiva de los más ricos, hacer algún cambio ridículo en el sistema educativo, poner algún freno a la subida especulativa de los alquileres como si eso solucionara el problema de la vivienda de las clases populares, tratar de asegurar la persistencia de las pensiones públicas, casi todas ellas miserables, eliminar los aspectos más lesivos de las reformas laborales del PP y el PSOE, dotar presupuestariamente algunas políticas sociales, etc.

No estoy discutiendo la utilidad relativa de esas políticas, sino negando que esos poquitos resuelvan los problemas de la gente. Sería más honrado decir: “Como no podemos resolver los grandes problemas de la gente, porque no se nos permite hacerlo, resolvamos algunos problemas menores.”

Pero en lugar de decir esto y explicar a la población cuáles son sus problemas más graves, y los de sus hijos, y por qué no se pueden solucionar dentro de este Sistema, UP proclama que un gobierno de coalición con el PSOE es la gran ocasión.

2. Se defiende el gobierno de coalición apelando a la desconfianza de que el PSOE cumpla lo acordado en un pacto de legislatura si UP no está en el gobierno para controlar ese cumplimiento, desconfianza sin duda razonable.

Mientras Pablo Iglesias da la impresión de que, equivocado o no, es persona honesta, Pedro Sánchez ha ido dando pruebas de personaje oscuro, artero y carente de empatía, sólo animado por un deseo irrefrenable de poder político (baste recordar sus heroicidades para reconquistarlo, que ya sabemos que no hizo en defensa de valores y principios, sino en defensa propia) y por tanto muy controlable por el poder económico. Lo último que quiere es un gobierno de coalición con UP que le impida manos libres para pactar con la derecha y asegurarse la tranquilidad frente al temible poder económico. Esto lo sabe todo el mundo bien informado y lo ha confesado él mismo al decir que no podría dormir si tuviera a gente de Unidas Podemos en el gobierno. Por ello, aunque simulaba negociar, ya en agosto había anticipado al presidente de la CEOE que habría elecciones, de las que espera que el PSOE quede más fuerte, y más débiles UP y Ciudadanos.

Con tal socio un gobierno de coalición no podría durar, salvo que UP, para evitar a cada paso la crisis de la gran ocasión, renunciara a la crítica y se amarrara a la mentira sistemática que practica el PSOE.

El hecho de que quienes deciden en UP no hayan tomado esto en cuenta es síntoma de que están perdidos en los vericuetos de la derecha socialdemócrata e insensibles a las variables ideológicas.

La actitud razonable hubiera sido apoyar la investidura del PSOE sin exigir a cambio nada que pueda disminuir la libertad para una actividad educadora de la gente engañada (una actividad, por tanto, antisistema). Pero el electoralismo está tan interiorizado en los aparatos partidarios, en los militantes y en los votantes que el único resultado satisfactorio es para ellos el éxito electoral y la conquista de poder político. ¿Para qué?, habría que preguntarles. ¿Hasta dónde se puede llegar por ese camino sin el apoyo de una población dispuesta a ir más allá de las conquistas socialdemócratas hoy rebajadas? Basta mirar a los bandazos de la población de Brasil, Argentina, Ecuador y ahora de Bolivia, donde, tras más de diez años de políticas a favor de la gente, Evo Morales ha pasado de más de un cincuenta por ciento de apoyo popular al treinta y tantos que le dan algunas encuestas y que pone en riesgo su reelección el próximo octubre.

2. Todo esto nos advierte de la necesidad de una izquierda que en España no existe y que es imprescindible para los intereses progresistas. Una izquierda que integre a IU y a la parte anticapitalista de Podemos y que, tras soltar el lastre socialdemócrata (buena ocasión para ello la que Errejón ofrece), desprecie el electoralismo de los partidos prosistema y se atreva a llamar al pan pan y al vino vino. Que sea reconocible por el trabajo incesante y bien orientado en el tejido social, único del que se pueden esperar beneficios a largo plazo para la mayoría de la población y al que debe supeditarse la (también necesaria) actividad en campañas electorales y en las instituciones.

No vale criticar a la casta política si al mismo tiempo no se critica al sistema que la crea y que se sirve de ella. Sin romper con el sistema (y ni la IU heredera del eurocomunismo ni Podemos han roto con él) a lo más a que se puede llegar es a recoger algunas migajas del banquete y contentar con ellas a un pueblo que seguirá siendo explotado, dominado y educado en el individualismo egoísta y en la ignorancia. ¡Pues qué bien! ¡Adelante tras el líder carismático en el propósito erróneo! Adelante con los que piensan que el valor de una izquierda sin poder político es meramente testimonial. No ven más allá de lo que tienen ante los ojos.

