Archivo de la categoría: General

HARTAZGO, AGOBIO, FATIGA… Y DESESPERANZA

Los politólogos, políticos y tertulianos conservadores que monopolizan el adoctrinamiento diario de la población desde sus numerosos púlpitos razonan a partir de las apariencias, porque no utilizan la única teoría que permite captar lo que hay más abajo, en el nivel de las verdaderas causas. Dan así por hecho que EE. UU., o la UE, o sus distintos países, o la OTAN, son sujetos políticos que actúan según motivaciones que nacen de los intereses de sus poblaciones, sujetos políticos capaces de actuar como tales mediante las instituciones del Estado. Por ello dicen que EE. UU., la UE o tal o cual país ha hecho esto o lo otro, ha tomado tal o cual decisión.

Si a la gente se le enseñara la única teoría general de la sociedad que sigue siendo válida, no sería víctima de la propaganda conservadora. Sabría que los verdaderos sujetos políticos son las oligarquías económicas, y que los Estados no son la representación jurídica de sus pueblos, sino los consejos de administración de los ricos. Sabría que las oligarquías dominantes financian partidos políticos que actúan como testaferros secretos. Sabría que no gobiernan los elegidos por el pueblo y que los parlamentos se limitan muchas veces a convertir en leyes los borradores diseñados por los equipos jurídicos de los grandes monopolios y oligopolios. Sabría por tanto que cuando se dice EE. UU. se debería decir “la oligarquía económica estadounidense” y cuando se dice Unión Europea se debería decir “la oligarquía económica europea”. O si se quiere mayor precisión (para los casos en que la oligarquía anda dividida) aquella parte de la oligarquía que en ese momento se haya impuesto.

Es evidente que esta realidad debe ser ocultada o disimulada, pues en otro caso el poder perdería legitimidad. Y ello requiere mantener a la población en una ignorancia funcional (el capitalismo no podría sobrevivir si la población tuviera suficiente conocimiento e información). De ahí que en lugar de enseñar en las escuelas la teoría marxista, la desacreditan identificándola con el estalinismo o con el fracaso económico, o la tachan de obsoleta y la sustituyen por la mitología conservadora, utilizando un impresionante aparato de fabricación ideológica (películas, tratados teóricos, medios de comunicación, libros de texto, premios a teóricos, intelectuales y comunicadores por sus servicios y castigos por su rebeldía).

Se habla mucho de las noticias falsas como de un grave peligro, pero el verdadero peligro no está en las noticias falsas sino en las ideas falsas (muchas de ellas promovidas precisamente por quienes alertan del peligro de las noticias falsas). Pues las ideas falsas constituyen esa falsa conciencia de que hablaba Marx, que impide a la gente captar cuales son sus verdaderos intereses y que, por otra parte, la hace víctima fácil de las noticias falsas.

El poder económico no solo defiende sus intereses mediante la fuerza ideológica, sino añadiendo la fuerza militar. Desde finales de la segunda guerra mundial es el impresionante ejército de EE. UU. el que defiende los intereses de la oligarquía americana en el mundo, pero puesto que para ello tiene que defender una economía de mercado sin trabas, indirectamente beneficia a las oligarquías económicas europeas, que carecen de fuerza militar suficiente para defender ese marco económico mundial. Ello explica la supeditación de estas oligarquías a aquélla, supeditación que aparece en el nivel superficial como supeditación de la UE a EE. UU.

El masivo engaño de la propaganda conservadora es meritorio si se tiene en cuenta lo claras que van estando las cosas, más y más claras cada día que pasa. Es sorprendente que los europeos no se pregunten por qué la UE carece de autonomía incluso cuando EE. UU. la menosprecia y humilla. O por qué los políticos occidentales se empeñan en mantener las patentes de las vacunas mientras dura la pandemia. O por qué son incapaces de aumentar los impuestos a los riquísimos para ayudar a sobrevivir a los que viven en pobreza extrema. O por qué permiten que las eléctricas cobren los suministros al precio de la fuente más cara aunque su porcentaje en el suministro haya sido mínimo, etc., etc., etc.

La derrota en Afganistán, la pésima gestión de la pandemia y el precio de la electricidad son tres temas que, puesto que no cuadran con el discurso oficial, deberían alertar a los ciudadanos perspicaces.

¿A qué fue Europa a Afganistán?

La OTAN es en apariencia una alianza militar intergubernamental, en la que los Estados miembros se comprometen a defender a cualquiera de ellos si son atacados por una potencia externa. Aparte de EE. UU. hay en esa organización 27 países europeos (entre ellos España salvo Ceuta y Melilla), además de Canadá y Turquía, pero todos ellos son comparsas, porque de hecho la OTAN es una extensión del ejército de EE. UU. financiada en parte por países de oligarquías obedientes.

La guerra de Afganistán fue declarada por EE. UU. tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la OTAN se vio involucrada en esa guerra y ejecutó operaciones de combate bajo la dirección de comandantes estadounidenses. El objetivo proclamado era desmantelar la red terrorista Al Qaeda, pero es bien sabido que al terrorismo no se lo vence con guerras, solamente se lo exacerba. Se ha dicho también que los esfuerzos occidentales trataban de convertir Afganistán en una nación moderna, democrática, libre del fundamentalismo religioso de los talibanes, respetuosa con la igualdad jurídica de mujeres y hombres.

Todo falso, pues EE. UU. había apoyado a los talibanes y al terrorismo de Al Qaeda cuando le convino para desestabilizar a la URSS y para acabar con un gobierno comunista a cuyas reformas se oponían los ricos terratenientes y los islamistas más conservadores, enfurecidos por el carácter laico del Estado y la igualdad de hombres y mujeres. A EE. UU. no le importaba la situación de las mujeres en Afganistán, como tampoco le importa en otros países que son aliados para sus intereses económicos o geoestratégicos. El intento de controlar Afganistán no tenía que ver con los móviles proclamados.

Pero oigan el clamor mediático ajeno a la verdad, tan preocupado de repente por las mujeres afganas como si alguna vez le hubieran importado, oigan hablar de los talibanes y de los terroristas y de los señores de la guerra como si no hubieran sido otras veces aliados promovidos y financiados, oigan hablar de la democracia, como si fuera el ideal que persigue la política occidental, oigan hablar del fundamentalismo musulmán como si fuera diferente del fundamentalismo católico (imaginen lo que harían ciertos obispos españoles si Vox consiguiera el poder y nos hiciera retroceder ideológicamente a una edad de inquisiciones y quema de herejes), oigan hablar de la brutalidad en que ha caído Afganistán como si fuera menor la ejercida por las oligarquías occidentales cuando les conviene (acabo de leer información sobre la excelente relación del rey Juan Carlos con Videla y una cita sobre la conocida teoría de EE. UU. en defensa de los dictadores carniceros “hijos de puta” cuando son sus hijos de puta).

Puesto que EE. UU., la UE y la OTAN son nombres encubridores de las oligarquías dominantes, digamos que la oligarquía estadounidense arrastró a las europeas a su partida contra Rusia y China, pese a que sólo perjuicios se podían seguir para las poblaciones europeas, pues nada hay en la realidad política y militar actual que deba provocar en esas poblaciones más temor a Rusia o a China que a EE. UU. Las oligarquías europeas, ocultas tras los dirigentes políticos testaferros, actuaron por mera obediencia, aunque fuera a regañadientes.

Si España no es un sujeto político (sólo lo es formalmente), está claro que España nunca decidió intervenir en esa guerra, lo decidió su gobierno títere, diseñado como todo gobierno de país capitalista para recibir órdenes y ejecutarlas, órdenes de la oligarquía local y, sobre todo, de la estadounidense, a la que hay que obedecer con prontitud, y además con ferviente agradecimiento si el gobierno títere puede presumir de haber tenido unos minutos de conversación con el testaferro mitificado (el presidente de los EE. UU.).

Pero EE. UU. es un imperio decadente que va perdiendo su partida contra Rusia (no ha podido impedir la anexión de Crimea) y sobre todo contra China, y que tiene que ir aceptando que ya no manda en el mundo como mandaba desde la caída de la URSS. Su salida de Afganistán ha sido tan vergonzosa como la de Vietnam, porque EE. UU., pese a su impresionante fuerza militar, no puede ganar ninguna guerra de tipo imperialista. Puede arrasar un país lejano sin dejar a nadie vivo, pero eso no sirve a sus intereses económicos ni geoestratégicos y hundiría su maltrecha reputación. Para una lucha diaria contra poblaciones hostiles carece de instrumentos y termina por rendirse y huir. Las restantes oligarquías de la OTAN han tenido que huir de igual manera, arrastradas primero a la guerra y luego a la huida.

Ocurre que el poder europeo tiene intereses propios por sus crecientes relaciones comerciales con Rusia y China, intereses que EE. UU. le exige sacrificar. Pero, al estar en decadencia el poder imperial, empiezan a oírse voces que se resisten a tal sacrificio o que proclaman la necesidad de que Europa tenga su propia fuerza militar (al servicio, claro está, no de las poblaciones europeas, sino de los intereses de sus oligarquías). Al fin y al cabo el poder estadounidense lucha contra Rusia y China para mantenerse como dueño del mundo, pero esa es una lucha condenada al fracaso y que cada vez interesa menos al poder económico europeo, que empieza a ver una oportunidad de librarse de su sumisión y recuperar protagonismo en un mundo capitalista multipolar.

La lucha contra la pandemia

El respeto a los derechos humanos es en el mundo capitalista una retórica indigesta porque se enfrenta a la continua violación en ese mundo de los derechos humanos fundamentales. El poder económico no está dispuesto a perder eficacia depredadora por respeto a los derechos humanos en el espacios laboral y menos aún en el fiscal (pese a que una más justa distribución de la riqueza es condición indispensable para todos los derechos restantes). Y puesto que los derechos básicos no se respetan en el mundo capitalista, sus jueces, teóricos y políticos amaestrados exageran hasta el ridículo las manifestaciones de respeto a los derechos individuales en aquellos espacios que resultan indiferentes al poder económico.

La lucha contra la pandemia ha dejado claras las diferencias entre las dictaduras de izquierdas (China sobre todo) y las dictaduras del capital (nuestro mundo occidental). Por una parte entre nosotros el poder económico viene impidiendo que se suspendan las patentes de vacunas para cuya creación se recibió dinero público. El mero retraso en esa suspensión ya ha conseguido que las empresas farmacéuticas hayan hecho un impresionante negocio, pero con gran peligro, pues para acabar con la pandemia es necesario que las vacunas lleguen cuanto antes al mundo entero.

Por otra parte los políticos han oscilado continuamente entre primar a la economía o primar a la salud aun sabiendo que sin salud no hay economía, atenazados por el temor a una grave crisis económica si se interrumpe la lógica del mercado, y así han terminado perjudicando tanto a la economía como a la salud.

En España tenemos por añadidura a nuestros desprestigiados jueces suplantando a científicos y políticos para decidir, según su cambiante capricho, qué pueden hacer y qué no pueden hacer los distintos gobiernos (el central y los autonómicos) y qué se puede y qué no se puede prohibir a los ciudadanos.

Este es uno de los momentos en que se convierte en disfuncional el tipo de población fabricado por el sistema primando los rasgos de ignorancia y egoísmo. Por todas las ciudades hemos visto hordas que, en nombre de la libertad, vociferan su oposición a las vacunas y desafían las limitaciones legales haciendo botellones y festejos con alardes de necedad e insolidaridad. Y los gobiernos titubean y no se atreven a imponer la racionalidad con la misma contundencia con que imponen la injusticia cuando se trata de ejecutar un desahucio. No estoy criticando a esas muchedumbres, que no son culpables de haber sido fabricadas así. Estoy aludiendo al sistema social que necesita fabricarlas así y a los gobiernos que las dejan campar a sus anchas porque no tienen otra aspiración que mantenerse como testaferros del verdadero poder y temen perder votos si se muestran firmes.

Entretanto los defensores de las esencias democráticas se muestran exquisitos y discuten prolijamente si es legal o no imponer la racionalidad, y precisamente cuando no se trata de cosas menores, sino que están en juego vidas ajenas. La ley que nos niega el derecho a poner fin a nuestra vida en el momento en que nos parezca oportuno (derecho humano que debería ser primordial) concede en cambio el derecho a rechazar la vacuna en tiempos de pandemia, como si se tuviera derecho a poner en juego la vida de los demás (que eso es lo que ocurre a la luz de las evidencias científicas). Incluso se concede ese derecho a quienes trabajan en residencias de ancianos, o de cara al público en espacios oficiales o comerciales.

Y ahí tenemos sesudas intervenciones de juristas y éticos muy meticulosos, que elucubran sobre si exigir el certificado de vacunación puede violar el sagrado derecho a la intimidad (y ello mientras aceptan que las plataformas digitales sean entidades privadas que acumulan sin control público datos sobre la intimidad de la ciudadanía). Ahí tenemos a jueces que exigen requisitos imposibles de cumplir por la policía para impedir una fiesta prohibida que puede aumentar los contagios, o que sentencian que el derecho a la libertad de movimientos de un irresponsable es de mayor valor que el derecho a la vida de las posibles víctimas.

Si pasamos a otros espacios, para nuestros jueces es del máximo valor el derecho que tiene un propietario de cien viviendas a desahuciar a un inquilino que se queda en la calle con niños pequeños, dado que el derecho de ese inquilino a una vivienda digna no tiene valor porque, aunque lo afirma la Constitución, no se han promulgado las leyes orgánicas que lo harían exigible jurídicamente.

Y es también de máximo valor el derecho del rico a mantener libre de ataques una fortuna de varias decenas de miles de millones, aunque tal riqueza sea moral y racionalmente injustificable y produzca un aumento de la pobreza extrema.

Los jueces se justifican diciendo que ellos se limitan a hacer cumplir las leyes y que si esas leyes no son justas deben ser cambiadas. Pero ¿cómo podemos esperar que cambien esas leyes precisamente los parlamentos controlados por el poder que no quiere que cambien esas leyes?

Es así como se cierra el círculo.

El precio de la electricidad

Acabamos de oír a una ministra que dice que no se puede obligar a las compañías eléctricas a que cobren por la energía hidroeléctrica su verdadero precio porque el marco regulatorio europeo no lo permite. Y que lo único que cabe es recomendar empatía a las eléctricas.

En España desconfiamos con razón de nuestras instituciones. Pero por contraste la gente cree que Europa es un modelo de racionalidad y justicia. Decir por tanto que el marco regulatorio europeo no permite algo es como decir que tiene que haber buenas razones para no permitirlo (aunque nadie consiga verlas).

Porque resulta que lo que Europa nos estaría obligando a soportar es que se nos cobren los suministras de todas las fuentes de energía (nuclear, gas, hidraúlica, verde) al precio de la más cara, aunque el porcentaje de ésta haya sido mínimo. No es de extrañar que a partir de este disparate las eléctricas hayan tenido la osadía de vaciar pantanos para vender grandes cantidades de energía barata al precio de la más cara.

¿No puede nuestro gobierno exigir a la UE una rápida rectificación de ese marco regulatorio a la vista de sus consecuencias en nuestro país? Por lo visto no. Ni siquiera el gobierno se ha dado cuenta de que algunos pantanos se estaban vaciando hasta que han quedado vacíos. La ministra se ofende porque se la acuse de connivencia con las empresas eléctricas, pero debería recordar que, aparte de la gran capacidad de presión y chantaje que tienen los grandes oligopolios, personas que tuvieron altos cargos en el PSOE han entrado por las puertas giratorias en los consejos de administración de las eléctricas.

El resultado es un anormal enriquecimiento de las eléctricas a costa de perjuicios que para algunos pueden ser insuperables (pequeñas empresas, autónomos) o insoportables (los obligados por la subida del precio a prescindir de la energía eléctrica necesaria no sólo para la comodidad sino incluso para la salud). Pero como se ve nada puede hacer el gobierno para imponer racionalidad al mercado.

He oído en una tertulia de la SER que el problema está en la falta de pedagogía, en que estas cosas deberían ser explicadas por el gobierno para que todo el mundo las entienda. ¡Pero hombre! ¿Cómo vamos a pedir al gobierno que explique aquello que precisamente no puede ser explicado porque pertenece al secreto del sumario político?

Es como si preguntamos por qué no se ha aprovechado Bankia para crear un banco público o por qué no se ha creado una empresa eléctrica pública. Nada nos pueden decir, porque lo que pudieran decirnos pertenece también al secreto del sumario.

Desesperanza

Tenemos ante nosotros el futuro representado por distintas juventudes. Hay una muy visible, que da deprimentes espectáculos de necedad e insolidaridad. Hay otra que lo presencia todo en silencio, como si lo que ocurre fuera de su ámbito privado no fuera con ella. Son juventudes fabricadas por el sistema sin la oposición de la izquierda. Enhorabuena al sistema.

[email protected]

PARA AÑADIR A LA ENTRADA ANTERIOR

Me quejaba de que sobre la situación cubana no hay comentarios valientes en la izquierda española, pero aunque una golondrina no hace primavera hay al menos un caso que matiza el pesimismo.

Alberto Cubero Serrano, Secretario General del PCE de Aragón y concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, ha justificado el voto negativo de IU a una moción municipal contra el gobierno cubano votado por el PP, Vox, Ciudadanos y parcialmente por el PSOE. Y lo ha hecho acumulando verdades una tras otra (ver aquí).

Cualquier persona con una factura cognitiva y moral sensible hubiera quedado sumida en la vergüenza si, aludida por las denuncias de Cubero, no hubiera podido justificarse con buenas razones.
Sin embargo para ser político procapitalista es imprescindible una contextura intelectual y moral adecuada, que no dude en mirar a otro lado cuando convenga o echar mano de la mentira de una manera tan tenaz que sobrecoge. El alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón (PP), pasó por alto lo que acababa de oír, como si no lo hubiera oído, y contestó con un «váyase a vivir a Cuba», pero «no de vacaciones» sino como un cubano más, para que compruebe las recetas de su «paraíso comunista». «Cuando pierda unos kilos va a volver a España y se convencerá de que este es el mejor país del mundo». Y ya está, para qué entrar en materia.

Lastima que el alegato de Cubero no lo hayamos oído de labios de Alberto Garzón o de Yolanda Díaz en un espacio de ámbito nacional. Quiero suponer que los dos piensan lo mismo que Cubero, pero han cedido su libertad. Y la libertad de hablar honradamente no tiene precio, no se debería ceder nunca, ni por nada. Sobre todo si se tiene en cuenta que de lo que más necesitada está nuestra sociedad, sumida en la mentira desde hace tanto tiempo, es de esa libertad.

[email protected]

SOBRE LA SITUACIÓN CUBANA

Vayan por delante estas aclaraciones:

1) Creo que Cuba es una dictadura.

2) Creo que, por desgracia, un sistema comunista es hoy por hoy inviable en el mundo.

3) Creo que la hermosa e imposible epopeya cubana irá poco a poco a peor.

Y ahora empecemos a considerar la forma en que políticos y comunicadores vienen tratando el tema de las manifestaciones contra el gobierno cubano.

Se critica a Cuba porque es una dictadura, es decir, porque en ella no hay democracia, ni por tanto libertad, y porque en ella no se respetan los derechos humanos.

El comentario a estas críticas me obliga a repetir algunas de las cosas que ya he escrito en este blog. Y ello por la razón de que hay verdades elementales que, sea por interés, sea por ignorancia, sea por miedo, no afirma casi nadie de los que tienen por función opinar, enseñar y gobernar a los demás.

La falta de libertad y de democracia en las llamadas “democracias”

No hay en el mundo democracia por ahora, sólo hay distintos tipos de dictadura. Pero se llama democracia a uno de esos tipos de dictadura, la del capital cuando se presenta adecuadamente disfrazada.

Se supone que la libertad es una característica de las llamadas democracias, y la falta de libertad una característica de las dictaduras, pero ¿qué es la libertad?
Hay una definición implícita que viene a decir que alguien es libre cuando hace lo que le da la gana. No vale la pena refutarla.

En el espacio político se entiende que la libertad que caracteriza a las democracias y que no existe en las dictaduras se relaciona con el ejercicio de tres derechos: el de crear o afiliarse a partidos políticos, el de elegir a los representantes de la soberanía popular mediante el voto y el de expresar y difundir los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Sorprende sin embargo una anomalía: aunque estén autorizados los partidos anticapitalistas resulta que nunca disputan realmente el poder. Y es que por una parte carecen del apoyo económico de que disfrutan los partidos conservadores (lo que dificulta el éxito en el mercado de los votos) y por otra son objeto de una persecución tan implacable como sea necesario por medios de comunicación e instituciones “prosistema”. En un país como Estados Unidos, donde hay tantas razones para el auge de un partido anticapitalista, ¿no es sorprendente que no haya alguno que pueda competir en las elecciones? Tampoco lo hay en España.

