EL IVA, EL PARO, LA OTAN, JOE BIDEN… ¡UF!

Los medios amaestrados que conservan algún prestigio son más útiles al poder por lo que callan que por lo que dicen. Y ni les avergüenzan sus silencios ni sus insistencias. Leer El País y oír las tertulias de la SER puede ser necesario para saber cómo informa y fabrica opinión la derecha elegante, pero es un esfuerzo muy duro. De vez en cuando aparece alguien en esos medios que no ofende con sus razonamientos, pero la selección de colaboradores hace que esto sea la excepción.

Últimamente se ha hablado y escrito sobre el paro inevitable, sobre el repentino progresismo de Biden, sobre la maldad de Rusia y China y la necesidad de que la OTAN nos defienda. También sobre la reducción temporal del IVA en la factura de la electricidad. No, en cambio, sobre el carácter criminal de ese IVA reducido, ni tampoco sobre la posibilidad de que el gobierno de EE UU sea nuestro verdadero enemigo. Mentiras y silencio impuestos en el espacio de la comunicación.

¿Es el paro una maldición divina o humana?

Es un problema grave tener un 16% de parados, caso de España, pero hay “expertos” que dicen que tenemos que irnos acostumbrando a un porcentaje cada vez mayor, porque el progreso lleva de manera inevitable a la sustitución de fuerza de trabajo humana por la tecnología informática y robótica. Otros dicen que no es para tanto, porque aparecerán nuevas profesiones. ¿Cuáles? No se sabe, porque muchas de ellas son por ahora inimaginables, como siempre ha ocurrido, seguramente relacionadas con la intuición humana, la creatividad o eso a lo que llaman “inteligencia emocional”.

Estos análisis no salen del marco de la economía de mercado, olvidando que es precisamente esa economía la que crea el paro que hay y la que amenaza con aumentarlo. La causa es que el mercado deriva la mayor parte de la riqueza social a manos privadas, que la emplean para aumentar sus beneficios. Si sustituyéramos el imperio del mercado por el imperio de la racionalidad, y la riqueza social no estuviera en manos privadas para su beneficio, sino en manos públicas para beneficio colectivo, el panorama cambiaría. Por una parte se crearían innumerables puestos de trabajo y no precisamente por ahora inimaginables, sino muy conocidos, en los espacios de la educación, la medicina, la enfermería y los cuidados (de las personas y de las cosas). Y por otra parte la informática y la robótica no generarían parados, se limitarían a ahorrarnos horas de trabajo: habría menos horas de trabajo a repartir entre los trabajadores disponibles, lo cual sería una bendición.
¿Por qué no se dice esto? ¿Acaso porque una economía socialista es inviable? ¿Acaso porque el fracaso de la URSS ha dejado demostrado que el capitalismo no tiene alternativa? Son preguntas retóricas. Los medios están ahí, financiados por el capital para la legitimación del capitalismo, no para otra cosa.

Aun aceptando que por ahora no podemos salir del capitalismo, ¿no sería bueno que al menos la izquierda diera una información veraz sobre alternativas posibles e indicara por qué, si son posibles, son al mismo tiempo irrealizables? Pero la izquierda calla.

Así que ahí seguimos con análisis económicos que parten de la idea de que el capitalismo no tiene otra alternativa que el autoritarismo, y que, por tanto, hablar de la economía capitalista es hablar de la única economía posible en el espacio de la libertad. Y esa economía tiene sus leyes, y esas leyes tienen sus efectos inevitables. Sólo cabe que nos acomodemos a ellos.
Ocurre que esta mentira queda al descubierto cuando las leyes económicas de hoy dejan de serlo mañana si así conviene a los de siempre, como a continuación veremos.

¿Merece J. Biden los elogios que le prodigan?

Ahora resulta que el viejo conservador de lamentable historial se ha convertido al progresismo y ha decidido cambiar la política estadounidense y, en consecuencia, cambiar el mundo para bien. ¡Albricias! Esa es la bobada que intentan vender nuestros medios sin rubor. Como si no supieran que el presidente de Estados Unidos no puede realizar política de envergadura que no haya sido decidida previamente por quienes ostentan el verdadero poder.