Para no insistir me remito a lo dicho en Sobre el fracaso de Podemos en las elecciones y en Refundar Podemos ¿En qué dirección?

jmchamorro@jmchamorro.info

ENTRE DOS ELECCIONES

Es difícil explicar por qué el PSOE nos ha llevado a esta repetición de elecciones que tanto puede perjudicarle. Sin duda ha sido un mal cálculo montado sobre el deseo ferviente de frenar a Podemos. Pedro Sánchez visitó primero Portugal en un gesto que parecía propicio a un gobierno de izquierdas, pero luego los dirigentes de su partido le marcaron los límites. Sabemos que en el Comité Federal del PSOE de 28 de diciembre se bloqueó el posible pacto con Podemos. Lo ha declarado Antonio Pérez Tapias, que estuvo allí presente.
¿Acaso hay algún temor inconfesable a que Podemos llegue al gobierno y se entere de cosas que deben quedar reservadas a los partidos del “sistema”? ¿Cómo explicar que Felipe González haya propugnado la gran coalición, esto es, una alianza con el PP estando este partido metido hasta las cejas en una corrupción que no es de casos, sino estructural, y que convierte a ese partido, como ha declarado un juez, en una organización criminal para delinquir?
Pienso que ha habido un error de cálculo. Una vez firmado el pacto con Ciudadanos, supuso Sánchez que Podemos terminaría absteniéndose para no cargar con la responsabilidad de impedir que se formara gobierno. Podemos no aceptó el chantaje y el PSOE se encuentra en una situación que de ninguna manera previó: ha forzado la coalición IU-Podemos y ni siquiera ha conseguido que los votantes culpen a Podemos de la repetición de elecciones. Mayoritariamente culpan a Sánchez.

La unidad de la izquierda y las listas únicas al Senado
En principio esta unidad debe entenderse como una respuesta a la injusta Ley D´Hont. Dada la legislación electoral de nuestro país valen más los votos que van a unos partidos que los que van a otros. Mientras en las pasadas elecciones el PP necesitó unos 58.000 votos por cada uno de sus diputados, los dos de IU han costado más de 460.000. Si hubiera una ley electoral proporcional y se eliminaran las circunscripciones provinciales bastaría que la unidad se diera luego, a la hora de pactar programas de gobierno o de oposición. Pero con las leyes vigentes es muy probable que, de haber ido unidos a las pasadas elecciones, ya tuviéramos un gobierno progresista.
Cierto que IU, y antes el PC, por unas razones u otras, han venido haciendo vieja política, pero desde que Alberto Garzón se puso al frente se adivina un cambio en buena dirección, y por ello la negativa a ir unidos el pasado diciembre fue seguramente un error de Podemos. IU podrá colaborar en una nueva política si se reforma, prescinde de algunos viejos dirigentes y se libera de la banca pagando sus deudas.
Pudo lograrse una unidad mayor. Haciendo suya una idea del PSOE valenciano, Pablo Iglesias propuso listas únicas con el PSOE para el Senado, y Susana Díaz reaccionó agriamente acusando a Podemos de enredar y de enfangar la vida política.
Era una propuesta de sentido común si se quiere evitar que la ley electoral conceda al PP en el Senado una mayoría absoluta que no se corresponde con los votos conseguidos. Teniendo en cuenta la necesidad de una mayoría en el Senado si se pretenden cambios legales sustanciales, la negativa del PSOE es de difícil comprensión. Es como si deseara una coartada para no acometer esos cambios.

Distintas formas de suicidio
Las encuestas no son una predicción. El resultado electoral puede girar a un lado o a otro. Pero supongamos que Podemos sobrepasa al PSOE en votos y escaños y que Podemos y el PSOE pueden formar gobierno, solos o con alguna ayuda (por ejemplo, del PNV).
En tal caso para el PSOE se abren tres posibilidades, ninguna agradable:
a) La menos probable: forzar unas terceras elecciones por negarse a formar un gobierno progresista con Podemos pese a que den los números.
b) Favorecer, mediante su abstención, un gobierno del PP y Ciudadanos (ya sea un gobierno para una legislatura normal, ya un gobierno de crisis con duración de dos años), o entrar en la gran coalición de derechas.
Cualquiera de estas dos posibilidades (la segunda ya apuntada por personajes importantes de ese partido) supone, creo yo, el suicidio del PSOE por desaparición en las elecciones siguientes como actor importante de la política nacional, tal vez con una supervivencia regional por algún tiempo.
c) Queda una tercera difícil de tragar, pero la única sensata: dimisión de Sánchez a causa del sorpasso (estamos suponiendo que se dé), nombramiento de una gestora que pacte un gobierno con Podemos y contar con cuatro años para rehabilitarse a la espera de mejores tiempos, pudiendo hacer en parte suyos los éxitos de ese gobierno, si se dieran.
Por ahora Sánchez afirma que no pactará con el PP, que Iglesias no será presidente y que no habrá nuevas elecciones. ¿Habla por hablar o está creyendo que el presidente será él? Todo es posible, por improbable que sea.

