Archivo de la etiqueta: Venezuela

¡QUÉ PAÍS EN QUÉ MUNDO!

Políticos

Los periodistas hablan de la poca calidad de los políticos actuales (como si los del pasado hubieran sido buenos) y a ello achacan muchas de las desgracias de nuestra vida pública. Pero ¿acaso no se puede hacer el mismo reproche a los periodistas? ¿Y acaso escapan a esa mediocridad los comentaristas cargados de títulos académicos? Observen la inanidad y el conservadurismo de los filósofos, politólogos y sociólogos que monopolizan el espacio de los medios tradicionales con apariencia de sabiduría.

¿Dónde está la causa? En realidad casi todo en la vida pública es mediocre porque la población lo asimila, aplaude y toma por bueno. Pero de la calidad de la población no se habla, como si fuera de mal gusto. O como si la población fuera un dato de partida incuestionable, como si no fuera fabricada por el oden social al que refuerza.

Políticos como Casado y Rivera, de escaso nivel intelectual y adictos a la mentira grosera, ocupan un primer plano porque muchos españoles los aceptan y votan. ¡Mentira parece que la mueca de sonrisa triunfadora permanente no los delate!

No vale la pena por tanto acusar a los políticos, sino salvar a alguien de la acusación general. Afortunadamente hay excepciones. Así el caso raro de Ada Colau, que habla sin afectación, no recurre a lugares comunes y muestra una honestidad y sinceridad que revelan compasión e inteligencia. Sus acciones políticas son razonables, dentro de lo que le es posible (que, desafortunadamente no es mucho). No incurre en las tropelías de otros. Ahora se la acusa de provincianismo por no haber asistido al besamanos del monarca. Pero si Felipe VI no se ha hecho merecedor de cortesías, es razonable que eso se le muestre de alguna forma educada. Aparte de que el besamanos, por más que ya no consista en besar la mano (¡faltaría más!), es residuo de una práctica de sumisión arcaica.

El caso Venezuela

Hablando de besamanos, acabamos de presenciar, en España y en otros países de Europa, la manera servil de plegarse a órdenes del decadente imperio, envolviendo la sumisión en palabras falsificadas para justificar el reconocimiento apresurado de Guaidó como autoproclamado presidente de Venezuela. Cuando se acepta el papel de sumiso hay que acostumbrarse a vivir de espaldas a los hechos, callando cuando hay que callar y diciendo lo que hay que decir. Se calla que EE. UU. decidió acabar con el gobierno de Maduro (como con los restantes gobiernos progresistas de su patio trasero) empleando la guerra económica. Que procedió a un embargo y otras medidas (bajada de los precios del petróleo) que han llevado a Venezuela al desastre económico. Que actuó como siempre, apoyando y dirigiendo a las derechas golpistas internas, y que cuando ha conseguido el resultado que buscaba achaca toda la culpa a Maduro (cuya culpa, sea cual sea, siempre habrá sido secundaria). Luego programa una ayuda humanitaria para paliar el desastre que previamente ha producido. Si Maduro no acepta esa ayuda, ahí tenemos una prueba más de que está en contra de su pueblo, que tanto la necesita.

Dejando de lado a los medios desvergonzados y limitándonos a los que intentan, mal que bien, cubrir las apariencias, el espectáculo es deprimente. Leer El País o escuchar la SER nos revela muy bien qué podemos esperar en este y en cualquier otro tema sensible. El País omite gran parte de la información pertinente, que es una manera de mentir. En la SER se repite una entrevista con alguien que, sin identificarse, dice ser un sicario que secuestra y mata por orden del gobierno de Maduro. Y ya está. Con la voz desfigurada de no se sabe quién se acaba de probar que el Gobierno de Maduro ordena secuestrar y matar. Afortunadamente pueden leerse con provecho varios artículos sobre este asunto publicados en enero y febrero en Público y en Diario.es (La estrategia del terror contra Venezuela: carta abierta al presidente del gobierno Pedro Sánchez, de Andrés Piqueras; Venezuela: la crisis moral de la prensa española (I, II y III) de Asier Arias; Las nueve razones de EEUU en declarar la guerra a Venezuela, de Nazarnín Armanian; y La nueva Guerra Fría y Venezuela, de Boaventura de Sousa Santos), por no citar el informe del experto independiente de la ONU Alfred de Zayas, o incluso la opinión de Rodríguez Zapatero como mediador en el conflicto venezolano.

El contraste entre estas informaciones y lo que vienen diciendo y callando los medios de siempre es tan ilustrativo como descorazonador. Revela en qué mundo estamos y hasta qué punto la manipulación ideológica a favor del sistema es brutal, especialmente la de guante blanco (de la que es ejemplo el grupo Prisa con sus muy prestigiosos servidores).