En cuanto a la libertad de votar sería libertad si el votante conociera las implicaciones de su voto. Pero muchos votan sin conocer la trama de relaciones secretas entre el partido elegido y el poder que los explota. Estamos ante una libertad tan falsa como la democracia a que se asocia. Añadamos que esa “libertad” no puede ser ejercida por todos con igualdad. Véase otra vez en caso de Estados Unidos.

Y si vamos a la libertad de expresión, poca puede haber si sólo los ricos la tienen para crear imperios mediáticos. A partir de ahí, ¿tienen libertad de expresión los que son vetados en los medios de comunicación influyentes (todos ellos militantemente procapitalistas)? ¿La tienen quienes saben que serán expulsados del medio en que trabajan si se atreven a defender verdades de las que no dudan? ¿Cómo puede alardear de libertad de expresión un país en el que un presidente de club de fútbol puede pedir por teléfono la cabeza de un periodista porque ha escrito algo que no le gusta? Si en España hay libertad de expresión ¿por qué no leemos ni oímos que Estados Unidos está cometiendo con Cuba un crimen semejante en maldad a los que ha cometido contra otros pueblos? ¿Por qué entre los medios influyentes españoles no hay uno sólo que defienda argumentos anticapitalistas con grandes titulares (y razones hay para ello)?

Si descendemos a tipos de libertad más cotidianos, pero no menos importantes, ¿qué decir de la libertad de consumir lujo? Sólo los ricos la tienen.
¿la de llevar los hijos a colegios de élite y pagarles luego costosos masters en el extranjero? Sólo los ricos la tienen.
¿la de establecer una trama de relaciones con las instancias más altas del poder político, policial, judicial? Sólo los ricos las tienen.
¿la de elegir un trabajo bien remunerado, una vivienda digna, una alimentación adecuada para la familia? Millones de españoles no la tienen.
¿Y la de disfrutar una vez por semana de un chuletón al punto en un restaurante caro? Es imbatible la afirmación de que millones de españoles no la tienen.

La violencia se ejerce en este tipo de dictadura de forma institucional, mediante la policía y la judicatura que imponen el cumplimiento de la ley, es decir, el cumplimiento de leyes fiscales, laborales y penales que convierten a millones de personas en esclavos sin futuro, obligados a elegir entre la pobreza o el trabajo duro, inseguro y mal pagado, leyes que envían a muchas familias a la calle tras un desahucio, que llenan de desgraciados las colas del hambre, que condenan al frío o al calor insoportables a quienes no pueden pagar la factura de electricidad.

Una condición imprescindible para que el disfraz tenga éxito

En las llamadas democracias los agentes de socialización son la publicidad, las redes sociales, los medios de comunicación, las familias, los grupos de iguales, las oportunidades sociales, las escuelas privadas, los púlpitos eclesiales, que actúan frente a una escuela pública impotente y que son los encargados de fabricar una población mayoritariamente ignorante, egoísta y frustrada, condición imprescindible para que tenga éxito el control oculto de la opinión pública, de los partidos políticos, de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, y también de la disidencia.

Una vez que se dispone de un pueblo manejable se finge que es el pueblo el depositario del poder y que lo delega mediante el voto. Evidentemente, si fuera el pueblo el que gobierna, no se explica que lo haga mediante leyes que aumentan día a día la riqueza de los exageradamente ricos a costa de la pobreza de millones de víctimas, muchas de ellas votantes de sus verdugos.

Esta breve descripción se resume diciendo que bajo el orden capitalista la democracia es imposible (ver aquí) y las llamadas “democracias” son plutocracias, es decir, dictaduras disfrazadas.

A su lado las dictaduras que carecen de disfraz son llamadas “dictaduras”, y pueden ser de derechas o de izquierdas.

Las dictaduras de derechas

Aparecen cuando los intereses de la oligarquía no se pueden defender bajo el disfraz democrático porque demasiada gente, harta de sufrir una situación de privaciones insoportables, es sensible al discurso revolucionario y se lanza a la calle. O porque, pese al minucioso control antes señalado, se da la anomalía de que gana las elecciones un partido o coalición que amenaza con acabar con los privilegios del capital. Entonces el “orden” se restablece por lo general mediante un golpe de Estado sangriento, que devuelve el poder a las oligarquías y que elimina a quienes se significaron en la lucha, dejando al país adecuadamente escarmentado. Esta dictadura continuará hasta que las élites consideren que pueden seguir manteniendo sus privilegios con un retorno a la forma de dictadura disfrazada, a la llamada democracia.

Las dictaduras de izquierdas

Son aquellas que intentan defender el resultado de una toma del poder (sea por la vía revolucionaria sea por la vía electoral) en beneficio del pueblo y en perjuicio de los privilegios oligárquicos. En realidad estas dictaduras se presentan como provisionales, como un instrumento temporal para asegurar el paso a un socialismo democrático. Pero como ese paso no es posible dada la condición psicológica de la población heredada y dado un entorno mundial dominado por los valores e ideas procapitalistas, si la dictadura sobrevive tiende a prolongarse ilimitadamente para defender la revolución frente a la parte de ciudadanía que cree que ganaría con una vuelta al capitalismo. Tiene además que hacer frente a la ofensiva continua que pone en marcha el Estado policía del mundo, que bajo pretexto de la defensa de la democracia y de los derechos humanos se arroga a sí mismo el derecho a intervenir en cualquier parte del mundo en que sus intereses se pongan en peligro. De esta forma la dictadura de izquierdas, si resiste estos embates, se ve obligada a afianzarse sin límite temporal y a intensificar su carácter defensivo. Esto le hace perder legitimidad.

¿Qué tipo de dictadura es peor?

Para mí la menos mala es la dictadura de izquierdas. Y digo “la menos mala” porque no puedo decir que sea buena.

Derechos Humanos

Se apela a los derechos humanos con mucha frecuencia para agredir a dictaduras de izquierdas.

Hay en este punto dos cuestiones: qué son los derechos humanos y qué se debe exigir a quien denuncia su violación.

Quienes aceptan que los derechos humanos son los que vienen proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos no tienen en cuenta que esa declaración es un timo. Fue redactada y firmada por los países capitalistas tras la segunda guerra mundial, y como es natural a la medida de sus deseos e intereses (ver aquí). Enumera derechos indiscutibles, pero afirma tres derechos que son la negación de los restantes y convierten en fórmula vacía una redacción que finge dignidad. Esos tres falsos derechos son:

-el derecho a una riqueza a la que no se pone límite (y por eso nadie acusa a Jeff Bezos, Elon Musk y restantes colegas de estar violando derechos humanos, ni se acusa de lo mismo a las legislaciones que hacen posible sus riquezas hiper-obscenas).

-el derecho a una educación distinta a la pública, y por tanto el derecho a una educación de élite sólo al alcance de quien la puede pagar, lo que contradice el derecho humano a la igualdad de oportunidades.

-el derecho a poner en pie imperios mediáticos que sólo está al alcance de los muy ricos y que hace ilusoria la idea de democracia.

Esto aparte, habría que exigir a quienes denuncian violaciones de derechos humanos una previa y beligerante denuncia del gobierno de Estados Unidos, máximo violador de derechos humanos de la historia universal, desde agosto de 1945 hasta ahora. Y deberíamos despreciar por carente de honestidad a cualquier denunciante que sólo mire hacia un lado y omita las violaciones que necesariamente se siguen del orden social capitalista. En otro caso la denuncia no es creíble, debería dar vergüenza a quien la hace.

Volvamos a la dictadura cubana

La pandemia de covid ha cerrado el sector turístico en Cuba y ha reducido sus ingresos en más de 3.000 millones de dólares. El criminal bloqueo que Cuba viene sufriendo desde 1959, y que fue agravado cuando Donald Trump suspendió la emisión de visados de inmigrante y cortó los envíos de dinero, ha añadido ahora la pérdida de otros 3.500 millones de dólares anuales y un golpe directo a más de la mitad de las familias cubanas.

La pandemia, que parecía estar controlada antes de la llegada de la variante delta, amenaza a un sistema de salud que cuenta con escasos recursos, ¡sobre todo porque a causa del bloqueo la falta de inyectores dificulta la vacunación pese a que sobran vacunas!

Todo esto ha llevado a muchos descontentos a las calles animados por otros muchos que no protestan por su situación, sino porque quieren una vuelta al capitalismo y están apoyados en ese querer por el vecino del Norte.

Durante la campaña presidencial Biden prometió revocar las sanciones que impuso Trump, restablecer los viajes a la isla y retomar las conversaciones diplomáticas con el Gobierno cubano, pero no ha hecho nada de esto. Por el contrario su gobierno ha presionado sobre otros gobiernos latinoamericanos para que cancelen los contratos de servicios médicos con La Habana y manden a los facultativos cubanos a casa.

Recordemos que contra ese bloqueo hay resoluciones de Naciones Unidas, la última aprobada por 184 votos a favor (entre ellos los 27 de la UE) dos votos en contra, de Estados Unidos e Israel, y tres abstenciones, la Colombia de Iván Duque, el Brasil de Jair Bolsonaro y Ucrania.

Haciendo caso omiso de esa resolución Biden dice lamentar el sufrimiento económico de los cubanos como si no fuera su gobierno responsable en gran medida. Sigue aplicando a Cuba la misma estrategia que a otros países: bloqueos económicos y sanciones que llevan a la población a la miseria con el fin de que acabe levantándose contra su gobierno, todo ello junto a apelaciones a la libertad y la democracia para exigir que se permitan las manifestaciones y se respeten los derechos de los opositores (a los que por otra parte se apoya y financia).

Asco y vergüenza

Como no soy estadounidense no me avergüenza el cinismo de Biden, sólo me aterra, pero como soy español y europeo me asquean y avergüenzan las reacciones de gobernantes europeos y españoles y los comentarios de nuestros medios de comunicación.

En éstos se da cuenta de los sucesos tratando de magnificarlos, pero sin mencionar como causa principal el bloqueo, o aludiendo al bloqueo pero como si fuera una desgracia natural y no una actividad criminal de Estados Unidos, una violación de derechos humanos mucho más grave que todas las que se puedan cometer en Cuba. Por otra parte se acusa a Cuba de dictadura como si no hubiera duda de que nosotros vivimos una democracia.

Haciendo zapping (es decir, huyendo de cada cosa que aparece en pantalla) he visto a García Ferreras en su programa de La Sexta y a Javier Ruiz tratando de aprovechar una suplencia en La Cuatro. Cada uno de ellos entrevistaba a un “artista” cubano represaliado, al que se concedía un tiempo inusual para que dijera, y repitiera, y volviera a decir que en su país no hay libertad ni democracia y que ellos son perseguidos porque defienden la verdad. Uno llegó incluso a decir que teme por su vida, que sabe que lo van a matar, que lo sabe, aunque sin aportar ningún respaldo para ese pálpito, y allí estaba Javier Ruiz escuchando con gesto dramático, animando al entrevistado a que siguiera impresionando al espectador con el relato de la ignominia cubana. El “artista” insistía en que su único delito es contar la verdad, pero nadie le preguntó si cuenta la larguísima y criminal ofensiva de EE UU contra su país. ¿Acaso no forma eso parte de la verdad? El otro artista canta “Patria y vida”, pero si ama a su patria no parece consciente de que el principal enemigo de ella es Estados Unidos, que quiere llevarla a la situación previa a la revolución castrista, cuando esa patria era un lupanar y un espacio de depredación económica. Bonita vida. García Ferreras, con cara tensa, se sintió obligado a preguntar por el bloqueo y el patriota cubano se negó a entrar en el tema, largándose a repetir que el problema en Cuba no es el bloqueo sino la falta de libertad. Y Ferreras le despidió con una sonrisa amistosa dando por buena la respuesta.

Si pasamos a los políticos, Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Política Exterior y de Seguridad, ha pedido al líder cubano que “escuche el descontento de los manifestantes”, pero no ha dicho que ese descontento tiene como causa principal los efectos del bloqueo, ni ha exigido a Estados Unidos que cese de comportarse como un dictador mundial.

También nuestro ministro de Asuntos Exteriores ha defendido el derecho de los ciudadanos cubanos a manifestarse “libre y pacíficamente” y ha instado a la “liberación inmediata” de la corresponsal de ABC Camila Acosta. Al mismo tiempo ha señalado que estudiará formas de ayuda para aliviar la situación cubana “como hemos hecho ya con otros países de la región”. ¿Es que no sabe nuestro ministro que la ayuda humanitaria “más eficaz” sería levantar el bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba? ¿No sabe que ello ha sido exigido no sólo por Naciones Unidas, también por nuestro Parlamento? En una proposición no de ley impulsada por ER junto a Unidas Podemos, PNV, EH Bildu, Junts, la CUP, Compromís y BNG, se describe el bloqueo como un aislamiento “inhumano”, el más prolongado y duro que se conoce en la historia moderna, una medida “contraria al derecho internacional que impide llegada de alimentos, material sanitario, equipos médicos y recursos financieros”, todo ello en el contexto de la pandemia. Pero parece que el ministro no sabe nada de esto, porque no ha hecho alusión a ello.

Y entretanto ¡la derecha española, la que conserva dentro de sí las esencias franquistas, exigiendo a gritos que se declare que Cuba es una dictadura!

A quienes tenemos suficiente conocimiento, empatía y libertad moral nos resulta duro soportar este espectáculo que fluye sin oposición efectiva. Y no hay remedio por lo que ya he dicho en otras ocasiones: no hay sitio al que escapar en busca de una vida colectiva digna, ni hay partido de izquierdas que aquí, en España, rescate nuestra dignidad. Paciencia.

[email protected]

EL IVA, EL PARO, LA OTAN, JOE BIDEN… ¡UF!

Los medios amaestrados que conservan algún prestigio son más útiles al poder por lo que callan que por lo que dicen. Y ni les avergüenzan sus silencios ni sus insistencias. Leer El País y oír las tertulias de la SER puede ser necesario para saber cómo informa y fabrica opinión la derecha elegante, pero es un esfuerzo muy duro. De vez en cuando aparece alguien en esos medios que no ofende con sus razonamientos, pero la selección de colaboradores hace que esto sea la excepción.

Últimamente se ha hablado y escrito sobre el paro inevitable, sobre el repentino progresismo de Biden, sobre la maldad de Rusia y China y la necesidad de que la OTAN nos defienda. También sobre la reducción temporal del IVA en la factura de la electricidad. No, en cambio, sobre el carácter criminal de ese IVA reducido, ni tampoco sobre la posibilidad de que el gobierno de EE UU sea nuestro verdadero enemigo. Mentiras y silencio impuestos en el espacio de la comunicación.

¿Es el paro una maldición divina o humana?

Es un problema grave tener un 16% de parados, caso de España, pero hay “expertos” que dicen que tenemos que irnos acostumbrando a un porcentaje cada vez mayor, porque el progreso lleva de manera inevitable a la sustitución de fuerza de trabajo humana por la tecnología informática y robótica. Otros dicen que no es para tanto, porque aparecerán nuevas profesiones. ¿Cuáles? No se sabe, porque muchas de ellas son por ahora inimaginables, como siempre ha ocurrido, seguramente relacionadas con la intuición humana, la creatividad o eso a lo que llaman “inteligencia emocional”.

Estos análisis no salen del marco de la economía de mercado, olvidando que es precisamente esa economía la que crea el paro que hay y la que amenaza con aumentarlo. La causa es que el mercado deriva la mayor parte de la riqueza social a manos privadas, que la emplean para aumentar sus beneficios. Si sustituyéramos el imperio del mercado por el imperio de la racionalidad, y la riqueza social no estuviera en manos privadas para su beneficio, sino en manos públicas para beneficio colectivo, el panorama cambiaría. Por una parte se crearían innumerables puestos de trabajo y no precisamente por ahora inimaginables, sino muy conocidos, en los espacios de la educación, la medicina, la enfermería y los cuidados (de las personas y de las cosas). Y por otra parte la informática y la robótica no generarían parados, se limitarían a ahorrarnos horas de trabajo: habría menos horas de trabajo a repartir entre los trabajadores disponibles, lo cual sería una bendición.
¿Por qué no se dice esto? ¿Acaso porque una economía socialista es inviable? ¿Acaso porque el fracaso de la URSS ha dejado demostrado que el capitalismo no tiene alternativa? Son preguntas retóricas. Los medios están ahí, financiados por el capital para la legitimación del capitalismo, no para otra cosa.

Aun aceptando que por ahora no podemos salir del capitalismo, ¿no sería bueno que al menos la izquierda diera una información veraz sobre alternativas posibles e indicara por qué, si son posibles, son al mismo tiempo irrealizables? Pero la izquierda calla.

Así que ahí seguimos con análisis económicos que parten de la idea de que el capitalismo no tiene otra alternativa que el autoritarismo, y que, por tanto, hablar de la economía capitalista es hablar de la única economía posible en el espacio de la libertad. Y esa economía tiene sus leyes, y esas leyes tienen sus efectos inevitables. Sólo cabe que nos acomodemos a ellos.
Ocurre que esta mentira queda al descubierto cuando las leyes económicas de hoy dejan de serlo mañana si así conviene a los de siempre, como a continuación veremos.

¿Merece J. Biden los elogios que le prodigan?

Ahora resulta que el viejo conservador de lamentable historial se ha convertido al progresismo y ha decidido cambiar la política estadounidense y, en consecuencia, cambiar el mundo para bien. ¡Albricias! Esa es la bobada que intentan vender nuestros medios sin rubor. Como si no supieran que el presidente de Estados Unidos no puede realizar política de envergadura que no haya sido decidida previamente por quienes ostentan el verdadero poder.

La nueva política económica de Biden

Era esperable que la facción más racional del poder económico estadounidense acabara exigiendo a Biden medidas que enmiendan la política neoliberal hasta ahora imperante como inevitable. Y es que se trata de no perder terreno respecto a China, se trata de evitar que el mundo se divida en dos imperios, uno ascendente, el chino, y otro descendente, el americano. Se trata en suma de una maniobra desesperada para evitar lo que parece inevitable.

Las causas que obligan a Biden al fortalecimiento económico del Estado, en todas las cuales está China involucrada directa o indirectamente, son entre otras las siguientes:

1. La pandemia ha evidenciado que la respuesta de China ha sido más efectiva que la occidental, en gran parte porque el Estado Chino dispone de más recursos económicos y de más poder de control. Una consecuencia es que la economía china ha sufrido menos que la estadounidense y se ha recuperado mucho antes. EE UU necesita recursos cuantiosos para paliar en alguna medida los efectos económicos de la pandemia e impulsar una economía malparada.

2. En EE UU saben, al menos los bien informados, que el país peligra más que China si no se erradica la pandemia en el mundo entero, pues en cualquier parte pueden surgir mutaciones para las que no sirvan las actuales vacunas. De ahí la magnanimidad con que, tras el inicial acaparamiento, se propone Biden entregar vacunas a países pobres e incluso suspender temporalmente las patentes para que las vacunas se puedan producir en el mundo entero. Son medidas que no obedecen al altruismo sino a la supervivencia. Al mismo tiempo se pretende mejorar la imagen que los Estados Unidos han ido proyectando como depredadores poco compasivos.

3. Puesto que EE UU no puede competir con China en el terreno educativo nacional, y por tanto en la creación de científicos, ha de importar a muchos de los que necesita, y para atraerlos se requieren grandes recursos (los que se han escatimado en el sistema educativo). Competir con China por el control de las tecnologías del futuro es asunto en el que el Estado americano tiene que involucrarse sin vacilaciones.

4. Las políticas neoliberales, de las que Biden fue partidario, han tenido efectos sociales catastróficos, con un insoportable aumento de las desigualdades y la pobreza. Ello ha creado el caldo de cultivo del trumpismo que no beneficia al partido demócrata y divide peligrosamente a la sociedad. Sólo mediante políticas redistributivas se puede salir de esta situación, y esas políticas requieren recursos públicos.

Las ingentes sumas de dinero que necesita el Estado americano no se pueden conseguir mediante el crecimiento de una deuda ya en cifras astronómicas. Hay por tanto que abandonar los dogmas neoliberales y prescindir de teóricos que, como hizo de manera paradigmática el ético R. Nozick, defendieron de una u otra forma que cobrar impuestos (a los ricos) es un robo. Resulta ya inevitable subir los impuestos a los ricos y luchar contra sus evasiones fiscales.

Puede sin embargo ocurrir que, aunque Biden actúe respaldado por la parte más racional del poder económico americano, sus propuestas no tengan recorrido, porque la oligarquía económica estadounidense, aunque toda ella caracterizable por la codicia, no es monolítica. Hay una parte que atempera la codicia por sensibilidad a los argumentos racionales, y otra tan obcecada que sólo responde a argumentos pasionales y que puede desde el Senado poner trabas a cualquier medida sensata.