Dos debates
El debate a dos de La Sexta
Me gustó Iglesias en el debate de La Sexta, salvo cuando dijo a Rivera “no te pongas nervioso”. Si el otro se pone nervioso ya lo percibirá el público. Ese recurso retórico (una subespecie del argumento ad hominem) debe dejarse a la derecha. Cierto que hay que tener templados los nervios para encajar las calumnias y los golpes bajos que propinan los políticos de los partidos que carecen de argumentos, pero la verdadera izquierda debe fiarlo todo precisamente a los argumentos, algo que sólo está a su alcance.
Este desigual reparto de razones se notó en el debate, en el que Rivera perdió los papeles, se desconcertó varias veces, e iba reflejando en la expresión de su rostro, en la posición del cuerpo y en sus sudores que mentir no es fácil cuando tienes enfrente alguien que lo hace notar. Hubo un momento en que, por completo desarbolado, murmuraba algo así como “has perdido una oportunidad, la de ayudarnos a los demócratas a arreglar los asuntos de Venezuela”. Y hubo otro momento en que, para no reconocer que ha votado en el Parlament catalán a favor de retirar la tarjeta sanitaria a las personas sin papeles y que ha defendido el bombardeo de Siria, exclamó patéticamente: “¡No hagas demagogia con la muerte!” Fue entonces cuando Iglesias le dijo “no te pongas nervioso”, y él acusó a Iglesias de estar jugando con el dolor de la gente. ¿Jugar con el dolor de la gente por haberle recordado sus actitudes políticas, que son las fabricantes del dolor de la gente?
Como es lógico el debate fue bronco afortunadamente, distinto del insulso que tuvieron Iglesias y Rivera en un bar barcelonés.
Pese a la fama contraria, en la que tanto se insiste, no vi a Iglesias ofensivo, ni arrogante. Aportó datos y esto, que no es criticable, molesta a los conservadores, pues ellos querrían que nadie se atreva a sacar los pies del plato (del sistema), como en los benditos tiempos del bipartidismo, cuando a los poderosos les daba igual quien ganara y también si “sus políticos” se insultaban mucho o poco.

El debate a cuatro
Este, más que debate, fue una sucesión de monólogos, y además muy controlados por el formato pactado en virtud de estrategias electorales. Creo que Iglesias se pasó en su empeño de no ofender, de presentarse como pacífico. Al menos debió decir a Sánchez, cuando este le hacía responsable de sostener a Rajoy, a qué y a quienes se debe que no haya un gobierno progresista en España.

El programa socialdemócrata
Con afán se meten muchos en esa discusión bizantina que tiene que ver con izquierda y derecha, arriba y abajo, transversalidad, pueblo, patria, comunismo o socialdemocracia. Por lo general se trata de recuperar palabras que la derecha ha hecho suyas o de prescindir de otras que están contaminadas. Defender a los de abajo frente a los de arriba es lo propio de la izquierda, se utilice o no la palabra “izquierda”. Por otra parte el significado de esa palabra es ambiguo desde que lo ha ido pervirtiendo la actual socialdemocracia.
Lo cierto es que, con independencia de lo que cada dirigente de Podemos sienta o piense, el partido como tal no es un partido comunista, y puesto que tiene posibilidades de gobernar, lo importante es el programa con que se compromete. No es un programa comunista (que además sería irrealizable en el actual contexto) sino socialdemócrata. De ahí que tenga sentido que Podemos se presente como la actual socialdemocracia, una vez que los antiguos socialdemócratas la abandonaron para realizar políticas neoliberales.
Mientras el PSOE se escandaliza como si le estuvieran quitando algo de su exclusiva propiedad (cuando en realidad es algo que abandonó), Jordi Sevilla afirma que el programa económico de Podemos “llevaría a este país a la ruina” y lo dice después de que el ministro de Asuntos Exteriores en funciones haya reconocido que en la política de la austeridad el gobierno del PP “se ha pasado cuatro pueblos”.
Se sitúa así el PSOE junto a Ciudadanos, que acusa a Podemos de vender humo, como si un programa socialdemócrata fuera imposible.
Entretanto 177 economistas de universidades españolas e internacionales, entre ellos Viçenc Navarro, Thomas Piketty, James Galbraith, Ann Pettifor (asesora del líder laborista Jeremy Corbyn) Robert Pollin (asesor del Presidente Obama), acaban de suscribir un manifiesto a favor del programa económico de Unidos Podemos y pidiendo el voto para esa coalición, pues consideran necesario un Gobierno de Unidos Podemos para que muchas cosas cambien en Europa, y en la buena dirección.

A vueltas con lo viejo y lo nuevo
Reformulemos la distinción derecha-izquierda, o socialdemocracia-comunismo bajo la forma de vieja y nueva política que antes he usado.
Mientras algunos, fijándose sólo en algún aspecto formal, dicen que esta oposición ha pasado a mejor vida porque los partidos que se presentaban como adalides de la nueva política se comportan como aquellos a los que criticaban, hay otros que siguen dando vueltas al tema, ya comprenderán con qué intención.
Fernando Vallespín, un catedrático asiduo a la SER y El País, expone en ese periódico (tan venido a menos) un decálogo de la “nueva política” en el que omite lo esencial e insiste en vaguedades accesorias y discutibles, como que la nueva política ha de consistir en no culpar a otros partidos, mirar hacia el futuro, europeizar la política nacional, abandonar la arrogancia, hacer que las políticas concretas prevalezcan sobre el marketing, respeto y tolerancia al otro, evitar la polarización estéril…
Como ven, algo pensado para que el lector concluya que Podemos es un partido tan viejo como los viejos.
Vallespín no advierte que la “nueva política” sólo tiene interés si se presenta como oposición a los siguientes rasgos que han venido caracterizando a la vieja política:
(a) legislar y gobernar a favor de la minoría más rica y en perjuicio de la mayoría.
(b) actuar sin transparencia y de espaldas al ciudadano.
(c) habituarse a la mentira como instrumento de ataque, defensa, manipulación o justificación.
Como Vallespín no hace mención a estas tres cuestiones, la vieja política se transformará en nueva si cumple las simplezas de su decálogo.
Veamos los tres rasgos de la vieja política en Europa y España:

Gobernar a favor de la minoría más rica
En documentos que los dirigentes de la UE intentaban mantener secretos y que Greenpeace Holanda ha hecho públicos, se viene a decir que no es grave que las grandes empresas tengan un papel en la elaboración de las normas que regulan la economía, pues esto es lo que ya ha venido ocurriendo. Quiere ello decir que las leyes principales, las que tienen que ver con el reparto de la riqueza, se han venido elaborando en los despachos y centros de estudios de esas empresas.
Se sabe que Bruselas está llena de lobbies del capital, y es evidente que, si imperase un espíritu democrático, los lobbies no existirían. Si los miembros de un colectivo con intereses particulares quieren hacer llegar a los legisladores sus razones, deberían estar obligados a hacerlo mediante escritos públicos, y no mediante gestiones privadas cuyo contenido nunca se conoce.
En España no estaban registrados los lobbies hasta que Cataluña creó en 2015 un listado de grupos de interés con doce registrados. El pasado marzo la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia acaba de hacer el primer registro oficial de lobbistas con 52 registrados. Pero, aunque sin lobbies oficiales, hasta ahora la relación de los sucesivos jefes de Gobierno y altos cargos de la Administración con los presidentes de las empresas del IBEX 35 ha sido continua, y de ellos ha venido siempre la inspiración para el diseño de las leyes fiscales y laborales, con el resultado siguiente:
En virtud de las medidas legislativas y de gobierno del PP y el PSOE, nuestro Estado recauda 8 puntos por debajo de la media de la UE, proviniendo más del 80% de esa recaudación de las rentas del trabajo (que son el 47% del PIB) mientras las rentas del capital (53% del PIB) no llegan a pagar el 20%. Según la OCDE, de esa recaudación sólo el 10% va al 20% de la población con rentas más bajas, mientras más del 25% va al 20% de población con rentas más altas.
A esta injusticia en la imposición directa hay que sumar la indirecta. Ahí tienen a los viejos políticos recurriendo al IVA para aumentar la recaudación.
Un editorial de El País de 18 de junio defiende esta vieja política con insuperable cinismo: por una parte afirma que “quienes proponen subidas para las rentas más altas deberían tener en cuenta que la economía necesita aumentar el ahorro…” (como si el ahorro sólo pudiera estar en el bolsillo de los ricos) y por otra parte nos dice que “el IVA requiere una reestructuración de tipos que permita un aumento paulatino de la recaudación efectiva hasta el equivalente de una tasa del 18%”.
Recordemos que, por medio del IVA, a quien gana 400, 600, 1000 euros mensuales se le están cobrando impuestos en cada compra que hace. Y ello para conseguir ingresos que permitan no cobrar a los ricos los impuestos que deberían pagar.
Zapatero eliminó el impuesto sobre el patrimonio en 2008 al tiempo que hacía recortes en gasto social, y ni el PSOE ni el PP han luchado decididamente contra la evasión y el fraude fiscal.
A esta política hay que añadir la laboral, representada por las reformas realizadas por el PSOE primero y el PP después, cuyo resultado ha sido el esperado: depauperar a los trabajadores, arrebatarles derechos, estabilidad y confianza, ponerlos en manos de los empresarios, sin posible defensa una vez debilitados sindicatos y convenios colectivos.
Hay que insistir en que llamar a esta política criminal no es un insulto, sino una descripción imparcial. Más criminal es esta política que el latrocinio a que muchos viejos políticos se han dedicado.

Actuar sin transparencia y de espaldas a los ciudadanos
La opacidad más rigurosa está bien representada en Europa por el Tratado del TTIP, ya desde el comienzo de las negociaciones, pero más desde que la Comisión Europea ha denegado a los Estados miembros de la UE y a sus representantes parlamentarios el acceso a los documentos tácticos.
Por si todavía ignora alguien que en Europa no conocemos esa democracia que a diario se invoca, un alto dirigente de la Comisión Europea ha respondido a las protestas ciudadanas contra ese Tratado diciendo que “la Comisión no recibe su mandato de la población europea”.
Al mismo tiempo la Eurocámara apoya ese tratado tras un pacto de socialistas y populares, entre los que están, claro, el PP y el PSOE españoles.
En España encontramos opacidad cuando se oculta a qué intereses sirve la intrincada selva de disposiciones legales económicas; cuando, para disimular la política que se tiene prevista, se hacen promesas electorales que no se piensan cumplir, sin que tras el incumplimiento se crea nadie obligado a dar explicaciones; cuando se modifica el artículo 135 de la Constitución sin dar lugar a debate en el Parlamento, y se oculta la causa y la finalidad de esa modificación; cuando se fabrica un espacio oculto de impunidad, en el que surgen y crecen tramas de malversación del dinero público para beneficio personal de políticos y amigos, o para financiación ilegal de sus partidos…