El juicio al procés y la democracia

¿Se puede decir que nuestra judicatura merece toda confianza, como ha dicho Manuela Carmena, que para más señas perteneció al partido comunista, fue cofundadora del despacho de abogados laboralistas en el que se produjo la matanza de Atocha y ha sido jueza y vocal del Consejo General del Poder Judicial? A mí, que ejercí como abogado, la judicatura española no me merece confianza. En la Transición no se depuró a la judicatura franquista y sus miembros son los que han ido componiendo los tribunales de oposiciones. Se han colado algunos jueces progresistas, eso es todo.

Cierto que en el juicio al procés los fiscales y jueces se encuentran en una situación que les obliga a guardar las apariencias, pues saben muy bien que todo el mundo mira y que este asunto acabará en los tribunales europeos. Pero en todo caso, en este juicio se está confirmando que a los puestos más altos de la fiscalía y la judicatura se llega por otras razones que por el mérito. Tanto la fiscalía que actúa en el juicio como el magistrado Llarena que incoó el sumario son prueba de ello.

Esto aparte, sobran las invocaciones a supuestos derechos (como el de autodeterminación o el derecho a decidir) y a supuestas democracias. En este mundo no hay derecho efectivo si no hay fuerza que lo sustente. Por eso el caso catalán no tiene que ver con el derecho. Es, como ya he dicho otras veces, una pugna de fuerzas en la que ningún bando puede imponerse. Hay por tanto un empate de derechos invocados. No es previsible que se rompa a corto plazo el equilibrio y antes o después se llegará a un pacto provisional.

Un argumento reiterado contra los separatistas es que España es una democracia plena y que no es posible la democracia sin el respeto a la ley.

Si fuera cierto que España es un país escrupulosamente democrático, sería el único país democrático del mundo. Pues la democracia es todavía una aspiración incumplida. En parte alguna del mundo capitalista es posible una política racional y justa aunque la decida la mayoría de la población, porque tendría que enfrentarse a los intereses del verdadero poder. Bernie Sanders se refiere al caso de EE. UU., país ejemplo de democracia para comentaristas apresurados, diciendo que la esfera económica y política del país está dominada por Wall Street, las compañías de seguros médicos, la industria farmacéutica y la de los combustibles fósiles, las infraestructuras industriales militares, la industria privada de las prisiones y las corporaciones multinacionales, que estarán dispuestas a gastarse indecentes cantidades de dinero para mantener el statu quo. Esto es, la legislación que las beneficia y que perjudica a las clases populares.

Pero aun contando con que las llamadas democracias son plutocracias disfrazadas, nuestra plutocracia está más alejada del ideal político que otras plutocracias europeas.

El respeto a la ley

Con el ojo puesto en los argumentos de los procesados catalanes, Felipe VI ha afirmado el pasado día 20 que “es inadmisible apelar a una supuesta democracia por encima del Derecho”, ya que sin respeto a la ley no hay “convivencia, ni democracia, sino inseguridad, arbitrariedad” y “quiebra de los principios morales y cívicos de la sociedad”. Y lo ha dicho con solemne seriedad. He ahí un ejemplo de palabrería insidiosa, como la de todos los discursos oficiales.

Cuando hablamos de la ley nos estamos refiriendo a las normas de distinto rango que rigen una sociedad. Las principales, de las que depende el resultado de todas las demás, son las que afectan a la propiedad y a los impuestos. Y las que hoy controlan la economía global producen los siguientes efectos:

-En el mundo, la fortuna de los milmillonarios aumentó en un 12% en el último año -2.500 millones de dólares diarios- mientras que la riqueza de la mitad más pobre -3.800 millones de personas- se redujo en un 11%. Por la evasión fiscal de las grandes empresas y fortunas los países pobres pierden cada año 170.000 millones de dólares en ingresos fiscales que podrían destinarse a servicios públicos básicos no atendidos.

-En EE. UU., el país más rico del mundo, la desigualdad en las rentas y la riqueza alcanza la cifra más alta desde la década de 1920: las tres personas más pudientes del país acumulan más capital que la mitad de la población. Pese a una tasa de desempleo relativamente baja, millones de personas se ven obligadas a pluriemplearse porque sus salarios no les sacan de la hambruna. 34 millones de americanos no cuentan con seguro médico. De entre las naciones más desarrolladas, EE. UU. tiene el índice de pobreza infantil más alto y un sistema de cuidado de menores que no solo no funciona, sino que la mayoría no se puede permitir. La mitad de la población anciana no tiene jubilación. Estos son los datos con los que Bernie Sanders, senador independiente que se presentará como candidato demócrata a las presidenciales, pretende movilizar a la población que los soporta.