Apoyándose en los economistas más conservadores vinculados al Partido Republicano (e incluso en otros como Larry Summers y Olivier Blanchard que parecían ir en otra dirección cuando publicaron hace dos años Evolution or revolution? Rethinking macroeconomic policy after the Great Recession) ya se está alegando que los programas de gasto excesivo de la administración Biden producen un sobrecalentamiento de la economía que inevitablemente va a desencadenar una fuerte inflación. Lo de siempre.

La vieja política exterior de Biden

1. Si pasamos a la política exterior en poco se diferencia la de Biden de la de Trump o de cualquiera de los presidentes que han sido desde la segunda guerra mundial.

Durante la guerra fría la estrategia de comunicación se montó para convencer a la población occidental de que la URSS era el enemigo. Fue luego el terrorismo islamista, que se tomó como justificación para las guerras en Afganistan e Irak. Y ahora el Mal es China.

Los medios amaestrados repiten que China y Rusia, por su política crecientemente expansionista y autoritaria, por sus declaradas ambiciones y asertivo comportamiento, suponen una amenaza para el orden liberal. Dicho de otro modo: son un peligro para el mundo que basa su orden en los valores y principios occidentales.

Pero ¿expansionismo? Ni Rusia ni China están llenando de bases militares el mundo, como ha hecho EE UU. La expansión de Rusia en Ucrania fue una respuesta al torpe expansionismo de la OTAN, que pretendió la integración de Ucrania. A lo que hay que añadir que, si no se ha podido evitar que Crimea sea rusa es porque su población quería serlo y lo decidió en un referendum con resultado abrumador, de la misma manera que quieren serlo las dos provincias orientales Donetsk y Lugansk. Lo que se puede decir es que Rusia está frenando el apoyo que le exigen los separatistas ucranianos de esas provincias por temor a las represalias occidentales.

China por su parte sólo quiere controlar su mar del sur, librarlo de la influencia agresiva estadounidense en Hong Kong y Taiwan, de la misma manera que, en su momento, EE UU no permitió que la URSS instalara misiles en Cuba.

Como no se puede acusar a China de comportamientos militarmente agresivos se nos dice que usa armas peores que las militares: ciberataques, prácticas comerciales desleales, espionaje y pirateo de la propiedad intelectual. Incluso se la acusa de que presta ayuda económica a los países pobres y les vende vacunas a precio de coste para embaucarlos y controlarlos. Vender vacunas a países pobres a precio de coste es algo condenable. Por eso EE UU no lo hace.

Si de lo que se trata es de defender los valores y principios occidentales amenazados, hemos de preguntarnos cuáles son. ¿Los que inspiran a EE UU cuando presta su decisivo apoyo al apartheid en Israel o cuando financia y ampara golpes militares sangrientos allí donde se intenta una política progresista? ¿Los que aconsejan el bloqueo y las sanciones criminales e ilegales contra Cuba? ¿Los que vetan vacunas rusas o chinas no importa la gente que muera por ello?¿Los que dan auge al racismo e impulsan el odio a feministas, inmigrantes y homosexuales? ¿Los que conceden a la riqueza obscena el puesto más alto de la escala? ¿Es un valor defendible dar un disfraz de democracia a la plutocracia que soportamos o es, por el contrario, una mentira?

Va a resultar que sacar de la pobreza a 800 millones de personas, como ha hecho China, va contra los valores y principios occidentales, puesto que entre nosotros la pobreza y la extrema pobreza aumentan (hemos de suponer que como consecuencia de esos valores y principios).

Los medios amaestrados nos dicen que Biden le ha leído la cartilla a Putin, o a Xi Jinping, por infringir los derechos humanos. No nos dicen en cambio cuál ha sido la respuesta que ha recibido, pero es imaginable. ¡Que vaya un presidente americano a predicar derechos humanos! A la luz de los hechos, y de documentos secretos que se han acabado desclasificando, queda clara la manera contumaz y aterradora con que EE UU ha transgredido derechos humanos para imponer sus intereses, y no hay por qué rememorar el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas. Es muy ilustrativa la denuncia de Noam Chomsky (ver aquí) referida a sucesos actuales.

Pero la tarea publicitaria queda hecha: nuestras poblaciones quedan enteradas de que los valores y principios occidentales son inmejorables y que sus enemigos son enemigos de los derechos humanos y reciben las necesarias reprimendas y castigos.

2. La verdadera razón de la actitud agresiva contra China (y contra Rusia por aliarse con China) es que EE UU se ha acostumbrado tras la debacle de la URSS a una absoluta supremacía militar, política y económica en el mundo, y perderla es muy duro. Se ha acostumbrado a imponer sus intereses y a castigar a los países que no obedecen, siguiendo la estrategia (sádica la llama Chomsky) de hacer un tremendo daño a las poblaciones para que sean estas las que obliguen a sus gobiernos a hacer la política que se les exige.

China se ha convertido en un peligro, efectivamente, pero para la hegemonía mundial del poder económico estadounidense, ese poder implacable que es responsable de que cientos de millones de personas lleven en este mundo la mala vida a que han sido condenadas por las políticas del capitalismo neoliberal.

Resulta entonces que en la medida en que China amenaza a la supremacía mundial de la oligarquía que nos controla debería ser bien vista por las poblaciones que en el mundo son víctimas de esa supremacía, incluidas las de EE UU y Europa. Debemos agradecer a China que sea un contrapoder real, ya que hay muchas razones para pensar que las amenazantes políticas de Estados Unidos serían inapelables e inalterables si no hubiera emergido ese contrapoder. No nos amenaza China, nos alivia de la amenaza imperial que venimos soportando.

El papel de la OTAN al que España se adhiere

La misión del impresionante ejército americano es salvaguardar en el mundo los intereses de la élite económica estadounidense. Pero puesto que de ello se benefician indirectamente las oligarquías europeas, es natural que EE UU exija a éstas que colaboren cediendo bases militares y aportando fuerzas armadas y financiación. La OTAN no es otra cosa que un apéndice del ejército americano.
Para la economía y la geoestrategia de EE UU es naturalmente preferible que Europa soporte una parte del gasto militar que requiere la política de supremacía mundial estadounidense.

¿Beneficia a España estar en la OTAN? Sánchez finge creer que la OTAN es algo benéfico y alardea de que su próxima reunión será en España. ¡Oh, qué inigualable honor para España! ¿Tiene o no tiene España relevancia internacional?

Si salimos del discurso oficial, ni las bases americanas en España ni los 12.000 millones de euros que nos cuesta cada año la OTAN nos dan a los españoles protección alguna, puesto que España no tiene que temer a otro enemigo que a Marruecos por Ceuta y Melilla, ciudades que precisamente quedan fuera del paraguas de la OTAN. Las bases y los 12.000 millones sirven para que el orden capitalista siga siendo agresivo e invulnerable. Y ese orden perjudica a la mayoría de los españoles.

La vergüenza de ser europeo y español

¿Cómo no sentirse avengonzado de ser europeo cuando, por decir algo, la UE nos ha impuesto a los del Sur políticas neoliberales que nos impiden levantar cabeza, hizo lo que hizo con Grecia, se resiste más que nadie a la liberalización temporal de las patentes de las vacunas anti-Cobid, su política migratoria está determinada por la extrema derecha y sus oligarquías mantienen sus privilegios a base de someterse de buen grado a las decisiones basadas en el “America first”.

¿Y cómo no sentirse avergonzado de ser español cuando los testaferros políticos de la oligarquía que nos gobierna se pelean por si es cierto o no que el jefe del gobierno español ha conseguido la limosna de un brevísimo encuentro con el amo? Es posible que Pedro Sánchez se sienta en ridículo en su fuero interno (otra cosa sería aún peor), pero se atreve a afirmar que pudo tratar muchos temas en ese desdeñoso minuto que Biden le concedió por un pasillo.

Naturalmente, nadie espera que Sánchez tenga ante Biden otra actitud que la del criado sumiso que espera presumir ante otros criados por haber mantenido una conversación con el amo. Nadie espera que Sánchez diga a Biden que vaya cerrando sus bases militares en España. O que no hay razón para que los españoles necesitemos a la OTAN. Tampoco espera nadie que Sánchez defienda esto en las instituciones europeas. ¿No es para que sintamos vergüenza?

Los términos “Europa”, y también “España” o “Cataluña” han sido patrimonializados por las oligarquías europea, española y catalana a fin de hacer a toda la población solidaria de aventuras suyas que perjudican al resto. Los europeos (y entre ellos los españoles) somos habitantes de un espacio geográfico, pero no ciudadanos en ese espacio. Una persona que además de ilustrada sea sensible al sufrimiento ajeno sólo puede sentirse ciudadana allí donde haya una democracia regida por un principio de solidaridad. Y la UE y España son plutocracias cuyas políticas no se rigen por ese principio.

Un impuesto criminal: el IVA

Por insistir en otro motivo de vergüenza. Es escandaloso saber que la factura eléctrica de las familias pobres sube y sube no sólo por prácticas oligopólicas consentidas por los sucesivos gobiernos, sino además por el incremento de un 27,18 % merced al IVA y a otros impuestos indirectos. Han venido pagando ese 27,18 incluso los pobres exentos de pagar impuestos directos. Un crimen de guante blanco, esa es la realidad. Y ahora se presenta como una política progresista bajar temporalmente el IVA a un 10%, e incluso dejarlo así definitivamente para las personas de extrema vulnerabilidad. ¡Cobrar a las personas de extrema vulnerabilidad un 10% sobre la descontrolada factura que se inventan las eléctricas! ¡Qué suerte tener un gobierno progresista!

El PSOE hace lo esperable. Pero ¿qué hace UP?

Pedro Sánchez preside un gobierno en el que también está UP. Y UP queda obligada a callar. Callar a cambio de algo, sí, pero de casi nada. De un ingreso mínimo vital que sólo llega a un tercio de los hogares previstos. De una subida del salario mínimo que lo deja por debajo de la media europea. De casi nada en los temas de la vivienda, de la legislación laboral, de la legislación fiscal o del consumo. Puede presumir UP, eso sí, de haber introducido la teoría posmoderna en la legislación española sobre “autodeterminación de género”.

El silencio de UP sobre el IVA da por bueno el discurso oficial que nos dice (recuerden aquella campaña publicitaria) que si eludes el IVA perjudicas a la educación y la sanidad públicas. Y es verdad que una buena parte del gasto público depende del IVA, pero sólo porque este impuesto se ideó para que la gente pague al Estado sin saber que paga (impuesto indoloro lo llaman) y conseguir de esta forma recursos públicos sin necesidad de cobrar impuestos directos a los ricos.

Nunca he oído a UP decir que el IVA sólo podría tener justificación si se aplicara para desincentivar consumos socialmente indeseables o de lujo, nunca aplicado a productos que todo el mundo tiene que consumir. Tampoco le he oído decir que el IVA no sería necesario si los ricos pagaran lo que deben, que pasado un límite de riqueza (pongamos, como concesión generosísima, 50 millones de euros) debería ser del 100%.

En el discurso de UP no son temas destacados los que deberían integrar el discurso de una izquierda anticapitalista, es decir, decente. Y debemos preguntarnos si acaso hablar claro sobre estas cuestiones no forma parte de las acciones imprescindibles en beneficio colectivo.

Es como si se aceptara que librar a la gente de la mentira y la sumisión intelectual no es trabajar por los intereses de la gente y resolver sus problemas. Dar 15 euros mensuales a quien vive en pobreza extrema sí. Y para dar esos 15 euros es preciso estar en el gobierno y callar, haciéndose corresponsable de políticas conservadoras dictadas por el capital desde sus salas oscuras.

Creo en cambio que si se luchara a diario y denodadamente contra la mentira oficial (y para ello hay que estar fuera del gobierno) se podría conseguir mayor influencia en la política social aparte de otros beneficios.

Entretanto ahí sigue la oculta dictadura del capital, infiltrándose en todos los resquicios de la vida colectiva a través de una publicidad cada día más bochornosa y atosigante, de unos medios al descarado servicio de sus dueños, de tertulias insidiosamente adoctrinadoras, de decisiones políticas que intentan que nada básico cambie, de programas del corazón y cotilleos que alimentan a medio país, del premio a la mediocridad en el arte, de los discursos parlamentarios, las leyes y las sentencias judiciales que mantienen la cárcel ideológica en que el país está encerrado.
Y no hay sitio al que escapar. Así que, en beneficio de nuestra salud, soportemos tamaña situación con buen humor, pero, ya que no buscamos votos, sin dejar de denunciarla.

[email protected]

¡CUÁNTO DESVARÍO EN EL TEMA “TRANS”!

Creía con alivio haber dejado atrás este asunto, eso creía, pero resulta que el 18 de mayo pasado la abstención del PSOE ha impedido que el Congreso tramite la “Ley Trans”. Y que una periodista que me cae bien, Cristina Fallarás, nos cuenta (en Público del día siguiente) que hasta el último momento estuvo esperando que alguna de las mujeres socialistas, sobre todo ellas, rompiera la disciplina de voto.

La catilinaria de Fallarás contra las mujeres del PSOE es ya elocuente desde su título: “¿Qué coño les pasa con “lo trans”, señoras del PSOE?”

Confiesa Fallarás su desasosegante decepción tras la abstención en bloque del PSOE. “¿De verdad nadie, NADIE, entre las filas socialistas apoya que las mujeres trans son mujeres, de la misma manera que los hombres trans lo son? ¿De verdad ni una sola de las diputadas que se han partido la jeta defendiendo derechos y dignidades de las mujeres que nos han costado décadas tenía una opinión contraria a la de Carmen Calvo y su séquito, que llevan tiempo bloqueando la propuesta del Ministerio de Igualdad?”

Fallarás dice negarse a creer que todas las mujeres que desde las filas socialistas llevan años luchando por los derechos de los colectivos LGTBI dejaran ayer caer la T, esa T de Trans, sobre todo porque se trata de una cuestión de derechos humanos. “¿Qué coño os pasa?”, les vuelve a preguntar Fallarás al final de su artículo.

Entretanto, y enfrente, feministas del PSOE han firmado un nuevo manifiesto en el que piden a su partido “coherencia y compromiso” para seguir defendiendo los derechos de las mujeres frente a las “teorías que niegan la realidad de las mujeres”. Este manifiesto es un texto impulsado por la filósofa Amelia Valcárcel, la exministra Matilde Fernández y la exeurodiputada Elena Valenciano y se comenzó a difundir con 25 firmas que rápidamente han pasado a más de 600, entre ellas la de la presidenta del PSPV y las de exdirectoras del Instituto de la Mujer, exdiputadas y senadoras, alcaldesas, presidentas de diputación o concejalas del PSOE, así como filósofas, constitucionalistas, escritoras o activistas. Como en otro escrito anterior, todas ellas se vuelven a mostrar en contra de las llamadas teorías queer y defienden que, mientras el sexo es un hecho “biológico”, el género no existe porque es “una construcción social”.

El manifiesto afirma que las amenazas o chantajes de grupos de interés transgénero no pueden ser el criterio que determine la posición de la formación en torno a la Ley Trans.

¿Cómo es posible esta divergencia de juicio en personas de opinión respetable?

Está claro que en este asunto algo falla, que algo hay en él que nubla la inteligencia y lleva a las mentes a extraños delirios. Pues contra lo que se quiere hacer ver por una de las partes, no está a un lado la gente progre y defensora de los derechos humanos, y enfrente la derecha y la extrema derecha: a un lado y al otro hay gente que se considera de izquierdas. Y lo que llama la atención es la virulencia de quienes se consideran más a la izquierda.

Sobre todo si comprobamos que la única diferencia entre el PSOE y el proyecto de la ministra de Igualdad es que el PSOE exige tibiamente algún requisito que refuerce la mera declaración de la persona implicada, para el cambio de sexo en el Registro Civil, y también alguna cautela respecto a los menores de edad. ¿Supone esto un delito de odio (esa transfobia de que se acusa) o una falta de respeto a los derechos humanos? ¿De dónde ha sacado Fallarás que las socialistas son contrarias a la T del movimiento LGTBI?

Pero no trato de defender a las socialistas, porque creo que ellas también han caído en el error de aceptar esa ficción que se denomina “autodeterminación de género”.

Volvamos, pues, al tema tratando de aportar alguna idea nueva.

La forma moderna de teorizar la realidad

Prolongando el pensamiento de la Modernidad, del que nace precisamente el marxismo, podemos decir que la realidad funciona en dos espacios básicos, el exterior al sujeto y el subjetivo. Sobre ambos espacios iremos aumentando nuestro conocimiento si a la observación rigurosa le aplicamos la razón.

La realidad exterior objetiva es la que viene descrita por la teoría científica aplicable.

La realidad subjetiva se desarrolla en dos niveles, uno formado por los hechos mentales referidos a la realidad exterior y otro formado por hechos mentales referidos a hechos mentales (metanivel reflexivo).

Un ejemplo vale para aclarar este aparente galimatías. El cambio climático es algo que se da en la realidad exterior y que la ciencia nos describe junto con sus causas. Frente a esa realidad Juan se sitúa adoptando una actitud mental negacionista (nivel mental primario), pero persuadido por un amigo empieza a pensar (nivel reflexivo) si no será que es negacionista porque está mal informado.

Apliquemos este enfoque al tema social básico: la explotación.

Si nos movemos en el espacio de la realidad exterior, la teoría más objetiva nos dice que hay explotación cuando se dan dos condiciones, que el bienestar del rico depende causalmente de las privaciones del pobre (los ricos son ricos porque los pobres son pobres y al contrario); y que el bienestar del rico depende del esfuerzo del pobre (el rico, a través de un mecanismo u otro, se apropia de parte de los frutos del trabajo del pobre).

Roemer, uno de los principales marxistas analíticos, demuestra mediante modelos matemáticos que, dada una desigual distribución de los derechos de propiedad sobre los medios de producción, el intercambio mercantil (el mercado) da como resultado una transferencia explotadora de trabajo desde los pobres en propiedad a los ricos en propiedad, empobreciendo con su juego a unos y enriqueciendo a otros sin tener en cuenta lo que cada cual aporta a la riqueza colectiva.

Si pasamos del espacio de la realidad objetiva al de la realidad subjetiva, nos encontramos con que unos explotadores pueden tener conciencia de serlo mientras que otros pueden considerarse filántropos. Y que unos explotados pueden considerarse explotados, mientras que otros pueden creer que el capitalista es su benefactor como creador de los puestos de trabajo que los salvan del paro y la pobreza.

A la conciencia individual que no se representa adecuadamente la realidad objetiva es a lo que el marxismo llama falsa conciencia. Es errónea, pero no por eso inefectiva. Determina comportamientos de sumisión, de apoyo a partidos políticos conservadores, etc.

Sacar a los explotados de su falsa conciencia es algo que requiere intervenir en el nivel reflexivo, aportado información a los engañados, combatiendo la propaganda conservadora que les ha llevado al error, etc.

La teoría posmoderna

Frente a esta forma de ver la realidad tenemos la forma posmoderna, que viene a decir que la realidad no existe por sí misma, sino sólo como efecto de la teoría, y que las teorías son incomparables, de manera que no podemos decir que una sea preferible a otra. Una evolución de este pensamiento llega hasta el espacio individual y viene a decir que para cada persona la realidad depende de su interpretación, y que ésta depende de su sentir.

Según eso la explotación existe sólo para quien cree que existe. De lo que se sigue que para acabar con ella no hay que actuar en el inexistente espacio de la realidad objetiva, sino en el de la realidad subjetiva. Habremos acabado con la explotación si conseguimos que los explotados no se consideren explotados, sino miembros de una clase media que con esfuerzo y suerte puede prosperar.

(Para una descripción más detallada del pensamiento posmoderno, elaborado por filósofos enemigos de la ciencia y del marxismo, ver aquí).

Aplicando estas teorías a lo trans

1. Desde la teoría moderna el plano de la realidad objetiva versa en este tema sobre hombres y mujeres, y ello requiere un criterio de clasificación.

Es evidente que no hay otro criterio objetivo sobre el sexo que el biológico. No sólo porque es el que se ha usado desde tiempo inmemorial para determinar quiénes son mujeres y quiénes hombres y es el que seguimos utilizando en la vida cotidiana y en la investigación científica, sino además porque es el único criterio que respeta el hecho fundacional de la sociedad: la contribución de ambos sexos a la procreación, condición de supervivencia de la especie humana; y además porque las diferencias biológicas de los sexos son las que han estado y están a la base de la violencia machista y de la discriminación de las mujeres (por ejemplo, “los estigmas que rodean a la menstruación frustran las vidas de millones de niñas en pleno siglo XXI”, escribe Marisa Kohan en elDiario.es aportando innumerables datos). No hay por tanto que buscar tres pies al gato en este tema. Todos sabemos muy bien en qué se diferencian los hombres de las mujeres.