La mentira como hábito
Los políticos que actúan al servicio del capital no pueden confesarlo, pues la efectividad de ese servicio requiere precisamente que hagan creer que actúan al servicio de los intereses generales, o de la patria, o de los más desfavorecidos. Mienten por ello cada vez que hacen públicas buenas intenciones y, una vez adquirido el hábito, mentir se convierte en una estrategia habitual.
En las pasadas negociaciones para formar gobierno y en esta campaña electoral la necesidad de mentira de los partidos de la vieja política ha sido continua.
Dejemos aparte al PP cuando habla de sus éxitos económicos, de los muchos empleos creados, de que quiere hacer una televisión pública parecida a la BBC, etc. y vayamos al PSOE. A pesar de que Podemos, y también Ada Colau, declararon negociable el referendum catalán, de que los números daban más a la izquierda que a la derecha, de que la abstención de partidos independentistas no obligaba a concretos actos de gobierno para favorecer la independencia de Cataluña o Euskadi, Pedro Sánchez no podía decir que pactaba con Ciudadanos porque se lo habían impuesto en su partido, así que tuvo que insistir en mentiras para hacer responsable a Podemos de que no se consiguiera formar un gobierno progresista y de cambio.
Repitiendo un argumentario infantil, Sánchez y Rivera insisten en que los de Podemos “sólo se preocupan de los sillones, no de los problemas de la gente” cuando es evidente que Podemos tiene un programa que pretende dar respuesta a esos problemas dentro de lo posible, y si no ha facilitado un gobierno PSOE-Ciudadanos es precisamente porque creyó que el programa pactado por esos partidos no los atendía adecuadamente. ¿Acaso el PSOE se preocupaba de los problemas de la gente cuando, pudiendo hacer un pacto de izquierdas, lo hizo con Ciudadanos recogiendo el 80% de las medidas de este partido en los espacios laboral y fiscal?
Oigan a Rivera (buen representante de la vieja política pese a su juventud) afirmar, a conciencia de estar mintiendo, que Podemos quiere salir del euro y de la Comunidad Europea, que se financia con dineros de Venezuela e Irán, que quiere destruir la unidad de España, que va a suprimir la educación concertada, que es el máximo aliado del inmovilismo porque le interesa que siga Rajoy, etc.
Los viejos políticos mienten cuando afirman que Podemos es un peligro no sólo para la economía, sino para la democracia, como ejemplar de un populismo demagógico que alcanza el gobierno respetando las reglas de juego pero con la intención de cambiarlas desde el poder para mantenerse en él.
Precisamente una ventaja de la nueva política es que la necesidad de una mentira básica y permanente desaparece. Claro que, si se alcanza el poder, para mantenerse lejos de la mentira sistemática hay que estar dispuesto en todo momento a perderlo, pues la necesidad de mentira puede provenir también del apego al poder, sea personal o del partido.

Falsas equivalencias
Lo políticamente correcto es decir que todos los votos valen lo mismo. Pero no valen lo mismo. Con un sistema electoral justo (que no es nuestro caso) se puede decir que todos los votos valen igual en el espacio legal, de ninguna manera en el moral. Si un partido político ejecuta una política de derechas y es además una organización criminal para delinquir (al que sin embargo se puede votar porque nuestra “justicia” no lo ha dejado fuera de la competición electoral), quien lo vota lo hace por una de estas razones poco edificantes: (a) porque pertenece a la minoría a cuyo favor ese partido ha legislado y gobernado, y sólo busca su interés, no importa a qué precio social, o (b) por ignorancia si pertenece a la mayoría perjudicada, ignorancia de la que se sigue además el miedo a cualquier cambio. No se me alcanza otro tipo de razón para votar al PP. Con las necesarias matizaciones, algo parecido puede decirse del PSOE en atención a sus casos de corrupción y a la política neoliberal de su último periodo.
No son lo mismo, al menos como síntoma de la salud moral de la sociedad, los votos que nacen del egoísmo insensible o de la ignorancia que los que nacen de un deseo generoso y bien informado. Los primeros son lamentables. En otro caso no tendría sentido andar pidiendo que mejore la educación, ya que un sistema educativo es bueno si consigue ir erradicando del país el egoísmo insensible y la ignorancia, precisamente las condiciones psicológicas que motivan a votar a los partidos de la derecha.
La buena educación está ausente de Europa, y un efecto, entre otros muchos, es el comportamiento de la Comisión y los Gobiernos con los refugiados, que avergüenza a cualquier persona de bien. Si los gobernantes conservadores actúan con tan insensible crueldad es porque no quieren perder los votos de muchos insolidarios dispuestos a engrosar las filas de la extrema derecha. No todos los votos valen lo mismo, y muchos de ellos son síntoma de una grave enfermedad social.