-En España una de cada seis familias de clase media ha caído en la pobreza durante la crisis y no ha salido pese a la recuperación, mientras los ricos han aumentado su riqueza. Además, y contra la proclamada igualdad de oportunidades, la pobreza y la riqueza se heredan: si una persona nace en una familia de ingresos altos ganará un 40% más que si crece en un núcleo familiar con renta baja. La diferencia en la esperanza de vida entre las personas de los barrios más ricos y las de los más pobres llega en Barcelona a los 11 años y en Madrid a los 7. El año pasado aumentaron en 16.500 los hogares en los que no entró ningún tipo de ingreso, alcanzando los 617.000, mientras los ultramillonarios –personas cuyos activos netos equivalen o superan los 40 millones de euros- aumentaron en un 4%, llegando a la cifra récord de 1.690 personas (datos del último informe de Oxfam Intermón).

Como bien dijo Hipias de Élide hace ya muchos siglos, las leyes siempre oprimen a los débiles. Y mientras siga siendo así, las leyes no son respetables. Simplemenete, se nos imponen y hemos de someternos si no queremos acabar en la cárcel. No le demos vueltas: los Parlamentos son instrumento de oligarquías económicas en extremo codiciosas, y por eso las leyes son como son y no pueden ser justas.

Sobre los impuestos

Por ahí sigue la derecha prometiendo bajada de impuestos sin rubor alguno, y por ahí anda la izquierda incapaz de conseguir con su réplica razonada que ningún político conservador pueda volver a prometer una bajada de impuestos sin quedar desacreditado. Porque cuando la derecha promete una bajada de impuestos lo que hace luego es bajar los impuestos a los que más tienen y compensar esa bajada con una subida general. Nuestro sistema fiscal está 7 puntos por debajo de la media europea. La realidad es que se reduciría la injusticia de nuestro sistema social si se bajara la presión fiscal a las clases medias, el IVA quedara limitado a los objetos de lujo y se subieran muy considerablemente los impuestos a las rentas altas, a los grandes patrimonios y a los beneficios de las grandes empresas, con una eficaz persecución del fraude fiscal.

Lo que la izquierda no se atreve a decir aquí lo están diciendo los candidatos a las primarias del partido demócrata estadounidense, así como un grupo de nuevos congresistas a cuyo frente está Alexandria Ocasio-Cortez, que propone una tasa marginal del 70% a los ingresos que excedan de 10 millones de dólares. ¡Qué menos!

La senadora demócrata Elizabeth Warren no llega tan lejos, propone un impuesto del 2% anual a las fortunas a partir de 50 millones de dólares y del 3% a partir de 100 millones, medida que afectaría al 0,1 % más rico del país y que tiene un apoyo mayoritario según las encuestas (incluso del 50% entre los republicanos).

Esto no deja de ser muy poco, es una mínima corrección a la política neoliberal. Recordemos que en 1944 Franklin D. Roosevelt elevó la tasa básica sobre ingresos a su máximo histórico: un 94%, aplicado a los ingresos por encima de los 200.000 dólares de ese año (2.800.000 dólares de 2018). Harry Truman, demócrata, bajó el índice máximo hasta el 91% y Dwigth Eisenhower, republicano, lo elevó en 1952 hasta el 92% para ingresos superiores a 200.000 dólares de ese año (1.900.000 de 2018).

No es que con esta fiscalidad se pasara a un sistema justo, ni mucho menos, pero sin duda ha sido el periodo dorado de los EE. UU. y sus momentos de menor desigualdad.

Luego Johnson redujo la tasa máxima en 20 puntos y con Donald Reagan y el triunfo de la política neoliberal la bajada fue de más de 40 puntos.

Lo que los demócratas están ahora proponiendo allí, que es muy poco, no se atreve a proponerlo la izquierda aquí. Las propuestas fiscales de Podemos son de una pudibundez incomprensible. Y aún así les cuesta que el PSOE las acepte.

Las peleas de patio de colegio de la izquierda

Presenciando lo que viene ocurriendo en Podemos da la impresión de que a algunos de sus políticos más visibles les motiva la búsqueda del éxito electoral del partido como condición de su éxito personal. No digo que sea así, pero es la impresión que dan y que no se esfuerzan en evitar.