Si pasamos del plano de la realidad objetiva al de la realidad subjetiva, nos encontramos en un primer nivel con los pensamientos y sentimientos que las personas tienen respecto al sexo.

Lo habitual es que los hombres se consideren hombres y las mujeres mujeres, y que dirijan una gran parte de su pensamiento a interpretar y reinterpretar sus cualidades sexuales y las ajenas.

Pero hay casos en que un hombre puede sentir que es mujer, o puede desear ser mujer, o puede aborrecer ser hombre. Y una mujer puede sentir que es hombre, o desear ser hombre, o aborrecer ser mujer. Y puede ocurrir que este sentir o deseo oriente sus acciones para imitar o parecerse al otro sexo.

Finalmente, en el nivel subjetivo de la reflexividad podemos situar los argumentos a favor o en contra de las distintas actitudes sobre sexos, géneros, autodeterminaciones, etc., y en ese nivel hay que incluir lo que ahora estoy escribiendo.

Hay una diferencia entre el tema de la explotación y el tema de lo trans, y es que en éste no hay perjuicio ajeno. Los pareceres, sentires y deseos trans son por tanto respetables y se debe hacer lo posible para que no sean motivo de injusto maltrato.

Ello es factible sin negar la realidad objetiva. De manera que un marxista puede muy bien respetar los derechos de los hombres que se sienten mujeres, pero sin quedar obligado a aceptar que sean mujeres, y lo mismo los derechos de las mujeres que se sienten hombres, pero sin quedar obligado a aceptar que sean hombres.

2. En cambio desde la teoría posmoderna el sexo como hecho objetivo no existe, es una creación cultural, es eso que llaman género. Llevada esa teoría a su extremo permite afirmar que el sexo ni siquiera es un hecho cultural, sino individual. El verdadero sexo es el sentido por cada cual. Si hoy te sientes mujer eres mujer aunque tu biología sea masculina. Y si mañana te sientes hombre, porque te equivocaste de sentir, vuelves a ser hombre. Aunque lo pueda parecer, no estoy caricaturizando esta teoría. Eso es lo que dice.

Respondiendo a una pregunta impaciente

Creo que ha quedado clara la respuesta que desde la teoría moderna puede hacerse a la dramática pregunta que Fallarás hace a las mujeres del PSOE: “Venga, señoras socialistas, respóndanme a una pregunta muy simple: ¿Carla Antonelli es un hombre? Atrévanse a mirar a la cara a su compañera y respondan. ¿Es un hombre? ¿Carla Antonelli no es una mujer?”

¡Pero hombre, la pregunta a las mujeres del PSOE sobra! Si Antonelli milita en el PSOE es porque muchas de las señoras socialistas responderán que consideran que Antonelli es una mujer.

Y esto es precisamente lo que yo creo que hay que criticar al PSOE, que en este punto ha caído en la necedad del pensamiento posmoderno.

Pienso por mi parte que Carla Antonelli es un hombre (plano de la realidad objetiva) que dice sentirse mujer y que ha hecho lo posible por tener apariencia de mujer (plano subjetivo del sentir y de la acción que de él se sigue).

Sin duda tiene derecho a vivir como si fuera una mujer, derecho que nadie discute.

Pero de la misma manera que Antonelli tiene ese derecho, los demás tenemos también derechos respetables. Por ejemplo el de ser marxistas y no posmodernos. (Diré entre paréntesis que me reconforta llevar en esto la contraria al pensamiento políticamente correcto, conservador, porque soy respetuoso con todos los derechos humanos, lo que exige ser comunista, esto es, enemigo del capitalismo y defensor de una sociedad igualitaria e ilustrada donde cada cual pueda realmente vivir como quiera mientras no perjudique a otros. Los defensores del capitalismo deberían callar cuando se habla de derechos humanos).

El problema del pensamiento posmoderno es que, por ser conceptualmente deficiente, no permite a sus adeptos la argumentación serena y por ello les obliga a la ira, el insulto y la descalificación gratuita del contrario. La progresía conservadora hace una bandera de la autodeterminación de género y se enfurece mucho contra quien no se pliega. Pero la autodeterminación de género llega a tal nivel de sandez que sólo puede prosperar en mentes poco ilustradas o en mentes necesitadas de hacerse perdonar el conservadurismo que aplican a las cuestiones fundamentales.

[email protected]

TRAS LAS ELECCIONES MADRILEÑAS

Comentar las elecciones madrileñas es uno de esos momentos en que uno querría no tener razón en lo que viene opinando.

Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio…” ¡Qué más natural que desear el éxito de la izquierda! En el caso de Madrid, además, por dejar atrás esa ofensa a la estética y a la moral que es la derecha madrileña en el poder.

Mi problema es que al mismo tiempo creía, y sigo creyendo, que el éxito electoral alienta a la izquierda por el mal camino que eligió en los años 70. Y que para salir de ese camino, que la ha llevado a la casi destrucción, lo mejor que le puede ocurrir es el fracaso electoral.

Volveré a esta idea tras examinar algunos análisis superficiales que intentan explicar el éxito de Isabel Díaz Ayuso.

¿La izquierda ha decepcionado?

Habitualmente se comete el error de considerar que el PSOE está en la izquierda, pero conviene recordar que desde las privatizaciones de Felipe González este partido viene aplicando una política neoliberal que en poco se ha distinguido de la del PP.

De ahí que Pedro Sánchez hubiera preferido una coalición con Ciudadanos y que tuviera que aceptar a regañadientes a Unidas Podemos en el gobierno de coalición.

Desde que entró en ese gobierno UP ha tenido que soportar las resistencias del PSOE cuando se trata de hacer políticas tibiamente socialdemócratas, sea derogar la reforma laboral (tanto la del PP como la del mismo PSOE), regular los precios del alquiler de viviendas, liderar una política migratoria decente, defender los derechos del consumidor o hacer una reforma fiscal que deje de favorecer escandalosamente a los ricos. Incluso un día antes de las elecciones se supo que Nadia Calviño había mandado a Bruselas un documento en uno de cuyos anexos figura una subida de impuestos para las clases medias.

En el PSOE dicen que son conscientes de que su mensaje y sus propuestas no han llegado a la ciudadanía. Pero ¿acaso la ciudadanía no sabe a estas alturas qué se puede esperar de partidos a los que viene viendo actuar a lo largo de los años? ¿Se tiene que enterar por lo que digan en la campaña electoral? Ayuso sólo ha dicho palabras vacías y ha arrasado en las urnas.

¿La izquierda no sabe comunicar?

La derecha sabe muy bien qué tiene que decir para que parezca que está proponiendo una salvación cuando en realidad no está proponiendo nada, sigue a lo suyo. Ayuso ha hablado del orgullo de la patria chica (la forma de vida madrileña), de la libertad de hacer “lo que me dé la gana” y del gobierno comunista-bolivariano. Eso le ha bastado.

Supongamos que el bloque llamado progresista tuviera algo que comunicar. Lo tendría más difícil, es cierto, pero su incapacidad para conectar con la gente es llamativa. Hablar de una lucha entre fascismo y democracia puede significar algo para personas que leen y que conocen la historia del pasado siglo, pero no para la mayoría de la población. ¿Por qué hay que temer a Vox más que a Podemos si tantas personas respetables han repetido que se trata de dos partidos populistas, si el mismo Pedro Sánchez ya dijo que no dormiría tranquilo si tuviera a Pablo Iglesias en el Gobierno, si el mismo candidato del PSOE dejó claro que si ganaba no pensaba pactar con Iglesias, sino con Ciudadanos, aliado eventual de Vox?

Es cierto que, además de elegir mal el eslogan, la izquierda no sabe exponer sus ideas de forma que lleguen a los destinatarios. Profesores acostumbrados a disertar ante sus auditorios universitarios gritan en mítines estrofas pensadas para exponer correctamente un pensamiento, no para convencer de nada a quien no esté ya convencido. Un caso típico ha sido el tema de los impuestos, medio eludido, medio aludido con frases torpes, como la insistencia de Iglesias en citar a Cristina Pedroche como si en esa cita se resumiera lo que hay que decir sobre la fiscalidad. De los impuestos se puede hablar de una manera muy clara a la gente para desmontar la mentira de la derecha. No saben hacerlo. Pero si supieran hacerlo ¿cambiaría eso las cosas?

¿Ha sido la culpa de los medios?

De los medios tiene una visión idílica la Vicepresidenta Yolanda Díaz. Le preguntan (en elDiario.es de 9 de abril) si comparte las críticas de Pablo Iglesias a los medios de comunicación y responde que es una gran defensora de la libertad de expresión y una gran defensora de la libertad de prensa y que entiende que tiene que haber líneas editoriales diversas. “Y además las respeto y las comprendo.” Eso sí, lo que les pediría, dada la importancia que tienen los medios en la socialización y la opinión pública, es que la información sea veraz y de calidad, que sea contrastada, que sea un servicio público aunque el medio sea privado. Y que combatan las fake news, que hacen un daño atroz. Dice finalmente que para prestar una buena información es necesario combatir la precariedad que sufren los empleados de los medios.

A esto es a la que conduce carecer de teoría: se opina según el saber y entender que se activa en el momento y que muchas veces sólo obedece al deseo de supervivencia política fácil. ¿Cree la vicepresidenta que estamos en una democracia, que hay libertad de expresión si los medios privados actúan sin trabas y que el obstáculo a la buena información está en la precariedad de sus trabajadores?

De manera contraria se manifiesta Jesús Maraña en un artículo publicado en Infolibre el pasado día 6 con el título El brazo mediático del 4M, donde defiende que en el 4M ha arrasado el “trumpismo a la madrileña” porque su discurso político ha sido amplificado por los medios a sabiendas de las falsedades que contiene “con el objetivo de defender intereses ideológicos y crematísticos que se traducen en decisiones de gobierno o proyectos de ley que facilitan negocios concretos.”

Más lejos llega Arantxa Tirado Sánchez, autora del libro El Lawfare. Golpes de Estado en nombre de la ley, donde examina numerosos ejemplos de cómo, principalmente en América Latina y el Caribe, se han utilizado los medios para acabar con regímenes progresistas bajo instigación estadounidense. Opina que hace falta un debate sobre la necesidad de democratizar los medios de comunicación para evitar que estén monopolizados por el capital y conseguir que haya voces más plurales, no sólo dentro de esos medios privados, sino dando espacio a otros movimientos que puedan tratar de competir, para lo que haría falta una política pública de respaldo, como se ha hecho en países latinoamericanos. ¿Pero qué ha sucedido con esas iniciativas? Que desde España se han vendido como un ataque a la libertad de prensa, cuando la realidad es que los medios de comunicación privados responden al interés de la empresa o el grupo financiero que está detrás, no dejan de ser una correa de transmisión de determinada visión del mundo.

Añade que “el ataque a cualquier periodista o cualquier medio se toma como un ataque a la democracia, como si ellos estuvieran por encima de la fiscalización pública. Como si ellos nunca se equivocaran. Como si ellos pudieran decir lo que quieran sin ningún tipo de consecuencia, cuando, además, estamos viendo (y en esta última campaña ha sido muy evidente) cómo los medios de comunicación pueden coadyuvar a que movimientos de extrema derecha se normalicen y penetre su ideario, quitándole importancia a la gravedad de lo que están planteando.”

Las ideas de Aratxa Tirado están más informadas que las de la vicepresidenta, pero aún así creo que se queda corta y que hay que llegar aún más lejos, hay que atreverse a afirmar algo obvio: la incompatibilidad entre democracia y propiedad privada de los medios de comunicación (ver aquí).

La izquierda elude este asunto por miedo y porque no tiene medios propios con que oponerse al monopolio de los conservadores, de forma que ha de contemporizar e incluso mendigar su presencia en espacios que para nada la benefician. Uno se pregunta qué hacen personas como Monedero en esos programas de debate que no ofrecen luz sobre nada y lo enturbian todo.

Ahora bien, la pregunta básica es: ¿por qué la gente no rechaza a los medios que mienten sistemáticamente?

¿Falta de tirón de los lideres?

Ángel Gabilondo ha perjudicado al PSOE y Mónica García ha beneficiado a Más Madrid, en lo que seguramente ha influido el comportamiento de ambos como oposición durante la pandemia.

Pablo Iglesias, que lo dejó todo para ser un revulsivo y conseguir que ganara el bloque progresista, fracasó en su propósito (aunque consiguiera que UP haya pasado del fatídico 5%).

Son muchas las cosas que Pablo Iglesias ha venido haciendo mal precisamente por no tomar en cuenta el valor ideológico de ciertas decisiones. Por fijarme en dos:

Aunque las bases votaran a favor, fue un error que él e Irene Montero ocuparan altos puestos en la dirección del partido y en el gobierno, y no porque no tuvieran derecho a ello, ni porque el emparejamiento tuviera que perjudicar a uno de ellos apartándolo de la primera fila, sino porque a efectos ideológicos hubiera sido más oportuno decidir (incluso por sorteo) quien de los dos abandonaba por el momento la primera línea institucional, para que no pareciera que Podemos es una organización familiar controlada por un dirigente con fama de haber ido expulsando del partido a quienes se le opusieron.

De la misma forma, la compra del chalet de Galapagar es algo a lo que esta pareja tenía pleno derecho, por más que sea significativa esa prisa por asimilar las aspiraciones de la pequeña burguesía, pero lo malo es que vino después de la crítica de Iglesias a un político del PP por la adquisición de un ático lujoso y de su afirmación de que él, en cambio, seguiría viviendo en su piso de barrio de Madrid.

Cosas como éstas, que parecen nimias y que no son en sí delitos ni inmoralidades, han contribuido a marchitar la confianza inicial en Podemos. Pero ¿son explicación suficiente del desastre?

Las sucesivas crisis sociales

Una veintena de investigadores dirigidos por Amory Gethin, Clara Martínez-Toledano y Thomas Piketty han recopilado datos de 50 países entre 1948 y 2020 que a su juicio explican por qué las clases bajas y desfavorecidas, salvo inmigrantes, se han puesto a votar a la derecha y a la ultraderecha en los últimos años, cuando hasta los 80 lo hacían por opciones de izquierda. Resultaría que la incertidumbre reinante y la creciente desigualdad han dado primacía a la idea de comunidad nacional, religiosa, cultural o étnica. Pero esto es más bien un hecho que necesita explicación.

Dejemos los análisis superficiales y vayamos a la causa profunda

1. Aun aceptando la influencia de las causas antes citadas en el fracaso electoral, sigue sin respuesta la cuestión fundamental, que es por qué esas causas influyen como lo hacen.

La respuesta en que vengo insistiendo desde hace mucho tiempo queda más acreditada a cada nuevo episodio: el tipo de población que el capitalismo ha ido fabricando actúa como causa profunda de las más superficiales que se suelen tomar en cuenta.

Es en este punto donde las diferencias entre el pensamiento conservador y el marxista son más acusadas.

Desde el pensamiento conservador la población es como es, por sí misma, y tiene pleno derecho a serlo. Cada votante es libre de elegir y nadie puede criticar su voluntad. Todos los votos valen igual y todos significan lo mismo, pues solo significan la voluntad del votante. Los electores, como los consumidores, siempre tienen razón, y los partidos perdedores sólo pueden hacer autocrítica, nunca criticar a la masa votante.

En la entrevista antes citada, Yolanda Díaz dice que la ciudadanía española es madura y está ávida de conocimiento. De lo que se sigue que es esa madurez y avidez de conocimiento lo que ha llevado a la ciudadanía madrileña a votar masivamente a Ayuso, a sus políticas neoliberales y a sus mentiras y simplezas.

Naturalmente. si se pone en duda el axioma conservador a favor de la población, saltan en seguida las condenas en los medios. Se está despreciando a los votantes, claman sus comunicadores con moral airada, como cuando el presentador de televisión Joaquín Prats, adoptando el papel de comisario político, interrumpió a Monedero para advertirle que es inadmisible que se critique a los votantes. Claro que la crítica de Monedero a los votantes de Ayuso era despectiva y poco rigurosa. “No son unos Einstein”, dijo. ¿Hubiera dicho lo mismo si esos votantes hubieran optado por UP?

No tiene sentido criticar a la población cuando no te vota y ensalzarla cuando lo hace. Tanto en un caso como en otro hay que hacer análisis objetivos. Y esta población sería igualmente de poco fiar aunque votara a la izquierda mayoritariamente, pues por cualquier motivo secundario o trivial podría retirarle su apoyo más tarde, sobre todo si empezara a sufrir los efectos de la reacción del poder económico. Fue una población tan poco fiable cuando elevó a Podemos como lo es ahora, cuando lo deja caer.

Para justificar la exhibición de incivismo e insolidaridad con que, en Madrid, Barcelona, Sevilla o Bilbao, se celebró el fin del estado de alarma con botellones multitudinarios, sin distancias de seguridad ni mascarillas, apelan algunos a la catástrofe educativa, laboral, económica, social y psicológica que la pandemia ha supuesto para los más jóvenes. Pero lo cierto es que, a pesar de todo, existe esa población madura y ansiosa de conocimiento de que ha hablado la vicepresidenta, y que, aunque es minoritaria, sabe comportarse aun sometida a las mismas presiones que el resto.

A otros ese espectáculo incivil les ha abierto los ojos. “Comparar las fotos de estas juergas de jóvenes (y no tanto) con las de los aplausos a los sanitarios durante el primer confinamiento hace perder la fe en el ser humano”, ha lamentado Ana Pardo de Vera como si fuera ahora cuando ha sabido la clase de población que nos rodea.

La teoría marxista (que en este punto sigue siendo la única solvente) ya nos explicó hace mucho que la población es socialmente fabricada, y que el sistema capitalista sobrevive en la medida en que consiga fabricar a la mayor parte de los perjudicados en la ignorancia, el egoísmo y el miedo. Pero decir que la sociedad capitalista dota de falsa conciencia a una gran parte de la población explotada, precisamente para que acepte la explotación e incluso la apoye, no supone despreciar a nadie, porque nadie es culpable de que lo hayan fabricado de cierta forma.

Para los detalles de esta fábrica me remito a lo que expongo en Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo.

2. La falsa conciencia de una gran parte de la población se da lo mismo en Noruega, Estados Unidos, Francia o España, pero en España a esa tara psicológica hemos de añadir la que ha dejado la larga etapa franquista, en ningún momento contrarrestada.

Durante cuarenta años el régimen franquista delegó la educación y la ideología en manos del integrismo católico y de la propaganda anticomunista y luego, en aras de no sé qué concordia, la Transición lo dejó todo como estaba. Puesto que no se produjeron las depuraciones imprescindibles, el franquismo siguió copando la judicatura, las fuerzas armadas, la policía y los aparatos del Estado. Los medios de comunicación siguieron defendiendo los intereses de sus propietarios. Permanecieron en escuelas y Universidades personas amaestradas por el franquismo y la iglesia integrista, parapetada tras un Concordato franquista todavía no revocado, ha seguido recibiendo grandes ayudas públicas como premio a su mala influencia en un Estado que se proclama laico. Hemos tenido un Jefe de Estado puesto ahí por Franco y explícito admirador de Franco, tratado con reverencia por los medios hasta que fue imposible seguir tapando que era un delincuente. Se eliminan del callejero de Madrid los nombres de Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero mientras los jueces mantienen los de Millán Astray y Caídos de la División Azul.

Y enfrente unos gobiernos que cuando eran de la derecha franquista estaban muy contentos, y cuando eran de una falsa socialdemocracia también. Ni siquiera cuando el PSOE tuvo mayoría absoluta se propuso que en las escuelas se enseñara la historia de la España del último siglo (propósito que por otra parte hubiera sido inútil, pues a él se habría opuesto un franquismo que para ello conserva suficiente poder). ¿Qué se podía esperar, qué nos sorprende?

Los comunistas se escondieron, como si no tuvieran el honor de ser los únicos compatibles con una democracia basada en los principios de la Ilustración: en la libertad, la igualdad y la fraternidad. Los comunistas no supieron defender su opción anticapitalista ni supieron rechazar la identificación interesada de comunismo y estalinismo (tan falsa como identificar cristianismo con Inquisición o guerras de religión). Ha tenido que ser el papa Francisco quien ha resaltado, para vergüenza de los acobardados, que comunismo y cristianismo son cosas semejantes (y es cierto que, aunque no lo son en la teoría, sí en algunos de los aspectos morales que tan poco interesan a los conservadores que se declaran cristianos).

Resultado: en los barrios y pueblos cuya población es más perjudicada por la política de la derecha los votos han sido para esa derecha que contrapone libertad a comunismo.

Un remedio en dos pasos

1. Nunca se insistirá demasiado en que ningún paso adelante cabe esperar de la izquierda hasta que no despierte del sueño (o pesadilla) del electoralismo.