La nueva política económica de Biden

Era esperable que la facción más racional del poder económico estadounidense acabara exigiendo a Biden medidas que enmiendan la política neoliberal hasta ahora imperante como inevitable. Y es que se trata de no perder terreno respecto a China, se trata de evitar que el mundo se divida en dos imperios, uno ascendente, el chino, y otro descendente, el americano. Se trata en suma de una maniobra desesperada para evitar lo que parece inevitable.

Las causas que obligan a Biden al fortalecimiento económico del Estado, en todas las cuales está China involucrada directa o indirectamente, son entre otras las siguientes:

1. La pandemia ha evidenciado que la respuesta de China ha sido más efectiva que la occidental, en gran parte porque el Estado Chino dispone de más recursos económicos y de más poder de control. Una consecuencia es que la economía china ha sufrido menos que la estadounidense y se ha recuperado mucho antes. EE UU necesita recursos cuantiosos para paliar en alguna medida los efectos económicos de la pandemia e impulsar una economía malparada.

2. En EE UU saben, al menos los bien informados, que el país peligra más que China si no se erradica la pandemia en el mundo entero, pues en cualquier parte pueden surgir mutaciones para las que no sirvan las actuales vacunas. De ahí la magnanimidad con que, tras el inicial acaparamiento, se propone Biden entregar vacunas a países pobres e incluso suspender temporalmente las patentes para que las vacunas se puedan producir en el mundo entero. Son medidas que no obedecen al altruismo sino a la supervivencia. Al mismo tiempo se pretende mejorar la imagen que los Estados Unidos han ido proyectando como depredadores poco compasivos.

3. Puesto que EE UU no puede competir con China en el terreno educativo nacional, y por tanto en la creación de científicos, ha de importar a muchos de los que necesita, y para atraerlos se requieren grandes recursos (los que se han escatimado en el sistema educativo). Competir con China por el control de las tecnologías del futuro es asunto en el que el Estado americano tiene que involucrarse sin vacilaciones.

4. Las políticas neoliberales, de las que Biden fue partidario, han tenido efectos sociales catastróficos, con un insoportable aumento de las desigualdades y la pobreza. Ello ha creado el caldo de cultivo del trumpismo que no beneficia al partido demócrata y divide peligrosamente a la sociedad. Sólo mediante políticas redistributivas se puede salir de esta situación, y esas políticas requieren recursos públicos.

Las ingentes sumas de dinero que necesita el Estado americano no se pueden conseguir mediante el crecimiento de una deuda ya en cifras astronómicas. Hay por tanto que abandonar los dogmas neoliberales y prescindir de teóricos que, como hizo de manera paradigmática el ético R. Nozick, defendieron de una u otra forma que cobrar impuestos (a los ricos) es un robo. Resulta ya inevitable subir los impuestos a los ricos y luchar contra sus evasiones fiscales.

Puede sin embargo ocurrir que, aunque Biden actúe respaldado por la parte más racional del poder económico americano, sus propuestas no tengan recorrido, porque la oligarquía económica estadounidense, aunque toda ella caracterizable por la codicia, no es monolítica. Hay una parte que atempera la codicia por sensibilidad a los argumentos racionales, y otra tan obcecada que sólo responde a argumentos pasionales y que puede desde el Senado poner trabas a cualquier medida sensata.

Apoyándose en los economistas más conservadores vinculados al Partido Republicano (e incluso en otros como Larry Summers y Olivier Blanchard que parecían ir en otra dirección cuando publicaron hace dos años Evolution or revolution? Rethinking macroeconomic policy after the Great Recession) ya se está alegando que los programas de gasto excesivo de la administración Biden producen un sobrecalentamiento de la economía que inevitablemente va a desencadenar una fuerte inflación. Lo de siempre.

La vieja política exterior de Biden

1. Si pasamos a la política exterior en poco se diferencia la de Biden de la de Trump o de cualquiera de los presidentes que han sido desde la segunda guerra mundial.