Claro que Errejón pudo haber comunicado a sus compañeros que quería salir de Podemos y crear otro partido, estaba en su derecho. Pero eligió el camino tortuoso de pactar en secreto con Carmena y comunicarlo en su partido un momento antes de que se hiciera público. Errejón es un personaje que pasa por teórico cuando en realidad carece de teoría seria, como prueba que se declare seguidor de Laclau. Buscar el éxito electoral no es algo que la izquierda deba hacer a cualquier precio.

Otra vez sobre populismos

La palabra “populismo” tiene un sentido positivo y otro negativo. Este segundo es el que se emplea en España. Pero es necesario definir esa palabra para que no sea un modo de descalificar sin contenido semántico. La definición que me parece correcta es ésta: uso de la mentira para, engañando a un pueblo desinformado, conseguir sus votos y hacer una política en su perjuicio.

Según esta definición toda la derecha, incluida la socialdemócrata, es populista. Tanto más cuanto más a la derecha se encuentre. Sólo la izquierda anticapitalista puede no serlo si actúa con honestidad.

Las mayorías vienen siendo fabricadas con el necesario nivel de ignorancia para que, sometidas a un alud de propaganda, voten a los representantes de quienes las explotan. En ese alud de propaganda ha sido siempre necesaria la mentira al por mayor. Algunos de los que llevan muchos años practicándola usan la expresión fake news como para insinuar que se refieren a una novedad. Pero las noticias falsas con finalidad política son algo tan antiguo como el sojuzgamiento de las mayorías.

A la extrema derecha se la acusa de populismo precisamente por aquello en que no es populista. Esa derecha quisiera un país a la antigua, con las invocaciones a la patria, a dios, a la familia, a las viejas tradiciones. Se declara enemiga del aborto, del feminismo y de la homosexualidad. Es xenófoba. Tiene una concepción del mundo que reacciona airada ante cualquier progreso racional o moral. Pero sus principales propuestas no engañan, hablan claro. Sólo son populistas, como el resto de la derecha, cuando hablan de economía.

Ahora los partidos más populistas (PP y Ciudadanos) pactan con Vox y al mismo tiempo se declaran enemigos del populismo, tanto del de derechas (Vox) como del de izquierdas (Podemos). Pero no definen qué es el populismo, porque si lo hicieran deberían aplicarse el término a sí mismos. Unidos Podemos sólo puede ser calificado de populista en el sentido positivo, como promotor de políticas que benefician al pueblo. No se puede criticar a Podemos que no lleve esas políticas más lejos, aunque sí que no haga pedagogía con más determinación explicando con detalle por qué esas políticas no pueden ir más lejos.

Si Podemos calla sobre ciertas cuestiones (que es una manera de mentir) no es porque esté obligado, sino por una táctica errónea. Los demás partidos, incluidos los socialdemócratas, están obligados a mentir, puesto que han de presentarse como gestores de los intereses del pueblo al tiempo que defienden el sistema capitalista como el mejor de los posibles.

Las invocaciones al diálogo, al consenso, a los pactos

¡Qué mundo idílico! Que los lobos y las ovejas no se descalifiquen mutuamente, que no se falten al respeto, que traten al otro como un competidor, nunca como un enemigo. Eso es, evidentemente, lo que interesa a los partidos conservadores. Pero de hecho, y sea cual sea la percepción de la gente, hay una profunda división en la sociedad. Las oligarquías económicas cuentan con su muy poderoso ejército de servidores, con sus mesnadas civiles y militares, para imponer su interés como única realidad razonable. Finjamos que todo el pueblo está unido por los mismos intereses básicos y que las divergencias locales son solucionables mediante el diálogo y la transacción. ¡Qué cansado abatimiento produce el discurso único a quien sabe lo suficiente y tiene buen corazón! Dialoguemos con los ricos, que ya verán cuanto dinero conseguimos de ellos para políticas sociales. La sinrazón ocupando casi todos los espacios. ¿Dónde respirar?

La única manera de cambiar esta situación es fortaleciendo los movimientos populares y ello requiere una permanente pedagogía unida al buen ejemplo. Bernie Sanders percibe movimientos que no se han visto jamás en la historia de Estados Unidos. Hombres, mujeres, negros, blancos, latinos, indios americanos y asiático-americanos, gays y heterosexuales, jóvenes y mayores, nativos y migrantes. Es posible que las oligarquías hayan llegado tan lejos en su codicia que empiece a fraguarse una resistencia. Y esa resistencia, no lo olvidemos, ha de ser mundial para que tenga eficacia.

jmchamorro@jmchamorro.info

LAS COSAS QUE OCURREN

1. Oigo un anuncio pidiendo ayuda para evitar que mueran en África cada día 7.000 niños, sea en el parto o en seguida, de hambre y enfermedades. Según UNICEF evitar esas muertes cuesta muy poco y por ello nos pide un donativo. Pero si cuesta muy poco ¿cómo es que la ONU no ha evitado esas muertes desde hace muchos años? ¿Hay que dejar tal asunto a la buena voluntad de donantes en lugar de resolverlo con un presupuesto mundial público? ¿Dónde están los derechos humanos que los Estados presumen cumplir? Parece que toda la reacción que se percibe respecto a esas muertes tiene que ver con enviar o no enviar un donativo. 