La izquierda eurocomunista no supo ver que, aunque fue un error del marxismo la tesis de la revolución violenta como puerta de entrada al socialismo, la alternativa no es blanquear la plutocracia, defenderla como si fuera democracia y fiarlo todo al voto de una ciudadanía muy alejada de la racionalidad ideal. ¿Y para qué? Para terminar aprendiendo que desde las instituciones plutocráticas nada se puede hacer contra el poder económico si no hay una población mayoritaria dispuesta a apoyar políticas de izquierdas a cualquier precio.

Lo peor del electoralismo es que te obliga a hablar y a callar a conveniencia, es decir, a contribuir al afianzamiento de la Gran Mentira. Tienes que aceptar que esto es una democracia, no puedes decir que no cabe democracia si no hay un límite racional y justo a la riqueza privada, tienes que callar y no hacer responsable a EE. UU. cuando se denigra a Venezuela, tienes que defender la libertad de expresión de los medios del capital, etc., etc., etc.

El electoralismo determina además un tipo de organización hecha a la medida del líder que da votos. No hay una dirección colegiada separada de la representación pública y caracterizada por el estudio y la investigación, sin los que no se puede marcar una línea política fértil. Dirige quien es hábil para la confrontación verbal y para el mitin, preferiblemente personas jóvenes y atractivas que suelen provenir del activismo, a veces del profesorado. En ningún caso se sabe qué teoría aplican al análisis de la realidad y al diseño de su acción política. Nunca utilizan la teoría marxista en sus análisis, que son superficiales, muy parecidos a los de los politólogos conservadores, y cometen errores que no cometerían si tuvieran un bagaje teórico suficiente.

El carácter democrático del partido se limita a apelar a las bases. El líder propone y las bases dicen amén, pero se fantasea con que la designación no ha sido una decisión del líder, sino de las bases que la han aprobado democráticamente. ¿Y de qué información disponen las bases? ¿Hay un programa permanente de enseñanza para elevar su nivel de conocimientos? A falta de todo esto las bases siguen por lo general al líder que está en el poder o, excepcionalmente, a un líder alternativo.

Es de alabar que Pablo Iglesias haya abandonado sus cargos públicos, gesto verdaderamente inusual teniendo en cuenta que hace pocos meses era vicepresidente del gobierno. Su retirada le honra y deja claro que no era el cargo lo que buscaba. Pero, desafortunadamente, el argumento que ha dado no es buen síntoma. No se ha ido porque haya comprobado que no es bueno que en un partido de izquierdas haya un líder carismático, sino porque cree que ese líder debe ser otro u otra. Se ha ido porque cree que ya no suma sino resta, de lo que se sigue que si sumara seguiría. Pero ¿qué se suma o se resta? Votos. Ahí queda todo.

A su vez Ione Belarra, candidata a la presidencia de Podemos, dice: “Necesitamos el Podemos más fuerte para hacer a Yolanda Díaz presidenta del Gobierno de España”. El electoralismo no tiene otro horizonte.

2. Yerran quienes consideran que la alternativa a este electoralismo engañoso es recrearse estérilmente en los principios morales. Parecen no saber que el campo de la verdadera batalla no es el electoral e institucional, aunque pueda servir de ayuda, sino el ideológico, es decir, que la batalla debe darse por ganar el corazón y la mente de los explotados. Y para ello hay que hablar siempre claro, sin que asuste o frene la reacción de los medios o de los electores. A la larga esto es lo que genera confianza.

Pero esa batalla requiere paciencia y para ella no bastan cuatro frases gritadas en un mitin, o una aparición en una televisión enemiga.

En el siglo XIX ya se sabía que la misión del partido comunista era ante todo librar a la clase obrera de su falsa conciencia y esto no se hace yendo a los barrios y pueblos marginados en periodo electoral para arañar algunos votos. Se va a un sitio en el que no se está. A esos barrios y pueblos no hay que ir, en ellos hay que estar. Y hay muchas formas de estar en ellos que no son ir a pedir el voto o a gritar en un mitin.

La derecha tiene escuelas, universidades, medios de comunicación, ONGs. La izquierda ha desmantelado lo poco que tenía y ya no tiene nada.

Es por tanto necesario ir fabricando pacientemente centros de investigación sociológica que nos ayuden a conocer los sistemas de creencias y valores que atan a los de abajo a una explotación consentida. Y también medios propios de comunicación que informen lealmente y desenmascaren los silencios y mentiras de los medios conservadores. Es preciso, mientras exista la enseñanza concertada, no dejarla toda a la derecha, crear escuelas infantiles en barrios pobres (única forma de que su infancia adquiera los códigos lingüísticos que salvan del fracaso escolar), poner en pie universidades populares, ayudar a los más débiles con servicios de asesoramiento, abrir instalaciones en los barrios para restaurar la vida comunitaria, para que la gente se reúna, discuta, pueda ver buen cine y oír buena música, y también partidos de fútbol televisados con consumiciones a bajo precio, etc. Es preciso ofrecer enseñanzas artísticas y deportivas gratuitas a quienes no pueden pagarlas. Si esto se hiciera a lo largo del tiempo, no sería necesario hacer campañas electorales (ni un solo euro tirado en esas campañas) para sacar más votos que ahora, y votos más constantes y fiables.

Una izquierda que sea eficaz a largo plazo es posible. ¿Llegará algún día?

[email protected]

COMENTARIOS SOBRE LAS ELECCIONES MADRILEÑAS

No sé si la señora Ayuso tenía razones para temer una moción de censura con apoyo de Ciudadanos o más bien ganas de aprovechar la ocasión para dar un golpe de mano y acrecentar su poder. El caso es que todo parecía resuelto hasta que ocurrió lo imprevisible: Pablo Iglesias abandonó el cargo de vicepresidente del Gobierno e incluso su puesto de diputado para presentarse como candidato de UP con ninguna posibilidad de ganar las elecciones autonómicas. Desde entonces ha cambiado la situación y las expectativas.

Pablo Iglesias

Parece clara su motivación política: evitar que UP desaparezca del parlamento de la Comunidad de Madrid por no llegar al 5% de votos. No sé cuál habrá sido su motivación psicológica ni creo que importe cuando no se trata de hacer una novela, sino análisis político.

Hay que reconocer que dejar cargos tan importantes y anunciar que dejará también el liderazgo de Podemos es una decisión a la que no estamos acostumbrados, y que viene a demostrar que no todos los políticos son iguales.

He criticado a Iglesias en este blog y mantengo esas críticas. Creo que se vio líder político cuando estaba inmaduro como persona, calculó mal sus fuerzas, diseñó mal sus intervenciones, se hizo agresivo sin beneficios y lo quiso compensar poniéndose a destiempo la piel de cordero. Compró un chalet contradiciendo declaraciones previas y sin prever la pérdida de credibilidad que afectaría a su partido. Titubea muchas veces después de haber dado en el clavo, como cuando dijo que esto no es una democracia porque no manda el pueblo sino el capital, pero más tarde dijo que esta democracia no es plena porque hay presos políticos (lo que implica que si no los hubiera sí sería una democracia plena). Hace acusaciones valiosas contra los medios de comunicación controlados por el capital, pero no las mantiene cuando le llevan a uno de ellos. Desde un electoralismo sin disimulos ha llegado a decir que es una pena que Iván Redondo no trabaje para Podemos.

Sin embargo creo que tiene un fuerte componente de honradez moral que le hace tomarse en serio la política a favor de la gente y que, por falta de cinismo, presenta hoy un cuerpo que ha sufrido más de la cuenta en los últimos años.

Mónica García

Es anestesista y hay que alabarle que haga compatible con su actividad política seguir trabajando media jornada en el Hospital 12 de Octubre. Es activista en la marea blanca y ha adquirido relevancia en el parlamento madrileño por su conocimiento de la situación sanitaria, puesta al servicio de la más dura oposición a la gestión de la pandemia.

Cuando Pablo Iglesias sugirió una candidatura unitaria de izquierdas dejando claro que él iría en el puesto que decidieran los afiliados, Mónica García se mostró en principio dispuesta a estudiar la propuesta.

Parece sin embargo que hubo una reunión entre Mónica García y Errejón tras la cual la candidata por Más Madrid tuvo una muy desafortunada intervención contra Pablo Iglesias, hablando de testosterona, macho alfa y otras cuestiones sólo explicables si se piensa en una ira sorda causada en los de Más Madrid por el desembarco de Iglesias en la campaña. Es como si dieran por bueno que pierda la izquierda a cambio de que UP fracase o, al menos, que no los sobrepase.

Más tarde Mónica García volvió a la cordura y se opuso a la candidatura unitaria argumentando, ya sin agresividad fuera de lugar, que una vez que con Iglesias queda garantizado el 5% para UP, yendo los tres partidos por separado pueden atraer a más votantes.

Quiere esto decir que el electoralismo convierte a los partidos de izquierda no en colaboradores, sino en enemigos que cifran su éxito en el fracaso ajeno, pues salen a luchar por un puñado de votos que si van a un lado no van al otro. Y de que vayan a un lado u otro depende el poder político que se consiga, los cargos a repartir, etc. Lo mismo que ocurre en los demás partidos.

Ángel Gabilondo

Cuando comentaristas y tertulianos critican a Gabilondo se creen obligados a reconocer que, no obstante, es un intelectual de pensamiento profundo. ¿Ha dado alguna prueba de ello? No, salvo que es catedrático de metafísica. Hay ignorancia, al parecer, acerca de qué significa ser catedrático de metafísica.

Hasta ahora el señor Gabilondo sólo ha dado pruebas de pensamiento acomodaticio, y no puede enojarse si su comportamiento como jefe de la oposición en el parlamento madrileño sugiere la sospecha de que ha estado mudo para no molestar al PP y garantizarse así la conformidad a su candidatura como Defensor del Pueblo.

Cuando se ha decidido a hablar nos obliga a pensar que estaba mejor callado, pues este hombre es indigesto cuando calla, pero también cuando habla.

¿Cómo podemos explicarnos que esté dispuesto a pactar con Ciudadanos, pero no con Pablo Iglesias? Parece no haberse dado cuenta que si él sale de estas elecciones presidente de la Comunidad será gracias a la irrupción de Pablo Iglesias en la campaña. Tampoco ha tenido en cuenta que tal vez Más Madrid no esté dispuesto a compartir su veto (aunque tal vez sí, cualquiera sabe, por ahora no lo ha condenado). Ni tampoco que si Ciudadanos consiguiera pasar del 5% de los votos su tendencia le llevaría a los brazos de la extrema derecha de Ayuso antes que a los de la derecha moderada del PSOE.

¿Y cómo explicar que se haya apresurado a afirmar que no piensa subir impuestos? ¿Tampoco a los muy ricos, aun en perjuicio de los servicios públicos madrileños? ¿Tampoco a quienes utilizan la comunidad de Madrid como una especie de paraíso fiscal en perjuicio de otras comunidades?

Lo más sospechoso del señor Gabilondo es su afán por presentarse como moderado que huye de toda confrontación, de todo extremismo, que huye de la polarización. ¿Qué significa eso?

Polarización, extremismos

Polarización” es el término con que se sustituye “lucha de clases”. Si hay una minoría explotadora y una mayoría explotada, es inevitable la lucha de clases, sea explícita o latente, tengan conciencia de ella o no los enfrentados. Acusan de polarización a quien se sitúa con lucidez frente a ese hecho.

El pensamiento correcto consiste en ver nuestro mundo como el mejor de los posibles y a cualquier alternativa como una forma de totalitarismo. Se admite que en este mundo los distintos grupos tienen intereses a veces contrapuestos, pero esos conflictos deben resolverse mediante la única opción civilizada, la discusión racional hasta llegar a acuerdos. Y todo ello considerando al otro como un adversario, nunca como un enemigo.

Es decir, el explotado debe considerar al explotador un adversario cuyo interés (seguir explotando) es tan legítimo como el suyo (librarse de la explotación). Y esta disparidad de intereses debe resolverse mediante la discusión racional y el pacto. Seguro que los explotadores, si oyen un buen argumento, están dispuestos a pactar con los explotados una distribución razonable de la riqueza social. Seguro.

Frente a esta fantasía la realidad es que el poder económico lanza a la lucha a sus mesnadas mediáticas y políticas para que fabriquen opinión y promulguen leyes a favor de sus privilegios. Si alguien se pone enfrente y lo denuncia …, ah, ya hemos topado con la polarización, la crispación y el extremismo.

Señor Gabilondo, ¿en qué mundo vive usted? Evidentemente en el del conservadurismo menos racional, compatible, como bien se ve, con la metafísica.

Dogmatismos

Es un tic conservador alertar contra el dogmatismo, contra quienes pretenden ostentar la verdad absoluta. Hay filósofos y filósofas que elogian la perplejidad y la duda, o afirman que la función de la filosofía no es ofrecer respuestas, sino hacerse preguntas. Y lo dicen al tiempo que hablan sin perplejidad ni duda y que ofrecen respuestas contundentes (¡y qué respuestas!) cuando les interesa. Eso sí, tachan de dogmáticas las respuestas de quienes tienen ideas claras acerca de la explotación y su remedio.

Ángel Gabilondo ha criticado la arrogancia y nos ha hablado de amor sólo para denostar al arrogante Pablo Iglesias y para eximirse de condenar al capitalismo. El capitalismo produce maltratos y violencias universales, pero los hay que creen que se puede hablar de moral, bien común y amor universal sin entrar a condenarlo. Nos dirán, claro, que quienes lo condenamos estamos simplificando un tema muy complejo. Y lo antes dicho: cayendo en el extremismo, la polarización y el dogmatismo.

Valga recordar que el dogmatismo no consiste en tener creencias firmes, sino en mantenerlas al margen del razonamiento. Que es lo que hacen a la postre los conservadores que condenan el dogmatismo.

Una izquierda sin méritos

Se dice que en estas elecciones las personas de izquierda irán a votar más en contra de algo que a favor de algo. La gente decente, sensata y con suficiente conocimiento no puede tener mucho interés en hacer presidente de la comunidad a Gabilondo. Es por ello muy probable que muchos voten contra la extrema derecha, no a favor de una izquierda que lleva tiempo ausente.

A falta de méritos acumulados, ahora se disparan las prisas por acudir a los barrios y a los pueblos del Sur en busca de votos.

Hace años escribía Alberto Garzón que la respuesta necesaria de la izquierda ante los retos actuales debe consistir en la construcción de tejido social antifascista/socialista (la creación de ateneos, cooperativas, clubes, bares, bibliotecas, asociaciones de vecinos, etc.), que es donde residió la fuerza del movimiento obrero del siglo XIX y la vacuna contra el fascismo.

¿Por qué no viene haciendo todo esto Izquierda Unida?

¿Por qué Podemos no viene haciendo otra cosa que dejar languidecer los círculos que inicialmente constituían el cuerpo del movimiento?

Si ahora la extrema derecha puede decir “comunismo o libertad” es porque durante 40 años el régimen franquista adoctrinó a la población en el anticomunismo y porque llevamos otros 40 años en que un capitalismo que esclaviza a la mayoría de la población se asocia a la palabra libertad y se apodera de ella.

¿Qué ha venido haciendo contra esto la izquierda anticapitalista?

Los comunistas se avergonzaron de serlo o se asustaron de presentarse como tales por si les restaba votos y por eso crearon Izquierda Unida para ocultar su nombre. Además han sido incapaces de explicar qué es la libertad y por qué en el capitalismo sólo existe la libertad del depredador.

Esto es lo que facilita que la acusación de comunismo sea un arma en manos de la ultraderecha madrileña, pese a que no tienen enfrente a nadie que proponga políticas comunistas (aquí son imposibles) sino tibiamente socialdemócratas. Y también explica que se haga depositaria y defensora de la libertad sin el menor rubor.

La mala opción del electoralismo

No hay que cansarse de repetir que se llega rápidamente a la inoperancia cuando los partidos de izquierda se apartan de su actividad básica (promover la conciencia de clase entre los explotados) y dedican su esfuerzo al electoralismo bajo la idea falsa de que consiguiendo el poder político se puede transformar la sociedad, y ello al margen del apoyo social que se tenga más allá de los votos.

Este camino que ha resultado suicida fue iniciado por el eurocomunismo cuando aceptó que nuestras plutocracias son democracias y abandonó su papel a cambio de casi nada, porque es casi nada (ya lo ha descubierto Iglesias) lo que se puede hacer desde el poder político frente al poder económico.

Es la entrega al electoralismo lo que ha acabado desnaturalizando a Podemos. Cierto que puede alegar que el apoyo popular, aunque declinante, le ha servido para entrar en un gobierno de coalición progresista. Pero al precio de descuidar el espacio en que debiera haberse desenvuelto, y con pobres resultados. Sólo ha conseguido lo que el poder económico permite: repartir algunas migajas del banquete que se siguen dando otros. Y para ello ha tenido que mantener un continuo forcejeo con el PSOE que obliga a UP a desnaturalizarse un poco más a cada envite.

Entre la revolución violenta y el electoralismo hay un camino intermedio que los partidos eurocomunistas no percibieron y que es caricaturizado por intelectuales que lo califican de postura moral improductiva. El que no se mancha las manos, dicen, se queda morando en un mundo de puros principios sin incidencia en el mundo social.

Esta falta de imaginación impide ver todo lo que se puede hacer desde fuera de las instituciones para ir consolidando el apoyo de una parte suficiente de la población en circunstancias en que serán necesarios los sacrificios.

Sin este apoyo es ilusorio pensar que puede ser fructífero el enfrentamiento al poder económico.

No quiere esto decir que sea desdeñable la actividad electoral e institucional, sino que debe ser subordinada y secundaria, lo que implica no buscar votos a cualquier precio, sino aprovechar el escenario electoral para que los mensajes aclaradores lleguen a más gente, sin miedo a perder votos por decir verdades, sin permitirse el silencio para no perder votos. Es decir, algo muy distante de lo que vemos.

Pienso por todo ello que la muy encomiable actitud de Iglesias sólo será fructífera si es un primer paso para una enmienda a la historia previa de Podemos: establecer una dirección colegiada de personas que no estén en primera línea de ejecución y de portavocía. Que un líder carismático haga y deshaga a su albedrío, sólo porque tiene la cualidad de ser buen argumentador en los debates electorales y en el parlamento, tiene sentido en la derecha, pero no en una izquierda que se involucre en la verdadera batalla, hasta ahora ganada por la derecha porque la izquierda se retiró y no comparece: la batalla ideológica.

A quién votar desde la izquierda

Como no pertenezco a la comunidad de Madrid no tengo el problema de decidir si voto o no, y a quién en caso afirmativo.

Me incitaría a no votar haber percibido que el éxito electoral confirma a los partidos de izquierda en el electoralismo, y que sólo despertarán de él si tienen un fracaso suficiente.

Pero por otra parte, aunque aquejado de desengaño y tristeza, iría a votar más bien por estética, por no seguir soportando más tiempo la muy fea imagen de una presidenta de ignorancia arrogante, mentirosa compulsiva (que cada vez que habla miente) y dispuesta a todo por mantenerse en un poder claramente trumpista.

¿Votar a Más Madrid o a UP?

No es fácil olvidar que Errejón y Carmena, por intereses personales, prepararon en conciliábulos secretos una traición a los intereses de la izquierda. Añádase a esto que el odio de la derecha no se dirige precisamente a Errejón, o a Gabilondo, bien tratados por los medios conservadores, sino a Iglesias, al que consideran portador de todos los males.

Así que votaría a UP. Deseo suerte a Pablo Iglesias, al que le vendría bien eliminar en la campaña electoral las descalificaciones y sustituirlas por propuestas y por datos (esos datos que conseguirán que sean los propios oyentes quienes descalifiquen a los actuales dirigentes de la Comunidad). Todo ello sin fruncir el ceño, sin presentarse como enfadado con el mundo, tranquilo de ánimo, pero haciendo un fiel retrato de la injusta realidad social que la derecha ha ido fabricando para los madrileños.

Y si queremos ahondar en el tema, volvemos a lo mismo

¿Por qué tenemos que estar hablando de todo esto, por qué no está garantizada una muy clara victoria de la izquierda en Madrid? Es evidente: por la mentalidad de una gran parte de la población.

Tenemos una mayoría de explotados que votan sin saberlo a quienes los perjudican. Hay distintos argumentos para explicarlo, pero que eluden la causa principal: la deficiente constitución mental de esa mayoría.

Las personas no nacen, se hacen dependiendo de los estímulos que produce el medio social en que crecen. Cuando se critica al capitalismo suele hacerse hincapié en los efectos de su estructura económica, pero no se repara en el daño más grande: la defectuosa fabricación de la población.