Durante la guerra fría la estrategia de comunicación se montó para convencer a la población occidental de que la URSS era el enemigo. Fue luego el terrorismo islamista, que se tomó como justificación para las guerras en Afganistan e Irak. Y ahora el Mal es China.

Los medios amaestrados repiten que China y Rusia, por su política crecientemente expansionista y autoritaria, por sus declaradas ambiciones y asertivo comportamiento, suponen una amenaza para el orden liberal. Dicho de otro modo: son un peligro para el mundo que basa su orden en los valores y principios occidentales.

Pero ¿expansionismo? Ni Rusia ni China están llenando de bases militares el mundo, como ha hecho EE UU. La expansión de Rusia en Ucrania fue una respuesta al torpe expansionismo de la OTAN, que pretendió la integración de Ucrania. A lo que hay que añadir que, si no se ha podido evitar que Crimea sea rusa es porque su población quería serlo y lo decidió en un referendum con resultado abrumador, de la misma manera que quieren serlo las dos provincias orientales Donetsk y Lugansk. Lo que se puede decir es que Rusia está frenando el apoyo que le exigen los separatistas ucranianos de esas provincias por temor a las represalias occidentales.

China por su parte sólo quiere controlar su mar del sur, librarlo de la influencia agresiva estadounidense en Hong Kong y Taiwan, de la misma manera que, en su momento, EE UU no permitió que la URSS instalara misiles en Cuba.

Como no se puede acusar a China de comportamientos militarmente agresivos se nos dice que usa armas peores que las militares: ciberataques, prácticas comerciales desleales, espionaje y pirateo de la propiedad intelectual. Incluso se la acusa de que presta ayuda económica a los países pobres y les vende vacunas a precio de coste para embaucarlos y controlarlos. Vender vacunas a países pobres a precio de coste es algo condenable. Por eso EE UU no lo hace.

Si de lo que se trata es de defender los valores y principios occidentales amenazados, hemos de preguntarnos cuáles son. ¿Los que inspiran a EE UU cuando presta su decisivo apoyo al apartheid en Israel o cuando financia y ampara golpes militares sangrientos allí donde se intenta una política progresista? ¿Los que aconsejan el bloqueo y las sanciones criminales e ilegales contra Cuba? ¿Los que vetan vacunas rusas o chinas no importa la gente que muera por ello?¿Los que dan auge al racismo e impulsan el odio a feministas, inmigrantes y homosexuales? ¿Los que conceden a la riqueza obscena el puesto más alto de la escala? ¿Es un valor defendible dar un disfraz de democracia a la plutocracia que soportamos o es, por el contrario, una mentira?

Va a resultar que sacar de la pobreza a 800 millones de personas, como ha hecho China, va contra los valores y principios occidentales, puesto que entre nosotros la pobreza y la extrema pobreza aumentan (hemos de suponer que como consecuencia de esos valores y principios).

Los medios amaestrados nos dicen que Biden le ha leído la cartilla a Putin, o a Xi Jinping, por infringir los derechos humanos. No nos dicen en cambio cuál ha sido la respuesta que ha recibido, pero es imaginable. ¡Que vaya un presidente americano a predicar derechos humanos! A la luz de los hechos, y de documentos secretos que se han acabado desclasificando, queda clara la manera contumaz y aterradora con que EE UU ha transgredido derechos humanos para imponer sus intereses, y no hay por qué rememorar el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas. Es muy ilustrativa la denuncia de Noam Chomsky (ver aquí) referida a sucesos actuales.

Pero la tarea publicitaria queda hecha: nuestras poblaciones quedan enteradas de que los valores y principios occidentales son inmejorables y que sus enemigos son enemigos de los derechos humanos y reciben las necesarias reprimendas y castigos.

2. La verdadera razón de la actitud agresiva contra China (y contra Rusia por aliarse con China) es que EE UU se ha acostumbrado tras la debacle de la URSS a una absoluta supremacía militar, política y económica en el mundo, y perderla es muy duro. Se ha acostumbrado a imponer sus intereses y a castigar a los países que no obedecen, siguiendo la estrategia (sádica la llama Chomsky) de hacer un tremendo daño a las poblaciones para que sean estas las que obliguen a sus gobiernos a hacer la política que se les exige.

