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¡CUÁNTO DESVARÍO EN EL TEMA “TRANS”!

Creía con alivio haber dejado atrás este asunto, eso creía, pero resulta que el 18 de mayo pasado la abstención del PSOE ha impedido que el Congreso tramite la “Ley Trans”. Y que una periodista que me cae bien, Cristina Fallarás, nos cuenta (en Público del día siguiente) que hasta el último momento estuvo esperando que alguna de las mujeres socialistas, sobre todo ellas, rompiera la disciplina de voto.

La catilinaria de Fallarás contra las mujeres del PSOE es ya elocuente desde su título: “¿Qué coño les pasa con “lo trans”, señoras del PSOE?”

Confiesa Fallarás su desasosegante decepción tras la abstención en bloque del PSOE. “¿De verdad nadie, NADIE, entre las filas socialistas apoya que las mujeres trans son mujeres, de la misma manera que los hombres trans lo son? ¿De verdad ni una sola de las diputadas que se han partido la jeta defendiendo derechos y dignidades de las mujeres que nos han costado décadas tenía una opinión contraria a la de Carmen Calvo y su séquito, que llevan tiempo bloqueando la propuesta del Ministerio de Igualdad?”

Fallarás dice negarse a creer que todas las mujeres que desde las filas socialistas llevan años luchando por los derechos de los colectivos LGTBI dejaran ayer caer la T, esa T de Trans, sobre todo porque se trata de una cuestión de derechos humanos. “¿Qué coño os pasa?”, les vuelve a preguntar Fallarás al final de su artículo.

Entretanto, y enfrente, feministas del PSOE han firmado un nuevo manifiesto en el que piden a su partido “coherencia y compromiso” para seguir defendiendo los derechos de las mujeres frente a las “teorías que niegan la realidad de las mujeres”. Este manifiesto es un texto impulsado por la filósofa Amelia Valcárcel, la exministra Matilde Fernández y la exeurodiputada Elena Valenciano y se comenzó a difundir con 25 firmas que rápidamente han pasado a más de 600, entre ellas la de la presidenta del PSPV y las de exdirectoras del Instituto de la Mujer, exdiputadas y senadoras, alcaldesas, presidentas de diputación o concejalas del PSOE, así como filósofas, constitucionalistas, escritoras o activistas. Como en otro escrito anterior, todas ellas se vuelven a mostrar en contra de las llamadas teorías queer y defienden que, mientras el sexo es un hecho “biológico”, el género no existe porque es “una construcción social”.

El manifiesto afirma que las amenazas o chantajes de grupos de interés transgénero no pueden ser el criterio que determine la posición de la formación en torno a la Ley Trans.

¿Cómo es posible esta divergencia de juicio en personas de opinión respetable?

Está claro que en este asunto algo falla, que algo hay en él que nubla la inteligencia y lleva a las mentes a extraños delirios. Pues contra lo que se quiere hacer ver por una de las partes, no está a un lado la gente progre y defensora de los derechos humanos, y enfrente la derecha y la extrema derecha: a un lado y al otro hay gente que se considera de izquierdas. Y lo que llama la atención es la virulencia de quienes se consideran más a la izquierda.

Sobre todo si comprobamos que la única diferencia entre el PSOE y el proyecto de la ministra de Igualdad es que el PSOE exige tibiamente algún requisito que refuerce la mera declaración de la persona implicada, para el cambio de sexo en el Registro Civil, y también alguna cautela respecto a los menores de edad. ¿Supone esto un delito de odio (esa transfobia de que se acusa) o una falta de respeto a los derechos humanos? ¿De dónde ha sacado Fallarás que las socialistas son contrarias a la T del movimiento LGTBI?

Pero no trato de defender a las socialistas, porque creo que ellas también han caído en el error de aceptar esa ficción que se denomina “autodeterminación de género”.

Volvamos, pues, al tema tratando de aportar alguna idea nueva.

La forma moderna de teorizar la realidad

Prolongando el pensamiento de la Modernidad, del que nace precisamente el marxismo, podemos decir que la realidad funciona en dos espacios básicos, el exterior al sujeto y el subjetivo. Sobre ambos espacios iremos aumentando nuestro conocimiento si a la observación rigurosa le aplicamos la razón.

La realidad exterior objetiva es la que viene descrita por la teoría científica aplicable.