El sistema funciona primando la creencia de que lo que realmente vale es el dinero, llave para el consumo de todo lo apetecible. Tanto se es cuanto se tiene, creencia que fortalece el egoísmo, la codicia y el miedo. Hay que competir con los demás y la mayoría termina en la frustración, porque sólo unos pocos consiguen la riqueza que todos pretenden. Es inevitable el resentimiento de los muchos que se ven obligados a vivir en la pobreza o en la extrema pobreza, en el desamparo y en la falta de futuro.

Esto sería una fuerte incitación a la rebelión liberadora si no fuera porque una mayoría de la población es fabricada sin competencia intelectual para detectar los errores esparcidos desde el poder y sin conciencia de los intereses propios.

Es entonces inevitable que muchos perjudicados sean presa fácil de cualquier ideología agresiva y ello explica el crecimiento de la extrema derecha incluso en barrios populares.

Y no olvidemos que la extrema derecha es apoyada por el poder económico como fuerza de reserva, por si la lógica del sistema acaba provocando levantamientos sociales. Ahí estará entonces la militancia fascista para entrar en acción y generar tal clima de violencia que permita presentar como solución una dictadura de derechas. Lo de siempre.

El sistema social que produce estos efectos es defendido con uñas y dientes por numerosas mesnadas e instrumentos: intelectuales, comunicadores, obispos, medios de comunicación, publicidad, temarios de enseñanza en las escuelas… Ahí están quienes gritan contra el extremismo y la polarización, como si de eso se pudiera acusar a quien protesta y no a la crueldad del sistema.

A esto es a lo que la izquierda debería enfrentarse, y no desde las instituciones, desde las que muy poco se puede hacer, ni limitándose a mítines en periodos electorales, sino actuando entre las gentes de los barrios populares en su beneficio (material y mental) todo el tiempo.

[email protected]

LIBRETO MACHISTA PARA USO COLECTIVO

En la pasada gala de los Goya, mientras la actriz Marta Nieto desfilaba por la alfombra roja, se escucharon unos comentarios de hombres que estaban, sin saberlo, junto a un micrófono abierto:

Esta es la única guapa porque las demás son todas ‘esqueletillos’.”

Había una, la ‘Nancy Peluso’, y otra que estaba llena de tatuajes y parecía puta, puta, puta…”

Las condenas a lo que se considera machismo insoportable han sido unánimes. Daniela Santiago confesaba: “me parece muy triste que a día de hoy siga habiendo hombres que juzguen a las mujeres por su apariencia física, me parece lamentable, la verdad. Totalmente fuera de tono”. Y así otras muchas.

Me ha sorprendido sin embargo una reacción lúcida, la de la propia Marta Nieto, que escribe en DiarioPúblico: 

Asumir la responsabilidad de que todxs lxs que nacemos en una sociedad machista inevitablemente lo somos, es como decidir que vamos a hablar todxs el mismo idioma para comenzar a entendernos.

El machismo, puesto que reside en todxs nosotrxs, puede ser obvio y zafio, pero también sibilino y escurridizo.

A menudo resulta que, cuando por fin visibilizas una capa machista cotidiana y te crees a salvo, hay otra debajo aún más arraigada y vil. Es como una raíz profunda incrustada en nuestras actitudes y miradas diarias. En todo. En todxs. Todo el tiempo.

Gustar y agradar se convierte en un mandato invisible que nos esclaviza y nos perturba a todas las mujeres. Casi siempre de manera inconsciente, porque, como todo buen sistema, consigue hacerte creer que tú eliges eso que te está obligando a hacer. […] Nos atraviesen malestares diarios en forma de imágenes inalcanzables y juicios constantes sobre cómo tenemos que ser, cómo nos tenemos que comportar, cómo tenemos que vestir, follar, andar, hablar y, por supuesto, cómo tienen que ser nuestros cuerpos.”

Parece que, cuando se es consciente de todo esto, lo oportuno sería una rebeldía. Pero por el contrario la actriz no extrae las consecuencias que parecen seguirse de sus reflexiones cuando concluye:

Los juicios constantes a nuestros cuerpos y nuestras formas, como los que se filtraron en la pasada Gala de los Goya, como si el cuerpo de la mujer fuera parte del mercado de placer masculino, como si formáramos parte del consumo y de las experiencias del otro, son la punta del iceberg de las violencias machistas en nuestro ecosistema capitalista.”

Nuestros cuerpos no son para vosotros. No son para vuestro deleite, vuestro juicio o para vuestras experiencias”. “Nuestros cuerpos son para nosotras”. “Cómo queramos vestir, cómo los disfrutemos, cómo los luzcamos o no, es asunto nuestro. Para nuestro placer”.

Convirtamos nuestros cuerpos en el primer espacio feminista. Reivindiquemos la conquista de nuestro amor propio como metáfora de la conquista del espacio social. Queramos nuestros cuerpos como son y expresémoslos con libertad y placer. El trabajo personal de cada una de nosotras con el amor hacia nuestro cuerpo es puro feminismo”.

Como bien se ve, Marta Nieto ha olvidado lo que antes afirmó, que gustar y agradar se convierte en un mandato invisible que esclaviza y perturba a todas las mujeres casi siempre de manera inconsciente, porque el sistema consigue hacerte creer que tú eliges eso que te está obligando a hacer,

Se diría que convertir el cuerpo de la mujer en el primer espacio feminista exige negarse a seguir el libreto machista en la elección de vestidos, joyas, inverosímiles calzados y maquillajes, con la pretensión de presentarse como diosas de la belleza y objetos para el placer ajeno.

En la citada gala de los Goya fue elocuente el respeto al libreto machista. De la indumentaria del presentador Antonio Banderas sólo se nos dice que combinaba un esmoquin con una camiseta negra, de la presentadora María Casado, en cambio, que estaba deslumbrante apostando por un modelo negro de escote asimétrico, con un corsé drapeado en forma de corazón de microlentejuelas de Pronovias.

Lean cualquier información de “ellas en la alfombra roja” o de “vestidos en la alfombra roja” y verán más de lo mismo.

Precisamente Marta Nieto fue una de las que con la presentación de su cuerpo ofreció a otras mujeres la imagen inalcanzable a la que aspirar. Según Vogue, revista dedicada a la mujer (moda, belleza, living, pasarelas, novias) fue maquillada por Beatriz Matallana para Giorgio Armani Beauty, y habría confirmado la regla de oro para maquillar ojos verdes, que consiste en realzar el tono verdoso con dos declinaciones de marrón. “Se trata de dos tonos de diferente intensidad para definir el delineado superior e inferior del ojo”, explica la maquilladora.

En cuanto al vestido, eligió un diseño palabra de honor negro y dorado, con detalles de tul, y largos flecos hasta el suelo, obra de Alberta Ferretti.

Marta Nieto nos dice que hay que querer al propio cuerpo como es, pero eso supondría no intentar esconderlo tras vestimentas deslumbrantes, maquillajes y peinados de profesionales, joyas y otros elementos del obligado “arreglo” femenino de fiesta, que no es sino el intento de suplantar a la mujer por una mediocre postal de “bello sexo”.

Curiosamente, hay comentarios machistas que a nadie escandalizan, como cuando leemos que las curvas de Nathy Peluso, invitada especial de la gala, se llevaron la atención de la noche.

La cantante había publicado una serie de fotografías sensuales en sus redes sociales y se nos cuenta que sus seguidores explotaron cuando los deslumbró con su diminuto traje de baño animal print. Un usuario de Instagram comentó: “curvilinea y elocuente, magníficamente colosal”, mensaje al que siguieron otros muchos con elogios hacia el cuerpo de Peluso que es de suponer que a ella le han complacido y por los que no se ha protestado.

Nadie protesta tampoco cuando mujeres jóvenes que presentan programas televisivos, muchas de ellas atractivas y buenas profesionales, están obligadas, a diferencia de ellos, a ocultar su atractivo natural tras los obligados maquillajes, vestimentas, peinados y calzados. ¿Puede haber algo más insidioso que la parte del libreto que ellas están obligadas a seguir? ¿No es esto precisamente ese tipo de machismo sibilino y escurridizo del que habla Marta Nieto?

No me estoy refiriendo a la libertad individual para elegir la propia indumentaria. No discuto el derecho de cualquier hombre a maquillar sus ojos verdes con dos tonalidades de marrón, a vestir un traje palabra de honor o a caminar con zapatos de tacones de aguja, ni el derecho de cualquier mujer a casarse en la catedral luciendo como vestido de novia la camiseta del atleti (si la dejan). Me estoy refiriendo a la sumisión al libreto machista que se nos impone culturalmente.

Pero he aquí que la progresía conservadora, que considera normal que las mujeres sigan el libreto machista, se enfurece si algunos hombres lo siguen. ¡Pero si es el mismo libreto, es, como ahora se dice, un paquete, va todo junto, la parte del guion para mujeres es complementaria de la parte del guion para hombres, son las partes que todos aprendimos desde la infancia y de la que hemos de librarnos! Los comentarios machistas de esos hombres que siguieron el libreto son la contraparte de la presentación que muchas mujeres hacen de sus cuerpos. Acabar con el libreto, eso es lo que debiera importarnos. Pero ¿cómo hacerlo cuando está cada día reafirmado por la publicidad, los medios de comunicación y los modelos sociales y no es combatido por el feminismo?

Para completar el argumento me remito a lo que ya dije aquí y aquí.

[email protected]

OTRA VEZ LA LEY TRANS

Breve grito desesperado

Abrumado por los 824.327 pinchazos que he tenido que contemplar en primer plano (sí, ya sé que no es fácil enseñar que la vacuna se inyecta), anonadado por el ataque implacable de términos ingleses prescindibles, acorralado por otra horda que ataca en paralelo, la de quienes se apuntan a la última palabra que nadie usaba, que alguien ha usado, y que todos se lanzan a usar venga o no a cuento, huyo y caigo entre dos bandos de la progresía conservadora, uno muy belicoso y enfadado, otro asustado. Esperen, que me tengo que recuperar.

Entrando en el asunto

El pasado verano escribí en este blog un artículo sobre la teoría que sirve de fundamento a la posición queer, esfuerzo intelectualmente desagradable, porque a cualquier persona acostumbrada al pensamiento riguroso le produce urticaria la teoría posmoderna, esa que abrazan algunas feministas en la universidad y en sus aledaños y con la que influyen en gentes más alejadas, que creen que están comprando una teoría seria.

Pero resulta que ha ido ocurriendo lo siguiente:

Que el pasado 20 de enero más de 600 colectivos firmaron un manifiesto a favor del proyecto de ley que prepara la ministra de Igualdad Irene Montero, inspirada en conceptos posmodernos.

Que la asociación Confluencia Movimiento Feminista, que aglutina a una treintena de organizaciones, ha denunciado que esos supuestos colectivos feministas no existen, que son organizaciones de Podemos con las que alguna asesora del Ministerio de Igualdad ha fingido una campaña de carácter popular.

Que la vicepresidenta Calvo ha dicho, en declaraciones a la Cadena SER, que su principal preocupación respecto a la ley Montero es el concepto de “elegir el género sin más que la mera voluntad o el deseo”, lo que puede poner “en riesgo los criterios de identidad de 47 millones de españoles”.

Que entonces desde UP han respondido indignados. Pablo Echenique diciendo que “duele” escuchar “argumentos enormemente crueles y enormemente agresivos” contra un colectivo que es “víctima de una enorme discriminación”, tiene muy difícil llevar a cabo su tránsito y sufre “altísimas tasas de precariedad y desempleo”. Irene Montero diciendo que la identidad de género no es un capricho, es un derecho, forma parte de la identidad de una persona, es un derecho fundamental. Pablo Iglesias diciendo que “la identidad de género y la orientación sexual” no son “caprichos”, “no está bien decirle a las personas trans que son una suerte de elección” porque “nadie elige sufrir o que se lo pongan difícil”.

Finalmente, que en carta al presidente del Gobierno, feministas pertenecientes a la Alianza contra el Borrado de las Mujeres, próxima al PSOE, han advertido que la citada ley trans es aún peor de lo que se temían, un retroceso en derechos humanos y en las políticas de igualdad entre los sexos. Entre otras cosas porque pone en peligro a la infancia al hablar de menores trans, lo que “no es en absoluto progresista, sino políticamente reaccionario y constitutivo de posible abuso infantil”.

Se diría que se trata de una pelea entre feministas de UP y del PSOE en la que parece que se ventilan cuestiones que tienen que ver con sentimientos de no discriminación y de respeto a los derechos humanos, pugna en la que una de las partes (UP) estaría inspirada por un afán progresista mientras la otra (el PSOE) se estaría mostrando cruelmente reaccionaria.

Ocurre que cuando se examina el asunto con atención no se encuentra nada de esto. Por el contrario, las dos partes se exceden en concesiones al activismo queer, las dos llegan más lejos de lo que exige el más escrupuloso respeto a los derechos humanos y a la dignidad de personas que tienen un problema serio de identidad. No hay crueldad por parte de nadie, no se aprecia rasgo alguno de transfobia.

Sólo hay dos puntos de fricción: la forma en que se aborda el asunto respecto a la niñez, y la forma de justificar en el Registro Civil la autodeterminación.

La cuestión es que el verdadero problema no está en esos dos puntos de fricción, sino en que, bajo las apariencias, se está abordando una cuestión básica de manera confusa por ambas partes: ¿definimos a hombres y mujeres por referencia al sexo biológico o elegimos otro criterio, y con qué consecuencias? Es decir, lo que está en juego es si los conceptos de hombre y mujer valen para algo y, caso de que valgan, con qué criterio los definimos. Cuándo diremos que alguien es hombre y cuándo que es mujer.

Hombres y mujeres según el criterio biológico

Hombres y mujeres son definidos por sus genitales porque son actores de la reproducción, es decir, nada menos que condición necesaria para que la humanidad no se extinga. Cuando hay un parto se examinan los genitales del nacido y ya saben los padres si han tenido un niño o una niña, conocimiento que permite una predicción muy aceptable de procesos futuros (en la niñez, la adolescencia y la adultez).

El papel reproductor de mujeres y hombres es tan importante que está permanentemente presente en la mayor parte de los pensamientos, recuerdos, proyectos, sentimientos y acciones de los miembros de una sociedad. Sin los conceptos de mujer y hombre basados en la genitalidad la vida de cada cual se vería continuamente entorpecida al reaccionar a los estímulos sociales.

La importancia de la genitalidad es tal que la llamada autodeterminación de género de nada sirve para eliminar la sensación de engaño imperdonable en quien, ilusionado con la idea de emparejarse, formar una familia y tener hijos, lleva un tiempo flirteando con una chica y ella no le ha advertido de que, por más que tenga apariencia de chica, en realidad tiene pene y no vulva.

Además de en la vida cotidiana, los conceptos de hombre y mujer según criterio biológico son también decisivos en al ámbito de la teoría sociológica, que quedaría patas arriba si hubiera razones para negarles legitimidad. Esos conceptos no han mostrado debilidades a la hora de integrar orientaciones sexuales distintas, anomalías, diferencias. Ha bastado añadirles especificaciones secundarias, como ocurre con innumerables conceptos útiles.

Contra el criterio biológico.

Se alegan distintas razones para acabar con el criterio biológico en la definición de hombres y mujeres.

-Una es que los rasgos biológicos han servido de coartada a la ideología patriarcal

-Otra es que, aunque hay características sexuales biológicas y diferencias entre cuerpos que pueden gestar y cuerpos que no, ordenar esas características y diferencias en dos únicas categorías (hombre y mujer) no es algo natural, sino una construcción sociopolítica. Por tanto no hay nada “natural” que diferencie a las mujeres de los hombres que se sienten mujeres, porque el haber nacido con pene y sin vagina carece de importancia fuera de esa construcción sociopolítica.

-Una tercera razón es que definir a la mujer por relación a lo genital genera un feminismo esencialista que opera bajo la premisa de que todos los hombres son de una forma y las mujeres de otra, con lo que se encorseta una realidad fluida.

Es fácil apreciar por qué estas razones tienen bajo nivel teórico.

La primera confunde dos cosas muy distintas: una es definir el sexo mediante la genitalidad y otra inventar un determinismo biológico inexistente para justificar el sometimiento de las mujeres.

La segunda razón mezcla cuestiones de dos planos diferentes. Una cosa es la existencia de hombres y mujeres y otra las distintas fabricaciones ideológicas que se dan en una sociedad sobre hombres y mujeres. Definir previamente a hombres y mujeres es condición para hablar luego, en el plano teórico, acerca de ideologías sobre hombres y mujeres.

La tercera razón olvida que el científico que define no apela a esencias, se limita a especificar qué propiedades debe tener algo para pertenecer a una clase. Lo que tendrían que demostrar los críticos es que hay un criterio que no es el biológico y que ofrece mejores resultados teóricos y prácticos.

Un primer problema que plantea el criterio del sentir

El criterio alternativo que ofrecen los activistas trans y que han aceptado organizaciones políticas como el PSOE y UP es el criterio del sentir. Es mujer quien se siente mujer aunque tenga pene y no pueda gestar.

Si este criterio fuera adecuado, plantearía en todo caso el problema de cómo se acredita el sentir, asunto que vimos que enfrenta a UP y al PSOE.

Todos sabemos que se puede simular o mentir al afirmar un sentir, pero a los de Podemos les ha parecido muy cruel acusar de fingimiento a gente que sufre tanto. Sin embargo no se trata de sospechar de esta gente que sufre tanto, sino de prever que otros que no sufren aprovechen una ley que no exige pruebas para obtener ocasionalmente un beneficio. Recordemos los tiempos en que el servicio militar era obligatorio. Si los hombres se hubieran podido librar por una simple declaración ante el registro civil ¿no lo habrían hecho muchos?

Quiere esto decir que los escrúpulos de la vicepresidenta están justificados. La ley no impide que un hombre se declare hoy mujer y más adelante otra vez hombre, y más adelante otra vez mujer en virtud de sucesivos “sentires”.

Pero los activistas trans alegan que exigir requisitos a la autodeterminación de género significa que se considera que las personas trans son unas trastornadas necesitadas de tutela, es decir, que se patologiza su elección de género.

Se intenta entonces eliminar informes de psicólogos o psiquiatras y sustituirlos por acciones sostenidas en el tiempo que acrediten que la afirmación del sentir es sincera, posición del PSOE que ha parecido deshumanizada a los de UP.

La imposibilidad de universalizar el criterio del sentir

Lo malo es que la exigencia de requisitos no resuelve el problema de fondo, que es: ¿tiene sentido apelar al sentir, sea con pruebas o sin ellas, frente al criterio biológico?

El criterio del sentir viene a decir que no hay una realidad autónoma e independiente de la subjetividad, es decir, que la realidad la creamos nosotros con nuestra actitud subjetiva.

Y esto plantea dos problemas en los que los activistas o no saben o no quieren reparar.

El de especificar qué es sentirse del otro sexo y el de universalizar el criterio.

A) Por lo que respecta a la naturaleza de sentirse mujer cuando se ha nacido hombre, ya he dicho en otra ocasión que es una vivencia inefable. Ni siquiera cada mujer sabe en qué consiste sentirse mujer, no sólo porque parte de ese sentir tiene naturaleza inconsciente, sino además porque cada mujer sabe lo que ella siente conscientemente, pero no lo que sienten las demás. Mucho más arcano es eso de sentirse mujer aplicado a un hombre.

De manera que si el criterio del sentir se adoptara de verdad por todos, se haría muy difícil el pensamiento ordinario sobre el sexo, tendríamos suspendido el juicio, porque de ninguna persona podríamos afirmar si es hombre o mujer una vez que esto dependiera de un sentir inasible y cambiante. Y no nos valdría acudir al Registro Civil, pues el cambio de sexo por el sentir es previo e independiente del cambio en la inscripción.

B) Pero es que además, si pensamos que la subjetividad tiene poder constitutivo de la realidad en el espacio del sexo, entonces hemos de generalizar ese poder a los restantes espacios, hemos de universalizar el criterio del sentir. Tendremos entonces que aceptar que si alguien se siente médico es médico, aunque le queden asignaturas pendientes. Y que si alguien se siente aviador hay que dejarle los mandos del aparato. No se me diga que estoy trivializando, porque me limito a llevar el argumento a sus consecuencias lógicas. Si el sentir es tan poderoso como para convertir a un hombre en mujer, ¿cómo no va a poder convertir a un estudiante de medicina en médico, que es cosa más hacedera? Incluso si añadimos al sentir algún requisito, como empeño temporal, voluntad de arrostrar sufrimientos, etc. tales requisitos también los cubriría un estudiante de medicina que se sintiera médico y se pusiera a la puerta de un hospital día y noche pidiendo una oportunidad.