Reproches
No pertenezco a Podemos, ni trato con nadie de esa organización, y si les alabo es porque lo creo justo. También critico lo que me parece mal, que es algo que ya he hecho en este blog.
Vayan ahora las siguientes quejas:
Preguntaron el otro día a Iglesias en una entrevista en La Sexta por qué en una tertulia en 2013 se había declarado comunista y ahora se declara socialdemócrata. La respuesta vino a ser que en aquel tiempo actuaba como “un provocador muy feliz”, mientras ahora es “un candidato a la presidencia del Gobierno que tiene que presentar un programa viable”.
Me ha parecido una respuesta desafortunada, porque una cosa es que el programa electoral de Podemos tenga que ser socialdemócrata y otra si él, Iglesias, es o no comunista. Si en 2013 se declaraba comunista sin serlo, sólo para provocar, malo. Si lo era y ha dejado de serlo pudo explicar por qué. Si lo sigue siendo pudo muy bien aprovechar la ocasión para hacer una pedagogía muy necesaria.
En este último caso y puesto en su lugar yo habría dicho algo así: “Soy comunista en el sentido de igualitarista, y no entiendo cómo no son comunistas quienes se consideran cristianos. Espero que algún día la sociedad sea igualitaria, condición para que sea pacífica y justa. Pero Podemos no es un partido comunista y por tanto, como dirigente de este partido, no puedo manifestarme como comunista, sino defender un programa socialdemócrata porque los programas electorales tienen que ser viables, y por ahora sólo es viable un programa de este tipo.”
Otra cosa que no me ha gustado: que cuando el pasado día 8 se propuso en el Parlamento Europeo una resolución pidiendo, entre otras cosas, la liberación de los presos políticos en Venezuela y el respeto al revocatorio, Podemos se haya abstenido en lugar de votar en contra, como hizo la vez anterior. Se piense lo que se piense desde la izquierda sobre la situación venezolana, hay cauces para expresarlo sin someterse al oportunismo de la derecha europea.
Y una tercera: que Iglesias haya dicho que Zapatero ha sido el mejor Presidente de Gobierno de España. Hubiera sido más acertado decir el menos malo, porque además de sus aciertos hay que sopesar sus decisiones e indecisiones lamentables, propias de la vieja política. Se ve que Iglesias pretendía poner al PSOE frente a sus contradicciones, más que ser coherente consigo mismo al evaluar. Y esto no me parece acertado.

En resumen
Tenemos que la banca, las empresas del IBEX 35, sus medios de comunicación, están todos contra Podemos, y sólo contra Podemos, y con la virulencia que cualquiera puede observar. La ofensiva de los medios es brutal y a veces con colaboraciones delictivas, como la de esos policías que han filtrado informaciones a Eduardo Inda para que elabore sus tergiversaciones y calumnias. Todo vale.
Tenemos además que en Bruselas, nido de la vieja política europea, preocupa Podemos tanto como el Brexit, si no más.
Esto da idea de hasta qué punto es conveniente votar a Unidos Podemos si se desea ir saliendo del pozo en que nos han hundido. Dejando aparte las cosas criticables, todas de gravedad menor, sólo un partido se presenta en estas elecciones como capaz de una nueva política, precisamente porque es el único que está libre de ataduras con el poder económico y comprometido con el respeto a las decisiones de sus militantes y votantes.
Podemos es el único que, además, puede servir de acicate al cambio iniciado por IU, y también el que puede atraer al PSOE a una política nueva.
Y es el que, fortaleciendo una alianza con Portugal, Italia y Grecia, y forzando al partido socialista francés a que reconsidere su actual posición, puede hacer que las actuales políticas europeas cambien y que en ellas dejen de ser determinantes los intereses de la banca alemana y los fracasados dogmas del neoliberalismo, causas de tanto dolor en millones de personas.
Estamos hablando de las posibilidades presentes. Qué hará o no hará Podemos si consigue el poder es tema que pertenece al futuro y que hay que aplazar a su momento. Pero sabemos que allí donde Podemos y sus aliados ejercen algún poder (en ayuntamientos y comunidades) se están haciendo las cosas de manera distinta y mejor, a pesar de las dificultades y de la falta de recursos y competencias. Se está haciendo una nueva política. A favor de la gente, con transparencia y sin mentiras.

jmchamorro@jmchamorro.info

SOBRE LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA Y OTRAS CUESTIONES

Las últimas elecciones y las negociaciones entre partidos para establecer mayorías vienen dando mucho que hablar. Se me ocurren estos comentarios:

EL ELECTORADO NO PUEDE ENVIAR MENSAJES
Es un lugar común, falso, que el electorado ha decidido esto o aquello, que ha enviado este o aquel mensaje. El electorado no es un sujeto que tome decisiones o se comunique con la clase política. Es un mero conjunto de votantes y cada votante sólo decide una cosa, el sentido de su voto. Quien vota a un partido carece de idea acerca del resultado final y por lo general lo que desea es que su partido consiga el mejor resultado, la mayoría absoluta si es posible. De manera que es falso que la sociedad haya decidido el fin de las mayorías absolutas o una política de pactos. Eso ha sido el resultado de voluntades que en su mayoría no querían eso, sino un resultado diferente. Lo que sí es cierto es que muchos votantes han abandonado al PP y al PSOE y han optado por partidos nuevos, y esto ha de tomarse no como un mensaje, sino como un hecho interpretable. El supuesto mensaje lo fabrica cada político al analizar los resultados.
Por lo demás utilizar, como hace un editorial de El País, la frase “aspiraciones expresadas por la sociedad” no deja de ser un camelo. Algunos parecen creer que las sociedades (por ejemplo, la griega, la española, la europea) son, al igual que los electorados, entidades unitarias, sujetos de gran formato. Se intenta así, por ejemplo, contraponer Grecia a Europa, como si hubiera un conflicto entre esas dos entidades, una insensata, Grecia, y otra razonable, Europa. En realidad negocian por una parte no Grecia, sino un gobierno griego que trata de recuperar la dignidad del país y salir del desastre social a que lo han llevado los sinvergüenzas de dentro y de fuera, y por otra parte no Europa, sino las instituciones europeas y mundiales controladas por la derecha neoliberal.
Una sociedad elitista no es un sujeto, sino un campo de batalla. Poco tienen que ver las aspiraciones de un votante de derechas con las de un votante de izquierdas, salvo que son contrarias. Mayor desigualdad significa mayor beneficio para los menos, mayor perjuicio para los más, y son los menos, no los más, quienes deciden. Por eso la desigualdad aumenta.

PRIMER EFECTO INTERESANTE
La irrupción de Podemos ya ha tenido un efecto: el corrimiento de otros partidos hacia la izquierda. Ha conseguido que el PSOE recuerde que es socialdemócrata (lo olvidó muy pronto), y que IU recuerde que lleva dentro un partido comunista (durante muchos años ha ocultado o disimulado el anticapitalismo como si fuera un secreto de familia vergonzoso).
Esperemos que lo ocurrido en Grecia y España tenga también alguna influencia en las dormidas poblaciones y en las derechizadas socialdemocracias europeas.

PODEMOS NO GUSTA A LA GENTE DEL DINERO
La gente del dinero (oigan a representantes de la banca) está alarmada por el éxito de Podemos y sobre todo por lo que ese éxito pueda dar de sí más adelante, que más adelante hay más, relacionado ya con el Parlamento y el gobierno de la nación. Si se hiciera caso a algunos representantes políticos del dinero resultaría que Podemos tiene dentro las maldades del estalinismo, del nazismo e incluso del Estado Islámico, y además poderes inconmensurables, tanto como para acabar con la democracia europea. Altos dirigentes del PP ya han hecho saber al PSOE que pactar con Podemos es un signo de radicalismo inaceptable, una traición al sistema que nos hemos dado los españoles. Hasta la derecha venezolana se toma la molestia de advertirnos del gran riesgo que corremos.
Claro que así hacen un favor a Podemos, porque dejan claro que, hoy por hoy (mañana ya se verá), votar a ese partido es lo correcto si no se quiere ser cómplice del estropicio que los viejos partidos han ocasionado.
Dicen algunos, en réplica a los dirigentes del PP, que lo que de verdad daña a la democracia es la corrupción. Pero habría que matizar: la corrupción daña a la democracia si esta existe. Lo que no existe no puede ser dañado. Y resulta que los dos grandes partidos han venido impidiendo la democracia al legislar y gobernar sometidos al poder económico y a su servicio.
Desde su punto de vista tienen razón cuando nos dicen ahora que Podemos, que no está controlado por el poder económico, es un peligro para la democracia. Para su “democracia”. Felipe González no quiere ni espera que se cambie el régimen por una aventura alternativa. Llama régimen a un tinglado político diseñado para legislar y actuar al servicio del capital, y a salir de ese régimen lo llama aventura (en sentido peyorativo).

AL MISMO TIEMPO SE DICE QUE TODOS SON IGUALES
Pero por otra parte, cuando conviene, se afirma lo contrario: en tertulias y análisis de periodistas y especialistas con muchas ínfulas se ha venido llegando a la conclusión de que Podemos es como los viejos partidos y actúa igual que ellos. Por ejemplo: Pablo Iglesias se ha reunido con Pedro Sánchez en un reservado de un hotel. Escándalo. ¿Acaso no condenaba Iglesias la política que se hace en reservados? Así funciona la cabeza de esta gente. Toman una frase al pie de la letra y de ahí derivan un mundo. Ninguna política ha hecho todavía Podemos en ningún reservado. Es que todavía no ha hecho ninguna política. Vuelvo a decir: esperemos para criticar a que haya motivo. Y no son todos iguales. Si lo fueran, los del dinero no estarían alarmados. A los del dinero para nada les alarman los viejos partidos y, claro está, tampoco, o menos, Ciudadanos.
Lo que ha de distinguir a la nueva de la vieja política no es si unos y otros se reúnen aquí o allí, si hablan con estos o con aquellos, si cambian cromos o hacen estos o aquellos pactos, sino cómo legislan por relación con el reparto de la riqueza. ¿Legislan al dictado del capital? Vieja política. ¿Legislan al servicio de la mayoría? Nueva política. Esperemos a ver.