La realidad subjetiva se desarrolla en dos niveles, uno formado por los hechos mentales referidos a la realidad exterior y otro formado por hechos mentales referidos a hechos mentales (metanivel reflexivo).

Un ejemplo vale para aclarar este aparente galimatías. El cambio climático es algo que se da en la realidad exterior y que la ciencia nos describe junto con sus causas. Frente a esa realidad Juan se sitúa adoptando una actitud mental negacionista (nivel mental primario), pero persuadido por un amigo empieza a pensar (nivel reflexivo) si no será que es negacionista porque está mal informado.

Apliquemos este enfoque al tema social básico: la explotación.

Si nos movemos en el espacio de la realidad exterior, la teoría más objetiva nos dice que hay explotación cuando se dan dos condiciones, que el bienestar del rico depende causalmente de las privaciones del pobre (los ricos son ricos porque los pobres son pobres y al contrario); y que el bienestar del rico depende del esfuerzo del pobre (el rico, a través de un mecanismo u otro, se apropia de parte de los frutos del trabajo del pobre).

Roemer, uno de los principales marxistas analíticos, demuestra mediante modelos matemáticos que, dada una desigual distribución de los derechos de propiedad sobre los medios de producción, el intercambio mercantil (el mercado) da como resultado una transferencia explotadora de trabajo desde los pobres en propiedad a los ricos en propiedad, empobreciendo con su juego a unos y enriqueciendo a otros sin tener en cuenta lo que cada cual aporta a la riqueza colectiva.

Si pasamos del espacio de la realidad objetiva al de la realidad subjetiva, nos encontramos con que unos explotadores pueden tener conciencia de serlo mientras que otros pueden considerarse filántropos. Y que unos explotados pueden considerarse explotados, mientras que otros pueden creer que el capitalista es su benefactor como creador de los puestos de trabajo que los salvan del paro y la pobreza.

A la conciencia individual que no se representa adecuadamente la realidad objetiva es a lo que el marxismo llama falsa conciencia. Es errónea, pero no por eso inefectiva. Determina comportamientos de sumisión, de apoyo a partidos políticos conservadores, etc.

Sacar a los explotados de su falsa conciencia es algo que requiere intervenir en el nivel reflexivo, aportado información a los engañados, combatiendo la propaganda conservadora que les ha llevado al error, etc.

La teoría posmoderna

Frente a esta forma de ver la realidad tenemos la forma posmoderna, que viene a decir que la realidad no existe por sí misma, sino sólo como efecto de la teoría, y que las teorías son incomparables, de manera que no podemos decir que una sea preferible a otra. Una evolución de este pensamiento llega hasta el espacio individual y viene a decir que para cada persona la realidad depende de su interpretación, y que ésta depende de su sentir.

Según eso la explotación existe sólo para quien cree que existe. De lo que se sigue que para acabar con ella no hay que actuar en el inexistente espacio de la realidad objetiva, sino en el de la realidad subjetiva. Habremos acabado con la explotación si conseguimos que los explotados no se consideren explotados, sino miembros de una clase media que con esfuerzo y suerte puede prosperar.

(Para una descripción más detallada del pensamiento posmoderno, elaborado por filósofos enemigos de la ciencia y del marxismo, ver aquí).

Aplicando estas teorías a lo trans

1. Desde la teoría moderna el plano de la realidad objetiva versa en este tema sobre hombres y mujeres, y ello requiere un criterio de clasificación.

Es evidente que no hay otro criterio objetivo sobre el sexo que el biológico. No sólo porque es el que se ha usado desde tiempo inmemorial para determinar quiénes son mujeres y quiénes hombres y es el que seguimos utilizando en la vida cotidiana y en la investigación científica, sino además porque es el único criterio que respeta el hecho fundacional de la sociedad: la contribución de ambos sexos a la procreación, condición de supervivencia de la especie humana; y además porque las diferencias biológicas de los sexos son las que han estado y están a la base de la violencia machista y de la discriminación de las mujeres (por ejemplo, “los estigmas que rodean a la menstruación frustran las vidas de millones de niñas en pleno siglo XXI”, escribe Marisa Kohan en elDiario.es aportando innumerables datos). No hay por tanto que buscar tres pies al gato en este tema. Todos sabemos muy bien en qué se diferencian los hombres de las mujeres.