2. Se nos confirma por el Banco de España que de los 77.000 millones que el Estado empleó en el rescate bancario no se recuperarán 66.600 millones ni siquiera aunque la banca tenga grandes beneficios. Al importe entregado por el Estado como rescate hay que añadir los altos intereses pagados como consecuencia de una decisión tomada por el Banco Central Europeo (BCE). Recuerden que, mediante los dos programas LTRO de 2011 y 2012, el BCE prestaba dinero a los bancos (inyecciones de liquidez lo llamaban) a unos tipos de interés muy favorables, dinero que luego los bancos utilizaban para comprar deuda pública a un tipo de interés alto, el que fijaban como prima de riesgo agencias privadas de rating. La decisión de que el BCE no prestara a los Estados en apuros a interés bajo y obligara a esos Estados a endeudarse a altos intereses precisamente con los bancos a los que el BCE había favorecido, no fue una decisión democrática, porque el BCE no es una institución democrática. ¿En qué cuevas secretas se toman esas decisiones indefendibles? ¿Y por qué los medios y los partidos políticos se someten a ellas sin apenas resistencia? La respuesta sobra. Pero volviendo al comienzo: ¿Por qué el Estado no puede recuperar esos 66.600 millones de euros ni siquiera si la banca obtiene grandes beneficios? ¿Quién es el culpable de esto, por qué no quedó claro que la banca tendría que devolver ese dinero cuando tuviera beneficios? Silencio, espeso silencio.

3. Es también incomprensible el silencio que acompaña a las noticias sobre las grandes fortunas, como si nadie percibiera que el hecho de que no haya límite legal a la riqueza privada, junto con la peculiaridad de que el mercado da más a quienes más tienen, no sólo es irracional e injusto, sino que hace imposible la democracia que tanto se invoca, estableciendo de hecho un poder secreto que, por debajo de la estructura formal institucional, gobierna el mundo utilizando a teóricos, políticos, partidos, comunicadores, medios de comunicación y jueces como muñecos de guiñol bien pagados.

Durante la crisis que tanto daño ha hecho a millones de ciudadanos, el número de milmillonarios ha ido aumentando de año en año. Si en 2007 había según la revista Forbes 946, este año hay 2.208, habiendo subido el valor neto acumulado por el grupo de 3,1 a 9,1 billones de dólares, y teniendo los diez primeros de la lista más de 50.000 millones cada uno. El más rico, Jeff Bezos, sobrepasa los ciento cincuenta mil millones de dólares.

¿Cuándo surgirá un clamor contra las escandalosas cifras de esas fortunas, que justamente se incrementan cuando peor le va a la mayoría de la población?

Se nos dice que los milmillonarios tienen esas fortunas porque el mercado se las ha dado. Pero el hecho de que el mercado se comporte con resultados tan injustos e insoportables debería ser motivo suficiente para idear otros mecanismos de distribución de la riqueza social. O para, en último caso, sin abandonar la economía de mercado, poner un límite sensato a la riqueza privada (de 5 a 10 millones de euros, por ejemplo), de forma que todo lo que exceda a ese límite pase a los Estados vía impuestos para políticas públicas beneficiosas a la mayoría social, tanto en el ámbito nacional como internacional. ¿Se imaginan lo que se podría hacer con el importe de esas fortunas en manos públicas para mejorar la educación, la sanidad, la investigación, para asegurar a todo ciudadano una vida digna? Ya sé que esa decisión no se puede tomar en un país como España, pero se puede proponer, se puede argumentar y se puede incitar a otros a que hagan lo mismo. Dejar pasar un día sin condenar el sistema económico que hoy impera en el mundo es contribuir a la gran mentira oficial. El mercado no tiene una naturaleza sagrada que nos obligue a tolerar sus incontables desafueros.

4. Propone el gobierno de España la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros y vemos la coincidencia con que el gobernador del Banco de España, la directora gerente del FMI y la patronal han advertido de los riesgos, como si incluso esos 900 euros no fueran insuficientes,  pues no permiten una vida digna. En todo caso quienes consideran excesiva esa subida serían más creíbles si ellos dieran ejemplo de austeridad y aceptaran salarios inferiores. Pero todos ellos tienen sueldos altísimos sin que por ello la economía sufra. Y además anuncian riesgos falsos, interesadamente imaginarios, como tendremos ocasión de comprobar si finalmente se sube el salario mínimo en esa cuantía. No habrá catástrofe económica alguna.