¿PARTIDOS O MOVIMIENTOS SOCIALES?
A Manuela Carmena no le gustan los líderes, pero, mal que le pese, ella es una líder. Alguien es líder porque los demás lo deciden. La cuestión es cómo se ejerce el liderazgo, si como autócrata o como ciudadano que atrae y arrastra por la verdad de sus ideas y la ética de su comportamiento.
Carmena cree que un gran error del movimiento 15M es que haya decidido consolidarse en un partido. Ella aboga por la forma de movimiento-partido con menos estructura vertical y pegada a la calle y a los movimientos sociales.
La forma de actuar de los viejos partidos no es aceptable, y sin embargo algún tipo de organización deben darse los movimientos sociales si quieren tener efecto duradero. La tendencia anarquista es muy tentadora, pero sólo podrá tener éxito cuando la población sea muy distinta a la de hoy. Por eso es compatible desestimar el comportamiento de los partidos tradicionales y crear uno con la determinación de que no caiga en los vicios de ellos.
Esto requiere, a mi juicio, dos condiciones básicas a las que me he referido en otras ocasiones: por una parte mantener activa la conexión con los movimientos sociales de los que ha surgido el partido, de manera que esos movimientos controlen la actividad partidaria, puedan en todo momento revocar los cargos en las instituciones, decidan la línea política y apoyen su ejecución con toda la fuerza que sin duda será necesaria. Por otra parte, que el paso por los cargos sea temporal. Ya sabemos que si un líder tiene un gran tirón electoral puede ceder a la tentación de decir “yo o el fracaso”, y convertirse en líder carismático por encima del partido, poniéndolo al servicio de sus ideas o caprichos. Es lo que hicieron González, Aznar y Zapatero. En un partido dependiente de un movimiento social esta deriva es más difícil. Pero podría ocurrir que entre la gente de ese movimiento resultara demasiado atractiva la idea de ganar elecciones, y que entonces no tuviera inconveniente en soportar un líder autócrata con tal de que su gran tirón electoral mantuviera al partido en el poder. He aquí el peligro más grande, algo a evitar incluso a costa de perder votos y poder.
En cualquier caso conviene recordar que la influencia sobre los electores se puede ejercer aunque no se tenga cargo alguno. Monedero ha renunciado a su cargo y sigue trabajando para Podemos y puede participar en campañas electorales. De manera que disponer de normas que impidan que alguien se perpetúe en cargos (ahora uno, luego otro, etc.) no es dilapidar ningún activo, al contrario, es aumentarlo con una buena práctica que, a la larga, será recompensada.

LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA
Podemos ha tenido mejores resultados, con gran diferencia, donde no ha ido con su nombre, sino integrado en agrupaciones electorales de izquierda.
¿Avala este hecho la estrategia de que ese partido vaya a las elecciones generales integrado en agrupaciones electorales frente a la estrategia de que vaya con su propio nombre? Apoyándose en un acuerdo tomado antes de las últimas elecciones la dirección advierte a Izquierda Unida de que irá a las generales con su nombre y logo, y que descarta todo proyecto de convergencia que suponga una disolución de sus siglas o un giro en su “hoja de ruta”. Sergio Pascual ha usado en esa advertencia la expresión “con total rotundidad”, desagradable y propia de otra clase de gente. Supeditar el proceso de confluencia a que los electores encuentren la papeleta y el logo de Podemos en los colegios electorales parece conceder al partido una sacralidad inútil. Exigir a otros que, si quieren la unidad de la izquierda, salgan de sus partidos y se presenten a las primarias de Podemos, equivale a boicotear con mal estilo la unidad de la izquierda que tanta gente desea. Parece más sensata la actitud de IU, dispuesta a renunciar a sus siglas en las papeletas en beneficio de esa unidad, actitud compartida por un importante grupo de dirigentes de Podemos que ha firmado un manifiesto en ese sentido.
Este es un asunto importante, por sí mismo pero sobre todo como síntoma, y merece una reflexión colectiva y una nueva toma de decisiones a la vista de los hechos sobrevenidos.
Los partidos deben tener carácter instrumental y por ello no debería ser importante si se conservan o no siglas y logos, o bajo qué nombre se presenta cada organización. Lo cierto es que, si se tiene en cuenta que unida toda la izquierda puede ganar las elecciones y que en otro caso se perderán muchos miles de votos (dado un sistema electoral ideado para primar escandalosamente a los dos primeros), sobran los partidismos y los personalismos. ¿Es irrenunciable que pertenezca a Podemos el candidato de izquierdas a presidente de gobierno? Lo que interesa es que sea persona competente y comprometida con los valores y propósitos de la izquierda. Y sería un detalle coherente con esos valores y propósitos ceder esa candidatura, si mereciera la pena, pudiendo ostentarla.