China se ha convertido en un peligro, efectivamente, pero para la hegemonía mundial del poder económico estadounidense, ese poder implacable que es responsable de que cientos de millones de personas lleven en este mundo la mala vida a que han sido condenadas por las políticas del capitalismo neoliberal.

Resulta entonces que en la medida en que China amenaza a la supremacía mundial de la oligarquía que nos controla debería ser bien vista por las poblaciones que en el mundo son víctimas de esa supremacía, incluidas las de EE UU y Europa. Debemos agradecer a China que sea un contrapoder real, ya que hay muchas razones para pensar que las amenazantes políticas de Estados Unidos serían inapelables e inalterables si no hubiera emergido ese contrapoder. No nos amenaza China, nos alivia de la amenaza imperial que venimos soportando.

El papel de la OTAN al que España se adhiere

La misión del impresionante ejército americano es salvaguardar en el mundo los intereses de la élite económica estadounidense. Pero puesto que de ello se benefician indirectamente las oligarquías europeas, es natural que EE UU exija a éstas que colaboren cediendo bases militares y aportando fuerzas armadas y financiación. La OTAN no es otra cosa que un apéndice del ejército americano.
Para la economía y la geoestrategia de EE UU es naturalmente preferible que Europa soporte una parte del gasto militar que requiere la política de supremacía mundial estadounidense.

¿Beneficia a España estar en la OTAN? Sánchez finge creer que la OTAN es algo benéfico y alardea de que su próxima reunión será en España. ¡Oh, qué inigualable honor para España! ¿Tiene o no tiene España relevancia internacional?

Si salimos del discurso oficial, ni las bases americanas en España ni los 12.000 millones de euros que nos cuesta cada año la OTAN nos dan a los españoles protección alguna, puesto que España no tiene que temer a otro enemigo que a Marruecos por Ceuta y Melilla, ciudades que precisamente quedan fuera del paraguas de la OTAN. Las bases y los 12.000 millones sirven para que el orden capitalista siga siendo agresivo e invulnerable. Y ese orden perjudica a la mayoría de los españoles.

La vergüenza de ser europeo y español

¿Cómo no sentirse avengonzado de ser europeo cuando, por decir algo, la UE nos ha impuesto a los del Sur políticas neoliberales que nos impiden levantar cabeza, hizo lo que hizo con Grecia, se resiste más que nadie a la liberalización temporal de las patentes de las vacunas anti-Cobid, su política migratoria está determinada por la extrema derecha y sus oligarquías mantienen sus privilegios a base de someterse de buen grado a las decisiones basadas en el “America first”.

¿Y cómo no sentirse avergonzado de ser español cuando los testaferros políticos de la oligarquía que nos gobierna se pelean por si es cierto o no que el jefe del gobierno español ha conseguido la limosna de un brevísimo encuentro con el amo? Es posible que Pedro Sánchez se sienta en ridículo en su fuero interno (otra cosa sería aún peor), pero se atreve a afirmar que pudo tratar muchos temas en ese desdeñoso minuto que Biden le concedió por un pasillo.

Naturalmente, nadie espera que Sánchez tenga ante Biden otra actitud que la del criado sumiso que espera presumir ante otros criados por haber mantenido una conversación con el amo. Nadie espera que Sánchez diga a Biden que vaya cerrando sus bases militares en España. O que no hay razón para que los españoles necesitemos a la OTAN. Tampoco espera nadie que Sánchez defienda esto en las instituciones europeas. ¿No es para que sintamos vergüenza?

Los términos “Europa”, y también “España” o “Cataluña” han sido patrimonializados por las oligarquías europea, española y catalana a fin de hacer a toda la población solidaria de aventuras suyas que perjudican al resto. Los europeos (y entre ellos los españoles) somos habitantes de un espacio geográfico, pero no ciudadanos en ese espacio. Una persona que además de ilustrada sea sensible al sufrimiento ajeno sólo puede sentirse ciudadana allí donde haya una democracia regida por un principio de solidaridad. Y la UE y España son plutocracias cuyas políticas no se rigen por ese principio.