Siguiendo el dictamen de economistas amaestrados, los organismos con mayor poder delegado del mundo dan por cierto que la buena marcha de la economía se ve entorpecida si se sube el salario mínimo o las pensiones, o si aumenta la deuda por encima de una cifra que ellos han decidido arbitrariamente. Dan por cierto que sería nefasto subir los impuestos a los ricos o a las grandes empresas. En consecuencia, dictaminan que hay que recortar el gasto público. Entretanto, aunque inútilmente, otros economistas, como el premio Nobel Paul Krugman, demuestran, con argumentos racionales y ejemplos históricos, que esas ideas carecen de fundamento y que, principios morales aparte, la economía funcionaba mejor cuando los ricos pagaban más impuestos que ahora.

5. Las sentencias incomprensibles se suceden, poniendo de manifiesto que nuestra judicatura proviene de la judicatura franquista sin ruptura en la “modélica” transición. Vergonzosa la vuelta atrás en la decisión del Supremo sobre el pago del impuesto de actos jurídicos documentados en las hipotecas, y muy significativa la imprudente euforia del portavoz del PP en el Senado alardeando en wasap de tener controlada la Sala del Supremo que tiene que juzgar a miembros del PP. Vergonzosa también la sentencia contra La manada, con evidente desajuste entre los hechos probados y la calificación jurídica del delito. Y otras muchas sentencias sobre violencia machista, en las que parece que es la mujer la que está siendo juzgada.

6. Y en estas llega Pablo Iglesias y dice en el Senado que se arrepiente de sus opiniones pasadas sobre Venezuela, y que la situación política y económica en ese país es nefasta. Y nada más. Y uno se queda pensando: ¿de qué va este hombre? Porque es cierto que la situación política y económica de Venezuela es nefasta, pero al decir que se arrepiente de sus opiniones pasadas, Iglesias está dando a entender que la culpa de la situacion actual es del Gobierno venezolano.

Acerca de la actividad desestabilizadora de EE UU en la Venezuela de Maduro hay información en el libro editado por el teólogo Benjamín Forcano El imperio USA contra la revolución Bolivariana. La verdad silenciada o prohibida, Editorial Nueva Utopía. Más recientemente, el pasado mes de septiembre, se ha presentado el informe encargado por la ONU al experto en derechos humanos estadounidense Alfred de Zayas, quien pudo constatar el impacto negativo en la economía venezolana del “pernicioso tipo de cambio publicado en un sitio web (Dólar Today) que no se basa en transacciones reales y evidentes de compraventa”. Comprobó también que “calificadoras de riesgo, principalmente Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, han emitido permanentemente una calificación negativa sobre la capacidad de la República para realizar pagos externos, lo cual esencialmente ha cerrado sus posibilidades de acceso al mercado financiero”. Pudo además conocer los fenómenos de acaparamiento de medicinas y alimentos, y “el papel de grupos delictivos internaciones en el robo de recursos públicos, alimentos y medicinas que llegan hasta países vecinos”. Su conclusión fue que se trata “de una guerra económica que no dista mucho de las guerras no convencionales contra Cuba, Chile (de Salvador Allende) y Nicaragua”.

En este sentido enumeró las diversas condenas de los órganos de las Naciones Unidas contra medidas coercitivas como las aplicadas contra Venezuela, entre las que destacó la renuncia de dos subsecretarios generales de la ONU durante la década del 90 en protesta por las sanciones contra Irak que causaron la muerte de un millón de personas, lo que calificaron como una “forma de genocidio”. Según de Zayas, en el caso venezolano los “efectos de las sanciones de Obama, el embargo financiero de Trump y las medidas unilaterales por parte de Canadá y la Unión Europea, impiden acceder a préstamos y a reestructurar la deuda y todo ello contribuye al colapso de la producción petrolera y a la escasez de alimentos y de medicamentos como la insulina y los antirretrovirales, lo que ha ocasionado demoras en su distribución y ocasionado agravantes en numerosos casos de muerte”. En la misma línea ha ido la negativa de Colombia de entregar medicamentos contra la malaria para combatir un brote de la enfermedad en Venezuela en noviembre de 2017.