Se puede replicar que no es un problema social que haya muchos estudiantes de medicina que se sientan médicos y exijan ser reconocidos como tales antes de acabar sus estudios, mientras que sí en cambio hay hombres que afirman que se sienten mujeres, o mujeres que afirman que se sienten hombres, y que demuestran ese sentir en su comportamiento. Pero yo no estoy negando ese hecho, sino advirtiendo lo que significa considerar que estos hombres no son “hombres que se sienten mujeres” (que es el hecho que no niego), sino que son mujeres. Por la misma razón si un violador afirma que siente que él ha sido el provocado y agredido sexualmente, o un maltratador afirma que siente que él es el maltratado, ¿habremos de dar a esos sentires un valor constituyente de la realidad?

Quiero decir que si se acepta el argumento posmoderno en que se apoya la llamada autodeterminación de género y lo aplicamos de manera general, entonces la vida social se hace imposible.

Si alguien dijera que el argumento del sentir es solo aplicable a la llamada autodeterminación de género y no a otros espacios, podemos preguntarle por la razón de esa limitación. No sabrá qué decir. Según el pensamiento posmoderno de que se nutre el movimiento queer no sólo el sexo, toda realidad es creada por algún tipo de subjetividad.

Finalmente, si se desestima el criterio biológico por ser creación sociopolítica, por la misma razón habrá que desestimar el criterio de la autodeterminación de género basada en el sentir.

Malos argumentos

Dicho todo esto, alguien puede pensar que los partidarios de la autodeterminación de género han de tener sin duda argumentos que yo he ocultado maliciosamente. Y la realidad es que han sustituido los argumentos por distintas estrategias:

A) Una consiste en apelar a los sufrimientos de la minoría trans y a sus derechos como seres humanos, lo que permite rasgarse las vestiduras ante cualquier oposición. O en afirmar un axioma que no necesita demostración: que la ley Montero es un avance moral y jurídico en defensa de minorías discriminadas y de ello se extrae, como consecuencia, que quien se opone es descalificable sin más trámites.

Es la estrategia que sigue Isa Serra cuando afirma que la oposición a esa ley es la misma que tuvo la ley de matrimonio igualitario que se aprobó en España en 2005, con lo que está queriendo decir, pero sin demostrarlo, que quienes no están de acuerdo con esa ley es por espíritu reaccionario que tendrá que terminar cediendo ante el avance de derechos. “El matrimonio igualitario también tuvo una enorme reacción y respuesta; frente a las dudas y reacciones que está recibiendo la ley trans, es evidente que esta ley será una victoria y un importante avance para reconocer los derechos de las personas trans”.

Con el mismo salero Serra da por supuesto que hay dos feminismos, uno que combate el racismo, la homofobia y la transfobia y que es, claro, el partidario de la ley, de lo que se sigue que el feminismo que se opone a esa ley es permisivo con el racismo, la homofobia y la transfobia.

B) En la misma línea se sustituye a veces el argumento por la parodia. Resultaría que el feminismo tradicional considera que ser mujer es una especie de privilegio, algo así como “somos un grupo oprimido, estamos cómodas en nuestra condición de víctimas y consideramos las políticas públicas feministas como privilegios que no queremos compartir con otras que están peor”. Hecha la parodia, asunto resuelto. ¿Para qué argumentar?

En todos estos casos se monta un fraude retórico sobre un hecho doloroso, la disforia de género.

C) Cabe también resolver el tema diciendo que otros países como Portugal, Grecia, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Noruega y Argentina han aceptado ya la autodeterminación de género sin requisitos y que no se ha producido ninguna de las amenazas que se anuncian, o que Amnistía Internacional ya pidió a todos los Estados que siguieran el ejemplo de Noruega, o que la OMS opina esto o aquello, o que el PSOE ha aceptado algo parecido en algunas Autonomías. Ninguna de estas alegaciones es un argumento. Si la autodeterminación de género fuera un disparate no dejaría de serlo porque se haya adoptado por tales o cuales países, o recomendado por tales o cuales organizaciones internacionales (máxime si recordamos cuantas acciones indefendibles se recomiendan y cuantas acciones benefactoras se impiden por gobiernos e instituciones internacionales).

El verdadero y único argumento

Si apartamos la retórica vacua, el único argumento utilizado por el activismo trans se funda en la tesis central del pensamiento posmoderno.

No hablo de ese pensamiento por lo que haya leído, sino porque viví profesionalmente su eclosión cuando era profesor de filosofía en la Universidad de La Laguna allá por los años 70 y fui testigo de cómo aquel pensamiento entusiasmaba a los progres dualistas y a los progres antimarxistas, que caminaban con el librito de Feyerabend bajo el brazo y que al fin tenían una coartada sofisticada para quitarse el corsé que les oprimía. Al fin se podía ser progre primando a la palabrería sobre la ciencia social y a cualquier fábula social sobre el marxismo. Al fin se podía citar a autores incomprensibles sin temor a la burla de los filósofos analíticos (puesto que Feyerabend era uno de ellos).

De no ser porque venía muy bien a muchos, es imposible que se hubiera tomado en serio la ocurrencia posmoderna de que toda observación está impregnada de teoría y de que, por tanto, es la teoría la que fabrica los hechos. Los conservadores andaban entusiasmados. Fuera la modernidad, arriba el pensamiento posmoderno. Al fin somos libres.

Como ya he expuesto (ver aquí) el pensamiento posmoderno fue, no importa el pretexto, un intento de desprestigio de uno de los legados de la Modernidad, la teoría marxista, y actuó por tanto como instrumento bélico en manos del ejército de intelectuales al servicio del poder, instrumento tan versátil que incluso les permitía fingir que luchaban contra el poder (Foucault es caso paradigmático), o incluso que eran marxistas mientras trataban de destruir los fundamentos de toda teoría social (y por tanto del marxismo).

Criterio retórico que nadie sigue

Afortunadamente nadie sigue en serio el criterio del sentir a la hora de percibir a hombres y mujeres. Incluso en los reductos colonizados por el activismo trans el criterio del sentir se sigue sólo a beneficio de inventario, porque incluso las personas que niegan el criterio biológico para caracterizar el sexo, es precisamente ese criterio el que utilizan. Las personas trans hablan de identidad de género, pero el sexo biológico es el criterio de cuanto piensan, sienten y hacen, y no deja de estar presente orientándolo todo.

Si las personas trans fueran capaces de adoptar de verdad el concepto del sentir, si el sexo que desean no tuviera que ver para ellas con lo biológico, sino con constructos subjetivos, ahí mismo habrían acabado los problemas vitales que confiesan. Porque lo que quiere el trans no un género cultural, ni un género individualmente pensado (eso ya lo tiene con su mero pensar), sino el sexo biológico que todo el mundo conoce. No se conforma con sentirse mujer y que se reconozca su sentir, sino que quiere tener cuerpo de mujer. Quiere que le crezca el pecho, y perder el bello masculino, y para eso se hormona. Y en muchos casos recurre a la cirugía para perder el pene a cambio de una vagina. Su problema es que nada de esto lo convierte en mujer, sino en imitación. Es y será un hombre trans, y de ahí su sufrimiento, su mayor tasa de suicidios, etc.

Esta afirmación no debe considerarse despectiva, ni insultante, ni desconocedora de derechos, y puede hacerse con todo el cariño del mundo, como haríamos referida a un hijo, porque es afirmación que sólo pretende dar a la realidad la importancia que tiene frente a sentires y deseos subjetivos.

El enfoque del problema desde la racionalidad

Claro que alguien puede decir: tenemos un problema con las personas trans y hay que solucionarlo. ¿Hay otra forma que mediante la autodeterminación de género de corte posmoderno?

Pues claro, la forma que ofrece la teoría marxista (ver aquí).

Esta forma permite respeto a la subjetividad sin negar la realidad objetiva y las configuraciones ideológicas sobre esa realidad.

Dejando de lado lo que haya de innato o de cultural, de transitorio o de definitivo en la llamada disforia de sexo, cada persona es muy dueña de sus sentires y quereres, y de expresarlos, incluso de intentar realizarlos, así sean quereres imposibles. Por tanto las personas trans tienen derecho a mantener y expresar sus propias convicciones, a no ser discriminadas o perjudicadas socialmente y a exigir que se respete su forma de vida y sus intentos por adaptar su realidad corporal a sus deseos.

Pero no tienen derecho a exigir que el resto de la sociedad abandone su concepción de los sexos a favor de la teoría queer. Ninguna persona trans tiene el derecho de exigir a las demás que la consideren del sexo sentido y no del biológico.

Es decir, los derechos de cada cual tienen un límite, el que imponen los derechos de los demás, límite que en este caso se percibe, por ejemplo, en el tema del Registro Civil

Podemos considerar que inscribir en un Registro el sexo biológico de cada cual es necesario o que, por el contrario, es algo prescindible. En este caso lo adecuado es suprimir el registro civil.

Pero si lo consideramos necesario, entonces tenemos que atender a la demanda de varones trans que no soportan estar inscritos en el Registro Civil como varones y con nombre masculino, y a la demanda de mujeres trans que no soportan estar inscritas como mujeres y con nombre femenino.

La solución racional sería aumentar las posibilidades de inscripción y permitir que quien no esté conforme con su sexo pueda inscribirse como varón trans o mujer trans. De esta forma desaparecen todos los problemas que ahora se están observando y otros muchos que puedan surgir. La joven que lloró de alegría cuando al fin se vio inscrita con su nombre masculino podría llorar igualmente de alegría cuando viera esa misma inscripción en su calidad de mujer trans.

¿Y los no binarios, los que no se consideran ni hombres ni mujeres? Pues bueno, si queremos dar carácter oficial a esa opción (en lugar de dejarla para el aspecto íntimo) entonces podemos establecer otra posibilidad de inscripción, la de no binarios.

De esta forma evitaríamos inscribir a una mujer como hombre o a un hombre como mujer y mantendríamos el criterio básico de la genitalidad dando al mismo tiempo satisfacción a los trans.

¿Dónde está el problema? ¿Por qué no se ha elegido esta solución sensata?

Pues porque los activistas queer no la aceptan. Y aunque sus argumentos no pasan de dicterios y errores conceptuales, los políticos no se atreven a llevarles la contraria.

El miedo que rige esta polémica

El activismo queer ha jugado con el miedo del progresismo conservador, el miedo a ser señalados como no suficientemente progresistas. Es el mismo miedo que paraliza a los políticos catalanes separatistas cuando temen que los activistas les llamen traidores. Ya vimos como la palabra traidor determinó momentos decisivos del procés.

A quienes somos comunistas y demócratas (¿no sabían que hay comunistas demócratas?) no nos asusta que desde el progresismo conservador nos llamen tránsfobos, insensibles al sufrimiento ajeno o irrespetuosos con los derechos humanos, porque ser comunista y demócrata es condición necesaria para defender los derechos humanos. Quienes transigen con el capitalismo sólo pueden defender los derechos especificados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, que fue redactada por países capitalistas y que afirma tres falsos derechos que suponen una negación de derechos legítimos para millones de ciudadanos (Ver aquí). ¿Adónde huye Izquierda Unida asustada, por qué expulsa al Partido Feminista de España? Se diría que en IU no hay conciencia de comunismo y democracia y que por ello tiene que mendigar el aval y los votos de la progresía conservadora haciendo aspavientos a la cabeza de la manifestación.

Una anécdota significativa

Un diputado de Vox, con clara intención de molestar, ha llamado a Carla Antonelli “el representante del PSOE” y Carla Antonelli ha tomado esto por humillación y ha pedido amparo al Parlamento por haber sido faltada al respeto.

Está claro que la forma empática de referirse tanto a una mujer como a un hombre trans es el femenino. Pero eso no implica considerar que el hombre trans es una mujer. De manera que alguien puede llamar Carla a Antonelli, y considerarla diputada, y creer sin embargo que no es una mujer, sino un hombre trans.

Y en este caso, Carla Antonelli no tiene derecho a sentirse agredida, y humillada, y a acusar de odio a quien no la considera mujer.

Contra lo que parece (y siento decir esto) se desconocen los derechos humanos cuando se agrede a los de Vox porque exhiben un autobús con la inscripción de que los niños tienen pene y las niñas vulva. Hasta este extremo de necedad colectiva hemos llegado. Los de Vox tienen pleno derecho a expresar algo que, por otra parte, es una mera tautología si se acepta la definición de los sexos por la genitalidad.

Una opinión final

Pienso que un hombre trans es tan digno de respeto como un hombre no trans, y no veo que su condición sea humillante. Por eso no entiendo que considere agresivo y falto de respeto que alguien se refiera a él como hombre trans, pues eso significaría que para él es vergonzoso serlo y que es insultante que se le reconozca como lo que es. En realidad entendería mejor que le humillara que lo consideren mujer, es decir, que lo reconozcan como algo que ni es ni puede ser plenamente, sólo imaginariamente y como imitación. Desde este punto de vista serían las personas trans las que se humillan a sí mismas cuando consideran que su condición debe ser ocultada a cambio de publicar la que no tienen.

Si yo tuviera un hijo trans y me pidiera consejo (en otro caso no se lo daría), mi consejo sería: vive tu situación alegremente (si puedes), sin orgullo y sin humillación (no hay razón para una cosa ni para la otra). Y no te ofendas ni te sientas agredida si alguien no te considera mujer, sino hombre trans. Pues esta denominación es más verdadera, ya que comprende tu sexo biológico y tu sexo elegido.

[email protected]

A PROPÓSITO DE TRUMP Y DEL TRUMPISMO, ALLÍ Y AQUÍ

Es mucho lo que hemos podido leer y oír sobre el final de la presidencia de Trump con asalto al congreso incluido. Pero, tal vez por falta de habilidad en la búsqueda, no he encontrado alguna reflexión que se pueda considerar nacida de un marxismo puesto al día (única teoría general de la sociedad de que disponemos).

De las descripciones del asalto al congreso la más aparentemente “solvente” viene a decir que Trump es un adicto a la mentira que no ha aceptado perder las elecciones y que ha inventado conspiraciones para justificar su actitud. Que sus seguidores las han creído y que él les animó a que tomaran el Capitolio, cosa que hicieron con poca resistencia de las fuerzas de policía, aunque se sabía con antelación lo que iba a ocurrir. Que pese a todo la democracia más antigua del mundo, modelo para todas las demás, ha sabido sobreponerse y sus instituciones han resistido (o, como ahora se dice, “han tenido resiliencia”). Que ello no significa que todo esté resuelto, pues aunque Trump sea expulsado de la vida política quedan millones de trumpistas. Que hay una gran polarización social en Estados Unidos, efecto de la situación social. En el último año millones de ciudadanos han perdido sus trabajos y si antes del COVID19, el 12% de los hogares ya vivía en pobreza ahora además 30 millones de personas pueden perder sus casas hipotecadas. De ahí que, para que el futuro se despeje, es necesario dar la espalda a las políticas neoliberales, volver a Keynes y al fortalecimiento del Estado y luchar contra las mentiras y las teorías de la conspiración que ponen en tela de juicio la neutralidad de las instituciones.

Este relato es criticable en parte por lo que dice y en mayor medida por lo que calla.

¿La más antigua y prestigiosa democracia?

En la narración de los últimos sucesos estadounidenses hemos tenido que soportar innumerables apelaciones a la democracia bajo la idea, explícita o implícita, de que la democracia de Estados Unidos es la más antigua y el modelo y espejo para las restantes, en una de las cuales vivimos nosotros.

Joe Biden, en su discurso inaugural como presidente, ha dicho cosas como éstas: Hoy no celebramos la victoria de un candidato, sino de una causa: la causa de la democracia. Una vez más hemos aprendido que la democracia es preciosa, que la democracia es frágil. Y en esta hora, amigos, la democracia ha prevalecido.

Si no fuera por la espesa nube de desinformación que fabrican los medios de comunicación, no debería ser necesario insistir en que el régimen político americano no es una democracia ejemplar, ni siquiera una democracia averiada, sino una plutocracia racista y maltratadora del pobre en el interior, y en el exterior defensora de los intereses capitalistas aun a costa de cruzar todas las líneas rojas del genocidio.

La palabra “democracia” se utiliza con frecuencia como sinónimo de capitalismo. Así cuando se llama activistas democráticos o luchadores por la democracia a los que se enfrentan a regímenes autoritarios de izquierdas, sea en Hong Kong, Taiwan o Venezuela, activistas muchas veces no interesados en que resplandezca la democracia en sus países, sino en llevar a ellos los “valores liberales” del capitalismo. Y por ello suelen estar financiados por Estados Unidos.

En todo caso, para diferenciar a nuestras “democracias” de los regímenes autoritarios de izquierdas, se apela a una libertad que consiste en que nosotros podemos elegir a nuestros representantes, los que van a legislar y gobernar en nuestro nombre, en nombre del pueblo. También en que podemos asociarnos libremente, podemos expresarnos libremente y podemos actuar libremente sin temor a decisiones arbitrarias de las autoridades. Finalmente, en que podemos ser emprendedores y, con esfuerzo o con suerte, hacernos ricos.

A continuación veremos que en este argumento se utiliza un concepto de libertad muy tosco. Y además que, aun si lo diéramos por bueno, alude a una libertad ilusoria, a una apariencia de libertad sin contenido en los dos contextos principales, el político y el comunicativo.

Libertad legítima

Una libertad es legítima si es defendible de manera universal. Requiere dos condiciones: que el actor tenga conocimiento suficiente de los efectos esperables de su acción, y que disponga de suficiente empatía respecto a las personas a las que su acción puede afectar. En términos kantianos podríamos decir que sólo eres legítimamente libre cuando, haciendo lo que quieres, estarías dispuesto a aceptar los efectos de ese tipo de acción si los demás la hicieran.

Puesto que las personas son fabricadas socialmente, tener conocimiento y empatía suficientes no es tema individual, sino social. Es el sistema social el que tiene que favorecer la actividad libre de los individuos fabricándolos con conocimiento y empatía suficientes. Y aquí el capitalismo fracasa estrepitosamente, es una impresionante fábrica de ignorancia y egoísmo. Muchas acciones “libres” serán por tanto ilegítimas.

Si examinamos la libertad de elegir parlamentos y gobiernos, encontraremos que no es legítima cuando se vota sin conocimiento de las consecuencias del voto o, caso de que haya conocimiento, sin empatía hacia los que van a sufrir las consecuencias.

Libertad política

Pero demos por legítima la libertad de los votantes, aun si son ignorantes e insolidarios. ¿Significa eso que los parlamentos elegidos van a legislar libremente y los gobiernos a gobernar libremente?

Al poder económico le interesa el disfraz democrático siempre que ese disfraz no le impida gobernar desde la sombra. Esto requiere controlar a los partidos políticos y a la opinión pública, algo que al poder económico le resulta fácil por tres circunstancias:

Una es que los partidos políticos necesitan copiosos recursos económicos (entre otras cosas para financiar campañas electorales cuyo éxito depende en parte del dinero invertido), de manera que los partidos acaban en manos de los bancos, de los grandes donantes o de las grandes corporaciones que a cambio premian a los dirigentes con puertas giratorias y demás corrupciones. Supongamos que un político incorruptible escapa al escrutinio del partido y llega al poder. Si en algún momento se empeña en alguna medida política no aceptable por el capital, éste tiene mil formas de chantaje para hacerla imposible. Y además ese político será considerado enemigo y abatido por el fuego de numerosas armas.

La segunda circunstancia que favorece al poder económico es que la opinión pública se fabrica mediante medios de comunicación costosos, sólo al alcance de los ricos.

Y una tercera es que, siendo muy bajo el nivel cultural de la población dominada, es muy fácil engañarla mediante expertos que se compran con dinero y que hablan o escriben en los medios controlados por el capital.

Ello permite dirigir desde la sombra la legislación y la política gubernamental en favor de una minoría que multiplica su riqueza obscenamente, aumentando así su control sobre parlamentos, gobiernos, medios de comunicación y expertos.

Si en algún país llega al poder un partido de izquierdas que pretende controlar el mercado, nacionalizar los servicios de interés común y obligar a los ricos a que contribuyan en proporción a su riqueza, será considerado un país no libre, autoritario y expropiatorio, y se tratará por todos los medios de desestabilizarlo, obligándolo a que se defienda con medidas más autoritarias, que serán tomadas como argumento en su contra.

Lo normal es que no haya que llegar a tanto. Basta que aparezca un partido incontrolado por el capital (como Syriza en Grecia o Podemos en España) para que todas las fuerzas al servicio del capital se movilicen para destruirlo, incluso aunque su capacidad de acción sea pequeña.

En una entrevista en Salvados, Pablo Iglesias se ha confesado enterado de que estar en el gobierno no es estar en el poder. Por fin sabe que gobiernan los ricos y que los ricos son mucho peores de lo que pensaba. Ningún rico ni ningún poderoso, ha dicho, está dispuesto a aceptar fácilmente una decisión que le perjudique por muy democrática que sea, añadiendo que vivimos en una “democracia limitada” en la que los ricos y poderosos tienen más poder que un diputado y no dudan en presionar al Gobierno en defensa de sus intereses. Señor Iglesias, a eso se lo llama plutocracia, no democracia limitada. Y para saberlo no hay que esperar a estar en el gobierno, basta con leer a Marx y mirar luego alrededor.