Un impuesto criminal: el IVA

Por insistir en otro motivo de vergüenza. Es escandaloso saber que la factura eléctrica de las familias pobres sube y sube no sólo por prácticas oligopólicas consentidas por los sucesivos gobiernos, sino además por el incremento de un 27,18 % merced al IVA y a otros impuestos indirectos. Han venido pagando ese 27,18 incluso los pobres exentos de pagar impuestos directos. Un crimen de guante blanco, esa es la realidad. Y ahora se presenta como una política progresista bajar temporalmente el IVA a un 10%, e incluso dejarlo así definitivamente para las personas de extrema vulnerabilidad. ¡Cobrar a las personas de extrema vulnerabilidad un 10% sobre la descontrolada factura que se inventan las eléctricas! ¡Qué suerte tener un gobierno progresista!

El PSOE hace lo esperable. Pero ¿qué hace UP?

Pedro Sánchez preside un gobierno en el que también está UP. Y UP queda obligada a callar. Callar a cambio de algo, sí, pero de casi nada. De un ingreso mínimo vital que sólo llega a un tercio de los hogares previstos. De una subida del salario mínimo que lo deja por debajo de la media europea. De casi nada en los temas de la vivienda, de la legislación laboral, de la legislación fiscal o del consumo. Puede presumir UP, eso sí, de haber introducido la teoría posmoderna en la legislación española sobre “autodeterminación de género”.

El silencio de UP sobre el IVA da por bueno el discurso oficial que nos dice (recuerden aquella campaña publicitaria) que si eludes el IVA perjudicas a la educación y la sanidad públicas. Y es verdad que una buena parte del gasto público depende del IVA, pero sólo porque este impuesto se ideó para que la gente pague al Estado sin saber que paga (impuesto indoloro lo llaman) y conseguir de esta forma recursos públicos sin necesidad de cobrar impuestos directos a los ricos.

Nunca he oído a UP decir que el IVA sólo podría tener justificación si se aplicara para desincentivar consumos socialmente indeseables o de lujo, nunca aplicado a productos que todo el mundo tiene que consumir. Tampoco le he oído decir que el IVA no sería necesario si los ricos pagaran lo que deben, que pasado un límite de riqueza (pongamos, como concesión generosísima, 50 millones de euros) debería ser del 100%.

En el discurso de UP no son temas destacados los que deberían integrar el discurso de una izquierda anticapitalista, es decir, decente. Y debemos preguntarnos si acaso hablar claro sobre estas cuestiones no forma parte de las acciones imprescindibles en beneficio colectivo.

Es como si se aceptara que librar a la gente de la mentira y la sumisión intelectual no es trabajar por los intereses de la gente y resolver sus problemas. Dar 15 euros mensuales a quien vive en pobreza extrema sí. Y para dar esos 15 euros es preciso estar en el gobierno y callar, haciéndose corresponsable de políticas conservadoras dictadas por el capital desde sus salas oscuras.

Creo en cambio que si se luchara a diario y denodadamente contra la mentira oficial (y para ello hay que estar fuera del gobierno) se podría conseguir mayor influencia en la política social aparte de otros beneficios.

Entretanto ahí sigue la oculta dictadura del capital, infiltrándose en todos los resquicios de la vida colectiva a través de una publicidad cada día más bochornosa y atosigante, de unos medios al descarado servicio de sus dueños, de tertulias insidiosamente adoctrinadoras, de decisiones políticas que intentan que nada básico cambie, de programas del corazón y cotilleos que alimentan a medio país, del premio a la mediocridad en el arte, de los discursos parlamentarios, las leyes y las sentencias judiciales que mantienen la cárcel ideológica en que el país está encerrado.
Y no hay sitio al que escapar. Así que, en beneficio de nuestra salud, soportemos tamaña situación con buen humor, pero, ya que no buscamos votos, sin dejar de denunciarla.