En consecuencia de Zayas ha recomendado que la Asamblea General de la ONU analice si las sanciones ordenadas por EE UU, Canadá y la UE contra Venezuela equivalen a crímenes de lesa humanidad cuando “un gran número de personas mueren debido a la escasez de alimentos y medicinas”. A su juicio esas sanciones “contravienen el espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas” porque “afectan a poblaciones inocentes” y equivalen a crímenes de lesa humanidad en virtud del artículo 7 del Estatuto de Roma. Van además “acompañadas de la manipulación de la opinión pública a través de noticias falsas, relaciones públicas agresivas y una pseudo-retórica de derechos humanos para dar la impresión de que los fines de derechos humanos justifican los medios criminales”.

Algunos creen que ciertos países no quieren ver una solución pacífica del conflicto venezolano y prefieren prolongar el sufrimiento del pueblo venezolano, esperando que la situación alcance el umbral de la “crisis humanitaria” y desencadene una intervención militar”, indica. Y en efecto, ahí están las declaraciones públicas del presidente Trump sobre las potenciales acciones militares de EE UU en Venezuela, y las declaraciones de otros oficiales que apoyan un golpe militar en el país.

Sin duda Iglesias conoce estos datos. Y también la forma en que EE UU ha ido removiendo a los presidentes de izquierdas elegidos durante la “marea rosa” de la primera década de 2000 en Honduras, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Chile y El Salvador, y ello a pesar de que no proponían programas políticos radicales, sino meramente socialdemócratas moderados. Y pese a la evidencia de que habían conseguido que la pobreza en la región cayera de un 44 a un 28% desde 2002 hasta 2013, tras una tendencia ascendente en los 20 años anteriores de gobiernos de derechas.

Pero si Iglesias conoce estos datos, y los calla, no hay más remedio que interpretar sus palabras como una forma cobarde de oportunismo. No debe ser ese el camino de la izquierda. Las palabras de Iglesias, precisamente porque soy votante de Podemos, me han hecho sentir vergüenza.

6. Llegan las elecciones andaluzas con su gran sorpresa. Vox, partido al que las encuentas daban como mucho un escaño en Almería, saca 12 y suenan todas las alarmas. En los medios de comunicación politólogos y catedráticos varios, incluidos filósofos, tratan de encontrar causas o culpables al ascenso inesperado de Vox, pero sin mencionar la palabra “capitalismo”. ¡Qué notables ejercicios de equilibrismo! Da la impresión de que los votantes son sujetos sobre cuyo veredicto sólo caben análisis superficiales, y que lo grave es que Vox haya sacado esos escaños, y no que haya en España millones de ciudadanos que pueden buscar en Vox la solución a sus problemas. No es tan importante a quien votan esos ciudadanos, sino que hayan sido fabricados por esta sociedad como lo han sido (con las suficientes dosis de egoísmo, miedo, resentimiento e ignorancia). Luego, una vez así fabricados, es secundario si votan a este o a aquel partido. Si hasta ahora venían votando al PP, ¿quería ello decir que la extrema derecha era menor que hoy? Sencillamente, tenía otra envoltura (y tampoco grata). Que esta sociedad sea una fábrica de fascismo psicológico, eso es lo que debería preocuparnos, no que surja un partido de extrema derecha que canalice ese fascismo. Me remito a la entrada de este blog “Fascismos, machismos y feminismos”.

7. Del fracaso de la izquierda hay poco que decir. Su electoralismo la pierde. La izquierda anticapitalista debería tomar las elecciones como algo secundario, y siempre para romper “su mentira” a la vista de todos. Para denunciar la impostura. Porque las elecciones son una mentira legitimatoria de una democracia que es, realmente, una plutocracia. No hay que tomarlas en serio, y no sólo por eso, sino porque, si se consigue algún poder, no es posible realizar nada de lo que valdría la pena. Con el peligro de aficionarse al poder y a sus apaños, ocultándolos por pragmatismo. Hay otros muchos espacios en los que trabajar, porque la verdadera batalla, como la derecha sabe muy bien, no es electoral, sino ideológica. Y esa batalla la gana la derecha (incluyo al PSOE) con la mentira sistemática.

Forma parte de ella casi todo lo que en el lenguaje oficial se presenta como noble, serio, obligatorio. Por ejemplo, el europeismo, la globalización, la Constitucion, la Declaración de Derechos Humanos, el Informe PISA, la democracia, la justicia, la independencia del poder judicial, la igualdad de oportunidades, los valores de la cultura occidental, etc., etc. Palabras, palabras nobles para disfrazar realidades innobles, muchas veces ruines. Lean el discurso del rey para conmemorar el 40 aniversario de la constitución vigente. Mentira tras mentira y casi todos rompiéndose las manos a aplaudir.