¿Medios de comunicación libres?

Uno de los instrumentos básicos de la plutocracia son los medios de comunicación. En la citada entrevista Pablo Iglesias dice haber aprendido también que los ricos se imponen a los ministros utilizando como arma los medios de comunicación.

Se llama “libertad de expresión” a la libertad del rico para controlar la información y conformar la opinión, así como para presionar a los poderes públicos, mediante los medios de comunicación de su propiedad. Cada medio de comunicación influyente tiene una clara conexión con el capital.

Por ello se puede afirmar que la propiedad privada de los medios de comunicación es un obstáculo insalvable a la democracia (ver aquí).

Los plutócratas y sus colaboradores se proveen de medios diferentes para los diferentes estratos de la sociedad. Hay medios para los estratos de bajo nivel cultural, para los de nivel medio, para los propensos al fascismo y para los que se consideran progresistas. Hubo un tiempo en que los medios de PRISA jugaban este último papel con disimulo tan eficaz que muchos progres llegaron a creer que El País era un periódico de izquierdas. Ahora Iñaqui Gabilondo, al que me he referido en otras ocasiones porque es un paradigma, abandona su púlpito en la SER por cansancio, y de todas partes han salido encomios y lamentos. Sin duda Gabilondo tiene muy buenas cualidades como comunicador, y las ha dedicado a defender al sistema a cambio de un premio proporcional a su eficacia. ¿De qué modo lo ha defendido? Del que puede engañar a la gente mejor dispuesta hacia la justicia: presentando una imagen de incorruptible moral, de permanente servicio a la verdad y a la democracia, para actuar luego limitando la crítica a lo periférico y guardando silencio, permanente silencio, sobre lo fundamental, sobre el núcleo mismo de la ignominia. Pudo optar por la crítica al sistema, y es una lástima que no lo hiciera, pero sin duda entonces nadie lo alabaría ahora y no habría obtenido beneficios, sino vetos.

Hay muchas maneras aparentemente inocentes de afianzar la gran mentira. Àngels Barceló ha dicho que a todos nos ha emocionado el discurso inaugural de Biden. ¿A qué “todos” se refiere? Parece que al menos a ella le han emocionado las mentiras de épica engolada que Biden ha ido desgranando en su discurso. Por ejemplo éstas:

Que él va a convertir de nuevo a Estados Unidos en la principal fuerza del bien en el mundo. Que los objetos comunes que los estadounidenses aman y que los definen son oportunidad, seguridad, libertad, dignidad, respeto, honor y, sí, la verdad. Que ante dios y todos los compatriotas estadounidenses hace el juramento sagrado de que siempre será sincero con ellos y que lo dará todo para servirlos. Y que espera que la historia cuente a los tiempos venideros que la democracia y la esperanza, la verdad y la justicia, no murieron durante su mandato, sino que prosperaron, y que Estados Unidos garantizó la libertad en su territorio y una vez más se erigió en faro del mundo.

Si quisiéramos explicar cómo alguien puede decir en serio que estas frases son emocionantes tendríamos que aludir a la ignorancia o al cinismo. Cabe una tercera explicación: que la actividad al servicio del sistema lleve a creer lo increíble a fin de reducir la disonancia entre valores morales y actividad profesional.

De lo hasta aquí dicho se sigue que la democracia es un punto de destino al que todavía la humanidad no ha llegado. Las plutocracias disfrazadas están muy lejos de ser democracias y ni siquiera se encuentran en camino. Su camino es otro (ver aquí).

Claro que preferimos que el poder económico nos controle disfrazado de democracia que mediante una dictadura como la que muchos de nosotros tuvimos que sufrir. Pero esta preferencia no debe hacernos perder la cabeza al punto de tomar por democrática la sociedad en que vivimos.

Los medios de comunicación en red

A la vista del uso que Trump ha hecho de las redes sociales para difundir mentiras, se quiere ahora ponderar la rectitud de los medios tradicionales por comparación con las redes y las grandes plataformas. Pero esto lleva a contradicciones.

Por ejemplo, si se considera que es legítima la libre potestad de los medios tradicionales sobre su línea editorial, la orientación de sus columnas o la publicación de tal o cual noticia, eso lleva a admitir como también legítima la misma potestad de un medio en red, y por tanto la potestad de Twitter o Facebook para señalar un post o eliminar un twit en concreto.

Pero entonces habría que admitir igualmente el bloqueo o la eliminación de una cuenta en esos medios. Y esto, por más que a muchos parezca saludable cuando se trata de un personaje tan deleznable como Trump, a otros les parece un abuso contra la libertad de expresión. Ni Omid Kordestani ni Mark Zuckerberg, nos dicen, son quienes para condicionar la libre expresión y difusión de mensajes. Solamente un juez en sus atribuciones constitucionales y en función de un posible delito es quien para cerrar una cuenta social o paralizar la difusión de un medio. Pues si se permite que sean los propietarios de las corporaciones quienes decidan lo permisible se habrá conseguido debilitar un Estado de Derecho ya deteriorado y dar argumentos a los populistas sobre el secuestro de la democracia por las grandes corporaciones.

¡Genial! Según esto, ni Kordestani ni Zuckerberg pueden decidir qué es lo permisible, pero sí pueden los dueños y directores de los medios tradicionales. O visto del revés: no debilita al Estado de Derecho ni supone el secuestro de la democracia la potestad que tienen los medios tradicionales sobre su línea editorial, sobre la publicación o el silenciamiento de tal o cual noticia, sobre la apertura de sus páginas o espacios a unos y el veto a otros. He ahí las contradicciones a que lleva la gran mentira oficial.

Claro que ni Kordestani ni Zuckerberg son quienes para condicionar la libre expresión y difusión de mensajes, pero tampoco los dueños de los restantes medios de comunicación. Una condición para que haya democracia es que los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los de red, sean de propiedad pública y estén controlados por la sociedad, nunca por gobiernos ni propietarios privados.

¿Conspiraciones o conspiranoia?

Hay mil razones para desconfiar del discurso oficial, pero muchos de los que desconfían carecen del conocimiento necesario para situar las conspiraciones reales allí donde se encuentran y por eso inventan conspiraciones que no existen.

A esto se agarran los conservadores para llamar conspiranoico a quien habla de conspiraciones, dando a entender que todo el que ve conspiraciones está viendo visiones.

Hay conspiraciones demostradas, incluso castigadas por sentencias de tribunales, pero hay otras muchas que sólo serán conocidas pasado mucho tiempo, cuando no haya forma de revertir sus efectos.

Es poco probable que haya existido una conspiración para amañar las elecciones y echar así a Trump del poder, pues habría obligado a coordinar a mucha gente diversa de muchos estamentos diversos. Sin embargo puede tener razón Nazanín Armanian cuando, tras referirse al “volcán de tensiones acumuladas en el subsuelo de Estados Unidos que ni Biden ni Dios podrá contener su estallido”, sugiere, con apoyo en numerosos datos, que la conmoción provocada por el asalto al capitolio puede estar dirigida a aterrar a la clase trabajadora, renovar la alianza bipartidista para aplastar las movilizaciones de los oprimidos que amenazan el sistema y establecer una serie de “reajustes” para limitar los derechos de los ciudadanos, algo que no se puede hacer en tiempos “normales” (ver aquí).

Yo no sé si ha sido así, porque carezco de datos, pero no me extrañaría, porque las conspiraciones han de estar necesariamente a la orden del día en una plutocracia disfrazada. Los que mandan no pueden hacer públicos sus designios, y los designios que se hacen públicos suelen ser falsos. Hay por tanto una permanente conspiración en aquellos espacios ocultos en que el poder económico decide leyes, políticas gubernamentales o incluso sentencias judiciales. Y quien cree esto no es un conspiranoico, sino alguien que sabe de qué va. Necesariamente Estados Unidos ha de ser un nido de conspiraciones de gran alcance, y ello explica su encarnizada persecución a Julián Assange, para quien se pide cadena perpetua por haber hecho públicos los detalles de mil conspiraciones que debían seguir secretas.

Populismos

Se nos dice que el trumpismo es un populismo de derechas y ello implica que hay un populismo de izquierdas.

Los conservadores que han intentado definir el populismo no se ponen de acuerdo, porque es tarea difícil hacerlo de manera que comprenda tanto a Vox como a Podemos. La perversión del lenguaje permite que el PP y Ciudadanos se declaren enemigos del populismo, tanto del de derechas (Vox) como del de izquierdas (Podemos), y ello al mismo tiempo que pactan con Vox.

Si queremos definir el populismo de manera que aclare las cosas en lugar de oscurecerlas, hemos de decir que es populista el partido político que usa la mentira para conseguir los votos de un pueblo desinformado con intención de hacer luego una política favorable a la oligarquía, y por tanto en perjuicio de ese pueblo.

Según esta definición todos los partidos de derecha, incluidos los socialdemócratas, son necesariamente populistas. Decir populismo de derechas es una redundancia.

El PSOE es un partido populista, porque se presenta como socialista para atraer a la gente de izquierdas, pero una vez en el poder actúa a favor de la oligarquía económica (de las eléctricas, los bancos, las grandes empresas) mediante privatizaciones, política fiscal e inacciones (por ejemplo a la hora de perseguir paraísos fiscales, blanqueo de capitales o evasión de impuestos) recibiendo por ello apoyo mediático, créditos y el beneficio de las puertas giratorias.

La socialdemocracia ha invalidado la palabra “socialismo”. Ahora ya no sabemos qué significa que un proyecto político sea socialista. Ya sólo nos queda la palabra “comunista” para hacer referencia a la opción anticapitalista, única que puede librarse del populismo si actúa con honestidad. Los comunistas son los únicos partidarios actuales de una sociedad en la que imperen los ideales de igualdad, libertad y fraternidad, condiciones para una verdadera democracia. Continuando el pensamiento del papa Francisco, que ha reconocido que comunismo y cristianismo son muy parecidos, se podría decir que el comunismo es un cristianismo ateo.

De ahí el afán conservador por demonizar al comunismo, identificándolo con el estalinismo, es decir, con opresión y crimen, que es como confundir cristianismo con inquisición y quema de herejes.

Tanto los comunistas como Unidas Podemos pueden ser calificados de populistas cuando, por una táctica errónea, electoralista, callan sobre ciertas cuestiones (que es una manera de mentir), a fin de conseguir votos, o de no perderlos, para al final, si consiguen algún poder, ejercerlo de la única manera posible: en beneficio del poder económico, eso sí, lanzando al pueblo, como justificación, algunas migajas del banquete.

El trumpismo sin Trump

Trump es un sátrapa ignorante que ha destrozado el disfraz de la plutocracia americana a la vista del mundo entero. Puede haber caído en desgracia por inservible, si es no ha caído en desgracia por haberse negado a emprender nuevas guerras que den respiro a la maltrecha economía estadounidense. En cualquier caso no cabe esperar una política muy diferente de su sucesor salvo en detalles formales. Estados Unidos tendrá que seguir luchando desesperadamente contra la crisis económica y contra el declinar de su poder en un ambiente cada vez menos propicio al dólar y a las decisiones imperiales. Los intentos de frenar a China sólo han servido para perjudicar a las empresas propias y como acicate para una mayor autonomía china. Ojalá el ocaso del imperio americano sea tan indoloro para el mundo como lo fue el de la URSS.

Lo que de momento podemos decir es que Trump tiene millones de simpatizantes y seguidores fanáticos que están ahí aunque Trump haya sido por ahora derrotado.

Para explicar que, pese a su desastrosa gestión de la pandemia, le hayan votado más de 72 millones de estadounidenses se aduce que la inseguridad económica, la caída en la pobreza, la injusticia social, etc., llevan a mucha gente a desconfiar del sistema, a ver a políticos y medios tradicionales como manipuladores y ocultadores de la verdad y a dar credibilidad a los medios dedicados a difundir mentiras.

Habría que añadir el fuerte apoyo económico y mediático a las organizaciones fascistas, pues aunque el crecimiento del fascismo asusta a muchos, no asusta precisamente a los dueños del capital, que por más que prefieran a los servidores tradicionales, mantienen a la extrema derecha como una bala en la recámara, por si hace falta. Y les conviene que prospere cuando la sobrexplotación de la mayoría es tan fuerte que empiezan a ser probables levantamientos sociales. La extrema derecha, azote tradicional de comunistas, hará entonces su papel.

Aceptemos todo esto en principio. La cuestión es: ¿por qué la gente perjudicada por el sistema no vota a un partido de izquierda anticapitalista, que va a luchar por sus intereses, y por el contrario vota a un extravagante millonario que hace méritos para ser calificado como matón, embustero, frívolo, provocador, violento, insensible, autoritario, inculto, arrogante, machista, racista, etc. y que nunca hará una política favorable a la mayoría?

Hay que reconocer la capacidad de Trump para engañar, de la que hizo una exhibición hace cuatro años, en su discurso inaugural, más atractivo y realista el que el de Biden ahora. El de Trump podría haber sido suscrito en muchas de sus partes por un político de izquierdas, el de Biden no. Pero las proclamas hipócritas de Trump no debieran engañar a nadie.

Un trabajo de la Universidad Tecnológica de Texas da una explicación. Su análisis de los valores personales de los seguidores de Trump mostraba un perfil de bajo altruismo, gran apoyo al valor del poder (entendido como competir y ganar), deseos de riqueza y apego emocional a la tradición.

Los remedios

Piensan algunos con optimismo que el remedio consiste en abandonar las políticas neoliberales y reducir las desigualdades. Además controlar de alguna forma las redes, nidos de mentiras, prestigiar a la prensa tradicional y hacer responsables a los dueños de las plataformas de lo que se publica en ellas.

La cuestión es que con estas medidas sólo se atemperan las desigualdades y las mentiras, no se acaba con ellas. Y menos aún con la ignorancia, la falta de altruismo, el fascismo, el machismo o el racismo que proliferan.

Se puede dar un paso más y apelar a la educación. Hay que mejorar la educación de la población para que no sea presa fácil de los engaños ni del odio. ¿Y qué hacer para ello? Mejorar la escuela mediante nuevas leyes de educación y mayor financiación.

De nuevo ingenuidad. Todo el mundo debería saber que la educación en la sociedad capitalista no se produce en la escuela, sino en las antiescuelas: publicidad, modelos sociales (deportistas de élite, cantantes, influyentes), en las familias, en los grupos de iguales y en las redes. Nada puede la escuela contra estas antiescuelas. Sólo tienen relativa suerte los niños cuyas familias colaboran en la buena dirección, es decir, una parte de la población no suficiente.

La buena educación no tiene sitio en la sociedad capitalista, porque no va a desaparecer el tipo de publicidad que soportamos, ni van a ser controladas socialmente las redes sociales, ni la juventud va a cambiar de modelos ni de motivaciones, ni va a desaparecer el deseo inmoderado de consumo, de manera que la escuela seguirá cumpliendo el papel que tiene asignado, que no es educar, sino colaborar a la integración de la gente en el sistema productivo a distintos niveles.

La mala educación es funcional para la reproducción del sistema capitalista, que necesita un alto porcentaje de fracaso escolar (el de las clases bajas) para nutrir la formación profesional, así como dar a los demás los conocimientos y pautas necesarios para cumplir un papel específico en el esquema de producción. En ningún caso se pretende una buena educación, por otra parte imposible. En el espacio básico de la educación sentimental (del que dependen los demás) el sistema promueve incesantemente los sentimientos de egoísmo, frustración, rutina y miedo.

La pandemia que sufrimos nos está obligando a ver por todas partes a irresponsables ciudadanos que, en uso de lo que llaman libertad, se comportan de manera que pone en peligro la salud y la vida ajena. Y lo hacen por ignorancia y falta de empatía. Se les ha querido disculpar alegando que son jóvenes, pero la edad juvenil no es incompatible con el conocimiento y la solidaridad. Ocurre, simplemente, que nuestro sistema social fabrica masivamente ese tipo de persona psicológicamente averiada. Y esa deficiente socialización es la causa básica del ascenso de los fascismos. Y no hay remedio, no le den vueltas, sólo la salida del capitalismo puede abrir una puerta a la solución.

El fascismo presente, la izquierda ausente

No importa qué tema político o social toquemos, hemos de llegar siempre a lamentarnos de la inexistencia de una izquierda dedicada a su misión básica.

A cada paso oímos que la sociedad está polarizada, concepto éste, el de polarización, que ha venido a sustituir al de lucha de clases que tuvo sentido mientras la clase obrera tenía conciencia de sus intereses gracias a la labor de sindicatos y partidos comunistas.

Ahora las clases oprimidas carecen de conciencia de sus intereses porque no hay organización alguna que luche eficazmente contra la falsa conciencia que el sistema capitalista produce. El partido comunista ni siquiera se atreve a presentarse como tal, abrumado por el poder estigmatizador del monopolio de medios conservadores, y se esconde tras las siglas de Izquierda Unida, perdida en el electoralismo.

De manera que queda el campo libre para aquellas organizaciones fascistas que ocupan el terreno abandonado por la izquierda y que engañan a los oprimidos acerca de sus verdaderos enemigos.

En España se critica a los que se han opuesto al gobierno de coalición presentándolos como unos exquisitos que piensan que la sucia experiencia de la política institucional mancha y que por ello es preferible ejercer de Pepito Grillo desde la bancada de la oposición o desde el extraparlamentarismo, con lo cual se gana en coherencia, sí, pero al precio de prescindir de resultados y oportunidades.

Quienes hacen esta caricatura no conciben otra alternativa al electoralismo que la autocomplacencia moral estéril.

Algo así debieron pensar los dirigentes del PCE cuando tomaron dos decisiones nefastas en los pasados años 70: sumarse a la transición impuesta por el franquismo y abrazar el eurocomunismo. Cambiaron el diagnóstico marxista que veía a la democracia burguesa como una forma sin substancia (un disfraz) y decidieron participar en el juego a que les invitó el capitalismo, el juego electoral, aceptando la mentira conservadora de que la plutocracia es democracia sustantiva. Ello eliminó el discurso crítico, supeditó la organización al líder carismático que prometía votos y limitó su actividad al corto plazo. Desde entonces la izquierda comunista que luchó con tanta fuerza por las libertades durante la dictadura ha venido limitando sus esfuerzos a la competición electoral y a la ocupación de los cargos conseguidos para hacer desde ellos la política posible, es decir, la que no enoja al verdadero poder. El resultado es que la izquierda anticapitalista ha perdido su antigua eficacia.

La alternativa al electoralismo cortoplacista y engañoso no es ejercer de Pepito Grillo, ni mirarse el ombligo con autocomplacencia moral. Es dedicarse a la tarea básica sin la que todas las demás no tienen alcance: ejercer la actividad educativa que sólo la izquierda puede realizar, transformando la falsa conciencia de los oprimidos en conciencia realista, utilizando como instrumentos la implantación en los barrios populares mediante organizaciones vivas, escuelas infantiles, universidades populares, ayuda gratuita de expertos a la gente en apuros, medios de comunicación bien concebidos, estímulo a la investigación social, prestigio intelectual que atraiga la colaboración de científicos, comunicadores y teóricos.

Si dijéramos a los dirigentes políticos de la izquierda actual que abandonen el electoralismo y se dediquen a esa política a largo plazo, asegurándoles que apreciarán los buenos efectos del cambio dentro de cuarenta años ¿imaginan que nos dirían? Ellos quieren efectos ya, es decir, tocar poder ya. Cualquier otra cosa les parece extravagancia a la que no hay que prestar atención.

Pero imaginemos que hace cuarenta años se hubiera iniciado esa tarea a largo plazo. Ahora estaríamos aprovechando sus efectos, y no sólo en España, puesto que habríamos servido de modelo para otros países.

Sin estar en las instituciones, esa izquierda podría estar ahora ejerciendo más influencia en la política del país, podría presionar más al PSOE hacia políticas progresistas que lo que puede la izquierda que tenemos dentro del Gobierno. Y estaría impidiendo la deriva de una parte importante de la población hacia posiciones de extrema derecha, manteniendo el apoyo de esa población a medidas más audaces que las hoy posibles. Si en Europa hubiéramos tenido una izquierda así, seguro que no habríamos salido de la gran crisis a base de políticas neoliberales, seguro que la derecha europea en el poder no habría podido tratar a Grecia como lo hizo, seguro que su política respecto a la inmigración no estaría inspirada por el miedo al discurso de la extrema derecha.

Si hace cuarenta años el PCE hubiera decidido hacer esto, ahora no sólo sería injusto decir “todos los políticos son iguales”, sino que a nadie se le ocurriría decirlo.

Y los cuarenta años pasados no habrían sido un desierto, pues desde el principio esa izquierda habría estado haciendo camino al andar.

[email protected]