Si pasamos del plano de la realidad objetiva al de la realidad subjetiva, nos encontramos en un primer nivel con los pensamientos y sentimientos que las personas tienen respecto al sexo.

Lo habitual es que los hombres se consideren hombres y las mujeres mujeres, y que dirijan una gran parte de su pensamiento a interpretar y reinterpretar sus cualidades sexuales y las ajenas.

Pero hay casos en que un hombre puede sentir que es mujer, o puede desear ser mujer, o puede aborrecer ser hombre. Y una mujer puede sentir que es hombre, o desear ser hombre, o aborrecer ser mujer. Y puede ocurrir que este sentir o deseo oriente sus acciones para imitar o parecerse al otro sexo.

Finalmente, en el nivel subjetivo de la reflexividad podemos situar los argumentos a favor o en contra de las distintas actitudes sobre sexos, géneros, autodeterminaciones, etc., y en ese nivel hay que incluir lo que ahora estoy escribiendo.

Hay una diferencia entre el tema de la explotación y el tema de lo trans, y es que en éste no hay perjuicio ajeno. Los pareceres, sentires y deseos trans son por tanto respetables y se debe hacer lo posible para que no sean motivo de injusto maltrato.

Ello es factible sin negar la realidad objetiva. De manera que un marxista puede muy bien respetar los derechos de los hombres que se sienten mujeres, pero sin quedar obligado a aceptar que sean mujeres, y lo mismo los derechos de las mujeres que se sienten hombres, pero sin quedar obligado a aceptar que sean hombres.

2. En cambio desde la teoría posmoderna el sexo como hecho objetivo no existe, es una creación cultural, es eso que llaman género. Llevada esa teoría a su extremo permite afirmar que el sexo ni siquiera es un hecho cultural, sino individual. El verdadero sexo es el sentido por cada cual. Si hoy te sientes mujer eres mujer aunque tu biología sea masculina. Y si mañana te sientes hombre, porque te equivocaste de sentir, vuelves a ser hombre. Aunque lo pueda parecer, no estoy caricaturizando esta teoría. Eso es lo que dice.

Respondiendo a una pregunta impaciente

Creo que ha quedado clara la respuesta que desde la teoría moderna puede hacerse a la dramática pregunta que Fallarás hace a las mujeres del PSOE: “Venga, señoras socialistas, respóndanme a una pregunta muy simple: ¿Carla Antonelli es un hombre? Atrévanse a mirar a la cara a su compañera y respondan. ¿Es un hombre? ¿Carla Antonelli no es una mujer?”

¡Pero hombre, la pregunta a las mujeres del PSOE sobra! Si Antonelli milita en el PSOE es porque muchas de las señoras socialistas responderán que consideran que Antonelli es una mujer.

Y esto es precisamente lo que yo creo que hay que criticar al PSOE, que en este punto ha caído en la necedad del pensamiento posmoderno.

Pienso por mi parte que Carla Antonelli es un hombre (plano de la realidad objetiva) que dice sentirse mujer y que ha hecho lo posible por tener apariencia de mujer (plano subjetivo del sentir y de la acción que de él se sigue).

Sin duda tiene derecho a vivir como si fuera una mujer, derecho que nadie discute.

Pero de la misma manera que Antonelli tiene ese derecho, los demás tenemos también derechos respetables. Por ejemplo el de ser marxistas y no posmodernos. (Diré entre paréntesis que me reconforta llevar en esto la contraria al pensamiento políticamente correcto, conservador, porque soy respetuoso con todos los derechos humanos, lo que exige ser comunista, esto es, enemigo del capitalismo y defensor de una sociedad igualitaria e ilustrada donde cada cual pueda realmente vivir como quiera mientras no perjudique a otros. Los defensores del capitalismo deberían callar cuando se habla de derechos humanos).

El problema del pensamiento posmoderno es que, por ser conceptualmente deficiente, no permite a sus adeptos la argumentación serena y por ello les obliga a la ira, el insulto y la descalificación gratuita del contrario. La progresía conservadora hace una bandera de la autodeterminación de género y se enfurece mucho contra quien no se pliega. Pero la autodeterminación de género llega a tal nivel de sandez que sólo puede prosperar en mentes poco ilustradas o en mentes necesitadas de hacerse perdonar el conservadurismo que aplican a las cuestiones fundamentales.

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