En los medios de comunicación prosistema (que lo son casi todos) peroran editorialistas, profesores, comunicadores, expertos, con voces y plumas hábiles. Con frecuencia se lamentan por el daño que se está haciendo a la democracia, dando así por supuesto que vivimos en democracia y que hay cosas que la atacan o la debilitan, como si se pudiera atacar o debilitar a una cosa inexistente. O ponderan el europeísmo como si Europa fuera una entidad ideal y no el conglomerado de intereses gobernado por fuerzas reaccionarias y brutales (que eso son las fuerzas neoliberales que nos imponen su voluntad “europea”), o como si no formaran parte de Europa los millones de europeos maltratados por minorías que se arrogan la representatividad del ente platónico Europa. O hablan de la globalización como si la que estamos sufriendo fuera ineludible y el que se quede fuera de ella perdiera el tren de la historia. O ponderan el necesario respeto a la legalidad y a las reglas pactadas como si la legalidad y las reglas pactadas no se incumplieran cada vez que interesa a los de siempre.

O dan por indiscutible que la Declaración de Derechos Humanos es un ideal digno de la adhesión de todo ciudadano honorable. O se refieren a los informes PISA como si fueran definitorios de la buena o mala educación, es decir, como si la buena educación fuera posible en nuestras sociedades. O hablan de la división de poderes, como si no fuera cierto que los tres poderes de Estado están sometidos al único y verdadero poder oculto. O dicen escandalizados que algo atenta a la igualdad de oportunidades, como si esa igualdad existiera y pudiera sufrir atentados.

O hablan de los valores de la cultura occidental, o de los valores que comparten los Estados occidentales, como si en cada uno de ellos no hubiera subculturas con sistemas de valores bien distintos y en muchos casos contrarios. O nos dicen imperturbables que los medios de comunicación privados son un pilar de la democracia. O hablan de que ciertas medidas económicas son imprescindibles, como si obedecieran a leyes científicas y no fueran torpes recetas que sólo obedecen a la codicia de los poderosos. O se refieren a los “verdaderos intereses” de los españoles, como si esos intereses no pasaran de que disminuya el paro, se recupere lo que se pueda del Estado de Bienestar y la mayoría sea explotada con mejores modales que los ahora imperantes.

Semejante empedrado de mentiras compone la Gran Mentira necesaria para la legitimación del Sistema. Los medios, los tertulianos y los teóricos prosistema siguen haciendo su papel remunerado en proporción a la credibilidad que consiguen (que equivale a decir: a la cantidad de gente a la que engañan).

Juan Luis Cebrián, en El País de 19 de noviembre, nos dice que “La respuesta a la crisis de representación que padecemos es regresar a los orígenes. Se necesita una opinión pública informada, hoy manipulada por las redes sociales, y garantizar el ejercicio de la libertad individual.”

Da por supuesto Cebrián que, mientras las redes sociales manipulan, los medios privados no manipulan, informan. Y ¿qué entiende Cebrián por ejercicio de la libertad individual? ¿En qué consiste la libertad de los millones de conciudadanos que no tienen trabajo, o que trabajan por un salario de miseria y sin seguridad alguna en el futuro?

Cada día nuevos hechos vienen a poner en evidencia la radical falsedad del pensamiento políticamente correcto, es decir vienen a acreditar la envergadura de la Gran Mentira.

8. Por eso al llegar aquí es necesario preguntarse dónde está la izquierda y qué hace ante este panorama. Da la impresión de que hace lo posible para no ser tachada de antisistema. Así que para eludir la descalificación del imponente aparato mediático conservador, colabora a una ficción, a esa Gran Mentira, en la que, por cierto, ya no cree la mayoría de la población. Cada día que pasa más gente tiene claro que en la sociedad capitalista no hay democracia ni puede haberla, que la justicia está vendida al poder económico, que la política es un paripé.

La consecuencia de la pasividad temerosa de la izquierda es que el campo de la rebelión ha quedado libre y ha sido ocupado por la extrema derecha. Puesto que de la izquierda no han salido las verdades revolucionarias que hubieran sacado a mucha gente de su ignorancia, es natural que esa gente, desconcertada y dañada al mismo tiempo por la crisis económica, se deje seducir por los cantos de sirena populistas de la extrema derecha. La izquierda no ha sabido liderar los procesos desatados por la Gran Recesión y en el espacio abandonado ha prosperado el populismo fachoso. ¿En qué hubiera consistido liderar esos procesos? En hacer uso de la facultad que sólo una izquierda libre del poder económico se puede permitir: la verdad. Esa verdad que Iglesias desdeñó cuando habló de Venezuela sin citar a EE UU.

jmchamorro@jmchamorro.info